Narrativa salvadoreña contemporánea Ferman Cienfuegos

A finales de 1994, poco antes de morir, en una conversación en París Roberto Armijo me decía que se puede incursionar en la narrativa, si existe algo que contar, y si existe el narrador que lo pueda contar. Él había escrito un ensayo literario en la década de los sesenta sobre los pioneros del modernismo, Rubén Darío y Francisco Gavidia, y sobre la influencia francesa de finales del siglo XIX.

Podría creerse que siendo la lengua hispánica, con sus modismos locales, la cuna del modernismo universal, esta tendencia tendría un arranque espectacular, pero su desarrollo narrativo no tuvo lugar y nunca circuló en los mercados de la lengua española. No se dio la disciplina del escribidor ni la transmisión generacional de arte y técnica que permitieran las naturales rupturas de estilo, generándose una atrofia que se reedita por falta de identidad nacional y que repercute en la creatividad individual.

Afortunadamente, con motivo de los Acuerdos de Paz en Chapultepec, en 1992, se abrió una pequeña ventana para que entrara ese aire de bosque; un espacio para la libertad de expresión que motivara a escribir y desenterrara la memoria.

Han sido cien años de tiempo corrido, pero mucho menos tiempo efectivo para crear con libertad. ¿Qué se puede contar, si no hay historia escrita?

Los precursores de principios de siglo

La obra de la generación 1920-1930 da la pauta con las novelas Los trenes, de Francisco Espino, y La vida en el cine, de Alberto Masferrer. Este multifacético autor fue también reformador social, estadista, teósofo y periodista. Destaca José María Peralta, otro narrador de realismo irónico y humorístico conocido como T.P. Mechin, que además fue estadista. Quizá el más renombrado sea Salarrue, cuentista y reportero que incursionó en la novela surrealista con Íngrimo, y que fue promotor de la búsqueda que superó el costumbrismo de Arturo Ambrogi, artista del detallismo en la vida de las haciendas y de los artesanos. Ellos son los pioneros que encendieron las primeras chispas del fuego que debería arder en la tradición narrativa, pero no es así para las nuevas generaciones. Es tal el estancamiento que no se aprovechan las obras de estas décadas; Alberto Masferrer es considerado por la aristocracia como comunista y los comunistas lo tienen por un oligarca cafetalero. Al desdeñar el arte y la técnica acumulados, se desconoce esa herencia literaria. Sólo a cuentagotas se coloca a la narrativa en condiciones de acabar con esa tardanza en la difusión de las obras creadas, en buena parte por la intervención del Estado, a través del poder político, aristocrático y colonial de los cafetaleros, con apenas un barniz cultural.

Es interesante señalar que el ocultamiento de la historia nacional, en este momento de la vida cultural, anula también las vivencias del estallido social de México en 1910. No surge la novela histórica. Se desconocen los continuos vaivenes provocados por los estallidos sociales del país, y sólo hay obras aisladas de realismo irónico, de costumbrismo de haciendas, y otras que relatan la vida provincial. La novela surrealista tiene un sólo autor: Salarrue. Este ocultamiento de la historia es consecuencia de la voluntad de la aristocracia colonial –-conservadores y liberales-–, cuyo pacto cafetalero del siglo xix impidió que se escribieran las biografías que habrían sido necesarias para hacer novela histórica basada en el palpitar cotidiano de la vida real, los hechos y las obras. Tampoco se divulgan las pocas obras impresas, que son más conocidas por las reimpresiones hechas en los cincuenta y sobre todo en los sesenta. El ocultamiento de la historia de las personalidades y de la realidad de los hechos cercena los espacios creativos debido al escaso conocimiento que de ellos tiene el narrador. ¿Qué se puede contar, si no hay historia escrita? ¿Cuál es el punto de arranque inicial? Se reducen las posibilidades de testimoniar las realidades biográficas, los conflictos del hombre de cada época. A lo largo del siglo impera el conservadurismo cultural del Estado cafetalero, que sólo ve lo que es afrancesado. Contradictoriamente con el lugar de nacimiento del modernismo, el hecho es que la aristocracia colonial en el poder convierte todo lo que parezca francés en algo snob. Un ejemplo es cómo se niega la herencia colonial, instaurándose una mentalidad de aristocracia poco cultivada en el arte y las ciencias, sólo preocupada por «quedar bien».

El corte cultural en la dictadura militar en Centroamérica

La dictadura militar que se mantuvo de 1932 a 1992 no permitió, durante varias décadas, el ejercicio libre del periodismo creador-cultural: el reportaje, el cuento corto, la narración ingeniosa, que son premisas para el despegue narrativo en tanto ejercicios de estilo, de difusión, de búsqueda de hechos cotidianos de la sociedad. Los pocos periódicos y revistas locales no pudieron estimular el contacto con los lectores en forma masiva. La reducción a cero de la libertad creativa por el terror que provocaba la dictadura del Estado conservador, así como el repliegue del pensamiento liberal, dieron paso a la aparición de autores y publicaciones aislados, sin lectores identificables, lo cual, a su vez, impidió formar una escuela que produjera autores narrativos que se ejercitaran hasta llegar a la novela experimental.

Entre 1932 y 1944 se consolida el estancamiento de los narradores. El arranque modernista se frustra y anula. No hay libertad de prensa, de creación ni de difusión. Alberto Masferrer se va al exilio hondureño en 1931 y muere en 1932. Salarrue es neutralizado. El resto pasa al olvido.

En los años cuarenta surgen Hugo Lindo, que sería el continuador más profesional con Justicia señor Presidente, y José Rodríguez Ruiz padre, con su novela costumbrista rural de la vida de los peones: Jaragua.

La pregunta es: ¿dónde están las plumas que den testimonio de las expresiones de tradición oral? No hay continuidad, pues se paraliza la búsqueda técnica y creativa necesarias para encontrar la identidad propia, que se inicia con el cuentista-novelista-lector. Sólo se ven, como si fueran las dos bocas de un túnel, las dos cabezas de la serpiente emplumada: entra el narrador por un lado y sale por la otra cabeza. Lo que ocurre es que se entra, pero se pierde la creación en el túnel. Al escudriñar el poderoso misterio de la interioridad y las divinidades humanas, se atemoriza la identidad del autor. Hay parálisis cerebral nacional. El pensamiento se concentra en cómo sacudirse la dictadura. Se prohíbe leer, se prohíbe pensar, se prohíbe hablar de historia, escribir sobre ella. Generacionalmente se pierde el hilo de la memoria. Quedamos desmemoriados. Todo es in memoriam. Así llegan las generaciones sucesivas de los sesenta, setenta y ochenta, sin novela histórica, sin un periodismo que haga la crónica de lo cotidiano.

El dilema social que se presenta a los intelectuales es doble: derrocar la dictadura militar o convivir con ella, reducidas al mínimo la creatividad y la libertad individual, bajo el imperio de una cultura oficial que subordina al poder militar a los escritores, todo para hacer creíble al régimen. Surge entonces una generación rebelde sin obras, que debe definir sus opciones culturales eligiendo entre la tranquilidad social para crear, la lucha de clases, la indiferencia o la mediocre semblanza del silencio. La universidad se limita a preparar antropólogos, arqueólogos, economistas, sociólogos, psicólogos. La propia universidad margina de sus aulas a la historia, prohibida tanto por la izquierda como por la derecha cultural, que coinciden en tenerle miedo a conocer su propia identidad e historia.

Así se deja tranquila a la aristocracia colonial, que se convierte en una burguesía agraria industrial con síntomas nacionalistas, una especie de Pulgarcito lleno de complejos de grandeza. La Universidad de El Salvador, el único núcleo social con capacidad de pensar, queda dentro del marco de las restricciones y bloqueos de la lucha de clases, que no quiere buscar la identidad nacional y evita la investigación histórica.

Lo interesante de la década que va de 1950 a 1960 es que un segmento del Estado, expresado en el Ministerio de Educación y en la universidad, promueve el redescubrimiento de autores como Alberto Masferrer, Salarrue, Hugo Lindo y Rodríguez Ruiz. Se levanta la censura parcial y, después de veinticinco años de silencio, se abre una ventana cultural. Pero el Estado, con los militares a la cabeza, tiene su lista de autores prohibidos y perseguidos, a semejanza de lo hiciera la Iglesia inquisidora moderna de Pío XXII. Los únicos oasis para los narradores son esos dos nichos de publicaciones y lecturas; el resto de la sociedad se cierra, incluyendo los principales periódicos.

La generación de los sesenta

Los narradores de la década de los sesenta pierden espacios al dedicarse a las reformas sociales, a la lucha política contra la dictadura y no a producir obras literarias, estudiar e investigar para producir.

Roberto Armijo es el escritor visionario que desde la Librería Universitaria difunde los clásicos griegos y otras obras que conectan con la cultura universal y con el mercado de libros. Se tiene acceso a William Faulkner, John Steinbeck, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco, José Revueltas… La influencia mexicana, muy decisiva debido a su cercanía, suma todo su peso cultural.

Miguel Ángel Asturias entra en el corazón pipil, pero su cultura, la maya, no es la de los escritores salvadoreños, ajenos a esa versión civilizadora. André Malraux llega tardíamente con su planteamiento de la «condición humana», cuestionado desde la izquierda política, fuerza ésta que influye en la intelectualidad. En los sesenta estaba de moda pensar que ser intelectual significaba ser de izquierda. A Lezama Lima se le ve como a una joya barroca genial, pero hasta ahí. Se lee a Guimaraes, autor de Sertein de veredas, como se tiene acceso al dublinés James Joyce. Tales deleites hicieron de ésta una generación privilegiada.

Pero viene la guerra civil y el espíritu creador es utilizado para guerrear. La denuncia es más importante en el periodismo. Llegan el martirologio y la flagelación; se lee al novelista griego Kazantzakis.

Un segmento de la intelectualidad universitaria se va a la guerra civil, que divide a los narradores entre dos bandos: o estás conmigo o estás contra mí. Otros se van al exilio. Otros más, con sus amenazas, provocan el peligro de las decapitaciones que surgen de la guerra civil por parte de los dos bandos que, temiéndose mutuamente, odiándose, acaban con su propia identidad. Como toda guerra civil, ésta cercena, hiere, fanatiza y hace entrar en estados demenciales.

Decae la narrativa en la guerra civil 1971-1991

Una vez terminada la guerra civil, que va de 1971 a 1991, en 1992 y gracias a los Acuerdos de Paz de Chapultepec, se abre un espacio a la narrativa.

Con apertura democrática se podía pensar y crear, pero seguía cargándose con la atrofia narrativa heredada, que pesaba en la técnica y en el estilo propio de los autores. Un dato interesante, nada casual, es que emergen los historiadores, revelando escenas olvidadas, censuradas, que colaboran en la búsqueda de la identidad de nación, de pueblo, y también en la construcción de la identidad del autor, pero los escritores no muestran interés en este acontecimiento.

Pese a que no se llevan a la escritura, ya están acumulados en la memoria de la tradición oral los testimonios de lo que fue la vida en la guerra civil. No hay testimonios escritos de la guerra; son contados los libros sobre la guerra civil, a pesar de que implican veinte años de historia. ¿Qué queremos ocultar? ¿Que somos violentos y amorosos? ¿Que somos fanáticos y creyentes?

La narrativa se desarrolla al margen de nuestra propia historia olvidada, prohibida, censurada por los poderes demenciales del pasado. Eso le quita pasión, conflicto, locura.

Son ocho años, de 1992 a 2000, de vivir la efervescencia política de la posguerra, un trecho psicológico y social postraumático, en el marco de una libertad individual desconocida para un pueblo educado en el terror y en la censura, que desconoce tanto su propia historia como la de su alrededor.

En este contexto surgen los jóvenes autores, que quieren crear personajes, quieren moverse en la narrativa y tienen la misma dificultad del ciclo de la vida del narrador. ¿Qué contar? ¿Desde dónde? ¿Hablo del fondo de mi ser? ¿De mis historias personales?

Lo que nadie ve es que los protagonistas de los últimos treinta años siguen siendo anónimos. Esa memoria puede morir en un cementerio cultural, sin lápida, sin citas, sin ceremonias, de nuevo sin una crónica que plasme su testimonio. Corremos el riesgo de llegar tarde al entierro de nuestra propia memoria.

La pregunta es: ¿cómo entender a Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Revueltas, José Agustín, Vicente Leñero, sin antes haber pasado por las veredas de la novela histórica de la Revolución Mexicana? Al menos, se trata de ya no pensar que «tal parece ser que se dio una revolución en México». Se trata de ya no hablar de Nicaragua sin comentar el alzamiento de Sandino, sin mencionar a Rubén Darío. Se trata de no suponer que lejanamente ocurrió algo así como una invasión de marines y que es posible que un tal Somoza en sus haciendas sea el personaje de algún cuento… De saber que hay una foto de Sandino con Farabundo Martí en Veracruz.

No puede negarse que la guerra civil de 1971 a 1991 hace decaer la narrativa por la censura de las partes en conflicto: la guerrilla por un lado, y por el otro los escuadrones y el Estado terrorista. Esto bloquea y aletarga la creatividad social. Es lógico que, al resurgir, los nuevos escritores se encuentren con que el país necesita ser reconstruido económicamente. El país no se reconcilia por culpa del incumplimiento del Acuerdo de paz, que hubiese ayudado mucho a la producción cultural de posguerra. Sigue el miedo, porque los medios de comunicación impresos no fomentan la crónica ni el cuento, marginan al narrador, el cronista aparece muy poco, el novelista joven es ignorado, el cuentista joven desconocido; todos ellos leen sus obras entre amigos. Todavía hay miedo a la censura, sólo se ha superado el terror.

Referencias para una lectura de la narrativa contemporánea

La novela experimental tiene diversas expresiones. Desde 1992 y hasta la fecha, se han hecho más artículos de periodismo político y económico que reportajes, pero surgen nuevos creadores literarios, anónimos, de los años setenta y ochenta. Son autores entre los treinta y los cuarenta años de edad. A ellos les falta lograr su acceso a la relación narrador-editor-mercado-lector, que es el nudo de la difusión de obras, para llegar a los riesgosos, caprichosos mercados editoriales, a los libreros y, finalmente, a los lectores.

Ya que mi propósito no es hacer una antología que incluya a unos y excluya a otros, o clasificar a los narradores como quien ve fotografías de izquierda a derecha, en una lectura apocalíptica, para efectos de una mejor ubicación he seleccionado a cuatro narradores que marcan pautas: Horacio Moya, de 1960, Manlio Argueta, de 1937, David Escobar Galindo, de 1942, y Carlos Castro, de 1950.

Manlio Argueta

Excepcional en el medio por su constante disciplina. Narrador de largo aliento, en su haber cuenta con cinco novelas, entre las cuales destaca Caperucita Roja. Argueta es un escritor dueño de una arquitectura personal reposada por la ironía de doble filo y la nostalgia propia del ser salvadoreño. Su obra se remonta a los temas del exilio, los encarcelamientos de los sesenta, las persecuciones políticas de la dictadura, y el retrato de una generación sufrida e indómita. También retoma su infancia y el recuerdo de San Miguel, su ciudad natal. La obra de Argueta tiene que ver con lo que yo llamo, en latín criollo, la búsqueda del homo salvatoriense globalorum.

David Escobar Galindo

Escobar Galindo es un experto en explorar, en narraciones cortas, las intimidades psicológicas cotidianas. Escribe cada semana «Un cuento sin historia», desde hace una década, un ejercicio profesional inédito que provoca mucha envidia en el medio provincial y colonial de nuestra patria.

Su primera novela, de la década de los setenta, intenta tipificar la psicología de los personajes que lideraron el movimiento guerrillero, como Lil Milagro Ramírez. Acostumbra manejar temas que conmueven y desgarran la vida social, y posee gran agudeza para reflejar en sus cuentos distintas personalidades y para crear situaciones que constituyen un realismo novelado. Actualmente elabora su segunda novela, en la que une a personajes históricos de distintas épocas, que se reconcilian después de las conmociones nacionales y que dialogan entre sí, acerca del ser y del no ser salvadoreño.

Carlos Castro

Aparece en 1997 con la novela sorpresa Los desvaríos del general, que por primera vez aborda la recreación de un personaje histórico muy importante para Centroamérica: el capitán general Gerardo Barrios, promotor del cultivo del café en el siglo xix. Liberal de convicción y estadista, Barrios fue también abanderado de la lucha contra los filibusteros y paladín de la guerra de la Unión Centroamericana, junto con francisco Morazán.

Por su afición a estudiar la historia nacional, Carlos Castro elige para su nueva novela a Filisola, un general que fue fusilado en un pueblito pintoresco al lado de un rincón de la frontera con Honduras. Introduce así la novela histórica, recreando personajes. Su obra es un salto cualitativo en la narrativa salvadoreña, y representa un giro para la novela local.

Horacio Moya

Con sus novelas El asco y El gran masturbador, Horacio Moya incursiona en la crítica de la no-identidad, toca cuerdas sensibles de un nacionalismo trasnochado, y cuestiona la psicología de la autodestrucción cultural. A veces el lector cree que se trata de golpes bajos a la patria y a la moral, pero más bien son desmitificaciones de un enfant terrible que exige a sus lectores quitarse la máscara. Ataca los valores provinciales e hipócritas de una cultura aristócrata colonial encantada con el aburguesamiento de las capas medias, sus cortesanos y cortesanas. Plantea desafíos urgentes en la narrativa para entrar en la condición humana y aborda también las decepciones de los revolucionarios. Edita en España su último libro.

Epílogo

Estos autores toman como punto de partida las raíces primitivas y excelsas de sus personajes, y los ubican en situaciones que les permiten a ellos, como creadores, ambientarse en la nueva historia del país. Esto les da la pauta para aprehender al Ser y al No-ser del centroamericano, un ente humano fragmentario, obseso, emigrante, escuálido, rebelde, amoroso, improvisador, sin tiempo para los contratiempos, con su doble sentido del humor, de la burla y a la vez con el respeto por sí mismo.   La Jornada cultural 2000

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“El FMLN temió un golpe de Estado”

Roberto Lorenzana, secretario de Comunicaciones de la Presidencia, dijo que su partido había temido “la actitud de la Fuerza Armada” para explicar su inacción a favor de las víctimas y ante el homenaje a violadores de derechos humanos que persiste en el Ejército. En el cierre del Foro Centroamericano de Periodismo, Lorenzana acusó falta de “audacia” y «valentía» para reformar la ley del aborto y dijo que confiaba más en la recuperación de la izquierda que en la recuperación del FMLN. Nelson Rauda Zablah

Martes, 21 de Mayo de 2019

El Gobierno admite que existió un «juego de poder» protagonizado por la Fuerza Armada que hizo temer a Casa Presidencial de un golpe de Estado si se insistía en temas que para los mandos militares son puntos de honor, como la revisión de los símbolos de la historia militar o la prohibición de homenajes a excomandantes señalados como violadores de derechos humanos durante la guerra civil (1980-1992).

El sábado 18 de mayo, a 13 días para que el FMLN culmine una década en el Gobierno, el secretario de comunicaciones de la Presidencia, Roberto Lorenzana, admitió que el FMLN temió la actitud de la Fuerza Armada; y atribuyó la falta de beligerancia del poder civil y político para favorecer a las víctimas de la guerra, exigiendo al Ejército que deje de honrar la memoria de sus comandantes más señalados, se debió a una falta de valentía.

Las declaraciones de Lorenzana sirvieron de colofón para la clausura de la novena edición del Foro Centroamericano de Periodismo, que desde el 13 de mayo, en San Salvador, convocó a a destacados representantes del periodismo en Iberoamérica y Estados Unidos para debatir sobre desigualdades, cultura, migración y las crisis políticas y humanas que afectan a la región centroamericana. La charla tuvo como contexto, además, la revelación de una alianza entre Arena y el FMLN para promover una ley de amnistía que busca perdonar a criminales de guerra e invalidar el informe de la Comisión de la Verdad.

Según Lorenzana, a los gobiernos del FMLN, que han sido cuestionados por su falta de acción para ordenar al Ejército a abrir sus archivos de la guerra -o por abandonar a las víctimas- les ha faltado valentía. Según Lorenzana, han temido una reacción de la Fuerza Armada, según dijo a una asistente del ForoCap que le preguntó si sería posible que el presidente Salvador Sánchez Cerén ordene, en sus últimos días de gobierno, el cambio de nombre de la Tercera Brigada de Infantería de San Miguel. Desde los ochenta, ese destacamento lleva el nombre del “Teniente coronel Domingo Monterrosa”, el comandante señalado como responsable de la masacre de El Mozote, donde murieron 988 civiles, más de la mitad menores de edad. 

“Es una decisión que no se ha tomado”, dijo Lorenzana. “A la base de eso ha estado el tema del juego del poder por el tema de la actitud de la Fuerza Armada. Pudo haber habido un sustrato de temor, falta de valentía en no tomar la decisión”, agregó. Una vez terminado el conversatorio, El Faro repreguntó a qué se refería Lorenzana cuando hablaba de ese temor. 

—¿Miedo a qué, secretario?— preguntó este periódico.
—A una ruptura con la Fuerza Armada— replicó.
—¿A un golpe de Estado?— insistió El Faro.
—Sí— contestó.

Oficiales salvadoreños saludan al presidente Salvador Sánchez Cerén y al ministro de Defensa, David Munguía Payés, durante la ceremonia en la que Sánchez Cerén, un excomandante de la guerrilla, asumió la comandancia general de las fuerzas armadas salvadoreñas.  5 de junio de 2014. AFP PHOTO/ José Cabezas
Oficiales salvadoreños saludan al presidente Salvador Sánchez Cerén y al ministro de Defensa, David Munguía Payés, durante la ceremonia en la que Sánchez Cerén, un excomandante de la guerrilla, asumió la comandancia general de las fuerzas armadas salvadoreñas.  5 de junio de 2014. AFP PHOTO/ José Cabezas

¿Un general a temer?

El general David Munguía Payés, ministro de Defensa durante buena parte de los gobiernos del FMLN, dijo a El Faro que no comentaría las declaraciones de Lorenzana. En el cargo desde 2009, Munguía Payés tuvo un hiato como ministro de Seguridad hasta que fue destituido porque la Sala de lo Constitucional consideró que un militar no puede dirigir esa cartera. En julio de 2013, volvió a la jefatura militar y ha convertido en uno de los funcionarios con más poder en los 10 años de Gobierno del FMLN.

En el quinquenio 2009-2014, la cercanía con Funes le permitió obtener de manera irregular dos ascensos en un año (de coronel a general de brigada y luego a general de división). Luego, a partir de 2010 y de una proclama antipandillas del Gobierno de Funes, logró que el Ejecutivo promoviera un decreto transitorio (que se ha vuelto perenne a base de ratificaciones) para que el Ejército saliera a cumplir labores de seguridad pública en las calles en compañía de la Policía. Para 2017, el gobierno había triplicado la cantidad de militares que Funes destinó a tareas de seguridad en 2009.

Su relación con los dos gobiernos del FMLN, sin embargo, también ha sido conveniente a la Casa Presidencial. Es hasta ahora que un alto funcionario del Gobierno, y del partido, señala una actitud que ya había sido cuestionada por organismos de derechos humanos: la desobediencia al poder civil o una actitud poco democrática viniendo del Ministerio de Defensa, una institución que está obligada por Constitución a ser apolítica y obediente al poder civil. Su último exabrupto ocurrió para las pasadas elecciones presidenciales, cuando advirtió en una entrevista televisiva que los militares estarían «vigilantes» si el Tribunal Supremo Electoral dejaba fuera a algún candidato en la contienda.

Pero Munguía Payés ha ido más allá, y ha dado muestras, en una década, de irrespeto a la autoridad civil, como cuando negó acceso a instalaciones militares a fiscales que investigaban tráfico de armas, en febrero de 2014. En 2013, cuando rindió su informe a la Asamblea, Munguía Payés desplegó un amplio operativo de seguridad con tropas y vehículos que llegaron hasta las inmediaciones del palacio legislativo; e incluyó el sobrevuelo de un helicóptero artillado, en medio de una confrontación pública con el entonces fiscal general, Luis Martínez. El general también ha sido demandado en procesos ante el Instituto de Acceso a la Información Pública por su falta de colaboración con investigaciones de casos de la guerra e, incluso, por no revelar los nombres de los oficiales del Estado Mayor que lo han acuerpado en conferencias de prensa, al estilo de los ochenta, cuando el Alto Mando salía a dar partes de guerra.

En enero de 2012, Funes ordenó al Ejército que deje de honrar a los militares señalados por crímenes de guerra, y la respuesta de los militares fue el desacato. Montaron una comisión para interpretar la orden presidencial y concluyeron que el Ejército podía seguirle rindiendo culto a militares como Domingo Monterrosa. Aunque en ese período Munguía Payés estaba fuera del Ministerio de la Defensa, a su arribo respaldó las decisiones tomadas por su antecesor. 

Viniendo de donde viene, las palabras del secretario de comunicaciones no son poca cosa. El puesto que ocupa hasta este mes es quizá el menos importante que ha tenido en su historia del FMLN. Fue diputado 15 años pero no en periodos consecutivos: entre 1994 y 2003, primero, y luego entre 2009 y 2015. Fue gerente de la campaña política que llevó a Mauricio Funes al poder, y secretario técnico del presidente Salvador Sánchez Cerén hasta el colapso electoral de 2018. Fue miembro del partido Comunista y es fundador del FMLN. Aunque quizá su puesto de mayor influencia lo logró sin un nombramiento público, como integrante del colectivo, el “grupo de seis dirigentes históricos guiado por Sánchez Cerén, que ha definido las apuestas del Gobierno y la estrategia política del partido”.

Lorenzana, pues, ha sido testigo del ascenso de un ministro de Defensa que en 2010 le permitió a Funes tener algo positivo que presentar después de un año de gobierno, en el tema que más afligía a los salvadoreños: la inseguridad.Munguía Payés diseñó la estrategia de reducción de homicidios a cambio de beneficios carcelerios para miembros de pandillas recluídos en las cárceles del país, que más tarde fue conocida como La Tregua. Esa medida supuso un desplome histórico de los homicidios, pero también un fuerte rechazo de la población. Construida a puertas cerradas, estuvo en marcha cerca de un año y medio, hasta que poco a poco se desplomó tras la destitución de Munguía Payés de la cartera de seguridad ordenada por la Sala de lo Constitucional. 

Lorenzana no llegó a decir si había habido momentos concretos en los que ese temor se acentuara en la última década ni tampoco habló de qué hizo al segundo Gobierno del FMLN mantener a Munguía Payés en el puesto, lo que también supuso un apoyo tácito del Ejército a la política represiva contra las pandillas que caracterizó al Gobierno de Sánchez Cerén.Por el contrario, destacó el fortalecimiento de la democracia como uno de los logros de la izquierda en el poder. “En esta última elección, los partidos que perdimos le cuidamos los votos al que ganó”, dijo.

Roberto Lorenzana, secretario de Comunicaciones de la Presidencia del FMLN, durante el cierre del Foro Centroamericano de Periodismo, el 18 de mayo de 2019. Foto: José Carlos Reyes/ El Faro.
Roberto Lorenzana, secretario de Comunicaciones de la Presidencia del FMLN, durante el cierre del Foro Centroamericano de Periodismo, el 18 de mayo de 2019. Foto: José Carlos Reyes/ El Faro.

“Confío más en la recuperación de la izquierda que en la del FMLN”

Coincidiendo con el cierre de los 10 años de Gobierno del FMLN, Lorenzana aceptó una invitación para ser entrevistado en la clausura del ForoCap por el periodista de The New Yorker, Jon Lee Anderson, corresponsal y escritor de decenas de libros sobre cobertura política y de guerras. Anderson inició su carrera cubriendo la guerra civil salvadoreña; estuvo destacado en El Salvador y trabajó cubriendo a la guerrilla en Chalatenango o entrevistando a asesinos que habían trabajado para el mayor Roberto d’Aubuisson o a comandantes como Domingo Monterrosa. En su larga trayectoria ha escrito perfiles sobre el Ché Guevara, de quien descubrió sus restos en Bolivia, Hugo Chávez, el Rey de España o Fidel Castro.

En la conversación entre Anderson y Lorenzana se evaluó la trayectoria del FMLN en el poder, bajo la pregunta ¿Qué fue de la revolución? El FMLN deja este 30 de mayo, a juicio de los resultados electorales y las encuestas, saldos más negativos que positivos. Por un lado, su primer presidente, Mauricio Funes, es prófugo de la justicia acusado por el desvío de 351 millones de dólares y otros cinco delitos más relativos al lavado de dinero y a la corrupción. Por el otro, las grandes promesas de cambio para combatir la desigualdad, mejorar las finanzas públicas y llevar desarrollo al país quedaron, según los más optimistas, a medio trecho. 

La población, en las urnas, se los hizo saber con la debacle electoral de marzo de 2018, que dejó al partido apenas con 23 diputados y sin incidencia para el periodo 2018-2021. Luego, en la presidencial de 2019, recibieron la peor votación de su historia y el futuro le augura al partido apenas un milagro para salvarse de la extinción en los comicios de 2021. 

En el conversartorio realizado en el Museo Marte, Lorenzana también admitió que a su partido le faltó “valentía” para asumir los costos políticos de apoyar una ley que despenalice el aborto en algunas causales. Además dijo que confiaba más en la recuperación de la izquierda que en la del FMLN.

“¿Cuándo miras alrededor, a esta patria tuya, te sientes satisfecho, orgulloso de lo que has logrado?”, fue la primera pregunta de Anderson a Lorenzana. El secretario de comunicaciones argumentó, en varias ocasiones, la correlación de fuerzas poco favorable del FMLN en la Asamblea Legislativa, pero Anderson rechazó ese argumento. “Al final de cuentas, el pueblo les va a juzgar en términos grandes de lo que lograron y no. Las excusas no sirven en la política. Hay fuerza moral en el cargo y a partir del desempeño transparente y deber riguroso en el cargo”, le contrarió.

