México: La cruda verdad del obradorismo

México: La cruda verdad del obradorismo
Manuel Aguilar Mora · · · · ·

31/08/14

La victoria revolucionaria no es de ningún modo el fruto maduro de la “madurez” del proletariado. La victoria es una tarea estratégica. (León Trotsky, Clase, partido y dirección en España (1940)

La Carta abierta que el ex diputado Gerardo Fernández Noroña dirigió a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) el pasado 12 de agosto representa una ruptura significativa en el movimiento populista burgués, de orígenes neocardenistas, surgido en 1988. Noroña sobresalió durante años como uno de los principales impulsores del obradorismo en el PRD y tuvo una destacada actuación en la legislatura de 2009-12 como diputado del Partido del Trabajo (PT) en una bancada parlamentaria en donde impugnó consistentemente el curso de los legisladores del PRI y el PAN sin olvidarse de recordarles infatigablemente su responsabilidad en el fraude electoral de las elecciones presidenciales del 2006 cometido contra AMLO.

Crisis y bancarrota del PRD

Dicho movimiento, fundamento del surgimiento del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989, dominó durante 25 años la política de los grandes sectores de las masas populares que se oponían al curso gubernamental, constituyéndose desde entonces en el movimiento que avasalló y ocupó el espacio de la izquierda existente, quedando sólo girones testimoniales de la izquierda socialista y clasista. De hecho desde ese año, el surgimiento del movimiento esencialmente electoral encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y la Corriente Democrática expulsada del PRI, se llevó tras de sí a los grupos nacionalistas como el de Heberto Castillo, a los lombardistas y a la mayoría de la entonces existente izquierda socialista y clasista integrada por el viejo partido comunista con sus variadas transformaciones, prácticamente a todos los grupos maoístas y castristas y/o guevaristas e incluso a no pocos trotskistas. A partir de entonces la “izquierda en México” con el PRD a la cabeza fue sinónimo de electoralismo, parlamentarismo y colaboracionismo. En síntesis del más crudo cariz conciliador.

Pero después de más de 25 años de dominación de los métodos conciliadores y moderados de la “izquierda perredista” la situación del país ha descendido a profundidades insospechadas de desigualdad, miseria y violencia reaccionaria. Ante la avalancha que significaron las movilizaciones y protestas contra los fraudes y la imposición priistas, la cúpula gobernante concibió en los años 80’s, con la complicidad del Partido de Acción Nacional (PAN), un plan de “transición democrática” desde arriba que en el 2000, con la victoria de Vicente Fox, el primer presidente no priista, inauguró una caricatura de democracia parlamentaria burguesa. Durante los dos sexenios panistas de Fox y Calderón la degradación y corrupción completas del equipo de recambio fue la tónica con una cereza en el pastel de un colosal fraude en las elecciones presidenciales en 2006. Se recrudeció la violencia con la militarización del combate al narcotráfico en el gobierno de Calderón y así se preparó para 2012, la restauración triunfal del PRI que representa el actual gobierno de Peña Nieto, avalado desde el inicio institucionalmente con el Pacto por México integrado con el trío de los partidos mayoritarios PRI, PAN y PRD. Fueron más de 20 años en que abusando de la confianza de las masas la dirección del PRD acumuló derrota tras derrota para el pueblo mexicano, al mismo tiempo que las jerarquías perredistas se integraban a los puestos gubernamentales, a las curules legislativas y se repartían enormes cantidades de recursos financieros que por ley el Estado concede a los “partidos registrados”, a través del Instituto Federal Electoral (IFE) hoy transformado en Instituto Nacional Electoral (INE), sin que el cambio de letras refleje un cambio sustancial.

Resultado, hoy cual una enorme pirámide los trabajadores y el pueblo pobre y oprimido confrontan la terrible realidad de la contrarrevolución que constituye el cúmulo de las reformas promovidas por Peña Nieto en los campos político, educativo, laboral, de las telecomunicaciones y fiscal.

