Quién tiene el poder en Centroamérica? (2006)

Quién tiene el poder en Centroamérica (1): Más desiguales y cada vez más integrados (2006)
Alexander Segovia
Revista Envío enero 2007
Centroamérica ha sufrido un quiebre estructural en las últimas tres décadas y hoy vive de un nuevo modelo económico, articulado en torno a las maquilas y a los emigrantes y sus remesas. Hoy, la región está experimentando una acelerada integración real que lideran los grandes grupos económicos y las empresas transnacionales. ¿Consecuencia? Tendencias negativas y preocupantes para la democracia y el desarrollo.
El cambio que ha vivido Centroamérica, sus economías y sus sociedades en los últimos 30 años, es dramático. Cuatro factores han incidido en este cambio: los conflictos armados centroamericanos y todas sus consecuencias, las reformas económicas implementadas en los países, la globalización y sus efectos, y cambios demográficos profundos. Todo esto ha alterado los patrones de acumulación y crecimiento en nuestras sociedades.
Y ha producido un quiebre estructural, con dos grandes consecuencias. Ha significado el fin de las economías agroexportadores por primera vez en nuestra historia y con ello, el fin del dominio político de las élites y oligarquías tradicionales, vinculadas a la tierra y a la producción agraria.
A la vez, ha significado la emergencia de un nuevo modelo económico del que se benefician nuevos grupos de poder. El nuevo patrón de crecimiento en Centroamérica, incluido el de aquellas economías que todavía mantienen un sector agropecuario grande la nicaragüense y la guatemalteca ya no se basa en la agricultura, sino en el dinamismo de los servicios y el comercio.
A pesar de un cambio tan drástico, seguimos haciendo análisis de una Centroamérica que ya no existe, seguimos pensando nuestra región como un espacio donde el poder está concentrado en una élite agraria reaccionaria, y seguimos analizando la realidad país por país.

NUNCA TANTA DESIGUALDAD, NUNCA TANTA INTEGRACIÓN
Nunca hemos visto en Centroamérica niveles tan profundos de desigualdad. Y nunca hemos visto avanzar tan rápidamente la integración centroamericana. La presencia de nuevos y poderosos grupos económicos que concentran cada vez más riqueza explica la desigualdad. Igualmente, son esos grupos económicos, y no los Estados, quienes están moviendo aceleradamente la integración regional.
En Centroamérica siempre ha habido grupos económicos poderosos. Lo novedoso es que estos grupos están ya globalizados y ya no tienen como único espacio de acumulación el mercado nacional, sino el mercado regional y el mercado internacional. Algunos de estos grupos centroamericanos están invirtiendo ya en 15 o más países.
También es novedosa la integración regional que estos grupos económicos ya regionalizados, junto a las empresas transnacionales que operan en Centroamérica, están fomentando. En los años 60 y 70 la integración regional se asentaba básicamente en el comercio. Y básicamente, en el comercio de bienes industriales. Aquella fue una integración llevada adelante por élites nacionales que exportaban a Centroamérica y por empresas transnacionales, con un espacio de acumulación que era el nacional. Era promovida por instituciones oficiales de la integración, que pesaban mucho.
Lo novedoso de la integración, real que hoy está sucediendo es que está dirigida por el mercado y no por los Estados centroamericanos. Y por eso, tiene poco o nada que ver con lo que piensan, dicen y firman los gobiernos. No deja de resultar preocupante que esta integración se esté dando en la práctica y sin regulaciones.
La actual integración tiene varias dinámicas. La primera es la del comercio, un factor que siempre ha estado ahí, pero que ya no es el más importante. La segunda es la que genera el turismo, que está integrando a la región muy rápidamente y en la que participan, además de las grandes empresas, pequeños y medianos empresarios y la población centroamericana en su conjunto. La tercera dinámica es la de los mercados laborales, la de nuestra fuerza laboral. Es una de las dinámicas integradoras más reciente, menos conocida, más dinámica y con un dinamismo creciente en los próximos años.
Se conoce mucho de la migración nicaragüense hacia Costa Rica. Se conocía antes de la migración salvadoreña hacia Honduras. Ahora tenemos migración entre todos los países. El caso más reciente es el de zonas de El Salvador que se están llenando de nicaragüenses y hondureños a falta de la mano de obra salvadoreña que se ha ido a Estados Unidos. Es tal esta integración que hay académicos que dicen que ya no tiene ningún sentido hablar de cinco mercados laborales, que tenemos que hablar de uno solo y fragmentado.
La cuarta dinámica es la que más tiene que ver con el cambio en el poder en la región. Es la integración que se está dando con las inversiones intra-centroamericanas, ya no en agricultura o industria sino en negocios que hace 25-30 años ni siquiera se nombraban: turismo, servicios de energía eléctrica, comunicaciones, centros comerciales, bienes raíces. Los grupos hegemónicos que dominan Centroamérica hoy están vinculados a la economía de servicios, a los bienes raíces y al sector financiero. Ya no a la agricultura tradicional, aunque en Guatemala los grupos agroindustriales y agrícolas siguen siendo aún muy poderosos.
UN ESTUDIO NOVEDOSO, COMPLEJO Y EXPLORATORIO
¿Qué implicaciones tiene para el desarrollo y la democracia la integración que impulsan los grupos económicos globalizados de la región? ¿Qué incidencia tienen estos grupos en las decisiones políticas y en la configuración de los sistemas políticos centroamericanos?
Para responder a estas preguntas recopilamos, sistematizamos y analizamos información cuantitativa y cualitativa sobre la nueva integración económica regional, sobre los grupos económicos centroamericanos y sobre las empresas transnacionales que operan en Centroamérica. Entrevistamos a empresarios, políticos y académicos de la región buscando conocer específicamente qué mecanismos utilizan para incidir en las políticas públicas. Finalmente validamos la primera versión de nuestro estudio con académicos y personas conocedoras de la realidad centroamericana.
El tema de estudio era novedoso y complejo. No se trataba de obtener un “quién es quién” en Centroamérica: quiénes son los más ricos, quienes tienen más poder. La investigación tenía un enfoque más dinámico: cómo utilizan el poder que tienen. Era un estudio exploratorio. Es notable la falta de información cuantitativa y cualitativa sobre las inversiones intra-centroamericanas y sobre las operaciones de los grupos económicos. Por esto, las conclusiones y hallazgos del estudio son puntos de partida para investigaciones posteriores sobre la economía política de la integración centroamericana.
