Masculinidades alternativas en el mundo de hoy Angels Carabi

INTRODUCCIÓN

Àngels Carabí y Josep M. Armengol

Este libro surge de una imperiosa necesidad. En un mundo globalizado y rápidamente cambiante como el nuestro, aún prevalecen en la mayoría de las sociedades modelos hegemónicos de masculinidad que perpetúan relaciones desiguales entre los géneros. Según las feministas y los estudiosos de las masculinidades, los hombres deberían reconocer que su derecho a un poder desigual es falso; deberían oponerse a los valores culturales de dominación y desarrollar una responsabilidad ética para establecer relaciones de género más equitativas. Afortunadamente, en numerosos países, los hombres, tanto de forma individual como en grupo, cada vez tienden más a cumplir estos objetivos.[1]

Sin embargo, la mayoría de los varones sensibles que quieren cambiar no saben cómo hacerlo. Tienen dudas sobre qué significa exactamente comportarse como padres o amigos afectuosos, responder sin violencia ante una agresión, o comportarse como iguales sin «perder» su masculinidad.

Se necesitan nuevas formulaciones de hombría tanto para los jóvenes como para hombres de todas las edades. Además, debido al increíble crecimiento de las relaciones internacionales y los entornos multiculturales en los que se relacionan personas de diferentes orígenes, culturas y religiones, estas nuevas formulaciones son necesarias en todo el mundo.

Con el fin de arrojar algo de luz sobre estas tensiones, nuestro estudio de las masculinidades no solo pretende impugnar los comportamientos masculinos normativos y hegemónicos sino que, por encima de todo, confía en preparar el camino para unas formas de masculinidad nuevas o «alternativas».

Aunque abundan los estudios sobre las representaciones masculinas tradicionales, y aunque en varias obras se deconstruyen las imágenes normativas de la masculinidad, se ha escrito mucho menos sobre textos que proponen maneras «alternativas» de ser hombre en la cultura y en la sociedad.

Así pues, el presente volumen contribuye a llenar este vacío, con la convicción, junto a James D. Riemer, de que para cambiar la vida de los hombres se necesita algo más que reconocer los efectos negativos de nuestros ideales actuales de hombría; «también se han de reconocer y reforzar las alternativas positivas a los ideales y los comportamientos masculinos tradicionales » (1987, p. 298).

En esta estimulante aventura, hemos tratado de salvar la distancia entre las ciencias sociales y las humanidades por considerar que los dos campos se necesitan el uno al otro. Los eminentes científicos sociales que han tenido la amabilidad de colaborar con nosotros en la primera parte de este volumen ofrecen perspectivas reveladoras que nos conducen hacia cambios esperanzadores.

En la segunda parte, nuestro grupo de investigación con sede en Barcelona, Construyendo nuevas masculinidades (CNM) (www.ub.edu/masculinities), formado por estudiosos de la literatura contemporánea estadounidense, profundiza en los complejos itinerarios que siguen los personajes de ficción para llegar a ser hombres más igualitarios. Es un intento, parte de los autores, de identificar en la ficción «alternativas» que podrían concretarse en la vida real, partiendo de la base de que la gran variedad y complejidad psicológica de los personajes literarios pueden resultar especialmente útiles para los hombres a la hora de repensar su propia identidad masculina de una manera nueva y profunda.

Todo debate sobre masculinidades «alternativas» o «contrahegemónicas» debe retornar, ya sea implícita o explícitamente al concepto de masculinidad «hegemónica» tal como lo definió Raewyn Connell (1987), que ha tenido una influencia duradera sobre los estudios de género y masculinidad. Como sabemos, Connell desarrolló la idea de masculinidad hegemónica para destacar la importancia del poder patriarcal, sobre el cual, en el esquema de roles sexuales de la década de 1970, no se elaboró prácticamente ninguna teoría.

De este modo, propuso la existencia de un modelo de masculinidad dominante, que dependía de la subordinación y la opresión de grupos marginados, constituidos, sobre todo, por hombres y mujeres homosexuales. A pesar de su influencia permanente en diversos campos, desde la sexualidad y los estudios homosexuales hasta la psicología y la sociología, este modelo puede criticarse, y se ha criticado, por diferentes razones y desde distintas perspectivas.

