Los primeros pasos de la clase obrera

Los primeros pasos de la clase obrera

Onofre Guevara

Onofre Guevara López, nace en Nandaime, Granada, el 11 de marzo de 1930. Zapatero de oficio, organizador obrero, líder sindical, periodista y analista político, aunque nunca obtuvo formalmente un título universitario. Se “graduó” y muy bien, escribiendo en periódicos sindicales. Se incorpora a la edad de catorce años al Sindicato de Zapateros, y posteriormente al Partido Socialista Nicaragüense. Participó en el primer esfuerzo nacional de unificación obrera en la Coordinadora Sindical de Nicaragua (CSN).

Se integra como militante al Frente Sandinista de Liberación Nacional, en 1979. Onofre y el dirigente sindical Carlos Pérez Bermúdez, hicieron esfuerzos para publicar, en plena dictadura somocista, folletos sobre la historia de la lucha obrera en Nicaragua, y en los años ochenta publicaron los mismos en forma de un libro. Después del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, fue Representante ante el Consejo de Estado y luego Diputado ante la Asamblea Nacional.

Fue columnista del diario Barricada; y ahora en El Nuevo Diario publica una columna de crítica satírica “Don Procopio y Doña Procopia” y semanalmente ofrece un comentario político en la sección de Opinión. Onofre publicó los libros: Sea moderado tu sueño (2003); y Cien Años de Movimiento Sindical en Nicaragua (2007). Es miembro del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE).

Al calor de una huelga de zapateros, en 1922, nace el primer sindicato, como expresión de la necesidad de organización de la clase obrera, que sintetiza la experiencia acumulada de las anteriores uniones de los trabajadores. Maduraba así la conciencia obrera, de asalariados, que sólo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, en un intento de asumir de manera colectiva, como protagonistas, la lucha por sus reivindicaciones frente a los patronos y el Estado.

Nicaragua ha sido una nación recurrentemente intervenida por el imperialismo norteamericano, por lo cual el Estado nicaragüense se construyó con un doble rol: como estado representante de los intereses de los oligarcas nacionales, terratenientes, militares, políticos y como representante de los intereses imperialistas. Durante mucho tiempo la dictadura somocista jugó el rol de sostén y árbitro de los encontrados intereses locales y representante de los intereses yanquis.

La expansión de la producción de agro exportación permitió el surgimiento del proletariado urbano y rural, pero sus intentos de organización gremial fueron siempre mediatizados o reprimidos por el naciente régimen somocista. Las luchas obreras y sindicales sin embargo no lograban gestar una organización política lo suficientemente fuerte y decidida como para encabezar la lucha nacional contra la dictadura. Fue hasta el surgimiento y desarrollo del FSLN que se visibiliza una organización que se constituyó en columna vertebral y forma de expresión organizada de lo más avanzado de la conciencia nacional y de la conciencia de clase. La lucha revolucionaria contra la dictadura tomó así un perfil más definido, como expresión de la lucha de clases. “Por la Liberación Nacional y el Socialismo” rezaba el lema del FSLN de entonces.

No es de extrañar que los primeros luchadores revolucionarios y los primeros integrantes del FSLN, en su mayoría, tuvieran un origen popular, proletario. Algunos habían militado en el Partido Socialista Nicaragüense o participaron en algunos de los movimientos sociales de entonces, en organizaciones gremiales o en el movimiento estudiantil, y se rebelaban, no sólo contra la dictadura, sino al régimen de clase que ésta representaba.

El Partido Socialista Nicaragüense (partido de los comunistas de Nicaragua, 1944), se funda en momentos en que en el movimiento comunista internacional prevalece la tesis de la conciliación de clases, y durante su primera etapa la línea oficial del partido promovió la conciliación de intereses incluso con la dictadura somocista, mientras eran reprimidos y exiliados quienes desde su seno propugnaban por una línea distinta.

Aunque varios de los principales fundadores del FSLN provenían de las filas socialistas, el PSN no asumió la lucha armada como estrategia, lo cual causó dos importantes divisiones en su seno. De la primera, en 1968, después de la masacre del 22 de enero de 1967, surgió lo que se conoció como el Partido Obrero Socialista Nicaragüense (1968), luego transformado en el Partido Comunista de Nicaragua (1970), que tampoco asumió la opción armada.

La segunda división terminó en dos partidos socialistas: uno de ellos permaneció en una alianza de derecha denominada Unión Democrática de Liberación (UDEL), y el otro se decidió por la lucha armada, y organizó a finales de la década de los 70 su propio aparato armado, la Organización Militar del Pueblo (OMP), con la cual formalizó su alianza militar con el FSLN, y se integró a la Insurrección Final. Después del triunfo de la Revolución, sus militantes se integraron políticamente al Frente Sandinista.