A partir de esa premisa, Lorenzana argumentó el que considera uno de los grandes problemas que su partido enfrenta: la pérdida de la fuerza moral. “Es uno de los grandes desafíos del FMLN, recuperar la fuerza moral porque en base a eso está la credibilidad”, dijo. Lorenzana explicó otros errores que antes ya había reconocido, como no ser tajante con funcionarios señalados de corrupción y, en específico, con un presidente “con bastante evidencia pública de que actuó antiéticamente”, en el caso de Mauricio Funes.

Lorenzana ve su autocrítica, una cualidad rara en esta dirigencia del FMLN, como una clave para la reconstrucción del partido, fuertemente golpeado por las debacles electorales de 2018 y 2019. “Este es el problema más grande de la historia del FMLN desde su formación. El 50 % se va a resolver haciendo un reconocimiento real de sus errores y asumiéndolos. Si no se hace, no se va a resolver”, dijo.

Para el experimentado político, la clave de la elección fueron los votos “progresistas” que el FMLN perdió. Aunque interpreta eso como una señal satisfactoria porque “el mandato (del pueblo) es progresista” dijo que tiene más confianza en la recuperación de la fuerza de izquierda, del pensamiento de izquierda que en la misma recuperación del FMLN”.

La separación de los dos conceptos —izquierda y FMLN— es una rara admisión en un partido que por años se ha considerado la única representación del pensamiento progresista salvadoreño y que efectivamente ha sido muchas veces la única bandera de izquierda en las papeletas electorales.

“La izquierda salvadoreña termina donde termina el FMLN”, decía José Luis Merino, otro importante miembro del colectivo, a El Faro en una entrevista en 2007. Ahora, en plena reorganización interna y durante su salida del Ejecutivo (ningún partido que ha salido del Ejecutivo ha vuelto en la historia salvadoreña), Lorenzana se atreve a cuestionar ese monopolio izquierdista que ha tenido su organización.

“El pensamiento progresista es muy amplio y creo que debe darse inicio a un debate de las izquierdas en la que debería participar el FMLN no como fuerza hegemónica, sino como fuerza horizontal. Algo así como cuando se creó el FMLN, una conjunción de fuerzas. Esa es una de mis ideas que no necesariamente va a ser compartida por mi partido, pero creo que hay que impulsarla”, dijo Lorenzana.

Jon Lee Anderson (izquierda) y Roberto Lorenzana durante la entrevista con la que cerraron el Foro Centroamericano de Periodismo 2019. Foto: José Carlos Reyes/ El Faro.
Jon Lee Anderson (izquierda) y Roberto Lorenzana durante la entrevista con la que cerraron el Foro Centroamericano de Periodismo 2019. Foto: José Carlos Reyes/ El Faro.

Impunidad y aborto: las deudas

“Sin duda ha habido impunidad desde el tiempo en que terminó el conflicto. Uno tiene una cuota de responsabilidad independientemente de que la correlación no sea favorable. Nos ha faltado posiblemente valentía y audacia para encontrar los caminos”, dijo Lorenzana cuando Anderson le preguntó por el nuevo intento de ley de Amnistía que el FMLN busca aprobar en la Asamblea junto con Arena. Pero al FMLN, más que audacia y valentía, le faltó voluntad para reivindicar una de sus banderas cuando era oposición: la justicia.

En agosto de 2011, militares acusados por el caso Jesuitas se acuartelaron en edificios del ejército para evadir órdenes de captura internacional. En julio de 2016, cuando la inconstitucionalidad de Amnistía, Sánchez Cerén dijo que los magistrados “no miden los efectos que pueden tener en la frágil convivencia que existe en el interior de nuestra sociedad”. En marzo de 2017, El Faro reveló que el secretario jurídico de la presidencia Rubén Alvarado estaba confeccionando un proyecto de ley para que criminales de guerra de ambos bandos pudieran evadir la cárcel. Y en el último año diputados como Damián Alegría y Nidia Díaz han apoyado una ley de reconciliación que, precisamente, permita a criminales de guerra evadir la prisión.

Anderson le apuntó a la correlación entre la historia salvadoreña y su presente violento. “¿Acaso es casualidad que este país es de los más homicidas en el mundo? ¿No hay una causa y efecto?”, dijo. No obstante, Lorenzana rechazó que el Frente sea parte de un acuerdo que busca el perdón y olvido que ha promulgado la derecha desde el fin de la guerra. “No puedo aceptar que sos corresponsable y estar a favor de la impunidad. Puede que haya un déficit, pero nosotros no pactamos eso. Hay una necesidad imperiosa que termine la impunidad. Uno no se puede sentir satisfecho”, dijo.

De hecho, Lorenzana apuntó que en las discusiones en la Asamblea buscan una ley que permita atender ese problema. “Yo sé que hay una expectativa mediática negativa de lo que puede pasar en la elaboración de esta nueva ley, tengo expectativa que podemos avanzar”, dijo. “Espero que en la discusión de Asamblea se logre que todas las instituciones y espacios públicos que tengan nombre haciéndole reconocimiento a los graves violadores de derechos humanos sean prohibidos. No es un solo caso”, aseguró.

Lorenzana también defendió logros de los que el Frente difícilmente puede considerarse partícipe, a la luz de la evidencia.

Por ejemplo, en el tema del aborto, Anderson señaló que las estrictas leyes salvadoreñas no son lo que se espera de un gobierno progresista. Lorenzana dijo que tuvieron una posición firme. “Nos hemos opuesto con altísimos costos políticos electorales a la penalización del aborto de esa manera y lo hemos pagado porque el pueblo es muy cristiano, muy católico. Nos hemos opuesto pero la correlación no ha dado”, justificó.

Aunque Lorena Peña presentó una propuesta de despenalización del aborto en algunas causales, organizaciones feministas han reclamado al Frente que ese hecho fue insuficiente, y el Frente incluso renunció a seguir promoviendo esa bandera tras su derrota electoral en 2018.

Igualmente, Lorenzana resaltó el “nivel de independencia superior en los órganos del Estado” y el sistema de pesos y contrapesos. Esto a pesar de que el Frente tuvo una confrontación permanente con la Sala de lo Constitucional que empezó su término en 2009. Dirigentes del partido acusaron a los magistrados de estar aliados con la oligarquía, y el presidente Mauricio Funes avaló un decreto que pretendía obligar a los magistrados a resolver las inconstitucionalidades por unanimidad.

Finalmente, Lorenzana defendió los logros en política social del FMLN. Dijo que la desigualdad se había reducido en el índice de GINI, un medidor sobre el ingreso y el gasto de consumo en la economía, en una escala en que 100 es la inequidad perfecta y 0 es la completa igualdad. Según Lorenzana, ese dato pasó del 48 al 37 en 10 años, una reducción de 11 puntos. Según un informe del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), el dato pasó del 48 en 2009 al 34 en 2017, una reducción aún mayor, de 14 puntos. Pero el ICEFI matiza que, al comparar con otros indicadores, “las ganancias de las empresas han crecido a un ritmo mayor que los ingresos de los trabajadores”.

El secretario de comunicaciones también dijo que la pobreza pasó del 42% al 29 % en una década. Esos datos son inexactos. Los datos oficiales disponibles dice que en 2009 la pobreza total (que incluye la pobreza relativa y la extrema) afectaba al 37.8% de los hogares y en 2017 (el último dato disponible) al 29.2% de los hogares. Eso representa una reducción del 8.6 % y no de 12 puntos como señaló Lorenzana.

Lo mismo ocurre con la pobreza extrema. Lorenzana dijo que la extrema pobreza pasó del 14 % al 7 % en una década. En el año 2009, la pobreza extrema afectaba al 12% de los hogares y en 2017 al 6.2% de los hogares. Disminuyó en 5.8 puntos y no en siete. No es posible comparar con cifras del 2018 porque la encuesta de hogares de propósitos múltiples no ha sido publicada.

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Reflexiones sobre el crecimiento de la Iglesia Evangélica Mario Vega

El pasado mes un periódico nacional dio a conocer datos sobre la actual composición religiosa de El Salvador. De acuerdo con esa fuente, probabilísticamente solo hay un punto de distancia entre católicos y evangélicos, los primeros con un 40.5% y los segundos con un 39.5% La demografía religiosa ha ido cambiando a ritmos cada vez más acelerados. Le tomó 77 años a las primeras iglesias evangélicas alcanzar al 3% de la población. Pero, partiendo de la Década de los Setenta, solamente le tomó veinte años quintuplicar ese porcentaje y llegar al 16% En los siguiente veinte años, durante los Noventa y la primera década del siglo XXI, volvió a duplicar su crecimiento hasta alcanzar el 32% Y en los últimos años ha venido acumulando casi un punto porcentual anual hasta llegar al índice actual. ¿Cómo se explica el crecimiento de los evangélicos?

Primero se debe precisar que el fenómeno del crecimiento de las iglesias evangélicas no es exclusivo de El Salvador; es un hecho que se constata de manera general en Latinoamérica, aunque es eminente en el Triángulo Norte de Centroamérica. La vieja explicación de que es el resultado de las recomendaciones del Reporte Rockefeller ha sido desvirtuada por el hecho de que las iglesias han desarrollado su trabajo desde las limitaciones y carencias antes que desde el patrocinio. Las explicaciones van más del lado de que las iglesias evangélicas presentan la enseñanza del evangelio de manera asequible en la cultura popular. La enseñanza sencilla, fácil de asimilar y fácil de replicar, ha permitido una expansión acelerada del mensaje evangélico. También se debe recordar que, en el caso salvadoreño, el boom del crecimiento se produjo durante la guerra civil. Un período de fuerte desplazamiento del campo a la ciudad.

Las personas huían de la violencia y llegaron abruptamente a los centros urbanos donde tuvieron que acomodarse donde pudieron, sin trabajo y sin acceso a servicios básicos. Frente al anonimato de la ciudad, las iglesias se convirtieron en lugares de acogida donde fueron recibidos como hermanos. Fue la oportunidad para desarrollar lazos de pertenencia con la vida urbana. Pero las iglesias no solamente les brindaron aceptación, sino que también la posibilidad de ascender dentro de los roles de servicio durante el culto.

Las iglesias evangélicas son altamente participativas y alientan a las personas a tomar parte activa en la liturgia y el servicio. El pasar de simple oyente a asumir responsabilidades de dirección y enseñanza les brindó a los desplazados la oportunidad de ascender, al menos, en la comunidad de fe. El ascender socialmente fue algo que algunos nunca habían experimentado y, tal vez, ni imaginado. Su ejemplo también sirvió de inspiración a otros que buscaban llenar su sed de valía en una sociedad que les marginaba y rechazaba. Pero, no todo es tan positivo.

Con la honestidad que el caso amerita, se debe añadir que las iglesias evangélicas hacen un fuerte énfasis en la espiritualidad personal hasta producir un dualismo que coloca al individuo por arriba de los temas sociales. Eso condujo a que los evangélicos se convirtieran en indistinguibles de la sociedad de consumo que les rodeaba y, así, se enquistaron en la dinámica de mercado que se ha desarrollado desde que terminó la guerra. Los evangélicos han diversificado el mercado religioso donde las preferencias personales encuentran satisfacción y alientan la espiral del crecimiento; al alto precio de terminar atrapados en el mismo mundo del que quisieron huir y fallando al dejar de ser la diferencia en una cultura secular.

Pastor General de la Misión Cristiana Elim

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¿SOBREVIVIRÁ LA IZQUIERDA? UNA REFLEXIÓN SOBRE SU CRISIS Y EL IMPACTO DE LAS ELECCIONES DE 2002 Roberto Salom E.*2004

Algunos antecedentes necesarios

En 1987 apareció mi libro sobre “La crisis de la izquierda en Costa Rica” y posteriormente he escrito algunas reflexiones menores sobre esta corriente política en sus avatares y procesos, después de la primera publicación. Ahora se me ofrece una nueva oportunidad de volver a reflexionar sobre la situación y perspectivas de la izquierda en Costa Rica a propósito de su participación en las pasadas elecciones del año 2002.

Creo que existe una situación enteramente distinta en relación con esta corriente política con respecto a la prevaleciente en la década de los ochenta del pasado siglo y en años posteriores, pero me parece fundamental recuperar aquí los principales planteamientos formulados en aquella ocasión a fin de comprender a cabalidad los antecedentes de la problemática actual.

Una hipótesis inicial consiste en que la crisis de la izquierda estaba ligada a la crisis económico- social y política por la que atravesaba nuestro país en esos años (Salom, 1987, p.11). Con ello no se quería decir que el primer fenómeno era el producto del segundo, ya que la situación de aislamiento político de la izquierda costarricense en su conjunto tiene raíces históricas de más larga data (Ídem), y, por otra parte, hoy sabemos que la problemática en que se encontraba inmersa presenta una dimensión internacional, es decir, mucho más allá de lo nacional o aun de lo regional.

El alcance del primer aserto estriba en que por aquellos difíciles años de la década de los ochenta del recién pasado siglo XX se produjeron importantes escisiones en todas las principales organizaciones de la izquierda costarricense y, más importante aún que la mera aunque sintomática coincidencia en el tiempo de tales escisiones, era la problemática en común que se debatía por su parte en cada una de las organizaciones, si bien con sus diferentes matices y grados de profundidad en cada caso (Ídem, p. 149).

Se plantea, además, que tal problemática común era la evidencia del aislamiento e ineficacia política de la izquierda costarricense (Ídem); situación de la que ya algunos sectores dentro de esta corriente estaban conscientes y a la cual se aprestaban a confrontar.

Las elecciones nacionales de 1982 constituyeron un antecedente importante en el desencadenamiento de esta problemática, en las cuales, pese a las expectativas y a cierta capacidad de convocatoria mostrada durante la campaña, la Coalición Pueblo Unido que aglutinaba a las principales organizaciones de izquierda obtuvo un resultado electoral menor que en las elecciones anteriores (1978), tanto en términos relativos como absolutos (Ídem, p.151).

Como se plantea en la obra, “este fue un dato clave para iniciar una elaboración auto-crítica con respecto a la significación y el papel del movimiento (sic) en las luchas políticas y electorales de Costa Rica” (Ídem).

Lo que estaba en crisis, según la izquierda, era “el estilo y el contenido del quehacer político”, el cual se caracterizaba por “el dogmatismo, el sectarismo, el doctrinarismo y la prepotencia” (Ídem). El aislamiento político de la izquierda “ha traído aparejada la ineficacia para desarrollar una conciencia nacional a favor de un cambio social profundo” (Ídem, 152), capaz además, tal transformación, de preservar “la democracia y el pluralismo como elementos fundamentales de la conciencia política de los costarricenses” (Ídem).

En este mismo documento se establece que la premisa política para ese proyecto de transformación social es la estructuración de un frente amplio (Ídem), el cual, a esas alturas, estaba claro que Pueblo Unido no fue capaz de organizar. “La inexistencia del frente amplio obedece en muy buena medida al hecho de que la izquierda no ha estado dispuesta a asumir prácticamente, más allá del discurso teórico, los compromisos y las alianzas reales, sin arrogancias, sin espíritu hegemónico, sin paternalismo, con otros sectores políticos necesarios para crear las premisas políticas de un auténtico bloque social transformador” (Ídem).

En opinión de un sector en el que se encontraba virtualmente dividida la izquierda, que en esa coyuntura atravesaba transversalmente a todos los partidos integrantes de la Coalición Pueblo Unido, el frente amplio estaba llamado a ser la expresión política de este bloque de fuerzas sociales transformadoras y aquella alianza estaba muy lejos de servir de base o constituir uno de los afluentes importantes de una fuerza política semejante (Ídem, p. 153).

Este planteamiento estaba inserto en el contexto de un debate en el seno de la izquierda, el cual se fue profundizando hasta terminar en la consumación de la escisión de cada uno de los tres partidos que originalmente integraban la coalición a la que nos hemos referido.

De allí el sentido de algunas de las preguntas que nos hacíamos, inmersos como estábamos, en una intensa polémica en el seno de la izquierda: “¿conviene al movimiento revolucionario de nuestro país, escatimar esfuerzos en la conformación de ese frente amplio en el momento actual? ó ¿corresponde al movimiento revolucionario como primera tarea, abocarse a la preparación para la lucha armada?” (Ídem); para agregar enseguida: “la defensa de las libertades públicas y la democracia sólo puede ser la tarea de todo el pueblo. Aún si previéramos a un plazo más o menos corto, la posibilidad de una salida autoritaria por determinación de las clases dominantes criollas, nada puede eludir la responsabilidad urgente de crear un amplísimo auditorio político en torno a la defensa de la paz, la democracia y los cambios estructurales que garanticen la justicia social en Costa Rica” (Ídem).

A propósito de la lucha armada, debe recordarse que más que amenaza alguna de sectores de las clases dominantes criollas, pendía por entonces la amenaza real de los Estados Unidos de tomar a Costa Rica como una plaza de armas en contra del régimen sandinista. Pese a la inminencia de tal amenaza, de lo que se trataba el problema en debate era si lo que estaba a la orden del día era la lucha armada como eje de la acción revolucionaria, o si la tarea estratégica la constituía la organización del frente amplio.

Por ello se decía que “entre más amplio y sólido sea un frente político-nacional por la reforma, por los cambios, por la democracia integral, mejor asegurada estará la defensa de las instituciones democráticas o la lucha armada misma, por la reconquista de la institucionalidad o las libertades conculcadas” (Ídem).

Otro aspecto importante de resaltar aquí, en tanto formaba parte de la discusión en el seno de la izquierda, era el del papel que debía jugar la ideología en la organización del frente amplio. La tesis que reivindicaba el documento de marras consistía en que no se le podía imponer la ideología del movimiento revolucionario al frente amplio que se pretendía estructurar; el cual debía ser, por su naturaleza, pluralista en lo ideológico (Ídem).

Un programa mínimo debía constituir el eje capaz de aglutinar al movimiento socio-político transformador y a la conciencia popular, y encausarlo hacia objetivos ulteriores de transformación social (Ídem, p. 154).

Más que la formulación de un programa, debía ser la consecuencia con este por parte del movimiento revolucionario, lo que estaba llamado a jugar un papel determinante en el fortalecimiento de la acción transformadora. En el pasado, esta cuestión había sido y seguiría representando un problema decisivo en la superación, o más bien, en la incapacidad de superar el aislamiento político de la izquierda, como se verá luego. Según se afirma en el documento aludido, “prevaleció una concepción que…pasa por alto la realidad concreta y pone el acento en objetivos de lucha que no resultan asimilables para las grandes masas populares. Por esa vía –sigue diciendo- la izquierda cayó con frecuencia en el planteamiento esquemático o en el calco servil de experiencias revolucionarias que partían de realidades muy diferentes a la nuestra” (Ídem).

Por ello, en parte, la caída de la Unión Soviética y del campo socialista se superpuso a la crisis que ya arrastraba la izquierda, profundizándola aún más. No es difícil comprender hasta qué punto la dependencia de otros procesos transformadores exitosos pudo haber impedido el desarrollo de un movimiento transformador vigoroso y eficaz, en lugar de haber constituido un factor estimulante. Volveremos más adelante sobre esto, pero por ahora es importante resaltar el hecho de que la crisis de la izquierda en Costa Rica no puede ser explicada únicamente, ni siquiera en su desencadenamiento, por la crisis del campo socialista.

El último planteamiento digno de relieve en el documento aludido tiene que ver con las expectativas que se cifraban en el papel de la autocrítica para remontar la crisis que se analizaba. Más allá de eso, se consideraba que tal autocrítica, no solo se había iniciado ya, sino que “además ese espíritu autocrítico se ve fortalecido con una disposición de servirse de una manera más científica de los datos que brinda la realidad concreta de nuestro país, así como de las más genuinas tradiciones democráticas, patrióticas y civilistas de Costa Rica y de los auténticos valores nacionales de nuestro pueblo” (Ídem, p. 155).

La profundización de la crisis de la izquierda

A estas alturas tendremos que preguntarnos ¿por qué a pesar de esa conciencia y de ese esfuerzo, la izquierda costarricense, en lugar de haber revertido su propia crisis y de haber remontado esa situación, prácticamente se desintegró unos pocos años después, en sucesivas explosiones, hasta quedar políticamente dispersa y con las tareas enunciadas aún pendientes, y electoralmente reducida a polvo de estrellas?

Trataremos de responder a esta pregunta en lo sucesivo y examinar las perspectivas que un movimiento de izquierda puede tener en nuestro país en las actuales circunstancias.

Nótese que al formularnos tal pregunta estamos dando por sentado una crisis cualitativamente distinta de la que examinábamos en los años ochenta; para empezar porque ahora no estamos hablando ya de la división en el seno de la izquierda, sino de la sobrevivencia de la izquierda misma, porque unas y otras de las agrupaciones confrontadas en los ochenta desaparecieron como tales o están aún en una muerte lenta. Las expresiones de izquierda más significativas después de 1990 tienen alguna conexión con esos movimientos, pero como explicaremos adelante, no son lo mismo. Por su inspiración, por su vocación, por su dinámica y aun por sus perspectivas, constituye un movimiento sociopolítico muy diferente.

Parte de los problemas que quedaron pendientes de resolver en la breve pero intensa discusión de la década de los ochenta se relacionan con la capacidad de un movimiento de izquierda para impulsar grandes transformaciones sociales, en aras de una convivencia social más justa y civilizada, valiéndose del marco institucional para impulsar una democracia más avanzada. Es decir, si desde una posición de izquierda es posible realizar grandes transformaciones sociales sin un planteamiento de ruptura del orden constitucional en un país como Costa Rica.

Al respecto no puede olvidarse que en un país como el nuestro, en la década de los cuarenta del pasado siglo XX, el Partido Vanguardia Popular, encabezado por Manuel Mora impulsó una propuesta semejante (Salom, 1995, p. 14).

La tensión alrededor de esta cuestión siempre estuvo presente en la vida de las organizaciones de izquierda, y en aquella ocasión, en el seno del partido de Manuel Mora, a fin de cuentas y pese a los esfuerzos de este último por evitarlo, terminó imponiéndose una posición de ruptura, con el desenlace ya conocido en la guerra civil del año 48.

En el fondo, lo que está en juego aquí es la tensión entre la lucha por el poder y el desarrollo del movimiento que constituye la base de apoyo de un proceso de transformación social. Nuestro criterio es que la izquierda costarricense, como parte que ha sido de una tradición de lucha revolucionaria, ha padecido de una cierta obsesión por la cuestión del poder en detrimento de una adecuada valoración del desarrollo real de un movimiento social con vocación transformadora que procura una democracia más avanzada.

Valga la ocasión para traer a colación a uno de los más autorizados pensadores socialistas contemporáneos, Adam Schaff, para quien una de las principales trampas en que cayó el movimiento socialista, en la versión de esa tradición de lucha que se constituye con el triunfo de la Revolución de Octubre, fue precisamente el voluntarismo (1993, Pp. 15-19). La actitud voluntarista condujo a una buena parte del movimiento socialista del presente siglo a subestimar tanto las condiciones materiales, es decir socio-económicas, como a los llamados factores subjetivos, es decir, la conciencia y la disposición de los trabajadores para luchar por la sociedad socialista y, más aún, para participar activamente en la construcción de esa sociedad.

Lo anterior explica por qué, en nombre del socialismo, se cometieron las peores atrocidades, así como por qué la construcción de la sociedad socialista no caminó de la mano con la profundización de la democracia, sino que por el contrario, casi invariablemente, se constituyó en un estado autocrático y autoritario que constreñía a la sociedad civil.

La izquierda de los años setenta careció del sentido histórico y de realidad, de la vocación de propuesta y de reforma que ostentó el Partido Vanguardia Popular durante una parte de los años cuarenta. La posición de los revolucionarios de los setenta fue, en cambio, predominantemente de ruptura y subestimación de la institucionalidad democrática del país. Por eso no sobrevivió a su crisis, porque no encontró su propia identidad, careció de autenticidad, de proyección, de visión de futuro, de una concepción capaz de orientar la lucha, no solo por la defensa de las conquistas sociales amenazadas por la crisis del estado social y por el advenimiento de las concepciones neoliberales, sino por ampliar esas mismas conquistas y la democracia.

Lo que se quiere decir aquí, en otras palabras, es que la izquierda ha quedado cada vez más al margen o enajenada del movimiento social de las clases populares, sumida como estuvo en su propia problemática y embrollada en sus inconsecuencias.

Por tal desarraigo de la realidad social costarricense, con la caída del socialismo en la Unión Soviética y los países del este europeo, la izquierda pierde allí sus energías utópicas, para usar la expresión de Habermas, y en consecuencia el horizonte de la política quedó ahogado en la coyuntura (Salom, 2001, p. 177).

Ante el surgimiento de nuevas formas de hacer política, la izquierda no ofrece ya una propuesta adecuada, no atina a percatarse de la existencia de nuevas sensibilidades sociales que la obligaban a abrir su agenda a una nueva problemática social que incluye, entre los temas más sobresalientes, el de la equidad de género, la importantísima cuestión del desarrollo sostenible y el amplísimo tema de los derechos de los más amplios y diversos sectores sociales (ver, con respecto a esto último: Güendel, 1998).

Pero tampoco la izquierda ha sido capaz de ofrecer una respuesta adecuada al “globalismo”, que es la expresión con que Beck denomina la ideología dominante en la globalización (Salom, 2001, p. 189), contexto ideológico en el cual se produce sintomáticamente la caída del “bloque soviético”.

Sin programa, sin proyecto histórico y sin imaginación, la izquierda pasa a la defensiva, pero, como ha quedado dicho ya, con los partidos que, pese a todo, tuvieron una gran vitalidad en los años setenta, ahora extintos o languideciendo.

Veamos algunos datos que a nuestro juicio contribuyen a ilustrar lo dicho anteriormente: las tres organizaciones que integraban la Coalición Pueblo Unido se escindieron entre 1982 y 1986.

Por un lado, el Partido del Pueblo Costarricense, de Manuel Mora, el Partido Socialista Costarricense y el Movimiento de la Nueva República, que lo constituía un sector del antiguo M.R.P., conformaron de nuevo la Coalición Pueblo Unido de cara a las elecciones de 1986. [1]

Por otro lado,el grupo que ostentaba el nombre del PartidoVanguardia Popular, más un grupo escindido delPartido Socialista Costarricense y otro grupoescindido del antiguo M.R.P., conformaron la Coalición Alianza Popular.

Para esas elecciones eligieron un diputado cada uno para la Asamblea legislativa, mientras que en las elecciones de 1982, la izquierda, representada por Pueblo Unido, había elegido a 4 diputados, y en las elecciones de 1978 eligió a 3. Pueblo Unido obtuvo 31.685 votos en las elecciones del 86, que representó el 2,7% del total de votos válidos, y Alianza Popular 28.551 votos, que representó el 2,43% de los votos válidos. Si se suman ambos porcentajes el resultado es del 5,13% de los votos válidos para diputados en esa elección (FLACSO-Odd, 2002, p.196).

Para las elecciones de 1982, en las que Pueblo Unido representó a toda la izquierda, antes de que se produjeran las escisiones, la votación para diputados alcanzó la cifra de 61.465; no obstante, esto representó un 6, 43% del total de votos válidos (Ídem). Este resultado de las elecciones del 86 no solo revela la tendencia a la baja en la votación de la izquierda en más de un 1%, sino también, cómo el sistema de cocientes y subcocientes en la elección de diputados prevaleciente aun hoy día, castiga a los partidos pequeños. Nótese al respecto de qué manera, la pérdida de poco más de una sexta parte de los electores representó una disminución de un 50% de los diputados.

Más aún, en esa misma elección Pueblo Unido obtuvo 6.599 votos para presidente, mientras que Alianza Popular obtuvo 9.099, que representaron el 0,56% y el 0,77% respectivamente. La suma de estas cantidades representa el 1,33% contra un 3,33% que obtuvo Pueblo Unido representando a todas las agrupaciones juntas en las elecciones de 1982, para un total de 32.186 votos en esa ocasión.

Es interesante destacar también que en las elecciones del 82 la votación para presidente representó el 52,36% de la votación para diputados en esa misma elección; mientras que, si sumamos los votos obtenidos por cada una de las coaliciones de izquierda que participaron en las elecciones del 86, la votación para presidente representó en esa ocasión apenas el 26,06% de la votación para diputados. Lo que queremos destacar como relevante con estos datos es que la disminución absoluta y relativa de la votación para presidente por parte de la izquierda constituye un síntoma muy sensible de la decadencia política de esta corriente. En consecuencia, la división implicó la dilapidación del capital político acumulado con grandes esfuerzos después de la guerra civil de 1949, pero principalmente, durante la década del setenta.

Para las elecciones de 1990 Pueblo Unido representó al Partido Vanguardia Popular y a otros aliados que lograron obtener la legitimidad del uso del nombre de la Coalición, en parte por el hecho de que los partidos que lo ostentaron en el 86 perdieron el interés por este, como resultado de un proceso político cuyos detalles omitiremos aquí por carecer de importancia para lo que nos proponemos mostrar.

Las otras dos agrupaciones de izquierda que aparecen en esas elecciones son el Partido del Progreso, por un lado, y el Partido de los Trabajadores en Lucha, por otro. El primero de estos dos fue impulsado por el Partido Socialista Costarricense, conjuntamente con sectores independientes de izquierda. El segundo es un partido de filiación trotskista que nunca perteneció a la Coalición Pueblo Unido, por lo que no nos ocuparemos de él.

Pueblo Unido obtuvo en las elecciones presidenciales 9.217 votos, lo que representó el 0,68% del total de votos válidos, mientras que el Partido del Progreso obtuvo 2.547, lo que representó el 0,18%. La suma de ambos porcentajes da un 0,87%, lo que confirma aún más la tendencia a la baja señalada anteriormente (Ídem, p.188).

En las elecciones parlamentarias, Pueblo Unido obtuvo 44.161 votos, o el 3.31% del total de votos válidos para diputados; mientras que el Partido del Progreso obtuvo 7.733 votos, que representó el 0,58% de los votos válidos, (Ídem, p.196). Como resultado de esta elección, Pueblo Unido elige un diputado, mientras que el Partido del Progreso no elige ninguno (Ídem, p. 210).

