Educar para la paz desde la memoria

 
Se debe empezar a perder la memoria,  aunque  slo
sea fragmentos de recuerdos, para entender que
en ella consiste nuestra vida. Sin memoria la vida no es vida.
Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razn,
nuestro sentimiento, incluso nuestra accin.
(Oliver Sack.)
 
       El Salvador,  como muchos otros pases Latinoamericanos, se encuentra actualmente en un proceso de postguerra que no termina de ser un proceso real de construccin democrtica. Actualmente profundas y mltiples divisiones sociales desgarran el tejido social lejos de realmente encontrarnos en un proceso de cicatrizacin  reconstructiva. La memoria, las memorias, la historia, las historias, son tambin parcialidades que dan cuenta de divisiones profundas en todo el entramado social.
 
Si tan solo nos asomamos a la prctica discursiva, nos darnos cuenta que an despus de ya ms de una dcada, no encontramos esfuerzos consistentes por el rescate de una memoria colectiva que consolide un registro histrico vinculante y por lo tanto que genere identidad. Al contrario, encontramos una amplia gama de mltiples discursos escindidos y repartidos en propuestas realmente paradojales: Hagamos patria, olvidando los elementos esenciales de la patria: la memoria de todas y todos, la memoria colectiva. (ojo: memoria colectiva como elemento necesario para la vinculacin social, pasando por ella hacia la memoria histrica).
 
El silencio ha llegado impuesto desde el discurso hegemnico que ha dictado el perdn y el olvido como estrategia sine qua non para la reconstruccin social.  Pero tambin el silencio ha llegado, desde los lugares de recuerdos traumticos no deseados y no validados socialmente. Las vctimas y sus heridas en un marco de impunidad actual, tambin circulan en una posicin doble vincular que refuerza  la paradoja; pues la memoria de stos da un sustrato para reparar la fractura; pero requiere de un medio posibilitador para llegar plenamente a la reparacin de lo fracturado (entindase fractura como prdida de la continuidad en el tejido social, en la vida individual, social, en la identidad, en la memoria). Totalmente a la inversa de encontrar las vctimas un contexto que permita, facilite y fomente la reparacin de lo fragmentado, (en El Salvador, como en muchos pases Latinoamericanos), han encontrado un contexto que niega, que hace un ejercicio consciente de silencio y silenciamiento, apoyndose fuertemente en una violencia estructural avasalladora. 
Ignacio Martn-Bar, planteaba justamente un mes antes de su asesinato ( Ver Prlogo, del libro, Derechos Humanos: Todo segn el dolor con el que se mire. Editorial Cesoc, Chile. Octubre 1989) que en las sociedades en transicin generalmente los responsables de la represin argumentan al menos cuatro premisas para no recordar: 1) el riesgo de que al revivir el pasado se reinstalen las condiciones anteriores de conflicto ( lase de represin) 2) el discurso de perdn y olvido, vinculado como mtodo sine qua non para lograr la reconciliacin; 3) las leyes de admista como estrategias que deberan ser aplicadas por parejo para los bandos en contienda, sobre la base de la igualdad de condiciones y 4) el olvido como estrategia para superar el pasado de dolor y no continuar el sufrimiento social. Estos cuatro planteamientos, como muy bien lo sealaba Martn-Bar, ya fueron argudas en nuestro pas. Todo ello por no entrar a la inevitable tarea de recordar y por lo tanto reparar lo sucedido.
 
En este marco, la construccin de una cultura de paz, como proceso que parte y se construye desde la vida, la dignidad y la igualdad. Que trata de limitar la utilizacin de violencia y agresin en la solucin de conflictos; que intenta promover la generacin de una identidad local vinculada con el respeto irrestricto de los Derechos Humanos, resulta difcilmente concebible.
 
Sin memoria, este ideal de cultura de paz no puede ser posible, sin registro de una memoria colectiva que rescate el pasado como elemento indiscutible del presente y el futuro; la reparacin de lo antes daado no puede llevarse a cabo. Pues los recuerdos nos permiten sentirnos parte de un mundo especfico, de un grupo social determinado, de una cultura. La memoria es pues, un nexo que nos vincula a otras personas. La memoria es una accin social ineludible si queremos llegar a un verdadero marco de cultura de paz, pues como dice Vzquez, F.,  (2001): …la memoria se construye en cada relacin, mediante la negociacin, la dialctica la justificacin y la accin conjunta. As pues …no se puede dar por sentada la cultura de paz, mientras no se tengan claras y presentes las causas que dan origen a la violencia y con ello se superen de raz… la cultura de paz debe tener una base de transformacin en lo individual y lo social, de tal manera que se genere un verdadero cambio en las relaciones primarias, institucionales y  estructurales.  
 
