El marxismo latinoamericano y la dependencia.

Cuadernos Políticos, número 38, ediciones era, México, D.F., enero-marzo 1984, pp.40-59. Jaime Osorio Urbina

El marxismo latinoamericano y la dependencia.

ENSAYO SOBRE LAS DOS ÚLTIMAS DECADAS

Nuestro interés por analizar el marxismo latinoamericano de las dos últimas décadas va dirigido en primer lugar a quienes recién se introducen al estudio de los problemas del subdesarrollo, de la dependencia y de las especificidades del capitalismo en América Latina, con el fin de que cuenten con una rápida y muy general visión de ciertos autores y temas que han sido abordados en este periodo. En este sentido, este ensayo no es una revisión de todas las corrientes marxistas ni de todos los autores adscritos a este pensamiento, ni aun en el caso de la propia teoría marxista de la dependencia que es la que se privilegia en este trabajo. Citamos solamente a aquellas corrientes y autores que han centrado la atención de la crítica, son más polémicos o que más han aportado a los temas en discusión.

No pasará inadvertido a ningún lector que este ensayo interpreta en particular el
desarrollo de la teoría de la dependencia, por lo cual jerarquiza y postula una evaluación
del movimiento de dicha temática, de sus etapas, aportaciones y contradicciones. Pero
también existen preocupaciones de otra índole al escribir este trabajo. Buscamos llamar
la atención sobre ciertos campos y problemas en los cuales la teoría marxista
latinoamericana ha avanzado poco en las últimas décadas, dando aliento con ello a que
diversos enfoques —algunos claramente ajenos al marxismo, otros eclécticamente
marxistas— ganen terreno y planteen nuevos retos teóricos y políticos. Dedicamos
algunos comentarios a la definición de estas corrientes.

Nadie crea que si la teoría revolucionaria no supera sus deficiencias la revolución
latinoamericana no podrá avanzar. Afortunadamente, las clases dominadas del
continente y sus organizaciones políticas han podido ganar terreno sin depender de
tratados marxistas adecuados a cada situación y problema. Un rico marxismo-leninismo
práctico ha resuelto en muchas ocasiones las carencias anteriores. Pero es indudable que
varios problemas actuales de la lucha de clases se resolverían más fácilmente si la teoría
revolucionaria pudiera adelantárseles en su definición.

Muchas de las preocupaciones que aquí se presentan centradas en la temática de la
dependencia han perdido terreno en la discusión de las ciencias sociales
latinoamericanas en el último tiempo, no siempre como resultado de resoluciones
teóricas o pérdida de vigencia, sino por razones de índole política. La agudización de la
lucha de clases en el continente, con claras perspectivas de crisis revolucionarias, ha
provocado la confluencia de las principales corrientes políticas marxistas de la zona.
Partidos comunistas y la llamada izquierda revolucionaria luchan hoy unidos en
diversos países, proceso que multiplica las perspectivas de victoria. Dichos
acercamientos no siempre han sido el resultado de resoluciones de las discrepancias y
diferencias teóricas existentes sino de la fuerza de los hechos. Por ello no es engañoso
pensar que en algún tiempo próximo, bajo nuevas condiciones, la teoría reivindique su
autonomía relativa y los problemas no resueltos vuelvan u ser abordados.

A diferencia de lo que sucede en América Latina, la discusión sobre la dependencia ha
ganado terreno en otras regiones en los últimos años. En el norte de América, en Asia,
África, Europa occidental y en la Unión Soviética, la temática ha sido asumida con
entusiasmo y —no podía ser de otra manera— con grandes discusiones. El tema ya no
pertenece a América Latina como hasta hace algún tiempo.

De seguro contaremos, en el mediano plazo, con nuevos trabajos que relativizarán muchas de las afirmaciones aquí planteadas.

EL INICIO Y SUS RAZONES HISTÓRICAS

En el periodo que consideramos, los puntos más altos del desarrollo de la teoría
marxista en América Latina han estado directamente relacionados con la problemática
de la dependencia. La apropiación por el marxismo de la categoría “dependencia” no ha
sido un proceso fácil ni exento de contradicciones. Por el contrario, sólo después de una
década de discusiones, avances y retrocesos, dicha categoría logra romper
definitivamente con el cordón umbilical burgués y premarxista que caracteriza su
nacimiento en América Latina.

Dos grandes procesos marcan la historia de las ciencias sociales latinoamericanas en los
años sesenta. Ambas, con raíces totalmente contradictorias, están en la base de los
fenómenos que generarán los estudios de la dependencia y, posteriormente, una teoría
marxista de la dependencia. El primero de ellos es la revolución cubana, que se
constituye en uno de los principales parámetros en las definiciones teóricas y políticas
del continente.

El proceso cubano, en lo que aquí nos preocupa, tuvo como efecto profundizar la crisis
política y teórica del marxismo prevaleciente en los partidos comunistas de América
Latina. Aferrado a un grosero evolucionismo en la interpretación del devenir de los
modos de producción, a un mecanismo en la concepción de cómo opera la contradicción
fuerzas productivas/relaciones de producción y propiciando en el plano político la
alianza del movimiento popular con la burguesía industrial, en aras de desarrollar un
capitalismo con vocación revolucionaria que rompería con los supuestos cotos feudales
existentes, esta corriente marxista poco había aportado, en las décadas previas a la gesta
cubana, a la interpretación de los problemas fundamentales del capitalismo
latinoamericano y menos aún a la concepción de un proceso revolucionario con
perspectivas socialistas.

En sus manos, el marxismo no era más que un dogma castrado de su potencial revolucionario en tanto “análisis concreto de situaciones concretas”, al decir de Lenin.
La revolución cubana, más que mil documentos, puso en evidencia lo anquilosado y
estéril de dichas reflexiones, desatando el auge de nuevas organizaciones políticas, que
pondrán en el centro de sus luchas el socialismo y la lucha armada, y abriendo las
puertas para una nueva reflexión sobre la realidad latinoamericana a partir del marxismo. Luego de los primeros brotes guerrilleros de orientación foquista, una nueva
izquierda comienza a hacerse presente en el continente y un nuevo marxismo comienza
a ganar vida, preocupado por dar cuenta de las especificidades del capitalismo
latinoamericano. Es en este marco que los estudios marxistas de la dependencia hacen
su entrada en las ciencias sociales de América Latina.

Otro factor que incide en el surgimiento de la dependencia como temática de análisis, es
la integración imperialista del proceso productivo latinoamericano en los años cincuenta y sesenta, que agudiza las contradicciones sociales en la región.

Este proceso, en tanto provoca el control de amplias ramas del sector industrial por el
capital extranjero y genera nuevos problemas sociales, por las condiciones tecnológicas
que impone, como el desempleo creciente y el deterioro de las condiciones de vida de
amplios sectores populares, pone fin a las ilusiones de un capitalismo autónomo y al
carácter democrático y progresista de la burguesía industrial.
El proceso real hizo entrar en crisis la reflexión de los teóricos burgueses que dieron
vida a la llamada “teoría del desarrollo”, la cual se caracteriza por sostener que, en la
medida en que se intensificara el desarrollo capitalista de América Latina, ésta iría
alcanzando los niveles de desarrollo vigentes en las economías industriales, ya que
suponía al subdesarrollo como una etapa previa al desarrollo o, en su versión
sociológica, como “sociedades tradicionales” en vías de alcanzar las metas de las
“sociedades modernas”, según la visión de Gino Germani.

Pero la realidad caminaba en otra dirección. No vamos a entrar al análisis de la teoría del desarrollo y sus variantes latinoamericanas, elaboradas principalmente en la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), pues exceden los objetivos de este trabajo. Indiquemos tan sólo que dicha teoría concibe el subdesarrollo y su reproducción como el resultado de factores externos, tales como el “deterioro de los términos de intercambio”, lo que —utilizando la terminología cepalina— beneficia a los países centrales en desmedro de los países periféricos. Este tipo de formulaciones cumple un objetivo básico, consistente en dejar intacto al nivel del análisis el orden social y político de las sociedades latinoamericanas, poniendo el acento sobre un elemento que se supone ajeno al control nacional y de las clases dominantes. Los intereses políticos que subyacen en estos planteamientos no son difíciles de desentrañar. Es así como diversos autores cepalinos, como Aníbal Pinto y Celso Furtado, hablarán de dependencia externa. El economista argentino Raúl Prebisch constituye sin duda el más destacado representante de esta corriente en nuestro continente.

A partir de criticar la teoría de los costos comparativos, la cual supone que la división
internacional del trabajo produce una especialización que necesariamente conduce al
desarrollo de todos los países que participan en el mercado mundial, la CEPAL sostiene
la necesidad de industrializar el subcontinente, como forma de impedir la transferencia
de recursos a los países centrales vía el comercio internacional. Como quiera que sea, no
será sino hasta los sesentas, cuando es ya aguda la crisis social y política de América
Latina, que la CEPAL enfatizará el tema de las reformas, con la consiguiente supresión
del sector “atrasado” mediante medidas políticas y no meramente económicas. Sin
embargo, para entonces, la Alianza para el Progreso habrá quitado a ese reformismo
cualquier carácter progresista, al convertirlo, junto con la contrainsurgencia, en receta
para frenar las tendencias revolucionarias que se desplegaban en la región.

