Introducción a Poder político y clases sociales en el estado capitalista. Nikos Poulantzas. 1969

Introducción

1) El marxismo está constituido por dos disciplinas unidas pero distintas, cuya distinción se funda en la diferencia de su objeto: el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.[1]

El materialismo histórico -o ciencia de la historia- tiene por objeto el concepto de historia, a través del estudio de los diversos modos de producción y formaciones sociales, de su estructura, de su constitución y de su funcionamiento, y de las formas de transición de una formación social a otra.

El materialismo dialéctico -o filosofía marxista- tiene por objeto propio la producción de los conocimientos, es decir, la estructura y el funcionamiento del proceso de pensamiento. Propiamente hablando, el materialismo dialéctico tiene por objeto la teoría de la historia de la producción científica.

En efecto, si el materialismo histórico fundó, en un mismo movimiento teórico, el materialismo dialéctico como disciplina distinta es porque la constitución de una ciencia de la historia, es decir, de una ciencia que define su objeto como constitución del concepto de historia -materialismo histórico- , condujo a la definición de una teoría de la ciencia, que comprende la historia como parte integrante de su objeto propio.

Esas dos disciplinas son distintas: existen, en efecto, interpretaciones del marxismo que reducen una disciplina a la otra. Ya sea el materialismo dialéctico al materialismo histórico: es el caso típico de las interpretaciones historicistas, tales como las del joven Lukács, de Korsch, etc., para las cuales el marxismo es una antropología histórica, pues la historia es una categoría originaria y fundadora y no un concepto que haya que construir. La reflexión de las estructuras, la “toma de conciencia de su sentido”, es función, por el sesgo de una interiorización mediadora, de ésas mismas estructuras.

Ya sea el materialismo histórico al materialismo dialéctico: se trata aquí de las interpretaciones positivistas-empiristas, que diluyen el objeto propio del materialismo histórico subsumiendo todo objeto histórico en la misma ley “abstracta”, universalmente válida, que regula toda “concreción” histórica.

El materialismo histórico, como lo mostró Marx en la Introducción del 57, en el Prefacio a la contribución a la critica de la economía política y en El capital, contiene una teoría general que define conceptos que dominan todo su campo de investigación (conceptos de modos de producción, de formación social, de apropiación real y de propiedad, de combinación, de ideología, de política, de coyuntura, de transición).

Esos conceptos le permiten definir el concepto de su objeto: el concepto de historia. El objeto del materialismo histórico es el estudio de las diversas estructuras y prácticas enlazadas y distintas (economía, política, ideología), cuya combinación constituye un modo de producción y una formación social; pueden caracterizarse esas teorías como teorías regionales.

El materialismo histórico comprende igualmente teorías particulares (teorías de los modos de producción esclavista, feudal, capitalista, etc.), cuya legitimidad está fundada en la diversidad de las combinaciones de las estructuras y prácticas que definen modos de producción y formaciones sociales distintas. Este orden aún no es más que el de una enumeración: Será modificado y fundamentado en un instante.

Sabido es que las dos proposiciones fundamentales del materialismo (dialéctico e histórico) son las siguientes:

1) La distinción de los procesos reales y de los procesos de pensamiento, del ser y del conocimiento.

2) La primacía del ser sobre el pensamiento, de lo real sobre su conocimiento.

Si la segunda proposición es bien conocida, hay que insistir sobre la primera: la unidad de los dos procesos -del proceso real y del proceso pensado- se funda en su distinción.

Así, el trabajo teórico, cualquiera que sea el grado de su abstracción, es siempre un trabajo que se sustenta en los procesos reales. Sin embargo, ese trabajo que produce conocimientos se sitúa enteramente en el proceso de pensamiento: no hay conceptos más reales que otros. El trabajo teórico parte de una materia prima compuesta no de lo real-concreto, sino ya de informaciones, ya de nociones, etc., sobre ese real, y la trata por medio de ciertos útiles conceptuales, trabajo cuyo resultado es el conocimiento de un objeto.

Puede decirse que sólo existen, en el sentido estricto de la palabra, los objetos reales, concretos y singulares. El proceso de pensamiento tiene por fin último el conocimiento de esos objetos: Francia o Inglaterra en un momento dado de su desarrollo. El conocimiento de esos objetos no los supone así, en el punto de partida, en la materia prima, ya que es precisamente, como conocimiento concreto de un objeto concreto, resultado de un proceso que Marx designa con las palabras “síntesis de una multiplicidad de determinaciones”.

Por otra parte, el proceso de pensamiento, si tiene por objeto final y como razón de ser el conocimiento de los objetos reales-concretos, no siempre se refiere a esos objetos: puede referirse también a objetos que se designarán como abstracto-formales, que no existen en sentido estricto, pero que son la condición del conocimiento de los objetos reales-concretos: es el caso, por ejemplo, del modo de producción.

Según su lugar riguroso en el proceso de pensamiento y el objeto de pensamiento sobre el cual versan,[2] pueden distinguirse los diversos conceptos según su grado de abstracción, desde los más pobres a los más complicados y ricos en determinaciones teóricas. Los conceptos más concretos, los que conducen al conocimiento de una formación social en un momento determinado de su desarrollo, no son, como tampoco lo son los objetos reales-concretos, la materia prima del proceso de pensamiento; tampoco son deducidos de los conceptos más abstractos, o subsumidos en estos últimos, añadiendo a su generalidad una simple particularidad.

Son resultado de un trabajo de elaboración teórica que, operando sobre informaciones, nociones, etc., por medio de los conceptos más abstractos, busca la producción de los conceptos más concretos que conducen al conocimiento de los objetos reales, concretos y singulares.

Tomemos como ejemplo dos conceptos fundamentales del materialismo histórico que ilustran bien la distinción entre objetos formales-abstractos y objetos reales-concretos: modo de producción y formación social.

Por modo de producción no se designará lo que se indica en general como económico, las relaciones de producción en sentido estricto, sino una combinación específica de diversas estructuras y prácticas que, en su combinación, aparecen como otras tantas instancias o niveles, en suma como otras tantas estructuras regionales de aquel modo. Un modo de producción, como dice de una manera esquemática Engels, comprende diversos niveles o instancias: lo económico, lo político, lo ideológico y lo teórico, entendiéndose que se trata ahí de un esquema indicativo y que puede operarse una división más completa. El tipo de unidad que caracteriza a un modo de producción es el de un todo complejo con predominio, en última instancia, de lo económico, predominio en última instancia para el que se reservará el nombre de determinación.

