El actual periodo de transición y el rumbo socialista de nuestra lucha. Mayo de 2001. Schafik Handal

Nota introductoria a la edición de 2016

Han transcurrido dieciséis años desde que Schafik Jorge Hándal realizó la intervención titulada El actual período de transición y el rumbo socialista de nuestra lucha, y ocho años desde que el Instituto que lleva su nombre la publicó en un folleto. Esa intervención se produjo tres años antes de que el propio Schafik participara como candidato en la elección presidencial de 2004, en la cual, si bien no se alzó con el triunfo, sí dio un importante paso adelante en la lucha política y electoral del FMLN, al más que doblar el techo de votos cosechado por nuestro partido en las contiendas precedentes.

Sin duda alguna podemos afirmar que la proeza realizada por el FMLN con Schafik como candidato presidencial preparó el camino para que Mauricio Funes Cartagena y Salvador Sánchez Cerén, en 2009 y 2014 respectivamente, lograran franquear la puerta de la Casa Presidencial de la República de El Salvador, hasta entonces inaccesible para una fuerza política que no representara los más retrógrados intereses de la oligarquía salvadoreña, mucho más inaccesible aún para una fuerza política de la izquierda revolucionaria, como lo es el FMLN.

No obstante la gran diferencia existente entre la situación en que estas ideas fueron concebidas y expresadas –desde un FMLN que luchaba como fuerza política y electoral opositora– y la situación actual –con un FMLN cuyo segundo gobierno consecutivo acumula más de un año y medio de gestión–, este texto conserva total vigencia y merece ser estudiado o reestudiado por la militancia y los amigos de nuestro partido porque en él se encuentran claves fundamentales para continuar la obra, ya que la conquista y el ejercicio del gobierno, algo que ya hemos logrado, no es un fin en sí mismo, sino un medio para proseguir la transición por el rumbo socialista de nuestra lucha, en este trigésimo sexto aniversario de la fundación del FMLN, en el que nuestro partido se fortalece mediante el cumplimiento de los acuerdos de su Primer Congreso, celebrado entre julio y noviembre de 2015.

Instituto Schafik Hándal, San Salvador, marzo de 2016.

Presentación

El período actual forma parte de una larga etapa histórica. Sus rasgos esenciales constituyen el marco general en que se desenvuelve la realidad de cada período concreto. Las condiciones objetivas de una etapa abren las posibilidades objetivas para los cambios de la realidad.

El análisis o apreciación correcta del período histórico concreto está a la base del diseño de una estrategia acertada para los cambios de la realidad en beneficio de los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad; este es nuestro compromiso. Además, debemos buscar que el resto de la sociedad, aunque no esté totalmente de acuerdo con nuestro proyecto, haga posible un consenso en los términos en que este concepto es aplicado por la Organización de Naciones Unidas.

Hechas estas breves aclaraciones acerca del enfoque en que realizamos el análisis, pasamos a esbozar los rasgos principales del período histórico de transición en el cual nos encontramos, así como los aspectos más importantes de la estrategia y del rumbo de nuestra lucha.

Acuerdos de paz, transición contradictoria y en conflicto

La finalización negociada de la guerra en El Salvador y la firma de los Acuerdos de Paz (16 de enero de 1992), terminaron con sesenta años de dictadura militar y pusieron en marcha una transición que se proyectaba como sucesivos cambios estructurales en el sistema político, y el inicio de transformaciones económicas y sociales capaces de hacer posible el ascenso de las fuerzas revolucionarias al poder del Estado para consumar la realización del programa de la Revolución Democrática.

El FMLN redefinió este programa a lo largo de la guerra, hasta que en el lindero de las negociaciones de los Acuerdos de Paz, en septiembre de 1990, fue presentada al país la así llamada Proclama a la Nación, que constituyó la base programática de la agenda de las negociaciones propuesta por el FMLN.

