Masculinidades alternativas en el mundo de hoy Angels Carabi

INTRODUCCIÓN

Àngels Carabí y Josep M. Armengol

Este libro surge de una imperiosa necesidad. En un mundo globalizado y rápidamente cambiante como el nuestro, aún prevalecen en la mayoría de las sociedades modelos hegemónicos de masculinidad que perpetúan relaciones desiguales entre los géneros. Según las feministas y los estudiosos de las masculinidades, los hombres deberían reconocer que su derecho a un poder desigual es falso; deberían oponerse a los valores culturales de dominación y desarrollar una responsabilidad ética para establecer relaciones de género más equitativas. Afortunadamente, en numerosos países, los hombres, tanto de forma individual como en grupo, cada vez tienden más a cumplir estos objetivos.[1]

Sin embargo, la mayoría de los varones sensibles que quieren cambiar no saben cómo hacerlo. Tienen dudas sobre qué significa exactamente comportarse como padres o amigos afectuosos, responder sin violencia ante una agresión, o comportarse como iguales sin «perder» su masculinidad.

Se necesitan nuevas formulaciones de hombría tanto para los jóvenes como para hombres de todas las edades. Además, debido al increíble crecimiento de las relaciones internacionales y los entornos multiculturales en los que se relacionan personas de diferentes orígenes, culturas y religiones, estas nuevas formulaciones son necesarias en todo el mundo.

Con el fin de arrojar algo de luz sobre estas tensiones, nuestro estudio de las masculinidades no solo pretende impugnar los comportamientos masculinos normativos y hegemónicos sino que, por encima de todo, confía en preparar el camino para unas formas de masculinidad nuevas o «alternativas».

Aunque abundan los estudios sobre las representaciones masculinas tradicionales, y aunque en varias obras se deconstruyen las imágenes normativas de la masculinidad, se ha escrito mucho menos sobre textos que proponen maneras «alternativas» de ser hombre en la cultura y en la sociedad.

Así pues, el presente volumen contribuye a llenar este vacío, con la convicción, junto a James D. Riemer, de que para cambiar la vida de los hombres se necesita algo más que reconocer los efectos negativos de nuestros ideales actuales de hombría; «también se han de reconocer y reforzar las alternativas positivas a los ideales y los comportamientos masculinos tradicionales » (1987, p. 298).

En esta estimulante aventura, hemos tratado de salvar la distancia entre las ciencias sociales y las humanidades por considerar que los dos campos se necesitan el uno al otro. Los eminentes científicos sociales que han tenido la amabilidad de colaborar con nosotros en la primera parte de este volumen ofrecen perspectivas reveladoras que nos conducen hacia cambios esperanzadores.

En la segunda parte, nuestro grupo de investigación con sede en Barcelona, Construyendo nuevas masculinidades (CNM) (www.ub.edu/masculinities), formado por estudiosos de la literatura contemporánea estadounidense, profundiza en los complejos itinerarios que siguen los personajes de ficción para llegar a ser hombres más igualitarios. Es un intento, parte de los autores, de identificar en la ficción «alternativas» que podrían concretarse en la vida real, partiendo de la base de que la gran variedad y complejidad psicológica de los personajes literarios pueden resultar especialmente útiles para los hombres a la hora de repensar su propia identidad masculina de una manera nueva y profunda.

Todo debate sobre masculinidades «alternativas» o «contrahegemónicas» debe retornar, ya sea implícita o explícitamente al concepto de masculinidad «hegemónica» tal como lo definió Raewyn Connell (1987), que ha tenido una influencia duradera sobre los estudios de género y masculinidad. Como sabemos, Connell desarrolló la idea de masculinidad hegemónica para destacar la importancia del poder patriarcal, sobre el cual, en el esquema de roles sexuales de la década de 1970, no se elaboró prácticamente ninguna teoría.

De este modo, propuso la existencia de un modelo de masculinidad dominante, que dependía de la subordinación y la opresión de grupos marginados, constituidos, sobre todo, por hombres y mujeres homosexuales. A pesar de su influencia permanente en diversos campos, desde la sexualidad y los estudios homosexuales hasta la psicología y la sociología, este modelo puede criticarse, y se ha criticado, por diferentes razones y desde distintas perspectivas.

Partiendo del concepto de bloque histórico de Antonio Gramsci y del concepto de hibridez de Homi Bhabha, Demetrakis Demetriou

(2001), por ejemplo, sugiere que la masculinidad hegemónica no es una práctica exclusivamente blanca ni heterosexual, sino más bien «un bloque híbrido» que une masculinidades hegemónicas y no hegemónicas para asegurar la reproducción del patriarcado.

La propia Connell ha reconocido los límites y las contradicciones de su formulación inicial. En un artículo escrito con James W. Messerschmidt (2005) reconoce que la masculinidad hegemónica no puede entenderse como una visión unidimensional de la jerarquía y las características de género, sino que forma parte de las luchas sociales en las que las masculinidades subordinadas influyen en las formas dominantes y a menudo conviven con ellas.

Así pues, en general, los estudios sobre hombres y masculinidades pueden dividirse en tres categorías principales. En primer lugar, hay gran cantidad de trabajos que abordan, de un modo u otro, el concepto de masculinidad hegemónica. Según Connell y Messerschmidt (p. 830), hay más de doscientos artículos que utilizan el término exacto de «masculinidad hegemónica» en el título o en el resumen, mientras que varios centenares utilizan alguna variante o usan el término en el texto. Asimismo, cada vez son más los trabajos académicos que critican el concepto de hegemonía de Connell desde perspectivas sociológicas, psicológicas, posestructuralistas y materialistas (Demetriou, 2001; Wetherell y Edley, 1999).  

De este modo, abogan por un modelo más complejo de jerarquía de género, subrayando la capacidad de acción de las mujeres y un análisis más contextualizado del privilegio y el poder, así como la interacción entre los niveles local y global. Finalmente, algunos estudios (Groes- Green 2012) al parecer avanzan un poco más, ya que no solo hacen mayor hincapié en la dinámica y la maleabilidad de la masculinidad hegemónica, sino que también reconocen las contradicciones internas y, por ende, las posibilidades de un desplazamiento hacia una democracia de género. Estos estudios han demostrado que podría defenderse la existencia de masculinidades «subordinadas» o «contrahegemónicas» que desafían la norma predominante.

De conformidad con esas tres tendencias, muchos estudios de las masculinidades han utilizado el concepto de Connell para explorar la organización de la masculinidad hegemónica y/o para deconstruirla.

Así, mientras algunos estudiosos han mostrado el funcionamiento de la hegemonía en distintos contextos masculinos, otros han sostenido que el establecimiento de la masculinidad hegemónica, si bien representa un privilegio, también tiene un precio para los hombres en términos de daños emocionales y físicos. Otro grupo de estudiosos ha profundizado en los desafíos a la hegemonía, subrayando la pluralidad irreductible y las contradicciones de las masculinidades.

En este sentido, Connell y Messerschmidt, por ejemplo, han demostrado que siempre hay una lucha por la hegemonía, que la masculinidad hegemónica a menudo convive con prácticas no hegemónicas y que esta convivencia podría derivar en «medios más humanos y menos opresivos de ser hombre» (2005, p. 833).

Por lo que se ha expuesto aquí, parecería que, al formular la idea de masculinidad hegemónica, Connell contempla no solo las relaciones de poder entre géneros y dentro de ellos, como se ha reconocido a menudo, sino también «la posibilidad de un cambio generado internamente» (Demetriou, 2001, p. 339). Además de distinguir entre lo que Demetriou (p. 341) llama hegemonía «externa » e «interna» (la hegemonía de los hombres sobre las mujeres y de algunos hombres sobre otros hombres, respectivamente), en realidad Connell parece apuntar a las masculinidades no hegemónicas como posibles alternativas para el cambio social.

Sin embargo, aunque la teoría de Connell deja espacio para las masculinidades alternativas, las define en términos bastante negativos, como prácticas y comportamientos masculinos que están subordinados a la masculinidad hegemónica y, por tanto, no queda claro cómo podrían desarrollarse masculinidades igualitarias. Por consiguiente, la idea de «masculinidades alternativas» sigue estando muy poco explorada dentro de los estudios actuales sobre masculinidad. Pese a la gran cantidad de estudios sobre la estructura y la influencia de la masculinidad hegemónica, y pese a su reciente deconstrucción en diferentes contextos y desde distintas perspectivas críticas, los estudiosos han prestado poca atención tanto a la posibilidad como a la necesidad de explorar modelos alternativos y no hegemónicos de masculinidad.

En tal sentido, pues, este estudio pretende centrarse en las prácticas y los comportamientos masculinos alternativos partiendo de la suposición crítica de que, a la larga, «a los hombres les resultará más fácil revisar su manera de vivir si podemos ayudarles a reconocer lo que podrían llegar a ser» (Riemer, 1987, p. 298).

Evidentemente, este libro no pretende cuestionar (ni que fuera posible) la hegemonía masculina ni poner en entredicho la hegemonía de unos hombres sobre otros. Sin embargo, sí que afirma, al destacar la multiplicidad y las contradicciones internas en los modelos masculinos de todo el mundo, que esta hegemonía no es universal ni inmutable. Explorar múltiples subjetividades masculinas en diferentes contextos en lugar de clasificar a todos los hombres en una única categoría permite, como propone correctamente Christian Groes-Green, «configuraciones alternativas sin ignorar sus manifestaciones contradictorias» (2012, p. 91).

Más allá de las críticas académicas a los hombres y las masculinidades dominantes, este estudio pretende, por tanto, especificar alternativas posibles a los modelos perjudiciales de hombría que pueden existir y, como veremos, a menudo existen uno junto al otro. En otras palabras, queremos poner en tela de juicio toda movilización fácil o sencilla de la categoría de masculinidades «alternativas», por encima o en contra de un supuesto modelo «hegemónico» o «normativo», y mostrar su habitual dependencia e interrelación.

Sin embargo, mientras en las instituciones sociales y culturales de todo el mundo predominan los valores patriarcales, este estudio se centra en varias subjetividades masculinas que cuestionan las jerarquías de género dominantes y contempla contextos específicos en los que resulta más probable la aparición de prácticas masculinas positivas.

Si, como sugiere Groes-Green (p. 93), pocos estudios indican «de dónde pueden proceder los cambios en las estructuras de género y cómo pueden los hombres desempeñar un rol positivo en la sociedad», este estudio contribuye a llenar este vacío, no solo mediante un análisis de las contradicciones internas de la masculinidad hegemónica sino también centrándose en las maneras no dominantes de ser hombre en las que el poder (masculino) no sea sinónimo de opresión.

Según insiste Groes-Green, «cuesta pasar por alto el apremio por explorar y desarrollar ideas de hombría profemeninas en términos empíricos y teóricos, si deseamos incluir a los hombres en la lucha contra la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres y el control masculino» (p. 107).

Sin dejar de reconocer la desigualdad entre los géneros, este estudio pretende explorar las tendencias igualitarias en todo el mundo y buscar contextos sociales y culturales específicos en los que se acentúen los modelos contrahegemónicos de hombría. De este modo, se centra en lo que Gary Barker (2000) llamó «desviados positivos (positive deviants)», es decir, hombres y masculinidades no dominantes que encarnan la igualdad de género de una manera profeminista.

Teniendo en cuenta este punto de vista, el estudio se divide en dos partes principales. La primera ofrece una perspectiva interdisciplinaria sobre el tema de las masculinidades alternativas e incluye estudios de académicos reconocidos en los campos de la teoría del trabajo social (Pease), la sociología (Flood), la antropología (Gutmann) y los estudios literarios (Leverenz).

La segunda parte, en cambio, explora las representaciones culturales de las masculinidades alternativas y se centra en imágenes masculinas alternativas en la literatura y la cultura estadounidenses. Mientras que la primera parte encara el tema con un enfoque teórico interdisciplinario, la segunda aplica la teoría a la práctica analizando representaciones literarias de la masculinidad. Esta segunda parte gira en torno a una serie concreta de temas relacionados con las masculinidades alternativas, que van desde los modelos de hombría no violentos y los nuevos modelos de paternidad hasta la aparición de masculinidades alternativas en la vejez o más allá del capitalismo y en contextos transnacionales, entre otros.

Los artículos analizan numerosos textos literarios estadounidenses contemporáneos que se «adelantan» o van «más allá» de los modelos masculinos tradicionales y, por el contrario, representan formas más positivas e igualitarias de ser hombre. Los capítulos abarcan gran variedad de autores y textos, desde Paul Auster y Richard Ford hasta Jonathan Franzen y autores chicanos, asiaticoamericanos y araboamericanos contemporáneos, entre otros.

Creemos que las dos partes se complementan y se nutren mutuamente a partir de la hipótesis crítica de que para entender mejor su construcción social es esencial analizar representaciones «de ficción» de la masculinidad.

Al fin y al cabo, es ampliamente reconocido que «el género es una representación» y que «la representación del género es su construcción» (De Lauretis, 1987, p. 3).

De ello se deduce, por tanto, que los estudios de las representaciones culturales de la masculinidad son especialmente relevantes para el análisis de la construcción y la deconstrucción social de la masculinidad. Así pues, en este sentido, debe considerarse que la primera y la segunda parte del presente estudio son complementarias y se enriquecen entre sí, ya que la «novela» (estadounidense) ofrece un amplio abanico de personajes masculinos psicológicamente complejos y plenamente desarrollados en los que se inscriben múltiples discursos de masculinidad.

En el caso de las masculinidades alternativas, las obras literarias (por ser obras de ficción) se convierten en espacios privilegiados y fuentes de inspiración a partir de los cuales los hombres pueden imaginar maneras alternativas de experimentar su hombría y sus relaciones de género. Por consiguiente, veremos que la mayoría de los artículos de la segunda parte «conversan» con los de la primera y son muchos los críticos literarios que se basan en las ideas de los sociólogos y los antropólogos de la primera sección.

Aunque para nosotros los personajes literarios no son modelos «ideales», nos centramos en representaciones literarias alternativas de la masculinidad porque creemos, como se demostrará, que la literatura, tal y como sugirió la nobel Toni Morrison, suele contener «algo que ilustra, algo que abre la puerta e indica el camino», aunque «no sea una monografía ni una receta» (Evans, 1984, p. 341).

Es bien sabido que la falta de reconocimiento constituye una forma de injusticia social. Por tanto, es necesario transformar la subjetividad, además de reestructurar las relaciones de poder opresivas, para alcanzar esta justicia social. Sin embargo, como indica en este volumen Pease, teórico del trabajo social, muchas mujeres sostienen que los hombres son incapaces de lograr un cambio personal significativo ni un activismo sostenido en relación con la igualdad de género.

 ¿Qué posibilidades hay de que los hombres contribuyan a la igualdad de género y a la eliminación de la violencia y el abuso machistas?  El primer capítulo, escrito por Pease, explora esta cuestión al analizar los dilemas y las perspectivas que tienen los hombres como reacción a los cuestionamientos feministas con respecto al privilegio de su género. También analiza, especialmente a partir de su amplia experiencia en seminarios, hasta qué punto es posible que los hombres reduzcan sus lazos con las posiciones de sujeto dominante dentro del patriarcado.

Una expresión cada vez más visible de las masculinidades «alternativas» en todo el mundo es la implicación de los hombres en la lucha por evitar la violencia machista contra las mujeres. Según el sociólogo australiano Michael Flood, los hombres que participan en esta lucha, como activistas o educadores, por ejemplo, emprenden proyectos de cambio personal junto con un cambio social más amplio. Tratan de «convertirse en el cambio que desean ver en el mundo» y se esfuerzan por debilitar sus propios privilegios de género y por comportarse de manera igualitaria y no violenta.

En el segundo capítulo, Flood examina la trayectoria que siguen los hombres hasta llegar a implicarse en proyectos colectivos con el fin de evitar la violencia machista y lograr la igualdad de género, las transformaciones personales que experimentan los hombres y las maneras en que pueden llegar a ser cómplices de relaciones patriarcales de género, y concluye con un examen de las dificultades de encarar el privilegio personal e institucional.

