De la metafísica de la subjetividad al sujeto como persona

De la metafísica de la subjetividad al sujeto como persona
Marta-Cecilia Betancur G

Danilo Cruz-Vélez no sólo tiene el valor de haber introducido en Colombia los estudios sobre fenomenología y hermenéutica, sino de haber realizado investigaciones que descubren los aportes más importantes de las filosofías de Heidegger y de Husserl, como sucede en el estudio llevado a cabo por el pensador en “La superación de la metafísica de la subjetividad” [Cruz Vélez, Danilo. Filosofía sin supuestos. Universidad de Caldas: Manizales, 2001.]

En este escrito, el pensador descubre el alcance de la teoría de Heidegger sobre el ser del hombre en cuanto hace una crítica radical a la concepción de toda la metafísica occidental sobre el hombre como sujeto. La obra del filósofo alemán es para Danilo Cruz una destrucción de la metafísica de la subjetividad, lo cual se ha visto confirmado por la lectura atenta de la obra de Heidegger y por la influencia que éste ha ejercido en la filosofía contemporánea a través de filósofos como Ricoeur, Vattimo y Charles Taylor.
Efectivamente, la superación de la metafísica de la subjetividad en gran parte fue obra del filósofo alemán. Además, la crítica realizada por Wittgenstein a la substancialización del yo, así como a la idea de que el sujeto o la substancia pensante se conoce por introspección, confirman la pertinencia de los estudios de Danilo Cruz sobre Heidegger.
Éste critica la noción de sujeto como substancia pensante y como supuesto soporte permanente de accidentes. Wittgenstein también discute esa noción de substancia y critica el supuesto conocimiento netamente introspectivo y autorreflexivo de ese sujeto.
Las dos críticas han incidido en una nueva concepción sobre el hombre, en la cual ha avanzado de manera considerable Paul Ricoeur. En “la superación de la metafísica de la subjetividad”, Danilo Cruz defiende y demuestra que mientras que Husserl es la culminación de la metafísica del sujeto, Heidegger, por el contrario, es su superación.
“La pieza que ambos persiguen en el camino histórico es el sujeto afirma el pensador pero sus intenciones son diferentes. Lo que Husserl pretende es justificar la convicción que sustenta todo su pensamiento, según la cual el sujeto es la fuente del ser. Heidegger, en cambio, quiere desenmascarar esta convicción como un supuesto insostenible”[[Ibíd., pp. 112-113.]].
Heidegger orienta el estudio del ser del hombre por un nuevo rumbo al investigarlo como Dasein, como ser en el mundo, como ser existente o como ser en el tiempo, y, para hacerlo, debe destruir el camino seguido por la metafísica tradicional, especialmente desde Descartes, que ha consolidado la concepción del hombre a partir de la asunción de éste como yo pienso o substancia pensante.
Mientras el objetivo de Heidegger[Varias razones da Danilo Cruz para defender la idea de que ese es el interés de Heidegger, así no aparezca el camino deconstructivo expresado de manera abierta en Ser y Tiempo: en primer lugar, la expresión misma “Metafísica de la subjetividad” “es una expresión acuñada por Heidegger para designar el período del pensamiento europeo que va de Descartes a Husserl” (2001: p.107), segundo, el título que dejó señalado Heidegger para la segunda parte de “Ser y tiempo” y que no se publicó: “Destrucción de la historia de la ontología”, en la cual se proponía un estudio de la res cogitans de Descartes. Y, por último, sus clases en Marburgo, las cuales inicia con un curso y un seminario sobre “El comienzo de la Filosofía Moderna”.] es la superación de la metafísica de la subjetividad para elaborar una nueva concepción del hombre, “lo que Husserl pretende es justificar la convicción que sustenta todo su pensamiento según la cual el sujeto es la fuente del ser”[Ibíd., p. 113.], el yo o el sujeto persisten como fundamento trascendental del conocimiento y del mundo.
