¿La otra izquierda de Rubio?

¿La otra izquierda de Rubio?

Aquiles Montoya (*)

Hace algún tiempo, escribí un artículo titulado “La izquierda que la derecha quisiera”, cuyo contenido podría resumirse en tres palabras: una izquierda domesticada. Ha habido varios intentos fallidos de ser esa izquierda; ahora, Roberto Rubio Fabián, sostiene que “otra izquierda es posible” (LPG, 24.08.09)

Aunque muchos se autodefinen de izquierda en este momento, es preciso señalar que la cuestión clave que diferencia a la izquierda de la derecha es su postura frente al sistema capitalista: se está en contra ó se está favor del sistema capitalista. Entre los que están en contra del sistema cabe señalar la existencia de dos sub-categorías: los consecuentes y los inconsecuentes.

Ahora bien, ser anti sistema no significa estar en contra de la democracia y de la libertad. Por el contrario, implica luchar porque esos dos conceptos se una realidad y no simple formalidad; para lo cual es preciso sustituir las relaciones burguesas de poder por relaciones populares de poder, que conlleva la exigencia de transformación de las estructuras del sistema: estructura económica, política, jurídica, ideológica, social, mediática, del conocimiento, cultural y militar.

Pero ser anti sistema no es posible – al menos para un intelectual – siendo pre-marxista y cayendo en el socialismo utópico. Tampoco es posible ser de izquierda incurriendo en el error de identificar a la teoría marxista con el materialismo histórico y dialéctico; peor aún, cuando sólo conoce ó ha leído algún manualito de economía política, como por ejemplo el de Martha Harneker, tan difundido entre la pseudo intelectualidad salvadoreña en los años 70 y 80.

Con tan pobre formación teórica, es obvio que se planteen preguntas tales como: “¿Puede el concepto marxista de plusvalía explicar el complejo valor de cambio de las finanzas globales y de las crisis internacionales?”. La respuesta a tal pregunta no puede ser otra más que: ¡NO, no se puede!. Porque el concepto de plusvalía no sirve para interpretar eso, ya que la plusvalía es la forma esencial que nos sirve para comprender y explicar las formas fenoménicas de la ganancia industrial, comercial y financiera. Para explicar el valor de cambio, es decir los precios, se requiere comprender la teoría del valor trabajo de Marx. Autor cuyo pensamiento tiene tanta vigencia , al punto que su obra El Capital sea en la actualidad lectura obligada, incluso para aquellos lo rechazan o renieguen de sus ideas.

Un ejemplo de su vigencia la encontramos en la Ley General de la Acumulación de Capital, en la cual Marx preveía las tendencias de largo plazo del sistema capitalista. La primera de estas tendencias tiene que ver con la concentración y la centralización del Capital, cuya expresión actual son las empresas transnacionales y su control de las cadenas productivas globales. La otra tendencia de la acumulación del Capital señalada por Marx, es la que consiste en la pauperización absoluta y relativa de la clase trabajadora, y en su imposibilidad de reproducción material y espiritual. La dinámica del capitalismo se ha encargado por sí misma de dar la razón a Marx, y no solo en los países capitalistas pobres sino también – para mayor sorpresa de los detractores de Marx – en los países capitalistas ricos.

Solo a manera de ejemplo, en el año 2007, antes del estallido de la crisis de las hipotecas subprime, la Oficina del Censo de los Estados Unidos , reportó que en la nación capitalista más poderosa del mundo , había cinco millones más de pobres que en el año 2000, y que el ingreso promedio era mil dólares inferior al que había en 2000. Por su parte, el Ministerio de Asuntos Sociales de Alemania, para ese mismo año, registró que uno de cada cuatro alemanes era pobre o sobrevivía gracias a la ayuda del Estado.

En conclusión: usted puede autodefinirse de izquierda, aunque sea inconsecuente, pero si no es anti sistema y desconoce a Marx, el problema es suyo.

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