En el capítulo siguiente, el antropólogo Matthew Gutmann analiza cuestiones relacionadas con la desigualdad, el poder y el cambio de género, sobre todo con respecto a los hombres y las masculinidades.

La dificultad especial de estudiar a los hombres que tienen poder (arriba), a los marginados sociales (abajo) y a aquellos cuyo capital político, social y económico es más intermedio (lateral) enmarca un análisis de determinadas peculiaridades que aparecen en el estudio de los hombres y las masculinidades. Es interesante destacar que Gutmann cuestiona toda separación clara entre masculinidades «hegemónicas» y «alternativas» desde una perspectiva antropológica.

Contrastando las ideas de dominación de género con las de inclusión y resistencia, aborda, mediante estudios etnográficos, la problemática de definir lo que son «hombres reales» y «masculinidades alternativas». El artículo destaca en concreto estos retos conceptuales con la exploración de espacios homosociales, que abarcan desde el Club de Judo Moiliili de Hawái hasta el Jardín Etnobotánico de Oaxaca, en México, así como la «integración de géneros» (tanto respecto a mujeres como a homosexuales) en las fuerzas armadas de los Estados Unidos y en las operaciones de paz de las Naciones Unidas en Haití, Líbano y otros lugares del mundo.

El capítulo siguiente, escrito por el crítico literario David Leverenz, se centra en la búsqueda de modelos de masculinidades alternativas representados por personajes masculinos ancianos de la literatura estadounidense. Como indica Leverenz, aunque el pene erecto sigue siendo «la sinécdoque más elemental para la virilidad y la fuerza masculinas», «cuando se acercan a los ochenta, la mayoría de los hombres se dan cuenta de que, en lugar de decirles “lánzate”, como antes, su pene les dice “abstente”».

Este capítulo analiza una gran variedad de textos, sobre todo novelas estadounidenses modernas, para argumentar que la mayoría de los personajes masculinos de edad avanzada están atrapados en la sinécdoque de su pene.

Los personajes de Philip Roth son los más enojados y solitarios. John Updike, Saul Bellow, Paul Auster, Louis Begley y Marilynne Robinson presentan personajes masculinos mayores que, para tratar de recuperar su virilidad, rescatan la figura de algún hijo o hija. El capítulo analiza también El rey Lear de William Shakespeare y varios de sus descendientes estadounidenses. En muy contadas ocasiones, si acaso, los ancianos descubren una actitud emocional abierta con sus parejas duraderas. En dos aparentes contraejemplos, A Gathering of Old Men de Ernest Gaines y En lugar seguro de Wallace Stegner, la amistad y la intimidad ocultan una rivalidad patriarcal.

Si pasamos al análisis literario, en los tres primeros capítulos de la segunda parte el padre aparece como un posible modelo alternativo de masculinidad. En la primera parte de su artículo, Leverenz cuenta que hacer de padre de dos hijas adoptivas y de un hijo y una hija propios reorientó sus valores y lo ayudó a convertirse en el padre que nunca tuvo.  

Pasar de ser un competidor por un puesto de trabajo a un progenitor igualitario le supuso sacrificar hasta cierto punto su ambición profesional. Sin embargo, también le reportó recompensas diferentes de los placeres del capital cultural.

Su dedicación a la paternidad le hizo arrojar por la borda buena parte de Sigmund Freud y de Jacques Lacan, influyó en su lectura de la literatura estadounidense y lo ayudó a ver el funcionamiento de la masculinidad en sí mismo, en sus amigos y en su vida cotidiana.

En la segunda parte, que ha sido escrita quince años después, Leverenz narra el cambio que experimentó su vida con el fracaso de su nuevo libro y también cuando sus hijos se fueron de casa para ingresar en la Universidad y dejaron de ser el centro de su vida. Al principio intentó contrarrestar la sensación de nido vacío mediante el trabajo intensivo y volviendo tarde a casa. Sin embargo, tanto él como su esposa no tardaron en darse cuenta de que el trabajo no era la solución, sino el problema. Liberados a partir de entonces del «papel, alimentado por ellos mismos, de proporcionar conocimiento, atención y recursos económicos», los dos miembros de la pareja empezaron a dedicarse el uno al otro para conseguir una intimidad adulta vigorizadora y enriquecedora.

Por su parte, el artículo de Bárbara Ozieblo explora las maneras en que se han representado los padres en el teatro estadounidense a fin de estudiar el papel del progenitor masculino y su transformación en obras más recientes de mujeres dramaturgas. En obras clásicas, como las de Eugene O’Neill o Tennessee Williams, aparecen figuras paternas inolvidables; un ejemplo que viene a la mente de inmediato es el padre de Largo viaje hacia la noche. Sin duda, el Stanley Kowalski de Un tranvía llamado deseo también es padre, aunque no se le presente como tal.

Lorraine Hansberry nos proporciona el típico ejemplo del padre ausente de la familia en A Raisin in the Sun. Sin embargo, Ozieblo se centra en particular en dos obras recientes de dramaturgas asiaticoamericanas. En Satellites, Diana Son estudia las relaciones de poder en una familia joven en la que el padre busca trabajo mientras la madre, una profesional de éxito que acaba de dar a luz, trata de combinar la maternidad con el trabajo.

The Architecture of Loss de Julia Cho trata de un padre que había abandonado a su familia y después regresa a casa. Aunque Son especifica la identidad racial, en ninguna de las dos obras la raza desempeña un papel fundamental en las relaciones entre los personajes, de modo que el público tiene libertad para presenciar e interpretar la cuestión más significativa de la paternidad y la manera en que los padres consiguen crear modelos de masculinidad que se alejan del retrato hegemónico tradicional del padre como el poderoso sostén de la familia que no interviene en absoluto en la educación de sus hijos.

Por último, el capítulo de Teresa Requena-Pelegrí analiza la tensión entre la idea cultural de «nueva paternidad» y hasta qué punto este concepto lleva a una transformación real de las costumbres en Atando cabos de Annie Proulx (1993) y Las correcciones de Jonathan Franzen (2007).

A tal fin, sostiene que el desarrollo de una paternidad alternativa tiene lugar en oposición a un modelo hegemónico de masculinidad y paternidad y, por tanto, está intrínsecamente relacionado con el desarrollo de características masculinas no hegemónicas. Por consiguiente, en este artículo se entiende la paternidad alternativa o nueva como un compuesto de características tanto hegemónicas como no hegemónicas en el cual se da prioridad a las primeras, mientras que las segundas siguen coexistiendo y, en ocasiones, salen a la luz.

En consecuencia, la paternidad alternativa no se define como parte de un binomio producido por un desarrollo lineal desde unas prácticas distantes o autoritarias hasta otras más implicadas y cuidadoras, sino, más bien, como un conjunto de características que se destacan en diferentes periodos históricos.

A partir de modelos de paternidad alternativa, los dos capítulos siguientes exploran modelos de hombría no fálicos y no violentos. El capítulo de Josep M. Armengol se centra en varios textos literarios del autor estadounidense contemporáneo Richard Ford, en particular Rock Springs (1987) y Pecados sin cuento (2001), como ejemplos de la posible deconstrucción de la (hetero)sexualidad y la violencia masculinas en la novela estadounidense de hoy en día. Además de explorar las representaciones no fálicas de la heterosexualidad masculina en Ford, Armengol demuestra que sus relatos están poblados de personajes masculinos jóvenes que se enfrentan a la violencia machista —ejercida, en general, por una figura paterna mayor— desde una edad muy temprana y optan, por el contrario, por un modelo nuevo, alternativo y no violento de virilidad. El capítulo también compara y contrasta los relatos de Ford con la película danesa En un mundo mejor (2010), dirigida por Susanne Bier y ganadora de un Oscar, que propone una meditación profunda sobre la violencia masculina.

Esta película ofrece, sin duda, un contrapunto interesante a las novelas de Ford, porque, mientras que su ficción está poblada por niños que se alejan de las figuras paternas violentas, Bier se centra en un padre pacifista que trata de transmitir a sus hijos un modelo de hombría no violento.

De la gran cantidad de series de ciencia ficción, Saga de Ender de Orson Scott Card es, sin duda, la favorita de los lectores. Este universo ficticio en expansión comprende en la actualidad doce novelas, el mismo número de relatos y una larga lista de cómics.

Además, la saga ganó los premios Hugo y Nébula concedidos a la primera novela, El juego de Ender (1985, actualizada en 1991 y actualmente en proceso de adaptación para llevarla al cine), y a la segunda, La voz de los muertos (1986). El capítulo de Sara Martín versa sobre la masculinidad alternativa del protagonista, Andrew «Ender» Wiggin, en las cinco novelas centrales: las dos ya mencionadas, junto con Ender el xenocida (1991), Hijos de la mente (1993) y Ender en el exilio (2008, cronológicamente situada después de El juego de Ender).

El conocido argumento presenta la manipulación de un niño, Ender, por parte de los militares para exterminar a una raza alienígena supuestamente hostil (los fórmicos, apodados «insectores») mientras juega a algo que, según él, no es más que un videojuego. Cuando al final descubre que los fórmicos exterminados no suponían ninguna amenaza, rechaza el militarismo y emprende una vida adulta nómada, dedicada a compensar el genocidio cometido y a impedir que ocurra lo mismo a otra raza de extraterrestres.

Como es evidente, la saga de Card ya ha sido objeto de análisis académicos centrados principalmente en el mal, el militarismo, la infancia, el heroísmo, la sexualidad y el género. Sin embargo, no se ha hecho ningún estudio sobre la masculinidad de Ender, ni mucho menos uno que considere su evolución de niño a hombre, marcada por el despertar de Ender a la conciencia de su culpa genocida, que es lo que Martín pretende ofrecer aquí.

A fin de explorar las relaciones de género alternativas y de cuestionar las representaciones hegemónicas de la masculinidad negra como su premisa principal, el capítulo de Mar Gallego intenta explorar modelos alternativos de hombría afroamericana en algunas de las obras más fascinantes y transgresoras de la escritora Toni Morrison, como Beloved (1987), Amor (2003) y Volver (2012).

Partiendo de percepciones teóricas proporcionadas por estudios de la masculinidad en general, pero sobre todo los de críticas feministas tan destacadas como bell hooks, Patricia Hill Collins y Athena Mutua, Gallego se plantea un doble propósito: por un lado, demostrar brevemente la crítica de las ideas hegemónicas y racistas sobre la masculinidad que guía todas las representaciones literarias de las masculinidades negras que hace Morrison en estas narraciones y, por el otro, examinar otras prácticas y comportamientos que subvierten y deconstruyen explícitamente el statu quo y allanan el camino hacia formas más sanas, holísticas e inclusivas de habitar la hombría negra y los cuerpos masculinos negros.

Dentro de este contexto, resulta de especial utilidad que Mutua haya acuñado la expresión «masculinidades negras progresivas» para analizar los personajes masculinos que pueblan estas novelas y también para iluminar su posicionamiento estratégico con respecto a relaciones de género más equitativas, tanto a nivel familiar como comunitario. Se demuestra así que el proceso de (re)construcción de masculinidades negras alternativas requiere una reconfiguración de los discursos y las prácticas que afectan todo el tejido de la comunidad negra, y va ligado a ella.

Solo mediante la eliminación de las definiciones limitadoras y dañinas de la masculinidad hegemónica ideal, los hombres negros pueden llevar a cabo un cambio positivo que sostenga una transformación crucial y a largo plazo, que al final facilite la armonía y una coexistencia más pacífica entre los sexos.

En el capítulo siguiente, escrito por Aishih Wehbe-Herrera, se analiza la novela póstuma de Arturo Islas La Mollie and the King of Tears (1996) como una exploración más de las relaciones de género.

Wehbe-Herrera analiza la construcción de la masculinidad en esta novela como un ejemplo de la politización de género del macho chicano/latino a finales del siglo XX. En tal sentido, el capítulo trata de la presentación que hace Islas de un personaje masculino que pone en duda los discursos sobre machismo, heterosexismo y discriminación de género a través del relato de sus experiencias personales y que, a su vez, lo muestra cuestionándose constantemente a sí mismo en términos de género.

Esta práctica de autoanálisis incorpora una perspectiva interseccional que aborda sin ambages cuestiones de raza, etnia, clase, género y sexualidad y pone en evidencia los tradicionales privilegios de la masculinidad hegemónica chicano/latina y angloamericana en detrimento de las mujeres y los homosexuales. El capítulo reflexiona sobre el precio que pagan los hombres cuando luchan por llegar a un ideal tan inalcanzable, así como el efecto que tiene esta lucha en su vida emocional y su relación con el mundo.

Situando las masculinidades alternativas como un proceso y un posicionamiento, en lugar de como un resultado firme y definitivo, el análisis de Wehbe-Herrera revela que el ejercicio de las masculinidades alternativas constituye, en sí, una lucha, una contradicción marcada por las alianzas de los hombres con el patriarcado y su desvinculación de él.

Finalmente, la última sección está dedicada a las prácticas de género alternativas que implican traspasar fronteras y límites, tanto figurativos, por ejemplo en el caso de la movilidad social (descendente) (Cuenca), como reales, por ejemplo en el caso de la migración transnacional (Bosch Vilarrubias). En su capítulo sobre las masculinidades «al margen» del capitalismo, Mercè Cuenca explora la relación que se establece en los textos literarios contemporáneos entre moralidad y clase social e intenta demostrar su importancia en la representación de las prácticas alternativas incipientes de masculinidad.

Centrándose en la novela de Paul Auster Sunset Park (2010), Cuenca analiza de qué forma, al producirse la crisis económica de 2008, los hombres empezaron a buscar estilos de vida masculinos alternativos que suponían el rechazo de la acumulación capitalista de dinero y bienes materiales. Sostiene la autora que estos personajes consiguen implicarse en prácticas de masculinidad alternativa que se sustentan ofreciendo cuidados a los demás. Así, al ser representados como ciudadanos solícitos, estos hombres de ficción constituyen una alternativa ética a la masculinidad hegemónica.

Las minorías étnicas transnacionales tienen que reconstruir sus identidades en la diáspora. El último capítulo, escrito por Marta Bosch Vilarrubias, analiza la construcción híbrida de las identidades inmigrantes masculinas, centrándose en el caso de los árabes estadounidenses. Los árabes en la diáspora tienen que reconstruir su masculinidad en un espacio transnacional entre la tradición (adquirida en su lugar de origen, y/o de sus padres o ancestros) y la cultura nueva que encuentran como inmigrantes. Si bien en el caso concreto de los hombres de origen árabe en Estados Unidos los antropólogos han documentado una tendencia a volver al tradicionalismo, existe también cierta negociación identitaria que se abre a nuevas formas de masculinidad.

Este artículo estudia estas configuraciones híbridas y ambivalentes de masculinidad que nos trasmite la literatura contemporánea araboamericana. En concreto, las escritoras árabes estadounidenses posteriores al 11 de septiembre (cuya obra se publica en la actualidad con mayor frecuencia que la de los hombres del mismo origen) exploran en sus novelas las configuraciones de la hombría de los árabes estadounidenses y presentan personajes masculinos que viven en un «tercer espacio», una masculinidad transitoria entre el tradicionalismo y la modernidad, que abre la puerta a una hombría verdaderamente alternativa.

Mediante la exploración de los principales personajes masculinos de novelas araboamericanas como West of the Jordan (2003) de Laila Halaby, Abrázame (2005) de Alicia Erian o A Map of Home (2008) de Randa Jarrar, se elucidan las luchas y las potencialidades de las hombrías dislocadas.

A modo de epílogo, el libro concluye con un debate de preguntas y respuestas sobre las masculinidades alternativas entre Victor J. Seidler y los miembros del grupo de investigación CNM que tuvo lugar en Barcelona en noviembre de 2012. El debate giró en torno a la necesidad de ser escrupulosos al establecer una masculinidad alternativa como modelo ideal y fijo. Por el contrario, las masculinidades alternativas deberían verse como un proceso transformador en el tiempo.