La guerra revolucionaria concluyó con el logro de acuerdos sobre transformaciones políticas estructurales, pero sin derrocar a la gran burguesía oligárquica ni a su partido de derecha, ultra conservador. Esto se produjo en un momento en que en el mundo se derrumbaba el modelo de socialismo de Estado imperante en Europa Oriental y se desintegraba la Unión Soviética, mientras el rumbo neoliberal de la globalización capitalista se consolidaba y mostraba éxitos.

Estos dramáticos y veloces cambios mundiales tuvieron fuertes impactos en nuestro país:

• Introdujeron confusiones, vacilaciones y fraccionamientos en la izquierda revolucionaria y permearon ideológicamente a una parte de la misma.

• Facilitaron y aceleraron la transición neoliberalizadora del Estado y de la economía.

• Fortalecieron ideológicamente el poder de la derecha, en particular del grupo oligárquico del gran capital, que se veía en el trance de adueñarse del timón financiero, consolidar su hegemonía y abandonar la declinante agro-exportación.

Así quedó configurado el escenario de posguerra, en el que se enfrentaron desde entonces dos transiciones:

1. La democrática revolucionaria.

2. La neoliberalizadora globalizante.

Durante los primeros cuatro años (desde enero de 1992) la reforma neoliberal avanzó con la ventaja de tener el poder del Estado, un impresionante apoyo electoral, y la impregnadora influencia ideológica y política de los éxitos neoliberales en el mundo. Además, se vio favorecida por la fractura del FMLN, el marasmo ideológico de la izquierda nacional y mundial, así como la incipiente experiencia de los revolucionarios salvadoreños en la lucha política legal.

La ejecución de los Acuerdos de Paz fue eficaz en la reforma de la Fuerza Armada y en poner fin al Estado militarizado; pero hasta ahora (mayo de 2001) no ha podido realizarse de modo integral el cumplimiento de todos los acuerdos e incluso algunos de sus principales logros han comenzado a deteriorarse.

No obstante, las raíces populares de la izquierda, la defensa de sus ideales por la mayoría de sus líderes y militantes, sus progresos en la capacidad de orientarse y elaborar estrategia en la nueva y adversa situación, le permitió, desde el comienzo de esta transición contradictoria y en conflicto, situarse como segunda fuerza política electoral y ganar acumulación progresivamente.

La hegemonía neoliberal se debilitó, crecen las fuerzas antineoliberales

Aquella situación de los días finales de la guerra y primeros años de la posguerra se ha modificado sustancialmente:

1. El brillo de los éxitos del neoliberalismo se ha opacado:

1.1. La crisis mexicana (1995-1996) y su «efecto tequila» sobre otros países de América Latina, la crisis de los «dragones» del Sudeste Asiático (1997-1998), la caída de la poderosa economía del Japón, la brusca y enorme devaluación del rublo, la precipitación de Rusia a un nivel más profundo de la crisis económica, social, política y moral que venía arrastrando desde el derrumbe de la URSS, y la voluminosa y corrupta privatización de las empresas estatales, acarrearon impactos recesivos en Europa e involucraron en este proceso a las principales economías latinoamericanas (Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile, Perú), estancándolas e induciéndolas al franco retroceso. La economía de los Estados Unidos parecía florecer invulnerable, hasta que a finales de 1999, durante el año 2000 y lo que va del 2001, también se detuvo y entró en retroceso.

1.2. El pensamiento neoliberal perdió el prestigio y la arrogancia de su pretendida infalibilidad; la pobreza se extendió más sobre la Humanidad, al mismo tiempo como nunca antes en la historia, la riqueza se concentró en extremo, en pocas manos y pocos países; a su vez los Estados socialistas (Cuba, China, Vietnam) mostraron su fortaleza y capacidad de resurgir y prosperar.

2. El pensamiento de la parte mejor dotada de la izquierda comenzó a salir del marasmo en que lo sumió el cataclismo geopolítico de finales de los ochenta y principios de los noventa. Varios de los más importantes partidos de la izquierda latinoamericana lograron notables progresos políticos y se han acercado al umbral de su arribo al gobierno (Frente Amplio de Uruguay, PT de Brasil, FSLN de Nicaragua y FMLN de El Salvador). La guerra revolucionaria en Colombia, llevada adelante por organizaciones que multiplicaron su crecimiento (FARC, ELN), adquirió dimensiones ofensivas y un enorme volumen.

