Sujeto político, sujeto social y poder popular en El Salvador.

Roberto Pineda[2]                                                       Septiembre  de 2020


[1] Documento base para ponencia el 2 de octubre en el Curso Virtual de Formación Política e Ideológica para Funcionarios Públicos del FMLN, organizado por la Secretaría nacional de Educación Política e Ideológica ,SNEPI, del FMLN.

[2] Roberto Pineda (1959) ha publicado Fuego Cruzado(San José, C:R:1982); las luchas de los movimientos populares1810-2010 (san salvador, 2014); El Salvador: voces de la memoria rebelde (San salvador, 2015); Ideas emancipadoras y tradiciones de lucha Tomo I,II y III (San Salvador, 2016,2017); Crónica de los Patriarcas (San Salvador, 2017); Los Ríos de la Memoria del jaguar rebelde (San Salvador, 2018); y Nace la esperanza, viene el cambio (San Salvador, 2020).

SUMARIO

El tratamiento de los temas del sujeto político, el sujeto social y la construcción de poder popular, son asuntos de carácter urgente, para poder avanzar como izquierda política y social en El Salvador, el debate postergado temporalmente sobre los nuevos desafíos estratégicos,  impuestos por la actual situación nacional y global.  Este es el propósito de este trabajo.

Palabras clave: sujeto político, sujeto social,  poder popular, burocracia, formas de lucha

ABSTRACT

The discussions about the political subject, the social subject and the building of peoples power are key topics of the political and social left in El Salvador, as part of a delated but urgent debate about the new strategical challenges, imposed by the changing national and international situation. This is the objective of this work.

Key words: political subject, social subject, peoples power, bureaucracy, forms of estruggle

Resumen

Para contribuir a este debate[1], entre los temas que trataremos en esta reflexión se encuentran los siguientes: Introducción: ¿Cómo desarrollar un pensamiento crítico?2.Aclaración de términos: sujeto social, sujeto político, poder popular 3. El viejo debate entre reforma y revolución 4. Aparato de estado y lucha de clases, lo político y la política 5. Las formas de lucha: parlamentaria, popular y social 6. Las tres direcciones del instrumento político7. El empleado público como servidor público, visiones sobre la burocracia 8. Las relaciones entre la burocracia política (empleados públicos)  y la organización y lucha popular: conflictos y dilemas9.  La subordinación, la autonomía o el compromiso del movimiento popular con la construcción de poder popular y 10. Conclusiones: la lucha continúa.

1. Introducción: ¿Cómo desarrollar un pensamiento crítico?

Deseo iniciar esta presentación con algunas ideas acerca de lo que se conoce como pensamiento crítico[2], el que considero es un valioso instrumento[3] para la comprensión y debate de los temas de esta sesión, vinculados al sujeto político, al sujeto social y al poder popular.

Entre los elementos del pensamiento crítico[4], hay uno fundamental y es la capacidad de abrirnos a otras ideas, a otros pensamientos, el desarrollar una actitud de búsqueda, de permanente interés en lo que nos rodea, de ruptura con el dogmatismo, una actitud diría socrática de interrogarnos sobre la validez, la actualidad,  la vigencia de nuestros pensamientos. Debemos ser siempre amigos del porqué, del para qué, y del a beneficio de quién, sucede determinado acontecimiento, porque en política nada es casualidad.  

Mantenernos siempre en permanente interrogación, dudar de todo, cuestionar nuestras propias narrativas. Y para esto se necesita que nos informemos, que leamos, que investiguemos, que observemos con una mirada crítica nuestro entorno.  La información nos proporciona una perspectiva, una base para opinar. Y necesitamos beber de diferentes fuentes, de nuestros amigos pero principalmente de nuestros enemigos.

Algunos compañeros lamentablemente solo leen el Colatino y solo escuchan la Mayavisión, están totalmente errados, dogmatizados, parcializados, solo ven una parte del problema, caen en la unilateralidad.   Hay que  conocer  a nuestro enemigo, y para eso hay que leerlo, hay que verlo, hay que analizarlo.[5] Y me refiero a CNN, TCS, LPG, EDH, DEM, etc.

Hay que aprender  a interpretar lo que dicen, ver cuáles son los intereses que están defendiendo, poder leer entre líneas, inferir contenidos de pensamiento, analizar y sacar nuestras propias conclusiones, tener una posición definida, propia. Y además aprender a expresarla, a articularla en pensamientos e ideas, construir nuestro propio punto de vista, y estarlo revisando constantemente, viendo sus lados fuertes y sus lados débiles, evaluarlo con el recurso de la práctica. 

Rosa Luxemburgo[6] , una revolucionaria polaco-alemana, nos hubiera criticado fuertemente por este tipo de conferencias, nos hubiera dicho: la militancia se educa en la lucha de las masas, en las calles, ahí adquiere su conciencia socialista. Estoy exagerando, pero deseo que capten la esencia del mensaje.

Pero como aquí estamos trabajando en el esquema de maestro-alumno, trataré de compartirle ideas alrededor de la temática establecida.[7] Pero nos queda el desafío de cambiar, de ser coherentes entre nuestro discurso y nuestra práctica, incluso en el marco de esta pandemia, de como manejamos la educación política de nuestra militancia de izquierda, en la calle luchando.  

Inicio esta presentación con una conocida cita de Paulo Freire: “Nadie educa  a nadie, nadie tampoco se educa solo, los hombre se educan entre sí, mediatizados por el mundo…Todos aprendemos de todos.”[8]

2. Aclaración de términos: sujeto político, sujeto social, poder popular

El sujeto político

Cuando hablamos del sujeto político en términos generales estamos hablando de “una instancia política para conseguir los objetivos de cambio social.”[9]  Nos estamos  refiriendo a los partidos políticos o a los movimientos y frentes políticos de izquierda, incluyendo también a lo que fueron las organizaciones político-militares.  Pero incluso algunos hablan del sujeto social como el sujeto político, y más concretamente, de las mujeres y los jóvenes como el nuevo sujeto político. [10] A veces se le refiere también como el sujeto revolucionario, y antes, la vieja escuela hablaba, quizás algunos escucharon todavía,  de la vanguardia política.

En concreto nos estamos refiriendo al FMLN, al instrumento político para conducir la lucha de clases, aunque hay que señalar que hay en nuestro país otras fuerzas que entran en esta misma categoría., no debemos ser sectarios.

En el pasado, como PCS[11], de 1930 a 1970, pero  incluso como FMLN[12] durante la guerra, nuestro entendimiento del sujeto político era el siguiente: hablábamos del partido de la clase obrera, de la vanguardia que luchaba por la toma  o conquista o incluso asalto del poder; de dictadura del proletariado  opuesta  a la democracia burguesa, y del movimiento popular o social como organizado, subordinado, manipulado por  el partido de vanguardia, y uno de los  problemas fue que aquí en los años setenta, hubo en algún momento no una o dos, sino más de cinco vanguardias, todas verticalistas, de las que había que esperar que “bajara la línea”.  

No se orientaba sino que se suplantaba. Y esta fue la relación del FMLN con el Bloque Popular Social, BPS,  a principios de este nuevo siglo. Y lo fue antes, en los años ochenta, de la UNTS con el FMLN. Y lo fue antes, a principios de los ochenta, de la CRM con la primera expresión de unidad, la Tripartita (FPL, RN y PCS)  y luego con la DRU, ya con el ERP integrado. Y esta es nuestra herencia, así es que fuimos políticamente educados.

En síntesis, éramos el clon local, tropical, del antiguo partido bolchevique de Lenin, y quizás más de Stalin que de Lenin. Ellos fueron el modelo, el partido guía, el hermano mayor, la madre patria rusa decíamos con sincera ingenuidad, refiriéndonos a su naturaleza proletaria y socialista.   

Estas visiones moldearon fuertemente un tipo de organización y cultura altamente autoritaria, y esto fue reforzado por una larga dictadura y luego por una guerra que requirió altos niveles de compartimentación y de una cultura militarista. Esta es nuestra realidad, nuestra herencia. Y este tipo de organización y cultura genera una militancia dócil y obediente, “disciplinada”, sin debate, sino veamos las votaciones unánimes en las asambleas partidarias, nadie se atreve a disentir, el que levanta la mano pierde.  Se discutía más durante la guerra.

Pero nuestra realidad nos exige romper con estas visiones del siglo XX,  a la vez que rescatar la necesidad de una conducción política que garantice que los estallidos sociales se conviertan en revoluciones victoriosas. Pero esto no es fácil, es una tarea muy compleja que requiere de esfuerzos teóricos, ideológicos  y políticos, de renovación de estilos a la vez que de defensa de nuestros principios. Ese es nuestro desafío.

La experiencia enseña en el Ecuador del 2018,  o el Chile del año pasado 2019, que si no hay conducción tampoco hay revolución, fueron grandes movilizaciones populares diarias, con las plazas llenas de decenas de miles de personas protestando, que no pudieron derribar a sus gobiernos por falta de una conducción única.   

El sistema capitalista es capaz de asimilar las rebeliones, las protestas sin dirección, la resistencia, aunque sean de millones de personas, las aplasta y las asimila. Chile del año pasado y principios de este debe ser  nuestra escuela. El covid no salvó a Piñera, lo salvó la falta de conducción de los combativos sectores populares chilenos.

Las revoluciones triunfantes –Cuba, Nicaragua, Venezuela- triunfaron y se mantienen porque tuvieron conducción política, sujeto político, programa político, alianzas políticas, etc.   

El sujeto social

En relación al sujeto social, este consiste de aquellos actores, fuerzas o movimientos populares y sociales[13], que luchan por un cambio de sistema. El concepto de sujeto social está relacionado con la necesidad de luchar por el reconocimiento, es un papel que no se otorga, se gana en la lucha, se adquiere mediante el esfuerzo en la calle, en la rebelión, en la resistencia, en la lucha por el poder. 

El sujeto social era denominado por la vieja escuelas como fuerzas motrices de la revolución así como existía el concepto de masas (Luxemburgo, Kautsky). Para Luxemburgo, las masas de manera espontanea son las grandes protagonistas  de la transformación social; mientras que Kautsky y Lenin se refieren al  papel orientador del instrumento político sobre esas masas.

Este debate se enriquece en los años sesenta cuando surgen nuevos y poderosos movimientos sociales no vinculados directamente a las estructuras productivas, así como nuevas reflexiones teóricas, tales como el movimiento feminista[14], de la diversidad sexual, indígena, racial, religioso[15], ambientalista[16], de educación dialógica[17] y liberadora, de liberación nacional[18], etc., que se constituyen en desafíos a una visión  economicista y clasista, que se tornaba reduccionista, aislacionista, obrerista.  

Y la posmodernidad en los años ochenta viene a cuestionar el papel rector de la clase obrera y del gran relato socialista. A la posmodernidad siguió el neoliberalismo, modificando de nuevo la visión acerca del sujeto social. De estos últimos desarrollos es que surge el concepto de actor o sujeto emancipador.  

El movimiento popular salvadoreño

En El Salvador los primeros movimientos populares surgen al calor de las luchas independentistas, de las luchas unionistas morazanistas y de las luchas liberales anti oligárquicas, del siglo XIX[19], así como la gesta indigenista de Anastasio Aquino en 1832, que rompe con el esquema de la modernidad. Son cuatro grandes momentos de la lucha emancipadora del siglo XIX.

En el siglo XX con la huelga de los sastres en 1919 inicia una nueva etapa, que pasa por la construcción de la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños, FRTS en 1924, la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños, CGTS, en 1957, la Unidad Nacional de Trabajadores Salvadoreños, UNTS en 1986, y el Bloque Popular Social, BPS en 2003, entre otros esfuerzos.

Desde el surgimiento del sujeto político, del Partido Comunista en marzo de 1930, las organizaciones populares y sociales fueron ya creadas o estuvieron bajo la “influencia” de la llamada vanguardia política, fuera esta, el PCS; y posteriormente, desde octubre de 1980, el FMLN, hasta la actualidad.  