Seidler defiende la idea de una «masculinidad alternativa personificada» en la que los hombres están más «en relación con su cuerpo como parte de la naturaleza, en lugar de limitarse a controlarlos o instruirlos». Seidler ve la necesidad de implicarse en lo que él denomina «masculinidades culturales» y llama a un diálogo entre diferentes masculinidades que incluya la historia de la cultura, así como las historias particulares.

En cuanto al envejecimiento, el epílogo explora la idea de los «múltiples cuerpos» que los hombres llevan durante toda su vida, ya que a edades diferentes corresponden ideas diferentes de la masculinidad. ¿Conducirían las masculinidades alternativas a formas alternativas y diferentes de paternidad? ¿De qué manera cambiarían las masculinidades alternativas las relaciones de género? Se investigan estas cuestiones y se trata de encontrarles respuesta. Sin embargo, lo que importa, al fin y al cabo, es que la exploración de las masculinidades alternativas abra un espacio para que los hombres se cuestionen a sí mismos y demuestren que, a pesar de todo, el cambio es posible y plausible.

Son estos intentos de cambio personal lo que explora este libro, centrándose en los valiosos esfuerzos de algunos hombres para tratar de «avanzar» cambiándose a sí mismos en un mundo que cambia rápidamente.

Referencias bibliográficas

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Grupos de hombres igualitarios

Canviem-ho, Homes per l’equitat de gènere. Ajuntament de Barcelona

AHIGE, Asociación de Hombres por la Igualdad de Género

Hombres por la Igualdad

Centro de estudios de la condición masculina

Red iberoamericana y africana de masculinidades

Homes en Diàleg

Grup de Estudis de Gènere UVIC


[1] De las organizaciones internacionales que trabajan para promover el cambio en los hombres y las masculinidades, una de las más influyentes es el Instituto ProMundo, con sedes en Brasil y en Washington D. C., cuya misión, como indica su página web, es «promover masculinidades y relaciones de género solícitas, no violentas e igualitarias en Brasil e internacionalmente». Su director internacional, Gary Barker, dijo unas palabras en la Asamblea Anual del 2013 de la Iniciativa Global Clinton. Véase: <www.promundo.org.br/en/>.

Batalla cultural Nora Merlín*

El neoliberalismo, nueva versión del capitalismo, constituye un dispositivo que se expande ilimitadamente, apropiándose de los gobiernos, las democracias y de la vida en general. No solo la economía real sostiene la reproducción capitalista, sino también la ideología neoliberal que logró imponerse al ganar la batalla cultural. Ese sistema no es posible sin la instalación de creencias, ideales, identificaciones, imperativos y lo que recortamos en su núcleo ideológico: una satisfacción en el odio que cobró fijación y funciona como una sedimentación social resistente.

Una cultura organizada por la libertad de mercado y la lógica empresarial construye una subjetividad concebida como “capital humano”, en la que el consumo, el rendimiento ilimitado, la figura del empresario de sí y la meritocracia devienen imperativos e ideales. El individualismo extremo se naturaliza y una exigencia insaciable destruye al sujeto que se autoexplota sin alcanzar nunca la medida esperada, obteniendo a cambio una culpa crónica.

El neoliberalismo, fundamentado en la tiranía angurrienta de un poder concentrado al servicio de minorías privilegiadas, es un sistema que segrega y descarta mientras produce cultura de masas: un consenso social obediente y uniforme que se cohesiona en el odio, dispuesto a la ofrenda sacrificial de una parte segregada para beneficio de otra minoritaria.

Neoliberalismo-odio constituye un par indisoluble en el que sus términos se retroalimentan. El odio es un afecto-pasión que funciona como un veneno violento, que conmueve directamente a la subjetividad sin mediación racional. Avanza a través de las redes sociales, se difumina por los medios de comunicación y se impone de manera visible e invisible en los múltiples aspectos de la vida social. Se expande por contagio e identificación, constituyendo el núcleo pulsional del sentido común que se articula al argumento de la lucha contra la corrupción. Estimula un sadismo extremo hacia los “otros” que se satisface en la calumnia y la discriminación, justificando la represión y la venganza.

La construcción del modo social de la masa por los medios de comunicación concentrados – la voz del poder – resulta el mejor medio para conseguir un rebaño asustado, que obedezca los deseos del amo y demande mano dura y orden. Una pedagogía del odio triunfó dejando como saldo una sociedad colonizada compuesta por odiadores seriales, que repiten frases difamatorias y desprecian al semejante.

La ideología neoliberal es cínica y sostenida por la mentira: rechaza la política mientras utiliza el odio como cemento de cohesión de una parte de lo social contra el adversario político. A través de la represión y la violencia el poder neoliberal intenta hacer de lo político un asunto policial o judicial como una lucha entre corruptos y decentes, que degrada la democracia a una guerra entre dos bandos enemigos. Naturaliza los privilegios, afirma no tener ideología – como si fuera posible – y fomenta un supuesto consenso que en realidad es disciplinamiento y obediencia inconsciente. El poder produce adoctrinamiento ideológico, formatea la opinión pública transformándola en sentido común uniformado.   

 Un odio que demoniza inmigrantes, dirigentes populares y a la política en general, al tiempo que se pretende imponer verdades absolutas, resulta incompatible con la democracia, caracterizada por el diálogo político, el debate plural, la orientación permanente hacia la ampliación de derechos y la felicidad para las mayorías. Disolvente de los vínculos sociales, el odio rompe el tejido social, enferma la cultura instalando el paradigma del hombre como lobo del hombre, poniendo en riesgo la vida de todxs. La concentración de poder, el rechazo de la política, el modo de tramitar el conflicto político transformando al adversario en enemigo y la construcción de la masa cohesionada por el odio, son elementos suficientes para afirmar que el neoliberalismo es un simulacro democrático que encubre un retorno del totalitarismo. Se trata de un sistema que precisa producir una subjetividad odiadora sin pensamiento crítico, que opere un rechazo de la política en tanto es la única herramienta que tienen los pueblos para emanciparse.

Un deseo colectivo de volver, transformado en experiencia política de articulación hegemónica orientada por lo nacional-popular-feminista, fue la condición de posibilidad de una fórmula de unidad: Fernández-Fernández. Estas dos piezas ensambladas, la experiencia política tejida horizontalmente y desde abajo y la concreción de la fórmula a nivel de la dirigencia, hicieron que la política triunfe sobre el marketing y el odio neoliberal, imponiéndose en las últimas elecciones PASO por amplia mayoría el Frente de Tod@s.

Comienza un nuevo tiempo político, pero estamos advertidos que no alcanza con ser gobierno porque el poder corporativo no sabe perder, pretende dominar, es desestabilizador, capaz de operaciones antidemocráticas que no se privará de realizar.

Habrá que reparar el desastre económico y social producido por el gobierno de Cambiemos que destruyó casi todo, la economía, la cultura, la ciencia y la tecnología. Sin embargo, el mayor daño realizado y más difícil de revertir consiste en las fijaciones de odio que se han sedimentado en la cultura y que tienen múltiples expresiones.

Será necesario profundizar la política de unidad lograda y hacer que persevere más allá de las elecciones. Eros deberá activarse aún más y hacer lo suyo que consiste en ligar y conseguir unidad al tiempo que limita a Thánatos, pulsión desintegradora, tal como afirmaba Freud en “El Malestar en la cultura”.

La unidad no significa amontonamiento ni supone la uniformidad del pensamiento único; por el contrario, es una tarea de articulación de diferencias que nunca cesa, con la que se tejen lazos de encuentro y solidaridad. La unidad se opone al privilegio, a la excepción y es un modo de amor político para enfrentar la desigualdad y la indiferencia hacia el otro. Unidad y organización del campo popular basadas en la libertad de pensamiento implica la construcción de una política de la otredad capaz de alojar “diferencias compañeras”. Una cultura democrática, nacional y popular resulta incompatible con prácticas patriarcales o machistas y debe expandir al máximo la libertad, que no significa ausencia de límites o regulaciones.

Resulta un problema político principal dar la batalla cultural cuya prioridad es custodiar activamente la unidad popular conseguida, asumiendo la decisión de radicalizar la democracia como gobierno del pueblo.  Construir el “Nosotros” significa mantener palpitante el conflicto político, la brecha ontológica, que se diferencia netamente de actuar “la grieta” del odio.

La batalla Implica una democracia con hegemonía fundamentada en la voluntad popular, que rechace el neoliberalismo y toda forma de colonialismo, dejando de lado una mirada eurocéntrica o hacia los “países en serio”, elevándose con decisión a la dignidad de lo nacional, popular y feminista. Supone ser capaces de enfrentar y deconstruir los ideales individualistas neoliberales, sustituyéndolos por otros orientados por la solidaridad, la participación activa y una vida política tejida entre todxs, de modo que el deseo de comunidad sea mayor que el interés de excluir o desintegrar.

*Nora Merlin, psicoanalista, magister en Ciencias políticas, autora de “Populismo y psicoanálisisis”, “Colonización de la subjetividad”, “Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal”. Septiembre 2019. Argentina Política Revista Nº 131 (09/2019)

Rebeldía lésbica salvadoreña: del escándalo público a la creación de una agenda política Amaral Arévalo y Nicola Chávez Courtright (El Faro)

1992 es un año paradigmático en la historia social y política de El Salvador, pero no solo porque marcó el fin de una guerra cruel que dejó como saldo 75 000 muertos, a una diáspora salvadoreña desperdigada por los cuatro puntos cardinales y una ruptura social que, tras 27 años, todavía no logra un proceso efectivo de reconciliación. También lo es porque, en el contexto de la posguerra, aunque oculto en la historia oficial, existió un proceso de organización social y política de personas lesbianas, gay, bisexuales, personas trans, intersexuales y otras identidades sexuales y de género (LGBTI+), que antes y durante el conflicto armado estuvo fuera de los discursos públicos, de la vida social y de la academia. 

A partir de 1992, las mujeres lesbianas en particular, invisibilizadas a lo largo de la historia, iniciaron un proceso de organización, el cual desembocó en la creación de la Colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna. Este breve proyecto lésbico de convivio, reflexión y debate político se convirtió tempranamente en chivo expiatorio del escándalo público promovido por sectores conservadores que buscaban frenar un encuentro continental feminista en el país. A pesar de las amenazas en su contra, la Media Luna logró realizar la primera manifestación pública de una agenda política de la disidencia sexual y de género el 23 de octubre de 1993, por medio de la publicación de la Boletina Luna de Miel.

El feminismo se empezó a debatir como propuesta seria a inicios de la posguerra, fomentada por la necesidad de analizar críticamente el rol marcadamente protagonista de la mujer en la lucha armada y de su nuevo papel en la vida civil. Las mujeres que adoptaron esta propuesta eran, en su mayoría, exguerrilleras, de movimientos sociales y extranjeras que llegaron al país por medio de la solidaridad internacional. Es decir, muchas de las corrientes que condujeron al feminismo provenían de la izquierda y sus debates giraban en torno al aparente abandono del FMLN a las mujeres después de la firma de l0s Acuerdos de paz y la falta de una clara política de género dentro de la incipiente democracia.

Fue en ese momento histórico efervescente del movimiento feminista que se constituyó la Colectiva lésbica-feminista salvadoreña de la Media Luna, una propuesta lésbica entre un movimiento mayoritariamente heterosexual. Jules Falquet, académica feminista y lesbiana francesa, recuerda el inicio de la Colectiva de esta forma: “Después del Primer Encuentro Centroamericano de Mujeres ‘Una nueva mujer, un nuevo poder’ en Nicaragua, y tras haber participado en un taller sobre lesbianismo, Vilma, Dilcia y yo [excombatientes y del movimiento social] regresamos con la inquietud de hacer algo. Así iniciamos a contactar lesbianas de diferentes sindicatos y movimientos sociales” (entrevista personal 2017).

La vida organizativa de la Media Luna se puede ubicar entre finales de 1992 y 1996. Se caracterizó por ser un grupo de discusión feminista y lesbofeminista, con una orientación hacia las artes, el debate y el convivio. Resulta difícil hacer un estimado del número exacto de sus integrantes, pero se habla de un grupo fijo de seis a 15 mujeres, entre ellas, activistas, profesionales, estudiantes y, ocasionalmente, dos mujeres indígenas de occidente. No obstante, al momento de realizar actividades de índole festivas, se lograban reunir hasta 50 mujeres.

Su manera de convocarse fue por medio del boca a boca en una acción en cadena, manteniendo el perfil “clandestino” de la agrupación, por su seguridad. Los puntos de reunión eran apartamentos y casas particulares de las propias integrantes-organizadoras, principalmente la  de Jules, ubicada en la Colonia Flor Blanca. En estos encuentros se desarrollaban talleres sobre feminismo, donde se incluían temáticas y talleres de identidad lésbica: la mujer lesbiana como sujeta política necesaria al interior del contexto salvadoreño y formas de discriminación existentes. Se mencionan, además, pequeños eventos públicos donde la identidad de las organizadoras se mantenía en secreto, incluyendo tertulias de poesía en La Luna Casa y Arte, y talleres sobre lesbianismo en la sede de Las Dignas, en el marco de una proto-conmemoración de lo que actualmente conocemoscomoorgullo LGBTI+en el mes de junio.

Lesbianas, feminismo y escándalo público
Para el año 1993, el naciente movimiento feminista salvadoreño de posguerra había asumido, pese a las desconfianzas y temores del movimiento feminista latinoamericano y caribeño, la organización y realización del VI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (VI-EFLAC). Entre las organizadoras había miembros de La Media Luna. Los recelos de las feministas extranjeras se concretizaron con la ejecución de un escándalo público mes y medio antes de la realización del encuentro.

El escándalo inició el 17 de septiembre de 1993 por medio de una publicación que denunciaba la realización de una “convención de homosexuales” que se amparaba bajo el “propósito-disfraz” de ser un congreso feminista. Sin embargo, se asume que su “objetivo verdadero”, según los medios, era la organización de homosexuales y lesbianas de Centroamérica. La realización de dicha “convención”, según los conservadores, pondría en riesgo “las bases de la moral y las buenas costumbres de la familia salvadoreña, además del peligro de propagar el sida”. El estigma se hizo presente al asumir que dicho encuentro promovería la homosexualidad y la propagación de sida en el país, insinuando públicamente que estos males los promovería la Media Luna.

La publicación del nombre de la Media Luna tuvo serias repercusiones. Su revelación hizo revivir entre las integrantes de dicha colectiva, las organizadoras del evento e incluso las mismas participantes del VI-EFLAC, el miedo a que se reactivaran los escuadrones de la muerte en su contra. En este caso, no era infundado; en el contexto de posguerra, el asesinato selectivo era una posibilidad.

Los ataques contra el VI-EFLAC continuaron durante todo el mes de octubre de 1993. Los hoteles y ranchos de playa contratados para alojar a las participantes incumplieron los contratos firmados con las organizaciones locales por miedo a represalias en su contra, las organizadoras recibieron amenazas telefónicas, y circuló en medios televisivos un campo pagado que mostraba una mano negra, que hacía alusión al sida, enfermedad que sería propagada durante el VI-EFLAC. Bajo este contexto, no sorprende que las participantes del encuentro tuvieran impedimentos hasta el último momento, como sucedió con la retención de pasaportes de 105 mujeres por casi 7 horas en el aeropuerto de Comalapa. Como acto de resistencia, las mujeres “recluidas” decidieron iniciar el evento allí mismo entonando canciones y pronunciamientos.

La Media Luna se había utilizado como chivo expiatorio para impedir la realización del VI-EFLAC.  No obstante, a pesar de la gravedad de la situación, el 23 de octubre de 1993, la Colectiva efectuó la primera manifestación pública de una agenda política de la disidencia sexual y de género en El Salvador, de donde nació la Boletina Luna de Miel.

Luna de Miel: “¡Somos más que dos lesbianas!”

Las lesbianas estamos en todos lados y en todas partes: con la formación de nuestro grupo estamos dejando constancia de ello, todas nosotras, salvadoreñas, demostrando que no estamos solo en los países desarrollados, sino que también aquí en el campo y la ciudad, indígenas, profesionales, estudiantes, obreras.”- página 3 de La Boletina Luna de Miel.