Este tipo de relaciones entre las instancias se distingue del que presentan ciertas interpretaciones del marxismo. No se trata, por ejemplo, de una totalidad circular y expresiva, fundada sobre una instancia central-sujeto, categoría fundadora de los orígenes y principio de génesis, de la cual las otras instancias, partes totales, sólo serían la expresión fenoménica.

Tampoco se trata de relaciones de simple analogía o correlación de instancias externas la una respecto de la otra. No se trata, en suma, de una causalidad lineal, de una mediación expresiva, ni tampoco de una correlación analógica. Se trata de un tipo de relación en cuyo interior la estructura determinante del todo exige la constitución misma -la naturaleza- de las estructuras regionales, asignándoles su lugar y distribuyéndoles funciones: las relaciones que constituyen así cada nivel nunca son simples, sino que están superdeterminadas por las relaciones de los otros niveles.

Más aún: la determinación en última instancia de la estructura de todo por lo económico no significa que lo económico retenga siempre allí el papel dominante.

Si la unidad que es la estructura con predominio * implica que todo modo de producción posee un nivel o instancia predominante, lo económico en realidad sólo es determinante en la medida en que asigna a tal o cual instancia el papel dominante, es decir, en la medida en que regula el desplazamiento de predominio debido a la descentralización de las instancias.

(*Marta Harnecker prefirió dejar estructura a dominante en forma literal en su traducción de La revolución teórica de Marx (México, Siglo XXI Editores, 2a. edición, 1968, pp.166 « : sobre todo la nota del traductor de la p. 169 ) , pero nosotros hemos preferido darle aquí la expresión más libre de estructura con predominio. T.)

Así, Marx nos indica cómo, en el modo de producción feudal, la ideología -en su forma religiosa- es la que detenta el papel predominante, lo que está rigurosamente determinado por el funcionamiento de lo económico en aquel modo.

Lo que distingue, pues, un modo de producción de otro, y que, por consiguiente, especifica un modo de producción, es esa forma particular de articulación que mantienen sus niveles: es lo que en adelante se designará con la palabra matriz de un modo de producción.

Dicho de otro modo, definir rigurosamente un modo de producción consiste en descubrir de qué manera particular se refleja, en el interior de éste, la determinación en última instancia por lo económico, reflejo que delimita el índice de predominio y de super-determinación de aquel modo.

El modo de producción constituye un objeto abstracto-formal que no existe, en sentido estricto, en la realidad.

Los modos de producción capitalista, feudal, esclavista, constituyen igualmente objetos abstracto-formales, porque tampoco poseen esa existencia. Sólo existe de hecho una formación social históricamente determinada, es decir, un todo social -en el sentido más amplio- en un momento de su existencia histórica: la Francia de Luis Bonaparte, la Inglaterra de la revolución industrial.

Pero una formación social, objeto- real-concreto, siempre original porque es singular, presenta, como lo demostró Lenin en el Desarrollo d el capitalismo en Rusia, una combinación particular, una imbricación específica de varios modos de producción “puros”.

Así es como la Alemania de Bismarck se caracteriza por una combinación específica de los modos de producción capitalista, feudal y patriarcal, cuya combinación sólo existe en el sentido estricto de la palabra; sólo existe una formación social históricamente determinada como objeto singular.

La formación social constituye por sí misma una unidad compleja con predominio de cierto modo de producción sobre los otros que la componen. Se trata de una formación social históricamente determinada por un modo de producción dado: la Alemania de Bismarck es una formación social capitalista, es decir, dominada por el modo de producción capitalista.

El predominio de un modo de producción sobre los otros en una formación social hace que la matriz de ese modo de producción, a saber, el reflejo particular de la determinación (en última instancia por lo económico) que lo especifica, marca el conjunto de esa formación.

En este sentido, una formación social históricamente determinada es especificada por una articulación particular -por un índice de predominio y de superdeterminación— de sus diversos niveles o instancias: económico, político, ideológico y teórico, que es, por regla general, teniendo en cuenta las diferencias que se encontrarán entre las etapas, la del modo de producción predominante.

Por ejemplo, en una formación social dominada por el modo de producción capitalista, el papel predominante por regla general lo detenta lo económico, lo que no es sino el efecto del predominio, en esa formación, de ese modo, que a su vez se caracteriza, en su “pureza”, por el papel predominante que detenta lo económico.

2) Estos datos son esenciales para captar la operación mediante la cual una estructura regional se constituye en objeto de ciencia, por una parte, y el orden lógico de la elaboración científica, a saber, el orden necesario que enlaza legítimamente los diversos conceptos, según su lugar en el proceso de pensamiento, por otra.

Este ensayo, en efecto, tiene por objeto la política, más particularmente la superestructura política del Estado en el modo de producción capitalista, es decir, la producción del concepto de esa región en dicho modo, y la producción de conceptos más concretos relativos a lo político en las formaciones sociales capitalistas. El método que seguiremos se funda en la teoría expuesta.

La teoría general del materialismo histórico[3] define un tipo general de relaciones entre instancias distintas y unidas -lo económico, lo político, lo ideológico- : define también, en su propio nivel y en relación necesaria con sus conceptos de modo de producción, de formación social, de estructura con predominio, etc., conceptos relativamente abstractos de esas instancias.

Propiamente hablando, se trata de conceptos que circunscriben lugares formales asignados a toda estructura social posible. Se trata, por ejemplo, del concepto más abstracto de política, que funciona en todo el campo de investigación de la teoría general del materialismo histórico, a saber, en los modos de producción y en las formaciones sociales en general, divididos en clases más particularmente.

Aquí encuentra su justo lugar teórico el problema de la relación de lo político y de la historia, concepto cuya construcción es el objeto propio del materialismo histórico.

En consecuencia, la teoría regional de lo político no puede pasar a los conceptos más ricos en determinaciones, si no es localizando su objeto en un modo de producción dado. Según los principios que nos condujeron a la construcción del concepto de modo de producción, una instancia regional -en este caso lo político—-puede constituir un objeto de teoría regional, en la medida en que es “destacada” en un modo de producción dado.

Su constitución en objeto de ciencia, es decir, la construcción de su propio concepto, no depende de su naturaleza, sino de su lugar y de su función en la combinación particular que especifica ese modo de producción. Puede decirse que esa instancia, así localizada, ocupa el lugar asignado formalmente a lo político por su concepto abstracto, que depende de la teoría general.

Más particularmente, la articulación de las instancias propia de ese modo de producción es lo que define la extensión y los limites de esa instancia regional, asignando a la teoría regional correspondiente su predominio. Lo económico, lo político, lo ideológico, no constituyen esencias preexistentes, que entran después, según el esquema ambiguo -si se le toma al pie de la letra- de la base y de la superestructura, en relaciones externas.