3. La Tercera Vía surgida de la pérdida de rumbo de la socialdemocracia en algunos países de Europa frente al entonces otrora arrollador avance del neoliberalismo, fue rechazada en el último congreso de la Internacional Socialista; muchos de los partidos retomaron sus respectivos gobiernos y volvieron a diseñar programas más cercanos a los intereses de las mayorías nacionales.

4. En Estados Unidos, junto con el retroceso de la economía, arribó al gobierno el Partido Republicano (enero del 2001) encabezado por George W. Bush, cuyos primeros cien días han sido el retorno franco a la Guerra Fría. Dentro de este enfoque, Bush le ha dado un espaldarazo al gobierno de Francisco Flores.

5. Los terremotos de enero y febrero del 2001 en El Salvador multiplicaron la pobreza, el desempleo y la exclusión; el apoyo de Bush aceleró la tendencia de ARENA y su gobierno de ejercer el poder con creciente autoritarismo y desprecio por todo esfuerzo de concertación.

El bloque de fuerzas enemigas que enfrentamos en la guerra se está reagrupando, aunque con dificultades: no puede incluir automáticamente a todo el sector empresarial agropecuario, ni a todo el sector industrial y de servicios, que en gran medida han sido golpeados y disminuidos por la política económica neoliberal de los tres gobiernos de ARENA; tampoco puede incluir automáticamente a la Fuerza Armada y a la Policía Nacional Civil –por lo menos todavía no– porque existen fundadas razones para pensar que ello no será muy fácil. Lo que sí posee este bloque contrarrevolucionario en formación, es su segundo «Reagan». Todo esto ha producido fuertes y crecientes agrietamientos en ARENA, y su franco y notorio desgaste político ante la población, va en aumento.

6. Acontecen interminablemente las guerras locales, los conflictos étnicos y religiosos, los desmembramientos por la fuerza de Estados multinacionales (Unión Soviética, Yugoslavia), las agresiones militares masivas desde la Guerra del Golfo. La hegemonía del imperio yanqui se impone a sangre y fuego, y no solo por vía económica. Recrudece sin éxito el bloqueo a Cuba, arrastra a Europa a sus aventuras bélicas afectando la prosperidad de la Unión Europea, la fortaleza del euro, reduciendo la autonomía del viejo continente. Se lanza a imponer la dolarización en los primeros países (Argentina, Ecuador, El Salvador) con el propósito de generalizarla en toda América Latina y otras regiones del Tercer Mundo; impulsa el ALCA para engullirse a la economía y asumir totalmente las riendas de todo el continente americano.

7. La República Popular de China ha emprendido esfuerzos para abrirse espacios en las relaciones económicas y políticas con América Latina, especialmente refuerza su amistad con Cuba y Venezuela; mientras, el gobierno Bush se esmera en enfrentarla y crear conflictos con China violando acuerdos históricos (entrega de armas sofisticadas a Taiwán, incidente de aviones espías). Lo mismo hace con Rusia (ruptura unilateral del Tratado de Prohibición Antimisiles, discrepancias sobre Irak, Palestina, y Yugoslavia), cuyo gobierno, el de Vladimir Putin, realiza acercamientos y da muestras, por lo menos en algo, de buscar recuperación del protagonismo y peso geopolítico de la ex-Unión Soviética con Cuba. Por su parte la República Popular de China y Rusia parecen encontrar entendimientos sobre sus relaciones económicas y políticas.

8. En los últimos años ha crecido de manera impactante la resistencia de amplios sectores sociales a la globalización neoliberal y el ataque a las políticas excluyentes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial mediante movilizaciones internacionales concurrente (Seattle, Praga, Quebec y otras).