Hasta el momento las y los salvadoreas/os hemos ido produciendo y reproduciendo porciones aisladas de memorias que no se interconectan y que ms bien se contradicen y niegan. No hay, hasta ahora, esfuerzos consistentes por colectivizar nuestra memoria  del pasado reciente y reconocerle como un proceso histrico e historizante que produce y reproduce acciones, sentimientos,  sensaciones;  que disea y modifica la vida social e individual.
 
Nos debatimos an en discusiones tan rudimentarias como el problema de si recordar o no…Discusin estrechamente ligada  a temas como el silencio, el olvido y el perdn sin reparacin. El estamento oficial pugna por el olvido, el silenciamiento y el no recuerdo (la no memoria); mientras las vctimas buscan luchando con su propio dolor, el reconocimiento de su verdad, su memoria y con ella la reparacin de lo sufrido.
Qu recordar; tambin resulta un debate poltico pblico velado, que  se ve ineludiblemente atravesado por la cultura de impunidad predominante. El discurso desde el sector hegemnico dicta no recordar los actos de lesa humanidad cometidos por el estamento oficial; sin embargo exige y revive datos parcializados del dolor y prdida durante la guerra cometidos por el otro bando en contienda
(entindase la campaa sucia en el contexto preelectoral) utilizando descarnadamente la condicin traumtica de las experiencias, al servicio de una pretendida ganancia poltica. No obstante, las instituciones apegadas a derechos humanos, sostienen paralelamente el rescate de la memoria de las vctimas como un importante y vital aporte testimonial para la construccin de una sociedad democrtica y para  la bsqueda de un castigo justo a los hechores, que conlleve a una reparacin y reconciliacin social.
Las vctimas por su parte, no tienen exactamente una definicin ni objetivo terico para sus memorias; simplemente recuerdan porque buscan la existencia vlida de su vida, de su dolor, de sus prdidas. Buscan integrar su vida en una historia personal y social congruente, que acepte los hechos de horror vividos y les devuelva la dignidad.
 
Como contrapartes indiscutibles a los debates anteriores, se configura la discusin polmica de qu olvidar  y  qu callar. Nuevamente mltiples  discursos marcados por intereses diferenciales y contrapuestos,  dictan y normatizan las memorias, los recuerdos, los olvidos, los silencios; todo ello en una vinculacin profunda con los temas de  verdad, justicia y reparacin. Siendo que no existe verdad sin justicia, ni justicia sin reparacin del dao causado. La rememoracin del pasado reciente, vincula y compromete directamente  temas de ndole legal, polticos y ticos, que de ser logrados transformaran radicalmente las relaciones sociales hasta hoy demarcadas en el pas; yendo en menoscabo del estamento oficial que viol flagrantemente los Derechos humanos y, en un abierto florecimiento de una  democracia ms consistente.
 
Entonces: Cmo revisar ese pasado,  a pesar de ser problemtico y estar an vivo en la memoria escindida de todo un pueblo?
Cmo establecer y explicar los acontecimientos que lo constituyen en su conjunto, si an no tenemos consensos ni siquiera en si queremos o no recordar y,  contamos con documentacin sumamente incompleta?
Cmo educarnos desde la memoria para no repetir las historias de violencia y encontrar el camino hacia una paz liberadora?
 
MEMORIA COMO UNA FORMA DE ACCIN SOCIAL
 
      Los pueblos que olvidan su historia
estn condenados a repetirla
 
La memoria no puede ser concebida slo como un proceso psicolgico que cumple las funciones de  codificacin, almacenamiento y recuperacin de datos, archivados en nuestros diferentes tipos de memoria (sensorial, a corto y largo plazo), pertenecientes al sujeto individual; sino tambin debe y,  cada vez ms es concebida, como una forma de accin social. 
 
