Epistemología de la Comunicación: un estado de la cuestión en el contexto actual de la mediatización. Sandra Valdettaro

1. Introducción

A los fines de presentar una descripción exploratoria del estado de la cuestión referida a los presupuestos teórico-epistemológicos del campo de estudios de la Comunicación, el presente texto se interrogará acerca de los desafíos que el actual contexto de mediatización produce en dicho campo.

En tal sentido, se torna necesario realizar una breve caracterización de los contextos actuales de la comunicación para, a partir de ello, delimitar los tipos de operaciones teórico-epistemológicas indispensables bajo el propósito de coadyuvar a la formación de una actitud crítica y responsable de intervención profesional en el presente.

La fisonomía de los procesos actuales de la comunicación, desde un punto de vista analítico, presupone una articulación sistémica entre “procesos de modernización”[1] y “procesos de mediatización”, produciendo complejas asignaciones de sentido a las representaciones de la “actualidad”.

La mediatización actual, caracterizada por profundas mutaciones en la base tecnológico-informacional, exige una actitud permanente de reconceptualización.

Las modalidades de construcción de los vínculos sociales en tal contexto de convergencia mediática y divergencia en recepción[2] producen nuevas gramáticas del lazo público y, consecuentemente, nuevos tipos de “sociedad”. La coexistencia, en nuestros países, de los tradicionales medios masivos de comunicación con los llamados “nuevos medios” define el carácter plenamente ubicuo de la mediatización de nuestras sociedades (cfr. Verón, 2001a, p. 13/40). Si la hipótesis que caracterizaba a la sociedad mediática era la “representacionalista”, es evidente que en dicho escenario de creciente mediatización se impone un punto de vista “constructivista” que atienda a la especificidad semiótica de los lenguajes involucrados en la comunicación social.

Los “cambios de escala” (Verón, 2001b, p. 127/138) que produjo la mediatización icónica con el cine, y luego la indicial con la televisión, adquieren un nuevo estatuto con los medios digitales basados en el protocolo de Internet habilitando una convivencia de variados regímenes semióticos de alta complejidad.

Si bien se podría caracterizar, de manera general, el presente actual de la mediatización como preeminentemente icónico-indicial, sin embargo es preciso considerar el nuevo estatuto que lo simbólico adquiere en relación con las diversas estrategias basadas en el aspecto específicamente escrito de lo textual.

Por lo tanto, una nueva configuración entre lo simbólico, lo icónico y lo indicial obliga a una actitud investigativa atenta a los matices que configuran hoy la producción de sentido. De tal modo, lo televisivo (cfr. Carlón, 2004 y 2006) y lo radiofónico (cfr. Fernández, 1994), por ejemplo, se encuentran interpelados en su propia fisonomía en un metamedio como es Internet.

En la mediaesfera actual (Debray, 1992) conviven los lenguajes del directo con los del grabado, los simbólicos con los indiciales, de un nuevo modo transmediático, intertextual, de serialidad y dispersión, en el cual todas las estrategias del “contacto” se solapan con apelaciones racionalísticas y críticas, en un soporte casi preeminente que es la “pantalla”.

Consecuentemente, el concepto de “interfaz” debe ocupar un lugar central en las investigaciones, ya que a partir del mismo es posible definir el tipo de relación (cfr. Scolari, 2004) que se establece con los usuarios. Siendo la interfaz un “entre-dos”, su función de cópula produce el “modo” del vínculo enunciativo, y detenerse en el análisis de sus diversas modalidades supone la posibilidad de construir hipótesis acerca de las peculiaridades actuales de la semiosis (Valdettaro, 2007). Siendo, además, el ámbito de la “circulación” lo que principalmente ha mutado, es preciso entonces detenerse de manera precisa en las cuestiones de interfaz.

A los fines de especificar convenientemente dichos conceptos en el estado de la mediatización en nuestra región, deberían considerarse de manera descriptiva y comparativa los sistemas de comunicación teniendo en cuenta variables e indicadores sobre el estado de la base tecnológica, su conformación económica, sus modalidades legal–reglamentarias, los niveles de su penetración social según distintos estamentos, etc.