9. Las luchas populares en diversos países de América Latina (Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil, últimamente Argentina) y otros continentes están en un período de flujo; todas sus motivaciones y demandas chocan con las decisiones políticas, económicas y sociales neoliberales, con la intromisión de Estados Unidos y demandan justicia y democracia (Chile, Perú). Incluso en nuestro país, el movimiento social después de un prolongado receso, da muestras de recuperación y combatividad con huelgas (STISSS; SIMETRISSS), y protestas (de los damnificados por los terremotos, 1ro. de Mayo reciente, etcétera).

10. El mundo no se aviene con el capitalismo neoliberal ni con la monopolaridad. Sin lugar a dudas, hemos ingresado nacional e internacionalmente en un nuevo período histórico que llega cargado de tensiones, confrontaciones y al mismo tiempo está preñado de posibles desenlaces estratégicos que apuntan a giros, los cuales en algunos casos pueden ser revolucionarios.

Este nuevo período ya no es el inicial período de hegemonía total del neoliberalismo, en los terrenos económicos, políticos e ideológicos. El esquema neoliberal en el plano ideológico y político es dogmático; en el primer momento tuvo enorme éxito. Incluso desde la izquierda se oían opiniones de que no era posible derrotarlo; algunos se lo creyeron tanto que decidieron hacer sus maletas y trasladarse a la «bullanga de la fiesta» neoliberal, a disfrutar de la misma en vez de luchar por acallarla.

Pero esa no es la situación de hoy. El neoliberalismo ya no tiene aquella hegemonía total; sin embargo, no toda la izquierda ha mostrado igual nivel de conciencia y capacidad frente a la nueva fase del neoliberalismo para lidiar con la globalización a fin de ponerla al servicio del progreso social, de la solución del problema de la pobreza, la exclusión y el atraso de la inmensa mayoría de la humanidad.

La globalización es un proceso que tiene una larga historia desde los primeros tiempos de la formación del mercado mundial. Aunque la velocidad de las relaciones económicas internacionales ha aumentado muchísimo, este es un proceso muy antiguo. Lo nuevo del mismo es la conducción neoliberal en beneficio de un pequeño grupo de grandes señores del capital en el mundo, que da origen a una teoría, una ideología, una política y a instituciones financieras encargadas de imponer esa ruta. Eso es lo nuevo, pero el fenómeno de la hoy llamada globalización es remoto.

Hoy, este proceso está conducido por los señores del gran capital para su provecho, los cuales, según estudios de organismos internacionales, tienen un patrimonio superior a los ingresos de miles de millones de personas en el mundo. Las 250 personas que poseen los mayores capitales, según esos estudios, tienen en conjunto más riqueza que los ingresos anuales de dos mil quinientos millones de personas; así de simple es la cosa.

Semejante poder, debilita, impacta y golpea a millones de personas, despertando en ellas la conciencia y la decisión de enfrentarse a la globalización. Como la historia ha demostrado, no se puede mantener la hegemonía únicamente con el capital, ni con ejércitos; si eso hubiera sido así, en la historia no habría habido revoluciones.

Ideales de transformación: fortaleza  de las luchas populares

Los pueblos se han enfrentado siempre a sus opresores y explotadores con dos recursos fundamentales, ninguno de los cuales es capital ni riqueza:

1. Ideales de transformación: una vez que estos ideales se difunden entre los pueblos y las grandes mayorías, se convierten en fuerza material casi incontrarrestable.

2. Incorporación masiva de las fuerzas a la lucha. Este recurso puede llevarse a nivel mundial, lo cual quiere decir que incluye la solidaridad internacional, y la solidaridad de pueblo a pueblo. Este punto está subordinado al anterior.

Por eso para hacer frente a la globalización y a la hegemonía neoliberal, los movimientos revolucionarios –el nuestro tiene experiencia en eso– deben globalizar la solidaridad. El neoliberalismo mundial «ayuda» a hacerlo globalizando la solidaridad de los pueblos en su lucha contra él, incluyendo a los trabajadores de los países capitalistas desarrollados.

La globalización del neoliberalismo homogeniza los problemas y las consecuencias negativas que produce sobre millones de personas en el mundo. Esa es una de sus debilidades. Homogeniza el enfrentamiento por los cambios en todos los países. En cualquier parte del Tercer Mundo la gente padece las mismas consecuencias del neoliberalismo. Además, en los países más desarrollados produce parecidas repercusiones a una escala mayor.