Allí es interesante destacar al menos dos aspectos: en primer lugar, que se mantiene la tendencia a la baja en la votación para el conjunto de la izquierda, tanto en la votación para presidente como en la votación para diputados; en segundo lugar, que la inmensa mayoría de los votos los captó el nombre conocido (Pueblo Unido), además de que el Partido del Progreso procuró deliberadamente no proyectar una imagen de izquierda, con lo que erró aún más su estrategia de campaña desde el punto de vista propagandístico, dado que se trataba de una agrupación nueva y sin recursos.

Para las elecciones del año 1994, la Coalición Pueblo Unido no participa, con respecto a lo cual no puede dejar de señalarse un hecho trascendental: la caída de la Unión Soviética en el año 1991, principal y último bastión del campo socialista en Europa. Sin duda este hecho produjo un impacto desmoralizador en los partidos de izquierda, ya de por sí abatidos; especialmente en un partido como Vanguardia Popular, principal soporte de Pueblo Unido, y que además tenía ligámenes muy fuertes con la antigua Unión Soviética. Adicionalmente y sin entrar en detalles, antes de 1994 el Partido Vanguardia Popular vuelve a sufrir una crisis interna con la cual pierde a la mayoría de sus cuadros, hecho por lo demás, directa o indirectamente relacionado con lo anterior.

Entre tanto, el Partido del Progreso deja de existir y con él también el Partido Socialista, cuyos cuadros se retiran de la actividad política en ese período, y los otros sectores que integraban el Partido del Progreso constituyen una nueva agrupación que se denomina Fuerza Democrática.

¿Una nueva etapa en la evolución sociopolítica de la izquierda?

Ese interregno de desvanecimiento o desaparición de todos los partidos que en lo que Ignacio Dobles et al. llaman la “segunda ola del marxismo político” (2002, p. 2), habían integrado juntos la Coalición Pueblo Unido, fue muy importante para la naciente Fuerza Democrática, pues le permitió a los sectores de izquierda que lo fundaron, que en su inmensa mayoría no habían tenido una gravitación destacada anteriormente, posicionarse en el espectro político al menos inicialmente, y desembarazarse de ataduras ideológicas o de cualquier otro tipo con el pasado e intentar perfilar una opción de izquierda más pragmática.

Sin duda estamos aquí ante una nueva ola, para acoger los términos de Dobles et al.; no obstante, es discutible que se trate de una primera ola de una nueva izquierda más pragmática con lo que esto pueda significar, o de una tercera ola de una izquierda marxista-leninista, o inclusive del colapso de la izquierda. Desde luego, no creemos que haya ninguna teleología en esto; más bien se trata de analizar si las raíces que esta nueva expresión de izquierda tiene en los anteriores movimientos determinarán un renacer de la vieja izquierda, o si, por el contrario, harán un ajuste de cuentas con el pasado a fin de prefigurar un planteamiento novedoso, o finalmente, si morirán en el intento. Como veremos luego, existen razones para predecir cualquiera de estas tres hipótesis, de acuerdo con lo que ha ocurrido desde entonces hasta ahora.

Como resultado de lo anterior, para las elecciones de 1994 el Partido Fuerza Democrática aparece como la única opción de izquierda en el panorama, en virtud de lo cual recoge, sin duda, el apoyo electoral de la mayor parte de la resaca de las agrupaciones que en el pasado integraron Pueblo Unido. En consecuencia, obtiene un resultado electoral sorprendentemente satisfactorio, si se toma en cuenta el clima ideológico internacional y los antecedentes inmediatos de la izquierda en Costa Rica.

En la votación para presidente obtiene 28.274 votos (FLACSO-Odd, p. 188), que representan el 1,90% del total de votos válidos; no es aún el 3.33% del año 82, pero se revertía por primera vez la tendencia a la baja, en un período que podríamos calificar de reflujo para la izquierda en Costa Rica.

En la votación para diputados obtiene 78.454 votos (Ídem, p. 196), que representan el 5.32% del total de votos válidos, con lo que logra elegir a 2 diputados para la Asamblea legislativa y aumentar claramente el porcentaje de participación de la izquierda en el parlamento desde las elecciones del año 86. Aquí la relación entre la votación para presidente y la votación para diputados es de 36,04%, es decir, que también se revierte la tendencia del pasado, en cuanto a que vuelve a incrementarse el porcentaje de votos para presidente respecto del de diputados.

Para las elecciones del año 98 surgen tres agrupaciones de izquierda: de nuevo el Partido Fuerza Democrática, una nueva agrupación denominada Nuevo Partido Democrático, cuyos principales dirigentes provenían de la misma Fuerza Democrática, incluido el exdiputado Rodrigo Gutiérrez hijo, que se había separado de la fracción parlamentaria y había constituido una fracción independiente, y por último, de nuevo aparece Pueblo Unido, impulsado por el Partido Vanguardia Popular, o más bien, por lo que quedaba de ese partido.

La fisonomía de Fuerza Democrática ha cambiado ya en alguna medida con respecto a las elecciones de 1994, porque aquí empieza a sufrir un proceso de colonización de sectores vinculados a la vieja izquierda. En este caso el Partido del Pueblo Costarricense, como se recordará, constituido por uno de los sectores en que se dividió el Partido Vanguardia Popular a principios de los años ochenta, apoya a Fuerza Democrática. Como consecuencia, José Merino del Río, el principal dirigente del Partido del Pueblo, aparece en el segundo lugar de la lista de candidatos a diputado por San José.

En esa oportunidad Fuerza Democrática obtuvo 41.710 votos para presidente, lo que representa el 3% del total de votos válidos e implicó un incremento cercano al 50% de la votación con respecto a las elecciones anteriores, mientras que para diputados obtiene 79.836 votos, que representan el 5.77% de los votos válidos. Es decir, en la votación para diputados el incremento no fue muy importante con respecto a la elección anterior; sin embargo, elige a un diputado más, por la forma en que se distribuyeron los votos por provincia. En esta ocasión la representación parlamentaria de Fuerza Democrática pasa de constituir el 3.5% del total de diputados en el período 94-98, a un 5.3% en este período 98-2002.

Es interesante destacar que, además de haber elegido a dos diputados en San José, en esta ocasión eligen por primera vez después de 1949 a un diputado en la provincia de Alajuela, mientras que Pueblo Unido en sus mejores momentos, además de elegir en San José, eligió en una ocasión a un diputado en Puntarenas (para las elecciones de 1978), y en la otra a uno por Puntarenas y a otro por Limón (elecciones de 1982). Esto podría sugerir que mientras Pueblo Unido constituía un atractivo principalmente para sectores medios urbanos radicalizados y para sectores del proletariado de los puertos, Fuerza Democrática lo era, además de para los sectores medios urbanos, para sectores de la pequeña burguesía rural empobrecida.

Por su parte, en estas elecciones de 1998 Pueblo Unido obtuvo3.075 votos para presidente y 15.028 para diputados en todo el país, con lo cual no logra elegir ni un solo representante al Parlamento. Los estragos de la debacle del mundo socialista y de la propia desinversión política habían hecho mella en esta opción, y ya ni siquiera el nombre electoral de Pueblo Unido detrás del que se parapetaba el Partido Vanguardia Popular dio los frutos deseados.

Esto de alguna manera expresaba la predilección del electorado de izquierda por una nueva alternativa no contaminada por los viejos partidos.

El Nuevo Partido Democrático obtuvo 3.025 votos para presidente y 12. 476 para diputados, con lo cual no eligió ni un solo diputado, pero en alguna medida, al igual que la reaparición de Pueblo Unido, ha de haber restado impulso a Fuerza Democrática.

No obstante, como ya lo advertimos, en esta nueva ola de la izquierda en Costa Rica Fuerza Democrática había empezado a sufrir desde antes del 98 un proceso que hemos denominado como colonización por parte de sectores de la vieja izquierda. El debilitamiento de esta última dejó como saldo un crisol de actitudes disímiles y planteamientos ideológicos diversos y contradictorios en el seno de las distintas organizaciones y aun entre estas, como lo demuestran Dobles et al. (2002, p. 17).

Sin embargo, sin que esta crisis ideológica se hubiese resuelto, y más bien por el contrario, agudizada la diáspora de estos partidos con la caída del campo socialista, principalmente del Partido Socialista y del viejo Partido Vanguardia Popular de antes de la división de principios de los ochenta, reaparece, con más empeño y más desenfadadamente después del año 98, y se posiciona en distintas fracciones en torno al Partido Fuerza Democrática.

Antes de las elecciones del 2002, Fuerza Democrática logra un repunte nunca antes visto, dado que se trata de una fuerza de izquierda, en las encuestas de opinión, como resultado de una gestión parlamentaria destacada, principalmente del diputado Merino, quien supo proyectarse especialmente con motivo de la discusión de la ley que se conoció como “Combo ICE”[2]; además de un contexto en el que las opiniones favorables a la creación de una tercera fuerza y aún más, la disposición a apoyarla políticamente, eran cada vez más significativas.

Para ilustrar este aserto, basta recordar algunos datos de la encuesta de la firma UNIMER de octubre de 2000, en la que se revelaba que este partido obtendría el 13.7% de los votos para regidores, si bien en mayo de ese mismo año, justamente después del “Combo”, habría obtenido el 22.9%; para diputados habría obtenido 12.7% en octubre, mientras que en mayo, el 22.3%; y para presidente, en octubre un 8.7%, mientras que en mayo un 14.4%[3]. Justamente después de este repunte y ante la cercanía de las elecciones, se conforman al menos cuatro fracciones, de las cuales tres de ellas estaban vinculadas a los antiguos partidos de izquierda.

No puede olvidarse tampoco el atractivo que significaba una agrupación en alza desde el punto de vista político, frente a un descontento ostensible de parte de amplios sectores de la ciudadanía con los partidos predominantes hasta hace pocos años (Ídem, parte11nov.htm), y que además, disfrutaría de adecuados recursos financieros para las elecciones del 2002, producto del pago de la deuda política como resultado de su participación en las elecciones anteriores.

En pos del botín político, las distintas fracciones que disputaban la posesión de Fuerza Democrática se olvidaron de consolidar y recrear el capital político acumulado y, en lugar de haber convocado a un Congreso que saldara cuentas con el pasado inmediato de la izquierda en cuestiones fundamentales que habían quedado pendientes de una adecuada resolución, así como de haberse ocupado de consolidar el partido sobre la base de un programa con el que se comprometieran las distintas fracciones, estas se trenzaron en una lucha intestina de todo o nada por hacerse de los principales puestos que consideraban elegibles, en la cual literalmente se desangraron.

La pelea fue a muerte, los ganadores se quedaron adentro, los perdedores se fueron y el partido quedó maltrecho para enfrentar las elecciones del 2002, después de haber exhibido un pobre espectáculo, ayuno del todo de planteamientos, plagado de cálculos oportunistas y personalistas, y sobre todo deficitario, en cuanto al manejo de los procedimientos democráticos internos . En otras palabras, se dilapidó el capital político acumulado hasta las luchas del Combo ICE.

Allí reside, a mi juicio, el meollo de la dinámica que explica el desencadenamiento de la debacle electoral de Fuerza Democrática en las elecciones del 2002. Una vez más la subestimación de los procedimientos democráticos internos jugó un papel de bumerang para la izquierda costarricense, a la que tanto le ha costado valorar en su justa medida la cuestión democrática en general (Dobles et al., 2002, p. 23; Araya, 198 , 190 y Salom, 1987, p. 25).

Para las recién pasadas elecciones del 2002 Fuerza Democrática obtuvo 4.121 votos para presidente, lo que representa el 0, 27% del total de votos válidos; para diputados obtuvo 30.172 votos, que representan el 1,98% del total de votos válidos. Hubo en esa elección otras alternativas que podrían ser catalogadas como de izquierda, aunque con un carácter más pragmático que los movimientos de izquierda de la segunda ola, pero obtuvieron votaciones aún menores que las de Fuerza Democrática.

Estos datos representan una de las votaciones más bajas de la izquierda después de 1978, lo que significa que el votante de izquierda migró, por así decirlo, hacia otras opciones, o bien se abstuvo de votar.

Difícilmente aparecerá en el panorama político nacional en el futuro una fuerza de izquierda a la manera de la segunda ola, y si esto ocurre, es muy probable que no logre grandes éxitos, pese a la inestabilidad del panorama político nacional, y que por ello, el momento podría haber sido más propicio que en el pasado de predominio bipartidista para la irrupción de nuevas fuerzas[4]. Se plantea en estos términos porque, como se verá más adelante, hay al menos un factor de la ecuación, a saber, la abolición de la prohibición constitucional de la reelección presidencial, que está llamado a garantizar una mayor estabilidad política hacia el futuro próximo.

Además, no vaticinamos la muerte definitiva de Fuerza Democrática, pero albergamos serias dudas de que pueda recomponerse para apelar con autoridad al apoyo electoral y político de los electores y ciudadanos tradicionalmente de izquierda.

No se divisa en estos momentos en el panorama una agrupación de izquierda capaz de irrumpir en el escenario político nacional con renovadas fuerzas, y que eventualmente pueda convertirse en un factor importante en la vida política nacional, impulsada por viejos militantes de izquierda como vector principal. En todo caso, una alternativa de ese carácter tendrá necesariamente que ajustar en serio cuentas con el pasado histórico, inmediato y de largo plazo, como requisito y condición para perfilarse como una opción renovada y renovadora, capaz de erigirse en una fuerza política importante en el futuro cercano.

Otra condición importante es la de ser capaz de articular un programa y, más que eso, una propuesta política que conduzca a retomar la iniciativa histórica y superar así la posición eminentemente defensiva que ha caracterizado a la izquierda después de sus propias crisis y de la caída del campo socialista. En ese sentido deberá ser una fuerza mucho más propositiva en el corto plazo con respecto a lo que ha sido tradicionalmente, más atenta al desarrollo real del movimiento social que a las ansias de poder de los dirigentes, y definitivamente, deberá ser inconfundiblemente democrática, tanto en cuanto a sus procedimientos internos como en cuanto a la propuesta de sociedad que aspire a construir.

Conclusiones

La crisis de la izquierda, que ya no es una crisis de división sino una crisis de vida o muerte, está, a nuestro juicio, relacionada con una crisis de representatividad, la misma en la que se encuentran prácticamente todos los partidos del espectro político. La de la izquierda es, sin embargo, más dramática, porque esa crisis empezó por ella, justamente porque tiene que ver directamente con la matriz ideológica que alimentó sus esperanzas.

Debe destacarse el hecho de que aunque Fuerza Democrática pretendió ser copada por sectores de la izquierda de la segunda ola, y en cierta medida lo fue, su inspiración ideológica era distinta con respecto a las fuerzas que la precedieron. Fuerza Democrática se organizó como un partido puramente electoral y no surgió planteándose la concepción marxista como la orientación ideológica básica. Estos rasgos quizá coadyuvaron de manera importante a que esta agrupación, a la postre, careciera de una verdadera identidad o de un perfil ideológico claro, lo cual, a su vez, propició los intentos de colonización por parte de distintos grupos y personalidades de la vieja ola de la izquierda.

A diferencia de los partidos de la vieja ola, para la nueva agrupación de izquierda, la teoría de revolución deja de plantearse, como dice Atilio Borón, como un hecho “inminente y breve” (2000, p. 64), lo que pudo haber implicado una necesaria revalorización del papel de la lucha electoral, como lo plantea este mismo autor (Ídem, p. 68); porque si bien es cierto, no se puede considerar el sufragio como un sustituto de la revolución, tampoco se le debe subestimar.

No obstante, este fue un aspecto que también quedó pendiente de ser elaborado por parte de Fuerza Democrática.

James Petras, por su parte, critica la atmósfera de pesimismo de la que se hacen eco algunas corrientes intelectuales de la época, como por ejemplo Perry Anderson de la New Left Review (2001, p. 5). De ninguna manera se trata de dejarse envolver por esa atmósfera, pero sí de juzgar con todo realismo, no solo la situación política de la izquierda, sino las perspectivas ideológicas.

No se trata de proclamar el ocaso de la izquierda de buenas a primeras, mas sí de postular que una condición insoslayable para que una tendencia de ese tipo levante su vuelo de las cenizas pasa por saldar cuentas con el pasado.

Este mismo autor afirma que no hay duda que ha habido retrocesos severos (Ídem, p. 7), aunque no cree que se trate de “un periodo histórico de derrotas sin precedente” (Ídem). Exalta los movimientos de vocación socialista, antiimperialista y populista “que han confrontado la autoridad de los regímenes clientes del imperialismo en la década de los 90” (Ídem, p. 8); pero reconoce que tales movimientos “son diferentes a los anteriores” (Ídem).

Petras analiza las condiciones socio-políticas mundiales bajo las que puede producirse un resurgimiento de la izquierda. Sin embargo, “la cuestión teórica –dice este mismo autor- no consiste en señalar con certeza la hora y el sitio de un nuevo levantamiento revolucionario, sino en localizar la dirección de la historia y rechazar la fácil creencia de que cualquier derrota de la izquierda es una irreversible derrota histórica mundial” (Ídem, p. 15, subrayado mío). Esto es importante de destacar justamente por la alegre y ligera actitud que, a nuestro juicio, prevaleció entre los diversos sectores que confluyeron inicialmente en Fuerza Democrática para las elecciones del 2002.

Esa alternativa electoral se convirtió en un factor de atracción de grupos diversos de izquierda, la mayoría de los cuales provenían de los viejos partidos de izquierda, eclipsados estos por un relativo repunte electoral de Fuerza Democrática en las elecciones de 1998, así como por la percepción de un repunte de la izquierda después del “Combo ICE”. No obstante, en ningún caso estuvieron dispuestos a ventilar sus discrepancias, o a trabajar en pos de un programa que asegurara el futuro político de la coalición-partido y saldara cuentas con el pasado. Lejos de ello, se centraron en una estéril lucha por puestos en las papeletas para las elecciones del 2002, la cual terminó en la erosión política de este movimiento, con serias repercusiones negativas en la opinión pública y la proscripción de la expectativa de un crecimiento en el apoyo electoral para esta opción de izquierda.

Bibliografía

Araya, J. F. 1998. Mitos y Sin razones, Uruk Editores. San José.

Borón, A. 2000. Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Dobles I. et al. 2003. Experiencia militante en Costa Rica: entre el cambio personal y el cambio social. Mimeo. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. 2002. Centroamérica en cifras 1980-2000. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica.

Güendel, L. 1998. La política social, los procesos de integración social y la construcción institucional del sujeto colectivo. En: Oscar Fernández, Política social y descentralización en Costa Rica, UNICEF, San José, Costa Rica.

Petras, J. 1992. Apuntes para comprender las políticas revolucionarias de hoy.

Rovira Mas, J. 1998. Elecciones generales en Costa Rica, primero de abril de 1998, Boletín Electoral Latinoamericano, nº xix, ene.-jun., Pp. 9-70.

Rovira Mas, J. 2001. La democracia ante el siglo XXI. Editorial Universidad de Costa Rica. San José.

Salom, R. 1987. La crisis de la izquierda en Costa Rica. Editorial Porvenir, San José, Costa Rica.

Manuel Mora: in memoriam. 1995. REFLEXIONES, Facultad de Ciencias

Sociales, Nº 41, dic. Pp. 13-16. Schaff, A. 1993. Humanismo ecuménico, Editorial Trotta S.A., Madrid. www.nacion.c


[1] Para comprender el origen y desarrollo de estos movimientos y partidos de la izquierda costarricense, característicos durante la década del setenta puede consultarse mi libro ya citado sobre “La crisis de la izquierda en Costa Rica” (1987).

[2] A principios de la administración Rodríguez Echeverría (1998-2002), el ejecutivo se propuso una serie de iniciativas políticas orientadas a profundizar con nuevos esfuerzos privatizadores el llamado proceso de ajuste estructural, entre las cuales estaba una ley que establecía un nuevo marco jurídico para la regulación de las telecomunicaciones y la electricidad en procura de una mayor apertura. Frente a este proyecto, el diputado Merino jugó un papel destacado, encabezando un amplio movimiento social de oposición.

[3]

[4] Debe tenerse en cuenta lo planteado por el Dr. Jorge Rovira Mas, cuando dice que “ la era del bipartidismo” ha conocido “un declino manifiesto del perfil de las organizaciones de izquierda” (1998, Pp. 9-70).

Crisis y división en el Partido Vanguardia Popular (1983-1984) Pablo Morales Rivera 2008

Pablo Morales Rivera 2008

Universidad de Costa Rica

Introducción

El trabajo que se va a desarrollar a continuación tiene como objetivo analizar un tema poco por no decir nada tratado por los diversas disciplinas dentro de las ciencias sociales: la división de un partido político, pero no cualquier partido político, primero corresponde a la agrupación de más larga trayectoria en nuestro país, la cual el año pasado cumplió 76 años de existencia, es además, la primera organización donde los intereses de los sectores excluidos de Costa Rica se expresaron políticamente, hablamos del Partido Vanguardia Popular.

Hasta este momento, el único estudio hecho sobre este particular hecho histórico (la división del PVP), está lleno de vacíos y lagunas, principalmente porque se parcializo demasiado hacia una de las partes en el momento de la crisis, dejando una serie de argumentos importantes expresados en el discurso de la parte con la cual el autor no compartía criterios. Este trabajo intentara llenar ese vacío, analizando los principales argumentos de cada uno de los bandos en el momento de la crisis.

Un segundo aporte que esperamos conseguir es ver en qué manera la división fue transmitida desde la cúpula hasta la base del partido, como les llegó a esos militantes de base, la noticia de que sus vecinos de barrio y camaradas de partido de un momento a otro pasaron a ser sus enemigos políticos transformándose en jóvenes aventureros o en viejos conservadores, vistos así desde cada una de las dos partes.

Capitulo Primero: Las Cúpulas.

a) El ala “reformista” del PVP[1].

Cuando se genera la crisis en el PVP a la altura de 1983, salen a la luz diferencias que al parecer hacían referencia a una diferencia en la estrategia y táctica revolucionaria que debía tener el partido para con las masas, de un lado de esas diferencias hay que seguir sin duda la posición que sobre estos temas tenía el máximo ideólogo del partido, el Lic. Manuel Mora Valverde.

En este sentido Mora sostenía que la crisis y la división del partido alcanzaron su punto más alto cuando el grupo que se quedaron opuestos a su grupo empezaron a tomar actitudes virulentas y negativas, poco típicas entre camaradas y que en nada ayudaban a solucionar las discrepancias, ante esto él dice:

“Han decretado expulsiones y han difundido injurias y hasta calumnias. Es decir, que en vez de hacer un esfuerzo por desintoxicar el ambiente para crear un clima favorable a la discusión, lo han envenenado más”[2]

¿Cuáles eran estas ideas de Manuel Mora que generaban un clima tan difícil en el partido? El pensamiento de Mora tenía mucho que ver con el contexto en el cual se desenvolvía nuestro país en esa época, el cual estaba marcado por un clima de revolución por la vía armada en varios países de América Central (Nicaragua, El Salvador y Guatemala), este clima sin duda alguna generó una fuerte presión coyuntural sobre el partido.

Mora sostenía que ya desde hace varios años se venían presentando discrepancias entre él y varios compañeros de la dirección del partido de cómo debía concebirse la lucha revolucionaria en Costa Rica, pero que nunca había creído que estas diferencias de criterios iban a afectar negativamente al partido.

Sin embargo para el esto último fue un error, “el error vine a comprenderlo con una gran claridad cuando las condiciones de Centroamérica, y por consiguiente, de Costa Rica también, cambiaron de forma violenta”[3].

Mora creía que desde hace años el partido venía sufriendo cambios muy importantes, cambios generados principalmente en los órganos de dirección y que estos cambios estaban generando un viraje en la forma de funcionar del partido, “pues graves decisiones se estaban llevando a la práctica por organismos laterales al partido (comisiones auxiliares) saltando por encima del centralismo, decisiones que por lo demás generaban situaciones de hecho no contempladas por los órganos centrales de dirección, en una peligrosa escalada tendiente a producir…. Una situación revolucionaria”[4]

Estos cambios eran orquestados según Mora por ese grupo de la dirección que mantenían diferencias con él y temía que el impulso que ellos daban a su remoción era una estrategia para poder imponer con más facilidad su línea ideológica dentro del partido. Pero realmente lo que más le preocupaba a Mora era que para él estos procesos se daban al lado de un completo desconocimiento de esto por parte de las bases, ante esa situación argumentaría Mora: “la comunicación de mi remoción a la base adolecía de falta de la información sobre las cuestiones de fondo que involucraba, y con ese motivo dio lugar a una verdadera lucha en esa base del partido”[5].

Mora resumía entonces las tesis que ese grupo “aventurero” sostenía de la siguiente manera: El país estaba muy cerca de una grave crisis revolucionaria producto de la grave crisis económica que atravesaba, El partido debía utilizar sus recursos para agravar la crisis y debe complicarle al gobierno todo su accionar frente a la crisis para que esta se profundice, para tomar el poder no es importante tener el apoyo de la mayoría del pueblo, solo hay que tomarlo y después se conquista el apoyo popular.

Este tipo de política chocaba seriamente con la posición de la mayoría de la base del partido, la cual eral en última instancia la que debía decidir la línea política del mismo.

Frente a estas tesis Mora sostenía que en ese momento nuestro país vivía una etapa de revolución no socialista, sino antiimperialista que habré paso al socialismo y que esta caracterización respondía a la línea trazada por el XIII Congreso, en estas condiciones el intentar buscar la toma del poder por la vía armada era realmente un pensamiento que se alejaba sin duda alguna de la realidad costarricense.

Con respecto al gobierno Mora opinaba que el Partido Liberación Nacional no era una organización monolítica y homogénea, representando solo a la burguesía reaccionaria e imperialista del país, creía por el contrario que en Liberación había varios sectores progresistas y que el partido debía estimular a esos sectores para que estos presionen “a sus dirigentes a actuar en forma positiva, en defensa de nuestro régimen democrático, en defensa de la paz de Centroamérica, y en defensa de la línea de neutralidad”[6].

Agregaba además se debía “desarrollar una política más realista con el gobierno de nuestro país, para no empujarlo innecesariamente, en cuanto a Nicaragua, hacia las garras de la CIA”[7]. Es importante recalcar aquí que Mora concebía mucho una tesis para Costa Rica que se va a conocer como el Fatalismo Geográfico, la cual sostenía que la posición de nuestro país se encontraba en un sitio crítico geopolíticamente, por estar entre una base militar de los Estados Unidos (en Panamá) y una revolución de corte Marxista (en Nicaragua), además para ese momento se sabía que los contrarrevolucionarios ya recibían armas a través de Costa Rica y Mora sostenía que para Reagan sería de mucha utilidad el convertirnos en una base militar al servicio del imperio, para atacar desde el Sur al gobierno del Frente Sandinista. Dicha posibilidad había quedado clara cuando bajo la operación Furia Urgente 400 marines estadounidenses desembarcaron el 25 de octubre de 1983 en la isla de Granada con el fin de derrocar al gobierno de corte leninista de Maurice Bishop[8].

Otro argumento señalado a través de todo el proceso de Crisis por Mora fue que si la crisis económica seguía profundizándose, el país corriera el riesgo de que las fuerzas reaccionarias de la burguesía optaran por hacer un golpe de estado e instauraran una dictadura fascista, que llevaría a la supresión de un montón de garantías del régimen democrático imperante, es por esto que él llamaba “al aprovechamiento de las contradicciones que existen dentro del Gobierno con el propósito de que esas contradicciones sean un factor permanente de presión progresista sobre el Presidente en defensa del régimen democrático”[9].

Mora sostenía que la causa de que la militancia se redujera acontecía a estos y otros errores que habían alejado al partido de las masas, en respuesta a esto proponía una estrategia de acercamiento al pueblo que debía pasar por los siguientes aspectos: Fortalecimiento del partido mediante la corrección de sus errores, lucha por reconquistar el apoyo de las masas mediante el lanzamiento de consignas realistas, fundamentadas en un análisis crítico de la crisis que afectaba nuestro país dentro de la crisis del capitalismo, divulgación del verdadero significado de la Revolución Nicaragüense, denunciar todas las políticas negativas del gobierno para con el pueblo, luchar por mantener la política de neutralidad y prepararse para una lucha armada en caso de que Estados Unidos invadiera Centroamérica[10].

Terminaremos señalando que Mora pidió hasta el final dos requisitos fundamentales para restablecer la unidad del partido, que se investigara sobre las intenciones de un grupo de militantes para apoderarse de la dirección del partido y que las discrepancias entre él y una mayoría del CC se discutieran a nivel de las bases y que fueran las bases las que decidieran cual era la política correspondiente.

b) El ala “aventurera” del PVP.

Para el grupo de la división que se generó alrededor de Humberto Vargas y Arnoldo Ferreto, las discrepancias con el grupo de los Mora eran algunas similares a las planteadas por la contraparte y otras muy distantes. Primero que todo, este grupo sostenía que la división quedo sentada en un congreso “espurio” celebrado en marzo de 1984 por los seguidores de Manuel Mora.

Arnoldo Ferreto señalaba entre las principales discrepancias con Mora, esas discrepancias venían desde los años cuarenta del siglo pasado “cuando pretendió que dejáramos de llamarnos comunistas y renegáramos el marxismo-leninismo”[11].

El autor hace alusión a cuando en 1943 el partido convocó a una Conferencia Nacional con el fin de sustituir el nombre de Partido Comunista de Costa Rica por el de Vanguardia Popular, esto con el fin de llegar a una alianza con la Iglesia Católica y el gobierno en el llamado Bloque de la Victoria.

Ferreto señalaba que Manuel había caído en los vicios del Browderismo[12], al caer en los vicios del oportunismo de derecha por la alianza antes mencionada, además de que para esa época empezó a ser característico en Mora una forma muy personal de Dirigir el Partido. Alegaba demás de que Manuel Mora asumía como suyos los triunfos como el código de trabajo y las garantías sociales, los cuales habían sido ganados “por el movimiento obrero clasista y por el partido en su totalidad”, Ferreto sostiene que el alzamiento de la figura de Manuel Mora en esos años vendría a repercutir negativamente a futuro en el partido.

