La Unión Nacional Opositora UNO, se prepara para batalla presidencial de 1977

La Unión Nacional Opositora UNO, se prepara para batalla presidencial de 1977

El segundo semestre de 1976, para la dirección de la Unión Nacional Opositora, integrada por el PDC, MNR y UDN, estuvo dedicado a extraer las lecciones del evento electoral de marzo de 1976 y al diseño de una nueva estrategia política que les permitiera impactar en las elecciones presidenciales de 1977. Al final se concluyó en la necesidad de llevar como candidato a un militar retirado, el Coronel Ernesto Claramount Roseville, para enfrentar a la dictadura militar “con una cuña de su propio palo.” Esta novedosa fórmula militar-civil fue ratificada por la UNO el 31 de octubre.

Pero además, esta batalla política estratégica estuvo acompañada por otros elementos, como el recrudecimiento de incidentes fronterizos entre El Salvador y Honduras que dio lugar a campañas xenofóbicas de las clases dominantes en ambos países; la ofensiva de sectores oligárquicos contra el Primer Proyecto de Transformación Agraria promovido por el Gobierno de Molina; así como la pretensión del régimen militar de vincular al PCS con actividades terroristas.

También es de destacar el inicio de una campaña del PCS orientada a fomentar el debate teórico, ideológico y político para poder lograr la unidad de la izquierda salvadoreña. Y finalmente las repercusiones de la muerte del terrateniente cañero Eduardo Orellana Váldez. A continuación hacemos un resumen de estos acontecimientos, desde la visión del semanario de los comunistas salvadoreños, Voz Popular.

Luchar por la paz en Centro América tarea popular urgente

El 1 de agosto de 1976 la comisión política del PCS se pronunció a favor de un arreglo inmediato al conflicto entre El Salvador y Honduras. Expresó que “no puede prolongarse por más tiempo la firma de un acuerdo para el retiro d las tropas de la frontera entre El salvador y Honduras, estableciendo una zona de seguridad entre ambos países, como primer paso en el proceso de normalización de las relaciones rotas a raíz de la guerra de julio de 1969.”

Plantea que “la guerra no es la solución para resolver los problemas que han surgido o puedan surgir entre nuestros países…la paz beneficia a los sectores sociales mayoritarios de uno y otro lado de la frontera; la guerra los perjudica en todos los sentidos.”

Concluye que “por eso es necesario levantarse como un solo hombre frente a quienes, por ser beneficiarios de la muerte, atizan insensatamente el conflicto entre ambas naciones, en lugar de buscar una solución pacífica y civilizada.”

Comunistas rechazan acusación de presidente Molina

El 26 de agosto de 1976 la comisión política del PCS rechazó públicamente las acusaciones del presidente Molina de ser los responsables de colocar una bomba que estalló en la UCA. Afirman que “en el afán de congraciarse con los empresarios privados que adversan el Primer Proyecto y toda política de transformación agraria del gobierno, el Coronel Molina ha sorprendido a la opinión pública, al endilgar a nuestro Partido la responsabilidad de la colocación de una bomba que causó serios destrozos en las oficinas de la Dirección de Comunicaciones Impresas de la Universidad Católica.”

Considera el PCS que “la ofensiva reaccionaria de los empresarios habría comenzado a horadar la “firmeza” del Coronel, al explicar éste, en días anteriores, que los empresarios privados tenían derecho de opinar, cuando a estas alturas lo que estaban haciendo en sus publicaciones era declararse en rebeldía ante las disposiciones del ISTA.”

Concluye el comunicado que “rechazamos categóricamente las falaces imputaciones del Coronel Molina, las cuales solamente pueden ser parte de la preparación de la opinión pública para reprimir con mayor violencia a la oposición democrática; denunciamos también las garantías que el Presidente de la republica da al terrorismo de la derecha, el cual, tal como se ven las cosas, tenderá a recrudecerse.”

Junto a la crisis política y económica se mueve la sucesión presidencial

En el número 82 de VP de la cuarta semana de agosto de 1976 se considera que “el clima político nacional está saturado, en este momento, por el debate que la ANEP sostiene contra el gobierno, debido a la emisión del Primer Decreto de Transformación Agraria. La empresa privada, con sus 27 asociaciones, se haya lanzada encarnizadamente contra lo que ellos considera un medida socializante, que atenta contra la libre empresa, que destruye el derecho de propiedad, etc.”