El problema del poder

Y hoy hablemos del poder  y de la construcción de poder popular[20]. El término se originó en las jornadas de lucha de los trabajadores en el gobierno chileno de la Unidad Popular, de los tiempos de Salvador Allende (1970-1973). Es posteriormente retomado por los movimientos populares argentinos particularmente en el marco de las combativas jornadas de diciembre de 2001: “que se vayan todos”  refiriéndose a la clase política. Y luego regresa a Chile y a América Latina, como una reflexión teórica y a la vez una práctica política.

Por muchos años el poder fue percibido como una cosa, como un objeto o un lugar. Incluso en nuestro  imaginario popular el poder se vincula con una fruta, con el olor de la guayaba.  Cuando estemos en la guayaba, se decía. La vieja escuela hablaba de tomar, arrebatar, conquistar, asegurar, asaltar al poder.

Y el poder se encontraba allá en San Jacinto, en Casa Presidencial, en Las historias prohibidas del Pulgarcito de Roque[21]  hay una narración sobre el poder, una marcha que del Zoológico espontáneamente decide dirigirse a casa Presidencial.   Otro edificio simbólico del poder, era el Telégrafo, sobre la calle Rubén Darío, era un espacio clave controlarlo para cualquier golpe de estado. Para la vieja escuela marxista-leninista  el fin es la “toma del poder.”  Y para esto se necesitaba de un partido revolucionario constituido por el sujeto social, por el proletariado, para establecer su dictadura.

Por cierto existe en la actualidad una concepción que es opuesta a esta, de pensadores europeos pero también de movimientos populares y políticos latinoamericanos, que hablan del rechazo, de la “huida del poder.” Entre estos tenemos  a los zapatistas, y se habla del anti-poder, del contra-poder, de la contrahegemonía, de la negación del poder.  

Pero hoy sabemos que el poder es básicamente una relación social de subordinación, y que el poder se construye[22], es una construcción social  determinada por múltiples factores. Lo mismo sucede con el saber, el conocimiento se construye[23], no se enseña…Y esta es como una tercera visión, que algunos militantes de izquierda compartimos.  

Partimos del criterio con Gramsci que el poder no puede empezar a construirse después de tomar el poder, porque entonces, como la experiencia ha enseñado dolorosamente, únicamente se aspira  a ocupar el sitio de los antiguos dominadores, a sustituirlos.  Consideramos que el poder es una relación social de reconocimiento.

Es una relación que se transforma de manera permanente. Y en este marco, todos ejercemos y se ejerce poder sobre nosotros, en la escuela, en la familia, en la iglesia, en la organización popular y  en el partido político. En todos estos espacios circulan relaciones de poder, hay micropoderes[24], redes de poder[25].

El desafío de edificar nuevas relaciones humanas

Por lo que el desafío de la construcción de un nuevo poder, de un poder popular significa básicamente el de crear, edificar, imaginar[26] -como en la canción de John Lennon-, ¿la han escuchado? Estamos hablando de nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas[27].  Y estas solo pueden y deben organizarse desde nuestra cotidianidad, desde nuestra militancia política o social, desde nuestra vida familiar y de residencia.

Pero si el otro es un objeto para mi, un instrumento, una escalera para ascender socialmente,  y no un camarada, lo que estamos haciendo –óigase bien- es reproducir el poder de dominación. Por lo que no basta llamase camarada repetidamente, o revolucionario del diente al labio, sino pensar y actuar de manera diferente, esto es construir poder popular.  Esta es la esencia de esta cuestión, de esta vaina como dicen los caribeños. No es fácil, pero es posible, lograr una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, entre nuestra discurso y nuestra práctica.

Por otro lado, hoy sabemos que existe el poder real y el poder formal. Y que el poder no se somete a elecciones, es permanente. La familia Poma no somete al voto su propiedad sobre Metrocentro, los Dutriz no someten a voto su propiedad sobre la Prensa Gráfica, los militares no someten al voto su propiedad y uso privativo de las armas, los Estados Unidos no someten al voto su dominación global. Pero al voto si es sometido el ejecutivo, el legislativo, lo judicial  y lo municipal, aquí está la clave.

Nuestra experiencia de construcción de poder popular

En El Salvador, desde 1925 la visión fundamental de la izquierda, el derrotero estratégico, ha sido el de la lucha por la toma del poder. Fue hasta principios del siglo XXI que empezamos a manejar el concepto de construcción de poder popular, e inicialmente desde los movimientos populares y sociales centroamericanos.

Me acuerdo que en julio de 2003 viajamos una delegación salvadoreña, -de la red Sinti Techan y del Movimiento Popular Revolucionario12 de Octubre- a Honduras al IV Foro Mesoamericano, que fue celebrado allá en la Universidad Pedagógica , y ahí parte sustancial del discurso era la construcción de poder popular. 

En esos momentos, las organizaciones populares vinculadas al FMLN estábamos en plena campaña por la postulación de Schafik Handal como precandidato del FMLN para las elecciones presidenciales de 2004. Éramos un grupo de fuerzas que luego en octubre de ese año constituimos el BPS, entre estas ANDES 21 de Junio, MCS, STSEL, ANTA, Cordecom  y el Sector Iglesia (básicamente éramos luteranos y bautistas santanecos).

Luego con la creación del Bloque Popular Social; BPS, en octubre de 2003, esta idea –lo de Schafik-fue retomada, y posteriormente fue incluso aceptada y promovida por la comisión de movimiento social  del FMLN.  En 2004, celebramos en la UES el V Foro Mesoamericano, siendo anfitriones el MPR-12, la red Sinti Techan y el BPS, y de nuevo al centro del programa estaba la tesis del poder popular. 

Luego, el FMLN -mediante FUNDASPAD- incluso realizó en octubre de 2006 el 1er. Foro de Constitución de Poder Popular en El Salvador, con el lema: “Forjamos Poder Popular Local con los pasos de todos y todas avanzando hacia un país con justicia.”

En diciembre de ese mismo año se celebra un taller por el G-7 (aglutinamiento de siete fuerzas sociales, incluyendo el MPT, MPR-12 y el BPS)  y se discute un documento de análisis, con el título  América Latina y el Caribe: Movimientos Sociales, Partidos y Gobiernos de Izquierda en el Nuevo Contexto Regional y Continental, en el que uno de sus énfasis es el de “construir poder popular.” Y la idea fuerza era que no se podía construir fuerza política sin fuerza social. Todo esto en el marco de la celebración en San Salvador, en enero de 2007 del XIII Encuentro del Foro de Sao Paulo.

3 El viejo debate entre reforma y revolución

Uno de los debates teóricos más conocidos en el marxismo es el que se da entre los conceptos de reforma y revolución. Rosa Luxemburgo, una destacada teórica marxista escribió una obra precisamente con ese nombre. En este libro explica porque la lucha electoral y la lucha sindical son claves para construir lo que ella llamaba entonces el factor subjetivo de la revolución y nosotros llamamos la construcción de poder popular.

En nuestro país, en 1970 una de las razones que esgrimió Salvador Cayetano Carpio, entonces de pseudónimo Saúl,  para separarse del PCS fue que su dirección (de la que formó parte de 1945 a 1970) era reformista. Esta dirección por su parte, lo acuso de ser ultraizquierdista.  Actualmente, el FMLN es acusado por otras fuerzas de izquierda de ser reformista por privilegiar la lucha parlamentaria, incluso se acusa a muchos ultraizquierdistas de antes de ser hoy reformistas. Miren como da vueltas la rueda de la historia.

Pero, durante estos veinte años pasados del siglo XXI, en América Latina la lucha parlamentaria, la vía electoral ha sido el camino preferido por la izquierda para enfrentar la ofensiva neoliberal. Incluso se llegó al gobierno en muchos países, (Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, El Salvador) la década pasada fue una etapa de importantes avances electorales para la izquierda. Pero esta tendencia en estos últimos años entró en crisis, a nivel latinoamericano y también en nuestro país, ya que salimos del gobierno. Y esto amerita un balance.[28]

Pero regresando al terreno de la teoría, podemos decir que todavía el grueso de la izquierda latinoamericana se encuentra vinculada al camino parlamentario. Y podemos preguntarnos si el seguir este camino electoral coloca automáticamente a la izquierda latinoamericana en el terreno del reformismo.

Y la respuesta es un rotundo no. Es claro que se puede luchar por reformas dentro del capitalismo y seguir siendo revolucionarios. Pero también es claro que es un camino rodeado de muchos peligros, entre estos el que se termine justificando, acomodándose y embelleciendo el orden oligárquico e imperial.

Pero otra pregunta que debe formularse es en el sentido de ¿cuándo es conveniente luchar por reformas? Cuáles son las condiciones que justifican el uso del camino de las reformas de la vía parlamentaria, del método electoral?  

Desde una óptica de construcción de poder popular, una condición sine qua non radica en que estas reformas permitan fortalecer al movimiento popular[29]. Cada obra gubernamental, proyecto de ley, cada decreto municipal, cada carretera, puente, escuela, pozo de agua, responde a un interés de clase.

Donde se hace, por quien se hace, como se hace, para quién se hace es clave.  No es lo mismo construir en El Espino que en Soyapango. Los lugares, proyectos y el gobierno no son neutrales, no hay proyectos técnicos, son todos políticos, responden a intereses. Y en nuestra visión deben servir para organizar, para concientizar, para movilizar a los sectores populares. En caso contrario, se convierten en un simple juego de intereses de partidos políticos del sistema, o de intereses de grupos económicos.  

Otro aspecto importantísimo es que toda reforma y toda campaña política, particularmente la electoral, debe tener un trasfondo de educación popular. Debe servir para la educación política de los sectores populares, la gente debe involucrarse en la discusión del proyecto o de los puntos del programa, y no podemos crear ilusiones en las reformas en el capitalismo,  sino denunciarlo y esto es construir poder popular. 

Otro punto es que no podemos continuar con el marketing electoral, con cancioncitas pegajosas, o con esbeltas modelos, chineando bichitos chorreados, pintando casas, regalando huacales o laminas o medicinas, igualito a como lo hace la derecha.  Para algunos el cargo se convierte en un fin en sí mismo[30], que deben mantener o mejorar, esto explica el individualismo en las campañas electorales, la búsqueda individual de recursos, la promoción individual en las redes.  

Estoy seguro que la gente espera más de nosotros por ser de izquierda, espera  proyectos o campañas alternativas, diferentes, separadas de las que hace la derecha. Somos diferentes o debemos tratar de ser diferentes. Debemos ser y parecer diferentes que la derecha. Casi siempre somos diferentes, pero ante los ojos de la gente muchas veces parecemos lo mismo.

Otras  veces caemos en el pragmatismo, nos adaptamos al escenario neoliberal, lo que nos lleva  a la defensa del sistema, recomendamos moderación, hasta a veces decimos: hay que pasar de la protesta  a la propuesta, condenando la lucha social, de calle y empujándola a soluciones de oficina, supuestamente técnicas: elaboren un proyecto, a veces decimos.   

O cuando estábamos en el gobierno algunos funcionarios nuestros  decían: hay que ser responsables, hay que obrar con madurez, no hay que desestabilizar, miren que es nuestro gobierno, hay que ser razonables, condenando de nuevo la lucha social, adaptándose al sistema, al orden oligárquico vigente. Incluso hubo casos en que se reprimió la protesta social y popular, y todavía no nos autocriticamos por esto.  Y la gente lo vio, lo experimentó, y lo rechqazó.  

Y finalmente la gente espera de nosotros una ética revolucionaria. Si perdemos la confianza de la gente será difícil recuperarla, es como en una relación de pareja, la confianza es vital. Y esto ha sucedido, porque en política no solo se trata de ser decente, sino también de parecer decente.  La gente nos observa y le resulta fácil interpretar cuando hay un cambio de vida, cambio de vehículo, de vecindario, y en definitiva, esto conduce a un cambio de mentalidad, los negocios se colocan por encima de la lucha. Conozco jóvenes de barriadas populares que ya hoy de diputados no se bajan el saco y la corbata[31]. Es su nuevo uniforme de triunfador.