EL FENÓMENO DE LA “INTEGRACIÓN REAL”: MANIFESTACIONES, CARACTERÍSTICAS
Existe un acuerdo bastante amplio en los círculos académicos y gubernamentales de la región de que la integración económica de Centroamérica se ha fortalecido notablemente en los últimos 15 años. Este consenso está respaldado por el significativo crecimiento del comercio intra-regional. Según datos del SIECA, entre 1990 y 2004 aumentó de 671.2 millones a 3 mil 439.7 millones de dólares.
Una mayor integración regional se constata también en el incremento de las inversiones intra-centroamericanas e internacionales realizadas por los grupos económicos centroamericanos que operan a escala regional y por las empresas transnacionales con presencia en el área. Resultado: desde principios de los años 90 se registra una creciente integración empresarial, sobre todo en las actividades relacionadas con el comercio y los servicios: básicos, turísticos, profesionales y financieros.
La integración financiera, impulsada por los principales bancos de Centroamérica, ha sido acompañada por una creciente dolarización “de hecho”. En el año 2003, en los países aún no dolarizados Panamá y El Salvador ya lo están, el 40% de los activos totales del sistema financiero estaba en dólares.
La nueva integración centroamericana presenta otras manifestaciones, poco estudiadas. Por ejemplo, la creciente unificación de los mercados laborales que realizan trabajadores y profesionales que han emigrado a otros países de la región en busca de mejores oportunidades de trabajo y mayores salarios. También se expresa en la integración territorial que han desarrollado las poblaciones y las autoridades locales de zonas fronterizas, basándose en especialidades productivas y en características económicas de los territorios en las cuales las fronteras nacionales tienen poco o ningún significado. Los ejemplos más conocidos son el río San Juan entre Costa Rica y Nicaragua; la zona de El Trifinio, entre El Salvador, Guatemala y Honduras; y el área del Golfo de Fonseca, entre El Salvador, Honduras y Nicaragua.
No hay que confundir la integración real la empresarial con esta otra integración, más amplia y compleja, con la cooperación inter-gubernamental, con todas esas iniciativas conjuntas desarrolladas por dos o más países que pueden abarcar prácticamente todos los ámbitos de la vida económica, social, política y cultural de los países. La cooperación en la lucha contra enfermedades contagiosas, en el combate al narcotráfico y al crimen organizado, así como las iniciativas dirigidas a reducir el impacto negativo de los desastres naturales, son ejemplos de esta cooperación inter-gubernamental.
El nuevo proceso de integración económica ha ocurrido fuera del marco de los instrumentos de integración regionales, a pesar de que desde finales de los años 80 se despertó un nuevo interés por la integración institucional, con nuevos acuerdos y con la renovación de los tratados formales de la integración. Lo que hemos visto después es que la integración económica de los últimos 15 años no responde, como en la década de los 60, a una política de integración elaborada por los gobiernos del área y por la institucionalidad de la integración plasmada en acuerdos formales, sino que obedece a acciones individuales de los empresarios nacionales y extranjeros y a iniciativas de la población centroamericana y de algunos gobiernos locales.
Uno de los principales desafíos que enfrentan hoy los gobiernos centroamericanos y las instituciones de la integración centroamericana es cómo institucionalizar el proceso de integración real que se está dando y cómo readecuarlo para que contribuya al desarrollo y a la democracia de la región.

LA ORIENTACIÓN: HACIA AFUERA EL MOTOR: LA GLOBALIZACIÓN
La actual integración económica regional es en gran medida consecuencia directa del proceso de globalización económica, que en su fase actual se caracteriza, entre otras cosas, por la mundialización del libre comercio; por la creciente presencia en el escenario mundial de empresas transnacionales que funcionan como sistemas internacionales de producción integrada y que, de manera creciente, concentran sus inversiones en actividades vinculadas a los servicios; por la expansión y la considerable movilidad de los capitales, unida a la persistencia de las restricciones al movimiento de mano de obra; y por el acceso masivo a la información en “tiempo real” gracias al desarrollo de tecnologías de información y comunicación.
La integración de los 90 se caracteriza por su orientación hacia fuera. Y su objetivo principal es integrar de forma eficiente a Centroamérica a la economía internacional, especialmente a Norteamérica, a través del aumento de los flujos de comercio e inversiones. Esto la hace sustancialmente distinta a la integración de hace cuatro décadas, que tenía¬ como objetivo central promover la industrialización de la región.
La globalización es uno de los factores que más ha contribuido a la modernización e internacionalización de los principales grupos económicos nacionales de Centroamérica. Ante una mayor competencia internacional y ante la limitación de los mercados locales, estos grupos comenzaron paulatinamente a expandir sus operaciones hacia el mercado regional e internacional. Sus movimientos coincidieron con la mayor presencia de las empresas transnacionales en la región.
Atraídas por los procesos de apertura, liberalización, privatización y desregulación de las economías centroamericanas, aumentaron sus inversiones en Centroamérica comprando empresas estatales y adquiriendo empresas privadas, principalmente las del sector industrial tradicional, históricamente propiedad de grupos familiares. Así, desde principios de los años 90 los grupos económicos centroamericanos y las empresas transnacionales comenzaron a “integrar” a Centroamérica expandiendo sus actividades. Cada vez más poderosos económicamente, esto aumentó su influencia política y social.
A LA SOMBRA DEL CONSENSO DE WASHINGTON
El segundo factor que ha contribuido al fortalecimiento de la integración económica regional, también relacionado con la globalización, es la aplicación, en todos los países centroamericanos de las reformas económicas basadas en el Consenso de Washington. Y aunque los tiempos, los ritmos y el alcance de las reformas fueron diferentes en cada país, todas tuvieron como piedra angular al igual que en el resto de América Latina la liberalización del comercio, una reducción de las barreras arancelarias y no arancelarias y la negociación de tratados comerciales con países extra-regionales. Las reformas comprendieron también políticas de privatización de empresas estatales y de concesión de servicios públicos, medidas de desregulación de las actividades económicas y de los mercados incluyendo el laboral, reformas fiscales y reformas financieras.
Estas reformas tuvieron un profundo impacto en las economías centroamericanas. Por una parte, movieron a una nueva integración de la región con la economía internacional, particularmente con Estados Unidos y México. Por otra, contribuyeron a aumentar los flujos de comercio e inversión dentro de la región. En particular, los procesos de privatización y de concesión de servicios públicos generaron un aumento de la inversión intra-centroamericana e internacional.
