Tik’al: una visita a los maestros de las estrellas

Vamos a marcharnos, pero regresaremos…
No nos olvidéis nunca, pues siempre debemos permanecer en vuestra memoria.
Canción de Despedida Cap.V, IV Parte, Popol Vuh.

La sabiduría de nuestro Obispo, Dr. Medardo Gómez, permitió que un grupo de pastoras y pastores luteranos visitáramos recientemente la cuna de la civilización maya, la ciudadela de Tik’al, el Lugar de los Vientos, ubicada en El Peten, al norte de Guatemala.

Estuvimos en Tik’al y estuvimos también en Yax’ha, otro sitio ceremonial donde realizamos un ritual religioso indígena, dirigido por el rev. Carlos Najera, responsable de la Pastoral Indígena de nuestra iglesia. Invocamos al Corazón del Cielo y al Corazón de la tierra, al Espíritu de nuestras abuelas y abuelos, a nuestros antepasados, para que nos dieran sabiduría y energía.

Asimismo visitamos la oficina de la Federación Luterana Mundial en el Petén, coordinada por un antiguo amigo, Omar Quintanilla. Él explicó los diversos programas educativos, productivos, de salud, y de organización comunitaria que desarrollan, orientados a potenciar la capacidad de vida de los cuatro grupos étnicos de esta región.

Una peregrinación a nuestras raíces

La visita al Tikal fue verdaderamente para nuestro grupo pastoral una peregrinación a nuestras raíces espirituales. Los mayas, nuestras abuelas y abuelos, vivieron en la península de Yucatán, desde donde se extendieron por toda Meso América. Se les conocía también con el nombre de maestros de las estrellas, por sus conocimientos científicos de astronomía y astrología. El período clásico de la civilización maya comprendió del año 250 a.C. hasta el 900 de nuestra era.

La palabra maya significa gran amor, enorme querencia, o inmensa estima. Los mayas organizaban su vida comunitaria alrededor de un sistema de dos calendarios civiles y uno religioso, y el imaginario maya consideraba que el tiempo era cíclico y que a lo largo de la historia los acontecimientos se repetían, por lo que el conocimiento del pasado permitía conocer el futuro.

La cotidianidad maya giraba precisamente alrededor de esta concepción cíclica, con la rueda del tiempo siempre girando. De ahí la importancia de los calendarios. Esta concepción influyó fuertemente en la construcción de sus templos y estelas, en su sistema numérico, en su escritura jeroglífica y en sus matemáticas avanzadas ya que llegaron a dominar el concepto del número cero en el marco de un sistema numérico vigesimal.

Tikal fue la capital de la civilización maya y todavía podemos visitar y subir a sus seis principales pirámides, con alturas que llegan hasta los 69 metros del Templo IV, y ochenta seis estelas, todas ellas cubiertas de jeroglíficos, escritura siempre pictórica que posee alrededor de mil signos, con dibujos de animales, personas, rostros, seres sobrenaturales, plantas, animales, etc. La vida de los mayas transcurría en el seguimiento del calendario para la adoración de sus dioses.

Los sacerdotes mayas sobrevivieron a la feroz represión de los inquisidores españoles, se ocultaron en cuevas desde donde continuaron celebrando sus ceremonias religiosas hasta nuestros días, en la clandestinidad más profunda, en el fondo de los barrancos, en el corazón de las montañas, protegidos por la población, desarrollaron una resistencia cultural impresionante.

En nuestro país El Salvador también existen las cuevas sagradas que dan testimonio de una religiosidad que no fue aplastada, sino obligada a replegarse y a sobrevivir bajo difíciles condiciones. Nos corresponde rescatar esas cuevas que sirvieron de santuarios para la religiosidad indígena.

El Dios principal de los mayas era Itzamna,“Casa de la Iguana”, con los atributos de Creador del Universo, de todo lo existente, de su voluntad dependía el sol, la luna y la lluvia; dirigía las cosechas. Era una divinidad que se expresaba en cuatro dimensiones y colores: rojo al oriente, blanco al norte, negro al oeste y amarillo al sur. En la mentalidad mayam, se le representaba en forma de casa (Na) formada por el techo y cuatro paredes. Además existían una gran cantidad de dioses y diosas, Kinich Ahau, el Dios del Sol, Ix Chel , la Diosa de la Luna, los Chaacs, dioses de la lluvia, los Bacabs, el Dios Jaguar, etc.

Los mayas nos heredaron el Popol Vuh, que fue escrito en lengua maya por un literato quiche, en un esfuerzo por recuperar el contenido de los libros sagrados, que fueron quemados en la masacre cultural, que acompañó a la invasión y ocupación militar española. Manifiesta la concepción sobre la creación del mundo, el marco religioso y mitológico, y la historia de las emigraciones del pueblo maya.

La creación del mundo por medio del diálogo

El Popol Vuh nos describe la creación del mundo y de la humanidad.

El mundo se crea como resultado de un diálogo entre dos divinidades, Tepeu (Sol, Fuego) y Gucumatz (Agua, Liquido), que logran ponerse de acuerdo:

Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. (Cap.1, I Parte)

Un elemento interesante es que a diferencia de la mentalidad hebrea, la serpiente fue muy respetada por el pueblo maya, representaba el símbolo supremo, la energía, Kukulkán.

La creación del ser humano por medio del diálogo

En la visión antropológica maya, los seres humanos surgieron de la decisión de los Progenitores, los Formadores, los Creadores, Tepeu y Gucumatz, los que dijeron ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir, los hijos esclarecidos…que aparezca la humanidad sobre la superficie de la tierra. Y la humanidad fue creada de maíz blanco y maíz amarillo. Y nuestras primeras madres y padres fueron Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah y Iqui-Balam.

Tikal representa nuestras raíces

Tikal representa nuestras raíces, nuestro pasado y nuestro futuro, visitar Tikal es parte de la tarea de nuestras iglesias y sociedad civil de rescatar nuestra memoria histórica, de reconstruir nuestra identidad cultural, de encontrar las respuestas a nuestros propios enigmas.

Es rendir tributo al espíritu de nuestras ancianas y ancianos, de nuestros Chilam Balam, de nuestros héroes y mártires indígenas, de Atonal, de Anastasio Aquino, de Feliciano Ama, de Francisco Sánchez. Tikal nos ratifica la Declaración Conjunta que a principios de año realizamos con la Asociación Nacional de Indígenas Salvadoreños (ANIS) y su Cacique, amigo de nuestra iglesia y de nuestro Obispo, Adrián Esquino Lizco.

Somos una Iglesia Cristiana, con raíces luteranas e indígenas, circula por nuestras venas la rebeldía histórica de Martín Lutero y la resistencia social de nuestras abuelas y abuelos, que desde las cuevas de las montañas defendieron los secretos de nuestra sabiduría antigua. Son precisamente estas raíces las que nos cobijan y sustentan, las que fortalecen nuestra fe y nuestra esperanza.

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