Hay compañeros que ven las candidaturas o puestos como parte de su carrera política, y manejan la idea de ir ascendiendo, de asesor a diputado, de concejal a alcalde, de diputado a ministro o por lo menos  a miembro de comisión política.  Y los vemos siempre robando cámara, apareciendo en los medios, las mismas personas.  

Algunos hasta tienen el don de la ubicuidad, no es broma, se fotografían en varios lugares a la vez.   El problema con esto es que se pierde la perspectiva de lucha y se concibe como una degradación, como castigo  el regresar a ser militante de base.[32] Esta es una grave deformación ideológica y tiene como raíz el hecho que la base militante mira a la dirección y sigue su ejemplo. Ya decía Schafik y lo repetía insistentemente : hay que predicar con el ejemplo.

La mayoría de la dirección política ocupa o ocupaba, no se ahora, puestos clave en el aparato de estado. Y este es un problema de la izquierda latinoamericana, en un momento el Partido de los Trabajadores de Brasil, el PT,  diseño un interesante método para combatir este flagelo: decidieron rotar periódicamente los cuadros políticos en tres espacios: el aparato administrativo, el partido y el movimiento popular. No sé si continuaran con esta medida, aunque lo dudo.

En definitiva el sistema cuenta con miles de recursos para cooptar al militante de izquierda, y asimilarlo, desde los salarios que son totalmente diferentes a los del obrero común, pero además están los viajes, los viáticos, los asesores, los guardaespaldas, los vehículos oficiales, y el status social de diputado, alcalde, concejal, ministro, etc. El desafío radica en estar dentro del sistema pero seguir siendo un partido alternativo, de ideales de lucha social.

El problema de las relaciones entre ética y política recorre las trayectorias de la izquierda latinoamericana y caribeña. Un caso emblemático es el del PT brasileño, el partido de Lula. Escuchemos a Frei Betto al respecto: “El PT, nacido de los movimientos sociales, al llegar al Gobierno asumió la lógica del estado. Se volvió partido de Gobierno, cuando debería haberse mantenido como partido de la sociedad junto al Gobierno. No es la corrupción lo que más amenaza al PT. Es el riesgo de que el partido no cumpla su papel histórico de agente de la transformación social.”[33] Schafik lo llamaba a esto su misión histórica. [34]

4. Aparato de estado y lucha de clases, lo político y la política

La sociedad es una totalidad compleja en donde coexisten diversas estructuras y procesos. Como una herramienta para entenderla se utilizan diversas imágenes, entre estas la conocida figura marxista del edificio. La base del edificio es la estructura económica mientras que la superestructura la integran lo jurídico-político y lo ideológico. En la realidad, repito, las cosas no son tan sencillas, ya que existen superposiciones y traslapes, fusiones y bordes, etc.  Y lo económico, es solo determinante en última instancia.

Pero tomando esta idea como base podemos decir que el aparato jurídico-político, el estado[35]lo político está integrado por aquellas instituciones y procesos –leyes, ministerios, funcionarios, tribunales, fuerza armada, policía, parlamento, sistema de partidos políticos, y otros- , es el territorio del orden establecido, mientras que la política es el movimiento, la lucha popular y social,  la protesta, la resistencia, la denuncia, es el territorio donde se desarrolla la lucha de clases.  Ambos están interrelacionados.

El aparato jurídico-político reproduce y conserva las relaciones de producción, el sistema capitalista, el orden oligárquico, la dependencia, la sociedad de consumo. Cuando los partidos de izquierda son legales integran el aparato jurídico-político. Cuando son ilegales, están fuera de este  sistema.  Como FMLN hemos estado fuera y hoy estamos dentro.

Los partidos políticos de derecha, por su parte, son funcionales a este  sistema, son partidos del orden capitalista, mientras que a los partidos de izquierda se les generan conflictos y dilemas, incluso rupturas. Aunque algunos optan por volverse funcionales y se adaptan, se integran al sistema, pero otros desde dentro del sistema  luchan por su transformación. Estas son las vías alternativas: ruptura o acomodamiento al sistema, al orden establecido. Como se da esa ruptura esos son otros cinco pesos.

En el caso del FMLN, luego de su fundación en octubre de 1980, hace 40 años,  estuvo fuera del sistema por 12 años, y no solo fuera sino que luchando violentamente por su destrucción, era una fuerza alzada contra el sistema, enemiga del sistema.  Hoy lleva 28 años, desde 1992,  dentro del sistema y contra el sistema, en una relación compleja, contradictoria, de sí pero no, con muchos dilemas y conflictos, como el vinculado a la relación pendular de defensa o rechazo del orden constitucional.

Fíjense que los funcionarios electos –de todo signo-juran públicamente defender la constitución, pero sucede que esta es la constitución contrainsurgente de 1983, la de DAubuisson. Es un conflicto y un dilema. La pregunta clave, fundamental, permanente, cotidiana es: se es fiel con el sistema o con su transformación.

No hay respuestas  sencillas, hay conflictos y dilemas. Pero si existe el peligro del acomodamiento al sistema,  es lo que le paso a Joaquín Villalobos, de la Comandancia General del FMLN por 12 años, quien después de los acuerdos de paz en 1992 planteo que ya no había porque luchar, que la revolución democrática había sido ya consumada.  Y la gente lo escuchó y comprendió la jugada de simulación y lo abandonó, su Partido Demócrata, el PD,  en el 97 desapareció del mapa electoral. 

5. Las formas de lucha: parlamentaria, popular y social

El marxismo admite todas las formas de lucha,  pacíficas y violentas, legales e ilegales, a partir del análisis concreto de la situación concreta, del nivel de desarrollo del factor subjetivo así como de las modalidades de la dominación capitalista.

En la adopción por parte del sujeto político de la forma  de lucha principal, tanto a nivel nacional como local,  debe cuidarse de no cometer dos errores: por una parte, el de confundir sus ideas con el estado de ánimo de la gente e imponer de manera prepotente una determinada forma de lucha, a esto se le llama voluntarismo. Ejemplo: plantear el regreso a la lucha armada en la actual situación cuando nos dirigimos hacia un proceso electoral. Otro error en que puede caerse es el espontaneismo, el confiar en que la gente sin conducción alguna podrá realizar luchas victoriosos, no va suceder así ya que siempre se necesita la conducción.

Vean, todo esto está relacionado. Entre las diferentes formas de lucha que admiten los marxistas para enfrentar a la dominación de la burguesía, se encuentran la lucha parlamentaria, así como la popular y social. Esto en el marco de tres grandes dimensiones del enfrentamiento  entre clases y grupos sociales, de la llamada lucha de clases.

En términos generales se habla de lucha económica, lucha política y lucha ideológica. La lucha económica tiene como propósito el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares, mejores salarios y condiciones de trabajo, educación, salud, vivienda, empleo, etc. El sujeto social – los sindicatos, organizaciones comunitarias, estudiantiles- se forma en la medida que inicia y encabeza estas luchas, que son luchas por reformas en el marco del sistema capitalista.

La lucha política tiene como elemento central la lucha por la toma del poder  y transcurre desde la ilegalidad como organizaciones político-militares que despliegan la lucha armada[36] o insurreccional, o desde la legalidad como partidos políticos que desarrollan la lucha parlamentaria y participan en procesos electorales. La lucha política puede manifestarse en tres dimensiones: como lucha armada, lucha electoral y lucha de masas, o de los sectores populares y sociales, por objetivos políticos.  

La lucha ideológica[37] tiene como eje rechazar la concepción del mundo, la ideología de la burguesía, así como el promover procesos de educación política, que le permitan a los sectores populares comprender  las causas de su situación de pobreza así como de la necesidad de una transformación de la sociedad para resolver los problemas de marginalidad y dependencia.

Pero a veces sucede que los medios, los caminos, las formas de lucha, se convierten en fines y esto ha pasado con la lucha armada, durante la guerra, para algunos solo se era revolucionario luchando en las montañas, o con la lucha de masas, solo se era revolucionario luchando en las calles, o con la lucha electoral, solo se era revolucionario luchando desde el parlamento. No podemos ni debemos absolutizar ninguna forma de lucha porque estas cambian al cambiar las condiciones históricas. Lo importante es pasar de una a otra y hacerlo de manera disciplinada y adecuadamente.

Nuestra experiencia

La experiencia de la izquierda política y social salvadoreña es muy variada. La izquierda política, el PCS, surge en el marco de una gran efervescencia, de una gran movilización  popular de los años 20, que desemboca en una revolución que es derrotada, y viene luego una gran matanza, la de enero de 1932. En días, se pasa de  la legalidad  a la ilegalidad, de locales abiertos y campaña electoral a la lucha armada y luego a la más  profunda clandestinidad, tanto que si dos comunistas se miraban  por la calle ni se saludaban.

En nuestra experiencia, el sujeto político y el sujeto social  han transitado por tres grandes torrentes de la lucha de clases, por tres grandes expresiones del enfrentamiento contra la dictadura militar  y en el nuevo periodo abierto a partir de la reforma política de 1992 : la lucha armada, que abarca básicamente de 1970 a 1992[38], la lucha electoral a partir de 1992 y vigente, y la lucha de masas, que en su modalidad de lucha contra la burguesía, inicia en 1919 con una huelga de sastres y sigue vigente, ya por más de cien años. 

Durante 60 años (1932-1992) el sujeto político actúa desde la ilegalidad y en diversos momentos haciendo uso de la violencia revolucionaria (1932, diciembre de 1944, y 1970-1992), así como utilizando la legalidad burguesa directamente o mediante frentes políticos encubiertos, en seis momentos  (1932, 1944,1958-60,1966-67, 1970-77 y 1992-2020).

El sujeto social, por su parte, actúa también desde la ilegalidad o desde la legalidad conquistada o asumida, desde lo pacífico hasta ejerciendo la violencia. Momento de legalidad fueron los siguientes: 1919-1932, algunos meses de 1944, 1948-52, 1957-1980, y de 1957 hasta nuestros días. Momentos de ilegalidad: 1934-1944, 1944-48, 1952-1957, y el peligroso momento bajo el asedio de la contrarrevolución disfrazada de escuadrones de la muerte 1981-83, similar al vivido en enero de 1932.  También hubo momentos en que el sujeto social asumió la violencia contra el sistema: el periodo 1978-79 y el periodo 1988-89, de violentas demostraciones de calles, huelgas (me acuerdo del heroico AGEMHA, del STISSS) y tomas de instituciones.

Fíjense que casi toda la década del 30 es de ocultamiento, pero el sujeto político sigue vivo, no lograron destruirlo[39]. Y esto permite que se aproveche la coyuntura de la lucha mundial contra el fascismo para sacar la cara, y ya en el 38-39[40] y mucho más en el 40 surgen las primeras expresiones antifascistas[41] de sectores democráticos, civiles y militares que conspiran y se levantan,  el 2 de abril de 1944[42] contra la dictadura martinista, el levantamiento es derrotado pero inspira la movilización de los estudiantes universitarios[43].

Aquí es el sujeto social –no el político- el que hace uso de manera creativa de la forma de lucha de la resistencia pasiva, se declara la huelga general de brazos caídos, nadie va a trabajar, el país se paraliza[44].  Martínez renuncia. En todos estos esfuerzos participan los comunistas, pero escondidos, encubiertos, sin mostrar la cara. 

Fíjense que al General Martínez le preguntaron porque usted triunfó contra experimentados militares el 2 de abril y fue derrotado un mes después, el 8 de mayo,  y por jóvenes estudiantes y el  confesó: no tenía contra quién disparar. La forma de lucha definida lo derrotó.

Lugo se abre un corto periodo de apertura democrática, regresan los exilados, y el sujeto político y el sujeto social, se unifican en un solo organismo, la Unión Nacional de Trabajadores, UNT, para participar en elecciones. Surge de nuevo en mayo de 1944 la lucha política en su vertiente electoral, este es el capítulo dos de lo electoral, el primero fue en 1932. En octubre de 1944 se cierra esta posibilidad y de regreso al exilio, a la cárcel y a la clandestinidad.

