Instituciones, subjetividades y sentimientos frágiles

Instituciones, subjetividades y sentimientos frágiles
Miguel ALHAMBRA DELGADO
Universidad Complutense de Madrid
alhambradelgado@hotmail.com
SENNETT, Richard. 2006. La cultura del nuevo capitalismo. Barcelona:
Anagrama.

En este libro Richard Sennett nos introduce en lo que lleva siendo uno de sus intereses académicos durante los últimos años: las influencias del actual
capitalismo y la organización empresarial sobre las identidades, los
sentimientos y las pulsiones de la gente.

La característica peculiar de este nuevo libro es que tuvo su origen a raíz de un ciclo de conferencias impartidas por el autor en la Universidad de Yale resumiendo sus aportaciones teóricas en el ámbito de las relaciones laborales. Aunque Sennett no se limita a la mera auto-recopilación analítica de su obra, y
amplía sus reflexiones a otros ámbitos tales como el papel del consumo y las
formas políticas en la cultura del actual capitalismo.

Con una mirada profunda y una escritura ágil, nuestro autor va
exponiendo la cultura predominante en los sectores punteros del
capitalismo, a saber: grandes empresas -sobre todo, enfocadas en los
servicios-, consultoras, producción de TIC, automoción, etc., que tienden a
buscar un trabajador idealizado y problemático en la medida en que la vida
social de este sujeto idealizado se verá fragmentada.

Y, como él apunta, a pesar de que la mayoría de las personas no trabajen para las empresas del capitalismo “de avanzada” muchas de ellas, vastas instituciones transnacionales con más de tres mil trabajadores, la reconfiguración institucional propiciada por este neocapitalismo tiende a imponer sus formas culturales, tanto moral como estructuralmente, a todo el cuerpo social.

Así, el estudio etnográfico de Sennett sobre la cultura no se limita a la
proclamación y/o confirmación de unos valores abstractos que sustentarían
configurando la realidad, promovidos desde un logos o una consciencia
discursiva. Por contraste, Sennett integra analíticamente tanto los cambios
estructurales a nivel institucional -por consiguiente, prácticas inconscientes,
desde el momento en que existe una ausencia de sujeto(s) programador(es)-
como la ideología predominante y los discursos auto-comprensivos que los
propios sujetos se dan a sí mismos. Todo ello conforma una sugestiva
síntesis relacional de aspectos macro y microsociológicos.

La tesis principal del libro es que la desarticulación de la estructura
burocrática institucional, desarrollada después de la II Guerra Mundial hasta
finales de los pasados años setenta, no ha propiciado unas mayores cuotas
de libertad para los individuos.

A partir de la quiebra de los Acuerdos de Bretton Woods y la crisis del
petróleo de principios de los pasados años setenta, el autor fecha el punto de partida de una nueva reorganización institucional.

Ambos hechos potenciarán entre otros una liberación masiva de capital financiero a nivel internacional que, a la larga, debilitará la capacidad de influencia de los Estados-Nación.

En primer lugar, este monto de capital financiero propiciará la reconfiguración de la banca mundial en términos de fluidez y agilidad, ayudada por el incipiente aunque creciente desarrollo de las tecnologías de la información. La principal característica de este capital impaciente es la exigencia de beneficios económicos a un mayor corto plazo; el prototipo será la inversión centrada en la compra y venta de acciones en un mercado internacional abierto.

Paulatinamente, asistiremos a la conformación de un poder lateral “indiferente a la cultura que las asociaciones y alianzas a largo plazo habían forjado en el seno de la corporación” (2006: 39). Esta aceleración de resultados, demandada por la nueva configuración del capital financiero, acabara ejerciendo una excesiva presión sobre el sistema productivo y estatal, propiciando la desaparición o mutación radical de la tradicional organización institucional burocrática.

Para mostrarnos la estructura institucional burocrática, Sennett utiliza tanto
los estudios de Weber sobre la burocracia militar prusiana -desarrollada y
expandida por Bismarck a la sociedad civil- como los estudios sobre la
organización fordista y del Estado del Bienestar.

El orden burocrático se caracteriza por una estructura jerárquica piramidal con una amplia capacidad de inclusión en la base, lo que le proporciona bastantes réditos en cuanto a legitimidad se refiere, aspecto por el cual resultaría “funcional” y se extendería en la Alemania convulsa de Bismarck.

Al otorgarles una “posición” a las masas, aunque fuera baja, se inhibían los intentos revolucionarios, cosechando así apoyos al sistema político. La burocracia potenciaba en los agentes un sentimiento de sacrificio y lealtad respecto a la institución mediante una postergación de la gratificación o el placer usualmente permanente. En la medida en que la rutina se desarrollaba dentro de la rígida y estable organización, el individuo se auto-comprendía a través de ella encuadrado en posiciones sociales, marcadas por los “peldaños” adyacentes ascendentes y/o descendentes.

