Delfino Pérez, un viaje hacia la luz

Delfino Pérez, un viaje hacia la luz
octubre 09, 2013 Voces Comentar
Publicado en: Contracorriente – Dagoberto Gutiérrez, Nacionales, Política

Siempre tenía la apariencia, la figura y la realidad de un muchachote bueno para comer, bonachón y de sonrisa tímida, hablaba como sin querer, como si las palabras no quisieran salir a la luz y se sintieran cómodas en la oscuridad del cerebro; así era Delfino que siempre parecía evitar conflictos aunque andaba metido, hasta la coronilla, en el mayor conflicto social imaginable, el de la Revolución Política.

Dagoberto Gutiérrez

De cara redonda, cachetes abundantes, ojos serenos, nariz carnosa pero pequeña, boca más bien pequeña igual que sus orejas, de cabeza mediana en relación a su cuerpo; aunque sus brazos si eran fuertes y sus manos grandes siempre trataban a las cosas y a las personas cuidadosamente, su ropa lucían ajustada y modesta, es decir que no gustaba de las camisas y pantalones holgados y, por supuesto, tampoco gustaba de colores altos y sonantes como el rojo, aunque rojo era el color distintivo de el partido al que él pertenecía, el partido comunista y rojas eran las banderas que él tremolaba al viento en las manifestaciones callejeras.

Parecía tener entre 30 y 40 años pero nunca dijo sus años exactos y tampoco su físico lo denunciaba, pero no parecía el mayor de todos nosotros, en las reuniones semanales de la dirección nacional del Partido Revolucionario nueve de mayo (PR-9M).

Eran los últimos años de la década del 60 cuando el gobierno militar de esa época ilegalizó al Partido Acción Renovador (P.A.R) con el que participamos en la campaña electoral de 1967, llevando al Dr. Fabio Castillo Figueroa como candidato presidencial.

En esta campaña política histórica, presentamos la reforma agraria como necesidad y eran, cinco grandes soluciones para cinco grandes problemas, por supuesto que nos excomulgó la Iglesia Católica porque era tal el prestigio y la autoridad de los comunistas que éramos los únicos que podíamos hablar de libertad, democracia, reforma agraria, justicia y si hablabas de estas cosas era porque sencillamente eras comunista.

La ilegalidad ni nos sorprendió ni nos asustó, al fin y al cabo, dentro de la legalidad somos ilegales todos los que no somos propietarios de los medios de producción. De inmediato pasamos a crear otro instrumento porque en la vida social, lo legal es parte de lo ilegal y viceversa, es algo así como el espejo y su reflejo en donde lo legal debe encubrir o proteger lo ilegal, el Partido revolucionario nueve de mayo fue establecido por el Consejo Central de Elecciones de la época en organización y entonces participábamos frontalmente en la lucha política real, caminando con dos pies, uno legal y otro ilegal, como la luz y la sombra, o el día y la noche, o la muerte y la vida.

Teníamos un pequeñísimo local frente a un cine llamado Majestic en plena Avenida España expuesto y a la vista del control de todo mundo, ahí se movía Delfino Pérez luchador, revolucionario, clandestino, comunista y dueño de la utopía mayor de todas, un mundo liberado.

Delfino siempre estaba listo para las tareas más difíciles, siempre era el primero para los riesgos mayores y en las maratónicas reuniones de evaluación de los días lunes era de los últimos en cerrar los ojos o en mantenerlos abiertos aunque se estuviera durmiendo. Anunciaba el café con mucho alborozo y casi siempre aparecía con pan dulce logrado en algún lugar de las interioridades de Mexicanos.

En más de una manifestación, de aquellas que eran atacadas y disueltas por la policía, Delfino aparecía con la cabeza rajada y con sangre, pero luego se reponía y seguía, con su tenacidad de siempre, como si nada había ocurrido.

En una ocasión incursionamos en Suchitoto, en horas de la madrugada, porque en un mitin anterior, la Guardia Nacional disolvió la concentración y nos capturó a los organizadores, decidimos inundar la ciudad con la denuncia y así, muy de madrugada la propaganda cubrió Suchitoto, sin embargo, buscando la carretera Troncal nuestro vehículo quedó atascado en un inmenso lodazal, decidimos que Delfino cuidara del vehículo en lo que faltaba de la madrugada mientras nosotros ganábamos la carretera hacia San Salvador. Delfino aseguró la seguridad, obtuvo comida en la zona y hasta la reparación, de modo que ese mismo medio día estaba con el vehículo en el local frente al Majestic, como si nada había ocurrido, así era Delfino.

En los tiempos de la guerra pasó a trabajar en la Universidad de El Salvador donde fue dirigente sindical y siempre se mantuvo en el lado encendido de la protesta y del reclamo, mientras los años de vida le recorrían la espalda, pero sin vencerlo ni agobiarlo. Todas las mañanas su historia hacía temblar su vida rumbo al trabajo, se quedó viudo a los 74 años y esto estremeció todo su follaje humano porque no supo qué hacer ni con su soledad ni con su larga vida.

Hace unos 15 días y con sus 84 años adentro, en pleno centro de San Salvador, no pudo descifrar la intención de un busero y fue atropellado de frente, en plena calle, en pleno día, en plena vida y en plena vejez.

Delfino, que siempre fue tenaz y siempre estuvo en la resistencia descansa en paz porque siempre supo que la vida ha sido inventada para luchar y no solo para vivirla, en todo caso para vivir luchando por la vida.

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