Mapa del poder en Irán

Mapa del poder en Irán

IRENE GARCÍA BENITO

Las últimas elecciones al Parlamento y a la Asamblea de Expertos presentan un nuevo panorama en Irán. Pero en un sistema político tan enrevesado, resulta complicado anticipar si la nueva tendencia moderada del electorado se traducirá en cambios significativos dentro de las instituciones. El iraní es un sistema donde conviven elementos propios de una democracia con otros de una teocracia islámica moderna. Es decir, existen instituciones elegidas mediante sufragio universal encargadas, a su vez, de elegir a los miembros de aquellos órganos que representan el poder religioso. En la práctica, esto se traduce en ocasiones en una falta de coordinación entre el presidente y el Parlamento –electos– y entre el Líder Supremo.

Repasamos las diferentes instituciones con el objetivo de trazar un mapa del poder en Irán.

Líder Supremo

Es la máxima autoridad política y religiosa en Irán, equivalente a jefe de Estado, y su poder deriva del principio velayat-e Faqih o juristocracia. Son los expertos en jurisprudencia islámica quienes deben designar y ratificar al máximo dirigente iraní, que debe ser igualmente un miembro del clero. Por tanto, el Líder Supremo no es elegido directamente por los ciudadanos, sino que es designado de forma vitalicia a través de un órgano electo, el Consejo de Expertos. Tras la Revolución Islámica de 1979, Ruholá Jomeini ocupó el cargo durante diez años. Su sucesor, Alí Jameini, sigue hoy al frente del país.

Su función principal es trazar la política general de Irán, tanto nacional como internacional. Tiene capacidad para declarar la paz o la guerra, para solucionar posibles disputas entre los tres poderes y para nombrar o destituir a altos cargos de otras instituciones, como el Consejo de Guardianes, líderes del poder judicial y miembros de las fuerzas armadas; incluso puede llegar a ejercer el veto sobre el presidente. Es comandante en jefe de las fuerzas armadas y controla las operaciones de inteligencia y seguridad.

El Líder Supremo tiene alrededor de dos mil representantes que le permiten crear una esfera de poder. Destaca el Consejo de Discernimiento, creado por Jomeini para resolver posibles disputas entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes, pero que se ha convertido en un órgano consultivo del Líder Supremo y en uno de los grupos con más poder.

Presidente

El presidente es el jefe de gobierno y su principal función es asegurar el cumplimiento de la Constitución. Es el cargo público electo con mayor rango del país. Es elegido por cuatro años y puede cumplir un máximo de dos mandatos. El presidente elige a los ministros, que deben ser aprobados por el Parlamento –puede ser necesaria la aprobación del Líder Supremo en casos especiales–, se encarga de las políticas económicas y tiene capacidad para firmar tratados internacionales.

Aunque el presidente tiene un perfil público elevado, el poder ejecutivo se encuentra subordinado al Líder Supremo. Un ejemplo es que Irán es el único país donde las fuerzas armadas no están controladas por el gobierno. A pesar de que sobre el papel el presidente tiene poder sobre el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el ministerio de Inteligencia y Seguridad, en la práctica todos los asuntos de seguridad son gestionados por el Líder Supremo o por su círculo de poder.

Estructura de poder en Irán

Parlamento o Majles

El poder legislativo en Irán consiste en una única cámara con 290 miembros, elegidos cada cuatro años, con cinco escaños reservados para representantes de minorías religiosas. Presentan y aprueban borradores legislativos, ratifican tratados internacionales, votan a los ministros propuestos por el presidente, autorizan los presupuestos y pueden llevar a cabo un proceso de impeachment contra ministros y presidente. El Consejo de Guardianes ejerce un control directo sobre el Parlamento, ya que decide quiénes son los candidatos electorales y aprueba o rechaza las leyes propuestas por el Parlamento.