Partiendo del concepto de bloque histórico de Antonio Gramsci y del concepto de hibridez de Homi Bhabha, Demetrakis Demetriou

(2001), por ejemplo, sugiere que la masculinidad hegemónica no es una práctica exclusivamente blanca ni heterosexual, sino más bien «un bloque híbrido» que une masculinidades hegemónicas y no hegemónicas para asegurar la reproducción del patriarcado.

La propia Connell ha reconocido los límites y las contradicciones de su formulación inicial. En un artículo escrito con James W. Messerschmidt (2005) reconoce que la masculinidad hegemónica no puede entenderse como una visión unidimensional de la jerarquía y las características de género, sino que forma parte de las luchas sociales en las que las masculinidades subordinadas influyen en las formas dominantes y a menudo conviven con ellas.

Así pues, en general, los estudios sobre hombres y masculinidades pueden dividirse en tres categorías principales. En primer lugar, hay gran cantidad de trabajos que abordan, de un modo u otro, el concepto de masculinidad hegemónica. Según Connell y Messerschmidt (p. 830), hay más de doscientos artículos que utilizan el término exacto de «masculinidad hegemónica» en el título o en el resumen, mientras que varios centenares utilizan alguna variante o usan el término en el texto. Asimismo, cada vez son más los trabajos académicos que critican el concepto de hegemonía de Connell desde perspectivas sociológicas, psicológicas, posestructuralistas y materialistas (Demetriou, 2001; Wetherell y Edley, 1999).  

De este modo, abogan por un modelo más complejo de jerarquía de género, subrayando la capacidad de acción de las mujeres y un análisis más contextualizado del privilegio y el poder, así como la interacción entre los niveles local y global. Finalmente, algunos estudios (Groes- Green 2012) al parecer avanzan un poco más, ya que no solo hacen mayor hincapié en la dinámica y la maleabilidad de la masculinidad hegemónica, sino que también reconocen las contradicciones internas y, por ende, las posibilidades de un desplazamiento hacia una democracia de género. Estos estudios han demostrado que podría defenderse la existencia de masculinidades «subordinadas» o «contrahegemónicas» que desafían la norma predominante.

De conformidad con esas tres tendencias, muchos estudios de las masculinidades han utilizado el concepto de Connell para explorar la organización de la masculinidad hegemónica y/o para deconstruirla.

Así, mientras algunos estudiosos han mostrado el funcionamiento de la hegemonía en distintos contextos masculinos, otros han sostenido que el establecimiento de la masculinidad hegemónica, si bien representa un privilegio, también tiene un precio para los hombres en términos de daños emocionales y físicos. Otro grupo de estudiosos ha profundizado en los desafíos a la hegemonía, subrayando la pluralidad irreductible y las contradicciones de las masculinidades.

En este sentido, Connell y Messerschmidt, por ejemplo, han demostrado que siempre hay una lucha por la hegemonía, que la masculinidad hegemónica a menudo convive con prácticas no hegemónicas y que esta convivencia podría derivar en «medios más humanos y menos opresivos de ser hombre» (2005, p. 833).

Por lo que se ha expuesto aquí, parecería que, al formular la idea de masculinidad hegemónica, Connell contempla no solo las relaciones de poder entre géneros y dentro de ellos, como se ha reconocido a menudo, sino también «la posibilidad de un cambio generado internamente» (Demetriou, 2001, p. 339). Además de distinguir entre lo que Demetriou (p. 341) llama hegemonía «externa » e «interna» (la hegemonía de los hombres sobre las mujeres y de algunos hombres sobre otros hombres, respectivamente), en realidad Connell parece apuntar a las masculinidades no hegemónicas como posibles alternativas para el cambio social.

Sin embargo, aunque la teoría de Connell deja espacio para las masculinidades alternativas, las define en términos bastante negativos, como prácticas y comportamientos masculinos que están subordinados a la masculinidad hegemónica y, por tanto, no queda claro cómo podrían desarrollarse masculinidades igualitarias. Por consiguiente, la idea de «masculinidades alternativas» sigue estando muy poco explorada dentro de los estudios actuales sobre masculinidad. Pese a la gran cantidad de estudios sobre la estructura y la influencia de la masculinidad hegemónica, y pese a su reciente deconstrucción en diferentes contextos y desde distintas perspectivas críticas, los estudiosos han prestado poca atención tanto a la posibilidad como a la necesidad de explorar modelos alternativos y no hegemónicos de masculinidad.