“Más tarde, varios líderes del partido, entonces llamado “de los Sánchez” –por el liderazgo que ejercían Domingo y Luis Sánchez–, se pasaron en cuerpo y alma a la derecha y su alianza política. De estos líderes, sólo el legendario Domingo Sánchez, “Chagüitillo”, junto a varios cuadros de ese partido, rompieron con la derecha, rescataron al partido y aún proclaman su posición e ideología marxista-leninista”. (Guevara, Onofre: 2008).

Onofre Guevara, sindicalista, socialista, sandinista y compañero de indiscutible trayectoria de lucha por los intereses de los trabajadores, nos resume en esta conversación los hitos fundamentales de lo que llamó “etapa pionera de la lucha obrera en Nicaragua”, y que se ubica de 1900 a 1945.

Mónica: Onofre, ¿cómo surge y se desarrolla el movimiento obrero en Nicaragua?

Onofre: El movimiento obrero se desarrolló en correspondencia con el avance del capitalismo en la época. Durante la década de 1880, Nicaragua apenas comenzó a insertarse en el mercado capitalista mundial por medio de la exportación de café, que era su primer producto y su primera liga con el mercado internacional capitalista.

Primeramente, el café que se producía era producto del trabajo de los campesinos en una condición de semi-servidumbre en las grandes haciendas de los conservadores. Eran la versión feudal nicaragüense en aquella época. Al desarrollarse la producción de café para la exportación, los hacendados se ven obligados a contratar mano de obra, y ahí es donde nace el trabajo asalariado y con ello automáticamente, sin que ellos lo supieran, nacía una nueva clase social: la clase obrera.

Poco más tarde, ya con José Santos Zelaya en el poder1, surgen las primeras formas de organización de los trabajadores artesanales de la ciudad, pero como sociedades mutualistas, una forma de organización que corresponde a un estado de desarrollo capitalista muy primario.

Cuando Zelaya es derrocado en 1909, ya había confederaciones de carpinteros que no llegaban a sindicatos; sino que eran organizaciones gremiales y mutualistas de carpinteros, de sastres, de zapateros. Los trabajadores artesanales participaban en ellas con fines de ayuda mutua.

Mónica: ¿Tenían recursos para hacer un fondo social?

Onofre: Ellos mismos cotizaban para hacer un fondo social que servía para ayuda de los propios afiliados y de sus familias en caso de necesidad, enfermedad o muerte. Eso era el mutualismo, como una auto justicia social, porque no correspondía al reclamo reivindicativo de un sector social hacia otro, para que le respondieran, como es la lucha de los sindicatos cuando ya se organizan, sino que era una autogestión. Más tarde surgen las uniones obreras. Esta es una etapa intermedia entre la sociedad mutualista y los sindicatos. Aparecen a partir de la intervención norteamericana en 19122, en una combinación de sentimientos patrióticos y sociales.

Mónica: Pareciera que las formas más avanzadas de organización en nuestro país estuvieron durante mucho tiempo vinculadas a la lucha contra la acción intervencionista de los Estados Unidos.

Onofre: Sí, porque las primeras organizaciones captan los procesos, las necesidades, los problemas y situaciones económico-sociales del país frente a las intervenciones extranjeras, concretamente la de los Estados Unidos. Y no es una casualidad que este trance de la organización mutualista primitiva elemental, a las uniones obreras, tenga una influencia política por la presencia del ejército norteamericano en Nicaragua, que llega a combinar el sentimiento patriótico con otro de reivindicación social.

Las uniones obreras son un paso intermedio entre la sociedad mutualista y los sindicatos. La característica de estas uniones es que ya no estaban formadas por diferentes tipos de artesanos y especialidades, sino que eran exclusivamente gremiales. Eran uniones sólo de talabarteros o sólo de zapateros, o sólo de carpinteros, hasta los aurigas se organizaron. Esta forma de organización ya amplía un poco su horizonte reivindicativo, porque no sólo está haciendo una cotización mensual o semanal para ayudarse mutualmente, sino que ya tiene una identidad gremial, una identidad social, una ampliación, una participación de los trabajadores organizados en la sociedad.

Mónica: ¿Cómo van surgiendo los sindicatos?

Onofre: Los sindicatos surgen como resultado del desarrollo de estas uniones que ya crecen junto con los talleres artesanales. En la primera década, cuatro, seis y diez obreros. Para 1920 eran talleres de hasta sesenta obreros, talleres de zapatería que ocupaban espacios grandísimos, porque el trabajo era manual, artesanal; pero su condición era más proletaria que artesanal, es decir, lo artesanal es la forma de producir, pero obrera, proletaria, en cuanto a que los trabajadores no eran dueños del producto de su trabajo, si no que eran obreros asalariados de una forma abierta y directa.