La tónica predominante del capitalismo social fordista fue un pensamiento estratégico a largo plazo, incluso en los estratos más bajos, desde el momento en que el tiempo social estaba estructurado bajo/en la predecible institución. De esta forma, la burocracia tendía a reproducirse cerrada al “exterior” de sí misma, lo que Weber denominó la “jaula de hierro”.

En comparación, la actual organización empresarial del capitalismo tardío
se parece mucho más a un conjunto de redes imprecisas de rápida
reconfiguración. En términos procesales, las nuevas instituciones se enfocan
al corto plazo con una estructura flexible y adaptable a los posibles cambios de la demanda de mercado, deteriorando la planificación burocrática
anterior. Y en términos estructurales, actualmente se ha producido una
drástica reducción de la “capacidad de inclusión” burocrática.

Por un lado, en el ámbito político se ha llevado a cabo a través de la privatización de sectores estatales y la disminución de Estado del Bienestar. Por otro lado, enel ámbito productivo, se ha operado mediante la precarización de los empleos existentes, la migración de las empresas a países subdesarrollados y la automatización de tareas propiciada por el desarrollo tecnológico. Dicha automatización ha eliminado empleos no sólo en las capas bajas de la estructura social, sino también en gran medida en los estratos medios, lo cual ha provocado una mayor dualización social con significativos cambios en los procesos de comunicación y poder.

En la piramidal institución burocrática, las ordenes emitidas por las elites
atravesaban los diferentes cargos intermedios hasta llegar a la base
ejecutora, produciéndose así una relativa manejabilidad de las ordenes -“se
hacían suyas”-, en definitiva, una interpretación descendente de los
mandatos. En contraste, hoy en día, la comunicación asimétrica ha sido
sustituida por la mera transmisión de información a consecuencia de la
reducción de los cuerpos medios “traductores” y del uso de los avances
tecnológicos, siendo las ordenes cuasi-instantáneas e inmodificables, lo que
ha favorecido una mayor concentración de poder en las altas esferas.

A lo anterior, habría que agregar la sui géneris división entre autoridad y poder del capitalismo flexible. Mientras que la autoridad hace referencia a un
poder que se ejercería gracias a una legitimidad y un cierto reconocimiento
por parte de los agentes que lo “padecen”, en la medida en que existe una
responsabilidad y un compromiso particulares con ellos, en el presente las
redes empresariales han transformado radicalmente esta interrelación entre
poder y autoridad, instaurando formas de poder desligadas, que “hacen tabla
rasa” del pasado y cortan cualquier vínculo con el futuro –acuerdos colectivos, asociaciones inter-empresariales, etc.-, lo que conforma un poder
irresponsable.

Estos cambios institucionales fomentan cierto tipo de pulsiones, efectos
psicológicos y subjetividades, aspectos tratados por Sennett en el segundo
capítulo. Para nuestro autor, todos tenemos la necesidad de sentirnos útiles
en algo, y en esta línea el ámbito laboral continúa aún hoy siendo una
esfera privilegiada a la hora de (auto)atribuirnos el necesario
reconocimiento social. Así, en cuanto a la definición del talento, mientras
que las anteriores estructuras otorgaban una relevancia a la experiencia y a
los logros conseguidos por el agente, en las nuevas instituciones se
persiguen sujetos adaptables a situaciones imprevistas, al trabajo periódico
en diferentes grupos en relación a una función o tarea específica, con gran
tolerancia a la ambigüedad y desprendidos de cualquier “lastre social” que
impida la proyección sobre el futuro cercano.

Otra característica del neocapitalismo sería la acelerada obsolescencia de los conocimientos y las destrezas adquiridas, producida por el frenético cambio en las innovaciones productivas y tecnológicas. Hoy en día, cualquier profesional medio se ve en la obligación de reciclarse dos o tres veces a lo largo de su vida laboral que tiende a prolongarse cada vez más. Sin embargo, ante el “costoso” reciclaje de la plantilla más veterana, las empresas suelen optar por la sustitución generacional y la contratación de jóvenes, económicamente más rentables y mucho más sumisos a las directrices de la dirección, pues no poseen la experiencia laboral que fomenta una actitud crítica ante todo
nuevo conocimiento.

En la última parte del libro, Sennett profundizará sobre las similitudes
entre dos ámbitos aparentemente lejanos: el consumo y la esfera política.
Mezcla de ambas, la política de consumo será la peculiar forma de
interacción política en la actualidad. Desde el estudio del consumo, Sennett
diferencia entre la “plataforma”, esto es, los elementos comunes
estructurales de dos artículos similares, mayoritarios éstos, y el “dorado”, a
saber, las escasas diferenciaciones maximizadas gracias a la mercadotecnia
y la publicidad.