Cuando gira la atención hacia los problemas internos, aparece la tesis del dualismo
estructural, que plantea que coexiste un sector tradicional y atrasado (feudal dirían
algunos) junto a un sector moderno en las sociedades latinoamericanas. Para esta
corriente, el desarrollo se logrará una vez que se salven los “obstáculos” que impone el
sector atrasado, esto es, propiciando un más profundo y extendido desarrollo del
capitalismo, ya que se entiende que el sector moderno poco o nada tiene que ver con el
atraso del sector tradicional, pero éste sí con aquél, impidiendo su crecimiento.

EXOGENISTAS Y ENDOGENISTAS: UNA FALSA DISYUNTIVA

Las críticas a la teoría del desarrollo ganan fuerza en el seno mismo de la CEPAL. Sin
embargo estas visiones críticas, en tanto arrancan de puntos de vista de clases no
antagónicos y de perspectivas teóricas afines, están enmarcadas generalmente en los
parámetros de las concepciones criticadas. En medio de estas limitantes, se multiplicó
en las ciencias sociales latinoamericanas el concepto de dependencia. Los puntos de
vista más ligados a las necesidades e intereses de las clases dominantes se mezclaron
con otros de perspectivas menos oficiales pero amarrados aún a las visiones del
establishment, en donde se postulaba la necesidad de cambios sociales sin que el
socialismo se planteara como la meta de dichas transformaciones.

En un esquema centro-periferia muy caro a la CEPAL, autores como Osvaldo Sunkel y
Pedro Paz plantean la tesis de que el desarrollo y el subdesarrollo constituyen las dos
caras de un mismo proceso, la expansión del capitalismo a nivel mundial, desechando la
idea de que el subdesarrollo constituye un peldaño más bajo en la escala del desarrollo.
Sin embargo, el peso de los factores externos sigue manteniendo la atención
fundamental en la explicación del subdesarrollo.

La dependencia, en estos análisis, sigue siendo una categoría que no permite analizar el funcionamiento interno de las sociedades latinoamericanas. Estas concepciones iniciales de la dependencia las podemos caracterizar como exogenistas, en tanto no establecen la relación de los factores externos con los internos, para analizar el atraso y el subdesarrollo de América Latina. No aparecen los elementos que internalizan la dependencia.

Como contrapartida a estos análisis, surgirán corrientes teóricas que, definidas como
antidependentistas, llamarán particularmente la atención a los factores internos para
explicar el subdesarrollo, inclinando la balanza al lado contrario. Estas corrientes
endogenistas, que tendrán en los teóricos de los partidos comunistas sus principales
voceros, intentarán explicar las especificidades del desarrollo capitalista
latinoamericano a partir del análisis de las relaciones de producción vigentes, la
articulación que éstas establecen con las fuerzas productivas, las modalidades de la
explotación, etcétera, sin comprender que estos aspectos sólo se pueden analizar a la luz
de las vinculaciones de América Latina al mercado mundial. En pocas palabras, el
capitalismo en América Latina no fue el simple resultado de la maduración de las
fuerzas productivas y de las relaciones de producción, sino que la inserción de la región
en la expansión del mercado mundial capitalista jugó un papel clave en su gestación.
La vinculación de lo externo y lo interno en los análisis de la dependencia, que abrirá
fructíferas perspectivas, adquiere en el trabajo de Cardoso y Faletto, Dependencia y
desarrollo en América Latina
7
publicado en 1969, una de sus primeras expresiones. Allí
se plantea que
[… ] el concepto de dependencia [. . . ] pretende otorgar significado a una serie de
hechos y situaciones que aparecen conjuntamente en un momento dado y se busca
establecer por su intermedio las relaciones que hacen inteligibles las situaciones
empíricas en función del modo de conexión entre los componentes estructurales
internos y externos (pp. 19-20).
Visto en perspectiva, el libro de Cardoso y Faletto expresa la confluencia de una
reflexión que apunta a romper con la visión teórica y metodológica desarrollada por ,1a
CEPAL, y el pensamiento marxista que hace de los estudios de la dependencia su objeto
sustancial de análisis. Esta situación permite a los autores superar diversas limitaciones
y abrir a la discusión problemas y enfoques de significativa importancia. Sin embargo,
no se logra abandonar totalmente los lastres del campo intelectual que se busca superar.

En los trabajos de la CEPAL a la fecha, uno de los rasgos más notorios lo constituía el
énfasis en los elementos económicos como aspectos explicativos del subdesarrollo. Pero
hablamos de un énfasis económico, no de un enfoque de economía política, por lo que
dichos análisis, al desligarse de las clases y su gestión, se limitaban a la consideración
de las variables “técnicas” del atraso y los desequilibrios, Cardoso y Faletto enfrentan
esta situación, otorgando al análisis de las clases y sus alianzas una significativa
importancia. Sin embargo, se hacen presentes en su trabajo dos problemas. El primero,
la débil ponderación que se concede a la clase obrera y al campesinado, frente a la
sobrevaloración de los llamados “sectores medios”. El segundo, en palabras de Vania
Bambirra, que “lo económico está presente en este estudio sólo como un marco muy
general, a partir del cual se desarrolla un análisis esencialmente sociológico”; esto es,
que lo económico importa sólo en cuanto define los patrones estructurales, mientras el
estudio se centra en “la acción de los distintos grupos” tomados desde el punto de vista
sociológico [… ] [lo que] no permite revelar en toda su complejidad la gama intrincada
de la acción de los diversos grupos y clases sociales que actúan en función de intereses
económicos objetivos, cuya imposición exige la lucha por la hegemonía política.

Por otra parte, no se trata de un trabajo propiamente marxista, por la combinación
teórica enmarcada aún en la matriz de la CEPAL en lo económico y en enfoques
weberianos en el tratamiento de las clases.
9
La importancia de Fernando Henrique Cardoso en el desarrollo de la teoría de la
dependencia supera ampliamente el trabajo que comentamos. Más allá de la amplia
difusión que el libro citado ha tenido, creemos que su ensayo Comentarios sobre ¡os
conceptos de sobrepoblación relativa y marginalidad, en polémica con José Nun,
constituye su más valioso aporte a los problemas que aquí nos ocupan.

Apoyado en una rigurosa conceptualización marxista y en la comprensión de la dinámica de la acumulación y sus repercusiones sobre la población obrera, Cardoso critica agudamente los supuestos althusserianos y funcionalistas presentes en la obra de Nun, pero profundizando, en vista de que los estudios de la llamada “marginalidad” ganaron creciente atención en los años sesenta, siendo fuertemente influidos por corrientes eclécticas de pensamiento.

DEPENDENCIA Y MARXISMO

En el marxismo, la reflexión desarrollada en torno a la dependencia no partió de cero; se
apoyó en diversos trabajos que se habían realizado en años previos y que tenían como
denominador común negar el carácter feudal de la formación social latinoamericana. Un
trabajo pionero en este sentido es el libro de Sergio Bagú, Economía de la sociedad
colonial: ensayo de historia comparada de América Latina, publicado en 1949.

Los trabajos iniciales de Andre Gunder Frank, donde criticaba las teorías burguesas del
desarrollo y las tesis de una América Latina feudal, se ubican de Heno en la nueva
corriente marxista en torno a la dependencia y constituyen un “parteaguas” fundamental
para el tratamiento de la temática. Posteriormente, aparecerán nuevos estudios que
inciden sobre el mismo problema, en particular América Latina: ¿feudal o capitalista?,
de Luis Vítale, publicado en 1966, y el ensayo de Rodolfo Stavenhagen, Siete tesis
erróneas sobre América Latina, que ganó enorme difusión al sintetizar varios de los
principales puntos en discusión.

Algunas de las tesis que levanta la nueva corriente marxista frente al marxismo
endogenista y frente a las concepciones desarrollistas burguesas pueden sintetizarse así:
• el capitalismo latinoamericano es un capitalismo específico y en su desarrollo sigue
una legalidad que no es la del capitalismo llamado industrial o desarrollado;
• el subdesarrollo y los desequilibrios de las sociedades latinoamericanas son una
resultante de la expansión mundial del capitalismo y de la reproducción de éste en su
interior;
• por tanto, el rezago y los desequilibrios son el resultado del desarrollo capitalista y no
producto de una insuficiencia de su desarrollo;
• por ello, más que alcanzar las metas y peldaños de las economías industriales, se
recorre un camino diverso de profundización del subdesarrollo;
• sólo la revolución socialista puede romper con los factores que reproducen esta
situación;
• así, la revolución socialista es una tarea actual y no para futuras etapas o
generaciones.