Sigue mencionando los errores de esa época y critica la rendición y la deposición de las armas a la cual el partido fue llevado por engaño en 1948 mediante el pacto de Ochomogo que fue negociado por Manuel Mora. “ahí de nuevo jugó un papel decisivo…., Manuel Mora. Su dirección personal suplantó la dirección colectiva y facilitó que el Partido depusiera las armas estando en condiciones de tomar el poder”[13].

Para Ferreto el partido no debe limitarse a defender el régimen democrático, debe desenmascarar el carácter burgués de este y debe crear conciencia en las masas sobre las limitaciones y las mentiras de la democracia burguesa. “El pueblo debe aprender que hay una democracia superior, que hay que conquistar luchando, que tendrá límites para los explotadores”[14]

Ferreto continúa señalando las discrepancias, argumentando una de las críticas más fuertes que pudo recibir el grupo generado alrededor de los Mora mencionando que lo que existía detrás de la crisis del partido era una “lucha ideológica entre quienes queríamos y seguimos queriendo que el PVP opere como un verdadero partido revolucionario, marxista-leninista; como el partido revolucionario de la clase obrera, con una dirección colectiva y quienes, expresando una ideología comunista con ropaje comunista, quieren que el partido no vaya más allá de las reformas al régimen capitalistas dependiente imperante, reformas que, por lo demás, se vuelven cada vez más difíciles conforme se agrava la crisis general del capitalismo y la crisis económica nacional”[15]

Pone de esta manera a Manuel Mora y su grupo a la altura de los sectores burgueses y oligarcas de Costa Rica, argumentando que su único interés es convertir al partido en una instancia reformista y que no cree contradicciones con la burguesía, sino por el contrario que la apoye, estableciendo alianzas políticas con sectores de la clase en el poder mediante la concesión de principios revolucionarios, una posición imperdonable para los marxistas.

Ferreto argumenta que la crisis es generada entonces cuando la Familia Mora ve que la destitución del caudillo como Secretario General no servía a los intereses de este “clan de partido” de implantar su línea oportunista y que por lo tanto debían separar de la dirección al grupo que les hacía oposición en los órganos superiores del Partido.

Cierra Ferreto su argumentación insistiendo que la tesis de que en el proceso de la crisis se deben cumplir las culpas en ambas partes que hubo tanto errores de un lado como del otro, porque los culpables existen, representados por la familia Mora y deben ser denunciados, decir que la culpa fue repartida sería un engaño y “Lenin decía que al pueblo no debe engañársele ni aún con la mentira benévola”[16]

Pasaremos a Analizar ahora los argumentos del Comité Central que se mantuvo alrededor del grupo liderado por Vargas y Ferreto[17], El informe inicia haciendo alusión a las mismas discrepancias con respecto a los años cuarenta que hace Ferreto y que por lo tanto no vale la pena redundar, básicamente critica nuevamente la forma personalista en que Manuel Mora empieza a dirigir el partido a partir de esa época. Luego de esto empieza a enumerar las discrepancias que salieron a relucir con la crisis.

Lo primero que señalan es que Manuel Mora realiza una forma de análisis que no corresponde al marxismo-leninismo marcado por un menosprecio a la teoría revolucionaria, afirma que Mora desde hace muchos años levanto la bandera de lo que él llama “realismo” y que esto lo llevo a restarle importancia a la teoría, para Vargas esta desviación es garrafal ya que “Sin un sólido fundamento teórico, el Partido y el movimiento popular quedan a la deriva, en un mar donde los movimientos son regulados por la clase dominante”[18] y con esto lo que se consigues es que se cierre toda perspectiva revolucionaria.

Un segundo aspecto, expuesto por Ferreto paginas atrás y retomado por el CC es la “Concepción oportunista acerca del carácter de la revolución costarricense, sus fuerzas motrices y las formas de lucha”, sosteniendo aquí que los criterios adoptados por el anterior Secretario General son radicalmente opuestos a los dictados por el XIII Congreso en esta temática, Vargas afirma que ese congreso llego a la conclusión que para ese momento en el poder se hallaban en el poder los sectores oligárquicos, pro imperialistas y burgueses del país, representados por Liberación Nacional y que el país ya está dominado por el imperialismo y existe en él un capitalismo desarrollado.

Un tercer aspecto es el de la revaloración que hace Mora de la democracia burguesa, que siempre se ha opuesto a que se le analice desde una perspectiva clasista y que para él (Mora) esa democracia es aceptable y que el socialismo que vendrá en un futuro indeterminado “solo le dará a esas conquistas democrática un contenido económico”[19].

Argumenta que el partido siempre ha definido que la primera tarea revolucionaria es la toma del poder por parte del pueblo, la separación de las clases explotadoras ligadas al imperialismo del poder y la constitución de un nuevo Estado, conducido por los trabajadores.

Argumenta que Costa Rica cuenta con una gama de importantes instituciones jurídicas y democráticas que se han conquistado con la lucha popular y que con la toma del poder las garantías democráticas pasaran del papel a los hechos pero solo cuando se constituya un verdadero Estado democrático, un Estado de transición al Socialismo, “esta es la diferencia entre la interpretación revolucionaria, proletaria, que nuestro partido hace de la democracia costarricense y la interpretación oportunista y burguesa que hace de ella Manuel Mora”[20].

Una cuarta discrepancia surge en cuanto a la interpretación del papel de Costa Rica en la arena mundial y la posición fatalista en que Manuel Mora ya que para la dirección del PVP bajo esta concepción el otrora Secretario General tenía la política de frenar los movimientos de lucha social en los que se vinculaba el partido y salir de esos conflictos con una actitud conciliadora con la burguesía, bajo el temor infundado de una posible intervención imperialista. Y esto lo que hacía era frenar el proceso revolucionario costarricense.

El quinto problema que señala el informe es referente al poder asumido por la familia Mora en el Partido, ante esto se argumenta que los Mora controlaban el periódico, las finanzas, las relaciones internacionales, la secretaría y subsecretaría general y la comisión de seguridad, en estos puestos la familia operaba como un “clan” dentro del partido y que anteponían sus intereses personales a los del partido.

Sostienen que la comisión de seguridad se había convertido en un organismo paralelo al partido que funcionaba al servicio personal de Manuel Mora:

“quienes ingresaban a él eran educados en el culto a la personalidad e irrespeto al centralismo democrático. El hecho de que a la cabeza de esa estructura estuviera el Secretario General del Partido, fue utilizado para llevar a muchos compañeros la falsa idea de que esa estructura no estaba subordinada al Comité Central”[21]

Como último argumento el informe señala y acusa al “grupo de los Mora” de plegarse con la prensa burguesa en un venenoso ataque contra el Partido y sus dirigentes en los cuales se alude básicamente que hay un sector del Partido que está armado y que está formando un ejército clandestino y que el comunismo criollo de Manuel Mora fue apartado del partido para ser sustituido por un comunismo más pro soviético y menos realista.

Recalcan que este tipo de ataques generaron incluso que dirigentes como Humberto Vargas fueran llamados a comparecer ante el Fiscal Primero de San José sobre la veracidad del ejército clandestino que se estaba armando para empezar una lucha bélica civil.

“Parece imposible que un documento elaborado para servir de base de discusión para un Congreso, por quienes todavía dicen llamarse comunistas, sirva para abrir un juicio contra militantes y dirigentes del Partido Vanguardia Popular”[22]

Capítulo Segundo: Las Bases

Antes de empezar a describir como impacto la división encada una de las bases es importante caracterizar un poco el contexto, así como algunas cifras del distrito de Hatillo.

Hatillo es el distrito número 10 del Cantón Central de la provincia de San José, tiene un área que comprende unos 4,27 kilómetros cuadrados, sin embargo es habitado por 55.593 habitantes según datos oficiales del Censo del 2000, esta gran densidad de población lo ha hecho convertirse en uno de los proyectos habitacionales más poblados de toda Centroamérica, está comprendido por 16 barrios que a su vez son: 15 de Septiembre, 25 de Julio, Hatillo1, Hatillo 2, Hatillo3, Hatillo 4, Hatillo 5, Hatillo 6, Hatillo 7, Hatillo 8, Hatillo Centro, Los Aserrines, Sagrada Familia, Tiribí, Topacio, Vivienda en Marcha.

Hatillo empieza a ser poblado desde 1850. Las condiciones de pobreza que imperaban a finales de ese siglo hacen que el establecimiento de una escuela se torne difícil. Empero, en 1885, se logra consolidar este proyecto. A inicios del siglo XX se construye una ermita y se recibe la donación del terreno para la plaza pública. La expansión demográfica se da entre los años 50 y 60 debido a la entrega de casas por parte del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU).

Fue precisamente durante este último periodo cuando se empiezan a formar ahí las primeras células de militantes comunistas en el distrito, siendo en el barrio de Hatillo 4 donde es fundada la primera. Para ese entonces el PVP se encontraba en una completa ilegalidad, esto hacía que su trabajo de base en el todavía país de menos de un millón de habitantes, fuera muy intenso, mientras los partidos tradicionales se centraban más en un trabajo electorero, el partido de los comunistas se preocupaba por crear tejido orgánico en diversas zonas del país.

Es en las tres décadas que siguieron a la guerra civil que la estructura comunista creció en el distrito de Hatillo, convirtiéndolo en una de las zonas del país donde el PVP tuvo una importantísima organización comunal.

A) La base del grupo “reformista”.

Los militantes de base que se quedaron con el grupo de los Mora, dejan al igual que sus homólogos que se quedaron de la tendencia Vargas-Ferreto completamente anonadados cuando una organización que tenía más de 50 años de trabaja sólida y unidamente, se desmoronara en cuestión de dos meses.

Es interesante mencionar que cuando se avecina el XIV congreso extraordinario que es donde se da la división, ellos, como militantes de base no tenían ni la más mínima idea de que meses atrás se venían dando unas fuertes pugnas internas a la altura de la Comisión Política y el Comité Central de su partido, diferencias en cuanto a la táctica y estrategia de luchas que debía seguir el partido para con el pueblo costarricense y el proceso revolucionario de Costa Rica. Esta discusión se daba principalmente entre los miembros de la “vieja guardia” y los cuadros más jóvenes de estos altos órganos de dirección. Así mismo ninguno de ellos recuerda haber tenido presente en ese momento prácticamente nada de esas acaloradas discusiones, y me atrevería a decir que empezaron a conocer de estos hechos y muy superficialmente, después de que el partido estuviera ya completamente dividido.

“Nosotros nunca supimos ni discutimos en su momento esas discrepancias entre Manuel y los otros miembros, nuestra célula no sabía nada, fue hasta que nos llegó el informe de lo que había pasado arriba que nos dimos cuenta”[23].

De esta manera podemos argumentar en primera instancia que la división les cayó con una inmensa sorpresa, ya que ellos en ese momento estaban dando importantes luchas en el sector comunal, que mencionaremos más adelante y estaban trabajando muy duro por recuperar una militancia que iba en decadencia. En Hatillo los militantes participaban activamente del trabajo comunal, hacían juntos las mantas del Primero de Mayo y realizaban campañas en pro del mejoramiento de vida de los habitantes de las ciudadelas.

Pero en tres meses, la mitad de sus camaradas pasaron a ser partidarios de lo que ellos describían como una tendencia aventurera que pretendía sustituir de un momento a otro todo ese trabajo comunal por una sangrienta guerra civil que llevara a la toma del poder por el partido a través de la vía armada, “ellos ya estaban pensando en la toma del poder por la vía armada, y un grupo de personas entre ellos Manuel, nos oponíamos a que hubiera un derramamiento de sangre”[24].

Entonces estos militantes creían que esa tendencia aventurera en el partido pretendía quitar a Manuel Mora de la secretaría General, con el fin de que Mora perdiera el liderazgo y la dirección del partido para ellos poder tener camino a sus política guerrilleristas.

Fue entonces cuando un fenómeno que había estado alejado siempre del partido y más entre camaradas vecinos empezó a darse, principalmente en el bando de Vargas y Ferrero y liderados por Hubert Méndez en Hatillo, el debate franco y de frente que según Lenín debe existir en un partido revolucionario, fue sustituido por ofensas francas y de frente por parte de militantes de esa fracción que gritaban ofensas y grafiteaban apodos para los militantes vecinos que habían decidido quedarse del lado de Mora.

“Mi casa era como sede del partido en Hatillo y por ejemplo un día, la esposa de Hubert, Elieth, se llevó un poco de chiquillos y de gente afuera de mi casa y empezaron a insultarnos diciéndonos pitufos y nos hicieron hasta pintas afuera en la puerta de la casa”[25]

El apodo de “pitufo” fue una forma satírica que utilizaron los miembros de la tendencia de Vargas y Ferreto utilizaban para ofender a los militantes “moristas”, ya que así como estos dibujos animados (pitufos) tenían una gran dependencia y culto a la personalidad hacia su papá pitufo, así los tenían ellos con “papá Mora”.

Es importante mencionar al finalizar este apartado que la ruptura afecto seriamente el trabajo de órganos que funcionaban paralelamente al partido como es el caso de la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC), ya que al momento de dividirse el partido también se divide la juventud del mismo y esta división para el caso de hatillo fue una división sumamente pareja entre ambos lados, dejando juventudes sumamente débiles en las dos tendencias. “éramos como 35 o 40, de los cuales unos 20 se fueron para vanguardia y otros 15 o 20 también nos quedamos con Manuel Mora.”[26]

B) La base “aventurera” del partido

Hablar con los militantes de hatillo de la tendencia Vargas-Ferreto sobre el tema de la crisis del partido en 1983 es hablar con gente profundamente dolida, para ellos al igual que para la mayoría de sus camaradas distritales es recordar casi como una etapa tétrica en su vida política.

Para muchos de ellos la división se dio porque un grupo de camaradas más viejos pasaron de ser comunistas a ser moristas, exaltando la figura de Manuel Mora y poniéndola por encima de todos los órganos de dirección del partido y violando las decisiones del mismo, tesis que como vimos es la sustentada por la cúpula de su tendencia, y la división es defendida por ellos con los mismos argumentos a como fue defendida por el secretario general de su partido en el XV congreso del PVP.

“Lo que paso ahí (en el XIV Congreso extraordinario) es que Manuel Mora iba a ser sustituido como Secretario General y el estaba de acuerdo con eso, el decía que ya estaba muy cansado, entonces se viene el congreso, se aprueba la sustitución de Manuel, el estando de acuerdo y al día siguiente, el ya tenía otro criterio distinto”[27].

Es interesante ver como también existe un paralelismo entre los argumentos que tenía la alta dirección de Manuel Mora y los militantes de base, imagen sustentada en el oportunismo y el carácter reformista de Mora, el mismo Molina menciona “era un gran dirigente político aunque habían cosas que no me gustaban de el, como que lo veía coqueteando mucho con la burguesía”.

También es muy interesante como estas personas tienen el mismo criterio y sustentan los mismos argumentos en cuanto a la comisión de seguridad en el momento de la crisis, aludiendo que era un organismo “que funcionaba al servicio de Manuel Mora y que en realidad no operaba por la seguridad de los miembros del partido, esa comisión no tenía seguridad de nada”.[28]

Con base en los argumentos de porque muchos de sus compañeros se fueron con la tendencia de Mora, argumentan que fueron los más viejos, los más conservadores, eran militantes del partido que en vez de ser comunistas eran moristas que seguían a Manuel Mora a ciegas, sin responder a criterios políticos serios y sin acatar las disposiciones de los órganos superiores de dirección.

Mientras tanto ellos sostienen que su posición estivo basada en cumplir las disposiciones emanadas de los altos centros de dirección del partido, “como iba a ser posible que en el partido el secretario general fuera hasta que se muriera, como en la unión soviética, entonces para qué comité central, nosotros decíamos Comité Central Ordene, era la máxima autoridad del partido, aunque el otro fuera secretario”.

En ese momento ellos creían que lo más sensato era apegarse a las directrices de un congreso y un comité central “realista” y estaban seguros que estas instancias eran las encargadas de materializar las aspiraciones de la mayoría de los militantes del partido, aunque ellos no supieran las condiciones de la convocatoria al congreso, cómo fue la escogencia de los delegados al mismo o las fuertes pugnas que se desataban en ese momento a lo interno del comité central con respecto a la táctica revolucionaria que debía seguir el partido en medio de la crisis centroamericana y mundial que se vivía en ese preciso momento. Tal y como afirma Molina: “yo nunca conocí a profundidad las discrepancias entre Manuel Mora y el comité Central, y nunca llego ese material a las asambleas o a las células, eso se discutió en otras comisiones pero no en las bases”[29].

Otro argumento interesante que aunque es percibido por la base, no es muy bien analizado por esta, es el hecho de que a partir de 1978, el crecimiento del partido propio de la explosión de la década de los 70`s llega a un punto máximo y a partir de ese año la militancia del PVP comienza a decaer, lo cual es atribuido con base a los argumentos del comité central en contra de Manuel Mora, “de ahí en adelante (1978) empezó a decaer como partido, la gente dejó de creer que el partido respondía a sus problemas y yo pienso que la principal causa de eso fue que los mismos líderes de izquierda se fueron suavizando, se creó ese término de comunismo a la tica que no es más que un partido de centro que no creía tan fuertemente en los sueños socialistas y eso fue lo que empezó a deteriorar a la izquierda.”[30]

A fin de cuentas la división les llegó a cada una de las células del partido que para ese momento podían reunir a unos 300 militantes en todo hatillo y a casi 600 simpatizantes según datos de los entrevistados, ellos están claros en que las causas de la división afectaron seriamente su trabajo partidario aunque no así el trabajo comunal que estos camaradas realizaban en el distrito, la crisis en el trabajo comunal en hatillos si tendrá algo que ver con el partido pero será una crisis de 1990, pero que tiene relación directa con esta, dicha relación será analizada en el siguiente capítulo.

Por el momento lo cierto es que la división les llegó y vino con ofensas y profundos resentimientos entre camaradas y vecinos que se ofendían y llegaron a dejar de hablarse aunque ellos mismos afirman que fue una división que les llegó desde arriba, “a nosotros (la base) simplemente nos llegó la noticia de la división, para nosotros la noticia de la separación fue que unos se habían quedado con los Mora, que otros se estaban robando bienes, casi como que hubiera sido una división material y no ideológica, yo pienso que unos nos quedamos con una tendencia y otros con otra no por discrepancias ideológicas, sino más que todo por cercanías y no por una convicción grande… Todavía yo pienso que yo tengo muchas dudas sobre cómo se dio la división”.[31]

Capítulo 3: Análisis de una crisis

En el desarrollo de este capítulo intentaremos desarrollar un análisis que gire entorno a dos procesos fundamentales durante el desarrollo de la crisis del PVP, un primer aspecto será dilucidar las contradicciones que se presentaron a nivel de la cúpula con relación a la percepción que cada una tenía de si misma pero que no necesariamente esas contradicciones eran reales en la base del partido, en otro apartado intentaremos desarrollar los pensamientos asumidos por la base y cuales fueron los errores de la misma que permitieron que la crisis se acentuara y fuera asumida completamente por todo el conjunto del partido.

A) Contradicciones del discurso en la Cúpula

Es muy interesante como en el informe al XV Congreso del PVP escrito por Humberto Vargas, el autor acusa a Manuel Mora de “renunciar a la teoría revolucionaria, que siendo la experiencia acumulada de todo el movimiento revolucionario mundial, tiene una vigencia universal”[32], afirmando que detrás del llamado “realismo” de Manuel Mora se encuentra una práctica pequeño burguesa que está muy lejana del marxismo leninismo internacional y por ende Mora rechaza la importancia del internacionalismo proletario en busca de una construcción universal del socialismo.

Sin embargo en el análisis del documento elaborado por Mora con el mismo fin solo que para el XIV Congreso que organizó su grupo en marzo de 1984 se muestra otra postura muy diferente a la denunciada por Vargas Carbonell, así en este documento Manuel Mora menciona:

 “Sin la presencia del movimiento democrático y revolucionario mundial en acción no habría sido posible que los pueblos de Cuba y Nicaragua rompieran las cadenas para hacerse dueños de su destino. Y ese mismo movimiento democrático y revolucionario mundial seguirá estando presente y haciéndose sentir… en la lucha de todos los pueblos de América Latina que luchan por conquistar su independencia y construir el socialismo”[33]

Volviendo al informe al XV Congreso del PVP, se menciona como segundo punto una visión oportunista que hace Mora de la revolución costarricense, ya que detrás de su disfraz de comunista este pequeño burgués utiliza una excusa muy interesante, tenemos que retrasar el proceso revolucionario para no poner en riesgo la hermana revolución sandinista en Nicaragua y de esta forma lo acusan de conceder principios revolucionarios a la burguesía nacional, algo intolerable en cualquier comunista.

Sin embargo es muy interesante como en el documento escrito por Mora se da una apreciación muy distinta sobre este mismo fenómeno, en este artículo se puede leer lo siguiente:

“Sin hacer concesiones de principios, sin sacrificar los intereses esenciales de nuestra revolución, debemos esforzarnos por eliminar la posibilidad de que el gobierno de nuestro país tenga pretexto por echarse contra el régimen sandinista”[34].

Vemos en esta cita anterior como Mora se mantiene en una posición en la cual apegado al principio del internacionalismo proletario, no hace una concesión de principios al grupo en el poder que debilite el proceso revolucionario costarricense.

Otra contradicción muy interesante se da a la hora en que se trata el involucramiento de los miembros de la familia Mora en diversos órganos de la dirección del partido, ante esta situación el informe al XV congreso menciona uno por uno los puestos ocupados por la familia Mora, controlaban el periódico, las finanzas, la secretaría general, la seguridad y las relaciones internacionales en el partido, “con el tiempo se fue haciendo evidente que los Mora actuaban en el partido como un clan familiar que actuaba sólidamente unido cuando los intereses del partido chocaban con los de su familia”[35].

Vemos entonces como para la dirección del partido era fundamental quitar del poder a una familia que funcionaba con una condicionalidad cruzada en la organización.

Cabe aquí mencionar que en todo el partido eran criticados muchos vicios generados por varios miembros de la familia Mora en los cargos que ocupaban y bastante se oye hablar en ambos lados de la división del partido de lo negativos que eran muchos miembros de esta familia en el funcionamiento del partido, dentro de estos comentarios es interesante como el menos criticado sea el compañero Manuel Mora, son más comunes las críticas a personas como Ady Salas, compañera de Manuel Mora, Elena Castellón, compañera de Eduardo Mora y José Merino, yerno de este último. El oportunismo de estas tres personas que ocupaban las finanzas, la planificación y las relaciones internacionales son sumamente comunes, y es por eso que sea normal que sería a ellos a los primeros que habría que remover de los cargos, sin embargo el proceso inició por el cargo más poderoso y por el que menos daño le hacía al partido de toda esta familia.

Como quedó dicho Manuel Mora pasaba a la presidencia, H. Vargas a la secretaría general, Eduardo Mora continuaría en la subsecretaría general, el hijo de Manuel seguiría a cargo de la seguridad, Merino a cargo del periódico y Elena a cargo de las finanzas y Ady permanecería en el comité central.[36]

Queda claro entonces el error de una mayoría del Comité Central a la hora de querer “purificar” al partido, haciendo la remoción del miembro más defendido por la base del partido y no haber empezado por los miembros de los cuales sus actitudes corruptas a lo interno del partido eran bien conocidas por gran parte de la base y por lo tanto el impacto de sus bajas en los órganos de dirección superior no hubieran sido tan adolecidos por los órganos inferiores.

Como última contradicción me parece muy interesante como giro el asunto en torno a la lucha por cuál de los grupos asumiría el nombre histórico de Vanguardia Popular, en relación con el nombre es muy interesante lo mencionado por el investigador Fernando Zúñiga Umaña, con respecto al cambio de nombre realizado por el Partido Comunista cuando asume la personería como PVP, “el planteamiento del PCCR a través de su secretario General demuestra una posición liquidacionista. Una posposición del socialismo y en su lugar un sometimiento coyuntural, inmediatista….Así el PCCR decide autoliquidarse, cambiar su identidad, dando vida al Partido Vanguardia Popular”[37]

Es interesante la postura de Zuñiga primero por ser del grupo que se quedó con Vargas y Ferreto y segundo porque ve en el cambio de nombre del partido la representación clara de la política pequeño burguesa y oportunista de Manuel Mora y de cómo el cambio de nombre es enmarcado como un principio revolucionario concedido para hacer alianzas y conciliar con la burguesía y los sectores más conservadores del país, representados en este caso por la Iglesia Católica.

Ante este mismo hecho Ferreto menciona lo siguiente, “me opuse, junto con otros compañeros como Carlos Luis Fallas a que el Partido, al pasar a llamarse Vanguardia Popular, adquiriera los contornos de una agrupación socialdemócrata[38]

No cabe la menor duda de que para Ferreto el cambio de nombre representaba la misma concesión de principios revolucionarios que representaba para Zuñiga, sin embargo esto entra en una clara contradicción con el grupo de Ferreto, si todas estas tesis eran ciertas, porque dar una lucha tan grande ante tribunales burgueses (que tal vez pueda ser también una concesión de principios) por la personería de un nombre que era uno de los símbolos más representativos de todas esas prácticas antirrevolucionarias atribuidas a los Mora, tal y como lo señalaría Ferreto en el mismo documento solo que páginas más adelante “los divisionistas no pudieron a pesar de sus triquiñuelas arrebatarnos la personería legal de Vanguardia Popular”[39].

Otro aspecto que resulta sumamente interesante es la tesis del comienzo de la crisis, para Fernando Zúñiga en el partido se pasa de una línea revolucionaria a una reformista en la década de los años cuarenta, esta decisión se da por una dirección personalista de Manuel Mora en contra de la mayoría de los líderes del partido, luego de la Guerra civil, el exilio de Manuel Mora hace que los “revolucionarios” vuelvan a asumir la dirección del partido y le den un funcionamiento como el que tenía anterior a los años cuarenta, sin embargo, “el retorno de Manuel Mora en 1958, como se ha insistido, conduce al PVP a asumir posiciones similares a las que predominaban antes de 1948. Esto provoca una situación de disconformidad interna, que puede ser el origen de discrepancias que prevalecen hasta el momento de la división”[40]

Vemos de esta manera como el autor sostiene la tesis que la crisis surge ya a partir de la década de los cincuenta y que desde ese momento comenzó una pugna a lo interno del partido entre revolucionarios y conciliadores con la burguesía, donde estos terminan imponiéndose en 1983.

Pese a esto el autor no utiliza ninguna fuente para respaldar su tesis, en su investigación no se cita ningún documento de los congresos anteriores al congreso extraordinario donde se produce el cisma en el partido, esto hace que uno pueda partir únicamente de supuestos y apreciaciones poco objetivas al respecto.

Sin embargo podemos encontrar otra explicación que tiene mejor respaldo para analizar este punto, en 1978 se realiza un acto donde se celebra el 47 aniversario del PVP, para ese momento la JVC[41] tenía mucha militancia, al punto de ser incluso mucho más grande que el partido mismo, es por esto que en ese acto se dio la llamada “promoción de los 100”, donde un centenar de miembros de la juventud pasarían a integrar las filas del partido, dos años más tarde, cuando se realizara el XIII Congreso Carlos Luís Fallas, muchos de estos jóvenes pasarían a asumir cargos muy importantes en los órganos de dirección, esto, según uno de los principales actores de la crisis y que formo parte de estos jóvenes fue el tan afamado origen de la división,

 “Mi entrada al comité central se da en el 80, en el congreso Carlos Luís Fallas, en la llamada promoción de los 100 y yo creo que buena parte de los orígenes de la división el partido se dieron gracias a eso, ya que buena parte de nosotros pasamos de la juventud a puestos de dirección, esa gente joven entro al partido con una mentalidad completamente nueva que no creíamos que la historia del partido debía seguir dominando la política actual y fue ahí donde empezó una pugna en los órganos superiores entre este sector joven y el sector conservador del partido”[42]

Vemos de esta manera como el inicio de la crisis estuvo ahí, en esa gran entrada de jóvenes a los puestos de dirección de la juventud, donde comenzó una crisis entre dos generaciones en cuanto a la táctica revolucionaria y de masas que debía seguir el partido y no una pugna ya vieja entre un

ala revolucionaria y otra conciliadora del partido como nos lo hace ver Zúñiga en su obra, cabe mencionar que este argumento es también mencionado en un folleto generado por el PPC[43] para el XIV Congreso de marzo de 1984, donde se menciona “que por una confianza ciega en cuadros jóvenes, se dejaron de lado a importantes compañeros de lucha, conformando un comité central con una buena parte de gente promocionada de la juventud.”[44]

B) El error en el accionar de la base del partido.

Utilizaremos este apartado para hacer una breve reflexión en cuanto al accionar de la base del partido en el momento de la crisis, quedo claro en el segundo capítulo que a la base de hatillo la división les llegó desde arriba, ellos nada más siguieron la división que se generó en los órganos de dirección superior, partiendo de supuestos generados por la ira y el resentimiento de muchos de sus dirigentes, organizados en bloques de poder a lo interno del partido. Los militantes de los órganos inferiores nunca llegaron a preguntarse cuales eran las causas de la crisis.

La base asumió las mismas críticas que la cúpula le achacaba al grupo que apoyaba a Manuel Mora, utilizando el mismo discurso y las mismas ofensas, la base que apoyaba al líder histórico creyó ciegamente que sus camaradas estaban listos para romper con el partido y tomar el poder por la vía armada, aunque dichas armas y dicha guerrilla nunca fue encontrada, al final de la crisis, ambas bases repetían el discurso de su cúpulas para encausar las razones de la división del partido, pero sin entender todavía porque sus camaradas y vecinos de muchos años habían pasado a ser reformistas o guerrilleristas.

Las diferencias de la táctica revolucionaria y de masas que debía seguir el partido entre los dos bloques generacionales nunca fueron conocidas por la base y la base nunca exigió saberlo, en esto ayudo claramente, el resabió inquebrantable de una tradición generada en la mayoría de partidos leninistas, de una base que confía plenamente en sus órganos de dirección superior y que nunca llega a confrontar el espíritu del centralismo democrático con la imperfección y los errores del ser humano.

MARSianos en el partido. A manera de conclusión.