Dichas investigaciones comparativas posibilitarían –tomando como base estudios ya realizados (cfr., por ejemplo, Mastrini y Becerra, 2006, y Belinche, Vialey y Tovar, 2006)– poner a punto un estado de la cuestión a partir del cual poder delimitar convenientemente los abordajes teórico-epistemológicos desde un punto de vista sistémico (cfr. Luhmann, 2000), logrando, de tal modo, una caracterización precisa de las operaciones específicas que cada sistema pone en acto al “comunicar” el todo-social, y las interdependencias entre ellos.

2. Propuesta de algunas líneas para una epistemología de la comunicación


[1] Entendemos que en la “actualidad” nos encontramos aún en el desarrollo de procesos de modernización, aunque dichos procesos se nombren de distintos modos: “posmodernidad”, “tardomodernidad”, “sobremodernidad”, “modernidad líquida”. De manera general, la referencia es al periodo histórico que, luego de la caída del Muro de Berlín, inicia una nueva era marcada, en términos generales, por cambios en los procesos productivos a nivel global, por nuevas formas del ejercicio político y por modificaciones profundas en la constitución del lazo público. En dicho marco, se parte de la hipótesis de que uno de los aspectos ineludibles a la hora de la caracterización de dicho estadio del proceso de modernización tiene que ver con la creciente complejización de la mediatización. A su vez, y en general, entendemos que dicho proceso se puede caracterizar, para América Latina, como de desarrollo desigual y combinado.

[2] De manera sintética, nos referimos a la creciente asimetría entre gramáticas de producción y de reconocimiento que, luego de un dilatado periodo de convergencia entre oferta y demanda asentado en la consolidación de la televisión histórica cuyos antecedentes se remontan a la segunda posguerra, ya durante los 70 y a mediados de los 80 del siglo XX mostraba síntomas de divergencia produciendo, en el campo de los estudios comunicacionales, un “reception turn”. La multiplicación de señales, el desarrollo de soportes tecnológicos cada vez más personalizados, el mercado de los dispositivos y las prácticas a ellos asociadas (control remoto, videocasettera), etc., produjeron “ruidos” entre producción y consumo y posicionaron el lugar del receptor como un ámbito de paulatina libertad (libertad de grabar con la videocasettera interrumpiendo de este modo las consecuencias que en la vida cotidiana producían las grillas de programación; libertad de elección de programas mediante la práctica del zapping volviendo indecidible cualquier tipo de política de emisión, de medición de audiencias, y, por tanto, de venta publicitaria de nichos de telespectadores, etc.). La evolución de dichos dispositivos hace que el ámbito de la recepción se visualice, actualmente, como progresivamente divergente. Itinerarios de prácticas de consumos mediáticos cada vez más personalizados producen un persistente distanciamiento de las constricciones de la emisión. Por su parte, el perfeccionamiento técnico de los dispositivos icónico-indiciales deriva en soportes que pueden considerarse metamedios (Internet, celulares), originando un proceso de convergencia tecnológica en el nivel de la producción. Se entiende por convergencia la capacidad de diferentes plataformas de red de transportar tipos de servicios esencialmente similares y la aproximación de dispositivos de consumo, como el teléfono, la televisión y la computadora. Ello implica, tendencialmente, la desaparición de los límites entre los medios de comunicación. Tal convergencia depende de la digitalización. Tres dispositivos diferentes –PC, teléfono móvil y televisión digital– se complementan para lograr la fusión de las pantallas a través del protocolo de Internet y el sistema de codificación de la televisión digital.

Teniendo en cuenta lo antes dicho, proponemos tener en cuenta la pertinencia de las siguientes hipótesis tendientes a la formulación de líneas para una epistemología de la comunicación en la actualidad.

Vale aclarar que los temas que a continuación se presentan son indicativos y preliminares, y, además, que deben actuar en simultaneidad, ya que la complejidad de los procesos de mediatización requiere una necesaria actitud transdisciplinar.