En este sentido la fenomenología de Husserl es la síntesis del pensamiento sobre el sujeto que se inaugura desde Descartes y que será objeto de la rebeldía de Heidegger. Para reconstruir el camino crítico recorrido por Heidegger, Danilo Cruz se ocupa de tres temas: la identificación del sujeto y el yo en la filosofía moderna, el yo y el sujeto trascendental en Kant y la concepción del yo en Husserl.
La tarea de Heidegger y la labor reconstructiva de Danilo Cruz consisten en desentrañar el origen de los conceptos de objeto y sujeto, según como fueron concebidos desde la filosofía moderna. El significado que ellos adquirieron en esa época y que domina el escenario filosófico hasta hoy, fue completamente nuevo y orientó la investigación sobre el ser del hombre y del mundo considerados desde entonces a partir de esa relación.
Estos son puntos de vista originarios de la época moderna, con Descartes. Una novedad filosófica es que el sujeto pasa a ser el sujeto pensante, el yo pienso, la substancia pensante. Pero ¿de dónde vienen estos conceptos y qué cambios se ha dado en ellos? El término ¨sujeto¨ proviene de ¨Subjectum¨ que significa soporte y sustrato permanente de cualidades; en la época moderna se utilizó Subjetctum como hipokeímenon o substantia que significa el substrato o soporte permanente de cualidades y propiedades, dado que éstas no se pueden dar en la nada. Las propiedades son propiedades de algo, una substancia.
Antes de la asunción de hipokeímenon como subjectum, el significado de este término era muy distinto al del término de ¨sujeto¨ en la filosofía moderna. En ésta es lo arrojado a la base, lo subpuesto; ontológicamente “el ese en se en el que reposan y se fundan las propiedades”[[Ibíd., p.125.]] (2001: p. 125). En el latín anterior ¨el sujeto¨ estaba ligado a la noción gramatical de sujeto como aquello de lo cual se habla en la proposición. Y aquello de lo que se habla son las cosas, la casa, el árbol, Juan. Esta forma de entenderlo va a aparecer de nuevo en la Filosofía Contemporánea con la teoría de la acción de Ricoeur y de algunos otros filósofos del lenguaje.
Al asumir hipokeímenon como subjectum en la filosofía moderna, las cosas cambian, éste término acoge las notas esenciales de aquél, por lo que recoge las características de sustrato absoluto y soporte de propiedades que reposa en sí mismo. Mientras que subjectum no tenía que ver con el yo, objectum, si que tenía que ver, puesto que era lo representado por el yo. Objeto eran la cosa en cuanto idea y representación del hombre.

Así, la moderna metafísica de la subjetividad se basa en la relación sujeto/objeto, pero no a partir de la manera como eran entendidos en la filosofía medieval, sino por una transformación de su significado. En Descartes el sujeto pasa a ser el yo, el ego cogito. ¿Pero, cómo ocurre ese tránsito? Veamos. Todo se origina en la necesidad planteada por Descartes de encontrar la certeza, de aspirar a un conocimiento cierto, a la certitudo.

Esta búsqueda de la certeza lo lleva mediante el método de la duda a buscar una primera verdad indubitable, un fundamento absoluto que encuentra en el “yo pienso”. Este es el subjectum que satisface las exigencias de la verdad como certeza, el subjectum indubitable.

“Por tanto, el ego cogito es ese subjectum privilegiado que se busca”[[Ibíd., p 131]]. Descartes también pregunta por el hipokeímenon, esto es, por el ser que es sustrato permanente, por el ser en sí, pero lo hace mediante la palabra latina substantia que había recibido de la filosofía medieval. Desde Descartes, el yo que piensa es el ser por excelencia. De lo único que se tiene certeza es de que “yo pienso”; todas las cosas y los conocimientos, en principio, no son más que contenidos de mi conciencia.