Pasa a primer plano la lucha sindical, el sujeto social, pero clandestino. En 1948 el sujeto social, el Comité de Reorganización Sindical, CROS,  sale a la luz pública y es prontamente reprimido, en 1951 y 1952. De esta época es la obra testimonio Secuestro y capucha de Cayetano Carpio[45]. Pero ya en 1957 los comunistas logran derrotar una maniobra divisionista del régimen y se posicionan en la dirección de la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños, CGTS, el sujeto social  había ganado su legalidad[46].

Y también los comunistas, el sujeto político, logran reactivar la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños, AGEUS[47], que publica Opinión Estudiantil, un poderoso instrumento de lucha ideológica. Pero faltaba lo político y es en 1959 que surge el Partido Revolucionario Abril y Mayo, el PRAM, que era ilegal pero abierto, y participa de las jornadas contra la dictadura de Lemus.

Luego vienen los años sesenta, en los que la Revolución Cubana, Fidel Castro, el Che,  la Sierra Maestra, cautivó la imaginación de la juventud de esa época. Frente a la continuación de la dictadura en 1961 se forma el Frente Unido de Acción Revolucionaria, FUAR, y una nueva generación  retoma, treinta años después de 1932, los preparativos para el  despliegue del camino de la lucha armada. Pero el régimen es hábil y clausura esta posibilidad mediante reformas democráticas.  Y ya para 1963 la situación se había enfriado.

Y entonces se retoma la lucha sindical y estudiantil. Y en 1966 surge de nuevo el sujeto político abierto, mediante un frente político, el Partido Acción Renovadora, PAR  Nueva Línea  y la candidatura presidencial del Dr. Fabio Castillo. Era la segunda vez, la primera fue en 1944 con la UNT y la candidatura del Dr. Alejandro Dagoberto Marroquín. La historia seguía marchando.

La campaña fue una gran escuela política, ojo, una gran escuela política, como debe ser toda campaña política de la izquierda. No se ganó en lo electoral, se quedó en tercer lugar,  nos superó el PCN, y hasta el PDC, pero se ganó y mucho, en lo político, en la lucha ideológica, se hablo de reforma agraria por primera vez desde 1932, de reforma urbana, de Cuba, etc. Esta es una gran lección para el desafío que enfrentamos en febrero del próximo año.  

Un viejo amigo de la Jotace, de la Juventud Comunista, me aconsejaba sobre este aspecto: “siempre hay que soplar la llama de la rebelión ( y hacía el gesto de soplar) para que no se apague, para que la derecha no logre apagarla…”[48]

En 1970 el sujeto político se bifurca, la izquierda se divide, un sector, el PCS, continua en la forma de lucha electoral hasta 1977 por medio de una gran alianza política, entre democratacristianos (PDC), socialdemócratas (MNR) y comunistas (UDN),  llamada Unión Nacional Opositora, UNO,  y por otra parte, emerge otro sector, inicialmente las Fuerzas Populares de Liberación, FPL “Farabundo Martí”  y el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, que inician el camino de la lucha armada contra la dictadura militar. 

Posteriormente surge en 1975 la Resistencia Nacional, RN,  y en 1976 el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, PRTC. Ambos sectores, luego de una enconada lucha ideológica, se unifican en diciembre de 1979 y asumen la lucha armada como la principal forma de lucha.

En el periodo 1974-1980 el sujeto social adquiere volúmenes gigantescos en combatividad y masividad, reflejado en las llamadas organizaciones revolucionarias de masas, Bloque Popular Revolucionario (BPR), Frente de Acción Popular Unificada (FAPU), Ligas Populares LP-28 de Febrero, Movimiento de Liberación Popular (MLP)  y el partido Unión Democrática Nacionalista (UDN). Juntas forman la Coordinadora Revolucionaria de Masas(CRM) . Esta gigantesca movilización popular se agota por la represión ya en agosto de 1980. En octubre de 1980 se crea el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

En enero de 1981 el sujeto político unificado en el FMLN realiza una ofensiva que fracasa,  pero que inicia lo que se llamó la Guerra Popular Revolucionaria[49], que concluye en 1992 y que incorpora una gran variedad de formas de lucha, además y junto con la armada, la lucha conspirativa, la lucha clandestina, la lucha en las cárceles, la lucha diplomática, la lucha de solidaridad, la lucha de los refugiados, la lucha mediática[50] y ya casi al final de la guerra, se gana los espacios políticos para la lucha electoral[51].

En fin cada sector del sujeto político y del social aportó su valiosa contribución en estas diversas formas de lucha, que se presentaban como únicas, no obstante la existencia de cinco partido unidos en un solo frente político-militar, el FMLN. A la vez existía una poderosa alianza con fuerzas democraticas, aglutinadas en el Frente Democrático Revolucionario (FDR)[52]. Este periodo es históricamente, nuestra principal experiencia política de lucha por el poder.

En 1992 se logra una solución negociada al conflicto militar que modifica  el sistema político y en septiembre de ese año el FMLN se convierte en partido político legal y asume la lucha electoral como principal[53]. Esto conduce a través de un proceso de acumulación electoral, a ocupar el ejecutivo durante diez años, de 2009 a 2019. Y conduce también luego a dos severas derrotas electorales en 2018 y 2019.  Ahí estamos.  

En el 2020, en esta época del coronavirus, de las caras tapadas, hay que preguntarse de nuevo cuál es la forma de lucha más adecuada al momento, en qué medida la lucha electoral sigue siendo la modalidad más adecuada de lucha, con que la vinculamos en el camino de construcción de poder popular. Febrero de 2021 seguramente nos dará elementos para responder  a esta pregunta. [54]

Las cinco grandes tareas de Schafik junto con un llamado enérgico

Schafik, nuestro principal teórico y conductor  político,  comprendió con claridad el inmenso daño que las practicas electoreras iban a provocarle  al FMLN y el peligro de una derrota ideológica, por eso en su testamento político[55], documento escrito un mes antes de su fallecimiento  plantea a la dirección entrante[56]cinco grandes tareas así como hace un llamado enérgico a la militancia.  Estas tareas y el llamado sigue teniendo –quince años después-una gran vigencia y urgencia en la actualidad.

Como primera tarea plantea Schafik que “se necesita combatir la corrupción en las estructuras de poder en que estamos participando” y hace propuestas al respecto, una contraloría. Dos, “hay que combatir la corrupción y el maltrato a la gente, desde la autoridad que tenemos en esos cargos. Combatir el engaño de ofrecer y después hacer otra cosa”.

Tres  darle tratamiento a “los métodos de intolerancia y verticalismo, que yo los llamaría monárquicos,  en distintos niveles. Cuatro, fomentar la modestia en los dirigentes a todo nivel, su capacidad de escuchar, sobre todo cuando se trata de la base. Cinco, construir y defender la unidad del partido. El partido revolucionario debe ser un colectivo altamente organizado, unido y disciplinado, donde existe diversidad de opiniones y debate, donde se práctica la crítica y la autocrítica, pero no la división.”

Y el llamado lapidario que hace es el siguiente: “el principal combate ideológico deberá dirigirse contra el mezquino interés electorero y la ambición de adquirir poder personal, contra la corrupción, el oportunismo y el arribismo.” Y reconoce autocríticamente que estas enfermedades se hallaban  incluso “del lado en que yo me encuentro.”

6. Las tres direcciones del instrumento político.

El partido de izquierda puede conducir a su militancia por tres grandes caminos, en tres direcciones: el partido como luchador social, como instrumento para la toma del poder y como administrador del sistema.

El partido como luchador social (construir poder popular  es construir socialismo)

El partido como luchador social, constructor de poder popular es una novedad teórica, forma parte de  la contribución que desde América Latina se ha ido construyendo, comenzando desde la teoría de la  dependencia, la teología de  la liberación, la educación liberadora de Paulo Freire, pero fundamentalmente de las luchas populares que han desafiado al sistema capitalista, incluyendo las luchas por la democracia y contra el modelo neoliberal.  

Esta tesis plantea que el poder no se construye  a posteriori sino que a priori, en la cotidianidad social, desde antes de llegar al gobierno, desde antes de controlar el aparato de estado. El poder es una relación social, relación de reconocimiento y es fluida, circula, cambia, a diferencia de las estructuras[57] que son estables, permanentes. Cada persona ejerce cierto tipo de poder y a la vez se ejerce poder sobre nosotros.[58] 

El argentino Dri propone que “crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, crear nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas…”[59] Y estas solo pueden estar basadas en la comunión de ideales, de principios, de compañerismo, de una estrategia decidida de manera participativa,  y son refractarias a la manipulación, el servilismo y la imposición. Surgen del corazón y de una razón emancipadora.

Uno de los requisitos básicos para que las organizaciones populares, el sujeto social,  como el partido, el sujeto político, puedan construir poder popular, construir un proyecto social alternativo propio, diferente al capitalismo, al que podemos llamar socialismo o nueva sociedad, es que sea un movimiento autónomo tanto del Estado como del sujeto político.

Nosotros podemos construir un El Salvador diferente en la medida que nos organicemos y lo decidamos. Nuestro sueño de una sociedad más justa y democrática es posible. Construir poderes horizontales que rompan con la lógica del capitalismo es posible. El socialismo es una aventura horizontal, decían unos compañeros argentinos.[60]

Lo vivimos en la cotidianidad de la amistad. Podemos construirlo desde lo local, desde el territorio, incluso desde lo electoral, en la medida que lo vinculemos siempre a una lucha más amplia, al horizonte nacional, y al horizonte global, en cualquier temática.  En los últimos tiempos hemos olvidado  la perspectiva global, nos hemos enconchado.  Pero contamos con experiencias al respecto.

En 1998-1999 constituimos el capítulo nacional de SAPRIN (Red Internacional de la Sociedad Civil para la revisión Participativa de los Programas de Ajuste Estructural (que estaba coordinada por FUNDE, primero por Alfonso Goitia y luego por Roberto Rubio); y nos movilizábamos semanalmente a nivel global, desde Seattle con un horizonte de lucha planetaria anti-globalización.

Incluso hemos olvidado la perspectiva regional, a principios del siglo nos coordinábamos como movimientos populares (MPR-12, BPS y Red Sinti Techan) mediante el Foro Mesoamericano, incluso realizamos en julio del 2005 el V Foro Mesoamericano en la UES. El sujeto político, el FMLN, por su parte,  mantiene su presencia en el Foro de Sao Paulo, FSP, esta es una presencia clave, estratégica, sino nos auto aislamos. Y esto es parte de la construcción de poder popular.

El movimiento popular construye poder con sus asambleas y sus luchas, son poderes locales, sectoriales que se enfrentan sea al poder del capital o del aparato de estado. Confrontan, negocian, adquieren protagonismo, reconocimiento, eso es poder popular y por medio de redes este puede crecer y desafiar al poder establecido, disputarle su poder. Al crecer este enfrentamiento se necesita una estructura  nacional o regional y esto abre el peligro de la burocratización, del que hablaremos más adelante.

Pero es necesario porque hay que tener claridad que “no se puede esperar que una lucha social no tenga dirigentes que la conduzcan, que sean visibles, que produzcan confianza en la gente que protesta, que inspiren con su ejemplo.[61]

Construir poder popular es construir nuevas relaciones sociales, de reconocimiento, horizontales, que rompa con el esquema de jefe-subordinado, de ordenar y obedecer, que es el corazón del sistema del poder tradicional, basado en el amo y el esclavo, el señor y el siervo, el dirigente y el dirigido.

Modificar el esquema autoritario y patriarcal es un proceso a largo plazo, pero es importante como primer paso comprenderlo, para ir gradualmente desestructurándolo, deslegitimándolo, desarmándolo. Y saber que se puede y se debe construir algo diferente, alternativo, desde lo local, desde la cotidianidad.  