El primer sindicato en Nicaragua del que se tiene registro, surge de una huelga de zapateros en un gran taller de Managua, propiedad de don Constantino Pereira. En esa época se realiza una huelga gremial, y al calor de la huelga, esa unión obrera, esa unión de zapateros que protagoniza este movimiento huelguístico, se transforma en sindicato. Al calor de la huelga adquieren un nivel de desarrollo de su conciencia, dan un salto cualitativo bien importante en un momento de agitación social. Toda la experiencia acumulada con el trabajo de las uniones obreras, se transforma en una organización sindical con conciencia de que no se está enfrentando a un problema social aislado, porque hay dos protagonistas antagónicos bien definidos: los patronos y los trabajadores.

Mónica: Hay que enfatizar que cuando Nicaragua se inserta en la división internacional del trabajo, lo hace como abastecedor de materias primas, es decir, nuestro modelo capitalista nace dependiente. Adicionalmente, la intervención norteamericana truncó los procesos de construcción de la nación nicaragüense. Durante muchos años nuestro país estuvo intervenido, los yanquis controlaban puertos, aduanas y definían la política fiscal. De esa manera el Estado nicaragüense representaba principalmente los intereses del imperialismo.

Onofre: Esa situación nacional imprime un sello a ese larvado movimiento sindical, por el acercamiento de las uniones obreras con los ideólogos liberales progresistas, quienes estaban en la oposición y que también se oponían a la intervención imperialista.

Los que orientaban a las uniones obreras hacia determinadas políticas de oposición a la intervención extranjera, eran jóvenes liberales que se habían graduado en Chile o en cualquier universidad extranjera y que venían con ideas renovadas, nuevas para la realidad nicaragüense. Además, rectoraba a los trabajadores en la lucha contra el atraso pre capitalista. En 1913 se organiza una central obrera en León, dirigida por un maestro carpintero de apellido Ayestas. Era un ancianito que yo conocí en 1945, y no faltaba a las celebraciones del Primero de Mayo en la Casa del Obrero.

Sin ser obrero, el poeta Salomón de la Selva se convierte en un ideólogo del sindicalismo, especialmente en León, porque era su ciudad natal. Él tenía experiencia y había vivido en el extranjero muchos años; así ocurría con los intelectuales y profesionales liberales que se graduaban en el exterior. Salomón de la Selva fue un miembro activo de la Federación Obrera de León, lo cual no es casual.

En 1917 se dan los primeros contactos con los jóvenes intelectuales liberales, y es Sofonías Salvatierra, un historiador liberal, quien constituye un comité de trabajo obrero, con participación de artesanos e intelectuales.

Mónica: ¿Cómo hacían para tomar contacto con esas ideas, cuando no había periódicos ni televisión?

Onofre: Las fuentes principales eran los estudiantes que salían al exterior. Ellos oían y se vinculaban con ideas de avanzada, y luego las traían y las trasladaban a los trabajadores.

Mónica: ¿Cuándo surge lo que se denominó “el obrerismo organizado”?

Onofre: El obrerismo organizado3 inicia en 1918 y termina de constituirse en 1923. Aunque era un avance en la organización de los trabajadores, estaba subordinado ideológicamente a los liberales. Entre sus planteamientos estaba la “apoliticidad”; sin embargo, en 1929 se involucró en la lucha electoral por la alcaldía de Managua, en donde el propio Sofonías Salvatierra fue el candidato a Alcalde; pero sus aspiraciones fueron frustradas porque mediante decreto presidencial, José María Moncada convirtió la municipalidad en Distrito Nacional, eliminando el carácter electivo del Alcalde.

Mónica: Paralela a la creación del primer sindicato y al surgimiento del obrerismo organizado, se organiza la Federación Obrera de Nicaragua (FON)4, que surge en 1923. Uno de sus fundadores fue precisamente Salomón de la Selva, vinculado también a la lucha contra la intervención de 1926. ¿Qué diferencia hay entre la FON y el Obrerismo Organizado?

Onofre: La FON surge en León, su orientación era sindical-reformista y se centró más en la lucha social. A diferencia del obrerismo, era una especie de central nacional, y contaban con afiliados en León, Chinandega, Matagalpa, Carazo, Granada, Masaya y Rivas. La FON fue la expresión organizada más avanzada de esa época, pero se debatió también entre distintas influencias externas no obreras. La más clara fue la corriente de Samuel Gompers, un dirigente oportunista yanqui. Al final, la FON se escindió entre los influenciados por el nacionalismo, proveniente del Partido Laborista Mejicano, y la pro-yanqui, estimulada por la Federación Americana del Trabajo.

