Los nuevos amos del mundo

17 de enero de 2011 La mayoría de los europeos ni siquiera saben de su existencia, y mucho menos cómo sus decisiones influyen en su vida. Sin embargo, con únicamente tres letras, A, B o C, son capaces de hacer temblar a los mercados, a los inversores y a los propios gobiernos.

Con la llegada de la crisis, el poder de las agencias de rating o agencias de calificación de riesgo se ha disparado hasta el punto de que con una simple rebaja de la solvencia de la deuda soberana de una nación son capaces de empujar al vacío todo su entramado económico.

Tres grandes firmas neoyorquinas con nombre de pub inglés —Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch— dominan el 90% de este mercado en el que se valora si una inversión en un determinado producto financiero, ya sean letras del tesoro, bonos, acciones, es arriesgada, analizando la posibilidad de que el inversor cobre los intereses y de que recupere el dinero una vez vencido el producto.
Los siguientes, España y Portugal

La rebaja de la calificación crediticia de Grecia a finales de 2009, provocó una reacción en cadena en la economía helena que concluyó con el rescate económico de la Unión Europea. Ahora sus dos grandes objetivos son Portugal y España.

De hecho, el destino económico de la Península Ibérica está manos de una mujer alemana de mediana edad, y no es Ángela Merkel. Kathrin Muehlbronner, una economista graduada en la Universidad de Tübingen y experta de Moody’s en España, es la única persona capaz de condenar a nuestra economía, en el caso de considerar que ya no merece la máxima confianza.

Este poder casi divino de las agencias de rating, emanado directamente de la crisis, ha provocado numerosas críticas.

A muchos expertos no se les olvida que estas firmas, que ahora se dedican a profetizar qué economías tienen futuro y cuáles no, jugaron un papel fundamental a la hora de generar el actual desastre financiero internacional.

No sólo erraron en la calificación de las hipotecas subprime, sino que además han propiciado con sus valoraciones que, al bajar la calidad de su deuda, los inversores cambien los países europeos por Estados Unidos, donde la calificación sigue siendo alta a pesar de ser el epicentro de la crisis.
Aunque no siempre aciertan

El propio Fondo Monetario Internacional, en boca de su director Dominique Strauss Kahn, aseguró el pasado mes de abril que “las agencias de rating no siempre aciertan” y que su poco tino en las valoraciones “ha contribuido involuntariamente” a la inestabilidad financiera.

Una crítica a la que recientemente se ha sumado la Comisión Europea que, a raíz de la crisis económica de Grecia en 2010, dio un toque de atención a estas empresas y les pidió “que actúen responsablemente y con rigor, sobre todo en momentos tan sensibles y difíciles como los presentes”.

Aunque, mientras los mercados sigan confiando en ellas, Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch continuarán siendo el enemigo público número uno de todos los gobiernos, excepto el estadounidense.

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