Y las medidas de apertura y de desregulación económica, junto con las medidas tomadas por algunos gobiernos del área para facilitar el tránsito de mercancías entre los países El Salvador, Guatemala y Honduras han avanzado en la eliminación de barreras comerciales, simplificación de trámites aduaneros y eliminación de puestos fronterizos, unidas al logro de una relativa estabilidad macroeconómica, influyeron en el comercio intra-regional.
HA SURGIDO UN NUEVO MODELO ECONÓMICO
El tercer factor que ha contribuido a la mayor integración económica de Centroamérica es el proceso de quiebre estructural registrado en la región en las últimas tres décadas, que provocó, entre otras cosas, el fin del modelo agroexportador tradicional, basado en el dinamismo de las exportaciones agrícolas tradicionales a mercados extra-regionales. Por primera vez en nuestra historia los países de Centroamérica ya no son economías agroexportadoras. Y por primera vez, Centroamérica ya no está dominada por élites agrarias tradicionales y oligarquías al menos como las entendimos históricamente, vinculadas a la tierra y a la producción agraria.
En el nuevo modelo económico centroamericano, basado en el dinamismo de las exportaciones no tradicionales agrícolas e industriales (maquila) y de las actividades relacionadas con los servicios y el comercio, el mercado regional constituye el espacio natural de acumulación para los grupos económicos globalizados de la región, un espacio que conocen perfectamente.
Este quiebre estructural explica el inusitado interés mostrado por los países del llamado Triángulo del Norte (El Salvador, Guatemala Honduras) en el proceso de integración en los años 90. Para las empresas transnacionales el mercado regional también es importante porque constituye una plataforma para acceder al mercado de Estados Unidos. Además, en los últimos años y gracias al aumento del ingreso disponible provocado por las remesas familiares, el mercado regional representa un mercado interno ampliado y con poder de compra en el que vale la pena invertir.
MAQUILAS Y EMIGRANTES: PILARES DEL NUEVO MODELO
El nuevo modelo económico centroamericano descansa hasta hoy en tres pilares fundamentales que lo diferencian tanto del modelo agroexportador tradicional como del modelo imperante en el resto de América Latina.
El primer pilar es la nueva inserción internacional de Centroamérica, basada en una nueva integración con Estados Unidos a través de las migraciones y de las exportaciones de maquila. Alrededor de este pilar se articula y funciona el nuevo modelo.
La maquila se ha convertido en la mayoría de los países en el rubro más importante de exportación y en una de las actividades más dinámicas, pese a sus notables limitaciones en términos de encadenamientos productivos. Como la maquila que prevalece en la región utiliza intensivamente mano de obra no calificada, contribuye a la generación de empleo, sobre todo femenino, aunque de baja calidad. La exportación de maquila contribuye también a la generación de divisas y a una incipiente transferencia tecnológica.
Las migraciones de centroamericanos hacia Estados Unidos han generado una nueva fuente de divisas, las remesas familiares, que hasta hoy han permitido superar la restricción externa al crecimiento y han contribuido a preservar la estabilidad financiera y cambiaria. Y como las remesas representan un excedente económico adicional, contribuyen al financiamiento de la inversión, refuerzan los patrones de consumo y constituyen uno de los principales instrumentos redistributivos con que cuenta el modelo, contribuyendo de esta manera a la reducción de la pobreza.
Desde otra perspectiva, las migraciones hacia Estados Unidos constituyen en la mayoría de países de la región uno de los principales mecanismos de ajuste global del nuevo modelo, al quitarle presión al mercado laboral local, lo que a su vez amplía los espacios de maniobra para definir e implementar políticas públicas, contribuyendo a la estabilidad social y política. Así, en el nuevo modelo el ajuste del mercado laboral se realiza principalmente mediante la salida de trabajadores hacia el exterior y no a través del aumento del desempleo.
LA IMPORTANCIA DE LA ESTABILIDAD FINANCIERA
El segundo pilar del nuevo modelo económico centroamericano es la estabilidad financiera y cambiaria. Este pilar no es nuevo. Constituyó uno de los pilares del antiguo modelo de desarrollo. Lo nuevo es su fundamentación: a diferencia del modelo agroexportador, en el que la estabilidad cambiaria y la baja o moderada inflación descansaba en las divisas generadas por los productos primarios de exportación, ahora se sustenta en la disponibilidad de dólares proveniente de las nuevas fuentes de divisas, particularmente de las nuevas exportaciones no tradicionales y de las remesas familiares.
Además, la estabilidad financiera y cambiaria juega ahora un rol distinto al que desempeñó en el modelo agroexportador. En el modelo agroexportador generaba una base sólida para el comercio intra-regional y colaboraba a que la inversión nacional y extranjera invirtiera en el Mercado Común Centroamericano. En el nuevo modelo, el rol fundamental asignado a la estabilidad financiera y cambiaria es favorecer la acumulación de capital en el nivel nacional y regional en las actividades vinculadas con los servicios particularmente, los servicios financieros y en la industria maquiladora, y atraer inversión extranjera a la región, tanto en actividades de exportación hacia Estados Unidos, como en sectores de servicios y comercio que operan en el nivel nacional y regional.
La estabilidad financiera y cambiaria tiene funciones diferentes, dependiendo de la modalidad que el nuevo modelo ha asumido en los distintos países. En la variante salvadoreña es considerada un elemento central para lograr el objetivo de convertir a El Salvador en una plaza financiera y de servicios regional y para integrar totalmente la economía salvadoreña a la norteamericana.
¿MODELO PRODUCTIVO O MODELO ESPECULATIVO? ¿PRODUCCIÓN O CONSUMO?
Los que defienden el modelo actual dicen que el debate entre lo productivo y lo especulativo tiene poco sentido, porque en una economía de mercado los recursos van donde los asigna el mercado, y donde los asigne el mercado es lo mejor. También dicen que por qué tenerle miedo a las economías de servicios, si las economías más desarrolladas son economías de servicios.
Los que no apoyamos el modelo actual decimos que, efectivamente, las economías desarrolladas son de servicios, pero están fundamentadas en una base productiva moderna, eficiente y competitiva. Y el modelo actual de Centroamérica no está fundado en bases productivas fuertes, sino en los emigrantes y sus remesas. La capacidad de consumo de las sociedades centroamericanas ha aumentado sensiblemente en los últimos quince años, y esto es bueno, porque una sociedad que consume más significa que está mejor. Pero, ¿se consume porque hay empleo? No, se consume más por esa fuente externa que son las remesas.