En la lucha constitucionalista de 1926, el obrerismo se plegó al bando liberal, y la FON mantuvo un poco más su perfil. Así, en la Conferencia Panamericana del Trabajo, en julio de 1927, Salomón de la Selva y Tranquilino Sáenz, quienes fueron delegados por la FON, consiguieron una resolución de condena al bombardeo yanqui contra Ocotal. Ésta fue la acción más conocida a favor de la lucha de Sandino, aunque Salomón de la Selva se identificó hasta su muerte con Sandino.

Mónica: Tal como explicas en tu libro, en 1930 surge la Unión Patriótica Nicaragüense (UPN), que fue un esfuerzo de articulación de obreros y estudiantes para oponerse a la intervención, y luego surge el Partido Trabajador Nicaragüense (PTN). ¿Cómo surge el PTN y cuál es su papel en el momento de la lucha de Sandino, y posterior al asesinato del General de Hombres Libres?

Onofre: Todo lo que surge a partir de 1922 con el primer sindicato, comienza a multiplicarse, y en el camino asume diferentes nombres. La aparición el 7 de agosto de 1931 del Partido Trabajador Nicaragüense5, es un salto cualitativo muy importante. Es como la maduración de todo un proceso de formación organizativa en el seno de la clase obrera, y además influenciado por la presencia de la lucha anti-imperialista de Sandino.

No es casual que haya nacido precisamente en 1931, en plena lucha sandinista, y que algunos de los dirigentes que fundaron este partido tuvieran una relación directa con Sandino o con la lucha sandinista por su presencia en la mina San Albino. Cuando Sandino estaba en San Albino, también hubo dirigentes obreros inquietos, conocieron la lucha de Sandino en el propio terreno, y, luego, al ingresar a Managua, comenzaron a impulsar la inquietud por organizar un partido trabajador, y lo logran hacer en agosto de 1931.

Mónica: Contás en tu libro que cuatro trabajadores del Pacífico, que temporalmente laboraron en San Albino en actividades no mineras (Manuel Alemán Guerrero, Salvador Sevilla González, Felipe Medina y Carlos Pérez Bermúdez), tuvieron una reunión con Farabundo Martí, el secretario privado de Augusto C. Sandino, quien precisamente insistió sobre la necesidad de una organización partidaria de los trabajadores en Nicaragua. Me parece que esto es muy importante, y por eso lo cito textualmente:

Esta excitativa de Martí fue precedida de una profunda explicación del significado del pensamiento y acción sandinista para la liberación de Nicaragua y el resto del continente, sometidos a la dominación imperialista. Para conjugar la lucha de liberación sandinista con la lucha por el progreso social del pueblo nicaragüense, Martí trató de hacer comprender a los trabajadores la necesidad de una organización política de clase que los condujera a la acción revolucionaria contra las injusticias propias del sistema y por las reivindicaciones de carácter patriótico –como la de Sandino– llevadas al seno de los trabajadores de la ciudad.

Onofre: Todo esto es un proceso, aquí no hay nada aislado, todo tiene una vinculación a través de las personas, a través de los hechos, a través de los sucesos y de la información. Siempre hay una intercomunicación permanente, una interrelación entre un fenómeno y otro.

Mónica: En Nicaragua sólo existían dos grandes organizaciones políticas: los liberales y los conservadores, y ambos son representantes de los explotadores; entonces, Farabundo hacía la siguiente reflexión: “Hay que crear una especie de alternativa real para los sectores oprimidos”. ¿Logró el movimiento romper el monopolio político de los partidos tradicionales, al menos temporalmente?

Onofre: El PTN rompe el monopolio político de los partidos tradicionales, los conservadores y los liberales, aunque ellos siempre se han subdividido por ambiciones políticas de caudillos en partidos con otros nombres, pero siempre conservadores o siempre liberales. En cambio, la aparición del PTN es el primer intento de la ruptura definitiva del monopolio político de las clases explotadoras en Nicaragua. Es un paso fundamental para el desarrollo del movimiento revolucionario en general en Nicaragua.

Mónica: Tengo entendido que Somoza hizo un fuerte trabajo para atraer al PTN y llegó a identificarse popularmente con los obreros, hasta desarrolló las llamadas Casas del Obrero, y en un momento determinado hubo sindicatos fuertes que le dieron su respaldo y su apoyo. Después que se acaba el PTN surge el Partido Socialista. ¿Cuál fue el papel del Partido Socialista en esa época?

Onofre: El movimiento del PTN significó un grado de maduración de todo el movimiento sindical y mutualista anterior, y ese paso cualitativo significó la consolidación de una etapa del movimiento sindical jefeado y orientado por el PTN.

