El absurdo de enseñar Francés

El absurdo de enseñar Francés
¿Por qué insistir en exigir el aprendizaje del Francés en lugar de aplicar los recursos invertidos en ese idioma a la enseñanza de otros más demandados en el mercado como un mejor Inglés, Portugués, Alemán o Mandarín?
Lunes 13 de Junio de 2016
EDITORIAL

Se supone que el diseño de la currícula escolar y colegial se basa fundamentalmente en los objetivos del proyecto político social impulsado desde el gobierno, dentro de los cuales la preparación de los educandos para su incorporación a la economía nacional debiera ser el más importante, con el complemento de elementos culturales que deben abarcar a TODA la población de un país.

Si aceptamos lo anterior, debe sorprendernos la noticia que reseña Nacion.com, sobre la presentación por parte del Ministerio de Educación Pública (MEP) de Costa Rica, de los nuevos programas de Francés, con los cuales promete elevar la calidad de la enseñanza de ese idioma en los centros educativos del país.

En momentos en que se discute la rigidez de los altos índices de desempleo (10%) e informalidad laboral (47%) que padece Costa Rica, y se menciona como causa principal de esa rigidez la falta de preparación de esos desempleados para incorporarse a las actuales formas de producción de bienes y servicios, las autoridades gubernamentales debieran explicar la razones por las que impulsan la dedicación de recursos del Estado y de tiempo de los educandos, a la enseñanza y aprendizaje del Francés. Es esencial que expliquen por qué no se dedican esos recursos a aprender mejor el Inglés, y en todo caso, otros idiomas mucho más demandados en Costa Rica, como el Portugués, el Alemán, o el Mandarín.

En el Siglo XXI la influencia de Francia en el ámbito de la diplomacia es desmesurado en relación a la relevancia de ese país en la economía mundial. La utilización del Francés como lengua oficial en los organismos internacionales globales persiste, sin ninguna razón práctica demostrable que apunte al beneficio de los habitantes de los países que integran esas instituciones. La única explicación de la persistencia de esa situación es la costumbre, a lo que se agrega esa desproporcionada presencia de Francia en los ámbitos diplomáticos, y especialmente el fuertísimo lobby que ejercen las embajadas francesas en todo el mundo. Y esto no lo decimos en menoscabo de la importancia histórica de Francia en el desarrollo de la civilización occidental, sino que es la simple descripción de la realidad actual.

La corporación diplomática internacional imbricada en los miles de organismos internacionales, como corporación que es, tiene intereses que muchas veces difieren de los nacionales a los que debieran servir exclusivamente. El fortísimo lobby francés en pro de la enseñanza de su idioma se apoya muchas veces en la necesidad de los funcionarios gubernamentales locales de cultivar relaciones interpersonales que les ayuden a continuar sus carreras en organismos internacionales.

Esto que decimos nos alegraría que fuera refutado con la explicitación de las razones por las que los jóvenes costarricenses deben dedicar tiempo y esfuerzos a estudiar el francés, en detrimento de un mejor inglés, del portugués, el alemán, o el Mandarín, que son los idiomas que actualmente más demanda el mercado.

SI ya en los 60’s el declive de Francia como potencia política y económica hacía absurdo el estudio obligatorio del Francés, 50 años más tarde es un grave despropósito que demuestra lo alejados que están algunos gobiernos centroamericanos de la realidad, y de las necesidades de sus ciudadanos y de las economías que deben gestionar.

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