Magaña: amigo o hermano mayor

Magaña: amigo o hermano mayor
Waldo Chávez Velasco

Hacia 1942, Álvaro Magaña era el jugador estrella de baloncesto del Colegio García Flamenco. El líder de la Escuela Militar era el cadete Arturo Armando Molina. Ambos fueron presidentes de la República.

Probablemente ahí Álvaro se acostumbró a ser el primero, porque fue el mejor estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional, en tiempos cuando esta carrera duraba, por lo menos, 7 años. Álvaro obtendría su doctorado con honores. Políticamente, el joven fue de los llamados “Hombres del 2 de abril”, contra el general Hernández Martínez, quien renunció en mayo de 1944. Poco tiempo después, dio un golpe de Estado Osmín Aguirre y Salinas. Álvaro, con su amigo de siempre Ulises Flores (padre del actual Presidente de la República) y numerosos otros salvadoreños, se exiliaron en Guatemala, de donde trataron de invadir El Salvador. Entre ellos venía un teniente alto y fuerte, Julio Adalberto Rivera. El Ejército los derrotó en Ahuachapán.

Algún tiempo después llegó al gobierno el mayor Oscar Osorio, quien mandó a llamar a Ulises Flores y a Álvaro Magaña, sus amigos.

-¿Qué andan haciendo en los cuarteles? -preguntó.

-Tomando tragos con los amigos -respondió uno de ellos.

-Entonces mejor los dos se van a ir a estudiar Economía a Chicago.

No era cosa de protestar.

Y así, Álvaro y Ulises obtuvieron su maestría. Ulises Flores regresó al país. A Álvaro, Osorio lo becó para estudiar Finanzas Públicas, en la Universidad de Roma.

Yo lo había conocido en San Salvador, pero en Roma se estrechó nuestra amistad. A unos 60 kilómetros estudiaban unos 15 militares salvadoreños en la Escuela Superior de Guerra de Civitavecchia. Estos pasaban en Roma las vacaciones del verano e iban casi diariamente a casa de Magaña. Yo hacía lo mismo.

Cuando Álvaro terminó sus estudios de Finanzas, regresó al país con toda su familia (tenía entonces 2 hijos y vivía con su hermana María Elena), pero estuvo a punto de no regresar, porque naufragó en el barco Andrea Doria. Se ve que sabían nadar.

En El Salvador lo nombraron Subsecretario de Hacienda. Este gobierno duró apenas 3 meses. El golpe había sido dirigido por el coronel Julio Adalberto Rivera, Álvaro se enojó con él y se marchó a Washington a trabajar con la OEA, donde desempeñó cargos muy importantes. Con el tiempo Rivera lo convenció de que hicieran las paces y lo nombró Presidente del Banco Hipotecario, en donde estuvo hasta 1982.

Yo trabajaba en Alemania y vine cierta vez al país. Desde luego fui a ver a Álvaro. “No sé qué has venido a hacer”, me dijo. “Por las dudas te he preparado 3 empleos. El mejor es el de la Secretaría de Planificación Económica, en donde está Guillermo Borja Nathan, que es mi primo”. Yo no hallaba qué contestarle, pero fui a Planificación, de donde poco tiempo después pasé como Director-Fundador de Diario El Mundo.

Después quise construir mi casa en la colonia San Francisco. Como no tenía dinero, volví donde Álvaro, y me hizo todo el proyecto de un préstamo del Banco. Pagué.

Cuando se trataba de elegir al Presidente Provisional, a principios de los 80, los militares pudieron nombrar al Dr. Álvaro Magaña, con la siguiente estratagema: presentaron a la Asamblea una terna, constituida por dos distinguidos profesionales, quienes estaban seguros que iban a decir que no y que eran el Dr. Reynaldo Galindo Pohl y el Dr. Alfredo Martínez Moreno. Alvaro fue el presidente provisional, quien restauró la democracia en el país. En su hermosa casa de Apaneca reunió a todos los dirigentes políticos y los convenció de celebrar un Pacto de Unidad Nacional, que le permitió gobernar con tranquilidad.

Yo me había retirado a México, con la intención de dedicarme sólo a escribir. Durante la presidencia de Álvaro vine dos veces, a colaborar en discursos, en los que trabajamos con el Dr. Francisco Guerrero y el Dr. Ulises Flores, además del presidente Magaña, naturalmente.

Después, ya dedicado Álvaro a sus estudios de Derecho, tuve el honor de publicar en la revista GENTE los últimos escritos del ilustre intelectual salvadoreño, posiblemente con Galindo Pohl, las dos personas más inteligentes que he conocido en El Salvador.

Durante su velorio, el recién pasado 10 de julio, hablé con su bella viuda, Concha Marina Granados de Magaña, hija del dueño de la relojería Granados y originaria de Cojutepeque, donde vivía con su abuela.

“Yo no sé si Álvaro fue mi mejor amigo o como mi hermano mayor”, le dije. “Posiblemente las dos cosas”, me respondió.

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