El PTN, además de realizar trabajo en los barrios miserables, como Miralagos, se expresó en contra del nombramiento de Somoza García como Jefe Director de la Guardia Nacional, y en abril de 1932, fueron desterrados hacia honduras sus principales dirigentes: Andrés Castro Wassmer, Manuel Vivas Garay, Felipe Medina, Carlo Palma y el doctor Humberto Barahona, acusándolos de comunistas.

Poco después, el PTN repudia la campaña electorera, acusándola de farsa y asumiendo el lema “Contra las elecciones, a favor de Sandino”. Pero en el seno del Partido también se manifestó el oportunismo, y una vez que asesinan a Sandino, terminan por hegemonizarlo.

El PTN publicó el periódico Causa Obrera y luego El Proletario; y una de las huelgas más importantes en las que se involucró fue la de choferes, a través de la Liga Nacional de Choferes, en 1936, contra el incremento del precio de la gasolina.

Ahora bien, el sindicalismo –y esto no es una tendencia única en Nicaragua–, desgraciadamente se subdividió desde el momento en que nace prácticamente como efecto de la labor de atracción, de penetración, de infiltración ideológica de políticas de los partidos de la clase dominante.

El movimiento obrero en Nicaragua arranca, así como lo hemos venido diciendo, de las formas más elementales de organización, hasta los sindicatos. La culminación de la etapa de formación de los sindicatos ocurre a partir de 1931, precisamente después de la formación del primer partido obrero en Nicaragua, que fue el PTN, que se encargó de desarrollar la organización obrera, y en 1933 dio nacimiento al movimiento sindical en Nicaragua de una forma estable, permanente.

Entre 1936 y 1937, después del golpe de Estado de Somoza García a Sacasa, Somoza comienza a hacer una labor de atracción y de penetración en ese sindicato recién nacido y logra la división; se atrae a determinados dirigentes sindicales con la promesa de establecer en la Constituyente que nació en el año 1938, un capítulo de garantías sociales a los trabajadores, que luego fue el Código del Trabajo. Es el primer anzuelo demagógico que lanza Somoza García para atraerse el apoyo de los trabajadores. Y dirigentes del PTN muerden el anzuelo y así comienza su fin.

En 1940, la dictadura incrementa la represión contra el movimiento obrero, y muchos dirigentes salen al exilio, otros van a la cárcel y otros tienen que esconderse. En los años 40 la Iglesia Católica hace esfuerzos de penetrar en el sindicalismo, creando la Juventud Obrera Católica, cuyos dirigentes eran los párrocos de los barrios. En esa misma época de los años 1940 a 1945, comienzan a surgir las organizaciones estimuladas por Somoza, eran cascarones, pero ya reflejaban orgánicamente la división obrera. Así finaliza la vida del Partido Trabajador Nicaragüense.

Ni el gobierno ni la clase dominante lograron impedir el surgimiento de los sindicatos en la etapa anterior, tampoco pudieron impedir su reorganización, y surgió un movimiento sindical vigoroso entre 1943 y 1945, por la labor de la organización de los sindicatos, producto de la situación internacional en que se había declarado la guerra de 1939, y en los años 40 estaba en pleno apogeo.

Los obreros combinaron la lucha reivindicativa con las tareas de solidaridad con el pueblo soviético, agredido en 1941 por las hordas nazis, y esto produjo una combinación de actividad y fuerza que redundó en la formación de un frente anti-fascista de los trabajadores, que en 1945 da como resultado el surgimiento del Partido Socialista Nicaragüense.

Pero entre 1944 y 1945 Somoza García estaba interesado en su reelección presidencial, y esto provocó un movimiento de oposición muy fuerte; entre otros de parte del movimiento estudiantil de la generación del 44, que produjo nombres como los de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Ernesto Cardenal, Mario Flores Ortiz, y una serie de dirigentes políticos que después tuvieron alguna participación en la política nacional. Este fenómeno de oposición anti-reeleccionista, encabezado también por el movimiento estudiantil, y el surgimiento de los sindicatos, produce una confusión política. Después que por la represión no pudo impedir la reorganización sindical, Somoza realiza una política demagógica buscando como atraerse a los sindicatos, pero sólo lo logró en parte.

En 1945, cuando por primera vez se celebra el Primero de Mayo, la situación política es tal, que Somoza permite la libre movilización obrera para hacerse propaganda.

Mónica: Pero desde 1937 no había permitido la celebración del Primero de Mayo.

Onofre: No lo había permitido, pero en 1945 lo permite, y los obreros se concentran donde ahora es el Estadio Cranshaw, que era un patio cercado por bardas, y de ahí salió una gran manifestación que recorrió la Calle Colón hasta la Avenida Roosevelt, en aquella época Avenida Central, hasta la Plaza de la República. Era una concentración masiva. Para entonces, el país tenía apenas un millón de personas, y Managua era una enorme aldea de doscientos mil habitantes. Entonces, poner cuatro o cinco mil obreros en una marcha –cosa que ni todos los partidos políticos juntos había logrado–, fue algo que asustó al mismo Somoza. Como él había permitido la libertad de movilización, era imposible no tener la presencia del Presidente de la República en la manifestación, y él tomó la palabra en el acto de cierre; pero los trabajadores comenzaron a disgregarse en el momento en que Somoza García comenzó a hablar.