En tal sentido, pues, este estudio pretende centrarse en las prácticas y los comportamientos masculinos alternativos partiendo de la suposición crítica de que, a la larga, «a los hombres les resultará más fácil revisar su manera de vivir si podemos ayudarles a reconocer lo que podrían llegar a ser» (Riemer, 1987, p. 298).

Evidentemente, este libro no pretende cuestionar (ni que fuera posible) la hegemonía masculina ni poner en entredicho la hegemonía de unos hombres sobre otros. Sin embargo, sí que afirma, al destacar la multiplicidad y las contradicciones internas en los modelos masculinos de todo el mundo, que esta hegemonía no es universal ni inmutable. Explorar múltiples subjetividades masculinas en diferentes contextos en lugar de clasificar a todos los hombres en una única categoría permite, como propone correctamente Christian Groes-Green, «configuraciones alternativas sin ignorar sus manifestaciones contradictorias» (2012, p. 91).

Más allá de las críticas académicas a los hombres y las masculinidades dominantes, este estudio pretende, por tanto, especificar alternativas posibles a los modelos perjudiciales de hombría que pueden existir y, como veremos, a menudo existen uno junto al otro. En otras palabras, queremos poner en tela de juicio toda movilización fácil o sencilla de la categoría de masculinidades «alternativas», por encima o en contra de un supuesto modelo «hegemónico» o «normativo», y mostrar su habitual dependencia e interrelación.

Sin embargo, mientras en las instituciones sociales y culturales de todo el mundo predominan los valores patriarcales, este estudio se centra en varias subjetividades masculinas que cuestionan las jerarquías de género dominantes y contempla contextos específicos en los que resulta más probable la aparición de prácticas masculinas positivas.

Si, como sugiere Groes-Green (p. 93), pocos estudios indican «de dónde pueden proceder los cambios en las estructuras de género y cómo pueden los hombres desempeñar un rol positivo en la sociedad», este estudio contribuye a llenar este vacío, no solo mediante un análisis de las contradicciones internas de la masculinidad hegemónica sino también centrándose en las maneras no dominantes de ser hombre en las que el poder (masculino) no sea sinónimo de opresión.

Según insiste Groes-Green, «cuesta pasar por alto el apremio por explorar y desarrollar ideas de hombría profemeninas en términos empíricos y teóricos, si deseamos incluir a los hombres en la lucha contra la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres y el control masculino» (p. 107).

Sin dejar de reconocer la desigualdad entre los géneros, este estudio pretende explorar las tendencias igualitarias en todo el mundo y buscar contextos sociales y culturales específicos en los que se acentúen los modelos contrahegemónicos de hombría. De este modo, se centra en lo que Gary Barker (2000) llamó «desviados positivos (positive deviants)», es decir, hombres y masculinidades no dominantes que encarnan la igualdad de género de una manera profeminista.

Teniendo en cuenta este punto de vista, el estudio se divide en dos partes principales. La primera ofrece una perspectiva interdisciplinaria sobre el tema de las masculinidades alternativas e incluye estudios de académicos reconocidos en los campos de la teoría del trabajo social (Pease), la sociología (Flood), la antropología (Gutmann) y los estudios literarios (Leverenz).

La segunda parte, en cambio, explora las representaciones culturales de las masculinidades alternativas y se centra en imágenes masculinas alternativas en la literatura y la cultura estadounidenses. Mientras que la primera parte encara el tema con un enfoque teórico interdisciplinario, la segunda aplica la teoría a la práctica analizando representaciones literarias de la masculinidad. Esta segunda parte gira en torno a una serie concreta de temas relacionados con las masculinidades alternativas, que van desde los modelos de hombría no violentos y los nuevos modelos de paternidad hasta la aparición de masculinidades alternativas en la vejez o más allá del capitalismo y en contextos transnacionales, entre otros.

Los artículos analizan numerosos textos literarios estadounidenses contemporáneos que se «adelantan» o van «más allá» de los modelos masculinos tradicionales y, por el contrario, representan formas más positivas e igualitarias de ser hombre. Los capítulos abarcan gran variedad de autores y textos, desde Paul Auster y Richard Ford hasta Jonathan Franzen y autores chicanos, asiaticoamericanos y araboamericanos contemporáneos, entre otros.

Creemos que las dos partes se complementan y se nutren mutuamente a partir de la hipótesis crítica de que para entender mejor su construcción social es esencial analizar representaciones «de ficción» de la masculinidad.