La articulación propia de la estructura del todo de un modo de producción, exige la constitución de las instancias regionales. En suma, construir el concepto del objeto de la ciencia política, pasando de las determinaciones teóricas más pobres a las determinaciones teóricas más ricas, supone la definición rigurosa de lo político como nivel, instancia o región de un modo de producción dado.

Aquí se opera, en el materialismo histórico, la unión de lo que se ha definido como teorías regionales, de las que forma parte la teoría de lo político, y teorías particulares, es decir, las teorías de los diversos modos de producción. Esa unión no es efecto del azar, se opera según un orden de derecho que es el del proceso de pensamiento: la teoría regional de lo político en el modo de producción capitalista supone la teoría particular de ese modo de producción.

El lugar asignado a lo político en el modo de producción capitalista depende de la teoría particular de ese modo – de su tipo específico de articulación, de su índice de predominio y de superdeterminación- , tal como Marx la expuso en El capital.

La teoría particular del modo de producción capitalista posee sus conceptos propios, que funcionan en el conjunto del campo de su investigación, y que gobiernan también la producción de los conceptos propios de la teoría regional de lo político de ese modo.

Sin embargo, al mismo tiempo el modo de producción capitalista y lo político en ese modo, por ejemplo, el Estado capitalista o las formas políticas de lucha de clases en ese modo, constituyen objetos abstracto-formales, puesto que sólo existen, en sentido estricto, los Estados de formaciones capitalistas históricamente determinados.

El proceso de pensamiento tiene finalmente por razón de ser la producción de los conceptos más concretos, es decir, los más ricos en determinaciones teóricas, que permiten el conocimiento de los objetos reales, concretos y singulares, que son cada formación social siempre original. Este orden lógico, que lleva de los conceptos más abstractos a los conceptos más concretos, va de los conceptos de la teoría general del materialismo histórico a los que permiten proceder al análisis concreto de una situación concreta, según la expresión de Lenin.[4]

3) Conviene igualmente tomar en consideración los problemas relativos a las informaciones, nociones, etc., que constituyen la materia prima de los diversos soportes del proceso histórico seguido en este texto, por una parte, y relativos a la posición de los textos de los clásicos del marxismo concernientes a lo político, por la otra.

En lo que respecta a la materia prima, se la fue a buscar allí donde se encuentra: en los textos de los clásicos del marxismo, en los textos políticos del movimiento obrero y en las obras contemporáneas de ciencia política. En este último caso se hizo una primera selección según el grado de seriedad de las obras: hay que decirlo, el carácter marxista o no marxista de esas obras no constituye de ningún modo, en el estado actual de las investigaciones, y en lo que concierne a que se tomen en consideración como materia prima de la investigación, un criterio pertinente de su seriedad o su carencia de ella.

Obras de ciencia política, relativa más particularmente al Estado capitalista, en lengua francesa en primer lugar: hallándose esta ciencia relativamente poco desarrollada en Francia, se recurrió con frecuencia a obras en lengua inglesa -inglesas o norteamericanas- y en lengua alemana.

Obras relativamente desconocidas en Francia: es conocido el provincianismo característico de la vida intelectual francesa, una de cuyas consecuencias, y no la menor, consiste en derribar frecuentemente puertas abiertas, es decir, en creer serenamente en la originalidad de una producción teórica cuando se encuentra ya mucho más elaborada en autores extranjeros.

No obstante, se tomaron en consideración mediante un trabajo crítico sobre su método y sobre la teoría, muchas veces implícita, que les sirve de base. Por lo demás, esas obras contienen a veces, en el estado de elementos científicos en un discurso ideológico, conceptos teóricos auténticos que dicho trabajo crítico nos permitió depurar.

En cuanto a los textos de los clásicos del marxismo, desde el punto de vista de su tratamiento como informaciones concernientes más particularmente al Estado capitalista, fue igualmente necesario completarlos y someterlos a un trabajo crítico particular. Dado el carácter no sistemático de esos textos, las informaciones que contienen parecen a veces parciales, o hasta inexactas, a la luz de las informaciones — históricas, políticas— de que se disponen actualmente.

La segunda serie de problemas concierne a los textos de los clásicos del marxismo, aun los textos de Marx, Engels, Lenin y Gramsci relativo al tratamiento propiamente teórico de lo político. En efecto, es preciso ante todo comprobar, y ésta es una observación de orden general, que éstos no trataron específicamente, en el nivel de la sistematicidad teórica, la región de lo político.

En otras palabras, entregados al ejercicio directo de su propia práctica política, no hicieron explícitamente la teoría, en el sentido estricto de la palabra.

Lo que se encuentra finalmente en sus obras es ya un cuerpo ordenado de conceptos en “estado práctico”, es decir, presentes en el discurso y destinados, por su función, a dirigir directamente la práctica política en una coyuntura concreta, pero no teóricamente elaborados; ya elementos de conocimiento teórico de la práctica política y de la superestructura del Estado, es decir, conceptos elaborados pero no insertos en un discurso teórico sistemático; ya, en fin, una concepción de lo político en general implícita en la problemática marxista, concepción que sirve de base, con gran rigor, pero con los azares indudables que contiene todo pensamiento que no es contemporáneo de sí mismo — es decir, sistemáticamente explícito en sus principios— a la producción de esos conceptos.

Este estado de cosas, que aquí sólo se trata de comprobar, se refiere al orden real del desarrollo -de hecho- del materialismo histórico, que no hay que confundir con el orden lógico -de derecho- del proceso teórico que acaba de exponerse; acarrea grandes dificultades, relativas al contexto de los textos que se tomarán en consideración.

a)La primera dificultad se refiere a la localización de la problemática original del marxismo en las obras de Marx y Engels. Esa problemática, que es una ruptura en relación con la problemática de las obras de juventud de Marx, se dibuja a partir de La ideología alemana, texto de ruptura que contiene aún numerosas ambigüedades.

Esa ruptura significa claramente que Marx ya se hizo marxista entonces. Por consiguiente, señalémoslo sin dilación, de ningún modo se tomará en consideración lo que se ha convenido en llamar obras de juventud de Marx, salvo a título de comparación crítica, es decir, sobre todo como punto de referencia para descubrir las “supervivencias” ideológicas de la problemática de juventud en las obras de madurez. Esto es particularmente importante para la ciencia política marxista, porque es sabido que las obras de juventud están centradas principalmente sobre la teoría política.