El poder popular desde abajo: la lucha de las comunidades como horizonte emancipatorio

Cuando nuestras comunidad salen a bloquear, a cerrar una   calle ya están ejerciendo poder, poder popular, pero cuando el estado satisface esa demanda –de agua, o de electricidad, o de una pasarela-  este poder de la organización y la movilización se evapora, se diluye, se escapa, queda como experiencia pero no se reproduce en estructuras, no hemos tenido la capacidad de construir una red nacional de comunidades en lucha, a veces lo que sucede es que mediante esta protesta una ONG o una red de ONGs  presenta un proyecto a la cooperación internacional, y se ejecuta mediante la alcaldía, y entonces la lucha se mediatiza.

Fíjense que la gente de las comunidades sale con sus propios recursos, con sus llantas viejas y huacales, y cuando cierran la calle, y queman llantas, se enfrentan al poder del estado, haciendo uso de la violencia o amenaza de violencia, en un acto ilegal, pero justo. Es un acto de fuerza, es un desafío abierto a los poderes constituidos, se está desobedeciendo al orden burgués (a la PNC, a la UMO), es una narrativa local de rebelión emancipadora.

Y luego llega la PNC, la UMO, la PDDH, motoristas envalentonados, a veces la Fiscalía, etc., a amenazar con capturas o a tratar de apagar el fuego de la protesta, negociando: abran aunque sea un carril, manifiestan los representantes del orden establecido. La gente los ha enfrentado y ese enfrentamiento es una alta escuela política de construcción de poder popular, vale por mil cursos y lecciones de teoría. Es la gente empoderándose en la calle, en la práctica, en la lucha popular.

El poder popular desde arriba: las experiencias de Venezuela, Bolivia y Ecuador

Durante las primeras dos décadas del siglo XXI se desarrollaron en América Latina interesantes procesos de cambio político de naturaleza emancipadora, que se plantearon no la tradicional toma del poder, sino la transformación del Estado –figura central del poder- como objetivo último así como la ruptura con el orden neoliberal mediante el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares[62], y usaron en sus narrativas de manera diversa, la figura de construcción de poder popular, pero desde el Estado.  

Este novedoso proceso inicia en Venezuela con la victoria de Hugo Chávez en 1998, y se extiende en el 2005 a Bolivia con la victoria de Evo Morales y a Ecuador en 2007 con el triunfo electoral de Rafael Correa, así como se manifiesta en Uruguay y Argentina. En la actualidad tanto en Bolivia como en Ecuador  la derecha pudo recuperar su control del estado y únicamente subsiste Venezuela insurgente,  en una situación de acoso imperial agresivo y  permanente.

En estos procesos un rasgo común es que se pretendió construir poder popular desde las alturas del poder, desde el Estado, es más, en Venezuela, los ministerios se llaman “del poder popular.” La visión fue la de un Estado como herramienta de transformación, en el cual la llamada “sociedad civil” iba ir gradualmente empoderándose y asumiéndose como parte de “una democracia participativa y protagónica”.

Inicialmente, en estos tres procesos,  se dan proceso de coincidencia entre diversos actores populares   (Movimiento V Republica, sindicatos de cocaleros, movimientos ciudadanos) que construyen  frentes electorales para disputarle el gobierno a la derecha, impulsando a candidatos de izquierda (Chávez, Evo, Correa) que logran la conquista de los gobiernos nacionales.

Se desarrolla una dinámica política, con un nuevo tipo de organización  de naturaleza “movimiento-partido”  que  luego se convierte en una organización “movimiento-gobierno”[63] que constituye una contribución latinoamericana a las luchas emancipadoras, en tiempos de neoliberalismo.

Son procesos que transcurren desde caminos electorales, pacíficos, legales y gradualistas, y que impulsaron un amplio programa de reformas económicas y políticas, calificadas por algunos como expresiones del socialismo del siglo XXI y por otros como modalidades de gobiernos neodesarrollistas y extractivistas, que no rompieron con el capitalismo.

En el caso venezolano que lleva ya 22 años,  la principal expresión de poder  popular la constituyen los Consejos Comunales, que fueron creados en 2006 “de arriba hacia abajo, adscritos a la Comisión Presidencial del Poder Popular.”[64] Antes de los Consejos Comunales estuvieron los Círculos Bolivarianos, creados también por medio de un decreto presidencial. 

El partido como instrumento para la toma del poder  (el poder como relaciones de orden y obediencia)

El partido como instrumento para la toma del poder es el discurso tradicional y vigente en la práctica de la mayoría de la izquierda latinoamericana. Esta fue la experiencia fracasada de los países que construyeron el llamado “socialismo real”. Y expresa la crisis actual de la izquierda.

Esta visión de toma del poder, es bastante difícil modificarla  ya que se sustenta, se alimenta de una cultura nacional, y de una cultura de izquierda autoritaria, que sostiene que  unos pocos saben, dirigen  y la mayoría (la base, los compitas, los sectores populares) necesita ser educada, dirigida, orientada [65]y de esta manera justificar una lógica elitista donde unos mandan y otros obedecen, unos enseñan y otros aprenden.  

En este esquema existe una élite revolucionaria que pretende iluminar a los sectores populares a partir de la tesis que la conciencia viene desde fuera.

Fíjense que uno de los más interesantes debates sobre la toma del poder se encuentra en los evangelios, en la Biblia. Los discípulos se hacen los bigotes y discuten sobre qué puesto van a ocupar en el futuro gobierno, sobre cómo se van a distribuir el poder en el riquísimo templo de Jerusalén, y Jesús los bajo de un tajo de esa nube, explicándoles que en su reino la situación será diferente, el poder será para servir, no para aprovecharse de él y los discípulos quedan confundidos, era difícil entender esta nueva lógica de servicio y no de dominación.[66]

El espirítu electorero

Por otra parte, fíjense que las guerras, las elecciones y mucho más los cargos públicos transforman  a las personas. Una persona común y corriente se vuelve valiente o cobarde en los combates de una guerra, es una situación  extraordinaria estar bajo las balas. Es una situación extrema.

Lo mismo sucede en las elecciones, cuando no hay claridad sobre la construcción de poder popular, una persona digamos reservada, cuando va de candidato es como tocada mágicamente por la misericordia, y comienza a abrazar niños, a pintar casas, a llevar ayuda, a saludar con besito, cuando nunca lo habían hecho, etc.,  y la gente analiza, evalúa, la gente es muy observadora, valora la sinceridad y rechaza la hipocresía, la pose.   

El espíritu electorero es como el espíritu de Navidad, mágico pero breve. A Schafik le gustaba contar un chiste al respecto: se muere alguien y llega donde san Pedro  y este le pregunta, donde querés  ir y él le dice, dejame ir a ver, y se va para el cielo, y ve serafines tocando violines con música clásica y se regresa y le dice, está muy aburrido, y san Pedro le dice: anda ve entonces al infierno, y cuando llega esta un gran cumbión y la gente bailando, comiendo, chupando guaro  y divirtiéndose y entonces regresa donde san Pedro y le dice: envíame al infierno, y lo hace, pero esta vez cuando llega esta todo quemado, en llamas y un gran calor, y les pregunta: pero acabo de venir y había un fiestón y el diablo le dice: es que veniste en tiempo de elecciones, pero ya pasaron.

Bueno, y  ese candidato sonriente y bondadoso,  cuando ya está en el cargo difícilmente regresa  a esas comunidades que visitaba en campaña, hoy hay que gestionar una audiencia. No es broma, lo hemos visto y vivido. Esto tiene mucho que ver con nuestra concepción del poder, para que queremos y buscamos el poder. Y tiene mucho que ver con la situación actual.

Cuando fuimos gobierno hicimos muchos puentes, pero no organizamos a las personas que los transitan, entregamos útiles escolares, vaso de leche, pero no organizamos ni a los jóvenes ni a sus padres y madres, ni transformamos la educación, ni siquiera hicimos una reforma educativa progresista, y esto explica porque la gente no se identificó con esas obras, no se apropió de estos proyectos, los considero ajenos y parte de las obligaciones de todo gobierno. No pudimos ni quisimos construir poder popular, porque la visión era diferente, es una cuestión ideológica, además de política.  

El partido como administrador del sistema  (el gobierno como sumisión  al poder)

El partido como administrador del sistema es un peligro[67] que amenaza a aquellas fuerzas de izquierda que por años han sembrado y cosechado exclusivamente en el campo electoral, que es un campo que responde a la lógica, al discurso de los intereses de la clase capitalista.  

Marta Harnecker opinaba al respecto que existe “una izquierda neoliberalizada que ha reemplazado la creencia en el socialismo por la creencia en el capitalismo democrático, una izquierda que simplemente no cuestiona el sistema…”[68]

Las clases dominantes cuando son inteligentes, descubren que resulta más adecuado para sus negocios un gobierno de izquierda, moderado, cauteloso, prudente, que un gobierno de derecha, reaccionario, que va entrar en choque con el movimiento popular.  Al final se termina como izquierda jugando el triste papel de  administrador de la finca o de la maquila capitalista. Este ha sido el papel de la socialdemocracia y también de algunos partidos o frentes de izquierda.

No podemos seguir administrándole la crisis a la oligarquía, lo hicimos durante diez años,  y peor en alianza con el partido ARENA,  porque con esta conducta política corremos el riesgo de cerrar por un largo, pero largo periodo la opción de izquierda representada por el FMLN.

Ni tampoco podemos actuar bajo la premisa pragmática que hay que ser realistas y que la política es el arte de lo posible,   porque esto nos conducirá tarde o temprano a adaptarnos, a acomodarnos al sistema existente.  No seremos alternativa, opción de ruptura, posibilidad de cambio.

Y para los que sueñan con los cambios, la política no es el arte de lo posible, sino “el arte de descubrir las potencialidades que existen en la situación concreta para hacer posible lo que en ese momento aparece como imposible.”[69]

7. El empleado público como servidor público, visiones sobre la burocracia

Cuando hablamos de la burocracia[70], se debe precisar que los burócratas no son una clase social sino una capa intermedia. Los altos funcionarios responden a los intereses de las clases dominantes mientras  los empleados públicos forman parte del sujeto social  y a veces en los últimos años en nuestro país, a partir de los años ochenta, incluso encabezan las luchas populares, el sujeto social.

La burocracia política[71] es el conjunto de funcionarios y empleados públicos, que llenan las oficinas estatales.  Es un cuerpo jerárquico, autoritario, con una división del trabajo centralizada[72]. Hay también burocracia privada, religiosa, etc.[73]

El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920)  sostuvo la teoría de la dominación de la burocracia[74] y describió magistralmente sus principales características: carácter legal de normas y reglamentos, jerarquía de la autoridad, máxima división del trabajo,  profesionalización,  racionalidad, e impersonalidad. 

Consideraba que la burocracia era un instrumento de dominación[75], mediante el cual los gobernantes justificaban su poder y el sometimiento de sus súbditos, a través de la organización administrativa. 

En su concepción, Weber planta tres tipos de sociedad de autoridad legítima, de poder: la tradicional, donde el poder se trasmite por herencia como en las monarquías,  la carismática, que surge de un líder extraordinario que rompe con el sistema existente y establece un nuevo orden, y la burocrática,  o legal, basada en la racionalidad de normas impersonales, como en las democracias burguesas, con sus partidos políticos y sistema electoral.  

La burocracia en El Salvador

En nuestro caso, con la fundación del estado en 1841[76] nace también la burocracia  en sus dos niveles: funcionarios y empleados públicos. Por mucho tiempo el estado fue muy débil  y eran pocos los funcionarios y empleados públicos. Es hasta la llegada del coronel Osorio en 1944 que comienza a modernizarse el estado.

Históricamente, el partido político en el gobierno ocupa los puestos del estado con su militancia y allegados. Así fue con los funcionarios del Pro-patria del general Martínez; del PRUD del coronel Osorio, del PCN del coronel Julio Adalberto Rivera, del PDC del Ingeniero Duarte, de la ARENA del mayor DAubuisson, del FMLN de Schafik y hoy de NI de Bukele.