No es extraño que en esos países, en unos más que en otros, haya reactivación fuerte de resistencia generalizada a la conducción neoliberal por parte de las clases populares, de los obreros y otros sectores populares. Una de las consecuencias del profundo distanciamiento entre pobres y ricos, entre países atrasados y desarrollados, es la enorme y veloz multiplicación de la migración del sur al norte, de los países pobres y atrasados a los ricos y desarrollados.

Dentro de estos últimos se produce un proceso de reestructuración de las sociedades, en las que aparecen islas del Tercer Mundo que se van haciendo cada vez más grandes dentro del Primer Mundo.

El Primer Mundo ya no es el jardín amurallado que existió durante mucho tiempo, donde no ocurrían la mayor parte de las desgracias y enfermedades sociales que sucedían en el mundo subordinado y atrasado. Lo mismo está ocurriendo en los países del Tercer Mundo, se forman islas de Primer Mundo, cada vez más pequeñas; lo podemos constatar en nuestro país.

Conocer la realidad para formular el programa de cambios     

Para luchar contra la globalización y el neoliberalismo dominante en nuestro país, causante de la calamitosa situación en la que se encuentra el pueblo salvadoreño, debemos conocer cómo funciona el capitalismo de hoy y hacer certeros nuestros programas de cambios.

El FMLN ha progresado bastante en la elaboración de planteamientos programáticos, primero, a lo largo de la guerra, y después, desde la firma de los Acuerdos de Paz, cuyos contenidos constituyen la historia reciente del desarrollo del conocimiento del FMLN sobre la realidad nacional y la cambiante situación en el mundo.

Nuestro pensamiento no ha permanecido inmóvil, como la derecha trata de presentarnos, pero es necesario desarrollarlo más; ahora conocemos la realidad del país mucho mejor que antes o durante la guerra; comprendemos cuáles son los problemas económicos, políticos, sociales, cuál es la mecánica de los mismos, cómo afectan a unos sectores más que a otros, o de qué manera los afectan, los enriquecen o les dan más poder.

Hemos podido conocer todo eso por lo siguiente:

1. En el FMLN existe conciencia colectiva que es necesario tener un dominio más a fondo de la problemática global y particular del país, y de conocer al enemigo que enfrentamos para ser eficaces en la lucha.

2. El conocimiento ha sido facilitado por los contactos cada vez más intensos y frecuentes con los diversos sectores sociales, muchos de los cuales durante la guerra estaban ubicados en el campo enemigo. La derecha neoliberal los ha golpeado tanto con sus políticas económicas y sociales, que esto les ha ayudado a despertar y a comprender que, para cambiar esta situación, pueden entenderse únicamente con las fuerzas agrupadas en el FMLN y algunas otras que mantienen la posición de luchar contra el neoliberalismo.

Esa gente se ha acercado continuamente al FMLN, en particular desde que estamos en la Asamblea Legislativa, porque ese es un escenario en el que se debaten las cuestiones sensibles para los intereses de los diferentes sectores de la sociedad afectados por el neoliberalismo. Hoy conocemos mucho más y por eso estamos en mejores condiciones para desarrollar adecuadamente nuestros planteamientos programáticos, plataformas de lucha, incluyendo nuestras iniciativas legislativas para cada período y coyuntura.

Todo esto ha arraigado en nosotros la convicción de que no basta con limar algunas asperezas del capitalismo neoliberal y del sistema en general. Este sistema no tiene arreglo si no se producen cambios estructurales. Estos no van a excluir los intereses de ningún sector, ni siquiera los de aquéllos que hace decenios podríamos haber considerado irremediablemente enemigos y obstáculos para el progreso social.

Los que deben quedar afuera, y sin ninguna contemplación, son los intereses del grupo hegemónico, dueño del país, que es aliado del dueño del mundo. Con ese grupo neoliberal no puede haber entendimiento alguno en materia de reestructuración nacional, porque todo acuerdo con ellos implica debilitamiento, con toda seguridad, de los intereses de la inmensa mayoría del pueblo y del país. En esto consiste el carácter revolucionario de nuestra lucha.

