Se refuerza el dominio geopolítico y militar de EEUU y la OTAN hacia el Sur

Las acciones de Washington para conformar un vasto “Mare Nostrum” imperial en la Cuenca del Pacífico, se han vuelto cada vez más visibles y agresivas en las últimas semanas. Igualmente, aquellas con que va fortificando todo el sistema de control ejercido sobre nuestra Región Caribeño-Centroamericana y hacia el Sur del hemisferio, en estrecha alianza con los gobiernos serviles de Colombia y México. Y lo que no podía faltar: la adecuación, a las emergentes realidades, del poder hegemónico protegido por el escudo de la seguridad militar centrado en el pacto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (la OTAN) y en el Comando Sur o US SOUTHCOM localizado junto con la IV Flota en La Florida.

No olvidemos que, en nuestra región, ya se hallan en ejecución dos planes específicos en materia de seguridad: el Plan Mérida, para cubrir el eje México-Centroamérica, y el Plan Colombia hacia el flanco sur, así como el Plan Puebla-Panamá o PPP, rebautizado “Plan Mesoamérica”, y sendos tratados de libre comercio que funcionan en línea paralela al blindaje militar atando las economías a esquemas de apertura y privatización. Sin embargo, las medidas que vamos percibiendo rebasan los estrechos límites geográficos de estas iniciativas y constituyen una muestra del globalismo belicoso de la Casa Blanca; por lo cual, no hay manera dejar fuera de foco al rol de la OTAN, como la alianza militar ofensiva y de espionaje encabezada por EEUU que cuenta con el mayor poderío destructivo aire-tierra-mar (incluido el nuclear y químico-bacteriológico de punta) a escala planetaria.

El objetivo: echar atrás la iniciativa UNASUR-CELAC

Asimismo, se hace más y más evidente el que la ofensiva estadounidense está destinada a contrarrestar y revertir los progresos del proyecto integracionista latinoamericano tejido alrededor de la Unión de Naciones Suramericanas o UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños o CELAC, como ya lo hemos venido señalando en columnas anteriores.

Van en ese rumbo las acciones dirigidas a forjar todo un sistema de alianzas trans-pacíficas, a partir de dos organismos promotores del libre comercio y la integración profunda con Washington: la “Alianza del Pacífico” o AP, que aglutina a países costeros latinoamericanos (donde, por cierto, acaba de aceptarse la membrecía de Costa Rica en mayo durante su VII Cumbre de Cali); y la “Alianza Trans- Pacífica” o ATP, que persigue lo mismo con aquellos de la zona Asia-Pacífico, a excepción de China. La reciente visita del presidente Obama a San José y del vicepresidente Biden a Colombia, ambas durante el mes de mayo, fueron inequívocas señales de esta política de endurecimiento del poderío imperial en ese sentido.

La OTAN va a entrar en el juego definitivamente

Pero eso no es todo. Es imperativo, para entender lo que está pasando, mantener la mira puesta sobre la OTAN. Téngase en cuenta que allí junto al de EEUU, se halla el poderío militar de la Unión Europea (UE) con las fuerzas armadas de Alemania, Inglaterra y Francia al centro. Además, es una alianza debe estrecharse aún más en momentos cuando se plantea negociar un gran TLC o “Acuerdo de Asociación Transatlántica Estados Unidos – Unión Europea”.

Veamos por qué

En estos momentos, las instalaciones y comandos militares de los llamados “países aliados” se coordinan mediante los mandos multinacionales de la OTAN, pero preferentemente a través de los US COMMANDS extendidos alrededor del mundo, los cuales manejan las cerca de 800 bases militares y de inteligencia (espionaje) de EEUU esparcidas por 63 países a lo largo y ancho del mundo. Estos son los comandos: el NORTHCOM (Northern Command instalado en la Peterson Air Force Base, Colorado, USA), el USPACOM (US Pacific Command en Honolulu, Hawai´i), el S0UTHCOMMAND (en La Florida, USA) el CENTCOM (Central Command en la Air Force Base de MacDill, también en la Florida), el EUCOM (European Command en Stuttgart-Vaihingen, Alemania), el Joint Forces Command (en Norfolk, Virginia, USA), el Special Operations Command (también en la base aérea de MacDill), el Transportation Command (en la Scott Air Force Base, Illinois, USA) y el STRATCOM (US Strategic Command en la Offutt Air Force Base de Nebraska, USA).

Entre esos USA-comandos geoestratégicos, el encargado de “cuidar” al Caribe y Latinoamérica es el SOUTHCOM, que tiene a su servicio la IV Flota. Desde este comando imperial se planifican, coordinan y dirigen las acciones de una vasta y poderosa red de 47 bases militares estadounidenses ubicadas entre el Río Grande y La Patagonia. Y ahora viene lo que deseamos destacar y que para muchos pasa inadvertido: a esa red debemos agregar las estructuras militares de EEUU destacadas en el Pacífico y dirigidas por el arriba mencionado “United States Pacific Command” o USPACOM con sede en la isla de Hawai´i.