En 1973, el Frente Estudiantil del Pueblo (FEP), brazo juvenil del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), de corte foquista-guerrillerista, tuvo una división de la cual se formó un nuevo grupo denominado Movimiento de Acción Revolucionaria Socialista (MARS), este grupo decide a inicios de 1974 apoyar al PVP en la opción del Partido Acción Socialista (PASO) que llevaba como candidato presidencial a Manuel Mora, ese mismo año el MARS toma la decisión de disolverse como grupo y unirse a la JVC, muchos de sus cuadros pasaron directamente a ocupar cargos de dirección en la juventud vanguardista y luego en 1978 pasan mediante la promoción de los 100 a ser parte de las filas del partido, pasando en el 80 a ocupar importantes cargos en la alta dirección del PVP.

Entre este tipo de jóvenes que vivieron este proceso se encuentran personas como Hubert Méndez, Raúl López, Cesar Solano y José Merino, los dos primeros eran de los más férreos opositores a Manuel Mora y los dos últimos eran de los que apoyaban a Mora, sin embargo además de su pasado en común, la mayoría jugaron un papel muy similar de uno y de otro lado en la crisis provocando de una u otra forma para hacer ver que la división era todo un hecho y que una salida sin crisis no era posible, una vez que el partido estuvo dividido, las posiciones de estos provenientes de la ultra izquierda de los 70`s fueron las mismas, en 1990 después de haber sido elegido regidor por San José Hubert Méndez, él y Raúl López presentaron un proyecto al PVP mediante el cual consideraban que la vigencia de un partido marxista y revolucionario no era necesaria y que el partido debía disolverse, de igual forma, una corriente dentro del comité central del PPC planteó exactamente lo mismo y quienes defendían esta tesis terminaron abandonando el partido[45].

Para 1998 cuando ya este partido formaba parte del Proyecto Fuerza Democrática, José Merino volvió a sugerir la misma tesis, según la cual, el PPC debía disolverse en Fuerza democrática, tesis que nunca fue aceptada, él mismo terminó abandonando las filas del partido en el año 2001, provocando la última y más grave crisis en el seno de esta agrupación.

Ante estos hechos queda por responder una pregunta fundamental con respecto a estas personas: ¿dejaron de ser revolucionarias? O quizás tal vez, ¿nunca lo fueron? , Manuel Mora hizo críticas fuertes a Hubert Méndez y a Raúl López en cartas al comité central antes de la división, esas críticas nunca fueron conocidas por la base, quizá de haberse conocido, el partido hubiera tenido mayor precaución con esas personas. Sin embargo el análisis de esta faceta de la división del PVP queda para una futura y esperemos que no muy lejana investigación.

Bibliografía

Documentos

Ferreto, Arnoldo. Como y porque fue dividido el Partido Vanguardia Popular. Conferencia brindada en la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica en junio de 1986.

Informe del CC al XV Congreso del PVP. 14-17 de Septiembre de 1984.

Mora Valverde, Manuel. La crisis en el partido: discrepancias y lucha por la unidad. Documento presentado a consideración del XIV Congreso del Partido Vanguardia Popular.

Mora Valverde, Manuel, Carta al Comité Central del PVP. 5 de Septiembre de 1983. Biblioteca personal.

Entrevistas

Fallas, María Isabel.

Méndez, Hubert.

Miranda, Mercury.

Molina, Carlos.

Valerín, Clemencia.

Periódicos

Libertad, años 1983, 1984.

Libertad Revolucionaria, años 1983, 1984.

Libros

Indexaciones: Repositorio de Revistas UCR, DIALNET, Latindex, REDALYC Directorio y recolector de recursos digitales del Ministerio de Cultura de España, Directory of Open Access Journals.

Diálogos Revista Electrónica de Historia ISSN 1409- 469X. Número especial 2008. Dirección web: http://historia.fcs.ucr.ac.cr/dialogos.htm 2130

Contreras, Gerardo. La historia no es color de rosa. Ediciones Perro Azul. San José, Costa Rica, 2006.

Dobles, Ignacio y Leandro, Vilma. Militantes. Editorial de la Universidad de Costa Rica. San José, 2005.

Salom Echeverría, Roberto. La Crisis de la izquierda en Costa Rica.-1. ed. San José: Editorial Porvenir, 1987.

Zuñiga, Fernando. La División del Partido Vanguardia Popular. Tesis de Maestría. FLACSO. México, 1986.

Páginas Electrónicas

http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_furia_urgente.
http://deslinde.org.co/Dsl25/historia_y_lecciones.htm.

[1] Partido Vanguardia Popular.

[2] Mora Valverde, Manuel. La crisis en el partido: discrepancias y lucha por la unidad. Documento presentado a consideración del XIV Congreso del Partido Vanguardia Popular. Pág. 2.

[3] Ibíd. Pág 2.

[4] Ibíd. Pág 6.

[5] Ibíd. Pág 6.

[6] Ibíd. Pág 12.

[7] Mora Valverde, Manuel, Carta al Comité Central del PVP. 5 de Septiembre de 1983. Biblioteca personal.

[8] Operación Furia Urgente en Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_furia_urgente.

[9] Mora Valverde, Manuel. La crisis en el partido: discrepancias y lucha por la unidad. Documento presentado a consideración del XIV Congreso del Partido Vanguardia Popular. Pág. 12.

[10] Ibíd. Pág. 13.

[11] Ferreto, Arnoldo. Como y porque fue dividido el Partido Vanguardia Popular. Conferencia brindada en la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica en junio de 1986 y reproducido por la sección de Historia de la Cultura de la sede. Actualmente se encuentra en la biblioteca de la sede. Pág. 6.

[12] Earl Browder, Secretario General del Partido Comunista de los Estados Unidos quien planteó que capitalismo y comunismo podían coexistir pacíficamente y podía darse una co-ayuda entre clases antagónicas y por esto hizo disolver su partido.

[13] Ferreto, Arnoldo. Como y porque fue dividido el Partido Vanguardia Popular. Conferencia brindada en la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica en junio de 1986 y reproducido por la sección de Historia de la Cultura de la sede. Actualmente se encuentra en la biblioteca de la sede. Pág. 7.

[14] Ibíd. Pág. 11.

[15] Ibíd. Pág. 8.

[16] Ibíd. Pág. 15.

[17] Estos argumentos están plasmados en el Informe del CC al XV Congreso del PVP, realizado entre el 14 y el 17 de septiembre de 1984.

[18] Informe del CC al XV Congreso del PVP. 14-17 de Septiembre de 1984. Pág. 15. Biblioteca personal.

[19] Ibíd. Pág. 17.

[20] Ibíd. Pág. 18.

[21] Ibíd. Pág. 20.

[22] Ibíd. Pág. 27.

[23] Valerín, Clemencia. Militante fundadora de la primera célula del partido en el Colegio Superior de Señoritas en 1936 y militante del partido en Hatillos desde 1959. Entrevista realizada el viernes 18 de Noviembre de 2006 en la Ciudad Universitaria Rodrigo Facio.

[24] Valerín, Clemencia. Opus cit.

[25] Valerín Clemencia. Opus cit.

[26] Miranda, Mercury. Militante de la célula de la JVC en hatillo desde 1978, partidario de la tendencia de Manuel Mora. Entrevista realizada en el local del Partido del Pueblo Costarricense el 20 de Noviembre de 2006

[27] Molina, Carlos. Militante del PVP desde 1965 y militante de la célula de hatillo 4 desde 1970. Entrevista

[28] Molina, Carlos. Opus cit.

[29] Molina, Carlos. Opus cit.

[30] Fallas, María Isabel. Militante del PVP desde 1967, educadora y residente en hatillo 7 desde 1977. Entrevista realizada en la ciudad universitaria Rodrigo Facio el 10 de Noviembre de 2006.

[31] Fallas, María Isabel. Opus cit.

[32] Informe del CC al XV Congreso del PVP. 14-17 de Septiembre de 1984. Pág. 15. Biblioteca personal.

[33] Mora Valverde, Manuel. Opus Cit. p. 10.

[34] Mora Valverde, Manuel. Opus Cit. p. 11

[35] Informe del CC al XV Congreso del PVP. 14-17 de Septiembre de 1984. Pág. 20. Biblioteca personal.

[36] Ferreto, Arnoldo. Opus Cit. p 9.

[37] Zuñiga, Fernando. “La División del Partido Vanguardia Popular”. Tesis de Maestría. FLACSO. Mexico, 1986: p 37-38.

[38] Ferreto, Arnoldo. Opus Cit. p 6.

[39] Ibíd. p 13.

[40] Zúñiga, Fernando. Opus Cit. p 137.

[41] Juventud Vanguardista Costarricense

[42] Méndez, Hubert. Militante del PVP desde 1978 cuando fue promocionado por la JVC, miembro del comité central en el momento de la división. Entrevista realizada el 17 de Noviembre de 2006 en la Ciudad Universitaria Rodrigo Facio.

[43] Partido del Pueblo Costarricense

[44] Crisis en el partido y lucha por la unidad. Informe presentado en el XIV Congreso del PVP 20-23 de Marzo de 1984. p 9.

[45] Contreras, Gerardo. La historia no es color de rosa. Ediciones Perro Azul. San José, Costa Rica, 2006: p 178.

COSTA RICA: los partidos de izquierda y el decadente neoliberalismo

Por Carlos A. Abarca V.           

(Publicado por El Socialista Centroamericano el 05 Enero 2014)       

Este artículo no pretende abordar la historia política de Costa Rica, ni de las organizaciones de la izquierda. Lo escribo con el propósito de refrescar la memoria crítica e inconforme de la juventud, la clase trabajadora y demás sectores sociales que hoy reflexionan su decisión electoral en la contienda que culmina el 2 de febrero del 2014.                     

I. ANTECEDENTES HISTÒRICOS

La historia reciente de las luchas por el poder del Estado en Costa Rica irrumpe con el legado de la Guerra Civil de 1948 y el fallido levantamiento militar del Dr. Calderón Guardia, en 1955. Comprende las presiones de inversión pública lideradas por la burguesía agropecuaria, industrial y el comercio exportador; en vivienda, salud, educación y prestaciones sociales, dirigidas por los agentes de los partidos gobernantes a través de las instituciones estatales y las municipalidades, y las gestiones de bienestar ciudadano derivadas de luchas reivindicativas de diferentes sectores de la sociedad.   

La distribución de la riqueza social como gran logro del Estado reformista fue, además, resultado del ascenso de las luchas sociales; de las protestas, huelgas y demandas del magisterio nacional, empleados estatales, el proletariado bananero, los obreros de la manufactura y los consumidores de servicios públicos. En esa dinámica de conflictos y conciliaciones, la sociedad civil adquirió de nuevo tesitura política y electoral, después de la Guerra Civil.

La constitución de 1949 otorgó derechos electorales a las mujeres y a la población negra. Poco después se redujo de 21 a 18 años la edad para ejercer el derecho al voto y la participación de la población joven en actividades políticas. Desde 1953 se reorganizó el movimiento sindical obrero y campesino en la Confederación General de Trabajadores. Desde 1955 se formaron las juntas progresistas comunales y otras confederaciones sindicales que se vincularon al PLN. Entre 1960 y 1970 surgieron nuevas agrupaciones obreras, de estudiantes, campesinos y sectores ciudadanos, las cuales se adscribieron en buen número a los emergentes partidos políticos de izquierda.   

En tercer lugar, el tema del Estado reformista es inseparable de las repercusiones de la coyuntura económica y política en los liderazgos, composición y estructuras de los partidos, así como en las instituciones ideológicas y consensuales organizadas por la burguesía local en alianza con los intereses de los Estados Unidos en Centroamérica. Entre esos momentos de cambio resaltan la revolución cubana, la crisis del mercado común centroamericano, el alza de precios del petróleo desde 1971, la depresión económica de 1973-1975, la derrota militar y política de la dictadura somocista, el auge de movimientos revolucionarios en El Salvador y Guatemala, y la depresión capitalista de 1979-1983.

En el seno de esas alarmas se fraguó la fusión de los intereses del capital financiero e industrial con la política exterior de los Estados Unidos y Europa, y se lanzó la ofensiva imperialista que exigió a los Estados latinoamericanos el pago de las deudas externas e impulsó un comercio mundial sin restricciones nacionales, proteccionistas. El neoliberalismo forzó la reducción de las inversiones en bienestar social para subsidiar la reproducción y circulación del capital e impuso los ajustes de estructuras que arrasaron con las políticas de sustitución de importaciones, vigentes entre 1960 y 1980. Un antecedente estructural del neoliberalismo fue la revolución en la tecnología microeléctrica que unificó las industrias de telecomunicaciones, informática y automatización. A ese cambio se integró la biotecnología aplicada en farmacología, ingeniería genética, el cultivo de tejidos, industria alimenticia, minería y medio ambiente.

El neoliberalismo, la fase contemporánea del capitalismo imperialista, se convirtió en un sistema global cuando adquirió hegemonía política mundial a raíz de las transformaciones en la URSS y el desmembramiento de los países socialistas de Europa Oriental, durante los gobiernos de Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin (1985-1991). A partir de entonces, Estados Unidos y Europa a través de la OTAN se encontraron sin competencia militar y retomaron la ofensiva neocolonialista con las guerras regionales en Europa balcánica, el Medio Oriente, Asia y Àfrica.

En ese contexto adquieren relevancia en Costa Rica, los impedimentos de los gobiernos para avanzar el desarrollo de políticas sociales de interés popular. Surgieron contradicciones en el bloque político detentor del poder por medio de los partidos Liberación Nacional y diversas coaliciones del liberalismo tradicional. Se configuraron nuevas corrientes ideológicas y partidos de izquierda, cuyo itinerario histórico ha concordado con los objetivos de las luchas sociales en relación con el reparto de la riqueza nacional y para encauzar las instituciones del Estado hacia metas de desarrollo con sentido ético, equidad en la propiedad y reparto de la riqueza y soberanía nacional.

En particular, porque desde 1983 el bipartido PLN-PUSC controló el poder del Estado. En momentos, adoquinado con los ajustes estructurales que diseñaron e impusieron a los gobiernos el FMI, el BM, el BID y el capital transnacional. En otros, enfangado por la corrupción descarada de conductores de esas políticas como Rafael A. Calderón Fournier, José María Figueres Olsen y Miguel Àngel Rodríguez, en mafiosa colaboración con políticos y empresarios ligados a algunas instituciones autónomas y a la banca transnacional.

En consecuencia los gobiernos del PLN- PUSC de los últimos 30 años abandonaron el reformismo; no así la intervención del Estado a favor de la reproducción sin fronteras del capital. Viraron al ala derecha del liberalismo, alimentaron la ingobernabilidad, agudizaron las luchas sociales, la desconfianza en los poderes del Estado y sus instituciones, y el descontento político. De ahí que, lentamente se fue abriendo el horizonte para la reformulación radical de la dominación neoliberal bajo liderazgo de nuevas y jóvenes expresiones del espectro político de centro e izquierda; en competencia, aún sin confrontación, con quienes militan en la extrema derecha de la política.        

II.- EXCLUSION DE LOS COMUNISTAS Y RUPTURAS EN EL P.L.N.   

En Costa Rica, entre 1949 y 1979 se avanzó otra fase del Estado Benefactor, con sustento en el Capítulo V de la Constitución. Este período difiere en cuanto al fundamento ético e ideológico de los cambios sociales y laborales que se institucionalizaron entre 1941 y 1948. En los artículos del capítulo V, las garantías sociales se perciben a distancia del concepto republicano y socialista que las legitimó inicialmente. Ahora se sustentan en la doctrina keynesiana del Estado Interventor o Estado Benefactor. Ya no se apela a una ética política, a los principios de doctrina social católica, ni del socialismo; sino a la evolución de las estructuras y las relaciones económicas de la sociedad capitalista que determinan la distribución de la riqueza social. 

La doctrina liberal clásica consideró las necesidades sociales básicas y de las clases trabajadoras, en la noción «interés general de la nación» y priorizó el crecimiento de la producción en el agro y la industria. En los años 40, ese tema de política económica generó la confrontación entre los republicanos liberales de izquierda, los comunistas y los socialdemócratas; porque éstos conciben las garantías sociales como parte del Estado de Derecho y las subordinan al crecimiento de la producción privada con mediación estatal a favor de la acumulación capitalista.

Para ellos, las cuestiones de Estado son temas seculares de tipo jurídico y político. Por principios derivados del dogma de la preservación inalterable de la propiedad privada de la tierra, la banca y las empresas productivas, los socialdemócratas rechazan las tesis marxistas sobre la sociedad y las finalidades del Estado. De ahí que, vencedores en la Guerra, ilegalizaron al Partido Vanguardia Popular y han menospreciado las alianzas políticas con los movimientos socialistas y los partidos marxistas. http://www.monografias.com/trabajos62/costa-rica-reformas-sociales/.shtml#ixzz2nUJu9SwD

El Decreto Ley No. 105 de la Junta de Gobierno y el Artículo 98 de la Constitución de 1949 ilegalizaron al PVP y los sindicatos campesinos, obreros y del sector público afiliados desde 1943 a la Confederación de Trabajadores. Los comunistas, que en 1947 sumaban unos 12.000 militantes vanguardistas, solicitaron inscribir el Partido Nacional Democrático para las elecciones de la Asamblea Constituyente, pero el 16 de agosto de 1949 el Tribunal Electoral desacreditó la pretensión. En 1950 insistieron en legalizar al PVP y fueron excluidos por la Ley No. 1191 del 1 de agosto del mismo año. 

En 1953 los vanguardistas hicieron actividad electoral como Partido Progresista Independiente, con el candidato Joaquín García Monge. De nuevo fueron proscritos por Ley No.1608 del 16 de julio. En 1957 propusieron la denominación Partido Unión Popular y en 1958 el Partido Socialista Costarricense, con Fabián Dobles como candidato. Las dos iniciativas fueron anuladas por la Ley No. 2788 del 20 de julio de 1961. Por ello, en 1962 apoyaron al Partido Acción Democrática Popular, liderado por Enrique Obregón Valverde, un liberacionista de izquierda y por el periodista Julio Suñol, miembro de la Sociedad de Amigos de la Revolución Cubana. El PADP obtuvo en 1962 el 0.9% votos para Presidente y 2.5% para diputados. (Gutiérrez, 1984:68).

En 1966 los comunistas presentaron al Tribunal el Partido Acción Popular Socialista con el candidato Marcial Aguiluz Orellana, disidente del PLN. Simultáneamente, Manuel Mora Valverde, secretario general del PVP, expresó públicamente sus simpatías por el candidato Daniel Oduber. Ese año el PVP celebró el X Congreso y constató un apreciable crecimiento. La composición social del partido mostraba un 43% de militantes de extracción obrera y campesina, 57% personas de la clase media, el 80% hombres y el 20% mujeres. (Gutiérrez, 1984:72)

En 1969 se negó el registro electoral de los vanguardistas, como Bloque de Obreros Campesinos e Intelectuales, presidido por Eduardo Mora Valverde. Ese año, Marcial Aguiluz inscribió el Partido Acción Socialista (PASO) el cual fue aceptado por el Tribunal y la Asamblea Legislativa, ante el dilema de ilegalizar dos partidos en un mismo proceso de elecciones. El PASO obtuvo el 5.5% votos para diputados. Eligieron 12 regidores municipales y llevaron a la Asamblea a Manuel Mora Valverde y a Marcial Aguiluz O. Los dos presentaron el Proyecto de Ley contra el Art. 98 de la Constitución. Cuatro años después el Plenario no había tramitado el proyecto. El PVP tenía 1.023 militantes en 1970. http://www.estudiosgenerales.ucr.ac.cr/estudios/no22/papers/iisec1.html

En las elecciones de 1974, los vanguardistas participaron y fueron electos diputados Eduardo Mora Valverde y Arnoldo Ferreto Segura, a pesar que aún regía la proscripción de los comunistas. Como fracción parlamentaria el PVP defendió leyes, como la expropiación de Osa Productos Forestales; eliminación de los Contratos-Ley de la Constitución; reforma a la Ley de la zona marítimo-terrestre; la Ley de Prohibición de Pesca en Aguas Patrimoniales del Estado; la creación del Parque Nacional “Manuel Antonio” en Quepos; reforma a la Constitución para derogar el párrafo segundo del Art. 98 y legalizar al PVP y otras fuerzas de izquierda activas en ese momento.

De modo que los vencedores de la Guerra Civil modularon el Estado Benefactor sin competencia electoral socialista, sin movilizar a sus bases sociales y con el fin de no contrariar los requisitos para la acumulación y reproducción del capital; sino más bien, para complementarlos atendiendo la necesidad de racionalizar la reproducción de la fuerza de trabajo. Ejercieron coacción y represión contra las voluntades reformistas de corrientes ciudadanas no liberacionistas. Y, a pesar de eso, otros hechos malograron la consistencia de su experimento reformista. Entre ellos, las rupturas de consensos y las fisuras entre los partidos gobernantes; los alineamientos con los intereses de los Estados Unidos; las diferencias con respecto al sindicalismo y sobre las funciones políticas de las organizaciones sociales y sus liderazgos populares.   

Las discontinuidades y estancamientos en los programas de reforma social se acentuaron en sincronía con otros acontecimientos. En el plano sindical, el rechazo a las autoridades eclesiales y el aval a la influencia sindical peronista. En la gestión de gobierno, el apego a los programas de la Alianza para el Progreso y el Mercado Común Centroamericano, estrategias de los Estados Unidos no siempre en concordancia con los objetivos de la Comisión Económica para América Latina o las orientaciones de la Internacional Socialdemócrata al PLN. En el campo internacional, el seguidismo a las directrices de la ONU, la OEA y las agencias regionales del gobierno norteamericano o de la Unión Europea, sin ponderar particularidades sociales, políticas y culturales de la historia nacional.       

Los partidos Unión Nacional (Ulatista) Unificación (Echandista) y otras facciones opositoras a los gobiernos del PLN carecían de asideros reformistas y renegaron los compromisos históricos con el “caldero-comunismo” de los 40. Eran agrupamientos elitistas más que partidos políticos contralores; liderazgos que envejecían políticamente, sumas de electores y pocos militantes orgánicos que disfrutaban puestos y prebendas en los gobiernos del PLN. Sólo a finales del setenta lograron alguna cohesión con el liderazgo de José Joaquín Trejos y Rodrigo Carazo Odio. Por esos años surgió también el Partido Demócrata Cristiano, con muy poco desarrollo

En las tiendas del PLN las escisiones afloraron desde 1958. Algunos rechazaban el caudillismo autoritario de José Figueres y el relevo de candidatos a Presidente de la República con criterio de comandos militares. Censuraban el abandono del ideario socialdemócrata. Resentían los fraudes electorales en las convenciones. Demandaban diferenciación social e ideológica con respecto a los liberales republicanos y los “mariachis”. Las “inconformidades” resquebrajaron al Partido.

Jorge Rossi creó en 1958 el Partido Independiente. Enrique Obregón Valverde fundó el Partido Revolucionario Independiente, en 1962. Rodrigo Carazo acogió desde 1964 la doctrina social católica y Benjamín Núñez, con el mismo libreto, redactó en 1968 los Documentos de Patio de Agua. El texto legitimó las fisuras. Nacieron el Grupo 70 y la fracción legislativa independiente que lideró Frank Marshall Jiménez con conceptos de ultraderecha. En esas deserciones, unos fundaron el Partido Socialista, el Partido Demócrata Cristiano o se acercaron a Vanguardia Popular.

Carazo abandonó el Partido Liberación en 1969 y con José J. Trejos fundó la Alianza Nacional Cristiana en 1972 y el Partido Renovación Democrática en 1974. Cuatro años después, el Partido Liberación vivió la primera gran derrota histórica con la presidencia de Carazo Odio y su proyecto de abandonar el paternalismo de Estado, combatir la corrupción, dignificar la política, defender la soberanía frente al FMI y fortalecer la identidad nacional con un ideario anticomunista, socialcristiano y liberal demócrata, divulgado por el Partido Unidad. (Abarca V. 1995: 38-40)

III.- RENACIMIENTO Y DISPERSIÓN DE LA IZQUIERDA ESTUDIANTIL

Otros cambios removieron la conciencia histórica, actualizaron ideologías y conceptos, ampliaron temáticas y metodologías de acción política en relación con la transformación social, consecución de la soberanía nacional y satisfacción de aspiraciones socialistas. Una vez más, la juventud universitaria y liceísta, magisterio, intelectuales y sectores de clase media irrumpen en varios escenarios políticos, tres décadas después de la exitosa alianza de republicanos y vanguardistas y del Partido Socialdemócrata que fundaron el Centro de Estudios de los Problemas Nacionales y José Figueres Ferrer.   

Entre 1960 y 1970 una intensa agitación gravitó en México, Centroamérica, el Caribe y el Cono Sur. La aureola de soberanía y justicia social irradió de la revolución cubana, de la estrategia insurreccional del proyecto OLAS y el heroísmo del Che Guevara en Bolivia; acompañó a los emergentes movimientos revolucionarios urbanos europeos y de América Sur, las luchas de descolonización y las agendas autonomistas de los Países No Alineados. La viabilidad de la paz mundial afloró en la iniciativa soviética de distensión en la Guerra Fría y de congelamiento de la carrera nuclear, en contexto de multitudinarias protestas contra la guerra imperialista en Viet Nam.

Esa atmósfera envolvió las academias y fue referente de identidad política de una generación de intelectuales, estudiantes y habitantes urbanos. A fines de los 50 la juventud crítica se declaraba admiradora del Movimiento 26 de Julio y se acercaba a los Amigos de la Revolución Cubana.

En 1963 un grupo formó el Partido Revolucionario Auténtico (PRA) el cual fue otro polo de atracción de quienes radicalizaban ideales y criticaban el comunismo ruso. El PRA lo integraron entre otros: Sergio Eric Ardón, Otto Castro Sánchez, Álvaro Montero Mejía, José Francisco Aguilar Bulgarelli, Guillermo Arce, Jorge Arturo Camacho, Juan Antillón, Guillermo Joseph y el “Chino” Vargas. En la campaña del 62 apoyaron al Partido Acción Democrática Popular y forjaron vínculos con militantes disidentes del PLN y del clero católico. (Iglesias, 1984: 109).

Otra corriente apareció en 1961. Ese año el estudiante Rodolfo Cerdas Cruz fundó en la UCR la Juventud Socialista, vinculada al PVP, ilegalizado. Cerdas se propuso eliminar la tutela comunista y hubo divergencias de fondo con la dirección del partido. En un viaje a la URSS, entró en relaciones con la embajada China, cuando los maoístas rompían con los comunistas-leninistas. Expulsado del PVP en 1969, con el apoyo del comunismo chino se dedicó a elaborar la letra de una “nueva democracia” y un “nuevo bloque revolucionario de cuatro clases”. (Cerdas, 1981:99-138). A raíz de las protestas estudiantiles del 24 de abril de 1970 contra de la aprobación del Contrato Ley con la transnacional ALCOA, la agitación estudiantil le dio tema y ocasión para atacar al PVP y fundar el Frente Popular Costarricense (FPC). (Mayer, S., 1984: 141).

Las protestas contra ALCOA movilizaron más de 50.000 universitarios y liceístas y remiten al repunte del movimiento estudiantil y los partidos de izquierda. En ese campo fértil cuajaron otras corrientes de pensamiento marxista y las organizaciones políticas: Frente Popular (FP) Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP) y el Partido Socialista Costarricense (PSC). El PVP no capitalizó de inmediato la rebeldía estudiantil. Estaba involucrado en acciones sindicales y electorales. (Ruiz, A. 1984: 126).

En esos años se formó un grupo de discusión de los problemas nacionales que llenó un vacío de pensamiento crítico ante la ausencia de respuestas del PVP. En 1971 fundaron una organización de estudiantes, alternativa a la JVC, con Rodolfo Cerdas, Pablo Azofeifa, Álvaro Montero M., Eduardo Dorian, Nelson Gutiérrez Espeleta, Daniel Masís, José Ml. Arroyo, Roberto Hidalgo, María Eugenia Trejos y Álvaro Soto. De ahí nació el Frente Amplio Estudiantil Nacional (FAENA) el cual se presentó como “la única organización de la izquierda patriótica y antiimperialista”.

En tercer lugar, el 11 de abril de 1972 se fundó el Partido Socialista Costarricense (PS); aunque funcionaba como grupo desde 1971 presidido por Álvaro Montero M. -fundador del PRA- Enrique Obregón Valverde, José F. Aguilar Bulgarelli, Arnoldo Mora, Rodrigo Gutiérrez S. y Alberto Salóm E. Con el logotipo de la hormiga, el PSC se opuso a la línea política del MRP y se dedicó a disputar espacios al PVP generando pugnas de representatividad política y sindical. Su base social arraigó en universidades, empleados públicos, obreros y campesinos, y grupos de católicos. Fue exitosa la creación de la Juventud Universitaria Socialista (JUS). En 1975, en coalición con otras fuerzas eligieron a Alberto Salóm, Presidente de la FEUCR y la JUS fue un fuerte componente de la Unidad para Avanzar (UPA). (Ruiz, Á. 1984: 125-128)

El Movimiento Revolucionario Auténtico (MRA) en parte heredero del PRA, surgió en enero de 1970. Ese año ganaron presencia en los episodios de ALCOA pues ocupaban el directorio de la Asociación de Estudiantes de Estudios Generales. De ahí surge el Frente Estudiantil del Pueblo (FEP) “siguiendo la línea de construcción de frentes que desarrolló el MIR en Chile”. Al año siguiente, una escisión originó el Movimiento de Acción Revolucionaria Socialista (MARS) y poco después sus dirigentes Hubert Méndez, José Picado, César Solano, José Merino y Oscar Madrigal se adhirieron al PVP. El otro sector del FEP fundó el Frente Obrero del Pueblo (FOP), en competencia con el Movimiento Iglesia Joven (MIJ). 