Ahora bien: “si el ego cogito es el subjectum por excelencia, en él tienen que reaparecer las notas del hipokeímenon fijadas anteriormente, pero elevadas de acuerdo con su excelencia al sumo grado. El subjectum, el sujeto o el yo pienso, es lo subyacente en todos los actos, lo permanente en los cambios y el sustentáculo o soporte de propiedades. Por último, el yo es el fundamento por ser lo absoluto. Las cosas son relativas a mí, a la substancia.
“El único subjectum es el yo. La metafísica moderna saca esta consecuencia implícita en el punto de partida cartesiano; pero esto no ocurre de un golpe, sino en lenta evolución. Descartes emplea aún en las Meditaciones el término subjectum en el sentido medieval. En Kant encontramos una completa identificación de sujeto y yo, aun cuando algunas veces, muy pocas, usa el primero en el viejo sentido. Desde el llamado idealismo alemán (Fichte, Schelling y Hegel) hasta Husserl, la identificación sí es total.
El sujeto y el yo son lo mismo”[Cruz Vélez. Op. cit., pp. 132-133.] Danilo Cruz sigue con sumo rigor el desarrollo de esa idea en Kant y Husserl, para demostrar que ni uno ni otro superan la posición cartesiana, los dos giran en los mismos presupuestos. Kant quiere destruir el concepto errado del yo elaborado por Descartes, quien descubrió un yo trascendental pero lo explicó como un yo empírico, dado que encontró un yo que es condición trascendental del conocimiento o de los contenidos de conciencia, pero lo estudió como una substancia pensante, aplicándole los conceptos recibidos de la tradición, esto es, de la ontología de las cosas.
El sujeto, en Kant, en cuanto “yo pienso” o ego cogito es un yo fundamento, puro, trascendental, condición de posibilidad de todas las representaciones del mundo. Sigue siendo lo permanente, en Kant. Es sujeto, ya no en cuanto substancia, o substrato real de lo objetivo, sino en el sentido de que hace posible toda representación, es sujeto del pensar, de la unión en el juicio predicativo, de la construcción de síntesis. “Por ello, el yo es subjectum: actividad unificante, siempre idéntica a sí misma, que está a la base de la multiplicidad de las representaciones… el yo es forma de toda representación; es decir, aquello que fija la ley invariable del representar”[Ibíd., p.150.]
Sin embargo, lo que plantea Heidegger es que Kant no logra superar completamente ni la cosificación del yo ni la metafísica de la subjetividad. Esto es así porque el filósofo le sigue otorgando al ego cogito las características del hipokeímenon o de la substancia: “la permanente presencia… El yo es lo permanentemente presente en todas las representaciones, lo idéntico a sí mismo en todos sus actos, lo que no cambia en la multiplicidad cambiante del representar”[[Ibíd., p.151.]].
La concepción substancialista y cosificadora sigue haciendo sus trampas, como el genio maligno cartesiano, al aparecer de nuevas formas en la filosofía de Kant[Realmente la noción de substancia, el dualismo substancialista, la cosificación y, por tanto, la metafísica de la subjetividad aparecen en toda la filosofía moderna, incluyendo al empirismo inglés, como lo han mostrado muy bien Heidegger y Wittgenstein. Existen hoy importantes escritos sobre este problema. Cfr. Risieri Frondizi. Substancia y función en el problema del yo. Jorge Vicente Arregui. Acción y sentido en Wittgenstein. EUNSA: Barañain-Pamplona, 1984, cap. 8.]
Señalando lo que interesa destacar, retomemos las ideas que Husserl construye sobre el yo. Convirtiendo la duda metódica de Descartes en una epojé fenomenológica, que pone entre paréntesis el mundo empírico trascendente, se vislumbra un yo no empírico que se constituye en subjectum, soporte o sustrato permanente de los datos subjetivos o del flujo constante de las corrientes de vivencias. Es un yo puro, que, en efecto, en el §57 de Ideas, aparece, como señala Danilo Cruz, determinado mediante algunas unas observaciones.