Mónica: ¿En señal de rechazo?

Onofre: Sí, porque su interés era –y en el discurso lo manifestó– su reelección presidencial, y los obreros comenzaron a dejar vacía la plaza porque ya habían hablado los principales dirigentes de la época: Armando Amador, que era el Secretario General de la CGT que convocó la concentración, Juan Lorío y Pérez Estrada; y a Somoza le tocó hablar de último, y habló casi con la plaza vacía.

Mónica: Me imagino que llegaba a ufanarse de la publicación del Código del Trabajo.

Onofre: Llegaba a recoger la cosecha política de la promulgación del Código del Trabajo, que se produjo en febrero de 1945. En 1948 se produce el Pacto Somoza-Cuadra Pasos, preámbulo del Pacto de los Generales en el 50.

Mónica: Carlos Fonseca señala que los primeros dirigentes del Partido Socialista provenían realmente del sector artesanal de nuestro pueblo, lo cual expresaba el atraso ideológico general del país. Hay una etapa en que el Partido Socialista aparece respaldando la reelección de Somoza García.

Onofre: Hay una situación confusa que incluso la derecha opositora siempre trató de utilizar en contra del Partido Socialista, y ocurrió precisamente entre los años 1944 y 1945, porque en 1946 ya se producen las primeras represiones. Acababa de triunfar la Revolución Guatemalteca, y cuatro dirigentes se fueron exiliados para allá; pero antes de eso, cuando Somoza propuso el Código del Trabajo a la derecha tradicional conservadora, la clase patronal liberal considera que es una concesión al desarrollo del comunismo internacional, y que había sido Vicente Lombardo Toledano, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de América Latina y que había estado aquí en el año 1944, quien había pactado con Somoza para que los “comunistas” lo apoyaran en su reelección.

Pero la historia está escrita: no hubo apoyo del movimiento obrero a la reelección de Somoza. Hubo represión en el año 1946, y la llamada alianza se reduce al hecho de que los trabajadores no iban a desechar el Código del Trabajo, sólo porque a la clase patronal y a los conservadores les parecía mal.

Mónica: En tu libro hablás de la influencia del browderismo6, que en el Partido Socialista se expresó como una corriente que propugnaba por la conciliación de clases y el entendimiento con Somoza. Aunque un sector anti-somocista del PSN fue fuertemente reprimido, encarcelado y enviado al exilio, otros creían que se podía conciliar. Eso se ve clarísimo en documentos insertos en tu libro, y en las publicaciones que trataban de justificar este contubernio con Somoza. Para mí esto es muy importante porque uno ve cómo en la historia se repiten situaciones y circunstancias. Porque hoy también se habla de conciliar, sin considerar que hay intereses tan encontrados y que hay profundos abismos entre una clase y otra.

Onofre: Es correcto, y en aquél momento el fenómeno de la conciliación era un fenómeno importado, o sea que ideológicamente se proclamaba la alianza de todos los sectores de la sociedad nicaragüense para hacer resistencia al embate del nazi-fascismo. Hay que recordar que la guerra estaba en su apogeo, pero en Nicaragua eso era como una situación artificial, superpuesta, porque en realidad las contradicciones internas eran muy fuertes, y la idea de la conciliación y de la unidad nacional fue una idea artificial.

Además, esta política de alianza estaba calcada de la alianza de la Unión Soviética –agredida por los nazis– con los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y China, contra la Alemania nazi. Ésta era una situación internacional que no se reflejaba en Nicaragua, donde sus contradicciones y su crisis eran por causas internas; por lo que venir a proclamar la unidad nacional en ese momento, resultaba no solamente oportunista, si no totalmente equivocado, y esta equivocación la refleja el documento cuando sale a luz en 1945 el Partido Socialista.

Mónica: Si los sindicatos son la expresión de la organización de los trabajadores por centro de trabajo o por rama de producción, es lógico que luchen por reivindicaciones laborales, por mejoras salariales, y los dueños de medios de producción tratarán de debilitarlos, de dividirlos, de atraerlos.

Onofre: Sí, además del trabajo del somocismo, la iglesia con la Juventud Obrera Católica, y también otras fuerzas de derecha. Por ejemplo, cuando surge el Partido Socialcristiano en 1957, aparece como un movimiento sindical llamado Sindicatos Cristianos que luego, entre 1960 y 1962, lo transforman en Movimiento Obrero Sindical Nicaragüense (MOSAN); y en 1972 nace la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), de orientación socialcristiana.