En el modelo previo, el modelo agroexportador, la banca era la gran financiadora de los grupos agroexportadores, que tenía su base en la agricultura. Hoy la banca centroamericana se ha independizado de los sectores locales y ahora la banca ya no está vinculada con la producción real. Su lógica ahora es hacer ganancia en cualquier sector, en el más rentable. Y por eso, los que estudian esta evolución pronostican que en los próximos cinco, diez años, el 70% de todos los créditos de la banca centroamericana serán para el consumo personal y no para las empresas.
Este cambio en la forma de distribuir las riquezas, de distribuir los excedentes, en el control de la banca, es realmente dramático. Aunque hay matices, porque no es lo mismo la estructura productiva de Costa Rica que es la economía que se acerca más al modelo productivo, que a la estructura de El Salvador, en donde en 20 años la agricultura pasó a representar menos del 10% del PIB, en donde el 70-80% de todo el crecimiento se da por el dinamismo de los servicios, y en donde, y por eso, la banca salvadoreña es la más importante de la región.
DEL ESPACIO NACIONAL AL ESPACIO REGIONAL Y APOYADOS POR EL ESTADO
El tercer pilar del nuevo modelo económico centroamericano lo constituye el mercado regional. Tampoco aquí hay novedad, porque este mercado fue uno de los pilares del anterior modelo centroamericano. Lo nuevo es su rol dentro del nuevo modelo: generar una base sólida que permita ampliar los espacios de acumulación de los principales grupos económicos nacionales y de las empresas transnacionales que operan en la región, vinculados a la banca, el comercio y los servicios, incluyendo servicios básicos como las telecomunicaciones y la electricidad.
Esta nueva concepción del mercado regional es lo que explica el surgimiento de la integración real, la que llevan a cabo en la práctica los sectores empresariales transnacionalizados de la región, para quienes es el mercado regional y ya no el nacional su espacio natural de acumulación. El espacio regional-territorial centroamericano tiene importancia vital para el nuevo modelo, aprovechando economías de escala y especialización productiva.

El nuevo modelo económico centroamericano se caracteriza por su orientación hacia afuera, por el papel protagónico asignado a los empresarios, por el rol central otorgado al mercado en la asignación de recursos y por la consiguiente redefinición del papel del Estado, aunque éste continúa teniendo un papel central. Al igual que en el modelo agroexportador, la participación del Estado ha sido decisiva en la configuración del nuevo modelo.
Su función principal ha consistido en generar y garantizar las condiciones básicas para la instauración de un régimen económico basado en el mercado y liderado por el sector empresarial, especialmente el de los grandes empresarios. Entre los principales mecanismos utilizados para este fin el Estado ha empleado las privatizaciones, el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, la reducción de impuestos y el otorgamiento de exenciones y exoneraciones, la liberalización de precios internos y en general, la desregulación de las economías.
LA HORA DE LOS GRANDES GRUPOS ECONÓMICOS Y DE LOS GOBIERNOS EMPRESARIALES
¿Quiénes han sido los actores del reciente proceso de integración económica? Aunque lo han impulsado básicamente los mismos actores económicos que lideraron el proceso del Mercado Común Centroamericano las empresas transnacionales y los grupos económicos nacionales el entorno económico, social y político en el que se desenvuelven hoy es diferente, y por tanto sus actuaciones e interrelaciones son distintas.
En el caso de las empresas transnacionales, su interés por Centroamérica ya no se reduce, como en el pasado, a sacar provecho de las oportunidades que brinda un mercado ampliado y protegido, sino que hoy conciben la región como una plataforma importante para exportar hacia Estados Unidos. Además, y a diferencia del pasado, las inversiones de estas empresas en la región se han diversificado, lo que las hace más influyentes, no sólo porque tienen más poder económico, sino también porque controlan buena parte de los servicios públicos básicos telecomunicaciones, distribución de energía eléctrica, que cuatro décadas atrás estaban en manos del Estado.

En el caso de los grupos económicos, éstos han registrado un proceso de modernización y diversificación que hace que sus actuaciones sean diferentes de las del pasado. En primer lugar, la mayoría de estos grupos ya no tienen como sus ejes principales de acumulación la agricultura tradicional de exportación y la industria tradicional, como sucedía en los años 60 y 70.
Ahora, sus principales intereses económicos se encuentran en los nuevos sectores dinámicos: servicios, exportaciones no tradicionales incluyendo la maquila, turismo y comercio. En segundo lugar, la mayoría de estos grupos están globalizados y conciben el mercado centroamericano, y no el nacional, como en el pasado, como su espacio natural de acumulación. Todo esto, a la vez que ha aumentado su influencia en el ámbito regional, les ha permitido establecer alianzas estratégicas con las empresas transnacionales para operar juntos en los diferentes países, aunque en la mayoría de los casos, desde una posición subordinada.
FAVORECIDOS POR LOS PROCESOS DE PAZ
El cuarto factor que ha incidido en el proceso de integración es el advenimiento de los procesos de paz y democratización, que generaron un clima favorable de estabilidad política y social. Además, desde principios de los años 90 llegaron al poder gobiernos pro-empresariales y empresariales, sobre los que han tenido una influencia significativa los grupos de poder económico. Esto les ha permitido expandirse regionalmente, lo que ha favorecido la integración empresarial. Este ambiente político es sustancialmente distinto al de la época del Mercado Común Centroamericano, cuando nuestros países eran gobernados por regímenes autoritarios, basados en alianzas entre militares y empresarios apoyadas por Estados Unidos.
CONSECUENCIAS PREOCUPANTES PARA LA DEMOCRACIA Y EL DESARROLLO
Sin duda, el actual proceso de integración económica regional ha tenido beneficios importantes para la región en inversión, empleo, mejor aprovechamiento de las capacidades productivas regionales. También ha ayudado a una nueva inserción internacional de la región. Además, representa una buena oportunidad para que las empresas centroamericanas puedan prepararse regionalmente para competir en los mercados internacionales.