“¿Qué es entonces el yo puro? Las vivencias constituyen una corriente, un flujo incesante en que todo está cambiando. Pero en la base de ellas hay un substrato invariable que las sustenta: el yo puro. Este es por lo tanto, subjectum. Y sus notas ontológicas fundamentales son la permanencia y la identidad”[Husserl. Ideen 57. Citado por Danilo Cruz. Ibíd. P. 159.]
Como se ve, en el yo puro aparecen de nuevo las características del subjectum de la Filosofía Moderna en todo el esplendor de la metafísica. El mundo es trascendente y no aparece más que como una corriente de vivencias en un yo puro trascendental, que es condición de ellas. Frente a la continuidad del cambio, al carácter fluctuante de las vivencias que son ausencia y presencia, la permanencia y la identidad están en el yo puro trascendental.
Lo que importa resaltar aquí es la forma como llega Husserl a encontrar “el yo” en cada caso: siempre en medio de la búsqueda de un sustrato o soporte de propiedades. Analizando en primera persona ciertos contenidos mentales, lo que queda es un soporte a sustrato de tales contenidos. Se parte de un yo que piensa, que siente, que recuerda y que imagina. Ahora bien, ¿qué método nos ha brindado este resultado? El camino de la reflexión. Husserl ha seguido el método sugerido por Descartes.
De nuevo, como éste, ha partido de la primera persona y ha realizado el estudio del yo a partir o de la reflexión sobre sí mismo. Es una indagación a partir de la primera persona, del conocimiento privado o íntimo. “En la reflexión me vuelvo sobre el yo que percibe convirtiéndolo en objeto”[Ibíd., p. 169.] Se da una división del yo, en un yo que percibe, que piensa, y un yo objeto de la percepción interna.
En la argumentación de este filósofo se conservan los supuestos no sometidos a la discusión, que serán el objeto de la crítica de Heidegger, Wittgenstein y Ricoeur: el primer problema es la ubicación en la primera persona, el segundo, la conservación del prejuicio substancialista y el tercero la aceptación de la intuición y la reflexión, consideradas como autorreflexión sobre vivencias.
La crítica de estos tres filósofos supone la asunción de una nueva concepción sobre el hombre, y un gran valor de Danilo Cruz consiste en haber señalado el cambio para la teoría del hombre que significa la posición nueva defendida por Heidegger. “Por ello afirma el profesor Cruz Vélez decíamos al comienzo que el tema efectivo de la obra es el Dasein. Desde este punto de vista hay que considerarlo como una superación de la metafísica de la subjetividad, pues la tematización del hombre como Dasein lo que viene a superar primeramente es la idea del hombre como sujeto, la cual es el fundamento de dicha metafísica”[Ibíd., p. 190.]
Dasein y sujeto de la acción
Con el fin de evitar una presentación muy complicada del problema, conviene ubicar la crítica a esos supuestos en la discusión realizada por Ricoeur, quien nos llevará a las posiciones de Heidegger y de Wittgenstein. En primer lugar, cabe advertir que el mayor interés de la filosofía de Ricoeur se centra en el estudio del hombre. Su filosofía es en gran medida una Antropología filosófica en cuanto tiene por objetivo principal avanzar en la comprensión de sí del hombre, para lo cual se apoya en la empresa iniciada por Heidegger y en algunas indicaciones de Wittgenstein de gran importancia en la superación de la metafísica de la subjetividad.
Lo que hace Ricoeur, entonces, siguiendo a Heidegger, es superar la metafísica de la subjetividad, que, como hemos visto asimila el sujeto con el yo y con el hombre, desde Descartes. Ricoeur busca superar el estudio del hombre del ámbito en el cual se había instalado de Descartes a Husserl, a saber, la metafísica de la subjetividad. Se trata de superar la concepción del hombre que lo consideraba como substancia pensante y en la cual se pasaban por alto características y propiedades fundamentales.