Los partidos políticos han sido básicamente partidos de empleados públicos y no es casual, ambas instancias, Estado y partidos, forman parte de la superestructura jurídico-política de la sociedad[77]. Pero entonces el desafío es la ruptura de este orden histórico y cultural, expresión de este sistema de capitalismo neoliberal dependiente, como lo caracterizaba Schafik.[78]

La burocracia de las revoluciones triunfantes

Las revoluciones triunfantes del siglo XX, de origen marxista, comenzando con la rusa de 1917, destruyeron la vieja máquina burocrática del estado zarista, pero se vieron obligados a construir sobre sus cimientos, un nuevo aparato burocrático proletario.  Estos bolcheviques, bajo la conducción política de Lenin, se vieron forzados a utilizar los cuadros técnicos del ancien régime, para garantizar el funcionamiento (de donde viene funcionarios) del nuevo orden proletario socialista.

Incluso los generales zaristas, intelectuales de la nobleza, fueron obligados a enfrentar a la contrarrevolución, a servir al ejército rojo como jefes, pero bajo el control estricto de “comisarios políticos”[79] del partido comunista bolchevique. Todo esto origina una burocracia mayor que la existente durante el zarismo y por supuesto, mucho más poderosa, manejando muchos más recursos.

Los empleados del nuevo estado proletario rápidamente buscaron los medios para ingresar al partido gobernante  y desde ahí alzando la bandera roja, y ya con el anhelado carnet, garantizar su permanencia y privilegios. El mismo Lenin se preocupó pero se vio rebasado por este fenómeno, aunque lo combatió enérgicamente.[80] Por su parte, Stalin supo astutamente provecharlo a su favor.

En el caso de la China de Mao, incluso diez años después del triunfo revolucionario de 1949, él se ve obligado a lanzar la Revolución Cultural para enfrentar ya en el socialismo, y con la fuerza de la juventud, el orden cultural imperial de los mandarines, el “demonio” del espíritu burocrático y clasista todavía vigente en la mentalidad de los funcionarios[81] y pueblo chino. La dominación política era ya proletaria, pero se mantenía el yugo cultural de los mandarines, de naturaleza feudal.

La burocracia y el peso de la tradición se convierten en la palanca de freno de las revoluciones triunfantes. En Cuba, en 1963 el Che se pronuncia categóricamente contra el burocratismo[82] y lo mismo en el caso de Fidel.  Decía Fidel: “El burocratismo tiene muchas causas. Pero, bien, es un mal en parte pasado y en parte presente. Y creo de todo corazón que el socialismo tiene que cuidarse del burocratismo tanto como del imperialismo. No olvidarse de eso, porque es más peligroso, porque es un enemigo clandestino.”[83]

En la Revolución Popular sandinista (1979-1990) el país se vio invadido por decenas de nuevas siglas de nuevas instituciones estatales. Bueno, incluso los zapatistas, allá en Chiapas, con el Sub Comandante Galeano otrora Sub Comandante Marcos[84], que le huyen al poder, seguramente no se han visto libres de este flagelo de la burocracia y en sus caracoles han de existir los famosos funcionarios o representantes de la comunidad.

La burocracia en los procesos de cambio latinoamericanos

En los recientes procesos latinoamericanos de irrupción de la izquierda a los gobiernos, iniciados con la victoria de Hugo Chávez en Venezuela en diciembre de 1998, que fue seguida por una cadena de victorias que pintó de rojo el sur e incluso sus vientos llegaron hasta la región centroamericana. Hablamos de Uruguay, Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, y Nicaragua y El Salvador.

En el caso de El Salvador, el ejército guerrillero (1981-1992) convertido en partido político ocupa a partir de 1994 espacios legislativos y municipales. En 1997 gana la capital San Salvador  con Héctor Silva, y en 2009 gana la presidencia, con el periodista Mauricio Funes.  En este proceso de ocupar oficinas públicas se ve obligado a recurrir inicialmente a sus antiguos comandantes, luego a cuadros del movimiento popular, y finalmente a personal de naturaleza técnica  pero supuestamente “de confianza”.

Y el mismo proceso de ocupación de espacios públicos va exigiendo y permitiendo la influencia de una cultura burocrática así como la inyección de un nuevo contingente, esta vez de decenas, quizá centenares,  de empleados que llevan al partido sus ideas de estabilidad y privilegios, y que se especializan en el manejo de las campañas electorales locales y nacionales, que incluso garantizan con sus conocimientos para el sistema, la totalidad del juego electoral, pero que por su formación ideológica, por su mentalidad burocrática, son inmunes y refractarios, alejados del mundo de la organización y lucha popular.

Pero esto no significa que no puedan ser ganados a la idea de construir poder popular, sino que ese es el desafío político e ideológico al que nos enfrentamos, y aunque no será fácil la tarea es que hay que ganarlos a la causa de la lucha popular. 

8. Las relaciones entre la burocracia política (empleados públicos)  y la organización y lucha popular: conflictos y dilemas

Las relaciones entre la burocracia política[85]  y el movimiento popular a lo largo de los últimos años ha sido una historia de desencuentros, en su mayor parte de confrontaciones y pocas veces de concertaciones. La naturaleza de sus funciones, de conservar y reproducir el sistema, empuja a este desenlace, incluso si el funcionario es de izquierda.  El estado se nos presenta como un aparato burocráticamente estructurado.[86]

Y la democracia en el estado capitalista se fundamenta en lo político, en una supuesta ciudadanía, con base en una igualdad jurídica formal de carácter universal, “todos tenemos los mismos derechos” nos alegan, pero que contrasta en lo económico, con la necesidad de ese ciudadano libre de vender su fuerza de trabajo para poder subsistir, ahí ya no somos iguales.  A final, ambas relaciones, la política y la económica, obedecen a un único sistema de subordinación del trabajo al capital. Y la burocracia, los  funcionarios públicos, se orientan a la reproducción de este sistema injusto.

En el caso de los veinte años de los cuatro gobiernos de ARENA, inicia con Alfredo Cristiani (1989-2004), Armando Calderón Sol (1994-1999) , Francisco Flores ( 1999-2004 , Antonio saca (2004-2009) las relaciones fueron básicamente de choque, de conflicto y lo interesante es que el conflicto se dio entre los funcionarios areneros, al servicio del gran capital nacional y transnacional y los empleado públicos sindicalizados como el sector mejor organizado y más combativo del movimiento popular, y en alianza con el sujeto político, con el FMLN. 

Entre los sectores de empleados públicos más combativos sobresalieron los del Ministerio de Hacienda, Educación y Salud. Durante el gobierno de Cristiani se aprobaron los programas de ajuste estructural (PAE) que vinieron a elevar drásticamente el costo de la vida  para los sectores populares. El tercer presidente arenero en 2003 enfrentó la furia popular al pretender privatizar el sistema de salud.

En el caso de los diez años de los dos gobiernos de FMLN, incia con Mauricio Funes( 2009-2014) y sigue y concluye con Salvador Sánchez Ceren (2014-2019)  (2009-2019) el movimiento popular organizado (CSTS, MPR-12, FSS, Conphas,Cirac) jugó un papel pasivo y únicamente aplaudió los programas sociales implementados desde la presidencia.

En el caso del actual gobierno de Nuevas Ideas, que inicia con Nayib Bukele (2019-2014) , el movimiento popular vinculado al FMLN se encuentra paralizado y los sectores populares organizados, en particular los empleados públicos,  son objeto de disputa por esta nueva fuerza política.

9. La subordinación, la autonomía o el compromiso del movimiento popular con la construcción de poder popular

La subordinación  del sujeto social al sujeto político o vanguardismo

El dirigente socialdemócrata alemán Karl Kautsky es el padre ideológico de la criatura llamada vanguardia[87] mientras que V.I. Lenin es su padre político, que universalizó el término[88] de vanguardia revolucionaria, en el marco del desplazamiento de la conducción del movimiento obrero internacional, de la II a la III Internacional, del Partido Socialdemócrata Alemán al partido bolchevique ruso. 

Y es preciso a esta altura diferenciar entre esta famosa  metáfora militar de vanguardia, que seguramente fue inspirada originalmente por el ejército prusiano,  con lo que ha sido en realidad su papel, que más que vanguardia ha sido el estado mayor  que conduce las luchas del proletariado y los sectores populares. 

En nuestra cultura política salvadoreña, autoritaria y militarista,  por décadas de dictadura castrense, el concepto de vanguardia impactó, inspiró  y movilizó a varias generaciones de comunistas y revolucionarios marxistas, fue un instrumento de lucha, es parte de nuestra tradición, ya que nos permitió sobrevivir.  

Aunque originó también diversos fenómenos de  fetichismo del partido[89]. El partido se vuelve de medio en fin, de instrumento de lucha en divinidad por la que hay que sacrificarse, y rendirle culto, cuando el fin es la emancipación de los sectores subalternos.

En nuestro proceso político, por décadas, el sujeto social ha estado subordinado al sujeto político, a veces incluso ha surgido del sujeto político, la llamada por muchos años vanguardia.  No obstante, que originalmente en el caso nuestro el sujeto político nace del sujeto social, el PCS[90] nace en 1930 de las luchas de la FRTS (1924). Lo mismo sucedió con el PT brasileño, que surge en febrero de 1980, derivado del movimiento sindical y de las comunidades eclesiales de base,  entre otras vertientes.

Por eso causó una gran sorpresa y rechazo, luego de décadas de subordinación,  en febrero de 1992, cuando el movimiento popular y social recibió la noticia que “quedaban en libertad”, que el FMLN ya no se hacía responsable de su accionar. Se entendió como que al movimiento popular lo dejaban a la deriva,  como un abandono paterno inexplicable, como un gesto ofensivo y censurable. Habíamos asumido esa relación equivocada como un derecho que se nos arrebataba.

En el imaginario de la vanguardia, la subordinación del movimiento popular y social es consustancial al cumplimiento de su papel,  y en el caso nuestro, cuenta con una larga tradición, que incluye hasta 1970, al CROS  y a la FUSS, y después del 70 al FAPU,BPR, LP-28, MLP, Comité pro1 de Mayo, MUSYGES; UNTS, MPR-12, BPS, etc.

Hacia el movimiento popular, la vanguardia diseñaba la estructura y definía su dirección, y luego acompañaba y  evaluaba su actividad práctica, realizando ajustes, quitando y poniendo dirigentes. Era el vanguardismo en su expresión máxima, con su correspondiente dosis de autoritarismo y arbitrariedad. Y esta es una práctica nociva quizás todavía vigente en algunos espacios.

La autonomía  del sujeto social y el peligro del basismo

Por otra parte, dado el nivel de organicidad alcanzado históricamente en nuestro país y las características de dependencia de la organización popular  hacia el partido político, construir la concepción y práctica de la  autonomía requirió altos niveles de audacia, ruptura y apertura  a los cambios.

Surge únicamente luego de los Acuerdos de Paz de 1992 en algunos sectores del movimiento sindical y estudiantil universitario, así como organizaciones de mujeres y ambientalistas, que asumen la autonomía y se separan de la obediencia  a la línea. Como reacción a lo que fue el vanguardismo, surgen diversas manifestaciones de democratismo, de basismo,  de la concepción que todo debe ser resuelto y decidido por todos, así como de actitudes en contra de todo lo que huela a política, como las elecciones, o las organizaciones de izquierda y en particular en contra del FMLN.

No obstante algunas resistencias conservadoras, diversas organizaciones, en particular algunos sindicatos como Fenastras y recién surgidas organizaciones de mujeres como las Dignas asumieron el desafío de construir organizaciones autónomas, de construir su propia agenda, mientras que el grueso del movimiento popular regreso al seguro redil de la orientación partidaria,  a la tradicional obediencia a la “vanguardia.”