Desde sus inicios, la creación de una Boletina se había contemplado como una herramienta dentro de la Media Luna para generar comunidad entre lesbianas y compartir los principales “nudos” de discusión entre el grupo. Impulsada por Jules, se empezaron a recopilar textos, imágenes y artículos que pudieran servir de materia prima para la primera edición. El proceso de maquetar y producir la Boletina se aceleró a medida que se acercaba la fecha del encuentro, ya que las integrantes de la Media Luna vieron allí la posibilidad de compartir sus procesos organizativos con la comunidad latinoamericana a través de la venta de ejemplares, lo que representaba a su vez una fuente de ingresos para esta colectiva.

El formato de la Boletina se asemejaba al de un fanzine: una colección de escritos de diversos géneros impresos, cortados y pegados sobre papel, junto con imágenes ilustradas a mano y recortadas de revistas. Todo esto para ser fotocopiado masivamente, generado así una publicación que hacía uso de la sombra y del alto contraste, fácil de distribuir y transportar—y a la vez doblar y ocultar si hacía falta.

La página introductoria de la Boletina Nº1 alude a la coyuntura tensionada de su publicación, “A pesar de los obstáculos y del temor a arriesgar nuestra integridad física y sicológica, hemos decidido romper el silencio […], recalcando la importancia de empezar a hablar claramente de la sexualidad en general y del lesbianismo en particular”. Entre las amenazas que recibían en esos momentos y el temor a sufrir represalias en sus vidas personales y laborales, se tomó la decisión de no revelar la autoría de ninguno de los escritos. Sin embargo, por el tono y la redacción, se demuestra claramente la participación de varias mujeres con distintas inquietudes y perspectivas dentro del compilado.

Los textos eran una mezcla de poesía, crónica, reflexiones, entrevistas y análisis sobre la sexualidad y el lesbianismo. Muchas de las crónicas y poemas hablan desde lo personal sobre el amor imposible y del deseo, pero las entrevistas anónimas y reflexiones internas recopilan los esfuerzos por buscar puntos en común en cuanto al deseo femenino fuera de la heterosexualidad. Uno de los textos que destaca es la síntesis de las conversaciones desarrolladas en la Colectiva sobre lo que implicaba ser lesbiana en la posguerra, incluyendo cuestiones muy complejas, como la distribución del poder en relaciones llevadas en la clandestinidad y el temor a reducirse la identidad netamente a lo lésbico en caso de que llegaran a salir del clóset.  Aun en lo que se autoreconoce como los inicios un movimiento diverso, el texto comparte la aspiración de vivir en un mundo donde la sexualidad no tendría por qué ser clasificada.

Entre los debates teóricos de la Boletina está un artículo sobre la “libre opción sexual”, el cual explora la plasticidad del deseo. Esto es un cuestionamiento al concepto de la sexualidad en sí, haciendo un llamado a todas las feministas y no sólo a las lesbianas de no tomar por sentadas las relaciones íntimas, reconociendo que existe una gama de atracciones y necesidades sexuales entre todas las preferencias. La interpelación a un público heterosexual a trabajar por un mundo más tolerante también ocurre en un sorprendente artículo sobre la circular 2358 del nuevo catecismo de la Iglesia Católica, el cual apela a la jerarquía eclesiástica a no caer en el “reduccionismo religioso” y a respetar la dignidad de los seres humanos. En este sentido, La Boletina revela los fundamentos intelectuales del movimiento lésbico salvadoreño y permite un acercamiento local a ciertos impases teóricos que aún perturban el pensamiento feminista a nivel mundial.

Reflexiones finales
El escándalo público desatado en 1993 no cumplió su objetivo de detener el VI-EFLAC, pero sí tuvo como resultado colateral la satanización de la Media Luna. Las reiteradas veces que aparecieron referencias a la Media Luna en los medios de comunicación del país, atemorizaron a las organizadoras de la colectiva y amedrentó a posibles nuevas integrantes que se esperaba se incorporaran en la realización del VI-EFLAC. La Colectiva de la Media Luna continuó operando en el país por un par de años más, pero su disolución fue inminente cuando las integrantes extranjeras se fueron del país y no se había logrado establecer mecanismos de continuidad al interior de la colectiva, sumado a los pleitos internos y las exigencias en la vida laboral de sus impulsoras nacionales.

A pesar de su brevedad, la Colectiva de la Media Luna tuvo una intensa vida que abrió brechas sociales y políticas. A nivel social, al mostrar la existencia de mujeres salvadoreñas lesbianas, abrieron la discusión a temas que no se hablaban, como el deseo, el poder, la sexualidad femenina, la heterosexualidad obligatoria, la orientación sexual, etc. Mientras que, a nivel político, por medio de la Boletina Luna de Miel, construyeron la primera agenda política de la disidencia sexual y de género en el país que se tiene registro.

En noviembre 2020, El Salvador será sede del XV Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe. Feministas de todas las Américas se están convocando para discutir temáticas sobre ciudadanía sexual, subjetividades, sexualidad, aborto, arte, racismo, discriminación, educación integral de la sexualidad, neoconservadurismos, fundamentalismos, espiritualidad, entre otros. Después de 27 años de ausencia del país, se espera que este evento sirva nuevamente para profundizar los debates teóricos dentro del feminismo, tanto salvadoreño como a nivel regional, sin dejar a un lado el protagonismo lésbico, que tanto ha aportado al movimiento.

Desde el año 2007, las mujeres lesbianas feministas de América Latina y el Caribe instituyeron el día 13 de octubre para conmemorar el Día Latinoamericano de las Rebeldías Lésbicas, ya que en esa fecha se celebró en México, en el año 1987, el Primer Encuentro Lésbico Feminista. Desde el año 2008, mujeres lesbianas y feministas salvadoreñas han conmemoraron esa fecha al interior del país. Sin embargo, con el afán de rescatar las luchas y los pensares de los inicios del lesbofeminismo en El Salvador, sin dejar la perspectiva continental, hacemos un llamado como investigadores sociales a reapropiarnos de nuestra historia y recordar que, en medio de amenazas y el temor de ser asesinadas, un colectivo de mujeres lesbianas tuvo la audacia de publicar una Boletina como acto político para manifestar su existencia histórica, social y sexual. En tal sentido, para abrir un debate, proponemos considerar el 23 de octubre como Día de la Rebeldía Lésbica Salvadoreña.


*Amaral Arévalo es vicepresidente de la Fundación Igualitxs y estudiante de postdoctorado del Instituto de Medicina Social/Universidade do Estado do Rio de Janeiro.

*Nicola Chávez Courtright es Cofundadora de AMATE El Salvador y estudiante de doctorado en la University of Southern California, EEUU.

Mónica Zalaquett: “El machismo es una desviación de la masculinidad sana”(2017) Dánae Vílchez

En entrevista con Niú, la directora de CEPREV analiza las raíces de la violencia machista y propone soluciones para erradicarla Psicóloga, socióloga y periodista, Mónica Zalaquett Daher tiene más de 20 años desarrollando una metodología para erradicar la violencia. Directora del Centro para la Prevención de la Violencia (CEPREV), ha trabajado con hombres, mujeres y niños en Centroamérica para hablar de los miedos y traumas más profundos en nuestra sociedad.

En 2015, su organización fue víctima de una persecución por medios oficialistas, que la vinculaban a un individuo armado que atentó contra una manifestación opositora. Sin embargo, Zalaquett continúa con su trabajo de cambiar la mentalidad de las personas sobre la violencia imperante, especialmente la que sufren las mujeres de la región.

Ante las alarmantes cifras de atroces asesinatos contra mujeres, la experta considera que es necesario comprender de fondo el machismo, y trabajar junto a los hombres para deconstruir esas prácticas.

En esta entrevista con Niú, Zalaquett habla sobre las raíces de la violencia en nuestra sociedad, los femicidios, el machismo y el papel del Estado y los ciudadanos para cambiar esa realidad. «Cada uno de nosotros reafirma la cultura de violencia, eso es lo dramático, el Estado no es más que la expresión de todos nosotros allá arriba, y lo que le criticamos al Estado pasa en muchísimas familias», dice la experta.

¿Somos educados y educadas para ser violentos?

La violencia se inserta en la rutina a partir de la creencia que unas personas valen más que otras y por lo tanto tienen más derecho y de eso se derivan las relaciones de poder entre los seres humanos, que son la raíz de todas las formas de violencia.

Por ejemplo, si yo creo que valgo más que vos, o que un hombre más que una mujer, o yo más que vos porque soy una adulta y vos sos joven, a partir de esas creencias se generan apreciaciones, juicios sobre el valor de los seres humanos, se supone que un hombre vale más de una mujer, que una persona de tez más clara vale más que una de tez oscura y partir de eso se generan relaciones de poder y jerarquías entre los seres humanos.

La violencia debe empezar a erradicarse desde la niñez, dice la experta.

Las relaciones de poder son el camino rápido para el abuso del poder, cuando hay una relación en la que yo tengo más poder que vos, porque creo que tengo más valor como ser humano, y ejerzo aburridamente ese poder, ese ejercicio del poder, requiere de la violencia como un medio para funcionar, es decir la violencia es inherente a las relaciones de poder y al autoritarismo que se deriva.

¿Cuál es la diferencia entre un femicidio y un homicidio? ¿Por qué es importante hacer esa diferencia?

El femicidio acepta que hay una motivación de género para el asesinato de una mujer, y concretamente a qué nos referimos con una motivación de género, a la creencia precisamente de que un hombre tiene todo el derecho de hacer lo que quiera con el cuerpo y la vida de las mujeres, solo por ser hombres, y de que los cuerpos de las mujeres son una especie de pertenencia colectiva de los hombres.

Las personas empiezan a ejercer abusivamente ese sentido de propiedad sobre los demás, de ahí vienen las canciones como “sin ti no podré vivir jamás” o los dichos “Mío o de nadie”; y viene la desesperación de un hombre, en un momento en que las mujeres están cambiando en el mundo, en que están cambiando las creencias en la mujeres sobre sus propias vidas, en que salen a la vida pública, en que están cambiando las relaciones en la familia, económicas, porque ahora la mujer es un sujeto económico y antes no lo era.

El hombre está aún mucho más enojado, entonces existe una constante prueba de la masculinidad a través de la violencia, los hombres enojados con la pérdida de poder recurren a la violencia como una manera de reafirmar su poder, por eso es que si no entendemos las relaciones de poder, no podemos entender por qué existen femicidios.

¿Cuáles son los ejemplos en la cultura popular, que reafirman y justifican la violencia?

Me decía una niña en una conferencia, “yo no sabía que era violencia cuando mi mamá todos los días que llego de clase me dice, ya llegaste hija de la gran p*». Eso es un trato “cotidiano” para esa niña y ella no se da cuenta que es violencia. Hay tonos de voz, los gritos, palabras, la descalificación, el abandono, hay muchas formas de violencia, y todas esas formas violencia están conectadas entre sí.

No es tan diferente la violencia que se ejerce contra la niñez, de la violencia que se ejerce contra la mujer, todas tienen rasgos en común, en todas ellas hay aspectos de las relaciones de poder y hay abuso de poder. Cuando tú le pegas a un niño de cinco años, porque eres su mama, ese niño no te puede responder, pero cuando ese niño esté grande le va a pegar de la misma manera a su hijo.

El tema de la violencia es un tema muy complejo, pero hay unos aspectos clave como ese, como por ejemplo que muchas veces la violencia es la explosión de emociones y sentimientos altamente reprimidos, por ejemplo, si a un niño chiquito vos le pegás y le decís no llorés porque sos hombre y ese niño es violentado, es abusado de muchas formas y crece sin poder expresar lo que siente, se convierte en una bomba de tiempo que un día va a explotar, y se va a llevar por delante lo que tenga cerca, todo eso ese niño lo va a ir acumulando. Los hacés así, y matan y se matan, hieren a otras personas.

Hablemos del perfil de los femicidas, a propósito de esta ola de femicidios que cada vez son más crueles…

El machismo es una patología, no es la masculinidad normal y sana, es una distorsión, una desviación de la masculinidad sana. Una distorsión generada precisamente en la cultura patriarcal a partir de los intereses, del sentido de la propiedad sobre las personas. El machismo realmente viene siendo como la peor versión y la versión más enferma de la masculinidad, pero en nuestra sociedad se considera que eso es normal, porque la violencia es condición de la masculinidad.

Los hombres tienen mil formas en las que la sociedad les pide día a día que demuestren que son hombres, si no lo hacen dudamos. Eso es una opresión cultural tremenda. ¿Qué significa esto? Digamos que a un hombre que le dice su mujer, mira yo ya no quiero seguir viviendo con vos, los amigos vienen y le dicen, «mirá ¿cómo es posible? Esa mujer anda con otro, te las anda ‘pegando’, un hombre verdadero, no deja que eso pase». Ese hombre siente que si no hace algo con esa mujer, tiene una ira no solo causada por una situación concreta, sino por una creencia, la creencia de que él no es hombre si no hace algo por esa mujer, no la mata, no le pega o no la hiere.

Aparte de eso, si ese hombre fue un niño violentado por su madre de niño, sumale todas las cosas de la historia de vida. No se considera una justificación para la agresión, se considera que es urgente entender este fenómeno para evitar que ocurra, a mí no me interesa echar presos a los hombres, me interesa que no maten a la mujeres, porque si tenemos una sociedad que solo está pensando en las cárceles como solución a los problemas, así estamos repitiendo los mismos patrones de creencias que generan violencia, condenando presos a personas que a lo mejor no tendrían que haber acabado así.

Pero la respuesta institucional, no solo en Nicaragua sino en otros países ha sido esa, no atacar la raíz del problema…

¿Por qué? Porque estamos alimentando y defendiendo una cultura patriarcal a través de miles de acciones culturales, educativas, etcétera. Es muy complejo el fenómeno, tenemos que hacer cambios drásticos de las creencias en la educación, en los medios de comunicación, tenemos que aprender a comunicarnos porque no tenemos la menor idea como comunicarnos… La gente se ofende y se grita como algo cotidiano, son muchos patrones de conducta que alimentan la violencia, pero detrás de todos están las creencias de género y por eso hablamos de femicidio.

Si el Estado no hace nada porque reafirma esta cultura, ¿Qué es lo que se debería hacer?

El problema es que no es solo el Estado. Cada uno de nosotros la reafirma, eso es lo dramático, el Estado no es más que la expresión de todos nosotros allá arriba, y lo que le criticamos al Estado pasa en muchísimas familias. Claro, el Estado es la expresión máxima de esa cultura, y ellos no se van a interesar por hacer un cambio de raíz, ese cambio lo tenemos que hacer nosotros, nuestra organización se ha dedicado a eso por 20 años, y créeme que hemos logrado grandes cosas en Centroamérica…

En el taller que yo estaba la semana pasada en Honduras, una señora se paró y dijo: antes morían 12 jóvenes al mes en mi barrio, ahora solo muere uno. Ellos han recibido nuestros talleres y nosotros lo hacíamos aquí en Nicaragua, hasta que nos pararon, no es casualidad, nos pararon porque estamos trabajando por la raíz del problema.

«El cambio lo tenemos que hacer nosotros».

Hay intereses para mantener la violencia hacia las mujeres. De la misma cultura machista que se defiende como gato panza arriba porque son relaciones de poder. Estamos tocándole los huevos al toro, la Ley 779 fue tocarle los huevos al toro. El error ahí fue tocarle los huevos al toro sin proteger la vida de las mujeres, echar presos a los hombres no resuelve el problema.

Los agresores decían si me echan preso por pegarle a la próxima vez la mato, yo no voy a esperar a que me echen preso por un golpe… Es un problema complejo pero tenés que educar mientras avanzas en las leyes, los mecanismos coercitivos y las sanciones judiciales. Yo defiendo eso porque nosotros somos los que hemos obtenido más cambios evidentes en los comportamientos masculinos violentos.