Se trata de bajar al hombre del rango metafísico e idealista en que se asumía para su estudio, entre lo que cabe destacar la pérdida del carácter corporal, del carácter vivencial o vital y del carácter temporal. De manera muy resumida, sinteticemos las críticas realizadas por Ricoeur a ese modelo fundado en Descartes: En primer lugar el hombre no es una substancia pensante.
Con Heidegger, Ricoeur afirma que antes que seguir considerando al hombre como un sujeto que conoce y se enfrenta a un objeto por conocer, hay que llevarlo a su modo de ser más originario, en cuanto “ser en el mundo”. Para Ricoeur como para Heidegger el hombre es un ser vital, un existente, un ser en el que su manera de ser es “existir”. Ricoeur parte de las fórmulas que había propuesto Heidegger para analizar al hombre y que son tan bien expuestas por Danilo Cruz. Frente al sujeto moderno pensado como condición trascendental de conocimiento, Heidegger propone girar la pregunta hacia la relación del hombre con el ser, a la relación más originaria del hombre con el mundo; de modo que el que entra en relación no es un sujeto frente a un objeto sino el ser humano. El hombre es un Dasein, es una relación con el ser que se caracteriza por el comprender. El Dasein es existencia.
En segundo lugar, la crítica a la concepción del hombre como sujeto enfrentado a un objeto y como substancia pensante lleva consigo en Ricoeur una segunda objeción: la crítica a la teoría de Descartes y de Husserl de que el yo es lo primero que se conoce y cuyo conocimiento se realiza por intuición, es decir por un conocimiento inmediato, no mediado y por introspección o mediante la percepción de un objeto interior.
Ricoeur discute esas dos posiciones y afirma que el yo del hombre no es lo primero que se conoce sino lo más complejo por conocer; que el conocimiento del hombre es un proceso, es una interpretación a lo largo de su vida. A esa concepción cartesiano-husserliana, por tanto, Ricoeur le opone la idea de que el hombre se conoce de manera mediada a través de los símbolos, del lenguaje y de su objetivación a través de la cultura.
A partir de la idea de que el conocimiento de sí del hombre no es inmediato, Ricoeur lleva la crítica más lejos, pues considera que este conocimiento tampoco puede darse solamente por introspección y autorreflexión. Y en este aspecto acude a la crítica realizada por Wittgenstein al conocimiento y al lenguaje privados. Esta crítica está ligada en Wittgenstein a una crítica a la perspectiva egocéntrica de la que parte la filosofía moderna de Descartes y del empirismo inglés y que aparecen en la Filosofía Contemporánea en el positivismo lógico y la fenomenología[Cfr. Wittgenstein. Investigaciones filosóficas § 240 a 323.]
La perspectiva egocéntrica consiste en realizar el estudio del conocimiento, del mundo y del hombre a partir de la primera persona, del yo o del estudio del propio caso. “Este punto de vista filosófico fue inaugurado oficialmente por Descartes cuando, como resultado de la duda metódica, decidió filosofar partiendo de los datos que le eran accesibles desde la clausura del cogito, pero no es privativo del cartesianismo, ni siquiera de la tradición del racionalismo continental, sino que se encuentra también en los empirismos clásico y contemporáneo”[García Suárez, Alonso. La lógica de la experiencia. Madrid: Tecnos, 1976, p. 72.]
En la perspectiva egocéntrica el estudio de los problemas se lleva a cabo desde la primera persona, por lo que ha tenido como consecuencias la caída en el solipsismo y el escepticismo, por un lado, y en el conductismo, por el otro. La caída en el solipsismo y en el lenguaje privado se ha hecho evidente en la dificultad de Descartes para intentar de nuevo la recuperación del mundo y del propio cuerpo. Una vez se ha asumido la perspectiva egocéntrica todo en el mundo pasa a ser una construcción del sujeto. Esto también se ve claramente en la dificultad de un sector de la filosofía contemporánea para demostrar la existencia de las otras mentes, pregunta mediante la que pretenden plantear la existencia de los “otros hombres”.