En relación con ello, Wallerstein (1999) plantea que las ciencias sociales en el siglo XXI pueden verse como una  “promesa” bajo el impulso de tres perspectivas que deben tomar a su cargo: la reunificación epistemológica de la cultura, la ciencia y las humanidades; la reunificación organizacional de las ciencias sociales; y la asunción, por parte de las mismas, de su “centralidad” dentro del mundo del conocimiento (Wallerstein, 1999, p. 49).

En el marco de dicho diagnóstico, creemos que el lugar de las Ciencias de la Comunicación es central; son, sin dudas, protagonistas medulares ya que no será posible, sin su auxilio, explicar las configuraciones socioculturales de los mundos contemporáneos.

Dicho esto, presentamos los siguientes aspectos a tener en cuenta en relación con una Epistemología de la Comunicación:

a) La perspectiva que, desde la sociología de la comunicación, plantea a los medios como “constructores” del “conocimiento” públicamente relevante. Ello implica debatir las derivaciones que supone un corrimiento de una epistemología representacionalista a una constructivista y, consecuentemente, a una definición de la sociedad en tanto mediatizada.

b) La consideración de las tecnologías de comunicación, desde un enfoque socio-semiótico, en tanto “lenguajes”, esto es, en tanto dispositivos configuradores de diversos vínculos enunciativos y efectos de sentido que hacen a la emergencia de imaginarios y representaciones sociales peculiares derivando en específicas configuraciones del lazo social, comunitario y político.

c) Su articulación con las investigaciones sobre política y economía de los medios, partiendo de que los medios, simultáneamente a su funcionamiento en tanto “aparatos ideológicos”, producen una interpelación, también, en tanto “máquinas deseantes”. La revisión de la categoría de “lo ideológico” en la producción actual fi losófico-política podría constituir una de las claves a partir de las cuales poder entender el funcionamiento del contacto mediático en sus distintos soportes.

d) Partiendo de la radical asimetría entre procesos de producción y procesos de reconocimiento, el rescate de la necesidad de los abordajes empíricos de la recepción, situados en experiencias de consumo específicas, bajo la presunción, de cuño etnográfico-antropológico, de colocarnos “en la perspectiva de los actores sociales” para poder acercarnos, de este modo, a las modalidades del carácter concreto, práxico, de la acción y el discurso sociales, esto es, a las peculiares gramáticas del reconocimiento y la producción de imaginarios sociales.

e) Los enfoques que, desde el marco general de la sociología de las profesiones, pueden colaborar a una descripción de las nuevas modalidades operativas de los medios y especificar los cambios en los mecanismos productivos, las rutinas y las operaciones selectivas propias de la actividad constructiva de cada lenguaje.

Asimismo, estas líneas de abordaje pueden permitir, en el interior mismo de las Ciencias de la Comunicación, superar viejas discusiones que hoy en día parecen superadas pero sin embargo siguen operando en las prácticas académicas concretas: la disputa acerca de la definición misma del objeto de estudio y, concomitantemente, la conformación de un “espacio propio”, diverso y plural, que se visualiza incierto bajo el esquema general de la globalización; la tensión constitutiva entre dos concepciones epistemológicas antagónicas –el binomio funcionalismo/teoría crítica, estadounidenses vs frankfurtianos– que acaso continúa, actualmente, perfilando distintos tipos de graduados –periodistas vs comunicadores– y que en general disuelve la tensión por una via unidireccional –ya sea por la opción profesionalista, como “aprendizaje de un oficio” (con lo cual se desvirtúan todas aquellas capacidades críticas que la profesión siempre requirió); ya sea por la alternativa crítica, para la cual la práctica de la comunicación se supone develadora de la contradicción social; y que, en las currículas de las carreras de Comunicación, se expresó –y tal vez se sigue expresando– mediante la vieja escisión entre “asignaturas teóricas” y “talleres prácticos” (cfr. Valdettaro, Calamari y Martínez, 2006).