Las contrarreformas votadas durante 2013 y el presente año, culminando con las “leyes secundarias” aprobadas la primera quincena de agosto por el Congreso de la Unión, significan la venta de las riquezas energéticas (hidrocarburos, electricidad) a las grandes trasnacionales imperialistas. Son la anulación completa del legado de la Revolución mexicana, en especial de los grandes acervos del gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940) y el regreso a la situación semicolonial de completa dependencia y subordinación del país a los intereses imperialistas.

La razón misma de ser de la existencia y legitimidad popular del PRD tanto bajo la dirección de Cuauhtémoc Cárdenas como de la de López Obrador se fundaban ante todo en la defensa de ese legado cardenista original. El PRD se autoerigía como el partido que reivindicaba los mejores logros de la Revolución mexicana, traicionados por el PRI en complicidad con el viejo partido contrarrevolucionario, el PAN surgido en 1939 precisamente con el expreso propósito de echar abajo los logros revolucionarios de la nacionalización del petróleo y la electricidad. Ante el fracaso total de la estrategia del PRD, tanto del sector vinculado a Cárdenas como del vinculado a AMLO, quien ahora encabeza un nuevo partido, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) era muy difícil que no surgieran rupturas y críticas profundas en sus filas.

La carta abierta de Fernández Noroña a AMLO es la primera demostración, todavía con muchas limitaciones pero de una orientación hacia la izquierda, de esta crisis de la estrategia conciliadora y colaboracionista del PRD y de la incapacidad de AMLO de proyectar un nuevo curso revolucionario.

Crisis del liderazgo conciliador

Noroña de entrada define a la contrarreforma energética “como el mayor despojo a nuestra nación en toda su historia”, de un calado, según él, incluso mayor al “robo de más de la mitad del territorio que sufrimos” después de la derrota nacional en la guerra con Estados Unidos de 1847-48. Se pregunta sobre cuál es la razón de que “el pueblo no se haya levantado ante semejante agravio”. Y entonces considera que existen muchas razones para tal situación pero que hay una que tiene especial importancia, se trata de la cuestión fundamental del liderazgo. Dice él: “ese liderazgo marca su conducta, define su actuar y materializa las acciones que la gente realiza para hacer frente a estas ofensivas”. E inmediatamente añade una crítica directa, sin atenuantes a la estrategia conciliadora de AMLO, señalando su enorme responsabilidad: “Ese liderazgo hasta el día de hoy está en tus manos. Y lejos de impulsar una línea de lucha y resistencia, has decidido una línea de no confrontación”

“Una crisis de liderazgo”, precisamente esa es la causa fundamental de la situación deprimente y desastrosa a la que han sometido los grupos dominantes al pueblo mexicano, cuyos arrestos combativos e impulsos de resistencia y sacrificio no los ha escatimado en estos más de dos decenios marcados por movilizaciones y luchas importantísimas pero siempre orientadas a un callejón sin salida por su dirección conciliadora y colaboracionista del PRD y ahora de AMLO.

Noroña repasa la lista de inconsecuentes actitudes y medidas de AMLO en la lucha contra el curso contrarrevolucionario del presidente panista Calderón y ahora contra el gobierno de Peña Nieto: ocultando derrotas, perdiendo tiempo precioso convocando numerosas concentraciones sin proponer planes de acción concretos y negándose a la convocatoria de movilizaciones combativas, tardíamente anunciando un cerco al Senado durante las sesiones de las votaciones energéticas decisivas que un infarto le impidió encabezar a AMLO y quien, sin respetar las instancias de Morena, nombró a su primogénito como el dirigente de las manifestaciones como, apunta Noroña, “si nuestro movimiento fuera una monarquía”.