Otra división del MRP dio lugar al Bloque 24 de Abril, poco antes de las elecciones nacionales de 1974. Después vino la fractura en el Movimiento Estudiantil Católico (MEC). Más repercusión tuvo “la escisión militar” provocada por algunos estudiantes que, años más tarde, organizaron “el Grupo La Familia” a raíz de las quemas de unos autobuses. Esa acción fue condenada por el MRP, a pesar de que tenían información de la “Operación Miguelito”. En 1981, un comando del grupo la Familia se involucró en una acción contra la embajada americana en San José. A raíz de esto hubo un tiroteo y murió un policía. Fueron apresadas Viviana Gallardo y otras dos muchachas. Estando en prisión, un amigo del policía fallecido, el Cabo Bolaños, asesinó vilmente a Viviana para vengar la muerte del compañero.

La siguiente ruptura del MRP la provocó un grupo influido por el trotskismo. Salieron dos miembros de la dirección y con otros militantes acogieron como guía revolucionaria las obras de León Trotsky. Ante esa actitud, la dirección apeló a los estatutos y a medidas disciplinarias. Surgió el grupo leninista-trotskista internacionalista (LTI) y otro que ingresó a la Tendencia Mayoritaria Internacional (TMT). (Iglesias J. 1984:114-116).

En la campaña electoral de 1986 se presentaron como Organización Socialista de los Trabajadores (OST), en 1990 como el Partido de los Trabajadores en Lucha (PTL) y en el 2002 como Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). En las elecciones de 2010 se aliaron con el PVP liderado por Humberto Vargas Carbonell.

EL MIJ fue una opción radical de cristianos de izquierda que surgió inspirada y legitimada por el Congreso de Medellín (CELAM) de 1968. El evento estimuló la formación de organizaciones con compromiso político cristiano. Su líder, ejemplo de revolucionario, fue el sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo. En CR, el MIJ acuerpó a los partidos de izquierda; no tuvo independencia, estructura política de alcance nacional, ni realizó acciones de organización popular. Tampoco despegó un movimiento social cristiano radical. Al crearse el FOP, se enlazaron al MRP. Aportaron “gente fresca que se sumó a las aventuras militaristas y trató de atraer a obreros de la industria”. (Iglesias, J. 1984: 109-113).

En la UCR, desde 1967 el Frente de Acción Universitaria (FAU) imprimió al movimiento estudiantil y a la FEUCR un compromiso solidario internacional y nacional, y mayores vínculos con las luchas populares. En 1969, por acción del FAU y de la FEUCR se realizó un Seminario sobre el Contrato de la ALCOA y se organizó la protesta permanente en la Asamblea Legislativa. http://www.ticovision.com/cgi-bin/index.cgi?action=viewnews&id=12709

En 1970 el FAU, ligado al PVP a través de la JVC, era la única organización de izquierda aunque con poca fuerza electoral. En abril de 1972 se formó la Unidad Estudiantil de Izquierda (UNEI) una alianza de la JUS, ligada al PSC, el Frente Estudiantil del Pueblo (FEP), extensión del MRP, y la JVC. Ganaron la dirección de la FEUCR con un crecimiento de más de 1.000 votos. El grupo estudiantil del PVP se separó de UNEI en mayo de 1973 y se unió al Movimiento de Acción Revolucionaria Socialista (MARS) para formar el Frente Amplio Universitario (FAU). (Gutiérrez, 1984:72).

Para las elecciones de la FEUCR de 1974, el PS y el PVP, con la papeleta Unidad para Avanzar (UPA) llevaron a Alberto Salom a la Presidencia. Obtuvieron 5.200 votos. Al año siguiente UPA obtiene otra vez el triunfo, pero con una baja de casi 2.000 votos. El FEP-MRP se negó a formar parte de la alianza y solo obtuvo 204 votos en 1974.

FAENA no formó coaliciones con la izquierda. Creó el Frente Estudiantil Mayoritario (FAM) con actividad en las sedes regionales de la UCR y facultades. En San Ramón nació el JIRU, Juventud de Izquierda Regional Universitaria, en la UNA el grupo Patria Joven. En 1972 presentó de candidatos a Eduardo Dorian y Pablo Azofeifa. Obtuvieron menos de 1.000 votos. En 1973, tuvieron buena presencia en las luchas por el presupuesto universitario y contra la Ley del Oleoducto. Se abstuvieron de participar en las elecciones de 1974 y apoyaron a UPA, la cual ganó el directorio de la FEUCR. En 1976 formaron el grupo Bases Universitarias Organizadas (BUO) y obtuvieron 3.000 votos. BUO viró a la derecha, dirigido por Federico Flores. Desaparece en 1979 y con él, FAENA. Hubo un “sucesor”: el grupo Liga de Asociaciones Solidarias (LAZOS). En sus mejores tiempos FAENA a lo sumo integró a 50 militantes. (Mayer, 1984:151-152)

Los años 1974-1976 fueron de auge de la izquierda universitaria. UPA se mantuvo en el directorio, hasta 1976, año que marcó la derrota de la izquierda. (Gutiérrez, 1984:73). En 1977 Fernando Coto, hijo del Presidente de la Corte de Justicia, magistrado del mismo nombre, dirigió la derrota de la izquierda estudiantil con su carapacho, danzas alucinógenas y triviales posiciones de derecha.

IV.- UNIDAD Y RUPTURAS EN LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA

Entre 1949 y 1975, el Partido Vanguardia Popular dedicó sus esfuerzos a la actividad política para la consecución de legalidad electoral, el trabajo parlamentario y a la articulación de sus militantes con las luchas sindicales, agrarias, estudiantiles y en organizaciones comunales. Sus diligencias fueron marginales entre las clases medias económicamente activas. Ideológicamente, después del período estalinista y con la consolidación de Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev en el PC-URSS (1956 y 1982) se proclamó el “triunfo inevitable del socialismo sobre el capitalismo”.

En consecuencia, el PVP de los años 60-70 percibió que su función era contribuir con el desarrollo del capitalismo, más que luchar por la revolución. Propició “la vía pacífica al socialismo” en Costa Rica, (Ferreto, S.1981: 176) con rechazo explícito de la lucha armada; sin ponderar el impacto del apogeo de la Revolución Cubana, el avance de las actividades insurgentes del FSLN contra la dictadura somocista y la constitución en el país del PRA-MRA.

Sin embargo, desde 1968, ante los esperanzados aires de libertad y rebeldía de las juventudes a nivel mundial, el PVP consideró que debido a los cambios “en la correlación de fuerzas”, en Costa Rica era posible instaurar el socialismo sin agotar el desarrollo capitalista. Manuel Mora resaltó que en un gobierno del PLN podría surgir alguna resistencia al imperialismo. Reconoció el esfuerzo de Figueres, favorable a los cafetaleros, de abrir relaciones diplomáticas con la URSS y otros países socialistas, “señales claras de nuestra vía no capitalista en la transición al socialismo”. (Gutiérrez 1984: 67-69).

En perspectiva de acontecimientos futuros, esas tesis “consolidaron el “morismo” dentro de la izquierda vanguardista, aunque sus nuevos militantes se formaron en oposición a esa ideología. (Gutiérrez 1984:70). En posición hegemónica, el sector del partido afín a Manuel Mora retomó la tesis del “comunismo a la tica” enunciada entre 1936 y 1946, la cual había originado discrepancias. En 1949, Arnoldo Ferreto, Secretario General interino debido al autoexilio de Manuel Mora, documentó la autocrítica en relación con las posiciones políticas del partido en la coyuntura de 1943-1946. Esas censuras las formuló de nuevo en otros momentos, pero sin repercusión en el Comité Central del Partido. (Montero V. 2013:163-164 y 177)

Mientras tanto, la invasión norteamericana de Bahía Cochinos, la crisis de los misiles nucleares y la exacerbación del conflicto Cuba-URSS, hasta 1968, condimentaron rebeldías y suministraron en parte las ideas que originaron la “teoría del foco guerrillero”. Esquemáticamente: se considera que la izquierda debe construir una columna militar con el objetivo de agudizar las contradicciones sociales y políticas. Dado que las “condiciones objetivas” están dadas para la revolución, la guerrilla debe desarrollarse para forjar claridad y madurez en la conciencia revolucionaria. La propaganda y la organización de los trabajadores deben satisfacer ese objetivo. El frente militar operaría en terrenos de difícil acceso con acciones legítimas, como boicotear la producción y golpear las instituciones represivas, de modo que el conflicto social se polarice y facilite el asalto al poder. (Iglesias J., 1984: 110-111)

El “foquismo” lo adoptaron algunos movimientos revolucionarios que se apartaron de los PC en el período del pacifismo soviético. En Costa Rica lo acogió el PRA y luego el MRP. Colaboraron con el FSLN y participaron en la excarcelación de Carlos Fonseca Amador, del cuartel de Alajuela. Después de ese acto el PRA desapareció. El MRA, primero y luego, el MRP crecieron entre 1970 y 1976. Abordaron el financiamiento “realizando actividades selectivas, no comprensibles por el pueblo y en las que puso en peligro a cuadros muy especializados (…)

En una ocasión la tercera parte del partido cayó en prisión (…) En el secuestro de “Cuco” Arrieta fueron apresados otros militantes. (Iglesias, 1984: 120). El profesor Patrocinio Arrieta Leiva ocupó la Jefatura de Educación Primaria en 1924-25 y como tal presidió la Sociedad de Socorros Mutuos del Magisterio. Adquirió fama como prestamista (“cuando aprieta, Cuco Arrieta…”) y como víctima del primer secuestro político en Costa Rica. Era propietario de una vivienda que adquirieron unos chinos e instalaron el Restaurante Tin Jo, en el Paseo de los Estudiantes. Después del suceso, “Cuco” colaboró con dinero para el MRP.

En esas circunstancias “los Cucamaros”, por analogía con los “Tupamaros” de Uruguay, no participaron en las elecciones de 1974. Organizaron a pequeños productores de caña de Grecia, crearon el Sindicato de Trabajadores de Coope-Victoria y dirigieron la huelga de 1975. A finales de 1976 trabajaron con el PS y a mediados del 77 dialogaron con el PVP con miras a un trabajo sindical y electoral conjunto. Uno de esos acuerdos creó la alianza MRP-PS y AVANCE, sindicato que, junto con LUCHA (PVP), desalojó al FP de la dirección de ANEP. (Iglesias J. 1984: 117)

Entre 1979 y 1983 se mantuvo la alianza AVANCE pero unida al MT-11 de Abril, grupo que surgió de una escisión en el PS. En 1981 AVANCE se alía a sectores del PLN para enfrentar a LUCHA (PVP) y perdió la dirección de ANEP. “Entregaron el sindicato completamente sin fondos…al PVP”. Ante la iniciativa de los vanguardistas de formar la Confederación Unitaria de Trabajadores (CUT) (Ferreto 1981: 195) en 1979, el MRP se aisló y trató de conservar la dirección de ANEP. De nuevo son derrotados en 1982 y entonces conformaron un eje con el sector del PLN afín a Daniel Oduber, para lo cual, el Ing. Rolando Araya Monge fue puente y argamasa.

En 1983, en el III Congreso del MRP reconocen que AVANCE se mantuvo en la ANEP con los recursos del MRP. Afirman que “legalizaron” la manipulación y la burocracia, sin dirección colectiva y sin claridad política (…) sin generar cuadros que reprodujeran la organización”. Consideran que predominó un accionar político voluntarista y parcial por parte de algunos dirigentes. Después lograron convencer a sus activistas para que convirtieran el Partido en un sindicato. Pero en 1984 le piden a sus afiliados que abandonen AVANCE y reingresen a la ANEP, porque el MRP intentaría ganar la dirección, en alianza con el PVP- grupo Manuel Mora, contra el PVP-Vargas Carbonell, que ese año dirigía la ANEP.” (Iglesias, J. 1984: 118-122)

El MRP, creció en sectores obreros. En 1979 organizaron y dirigieron otra huelga, esta vez, en la Central Azucarera del Tempisque S.A. (CATSA), “una de las más heroicas y combativas que se recuerdan en Guanacaste”. Se suspendió para negociar cuando el movimiento estaba en auge y la patronal logró romper la huelga con ayuda policial”. Ese año crearon sindicatos en FERTICA, Hospital Monseñor Sanabria, estibadores del muelle de Limón y en una fábrica de calzado, en Alajuela. Aquí condujeron otra huelga. Dirigieron además la huelga en la fábrica Pozuelo. Esa protesta tuvo repercusión por la organización de las obreras. Pero se desgataron en una campaña contra el consumo de galletas que no beneficiaba a las trabajadoras en huelga. Después de esas luchas crearon organizaciones campesinas. En Limón, San Carlos, Puntarenas, Miramar, Tenorio y Guácimo dirigieron ocupaciones de tierras y formaron el sindicato UPAGRA.

La presencia del MRP en Pueblo Unido (PU) fue opacada por el PVP, pues hacia 1982 PU era identificado por la mayoría de los ticos, como Vanguardia Popular o “los comunistas”. Lejos de diferenciarse, siguiendo con la línea militar, el MRP colocó su gente en puestos claves que le dieran acceso a sectores que no podían organizar por sus medios. Se quedó en la coalición PU, disfrutaron de la deuda política y de la diputación de Sergio Eric Ardón, en el gobierno liberacionista de 1982-1986.

El MRP realizó tres congresos. El primero en 1977, de cara a las elecciones. El segundo en 1980, en el punto más alto de actividad. Influido por el auge revolucionario en CA, dieron por un hecho la “madurez” de las condiciones para realizar la revolución en Costa Rica. Copiaron esquemas de organización de las FPL de El Salvador y del EGP de Guatemala. Mejoraron la preparación militar de sus militantes. Acordaron pasar a la clandestinidad y trabajar entre las masas para “poner en crisis el proyecto burocrático y economicista de la CUT, propuesta por el PVP.

En el tercer congreso, en 1983, ya había mucha deserción al punto que “ese Congreso aceptó la ruptura y definió quién heredaría el partido “oficial”. El grupo perdedor, dirigido por Otto Castro S. y Rolando Barrantes se dedicó a construir la Alianza Patriótica, la cual sufrió otra ruptura. El resto del grupo, con el nombre del partido, tampoco avanzó. La mayoría de cuadros del MRP rompió con ambos sectores. “En este momento el partido son dos personas: José Fabio Araya Monge y Sergio Eric Ardón. (Iglesias, 1984:119-122). El MRP y el FEP se esfumaron en el gobierno de Luis Alberto Monge.

El Partido Socialista Costarricense, otra agrupación de la “nueva izquierda”, trató de insertarse en varios frentes como las universidades, empleados públicos, zonas obreras y campesinos, y entre grupos de cristianos católicos. “La Hormiga” participó en la campaña nacional de 1973-74, una labor decisiva para su despegue político. Aportó ante todo “equipo joven, fresco y voluntarista y un tremendo empirismo”. No desarrollaron polémica teórica, ni metodológica con el PVP, ni con el MRP. Más que partido, fue la suma de personalidades en un grupo con experiencias y trayectorias heterogéneas; en un principio, alrededor de Álvaro Montero Mejía y Alberto Salom.

Desde 1974 la JUS en coalición con otras fuerzas fue el motor la Unidad para Avanzar (UPA) que dio a la izquierda la representación de la FEUCR. En los empleados públicos, en 1975, su trabajo dio a luz a la FENATRAP, desplazando a dirigentes de la CCTD, afín al PLN. Ese año organizaron campesinos de la Colonia Chambacú, en San Carlos. En fábricas y comunidades dirigieron una movilización contra el alza en las tarifas de buses en 1976, “la manifestación popular más importante de los años 70”. En el SINDEU cedieron ante el PVP. Entre los empleados públicos, el MRP los superó.

Los socialistas celebraron el primer congreso en octubre de 1972. Elaboraron el Programa de 21 Puntos, base de la campaña de 1974. El segundo Congreso se realizó en 1976. Ese año, la huelga del ICE les deparó éxito político, a pesar que fue derrotada y constituyó un golpe casi mortal para ASDEICE; aunque consagró figuras como Mario Devandas y el Ing. Alfaro. El PS creció entre los trabajadores de la caña, obreros, intelectuales y profesionales. Dirigieron la huelga de la caña en SITRATUVI, en Juan Viñas, y lograron puestos en el SINDEU. En las comunidades se sumaron al modelo de desarrollo comunal de la DINADECO. Entre 1974 y 78 ganaron presencia nacional.

En 1976 el PS propuso la unidad electoral con el PVP y el MRP. Se formó la coalición Pueblo Unido (PU) que obtuvo el 7.8% en las elecciones del 78 y tres diputados, en ellos Mario Devandas. Pero el partido fue absorbido por el PVP. La crisis en la dirección surgió en febrero de 1978 y se formaron dos facciones. Un grupo dirigido por Romano Sancho, Manuel Solís y Oscar Núñez, al perder la batalla legal por el nombre y el patrimonio del partido, fundaron el MT-11 de Abril. El PS “oficial” se lo dejaron Mario Devandas, Alberto Salom, Álvaro Montero y Arnoldo Mora.

La coalición PU no fue causa de la escisión del PS. En 1978 el partido catalizó un sector electoral no comunista, afín a la izquierda marxista. En PU, un equipo del grupo Montero – Devandas participó en la campaña de 1982. Álvaro Montero fue diputado “artificialmente”, por un pacto con el PVP. En 1982 Mario Devandas abandonó el partido con otros para conformar el núcleo, CANDIL. No lograron encender la mecha.

En síntesis, “el PS fue una experiencia política que, igual a otros partidos de izquierda, expresó los síntomas de la descomposición política del bloque dominante”, las angustias de sectores de la clase media alta y las utopías estudiantiles. Las divisiones del PS no generaron emigración al PVP. En 1984 algunos socialistas participaron en las elecciones con el nombre de Alianza Patriótica. El grueso del partido se negó a conciliar con el Comité Patriótico Nacional (COPAN) fundado y dirigido por Fausto Amador. (Ruiz, A. 1984: 125-133). El ex cura Arnoldo Mora fue cooptado por el PLN. 

El Frente Popular (FP) fue otra organización del abanico de izquierda. Para las elecciones de 1970, Cerdas formó el Frente Revolucionario Nacional, después llamado, Frente Popular Costarricense. “Figueres dio fuertes apoyos económicos al FP y al grupo FAENA, y China era una fuente económica permanente”. Por su parte, Juan José Echeverría Brealey hacía de puente con la Unidad. Rodolfo Cerdas era amigo de Enrique Benavides, vocero de la extrema derecha desde el periódico la Nación S.A., así como de Armando Vargas A., “hombre de estrechas relaciones con los Estados Unidos” y Ministro de Información del gobierno de Luis A. Monge. 

Desde 1972 iniciaron trabajo sindical en la Municipalidad de San José y algunas fábricas. Formaron comités contra el alza en el precio de la leche y recogieron firmas para forzar controles de precios a los productos de la canasta básica. Tenían el apoyo de varios miembros que salieron del PVP como Jaime Cerdas, Luis Alberto Jaén -fundador de las Juntas Progresistas- y Manuel Leitón, miembro de la Comisión Política del PVP. En las elecciones de 1974, las figuras relevantes fueron Cerdas, el sacerdote Carlos Muñoz, segundo lugar para candidato en San José y Daniel Camacho, en el tercer lugar. El FP presentó candidatos en Puntarenas y Acosta, en oposición al PVP. No lograron elegir diputado pero formaron 15 núcleos en San José, cada uno de 6 a 15 personas que impulsaron algunas luchas reivindicativas en comunidades, como Hatillo.

En 1974 se creó el cantón Corredores de Puntarenas y el FP fue a las elecciones municipales de 1975. Eligieron un regidor, en 1978. En Golfito, el regidor del PVP electo en 1975, ingresó al FP. En 1976 disolvieron los núcleos y células de San José y enfatizaron en los sindicatos. Primero en fábricas y luego en municipalidades, empleados públicos y universidades. Promovieron una huelga en Tirrases, con cierre de calles, dirigida por Plácido López, carpintero. En Puntarenas coordinaron tomas de tierras para viviendas suburbanas. En la zona sur, fundaron la Central Campesina del Sur en 1974 con 8 uniones campesinas de 40 miembros cada una. Sus dirigentes eran vanguardistas en retirada, como Miguel Arias y Pedro Araya. En 1977 regresaron a los barrios de la capital, en ocasión del proceso electoral del año siguiente.

El FP reconoció sus alianzas con sectores de la derecha para las elecciones de ANEP y en el SINDEU, en una autocrítica que publicaron en 1977. En la UCR eligieron tres miembros de 14 dirigentes. Ese año recurrieron a Leonel Villalobos, “director administrativo de la guardia rural” para movilizar empleados de ANEP. Luego crearon el SITECO y promovieron la división de los empleados públicos afiliados a ANEP.

El 23 de mayo del 77 realizaron el Congreso Nacional. Acordaron participar en la campaña de 1978 y “crearon una comisión de agitación y propaganda móvil que representaba obras de teatro en las comunidades…Hicieron millonarios programas de TV y radio centrados en el candidato a diputado, Rodolfo Cerdas. En Puntarenas, de los 9 candidatos a regidores todos dirigían comités comunales, pero el partido no les dio suficiente financiamiento electoral.

El triunfo personal de Cerdas marca el inicio del fin del FP. En mayo de 1978, el nuevo diputado dio el voto público a la Unidad para elegir el directorio legislativo. Fue un pacto con Carazo a fin de que el PLN pasara a la llanura. Ahí quedó claro que la “nueva democracia” no implicaba revolución popular…ni un camino al socialismo…Tampoco sería el producto de un nuevo bloque de fuerzas sociales…En el fondo consistía en un acentuado énfasis anti liberacionista. Cerdas buscó apoyo en  la burguesía para crear el Partido Nacional Democrático. Después del 78 abandonaron los frentes de trabajo. No lograron realizar una Conferencia Nacional propuesta. La comisión de cultura presentó un documento donde reconocen que el partido “no está dando la talla”. Poco después se fundó el Partido Nacional Democrático y desapareció el FP. (Mayer, S. 1984: 143-155).

La Organización Socialista de los Trabajadores (OST) de orientación trotskista, participó en las elecciones de 1978 con Carlos Coronado candidato a Presidente y Alejandra Calderón Fournier para diputada. Hija del segundo matrimonio del Dr. Calderón Guardia, Alejandra fue militante del PS antes de ingresar a la OST. En 1975, formó parte del Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM). Fue dirigente de la Coordinadora Patriótica Nacional (COPAN), una opción a los Comités de Vivienda, al Frente Democrático de la Vivienda y el Frente Costarricense pro Vivienda Digna controlados por PLN. En 1981 el MLM se convirtió en el Centro Feminista de Información Acción (CEFEMINA) una organización no gubernamental por Decreto Ejecutivo No. 17515-J de 1987 http://calderocomunismo.blogspot.com/2010/02/maria-alejandra-calderon-fournier-1954.html

En el clímax de la depresión de 1979-1983, el gobierno de Luis Alberto Monge propició un acuerdo con el líder de la oposición republicana, Rafael A. Calderón Fournier, para disfrutar conjuntamente el financiamiento adelantado de las deudas electorales, una vez que se constituyera el Partido Unidad Social Cristiana. La idea de reeditar la alternancia de gobiernos de los republicanos y los liberacionistas se legitimaría con el accionar de un nuevo bloque político que tendría el control del poder estatal y el usufructo capitalista de la riqueza nacional.

El cálculo político visualizó las reacciones, respuestas y exigencias de las Agencias Financieras Internacionales ante futuras crisis coyunturales. Éstas constituían, a la vez, las premisas del cambio en el “modelo de sustitución de importaciones” y sus crisis recurrentes desde la “Guerra del Fútbol” entre Honduras y El Salvador de 1969, el alza de precios del petróleo y la depresión de 1973-1975.

El entendimiento conservador burgués se vio favorecido por la división del PVP. El 3 y 4 de diciembre de 1983 el Pleno del Comité Central aprobó crear la jerarquía de Presidente. Designó en el alto puesto a Manuel Mora Valverde y nombró Secretario General, a Humberto Vargas Carbonell. La decisión del Pleno produjo cisma político. Durante 1984 la división arrasó con todas las células y núcleos de cohesión y dirección del partido construidas con tenacidad proletaria entre 1948 y 1983. Por segunda vez después de 35 años, de los cuales 27 fueron de activismo parcialmente ilegal, se infligía otra derrota política al PVP y sectores del movimiento popular.

El reemplazo de Manuel Mora como Secretario General, cargo que ostentó desde la fundación del Partido Comunista el 6 de junio de 1931, fue el hecho cimero de un proceso de disensiones internas solapadas. Las diferencias ideológicas y sobre tácticas y estrategia política, torpemente postergadas, escindieron al PVP en dos grupos: El Partido del Pueblo Costarricense cohesionado por familiares del clan Mora Valverde, amigos y militantes acríticos del “morismo”, y el PVP comandado por Arnoldo Ferreto S y Humberto Vargas. Los antecedentes más cercanos a la división arrastraban desacuerdos, agudizados al calor del nacimiento de la CUT en 1979, del triunfo de la revolución sandinista y el apogeo del movimiento insurgente en el Salvador y Guatemala.

Cual “bomba de tiempo” las discrepancias en el PVP estallaron en 1984 en consonancia con la guerra contrarrevolucionaria en Nicaragua; en coincidencia con el 50 aniversario de la gran huelga bananera del Atlántico y en sincronía con la huelga bananera del Pacífico Sur. La heroica lucha de los bananeros y obreros de la palma había incubado en siete meses de tediosas negociaciones entre la Unión de Trabajadores de Golfito y la United Fruit Co., alevosamente postergados por la transnacional. La UFCo. tenía el propósito de abandonar el cultivo del banano sin cumplir las obligaciones con el Estado establecidas en los Contratos de 1934 y 1938. Además, había previsto reinsertarse en la apertura comercial que auspiciaron Ronald Reagan y el capital financiero en el Plan para la Cuenca del Caribe, presidido por el gerente generalísimo de la United Fruit Company.         

Mil novecientos ochenta y cuatro, como en la novela futurista de Orwell publicada en 1949, en la cual conjetura sobre las contradicciones entre el capitalismo monopolista y el comunismo estalinista de la postguerra, fue también preludio de la globalización neoliberal.

V.- BIPARTIDISMO Y DISPERSIÓN DE LAS LUCHAS POR EL PODER

El neoliberalismo despegó en Costa Rica hace tres décadas. En el gobierno del PLN, de Luis A. Monge se aprobaron las leyes monetarias, cambiarias e institucionales que satisfacían requisitos de política económica exigidos por el FMI y rechazados o postergados por el Presidente Rodrigo Carazo. Oscar Arias S., en el siguiente gobierno del PLN, aprobó el primer Plan de Ajuste Estructural, PAE-I. En la gestión de Calderón Fournier se firmó el PAE II y al día siguiente del Pacto Figueres-Calderón, dado a conocer en 1995, se convino la forma de destrabar las pugnas en el Congreso para aprobar el PAE III en el gobierno de Figueres y para futuras administraciones.

En quince años, de 1983 a 1998, el Estado Benefactor keynesiano perdió todo el ropaje jurídico e institucional que le dio señorío. El país quedó desprotegido ante la competencia mundial e invasora de las firmas transnacionales de la banca, industria, comercio, diversiones y difusión de dogmas religiosos. Las agencias de los monopolios fueron protegidas por Luis A. Monge y Ronald Reagan en “zonas francas” exentas de impuestos de renta y territorial, con tarifas de privilegio en el consumo de agua, electricidad, Internet y servicios municipales.

El calvario de la nación comenzó con traslado al capital privado de las empresas productivas del Estado (CODESA) y algunos servicios del ICE y el MOPT, y la eliminación del monopolio del Banco Central como ente receptor de dinero. Se aprobaron leyes para reducir inversiones sociales con cargo al presupuesto nacional. Se lanzó al mercado la inversión en educación, desde la pre-escolar a la universitaria. Se reprimió y coaccionó al movimiento sindical, en particular sobre el tema de la firma y vigencia de convenciones colectivas. Se amparó al solidarismo patronal-obrero. Se estimuló la inversión privada en salud pública. La infraestructura portuaria, terrestre, aérea y peatonal construida por el Estado entre 1935 y 1975 se entregó en administración a consorcios financieros para aliviar el presupuesto nacional, la deuda externa y favorecer la circulación regional del capital.

Con el slogan demagógico, “volvamos a la tierra”, la burguesía empresarial-agrícola, sin diferenciar el capital nacional del transnacional, disfrutó a lo grande de privilegios tributarios y aduaneros. La geografía económica cambió: piña, melón, cítricos, banano, yuca y palma africana ocuparon los vagones del transporte ferroviario, portuario y marítimo. Las importaciones de granos hicieron inoperante al Consejo Nacional de Producción y los centros comerciales medianos y grandes arrasaron con los estancos del Estado y los expendios de comercio minorista. El café adquirió fama como materia prima agroindustrial; igual que la ganadería, procesada por un oligopolio. Nuevos capitales emigraron o se acumularon en litorales “paradisíacos”, aprovechando incentivos estatales al turismo y reproduciéndolos por medio de un mercantilismo frívolo, procaz y delictivo.

Desde 1983, la ofensiva del PLN y los gobiernos bipartidistas contra el movimiento sindical clasista marcó pautas a las empresas extranjeras y nacionales. La contratación y explotación de la fuerza de trabajo se rige hoy por la oferta y demanda de brazos, más que, por la legislación laboral. Jóvenes mujeres y hombres calificados en universidades privadas y públicas son diestros en las innovaciones técnicas y formas modernas de gerencia y administración de empresas, comercios y bancos. Pero, en general, padecen crónicamente de una incomprensión sistémica de sus culturas, sus contradicciones y fundamentos humanistas. El nuevo sector de clase media alta trabaja todos los días sin más horizonte que alimentarse, estudiar y disfrutar las noches del presente.

Quizás no saben que desde el gobierno de Luis Alberto Monge y del bipartidismo se estableció el impuesto a las viviendas, al salario y las jubilaciones; se quitaron los controles de precios a los productos de la canasta básica y la educación, y se contrajo el empleo en el Estado. Muchas hijas e hijos de educadores y profesionales sí conocen que el magisterio y los empleados estatales han quedado acorralados en un régimen ocupacional austero, de salarios y pensiones congeladas en proporción a las alzas en el costo de vida, las devaluaciones del colón y la demanda privada de fuerza de trabajo en el sector de servicios calificados.

