Con Chile en el corazón…

Con Chile en el corazón…

Rev. Roberto Pineda *

No perdí jamás la esperanza…
Pablo Neruda

Han pasado treinta años ya, desde el asesinato del presidente chileno Salvador Allende y el bombardeo a La Moneda. Treinta años y parece que fue ayer. Recuerdo la figura de Allende, metralleta en mano, defendiendo la dignidad de Chile y la sonrisa de los militares traidores en su primera conferencia de prensa.

El 11 de septiembre del 73 nos golpeó las entrañas…En mi proceso de evangelización, o en otras palabras, en mi proceso de toma de conciencia política, los acontecimientos de Chile a principios de los setentas, jugaron un papel destacado. Chile nos marcó la vida. Nos definió la visión, el rumbo, limpió nuestro horizonte.

Y en la reunión de nuestros héroes juveniles, tenía catorce años en 1973, aparecieron para quedarse para siempre, las figuras de Salvador Allende y Víctor Jara, Violeta Parra y Luis Corvalan, Miguel Henríquez y Pablo Neruda. Fueron referentes básicos para iluminarnos el camino de la lucha, de la resistencia, de la dignidad rebelde…

Ya antes del golpe del 73, estando en Nueva York, las primeras noticias que me impactaron políticamente fueron el triunfo electoral de Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, la nacionalización del cobre chileno, Pablo Neruda ganando el Nóbel de Literatura, el discurso de Allende en las Naciones Unidas, la visita de Fidel Castro a Chile…

En 1974, para el primer aniversario del golpe, organizamos una demostración de estudiantes de secundaria, en Solidaridad con Chile. Convocamos par el Parque Cuscatlán, y marchamos hasta la Plaza Libertad. En aquella época marchaban juntos estudiantes de la ENCO y del ITI, del INSFRAMEN y del Bachillerato en Artes: ¡Chile no se rinde, carajo, Chile no se rinde…”

Y nos volvimos chilenos y chilenas, combatientes contra la dictadura y soñábamos con construir un nuevo Chile, hasta organizamos peñas culturales, y cantábamos con todas nuestras fuerzas juveniles: ¡Chile no se rinde, carajo, Chile no se rinde! ¡Se siente, se siente, Allende está presente! Soñábamos con incorporarnos a la Resistencia Chilena:”la resistencia chilena pronto tomará el gobierno, la Patria se verá grande con su tierra que es liberada…”

También cantábamos y luego se volvió un himno nuestro, la Marcha de la Unidad: “De pie cantar, que el pueblo va triunfar/ avanzan ya banderas de unidad/ y tu vendrás marchando junto a mí/ y así verás tu canto y tu bandera florecer…” Y cantábamos esta canción en el marco de una intensa pugna ideológica sobre estrategias de lucha, confiados en que al final íbamos a unirnos como pasó en Chile.

Nos volvimos seguidores de Víctor Jara, y valorabamos su ejemplo de seguir cantando con los dedos quebrados y la boca reventada por un culatazo en el estadio de Santiago. Nos ayudó a fortalecer nuestra voluntad de luchar y enfrentar a los militares salvadoreños. Y cuando organizábamos en el campo cantábamos: “Levántate y mira la montaña,/ de donde viene el viento, el sol y el agua/ tu que manejas el curso de los ríos/ tu que sembraste el vuelo de tu alma.” Y en la asambleas sindicales, y en la intimidad de nuestros hogares, cantábamos:”Te recuerdo Amanda/ la calle mojada…”

Y Pablo Neruda, con su voz ronca, nos señalaba el camino: “Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza.”Y también nos enseñaba a reconocer y combatir a los enemigos del pueblo:”Por estos muertos, nuestros muertos, pido castigo.”

El pueblo chileno se dispersó por todo el mundo, algunos años después, nosotros hicimos lo mismo. En determinado momento, nuestras dos diásporas se encontraron en el exilio. Y volvimos a cantar en Roma, Washington, París, México, Melbourne: “porque esta vez no se trata de cambiar a un presidente/ tendremos que ser nosotros los que construyamos un Chile diferente…Y nadie podrá negarnos, nuestro sagrado derecho, que como seres humanos, podamos vivir en Chile.”

Y de aquellos años de fuego viene nuestro deleite con la música andina, y conocimos a Quillapayun y a Inti-Illimani, y la zampoña y el charango se nos metieron en el alma, y conocimos el espíritu de lucha de los mineros de Chuquicamata y de los estudiantes de Valparaiso, y conocimos la voz de Violeta parra preguntándonos: “Qué dirá el santo padre que vive en Roma/ que le están devorando a sus palomas…”

En nuestra memoria, cada 11 de septiembre resonarán las palabras del Presidente Mártir: “Tengo fe en Chile y su destino. Otros hombres de Chile superaran este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre digno para construir una sociedad mejor.”

Estamos seguros de la verdad de estas palabras.

  • 17 de septiembre de 2003.

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