Noroña sigue sin bajar la mira crítica y le hace notar a AMLO su contradictoria conducta con respecto a “la consulta” popular en 2015 para lograr echar abajo las contrarreformas de Peña que en un principio rechazó como improcedente y que ahora ha propuesto a Morena a que participe en ella, sin por otra parte convocar a unirse con el PRD, que también ha decidido recurrir a tal consulta para derogar las contrarreformas. Y a continuación le lanza las preguntas siguientes:

“En verdad crees que respetarán las firmas y realizarán una consulta una vez que han entregado el petróleo y la energía eléctrica a las trasnacionales? En el remotísimo caso de que hiciesen la consulta, ¿en verdad crees que respetarían el resultado de la misma, que sin duda sería de rechazo a las contrarreformas legales, y que sacarían a las trasnacionales petroleras del país respetando la voluntad popular?”

Noroña reconoce que AMLO no puede ser tan ingenuo como para creerse todo eso pero entonces lo conmina a que sea consecuente y que no puede permitirse seguir sin que nada hubiera pasado, “jugando con las expectativas de la gente”. Y ya encarrerado en su curso afila su bisturí crítico y francamente le señala el error que comete orientando a Morena a un curso destinado al fracaso irremediable:

“Peor aún, me parece que lo que está implícito en tus declaraciones, es que pretendes generar la impresión que de ganar la presidencia en 2018, darás marcha atrás a estas contrarreformas neoliberales. Te han robado a ti y al pueblo de México la presidencia de la República en 2006 y 2012. ¿En verdad crees que en 2018, con las trasnacionales petroleras saqueando al país respetarán un triunfo tuyo a la presidencia de la República? Si no lo respetaron en 2006, cuando las petroleras estaban parcialmente dentro y de manera ilegal explotando nuestro petróleo, o en 2012 que ya se habían metido en serio las trasnacionales, ¿por qué lo harían en 2018, teniendo el control absoluto de nuestras riquezas y contando con “aval” constitucional?”

Contundente Noroña apunta que “la vía electoral está cerrada para acceder a la presidencia” e insta a AMLO a que todavía está tiempo de corregir su error de creer que en 2015 se podrá avanzar mucho y que el 2018 está muy lejano, por lo que no hay que esperar hasta las elecciones de ese año para derrotar al bloque contrarrevolucionario del PRIAN y obligar a renunciar a Peña Nieto por medio de “una rebelión no violenta para iniciar el proceso de recuperación de la libertad de nuestro pueblo”. Finalmente termina haciendo la siguiente convocatoria para las tareas inmediatas:

“Por todas estas razones te emplazo a modificar tu posición, a participar en un amplio movimiento de unidad de todas las fuerzas progresistas, nacionalistas, democráticas, de izquierda en el país, para detener primero, y revertir después, estas contrarreformas neoliberales”.

Consecuencias de las derrotas

La situación de hoy está condenando a las grandes masas a ir de crisis en crisis, de mal en peor. Noroña con su carta expresa que en el obradorismo comienzan también a aparecer por fin signos evidentes de crisis. No es para menos. El propio Noroña tiene una trayectoria que incluye fuertes cuestionamientos, después de todo él fue parte fundamental de la bancada de diputados obradoristas en la legislatura de 2009-12. Su posición no se diferenció en nada de la adoptada por AMLO y sus allegados en acontecimientos clave que afectaron terriblemente a los trabajadores. Nos referimos en especial a la liquidación por Calderón de la compañía de Luz y Fuerza del Centro, con el aplastamiento consecuente que significó en 2009 el golpe tremendo al más viejo sindicato, fundado durante los años revolucionarios, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Esta derrota de los trabajadores que sólo puede compararse con la que sucedió exactamente 50 años antes con motivo de la gran represión con el ejército de la huelga ferrocarrilera por parte del gobierno priista de López Mateos en 1959, provocó el hundimiento de proyectos de resistencia que tenían en el SME su principal motor y guía. Aparte de declaraciones y actitudes rituales sin efecto decisivo alguno, la dirección sindical de Martín Esparza no reaccionó ni de lejos con la contundencia que el terrible golpe ameritaba. Y en ello coincidió por completo con la dirección obradorista con la que tal liderazgo sindical estaba ligada por múltiples lazos.

