Entrevista a Nicolás Salume (2008)

Nicolás Salume
Presidente (SERVICIOS DE ALIMENTOS S.A. de C.V.)

San Salvador – 2008-12-09

Desde el primer supermercado hasta el centro comercial La Joya Marketplace han pasado muchos años y las actividades del grupo se han diversificado. ¿Cuáles han sido los momentos claves de esta evolución?

Tanto mi hermano Adolfo Salume como yo hemos sido socios desde un principio, hace casi 50 años y actualmente seguimos siendo socios. Él y yo comenzamos esta empresa abriendo un supermercado Salume en Santa Ana, fue en el año 1952. Era el primer supermercado de El Salvador. Después del supermercado, decidimos convertirnos en una distribuidora aquí en San Salvador. En aquel entonces, Santa Ana era una zona cafetalera, muy rica, situada en la parte occidente del país. Nos trasladamos a San Salvador para ampliar nuestros negocios, en lugar de un supermercado nos lanzamos como una distribuidora. Fuimos creciendo hasta llegar a un nivel bastante fuerte en distribución de productos. En aquel entonces casi no había distribuidores, únicamente había pequeñas abarroterías, ni tampoco había supermercados. Mi hermano y yo creamos un imperio de empresas que gestionamos juntos, hemos hecho centros comerciales. Todavía tenemos el centro comercial La Campana, así como el de La Joya, varias bodegas, etc… Fuimos creciendo y luego fuimos ampliando la distribuidora Comersal, es decir Comercial Salume S.A de C.V. Y desde entonces seguimos gestionando esta empresa con la ayuda de mi hermano, mis hijos y mis nietos.

En la actualidad, ¿cuál es la importancia estratégica del Grupo Salume en el seno de la economía salvadoreña?

Nosotros somos personas muy trabajadoras, queremos nuestro país. Este país, como lo he dicho a muchos de mis amigos, es un paraíso, y debemos cuidarlo. Lo más importante para mí, es poder trabajar en mi propio país y modernizarlo. En ningún momento mi familia y yo abandonamos nuestros negocios. Ni siquiera nos fuimos durante la guerra civil, a pesar de haber sido afectados personalmente.

En los años 80, a pesar de la guerra, ustedes incrementaron el número de restaurantes Biggest. ¿Qué nos puede decir al respecto?

Nosotros crecimos durante la guerra. Lo que hicimos fue comprar propiedades y construir varios restaurantes tanto Biggest, Mister Donut y Nash. He abierto más de 80 restaurantes que he construido con trabajadores salvadoreños. Durante la guerra no nos fuimos, ni sacamos el dinero del país, la invertimos aquí y ahí están los resultados. Muchas personas me criticaban por arriesgar tanto.

Además de extender sus actividades en diversos sectores de la economía, el Grupo Salume se ha implicado en obras sociales, por ejemplo, el hospital San Juan de Dios en Santa Ana. ¿Por qué decidió remodelar ese hospital y seguir ayudando?

Tanto mi hermano como yo somos santanecos, al igual que todos mis hijos, y dos de ellos nacieron en ese hospital San Juan de Dios, hace 46 años. Hacía muchos años que no iba a este hospital. Me invitó el doctor Solís para el día del hospital San Juan de Dios, que cada año se celebra el 24 de octubre. Fui hace cuatro años y después de la misa, hicimos un recorrido por todo el hospital. Sinceramente, me sentí muy triste al ver aquel abandono. El hospital estaba muy deteriorado, sin medicinas, sin equipo. Fue entonces cuando me ofrecí a colaborar en la reconstrucción del hospital. El Área de Maternidad fue reconstruida en su totalidad. Cambiamos las tuberías que estaban rotas, así como la instalación eléctrica, el suelo, las ventanas, las puertas, los sanitarios… No había camas.

