Schafik 12

– Lunes, 21 de Mayo de 2007 hora 11:38

Dagoberto Gutiérrez

El año 1969 funciona como una especie de bisagra, una bien aceitada, entre la década del 60 y la del 70, no es sólo el último año del 60 ni la puerta para el 70 sino que es compuerta entre ambas y comparte sus sabores y olores.
En la historia política del país es el año de la guerra con Honduras y en la historia del Partido Comunista de El Salvador es un año decisivo para su división, en la historia de la juventud comunista de El Salvador es el año de la creación de la Unión de Jóvenes Patriotas, la UJP culminó el esfuerzo organizativo que ya había pasado por otras organizaciones como la Juventud 5 de Noviembre, previo a la creación de la Juventud Comunista de El Salvador.
La posición frente a la guerra con Honduras es un tema espeso para seguir la pista del pensamiento político del PCS, esta guerra, como hemos visto, concitó realidades políticas de los dos países y en el caso de Honduras, permitió hablar de reforma agraria sin tocar a los terratenientes, y en el caso de El Salvador cerró una válvula de escape a la creciente presión social y elevó la temperatura de la caldera que condujo a la guerra.
Pienso que en esos momentos decisivos de nuestra historia el Partido Comunista no hizo la reflexión adecuada sobre el momento y yo no conozco, hasta ahora, una posición partidaria que examine la naturaleza de esa guerra, que establezca la posición política justa y determine una orientación necesaria para el pueblo. La Opinión Estudiantil, vocero de la Asociación General de Estudiantes Universitarios hizo un llamado a las armas, coincidiendo con el discurso gubernamental de la época, considero que sigue pendiente, una discusión sobre este aspecto puntual de nuestra historia, porque el llamado a la guerra ignoró en todo caso los orígenes de la misma, los intereses, no populares que se defendieron y que no se trataban de una guerra justa.
La guerra siguió su curso breve y fue interrumpida a las 100 horas; pero allí empezó a escribirse la historia de la guerra verdadera que menos de diez años después estallaría en nuestro país.
En estas dos décadas (60 y 70) se acentuó la presión de las clases medias sobre el Partido Comunista y cuando aparecen las nuevas organizaciones revolucionarias armadas también se produce una especie de cerco político e ideológico sobre el PCS, en realidad la carrera hacia la guerra ya había comenzado.
La Guerra Popular Revolucionaria duró más de doce años pero no es correcta esta figura usual que habla de doce años porque desde la guerra con Honduras, la Oligarquía Cafetalera perdió el recurso precioso de la migración hacia Honduras, se enciende el debate ideológico en el seno de las clases medias, y puede considerarse que toda la década del 70 es parte de la guerra popular.

Como se puede ver esta década resulta ser la antesala de la guerra y es la que contiene los mayores esfuerzos, teóricos y políticos, para construir la fuerza necesaria que enfrentó a la Oligarquía, en este escenario se construye una tendencia histórica que reduce la base social de la dictadura militar de derecha la que va quedando cada vez más sola con su Partido Oficial, el Partido de Conciliación Nacional. Aquí se produce la alquimia mágica que relacionó las izquierdas con las derechas enfrentadas ambas con fuerzas tradicionales de derecha, es cierto que el alambique que destiló los acuerdos alcanzados fue político y no ideológico, también es cierto que las derechas contribuyeron, contra su voluntad, por su torpeza y reducida mirada; pero lo cierto es que lentamente y en el mayor de los fuegos de las luchas de clases, y solo en ese horno de alta temperatura, se alcanzaron acuerdos que en frío jamás se podrán alcanzar en ninguna circunstancia histórica.
Los acuerdos entre las izquierdas no precedieron a este proceso, pero el Partido Comunista, de acuerdo a las condiciones históricas concretas trabajó, con juicio, justeza y oportunidad, el acuerdo histórico de creación de la Unión Nacional Opositora.
Era un entendimiento con la derecha y en contra de otra derecha y es una magnífica escuela, quizás la mejor, de construcción de alianzas políticas. Esto fue antes, insisto, de un acuerdo estratégico con las izquierdas y se da en medio del más encendido debate ideológico pero aquí, se tuvo la sabiduría suficiente para que la vida misma permitiera apreciar las fortalezas y debilidades de la política construida, demás está decir que toda la comisión política del Partido Comunista se empeñó afanosamente en construir este acuerdo y que la cúpula del PDC, Partido Demócrata Cristiano, siendo en su mayoría de derechas, no pudo impedir la creación de la UNO. De nuevo, y hay que insistir en esto, las huelgas magisteriales de 1968 y 1971, fueron el sustento político e ideológico que facilitaron estos acuerdos, ellos pusieron la temperatura social e histórica necesaria para los entendimientos, éstos sólo se logran, así como en el caso de los aceros, en determinados momentos de mayor calor social.
El Movimiento Nacional Revolucionario, junto al PDC y el UDN (Unión Democrática Nacionalista), fue el otro miembro de la UNO, este reunía a gente de izquierdas, socialdemócrata, con fuertes relaciones internacionales, algunos de sus miembros llegaban hasta las posiciones revolucionarias. El Dr. Guillermo Manuel Ungo fue su dirigente hasta la hora de la muerte de éste y la historia política del país cuenta con un político de estatura del Dr. Ungo, lúcido, honrado, leal al pueblo y valiente.

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