¡Gracias Álvaro!

¡Gracias Álvaro!
Onofre Guevara López 27/01/2016
¡Gracias Álvaro!

Álvaro Ramírez González fue un destacado jurista nicaragüense y una personalidad política siempre consecuente con la causa de los trabajadores por sus principios y convicciones humanistas, en la misma proporción y por los mismos principios que nunca quiso ser consecuente con los intereses de su clase social de origen. Hijo de un prominente político y funcionario de gobiernos liberales de mediados del siglo XX y sobrino de un arzobispo de la iglesia católica en esa misma época, Álvaro no vaciló en acercarse a la clase obrera y entregarse a su causa dentro del Partido Socialista Nicaragüense, del cual llegó a ser su secretario general.

Caso único en la historia política nacional, solo conocido en otros países latinoamericanos, como el de Juan Marinello, en Cuba. Suficiente singularidad para ganarse el odio de políticos liberales y conservadores, quienes nunca se caracterizaron por actuar al margen, más adelante ni en contra de sus raíces oligárquicas o burguesas. En el ámbito nacional, Álvaro fue respetado por su capacidad de profesional, más su honestidad personal y política.

Sin embargo, de alguna forma le alcanzaron los dardos del sectarismo político de algunos líderes revolucionarios de origen pequeño burgués, algo que no merecía por sus capacidades, y por haber sido Álvaro el principal promotor de la integración del PSN al Frente Sandinista. Álvaro, por breves períodos, fue viceministro de Relaciones Exteriores y embajador en la República Democrática Alemana, aunque también supo de discriminaciones cuando, por derecho propio, aspiró a ser candidato presidencial del FSLN, pero eso no melló en nada su adhesión a la causa de la revolución.

Álvaro se incorporó al PSN recién llegado de Chile entre 1954-1955, avalado en el campo profesional por una universidad chilena, y en lo político avalado por su militancia en la Juventud Comunista del país sureño. De inmediato hizo su ingreso al PSN, demostrando desde un principio su entrega al trabajo político y al desempeño con eficiencia de las actividades entre la intelectualidad progresista, y en las sencillas tareas partidarias. Era común verlo en actividades políticas de primer nivel, y al mismo tiempo asistiendo a reuniones partidarias clandestinas en los barrios más humildes, sin importarle el riesgo de ser identificado por los agentes de la dictadura, solo guardando la medida de seguridad mínima, como apearse de un taxi, o dejando su vehículo a varias cuadras antes de llegar su destino, para seguir a pie sobre calles polvorientas.

Su conducta pudo ser así, sin remilgos, por su entrega plena a la causa socialista, por su jovialidad en el trato con sus compañeros más humildes y cuando llegó a ser miembro de la comisión ejecutiva del PSN nunca ejerció el cargo con autoritarismo, sino con respeto y en vez de ordenar, convencía primero sobre alguna discrepancia política. Las reuniones podían ser en su propia casa o en cualquiera otra. Ni qué decir sobre el respeto mutuo que existió siempre entre él y la gente de base del partido.

Una de sus tareas políticas partidarias más importante de Álvaro, fue la organización del Partido Movilización Republicana (1958), junto con el doctor Mario Flórez Ortiz y Carlos Pérez Bermúdez, entre otros. La finalidad de crear el MR fue aglutinar a profesionales progresistas para la lucha antisomocista, y quienes por múltiples razones no podían hacer militancia en el PSN, aunque ninguno de ellos ignoraba que los vínculos políticos con Álvaro dentro del MR significaba también una relación política con el PSN.

Él tuvo importante participación en dos foros políticos, uno efectuado en la Universidad Nacional Autónoma de León en 1964 —cuando de verdad la UNAN gozaba de autonomía— y el otro en el auditorio de la entonces recién inaugurada Radio Corporación (1965). Esos dos foros políticos fueron los únicos efectuados en tiempos de la dictadura somocista, y no se volvieron a repetir durante ningún gobierno “democrático”. En esos foros se debatieron los problemas políticos desde las ideologías y los puntos de vistas políticos opuestos entre dirigentes de oposición.

Entre esos exponentes estuvieron prestigioso políticos, formando cada uno en su respectivo equipo ideológico: por los socialcristianos Orlando Robleto Gallo, Reinaldo Antonio Téfel y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien no era oficialmente socialcristiano, pero sus ideas eran coincidentes; y por los socialistas, Manuel Pérez Estrada, entre tanto Álvaro Ramírez González y Mario Flórez Ortiz, representaban oficialmente a Movilización Republicana, pero siempre identificados como los socialistas que realmente eran.

No fue menos importante en la vida política de Álvaro Ramírez González, la relación amistosa que junto con Mario Flórez Ortiz, mantuvo con el estudiante Carlos Fonseca Amador. Una relación de amistad, pero también polémica en torno de asuntos relacionados con la estrategia y la táctica de la revolución, desde posiciones que si no eran totalmente coincidentes, se complementaban y enriquecían la base ideológica del proceso revolucionario nicaragüense.

Esos y otros recuerdos se me agolpan en mi mente con la noticia recibida acerca del fallecimiento de Álvaro Ramírez González. Al ocurrir el desenlace fatal de su grave enfermedad, deseo expresar públicamente el orgullo que siento haber tenido la oportunidad de ser su compañero y su amigo. Gracias, Álvaro, por tu entrega a la causa de mi clase social.

El autor es escritor obrero.

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