‘Supervivencias”, hemos dicho, pero la palabra es engañosa: de hecho, las nociones de las obras de juventud que se encuentran en las obras de madurez toman, en ese nuevo contexto, un sentido diferente, ya como referencias de indicación de problemas nuevos, ya como simples palabras que recubren abusivamente una manera nueva de plantear las cuestiones, ya como escollos para la producción de conceptos nuevos: funcionamiento que se procurará descubrir.

Por otra parte, la localización de la problemática reviste importancia igualmente para otros autores, principalmente Gramsci, cuyas obras, a pesar de las rupturas que se encuentran en ellas, manifiestan una permanencia particular de la problemática historicista.

b] Consideremos ahora la obra teórica mayor del marxismo, que es El capital. ¿Qué puede sacarse de él en lo que concierne, más particularmente, al estudio de lo político, principalmente del Estado capitalista? En realidad, El capital contiene – entre otras cosas, pero yo me limito a lo que nos interesa principalmente aquí- por una parte un tratamiento científico del modo de producción capitalista, de la articulación y de la combinación — de la matriz— de las instancias que lo especifican, por otra parte un tratamiento teórico sistemático de la región económica de ese modo de producción.

Y esto no, como se ha creído mucho tiempo, porque no suceda nada importante en las otras regiones y su examen sea secundario; sino porque, como se verá en seguida, ese modo de producción es especificado por una autonomía característica de sus instancias, que merecen un tratamiento científico particular, y porque lo económico detenta en ese modo, además de la determinación en última instancia, el papel predominante.

Así, las otras instancias -lo político, lo ideológico- están muy presentes en El capital -que no es, en ese sentido, una obra “exclusivamente” económica- , pero en cierto modo en hueco, por sus efectos en la región económica.

Así como no se encuentra en El capital una teoría sistemática de la ideología en el modo de producción capitalista — las observaciones sobre el fetichismo capitalista no pueden pretender ese título— , tampoco se encuentra una teoría de lo político. Esa presencia en hueco de lo político en El capital nos será muy útil, pero no podrá llevarnos muy lejos.

Tal presencia se encuentra a la vez en los desarrollos teóricos propiamente dichos de El capital, y en los ejemplos concretos que Marx pone a título de ilustración de dichos desarrollos: véanse los pasajes concernientes al papel del Estado en la acumulación primitiva de capital o en la legislación de fábricas en Inglaterra.

Esas observaciones constituyen ilustraciones de la presencia en hueco de lo político en lo económico – es decir, de la teoría particular del modo de producción capitalista ( m.p.c. ) – , y no están destinadas a producir conceptos más concretos para conocimientos de formaciones sociales, como ocurre en El18 Brumario.

c) Disponemos, por lo tanto, de una serie de textos que versan, parcial o totalmente, sobre el objeto de la ciencia política en su forma abstracta-formal — ya el Estado en general, ya la lucha de clases en general, ya el Estado capitalista en general— , tales como la Crítica del Programa de Gotha o La guerra civil en Francia, de Marx, el Anti-Dühring, de Engels, El Estado y la revolución, de Lenin, y las Notas sobre Maquiavelo, de Gramsci.

Sin embargo, esos textos son principalmente textos de lucha ideológica. Están concebidos como respuestas urgentes a ataques o deformaciones de la teoría marxista: sus autores se ven por eso mismo obligados frecuentemente a situarse en el terreno ideológico de los textos que refutan. Esos textos contienen con frecuencia conceptos auténticos, pero obliterados por su inserción en la ideología y que no pueden descubrirse sino por todo un trabajo de crítica.

d) Veamos, finalmente, los textos políticos propiamente dichos. Como se ve por lo que precede, su posición es muy compleja. Tratan, en principio, de objetos reales-concretos, es decir, de las formaciones sociales históricamente determinadas, por ejemplo, Francia, Alemania e Inglaterra para Marx y Engels, Rusia para Lenin, Italia para Gramsci, en un momento de su desenvolvimiento.

Más particularmente, esos textos contienen un “análisis concreto de una situación concreta”, principalmente de la coyuntura de esas formaciones. En este sentido, contienen realmente toda una serie de conceptos muy concretos relativos al conocimiento de aquella coyuntura.

Sin embargo, eso no es todo: por la ausencia de obras teóricas sistemáticas en este dominio, tratan al mismo tiempo, en una misma exposición discursiva no explicitada y analizada, de objetos abstracto-formales, y dependen de una concepción de lo político en la teoría general, y de una teoría regional de lo político en el modo de producción capitalista.

Este hecho indiscutible es muy importante: esas obras políticas contienen, en efecto, hasta los conceptos más abstractos, pero ya en el “estado práctico”, es decir, en una forma que no está teóricamente elaborada, ya en una forma más o menos elaborada pero en el estado de elementos, es decir, insertos en un orden discursivo de exposición que no es, en el orden lógico de la investigación, el suyo.

Nos damos cuenta, pues, de los problemas difíciles que plantean esos textos por razón de su contexto. Es preciso, entonces, leerlos haciéndoles las preguntas pertinentes en el orden teórico del proceso de pensamiento definido más arriba.

Se trata, dicho de otro modo, de volver a poner, por una elaboración -y no por una simple extracción-, los diversos conceptos contenidos en esos textos, en el lugar que les corresponde por derecho en el proceso de pensamiento, proceso que puede definir rigurosamente su grado de abstracción, es decir, su extensión y sus límites precisos: se verá así en ocasiones que su campo no es en absoluto el que creían asignarles sus autores.

Es evidente, por otra parte, que, por ese trabajo, los conceptos sufrirán transformaciones necesarias. En resumen, para poner ejemplos, se tratará de descubrir en qué medida ciertos conceptos, aparecidos en el estudio de lo político de una formación social capitalista concreta, funcionan realmente en el campo de lo político -debidamente transformados o no- en el modo de producción capitalista, y valen así para las formaciones sociales capitalistas en general -en realidad para todas las formaciones capitalistas posibles- (como el concepto de “bonapartismo” producido a propósito de la Francia de Luis Bonaparte y cuyo campo es el tipo capitalista de Estado); o en qué medida conceptos, expuestos en textos relativos a formaciones sociales diferentes, se aplican al modo de producción capitalista y a las formaciones sociales capitalistas (como el problema planteado por los textos de Lenin sobre el frente único o el burocratismo en la U .R.S.S. en el período de transición al socialismo); o también en qué medida algunos de esos conceptos tienen por campo lo político en general; o aun, en fin, en qué medida ciertos conceptos, a los que sus autores asignaron por campo lo político en general, de hecho sólo tienen como campo lo político en el modo de producción capitalista (como el concepto de hegemonía de Gramsci, etcétera).