La memoria pues, no solo retrotrae recuerdos, sino que de acuerdo al socioconstructivismo radical  …produce la realidad que recuerda… la memoria es una actividad social que construye y reconstruye el pasado a partir del presente, de sus intereses y proyecciones futuras. Se construye a travs de prcticas discursivas y comunicativas que le otorgan su valor y significado.  (Middleton, D. Y Edwardes, D., 1992; Shotter, J.; 1992; Billing, M. 1992; Iiguez, L., 1995; Vsquez, F. 2001, citados por Pipper, 2002).
 
Si recuerdo quien fui, me veo otro,
y el pasado es presente en el recuerdo..
(Pessoa, F. ; 1991)
 
Segn Pipper, citando a Vzquez, F.   (2002) …El ahora contiene el pasado y el futuro, y stos slo pueden ser entendidos en relacin al presente…los pasados habitan en el presente, no solo en el sentido de que en el presente reinterpretemos estos hechos; sino porque construimos incesantemente el pasado mediante nuestros discursos y nuestras relaciones, mediante nuestros recuerdos y nuestros olvidos….  Desde este planteamiento indiscutiblemente la concepcin de memoria como propiedad individual cae por incompleta o reduccionista. Se concibe el recuerdo como nexos que nos vinculan con otras personas. La memoria entonces se constituye en la relaciones sociales y, al mismo tiempo, stas no tienen sentido sin ella. 
 
Por lo tanto, contina Pipper, I. (2002) …al hacer memoria, las personas y los colectivos construimos nuestra identidad…Los recuerdos nos permiten sabernos parte de un colectivo. Es por eso que no es posible pensar la identidad sin memoria, pues ella dota de continuidad la imagen de s mismo a travs del tiempo. Tampoco se puede pensar la memoria sin identidad, puesto que la identidad permitir que la memoria recuerde aquello que no amenaza su integridad.
 
Examinando detenidamente los anteriores textos, podemos darnos cuenta que la memoria es mucho ms que recuerdos trados de un archivo antiguo personal; es y ser tambin un archivo que se va construyendo en colectividad, y por ello ser parte constitutiva y constituyente de la identidad personal y social. Por tanto, dicho proceso al ser facilitado y promovido abrir indiscutiblemente nuevas posibilidades de ser en el presente y el futuro; de compensar, reparar, sanar la fractura social y personal dejada por la vivencia de la violencia poltica vivida. Ser indisolublemente la nica manera de posibilitar la recuperacin y reestructuracin del tejido social.
 
Con las ltimas afirmaciones no me refiero a una mgica resolucin del conflicto social, por el solo hecho de compartir nuestras memorias. Me refiero y tengo en mente, esa funcin esencial de la memoria como accin social, una memoria que construye realidad. Por  tanto, normatiza la vida, reorienta el presente y proyecta el futuro social en cuanto a su hacer concreto, moldeando indiscutiblemente nuestra identidad.
 
O acaso no podramos pasar de la categora de vctimas y victimarios a ser parte de la categora de un pueblo que ha sido capaz de reconocer sus verdades, legitimar su historia y vivir en justicia  y reconciliacin?
 
O no podremos pasar a ser en lugar de vctimas y victimarios, co-responsables de forma estratificada de esa historia reciente de dolor, terror, miedo y victorias?
 
Solo se necesita tejer la urdimbre a la que se refiere ese hacer  de la memoria,   capaz de transformar las relaciones sociales por su potencialidad de establecer verdades validadas socialmente y,  con ello, las consiguientes redes de reparaciones: simblicas, sociales, legales, emocionales, econmicas, polticas, relacionales y ticas que estructuren nuevas formas de convivencia social. Slo entonces, podremos hablar de una cultura de paz, respetuosa de la dignidad y la vida humana; la cual incluye primigeniamente el recuerdo como parte presente para el reordenamiento de la vida actual y futura.
 
 
MEMORIA COMO HISTORIA
 
Segn Lira, E. (2003), los historiadores conciben la memoria como la historia oral, es decir el relato de los testigos de acontecimientos y,  por tanto,  el concepto de memoria histrica alude  a que otra fuente de la historia es la memoria.
 
Los historiadores conciben que la memoria como tal (sola) es simplemente el recuerdo individual o la sntesis mtica que se hace cuando se habla de memoria colectiva, en la cual el suceso ocurri; pero los testigos amplifican, reducen o cambian los detalles. Como sucede con el paso del tiempo con todos los testigos (Loftus, 1992; Wells, 1993; Hauggard et al., 1991).
 