Al fin y al cabo, es ampliamente reconocido que «el género es una representación» y que «la representación del género es su construcción» (De Lauretis, 1987, p. 3).

De ello se deduce, por tanto, que los estudios de las representaciones culturales de la masculinidad son especialmente relevantes para el análisis de la construcción y la deconstrucción social de la masculinidad. Así pues, en este sentido, debe considerarse que la primera y la segunda parte del presente estudio son complementarias y se enriquecen entre sí, ya que la «novela» (estadounidense) ofrece un amplio abanico de personajes masculinos psicológicamente complejos y plenamente desarrollados en los que se inscriben múltiples discursos de masculinidad.

En el caso de las masculinidades alternativas, las obras literarias (por ser obras de ficción) se convierten en espacios privilegiados y fuentes de inspiración a partir de los cuales los hombres pueden imaginar maneras alternativas de experimentar su hombría y sus relaciones de género. Por consiguiente, veremos que la mayoría de los artículos de la segunda parte «conversan» con los de la primera y son muchos los críticos literarios que se basan en las ideas de los sociólogos y los antropólogos de la primera sección.

Aunque para nosotros los personajes literarios no son modelos «ideales», nos centramos en representaciones literarias alternativas de la masculinidad porque creemos, como se demostrará, que la literatura, tal y como sugirió la nobel Toni Morrison, suele contener «algo que ilustra, algo que abre la puerta e indica el camino», aunque «no sea una monografía ni una receta» (Evans, 1984, p. 341).

Es bien sabido que la falta de reconocimiento constituye una forma de injusticia social. Por tanto, es necesario transformar la subjetividad, además de reestructurar las relaciones de poder opresivas, para alcanzar esta justicia social. Sin embargo, como indica en este volumen Pease, teórico del trabajo social, muchas mujeres sostienen que los hombres son incapaces de lograr un cambio personal significativo ni un activismo sostenido en relación con la igualdad de género.

 ¿Qué posibilidades hay de que los hombres contribuyan a la igualdad de género y a la eliminación de la violencia y el abuso machistas?  El primer capítulo, escrito por Pease, explora esta cuestión al analizar los dilemas y las perspectivas que tienen los hombres como reacción a los cuestionamientos feministas con respecto al privilegio de su género. También analiza, especialmente a partir de su amplia experiencia en seminarios, hasta qué punto es posible que los hombres reduzcan sus lazos con las posiciones de sujeto dominante dentro del patriarcado.

Una expresión cada vez más visible de las masculinidades «alternativas» en todo el mundo es la implicación de los hombres en la lucha por evitar la violencia machista contra las mujeres. Según el sociólogo australiano Michael Flood, los hombres que participan en esta lucha, como activistas o educadores, por ejemplo, emprenden proyectos de cambio personal junto con un cambio social más amplio. Tratan de «convertirse en el cambio que desean ver en el mundo» y se esfuerzan por debilitar sus propios privilegios de género y por comportarse de manera igualitaria y no violenta.

En el segundo capítulo, Flood examina la trayectoria que siguen los hombres hasta llegar a implicarse en proyectos colectivos con el fin de evitar la violencia machista y lograr la igualdad de género, las transformaciones personales que experimentan los hombres y las maneras en que pueden llegar a ser cómplices de relaciones patriarcales de género, y concluye con un examen de las dificultades de encarar el privilegio personal e institucional.

En el capítulo siguiente, el antropólogo Matthew Gutmann analiza cuestiones relacionadas con la desigualdad, el poder y el cambio de género, sobre todo con respecto a los hombres y las masculinidades.

La dificultad especial de estudiar a los hombres que tienen poder (arriba), a los marginados sociales (abajo) y a aquellos cuyo capital político, social y económico es más intermedio (lateral) enmarca un análisis de determinadas peculiaridades que aparecen en el estudio de los hombres y las masculinidades. Es interesante destacar que Gutmann cuestiona toda separación clara entre masculinidades «hegemónicas» y «alternativas» desde una perspectiva antropológica.

Contrastando las ideas de dominación de género con las de inclusión y resistencia, aborda, mediante estudios etnográficos, la problemática de definir lo que son «hombres reales» y «masculinidades alternativas». El artículo destaca en concreto estos retos conceptuales con la exploración de espacios homosociales, que abarcan desde el Club de Judo Moiliili de Hawái hasta el Jardín Etnobotánico de Oaxaca, en México, así como la «integración de géneros» (tanto respecto a mujeres como a homosexuales) en las fuerzas armadas de los Estados Unidos y en las operaciones de paz de las Naciones Unidas en Haití, Líbano y otros lugares del mundo.