Las madres estaban tumbadas en colchonetas en el suelo, dando de mamar a sus niños. Para aportar la mayor ayuda posible, solicité la colaboración de los hermanos masones de los Estados Unidos. Ellos nos ayudaron a conseguir donaciones y muebles para esta Área de Maternidad. Nos enviaron cuatro furgones llenos de material. Actualmente, las camas de esta área son nuevas y de lo más modernas, hasta disponen de un sistema eléctrico para ajustarlas. Cuando terminamos los trabajos de remodelación del Área de Maternidad proseguimos con la creación de una sala de cirugía. Hasta el momento, existía una carpa en la que se hacían una o dos operaciones al día pero en cuestiones de salubridad suponían un riesgo muy alto para los pacientes. Ahora el hospital cuenta con nueve salas de cirugía bien equipadas. Su creación se realizó en tres meses tras trabajar día y noche. Después de eso, reconstruimos la enfermería, equipamos la lavandería y la cocina, y actualmente acabamos de instalar cuatro máquinas de diálisis donadas por los masones de Guatemala.

Por lo que usted nos cuenta, ha recibido ayuda de diferentes partes. ¿Cuáles han sido las aportaciones más destacables?

Hemos recibido ayuda proveniente de todas las partes del mundo. Me han respondido los hermanos masones, las iglesias luteranas y otras organizaciones. Existe una empresa llamada Convoy of Hope que proviene de los Estados Unidos. En este momento tengo dos furgones en la aduana, posiblemente los saque mañana para redirigirlos a Santa Ana. Convoy of Hope ha sido la empresa que más me ha ayudado.

En diversas ocasiones ha reafirmado su voluntad de seguir ayudando y lo está haciendo. ¿Qué necesidades quedan por cubrir?

Ese hospital es el más grande de la República, tiene 12 manzanas de terreno y prácticamente lo estoy reconstruyendo. El próximo día 16 de diciembre voy con el Ministro de Salud, Guillermo Maza, a poner la primera piedra en un área cuyo suelo se hundió.

¿Por algún terremoto?

No. Se hundió porque la tubería es muy vieja, tiene más de 100 años y son tuberías de cemento. Esa tubería se reventó provocando un hundimiento de metro y medio. Fui la semana pasada a ver la obra y ya prácticamente sacamos la tubería. Estamos poniendo tuberías de PVC y vamos a ir con el ministro el 16 de diciembre a poner la primera piedra, pero ya hemos emprendido la reconstrucción.

¿En qué otras obras de carácter social ha contribuido?

Desde hace nueve años, yo tengo una escuela en la ciudad de Metapán (Santa Ana) que se llama República de Turquía. Se compone de niños que tienen entre tres y seis años, en un barrio donde existe mucha pobreza. Antes no había calle, y mandé empedrarla. Al mismo tiempo reconstruí la escuela. Proporciono todo tipo de material a la escuela: uniformes, cuadernos, lápices, pizarrones, pupitres, computadoras… Yo voy de vez en cuando a ver cómo está la escuela, a ver las necesidades que quedan por cubrir. El año pasado doné seis computadoras a los niños y todo lo que necesitaban para los desfiles de septiembre, el mes de la celebración de la Independencia. Colaboro con mucha gente pobre, es algo que me ha sido trasmitido por la masonería: proteger al prójimo y ayudar al necesitado.

Y más allá de los negocios sus hijos también parecen seguir su legado, me refiero a la acción social. ¿Qué papel ha jugado usted en este sentido?

En estos momentos yo estoy casi retirado, digo casi porque yo vengo siempre a la oficina, me distraigo, me visitan amigos, hablo con empresarios pero prácticamente la responsabilidad de esta empresa es gestionada por mi hijo Eduardo y también Nicolás que está presidiendo la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL). Nicolás está en la empresa CEL desde que el Sr. Saca fue elegido Presidente de la República. En nuestras diferentes empresas, como la distribuidora Comensal y Biggest, trabajan mi hermano Adolfo y mi bisnieto Jorge Luis Salume. Prácticamente yo me limito a ver los resultados, dar opiniones, consejos, y asistir a reuniones.

Sus hijos han creado también fundaciones benéficas…

Sí, ellos han seguido mis pasos porque yo les he demostrado a ellos que la familia es lo primero. La familia está bien unida, tenemos seis hijos, tres hembras y tres varones. Los tres varones trabajan aquí en El Salvador, las tres hijas se casaron, una vive en Miami, otra en San Francisco y la otra en Melbourne, Australia.

Hablemos de usted, ¿cuál ha sido su trayectoria?