Para ejemplificar estos conceptos, se observa la producción de dos automóviles de gama alta, como son el Skoda y el Volkswagen -o
bien, billete de primera y de turista en un vuelo trasatlántico- que comparten
un 90% de similitud estructural chasis, motor, etc. y un 10% de pequeñas
diferencias simbólicas potenciadas al máximo por el marketing profesional.
Mutatis mutandi, observamos ciertos parecidos en cuanto a la política
institucional, la “plataforma” es el amplio consenso entre partidos en
términos de apoyo al sistema capitalista y a las tendencias estructurales de
éste, mientras que el “dorado” correspondería a la magnificación de los
símbolos, como serían las retóricas de partidos o la escenificación de los
medios de comunicación, por poner unos ejemplos. Todo ello se sitúa dentro
de un ambiente que pretende hacer la decisión del votante sencilla,
característica que embrolla cualquier debate comprometido con una cierta
profundidad y debilita la democracia.

Sintetizando, la cultura del nuevo capitalismo produce principalmente tres
déficits sociales en la vida de los individuos. Primero, en términos
temporales, si en el pasado el tiempo social se co-formaba dentro de las
estables instituciones burocráticas -creando, de esta forma, la posibilidad de
una auto-compresión por parte del individuo en relación a los “escalones” o
cargos conseguidos en la institución e insertando así el pasado en el
presente-, en la actualidad las institucionales empresariales del capitalismo
“de avanzada” imposibilitan la auto-comprensión que los sujetos tienden a
darse a sí mismos, en la medida que erosionan la “capacidad de relato” e
integración del trecho vital pasado y presente, instaurando entre ambos una
radical separación.
Esta fragmentación de la auto-percepción existencial sería consecuencia de la reinvención continua de las instituciones en el neocapitalismo, orientadas al corto plazo y al benéfico rápido. Segundo, y en consonancia con lo anterior, los talentos y habilidades requeridos han sido redefinidos, si en el pasado se premiaba la antigüedad y la experiencia adquirida a lo largo del tiempo, fomentando de este modo un conocimiento profundo de la tarea desempeñada, hoy en día las habilidades y los talentos buscados son mucho más difusos como la versatilidad, la flexibilidad adaptativa a situaciones imprevisibles o la tolerancia a la ambigüedad y al riesgo.

Finalmente, un tercer déficit social se produciría ante la incesante
renuncia a cualquier responsabilidad dentro del reajuste permanente de las
instituciones, pues desaparece cualquier compromiso establecido en el
pasado y/o enfocado hacia el futuro entre la institución y los sujetos,
produciéndose un debilitamiento de la confianza y la lealtad mutua,
necesarias para cualquier construcción duradera, personal o colectiva.

Para concluir este breve texto, quisiéramos aportar una ligera crítica al
incisivo análisis de Sennett, pues en algunos párrafos se tiene la sensación
de que no realiza una completa comparación simétrica entre el pasado y el
presente, apreciándose cierta dualidad explicativa. Así, cuando analiza las
instituciones pasadas, apela a explicaciones que enfatizan causas políticas,
esto es, a la necesidad sistémica de conseguir una amplia legitimidad con el
modo de producción capitalista, legitimidad lograda gracias a la extensa
inclusión de las masas y al consecuente ensanchamiento de la base social
que propiciaba el aparato burocrático capitalista -ejemplarizadas en la
política social de Bismarck y potenciadas tras la Segunda Guerra Mundial-.

En contraste, el estudio de la flexibilidad institucional, instaurada desde
finales de los pasados años setenta, se explica, sobre todo, por la necesidad
de la lógica capitalista de una nueva reorganización que incrementará los
beneficios económicos -la “destrucción creadora”, en palabras de
Schumpeter-, a la vez que se analizan las peculiares consecuencias de esta
nueva reestructuración. A nuestro juicio, para conseguir una completa
comparación simétrica, se debería asistir a un desarrollo paralelo de ambas
explicaciones. De esta forma, sería conveniente interrogarnos tanto por los
mecanismos actuales de legitimación -los dispositivos de obediencia
voluntaria, en términos weberianos- como por la necesidad económica de la
antigua organización social en términos de la lógica capitalista y su
necesario incremento de la rentabilidad.
La ausencia de esta simetría explicativa tiende a mostrar, como logros sociales de una concienciación voluntarista de una colectividad obrera organizada, los sindicatos tradicionales, fenómenos que estarían más bien derivados y condicionados por una determinada estructuración social o también por la actividad consciente de los agentes.
Revista de Antropología Social
ISSN: 1131-558X
ras@cps.ucm.es
Universidad Complutense de Madrid
España

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