Sin embargo, esta integración también ha desencadenado o profundizado tendencias preocupantes en relación a la democracia y al desarrollo de la región. Entre las más negativas destacan una mayor concentración de la riqueza regional en pocas manos y un cambio en la correlación de fuerzas políticas a favor de los grupos económicos regionales y de las empresas transnacionales. Todo esto ha ocurrido en un ambiente de elevados niveles de pobreza, la que si en la década de los 90 disminuyó en términos relativos, aumentó en términos absolutos.
EL TLC CON ESTADOS UNIDOS ACENTUARÁ LOS DESBALANCES REGIONALES
A este desbalance de poder regional social, económico y político ha contribuido además el debilitamiento del Estado y la redefinición de su rol; la crisis de los partidos políticos y su cuestionamiento social y político; la debilidad de actores sociales como las clases medias y el movimiento sindical; la ausencia de fuerzas de izquierda modernas y propositivas; la llegada al poder de gobiernos pro-empresariales y empresariales; y la hegemonía intelectual e ideológica de la corriente neoliberal en la región, que reivindica la supremacía del mercado sobre el Estado y que convierte a los empresarios en el principal actor social dentro del modelo socioeconómico.
Este desbalance se acentuará todavía más al entrar en vigencia el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR), que inevitablemente contribuirá a reforzar al menos a corto y mediano plazo el proceso de concentración de poder económico y político en los ya influyentes grupos económicos nacionales e internacionales que operan en la región. Las condiciones iniciales de partida del tratado favorecen claramente a estos grupos, que son los que tienen dinero, información, contactos e influencias suficientes para aprovechar las ventajas que ofrece el tratado y para evadir sus costos potenciales.

La situación es más preocupante si se considera que debido a la fragilidad de las finanzas públicas y a la debilidad institucional estatal, los gobiernos centroamericanos no están en la capacidad de diseñar y aplicar políticas integrales de desarrollo y de apoyo a los sectores afectados por el tratado, especialmente a la población rural pobre la más numerosa y la que depende de actividades agrícolas, que es la más susceptible de sufrir los impactos negativos del tratado. (Continuará)
QUIÉN TIENE EL PODER EN CENTROAMÉRICA (2) Un retrato de los grandes grupos económicos
La integración “real” que tiene lugar en Centroamérica de forma acelerada y desde hace unos 15 años la protagonizan los grandes grupos económicos de la región, hoy globalizados, y con un claro origen en capitales históricos. Sus aliadas son las empresas transnacionales que operan en Centroamérica. ¿Cómo actúan los “socios” de estas empresas? ¿Y quiénes son estas empresas?
Los grupos económicos centroamericanos que de manera creciente operan en la escala regional e internacional y las empresas transnacionales que tienen presencia en Centroamérica están integrando rápidamente a la región con sus estrategias de expansión y penetración del mercado centroamericano. ¿Quiénes son estos poderosos actores? No pretendemos determinar la magnitud de la riqueza que poseen ni el nivel de ganancias que obtienen. Aún si lo pretendiéramos, resulta prácticamente imposible, porque los grupos económicos regionales, pese a mostrar en años recientes una mayor apertura y transparencia, aún se caracterizan por mantener en secreto sus actividades, sobre todo sus inversiones y sus ganancias.
La revista “América Economía” (julio-agosto 2005) sostiene que el éxito de los grandes grupos de El Salvador, Honduras y Guatemala no puede ser cuantificada, ya que ninguno de ellos informa sobre sus resultados. Lo expresa así esta publicación: El todavía nutrido Club de la Oscuridad Centroamericano es la última paradoja de un mercado cada vez más abierto y competitivo.
AUMENTA LA INVERSIÓN EXTRANJERA
Desde principios de los años 90 inició en Centroamérica un notable proceso de integración empresarial, impulsado por los principales grupos económicos regionales y por las empresas transnacionales presentes en el área. Este nuevo tipo de integración está fundamentado en las mayores inversiones que estos grupos y empresas realizan en los diferentes países.
Como consecuencia de esta integración, la inversión extranjera directa aumentó considerablemente en los últimos 15 años. Entre 1990-99, sus flujos hacia Centroamérica sumaron 13 mil 331.5 millones de dólares, un promedio anual de 1 mil 333.15 millones. Entre 2000-2004, los flujos llegaron a los 10 mil 609.4 millones, un promedio anual de 2 mil 121.9 millones. Con relación al PIB, la inversión extranjera directa alcanzó sus mayores niveles en el segundo quinquenio de los 90, debido a que en ese período ocurrieron la mayoría de privatizaciones en la región, lo que fue aprovechado por las empresas multinacionales y por los grupos económicos locales para invertir en sectores que antes les estaban vedados, como las telecomunicaciones, la energía eléctrica y el sistema financiero.
En cuanto al destino de la inversión extranjera directa, se dirigió principalmente hacia los servicios maquila, telecomunicaciones, energía eléctrica y el comercio, marcando una diferencia notable con lo que ocurría en los años 60 y 70, cuando esta inversión se centraba fundamentalmente en la industria manufacturera. Las nuevas tendencias de la inversión extranjera directa han consolidado un nuevo patrón de crecimiento en Centroamérica, basado en el dinamismo de los servicios y el comercio, lo que a su vez ha acelerado el proceso de terciarización de las economías del área.
En el caso de Costa Rica, la mayoría de los recursos se invirtieron en el sector industrial, servicios y turismo, contribuyendo a fomentar una serie de actividades no tradicionales: industria electrónica, material médico, turismo, servicios de negocios y construcción de proyectos inmobiliarios. La mayor proporción de los flujos de esta inversión en Costa Rica provino de Estados Unidos, un promedio de 63.6% entre 1997-2004. En los últimos años, algunos países europeos como Holanda y Alemania, y países de la región como México, El Salvador y Panamá, también han sido importantes inversores en Costa Rica.

En el caso de El Salvador, entre 1997-2003 la inversión extranjera directa se dirigió principalmente a la industria eléctrica, industria manufacturera, comunicaciones y comercio. Al igual que en Costa Rica, la mayor parte de las inversiones provino de Estados Unidos: en junio de 2003 alcanzó el 67%. Otros países inversores importantes fueron Venezuela, Francia, España y Panamá.