Saben por experiencia o “porque han oído”, que la pirámide de población se ensancha en la franja de adultos mayores y los jóvenes e inmigrantes ocuparán los índices de empleo y de satisfacción de necesidades de la población activa y pasiva del país. Todos los días las imágenes de televisión y las letrillas de la prensa los alerta sobre el aumento de la criminalidad: en la última década se pasó de 7 a 14 homicidios por cada 100.000 costarricenses, en muchos casos, crueles asesinatos de mujeres jefas de hogar, madres solteras o laboriosas esposas. La pobreza cifrada en ingresos fijos acosa desde 1994 al 20% de los hogares. El desempleo y subempleo suman el 21% y el gasto social, obligación del Estado, se mantiene comprimido y enredado en la inequidad tributaria. A seis de cada 10 mujeres asalariadas se le violenta al menos uno de sus derechos. Dos tercios de la clase trabajadora con empleo formal y salario fijo, no superan los $ 600 mensuales.

En el ámbito político, la representatividad de los ciudadanos y de las clases sociales en los órganos del poder gubernamental y estatal, muestra el naufragio del bipartidismo desde el año 2006. Los ciudadanos repudiaron el enriquecimiento ilegal e inmoral de sus líderes y algunos funcionarios, y el Partido Acción Ciudadana (PAC) tuvo gran éxito electoral. En adelante, una marea multicolor de partidos personalistas, acaso con intereses parciales, inunda cada cuatro años al TSE provocando dispersión de energías y fuerzas políticas; “dando palos de ciego” sobre cómo lograr la satisfacción del interés general de la nación y para donde enrumbar a la más estable democracia electoral de Centroamérica.

A escala de candidatos presidenciales ha habido elecciones con dos partidos y otras, hasta 14. En 1978 y 1982 participaron 8 partidos con candidatos presidenciales, en ellos cuatro agrupaciones de izquierda que formaron la alianza PU, y la OST. En 1986 el PVP se salió de PU y se unió al Frente Amplio Democrático para formar la Alianza Popular. PU desapareció en 1990. En 1994 emergen partidos a escala regional, como el Unión Generaleña. Ese año, Fuerza Democrática abanderó a izquierda del país.

En 1998 el PVP levantó PU con escasa votación y también participó FD. En el 2002 renacen los partidos inscritos a nivel regional y cantonal, y otros de izquierda: El Independiente Obrero, el Patriótico Nacional, FD y la Coalición Cambio 2000, integrada por PU y Acción Democrática Alajuelense. Por primera vez en medio siglo, el Presidente fue electo en segundas elecciones que favorecieron al Dr. Abel Pacheco. En 2006 se inscribieron 14 partidos, entre ellos seis de izquierda. En el 2010 se fundó el partido Alianza Patriótica con el Acción Demócrata Alajuelense. FD ni PVP presentaron candidatos. http://es.wikipedia.org/wiki/Partidos_pol%C3%ADticos_de_Costa_Rica

Cuantos más partidos hay, observa el historiador Vladimir de la Cruz, aumenta el abstencionismo, como en los años 1998, 2002 y 2006. A más partidos no ha correspondido mayor participación ciudadana. El abstencionismo comprende a quienes no van a votar, cifra que ha llegado a un 34% en el 2006 y en promedio es del 24.38%, y los que entregan papeletas en blanco. Hasta 2010 se elegían los candidatos al Poder Ejecutivo, Legislativo, Municipales y de los Consejos Distritales. En el 2014, entre 9.000 y 12.000 puestos no se van a elegir porque se hará por separado en el 2016. http://www.ticovision.com/cgi-bin/index.cgi?action=viewnews&id=13883

El suceso relevante de este año electoral fue la divulgación de los resultados que eventualmente obtendría el Partido Frente Amplio y su candidato José María Villalta, según dos empresas de encuestas. A finales de diciembre, Villalta ocupa el segundo lugar en las intenciones de voto y el candidato del PLN no lograría el 40% necesario para obtener la Presidencia. Se conjetura sobre la segunda vuelta electoral en abril del 2014. Hipótesis que, de confirmarse, acentuaría la polarización ideológica y el desencuentro de las actitudes y voluntades ciudadanas, entre aquellas posturas de derecha y las de centro-izquierda; entre los candidatos de los partidos aferrados a los dogmas del neoliberalismo y sus desigualdades sociales, y quienes rechazan ese modelo de capitalismo.

Importantes antecedentes indican la resistencia al neoliberalismo y a los partidos que lo instauraron en el país y lo siguen defendiendo. Bastantes acontecimientos confluyen en la aceptación de las propuestas de centro-izquierda propagadas por el Frente Amplio, Acción Ciudadana y otras fuerzas que, a pesar de su expreso anti-neoliberalismo, reciben menos simpatías de los votantes.

Entre ellas, el aumento de las acciones colectivas de protesta contra la Ley de Pensiones y el Combo ICE, en 1995 y 1999; el movimiento del NO al TLC, en el referéndum del 2007; las luchas obreras contra el arriendo del muelle de Limón; las manifestaciones ciudadanas contra la explotación de la minería abierta y por la protección de las cuencas hidroeléctricas; las alianzas de los partidos regionales y locales para desplazar a dirigentes del bipartidismo del poder municipal y los consejos de distrito; las luchas estudiantiles por el presupuesto universitario; o la formación de un bloque legislativo para derrotar al PLN en la elección del Presidente de la Asamblea, hace apenas dos años. http://www.hablandoclarocr.com/index./hablando-juntos/politica/203-transicion-y-politica-

El surgimiento del Partido Frente Amplio sintetiza una vertiente de las incidencias constructivas de la izquierda costarricense que, históricamente, ha reivindicado las necesidades y derechos de la clase trabajadora y la ciudadanía democrática. La reversión de la crisis de los partidos de izquierda avanzó entre 1984 y 1995. El 23 de julio de 1995 hubo una asamblea nacional con invitación a todas las corrientes de izquierda, a la cual no asistió el Partido del Pueblo Costarricense, facción Mora Valverde del PVP escindido en 1983. Ahí se fundó el Partido del Pueblo Unido (PPU) con el Lic. Trino Barrantes Araya, como Presidente.

Otras fuerzas de izquierda lideradas por el PPC e intelectuales y estudiantes, fundaron el Partido Fuerza Democrática para las elecciones de 1998 y llevaron a José Merino del Río, yerno de Eduardo Mora Valverde, a la Asamblea Legislativa. En el 2002 el PPU, PSC y el PADA (Alajuela) forman la Coalición Cambio 2000 que escogió candidato presidencial al Ex secretario General del PLN, Walter Coto Molina. Por su parte, FD se dividió en las elecciones del 2002 y Merino del Río lideró el Foro de Acción Política “Otra Costa Rica es posible, otro mundo es posible”, así como el Movimiento Alternativa de Izquierdas (MAIZ). Esta organización inscribió el FA el 16 de octubre del 2004.

Cambio 2000 y FD tuvieron un revés en el 2004 y al año siguiente nació la coalición Izquierda Unida, integrada por seis partidos: Movimiento Autónomo del Pueblo Unido (MAPU), Movimiento de Trabajadores y Campesinos (MTC) un Partido de Limón, Partido del Pueblo Costarricense (PPC), Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), Partido Socialista de los Trabajadores y Partido Vanguardia Popular (PVP). Estas agrupaciones no lograron coaligarse en el 2006, mientras en esa campaña resultó electo de nuevo como diputado, José Merino del Río.   

En las elecciones de 2010 el FA dejó de ser un partido provincial y se inscribió a escala nacional. Postuló para presidente al Rector del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) y ex vocero del No al TLC, Eugenio Trejos. En esas elecciones resultó el nombramiento como diputado del Lic. José María Villalta Florez-Estrada. Sólo eligió el regidor de Siquirres, pero se integró a la lucha electoral en alianza con otros partidos en diez municipalidades de San José, Alajuela y Heredia. Asimismo, para la elección de Alcaldes, participó en cuatro municipios aliado con ecologistas, socialcristianos, PASE y Alianza Patriótica. www.tse.go.cr/revista/art/2/beers.pd

De manera que, en relación con la campaña que culmina en febrero del 2014, la opinión pública que prefiere al candidato Villalta del FA, ha sido forjada en el lento proceso del despertar de la conciencia de pertenencia a unas u otras clases sociales del país; en la oposición al caudillismo y el pragmatismo del PLN, en el repudio a la corrupción de distintos agentes de la clase gobernante y la defraudación del presente gobierno del PLN. En fin, por un sentimiento de identidad nacional que se cultivó y maduró desde 1983 en contra del neoliberalismo y de las desigualdades económicas y sociales que ensucian la buena imagen internacional de Costa Rica.         

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www.tse.go.cr/revista/art/2/beers.pd

María “Chichilco”: me casé con un primo a los 16 años

Entrevista Diario 1, 2013

Chichilco es una montaña con una altura superior a los 300 metros en el departamento de Chalatenango. Una mujer de 1.5 metros de estatura adoptó el nombre de ese cerro durante la guerra civil en El Salvador y hasta ahora lo conserva. Le gusta más que su verdadero nombre: María Ofelia Navarrete.

“María Chichilco” –actualmente viceministra de Gobernación− vivió la opresión política de los años 60, 70 y 80. Se fue un mes a una montaña hondureña a la espera de que pasara un operativo militar en Arcatao, Chalatenango. Después se mantuvo en la clandestinidad. Regresó a vivir a su pueblo después de 26 años.

Durante este tiempo fue combatiente de la otrora guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), encargada de hospitales clandestinos donde curaban a los heridos, coordinadora de logística y un sinnúmero de ocupaciones dentro de las filas subversivas. “María Chichilco” relató para Diario1 sus memorias en las que cuenta su sentir, pensar, cómo se convirtió en guerrillera, el amor de su vida, las ofensivas militares, la firma de los Acuerdos de Paz, su paso por la Asamblea Legislativa como diputada, y a que se dedicará cuando deje de ser viceministra de Gobernación.

Me gusta que me digan María y María Chichilco me gusta más. Chichilco viene de la guerra. Me mandaron para el cerro Chichilco en 1982. Era un cerro donde íbamos a construir un corredor guerrillero. Los compañeros me mandaban correos a nombre de María Chichilco. Después que me fui de ese cerro me quedó siempre María Chichilco, a mi me gustaba tanto.

Nunca estuve largo tiempo en un solo lugar. Una noche dormí aquí, otra allá, en otro lado. Así era mi vida.

Nosotros nos organizamos en la UTC (Unión de Trabajadores del Campo), que surgió en 1974 después del fraude electoral de 1972. Ya no creíamos en elecciones, pero de repente llegó Facundo Guardado a Arcatao con un discurso que a mí me gustaba porque no era electorero. Decía que los pobres teníamos que juntarnos para ayudarnos mutuamente. Yo tenía 24 años de edad.

Anteriormente había trabajado en una tienda, cuando era soltera, y el hijo mayor de la señora donde trabajaba era de oposición, del PDC, y a mí me encantaba el discurso de don Neto. Además, el era valiente, cualidad que tendrá vigencia toda la vida. Era el único hombre en Arcatao que se le paraba a discutir a la Guardia (Nacional). Por supuesto, no lo apaleaban ni lo mataban porque era hijo de la familia más pudiente en Arcatao.

El papá de él era una persona, no tengo palabras para describir su bondad, que se encargaba de un montón de necesidades del pueblo. Entre ellas, si un guardia iba a llegar a Arcatao había que irlo a traer desde la presa 5 de noviembre que son como 5 leguas (20 kilómetros). El se encargaba de mandarlos a traer.

Este hombre miraba eso como un avance dentro la seguridad, para evitar el cuatrerismo. Era una persona noble. Todo eso le valía a don Neto a que no arremetieran contra él. Sin embargo, en una ocasión lo echaron preso porque tuvo una discusión con un sargento. Pero rápido lo sacaron.

Ahí escuché las primeras ideas de lucha por los pobres. Y como yo era de ese pueblo pobre, me pegaba mucho ese discurso. Por tanto, pienso que esa es como la génesis de mi participación en la guerrilla.

Me casé a los 16 años. Muy joven. Amaba la escuela, pero sentía que estaba vedada para los pobres. Un primo comenzó a mentirme que me quería. Me casé con un primo. Al cura que estaba en el pueblo había que pagarle para poderse casar. Yo le decía a mi marido: con eso que pagó ya se paró la sangre, porque ya no éramos parientes.

Aunque no estaba inscrita en el PDC, militaba en forma activa. Me involucraba en elecciones. En las mesas receptoras de votos. Me peleaba con los guardias. Estoy hablando de las elecciones del 68 o 69, no recuerdo bien, pero los diputados y alcaldes hacían un período de 2 años.

En 1972 ganamos las elecciones, pero nos hicieron fraude. Le dieron el poder a Molina (coronel Arturo Armando Molina, del PCN). Entonces pensé que las elecciones eran una burla. Yo me podía la ley electoral de memoria, era joven apasionada, me discutía y sacaba todos los artículos, me los podía todos. Así logré detener en esa elección a un montón de hondureños que venían a votar; les habían dado cédula para que votaran. Conocía a toda la gente, los comencé a parar y entonces me echaron la guardia en Arcatao.

Me puse a discutir con los guardias. Les recordaba que ellos debían estar a tantos metros de las juntas receptoras de votos; y a la gente de honduras la paraba y les decía: miren hoy no van a votar aquí porque ustedes son hondureños, no les guardo rencor, pero cuando hagan elecciones en su país entonces votan. Esos eran los votos que ellos tenían para su candidato. Entonces, hubo una gran pelea y cuando nos hicieron fraude, yo sentí una profunda frustración, una gran desilusión y pensé: las elecciones son una burla para los pueblos, para qué voy a meterme en estas tonteras.

En 1974, llegó Facundo a Arcatao con la plática de la UTC. El era cooperativista, su papá y un montón de gente. Había cooperativistas más despiertos y hubo algunos curas que contribuyeron a que la gente pensara que ayudándonos mutuamente la vida es más fácil. Facundo nos dijo que la UTC era una organización de campesinos, que era terrible que los ricos nos explotaran, pero más terrible que entre nosotros no nos ayudáramos. Un discurso a cuya base estaba la solidaridad. Me encantó como no tienen una idea.

Había que hacer práctica de esto. Empezamos a ayudarnos unos con otros. Yo sentía eso tan rico, tan apasionado, que ya no había más. Recuerdo había compañeros que no tenían dinero para comprar un remedio para los hijos o la esposa que se les enfermaban y todos contribuíamos para comprar el medicamento.

Eso lo miraba muy lindo. Una actitud de esas es muy linda. Y luego la milpa; deshierbar tiene un período específico y si dentro de este no se hace no se saca maíz. La planta no da mazorca. Había compañeros que tal vez no podían hacerlo, entonces todos íbamos a ayudarle y en un par de horas, le limpiábamos la milpa. Y aquel guardaba gratitud para toda la vida.

Eso fue lo que me llevó a organizarme en la UTC. Después conocí un poco a un cura que lo quitaron; no había párroco, llegaban de Chalatenango a dar misa. Y empezamos a escuchar sobre la conformación de las comunidades eclesiales de base. No es mentira, cuando el cuerpo flaquea hay que fortalecer el espíritu.

Yo vivía a la par de la guardia. Esa fue una experiencia indescriptible. Vivir a la par donde torturan a los hombres, oír que los hombres lloran. Gritos por la capucha. Cuando no se tienen facultades para decirles ni siquiera que ya no les peguen, es un terror incomparable. Entonces yo sentía que era necesario luchar para que no siguiéramos igual.

Sentía angustia, impotencia terrible. Lloré un montón de veces, me metía los dedos en los oídos para no oír, pero siempre oía porque solo una pared nos dividía. Por eso soy enemiga de la tortura, porque los hombres amarrados, los seres humanos en general cuando están amarrados, ya están rendidos, no tiene nadie por qué atropellarlos más. Eso lo detesto.

Como miembros de la UTC, veníamos a San Salvador a participar en marchas a pedir que le bajaran los precios a los insumos agrícolas. En las cortas de café que nos hicieran una galera porque nos caían grandes tormentas. También comida, que les dieran arroz y frijoles a los trabajadores. Era una reivindicación pírrica. Pero los poderosos de este país han sido tan ciegos toda la vida lamentablemente. Quizás no se han sentido salvadoreños o más bien pensaban que el país era una finca de ellos y que todos los demás éramos sus peones, porque solo daban una tortilla con un puño de arroz chuco, ni lo limpiaban. Es así como me involucro en una organización popular.

Cuando nos tomamos el ministerio de Trabajo cantábamos una canción que decía: nosotros lo que exigimos es salario de 11 colones y también arroz, tortilla y frijoles.

En la medida que nos organizamos la presión también crecía. Pero nuestro lema era que a más represión más revolución o más lucha, pero juntos, porque individualmente lo llegaban a traer a uno en la madrugada a la casa y lo desgargantaban.

Hubo grandes casos de represión en Arcatao individual y colectiva. Cuando llegó monseñor Romero. En febrero de 1979, durante las fiestas patronales, a las 2 de la madrugada, llegó el Ejército y ordenó a la gente salir del pueblo dentro de las próximas 2 horas. Toda la gente se fue.

Yo me quedé. Tenía alguna relación con los guardias. Conversaba con ellos y mi suegro les prestaba un par de pesos cuando no tenían dinero y no les habían pagado. Manteníamos una relación como de guerra fría porque no nos querían pero tampoco nos agredían tan peladamente.

Después capturaron a unas religiosas mexicanas. Las dieron como desaparecidas un tiempo y luego las fueron a tirar allá por Guatemala.

Y nosotros en ese tiempo, cuando ellas las capturaron, íbamos a la celebración de la Palabra todas las noches. A mí encantaba porque era la comparación de la escritura con la vida. Se puede hacer un parangón con nosotros. Los hombres no se acercaban por miedo a que los mataran, y es que era verdad que los mataban.

Yo asistía todos los días pero no era celebradora porque mi marido nunca me iba a dejar a ir a sacar un cursillo y pasar días fuera de la casa. Tenía que hacer oficio en la casa y no era correcto que una señora casada anduviera por allá. Además, era una esposa sumisa, pues lo amaba tanto, sigo amándolo igual; soy bayunca todavía. El pobre hombre también ha tenido que soportar algunas cosas mías. Ahora tenemos casi 50 años de habernos casado.

Todos estaban atemorizados y acudía a la iglesia a buscar fortaleza. Mi casa estaba a una cuadra de la iglesia y para llegar tenía que pasar por el puesto de la Guardia. Me temblaban las canillas, pero todas las noches regresaba a la casa con más valor. Todos los días me decía mañana no voy a tener miedo, pero volvía a tener miedo.

Algunos guardias me decían: ya viene de cantar Cristo al Servicio de Quien. Les respondía: Fíjese que esa no me la sé, pero me puedo otras.

Después llegó monseñor Romero (Oscar Arnulfo) para dar respaldo a las monjas que se habían quedado. Metieron un operativo como no tienen idea. Fueron tan abusivos que en un retén que estaba a la entrada del pueblo, lo pararon, le hurgaron el carro, le levantaron la sotana.

En la iglesia no cabía ni un alma más. En cada una de las tres puertas de la iglesia se apostaron soldados y llegaron refuerzos de la Guardia. Montaron un operativo muy grande. Mi marido desde entonces ya no volvió a la casa y se fue a esconder a una propiedad de mi suegro. Algunos guardias me decían: porque ya no viene Ovidio, a lo que les respondía: se están robando el ganado y está cuidando. ¡Mentiras, no llegaba por miedo!, a los hombres los colgaban, si tenían suerte, y a otros los desaparecían.

Comencé a tener miedo porque un guardia me dijo: mire, cuando usted oiga hablar de un operativo, váyase porque la van a matar. El que nada debe nada teme, le contesté. Pero el insistió: no la vamos a matar nosotros, van a venir de otro lado.

Y después de eso hubo otro operativo. Había un lengón, gente que brota de la comunidad que se vuelven enemigos de su propio pueblo. Y les gusta ir a mentir para quedar bien con aquel, y también para ensañarse con alguien a quien le deben un par de pesos y así no le pagan.

Alguien les fue a decir al puesto de la guardia que venía la guerrilla. Llegaron refuerzos, y yo me fui. Eso fue el 9 de septiembre de 1979.

Me fui a huir a un cantón de Honduras que está a una hora de Arcatao. Ahí permanecí un mes aproximadamente. Después me mantuve en la clandestinidad. En esa época yo pensé: ya va a pasar y vamos a volver. ¡Ay Dios!, regresé a vivir a la casa en Arcatao en 2005, después de 26 años.

Parte II | Me hubieran dado lo del pasaje a Moscú para comprarle botas a la tropa

Las picadas de los mosquitos en la montaña le provocaron paludismo en nueve ocasiones. Su estado de salud era precario. La guerrilla la sacó del país y la envió a Cuba a recibir tratamiento médico. Después, la idea original era viajar de Nicaragua a Estados Unidos, pero el frente externo de la entonces guerrilla advirtió que la podían reconocer y sería arrestada.

De Managua salió hacia Moscú, donde participó en un congreso de mujeres latinoamericanas. Por insistencia de la esposa de Raúl Castro, María “Chichilco” habló ante unas 10 mil mujeres. Recuerda que dijo: “yo hubiera preferido que me dieran lo que valía el pasaje para comprarle botas a la tropa porque allá la tenemos sin zapatos”.

El 15 de octubre (1979) fue el golpe de Estado, un domingo por la noche. El día anterior mataron al hijo de don Neto Menjívar, hermano de Violeta (actual viceministra de Salud). Una semana antes le había enviado un papelito con un cipote porque leí una lista que la encabezaba Ernesto Menjívar Escalante. Decía: comunistas de Arcatao reciben sueldo de Cuba.

La lista la tenían en la Guardia (Nacional). Le advertía que se fuera porque lo matarían. El me respondió: Véngase, aquí todavía podemos vivir. Lo que hay aquí es una guerra de lenguas.

La siguiente semana mandé al cipote otra vez a que comprara una libra de carne al pueblo, pero era para que fuera a naricear algo. El cipote regresó rápido y me dijo: mataron al hombre aquel, al que usted le mandó el papelito. Y quien le ha dicho eso, le pregunté. No me han dicho, yo lo vi tapado con una cobija blanca, exclamó.

Nos fuimos a un cantón de Arcatao, de mayor altura, a una cañada. Ahí llegó la guerrilla y nos reclutó. Tenía una idea muy romántica de la guerrilla. Pensaba que era gente extraordinaria, y son extraordinarios, pero podía ser cualquiera. Cuando me plantearon la posibilidad de ser guerrillera, yo sentí rico. Adentro, les dije, vamos.

Anduve armada todo el tiempo. Aprendí a usar todo tipo de armas. Primero una 38, que era mía, me la compró mi marido. Después unos compañeros requisaron un checo. Con ese checo nos sentíamos reyes. Cuando teníamos el checo yo dormía lindo. Pensaba: tenemos la fuerza. Es increíble la moral de uno.

Al principio, arma propia solo podía ser una pistola, que la comprara uno. Pero las prestábamos a todos. El que tenía zapatos buenos, los prestaba a quienes los tenían rotos cuando iban a una operación.

Yo siempre estuve en las FPL. Cuando ya había más fusiles, tuve un M-16, pero ya no era combatiente. Lo fui poco tiempo, desde finales del 79 hasta después de la ofensiva del 10 de enero de 1981.

En esa ofensiva, por suerte no nos mataron. Podíamos ser muchos pero pobres en armamento y técnicas guerreras. Ellos también porque nunca habían tenido una guerra interna.

En la ofensiva del 81 me tocó ir a la entrada de Chalatenango. Me mandaron por El Jícaro, por una montañita. Entonces sí ya éramos combatientes. También antes de esa ofensiva porque había que pelear con la gente de Orden. Los de Orden eran aguerridos, defendían su posición hasta que terminaban su último cartucho.

Dejé de ser combatiente porque los jefes de entonces me sacaron de ahí. Me pusieron a coordinar un hospital clandestino. No era enfermera pero sabía inyectar, primeros auxilios, podía poner un suero, detener una hemorragia. Estaba en la Cañada, un cantón de Arcatao, recién pasada la ofensiva.

Me sacaron de ahí, me metieron en una estructura con Germán Serrano (un compa que murió en el 92, de un aneurisma congénito). Era un hombre aguerrido A el lo mandaron a dirigir las tropas. Teníamos 3 campamentos, uno en la Cañada, otro en Chupamiel, y en El Portillo, con 3 pelotones, de masas, porque éramos solo gente apasionada. Estábamos estructurados como guerrilla pero no teníamos armas, uniformes ni zapatos.

Él me sacó del hospital y me puso de jefe político militar del destacamento de fusileros 2. Ahí siempre hacía una cosa y otra, como La chimoltrufia (personaje de televisión cómico). Ese año rugimos de hambre porque por estar preparando la ofensiva del 81 no sembramos maíz.

Me pidieron que organizara el poder popular, era un equipo para administrar la vida en los frentes de guerra, porque en la ofensiva del 81 hubo un montón de gente que se alzó al calor de la ofensiva pero no triunfamos. Había que organizar la vida de esa población. La vida no se acababa, la gente siempre se casaba, tenía niños, comía, dormía, se enfermaba.

Todo oscilaba alrededor de la lucha armada. La organización política y social estaba para fortalecer la lucha armada. Siempre tuve misiones. Por ejemplo, ya no era la jefa de un hospital, pero tenía que ver con todos los hospitales. No era jefe de milicias, pero tenía que ver con todos los milicianos.

En el 81, el jefe militar fue Germán, después la compañera Susana, hermana de Lorena Peña. Después tuvimos a Douglas Santamaría Linares, pero el jefe de todos era Ricardo Gutiérrez. Luego a Dimas Rodríguez, que era el segundo de nuestra organización.

Durante la ofensiva de 1989, se nos encargó la misión de detener al Ejército en Chalatenango para que no fuera a San Salvador, donde era la gran batalla. Yo no fui a la ofensiva de San Salvador.

En Chalatenango, los comandos del norte tuvimos un combate a muerte con el ejército. Había que sostenerlos para que no fueran a reforzar a San Salvador. Esos días fueron más tensos, acalorados.

Antes del 89 estuve en el volcán de San Salvador. Prácticamente no tenía una tarea asignada. Llegué caminando desde Chalatenango. Iba a salir fuera del país a una misión a Estados Unidos. Me sacaron del frente caminando de posición en posición hasta que llegué al volcán. Caminé varias noches.

Estuve varios días en el cerro El Sartén en Joya Grande, de Apopa. Después llegué al volcán. La gente del frente externo quería que fuera a una gira a Estados Unidos. Me iban a arreglar papeles. Logré salir del país y llegué a Managua el 28 de febrero de 1987, y el 8 de marzo mataron a una de mis hijas aquí. Murió en una emboscada. También era combatiente, sanitaria y zapadora, el que sabe poner y quitar minas.

Me mandaron a Cuba porque iba con una gran anemia. En el 85 me dio nueve veces paludismo. Era un paludismo persistente, ya lo tenía en el hígado. Me mandaron a Cuba a recibir tratamiento. Allá me dieron de comer bueno para restablecerme un poquito. De ahí me fui a Managua, de donde saldría hacia Estados Unidos.

Cuando estaba en Managua, hubo una invitación al FMLN para un congreso mundial de mujeres en Moscú y la jefa del frente externo era Lorena Peña. Ella dijo: no hay nadie más representativo del Frente que María; que vaya ella. Imagínense yo saliendo del charral.

Yo sentía que era una pasarela, un montón de gente exhibiendo sus vestidos. Éramos 10 mil mujeres. La esposa de Raúl Castro, que ya murió, dijo: yo quiero que hable María. Quizás Lorena algo le había hablado o supo de mí cuando estuve curándome en Cuba. Y qué puedo hablar yo, le respondí. Di cualquier cosa, me dijo.

Entonces hablé: Imagínense, vengo saliendo del monte. Yo hubiera preferido que me dieran lo que valía el pasaje para comprarle botas a la tropa, porque allá las tenemos sin zapatos.

No contaba con la preparación para ir a un foro de esos, pero tenía el peso que iba del Frente.

Cuando regresé de allá, decidieron no mandarme a Estados Unidos porque dijeron que había como 300 periodistas y más de alguno me iba a conocer y me podían capturar.

Eso fue en el 87. Pero para aprovechar la salida me mandaron a un curso a Vietnam. Ese fue un curso bonito porque era de tácticas guerrilleras. Llegué a Vietnam a finales de agosto y regresé a finales de diciembre.

Durante el proceso de paz los mensajes nos llegaban a la montaña en clave por medio de radio o papeles. Nos decían cómo iban las negociaciones. Llegó Chus a visitarnos para informarnos sobre cómo iba la negociación y nos aseguró que guerra se terminaría. Francamente no creía eso.

En esa visita nos mataron a Chus, cuyo nombre real era Antonio Cardenal, un compañero jesuita nicaragüense que estaba con nosotros.

Para la desmovilización tuve un temor grandísimo porque las tropas estaban concentradas y nos podían bombardear. Pensaba: nos van a matar un montón de tropa y por eso vamos a volver a la guerra.

Después había que destruir los fusiles. Quebrarlos enfrente de la ONUSAL. Yo lloré cuando los destruimos.

Yo no entregué ni un fusil. Yo tenía mi pistola 9 mm, esa no había que entregarla. No usaba fusil porque no me gusta la ostentación. Prefería una pistola 9 mm, esa pistola es buena, pegaba algo bien.

Después de la desmovilización de la tropa, comenzamos a organizar el FMLN en partido político. A finales del 92 era parte de la comisión política del Frente y me asignaron la coordinación en Chalatenango.

En el período 1997-2000 fui diputada de la Asamblea Legislativa. Quedé desilusionada. La experiencia en la Asamblea no me gustó. Yo entendí que ahí todo se hace en función de votos. Puede ser que yo no sirva para hacer ese tipo de lucha.