Por lo demás, es inútil insistir sobre el hecho de que, en este estado de cosas, se trata con frecuencia ya de conceptos contradictorios, ya de meras palabras tomadas por sus autores en cuanto conceptos, pero que en realidad sólo pueden servir de indicadores de problemas, ya también -y forzosamente- de nociones ideológicas.

4) Algunas observaciones breves relativas al orden de exposición. En efecto, Marx lo subrayó, el orden de exposición de los conceptos es parte integrante de todo discurso científico. La ciencia es un discurso demostrativo en que el orden de exposición y de presentación de los conceptos depende de las relaciones necesarias entre ellos que conviene hacer manifiestas: ese orden es lo que enlaza los conceptos y atribuye a la discursividad científica su carácter sistemático.

Ese orden de exposición se distingue, por una parte, del orden de investigación y pesquisición, pero también, por la otra, y esto es lo que importa, del orden lógico – de derecho- del proceso de pensamiento. En otras palabras, si la sistemática del orden de exposición se refiere al enlace y a las relaciones de los conceptos en el proceso de pensamiento, ese primer orden no es ni el recorrido ni la simple reduplicación del segundo: lo que, por lo demás, está claro en el plan de exposición de Marx para El capital.

La diferencia entre los dos se debe, en nuestro caso, sobre todo al hecho de que el sistema del proceso de pensamiento, que es el objeto propio del materialismo dialéctico, no puede estar explícitamente presente en la exposición de un texto que trata del materialismo histórico, a causa de la distinción de las dos disciplinas.[5]

Si se puede así descubrir en nuestro texto un orden general de exposición, la concepción de lo político en general, la teoría particular del modo de producción capitalista, la teoría regional de lo político en ese modo de producción, el examen de formaciones sociales capitalistas concretas, su sistematicidad deberá ser considerada según su propia necesidad, y no según el grado en que reproduzca el proceso de pensamiento.

Se manifestarán diferencias entre ambas cosas: sobre todo en lo que concierne a la teoría general del materialismo histórico, cuyos conceptos se presentarán según y a medida de la necesidad del orden de exposición de un texto que trata de la teoría regional de lo político en el modo de producción capitalista. Aquí se manifestarán también diferencias en la presentación de la teoría particular de ese modo de producción que, siendo el objeto dado de ese texto, deberá estar presente ya en el examen de la concepción general de lo político.

Por otra parte, no hay que ocultarse el hecho de que esas diferencias se deben igualmente al estado actual de las investigaciones, es decir, a la coyuntura teórica del materialismo histórico, que, por lo menos, en lo que concierne a la teoría general y a las teorías particulares, aún está lejos de una elaboración sistemática satisfactoria.

5) Esas dificultades me movieron a tomar, en este texto, precauciones indispensables. Más particularmente, los análisis que tratan de lo político en la teoría general sólo pretenden una sistematicidad relativa, y no podrían, de todos modos, considerarse completos.

Debo, en efecto, señalar mis reservas hacia una tendencia, demasiado generalizada actualmente, de la que puede decirse que pone el carro antes que los bueyes, cuando confunde el orden de la pesquisa y la investigación con el orden lógico del proceso de pensamiento, y cuando sistematiza -en el vacío- la teoría general antes de proceder a suficientes investigaciones concretas, contra lo cual, sin embargo, Marx nos puso en guardia.

En tal circunstancia, me pareció particularmente ilusorio y peligroso teóricamente, -se entiende- avanzar más hacia la sistematización de lo político en la teoría general, en la medida en que se carece actualmente de suficientes teorías regionales sistemáticas de lo político en los diversos modos de producción, o aun de suficientes teorías particulares sistemáticas de los diversos modos de producción.

Si nos hemos concentrado aquí sobre la teoría regional de lo político en el modo de producción capitalista, tomamos igualmente en consideración, no simplemente en la investigación, sino también en la exposición, formaciones sociales capitalistas concretas. Esa “toma en consideración” en la exposición se operó a dos títulos distintos: ya a título de ilustración de la teoría regional, ya a título de producción de conceptos concretos, que conducen a conocimientos sobre la coyuntura política de esas formaciones: si se trata de lo uno o de lo otro resaltará claramente del contexto.

También se dejaron, con conocimiento de causa, problemas abiertos: habiendo conservado o establecido los conceptos que funcionan en el campo de lo político del modo de producción capitalista, y por consiguiente de las formaciones sociales capitalistas, o también de lo político de formaciones capitalistas concretas, no quiso entrarse en el examen de la posibilidad del desplazamiento, o de los falseamientos y transformaciones de esos conceptos en otros modos de producción y otras formaciones sociales, principalmente en una formación en transición hacia el socialismo o en el modo de producción y en una formación socialistas.

Dicho de otro modo, si se intentó situar exactamente los conceptos en el orden del proceso de pensamiento, se hizo siempre en función de los límites del objeto de ese texto. Pero dejar abierto el problema no es sólo una precaución debida al estado de las investigaciones; se debe a una actitud previa teórica, que consiste en señalar una dificultad -teórica- que con demasiada frecuencia se tiende a escamotear: la de la especificidad de la región de lo político según los modos de producción y las formaciones sociales en cuestión.

6) Necesitamos, finalmente, definir ciertos conceptos suplementarios de la teoría general del materialismo histórico, y situar el marco de la teoría particular del modo de producción capitalista, que en adelante se designará con las iniciales m.p.c. Las definiciones y observaciones quedarán justificadas después por el cuerpo mismo del texto.

Se dijo arriba que la matriz de un modo de producción, la articulación de las instancias que la especifican, está determinada, en última instancia, por lo económico.

¿Cómo funciona en general esa determinación, y en el m.p.c. en particular?

Así como para toda instancia, lo económico en general está constituido por ciertos elementos -invariantes- que en realidad no existen más que en su combinación-variable. Marx lo señala de manera clara cuando dice:[6] “Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, sus factores son siempre dos: los

medios de producción y los obreros [Marx añade a continuación el no obrero]. Pero tanto unos como otros son | solamente, mientras se hallan separados, factores potenciales de producción. Para poder producir, en realidad, tienen que combinarse. Sus distintas combinaciones distinguen las diversas épocas económicas de la estructura social”. Si se trata, pues, de una combinación y no de una combinatoria, se debe a que las relaciones de los elementos determinan su propia naturaleza, modificada según la combinación.[7]

Los elementos invariantes de lo económico en general son los siguientes:

1, El obrero —-el “productor directo”, es decir, la fuerza de trabajo.