AUMENTA LA INVERSIÓN CENTROAMERICANA
Sobre la inversión directa intra-regional la realizada por empresarios centroamericanos en otros países de la región la información es escasa y poco confiable, porque buena parte de ella no está registrada en las cifras oficiales. Además, la poca información disponible en algunos países sólo cubre un período muy corto de tiempo. A pesar de eso es obvia, con los datos que hay, la importancia creciente de estas inversiones. Las de Panamá y El Salvador resultan las más significativas. El elevado monto de las inversiones salvadoreñas en Costa Rica en los años 2002 y 2003 ($23.4 millones y $25.4 millones) están relacionadas con la construcción de un centro comercial del Grupo Poma de El Salvador. En El Salvador, los países que más han invertido en los últimos años son Costa Rica, Guatemala y Panamá, fundamentalmente en la industria y el comercio.
Vale la pena señalar la importancia de las inversiones nicaragüenses en el sector financiero salvadoreño ($33.1 millones), hecho relacionado con la presencia regional de grupos financieros nicaragüenses. Por la situación interna de Nicaragua durante la revolución sandinista, estos grupos (BAC-Credomatic, Pacific y Lafise) fueron de los primeros en regionalizarse. Sus primeros negocios estuvieron vinculados a los servicios de cambio de moneda, tarjetas de crédito y banca offshore.
Las tendencias de las inversiones intra-centroamericanas en Costa Rica y El Salvador, además de ratificar la vigencia de un patrón de crecimiento basado en el dinamismo de las actividades secundarias y terciarias, indican que los empresarios centroamericanos han sido protagonistas importantes en el proceso de integración regional. Por la falta de información estadística, no es posible determinar qué porcentaje de estas inversiones las realizaron empresas pequeñas, medianas y grandes, aunque existe un consenso bastante amplio en que buena parte de ellas las realizaron los grandes grupos económicos que operan en la región.
EL ORIGEN HISTÓRICO DE LOS GRANDES GRUPOS ECONÓMICOS
Históricamente, la mayoría de los países de Centroamérica con la notable excepción de Costa Rica se han caracterizado por una concentración muy alta del ingreso y de las riquezas en pocas manos, lo que ha hecho que nuestra región sea una de las más desiguales del mundo. Como no existen mecanismos distributivos efectivos, los salarios son bajos y el empleo es escaso y de mala calidad, la gran mayoría de la población centroamericana padece pobreza y exclusión.
Una de las consecuencias directas de la concentración de la riqueza en pocas manos es la existencia de poderosos grupos económicos que históricamente han utilizado su influencia para incidir en todos los ámbitos de la vida social de los países y para ejercer un control directo o indirecto sobre el Estado, el cual ha jugado un papel central en las estrategias de expansión de estos grupos, generando y manteniendo las condiciones que requieren para acumular capital.
Estos grupos económicos surgieron vinculados a la agricultura. De ahí se extendieron, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, a otras actividades económicas: la industria, la banca y la construcción, aunque su principal eje de acumulación siguió siendo la agricultura tradicional de exportación, actividad de la cual obtenían excedentes para invertir en otros sectores.
En esta misma época, y como consecuencia de la aplicación de la estrategia de industrialización sustitutiva de importaciones, surgieron nuevos grupos económicos vinculados a la industria tradicional y al comercio, algunos de ellos provenientes de clases medias que en buena medida se fortalecieron gracias a la expansión del empleo público y de sectores vinculados a las Fuerzas Armadas, que en algunos países accedieron al control del Estado, desde donde impulsaron estrategias de acumulación en diversas actividades económicas.
Según Donald Castillo Rivas (“Acumulación de capital y empresas transnacionales en Centroamérica”, siglo XXI, 1980), los militares componen un grupo económico en ascenso dentro del mapa centroamericano, además de tener en sus manos el poder político y convertirse en árbitros de las diferencias entre los demás grupos o fracciones de la clase dominante. Sin embargo, desempeñan un papel económico distinto en los diferentes países. En Nicaragua y Guatemala se han convertido en empresarios aliados del capital extranjero, con un poder económico y político muy considerable. En Honduras y El Salvador parecieran desempeñar un papel de intermediarios entre el capital extranjero y las economías locales.
POR QUÉ SE EXPANDIERON ESTOS GRUPOS ECONÓMICOS
Como la estrategia de industrialización sustitutiva dependía de las divisas y los excedentes generados en el sector agroexportador tradicional, los nuevos grupos económicos estaban subordinados a las élites agrarias tradicionales.
Aunque en las décadas de los 60 y 70 algunos grupos económicos nacionales comenzaron a expandirse hacia el resto de la región centroamericana, para la gran mayoría de ellos su espacio de acumulación se circunscribía al territorio nacional, al mercado interno, que defendían ferozmente con medidas proteccionistas de todo tipo. Por eso, su influencia política se reducía fundamentalmente al ámbito de cada país. Desde finales de los 70, comenzaron a expandir sus operaciones a toda Centroamérica y en algunos casos a Estados Unidos, México y el Caribe.
Esto se debió a varios factores: a los conflictos armados de los años 80, que llevaron a algunos empresarios de El Salvador y Nicaragua a abandonar sus países de origen o a sacar de ellos su capital para invertirlo en países vecinos y en Estados Unidos; a la crisis estructural de la agricultura tradicional de exportación, que hizo que muchos empresarios agrícolas cambiaran de actividad económica buscando nuevas oportunidades de inversión en el resto de Centroamérica; a la mayor competencia externa, que fomentó una cultura empresarial pro-apertura, posibilitando la expansión natural de los principales grupos nacionales hacia el mercado regional; a la aparición de una nueva fuente de excedente externo: las remesas familiares que envían los emigrantes centroamericanos viviendo en Estados Unidos, que junto a las reformas financieras y a los procesos de reprivatización bancaria registrada en algunos países El Salvador y Nicaragua posibilitaron en los 90 la rápida expansión regional de los principales grupos financieros locales.
También se debió al proceso de modernización empresarial resultante de cambios generacionales y de una mayor preparación de las generaciones jóvenes, educadas generalmente en universidades de Estados Unidos; a la llegada al poder de gobiernos pro-empresariales y empresariales, que han favorecido el proceso de integración institucional y han eliminado obstáculos al comercio y a las inversiones intra-regionales.
LOS MÁS PODEROSOS: LOS SALVADOREÑOS Y LOS GUATEMALTECOS
Como resultado de todo esto, en las últimas dos décadas y en toda la región aparecieron grupos económicos cuyo ámbito de operaciones no es ya el mercado nacional sino el regional. Estos grupos provienen de todos los países, aunque los salvadoreños y guatemaltecos son los más poderosos y tienen estrechas relaciones económicas, sociales y políticas entre sí, debido a sus afinidades ideológicas, al alto grado de integración existente entre los dos países y al hecho de que durante el conflicto armado salvadoreño, algunas de las familias más poderosas de El Salvador emigraron temporalmente a Guatemala, desde donde dirigían sus negocios.