Evalúa que “en este debate se mueve, junto a la crisis política del régimen y a la necesidad de darle una salida a la crisis económica que la mismo tiempo conserve y modernice el capitalismo, el problema de la sucesión presidencial. Este espinoso asunto tiene, a nuestro juicio una especial connotación, toda vez que afecta al ejército, a las organizaciones populares, al gobierno, a las clases dominantes y a los planes imperialistas para nuestro país; tal es al amplia dimensión de este problema.”

Analiza que “el 1 de julio pasado, junto con el 1er. Decreto del Transformación Agraria, se hizo, de parte del Coronel Molina, la presentación del virtual candidato oficial en la próxima campaña electoral, el ahora General Carlos Humberto Romero, ex Ministro de Defensa, máximo jefe de ORDEN, su principal punto de apoyo, que adquiere así una notable relevancia frene al PCN.”

Subraya que “la división entre ORDEN y el PCN plantea, entonces, una agudización, toda vez que la organización paramilitar aparece como la abanderada de la Transformación Agraria, en tanto que el PCN ha guardado un significativo silencio, no sólo ante la candidatura de Romero, sino también, ante el Primer Decreto de creación del ISTA. Tampoco el presidente Molina, Coordinador del PCN, ha recibido, públicamente, el apoyo d su partido en el prolongado debate con la ANEP.”

Puntualiza que “el ejército es el centro de un intenso proceso de aceptación de un candidato o de movimientos en su contra, situación que puede sumirle en significativa inestabilidad en un momento en que el gobiernos se encuentra enfrascado en serio debate con la poderosa empresa privada. Ese enfrentamiento va a agudizarse, en la medida en que el régimen avance en el cumplimiento del Primer Decreto de Transformación Agraria. De ese modo, la próxima campaña electoral se iniciara de no amainar el debate, en medio de ese acre pleito.”

Concluye que “vistas así las cosas, aparece claro que se necesita, en lo referente a l sucesión presidencial, un fuerte factor unificador el ejército en torno aun hombre y a un programa de transformación agraria. Preguntamos: ¿Será Romero el hombre adecuado para jugar ese papel?

El P.C.S. ante el primer proyecto de transformación agraria

En el número 84 de VP de finales de septiembre se publica un nuevo pronunciamiento del PCS sobre el proyecto de transformación agraria. Ya antes en julio se había publicado una posición partidaria al respecto. Se considera autocráticamente que en ese comunicado de julio “no fue correcto decir “el proyecto del ISTA justifica la lucha del pueblo salvadoreño…”

Ya que “la lucha por la reforma agraria ha estado justificada siempre, porque encarna los intereses de las masas campesinas, del proletariado agrícola, de la clase obrera, de todos los trabajadores y el pueblo. Lo que se quiso decir es que la medida demuestra la madurez de l crisis estructural y que los cambios han llegado a ser ineludibles…que la reforma anunciada es en el fondo una paso dado bajo la presión de la lucha popular por la reforma agraria, en la que cabe a nuestro Partido un papel de primera magnitud.”

Y continuando con ese espíritu autocrítico, señala que “tampoco fue correcto decir que hay que luchar “por conseguir el cumplimiento real y total de los objetivos del primer proyecto del ISTA,” porque esta formulación puede entenderse en el sentido de respaldar incluso las pretensiones, declaradas por el gobierno, de servirse de esa reforma para reforzar el capitalismo e impedir la revolución, de servir a ese sistema a manera de “un seguro de vida.”Lo que se quiso decir es que los campesinos y asalariados agrícolas deben exigir esa tierra prometida en el distrito y luchar para que se extienda a todo el país y pronto, la entrega de tierra a los campesinos.”

Argumenta que “negarse a conducir a las masas en el proceso de ejecución del distrito de “transformación agraria” equivale a abandonarlas a la influencia alienante del régimen, ayudar al éxito de su orientación; porque una cosa es muy clara, las masas acudirán a pedir y recibir tierra en el distrito y eso no v a impedirlo ninguna consigna supuestamente “revolucionaria” que les pida abstenerse de hacerlo.”