El capítulo siguiente, escrito por el crítico literario David Leverenz, se centra en la búsqueda de modelos de masculinidades alternativas representados por personajes masculinos ancianos de la literatura estadounidense. Como indica Leverenz, aunque el pene erecto sigue siendo «la sinécdoque más elemental para la virilidad y la fuerza masculinas», «cuando se acercan a los ochenta, la mayoría de los hombres se dan cuenta de que, en lugar de decirles “lánzate”, como antes, su pene les dice “abstente”».

Este capítulo analiza una gran variedad de textos, sobre todo novelas estadounidenses modernas, para argumentar que la mayoría de los personajes masculinos de edad avanzada están atrapados en la sinécdoque de su pene.

Los personajes de Philip Roth son los más enojados y solitarios. John Updike, Saul Bellow, Paul Auster, Louis Begley y Marilynne Robinson presentan personajes masculinos mayores que, para tratar de recuperar su virilidad, rescatan la figura de algún hijo o hija. El capítulo analiza también El rey Lear de William Shakespeare y varios de sus descendientes estadounidenses. En muy contadas ocasiones, si acaso, los ancianos descubren una actitud emocional abierta con sus parejas duraderas. En dos aparentes contraejemplos, A Gathering of Old Men de Ernest Gaines y En lugar seguro de Wallace Stegner, la amistad y la intimidad ocultan una rivalidad patriarcal.

Si pasamos al análisis literario, en los tres primeros capítulos de la segunda parte el padre aparece como un posible modelo alternativo de masculinidad. En la primera parte de su artículo, Leverenz cuenta que hacer de padre de dos hijas adoptivas y de un hijo y una hija propios reorientó sus valores y lo ayudó a convertirse en el padre que nunca tuvo.  

Pasar de ser un competidor por un puesto de trabajo a un progenitor igualitario le supuso sacrificar hasta cierto punto su ambición profesional. Sin embargo, también le reportó recompensas diferentes de los placeres del capital cultural.

Su dedicación a la paternidad le hizo arrojar por la borda buena parte de Sigmund Freud y de Jacques Lacan, influyó en su lectura de la literatura estadounidense y lo ayudó a ver el funcionamiento de la masculinidad en sí mismo, en sus amigos y en su vida cotidiana.

En la segunda parte, que ha sido escrita quince años después, Leverenz narra el cambio que experimentó su vida con el fracaso de su nuevo libro y también cuando sus hijos se fueron de casa para ingresar en la Universidad y dejaron de ser el centro de su vida. Al principio intentó contrarrestar la sensación de nido vacío mediante el trabajo intensivo y volviendo tarde a casa. Sin embargo, tanto él como su esposa no tardaron en darse cuenta de que el trabajo no era la solución, sino el problema. Liberados a partir de entonces del «papel, alimentado por ellos mismos, de proporcionar conocimiento, atención y recursos económicos», los dos miembros de la pareja empezaron a dedicarse el uno al otro para conseguir una intimidad adulta vigorizadora y enriquecedora.

Por su parte, el artículo de Bárbara Ozieblo explora las maneras en que se han representado los padres en el teatro estadounidense a fin de estudiar el papel del progenitor masculino y su transformación en obras más recientes de mujeres dramaturgas. En obras clásicas, como las de Eugene O’Neill o Tennessee Williams, aparecen figuras paternas inolvidables; un ejemplo que viene a la mente de inmediato es el padre de Largo viaje hacia la noche. Sin duda, el Stanley Kowalski de Un tranvía llamado deseo también es padre, aunque no se le presente como tal.

Lorraine Hansberry nos proporciona el típico ejemplo del padre ausente de la familia en A Raisin in the Sun. Sin embargo, Ozieblo se centra en particular en dos obras recientes de dramaturgas asiaticoamericanas. En Satellites, Diana Son estudia las relaciones de poder en una familia joven en la que el padre busca trabajo mientras la madre, una profesional de éxito que acaba de dar a luz, trata de combinar la maternidad con el trabajo.