Le siguen en importancia numérica los grupos económicos de Costa Rica algunos con larga presencia en la región y los nicaragüenses, pertenecientes fundamentalmente al sector financiero y los primeros en internacionalizarse, obligados por la situación política interna de Nicaragua durante la revolución sandinista. Los grupos panameños son particularmente fuertes en el sector financiero y los hondureños en el comercial.

En nuestro estudio, es claro que Nicaragua y Honduras aparecen como los países receptores de las mayores inversiones centroamericanas. Y que los empresarios que exportan esas inversiones hacia Nicaragua y Honduras son de Guatemala y de El Salvador.
Estos grupos económicos regionales se caracterizan por ser sumamente diversificados. Operan fundamentalmente en servicios financieros, de transporte, turísticos, construcción, comercio e industria, aunque algunos tienen inversiones importantes en agroindustria y algunos pocos en la agricultura no tradicional. Esta concentración de inversiones en los servicios y el comercio señala claramente que las economías centroamericanas son fundamentalmente economías de servicios, lo cual plantea oportunidades, pero también serios retos para el desarrollo futuro de la región, ya que a diferencia de las economías desarrolladas, han hecho este tránsito sin contar con una base productiva sólida y competitiva que sustente en el mediano y largo plazo las actividades terciarias.
La mayoría de estos grupos económicos tienen intereses en el sector financiero. Esto ha generado una interpretación, bastante generalizada en la región, que afirma que son los financieros los grupos más poderosos y hegemónicos en cada país y en toda Centroamérica. Conviene aclarar que, si bien el sector financiero es uno de los sectores de más rápido crecimiento y más lucrativo, y que efectivamente en todos los países los grupos vinculados a este sector tienen un considerable peso político, no necesariamente los banqueros son en todos los países los grupos hegemónicos. En Guatemala y Honduras no son ni los más poderosos ni los más influyentes. En estos dos países los grupos más poderosos tienen su principal fuente de acumulación en la industria, la agroindustria, en otros servicios y en el comercio, aun cuando también tienen inversiones en la banca.
Algunas personas entrevistadas, conocedoras de los sectores empresariales de la región, señalaron que la industria bancaria ha sido hasta hoy bastante lucrativa, pero no más que otras actividades económicas. Según ellas, la diferencia está en que los bancos son los únicos obligados a publicar el resultado de sus operaciones. Una persona entrevistada en Guatemala comentó que uno de los grupos económicos del país había decidido invertir en la banca no porque fuera un gran negocio sino porque daba prestigio.
CON ALIANZAS ESTRATÉGICAS Y CONNCULOS FAMILIARES
Los grupos económicos de la región tienen alianzas entre ellos en algunas de las áreas donde operan, pero mantienen una fuerte competencia en las actividades más lucrativas: los proyectos inmobiliarios centros comerciales, centros de negocios, construcción de viviendas, los servicios financieros y algunas actividades comerciales como la distribución de vehículos. Son conocidas las alianzas entre diferentes grupos en la actividad de bienes raíces (Grupo Poma y Grupo TACA en el Salvador, Grupo La Fragua y Grupo Pantaleón y Grupo Gutierrez-Bosch y Grupo Castillo en Guatemala); en el sector financiero (Grupo Cuscatlán, Grupo La Fragua y Grupo Pantaleón); y en el sector de tecnología (Grupo Pellas y Grupo Motta).
Los grupos más poderosos tienen alianzas estratégicas con empresas transnacionales y con grupos económicos extra-regionales. Las alianzas del Grupo Agrisal con SABMiller, las del Grupo CABCORP con Ambev, las de los Grupos La Fragua y CSU con Wal-Mart, las del Grupo Pellas con General Electric y con IBM, las del Banco Cuscatlán con el Citigroup y las del Grupo Poma con el Grupo Carso de México, son algunas de las más destacadas.
La gran mayoría de los grupos nacionales tiene vínculos familiares, que han sido bastante estudiados en los diferentes países. Esto les facilita establecer alianzas, intercambiar información y coordinar sus actividades de incidencia política. Muchos de los grupos centroamericanos ahora globalizados pertenecen a las familias que tradicionalmente han detentado el poder económico en la región, lo que evidencia la notable modernización registrada al interior de las élites económicas centroamericanas.
Es importante el rol de estos grupos en la integración centroamericana, es enorme su poder económico y por tanto, político, hoy más concentrado que nunca. Y esto ha reforzado el proceso de diferenciación y polarización que se viene registrando al interior de los sectores privados desde principios de la década de los 90, ya que estos poderosos grupos se han despegado literalmente del resto de sectores empresariales, conformando una estructura empresarial nacional y regional mucho más polarizada y desigual, lo que plantea serios desafíos para la democracia y el desarrollo en nuestra región.
DE LA MANO CON PODEROSAS TRANSNACIONALES
El otro actor de la integración empresarial centroamericana son las empresas transnacionales, que desempeñaron un papel central en la integración de los años 60 y 70, período en el que, además de controlar las industrias más dinámicas e intensivas en uso de capital y establecer monopolios y oligopolios en los mercados nacionales de cada país, controlaban directa o indirectamente el mercado intra-regional, sobre todo el de productos manufacturados y agroindustriales, que les servía como plataforma para exportar alimentos diversificados hacia Estados Unidos.
Dependiendo de la sensibilidad política del sector en el que operaban y de los costos de transporte, las empresas transnacionales definieron en aquellos años el número de centros de producción requeridos para alcanzar importantes cuotas de mercado en los países de la región. Así, las empresas transnacionales de bebidas, de tabaco y del sector farmacéutico se caracterizaron por contar con centros de producción en cada uno de los países centroamericanos. En algunas de las industrias de alimentos enlatados concentraron la producción regional en dos o tres centros.
En aquellos años la influencia política, social y económica de las empresas transnacionales fue importante. Por un lado, contribuyeron a modificar el balance de poder al interior de los sectores empresariales de la región fortaleciendo a los nuevos sectores industriales, comerciales y financieros vinculados a la estrategia de sustitución de importaciones. Por otro, contribuyeron a la formación de clases medias formando a ejecutivos de empresas. Cooperaron también al desarrollo e integración de pequeños productores locales a las cadenas de producción agroalimentarias. En el plano político, las empresas transnacionales ejercían una considerable influencia en los gobiernos y en el sistema político, y frecuentemente apoyaron a los gobiernos militares de la época o conspiraron contra gobiernos que ellos consideraban hostiles a sus intereses.