“Nosotros aceptamos sin rodeos la crítica que se nos ha hecho hasta el límite en que ella pone de manifiesto lo confuso de nuestras formulaciones en esa parte de nuestro pronunciamiento de julio; pero rechazamos la acusaciones que nos achaca la colaboración con finalidades proimperialistas y contrarrevolucionarias de la política agria del régimen.”

Puntualiza que “el P.C.S. es la fuerza política que primero estudió con profundidad el problema agrario nacional y sus raíces históricas concretas: fue el primero en elaborar un programa agrario revolucionario (1962) y el primero en llevar estos análisis y este programa de reforma agraria las más amplias masas, hasta situarlo en el centro de la lucha política nacional.”

Estima que “el momento que nuestro país vive exige la acción unida de las fuerzas populares. En la base de lo que ocurre está la madurez de la crisis estructural y la lucha entre la alternativa burguesa y la alternativa popular democrática de salida para la misma.”

Concluye que “de que actúe unido el movimiento popular depende en medida muy grande no sólo el que se pueda atajar y derrotar a los fascistas, sino también, y esto es aún mas importante, que el desenlace de la actual situación abra el paso a la alternativa popular democrática. Por eso, el PCS planta a toda la izquierda: entendámonos, concertemos la unidad, presentamos un frente unido a la reacción dividida, emprendamos juntos las vitales tareas de la hora actual.”

¿Hacia el golpe de derecha o hacia la capitulación de Molina?

En este mismo número 84 de VP se considera que “todas las informaciones disponibles coinciden en que originalmente había en la Directiva de ANEP cierta inclinación a adoptar una postura tolerante ante el primer proyecto del ISTA. Las opiniones en ese sentida iban desde las que preveían un rotundo fracaso económico y social del proyecto, y las que apreciaban el primer proyecto como una medida moderada y conveniente por sus posibles efectos enriquecedores del mercado interno y su contribución a la estabilidad del régimen.”

Agrega que “el punto irritante para los directivos de ANEP no estaba tanto en el proyecto mismo, sino en el hecho de que se hubiera decretado sin consultarlos a ellos previamente, en desmedro de su papel hegemónico en las decisiones del bloque de poder tradicional, en lo cual veían unánimemente no sólo una ofensa, sino un peligro de desplazamiento futuro.”

“Surgió, entretanto, una fuerte y creciente presión desde las capas terratenientes, con la característica de que la mayor virulencia y radicalismo de derecho provenía de los medianos y pequeños y no de los verdaderamente grandes, quienes por lo general son al mismo tiempo industriales, banqueros, exportadores e importadores, empresarios de los servicios, etc.”

Agrega que “la presión de los terratenientes medianos y pequeños obligó a la ANEP a adoptar una acción militante en contra del ISTA; pero no pudo alcanzarse, y aún no se ha alcanzado, la identificación total entre ellos. Por eso los terratenientes prefirieron organizar su propio movimiento el FARO y desde allí asegurar la marcha hacia sus objetivos de “todo o nada.”

Valora que “el punto de apoyo efectivo, casi único, del gobierno de Molina está en la Fuerza Armada, donde existe hoy por hoy, cierto equilibrio entre aquellos ( la mayoría ) que miran con esperanza y aprobación le rumbo reformista que Molina sostiene haber iniciado de un modo irreversible y aquellos que, se sienten interpretados por la candidatura de Romero y confían en “poner la casa en orden” una vez que este asuma la presidencia. Esta mezcla, hoy en equilibrio, es sin embargo sumamente contradictoria y explosiva.”

Advierte que “mientras los técnicos se esmeran en demostrar al público televidente que la causa de la miseria residen en la concentración de las riquezas y de los ingresos en manos de una reducida minoría de grandes capitalistas privilegiados, el gobierno de Molina ha abierto negociaciones secretas con esa misma minoría y prácticamente ha ordenado la paralización de la aplicación del proyecto.”