En manos de intelectuales que reivindican el marxismo como su cuerpo teórico y
metodológico de análisis, los estudios sobre la dependencia pusieron en primer plano la
articulación d« factores internos y externos que inciden en la reproducción del atraso y
del subdesarrollo de las formaciones sociales latinoamericanas. Sin embargo, dichos
estudios continuaron presentando por un largo periodo diversos lastres de su pasado, el
cual se negaba a desaparecer. Si bien se superaban muchas de las limitaciones
anteriores, predominó en ellos un sesgo sociologista y descriptivo, sin poder avanzar en
las leyes económicas que explican las particularidades del capitalismo dependiente. Por
estas razones, durante algún tiempo tendió a ser más claro el corte en el plano político
que en el plano propiamente teórico con el legado premarxista del estudio. Sin embargo,
esta situación no implicó un estancamiento. Por el contrario, los análisis de la
dependencia no sólo ganaron en profusión, ampliando enormemente el campo de
problemas abordados desde la nueva perspectiva, sino, también, en rupturas con el
pasado.

Uno de los autores que más ayudó en el plano teórico y metodológico a definir el nuevo
objeto de estudio fue el sociólogo brasileño Theotonio Dos Santos. Sus críticas a la
teoría del desarrollo y sus formulaciones sobre las diversas “formas de dependencia”,
permitieron mostrar que el estudio de esta problemática era un campo indispensable de
análisis. Su libro Imperialismo y dependencia, editado muy posteriormente, recoge
buena parte de los mejores trabajos desarrollados en esa época, junto a estudios más
recientes sobre el imperialismo v la actual crisis mundial capitalista, temas a los que
desplazó MI atención.

Iguales méritos corresponden a Vania Bambirra, también una de las precursoras de esta
nueva corriente marxista. A partir de criticar la tipología propuesta por Cardoso y
Faletto, desde aspectos metodológicos hasta aspectos de contenido, en MI libro El
capitalismo dependiente latinoamericano

Bambirra propone una nueva clasificación global de los países latinoamericanos en función del tipo de estructura productiva que presentan en el momento de la integración monopólica que se produce con posterioridad a la segunda guerra mundial. Allí establece dos tipos de estructuras:
1] Estructuras diversificadas, en las cuales aún predomina el sector primario-exportador,
existiendo sin embargo ya un proceso de industrialización en expansión, y 2]
Estructuras primario-exportadoras, cuyo sector secundario estaba compuesto aún casi
exclusivamente por industrias artesanales (p. 23).
El análisis de los diversos tipos propuestos, en particular el dr los países “tipo A”
(Argentina, México, Brasil, Chile, Uruguay), constituye un valioso avance en la
caracterización de las estructuras dependientes.

En este estadio del desarrollo de la teoría marxista de la dependencia, fueron los
trabajos de Andre Gunder Frank los que se constituyeron en el centro de la crítica de las
corrientes antidependentistas, tanto del marxismo endogenista como de la historiografía
económica marxista y no marxista, así como de los teóricos de la burguesía. Esto no fue
casual. En Frank se sintetizaron con mucha claridad los elementos que definen a la
teoría marxista de la dependencia en ese momento. Sus formulaciones sobre la
especificidad del capitalismo latinoamericano se topaban con las dificultades de
encontrar las herramientas teórico-metodológicas y los conceptos precisos que pudieran
dar cuenta de la situación, problema que en Frank queda de manifiesto en su más
comentado trabajo, El desarrollo del subdesarrollo capitalista en Chile, en donde
formula la relación metrópoli-satélite como base de la expropiación del “excedente
económico” a que se asiste en el sistema capitalista. Por otra parte, la conclusión de que
la única vía real de solución para los pueblos del continente se encuentra en el
socialismo constituía piedra de escándalo para los “científicos” de la burguesía y para
los impulsores de la revolución por etapas.

Apoyado más en geniales intuiciones que en un bagaje teórico riguroso, el trabajo de
Frank apuntó a problemas claves y a líneas políticas correctas. Así, por ejemplo, su
hasta hoy válida fórmula del “desarrollo del subdesarrollo” sintetizaba agudamente la
profundización de los desequilibrios y los atrasos de América Latina respecto a las
economías industriales en tanto se siguiera una vía capitalista de desarrollo, pero al
extender históricamente la situación de dependencia de América Latina confundía a ésta
con la situación colonial.

Ante las debilidades del análisis y las “provocativas” tesis políticas no fue extraño que
desde distintos bandos se cuestionaran los planteamientos de Frank. A pesar de las
limitaciones antes indicadas, creemos que Frank es sin duda quien mejor sintetiza esta
primera asunción del enfoque de la dependencia por parte del marxismo latinoamericano, en un esfuerzo intelectual que no logra resolver de un solo golpe —y
tales sucesos no ocurren en el plano teórico— los diversos problemas de su desarrollo.
Era (y es) difícil ser contemporáneamente marxista en una situación que exige no la
simple repetición de Marx, sino, sobre todo, recrear el marxismo.

UN NUEVO ESTATUTO TEÓRICO DE LA DEPENDENCIA

Uno de los principales problemas del nuevo marxismo en los años sesenta fue su
incapacidad para avanzar en una economía política de la dependencia, cuestión que en
parte se explica porque la mayoría de los teóricos de esta corriente eran sociólogos o
provenían de escuelas ajenas a la economía política. Tal era el caso de Dos Santos,
Frank, Bambirra, Vasconi, etcétera. Igual situación prevaleció en los análisis post-
CEPAL de Cardoso y Faletto. El débil desarrollo de esta disciplina provenía de décadas
anteriores en el marxismo latinoamericano en que la historiografía económica
predominó por sobre los análisis propiamente económicos. Éstos fueron más bien
patrimonio de corrientes burguesas, como hemos visto en el caso de los trabajos de la
CEPAL.

Esto no constituía un problema menor, ya que marcó los límites a los cuales podía
arribar el marxismo latinoamericano en la explicación de las raíces de su forma
dependiente de desarrollo. Esta explicación necesariamente debía realizarse en el plano
de la economía política, como base para posteriores estudios que dieran cuenta de los
fenómenos del Estado, las clases y la lucha de clases. Sólo una economía política de la
dependencia podía gestar la, comprensión de la legalidad vigente en la producción y
reproducción del capitalismo latinoamericano. En los autores anteriores, hay incursiones
en el campo de la economía, pero tales avances sólo sirven para acompañar
tangencialmente el análisis sociológico o se realiza en base a categorías que dificultan la
cabal comprensión del problema.

Curiosamente y como una prueba más de las debilidades de los economistas marxistas
latinoamericanos, va a ser un sociólogo—Ruy Mauro Marini— el que formulará las
bases de la economía política de la dependencia, marcando con su libro Dialéctica de la
dependencia el corte en el proceso de transición de una categoría que, surgida en un
campo teórico ajeno al marxismo, asume un estatuto teórico marxista. En Dialéctica de
la dependencia (DD en adelante), el marxismo latinoamericano alcanza su punto más
alto en tanto formulación de las leyes y tendencias que engendran y mueven el
capitalismo sui generis llamado capitalismo dependiente. Esto se alcanzaba luego de
una década de estudios sobre el tema.

A pesar de la importancia de caminar en esa línea, ya que el trabajo de Marini, por su
nivel de abstracción, no propiciaba el examen de situaciones particulares que
permitieran introducir en el estudio un cierto grado de relativización, llama la atención
la esterilidad presente en la economía política producida aun con posterioridad a dicho
libro. En este sentido, el trabajo de Marini es pionero y sólo ha tenido alguna
continuidad en otros ensayos que también le pertenecen: Plusvalía extraordinaria y
acumulación de capital y Las razones del neodesarrollismo.

Algunas de las aportaciones de Marini que permiten hablar de la fundación de una
verdadera teoría marxista de la dependencia son las siguientes:
a] la dependencia es una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia (DD, p. 18);
b] la formación del capitalismo dependiente sólo puede entenderse “en función de la
acumulación de capital en escala mundial y en particular de su resorte vital, la cuota
general de ganancia” (DD, p. 16);
c] América Latina ayuda a contrarrestar las tendencias a la caída de la tasa de ganancia
en las economías desarrolladas, favoreciendo el incremento de la tasa de explotación
(vía reducción del valor de los bienes salarios) y rebajando el valor del capital
constante (vía exportación masiva de materias primas);
d] en las relaciones comerciales internacionales y dada la monopolización que ejercen
las economías industriales sobre bienes industriales y tecnología, se establece un.
intercambio desigual desfavorable a las economías latinoamericanas, las cuales
transfieren valor a los países industriales;
e] como mecanismo de compensación de esta exacción, el capital latinoamericano
redobla la explotación de los trabajadores con el fin de incrementar la masa de valor;
esto genera una superexplótación de los trabajadores;
f] en base a la superexplótación, el capitalismo dependiente genera un ciclo del
capital en donde se produce una ruptura entre la esfera de la producción y la esfera de la
circulación, que desde otra perspectiva no es más que el creciente divorcio entre el
aparato productivo y las necesidades de consumo de las amplias mayorías;
g] el fundamento de la dependencia es así la superexplotación, en tanto explica la forma
fundamental de producción de plusvalía y da cuenta de por qué el aparato productivo y
la esfera de la circulación caminan desligados, reproduciendo un capitalismo que
extrema las contradicciones que son inherentes al modo de producción capitalista.
En trabajos posteriores, Marini introduce nuevos elementos en el desarrollo de la teoría
marxista de la dependencia, en particular referidos a la gestación del subimperialismo y
al peso particular que asume la producción de plusvalía extraordinaria en la economía
latinoamericana.