Mónica: Onofre, y ya a un nivel más personal, yo quería preguntarte: ¿cuándo te integraste al Partido Socialista?

Onofre: Mi incorporación al movimiento social surgió en 1944, a los catorce años, pero mi integración al Partido fue en 1945.

Mónica: ¿En qué trabajabas?

Onofre: A esa edad yo ya era obrero zapatero, y llegué al movimiento sindical precisamente porque me incorporé al Sindicato de Zapateros.

Mónica: ¿Y ahí en los sindicatos estudiabas teoría revolucionaria o fue hasta en el Partido que estudiaste?
Onofre: No, leía de todo porque entre el año 1944 y 1945, el Partido Socialista fundó una editorial que se llamó Editorial Vivas Garay, en memoria de un viejo “petenista”7 que había muerto. Y ahí había publicaciones, ahí se leía por ejemplo la revista Lucha Soviética y textos marxistas.

Mónica: Esto del papel de las publicaciones y textos es increíble. A lo largo de tu libro yo encuentro un montón de referencias a publicaciones que se fueron haciendo, unas que duraban hasta tres meses y ya no se podían continuar, pero que trataban de reproducir, de manera mecánica experiencias de otros países y que, en cierta medida, nos afectaba a nosotros, porque, como vos decís, se importaron esquemas o enfoques que no tenían nada que ver con la realidad.

Creo que la grandeza de líderes como Carlos Fonseca, por ejemplo, o de Ricardo Morales, estuvo en que como marxistas lograron hacer el análisis de las propias condiciones y hacer una aplicación científica del marxismo a la realidad de nuestro país en las condiciones concretas de su tiempo. Como decía Morales Avilés: “Hay que estudiar nuestra historia y nuestra realidad como marxistas, y el marxismo como nicaragüenses”.

Onofre: Esa es una apreciación sabia, porque efectivamente los viejos dirigentes del Partido Socialista nunca lograron captar este fenómeno. Recuerdo que sobre esto, en 1970, en Tegucigalpa, Honduras, tuve una discusión con Carlos Fonseca. Él se encontraba de tránsito para Cuba y yo venía de allá.

Carlos me dijo algo que se vino a hacer realidad muchos años después. Me dijo: –Los dirigentes del Partido Socialista no son proletarios, es una pequeña burguesía obrera que tiene una concepción exclusivamente reformista. En primer lugar, la clase obrera de Nicaragua está subdesarrollada y los dirigentes no han alcanzado un desarrollo ideológico como revolucionarios del proletariado, sino que continúan con una mentalidad como si estuvieran dirigiendo a los sindicatos artesanales. Porque fijate, en Nicaragua hasta en el año 1945 aparecieron los primeros sindicatos industriales, en las textilerías Mayco y Gadala María, y en la Cervecería.

Mónica: Entonces conociste a Carlos, ¿tuviste varias oportunidades de hablar con él?

Onofre: Muchas veces desde el año 1956, hasta todo este tiempo.

Mónica: Cuando hablamos de historia del movimiento obrero en Nicaragua, debemos entender la historia de la lucha del pueblo nicaragüense por su emancipación, es decir, de la lucha de los sectores populares que durante muchos años estuvieron bajo la égida de las paralelas históricas, usados para sus mezquinos propósitos. La historia de lucha del movimiento obrero, no es más que la lucha del movimiento revolucionario que en nuestras condiciones concretas es la lucha por la soberanía nacional, por la expulsión de los yanquis del territorio, y la lucha del pueblo contra la dictadura que sostenía a sangre y fuego un régimen de opresión, de clase dictatorial. Esa es la verdadera historia del movimiento de los excluidos de Nicaragua, lucha que al final se articuló: la lucha sindical, la lucha de los estudiantes, de los campesinos, y la de todos los sectores para derrocar a la dictadura.

Oyente: Manuel Beteta.Muy buenos días, Comandante, muy buenos días licenciado, maestro de generaciones de periodistas, don Onofre Guevara. Don Onofre, en su libro usted dice que los sindicalistas de tendencia opositora terminan como viceministros o funcionarios públicos. Yo quisiera que explicara esto mejor, porque habemos sandinistas que hemos estado de una u otra forma dentro de los sindicatos, y estamos siempre en la lucha; pero yo no he tenido conocimiento de que un sandinista esté como funcionario de un gobierno.

Onofre: Bueno, en parte tiene razón el compañero, y voy a aclarar que eso que él dice no es del libro, sino de una entrevista que sale hoy en el suplemento de La Prensa. Yo creo que el compañero tiene que ampliar un poco la mente en el sentido de que el sindicalismo desgraciadamente se dividió desde el momento en que nace, prácticamente como efecto de la labor de atracción, de penetración, de infiltración ideológica, de políticas de los partidos de la clase dominante.