Igualmente es necesario recordar que desde 2006 ya era evidente la enorme responsabilidad de AMLO en la dirección de un movimiento de masas de proporciones colosales que en lugar de ser el bastión para los cambios políticos drásticos necesarios, por ejemplo un paro nacional, fue dilapidado y dejado como un mero factor de presión sin grandes consecuencias. Fue el propio AMLO quien se jactaba que “no se rompió un vidrio” en la más grande manifestación de descontento en la historia reciente de más de un millón de personas que protestaban en la ciudad de México contra el fraude electoral de julio de 2006. Y también en esos momentos de gran tensión en 2006, el cretinismo electorero obradorista se expresó cuando en los días en que se cernía la amenaza de represión sobre la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), AMLO decidió, en lugar de apersonarse en Oaxaca irse a Tabasco a apoyar la campaña de un candidato ex priista del PRD. El tal candidato resultó derrotado y la represión conjunta de la policía federal y oaxaqueña aplastó a la APPO.

Y ya en 2012 ¿cómo no señalar el escandaloso acuerdo electorero entre AMLO y la dirección conciliadora de los Chuchos del PRD que le permitió a éstos auparse en los más de 16 millones de votos conseguido por AMLO en las elecciones presidenciales para sus acuerdos con Peña Nieto en el Pacto por México?

Noroña avanza no precisamente un gran trecho en su crítica del curso obradorista que ha resultado por completo incapaz de organizar una verdadera estrategia y un bloque popular resistente contra la feroz contraofensiva de un poder depredador implacable en la consecución de sus objetivos contrarrevolucionarios, pero ha producido una ruptura. Seguirán otras.

El poder y el dinero

Una de las cuestiones principales que la situación actual pone en el centro de la discusión del movimiento contra Peña Nieto y el bloque que lo apoya y se beneficia de las medidas de su gobierno, es la cuestión de la estrategia.

El meollo del discurso político de AMLO es el de la ideología liberal de Benito Juárez, un discurso que se enfrentaba a los resabios de la colonia española, a los poderes dominantes en la Nueva España que seguían siendo muy poderosos en el México independiente: los grandes terratenientes y la iglesia católica también propietaria de grandes extensiones de tierra. Pero 150 años después la sociedad mexicana es por completo diferente a la prevaleciente en los tiempos de la Reforma juarista.

El discurso liberal decimonónico se desplegaba fundamentalmente al nivel de las instancias jurídicas, ideológicas y (anti)religiosas. Era un discurso político en el sentido más limitado del término. Por ello para AMLO los grandes problemas nacionales están hoy vinculados principalmente con el funcionamiento del Estado, es un discurso estatista que fustiga la antidemocracia y muy en especial la corrupción estatal. Sus enemigos son ante todo, los altos dignatarios gubernamentales y por supuesto sus partidos, en particular el PRI y el PAN, aunque hoy tendrá que confrontar también a la alta jerarquía perredista.

Para él el panorama social y económico del país se concentra en el Estado y en sus derivaciones políticas centrales. Cuando desciende de las alturas políticas a los niveles sociales, ciertamente constata las grandes llagas que hieren a la población: la miseria, los bajos salarios, el desempleo, la violencia creciente. Pero jamás profundiza en la estructura económica que es la causa primordial de la situación deplorable actual del pueblo mexicano. No hay en él la menor elaboración sobre la situación del régimen capitalista subordinado y dependiente a la economía mundial imperialista.

En el discurso de AMLO no se encuentra una sistematización de la crítica a la voracidad y a la enorme corrupción de los capitalistas mexicanos y extranjeros. En sus iracundas piezas oratorias no hay una denuncia a los horrores del capitalismo. Sus objetivos no son anticapitalistas los únicos cuya resolución podrán lograr el éxito de la lucha por mejores salarios, por el pleno empleo, por el mejoramiento sustancial de las condiciones de salubridad y educación públicas, por la desaparición del secreto bancario, por la expropiación de los grandes negocios energéticos, industriales, comerciales y financieros para ponerlos bajo el control de sus trabajadores. Sin este programa anticapitalista la lucha por la verdadera transformación revolucionaria no se puede plantear realistamente pues la fuente de la catástrofe socioeconómica nacional es el sistema capitalista dominante.