2. Los medios de producción, es decir, el objeto y los medios de trabajo.

3. El no obrero que se apropia el sobretrabajo, es decir, el producto.

Esos elementos existen en una combinación específica que constituye lo económico en un modo de producción dado, combinación que a su vez está compuesta por una doble relación de esos elementos.

1] Una relación de apropiación real (designada a veces por Marx con la palabra “posesión” ) : se aplica a la relación del trabajador y de los medios de producción, es decir, al proceso de trabajo, o también al sistema de las fuerzas productivas.

2] Una relación de propiedad : relación distinta de la primera, pues hace intervenir al no obrero como propietario, ya sea de los medios de producción, ya sea de la fuerza de trabajo, o de ambas cosas, y en consecuencia del producto. Aquí se trata de la relación que define las relaciones de producción propiamente dichas.

Esas dos relaciones son diferentes: pueden tomar, por su combinación, formas diversas. En lo que respecta a la relación de propiedad, observamos que pertenece estrictamente a la región de lo económico, y que hay que distinguirla claramente de las formas jurídicas que reviste, o sea de la propiedad jurídica.

En las sociedades divididas en clases, esa relación de propiedad instaura siempre un “divorcio” entre el obrero y los medios de trabajo, propiedad del no obrero, que, como propietario, se apropia el sobretrabajo.

En cambio, en lo que respecta a la relación de apropiación real, puede instaurar, en las sociedades divididas en clases, ya la unión del trabajador y de los medios de producción – tal es el caso de los modos de producción “precapitalistas”- , ya el divorcio del trabajador y de esos medios: tal es el caso del m.p.c., divorcio que aparece en la etapa de la gran industria y que Marx designa con la expresión “divorcio entre la fuerza de trabajo y las condiciones naturales de trabajo” .

Esas dos relaciones pertenecen, pues, a una combinación única – variable- que constituye lo económico en un modo de producción – la combinación del sistema de las fuerzas productivas y del sistema de las relaciones de producción.

La combinación característica del m .p .c . consiste en una homología de las dos relaciones -la separación en la relación de propiedad coincide con la separación en la relación de apropiación real- ; la de los modos “precapitalistas” de producción consiste en una no-homología de las dos relaciones — separación en la relación de propiedad, unión en la relación de apropiación real.[8]

La determinación en última instancia por lo económico de un modo de producción, de la articulación y del índice de predominio de sus instancias, depende precisamente de las formas que reviste la combinación señalada.

Marx lo indica de una manera general en los dos textos siguientes de El capital: “La forma económica especifica en que se arranca al productor directo el trabajo sobrante no retribuido, determina la relación de señorío y servidumbre [políticos] tal como brota directamente de la producción y repercute, a su vez, de un modo determinante sobre ella.

Y esto sirve luego de base a toda la estructura de la comunidad económica, derivada a su vez de las relaciones de producción y con ello, al mismo tiempo, su forma política específica.

La relación directa existente entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos es la que nos revela el secreto más recóndito, la base oculta de toda la construcción social y también, por consiguiente, de la forma política de la relación de soberanía y dependencia, en una palabra, de cada forma específica de Estado”.[9]

Esa combinación -lo económico- determina igualmente la instancia que, en un modo de producción, reviste el papel predominante. Veamos cómo responde Marx a las objeciones que se le hicieron:

(Según esa objeción) “mi tesis. .. de que ‘el régimen de producción de la vida material condiciona todo el proceso de la vida social, política y espiritual, era indudablemente exacta respecto al mundo moderno, en que predominan los intereses materiales, pero no podía ser aplicada a la Edad Media, en que reinaba el catolicismo, ni a Atenas y Roma, donde imperaba la política. . . Es indudable que ni la Edad Media pudo vivir del catolicismo ni el mundo antiguo de la política. Lejos de ello, lo que explica por qué en una era fundamental la política y en la otra el catolicismo es precisamente el modo como una y otra se ganaban la vida”.[10]

Pero si Marx hace en sus obras un análisis específico de los efectos de la combinación que caracteriza a lo económico del m .p .c . – homología de las dos relaciones, pues hay separación de las dos-sobre la matriz de ese modo, si constituye así una teoría particular del m .p .c ., no formula la teoría de lo que él llama modos de producción “precapitalistas” o “formas que preceden a la producción capitalista” .

Dicho de otro modo, no construye teorías particulares de esos otros modos de producción, especificados según él por formas diferenciales de una combinación de no-homología entre las dos relaciones: separación en la relación de propiedad, pero unión en la relación de apropiación real.

Los otros modos de producción sólo los examina según dos ópticas precisas: por una parte, como simples ilustraciones de su tesis general, según la cual todo el edificio social reposa sobre las formas diferenciales de esa combinación: desde este punto de vista, sus análisis no contienen más que indicaciones teóricas; por otra parte, como puntos de comparación descriptivos con el m .p .c ., es decir, a fin de mostrar las analogías formales de los modos de producción – “precapitalistas”-que descansan sobre una combinación de no-homología y situados en relación con un modo – capitalista- que reposa sobre una combinación radicalmente diferente – de homología- : habrá que volver sobre esta importante cuestión.

Observemos ya, no obstante, que el tratamiento que da Marx a los otros modos de producción, si contribuye a hacer resaltar claramente los rasgos particulares del m .p .c ., contiene graves ambigüedades: no sólo porque ese tratamiento fue tomado muchas veces por lo que no es -es decir, como un examen sistemático de las teorías particulares de los otros modos de producción- , sino porque, por ese tratamiento analógico no explícito, Marx llega a veces a hacerse ideas propiamente “míticas” sobre esos modos de producción.

7.) Veamos más de cerca el problema, no tomando esquemáticamente en consideración más que las instancias económica y política – más particularmente la del Estado-·, y dejando provisionalmente a un lado la instancia de lo ideológico.

Marx estableció, a la vez en los Fundamentos de la crítica de la economía política — los Grundrisse zur Kritik der politischen Oekonomie, más particularmente en su parte titulada “Formas que preceden a la producción capitalista” – y en El capital, las características siguientes del m.p.c.:

1) La articulación de lo económico y de lo político en un modo de producción está caracterizada por una autonomía -relativa- específica de esas dos instancias.

2) Lo económico detenta en ese modo no sólo la determinación en última instancia, sino también el papel predominante.

La primera característica la establece Marx por la oposición del m.p. c. con los modos “precapitalistas” : estos presentarían, en relación con el m .p .c ., lo que él llama “mistificación” o relaciones “materiales” y “naturales”, percibidas a veces como “simultáneas”, de lo económico y de lo político. Repitámoslo una vez más, no hay que tomar esas observaciones al pie de la letra, como se ha hecho con frecuencia, lo que condujo a toda una mitología marxista, por ejemplo, relativa al modo de producción feudal.