A pesar de la renovación de dicho debate a partir de la recuperación democrática en América Latina luego de su suspensión durante los periodos dictatoriales, los nuevos horizontes tecnológicos y sus implicancias teóricas fueron teñidos, en algunos ámbitos de la investigación, por estas viejas dicotomías, por influjo de los efectos de la concentración hegemónica y los diseños privatistas de las políticas neoliberales de los 90 del siglo pasado.

Hoy, sin embargo, un renovado espacio institucional del campo de estudios de la Comunicación, que convoca distintos agrupamientos de investigadores tanto locales como latinoamericanos, y cuyos intereses cognoscitivos tienden a la cooperación, hace posible superar, aunque recuperando ciertos desarrollos precedentes que aún conservan importantes niveles explicativos, dichas dicotomías.

La problematización actual de los fenómenos comunicativos encuentra claves interpretativas en un sinnúmero de antecedentes críticos los cuales actúan a la manera de recorridos conceptuales que producen series y pautas de juicio.

Simultáneamente a este ascendiente en las tradiciones clásicas de las ciencias sociales, se encuentra ligada, también, la Comunicación, a los propósitos de conocimientos prácticos de tradiciones epistemológicas ligadas a las ciencias llamadas “duras”, recuperadas actualmente bajo una nueva mirada. Es así como ciertos tópicos de la física y la termodinámica –como los conceptos de entropía, ruido y redundancia– vuelven a conformar una noción específica de información que fue central en el desarrollo de la cibernética y la teoría de los sistemas, e inquiere hoy, de diversos modos, a los estudios en Comunicación.

Una de las modalidades de dicha apropiación, ligada principalmente al componente “complejo” de los sistemas, se encuentra en, por ejemplo, la recuperación de los desarrollos de la Escuela de Palo Alto (Bateson, Watzlawick, Birdwhistell, etc.) y sus derivaciones en el llamado “paradigma de la complejidad”. Es dicha modalidad la que, por ejemplo, puede detectarse en la teoría funcionalista-sistémica de Niklas Luhmann, un corpus que, como mencionamos más arriba, no sólo apunta a la específica productividad de lo social y sus sistemas, sino a la determinación peculiar que el propio sistema de la comunicación mediática adquiere en tal contexto.

Nos encontramos, por lo tanto, ante una muy particular configuración epistemológica que, obviando las clásicas dicotomías entre lo duro y lo blando al hablar de ciencia, propone un significativo cambio de escala en el intento de entendimiento de los procesos comunicacionales.

3. Aclaraciones generales

En tanto objeto técnico y social, la Comunicación es una disciplina que se constituye de manera transdisciplinar y su especificidad dependerá de la modalidad del entrecruzamiento de distintas tradiciones teórico-epistemológicas.

Las Teorías de la Comunicación incluyen un abordaje tanto de prácticas comunicacionales directas o interpersonales, como mediáticas. Las corrientes clásicas que hacen al “canon” de la Comunicación –el Funcionalismo, la Mass Communication Research, la Escuela de Frankfurt, los Estudios Culturales de la Escuela de Birmingham, la Escuela de Palo Alto, la perspectiva de McLuhan, la Socio–Semiótica, etc.– se encuentran indisolublemente ligadas a perspectivas filosóficas más generales que caracterizan el debate de la Modernidad en Occidente. La caracterización de sus supuestos epistemológicos tiene que ver directamente con dicha pertenencia a los debates macro.

Dentro de dicho marco, el enfoque socio-semiótico –junto con el llamado “giro lingüístico”– resulta particularmente productivo, tanto desde el punto de vista teórico-epistemológico, como metodológico. El análisis de la mediatización y sus significaciones debe incorporar el abordaje de los entornos digitales y las hibridaciones entre lenguajes, a los fines de determinar el funcionamiento de lo ideológico, la producción de verosímiles de época, la construcción de imaginarios y de matrices de subjetivación.

Asimismo, una mirada histórico-genealógica de la mediatización resulta indispensable, ya que la emergencia y consolidación del sistema de medios primero, y luego de la informatización de la comunicación, suponen transformaciones históricas que producen un complejo campo de efectos tanto a nivel de la agencia social como de su estructura.