El discurso obradorista se concibe como “republicano”. Es el de la ideología liberal que aspira a crear un país como el que Juárez, según AMLO, quiso para México e instauró en la República restaurada en el siglo XIX. Ni siquiera enfatiza en su discurso político las gestas revolucionarias de los caudillos plebeyos Zapata y Villa como los representantes más radicales de los intereses populares en los acontecimiento de 1910-19.

La lucha revolucionaria hoy en día ciertamente se confronta al Estado, entidad fundamental que avala, mantiene y preserva las condiciones de la reproducción del capitalismo. El Estado es el centro nervioso del sistema, pero el poder estatal capitalista no es el factor del dominio fundamental en la sociedad burguesa. El poder absoluto socioeconómico, y en última instancia decisivo al nivel político, pertenece a la clase dominante (con sus diferentes fracciones, en especial los capitalistas trasnacionales y los grandes burgueses “nacionales”). Pertenece a la clase propietaria de la riqueza nacional, es decir, en la sociedad burguesa el poder absoluto es el del dinero, es de la riqueza, es del Capital, es el origen de todas las políticas y de todas las corrupciones. Poder en la sociedad burguesa significa dinero. Por eso, por ejemplo, la cuestión de la corrupción gubernamental, de los funcionarios, de los partidos, de los diputados y senadores, en suma la corrupción y decadencia del sistema político imperante, que constituye el objetivo central en el discurso obradorista no se puede atacar meramente planteando la reducción de los honorarios y enormes privilegios de los funcionarios públicos. Siendo evidente que es una demanda completamente correcta, lo que fundamentalmente hay que añadir, y ello no lo hace AMLO, es que el poder corruptor de los recursos en manos de los capitalistas es cien veces mayor y circula sin freno alguno en todos los niveles gubernamentales en la forma de sobornos, “moches”, coimas y los numerosos métodos para comprar influencias y privilegios que tienen las grupos capitalistas para penetrar e influir y determinar las decisiones del gobierno.

El nuevo periodo

Estamos ante un nuevo periodo de la lucha de los trabajadores de México y es evidente que las presiones, los reacomodos y las revisiones de las fuerzas políticas estarán a la orden del día. Lo significativo de la carta abierta de Noroña es que ha surgido una ruptura política indudable en el seno del movimiento populista más poderoso del país y además claramente hacia la izquierda del mismo, algo que no había sucedido desde 1988.

Las repercusiones están por verse pero de entrada se puede decir que los argumentos y las propuestas responden a una situación real, a las condiciones de cientos y de miles de trabajadores, estudiantes, maestros y pueblo en general que se están haciendo muchas de las mismas preguntas de la carta de Noroña.

El llamado final de la carta es sentido ampliamente por las diversas fuerzas que consideran por completo agotada y contraproducente la estrategia electoralista y conciliadora del PRD y ahora también de AMLO. Para nosotros esta convocatoria no puede significar sino la lucha por un frente lo más amplio y unido posible de las fuerzas de los trabajadores, de los pobres del campo y las ciudades verdaderamente democráticas, revolucionarias e independientes de la burguesía, el Estado y sus partidos.

Del lado del gobierno de Peña la acción se desarrolla viento en popa. Uno de los directores generales de Pemex declaró que las autoridades de la compañía petrolera nacional se han reunido ya con los representantes de las trasnacionales Chevron, Shell, Exxon, BP, Petrobras, Ecopetrol, PetroChina, la empresa nacional iraní, Cubapetroleo, Petróleos de Venezuela entre otras. Igualmente la Comisión Federal de Electricidad realiza negociaciones para la construcción de infraestructura de energía eléctrica y gasoductos. (La Jornada, 18.08.14).