Para Wittgenstein la existencia misma del lenguaje nos permite salir de esa postura. El lenguaje no es nunca privado, ni es posible un lenguaje completamente privado y limitado al sujeto que lo usa. El lenguaje es desde siempre, originariamente, público. El lenguaje es social, intersubjetivo y público. Las reglas del lenguaje, para que sean reglas, deben ser seguidas por más de un hombre, en más de una ocasión. El significado del lenguaje en ninguna ocasión es un objeto interior o privado. El significado lo establece el uso, de manera social; es en medio de la praxis social como se establecen y se aprenden los significados. La teoría del lenguaje privado surge, para el Wittgenstein de las investigaciones, en el equivocado modelo del nombre y del referente como su significado, que condujo a la substancialización y a la cosificación.
Con base en estos planteamientos Ricoeur hace un giro y realiza una propuesta nueva sobre lo que es el hombre como sujeto. Observemos que Ricoeur no quiere renunciar a la idea del hombre como sujeto, sino a la forma como se concibe desde la filosofía moderna, para lo cual inicia una redefinición y reconceptualización del término. Para hacerlo se apoya en lo que había afirmado: que el hombre se conoce a través de sus obras, del lenguaje y de sus acciones.
En este caso va a acudir al lenguaje y concretamente al lenguaje de la acción. Se había dicho que el sujeto era también en la gramática y en la filosofía medieval el sujeto de la oración, aquello de lo cual se predica en la oración. Pues bien, aquello de lo cual se habla son los seres del mundo, entre los cuales se encuentra un sujeto especial, que aparece en un tipo especial de oraciones, los enunciados de acción. El hombre es el sujeto agente del cual se habla en los enunciados referidos a las acciones, y es además, el que enuncia el enunciado. En las oraciones de primera persona como “te juró que te esperaré”, el sujeto es autorreferencial, dado que coincide con el sujeto locutor del enunciado, esto es, quien habla. En dos obras se refiere Ricoeur específicamente al hombre como sujeto, El discurso de la acción y Sí mismo como otro.
En El Discurso de la Acción realiza el análisis lingüístico del sujeto agente que se desprende de las frases de acción. El sujeto que de allí surge es un sujeto que realiza acciones de diverso rango de voluntariedad, motivadas por intencionalidades, causas o motivos; un agente que es responsable de sus acciones en cuanto puede tomar decisiones y cambiar el rumbo de los acontecimientos; una persona capaz de tomar decisiones y de actuar de acuerdo con ellas. Por otra parte, numerosas frases de acción descubren un sujeto que no sólo actúa libremente sobre el mundo de acuerdo con intenciones, sino también un sujeto que es paciente, que padece, en el sentido de que también sufre las determinaciones del mundo, lo que quiere decir que el sujeto es agente y paciente.
Ahora bien, ¿cuál es la conveniencia de iniciar el estudio del sujeto a partir del análisis lingüístico? El recurso al lenguaje saca al discurso filosófico de la fenomenología del tinte idealista que tenía, a partir de la intuición personal de esencias y de vivencias. El estudio se saca de la perspectiva egocéntrica y se ubica donde lo posicionó Wittgenstein, en el análisis del lenguaje como medio social intersubjetivo y público donde se arraigan y originan esas experiencias; el análisis lingüístico descubre que la persona de la enunciación es el sujeto agente de la acción.
Y la descripción fenomenológica descubre a la persona y el mundo de símbolos y significados en que habita ese sujeto. Un sujeto que es cuerpo, que es naturaleza pero que es también sociedad y cultura. Una persona que da sentido a la experiencia, a través del universo de símbolos. Esta forma de interpretar al hombre deja al descubierto el mundo social y cultural en que habita. Esto nos demuestra que las investigaciones y los aportes realizados por Danilo Cruz a la crítica de la Metafísica de la subjetividad llevada a cabo por Heidegger son plenamente acertadas y pertinentes, lo cual se percibe claramente por el desarrollo que ha tenido el problema a través de filósofos como Paul Ricoeur.

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