Por el contrario, puede retenerse, en el plano científico, que el m .p .c . está especificado por una autonomía característica de lo económico y de lo político: esto funda una diferencia radical de sus relaciones respecto de las que mantienen en los otros modos de producción, lo que no quiere decir en realidad que, en esos otros modos, esas instancias no poseen una autonomía relativa, sino que ésta reviste formas diferentes.

Esa autonomía tiene consecuencias teóricas sobre el objeto de nuestro trabajo: hace posible una teoría regional — en sentido muy riguroso— de una instancia de ese modo, por ejemplo del Estado capitalista; permite constituir lo político en objeto de ciencia autónoma y específica: Marx lo hizo ver, como es sabido, en El capital a propósito de lo económico y de la ciencia económica.

Propiamente hablando, esa autonomía legitima la ausencia, en la exposición discursiva relativa a una instancia del m .p .c ., de las teorías relativas a sus otras instancias.

Consideremos brevemente los textos de Marx, teniendo presentes estas observaciones. ¿Qué ocurre con los modos de producción  -“precapitalistas”-en que la relación de apropiación real se caracteriza por la unión del productor directo y de los medios de producción?

“…bajo todas las formas en que el trabajador directo es ‘poseedor’ de los medios de producción y condiciones de trabajo… la relación de propiedad tiene que manifestarse a la par como relación directa [política] de dominio y de servidumbre y el productor directo, por consiguiente, como un hombre privado de libertad; carencia de libertad que puede ir desde la servidumbre de la gleba hasta el deber de abonar simplemente un tributo al señor… En estas condiciones, sólo la coación extraeconómica, cualquiera que sea la forma que revista, puede arrancar a estos productores el trabajo sobrante para el terrateniente nominal.. . Son pues, necesarias relaciones personales de dependencia, carencia de libertad personal…servidumbre, en el sentido estricto de la palabra…”[11]  

Marx hasta llegará a decir que, en esos casos, “la relación [política] de amo a servidor, es una parte esencial de la relación de apropiación”, relación que pertenece a la combinación económica.[12]

En los Fundamentos de la crítica de la economía política – y en El capital en lo que concierne al modo de producción feudal— Marx va aún más lejos, dándonos indicaciones sobre lo político en los diversos modos de producción “precapitalistas” . Sus análisis son interesantes por dos razones:

Marx relaciona las diferentes formas políticas de esos modos con la combinación que especifica lo económico de cada modo. Sin embargo, esos modos tienen de común que la relación de apropiación real tiene esencialmente una forma invariante: unión del productor directo y de los medios de producción.

a)Las formas específicas que reviste el proceso de trabajo en esos modos, y que determinan las formas específicas de propiedad económica son percibidas como variaciones en los límites de esa invariante.

b)Marx atribuye la analogía de las relaciones de lo económico y de lo político en esos modos a esta característica común de sus combinaciones económicas. Esa es más particularmente percibida de la manera al contrario del m .p .c ., la pertenencia del trabajador y del no trabajador a una comunidad — entendida aquí, en el caso de las sociedades divididas en clases,  en el sentido de comunidad política, de forma de relaciones políticas—, es un supuesto previo de su inserción en las formas de apropiación real  -o de “posesión”- y de propiedad. La pretendida “mistificación” de lo económico y de lo político es catalogada como “supuesto previo” político de lo económico”. Así, en los casos de los modos “precapitalistas”:

 “La actitud hacia la tierra como propiedad del individuo . . . significa que un hombre aparece desde el comienzo como algo más que la abstracción del ‘individuo trabajador’, que tiene un modo objetivo de existencia en su propiedad de: tierra que es el supuesto previo de su actividad y no aparece como su simple consecuencia: es un supuesto previo de su actividad lo mismo que su piel o sus sentidos…Lo que es la mediación de esa actitud, es… la existencia de un individuo como miembro de una comunidad”.[13]

En el caso del modo asiático de producción, en que se trata realmente de la propiedad de la tierra por pequeñas comunidades – relación de propiedad- , pero que toma la forma de posesión hereditaria de la tierra por dichas comunidades -relación de apropiación real- :

“La unidad que comprende las otras [las pequeñas comunidades], que se encuentra por encima de todos esos pequeños organismos comunales, puede parecer como el propietario superior o único, y las comunidades reales como sus poseedores hereditarios . . . También es perfectamente posible que esa unidad parezca algo superior y separada de las numerosas comunidades particulares . . . Una parte del sobretrabajo pertenece a la comunidad superior que aparece en último análisis como una persona . . . El déspota aparece aquí como el padre de todas las numerosas comunidades particulares, como realizando la unidad común de todas” .[14]

En el modo antiguo de producción, se trata de una coexistencia de propiedad del Estado y de propiedad privada: “Ser miembro de la comunidad sigue siendo un supuesto previo para la apropiación de la tierra, pero en su calidad de miembro de la comunidad el individuo es un propietario privado . . . El hecho de que las condiciones naturales de su trabajo le pertenezcan está mediatizado por su existencia como miembro del Estado, por la existencia del Estado como un supuesto previo considerado divino. . . ”[15]

En lo que Marx llama forma germánica de producción y de propiedad, se trata de la coexistencia de propiedad comunal y de propiedad privada: “Entre los germanos, en que familias aisladas se instalan en los bosques, separadas por largas distancias, desde un punto de vista externo la comunidad existe simplemente en virtud de cada acto de unión de sus miembros, aunque su unidad existe por si misma instaurada por la herencia . . . La comunidad aparece así como una asociación, no como unión, como un acuerdo por el cual los individuos independientes son los propietarios de la tierra y no como unidad. En realidad, por esta razón, la comunidad no tiene directamente existencia como Estado, como entidad política, como sucedía entre los antiguos . . . Cuando se trata de que las comunidades adquieran existencia real, los propietarios de la tierradeben celebrar una asamblea, mientras que la existente en Roma es independiente de esas asambleas.. . ”[16]

Finalmente, en lo que concierne al modo de producción feudal: “Aquí, el hombre independiente ha desarrollado; todo el mundo vive sojuzgado: siervos y señores de la gleba, vasallos y señores feudales, seglares y eclesiásticos. La sujeción personal caracteriza, en esta época, así las condiciones sociales de la producción material como las relaciones de vida cimentadas sobre ella.[17]