Mónica: A lo largo de la historia, el movimiento sindical ha sido objeto de represión y persecución, pero también de halagos, pues los patronos intentan ablandarlos y así debilitar sus demandas por salarios, por prestaciones. Tratan de atraerlos y efectivamente el sindicalismo se ha debilitado en muchas partes del mundo. Lo hemos visto en Brasil, en México, en los propios Estados Unidos, pero sobre todo en los países en donde el neoliberalismo y el capitalismo en expansión, requieren la desregulación de la fuerza de trabajo. Hay una serie de mecanismos de desorganización del movimiento revolucionario de estos países. Yo he afirmado que los cargos que se dan a los dirigentes obreros son un mecanismo para desmovilizarlos.

Onofre: Me refería precisamente al viceministro del Trabajo Roberto Moreno, quien nace como dirigente sindical de la Central de Acción y Unificación Sindical (CAUS), del Partido Comunista; Emilio Márquez igual, todavía es dirigente de la CAUS y es diputado del Partido Liberal; y en la época de doña Violeta, también dirigentes sindicales de la Confederación General de Trabajadores, fueron diputados por los partidos aliados de la derecha.

Oyente: Francisco.Me parece que en la actualidad la situación del movimiento obrero en Nicaragua es bien sui generis, ¿por qué?, porque la dirigencia del Frente Sandinista hizo que en la actualidad un sinnúmero dirigentes obreros sean al mismo tiempo grandes empresarios. Es increíble, aquí se ha visto a obreros demandando a sus dirigentes, uno como obrero y el dirigente como empresario. ¿Qué es lo que pasa? Me parece que el movimiento obrero ahorita está a la deriva por esa misma situación, no es como antes de los años 80 en que había claramente definida una dirigencia obrera.

Mónica: Antes de concluir, resuminos con toda tu sabiduría, ¿cómo mirás la situación actual del movimiento sindical en Nicaragua?

Onofre: Ya tenemos poco tiempo, voy a ser breve. La situación actual del movimiento sindical es crítica, porque se está enfrentando a situaciones económicas y políticas que son una reedición de situaciones anteriores a 1979: libertad sindical, salario, empleo, costo de la vida, y ahora hay un elemento nuevo, que es la lucha contra la corrupción; pero eso no es nada más que consecuencia de una corrupción histórica que ahora se manifiesta de una forma demasiado evidente.

En estas condiciones ¿cuál es la situación de los sindicatos? Hablo de los sindicatos en general. En nuestro país los dirigentes sindicales de tendencia, digamos, derechista, se han convertido en cuadros políticos de los partidos de la clase dominante. Otros sindicalistas han terminado como empresarios, dueños o socios o dirigentes de empresas; ésa es una situación anómala desde el punto de vista histórico y de la pureza del movimiento revolucionario obrero.

¿Cómo se resuelve este problema?, me preguntaba hace unos días una periodista. Bueno, creo que no hay fórmula para solucionarlo, pero sí hay un camino que los trabajadores tienen que seguir en este momento, o sea las bases sindicales, y es retornar a sus raíces y realizar actividades de forma independiente, depurándose de los cuadros sindicales que ya están contaminados de política o de cualquier injerencia no obrera en su conciencia, en su actividad política y social, desarrollando sus propios cuadros sindicales y adoptando una posición independiente respecto a los partidos políticos.

Y hablo en general, porque desnaturaliza la esencia de la lucha obrera la adopción de una posición, digamos, de subordinación de los sindicatos frente a los partidos; y de esto tenemos experiencias históricas, no desde ahora, aunque tenemos que señalar que la asepsia política en los sindicatos es un absurdo. En este sentido, no hablo en términos absolutos. No podemos negar incluso que un partido político –como el PTN del que estábamos hablando hace un rato– es un factor de la organización obrera. Me estoy refiriendo a la independencia en cuanto al punto de vista orgánico.

En estos últimos minutos deberíamos hacer justicia al recuerdo de unos mártires anónimos del Primero de Mayo, en 1978. En esa fecha se convocó a la celebración del Día de los Trabajadores, pero el somocismo reprimió esa concentración. Algunos de los que fuimos a esa actividad incluso no pudimos llegar hasta allá, porque fuimos sorprendidos por el tiroteo que se produjo en los patios del mercado Roberto Huembes, en construcción. Las noticias al siguiente día registraron la muerte de tres obreros cuyos nombres se han perdido, y yo creo que hay que rescatar esos nombres. Están cumpliendo veinte y un años de haber sido asesinados por la Guardia.

1 de mayo de 1999

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