La izquierda hoy en El Salvador, en particular el FMLN, debe disponerse en las elecciones del 2003 a ampliar el control sobre más gobiernos municipales y diputados en la Asamblea Legislativa, así como a asumir el gobierno en el 2004. La configuración del período lo hace posible y necesario. Si nosotros no invertimos en eso nuestros mejores esfuerzos, nuestra más ejemplar decisión, el pueblo salvadoreño no nos lo perdonará jamás, pues le traeremos una enorme frustración.

Como el principal instrumento para transformar el país, el FMLN necesita más unidad

Para este fin es necesario que el partido realice el viraje en correspondencia con el hecho de que dentro de la izquierda, el FMLN es el único instrumento real con que cuenta el pueblo salvadoreño para transformar el país en respuesta a los intereses populares y nacionales. Es cierto que hay fuerzas de izquierda fuera del partido; debemos tomarlas en cuenta si aspiran a una necesaria derrota del neoliberalismo y a la transformación estructural del país.

Muchos opinan, incluso dentro de los sectores de izquierda que no son orgánicos del partido, que el crecimiento del FMLN se debe a los errores de la derecha. Si bien es cierto que esta es una parte de la verdad, también hay otra que debe ser incluida.

El FMLN ha venido mostrando capacidades para asumir la lucha por intereses diversos que tienen en común el enfrentamiento contra el grupo neoliberal, nacional e internacional, que impulsa la política neoliberal depredadora. Si no hubiéramos actuado con la claridad con que lo hemos hecho, el pueblo habría dejado de tener confianza en el FMLN y no seguiría depositando en nosotros la esperanza de ser el instrumento capaz de hacer los cambios.

Si las simpatías populares y de otros sectores del país hacia el FMLN solo se debieran a los errores de la derecha y estos fueran los que han hecho crecer electoralmente al FMLN: ¿por qué no se ha distribuido de manera más equitativa el impacto de los errores de la derecha entre los distintos partidos, grupos de izquierda y fuerzas políticas en el país?

Todos sabemos que un rasgo de la situación política del país consiste en que el enfrentamiento se ha ido concentrando entre dos fuerzas, sin que ello quiera decir que estamos a favor de un sistema político bipartidista, creemos que se debe conservar el multipartidismo. Pero aquí estamos analizando el porqué de la cosas, a la luz de la realidad práctica.

Existen otros factores que explican esa situación política; tanto es así, que la gente en todo el país nos reclama y exige que seamos más combativos, más agresivos en la lucha contra la dominación arenera neoliberal.

Para prepararse a cumplir de manera óptima la función de organizar y conducir esta lucha que espera la mayor parte del pueblo salvadoreño, el FMLN debe alcanzar niveles mayores de unidad en torno a los ideales revolucionarios. Por ahora los cambios que están vigentes son los del «programa mínimo», pero hay que pasar a definir los contenidos de nuestro «programa máximo», superando el nivel actual de los enunciados. De alguna manera, ello es expresión de la huella del modelo soviético en el pensamiento político y teórico, aún de aquéllos que criticaban ese modelo que se derrumbó.

El Frente necesita alcanzar niveles superiores de unidad ¿Es posible eso? El proceso ha comenzado. La respuesta a las acciones más negativas del gobierno y de ARENA, ha diferenciado las posiciones dentro del partido, apareciendo aquellos que francamente han salido a apoyar las medidas neoliberales. Quienes han actuado de esa manera se han debilitado, mientras el resto, de varias corrientes y tendencias, ha respondido en términos generales unificadamente.

La experiencia de varios meses de coincidir en la acción frente a las medidas neoliberales, ha ido creando condiciones para que empiece a caminar un proceso hacia mayor unificación que tendrá que impulsarse con seriedad, para que sea sólido, que no esté basado en negociación de cuotas partidarias, ni de cargos públicos.