Y, por lo antes dicho, debe entenderse que ambos comandos giran alrededor del dispositivo mayor de la OTAN; el pivote que se desempeña como un “gran policía global” y que ahora mismo anda en busca de amigos en nuestra región Caribeño-mesoamericana, para así extender los anillos estratégicos y operacionales de una OTAN dispuesta a reinventarse globalmente, ello mediante el mecanismo llamado «partenariado» (del inglés “partnertship”) montado para la adquisición de socios estratégicos. Hoy día ese “partenariado” integra a cerca de 40 países que se definen como “Partners Across the Globe” (PAG) o «socios alrededor del globo».

Según una publicación del Ministerio de Defensa de España, esta política de alianzas de amplio espectro, para la OTAN “es una manera de acercarse a las potencias emergentes de Asia, África o América Latina con las que la OTAN desea contar. Ya ha atraído a China –con la que lleva años tratando de acercarse– y a la India, y ambas han participado en una reunión 28+n sobre piratería. Según cálculos de la OTAN, ese acercamiento a los países emergentes asiáticos podría estimular a otros países, principalmente latinoamericanos, a participar en algunas de las reuniones y dejar de lado algunas reticencias y percepciones sesgadas que tienen de la OTAN.” (Ver: Gobierno de España. Documentos de Seguridad y Defensa, No. 54, febrero de 2013).

Esa misma publicación oficial destaca, a modo de ejemplo, el caso de El Salvador, donde el presidente Mauricio Funes ha declarado que el envío de tropas a Afganistán en operaciones de la OTAN, entre otras iniciativas de apoyo a este organismo- responde a una “alianza estratégica” con EEUU, en la cual Washington colabora con El Salvador en un plan de seguridad y ellos lo hacen enviando tropas al país asiático. Y hay otros casos más recientes y sobresalientes, y con mayor importe geoestratégico.

Mucha atención a los sureños tentáculos expansivos de la OTAN

Anotamos antes que el SOUTHCOM coordina sus actividades en el marco de una OTAN expandida globalmente y cuya pauta estratégica este comando (al igual que los otros) ha comenzado a seguir para Latinoamérica, a fin de no aparecer como un solitario vigilante o agresor. No cabe duda de que, en general y al final de cuentas, una base militar de EEUU en cualquier país, lo es también de la OTAN y viceversa.

Aparte de ese recurso de Comando Sur, actualmente la alianza atlantista cuenta con otros recursos en nuestra región por el lado europeo y que conviene develar.

Se trata de bases militares británicas de apoyo en las islas Malvinas (Base Aérea de Mount Pleasant) definida como “bastión de la OTAN”, por la ministra de Defensa argentina, Nilda Garré en marzo de 2010, donde hay estacionado armamento nuclear y misiles. También hay una base británica en la Isla Ascensión en medio del Atlántico. Desde ambas bases se amenaza a la Argentina directamente y se atemoriza a los demás países cercanos de la UNASUR-CELAC.

La Unión Europea (entiéndase también la OTAN) también tiene sus bases, entre ellas las francesas en Martinica (Fort France), en Guadalupe (Lamentin-Raizet) y en la Guayana (Estación de Degrad des Cannes, bases de Cayena y Saint- Juan du Maroni, y la Base Aeroespacial Europea en Kourou). Se estima que la UE-OTAN disponen de cerca 8.000 efectivos estacionados en esas bases terrestres, aéreas y navales.

Más aún, la OTAN viene realizando frecuentemente maniobras conjuntas y haciendo “misiones” con fuerzas armadas latinoamericanas, en particular con las de Colombia, Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, en un manifiesto afán por crearle ambiente positivo a una eventual “Organización del Tratado del Atlántico Sur” (OTAS); o sea, una OTAN del Sur. Esta es una manera de acercarse a Latinoamérica, a la cual ya considera su “frontera Occidental” y cuyos recursos naturales (petróleo y otros minerales, agua y biodiversidad) busca hacerlos parte de su proyección estratégica hemisférica.

Los casos colombiano y chileno pueden esclarecer aún más la pauta

Es muy posible que Colombia sea ya en este momento la mejor punta de lanza del imperio y de la OTAN en nuestra región. En efecto, Diana Quintero, viceministra de Defensa participó en la reunión de la OTAN de Monterrey, California -bautizada “Construyendo Integridad” entre los 138 países allí presentes. Lo puso en evidencia cuando declaró el 28 de Febrero pasado y sin tapujos, lo siguiente: “Nosotros (Colombia) venimos haciendo todos los acercamientos con la OTAN para ser uno de sus aliados globales y esta invitación responde a las buenas prácticas y experiencias, que la OTAN está mirando para compartirlas con otros países”. Y agregó: “La OTAN no es solamente una organización militar, sino que adicionalmente es una comunidad con las mejores prácticas, tanto en presupuesto, en defensa, como en doctrina y entrenamiento”.

Nada de lo señalado es de extrañar. Ya que se sabe que Colombia está destinada por la Casa Blanca y el Pentágono a volverse el “Israel de Suramérica”.