Asistí a un seminario sobre el aborto desde la visión de salud, religiosa y social. Fue un taller grandioso para mí. Me encantó por estar relacionado con el sentir y pensar de las mujeres. Perdónenme, pero aunque los hombres nos amen nunca sabrán que es un dolor de vientre por una regla. Nunca sabrán eso, gracias a Dios. Por eso no tienen el criterio que tenemos las mujeres.

Pertenecía a las comisiones de la Familia, la Mujer y la Niñez; y en la de Municipalismo, las que no llaman prensa. Como diputado uno va descubriendo eso. Otros se pelean por estar en Hacienda, Legislación. Uno es tontito pero no tanto, esas cosas uno las va captando. Lamentablemente es igual en todos los partidos.

En noviembre, discutimos qué hacer en el día de la no violencia contra la mujer. Propuse la despenalización del aborto terapéutico. Si le dicen que un garrobo tiene en la barriga, es de justicia que se lo saquen.

La gente de la Fundación Sí a la Vida levantó un gran escándalo. Y entonces nosotros tuvimos que votar por Sí a la Vida. Tuve algunas reprimendas de parte de mis compañeros diputados porque me dijeron que no tenía que meterme en esos temas. Y yo pensé: me voy a la chingada de aquí.

No estaba acostumbrada a vivir con tanto pisto. Yo tenía mis trapitos que me los hacían en Guarjila, el cantón donde vivo por ratos. Nunca llegué a la Asamblea vestida de otra forma porque sabía que al salir de ahí seguiría siendo María Chichilco. No me puedo crear un estatus que no lo puedo sostener. Cuando uno reniega de su realidad, se convierte en chipuste pegado con saliva. Uno debe ser feliz de lo que es.

En el ministerio de Gobernación estoy contenta porque se hacen más cositas. Trabajo con los gobernadores. Hay problemas de la gente que se pueden resolver con la ayuda de los ministerios.

Cuando deje de ser viceministra, a partir de junio próximo daré clases. En el 2000 saqué un profesorado, me gradué en el 2003.

Todo funcionario debe ser siempre parte del pueblo. Somos simples mortales. El que se infla se le olvida ese detalle. Después de tres días de muertos, ni nuestra madre nos quiere tener en la casa. La muerte es parte de la vida. Lo que pasa es que uno no quiere aceptarla, porque la vida es amable aunque se aguante hambre.

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La Unión Popular Salvadoreña, UPS, desafiando al General Martínez en 1939

SAN SALVADOR, 6 de mayo de 2019 (SIEP) “Constituye una gran alegría  como historiadores del movimiento popular recuperar este pedazo de la historia oculta, prohibida, censurada,  de la izquierda revolucionaria en El Salvador que en mayo de 1939, originaba un frente antidictatorial llamado Unión Popular Salvadoreña, UPS, enfatiza Roberto Pineda, Coordinador del Centro de Estudios Marxistas “Sarbelio Navarrete.”

Agrega Pineda que “esta información surge como resultado de la publicación por el Bloque Popular Juvenil, BPJ, en su periódico Militante de mayo de este año (pág. 10,11) del artículo El Futuro de la revolución salvadoreña, del aprista salvadoreño devenido trotskista, José Enrique Blanco Corpeño, publicado por la revista fundada por Trotski, Clave/Tribuna Marxista, en mayo de 1939. Blanco Corpeño era en diciembre de 1938, en ciudad de México, editor de Trinchera Aprista.”

Señala que “agradecemos infinitamente al BPJ –no obstante nuestras obvias diferencias ideológicas-por permitirnos echar un vistazo a esta segunda generación de comunistas luego del 32,  así como recuperar este eslabón organizativo llamado Unión Popular Salvadoreña, que se suma a otros esfuerzos posteriores como la UNT, el PRAM, el PAR Nueva Línea y el UDN, que fueron expresiones abiertas del clandestino Partido Comunista de El Salvador, PCS, en su existencia de 65 años.”  

A continuación, reproducimos en su integralidad el texto histórico mencionado de Blanco Corpeño.

El Futuro de la Revolución Salvadoreña

Años de reacción se han sucedido después del fracasado intento de liberación campesina de 1932, llevada a cabo por primera vez en la historia salvadoreña, con el concurso de un proletariado incipiente, falto de un verdadero partido proletario, y al contrario, dirigido por un partido que no respondió a la hora de la revolución más que a los dictados de unos cuantos pequeño-burgueses vacilantes y faltos de una verdadera conciencia bolchevique-leninista.

Estos años de reacción han comprobado que el Partido stalinista (III Internacional) que hoy apenas existe en la cabeza de algunos abogados, médicos e intelectuales frente populistas y social-patriotas, fue incapaz de dirigir la lucha del campesinado contra los señores feudales de la tierra, al no combinarla con el proletariado para hacerla culminar con la revolución proletaria, única capaz de llevar hasta su fin la revolución burguesa. Tampoco podrá, en los actuales momentos que vive la humanidad, llevar al triunfo contra el fascismo al proletariado salvadoreño ni a la realización de la revolución nacional-demócrata que corresponde a este pequeño país como nacionalidad oprimida, país semi-colonial, bajo la dominación de los imperialismos yanqui e inglés fundamentalmente.

Mas sin embargo, aunque dolorosa la experiencia (20,000 campesinos y obreros ametrallados) la lección de esta revolución será histórica como lo fue la de la primera revolución rusa der 1905 para el proletariado de 1917. Será histórica, decimos, para el joven proletariado salvadoreño que se mostró demasiado débil en 1932 para tomar el poder. Los años de reacción brutal del régimen policiaco-militar del Gral. Martínez, que todavía parece, lo fortalecerán y a darán al madurez necesaria, que solo de la  clandestinidad, para llevar tarde o temprano la revolución nacional-democrática hasta su final realización.

Ocho años de reacción, transcurridos desde la revolución campesina, han transformado la mecánica política de las diversas fuerzas sociales. En los primeros años del régimen policiaco-militar del General Martínez, este tuvo el apoyo de toda la sub-burguesía y clases feudales así como el de la mayoría de la pequeña burguesía.

La sub-burguesía se ha dividido en dos tendencias políticas frente al gobierno. Parte de ella, sirve las exigencias de los intereses imperialistas de los Estados Unidos e Inglaterra, y la otra responde  a la presión de los imperialismos fascistas de Alemania e Italia en especial. En la misma situación, se hayan las clases feudales, unidas por diversos vínculos económicos tanto al imperialismo internacional como a la sub-burguesía. La pequeña burguesía, por otro lado, afianza sus posiciones políticas, bien con las clases dominantes, bien con las masas populares (campesina y proletaria) divorciadas completamente del gobierno.

La acelerada penetración económica de los imperialismos fascistas de Alemania (fundamentalmente) e Italia, en los años en que el gobierno careció del reconocimiento diplomático de los Estados Unidos, dio origen a una pugna entre las dos fracciones sub-burguesas dependientes del capital financiero internacional, extendiéndose asimismo esta pugna a las capas feudales.

El gobierno del Gral. Martínez se inclinó desde un principio en favor de las clases que representaban intereses de los fascistas mencionados, las relaciones comerciales y políticas con los estados totalitarios fueron estrechadas en detrimento del imperialismo anglo-sajón y de sus agentes del interior.

Esta pugna política en el seno de las clases dominantes se ha exteriorizado en los últimos años por medio de intentonas políticas en contra del régimen, dirigidas por coroneles y generales a sueldo de la sub-burguesía descontenta con el régimen. Estas intentonas de cuartelazo no han tenido más que débil eco entre las clases populares, que intuitivamente se dan cuenta del origen de estas pugnas, cuyos resultados, sean los que fueren, no cambiaran el régimen económico, político y social a que están sujetas hoy, bajo el despotismo brutal del gobierno del Gral. Martínez.

La situación internacional se caracteriza por una profunda crisis política entre los diversos países imperialistas. El imperialismo fascista de Alemania, siguiendo la aventura del imperialismo fascista de Italia en Etiopía, (solo que cambia do de métodos) se anexa primeramente a Austria, luego a parte de Checoslovaquia para meses más tarde anexarse a Memel y a Checoslovaquia entera. En España, el fascimo ítalo-germano presta su ayuda de una manera definitiva al fascista Franco, hasta culminar con la rendición de Madrid y la fuga aparatosa de los líderes del Frente Popular español. Las llamadas “democracias” imperialistas de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, ante esta situación, hacen lineamientos para “salvar la humanidad de las garras del fascismo “, constituyendo un frente único de las democracias burguesas contra Alemania-Italia.

La guerra interimperialista, tarde o temprano, se desencadenará; los campos ya están delimitados: imperialismos “democráticos” contra imperialismos fascistas. El stalinismo, tomando la misma posición que tenían los social-patriotas de al II Internacional en 1914, toma ya su puesto al lado de los imperialismos “democráticos”, a fin de contribuir con la sangre del proletariado internacional a la defensa de la “democracia burguesa.” Para el stalinismo no hay más disyuntiva que “democracia” burguesa o fascismo. En México, ya el líder máximo de la Confederación de Trabajadores (C.T.M.) el abogado mixtificador de los objetivos del proletariado en la guerra interimperialista, Lombardo Toledano, ha declarado, en el mitin de celebración de la expropiación petrolera (19 de marzo) que el proletariado mexicano y todo el pueblo en general debe aprestarse para luchar en la próxima guerra contra el fascismo internacional, al lado de los imperialismos “democráticos” que son los únicos que pueden salvar a la humanidad de la crisis actual.

Ante la situación política salvadoreña,(indudablemente ligada con la situación internacional de pugna imperialista) todo luchador proletario salvadoreño se preguntara , ¿Qué hacer? El stalinismo salvadoreño responde: Sostener los “principios” tratar de “ampliarlos y fortalecerlos con mayores garantías”, “la economía pública” debe ser organizada “sobre lineamientos científicos y honestos” debe hacerse “un llamamiento a todos los elementos democráticos del país para que, borrando las diferencias ideológicas y de clase, nos unifiquemos sobre la base democrática en la lucha contra Martínez” puesto que “en estos momentos en que las democracias americanas se alían para defenderse de la penetración fascista, Martínez no solo sabotea, al margen de las declaraciones oficiales, democráticas y de buena vecindad del presidente Roosevelt, sino que también traiciona los más caros aspiraciones de todos los pueblo democráticos de América (Lo entre comillas pertenece a fragmentos del “Manifiesto de la Unión Popular Salvadoreña” –U.P.S.-, organización controlada y dirigida por la fracción stalinista de El Salvador).

Respondiendo a los dictados de la III Internacional el stalinismo salvadoreño –diremos con palabras de Lenin, en 1905- ha “aprendido que la transformación democrática tiene en su base económica la revolución burguesa, y han “entendido” esto de tal modo que es necesario rebajar los fines democráticos del proletariado hasta el nivel de la moderación burguesa, hasta el límite más allá del cual “la burguesía se aparta.”

En realidad, el stalinismo salvadoreño lanza llamamientos a la unificación con las clases sub-burguesas y feudales descontentas con el régimen martinista, para que en ella el proletariado vaya a remolque, pues la dirección de este último a base de una política independiente, en la revolución que se inicia, haría que las clases dominantes se apartasen de él; es decir, el stalinismo salvadoreño sostiene la teoría y su practica contrarrevolucionaria del “Frente Popular” que pretende  vivir fuera del terreno de la lucha de clases. Sin embargo, -con palabras de Lenin, en 1905- “el proletariado espera su salvación, no de su desviación de la lucha de clases, sino de su desarrollo, de su ensanchamiento, de la conciencia, de la organización, de la decisión.” Y esto lo decía Lenin refiriéndose a la política independiente que debe sostener el proletariado en la revolución.

Por otro lado, cuando Lenin en 1905 hablaba de la revolución democrática-burguesa en su aspecto popular, así como del abuso de la palabra “pueblo” (abuso que comete hoy el stalinismo) decía: “El que menoscaba los fines proletarios en la revolución democrática-burguesa, convierte al social-demócrata, que debe ser un caudillo de la revolución popular, en líder de sindicato.”…”la socialdemocracia ha luchado y lucha con pleno derecho contra el abuso burgués-democrático de la palabra “pueblo.” Exige que con esta palabra no se encubra la incomprensión de los antagonismos de clase en el seno del pueblo. Insiste incondicionalmente en la necesidad de una independencia de clase completa del partido del proletariado. Pero divide al “pueblo” en “clases” no para que la clase avanzada se encierre en sí misma, se  limite con una medida mezquina, castre su actividad con consideraciones como la de que no s e aparten los soberanos económicos del mundo, sino para que la clase avanzada, que no adolece de la actitud de medias tintas, de la inconsistencia, de la indecisión de las clases intermedias, luche con  tanta mayor energía, con tanto mayor entusiasmo por la causa  de todo el pueblo  y al frente del mismo.” Al mismo tiempo, Lenin aclara en este pasaje el significado dialectico de la política independiente del proletariado como clase y de su vanguardia, el partido, en una revolución de carácter popular.

Freten al problema revolucionario de El salvador, nosotros bolcheviques-leninistas de al IV Internacional, y frente a la posición derrotista del stalinismo salvadoreño, en su defensa de la democracia burguesa y entrega del proletariado a las clases dominantes del país, oponemos la consigna de la revolución nacional-democrática, que deberá estar a la orden del día en los países que como El salvador, luchan por romper el yugo imperialista, deberá realizar la revolución agraria y cumplir las tareas democráticas -sobre la base de la revolución permanente-ante las reminiscencias feudales.

Para que una consigna verdaderamente revolucionaria, como la de la revolución nacional-democrática pueda ser llevada a su realización, el proletariado salvadoreño deberá constituir su verdadera vanguardia revolucionaria, esto es, un partido auténticamente bolchevique-leninista.

Solamente el proletariado, bajo al dirección de un verdadero partido proletario, será capaz de llevar hasta sus últimas consecuencias –sobre la base de la teoría y práctica de la revolución permanente- la revolución nacional-democrática. No son los partidos stalinistas (los mencheviques de hoy) en entrega mercenaria a las burguesías nacionales y a los imperialismos “democráticos” los que dirigirán al proletariado mundial en su lucha por el poder y la revolución proletaria.-

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El nuevo laberinto político y social salvadoreño del 1 de mayo

Roberto Pineda                                         3 de mayo de 2019

El impacto provocado por el resultado electoral del pasado 3 de febrero[1] derivó este 1 de mayo en altos niveles de dispersión ideológica y política, en el marco de un nuevo periodo histórico a iniciarse el 1 de junio con la llegada al gobierno  del movimiento Nuevas Ideas y de su fundador, Nayib Bukele.

Alrededor de ocho marchas y cuatro lugares de llegada indicaron el momento cuasi posmoderno, “liquido” de fragmentación que vive el movimiento popular y social salvadoreño, luego de un periodo de 30 años (1989-2019) en el que las categorías “duras” de derecha e izquierda definían el panorama.

En los 4 gobiernos de la derechista ARENA (1989-2009) los trabajadores enfrentaban la ofensiva neoliberal. En los dos gobiernos del izquierdista FMLN (2009-2019) los trabajadores apoyaban los programas sociales. Por lo general eran dos marchas, la de fuerzas sindicales orientadas por el FMLN y la de fuerzas de izquierda independientes (trotskistas, anarquistas y otros). Hoy es un complejo laberinto de fuerzas, intereses y agendas.

A continuación hacemos un breve abordaje de este laberinto social y político, para buscar puntos de coincidencia que permitan a futuro hacer avanzar los intereses populares, frente a la ofensiva imperial y oligárquica interna.  

Antecedentes

Hace 95 años se realizó la primera celebración en San Salvador del 1 de mayo[2]. Fue en 1924, y convocada por la Confederación Obrera de El Salvador, COES, ya que todavía no existía la Federación Regional de Trabajadores Salvadoreños, FRTS.  Desde entonces se ha venido celebrando esta fecha, con excepción de periodos de intensa represión como los que siguieron a la derrota de la insurrección indígena-campesina de enero de 1932. 

El 1 de mayo de 1989  los sectores sindicales y populares aglutinados en la Unidad Nacional de los Trabajadores Salvadoreños, UNTS realizan una masiva y combativa marcha en la que incluso comandos urbanos del FMLN dinamitan cajas telefónicas. Se estaba a las puertas –creíamos- de una insurrección popular triunfante. Fue la primera marcha contra el presidente electo Feliz Cristiani, de ARENA. Salió del parque Cuscatlán y concluyó en la Plaza Cívica. Al final, el desenlace del conflicto armado fue por la vía de la negociación, que concluyó en enero de 1992.

El 1 de mayo de 2009 se realizaron dos marchas. Una por los sectores sindicales y populares influenciados por el FMLN que salió del Salvador del Mundo, y concluyó en la Plaza Cívica y tuvo como punto central el discurso del presidente electo, periodista Mauricio Funes. El FMLN llegaba al gobierno, luego de 29 años de lucha armada y electoral. La otra marcha popular, salió de la UES y fue una marcha de sectores estudiantiles y sindicatos en contra de Funes, a quien acusaron de ser de derecha, y concluyó en la Plaza Libertad. 

Dime adonde llegas y te diré quién eres (Fuerzas sociales y referentes políticos)

Hubo ocho diferentes lugares de salida de marchas pero únicamente cuatro lugares de llegada, cuatro plazas emblemáticas de la capital salvadoreña.  Fue tal la dispersión que algunas fuerzas políticas de izquierda, tales como el Partido Socialista Centroamericano, PSOCA, Movimiento por un Nuevo País, MNP, decidieron no marchar y participar desde diversas movilizaciones. Otras como el FMLN, Unidad Socialista de los Trabajadores, UST, hoy Plataforma de la Clase Trabajadora, PCT y el PCS si llamaron a  determinadas marchas.

Los que llegaron a la plaza Cívica (Gerardo Barrios) salieron de la plaza Minerva de la UES, del Salvador del Mundo, del Hospital Rosales, del redondel Schafik Handal   y de las 4 letras de Metrocentro. Fue la marcha más numerosa y contó con la presencia de funcionarios del gobierno saliente y de altos dirigentes del FMLN. Estuvo convocada por CONPHAS, CSTS, FSS, CIRAC, MPS, MPR-12, el trotskista Bloque Popular Juvenil (BPJ), FNS, FEASIES, FESTRASPES, partido FMLN, etc. La consigna de la| Coordinadora Intergremial Rafael Aguiñada Carranza, CIRAC fue: Unidad, Solidaridad y Lucha por el Socialismo.

Los que llegaron a la plaza de la Constitución (Chulona)  salieron de la UES. Estuvo convocada por la Coordinadora Nacional de Amplia Participación, CONAPAR, formada en agosto de 2017, que aglutina a Bases magisteriales (BM), SEJES, Movimiento de Trabajadores Policías (MTP);  Sitrasalud, Sitramec, Unep, Anejus, FENASTRAS, SIMEDUCO, Veteranos de la Fuerza Armada y otros.

Los que llegaron a la plaza Morazán salieron de la UES y del Hospital Bloom. Estuvo coordinada por la Unidad para la Refundación y Resistencia Sindical Salvadoreña (URRSS), que incorpora a AGEPYM, SITTOJ, MTS (Movimiento de Transparencia Salvadoreño), CNTS, Fesitrapes, Sitraues, , Unidad Socialista de los Trabajadores, UST   hoy Plataforma de la Clase Trabajadora, PCT; Partido Comunista de El Salvador (PCS refundado). Marcharon bajo la consigna: No más neoliberalismo. Cambio de Patrono no es Liberación.

Los que llegaron a la plaza Libertad salieron de la Fuente Luminosa (ex Embajada). Estuvo dirigida por la Coordinadora Sindical Salvadoreña, CSS, nacida en 2013, con el apoyo entonces tanto de la UST como del PSOCA.  Participaron estudiantes de Arte, Las Febes, sindicatos del CNR, PDDH, Capres, Coordinadora Estudiantil, de trabajadores de seguridad privada, Unión Anarquista, etc.  

Las banderas de lucha: contra la privatización del agua, contra las AFPs y  contra la Ley de Servicio Público.

Al revisar la plataforma reivindicativa de las diferentes formaciones sindicales y populares sobresalen tres grandes temas, que constituyen importantes coincidencias,  que permiten la posibilidad de alcanzar acuerdos inmediatos de lucha. Estos son la temática vinculada al rechazo a  la privatización del agua, a la necesidad de una reforma del sistema de pensiones que elimine a las AFPs, y el rechazo  a la Ley de Servicio Público, impulsada por este gobierno y que podría legalizar el despido de miles de trabajadores del Estado.

Entre las diferencias se encuentran las vinculadas a la relación entre movimiento sindical y partidos políticos, así como la actitud frente a la llegada al gobierno de Nuevas Ideas y Nayib Bukele. Con respecto al primer punto; la CSS y la URRSS reivindican la independencia y autonomía de la clase obrera.

Con respecto al segundo punto, en la caracterización del nuevo gobierno, para el FMLN se trata de un gobierno de derecha, pro oligárquico y pro imperialista. Y no obstante sus diferencias tácticas e ideológicas,  las agrupaciones que se concentraron en el centro de San Salvador (plazas Cívica, Libertad y Morazán) coinciden en esta  valoración política. Únicamente CONAPAR exhibe una visión de esperar y ver qué es lo que va suceder y a partir de la realidad, definir una táctica de lucha.

Las alianzas

El FMLN y las organizaciones populares que influye, puede llegar a acuerdos con el CSS y la URRSS  a partir de la visión anti Nayib. En el caso de CONAPAR se convertirá seguramente en base social del nuevo gobierno.  Habrá una disputa cerrada por los corazones y las mentes de los sectores populares, en el caso de Nuevas Ideas por desalojar a ARENA y al FMLN de la Asamblea Legislativa y los gobiernos municipales en el 2021, y en el caso del FMLN por  mantenerse, y evitar la debacle.

Y en general, todo el movimiento popular y social puede llegar a acuerdos -que conduzcan desde la unidad en la acción hasta modalidades incluso orgánicas- a partir de una plataforma de lucha que tenga como pilares básicos los ya mencionados de  la lucha por la reforma al sistema de pensiones, en contra de la privatización del agua, en contra de la Ley del Servicio Público,  en contra de los despidos y por la libertad sindical.

Conclusiones

Estamos en un nuevo momento histórico en el que se vuelve necesario para el movimiento popular y social, afinar el análisis político, para diseñar una estrategia que le permita asegurar lo ya conquistado en logros sociales y seguir avanzando, hacia la desarticulación del modelo neoliberal y la construcción de poder popular mediante la unidad, organización, conciencia y  movilización.

San salvador, 3 de mayo de 2019


[1] Ese día tuvieron lugar elecciones presidenciales, en las cuales el candidato Nayib Bukele derrota abrumadoramente a los partidos Alianza Republicana Nacionalista, ARENA y Frente Farabundo Martí para la Liberación nacional, FMLN.

[2] Ver Pineda, Roberto. Las Luchas de los Movimientos Populares en El Salvador 1810-2010. San Salvador, Ediciones Prometeo Liberado, 2014

Terra incognita

Por Jorge Luis Borges

Soy el primer aventurero hispánico que ha arribado al libro de Joyce: país enmarañado y montaraz que Valery Larbaud ha recorrido y cuya contextura ha trazado con impecable precisión cartográfica (N. R. F., tomo XVIII) pero que yo reincidiré en describir, pese a lo inestudioso y transitorio de mi estadía en sus confines.

Hablaré de él con la licencia que mi admiración me confiere y con la vaga intensidad que hubo en los viajadores antiguos, al describir la tierra que era nueva frente a su asombro errante y en cuyos relatos se aunaron lo fabuloso y lo verídico, el decurso del Amazonas y la Ciudad de los Césares.

Confieso no haber desbrozado las setecientas páginas que lo integran, confieso haberlo practicado solamente a retazos y sin embargo sé lo que es, con esa aventurera y legítima certidumbre que hay en nosotros, al afirmar nuestro conocimiento de la ciudad, sin adjudicarnos por ello la intimidad de cuantas calles incluye ni aun de todos sus barrios.

James Joyce es irlandés. Siempre los irlandeses fueron agitadores famosos de la literatura de Inglaterra. Menos sensibles al decoro verbal que sus aborrecidos señores, menos propensos a embotar su mirada en la lisura de la luna y a descifrar en largo llanto suelto la fugacidad de los ríos, hicieron hondas incursiones en las letras inglesas, talando toda exuberancia retórica con desengañada impiedad. Jonathan Swift obró a manera de un fuerte ácido en la elación de nuestra humana esperanza y el Mikromegas y el Cándido de Voltaire no son sino abaratamiento de su serio nihilismo; Lorenzo Sterne desbarató la novela con su jubiloso manejo de la chasqueada expectación y de las digresiones oblicuas, veneros hoy de numeroso renombre; Bernard Shaw es la más grata Realidad de las letras actuales. De Joyce diré que ejerce dignamente esa costumbre de osadía.

Su vida en el espacio y en el tiempo es abarcable en pocos renglones, que abreviará mi ignorancia. Nació el ochenta y dos en Dublín, hijo de una familia prócer y piadosamente católica. Lo han educado los jesuitas: sabemos que posee una cultura clásica, que no comete erróneas cantidades en la dicción de frases latinas, que ha frecuentado el escolasticismo, que ha repartido sus andanzas por diversas tierras de Europa y que sus hijos han nacido en Italia. Ha compuesto canciones, cuentos breves y una novela de catedralicio grandor: la que motiva este apuntamiento.

El Ulises es variamente ilustre. Su vivir parece situado en un solo plano, sin esos escalones ideales que van de cada mundo subjetivo a la objetividad, del antojadizo ensueño del yo al transitado ensueño de todos. La conjetura, la sospecha, el pensamiento volandero, el recuerdo, lo haraganamente pensado y lo ejecutado con eficacia, gozan de iguales privilegios en él y la perspectiva es ausencia. Esa amalgama de lo real y de las soñaciones, bien podría invocar el beneplácito de Kant y de Schopenhauer. El primero de entrambos no dio con otra distinción entre los sueños y la vida que la legitimada por el nexo causal, que es constante en la cotidianidad y que de sueño a sueño no existe: el segundo no encuentra más criterio para diferenciarlos, que el meramente empírico que procura el despertamiento. Añadió con prolija ilustración, que la vida real y los sueños son páginas de un mismo libro, que la costumbre llama vida real a la lectura ordenada y ensueño a lo que hojean la indiligencia y el ocio. Quiero asimismo recordar el problema que Gustav Spiller enunció (The Mind of Man, p. 322-3) sobre la realidad relativa de un cuarto en la objetividad, en la imaginación y duplicado en un espejo y que resuelve, justamente opinado que son reales los tres y que abarcan ocularmente igual trozo de espacio.

Como se ve, el olivo de Minerva echa más blanda sombra que el laurel sobre el venero de Ulises. Antecesores literarios no le encuentro ninguno, salvo el posible Dostoiewski en las postrimerías de Crimen y Castigo, y eso, quién sabe. Reverenciemos el provisorio milagro.

Su tesonero examen de las minucias más irreducibles que forman la conciencia, obliga a Joyce a restañar la fugacidad temporal y a diferir el movimiento del tiempo con un gesto apaciguador, adverso a la impaciencia de picana que hubo en el drama inglés y que encerró la vida de sus héroes en la atropellada estrechura de algunas horas populosas. Si Shakespear –según su propia metáfora– puso en la vuelta de un reloj de arena las proezas de los años, Joyce invierte el procedimiento y despliega la única jornada de su héroe sobre muchas jornadas de lector. (No he dicho muchas siestas.)

En las páginas del Ulises bulle con alborotos de picadero la realidad total. No la mediocre realidad de quienes sólo advierten en el mundo las abstraídas operaciones del alma y su miedo ambicioso de no sobreponerse a la muerte, ni esa otra media realidad que entra por los sentidos y en que conviven nuestra carne y la acera, la luna y el aljibe. La dualidad de la existencia está en él: esa inquietación ontológica que no se asombra meramente de ser, sino de ser en este mundo preciso, donde hay zaguanes y palabras y naipes y escrituras eléctricas en la limpidez de las noches. En libro alguno –fuera de los compuestos por Ramón– atestiguamos la presencia actual de las cosas con tan convincente firmeza. Todas están latentes y la dicción de cualquier voz es hábil para que surjan y nos pierdan en su brusca avenida. De Quincey narra que bastaba en sus sueños el breve nombramiento consul romanus, para encender multisonoras visiones de vuelo de banderas y esplendor militar. Joyce, en el capítulo quince de su obra, traza un delirio en un burdel y al eventual conjuro de cualquier frase soltadiza o idea, congrega cientos –la cifra no es ponderación, es verídica– de interlocutores absurdos y de imposibles trances.

Joyce pinta una jornada contemporánea y agolpa en su decurso una variedad de episodios que son la equivalencia espiritual de los que informan la Odisea.

Es millonario de vocablos y estilos. En su comercio, junto al erario prodigioso de voces que suman el idioma inglés y le conceden cesaridad en el mundo, corren doblones castellanos y siclos de Judá y denarios latinos y monedas antiguas, donde crece el trébol de Irlanda. Su pluma innumerable ejerce todas las figuras retóricas. Cada episodio es exaltación de una artimaña peculiar y su vocabulario es privativo. Uno está escrito en silogismos, otro en indagaciones y respuestas, otro en secuencia narrativa y en dos está el monólogo callado, que es una forma inédita (derivada del francés Edouard Dujardin, según declaración hecha por Joyce a Larbaud) y por el que oímos pensar prolijamente a sus héroes. Junto a la gracia nueva de las incongruencias totales y entre aburdeladas chacotas en prosa y verso macarrónico, suele levantar edificios de rigidez latina, como el discurso del egipcio a Moisés. Joyce es audaz como una proa y universal como la rosa de los vientos. De aquí diez años –ya facilitado su libro por comentadores más tercos y más piadosos que yo– disfrutaremos de él. Mientras, en la imposibilidad de llevarme el Ulises al Neuquén y de estudiarlo en su pausada quietud, quiero hacer mías las decentes palabras que confesó Lope de Vega acerca de Góngora: Sea lo que fuere, yo he de estimar y amar el divino ingenio deste Cavallero, tomando del lo que entendiere con humildad y admirando con veneración lo que no alcanzare a entender.

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