La tesis de la construcción de poder popular

Surge con fuerza en el marco de las batallas antiglobalización  latinoamericanas, ya en el siglo XXI, e influye en organizaciones tanto fuera como dentro del FMLN,  y se entiende en ese momento, como un esfuerzo por balancear el énfasis electoral y enfocarse en la necesidad de trabajar en y desde los territorios.

Pero en realidad ha sido muy exigua la reflexión acerca del significado profundo del concepto político de construcción de poder popular, ya que incluso se impulso desde la misma organización partidaria, sin ningún tipo de planteamiento autocritico o viraje en términos de la actitud tradicional de buscar la subordinación del movimiento popular y social.

El discurso del poder y la literatura

Los discursos del poder[91]quedan retratados no solo en las alocuciones teosófica-políticas pronunciadas desde el paraninfo universitario, por el General Martínez, sino también en los discursos de la  literatura (Salarrué con Cuentos de Barro[92], 1933) e incluso en el discurso teológico (Monseñor José Alfonso Belloso y Sánchez[93]).

Ocurre el choque de visiones entre los discursos de la generación literaria (ilustrada) la de la contrarrevolución de 1932  (Salarrué, Lars, Ambrogi, hermanos Espino[94], etc.) y la de la insurgencia popular de 1956 (Dalton, Cea, Argueta, Armijo, etc.) ambas comprometidas con proyectos políticos antagónicos, la primera populista de derecha y la segunda socialista.

No obstante el respaldo de la primera a la represión martinista, debe señalarse que tuvo algunos atisbos democráticos.[95]  En pintura, se enfrentan la visión idílica y pintoresca de José Mejía Vides (G32) con la clara posición política militante de los grabados de Camilo Minero (G56).

Las dos expresiones literarias (o discursos) más poderosas de la generación de 1932 son Cuentos de Barro de Salarrué (1933) y Jícaras Tristes de Alfredo Espino (1936). Esta generación literaria tiene como antecedente filosófico el pensamiento reformista  de Alberto Masferrer  y el acompañamiento político del régimen bonapartista del general Martínez.

Salarrué y Espino en sus discursos describen magistralmente la soledad, el dolor y sufrimiento de nuestros campesinos, su tecomate y sombrero de nostalgia, pero se esmeran en esconder, ocultar, negar  su machete y grito de rebeldía, su terca y ruda resistencia frente a la opresión, su dignidad.

Los campesinos de Salarrué y Espino han sido derrotados. No obstante esto, Espino con su poema Un rancho y un lucero refleja tímidamente la lucha por la tierra así como denuncia la violencia machista contra la mujer campesina en su poemas La mataron un día y Allá.

Ya antes de la derrota real (militar de la insurrección de enero de 1932) había ocurrido la derrota literaria (ideológica). Enero de 1932 estuvo precedido por una derrota cultural del horizonte emancipador, encabezada por intelectuales orgánicos al proyecto oligárquico autoritario. La derrota literaria sucede antes de la derrota política y militar.

Políticamente en 1932 la incapacidad de la vanguardia, del sujeto político, de forjar alianzas  con las fuerzas araujistas, para aislar y derotar al enemigo principal, la conspiración martinista, bloquearon la posibilidad de enfrentar con éxito o al menos de nivelar la posterior represión y masacre. Se fueron solos al combate, error que fue corregido por el sujeto político en 1981 con la participación del FDR. En 1932 ya había una derrota cultural previa que posibilitó la derrota política y luego militar.

Una de las  expresiones (o discursos) más poderosas de la generación de 1956 son Las historias prohibidas del pulgarcito de Dalton (1974). La generación del 56 es la generación de la ruptura, del acompañamiento al movimiento popular y la militancia política marxista, con el antecedente literario de Oswaldo Escobar Velado y el político de Jorge Arias Gómez, dirigente del PCS. Roque Dalton es la expresión más lograda –aunque trágica-de esta generación. 

Es hasta los años 70 que surge una nueva generación literaria, la Generación del 75, en el marco de la eclosión de un gigantesco movimiento popular que fue el fundamento histórico para la guerra popular revolucionaria (1980-1992).

La prolongación del conflicto armado por doce años (1980-1992) solo pudo ser posible por la existencia de una ofensiva ideológica, que previamente había derrotado la hegemonía cultural oligárquica, y que fue iniciada en 1970 con la emblemática canción El planeta de los cerdos, música y letra de Carlos Francisco Aragón, e interpretada por La Banda del Sol.   Con los Acuerdos de Paz de 1992 esta generación languidece, pero una de su ultimas expresiones fue el centro cultural Quinto Sol, en el centro capitalino, iniciativa del grupo musical Tepeuani.

Los paradigmas de la rebeldía y la sumisión

Resulta interesante desde una perspectiva histórica y política, como las generaciones rebeldes al alcanzar la madurez condenan a las nuevas generaciones a la sumisión y la obediencia, hasta que surja una generación que de nuevo se vuelve rebelde y rompe con estas cadenas y con este paradigma del sometimiento.

Esta es la experiencia de la generación bolchevique que gobierna la URSS –primero con Lenin y después con Stalin-por más de 45 años. Es la experiencia de la generación de Mao que desde los años 30 hasta los70 condujo a la revolución, y que llega incluso  a los años 80 con el viraje capitalista de Deng Siao-ping.

Es la experiencia de los sandinistas, ya que Daniel es el representante de la generación de los años sesenta-setenta, que derroca a Somoza  y que hoy sigue conduciendo al FSLN y gobernando el país, cincuenta años después.

En nuestro caso, la generación de los setenta, la que irrumpe en la política nacional de manera clandestina con las armas en la mano, y rechazando airadamente las ilusiones en el sistema democrático burgués, y lanzados a la construcción entusiasta de  organizaciones político-militares, cincuenta años después, siguen en la práctica conduciendo al FMLN. Ellos y ellas      (aunque más ellos) fueron rebeldes y luego comandantes, y luego diputados, alcaldes, ministros. 

Y resulta interesante que ha habido momentos en que los que fueron conocidos por  su radicalismo estudiantil, y que en su juventud suspendían clases y cerraban la UES; hoy ya en su madurez se volvieron reaccionarios, e incluso hacen enérgicos llamados al orden y contra “la anarquía y el caos.”

10. Conclusiones: la lucha continúa…

Debemos de prepararnos política e ideológicamente para un nuevo periodo histórico, para un nuevo ciclo político, y aprender a nadar en esas aguas, lo que significa impulsar desde ya la movilización popular por la democracia…pero con una nueva visión, la visión de construir poder popular. La lucha continúa…

De otra forma, repetiremos los mismos errores y obtendremos los mismos resultados que obtuvimos en las elecciones de 2018 y 2019. Le gente necesita vernos acompañándolos en sus luchas, pero no para la foto, sino para la planificación, para la desvelada, para la elaboración de los carteles, para la protesta, para la negociada, para la fiesta de la victoria o para la chillada de la derrota. No se trata de llegar e irse como visitante bondadoso, hay que estar ahí siempre, solo así recobraremos el respeto y el cariño perdido. 

Para enfrentar estos nuevos momentos se necesita un polo de conducción política, que defina rumbo estratégico, de manera participativa, que defina el enemigo principal, que defina alianzas, que defina formas de lucha, sea este el resultado de la coordinación entre el sujeto político y el sujeto social, o de un sujeto político renovado, dialogante y concertador. La vida nos enseñará de que se trata, o si no lo logramos.

Hay dos criterios para juzgar la orientación ideológica y política que llevamos, el primero es que el sujeto tanto político como social debe funcionar en el marco de la más amplia democracia y  dos, que es el protagonismo de los sectores populares el fundamento de cualquier proyecto de emancipación.

Es importante asimismo, rescatar el espíritu de camaradería que debe de identificar nuestro accionar y la forma como nos relacionamos. Muchas veces la lucha por el poder nos ha incluso deshumanizado, y esto es triste, porque no podemos ofrecer lo que no tenemos. Desde ya debemos de construir nuevas relaciones sociales entre nosotros. Esto es poder popular.

El ejemplo de entrega y de heroísmo del Che[96] sigue alimentando nuestros sueños.[97] Así como el ejemplo internacionalista y combativo de Farabundo Martí. No podemos ni debemos tener como sueño ser funcionarios públicos para volvernos millonarios, eso no forma parte ni de nuestra historia ni de nuestra ética, como izquierda salvadoreña.

Y trabajar en redes, en redes locales y globales, y partiendo de sólidos principios como el respeto a la dignidad, los derechos humanos, la justicia, la amistad, entre otros, que se han venido acumulando como expresión de una nueva humanidad. Y el vínculo estará dado por el fuego de la lucha como criterio de valor de cualquier manifestación emancipadora, incluso la electoral. Las elecciones como un espacio para acumular fuerzas, para la educación política, y vinculadas a las luchas populares  por la democracia.

Creo y espero que una de las condiciones que permitan la renovación de la izquierda salvadoreña en su vertiente política y social, académica y religiosa, va a estar vinculada al surgimiento de una nueva generación rebelde, protagónica, contestataria, iconoclasta, como lo fue la generación de Lito Aguiñada, Felipe Peña, Lil Milagros Ramírez y Rafael Arce Zablah.

Si esa generación rebelde ya ha llegado o está todavía por venir solo la práctica lo dirá. Un amigo  describió esta expectativa usando  lenguaje de la vieja escuela, dijo: hay que estar listo para sumarse a las nuevas vanguardias. La historia sigue su marcha…

San Salvador, septiembre de 2020

Bibliografía

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[1] Pineda, Roberto. Algunos apuntes sobre la lucha ideológica en la izquierda salvadoreña. Febrero de 2020. https://www.alainet.org/es/articulo/204646

[2] En 1967 surge la emblemática  revista cubana Pensamiento Crítico, dirigida por Fernando Martínez Heredia (1939-2017) , que plantea en su  presentación lo siguiente: “Nuestro punto de partida: por una parte, que las teorías surgen o se desarrollan en el análisis de las situaciones concretas; por otra, que la formación teórica es indispensable a los investigadores.” Pensamiento Crítico, Habana, febrero de 1967, número 1.

[3] Ver Salomone, Mariano Javier. Dilemas del pensamiento crítico: notas sobre la recuperación del marxismo. Revista Colombiana de Sociología. Bogotá. 2012

[4]  Ver Casas, Alejandro. Pensamiento crítico y marxismo en América Latina: algunas trayectorias entre Bolívar y Mariategui. CLACSO. Buenos Aires. 2006

[5] Ver Guerra, Sergio. Forjadores del pensamiento crítico latinoamericano. Ediciones La Tierra. La Habana, 2011.  Farabundo Martí 1893-1932 ( pág. 147)

[6] Luxemburgo, Rosa. Reforma y revolución. Akal Editores. Madrid. 1975

[7] Ver Pineda, Roberto. ¿Cómo pensar desde el sur? La construcción de nuevas epistemologías. https://pensamientocriticoxxi.wordpress.com/2018/10/07/como-pensar-desde-el-sur-la-construccion-de-nuevas-epistemologias-roberto-pineda/

[8] Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. México, 1977

[9] Harnecker, Marta, Acerca del sujeto político capaz de responder a los desafíos del siglo XXI. Abril de 2003.

[10] Salazar, Robinson. La construcción del nuevo sujeto político en América Latina. Estrategia para buscar la emancipación desde lo popular en el siglo XXI. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-05652013000200006

[11] Pineda, Roberto. Ideas emancipadoras y tradiciones de  lucha: el Partido Comunista de El Salvador 1930-1975 (tres tomos) Ediciones Prometeo Liberado. San Salvador, 2017.