Luego de su publicación, las tesis de Dialéctica de la dependencia concentraron en el
corto plazo la atención de los científicos sociales de la región, y las posiciones críticas
desde diversos ángulos no se hicieron esperar. Así por ejemplo, Cardoso y Serra y
Castañeda y Hett plantearon un juicio común: el análisis de Marini es marcadamente
economicista y desconoce una de las deficiencias más notables del marxismo
latinoamericano: su débil desarrollo en la economía política.

En este tipo de críticas se hace palpable el sociologismo remante en las ciencias sociales
latinoamericanas, en donde las esferas social y política adquieren tanta autonomía que
se explican a sí mismas, dejando de lado la determinación económica (con todos los “en
última instancia” que se quiera) de los procesos sociales.

Arrancando de estas últimas deformaciones, se ha planteado que en los análisis
económicos de Marini no aparecen las clases sociales y la lucha de clases. Son las
mismas confusiones de quienes creen que el análisis de las clases en El Capital sólo
aparece en el capítulo Lil del tercer tomo y no ven que está presente, en tanto análisis de
las clases a nivel económico, bajo las categorías de plusvalía, valor de la fuerza de
trabajo, salario, ganancia, a lo largo de toda la obra.

Otra crítica muy generalizada desde un espectro de posiciones muy amplio es la que
plantea que en Dialéctica de la dependencia prevalece un análisis circulacionista por
sobre el análisis de la esfera productiva. Aquí se confunde un problema de método, esto
es, la necesidad de partir de la circulación de capitales y mercancías para comprender la
vinculación de América Latina al mercado mundial, con un problema de objeto, cual es
analizar el ciclo del capital que a partir de dicha vinculación se crea en la región y las
razones y leyes que asume en su reproducción. Suponen los críticos, por la confusión
anterior, que Marini postularía la supremacía de la circulación por sobre la producción
en el funcionamiento del capitalismo, lo cual es absolutamente errado.

Digamos por último que la categoría de superexplotación se ha constituido en uno de los puntos más polémicos de las ciencias sociales latinoamericanas en los últimos años.
Entendida como el proceso mediante el cual “el trabajo se remunera por debajo de su
valor” (DD, p. 42) y no como “una supervivencia de modos primitivos de acumulación
de capital, sino [—] inherente a ésta y [que] crece correlativamente al desarrollo de la
fuerza productiva del trabajo” (DD, p. 98), la categoría de superexplotación ha sufrido
todo tipo de equívocos y es quizá el punto clave de las disputas respecto al carácter del
capitalismo latinoamericano. Para algunos, constituye una categoría que da cuenta de
procesos pretéritos anteriores al capital. Otros, aceptando que es un fenómeno que
puede darse en el capitalismo, lo restringen a las formas de producción de plusvalía
absoluta y en tanto dan por supuesto que el capital industrial se rige por la producción
de plusvalía relativa, la entienden como un mecanismo extraordinario y accidental.
Terceros la confunden con el proceso de pauperización absoluta y, en tanto el capital no
puede “liquidar” a la fuerza de trabajo, suponen incorrecta la tesis de la
superexplotación.
No es difícil constatar que en esta diversidad de opiniones lo que se hace manifiesto es
la incomprensión del término y de los procesos que da cuenta. No repetiremos aquí
ideas ya formuladas con suficiencia refutando los planteamientos anteriores.
24
Digamos
tan sólo que la categoría de superexplotación es la piedra angular para comprender la
especificidad del capitalismo latinoamericano en tanto da cuenta de las formas
particulares en que se asienta la producción de plusvalía, cómo es explotada la fuerza de
trabajo y las tendencias que de ello se derivan en el plano de la circulación y
distribución.
Si Frank constituyó el punto más alto en el tránsito de la dependencia al marxismo,
Marini es el autor que funda la teoría marxista de la dependencia. Ya decíamos
anteriormente que este autor ha permanecido prácticamente sólo entre su generación en
el desarrollo de estas temáticas y con una producción todavía escasa. Esto no deja de ser
un proceso curioso. Justo cuando se dan las bases para que en el plano teórico el
marxismo latinoamericano pueda dar un alto general, se produce el abandono de esta
tarea por diversos intelectuales ligados anteriormente a estos proyectos.
Esta paradoja tiene parte de su explicación en el proceso contrarrevolucionario que se
desata en el cono sur de América Latina con particular fuerza en la primera mitad de los
setentas. Por su incidencia en el tema que nos ocupa, es particularmente significativo el
golpe militar en Chile, ya que allí se concentraba parte importante de los intelectuales
marxistas que dieron vida a los estudios de la dependencia. Tras el golpe militar en ese
país, se produce la diáspora que desarticula equipos de trabajo y temas de investigación.
La teoría marxista en todas sus vertientes resintió agudamente el proceso
contrarrevolucionario: unas, como sostenes ideológicos de la derrota de la “vía chilena
ni socialismo”; otras, como el resultado del violento cambio en las correlaciones de
fuerza y por la liquidación de sus proyectos. Todas, por la represión.
Pero desde antes del golpe militar algunos de los más importantes teóricos de la
dependencia ya habían iniciado un camino que los apartaba de los temas centrales
propuestos. Andre Gunder Frank por ejemplo, ya había escrito La dependencia ha
muerto, viva la dependencia y la lucha de clases ensayo en donde se hacía evidente su
agotamiento en aquella problemática. Theotonio Dos Santos, por otra parte, iniciaba sus
estudios sobre el imperialismo, que, si bien ligados a los problemas de la dependencia,
ponían el acento en la economía desarrollada y los avances tecnológicos. De esta forma,
Marini no sólo concentró las críticas sino la tarea de avanzar en el tema.

Más allá de los elementos puntuales de la crítica a la obra de Marini antes señalados,
existen dos grandes corrientes que plantearon en forma más global posiciones
alternativas a la teoría de Marini. Nos referimos a los trabajos provenientes del
marxismo endogenista, que luego de un largo periodo de repliegue teórico buscó nuevos
aires tras las tesis de la “articulación de modos de producción”, y a las formulaciones de
antiguos dependentistas que, junto con los antiguos teóricos liberales cepalinos, han
dado vida al neo-desarrollismo.
LA ARTICULACIÓN DE MODOS DE PRODUCCIÓN

La crisis que vivió el marxismo endogenista en los años sesenta, con la “sorpresa” de la
revolución cubana, el agotamiento de sus tesis políticas y el quiebre de muchas de sus
organizaciones, creó dificultades a su elaboración teórica. Sus planteamientos tendieron
a ser más contestatarios respecto a las formulaciones de la dependencia que tocante a la
creación de puntos de vista nuevos en la caracterización del capitalismo
latinoamericano. Sólo a mediados de los años setenta la situación se modifica, cuando
ciertas formulaciones gestadas en Europa, particularmente en Francia,
26
son retomadas
por teóricos comunistas latinoamericanos, dando vuelo a la teoría de la “articulación de
modos de producción”, en un claro sentido alternativo a las tesis de la dependencia.
Agustín Cueva ha sido sin duda el más lúcido exponente de esta interpretación en
nuestro continente. Su libro El desarrollo del capitalismo en América Latina
27
es una de las obras más valiosas producidas en la segunda mitad de los años setenta en la zona. En el trabajo de Cueva se repiten viejas tesis teóricas y políticas del marxismo endogenista pero con significativas innovaciones, tomadas muchas de ellas de las propuestas de los teóricos de la dependencia. Estos cambios, presentes en ideas como “las deformaciones del aparato productivo capitalista debido a nuestra integración en el orden económico mundial”, “situaciones de dependencia” o sobrexplotación, harán más corta la brecha entre este enfoque y las formulaciones marxistas de la dependencia.

En este trabajo hay un esfuerzo evidente por superar las limitaciones endogenistas más
recalcitrantes, tratando de integrar en el análisis los condicionantes exteriores con los
factores internos para explicar la originalidad del capitalismo latinoamericano. Es así
como se indica que “la plena incorporación de América Latina al sistema capitalista
mundial […] no ocurre a partir de un vacío, sino sobre la base de una matriz económico-
social preexistente”, por lo que esta situación “nos coloca ante la complejidad de un
proceso en el que lo interno y lo externo, lo económico y lo político, van urdiendo una
trama histórica hecha de múltiples y recíprocas determinaciones” (pp. 11 y 12).
La idea de “recíprocas determinaciones” de los factores externos e internos, si bien
supera los enfoques unilaterales que consideran sólo uno u otro elemento, no nos
resuelve el hilo conductor que debe guiar el análisis. El problema no se aclara con una
sumatoria de elementos y conceptos o con un equilibiro indeterminado de factores
internos y externos.