La dimensión jurídica atraviesa, asimismo, dicho desarrollo histórico, ya que el “derecho a la información” como “derecho humano” caracteriza no sólo a la era de los medios masivos, sino que adquiere un nuevo estatuto transfronterizo en épocas de Internet. En tal sentido, el estudio de las políticas de comunicación, tanto públicas como de la sociedad civil, en sus distintos momentos históricos, adquiere relevancia en el contexto actual de mundialización digital y semiocapitalismo.

Ligado a ello, las modalidades de construcción del vínculo político a partir de las llamadas “redes sociales”, y la emergencia de nuevos colectivos –movimientos sociales de todo tipo sin una identidad formal–, y de novedosos y disruptivos modos de ejercicio de la protesta social, atraviesan a la disciplina forzándola a la construcción de nuevos conceptos socioantropológicos en el marco de una hipermediatización de la política.

Las transformaciones en los géneros discursivos que se producen al calor de dichas mutaciones obligan a una focalización en las variaciones narrativas, estilísticas y retóricas en el contexto actual de la mediatización.

El aspecto “organizacional” de la Comunicación es también una línea a desarrollar. Los modelos “organizacionales” suponen, sin dudas, modelos comunicativos en el nivel de los grupos, las instituciones y las empresas, que requieren una conceptualización detenida del concepto de “planificación estratégica” tanto del consenso como del conflicto en el marco de tramas de poder específicas.

La banalización actual de la aplicación del componente “estratégico” requerirá, sin dudas, detenerse en su formulación “retórica” a los fines de especificar de qué se habla cuando se nombra lo “estratégico”. Del tal modo, podrá reformularse el concepto de “marketing” atendiendo a las condiciones del presente, el cual, asimismo, se asentará en un nuevo modo de entender la comunicación publicitaria como instancia de creación colaborativa.

El vínculo entre Comunicación y Educación plantea los dilemas con que se encuentra el campo educativo a partir de su encuentro con los lenguajes digitales, y se constituye en un desafío epistemológico que tiene que ver con la posibilidad de definiciones generacionales, identitarias y experienciales de los actores involucrados en los procesos educativos, tendiendo a comprender la reconfiguración de subjetividades que dicho proceso implica.

Por último, la dimensión estética de la comunicación y su relación con la mediatización, y con el mundo del arte, merece también una discusión histórico-epistemológica. En tal sentido, los estilos de época de las expresiones artísticas, y su relación con la cultura de masas y con la “industria cultural” y los medios, son tópicos necesarios para el abordaje de las relaciones actuales entre el campo del arte y el campo de las mediatizaciones, cuyos atravesamientos han hecho estallar cualquier tipo de división entre niveles de cultura.

4. Palabras de cierre

La diversidad de objetos que cubre el campo de estudios de la Comunicación puede resultar, sin dudas, intimidante.

La lista de tópicos acá propuesta, aun sin ser exhaustiva, lo demuestra. Desde un punto de vista epistemológico, en primera instancia parece inaprensible, ya que dicha dispersión supone una variedad de enfoques teóricos y abordajes metodológicos que se alejan del paradigma clásico de la definición de “ciencia”.

Sin embargo, consideramos que las especificaciones propuestas resultan pertinentes y hacen a la consolidación del área de estudios, cuya transdisciplinariedad encontramos desde sus propios orígenes. Será tarea, entonces, de los investigadores continuar en la delimitación de un campo que, aunque parezca evanescente, aparece, sin embargo, pleno de realidad.

Bibliografía general

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WALLERSTEIN, I. 1999. El legado de la Sociología, la promesa de la Ciencia Social. Caracas, Nueva Sociedad.

Resumen

El presente texto presenta una serie de reflexiones a los fines de arribar a una descripción aproximativa de los presupuestos epistemológicos básicos del área de estudios de la Comunicación, en el contexto actual de la mediatización. Se propone, además, como líneas a plantear en términos de diseñar una agenda de debate sobre el tema.

Palabras clave: comunicación, mediatización, epistemología, teorías, contextos.

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