En Irán no existe tradición de partidos políticos. Los partidos políticos suelen formarse ad hoc para las propias elecciones y no están bien valorados por la opinión pública. Cuando los partidos consiguen sus objetivos, suelen disolverse o pasan a un segundo plano. A la hora de formar gobierno o coaliciones, no existe un respaldo por parte de partidos políticos, por lo que el presidente en Irán no depende de ningún partido. A pesar de que se presenten organizados en partidos políticos, las listas abiertas permiten a los ciudadanos votar a los candidatos que deseen.

Asamblea de Expertos

A pesar de que se reúne dos veces al año, la Asamblea de Expertos es uno de los órganos más poderosos (y opacos) de Irán. Sus 88 miembros son elegidos por sufragio universal cada ocho años, con el requisito indispensable de que todos ellos deben ser expertos juristas. Su principal función, y la que le otorga tanto poder, es elegir al Líder Supremo, además de supervisar el cumplimiento de sus funciones e incluso destituirle. Debido a esta función, se suele comparar la Asamblea de Expertos con el Colegio Cardenalicio del Vaticano.

Consejo de Guardianes

Es el organismo más influyente en Irán, pero no se somete a elección pública. De sus doce miembros, todos expertos en jurisprudencia islámica, seis son elegidos directamente por el Líder Supremo y los otros seis son propuestos por el poder judicial y aprobados por el Parlamento. Su mandato es de seis años, pero se produce la renovación de la mitad del Consejo cada tres años. Una de sus funciones es revisar y seleccionar a los candidatos a cualquiera de las elecciones populares: presidente, Parlamento y Asamblea de Expertos. Se ocupa, también, de salvaguardar los principios del islam y decidir si las leyes actúan en conformidad a la Constitución y la sharia. En la práctica, esto otorga al Consejo de Guardianes capacidad de veto.

Poder judicial

Está estrechamente controlado por el Líder Supremo, quien elige al jefe del poder judicial. Además de los tribunales encargados de los casos civiles y penales, existen tribunales que tratan casos que dañan a la imagen de la República, así como un Tribunal Eclesiástico Especial, encargado de los delitos religiosos, en especial los cometidos por clérigos. Este tribunal solo responde ante el Líder Supremo. En Irán, el poder judicial está muy ligado al poder político y sirve a los intereses del régimen. En los últimos años, los conservadores han conseguido frenar el ritmo de los cambios encarcelando a reformistas y periodistas.

La mujer en la política iraní

Estas elecciones muestran otro dato positivo, además del aumento de los moderados. El número de mujeres en el Parlamento pasa de nueve a 14, cuando todavía faltan escaños por repartir, por lo que el número podría llegar incluso a veinte. Sin embargo, más allá del Parlamento parece difícil que se pueda conseguir una mayor representación femenina. Entre los candidatos a la Asamblea de Expertos se encontraban solo dieciséis mujeres, todas ellas descalificadas por el Consejo de Guardianes. Ninguna ley impide que las mujeres sean miembros de los órganos oficiales, pero, en una sociedad tradicionalmente patriarcal, existe una gran oposición a ello.

Moderados vs conservadores

Todos estos órganos han estado históricamente liderados por los conservadores. Sin embargo, tras las últimas elecciones, los moderados han conseguido controlar casi la mitad del Parlamento, renovándose más del 60% del Majles, mientras que en la Asamblea de Expertos algunos de los conservadores más radicales se han quedado fuera. Por tanto, podríamos asistir a un cambio de rumbo en Irán, por dos razones. Por un lado, el actual presidente, Hasan Rohaní, va a encontrar menos obstáculos en un Parlamento que, hasta ahora, ha rechazado su agenda más pro-occidental. Por otro, es posible que la Asamblea de Expertos tenga que nombrar a un nuevo Líder Supremo en los próximos años, debido a los problemas de salud de Jameini: su nueva composición puede suponer un líder más moderado y progresista.

Pero en un país con un sistema tan complejo es difícil hacer predicciones y la historia nos da un ejemplo de ello. Irán ya ha vivido un periodo reformista con un líder, Mohamed Jatami, de tendencia moderada. A pesar de un Parlamento afín a sus principios, Jatami encontró multitud de obstáculos y el rumbo de Irán estuvo controlado por los conservadores.

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