Con las limitaciones inherentes a la posición política de Noroña, lo que destaca de la polémica abierta por él es el sentimiento que ha estado latente en innumerables manifestaciones, gritado en consignas de los participantes pero jamás retomado por las direcciones conciliadoras. En México las condiciones de un gran paro nacional están madurando en la medida que los acontecimientos se aceleran, Noroña se está haciendo eco de un sentimiento cada vez más compartido por grandes sectores de masas. Hasta hoy ninguna dirección sindical, con excepción de la corriente magisterial disidente la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación), ha convocado a la preparación de un paro nacional. Ciertamente en los sindicatos de petroleros, electricistas, telefonistas, de trabajadores de la educación y de la salud serán necesarios poderosos movimientos de la base para derrotar y echar abajo las direcciones burocratizadas conservadoras e inmovilistas que tienen postrado al movimiento organizado de los trabajadores. Pero la gravedad de la crisis plantea con toda su urgencia este objetivo.

Las condiciones de un paro nacional han estado madurando aceleradamente. En 2006 una lucha radical contra el fraude gubernamental era muy posible que se transformara en un gran paro nacional. Faltó la voluntad política revolucionaria.

Regionalmente existen experiencias de la maduración de las condiciones de rupturas revolucionaria impulsada por las masas trabajadoras del campo y la ciudad. Destacan los ejemplos del EZLN en Chiapas todavía vigente y el de la APPO en Oaxaca reprimido. La descomposición social y sus repercusiones de corrupción y represión crudas en todos los niveles gubernamentales ha producido el surgimiento de los grupos de autodefensa en especial en los dos estados en que esas condiciones de descomposición están muy avanzadas Guerrero y ante todo Michoacán, pero los brotes de las autodefensas están en Jalisco, en Sinaloa, en Tamaulipas y se propagarán en la medida en que el gobierno federal continúe con su política de intervenir militar y policiacamente en los estados sin realmente ir al fondo a la solución de los problemas del desempleo, la existencia de poderosos carteles de narcotráfico y la corrupción consiguiente que conllevan.

Hacia una estrategia revolucionaria

Para triunfar es necesario una estrategia revolucionaria correcta. No es posible lograr victorias de otra forma. La estrategia del triunfo es la anticapitalista. Una lucha que aspire al surgimiento de un México nuevo en el que su destino recaiga en manos de las masas trabajadoras y sus aliados pobres y oprimidos del campo y las ciudades. La organización revolucionaria es clave para lograr este objetivo: una organización que incluya a las fuerzas verdaderamente independientes, democráticas e internacionalistas.

La voluntad política para lograr estos objetivos también está madurando. Los proyectos de alianza y coaliciones prosperan cada vez más. Todavía no cuajan en la constitución de un real frente nacional de lucha contra el gobierno de Peña Nieto y su política pero la tendencia apunta a que ello sucederá con la participación consciente y decidida de los sectores en movimiento. Destaquemos dos de ellos.

En San Salvador Atenco 112 organizaciones se reunieron el 16 y17 de agosto convocados por el Frente en Defensa de la Tierra del lugar cuya lucha heroica data de más de una década defendiendo sus tierras contra el megaproyecto de un nuevo aeropuerto para la megalópolis del valle de México. Entre los participantes se encontraban representantes de poblaciones que defendían sus territorios de los proyectos depredadores de minería a cielo abierto, gasoductos, terminales eléctricas, aeropuertos, despojos de empresas petroleras y gaseras.

Convocado por las normales rurales se reunirán cientos de organizaciones campesinas, sindicales, estudiantiles y de pobladores en general en el Congreso Social de Ayotzinapa, Guerrero los días 30 y 31 de agosto para discutir variados temas entre los cuales la cuestión de la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

Son jalones de organizaciones, promesas de combates, expresiones de un movimiento social que va madurando a un ritmo cada vez más acelerado para ponerse a tono con la velocidad de la crisis que está precipitando a México a una cita fundamental de su historia en este inicio del siglo XXI, exactamente en las fechas en que se celebra el centenario de los triunfos más significativos de los ejércitos plebeyos de Villa y Zapata en la Revolución mexicana.

Manuel Aguilar Mora, historiador y profesor de la UACM, es militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS) de México.

Madera, 27 de agosto 2014

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