El sistema necesitaba a la mujer, como un sujeto laboral, pero no necesita al hombre como un sujeto en la familia. Hemos integrado a las mujeres en el mundo pero no hemos integrado a los hombres en lo que nosotros queremos hacer, y es el camino para la vida y la seguridad de las mujeres, no hay otro. Y se puede y nosotros lo hemos demostrado, y nos tienen reprimidos, por eso.

Hegemonía y contrahegemonía en la América Latina de hoy: apuntes sobre una nueva época (2005) Daniel Campione

Preguntarse por la vigencia para la realidad latinoamericana de hoy de la problemática gramsciana de la hegemonía, es comenzar por registrar los enormes cambios que esa realidad (y la mundial) han sufrido en estos últimos años. Ese proceso de cambio de las últimas décadas se ha manifestado como una contraofensiva de las clases dominantes.

Parte de su dinámica se extrajo de la voluntad consciente de revertir, por medio de transformaciones estructurales, ‘orgánicas’ y no con medidas de coyuntura, el ascenso en la movilización y las luchas sociales de los años ’60-’70, apoyada en una reformulación económica, social y política del capitalismo a escala mundial, pero ha tenido un efecto paradójico: al destruir las organizaciones de las clases subalternas, ‘descabezar’ a su dirección, promover el ‘transformismo’ de sus intelectuales orgánicos, ha minado también su propia capacidad (la de las clases dominantes) de ejercer una ‘dirección intelectual y moral’, ha disminuido la posibilidad de erigir indispensables ‘bases materiales’ para esa dirección, y ha desmantelado las herramientas organizacionales (partidos con capacidad de organización y movilización de masas, sindicatos reformistas y burocratizados) que le permitieran en su momento construir esos ‘equilibrios inestables’, esa capacidad para las ‘soluciones de compromiso’ que Gramsci sitúa como cimiento de la transformación de una clase en ‘dirigente’[1].

Al derrotar a su adversario de clase, los capitalistas latinoamericanos han disminuido paradójicamente su potencialidad de construcción hegemónica.

Del análisis de ese proceso, y de las perspectivas que abre desde el punto de vista de las clases subalternas, intentaremos dar cuenta aquí. Pero previamente quisiéramos proceder a un breve examen de las dimensiones del concepto de hegemonía en el propio pensamiento de Gramsci.

El concepto de hegemonía en Gramsci y sus derivaciones actuales

El concepto de hegemonía se ha ‘vulgarizado’ con frecuencia, y dado lugar a una simplificación que establece: a) una contraposición binaria entre hegemonía y dictadura, donde no existiría una si existe la otra y b) a partir de asignar un rango de existencia mucho más que metafórico a la pareja base-superestructura, tomarla como una categoría exclusivamente referida a la ‘superestructura’ y dentro de ella a la esfera ideológico-cultural, o a la ‘sociedad civil’ (a su vez malinterpretada como en contraposición a lo estatal). Para convertir la categoría ‘hegemonía’ en un elemento útil para el análisis de la realidad social, se necesita despojarla de esos esquematismos.

            Los componentes de consenso y de coerción coexisten en el tiempo y en el espacio, como componentes de la ‘supremacía’ de una clase que pasa a ser dirigente sin dejar de ser ‘dominante’ (dotada de poder coercitivo), y despliega su poder sobre un espacio social más amplio que el de los aparatos estatales formalmente reconocidos como tales[2], dando lugar a la configuración de una sociedad donde, como dice el propio Gramsci, hay democracia en la relación con algunos sectores sociales, y dictadura en el vínculo con otros.

            La distinción que Gramsci efectúa entre sociedad civil y sociedad política es de finalidad heurística, como camino para analizar los mecanismos diferentes de un campo y otro, pero no asimila, como la teoría liberal, sociedad política a estado y sociedad civil a no-estado[3]: “[…] hay que observar que en la noción general de Estado entran elementos que deben reconducirse a la noción de sociedad civil (en el sentido podría decirse de que Estado: sociedad política+sociedad civil, o sea hegemonía acorazada de coerción)” (Cuadernos: III, 76).

            En Gramsci, la hegemonía tiene múltiples dimensiones, pero está claro que la ‘dirección intelectual y moral’ parte de grupos sociales con un papel determinado en la vida económica, para ‘hegemonizar’ a otros que también lo tienen[4], y que la catarsis[5] que eleva al plano de lo ético-político se asienta en el campo económico-corporativo, lo que supone una serie de sacrificios y compromisos, a su vez inestables, dinámicos, que sin embargo no pueden desconocer el papel fundamental, originado en el mundo de la producción, de la clase que aspira a ser ‘dirigente’.

            Otro arco de complejidades es el proporcionado por la posibilidad de que se produzca la aparición de una hegemonía alternativa, o contra-hegemonía. El grupo subalterno sólo puede convertirse a su vez en hegemónico pasando del plano económico-corporativo al ético-político (combinación en que el término ‘ético’ apunta más bien a la dimensión intelectual y moral, y ‘político’ al control del aparato del estado), presentar sus intereses sobre un plano ‘universal’, pero se requiere de modo inexcusable ese basamento económico-corporativo.

            Una cuestión es que esa base no necesariamente deba asimilarse al proletariado industrial o a ninguna porción ‘predestinada’ de las clases subalternas. Otra, a nuestro juicio errónea, es partir de un plano que no incluya los intereses económicos o que tome en cuenta los datos del predominio económico de una minoría explotadora, sólo como un factor a ‘morigerar’ por quienes aspiran a configurar un nuevo ‘bloque histórico’[6].

            Por su parte, el bloque que está en el poder no se remite a la manipulación ideológica, sino que apunta a articular una conjunción de grupos sociales en torno suyo, en base a una ‘visión del mundo’ compartida, que permiten hablar de ‘democracia’ entre el grupo hegemónico y los sujetos a esa hegemonía, y que abren el paso de la esfera de los dominados a la de los dominantes[7].

            Y ello da lugar al escenario de conflicto social, complejo y múltiple que Gramsci denomina ‘guerra de posiciones’. Prolongada en el tiempo, librada en un espacio social amplio y heterogéneo, incluyendo más de un frente simultáneo, con avances y retrocesos parciales, en una situación de asedio recíproco (el enemigo puede contraatacar y retomar posiciones en cualquier momento).

Se rescata así el concepto de revolución, pero con la forma de un proceso de laboriosa gestación y no de acontecimiento único e irreversible, y con un contenido de transformación radical, no limitado al poder político y las relaciones de producción fundamentales, sino de ruptura de todas y cada una de las relaciones signadas por la opresión y la desigualdad.

Pero la vigencia de la guerra de posiciones no significa que la guerra de movimientos deje de existir, ni que el problema de destruir el aparato de coerción que posee la clase dominante, haya desaparecido, sino que es un paso en un proceso más complejo, que presupone la ‘lucha de trincheras’[8].

La disputa de clases queda así explicada como un fenómeno multívoco, cuya diversidad y complejidad aumentan junto con la de las sociedades. Pero ello no justifica el ‘deslizamiento’ a una interpretación en clave liberal o socialdemócrata del poder en la sociedad, que lo ‘idealiza’, al eludir las bases materiales, económicas de la hegemonía, y lo ‘pacifica’, al pasar por el costado de la problemática de la coerción, de la violencia, incluso del terror, que subyace (y actúa, de modo selectivo y más o menos encauzado jurídicamente) en las sociedades hegemónicas, democráticas.

 La hegemonía en las sociedades latinoamericanas

Las sociedades latinoamericanas, sobre todo las de mayor desarrollo relativo, ya no son ‘Oriente’, en términos de Gramsci. Se han tornado desde hace mucho sociedades complejas, con importante desarrollo de la sociedad civil.

Pero, a la vez, están cruzadas por la pobreza de buena parte de sus habitantes, cada vez más por el desempleo crónico, y aun por los salarios paupérrimos de parte de los que tienen trabajo formal. Sus peculiaridades económicas, políticas, étnicas, culturales, el sitio excéntrico, ‘periférico’ que ocupan en el sistema capitalista mundial, siguen condicionando los modos de pensar y actuar, las modalidades organizativas, las formas de lucha. Su complejidad no las acerca al ‘Occidente’ gramsciano, en muchos aspectos.

En los años ’60-’70, América Latina atravesó la virtual ‘explosión’ de las ‘nuevas izquierdas’, nacidas en buena medida de la reacción contra izquierdas tradicionales que ‘dormitaban’ en los repliegues del orden burgués, sin desplegar ninguna estrategia de poder. Las nuevas organizaciones revolucionarias, al calor de la revolución cubana, solían apostar a modalidades insurreccionales, sin hacer demasiado hincapié en el tipo de sociedades en que habitaban sus tentativas. Se ha dicho que confundían la ‘guerra de movimientos’ con la ‘guerra de posiciones’.

La confusión era más amplia en realidad, ya que ignoraban los componentes consensuales de la dominación, el conjunto de ‘equilibrios inestables’ sobre los que se basaban los estados de bienestar periféricos que se habían desarrollado en los países más desarrollados de América Latina[9], los procesos de ‘revolución pasiva’ que habían llevado a cabo los regímenes populistas[10].

Imaginaban a los estados nacionales como meras fachadas de los intereses del capital imperialista, a los ejércitos nacionales como ‘fuerzas de ocupación´ interna, y a las clases subalternas como masas inconformes prontas a ser incendiadas por la ‘chispa’ de la insurrección. La derrota se debió a muchos factores, pero uno no desdeñable fue esta esquemática comprensión de las sociedades en que se desenvolvían, que las pensaba mucho más simples y polarizadas de lo que eran.

Pensamos que es una deducción válida la de que los revolucionarios latinoamericanos de hoy necesitan construir una praxis de raigambre gramsciana, en cuanto vía para captar toda la complejidad de nuestras realidad, la múltiple dimensión de la sociedad de clases, y forma de construir un proyecto revolucionario.

Sin embargo, en América Latina, la relativa novedad, a partir de mediados de los ’80, de la existencia de democracias parlamentarias con perspectivas de estabilización, con un desarrollo institucional y una vigencia de las libertades públicas suficientes como para no permitir considerarlas una mera ‘fachada’ del autoritarismo, cegó con su brillo a amplios sectores de la izquierda, obliterando ese balance.

La intelectualidad de formación gramsciana, que había aportado parte de la mejor reflexión marxista de los ‘60-’70, pasó a enrolarse a favor de una renuncia al cuestionamiento de las relaciones sociales de producción y del poder del estado. El hecho de centrarse en la ‘sociedad civil’ se interpretaba en términos de un enfoque exclusivamente político-cultural y la disputa en ese terreno era entendida sobre todo como ‘crítica cultural’, pero aceptando la democracia representativa como democracia tout court, y abandonando la idea misma de revolución social.

La destrucción de las organizaciones populares y la desarticulación de la ‘visión del mundo’ que propiciaban en los 60-70’ las dictaduras más sangrientas de la historia de la región, la presión ideológica en el plano mundial desatada por un capitalismo que se reconfiguraba y se reorganizaba en un sentido mucho menos proclive a las concesiones económicas y políticas a las clases subalternas, impulsaron ese viraje, ese ‘gramscismo’ que renunciaba a la transformación radical de la sociedad.

Hay una frase de Aricó, uno de los gramscianos más destacados de América Latina, de su última época, que resume todo un programa de acción: “La pretensión de mantener unidos democracia y socialismo supone en la práctica política la lucha por construir un orden social y político en el que la conflictualidad permanente de la sociedad encuentre formas de resolución que favorezcan su democratización sin generar su ingobernabilidad” (Aricó, 1999: 116).

La utopía democrática suplantaba a la utopía revolucionaria, pero con desconocimiento, para nada ‘gramsciano’, de las relaciones de fuerzas en que la democracia representativa se restauraba, y las amplias posibilidades que éstas brindaban para contrarrestar cualquier impulso renovador procedente desde ‘abajo’ que atravesara el nuevo orden político, que mal ocultaba un orden social más desigual y excluyente que nunca antes[11] .

Este enfoque ‘transformista’ de la nueva situación, se daba en una coyuntura que, con singular velocidad, se reveló como nada propicia para apostar a avances sociales por la vía de las reformas: se asistía a un proceso de concentración capitalista de vastísimos alcances, que reorganizaba sectores enteros de la economía (y de la sociedad toda), mientras hacía desaparecer o reducía a su mínima expresión a otros, todo en dirección favorable a la concentración y centralización del capital.

* * * * *

Para el propósito de construir un posicionamiento de crítica radical, que contrarreste la postura adaptativa que acabamos de ver, es importante analizar la cuestión de la hegemonía y la contra-hegemonía en América Latina, sobre el fondo del ‘movimiento orgánico’ y no del ‘coyuntural’, dirigiéndonos a la ‘gran política’ y no sólo a la ‘pequeña política’[12].

El transcurso de las décadas de los ’60 a los ’80 contuvo una demostración de flexibilidad en el manejo de los regímenes políticos de parte del bloque de clases dominantes en los países latinoamericanos, que en dos décadas pasaron de regímenes constitucionales a dictaduras y de vuelta a la institucionalidad democrática.

Los procesos de radicalización que se produjeron en varios países, con el estado sobrepasado por una acción de masas que primero amplió sus demandas, y luego apuntó directamente a destruirlo para encarar un ‘tiempo nuevo’, ya no capitalista, impulsaron a terminar con una democracia parlamentaria y un ‘estado de bienestar’ que se habían tornado peligrosos.

Así fue que se instalaron, por así decirlo, ‘cesarismos regresivos’, bajo la forma de dictaduras militares que, mediante el uso masivo de la violencia, permitieron salir de las situaciones de empate prolongado o de defensiva de las clases dominantes, y proporcionaron las condiciones para descabezar a las dirigencias de las clases subalternas y luego iniciar una restauración del dominio más pleno de la clase, que a su vez contribuía a su propia reorganización.

Estos procesos, pasaron luego nuevamente a regímenes democráticos, que completarían las transformaciones estructurales iniciadas bajo la égida militar, pero incorporándoles la legitimación por el consenso popular expresado en (y limitado a) el sufragio, en un mecanismo con ciertas características de ‘revolución pasiva’[13].

El conjunto del proceso puede ser interpretado de modo válido, como la expresión de un avance económico y político comandado por lo más concentrado del gran capital, que pretende eludir todo pacto, toda concesión, y hacer prevalecer completa su visión del mundo, y sus intereses económico-corporativos. Así la clase dominante pierde capacidad de hegemonizar a otros sectores sociales, en cuanto se le hace difícil aparecer como ‘haciendo avanzar a toda la sociedad’[14]. Pero al mismo tiempo logra un firme control sobre el conjunto de la vida social, incluyendo los partidos políticos sistémicos y el aparato comunicacional.

El bloque en el poder no aspira hoy seriamente a ejercer la dirección obteniendo un consenso permanente y activo, sino a la neutralización y debilitamiento político e ideológico, a la desorganización y parálisis política, al retiro duradero de la esfera pública de las clases subalternas. Toda intervención ‘de masas’ (aun las de carácter subordinado, heterónomo) es vista como potencialmente peligrosa para la ‘gobernabilidad’ del sistema[15].

El resultado más auspicioso para la clase capitalista es que, por condicionamiento y por presión, por manejo de ‘aparatos hegemónicos’ en medida mayor que el Estado nacional, los conglomerados empresarios garantizan la aplicación fiel de sus políticas, sin tener que tomar la responsabilidad directa de la misma. Los círculos de la gran empresa suelen, incluso, sumarse entusiastas a la generalizada denigración de la ‘clase política’, ya que ese desprestigio tiene al menos dos consecuencias que les son gratas: a) la ‘despolitización’ voluntaria de amplios sectores sociales, al mantenerse al margen de una actividad a la que juzgan esencialmente mentirosa y deshonesta; b) la desviación de la aversión que podría despertar la actitud de los grandes capitalistas, hacia quienes cada vez más válidamente se puede considerar su ‘personal subalterno’.