¿Dónde están las raíces de nuestro subdesarrollo? ¿Cuáles son los elementos
definitorios en la gestación del capitalismo particular latinoamericano? Cueva formula
una propuesta. Así nos dice que el subdesarrollo latinoamericano sólo se torna comprensible al conceptualizarlo como un proceso de acumulación muy particular de contradicciones que no derivan únicamente de los elementos históricos en que hemos enfatiza-do […] (“prusianismo” agrario, “deformaciones” del aparato productivo capitalista debido a nuestra integración en el orden económico mundial, succión de excedentes por el capital monopolice) sino también de una heterogeneidad más amplia, explicable en términos de articulación de modos de producción, sin cuyo análisis resulta imposible entender el propio desarrollo concreto de los elementos estudiados hasta ahora, (p. 100.)

El peso de la respuesta de Cueva, en medio de un agregado de factores, claramente se
inclina a hacer de la “articulación de modos de producción” un elemento clave en la
explicación.

El subdesarrollo latinoamericano se presenta a primera vista como un proceso atrasado e
insuficientemente capitalista frente a las formas y modalidades que asumió el
capitalismo en los llamados países centrales. Por esta razón, la idea de la “articulación
de modos de producción” (en tanto integración de formas “atrasadas” y “modernas” de
producción) no es más que quedarse en la descripción del problema, en cómo el
capitalismo latinoamericano se muestra y se expresa. Pero poco se ha avanzado en
explicar por qué asume esas formas.

Apoyémonos en una larga cita de Marx para avanzar en el tema. En la sección dedicada
al ciclo del capital (tomo II de El Capital) Marx indica:
Dentro de su proceso de circulación, en que el capital industrial funciona como dinero o
como mercancía, el ciclo del capital industrial, ya sea capital dinero o capital
mercancías, se entrecruza con la circulación de mercancías de los más diversos tipos
sociales de producción, siempre y cuando sean al mismo tiempo, sistemas de
producción de mercancías. No importa que la mercancía sea producto de – un tipo de
producción basado en la esclavitud o del trabajo de campesinos (chinos, ryots indios,
etcétera), de un régimen comunal (Indias orientales holandesas) o de la producción del
Estado (como ocurre en ciertas épocas primitivas de la historia de Rusia, basadas en la
servidumbre), de pueblos semisalvajes dedicados a la caza, etcétera.

Y Marx agrega:
El carácter del proceso de producción de que procedan [las mercancías] es indiferente,
para estos efectos, funcionan como tales mercancías en el mercado y entran como
mercancías tanto en el ciclo del capital industrial como en la circulación de la plusvalía
adherida a él. Es pues su carácter universal, la existencia del mercado como mercado
mundial, lo que caracteriza al proceso de circulación del capital industrial. (Ed. del
Fondo de Cultura Económica, tomo n, p. 98.)

De lo anterior podemos señalar tres cuestiones centrales en relación a los problemas que
nos ocupan:
1. Lo que determina la imbricación que se produce entre los distintos “modos de
producción” en América Latina es el tipo de inserción que establece esta zona con el
mercado mundial capitalista.
2. La vinculación de América Latina al mercado mundial (que se modifica al avanzar el
proceso histórico, de ahí la necesidad de estudiar los fenómenos de la dependencia)
genera particularidades en su ciclo del capital, el cual en determinadas situaciones no
sólo permite sino que requiere la reproducción de formas no típicamente capitalistas
para consolidarse y desarrollarse.
3. Esta “articulación de modos de producción” no se da a nivel de la producción
inmediata, sino de la circulación. Pero al hacerse presente las tendencias propias de la
producción de plusvalía y capital, los modos de producción existentes se readecúan y
restructuran, sufriendo variadas alteraciones, para hacer frente a los requerimientos de
una producción mercantil adecuada a las exigencias del capital. El capital buscará
apropiarse no sólo de la periferia de los diversos tipos de producción sino de sus bases
mismas.

Si en América Latina estas readecuaciones en la producción no asumen formas clásicas
no es tanto por una insuficiencia de desarrollo capitalista, porque aun cuando se trate realmente de un desarrollo insuficiente de las relaciones capitalistas, esa noción se refiere a aspectos de una realidad que, por su estructura global y su funcionamiento, no podrá nunca desarrollarse de la misma forma como se han desarrollado las economías capitalistas llamadas avanzadas. Es por lo que más que un precapitalismo, lo que se tiene es un capitalismo sui generís […] (DD, p, 14).

De esta forma, salvo que aún se sostenga que nos encontramos en estadios inferiores de
desarrollo frente al capitalismo clásico, el capitalismo latinoamericano ha madurado de
una manera específica marcada por sus modalidades de integración al mercado mundial
capitalista, lo que ha definido particularidades en la reproducción del capital.
En otro orden de cosas Cueva insiste en la dominación de un modo de producción
feudal en América Latina, pero a diferencia de los planteamientos anteriores del
marxismo endogenista, no lo hace vigente para este siglo sino hasta las tres cuartas
partes del siglo pasado.

Así indica: Al finalizar la forma de implantación del capitalismo en América Latina creemos haber
sentado las bases para la comprensión de este problema, que en estricto rigor no es, en
el siglo XX, el de la transformación del feudalismo en capitalismo, puesto que este
proceso, en sus líneas generales, se ha operado ya durante la fase oligárquica (p. 148,
subrayado nuestro).

En todo caso, el hacer retroceder en el tiempo el feudalismo tiene implicaciones
políticas importantes. Para Cueva, se hace difícil sostener la vigencia para este siglo de
revoluciones democrátíco-burguesas reales y por ende de alianzas del movimiento
popular con la burguesía industrial. De esta forma, en un verdadero mea culpa, plantea
algo que el marxismo de la dependencia formuló desde sus inicios.

Pero esta misma confrontación [entre la fracción agraria e industrial], que en épocas de
crisis alcanzó el grado máximo de paroxismo, está teñida siempre de ambigüedades, en
la medida en que la tendencia expansiva del capital industrial, que en principio lo
impulsa a buscar una ampliación del mercado interno, se ve contrarrestada por el temor
de desarticular el motor principal ya establecido de acumulación de capital en general.
Por esta razón la burguesía industrial latinoamericana no ha desempeñado un papel
revolucionario, sino que se ha detenido en las fronteras de un tibio reformismo; la
revolución democrático-burguesa le ha parecido como un gran “salto al vacío”, como un
riesgo de perspectivas inciertas que nunca se decidió a asumir (p. 150, subrayado
nuestro).

Esta última parte avanzada por el marxismo endogenista también ayudará a crear
condiciones para que en el plano político pueda producirse el acercamiento entre las
vertientes comunistas y de la izquierda revolucionaria en América Latina, proceso
producido en todo caso por razones más objetivas.
LA CONFLUENCIA DE LAS PRINCIPALES CORRIENTES MARXISTAS

Si la revolución cubana puso en crisis las tesis dominantes en el seno del marxismo
latinoamericano y abrió las puertas para el desarrollo de una línea de reflexión nueva,
que pondrá a la dependencia en el centro de su análisis, la revolución nicaragüense
también provocó en el marxismo latinoamericano significativas consecuencias. La
primera y más inmediata es la legitimación de las organizaciones político-militares
creadas en los años sesenta y setenta, que se reivindican marxistas, con un desarrollo
paralelo a los partidos comunistas y que ponen en el centro de su planteamiento político
a la lucha armada. Por otra parte, en la medida en que la reflexión y el análisis de los
revolucionarios nicaragüenses se encuentran inmersos en los parámetros de la teoría
marxista de la dependencia, esta corriente se fortaleció en sus confrontaciones teórico-
ideológicas.

Más aún, la revolución nicaragüense puso en evidencia una estrategia de victoria frente
a la derrota sufrida por el movimiento popular en Chile en su intento de abrir una vía
pacífica al socialismo, respetando el aparato estatal burgués. Todos estos elementos no
podían sino comunicar nuevamente al marxismo endogenista, particularmente a
aquellos partidos comunistas inmersos en sociedades en crisis políticas y
prerrevolucionarias o a aquellos que habían destinado cuadros en los frentes de batalla
en Nicaragua.

Los resultados de los factores anteriores pronto comenzaron a hacerse sentir en el plano
político y en el plano teórico en América Latina. En el plano político, se inició un
acercamiento entre la nueva izquierda marxista y algunos partidos comunistas, proceso
que arrancó en los países centroamericanos, principal zona de los conflictos políticos de
la región, y que también se extendió a otros países del continente como Chile y Bolivia.
Así se logró avanzar en la confluencia de las dos principales corrientes políticas
marxistas latinoamericanas, proceso inédito en el continente a la fecha.

En el plano teórico, este proceso se expresó en el reflujo de la discusión mantenida entre
el marxismo endogenista y la teoría marxista de la dependencia. Desde ambos campos
la polémica fue reducida, prevaleciendo el criterio de fortalecer la incipiente unidad
política. Éste es uno de los factores que explica la paralización de la discusión en torno
a los problemas de la dependencia en el último tiempo en América Latina.