Cuando estábamos en la lucha armada muchos de los problemas que ahora tenemos eran resueltos por la forma de lucha. Por ejemplo, no había duda de quién era el enemigo; ahora hay dudas al respecto. Hay quienes consideran que tales o cuales fuerzas no son enemigas y que uno puede entenderse con ellas. En aquel tiempo no había esa confusión. Todos sabíamos que no solo eran fuerzas enemigas, sino que nos querían exterminar. Además, en aquel momento, cada uno de los miembros del FMLN podía ejecutar su voluntad de luchar contra aquel enemigo, a favor de la justicia en que creía de manera directa, tenía en sus manos el instrumento propio de esa forma de lucha y participaba directamente en los combates.

En la lucha política legal, la identificación del enemigo se complicó, empezó a perderse en la hojarasca y el marasmo de una serie de planteamientos, análisis atractivos, enmascaramientos y, por qué no decir, en acercamientos perversos hacia nosotros para engatusarnos. En la lucha armada, la unidad en la acción, la solidaridad entre los que luchábamos, estaba engendrada por el hecho de que estábamos jugándonos la vida. Teníamos convicciones muy arraigadas.

Ahora esto ha sido muy golpeado por la forma de lucha electoral que despierta ambiciones. Se proclama el derecho de todos a ser alcaldes, diputados. Se ha dejado de mirar estos cargos como posiciones de choque contra el enemigo. Se ha olvidado que los compañeros se eligen para cumplir una misión revolucionaria y por lo tanto deben tener cualidades para desempeñarlas. Se ha dejado de ver al partido como instrumento y sujeto capaz de desarrollar una lucha transformadora. Bajo la influencia de la lógica y la inercia de lucha política electoral, se tiende a ver al partido, como un simple espacio en el cual el más astuto reúne el apoyo suficiente para ser diputado y ganar más dinero.

No todos actúan de esa manera, pero esa enfermedad ya está presente en el partido. Si realmente queremos que el FMLN cumpla su misión, una de las readecuaciones que se necesita hacer con mucha fuerza es que el proceso de mayor unificación no gire alrededor de negociaciones de reparto de cuotas internas, ni de candidaturas para cargos públicos. Una está en función de la otra, las cuotas internas son para asegurar las cuotas en las candidaturas.

Al partido ha ingresado mucha gente con motivaciones e intereses que no son exactamente los mismos del FMLN. No basta con que haya posibilidades de abrirle paso a los intereses de las mayorías, como ponerle fin a la exclusión, superar pobreza, lograr cambios o rupturas importantes en el sistema. ¡No basta! Es necesario que los instrumentos, los sujetos y el partido, den el viraje requerido.

Lo «viable» y el «realismo»: su correcta interpretación revolucionaria   

El proceso de lucha de la sociedad civil por las transformaciones debe ser apoyado, impulsado y estimulado. Ahora bien, ¿qué cambios hay que hacer? Es necesario plasmarlos en el programa, pero debemos tener cuidado con dos conceptos que pueden ser interpretados de manera diversa:

1. Si lo viable es interpretado como lo que permite hacer el grupo de dueños del país y su aliado dueño del mundo, entonces no habrá transformaciones ni ruptura con el neoliberalismo ni con el sistema; habrá juego y esperanzas fallidas, pero no se producirán cambios. Quienes parten de la base de que el logro de rupturas con el sistema no es viable deben decirlo con toda franqueza y claridad, porque eso es clave para que haya o no unidad en el partido. La interpretación científicamente correcta de lo «viable» en la lucha, es decir de los cambios o transformaciones viables, sí es posible porque existen las fuerzas para realizarlas.

2. El concepto de realismo se presta para diversas interpretación es igual que el anterior. Algunos sostienen: Hay que ser realista, ¿cómo vamos a derrotar a los dueños del país, si ellos tienen el capital, el Estado, los medios de comunicación y la capacidad de anular a aquellos medios que no se les subordinan? Entonces, ¿para qué chocar contra eso? Lo mejor es tratar de conseguir algún mejoramiento, alcanzar lo posible. Si manejamos así el concepto de «realismo», tampoco habrá cambio ni ruptura con el neoliberalismo. Esta es una época en que objetivamente puede haber cambios y rupturas, por ello es importante que nos pongamos a tono con las características de este período.

