La semilla de Simacota continúa viva

¡Viva la unidad de los campesinos, los obreros, los estudiantes,
los profesionales y las gentes honradas que desean hacer de
Colombia una patria digna para los colombianos honestos!
Manifiesto de Simacota

“…la principal lucha global en que estamos
Comprometidos es la lucha por la vida humana.”
Pablo Beltrán

Desde su origen en la primera marcha el 4 de julio de 1964 y su posterior presentación en público en la toma de Simacota 7 de Enero de 1965, el Ejército de Liberación Nacional ELN viene acompañando al pueblo colombiano en sus luchas para su liberación, la defensa de su soberanía, y la conquista de una vida con dignidad. Como organización en armas nos debemos al pueblo porque de él nacemos, son sus mejores hijos los que con sus experiencias y conocimientos han enriquecido nuestra identidad Elena y sus luchas han fortalecido nuestro accionar.

En nuestros 43 años hemos acompañado hombro a hombro las luchas de nuestros campesin@s, obrer@s, estudiantes e indígenas, porque creemos que es la mayoría del pueblo colombiano que se encuentra oprimido y excluido de sus derechos políticos, sociales, económicos y culturales, los encargados de buscar las nuevas opciones de construcción del país y nación posible.

Como organización nacimos pensando siempre en alcanzar la paz, históricamente negada al pueblo colombiano por el poder de la oligarquía representado en el Estado, que con sus instituciones represivas, militares y mediáticas han pretendido acallar los gritos soberanos y libertarios, obligando al pueblo a empuñar las armas como medio necesario para defender su vida y dignidad. Como organización nacemos de aquel conflicto social no solucionado y tomamos las armas para defender el interés del pueblo de alcanzar un país incluyente, equitativo y democrático que transforme la visión capitalista de explotación hombre sobre hombre y de su relación de exterminio hombre y naturaleza en su necesidad de acumulación de capital.

Nuestro pensamiento recoge el ideario marxista-leninista y el conocimiento y experiencia de luchadores incansables de toda Latinoamérica que desde los espacios políticos, militares, sociales y culturales posibilitan la construcción de nuestra identidad Elena y el proyecto de país que con el pueblo queremos construir.

Como Elenos retomamos las luchas desde la resistencia de los pueblos africanos para no ser capturados y enviados como esclavos hacia América, hasta su lucha por ser libres con sus palenques en suelo extraño, de Galán el comunero con su consigna inclaudicable de “ni un paso atrás y lo que fuere menester sea”, Policarpa Salabarrieta, la Gaitana, de Bolívar su grito libertario, antiimperialista y el sueño de la Patria americana, De Martí el anticolonialismo. De Mariátegui la visión y pensamiento indoamericano, De Gaitán la lucha anti oligárquica que nos dio sentido de nación. De Camilo Torres Restrepo el cristianismo revolucionario, quien fusionó su ser de sacerdote, sociólogo y revolucionario, para llamar con su práctica a la nueva reflexión teológica y de unidad popular. Del Che Guevara el internacionalismo y nuestros valores éticos latinoamericanistas. De Manuel Vásquez Castaño su acerbo de dirigente estudiantil, su condición de pionero del ELN y su compromiso de liberación o muerte. De Fidel Castro su espíritu solidario, su talento de conductor de un pueblo, defensor del sueño y realidad socialista, ejemplo de dignidad y de firmeza en la lucha antiimperialista. De Manuel Pérez Martínez, su entrega, permanencia, presencia y continuidad en la lucha siempre al lado del pueblo, el ser insobornable, el internacionalismo, el cristianismo revolucionario. Y otr@s gigantes luchadores que dieron su vida por conseguir un mejor mundo.

Con todo este legado, el apoyo del pueblo y nuestros esfuerzos, el ELN está comprometido con el pueblo colombiano de no descansar hasta no lograr conformar un Nuevo Gobierno, de carácter popular, democrático y nacionalista, con la participación de las organizaciones sociales y populares, partidos políticos y otras fuerzas del país, donde juegue un destacado liderazgo las fuerzas revolucionarias. Un gobierno por la paz, la democracia, la equidad y la dignidad nacional, la justicia social y el desarrollo, que garantizará una Nueva Gobernabilidad, mediante el ejercicio ético y moral en la gestión administrativa y política. Y es este compromiso, de lograr la paz, el que nos obliga a estar siempre cerca de nuestro pueblo.