The Architecture of Loss de Julia Cho trata de un padre que había abandonado a su familia y después regresa a casa. Aunque Son especifica la identidad racial, en ninguna de las dos obras la raza desempeña un papel fundamental en las relaciones entre los personajes, de modo que el público tiene libertad para presenciar e interpretar la cuestión más significativa de la paternidad y la manera en que los padres consiguen crear modelos de masculinidad que se alejan del retrato hegemónico tradicional del padre como el poderoso sostén de la familia que no interviene en absoluto en la educación de sus hijos.

Por último, el capítulo de Teresa Requena-Pelegrí analiza la tensión entre la idea cultural de «nueva paternidad» y hasta qué punto este concepto lleva a una transformación real de las costumbres en Atando cabos de Annie Proulx (1993) y Las correcciones de Jonathan Franzen (2007).

A tal fin, sostiene que el desarrollo de una paternidad alternativa tiene lugar en oposición a un modelo hegemónico de masculinidad y paternidad y, por tanto, está intrínsecamente relacionado con el desarrollo de características masculinas no hegemónicas. Por consiguiente, en este artículo se entiende la paternidad alternativa o nueva como un compuesto de características tanto hegemónicas como no hegemónicas en el cual se da prioridad a las primeras, mientras que las segundas siguen coexistiendo y, en ocasiones, salen a la luz.

En consecuencia, la paternidad alternativa no se define como parte de un binomio producido por un desarrollo lineal desde unas prácticas distantes o autoritarias hasta otras más implicadas y cuidadoras, sino, más bien, como un conjunto de características que se destacan en diferentes periodos históricos.

A partir de modelos de paternidad alternativa, los dos capítulos siguientes exploran modelos de hombría no fálicos y no violentos. El capítulo de Josep M. Armengol se centra en varios textos literarios del autor estadounidense contemporáneo Richard Ford, en particular Rock Springs (1987) y Pecados sin cuento (2001), como ejemplos de la posible deconstrucción de la (hetero)sexualidad y la violencia masculinas en la novela estadounidense de hoy en día. Además de explorar las representaciones no fálicas de la heterosexualidad masculina en Ford, Armengol demuestra que sus relatos están poblados de personajes masculinos jóvenes que se enfrentan a la violencia machista —ejercida, en general, por una figura paterna mayor— desde una edad muy temprana y optan, por el contrario, por un modelo nuevo, alternativo y no violento de virilidad. El capítulo también compara y contrasta los relatos de Ford con la película danesa En un mundo mejor (2010), dirigida por Susanne Bier y ganadora de un Oscar, que propone una meditación profunda sobre la violencia masculina.

Esta película ofrece, sin duda, un contrapunto interesante a las novelas de Ford, porque, mientras que su ficción está poblada por niños que se alejan de las figuras paternas violentas, Bier se centra en un padre pacifista que trata de transmitir a sus hijos un modelo de hombría no violento.

De la gran cantidad de series de ciencia ficción, Saga de Ender de Orson Scott Card es, sin duda, la favorita de los lectores. Este universo ficticio en expansión comprende en la actualidad doce novelas, el mismo número de relatos y una larga lista de cómics.

Además, la saga ganó los premios Hugo y Nébula concedidos a la primera novela, El juego de Ender (1985, actualizada en 1991 y actualmente en proceso de adaptación para llevarla al cine), y a la segunda, La voz de los muertos (1986). El capítulo de Sara Martín versa sobre la masculinidad alternativa del protagonista, Andrew «Ender» Wiggin, en las cinco novelas centrales: las dos ya mencionadas, junto con Ender el xenocida (1991), Hijos de la mente (1993) y Ender en el exilio (2008, cronológicamente situada después de El juego de Ender).

El conocido argumento presenta la manipulación de un niño, Ender, por parte de los militares para exterminar a una raza alienígena supuestamente hostil (los fórmicos, apodados «insectores») mientras juega a algo que, según él, no es más que un videojuego. Cuando al final descubre que los fórmicos exterminados no suponían ninguna amenaza, rechaza el militarismo y emprende una vida adulta nómada, dedicada a compensar el genocidio cometido y a impedir que ocurra lo mismo a otra raza de extraterrestres.

Como es evidente, la saga de Card ya ha sido objeto de análisis académicos centrados principalmente en el mal, el militarismo, la infancia, el heroísmo, la sexualidad y el género. Sin embargo, no se ha hecho ningún estudio sobre la masculinidad de Ender, ni mucho menos uno que considere su evolución de niño a hombre, marcada por el despertar de Ender a la conciencia de su culpa genocida, que es lo que Martín pretende ofrecer aquí.