Desorganizar, fragmentar, replegar a lo privado, ‘seducir’ por la creciente oferta de consumo, son caminos de búsqueda de la pasividad de las masas, en nada coincidentes con la generación del consenso ‘activo y organizado’ al que hace referencia Gramsci como contenido de la hegemonía. Es mas bien un consentimiento a la propia despolitización, teñido de lo que Therborn llama ‘el sentimiento de inevitabilidad’[16].

La respuesta desde abajo

Este cambio de rasgos fundamentales de la supremacía del gran capital, hace indispensable una revisión profunda y radical, del modo de enfrentarse a ese predominio de clase, y colocar en el horizonte cercano a una perspectiva transformadora.

Como ya hemos visto, los movimientos revolucionarios latinoamericanos se han caracterizado en su mayoría, al menos hasta la década de los ’70, por una concepción del tipo ‘guerra de movimientos’ y una visión unilateral, limitada, de la dominación de clase, que tendía a minimizar el papel de los procesos que se subsumen bajo el término gramsciano de ‘hegemonía’.

La prioridad absoluta otorgada a la opresión económica, de clase, y a la ejercida por un estado al que se veía sólo como brazo represivo al servicio directo de la explotación, obturaba la visión sobre otras formas de opresión, y por consecuencia directa, la posibilidad de articular una verdadera acción contrahegemónica.

Los defensores de reivindicaciones étnicas, de género o ambientales, corrían el riesgo de aparecer como ‘desviando’ a las fuerzas contrarias al orden existente de sus objetivos principales, en vez de ser éstas aceptadas y promovidas como vehículo para ‘comprender y sentir’[17] la sociedad en términos más complejos (y completos) que lo que se venía haciendo, aptos para superar esquemas preconcebidos con resonancias ‘iluministas’.

En el fondo, se alentaba una concepción de élite revolucionaria, de ‘vanguardismo’ atravesado por esos ‘hermanos enemigos’ que son el voluntarismo[18] y el economicismo, y que tiene como visión de sus acción el disciplinamiento y manipulación de las masas movilizadas, una especie de ‘banda gitana’ al decir de R. M. Cox[19].

La derrota experimentada en carne propia, en algunos casos; la visión de los contrastes ajenos en otros, el cambio general del ‘clima de época’, hicieron que aquella visión de la transformación social quedara, si no sepultada definitivamente, al menos sí seriamente dañada en sus posibilidades de generar movimientos políticos eficaces. Se abría un abismo para las izquierdas, y se fue haciendo evidente que las esperanzas de la ‘transición democrática’, no eran el camino para salvarlo.

Un problema para la re-construcción de una praxis efectivamente de izquierda, radica en la necesidad de incorporar a su visión del mundo los cambios estructurales producidos en los últimos años, sacar plenas consecuencias de los mismos, y pasar por el tamiz crítico (y no por el rechazo unilateral) las aportaciones de los gramscianos latinoamericanos en los ’80.

A esos puntos de vista, debería aplicárseles el criterio que Gramsci desarrolló a propósito del pensamiento croceano: ‘retraducirlo’ a términos de la ‘filosofía de la praxis’, para hacer retomar a ésta un ‘impulso adecuado’, que no tiene por qué reproducir las conclusiones finales de esa crítica, pero sí utilizarla como basamento de la re-construcción del campo ideológico propio[20].

Y allí se re-instala la problemática de la formación de ‘intelectuales orgánicos’ capaces de ser protagonistas de un gran cambio político-cultural que se expanda desde la izquierda radical a un campo más vasto de pensamiento y acción crítica, estrechamente vinculado con las organizaciones populares y el movimiento social en general[21].

Se necesita recrear un enfoque revolucionario latinoamericano, que debe ser articulador de realidades sociales y culturales afines pero diversas, con trayectorias históricas similares, pero no exentas de diferencias importantes entre sí. Pero ese anclaje no debería contaminarse de un nacionalismo que conduce a minusvalorar la problemática de clase, y a percibir al antagonista como determinado, no por la explotación y alienación de las clases subalternas, sino por su carácter ‘extranjero’[22].

Estamos además ante la necesidad de un replanteo de la visión histórica acerca de las clases subalternas, y de la propia idea de la centralidad histórica del ‘proletariado’, indispensable si queremos tomar el hilo del desafío acerca de qué tipo de coalición social puede sustentar un proyecto contra-hegemónico.

Hay elementos para pensar que se avanza en una redefinición de la identidad (que comprende a desocupados de larga permanencia, informales, precarios, cuentapropistas, nuevas actividades surgidas en el campo de los servicios), que se cruza con las luchas ‘territoriales’, y que se encarna en nuevos método de lucha, que a veces suplen importantes dificultades para sostener la huelga y otras medidas de fuerza tradicionales, en otras se articulan con ellas, y en todos los casos siguen vindicando la condición original de trabajadores, aunque el trabajo sea precario o directamente falte desde hace tiempo[23].

La dispersión, la falta de articulación con otros espacios que no sean los del propio sector o ‘asunto’, el aislamiento y la inorganicidad a las que muchos hoy cantan loas en nombre de la diferencia o la ‘tolerancia’, no pueden ser un camino sino hacia la conservación de la sociedad existente.

Los actuales pensadores de la dominación les dejan con gusto a las organizaciones de las clases subalternas el terreno de la ‘pequeña política’ que sólo disputa sobre cuestiones ‘parciales y cotidianas’, para mejor encubrir la renuncia a la ‘gran política’, la que se abandona con exclusividad a las clases dominantes[24]. Las organizaciones populares deben enfrentarse a fuertes presiones hacia su ‘domesticación’, a encuadrarse en los límites de una ‘gobernabilidad’, entendida básicamente como que las clases subalternas ejerzan su libertad de organización y movilización, pero absteniéndose de todo lo que pueda perturbar las relaciones de poder existentes[25].

Fortalecimiento organizativo, coordinación, construcción de un discurso alternativo creíble y eficaz, son requerimientos impostergables. Pero también superación de las trabas que hoy se oponen, en la mentalidad colectiva, a la militancia activa por la transformación.

En primer lugar, la ideología de la competencia interindividual como modo de moverse en la vida y el trabajo, con el acceso a un consumo mayor y más variado como objetivo central, con exclusión de cualquier objetivo y acción colectiva relevante. Y luego, la idea de que la militancia social y política de contenido contestatario, tiene altos costos, y que en definitiva no permite logros frente a un sistema dispuesto a todo para castigar, y en el límite, suprimir a sus adversarios. Hoy estamos ante una situación en que no se trata tanto de convencer de la justicia de las luchas, sino de su viabilidad y utilidad, de que pueden ser conducidas de un modo que incremente la capacidad de acción autónoma desde ‘abajo’.

Y continuar pensando la revolución social, entendiéndola: a) como un proceso y no como un ‘acontecimiento’ único, al que se adjudica la apertura de una nueva era por su sola producción; b) de una manera en que su componente de ‘iniciativa popular’, de autogobierno y autoorganización de las masas, de generación y difusión de una ‘visión del mundo’ antagónica a la predominante, ocupe un lugar tanto o más importante que la conquista del aparato del estado o las medidas de ‘expropiación de los expropiadores’.

 A modo de conclusión

Al plantear la necesidad de encarar la especificidad de la problemática ético-política sin abandonar la ‘estructural’, al desarrollar el concepto de hegemonía en un sentido complejo y multidimensional, Gramsci señalaba el camino para un proyecto que no se inclinara a descubrir una sola clave de la sociedad existente para impugnarla desde allí, sino a visualizar una crítica global, articulada sobre la problemática de la lucha de clases, eludiendo a su vez la tentación de subsumir ésta en el plano de las relaciones de propiedad y el manejo del aparato coercitivo estatal.

Por añadidura, hay una afinidad entre la época del Gramsci de los Cuadernos y la actual: la sociedad capitalista atraviesa una crisis de enormes proporciones, pero ésta no aparece como terminal, y son muchos los indicios de que una ‘sobrevida duradera’ aguarda al capitalismo[26].

Se requiere hoy la aptitud de captar, comprender e impugnar el conjunto de agravios que comete a diario el orden social capitalista, en todos los terrenos, para ampliar y enriquecer el amplio frente de los explotados, los marginados, y de los que sin ser una cosa ni la otra toman la decisión ética y política de no seguir asistiendo pasivos al reinado de la injusticia.

Las manifestaciones contra el capital financiero, de Seattle en adelante; y en nuestro continente las múltiples expresiones de descontento movilizado y rebelión que han dado por tierra con más de un presidente, muestran un cuadro social y cultural ciertamente variopinto, la inexistencia de pretensiones de que un sector se erija en ‘comando único’, la voluntad cada vez más firme de cuestionar las diferentes aristas de un orden social cada día más injusto, y con creciente conciencia de estar tomando parte de una lucha de alcance mundial.

Se puede argumentar válidamente que se trata de movimientos apenas incipientes, plagados de indefiniciones, e incluso de incompatibilidades entre sus componentes. El desenlace que han tenido sublevaciones populares como las de Paraguay, Ecuador, Bolivia, Argentina, siempre dentro del ‘viejo orden’ contra el que difusamente se apunta, marcan de modo claro los límites de estas expresiones.

Pero, nos parece, aciertan ya al insinuar, como punto de partida, la adhesión a un nuevo ideal de fraternidad universal entre los oprimidos y los indignados contra la injusticia. Ni la identidad ni el ideal emancipatorio están hoy dados, sino que deben construirse en un proceso que articule experiencia y conciencia, el lugar propio y el mundo en su conjunto

Las clases subalternas latinoamericanas son, desde siempre, ejemplo de diversidad y mezcla, de un arco iris nunca agrisado por las lluvias de plomo arrojadas una y otra vez sobre sus hombres y mujeres por los dueños del poder. Difícil pensar un suelo más adecuado para que, en el mediano plazo, fructifique un nuevo proyecto revolucionario que parta de la diversidad para atacar por múltiples vías a la mercantilización y el egoísmo universal, a la gigantesca máquina de producir millonarios y hambrientos al mismo tiempo; a todo lo que representa, hoy más que nunca, el capitalismo.

 Bibliografia

Las citas de textos de Antonio Gramsci son de Cuadernos de la Cárcel, ediciones ERA, tomos I al V, traducción de la edición crítica producida por Valentino Gerratana, salvo en los casos que se señalan específicamente, en que provienen de las traducciones de la anterior versión temática de los Cuadernos.

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Therborn, Goran, La ideología del poder y el poder de la ideología. 5ª ed. en español. México:Siglo XXI, 1998.

 NOTAS

[1] Como un continuo formarse superarse de equilibrios inestables […] entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios en los que los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea no hasta el burdo interés económico-corporativo(Cfr. Cuadernos, V, 37).

[2] “[…] la concepción del Estado como hegemonía conduce a afirmaciones paradójicas: que no siempre al Estado debe buscársele allí donde parecería estar ‘institucionalmente’: en realidad el Estado, en este sentido, se identifica con los intelectuales ‘libres’ y con aquel grupo de ellos que representa, precisamente, el principio ético-político en torno al cual se verifica la unidad social para el progreso de la civilización. La política momento de la fuerza, pero prepara para la vida moral o es instrumento y forma de vida moral, por lo tanto no hay conflicto entre política y moral sino casi identificación” (Cuadernos: III, 343).

[3] Cfr. Buttigieg, 1999: 35.

[4] Este párrafo de Gramsci puede ser tomado como una afirmación de la base de la hegemonía en el mundo productivo: “Es verdad que conquista del poder y afirmación de un nuevo mundo productivo son inseparables, que la propaganda para una cosa es también propaganda para la otra y que en realidad sólo en esta coincidencia reside la unidad de la clase dominante que es al mismo tiempo económica y política […]” (Cuadernos: IV, 232).

[5] “Se puede emplear el término de ‘catarsis’ para indicar el paso del momento meramente económico (o egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la elaboración superior de la estructura en superestructura en la conciencia de los hombres. Esto significa también el paso de lo ‘objetivo a lo subjetivo’ y de la ‘necesidad a la libertad’” (Cuadernos: IV, 142).

[6] El término ‘bloque histórico’ alude a la unidad entre lo estructural y lo superestructural, entre lo material y lo ético-político: “La historia ético-política no puede prescindir tampoco de la concepción de un ‘bloque histórico’ en el que el organismo es individualizado y concretizado por la forma ético-política, pero no puede ser concebido sin su contenido ‘material’ o práctico” (Cuadernos: III, 346).

[7] “Entre tantos significados de democracia, el más realista y concreto me parece que se puede extraer en conexión con el concepto de hegemonía. En el sistema hegemónico existe democracia entre el grupo dirigente y los grupos dirigidos, en la medida en que el desarrollo de la economía y por lo tanto la legislación que expresa tal desarrollo favorece el paso molecular de los grupos dirigidos al grupo dirigente” (Cuadernos: III, 313).

[8] Como afirma M. Salvadori “[…]descartar la ‘guerra de movimiento’ hasta que haya dado sus frutos la ‘guerra de posición’. No se trata, pues, de una contraposición entre los dos conceptos de ‘guerra’, sino de una correlación funcional. No se puede emprender el asalto al poder (Estado obrero y dictadura del proletariado) mientras la lucha de trincheras no haya creado las premisas del éxito; pero el objetivo supremo sigue siendo el asalto destructivo contra el enemigo” (Salvadori, 1981: 88).

[9] “[…] la vida estatal es concebida como un continuo formarse y superarse de equilibrios inestables (en el ámbito de la ley) entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados, equilibrios en los que los intereses del grupo dominante prevalecen pero hasta cierto punto, o sea no hasta el burdo interés económico-corporativo” (Cuadernos: V, 37).

[10] El concepto de ‘revolución pasiva’, o ‘revolución-restauración’ es fundamental para entender el proceso latinoamericano y las políticas de las clases dominantes en especial., en tanto que respuesta a amenazas más o menos concretas provenientes del ‘abajo’ social. “[…]ambas expresan seguramente el hecho histórico de la ausencia de una iniciativa popular unitaria […]y el otro hecho de que el desarrollo se ha verificado como reacción de las clases dominantes al subversivismo esporádico, elemental, inorgánico de las masas populares con ‘restauraciones’ que han acogido una cierta parte de las exigencias de abajo, por lo tanto ‘restauraciones progresistas’ o ‘revoluciones-restauraciones’ o incluso ‘revoluciones pasivas’ (Cuadernos: IV, 205).

[11] En estas posiciones resuena algo de la propensión de los intelectuales a concebir al estado como ‘una cosa en sí’ un ‘absoluto racional’ y ver a su propia función como ‘absoluta y preeminente’ en los países periféricos” (Cuadernos: IV, 233).

[12] “La pequeña política, las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida por las luchas de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase política. Por lo tanto, es gran política el intentar excluir la gran política del ámbito de la vida estatal y reducirlo todo a aquella política” (Cuadernos: II, 242).

[13] Nos parece especialmente adecuada a los procesos de historia reciente de América Latina la definición de revolución pasiva que da Donatella Di Benedetto: “La ‘revolución pasiva’ implica por lo tanto la capacidad de las clases dominantes, frente a la explosión de las contradicciones sociales y políticas, de gobernar, integrar destruyendo las contradicciones fundamentales evitando que devengan protagónicas en la crisis ‘masa’ o ‘conjunto’”. (Di Benedetto, 2000: 266). La ‘revolución pasiva’ es un tipo de proceso que recorre toda la historia latinoamericana, desde el momento de la independencia y constitución de los estados nacionales, proceso realizado inequívocamente ‘desde arriba’, con aparatos estatales que se construían, dando forma a la vez a la estructura de clases de la sociedad y sentando las bases para un tipo de desarrollo que incluyera la incorporación al mercado mundial. Por comenzar, estos ‘estados-nación’ no tenían naciones (ni siquiera protonaciones) que les fueran preexistentes, y las deberán conformar a partir de la acción estatal en el terreno militar, político e ideológico-cultural. Se encuentran referencias abundantes al tema en Aricó, 1980, sobre todo en su último capítulo.