Con decisión y firmeza Molina claudica ante FARO-ANEP

En el número 85 de VP se señala que “la reyerta ente el gobierno y la ANEP-FARO e torno a la “transformación agraria” siguió el curso previsto en nuestro artículo anterior (¿Hacia el golpe…). De las negociaciones secretas se pasó al “diálogo” públicamente concertado en una breve reunión realizada el 7 de octubre entre Molina y una nutrida delegación de los empresarios, donde se anunció la integración de una comisión mixta para que prepare los términos del arreglo.

Añade que “se sabe, que fue el General Romero quien, apoyándose en el grupo de altos jefes militares que lo rodean, presionó par que el gobierno retrocediera en su posición y aceptara el arreglo. Bajo esa presión se inició el “diálogo” cuya función sería, en pocas palabras, servir de marco a la claudicación “honorable” de Molina, que había jurado públicamente “no dar ni un paso atrás.”

Analiza que “en los medios de ANEP hay euforia por el éxito, en los medios de FARO no tanta, porque ellos querían borrón total de la ley del ISTA y no e conforman con reformarla, aunque de todos modos respiran grueso y se ufanan del éxito. Pero algo amargó brevemente estas sonrisas en los últimos días: al parecer surgieron contra- presiones en el ejercito, desde los tecnócratas que diseñaron y defendieron al ISTA y/o desde la Embajada de Estados Unidos, para mantener en pie la agonizante “transformación agraria” y Molina volvió a mostrarse “en onda” y comenzaron a circular los rumores acerca de un inminente reinicio de la guerra ANEP-FARO contra el gobierno.”

Señala que “las renuncias de Arias Peñate y Viéytez tienen un mérito: ayudan al pueblo salvadoreño descubrir la verdadera naturaleza de este arreglo capitulador que Molina ha aceptado: por eso sus renunciad fueron publicadas discretamente en los periódicos. Creemos, sin embargo, que debe exigirse más de ellos: tiene el deber moral y cívico de explicar a la opinión pública lso motivos de sus renuncias y no aceptar que se les encubra con el hipócrita velo de los “motivos estrictamente personales.”Veremos.”

Frente a esta situación se pregunta el redactor de VP: “¿Serán capaces de entender ahora los dirigentes de todas las organizaciones de la izquierda que la unidad del movimiento popular es una necesidad vital y perentoria? Los trabajadores, los estudiantes, los maestros que forman filas en las bases de esas organizaciones, deben exigir la marcha hacia la unidad a aquellos dirigentes que se muestran sectarios y necios.”

Después del retroceso de Molina qué?

En el número 86 de VP se considera que “la derrota de se nuevo intento reformista encabezado por Molina implica no solo eso, implica además, el reagrupamiento de todas las fuerzas conservadoras y reaccionarios de entre los altos escalones de FARO y ANEP, vale, decir, los grandes terratenientes y grandes señores de la banca, la industria y el comercio, con el gobierno del Coronel Molina para imponer a la nación la candidatura de Romero.”

Decisiva y urgente la unidad de la izquierda

En el número 88 de VP se opina que “con la capitulación del gobierno frente a la ANEP w dobló la página de la ruidosa lucha en torno al Primer Proyecto de “transformación agraria” que mantuvo absorbida la atención de la opinión pública durante varios meses. El pliego de modificaciones introducidas ala ley del ISTA y al Decreto del Primer Proyecto sepultó la tímida tentativa reformista del gobierno y restableció la autoridad suprema e inapelable de la gran burguesía sobre el timón del Estado, ahogando su intento de actuar autónomamente.”

“Frente a todo este proceso político, los diversos agrupamientos de la izquierda salvadoreña han adoptado enfoques y tácticas diversas, que dificultan la posibilidad de un actuación unida del movimiento popular, en un momento tan crítico y tan cargado a la vez de peligros y prometedoras perspectivas.”

Plantea que “nosotros reputamos la unidad de la izquierda como la cuestión más decisiva y urgente a corto plazo, para hacer del movimiento popular la fuerza determinante del proceso político de nuestro país y, en consecuencia, creemos que este problema debe merecer la mayor unción y dedicación de cuantos de verdad nos proponemos alcanzar la instauración de un poder popular.”