A fin de explorar las relaciones de género alternativas y de cuestionar las representaciones hegemónicas de la masculinidad negra como su premisa principal, el capítulo de Mar Gallego intenta explorar modelos alternativos de hombría afroamericana en algunas de las obras más fascinantes y transgresoras de la escritora Toni Morrison, como Beloved (1987), Amor (2003) y Volver (2012).

Partiendo de percepciones teóricas proporcionadas por estudios de la masculinidad en general, pero sobre todo los de críticas feministas tan destacadas como bell hooks, Patricia Hill Collins y Athena Mutua, Gallego se plantea un doble propósito: por un lado, demostrar brevemente la crítica de las ideas hegemónicas y racistas sobre la masculinidad que guía todas las representaciones literarias de las masculinidades negras que hace Morrison en estas narraciones y, por el otro, examinar otras prácticas y comportamientos que subvierten y deconstruyen explícitamente el statu quo y allanan el camino hacia formas más sanas, holísticas e inclusivas de habitar la hombría negra y los cuerpos masculinos negros.

Dentro de este contexto, resulta de especial utilidad que Mutua haya acuñado la expresión «masculinidades negras progresivas» para analizar los personajes masculinos que pueblan estas novelas y también para iluminar su posicionamiento estratégico con respecto a relaciones de género más equitativas, tanto a nivel familiar como comunitario. Se demuestra así que el proceso de (re)construcción de masculinidades negras alternativas requiere una reconfiguración de los discursos y las prácticas que afectan todo el tejido de la comunidad negra, y va ligado a ella.

Solo mediante la eliminación de las definiciones limitadoras y dañinas de la masculinidad hegemónica ideal, los hombres negros pueden llevar a cabo un cambio positivo que sostenga una transformación crucial y a largo plazo, que al final facilite la armonía y una coexistencia más pacífica entre los sexos.

En el capítulo siguiente, escrito por Aishih Wehbe-Herrera, se analiza la novela póstuma de Arturo Islas La Mollie and the King of Tears (1996) como una exploración más de las relaciones de género.

Wehbe-Herrera analiza la construcción de la masculinidad en esta novela como un ejemplo de la politización de género del macho chicano/latino a finales del siglo XX. En tal sentido, el capítulo trata de la presentación que hace Islas de un personaje masculino que pone en duda los discursos sobre machismo, heterosexismo y discriminación de género a través del relato de sus experiencias personales y que, a su vez, lo muestra cuestionándose constantemente a sí mismo en términos de género.

Esta práctica de autoanálisis incorpora una perspectiva interseccional que aborda sin ambages cuestiones de raza, etnia, clase, género y sexualidad y pone en evidencia los tradicionales privilegios de la masculinidad hegemónica chicano/latina y angloamericana en detrimento de las mujeres y los homosexuales. El capítulo reflexiona sobre el precio que pagan los hombres cuando luchan por llegar a un ideal tan inalcanzable, así como el efecto que tiene esta lucha en su vida emocional y su relación con el mundo.

Situando las masculinidades alternativas como un proceso y un posicionamiento, en lugar de como un resultado firme y definitivo, el análisis de Wehbe-Herrera revela que el ejercicio de las masculinidades alternativas constituye, en sí, una lucha, una contradicción marcada por las alianzas de los hombres con el patriarcado y su desvinculación de él.

Finalmente, la última sección está dedicada a las prácticas de género alternativas que implican traspasar fronteras y límites, tanto figurativos, por ejemplo en el caso de la movilidad social (descendente) (Cuenca), como reales, por ejemplo en el caso de la migración transnacional (Bosch Vilarrubias). En su capítulo sobre las masculinidades «al margen» del capitalismo, Mercè Cuenca explora la relación que se establece en los textos literarios contemporáneos entre moralidad y clase social e intenta demostrar su importancia en la representación de las prácticas alternativas incipientes de masculinidad.

Centrándose en la novela de Paul Auster Sunset Park (2010), Cuenca analiza de qué forma, al producirse la crisis económica de 2008, los hombres empezaron a buscar estilos de vida masculinos alternativos que suponían el rechazo de la acumulación capitalista de dinero y bienes materiales. Sostiene la autora que estos personajes consiguen implicarse en prácticas de masculinidad alternativa que se sustentan ofreciendo cuidados a los demás. Así, al ser representados como ciudadanos solícitos, estos hombres de ficción constituyen una alternativa ética a la masculinidad hegemónica.