Según Castillo Rivas, en el libro citado, en casi todos los países uno de los aliados de la inversión extranjera fue una nueva clase empresarial, cuyo origen parece ser la descendencia directa de la antigua oligarquía agrícola, los descendientes de comerciantes extranjeros radicados en la región y un flujo continuo de nuevos empresarios, cuyo origen, como clase media alta, proviene de la burocracia y la tecnocracia estatal, así como de los militares de alta graduación. Señala, además, a los comerciantes, en particular, a los inmigrantes judíos, árabes y polacos y a otras minorías de residentes europeos, que controlaban las actividades comerciales más importantes.
En los últimos 15 años las empresas transnacionales han aumentado sensiblemente su presencia en la región, alentadas por las facilidades otorgadas por cada uno de los países a la inversión extranjera, así como por la ampliación de los espacios de acumulación derivada de la privatización y concesión de servicios públicos básicos, sobre todo en los sectores de telecomunicaciones y electricidad, los cuales hasta antes de los años 90 pertenecían al Estado.
También incursionaron, mediante la compra de empresas privadas, en sectores que antes estaban en manos de empresas familiares, como es el caso de las compañías cerveceras y las empresas de cemento. Más recientemente han incursionado en el sector bancario. Dos de las cuatro empresas multinacionales más grandes del mundo, CEMEX y Holcim, se han hecho presentes en la región centroamericana en los últimos años. Holcim está presente en todos los países de la región. CEMEX invirtió en Costa Rica, Nicaragua y Panamá.
COMPRANDO EMPRESAS PRIVADAS, CONCENTRANDO LA RIQUEZA NACIONAL
Entre las 100 empresas más importantes que operan actualmente en Centroamérica, más de la mitad (56) proceden de Estados Unidos, 28 de países europeos (Inglaterra, Francia, España, Holanda, Luxemburgo, Suiza, Suecia, Alemania), 9 de países asiáticos (Japón, Corea del Sur), 5 de países latinoamericanos (Costa Rica, México, Colombia) y 2 de Canadá. Un país que en la última década y media ha aumentado sensiblemente la presencia de sus empresas en Centroamérica sobre todo en Guatemala es México. Esto obedece, entre otras razones, a la firma de tratados de libre comercio entre México y algunos países de la región, y al proceso de internacionalización de las principales empresas mexicanas, que tienen mucho interés en el mercado centroamericano ya que representa un mercado natural para ganar experiencia internacional y constituye una plataforma importante para exportar hacia Estados Unidos.
En general, las empresas transnacionales invierten en compañías locales para controlarlas. En la mayoría de los casos, buscan apropiarse de más del 50% de las acciones. En algunas ocasiones, comienzan con una participación minoritaria, pero con el compromiso de aumentarla en un plazo determinado.
Comprando empresas privadas, las compañías transnacionales buscan entrar de manera rápida al mercado, así como aprovechar el conocimiento del mercado, los sistemas de distribución ya establecidos y los contactos con el gobierno, los proveedores y los clientes que ya tienen las empresas locales. Pero estas compras no siempre aumentan el acervo de capital para la producción, como sucede con las empresas nuevas. Tampoco generan nuevos empleos. Además, aumentan la concentración de la riqueza y debilitan las empresas nacionales. Este tipo de adquisiciones provocan cambios en las compañías de propiedad familiar, porque la estructura de capital se hace más abierta y porque la administración se moderniza en la medida que se contratan profesionales, en vez de familiares que hacen carrera dentro de la empresa.
Además de las inversiones en los servicios públicos básicos y en el sector industrial tradicional, algunas empresas transnacionales como INTEL han invertido en la región buscando plataformas competitivas de producción y de logística que les permitan producir bienes y servicios cuyo destino final son Estados Unidos u otros mercados extra-regionales.
HOY: EXTRANJERIZACIÓN CRECIENTE MAÑANA: SUBORDINACIÓN
Como resultado de estos procesos, y al igual que lo ocurrido en el resto de América Latina, se está produciendo en Centroamérica una extranjerización del aparato productivo, que está cambiando la estructura del poder económico a favor de las empresas transnacionales, al desaparecer tanto la hegemonía estatal como la de algunas industrias tradicionales nacionales. Esto ha dado paso a una nueva clase empresarial, liderada por ejecutivos de filiales de empresas transnacionales, lo que es particularmente importante en Costa Rica y Guatemala, los países donde más se concentra la inversión extranjera. Junto con la hegemonía de las empresas transnacionales, se acentúa la influencia de los países de los que provienen esas inversiones.
Sin duda, este proceso de extranjerización de las economías de Centroamérica se profundizará en los próximos años debido a la entrada en vigencia del CAFTA-DR, ya que este Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos abre nuevas oportunidades de inversión a las empresas transnacionales y les brinda mayores seguridades para sus inversiones. Dado el enorme poder económico y político de estas empresas, es de prever que se profundizará el ahora incipiente proceso de adquisiciones de compañías locales pertenecientes a los grupos económicos de la región. Y más temprano que tarde, estos grupos terminarán subordinados a los intereses transnacionales. (Continuará)

DIRECTOR DE INVESTIGACIÓN DEL PROYECTO “TRANSFORMACIÓN ESTRUCTURAL EN AMÉRICA CENTRAL” DE LA UNIVERSIDAD CENTROAMERICANA JOSÉ SIMEÓN CAÑAS DE EL SALVADOR. VERSIÓN RESUMIDA Y EDITADA POR ENVÍO DEL ESTUDIO “INTEGRACIÓN REAL Y GRUPOS DE PODER ECONÓMICO EN AMÉRICA CENTRAL. IMPLICACIONES PARA EL DESARROLLO Y LA DEMOCRACIA EN LA REGIÓN”, FINANCIADO POR LA FUNDACIÓN FRIEDRICH EBERT, Y DE UNA CHARLA DEL AUTOR EN EL SEMINARIO ANUAL DEL APOSTOLADO SOCIAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN CENTROAMÉRICA. SAN SALVADOR, SEPTIEMBRE 2006.

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