Entonces debe incluirse en el anlisis de las memorias, el influjo que en el discurso de stas tienen las relaciones de poder establecidas en la sociedad actual y,  cmo en la medida en que los hechores tengan el poder, la conviccin de paz social basada en la impunidad ser un discurso posible y probablemente hegemnico. Aunque ello no tenga necesariamente que ver con la produccin colectiva real de la memoria, sino ms bien; con la produccin de un discurso dominado por las relaciones establecidas. 
No se puede pensar en los discursos como productos colectivos independientes; sino ms bien  como productos influenciables e influyentes desde el poder.
 
La memoria como nica fuente, para los historiadores es insuficiente; ya que es solamente el recuerdo de testigos,  importantes como base de lo acontecido; pero no puede pasar a ser la nica fuente. Los historiadores insistirn en utilizar todos los recursos disponibles para reconstruir los hechos (documentacin, registros de todo tipo). No obstante de no negar, la validez individual de la memoria.
 
Al respecto, no se puede eludir, que la historia documentada es casi siempre la historia oficial; por lo cual la memoria reconstruida de las vctimas es esencial, porque es la parte que falta. Pues la memoria histrica debe ser la memoria de todos y todas: las vctimas, los victimarios, la historia desde el poder, desde el contrapoder…etc.
 
LA MEMORIA COMO ELEMENTO DE EDUCACIN PARA LA PAZ
 
Si partimos de la obra de Ignacio Martn-Bar, (entendindose sta como Psicologa de la liberacin) y revisamos las alternativas que l plantea a la Psicologa social, no podremos sino entender que como lo expresa Pipper (2002) no basa con recordar, sino cmo recordar…cmo construir memorias que subviertan el orden establecido.
 
Retomando a Martn-Bar, me parece que esta cualificacin del cmo recordar que Pipper se plantea, tiene una respuesta en la propuesta de la Psicologa de la liberacin.
 
Al respecto Ignacio Martn Bar sealaba: si queremos que la psicologa realice algn aporte significativo a la historia de nuestros pueblos, si como psiclogos queremos contribuir al derecho social de los pases latinoamericanos, necesitamos replantearnos nuestro bagaje terico y prctico, pero replanternoslo desde la vida de nuestros propios pueblos, desde sus sufrimientos, sus aspiraciones y sus luchas. Si se me permite formular esta propuesta en trminos latinoamericanos, hay que afirmar que si pretendemos que la psicologa contribuya  ala liberacin de nuestros pueblos, tenemos que elaborar una psicologa de la liberacin. Pero elaborar una psicologa de la liberacin no es una tarea simplemente terica, sino primero y fundamentalmente una tarea prctica. Por eso,  si la psicologa latinoamericana quiere lanzarse por el camino de la liberacin tiene que romper con su propia esclavitud. En otras palabras, realizar una psicologa de la liberacin exige primero lograr una liberacin de la psicologa.  (Ver, Hacia una Psicologa de la Liberacin. Boletn de Psicologa , 22, 1986, 219-231)
 
Con esta claridad de liberar a la psicologa de su mimetismo cientista, su carencia de una epistemologa adecuada y sus falsos dilemas. Y desde la inspiracin de la Teologa de la Liberacin,  Ignacio Martn-Bar plante tres elementos esenciales para la construccin de una psicologa de la liberacin: Un nuevo horizonte, una nueva epistemologa y una nueva praxis. En esta direccin planteo que la psicologa latinoamericana deba descentrarse, despreocuparse de su estatus cientfico y social y proponerse un servicio eficaz a las necesidades de las mayoras populares; debera buscar una nueva forma de bsqueda del conocimiento y orientarse en poner en perspectiva el futuro de libertad del los pueblos latinoamericanos y no quedarse estacionada solo en su presente de opresin, haba que construir , que hacer esa verdad; lo cual implica trabajar desde abajo (desde las propias mayoras populares) , se trata de pensar y teorizar con ellos y desde ellos. En ello est implcita una relacin total mente diferente, que incluye la dialogicidad como hermenutica que devuelve la voz y la palabra a los olvidados de la historia (Ver, Freire Pedagoga del oprimido, p. 109). Con ello planteba que el siguiente paso era ubicarnos en una nueva praxis, una actividad transformadora de la realidad que nos permita conocerla no solo en lo que es, sino en lo que no es, y ello en la medida en que intentamos orientarla hacia aquello que debe seruna nueva praxis plantea el problema del poder y, por tanto de la politizacin de la psicologatomar postura, tomar partidocomo resultado de de una opcin ticaopcin consciente que asuma una parcializacin coherente con los propios valores (Ver Bar, 1986).
 