Por ejemplo, hace poco la OTAN votó por incluirla en la “Comunidad OTAN ATP-56 AAR”, con estatus similar al que tiene en la actualidad Australia; lo cual hace posible –entre otras cosas- que la fuerza aérea colombiana pueda ser elegible para establecer acuerdos de interoperabilidad y de reabastecimiento en vuelo con cualquier miembro de la OTAN y sus socios. Puede afirmarse que Colombia es hoy día el germen de un bloque anti-bolivariano militarizado capaz de contrarrestar el peso que va desarrollando en paralelo el proceso integracionista alrededor de la UNASUR-CELAC. Divisionismo que es apoyado por Chile (quien ya tiene el mismo status de Colombia en la OTAN como “Aliado importante no-OTAN”) y de México y Perú (aspirantes), junto a otros aliados menores de la Región Caribeño-Mesoamericana.

El gobierno de Colombia proclama oficialmente su aspiración de integrarse a la OTAN

Una novedad más. El presidente colombiano Juan Manuel Santos acaba de declarar, el pasado 1 de junio, el interés de Colombia por formar parte de la OTAN como miembro pleno. Habló de “emprender todo un proceso de acercamiento y de cooperación, con miras también a ingresar a esa organización”. Ante ello, voceros de ese organismo afirmaron que no es posible establecer una asociación formal debido a “criterios geográficos”; pero se supo en medios europeos que prepara desde Bruselas un acuerdo para el intercambio de información clasificada con Colombia.

De inmediato, el anuncio provocó reacciones muy airadas y críticas de parte de los gobiernos de Venezuela y Bolivia, entre otros, que ven en este intento una forma de dividir y desestabilizar los avances de integración en varios campos que llevan adelante UNASUR y CELAC, incluidos los alcanzados en materia de seguridad y coordinación de sus fuerzas armadas.

Sin embargo, el inesperado anuncio pone en claro lo anuente que está el gobierno de Santos de jugar el papel de “caballo de Troya” en este terreno tan delicado, para lo cual cuenta con el aval de Washington que tiene siete bases militares en el país. Por eso, no sorprende que la Casa Blanca expresara tres días después de las declaraciones de Santos que daría apoyo a su iniciativa de ingresar a la OTAN, justificada supuestamente por las “capacidades” en pleno desarrollo de sus fuerzas armadas profesionales, las mayores y las más poderosas de toda Latinoamérica. Manifestó al respecto la secretaría de Estado adjunta para Latinoamérica, Roberta Jacobson: “Nuestro objetivo es ciertamente apoyar a Colombia como miembro capaz y fuerte de muchas organizaciones multilaterales, y eso puede incluir la OTAN”.

El caso parecido de Chile

Chile, por su lado, viene desde tiempo atrás buscando el otorgamiento de la categoría de “aliado extra-OTAN” que tienen países como Australia, Nueva Zelandia, Israel, Corea del Sur y Egipto, esto con el apoyo de EEUU; y debido a que, para el año 2010, ya había logrado alcanzar los estándares militares de la OTAN en armamento de punta como para poder inter-operar con sus fuerzas armadas, así como para recibir ayuda financiera y militar de EEUU y la OTAN que de otro modo no se daría. Esto permitirá a Chile mantener su programa de gastos militares hasta por $11.000 millones para el período 2005-2025, esto aparte de los $9.136 millones invertidos entre 1990-2012 en la compra de sofisticado hardware militar, incluidos aviones C295 de Airbus Military (EADS), submarinos Scorpene, y varias brigadas blindadas. Todo lo cual tiene muy alarmados a sus vecinos. Porque la pregunta es: ¿para pelear cuáles guerras?

Desde hace varios años las fuerzas armadas chilenas participan en juegos de guerra australes de EEUU y la OTAN, especialmente en el mayor de los mundiales en el campo naval, el bienal “Margen del Pacífico” (RIMPAC), donde participan además Japón, Corea del Sur, Australia, Ecuador, Colombia, México y los países centroamericanos, incluida Costa Rica.

También existe el interés de reforzar a Chile por su rol respecto a la Antártida. Según el analista Rick Rozoff de la organización canadiense Global Research: “Los cuatro países directamente al norte del Océano Antártico son Chile, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda y los cuatro se encuentran en distintos grados de ser integrados en alianzas militares occidentales, los cuatro tienen lazos militares bilaterales con Estados Unidos y con otros países de la OTAN, tres directamente con la propia OTAN.”

Conclusión

Observamos de este modo en nuestro entorno, cómo se teje una serie de maniobras geopolíticas y diplo-militares encaminadas desde Washington a redefinir mejor su estrategia de dominio imperial en toda la zona Centro-Sur del hemisferio; con la doble mira puesta en la integración del mayor número de países como “socios” en las alianzas trans-pacíficas en plena ebullición y también en las redes de “partenariado” de la OTAN. Mediante estas iniciativas, la gran potencia imperial pretende disimular la gestión de su hegemonía y aparecer como un actor indirecto y de bajo o nulo perfil; cuando de hecho se halla reforzando los mecanismos que hacen posible esa hegemonía a un nivel superior de dominio regional y global, extendido hacia el Sur y hacia el Pacífico.

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