Comprende que “el asunto es complejo y difícil; la unidad de la izquierda no vendrá por si sola o, como pronta respuesta a los llamamientos unitarios. Además de lanzar tales llamamientos es necesario luchar por la unidad, es decir, derrotar la sectaria obstinación divisionista, lo cual, aparte de superar resentimientos, odiosidades y prejuicios personales entre dirigentes, implica un debate, no sólo y no tanto ideológico, sino y sobre todo, político teórico, ya que con este problema de la unidad de la izquierda están vinculados otros problemas estratégicos y tácticos, cuyo esclarecimiento está pendiente desde hace por lo menos cinco años en las filas revolucionarias salvadoreñas. Esta tarea puede resumirse en la fórmula “unidad y lucha por la unidad.”

Explica que “teniendo por divisa l unidad de la izquierda y reconociendo la necesidad de luchar por ella, procuraremos desde estas páginas adentrarnos en el complejo terreno de la problemática política, teórica e ideológica en que la mencionada lucha por la unidad está planteada, abordando sucesivamente las posiciones de diversas organizaciones de izquierda, sin excluir las nuestras, y sin eludir los aspectos auto críticos y críticos que ella merece.”

Inicia con una valoración sobre el pensamiento y las actuaciones del Bloque Popular Revolucionario, BPR. Cita declaraciones de la Dra. Mélida Anaya Montes ( dirigente del BPR) aparecidas en el periódico Primera Plana del 1 de octubre, que responde a declaraciones de Schafik Handal, secretario general del PCS. Plantea la Dra. Anaya Montes, que luego sería la Comandante Ana María, dirigente de las FPL y del FMLN en ese momento: “Debe madurar más el proceso revolucionario y estar garantizad ala hegemonía del proletariado para que se proceda ala unidad amplia del pueblo…Es doloroso, pero la desunión es un asunto necesario; la desunión es la manifestación de una lucha ideológica.”

Opina el redactor de VP que “los dirigentes del BPR parecen creer que, impulsando la lucha reivindicativa, politizarán a las masas trabajadoras y llevarán al proletariado a conquistar la hegemonía en el movimiento popular, y se han aferrado a esta línea con tanta pasión como la que hace apenas dos años ponían en argumentar que la lucha económica es algo “superado” en nuestro país y que impulsarla no era propio de “revolucionarios verdaderos” sino de “revisionistas”, “oportunistas” y “reformistas.”

Evalúa la VP que “una característica sobresaliente de la lucha reivindicativa, que ahora impulsa el BPR consiste, en que los pliegos de demandas culminan con el reclamo de que se satisfagan emitiendo leyes, y con tal fin, han convertido a la Asamblea Legislativa, ahora totalmente en manos del PCN, en la Terminal de sus movilizaciones importantes.”

Considera la VP luego de hace runa cita del Que hacer? de Lenin, que “no se trata de que nos opongamos a impulsar la lucha económica de las masas trabajadoras, lo que nosotros rechazamos es que esta lucha sirva para concentrar la atención de estas en sus intereses exclusivos y para hacerlas volver la espalda a sus tareas políticas actuales: lo que rechazamos es la pretensión de “imprimir un carácter político a la lucha económica misma” porque esto es economismo y no política revolucionaria.”

Amigos del BPR: unamos nuestra acción y atajemos al enemigo común

En el número 89 de VP se le da seguimiento a esta temática de la unidad de la izquierda. Afirma que la línea política del BPR es “economista, que constituye en el fondo una orientación derechista, burguesa, para el movimiento popular, particularmente para la lucha de los trabajadores, a pesar del palabrerío radical y “vanguardista” que el BPR emplea.”

Reconoce que “nosotros, que hemos padecido la enfermedad del economismo durante varios años, en el movimiento sindical en el que participamos, la conocemos no solo en teoría, sabemos de sus degradantes consecuencias y estamos enfrentando hoy las grandes dificultades inherentes a la tarea de erradicar esa enfermedad perniciosa, condición indispensable para educar al movimiento obrero en la conciencia revolucionaria.”

Afirma la VP que “nosotros sostenemos que no existe hoy otro terreno que el terreno electoral para agrupar la fuerza necesaria para enfrentar ese peligro y que no hay ahora otro objetivo distinto a la conquista de un gobierno democrático capaz de agrupar las fuerzas suficientes , agudizar suficientemente las contradicciones políticas en las clases dominantes para atajar el paso al próximo peldaño decisivo en al escalada fascista o “fascistoide” , el peligro del “próximo gobierno tiránico” como prefiere llamarlo el Consejo Ejecutivo de AGEUS (UR-19).”