Esbozo del rumbo socialista de nuestra lucha

He aquí una propuesta de lo que podría ser la base de discusión o un aporte para el debate acerca del modelo de socialismo al que aspiramos:

1. El poder del Estado, por decisión del pueblo, deberá estar principalmente en manos de las fuerzas comprometidas con el socialismo.

2. El socialismo de Estado no es genuino. El socialismo tiene que ser socializado: es un régimen social que debe estar en manos de la sociedad misma, gestionado por ella.

3. Cada país construye el socialismo a partir de sus propias realidades políticas, culturales, económicas, portando sus propias tradiciones y estilos; en otras palabras, cada sociedad define su propio modelo de socialismo.

4. La democracia en el capitalismo tiene su límite en el interés de clase del sector dominante. La democracia socialista es ilimitada: es democracia de base, participativa y representativa; forma parte esencial e inseparable de la sociedad socialista. La autogestión y el control popular es la expresión principal, pero no la única de la democracia socialista de base.

5.La sociedad socialista está libre de la explotación del hombre por el hombre, del hombre por el Estado, y del hombre por el mercado.

6. El socialismo es profundamente humanista, solidario, internacionalista y revolucionario; su esencia es el respeto a la persona humana, a sus derechos y creencias; asegura el desenvolvimiento y desarrollo integral del individuo dentro de una sociedad y colectivo solidario; compagina y armoniza la libertad del individuo y la acción del colectivo basada en la libertad de sus componentes y en la solidaridad de todos. La misión del socialismo no se reduce a un mejor reparto de la riqueza, debe mejorar ciertamente la calidad de vida, pero también y especialmente, debe mejorar la calidad de la persona misma.

7. El socialismo debe ser capaz de impulsar el progreso y el desarrollo en todos los órdenes de la existencia material y espiritual, estar comprometido con el desarrollo de la ciencia y el progreso tecnológico constante de la vida productiva, económica, social, política y cultural.

8. La economía de la sociedad socialista se basa en la propiedad social de los medios de producción, poseída y gestionada directamente por los trabajadores que conviven con un área de propiedad individual y privada, cuya existencia está en función de la satisfacción eficiente de las necesidades sociales. Dura todo el tiempo necesario para que el desarrollo de las fuerzas productivas y la evolución de las relaciones internacionales permitan socializarla con ventajas para la sociedad. Las formas sociales de propiedad y distribución deben tener una gran pluralidad y flexibilidad, estar abiertas a la creatividad de la sociedad de manera que estimulen un desarrollo sustentable y sostenido de las fuerzas productivas.

9. El Estado debe tener el prestigio, la fuerza política, moral y económica suficiente para asegurar el rumbo socialista del desarrollo y la norma básica de la justicia social.

10. La norma fundamental del socialismo consiste en que cada uno tiene derecho a ocupar un lugar según su capacidad y a recibir una retribución según su trabajo.

11. La economía socialista es mercantil, en ella rige la ley del valor; el funcionamiento del mercado se encuentra alimentado por el humanismo, el interés social solidario, así como por la necesidad de asegurar un desarrollo económico social equilibrado y una inserción ventajosa en la economía mundial.

12. En el socialismo hay igualdad de géneros, genuina igualdad ante la ley y genuino Estado de Derecho. 13. Por último, habrá socialismo si el pueblo así lo decide, en plena y total correspondencia con la bandera de la democracia que hemos mantenido en alto. Nosotros hemos luchado siempre por la democratización. Esta no es una consigna reciente de los revolucionarios salvadoreños. La lucha por la democracia era lo que unía a la inmensa mayoría, porque durante un siglo el país estuvo bajo regímenes autoritarios, represivos, no había democracia. La lucha por la democracia ha sido un hilo conductor. De manera que si somos fieles a ese hilo conductor, hay que reconocer y decir claramente que habrá socialismo solo si el pueblo lo quiere.

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