Otra razón, derivada también del movimiento político real, contribuyó a minimizar las
diferencias en el plano teórico. La multiplicación de golpes militares en la región,
particularmente en el cono sur del continente, en la primera mitad de los años setenta,
puso en el centro de la misma la caracterización del nuevo Estado latinoamericano. El
tema pasó a ser abordado desde diversas corrientes teóricas marxistas y no marxistas,
multiplicándose los ensayos y trabajos sobre un campo que en fechas anteriores había
despertado escasa preocupación.

En relación a las corrientes que aquí nos ocupan, la discusión asumió cortes en donde la
dicotomía casi general presentada anteriormente entre endogenistas y dependentistas se
expresó con nuevas modalidades. Muchos de los marxistas de la dependencia se
adscribieron a la caracterización que el marxismo endogenista realizó de los nuevos
gobiernos militares en tanto regímenes de corte fascista, agregando en algunos casos la
connotación de fascismo dependiente. Una buena síntesis de las diversas posiciones
encontradas es el material “La cuestión del fascismo en América Latina”, que reúne la
participación de teóricos endogenistas (Agustín Cueva), dependentistas que coinciden
en la caracterización de fascismo (Theotonio Dos Santos, Pío García) y dependentistas
30
A partir de una consideración de los cambios operados en la estrategia imperialista
hacia América Latina, en las fuerzas armadas bajo la doctrina de la contrainsurgencia y
en las clases sociales, donde destacan la constitución de una burguesía monopólica y el
crecimiento del proletariado, Marini formula su categoría del Estado de cuarto poder
que sintetiza las funciones de poder de los aparatos armados burgueses (junto a los tres
poderes clásicos del Estado, de ahí lo de cuarto poder) en el marco de alianzas de estos
aparatos con el capital monopolice. Este planteamiento es sin duda la mejor
aproximación a las transformaciones que sufre el Estado latinoamericano en las últimas
décadas, ya sea que asuman éstos la forma de dictaduras militares o de gobiernos
civiles.
La discusión de estos temas, que permitió un sustantivo avance de la teoría política
marxista latinoamericana, también entró en una suerte de reflujo, como resultado en
primer lugar de los acercamientos políticos entre las corrientes marxistas antes
señaladas, pero también como producto de los cambios operados en diversos regímenes
militares que, al institucionalizarse, han dado paso a fórmulas civiles de gobierno, con
lo cual la idea de fascismo ha perdido no sólo fuerza teórica sino también el carácter
agitativo y de denuncia que en algún momento pudo ser útil.

DEPENDENTISTAS Y NEODESARKOLLISTAS

Las diferencias y contradicciones entre los teóricos de la dependencia sólo asumieron un
carácter significativo luego de la publicación de Dialéctica de la dependencia. Ello
obedeció al claro corte de aguas que estableció el análisis de Marini en el plano teórico.
A partir de ese punto, ya no todos los dependentistas se sintieron dependentistas, porque
el calificativo comenzó a significar muchas más cosas que en sus inicios. El marxismo
se había apropiado de dicha categoría, dando connotaciones clasistas al enfoque de los
problemas que afronta el capitalismo latinoamericano y a las tendencias de la lucha de
clases, lo que obligó a definiciones.

El primer signo de este decantamiento fue el trabajo de F. H. Cardoso Notas sobre el
estado actual de los estudios sobre la dependencia, publicado en 1972. Allí, Cardoso
inicia moderadamente sus objeciones a la categoría de superexplotación en tanto factor
clave del capitalismo dependiente, al considerarla una forma antediluviana de
explotación capitalista y no resultado del desarrollo del capitalismo como tal.

Posteriormente, bajo un nuevo cuadro político en Brasil, con pasos significativos de la
dictadura militar por institucionalizarse, en medio de aperturas políticas y una creciente
recomposición y reactivación del movimiento popular, Cardoso lanza un violento
ataque a la obra de Marini, rechazando las tesis de la superexplotación y del
subimperialismo. Su ensayo Las desventuras de la dialéctica de la dependencia,
en colaboración con J. Serra, es una férrea defensa del capitalismo brasileño y de una
salida burguesa democrática a la situación política. Marini responde a las “desventuras”
con un ensayo titulado Las razones del neodesarrollismo en donde precisa una serie de
elementos en torno a la superexplotación que en sus trabajos anteriores, por su carácter
más general, no fueron considerados, al igual que sobre el subimperialismo.

El título de la respuesta de Marini e» esclarecedor respecto a ciertos cambios operados
en los últimos años en las ciencias sociales latinoamericanas. El avance del proceso
contrarrevolucionario, con sus secuelas de desarticulación y dispersión en la reflexión
del marxismo latinoamericano, y el abandono de ciertas temáticas, dieron espacio para
que nuevamente comenzaran a recuperar posiciones perspectivas pequeñoburguesas y
burguesas, las cuales habían perdido audiencia y proyección desde mediados de los
sesenta y la primera mitad de los setenta. Así, intelectuales como Prebisch, Furtado y
Pinto, padres del desarrollismo, han vuelto a levantar cabeza en muchas discusiones,
alimentándose en su renacer de planteamientos extraídos del arsenal de la misma teoría
de la dependencia.

El neodesarrollismo ha ganado vida a partir de propiciar fórmulas más orgánicas y
equilibradas de desarrollo capitalista, frente a los nuevos desequilibrios provocados por
la creciente internacionalización que vive el capitalismo latinoamericano y a la
voracidad de sus fracciones monopólicas y financieras. Estos planteamientos han
tendido un puente de plata para que intelectuales y fuerzas políticas del movimiento
popular apoyen las posiciones de fracciones burguesas desplazadas en el actual esquema
económico y político. Pero esto ha requerido de nuevas formulaciones teóricas en el
plano específico de la política. Veamos brevemente qué ha ocurrido allí.

EL NEOGRAMSCIANISMO

El neodesarrollismo constituye la cara económica de una ofensiva teórica y política que
también cuenta con una cara específicamente política. En efecto, en los últimos años ha
ganado cuerpo una vertiente teórica que busca su legitimidad, en tanto corriente
marxista, apoyándose en los trabajos de Antonio Gramsci. Este aspecto es, quizá, lo más
novedoso de una repetición de viejas tesis revisionistas, que han sido actualizadas con el
rico y variado vocabulario del revolucionario italiano. Gestada inicialmente en Europa
occidental para alimentar al llamado eurocomunismo, esta corriente también ha
adquirido presencia en América Latina.

Más allá de las contradicciones reales presentes en la obra de Gramsci, acrecentadas en
gran medida por su carácter fragmentario y por un Vocabulario que disfraza muchos de
sus planteamientos para evitar la censura carcelaria,
37
lo cierto es que la amplia difusión
de sus trabajos ha sido acompañada de una verdadera mutilación de su reflexión, en
donde se ha separado el espíritu de una búsqueda de las vías de la revolución para
Occidente y de su práctica revolucionaria. Así se ha construido una reflexión
gramsciana acorde con los postulados reformistas de la política y el Estado, en un nuevo
intento por socialdemocratizar el marxismo. Se trata de una ofensiva —no siempre
explícita— que busca desarticular al marxismo del leninismo con el fin de construir
algo así como un marxismo-gramscianismo. Se hace manifiesto el intento de
contraponer Gramsci a Lenin, a partir de dar por sentado que la vigencia de este último
está en entredicho, quedando así el propio marxismo en cuestión.

Autores como Ernesto Laclau, Juan Carlos Portantiero, Fernando Delich, Carlos Pereyra
y Tomás Moulian son algunos de los más connotados voceros del neogramscianismo
latinoamericano. El revisionismo subyacente en sus planteamientos, apoyado en “abusos” de Gramsci, constituye el denominador común a esta corriente, la cual presenta en su interior matices y diferencias menores frente a los factores que la unen. La concepción unidimensional de la hegemonía burguesa, en tanto dirección y consenso, desligada de la coerción y la fuerza, la sobrevaloración del Estado burgués como expresión no sólo de los intereses de las clases dominantes, sino también de las clases dominadas, subordinándose el problema clave referido al carácter de clase de dicha institución, son algunas de las tesis que permiten al neogramscianismo justificar y
alentar estrategias gradualistas de “conquista” del Estado, a través de su copamiento.
Implícitamente se introduce la vieja idea de que el Estado capitalista responderá a la
clase que lo ocupe, y que logre acceso a sus instituciones.

Bajo estos supuestos, la conocida estrategia de “guerra de posiciones” formulada por
Gramsci, es restringida a la asunción de espacios en la sociedad civil y en la sociedad
política, y la revolución a un proceso de conquistas parciales que en un determinado
punto marcarían el cambio de las correlaciones de fuerza entre las clases antagónicas,
quedando de esta forma totalmente diluida.

LOS EJES GEOGRÁFICOS DE LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA

La combinación de factores objetivos y subjetivos ha determinado un desarrollo
desigual de la teoría de la dependencia en los diversos países del subcontinente. Nuestra
intención en este punto no es hacer un análisis de las diversas formaciones económico-
sociales en cuanto a su participación en el desarrollo de aquel campo teórico. Sólo nos
limitaremos a llamar la atención sobre aquellos países que en forma más amplia han
incidido en este fenómeno en tanto nos permiten considerar algunos problemas
relacionados con los condicionantes que han actuado en los aspectos más dinámicos del
marxismo latinoamericano en estas últimas dos décadas.