[14] Gramsci utiliza esta expresión, para caracterizar el período en que una clase dominante es ‘progresista’, y por lo tanto puede captar al conjunto de los intelectuales, incluyendo a los tradicionales. Cuando pierde este carácter, tiende a recaer en el autoritarismo “Este fenómeno se verifica ‘espontáneamente’ en los períodos en que aquella determinada clase es realmente progresista, o sea hace avanzar a toda la sociedad, no sólo satisfaciendo sus exigencias existenciales, sino ampliando continuamente sus cuadros por una continua toma de posesión de nuevas esferas de actividad industrial-productiva. Cuando la clase dominante ha agotado su función, el bloque ideológico tiende a resquebrajarse y entonces a la ‘espontaneidad’ sucede la ‘constricción’ en formas cada vez menos larvadas e indirectas, hasta llegar a las auténticas medidas policíacas y a los golpes de estado” (Cuadernos: I, 108).

[15] Lo explica con claridad C. N. Coutinho: “[…]ese modelo societario presupone y estimula la baja participación política (la apatía es vista como condición para evitar el congestionamiento de las demandas), además de apostar por el debilitamiento de las instancias globalizadoras de la política –descalificadas en cuanto “ideológicas” – y por la proliferación de formas de representación puramente corporativas y sectoriales, como es el caso de la mayoría de las ONG […]” (Coutinho, 2000: 41).

[16] Cfr. Therborn, 1998: 75 y ss.

[17] El paso del saber al comprender al sentir y viceversa del sentir al comprender al saber. El elemento popular ‘siente’ pero no comprende ni sabe; el elemento intelectual ‘sabe’ pero no comprende y especialmente no siente. Los dos extremos, pues, son la pedantería y el filisteísmo por una parte y la pasión ciega y el sectarismo por la otra. […] El error del intelectual consiste en crer que se pueda saber sin comprender y especialmente sin sentir y estar apasionado, es decir, que el intelectual pueda ser tal siendo distinto y estando alejado del pueblo[…]” (Cuadernos: II, 164).

[18] Gramsci define así al voluntarismo: “[…]el voluntarismo, aun con su mérito histórico que no puede ser disminuido, ha sido un sustituto de la intervención popular, y en este sentido es una solución de compromiso con la pasividad de las grandes masas. Voluntarismo-pasividad van juntos más de lo que se cree. La solución con el voluntarismo es una solución de autoridad, legitimada “formalmente” por un consenso, como se dice, de los “mejores”. Pero para construir una historia duradera no bastan los “mejores”, se necesitan las más vastas y numerosas energías nacional-populares” (Cuadernos:IV, 69).

[19] Cfr. Cox, 2000, 132.

[20] Gramsci desarrolla esta idea de superar mediante la incorporación de la crítica aun idealista a la recuperación de una filosofía de la praxis ‘vulgarizada por las necesidades de la vida práctica inmediata’ en Cuadernos: IV, 133. Dora Kanoussi, en su reciente Una Introducción a los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci, hace eje fundamental en esta idea de la traducción y re-traducción como fundamental en el armado conceptual gramsciano.

[21] Viene a cuento una observación de la primera época de los Cuadernos, en la que Gramsci comienza a plantear la complejidad del vínculo entre la ‘razón’ de los intelectuales y la del sentido común de los diversos grupos sociales. “La elaboración unitaria de una conciencia colectiva exige condiciones e iniciativas múltiples. La difusión de un centro homogéneo de un modo de pensar y de actuar homogéneo es la condición principal, pero no debe ni puede ser la única. Un error muy difundido consiste en pensar que cada estrato social elabora su conciencia y su cultura del mismo modo, con los mismos métodos, o sea los métodos de los intelectuales de profesión. […]Es ilusorio pensar que una ‘idea clara’ oportunamente difundida se inserta en las distintas conciencias con los mismos efectos ‘organizadores’ de claridad difusa. Es un error ‘iluminista’” (Cuadernos: I, 99).

[22] Es importante prestar atención, para América Latina, a las tesis que E. Said rastrea en Fannon, acerca de que el nacionalismo ‘ortodoxo’ tiende a seguir el mismo camino que el imperialismo, y la necesidad de pasar de una conciencia nacional a otra política y social, y la prioridad de los ‘colectivos de ámbito general’ (dentro de los que podría incluirse a Latinoamérica, diríamos nosotros) sobre los de carácter particular (Said, 1996: 422).

[23] En Argentina, por ejemplo, se ha asistido a una creciente organización de movimientos de trabajadores desocupados, que tienden a nuclear no necesariamente a desocupados recientes, sino a un amplio conjunto de pobres que reclaman su ingreso al mundo del trabajo.

[24] “[…] de lo que se trata es de elevar la política del nivel ‘económico-corporativo’ al nivel ‘ético- político’. Al contrario de la ‘pequeña política’ propuesta por el neoliberalismo, tenemos aquí la defensa de la “gran política” orientada explícitamente hacia la afirmación y defensa de valores e intereses universales” (Coutinho, 2000: 42).

[25] “Desde los círculos de los poderes trasnacionales y nacionales, a lo largo de la década de los noventa, se ha tratado de imponer a los movimientos populares una sola visión de lo político, las teorías de la gobernabilidad, y una agenda impuesta desde organismos como el Banco Mundial, que los vuelve funcionales a la contrarreforma del Estado, articulados a los denominados procesos de descentralización y autogestión, renunciando a tener una perspectiva total y emancipadora del futuro” (Hidalgo, 2000: 60).

[26] Cfr.: “[…] tal como en los años en que fueron concebidos los Cuadernos, la crisis de nuestros días no se anuncia como terminal. De todas partes surgen indicaciones de que el capitalismo, pese a sus monstruosidades y contradicciones, está fuerte y demuestra poseer reservas para sustentar, tal vez no un un nuevo ciclo expansivo, pero sí seguramente una sobrevida duradera” (Nogueira, 1998: 99).

Como se faz análise de conjuntura? Valerio Arcady

A aprovação relâmpago da reforma da Previdência em segundo turno teve, como era previsível, um impacto subjetivo na esquerda. Não fosse o bastante, assistimos a uma ofensiva virulenta de Bolsonaro: defendeu o torturador Ustra e atacou a memória de Fernando Santa Cruz, defendeu o trabalho infantil, os fazendeiros que usam trabalho escravo, os garimpeiros que invadem terras indígenas, a censura e o fim da Ancine, atacou a denúncia que o Inpe faz do desmatamento da Amazônia, e demitiu seu presidente, e muito mais.

Na esquerda ficamos todos enfurecidos. Mas nossa raiva não é a melhor bússola. No debate sobre a tática diante do governo Bolsonaro surgiram duas tentações perigosas. A primeira é o ultimatismo. Ou substitucionismo. A sua palavra de ordem é o Fora Bolsonaro. O argumento é que precisamos dar uma resposta política frontal à questão do poder. A sua forma foi a defesa da iniciativa parlamentar de impeachment.

A justificação é que milhares já estão gritando o Fora Bolsonaro, ou o VTNC (vai tomar no cu) nas manifestações, e ações exemplares de uma vanguarda ativa ampla tendem a contagiar as massas. Trata-se da atração pelo poder estético da “frase revolucionária”. Ou da iniciativa parlamentar de choque que gera uma manchete. É estéril, infelizmente. Nada substitui o processo de experiência prática de milhões que é a única via para o isolamento de Bolsonaro. Não há atalhos retóricos ou parlamentares na luta para criar as condições de derrubada do governo.

O “Abaixo o governo, greve geral”, não importa qual seja a situação política e a relação social e política de forças, é um mantra anarquista. Não é um ultimato de verdade ao governo, porque é um blefe. Neste momento, não é possível mobilizar em escala de milhões para derrubar Bolsonaro. Claro que não é proibido blefar na luta de classes. Mas só é útil blefar quando há alguma possibilidade de enganar os inimigos. Quando não é possível, trata-se de um ultimato às massas.

Este critério é equivocado. A melhor palavra de ordem não é a mais radical. A melhor palavra de ordem é aquela que pode colocar em movimento milhões. Por isso, é muito justa a preparação do dia 13 de agosto em torno da defesa da educação pública.

A segunda é o politicismo eleitoralista. A sua forma é a defesa do republicanismo, ou a subordinação da esquerda ao programa do centro, diante de Bolsonaro, para explorar algumas contradições, com a expectativa de construir Frentes Amplas nas próximas eleições. O seu argumento é que nos aproximando das dissidências do bolsonarismo, estaríamos ampliando a audiência da oposição para além da “bolha” da esquerda.

Não há nada de errado com a unidade na ação, seja com quem for, em torno de uma bandeira democrática reativa a um ataque do governo. Foi muito justa, por exemplo, esta semana, a iniciativa de construir uma delegação pluripartidária para ir recorrer ao STF, diante da decisão de transferência de Lula de Curitiba para Tremembé. O perigo está na “romantização” eleitoralista da unidade na ação. A esquerda não deve renunciar ao seu programa nas próximas eleições municipais. A esquerda não será mais forte defendendo as ideias do centro.

Ambas estas táticas estão erradas. A esquerda não deve aderir agora à tática da ofensiva permanente para tentar derrubar Bolsonaro. Porque não podemos nos colocar objetivos inalcançáveis, neste momento. Chegará a hora da ofensiva, mais cedo do que tarde. Por enquanto, ainda não. Tampouco deve aceitar ser um vagãozinho atrelado à locomotiva dirigida por Rodrigo Maia e ou outros, aguardando o calendário eleitoral.

Estamos em uma situação em que a tática da frente única, ou da acumulação de forças, ou do desgaste, ou leninista-trotskista, ou de guerra de posições, ou gramsciana é a mais adequada. Não podemos disputar com o governo de igual para igual, em luta franca e aberta, porque ainda estamos em condições de inferioridade. Mas não devemos, também, aderir ao quietismo.

Nosso time precisa se posicionar na defensiva, mas em máximo nível de concentração para aproveitar a possibilidade de roubar a bola, ou os erros do governo, e partir para um contra-ataque fulminante. Foi assim que conseguimos realizar as grandes manifestações do 15 de Maio. Será assim que poderemos abrir um caminho para as grandes massas, e inverter a relação de forças.

Estas conclusões decorrem de um procedimento de método. Toda política deve se apoiar em uma análise da situação, caso contrário é puro voluntarismo. Uma análise marxista é uma análise de classe. Isso quer dizer que abraçamos a ideia de que a luta entre as classes é a chave de explicação da vida social.  Esta premissa parece simples, mas não é. Não permite concluir que tudo o que acontece na sociedade se explica pelo antagonismo entre capital e trabalho, ou sequer às lutas entre frações de classe. Há muitos outros conflitos, e eles não se resumem à dimensão econômica da luta social. Quer dizer que a luta de classes é a determinação em “última instância”.

Uma análise de conjuntura deve ser entendida como a operação da mente que separa as partes de um todo. A realidade é sempre uma totalidade de contradições. São muitas as camadas que se sobrepõem e interlaçam. Toda análise exige um processo de aproximações sucessivas. Toda análise é, inelutavelmente, parcial. Não é possível a omnisciência diante da história do presente.

Uma análise marxista identifica os conflitos a partir de um ângulo de classe. Isso não significa que pode haver “torcida” na análise. A análise é um procedimento científico sério. Se a situação é mais favorável ou desfavorável, ela não vai ficar melhor ou pior porque reconhecemos a realidade como ela é. Tampouco há análises otimistas ou pessimistas. Isso é retórica. Há somente análises mais certas ou mais erradas.

A análise marxista de uma situação política remete à consideração de fatores objetivos e subjetivos. Tanto na apreciação da relação social de forças, como na aferição da relação política de forças incidem fatores objetivos e subjetivos. Os objetivos são aqueles que remetem à situação das classes. Os subjetivos são aqueles que remetem à posição que as classes ocupam em uma dada situação.

Situação da classe trabalhadora é o lugar econômico-social que ela ocupa, em certo momento. Os salários podem estar se valorizando ou desvalorizando, por exemplo. Posição de classe é o papel político-social, ou seja, a disposição de luta maior ou menor. Situação e posição de classe mantêm uma relação dialética. Não há uma sincronização “perfeita” entre eles. A consciência de classe não aumenta, necessariamente, quando a situação piora ou vice-versa.

As variáveis de avaliação da relação social de forças entre as classes remetem à investigação da estrutura da sociedade. Sobre a situação econômica, podem ser cinco ou mais indicadores dependendo da complexidade maior ou menor do modelo como, por exemplo: (a) dinâmica de recessão, estagnação ou crescimento e evolução da taxa média de lucro; (b) taxas de aferição do desemprego, do endividamento e inadimplência de empresas e famílias, evolução dos salários; (c) variação da inflação sobre educação, saúde, segurança ou previdência privada sobre os setores médios, ou peso maior ou menor dos impostos sobre a renda e consumo; (d) evolução da distribuição funcional e pessoal da renda; (e) evolução da proporção da dívida pública em proporção do PIB.

Ou da situação social: (a) proporção da população em situação em condições de pobreza extrema; (b) proteção da infância e dos idosos, ou acesso aos serviços públicos de educação e saúde, ou ainda aumento ou redução da percepção da insegurança pública, como a evolução da taxa de homicídios; (c) proporção dos aposentados e pensionistas sobre a PEA (População Economicamente Ativa) e evolução de sua rena média; (d) proporção da população imunizada diante de epidemias; (e) acesso à casa própria ou variação dos preços dos aluguéis.

Finalmente, a situação política: (a) unidade maior ou menor da classe dominante em sua relação com o governo, e capacidade maior ou menor da burguesia de acaudilhar a classe média; (b) número de greves e volume de grevistas ou disposição de luta dos trabalhadores; (c) massividade maior ou menor nas manifestações de protestos contra o governo, ou capacidade do campo dos trabalhadores de colocar em movimento outros setores oprimidos; (d) massividade maior ou menor nas manifestações de protestos de apoio ao governo, e composição social destes Atos; (e) evolução da aprovação e desaprovação do governo nas pesquisas de opinião.

As variáveis de análise da relação política de forças são indicadores que nos remetem à investigação da superestrutura da sociedade, ou seja, as organizações, partidos, movimentos e lideranças que fazem a representação dos interesses em conflito, portanto, a dimensão ideológica da luta social. A forma em que se exerce o poder de Estado, ou seja, a estabilidade do regime político-institucional são expressão de maior ou menor força política e social dos partidos que defendem a ordem.

Alguns indicadores, entre outros, são: (a) peso dos partidos políticos nas últimas eleições; (b) força militante ativa nas estruturas da sociedade; (c) peso social de organizações como sindicatos e movimentos sociais entre a massa do povo; (d) audiência da imprensa e mídia de oposição; (e) autoridade e respeito dos líderes políticos.

A caracterização de uma situação decorre da síntese entre a apreciação da relação social e da relação política de forças. Uma incide, permanentemente, sobre a outra. Mas a determinação mais poderosa é sempre estrutural. A relação social de forças é determinante. Sem análises sérias todo o debate de tática é inconsistente.

OBOR o el nuevo Camino de la Seda. Consideraciones generales desde la Segunda Reforma y Apertura China Arturo Oropeza García

Desde que a principios de los ochenta, en el marco de su primera gran Reforma y Apertura hacia el exterior, Deng Xiaoping nos advirtiera que China seguiría como estrategia económica un experimento que no estaba en los libros, las voces occidentales que intentan una razonable interpretación del fenómeno asiático han vivido sin descanso, tratando de descifrar y llevar el paso de una China que desde hace cuatro décadas no conoce el reposo. Desde entonces, aprendiz del proceso global, y ahora convertida en líder de la globalización, impone su visión y su ritmo a un mundo occidental y periférico que no atina a descubrir lo que sigue.