Se pregunta l redacto de VP: ¿No será que los dirigentes del Bloque esperan que la lucha económica que están promoviendo conduzca a enfrentamiento de las masas con las fuerzas represivas con la esperanza de que tales enfrentamientos originen la “magia de la excitación popular” que conduzcan al “desplome” o al debilitamiento del régimen, o a la paralización de su escalada fascista (o fscistoide)?”

“Si así fueran sus cálculos, ustedes amigos se encaminan inconsciente e irresponsablemente a propiciar las mejores condiciones para la reunificación de las fuerzas reaccionarias y vacilantes de todos los matices que hay en el bando adverso al pueblo, alrededor de una jefatura única, la jefatura fascista. Si esta fuera su táctica, amigos, ustedes están preparando el terreno para una gran carnicería de los fascistas contra las masas y ayudando a su entronización abierta para muchos años.”

Concluye que “amigos del BPR una vez más: unamos nuestra acción, atajemos juntos al enemigo común, defendamos al movimiento popular, a sus organizaciones y cuadros, hagamos avanzar su marcha hacia las metas revolucionarias.”

Precaria situación de General Romero en Fuerza Armada

En el numero 90 de VP se realiza un análisis de la coyuntura lectoral que enfrentaba a la UNO y al PCN. Sobre el candidato de la derecha, el General Carlos Humberto Romero se opina que “se enfrenta al más extenso y abrumador desprestigio entre el pueblo, tanto de su propia persona, como del régimen que representa. En vastos sectores populares, ese desprestigio s vuelve franco y abierto repudio y, en gran medida, disposición a impedir su llegada a la Presidencia…La situación de Romero dentro de la Fuerza Armada es, hasta cierto punto precaria. ”

Evalúa que “la mayor dificultad que el candidato pecenista enfrenta para consumar sus planes, consiste en que el fraude que necesita para “ganar” la votación es demasiado grane como para realizarlo con sigilo, ya que el descontento popular se ha agudizado y extendido más en los últimos tiempos por causa de hechos como los siguientes…”

Concluye que “la muerte del terrateniente Eduardo Orellana Váldez, el domingo 5 de diciembre, durante los incidentes ocasionados con motivo de una manifestación de campesinos reclamantes en su hacienda “Colma” han promovido una fuerte ola de presiones de las organizaciones empresariales sobre el gobierno para que desencadene una gran represión; y no es difícil advertir que este casos e convertirá en la bandera para el reagrupamiento independiente de la derecha ( independiente del gobierno) y para la promoción de su idea de una dictadura sangrienta, incluso por la vía del golpe de Estado.”

Tarea de urgencia rechazar ofensiva fascista

En el numero 91 de VP, de la tercera semana de diciembre, que fue la ultima edición de 1976, se evalúa la situación provocada por la muerte del terrateniente Eduardo Orellana Valdez., dueño de la Hacienda Colima, que provocó una ofensiva de los sectores más reaccionarios de la oligarquía salvadoreña exigiendo el ajuste de cuentas con “los comunistas.”

“Nosotros sostenemos que es urgente e indispensable que todo el movimiento popular y democrático cierre filas para rechazar y condenar con energía la descarada ofensiva fascista que encabeza el Consejo Coordinador Nacional de FARO. Es necesario desenmascarar ante todo el pueblo su pensamiento reaccionario; el programa fascista por el que ellos luchan, su condición de punta de lanza ideológica de la ultraderecha nacional e imperialista, lanzada en este momento a la arena política para llevar a la irracional histeria anti-comunista a considerables sectores, especialmente de las capas medias, con el fin de crear las condiciones favorables al zarpaso fascista contra nuestro pueblo.”

Concluye que “insistimos, en que el grupo de ideólogos fascistas que lo encabeza (FARO) no debe ser subestimado, y que solo dejará de ser peligroso cuando se le desemascare y aísle, y cuando el movimiento popular y democrático alcance los mayores niveles de unidad, movilización y combatividad y lleve al timón del Estado al gobierno democrático que postula la UNO.”

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