En el m .p .c . asistimos, por el contrario, a una relación de homología entre la relación de propiedad y la relación de apropiación real : esta homología se instaura gracias a la separación del productor directo y de los medios de producción en la segunda relación, lo que Marx llama separación del productor directo y de sus condiciones naturales de trabajo, que se presenta en la etapa de la gran industria. De esa separación, que convierte al trabajador en un elemento del capital y el trabajo en una mercancía, nace principalmente el carácter de lo económico de ese modo como proceso de producción de la plusvalía. Esa combinación determina una autonomía específica de lo político y de lo económico. Marx lo percibe en sus dos manifestaciones: por una parte, en sus efectos sobre lo económico: por ejemplo, el proceso de producción en el m .p .c . funciona de manera relativamente autónoma, y no necesita la intervención, característica de los otros modos de producción, de “coacción extraeconómica” ; el proceso de reproducción ampliado -Rosa Luxemburgo lo hacía observar con razón- está determinado principalmente por la “razón económica” de producción de la plusvalía, aparecen las crisis puramente económicas, etc.  Por otra parte, Marx percibe esa autonomía en sus efectos sobre el Estado capitalista.

Esa combinación específica de lo económico del m .p .c ., como determinación en última instancia, atribuye igualmente a lo económico, en ese modo de producción, el papel predominante. Esto, como se sabe, fue establecido a la vez por los análisis de Marx en El capital relativos a ese modo, y por sus observaciones comparativas concernientes a otros modos de producción en que el papel predominante corresponde a lo político o a lo ideológico.

Esta introducción nos permitió definir el objeto y el método de este ensayo, así como la teoría que sirve de base a la investigación y la exposición. Nos permitió igualmente definir ciertos conceptos fundamentales y presentar así el marco teórico del texto que sigue. Estas observaciones introductivas encontrarán en él su justificación.


[1] Sobre estas materias véase Althusser: L a revolución teórica de Marx y también Para leer El capital; “ Matérialisme historique et matérialisme dialectique” , Cahiers Marxistes-Léninistes, núm. 11 ; y “ Sur le travail théorique. Difficultés et ressources” . La Pensée, abril de 1967.

[2] Precisémoslo a fin de no caer en el viejo equívoco de la “ abstracción-concretización” positivista.

[3] Teoría general que no hay que confundir con el materialismo dialéctico, pues este último no es la simple epistemología del materialismo histórico.

[4] Adoptando la terminología de Althusser con La revolución teórica de Marx y designando por g .I (generalidades I) la materia prima del proceso de pensamiento, por g .2 (generalidades II) los útiles o medios de trabajo teóricos, y por g .3 (generalidades III ) los conocimientos, puede esquematizarse el orden lógico del proceso que va de los conceptos más abstractos – relativos a objetos formales (abstractos)- a los conceptos más concretos -relativos a objetos reales (concretos y singulares)—-, en resumen, los diversos soportes necesarios del discurso teórico, de la manera siguiente:

Sea nuestro objeto la teoría de lo político en el modo de producción capitalista.

G-3: (Conocimientos ya obtenidos por el proceso de pensamiento sobre el materialismo histórico : teoría general de la que forma parte el concepto más abstracto de lo político como instancia de toda estructura.)

G-1  va hacia G-2 y luego hacia G-3:

(Informaciones, nociones, etc., sobre el modo de producción capitalista.)

(Conocimiento de la teoría particular del modo de producción capitalista.)

G-1  va hacia G-2 y luego hacia G-3:

(Informaciones, nociones, etc., sobre el Estado capitalista, sobre la lucha de clases en el modo de producción capitalista, etcétera.)

(Conocimiento de la teoría regional de lo político en el modo capitalista de producción.)

G-1  va hacia G-2 y luego hacia G-3:

(Análisis concreto de una coyuntura política concreta.)

(Informaciones sobre una formación social capitalista y su nivel político en particular.)

(Conocimiento de lo político en esa formación social.)

[5] Véase también, en este sentido, A. Badiou : “ Le recommencement du matérialisme dialectique” , en Critique, mayo de 1967.

[6] El capital (Fon do de Cultura Económica, 1959 ) , t. II 37.

[7] Véase a este respecto Balibar, Para leer El capital, y Ch. Bettelheim : La transition vers léconomie socialiste, 1967. Advierto, sin embargo, que yo expongo aquí las relaciones económicas, y su combinación, en su forma más simple. Bettelheim, en su curso Le calcul économique social, 1 9 6 7 , redactado pero inédito, que tuvo a bien comunicarme, y que es de importancia decisiva, demuestra pertinentemente la complejidad (el doble aspecto) que revisten esas relaciones y su combinación.

[8] Homología/no-homología, que no hay que confundir con correspondencia/no-correspondencia (que se encontrará en el caso de la transición), pues una combinación de no-homología muy bien puede consistir en una correspondencia de las dos relaciones. Sobre lo que abarca el término metafórico homología (que yo empleo a falta de otra mejor y que tomo de Balibar), véase Bettelheim , op. cit.

[9] El capital, t. II, p. 733.

[10] El capital, t. I, p. 4 7 (nota ).

[11] El capital, t. m , pp. 7 32-3.

[12] F u n d a m e n t o s …, p. 154. Cito este texto según la edición alem ana, R ow ohlt: K arl M arx, T e x te zur Meth od e u n d Praxis, t. ni.

[13] F u n d a m e n t o s . . . , o p . c it., p. 138.

[14] Ib id ., p. 132.

[15] Ib id ., p. 133.

[16] Ib id ., p. 130.

[17] El capital, t. i, p. 4 2 . Así, pues, si se tiene en cuenta que:a] el modo de producción es un concepto que implica la presencia de todas las instancias sociales, b] el modo de producción feudal no presenta la misma autonomía de instancias que el m .p .c ., y c] lo político reviste con frecuencia en el modo de producción feudal el papel predominante, puede fundamentarse la legitimidad de la designación de feudal que Marx da a dicho modo: en efecto, según se ha hecho observar con frecuencia, esa designación se refiere sobre todo a las relaciones políticas de ese modo “ feudal” . (A este respecto, J . Maq uet: “ Une hypothèse pour l’étude des sociétés africaines” , en Cahiers d’Ê lu d es Africains, 6, 1 9 6 1 ; M . Rodinson: Islam et capitalisme,

1966, pp. 66 ii, e tc.) Lo que, por el contrario, es un problema, es la “ representación” que Marx se hacia de’ las relaciones políticas feudales: tomada al pie de la letra, llevaría a excluir del modo de producción feudal formaciones sociales a base de servidumbre, pero cuyas relaciones políticas no corresponden a esa representación.