Yo nací en Santa Ana. A los 10 años mi padre me mandó a Palestina a estudiar en Jerusalén, en el Tierra Santa College. Estuve 10 años estudiando allí, sin viajar a El Salvador. Después, pasé dos años en la Universidad de Oxford, en Inglaterra. Me regresé a El Salvador al cumplir los 20 años de edad. No quería volver a Jerusalén, no me gustaba la situación que se estaba viviendo allí entre los israelitas y palestinos. Yo soy salvadoreño, mi país es El Salvador. Yo quiero a este país y no se puede vivir mejor en otra parte del mundo si no es en su propio país. Aquí estoy en El Salvador y sigo adelante hasta que Dios me dé vida y colaboro con el gobierno que esté de turno.

En marzo de 2009 hay elecciones presidenciales. ¿Cómo le va afectar a usted como empresario y cómo le va a afectar a la sociedad salvadoreña?

Habrá que colaborar con el gobierno que triunfe en las elecciones, sea de un color o de otro, por el bien de la patria. Hay que colaborar con cualquiera que llegue al poder porque hay que preservar el país. Como salvadoreños, tenemos que estar unidos y levantar este país. Hay que luchar contra la pobreza, y como empresarios tenemos que dar trabajo, eso es lo principal. El gobierno solo no puede acabar con la pobreza. La empresa privada tiene que colaborar con el gobierno y dar trabajo, ampliar sus empresas, poner más negocios, crear más trabajos. Este país es un paraíso, y aunque algunas veces hemos salido por precaución durante la guerra, seguimos aquí. Durante la guerra civil, mi hijo Eduardo estuvo 29 días secuestrado. En aquel entonces estaba el presidente Alfredo Cristiani, él me ayudó mucho y las autoridades me ayudaron a liberarlo tras 29 días de angustia. Sufrió toda la familia y él también porque estuvo en un lugar que no se lo deseo a nadie, una cisterna bajo tierra. Fui a conocer el lugar, era un túnel y salí de allí bañado en sudor y casi enfermo al ver aquel lugar, es como si uno estuviera enterrado vivo. Me ayudaron muchas personas, el presidente Cristiani, las autoridades y gracias a Dios ya estamos tranquilos.

¿Y cuál ha sido el momento más alegre de su carrera profesional y personal?

Ha habido muchos momentos buenos en mi vida, pero mi mayor satisfacción ha sido mantener unida a la familia. Y gracias a Dios mis hijos están todos sanos, y son grandes trabajadores. Les di preparación. Uno de mis hijos estudió en Barcelona, durante cuatro años. De ahí pasó a la Universidad de Dallas, en Texas, y de ahí se vino a trabajar en nuestra distribuidora Comersal. Eduardo también estudió en Estados Unidos y a su regreso se hizo cargo de los restaurantes. Los nietos ya van por el mismo camino. Yo me siento feliz y contento porque no he tenido ningún problema irreversible a nivel familiar y empresarial, siempre hemos sido muy correctos y honestos en nuestros negocios, pagando correctamente nuestros impuestos y haciendo las cosas como tienen que ser, porque hay que dormir tranquilo. Robarle al Estado no es negocio por lo tanto hay que estar tranquilo, pagar sus impuestos, y mantener al personal que trabaja para la empresa.

En la actualidad tenemos 1300 trabajadores en los restaurantes y todos estamos bien, tenemos sindicatos, tratamos bien a la gente. Hasta hemos creado una clínica con enfermeras y doctoras. A través de ella, damos servicio a las personas que trabajan para la empresa y a sus familias. Además tenemos una sociedad de ahorro y préstamo para los empleados. Ellos tienen su propio banco, llamémoslo banco porque ellos se prestan, pagan un interés que queda ahí mismo y luego ellos se lo reparten dos veces al año. Se reparten las ganancias, o sea que los intereses que ellos pagan son para ellos mismos, no para la empresa. De esta forma ellos manejan su propia cooperativa.

Antes mencionó que su hijo estudió en Barcelona. ¿Qué relaciones mantiene usted con España?

España es la madre patria. Tengo muchos amigos empresarios españoles, son excelentes empresarios y personas. En El Salvador, conozco bien a los propietarios de empresas españolas como Vidrí y Panades. Son buenos empresarios que trabajan muy bien.

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