Es por eso que la felicidad y alegría que nos abarca hoy en nuestras filas al cumplir nuestros 43 años, no es más que la felicidad de mantener cada vez con mayor fuerza nuestros valores e idearios y saber que hemos mantenido el deber cumplido de acompañar al pueblo para que juntos construyamos el mejor país.

Por nuestro deber:

Ni un paso Atrás, Liberación o Muerte.
Por un Nuevo Gobierno de Nación, Paz e Equidad.
“¡Ni Entrega, Ni Rendición: Solución Política Para el Pueblo y la Nación!”

Área de Frontera-Frente Comuneros del Sur
Frente de Guerra Suroccidental
Sistema Nacional Patria libre
ELN de Colombia

Los aniversarios son momentos importantes para reflexionar sobre el acontecimiento, su contexto, sus causas y consecuencias y para hacerlo fructificar al paso del tiempo.
El 7 de enero de 2008 conmemoramos el aniversario 43 de la primera acción militar que el ELN realizó para anunciar a los colombianos y al mundo sus análisis sobre la realidad nacional, su conformación, sus objetivos, las causas que lo llevaron a optar por la vía armada como método de lucha.
La toma de Simacota, aquel pequeño pueblo enclavado en las montañas del Departamento de Santander del Sur, al nororiente del país, fue un paso decisivo en la larga historia de luchas del pueblo colombiano.
La violencia de la oligarquía para ejercer su dominación había llegado a un punto extremo con del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, y el brutal enfrentamiento posterior entre liberales y conservadores que para fines mezquinos desataron por más de una década sobre el pueblo, mientras los jefes de estos dos partidos compartían amigablemente en la capital.
Durante esta terrible etapa de nuestra historia el pueblo fue comprendiendo la inutilidad de este enfrentamiento y también pudo ubicar con más realismo quiénes eran los enemigos. Se demostró también que era posible desarrollar una lucha de pequeños grupos armados contra el ejército y la policía, dadas las condiciones topográficas y sociales.
Ante la barbarie, el miedo se había perdido. La mayoría de los colombianos conocieron la guerra bien de cerca, de hecho los habían obligado a optar por defenderse o morir. Este reto unido a la lucha cotidiana contra la miseria había preparado las condiciones para dar un salto en la historia de Colombia.
La revolución cubana fue como el agua que cayó sobre semillas que ya estaban sembradas.
Con la toma de Simacota por el Ejército de Liberación Nacional, el 7 de enero de 1965, quedó marcada la decisión de un grupo de colombianos de modificar la realidad impuesta, de construir un nuevo país, sin exclusiones.
Esa decisión de nuestra organización se mantiene hasta la fecha. Los 39 años transcurridos han ratificado que ni el diagnóstico sobre el carácter del Estado oligárquico, ni los objetivos planteados, ni el método de lucha estaban equivocados.
Solo hay que echar una mirada sobre la realidad actual de Colombia.
La intolerancia se ha extendido hasta el punto que hoy en día cualquier dirigente popular es considerado un enemigo del Estado y puede ser asesinado, desaparecido o encarcelado con total impunidad, acusado de terrorista. Todo colombiano pobre es una amenaza potencial, es decir que el Estado tiene más de treinta millones de enemigos.
Con el llamado estatuto antiterrorista, aprobado al finalizar el 2003, el ejército tiene licencia para actuar sobre esos enemigos y su eficiencia se medirá por la cantidad de muertos y presos.
Todas las leyes presentadas al Congreso van contra los intereses populares, en cualquier campo y, por supuesto, a favor de los intereses de la oligarquía y de los Estados Unidos. Hoy asistimos al remate de nuestros recursos naturales, de nuestras empresas, de nuestros campos. Nos quieren condenar a ser propiedad de quien haga la mejor oferta.
