Fraccionamientos

13 de Noviembre de 2012. ARENA había experimentado en toda su historia solo dos amagos divisivos, protagonizados por Hugo Barrera, en 1985, y por Gloria Salguero Gross, en 2001.

En ninguno de esos episodios se dio un fraccionamiento real. Luego de sus fallidos intentos de fundar nuevas alternativas, esos dos dirigentes terminaron por regresar al redil partidario. Se decía entonces con razón que la derecha había alcanzado un nivel de madurez política que le permitía administrar sin mayores estropicios sus diferencias internas.

Ese juicio adquiría mayor validez por simple contraste, en la medida en que la historia de la izquierda, al menos desde 1970, ha sido un permanente ejercicio de divisiones y subdivisiones. Del Partido Comunista se desprendió las FPL y parte del ERP. Del ERP se desprendieron luego la RN y el PRTC. De las FPL surgieron: el MOR y el Frente Clara Elizabeth Ramírez, y de nuevo del Partido Comunista se escindió la Tendencia Revolucionaria.

La constante de ese proceso de atomización en la izquierda ha sido el encono, y con frecuencia se pasó de la virulencia verbal y las difamaciones a los asesinatos. Como se sabe, los casos de Roque Dalton y de la comandante Mélida Anaya Montes fueron los más emblemáticos, pero no los únicos.

A principios de los años ochenta Fidel Castro auspició la integración de los cinco grupos guerrilleros salvadoreños. “Si pelean separados serán derrotados juntos”, les advirtió. Las guerrillas entonces postergaron sus diferencias ideológicas y se juntaron en torno de intereses políticos comunes. Fue por eso que el FMLN nació como un frente plural y no como una unidad partidaria.

Cuando el FMLN se constituyó en partido, pasada la guerra, reaparecieron las antiguas diferencias ideológicas bajo los signos de radicales y moderados u ortodoxos y renovadores. Esa enconada pugna se atenúa a veces, coyunturalmente, pero no cesa. El control que hoy ejercen los comunistas, desde la cúpula de ese partido, deriva de la chequera, no de la convicción, y está en dependencia de los cada vez más inciertos resultados electorales.

Del otro lado, el primer fraccionamiento real de ARENA se dio luego de su derrota en las elecciones presidenciales de 2009, con la expulsión del expresidente Tony Saca, la división de su bancada legislativa y la fundación de un nuevo partido, GANA, que en 2012 obtuvo más de 200,000 votos y 11 curules en el parlamento. Aquella derecha que hasta ese momento había administrado bien sus diferencias internas, involucionó entonces hasta asumir la intolerancia enconada y difamadora, que parecía exclusiva de la izquierda, que no admite las diferencias de criterio y considera traición toda disidencia.

En suma, lo que se quebró en la izquierda es el pacto entre radicales y moderados, y lo que hoy se ha roto en la derecha es la alianza entre tradicionalistas y reformistas. Se trata de lo mismo. En ambos casos se intenta clausurar la natural pluralidad en función de uniformidad artificial. En ambos casos se impone la virulencia excluyente que se traduce en paranoia, y que conduce a percibir más peligro en el amigo que piensa de modo distinto que en el enemigo frontal.

En este punto el FMLN y ARENA han terminado por igualarse. La explicación de fondo de este último fenómeno reside en el agotamiento de los proyectos estratégicos: la agenda de país ha sido sustituida por el juego de intereses de dos cúpulas, más bien empresariales, empeñadas exclusivamente en el control de sus respectivos aparatos partidarios. En esas condiciones es previsible que, para esos dos partidos y en términos matemáticos y políticos, más allá de los golpes de efecto basados en el acarreo, no hay otro horizonte que la resta y la división, el debilitamiento.

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