[12] Handal, Schafik. Legado de un revolucionario (tres tomos). Ocean Sur. La Habana. 2014

[13] Houtart, Francois. Los movimiento sociales y la construcción de un nuevo sujeto histórico. DEI, San José C.R. 2006  http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/Costa_Rica/dei/20120710033708/movimientos.pdf

[14] Ver Lagarde, Marcela. Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia. Siglo XXI, 2018

[15] Gutiérrez, Gustavo. Teología de la Liberación. Sígueme, Salamanca, 1994

[16] Ver Leff, Enrique. La ecología política en América Latina: Buenos Aires, CLACSO,2006

[17] Ver Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siclo XXi, México, 1972

[18] Gunder Frank, Andre. Lumpenburguesía, lumpenproletariado: dependencia, clases y política en América Latina. Laia, 1972

[19] Ver Pineda, Roberto. Las luchas de los movimientos populares en El Salvador 1810-2010. Ediciones Prometeo Liberado. San Salvador.2014

[20] Acha, Omar. Reflexiones sobre el poder popular. Santiago, Tiempo robado editoras, 2014

[21] Dalton, Roque. Las historias prohibidas del pulgarcito. Siglo XXI. México D. F. 1974

[22] Dri, Ruben. Debate sobre el poder en el movimiento popular. Buenos Aires.

[23] Ver Iovanovich, Marta Liliana. El pensamiento de Paulo Freire: sus contribuciones para la educación. Buenos Aires, CLACSO.

[24] Foucault, Michael. La microfísica del poder.

[25] Foucault, Michael. Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones. 1981

[26] John Lennon:  Imagina que no hay cielo/es fácil si lo intentas/Ningún infierno bajo nosotros/sobre nosotros solo el cielo/Imagina toda la gente/viviendo por hoy/ah/ Imagina que no hay países/No es difícil de hacer/nada por lo que matar o morir/Y sin religión también/Imagina toda la gente viviendo la vida en paz/Tu puedes decir que soy un soñador/peor no soy el único/espero que algún día te nos unas…

[27] Dri, idem.

[28] Ver Pineda, Roberto. Nace la esperanza, viene el cambio. Notas sobre la Administración Funes 2009-2014. Ediciones Prometeo Liberado. San salvador, 2020.

[29] Ver Harnecker , Marta. Acerca del sujeto político capaz de responder a los desafíos del siglo XXI. 2003

[30] Ver Handal, Schafik. El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El Salvador. 2005

[31] Frai Betto. La mosca azul.

[32] Harnecker, Marta. Acerca del sujeto político capaz de responder  a los desafíos del siglo XXI. 2003.

[33] Betto, Frei. La mosca azul. Ocean Sur. México. 2011

[34] Handal, Schafik. El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El salvador. San Salvador, diciembre de 2005.

[35] “El Estado, como suprema forma de la vida social, ha constituido durante varios siglos, el objeto precipuo, sino exclusivo de la historia.” Navarrete, Sarbelio. El estado centroamericano (1913)  , tomado de En los jardines de Academo. Pag. 46, Editorial Universitaria. San Salvador, 1977

[36] En el intenso debate de los años setenta  en la izquierda salvadoreña, las formas de lucha jugaron un papel principal. Ver: “este debate acentúo inicialmente la atención sobre las formas de lucha  en el cual se llegó hasta la caricaturización de las posiciones: así los de Moscú estaban por la vía pacífica y los de Pekín por la vía violenta.” Gutiérrez, Dagoberto. La persona, la fe y la revolución. Ven y Sígueme ACJ-CJE. San Salvador, 1993

[37] En los años setenta en la izquierda salvadoreña se desarrollo un riquísimo debate, de lucha ideológica,  alrededor de problemas teóricos como formas de lucha, alianzas políticas, el carácter de la revolución y sus fuerzas motrices, el programa y la unidad de la izquierda, y a principios de los años ochenta, entre la naturaleza de nuestra guerra, si era Guerra Popular Prolongada, GPP o Guerra Popular Revolucionaria, GPR.

[38] Martínez, Antonio. A 20 años de los Acuerdos de Paz. San Salvador, CENISCH, 2012

[39] Ver Dalton, Roque, MIGUEL MARMOL. Educa, San José, C:R. 1972

[40] En mayo de 1939 surge la Unión Popular Salvadoreña, UPS, aglutinamiento antimartinista auspiciado por el PCS

[41] En 1942 surge la Asociación de Escritores Antifascistas,  compuesta por Oswaldo Escobar  Velado, Matilde Elena López y Alfonso Morales  (información tomada de Pleitez Vela, Tania. Análisis de Situación de la expresión  artística en El salvador. San Salvador,  Fundación Accesarte, 2012

[42] Ver Arias Gómez, Jorge. El golpe del 21 de octubre de 1944. Impresos Arte y Creaciones, San Salvador, 1976

[43] Ver Moran, Francisco. Las jornadas civicas de abril y mayo de 1944. Editorial Universitaria, San Salvador, 1979

[44] En memoria de Raúl Castellanos Figueroa. Domingo Santacruz. 2018

[45] Carpio, Salvador Cayetano. Secuestro y capucha. San Salvador. 1967

[46] Ver Genovés, Edito. Mi vida en el movimiento obrero salvadoreño. Ediciones Prometeo Liberado, san salvador 2020 ( próxima a ser publicada)

[47] Ver Arias Gómez, Jorge. En memoria de Roque Dalton, San Salvador, 1999

[48] Conversación con José Luis Merino, 27 de marzo de 2017.

[49] Handal, Schafik. Consideraciones acerca del viraje del PCS hacia la lucha armada. CEM. 1983

[50] Mediante entre otros medios, Radio Venceremos (ERP) y Radio Farabundo Martí (FPL)

[51] Por medio de Convergencia Democrática, CD y el partido UDN.

[52] En un primer momento, el FDR reflejó la alianza entre fuerzas revolucionarias y democráticas, su primer presidente (de abril a noviembre de 1980) fue Enrique Álvarez Córdoba. En un segundo momento, aglutino al MIPTES (profesionales y a los partidos políticos MPSC y MNR.

[53] Handal, Schafik. La lucha política electoral desde una perspectiva revolucionaria. Instituto Schafik Handal. San Salvador, 2017

[54] Pineda, Roberto. El Salvador: horizonte electoral 2021. https://www.alainet.org/es/articulo/208702

[55] Handal, Schafik. El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El Salvador. San Salvador, diciembre de 2005

[56] Encabezada por Medardo Gonzalez, electa el 7 de noviembre de 2005, propuesta por la Corriente Revolucionaria Socialista, CRS, creada y conducida por Schafik Handal y Salvador Sánchez Ceren. 

[57] Ver Dri, Ruben. Acerca del poder popular.

[58] Ibid.

[59] Ibid.

[60] Mazzeo, Miguel. Stratta, Fernando. Reflexiones sobre el poder popular. Buenos Aires. 2014

[61] De la Cruz, Vladimir. La desobediencia civil, una nueva forma de lucha. San José, C.R. Septiembre de 2020.

[62] Moreno, Octavio e Ibarra, Carlos. La construcción de poder popular en los gobiernos nacional-populares de Latinoamérica. México. 2014

[63] Ibid.

[64] García-Guadilla, María Pilar. La praxis de los consejos comunales en Venezuela. Poder popular o instancia clientelar? Caracas, 2008.

[65] Schafik en entrevista con Marta Harnecker comparte que en el marco de la Guerra Popular Revolucionaria, “incurrimos en el error de intentar conducir el movimiento de masas por ordenes. Una expresión de esta forma, fue por ejemplo, incluir la lucha de los trabajadores dentro de las fechas del plan militar. Así hubo huelgas que nos e pudieron producir, porque las masas querían hacerlas antes, las necesitaban antes. Hubo casos en que estuvimos demorándolas contra la voluntad de las masas”. Handal, Schafik. El socialismo ¿Una alternativa para América Latina? Publicaciones Alternativa. San Salvador, 1991.

[66] Evangelio de Marcos 10:42-45. Biblia Latinoamericana. México. 1989 :                                                                                                               «Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad. 43. Pero no será así entre ustedes. Por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, 44. y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos. 45. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida como rescate por una muchedumbre.»» https://www.bibliacatolica.com.br/biblia-latinoamericana/evangelio-segun-san-marcos/10/

[67] Harnecker, Marta. La izquierda en el umbral del siglo XXI (version preliminary) 1998

[68] Ibid.

[69] Ibid.

[70] Marquez, Viviane, Godau, Rainer. Burocracia y políticas públicas: una perspectiva desde América Latina. 1983

[71] Evers, Tilman. El estado en la periferia capitalista. Siglo XXI, México, 1979

[72] Lerne, Bertha. La teoría marxista clásica y el problema d ela burocracia. UNAM.1979

[73] Oszlak, Oscar. Notas críticas para una teoría de la burocracia estatal. 1979

[74] Weber, M. Economía y sociedad. Madrid: S.L. Fondo de Cultura Económica de España.1933

[75] Smith, Peter. El laberinto del poder. El Colegio de México. México, 1981

[76] Ver Cuenca, Abel. El Salvador: una democracia cafetalera. ARR. México, 1957

[77] Ver Dalton, Roque. Imperialismo y Revolución en Centroamérica. Ocean Sur. 2013

[78] Handal, Schafik. El FMLN y la vigencia del pensamiento revolucionario en El Salvador. Diciembre de 2005

[79] Esta tradición de los “comisarios políticos” se extiende hasta los años ochenta en nuestro país, cuando las Fuerzas Armadas de Liberación, FAL, brazo armado del PCS, contaba en sus diversas unidades militares con “responsables políticos.”

[80] Ver Lenin, V. I. Carta a P. A. Bogdánov. https://www.elviejotopo.com/topoexpress/carta-a-p-a-bogdanov/

[81] Ver Zedong, Mao. Contra las ideas burguesas en el partido. (1953) Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing,

[82] Che Guevara. Contra el burocratismo. 1963. https://www.marxists.org/espanol/guevara/03_63.htm

[83] Castro, Fidel. Discurso contra el burocratismo.1965.  http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1965/esp/f020165e.html

[84] Marcos. Instrucciones para cambiar el mundo (escritos 1984-1989). México, 1991

[85] “Concebimos la burocracia política como una categoría social, que tiene una unidad en su funcionamiento y una autonomía relativa respecto a las clases sociales. La burocracia política es una categoría social en tanto se define en relación al estado y no en relación a la economía.”Lerner, Bertha. La protesta pasiva de la burocracia política. Revista Mexicana de Sociología. México. 1985

[86] Piva, Adrian. Burocracia y teoría marxista del Estado. 2012

[87] Kautsky, Karl. El camino del poder. 1910

[88] Lenin, V.I. ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento. 1902.

[89] Bihr, Alain. Ajustes a la noción de vanguardia. La breche, 2008.

[90] Fernández Anaya, Jorge. La fundación del Partido Comunista de El salvador. CEMOS, México, 1985

[91] Rojas Osorio, Carlos. M. Foucault. El discurso del poder y el poder del discurso. Bogotá, 1984

[92] Rivera Larios, Alvaro. ¿Y si condenamos a Salarrué?  El Ágora. El Faro. 2012

[93] Chanta Martínez, René. El pensamiento social cristiano salvadoreño: el caso de Monseñor José Alfonso Belloso y Sánchez (1927-1935) TEORÍA Y PRAXIS No. 22, Enero-Mayo 2013; 83-94</p

[94] Ver Hernández, David. El Salvador modelo para armar: historia analítica d ela literatura salvadoreña 1932-92. San salvador, UES, 2006.

[95] Salarrué. Mi respuesta a los patriotas ( yo no tengo patria). Carta del 27 de febrero de 1932. https://www.jstor.org/stable/25596066

[96] Guevara, Ernesto Che. El Socialismo y el hombre en Cuba. La Habana, 1965

[97] “Es indudable que el Che supo expresar en forma extraordinaria el carácter de la juventud de nuestros días, su idealismo, su nobleza, su generosidad, su heroísmo, su vocación de libertad, su ira, su prisa, su impaciencia Y es esto, justamente, lo que explica que la juventud tome al Che como un símbolo propio y que el nombre del Che figure en estos momentos a la cabeza de tantos movimientos juveniles en variados países.” Castellanos Figueroa, Raúl. Nota a en torno al Che. Revista Universidad. San Salvador. 1968

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