Ante todo este planteamiento Bar se planteaba tres tareas urgentes: La recuperacin de la memoria histrica, la desideologizacin del sentido comn y de la experiencia cotidiana y, la potenciacin de las virtudes populares.
 
Desde esa perspectiva, me parece que la  primera tarea para educar para la paz desde la memoria, tiene que pasar por la cualificacin de  el cmo. Tendr que ver con la recuperacin de la memoria histrica de las mayoras sometidas, no por nicas historias valederas, sino ms bien por ser las memorias ausentes en las historias escritas, en la documentacin oficial y, porque adems de ello, es la memoria de las grandes mayoras populares victimizadas por las minoras hegemnicas.
 
La segunda tarea se remitira a fundir conceptualizaciones tiles y no retomar fundamentalismos tericos. En este sentido, convendr retomar elementos variados. En esta direccin considero que debemos contemplar al menos cinco elementos mezcla: El primero, hace referencia a la conceptualizacin de memoria como una produccin social, a la educacin como una tarea dialogante que involucra una horizontalidad en la tarea entre educando y educado, (Ver Freire, Pedagoga del Oprimido), la problematizacin de la realidad (Ver Freire, ibdem). La memoria como fenmeno psicobiolgico individual. Y la determinacin estructural que tiene el ejercicio del poder sobre lo que se recuerda, cmo se recuerda y cundo se recuerda.
 
En este sentido, deber hacerse una  profundizacin Metodolgca que permita rescatar la memoria colectiva de las vctimas, no solo como un discurso que constituye otra parte de la historia, sino tambin como un discurso transformado y transformador que construye realidad presente y es producto concreto de las relaciones actuales de poder e ideologizacin que lo determinan. Me parece pertinente hacer una fucin til del enfoque socioconstructivista de la memoria como un constructo social, que sea enriquecido con la visin histrica de sta, lo cual delimite la excesiva autonoma que el siocioconstructivismo otroga a la accin discursiva y les situ si como un producto y productor social pero tambin considere su determinacin desde el  entramado estructural concreto, que se construye y reconstruye en unas relaciones de poder determinadas. Ello no abandona, la riqueza del aporte de la psicologa individual al entender la memoria como un proceso bsico del individuo, que cumple funciones bsicas para la sobrevivencia. Es ms, ellas, dichas funciones, debern ser retomadas y amplificadas en su funcin social; delimitadas y reentendidas desde la perspectiva estructural y del poder y; concebidas con lmites (qu se recuerda y porqu se recuerda eso y no otros elementos)  desde el mero funcionamiento psico-biolgico individual. Y retomar elementos de la educacin popular que orienten un mtodo dialctico de empoderamiento  y co-construccin del aprendizaje.
 
Propongo una profundizacin Metodolgca para el rescate de la memoria colectiva de las vctimas como producto de identidad de nuestro pueblo y, una necesaria conjuncin histrica con la memoria ya escrita. Con el discurso oficial. La incorporacin de un elemento crtico de anlisis para entender y develar el qu hace que se den ciertos consensos mnsicos y otros no; dado que los hechores siguen ejerciendo el poder hegemnico.
 Finalmente el tercer elemento, se refiere al desarrollo de una metodologa que pase por  entender el propio quehacer cientfico con una opcin clara y consciente dirigida hacia el servicio de las necesidades de las mayoras populares, ya que es a stas las que le han sido negadas sus historias, negadas sus vidas, negados sus derechos y negadas sus voces. Tendremos pues, que ejercer nuestra voz y nuestra ciencia para hacer mirar esa otra parte de la historia, de la colectividad y, vincularla en un todo coherente desde la develacin y potenciacin de los poderes y saberes menores y no solamente desde los discursos hegemnicos dominantes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>