Es notorio que la teoría marxista de la dependencia ha encontrado en países del cono sur
del continente (Brasil, Argentina, Chile) y en México sus puntos geográficos de
desarrollo por excelencia. Es también en estos países en donde el pensamiento social
bajo sus diversas vertientes ha encontrado sus centros más relevantes. El denominador
común a todos ellos y que seguramente juega un papel destacado en cuanto base
objetiva del marxismo latinoamericano es el hecho de que constituyen las formaciones
sociales en donde el capitalismo ha alcanzado un más profundo y extendido desarrollo.
A lo largo de nuestra exposición es manifiesta la reiteración de teóricos brasileños en las
principales discusiones y aportes a la teoría de la dependencia: Cardoso, Dos Santos,
Banibirra, Marini. El marxismo brasileño quizá tiene menos tradición que el marxismo
argentino, chileno o peruano, los cuales produjeron en las primeras décadas de este siglo
nombres como Aníbal Ponce, Luis Emilio Recabarren y José Carlos Mariátegui.

Sin embargo, surge en los años sesenta con mucha fuerza pasando a ocupar, sin lugar a
dudas, el centro del desarrollo teórico marxista latinoamericano.

A diferencia del marxismo argentino de la misma fecha, los teóricos brasileños han
mantenido una relación muy estrecha con organizaciones políticas, ya sea de su país o
en Chile, cuando la mayoría de ellos debió emigrar a causa de la dictadura, lo cual
alentó que su reflexión mantuviera una ligazón con problemas de orden político y
favoreció la integración de teoría y praxis. De aquí arranca la riqueza de sus trabajos y
su capacidad para incidir sobre problemas claves, lo que ha hecho que sus tesis estén en
el centro de las discusiones de las ciencias sociales de la región.
41
Como en otros casos, la implantación de la dictadura militar y la persecución del
marxismo han puesto en entredicho la regeneración de cuadros teóricos marxistas en
Brasil. No aparece en el horizonte un signo claro que indique la continuidad; más bien
la ruptura entre aquella generación y la generación por venir caracteriza la situación.
Los nombres de Weffort, Furtado y Conceigáo Tavares confirman desde otras líneas de
reflexión la importancia del pensamiento brasileño en las ciencias sociales
latinoamericanas.

Incluso en el campo del trotskismo, que constituye, sin duda, una importante vertiente
del marxismo latinoamericano, se hace palpable esta suerte de concentración geográfica
en el desarrollo del marxismo latinoamericano. Así, dos de sus principales exponentes,
Michael Lowy y Adolfo Gilly, el primero brasileño y el segundo argentino, confirman
lo anterior.

En relación a los problemas de la dependencia, el aporte de los intelectuales argentinos
ha sido limitado. Con una rica tradición el marxismo argentino ha presentado con
mucha mayor fuerza que en Brasil y Chile muchas de las características que Anderson
atribuye al llamado “marxismo occidental”; un fuerte academicismo, con una reflexión
distante del trabajo militante, privilegiando los estudios superestructurales y,
agregaríamos, más centrado en las problemáticas teóricas definidas en Europa
occidental que en América Latina.

Ya hemos indicado que uno de los pioneros de los estudios que culminarán en la teoría
de la dependencia es Sergio Bagú. Con posterioridad los trabajos de Tomás Vasconi
sobre educación abrieron este campo a los estudios de la de-pendencia y sus trabajos
más recientes sobre los regímenes militares constituyen materiales valiosos en la
discusión respecto a la caracterización del nuevo estado en la región. José Nun
introdujo en la discusión el tema del ejército industrial de reserva y de la llamada
marginalidad desde la óptica de la dependencia con su artículo “Sobrepoblación
relativa, ejército industrial de reserva y masa marginal, el cual recibirá una
contundente respuesta en sus equívocos funcionalistas en el trabajo de F. H. Cardoso,
Comentarios sobre los conceptos de sobrepoblación relativa y marginalidad

Ernesto Laclau y Carlos Sempat Assodourian, desde posiciones críticas centradas
particularmente en Andre Gunder Frank, participaron en la discusión sobre el carácter
de la formación social latinoamericana. Como vimos anteriormente, Laclau traslada más
tarde su campo de atención a los problemas de la teoría política.

Los trabajos de Ménica Peralta, Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero sobre el desarrollo económico y las clases constituyen materiales necesarios para el estudio de la formación social argentina.

Una de las aportaciones más importantes de la intelectualidad argentina ha sido en
materia editorial. El trabajo de José Aricó en este sentido, particularmente en Cuadernos
de Pasado y Presente, ha sido de incalculable valor al permitir al lector latinoamericano
conocer materiales “olvidados” del marxismo clásico, polémicas y discusiones y, en
general, textos de difícil acceso, todo lo cual ha enriquecido el acervo del marxismo
latinoamericano.

Digamos, por último, que los trabajos más recientes de Juan Carlos Marín, centrados en
la búsqueda de explicaciones sobre las particularidades de los enfrentamientos clasistas
en la región, mantienen una perspectiva que rebasa las especificaciones del continente,
mostrando una fuerte influencia de Foucault.
49
En el caso de Chile, el marxismo se ha desarrollado en una cercana ligazón a las
organizaciones políticas, pero con una proyección muy localista que apenas si alcanza
un carácter más universal. No es arriesgado indicar que la aportación de los intelectuales
chilenos a los problemas aquí comentados ha sido bastante secundaria. Destacan los
trabajos de Fernando Fajnzylber, Alberto Martínez y Pedro Vuscovic, a los cuales
pueden agregarse los de Orlando Capullo, Alvaro Briones y Sergio Ramos.

Faletto es quizá uno de los inlelecluales chilenos más conocidos luego de su trabajo
conjunto con Cardoso ya señalado. El peso de las concepciones weberianas en sus
estudios impide con rigor ubicarlo plenamente en el campo del marxismo.
Chile tiene importancia en el desarrollo de la teoría marxista de la dependencia no por el
aporte de sus intelecluales al lema sino porque fue en ese país donde se escribieron
muchos de los más importantes trabajos que hemos comentado, en la pluma de
intelectuales extranjeros que se concentraron en sus universidades desde la segunda
mitad de los años sesenta hasta el golpe militar. El ascenso que vivía el movimiento
popular y el fortalecimiento de las fuerzas políticas marxistas crearon el marco objetivo
para alentar estos estudios.

Digamos, por último, que de todos los casos mencionados es en México donde el
movimiento popular muestra mayores dificultades para consolidarse en el periodo que
consideramos. Los golpes sufridos a fines de los sesenta y comienzos de los setenta, sin
duda repercuten en esta situación. Lo anterior, unido a las debilidades de las fuerzas
políticas marxistas, ha significado trabas para una participación más creativa y profunda
del marxismo mexicano. Sin embargo, los trabajos de Rodolfo Stavenhagen, Alonso
Aguilar, José Luis Ceceña y Pablo González Casanova constituyen referentes
importantes para abordar los estudios de la formación social mexicana y
latinoamericana.

Luego de la oleada represiva en el cono sur se concentraron en México muchos de los
teóricos marxistas latinoamericanos que tuvieron destacada participación en la gestación
de los estudios de la dependencia, como Dos Santos, Marini, Bambirra, Caputto, así
como autores que responden al neogramscianismo, como Portantiero y Aricó. Es
prematuro sacar conclusiones respecto a la incidencia de este proceso en el curso del
marxismo mexicano, particularmente en las nuevas generaciones.

TEORÍA Y REVOLUCIÓN

Entre la línea de un marxismo militante que caracterizó el movimiento de esta teoría en
los comienzos de este siglo en Rusia, Alemania, Polonia, Austria, Italia, en estrecha
relación con los procesos revolucionarios y con una preponderancia en los estudios de la
economía política y de la teoría política y otra que deja su huella posteriormente en
Europa Occidental, con un claro tinte académico, privilegiando aspectos no centrales
del análisis superestructural, el marxismo latinoamericano se ha desarrollado en las
dos últimas décadas en un terreno intermedio. Ha llegado a las universidades y le ha
sido reconocida su calidad de ciencia social, pasando a ser objeto y método de estudio
en las aulas universitarias, lo cual ha favorecido su masiva difusión, siendo creciente el
número de investigadores que utilizan su instrumental teórico. El costo de esta ventaja
ha sido la gestación de un marxismo académico, que lima muchas de sus aristas
políticas en aras de no perder ante los ojos de sus enemigos su carácter “objetivo”,
rompiendo o tensando su unidad básica en tanto teoría y ciencia para la acción.

Pero a diferencia del llamado marxismo “occidental”, los teóricos marxistas
latinoamericanos —tanto dependentistas, endogenistas, como sectores del
neogramscianismo— han mantenido, por lo general, junto al trabajo en la academia, una
ligazón con la vida partidaria, lo cual ha marcado parte sustancial de sus preocupaciones
y de las líneas de solución teóricas propuestas. De esta forma, vista globalmente, la
contradicción antes apuntada ha tendido a encontrar una vía de solución, y las
perspectivas académicas y militantes han podido equilibrarse, aunque con desventajas
fundamentales del materialismo histórico, generalmente para estas últimas, pero sin rupturas.