Las minorías étnicas transnacionales tienen que reconstruir sus identidades en la diáspora. El último capítulo, escrito por Marta Bosch Vilarrubias, analiza la construcción híbrida de las identidades inmigrantes masculinas, centrándose en el caso de los árabes estadounidenses. Los árabes en la diáspora tienen que reconstruir su masculinidad en un espacio transnacional entre la tradición (adquirida en su lugar de origen, y/o de sus padres o ancestros) y la cultura nueva que encuentran como inmigrantes. Si bien en el caso concreto de los hombres de origen árabe en Estados Unidos los antropólogos han documentado una tendencia a volver al tradicionalismo, existe también cierta negociación identitaria que se abre a nuevas formas de masculinidad.

Este artículo estudia estas configuraciones híbridas y ambivalentes de masculinidad que nos trasmite la literatura contemporánea araboamericana. En concreto, las escritoras árabes estadounidenses posteriores al 11 de septiembre (cuya obra se publica en la actualidad con mayor frecuencia que la de los hombres del mismo origen) exploran en sus novelas las configuraciones de la hombría de los árabes estadounidenses y presentan personajes masculinos que viven en un «tercer espacio», una masculinidad transitoria entre el tradicionalismo y la modernidad, que abre la puerta a una hombría verdaderamente alternativa.

Mediante la exploración de los principales personajes masculinos de novelas araboamericanas como West of the Jordan (2003) de Laila Halaby, Abrázame (2005) de Alicia Erian o A Map of Home (2008) de Randa Jarrar, se elucidan las luchas y las potencialidades de las hombrías dislocadas.

A modo de epílogo, el libro concluye con un debate de preguntas y respuestas sobre las masculinidades alternativas entre Victor J. Seidler y los miembros del grupo de investigación CNM que tuvo lugar en Barcelona en noviembre de 2012. El debate giró en torno a la necesidad de ser escrupulosos al establecer una masculinidad alternativa como modelo ideal y fijo. Por el contrario, las masculinidades alternativas deberían verse como un proceso transformador en el tiempo.

Seidler defiende la idea de una «masculinidad alternativa personificada» en la que los hombres están más «en relación con su cuerpo como parte de la naturaleza, en lugar de limitarse a controlarlos o instruirlos». Seidler ve la necesidad de implicarse en lo que él denomina «masculinidades culturales» y llama a un diálogo entre diferentes masculinidades que incluya la historia de la cultura, así como las historias particulares.

En cuanto al envejecimiento, el epílogo explora la idea de los «múltiples cuerpos» que los hombres llevan durante toda su vida, ya que a edades diferentes corresponden ideas diferentes de la masculinidad. ¿Conducirían las masculinidades alternativas a formas alternativas y diferentes de paternidad? ¿De qué manera cambiarían las masculinidades alternativas las relaciones de género? Se investigan estas cuestiones y se trata de encontrarles respuesta. Sin embargo, lo que importa, al fin y al cabo, es que la exploración de las masculinidades alternativas abra un espacio para que los hombres se cuestionen a sí mismos y demuestren que, a pesar de todo, el cambio es posible y plausible.

Son estos intentos de cambio personal lo que explora este libro, centrándose en los valiosos esfuerzos de algunos hombres para tratar de «avanzar» cambiándose a sí mismos en un mundo que cambia rápidamente.

Referencias bibliográficas

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Grupos de hombres igualitarios

Canviem-ho, Homes per l’equitat de gènere. Ajuntament de Barcelona

AHIGE, Asociación de Hombres por la Igualdad de Género

Hombres por la Igualdad

Centro de estudios de la condición masculina

Red iberoamericana y africana de masculinidades

Homes en Diàleg

Grup de Estudis de Gènere UVIC


[1] De las organizaciones internacionales que trabajan para promover el cambio en los hombres y las masculinidades, una de las más influyentes es el Instituto ProMundo, con sedes en Brasil y en Washington D. C., cuya misión, como indica su página web, es «promover masculinidades y relaciones de género solícitas, no violentas e igualitarias en Brasil e internacionalmente». Su director internacional, Gary Barker, dijo unas palabras en la Asamblea Anual del 2013 de la Iniciativa Global Clinton. Véase: <www.promundo.org.br/en/>.

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