La democracia que hace 39 años era ya un remedo hoy no es ni sombra de aquel. La “seguridad democrática” ha sepultado los derechos humanos y los civiles. La represión indiscriminada se legaliza. La voluntad popular es borrada con amenazas y sobornos.
El quehacer estatal tiene como meta imponer una paz a la manera que históricamente lo ha hecho: matando y aterrorizando, amparado hoy por la campaña mundial del gran depredador de nuestros días, el gran capital.
La justicia ha muerto en Colombia. Todas las instituciones estatales están corrompidas y al servicio de los intereses oligárquicos.
Para actualizar el Manifiesto de Simacota, donde se lee que la violencia reaccionaria desatada por lo gobiernos oligarcas ha sido el arma de dominación, lo único que habría que agregar es la inmensa lista de muertos, desaparecidos, torturados, amenazados y desempleados.
No se equivocaron nuestros fundadores, conocían bien al selecto grupo de familias que ha detentado el poder y lo defiende a sangre, fuego y motosierra.
Tampoco se equivocaron al tomar las armas. Las razones están escritas en la historia de este país, en la costumbre oligárquica, de ayer y de hoy, de eliminar al opositor.
Los cambios de gobierno en algunos países latinoamericanos, como Venezuela y Brasil, han servido para tratar de desvirtuar la validez de la lucha armada. En Colombia, el triunfo de algunos alcaldes y gobernadores progresistas ha llevado a que algunos analistas y políticos lo usen como argumento para quitar piso a la insurgencia.
Tanto en los países latinoamericanos vecinos, como en las ciudades y departamentos colombianos donde hubo cambio de gobierno está por verse lo que va a pasar. La experiencia chilena es una dura lección que hay leer obligatoriamente.
La prepotencia del imperio no va a respetar la voluntad de los pueblos y el servil presidente Uribe y sus generales tampoco van a ser espectadores de posibles cambios a favor de las mayorías. Es un reto muy grande que no están dispuestos a perder.
Durante estos 43 años hemos madurado las ideas, los propósitos, los métodos. Ha sido un recorrido largo, arduo, difícil, con aciertos y errores, defendiendo siempre los valores profundamente humanistas que nos legaron aquellos que dispararon sus armas por una patria digna aquel 7 de enero.
El empeño de lograr un nuevo país con todos los colombianos honrados sigue en pie y lo hemos renovado en cada una de nuestras acciones, no solamente militares, también con las políticas. No estamos dispuestos a perder el reto pues, como hemos dicho muchas veces, esto significaría aceptar un futuro de esclavitud, colonialismo y muerte.
El cambio histórico que se marcó en Simacota fue decisivo.
Nos enfrentamos ahora, en uno de los momentos más difíciles de la historia colombiana, a una guerra declarada no solamente contra la insurgencia armada sino contra todos los que no se conforman con el destino que tratan de imponernos.
Si en 1965 teníamos menos fuerza y nos atrevimos llevados por la profunda convicción de que era posible el triunfo de nuestros ideales, confiados en la decisión de nuestro pueblo, hoy, cuando la alternativa está tan clara no vamos a vacilar.
Recordemos las palabras del Comandante Camilo Torres cuando afirmó, hablando de la posibilidad de que la oligarquía al verse amenazada acudiera a llamar a los marines norteamericanos: “Sin embargo, yo creo que ante un espíritu decidido y ante un pueblo resuelto a triunfar, no hay ninguna fuerza física que sea capaz de oponerse a esa fuerza de decisión moral y de mística por la liberación del país”
¡VIVA LA UNIDAD DE LOS CAMPESINOS, LOS OBREROS, LOS ESTUDIANTES, LOS PROFESIONALES Y LAS GENTES HONRADAS QUE DESEAN HACER DE COLOMBIA UNA PATRIA DIGNA PARA LOS COLOMBIANOS HONESTOS!
Esta consigna, la del Manifiesto de Simacota, está más vigente hoy que en cualquier otro momento.

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