El hecho de que América Latina sea en estos años uno de los “eslabones débiles de la
cadena imperialista”, constituye sin duda, uno de los factores que más han incidido en
que la contradicción entre un marxismo académico y uno militante no se resuelva
incorrectamente. Sin embargo, no siempre los ejes geográficos del desarrollo teórico del
marxismo latinoamericano han coincidido con los ejes geográficos de la revolución.
Más bien ha prevalecido la dislocación. Esta asincronía constituye uno de los elementos
que han marcado los límites de la reflexión marxista latinoamericana, particularmente
en el campo de la teoría política.

La revolución latinoamericana ha desplazado sus ejes desde el cono sur en la primera
mitad de los años setenta a Centroamérica en la segunda mitad de esa década y
comienzos de la actual. De esta forma, en los momentos de maduración de la teoría
marxista de la dependencia, básicamente en Brasil, y posteriormente en Chile, hasta
1973, existió cierta correspondencia geográfica entre teoría y revolución. Pero ello no
ha sido así para la segunda parte.

La suerte del proceso más cercano a una crisis revolucionaria en el primer periodo —el
proceso chileno— expresa los límites del desarrollo de una teoría revolucionaria en la
región. No fue accidental el poderoso impulso que alcanzaron en Chile los estudios
sobre la dependencia. La concentración de teóricos marxistas constituyó sin lugar a
dudas un factor de vital importancia. Pero no menos importante fue la crisis de
dominación y el periodo prerrevolucionario abierto en el país y en particular el auge del
movimiento de masas que impuso su signo en la lucha de clases desde fines de los años
sesenta. Esto alentó a muchos teóricos a establecer una activa vida militante junto a las
labores académicas. Los estudios políticos se multiplicaron al calor de las exigencias
que imponía la lucha de clases. La nueva situación de un gobierno popular inmerso en
un Estado burgués incentivó propuestas teóricas con claras connotaciones en el
quehacer político. Llamemos la atención sobre dos estudios al respecto que expresan las
principales visiones como se caracterizó el momento estatal. El primer trabajo, de
Sergio Ramos, cuadro intelectual del partido comunista, en su trabajo Chile, ¿una
economía de transición? plantea la tesis de la dualidad de poderes dentro del Estado y
el inicio de la construcción del socialismo en el país. Marini, en su ensayo “La pequeña
burguesía y el problema del poder”, el parámetro para evaluar la acción del […] gobierno [de Allende] no es la construcción del socialismo, sino más bien la conquista del poder político. Es la revolución, no la transición, el eslabón por el cual hay que asir la cadena del desarrollo político, para poder pasar al eslabón siguiente.

La derrota del movimiento popular en Chile impidió que la fructífera reflexión teórico-
política desde el campo rnarxista continuara apoyándose en el auge revolucionario,
quedando inconclusa una formulación explícita sobre amplios campos requeridos por la
teoría de la revolución.

Estos campos tampoco han encontrado su desarrollo para cuando los ejes de la
revolución latinoamericana se trasladan a Centroamérica, llegando incluso a irrumpir en
una revolución triunfante en el caso de Nicaragua y a plantear agudas crisis políticas en
El Salvador y Guatemala. El marxismo teórico militar ha estado alejado orgánicamente
de estos procesos, por lo que no ha acompañado paso a paso los procesos
revolucionarios, esto ha limitado su campo de análisis y las reflexiones que ha levantado al respecto, manteniendo éstas un carácter muy general y ex-post.

Las afirmaciones anteriores no niegan la existencia de una valiosa reflexión en el caso
de los procesos revolucionarios más recientes para no tener que remontarnos hasta la
revolución cubana y hablar de Ernesto Che Guevara, dirigente y teórico de la
revolución, con importantes trabajos sobre las leyes de la lucha armada en el continente,
el carácter de las formaciones sociales latinoamericanas, sobre la economía socialista, el
hombre nuevo, etcétera.

En el caso de la revolución nicaragüense, un buen ejemplo de recreación del marxismo
y del leninismo se hace patente en la entrevista realizada por Marta Harnecker al
comandante Humberto Ortega, en donde éste expone brillantemente cuestiones claves
de la teoría política de la revolución, como los problemas de la acumulación de fuerzas
sociales, políticas y militares en los diversos momentos del proceso revolucionario, la
dialéctica entre lo militar y lo político y los pasos en la construcción de la vanguardia
revolucionaria. Pero todas estas valiosas aportaciones y muchas otras que realizan los
revolucionarios centroamericanos (como por ejemplo los logros del trabajo
revolucionario en el seno de comunidades indígenas en Guatemala), están limitadas a
líneas prácticas que para ser aprovechadas por otras experiencias requieren de reflexión
teórica. El marxismo latinoamericano está lejos aún de hacer explícitas las enseñanzas
de sus ricos procesos revolucionarios. Falta un largo trecho para configurar una teoría
de la revolución en el subcontinente.

CONCLUSIONES

Difícilmente puede hablarse de una teoría de la dependencia englobando en tal
afirmación una temática que ha debido sufrir variadas mutaciones teóricas y políticas
desde su surgimiento hasta nuestros días y que en la diversidad de corrientes y autores
que hemos reseñado apunta a problemas distintos y con desiguales niveles de
concreción. En estricto rigor, sólo se ha constituido una teoría de la dependencia cuando
ésta ha sido apropiada por el marxismo, es decir, cuando se ha conformado la teoría
marxista de la dependencia. Sólo allí ha sido posible definir con precisión una
perspectiva de análisis, la integración de América Latina al mercado mundial capitalista
y un objeto específico de estudio, el capitalismo dependiente, sus leyes de gestación y
de reproducción.

Es una moda en el último tiempo hablar de la “crisis del marxismo”. Las corrientes
neomarxistas que buscan aportaciones a sus interrogantes en otros cuerpos teóricos, sin
el proceso de la crítica, cayendo por ello en visiones eclécticas, son algunas de las
principales sustentadoras de estas tesis. Nosotros creemos, por el contrario, que en
América Latina se asiste a una crisis de los marxistas en donde algunos de los aspectos
aquí abordados —los efectos de la contrarrevolución en el trabajo teórico, la dislocación
entre ejes geográficos de la revolución y de la teoría, etcétera— han abierto brechas
entre la reflexión y los procesos reales. Pero esto es distinto a suponer un agotamiento
de la reflexión sobre la realidad desde el marxismo, implícito en la idea de crisis del
marxismo.

En la actualidad el marxismo latinoamericano enfrenta retos de variada naturaleza. Unos
tienen como puntos centrales los planteamientos del neodesarrollismo y del
neogramscianismo. Frente al primero, apoyándose en los avances logrados en la teoría
de la dependencia, se requiere de un esfuerzo de crítica similar al producido en los años
sesenta respecto a la teoría burguesa del desarrollo. Para esto es fundamental que la
economía política marxista latinoamericana avance en la comprensión de las nuevas
tendencias que atraviesan a la región, como resultado de la larga crisis mundial
capitalista y de las transformaciones que operan en su funcionamiento.

En general, los estudios sobre la dependencia permitieron una buena aproximación a las
características del capitalismo industrial latinoamericano vigente hasta los años sesenta.
Pero de allí en adelante la realidad ha caminado mucho más rápido que la teoría,
estando en pañales la comprensión de la reestructuración económica de la última
década. Los estudios sobre el nuevo patrón de reproducción del capital en América
Latina se presentan así como una necesidad vital.

De esta forma, se estará en mejor pie para enfrentar los equívocos planteamientos
teóricos y políticos de un capitalismo “más civilizado” reivindicado por el
neodesarrollismo.

Frente al neogramscianismo, que ha ganado posiciones agitando problemas reales pero
proponiendo soluciones diversionistas, el marxismo latinoamericano debe avanzar en
resolver problemas referidos al tipo de socialismo que se construye y es posible
construir en América Latina, a partir de una justa valoración de los procesos presentes
en las sociedades socialistas actuales y de las condiciones de engarce entre democracia
y socialismo. En este sentido, el proceso revolucionario nicaragüense muestra que
muchos de los condicionantes internacionales e internos de la lucha de clases en
revoluciones anteriores, que han dado por resultado una contradictoria relación entre
democracia y socialismo, se modifican, abriendo nuevas perspectivas para que la
bandera del socialismo sea atractiva para los más amplios sectores populares.

Estos retos exigen un salto en el lento desarrollo que presenta el marxismo
latinoamericano en el último tiempo. La confluencia de las principales vertientes
políticas marxistas en la región genera potencialidades que permiten fortalecer la teoría,
en tanto se apoye en el actual auge de la lucha democrática y revolucionaria que recorre
al continente, y enfrente las discrepancias teóricas reales existentes y éstas no sean
soslayadas o abandonadas. Teoría y revolución tendrán así mejores condiciones para
fundirse, abriendo amplias perspectivas de triunfo a las luchas de las mayorías del
continente.

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