La nueva iniciativa One Belt One Road (OBOR), (ó Belt and Road Initiative (BRI), (Una Integración, Un Camino en español) ;(El Nuevo Camino de la Seda, etc.),[1] constituye en los hechos la segunda gran apertura de China. Si en 1978 su salida fue al Pacífico, por ser un desdoblamiento natural hacia su fortaleza geográfica y del uso de la infraestructura que le había sobrevivido del colapso económico de su etapa comunista; el OBOR, o su apertura hacia su eje contrario, o sea, hacia Asia Central, Asia Menor, Norte de África y los países fronterizos occidentales (alrededor de 70 países) , representa una medida audaz de innumerables interpretaciones sobre la que Occidente no acaba de acusar recibo, de construir una interpretación suficiente, o peor aún, de intentar elaborar una respuesta del tamaño de OBOR.

¿El rescate de un proyecto milenario? ; ¿una novedosa alternativa de comercio continental?; ¿ nueva integración o asociación regional? ; ¿la construcción de un novedoso esquema geopolítico?; ¿un nuevo jugador del orden multilateral del comercio?; ¿una manera diferente de hacer comercio? ; ¿adherentes contemporáneos del orden global establecido?; ¿los primeros andamios de un nuevo orden global desde el continente asiático?; ¿capítulos inéditos del choque China- Estados Unidos? ; ¿un escalamiento más del choque de civilizaciones?; ¿emplazamiento chino hacia la confirmación de su liderazgo global hacia 2049? .

No es exagerado suponer que la nueva estrategia OBOR de China, apenas dibujada en el discurso que pronunciara Xi Jinping en el mes de septiembre de 2013 en Kazajistán, que luego la ratificara en Jakarta, Indonesia en el mes de octubre del mismo año, involucra de manera tácita o expresa las diferentes categorizaciones enunciadas en el párrafo anterior, las cuales intentan ser tan solo una pequeña muestra de lo que el mundo empieza a interpretar sobre el tema OBOR, el cual se descubre poco a poco como una bola de nieve que a su paso rompe esquemas, teorías y paradigmas que apenas en la primera década del siglo se tomaban como inmutables ; o peor aún, como es el caso de Asia Central, que de temas económicos antes intrascendentes , ocultos por la arena de los milenios, ahora a causa de China se asumen como estratégicos.

Con la propuesta OBOR o el nuevo camino de la seda, con su relanzamiento, China le comunica al mundo sin ambages su claro deseo de ser el líder global del siglo XXI en 2049, a los 100 años del triunfo de su revolución. Junto con ello, China hace pública su nueva estrategia para lograrlo, informando cada uno de los tres cambios estructurales implementados para el efecto, a partir del ascenso de Xi Jinping al poder en 2012.

La primera de ellas consiste en la Reforma de su poder político, la cual fue operada en marzo de 2018 ante la promulgación de su Quinta Reforma Constitucional (1987, 1993,1997, 2004 y 2018). La segunda, consiste en la Reforma de su Estrategia Económica, ante la puesta en marcha de su Plan Made in China 2025, 2035 y 2045. Y la tercera que se refiera a su Reforma Geopolítica, ante el anuncio en 2013 de la nueva ruta de la seda o la iniciativa global de asociación conocida como OBOR.

A la China de fines de la segunda década del siglo XXI no puede vérsele únicamente a la luz de uno de estos tres cambios estructurales, por importante que sea cada uno de ellos; como tampoco opera ya el análisis tradicional de su primera apertura económica y política. Resulta necesario intentar una reflexión integral que busque la construcción de una nueva relatoría que describa cada una de estas tres grandes acciones; de manera especial , de su vinculación y sinergia respecto al objetivo último buscado por China que es llegar a ocupar el liderazgo hegemónico del siglo XXI.

Desde luego, todo este nuevo proyecto no puede aislarse de su marco referencial. Primero, el que corresponde a la puesta en marcha de una idea milenaria que da cuerpo al OBOR, que se refiera a una figura emblemática y épica del pasado –que es la Ruta de la Seda-. Y segundo, junto con la remoción de estas dunas histórico comerciales que habían permanecido ocultas por siglos, tampoco puede evitarse, aunque sea de manera referencial, analizar al OBOR en medio del debate en ascenso entre un Oriente legendario y un Occidente declinante que desde el siglo pasado motivaron a Huntington a hablar de un choque de civilizaciones.

En la línea de estas preocupaciones, los apartados que siguen intentarán ser un primer acercamiento de la descripción y relevancia de lo que es el OBOR o el Nuevo Camino de la Seda, y lo que podría representar en esta primera mitad de siglo.

II. OBOR o una vuelta al origen

Para China, la civilización vigente más antigua del mundo, el OBOR o el Nuevo Camino de la Seda ha significado el relanzamiento de una estrategia geopolítica que inauguró desde el año 138 a. C, cuando en el marco de su segunda dinastía, la Han, el emperador Wu Di encargó al Embajador Zhang Quian que se internara en su periferia oriental en busca de información, expansión y comercio, lo cual dio origen a la milenaria caravana de la seda.

En ese momento China venía de presumir la fundación del primer Estado moderno, en 221 a. C., ante el sometimiento de los siete estados en guerra por parte del primer emperador Shi Huangdi; al mismo tiempo que inauguraba los primeros trabajos de la ahora muralla china, como defensa ante los bárbaros del norte.

Con el embajador Zhang, China intentó saber más sobre una región desconocida y complicada ubicada entre enormes montañas y desiertos. El primer antecedente del camino de la seda duró 13 años, lleno de incertidumbres, riesgos y peligros. No obstante, el embajador Zhang hizo un segundo viaje que marcó un antecedente de interés y posibilidad que se repetiría con diversa imaginación e interés por alrededor de dos milenios.

El camino de la seda, en su origen, es un primer encuentro entre Occidente y Oriente a través de las presunciones, las mercancías y las especias. En el inicio del camino la contraparte occidental del segundo imperio chino era el imperio romano , el cual sabía desde Alejandro el Magno , que llegó a las riveras del Indo, que más allá de Antioquía (Siria) y de Persia ( Irán), existían grandes reinos que nunca quiso explorar por no exponer la estabilidad del imperio.

China hizo lo propio, a pesar de haber lanzado y protegido una caravana de la seda que le abrió comercio con pueblos lejanos y desconocidos; y a pesar de que se afirma que desde Tiberio (370 d.C) se conocían los vestidos de seda y que China sabía de Roma (el legendario Dagin), lo cierto es que los antiguos imperios de Occidente y Oriente no se conocieron; [2] que los romanos creían que la seda crecía en los árboles y solo hasta 652 d. C, unos monjes nestorianos introdujeron a Europa capullos de gusano de seda escondidos en el interior de una caña de bambú ( Polo Marco, 2014).

China se conformó con saber de Asia Central y Roma no quiso ver más allá de Antioquía, en un primer encuentro Oriente- Occidente donde se supo del otro pero no hubo una voluntad política de expansión. Dentro de estas intuiciones, la caravana de la seda funcionó como un testigo del otro evidenciado por sus mercancías, que en el caso de China eran encabezadas por la seda y se multiplicaban en porcelana, maderas preciosas , metales preciosos, gemas, especias, animales, etc.

Desde luego el Soft Power chino desde entonces se hizo presente, como un arma estratégica de hacer negocios:

“Las palabras de los chinos fueron desde siempre suaves, sus contenidos siempre débiles. Con sus palabras suaves y sus contenidos débiles, así se dice, los chinos atraen a los pueblos que viven lejos…” (Inscripción en turco antiguo, Mongolia, Höllmann, 2015)

Pero también la ruta de la seda fue una arteria abierta entre las civilizaciones de Oriente y Occidente, a través de la cual transitaron las religiones, los movimientos insurgentes, las invasiones, los esclavos, el oro, la plata, la guerra, etc. De igual modo, se abrió una ruta civilizatoria donde se filtró la cultura del otro, la cual tuvo una intermitencia determinada por el ciclo geopolítico del momento, de gran florecimiento, por ejemplo, en la era Han, pero dominada por los Kushans en el siglo III d. C.

Relanzada con la dinastía Tang (618-907 d.C) y defendida durante la Pax Mongólica (siglo XIV), colapsa junto con el imperio mongol. El surgimiento del imperio Otomano (1299-1922) vuelve a emplazar su operación y motiva la inauguración de una Ruta Marítima de la Seda que surge junto con la innovación de barcos e instrumentos chinos de los siglos XIV y XV, y que partía desde Nan King (China), pasaba por el suroeste de la India (Calcuta); y llegaba a Ormuz (mar de Arabia), y a Malindi, en la actual Kenia.

Su expresión más audaz la tuvo en 1405 cuando se llegaron a fletar más de 300 barcos en los que se contaban 72 para el transporte de mercancías, sin embargo, por razones aún polémicas, los emperadores chinos Ming decidieron cancelar la ruta marítima, dejando solo tramos cortos, motivando el quiebre de su flota en un momento en que el mundo debatía su futuro geopolítico en los mares. En el siglo XIX la ruta de la seda (Asia Central) se vio definida por la influencia rusa. Y también en los siglos XIX y XX se da el declinamiento del imperio chino, que pierde capacidad de protección respecto a sus viajeros y comerciantes. El renacimiento occidental y el cansancio de China motivan el inicio del olvido de una figura milenaria que paradójicamente se le reconoce históricamente y se le bautiza como La Ruta de la Seda por el geógrafo Ferdinand Freiherr von Richthofen hasta 1877.

Es ahora, en pleno siglo XXI, que China decide al amparo de su propia resurrección hegemónica, echar mano nuevamente de una alternativa de origen milenario que le da historia, sentido y rumbo a sus nuevos objetivos comerciales y geopolíticos con cerca de 70 países (49 países de toda Asia) en razón de que en alguna medida, todos ellos comparten en el recuerdo una larga historia de pertenencia y de rumbo.

China como Thomas Friedman, cree que la tierra es plana y se alía con países asiáticos que el mundo global no recordaba y los invita a un gran proyecto económico. A través del OBOR, China rescata a la zona del olvido y la pone de nueva cuenta en el mapa geopolítico como un hub estratégico de infraestructura, materias primas, gas y petróleo.

Sin embargo, la tarea no será fácil. Cuando Alejandro llegó al Punjab en India, sus ejércitos cansados lo obligaron a regresar a Occidente[3]. Ahora China, frente a la nueva complejidad de Asia, en su emplazamiento económico-político tendrá que lidiar con los problemas internos de Iraq, los movimientos revolucionarios de Kirguistán ( 2005-2010), los problemas civiles-religiosos de Pakistán y Afganistán, la guerra civil en Siria, la presencia de ISIS en gran parte de Asia , la violencia en Tajikistán, el conflicto Kurdo, serán tan solo algunos de los retos que como los generales de Alejandro, retaran a China para llevar a buen puerto la audaz iniciativa OBOR.

“El talento de seguir los pasos del pasado -declaró el Rey Wu-Ling en el 307 a.C- no garantiza mejorar el mundo de hoy” (Frankopan, 2015). La China milenaria del siglo XXI tendrá el reto, en este relanzamiento de la ruta de la seda, de tomar en cuenta estas palabras.

III.OBOR, ¿choque de civilizaciones?

Conforme avanza la primera mitad del siglo, cada vez se hace más visible el imperativo huntingtoneano de un choque directo entre China y los Estados Unidos. La aceptación mesurada de los noventa e incluso la negación de esta hipótesis, poco a poco ha ido cediendo su espacio a los análisis que intentan opinar sobre este choque en términos más realistas. El debate ahora continua en cuanto al nivel y adjetivización del mismo. Si es tan solo un choque comercial o se trata de ventilar la hegemonía del siglo XXI. Si este se circunscribe a las dos naciones, o éste involucra a todo Occidente frente a Asia del Este. O como lo intenta ahora la configuración del OBOR, la de incluir a 49 naciones de toda Asia, agregando a Asia Central y Asia Menor.

Más allá de las negaciones y la exigencia de absolutos que confunden al análisis, el OBOR nos remite de manera obligada a un principio de confrontación Oriente- Occidente, que además de las diferentes escuelas de pensamiento que lo trataron desde el siglo XVIII, se conecta hoy de manera directa con el discurso y la estrategia contemporánea de los diferentes actores políticos de ambas partes.

El debate entre Oriente y Occidente no es un tema nuevo. Pero el resurgimiento de China y de Asia del Este, junto a la conflictiva y el declinamiento occidental, lo vuelven a colocar en la agenda de una mesa global donde reaparecen las historias y los liderazgos.

Occidente, ante su renacimiento e ilustración, se olvidó muy pronto de su pasado medieval y decretó que el mundo comenzaba y terminaba en Occidente a partir del siglo XVI y desde ese triunfalismo construyó una interpretación omnipresente y un destino manifiesto que en el siglo XX lo interpretó como un fin de la historia donde Occidente reinaría en el mundo para siempre.

De la raíz judeo- greco -latina, el poder occidental dio un salto irresponsable de más de 10 siglos y se instaló como un comienzo de todo a mitad del segundo milenio, en el marco de una era preindustrial que lo dotó de los instrumentos necesarios para su avance militar geopolítico, teniendo como destino las ricas civilizaciones asiáticas.

En su prisa, Occidente olvidó que el 90% del tiempo moderno India y China encabezaron la riqueza económica del mundo en el marco de sus milenarias civilizaciones y vastas demografías.

El debate de la preeminencia Oriente- Occidente, que nace principalmente junto con sus encuentros marítimos en los siglos XV y XVI y el descubrimiento de China de parte de las agrupaciones religiosas que lo frecuentaron en los siglos XVII y XVIII, aparece con todo su peso histórico en corrientes de pensamiento que ahora rescatadas, empiezan a afilar argumentos en la recomposición de un debate dormido, no olvidado, de los simpatizantes de ambos lados. Los occidentales, enfundados en el discurso todavía supremacista del último cuarto de milenio, y los orientalistas, rescatando del baúl de los recuerdos los viejos blasones y culturas vigentes que les significaron.

La vertiente occidental, donde ha prevalecido un desprecio de lo oriental, desde la academia todavía considera importante subrayar que Occidente ha sido la región más desarrollada del mundo durante catorce de los últimos quince milenios de la historia de la humanidad. Que Occidente ha sido el líder tecnológico del mundo desde hace un millón y medio de años. Que en plantas cultivadas, fortificaciones, protoescritura, pueblos grandes , domesticación de animales, agricultura completa, ciudades edificios grandes, cerámica elaborada, Occidente siempre estuvo por delante de Asia en una media de 1700 millones de años (Morris, 2014,.p.p 45,46,71,168 y 169).

Bajo esta idea, Jaspers afirma también que “El hecho de que solo la evolución europea haya conducido a la Edad Técnica –que ha dado a todo el planeta una fisonomía europea- , y de que la manera racional de pensar se haya extendido a todas partes, parece demostrar esta primacía”. En un dejo de justicia agrega “Cierto es que también los chinos y los indios –tanto como los europeos- se han sentido como los auténticos hombres y han afirmado su primacía como evidente. Pero no parece ser lo mismo que cuando todas las culturas se tienen por el centro del mundo, pues solo Europa parece haber conservado su preeminencia por virtud de sus realizaciones” (Jaspers, 2017, p. 106).

Reclamo de supremacías en medio del desconocimiento del otro. A pesar de ser ambas culturas milenarias, puede decirse en términos generales que hasta los encuentros marítimos a partir del siglo XV, Oriente y Occidente solo se conocían por intuiciones, por dichos, por algunas mercancías y escaso comercio. Que la distancia y la dificultad de su geografía las mantuvieron distantes.

Ambas exitosas y muchas veces fracasadas en su ciclo histórico, los arribos de los navegantes portugueses a diferentes puntos de África a partir de 1430.[4] La llegada de Colón a América (1492), la de Vasco da Gama a la India (1498), la de Giovanni Caboto a Terranova (1497), la del primo de Cristóbal Colón, Rafael Perestello a China, la de Magallanes a Asia Pacífico (1480), etc., constituyen en su conjunto una invasión marítima militar que poco a poco fue dominando al continente asiático y en especial, a sus civilizaciones más exitosas.

Paradójicamente, el choque de la conquista también obligó a ambas latitudes a adentrarse en el conocimiento del otro. Occidente desde la soberbia del triunfo, y Oriente desde el rencor de la derrota. Por ello el entendimiento de uno respecto al otro sigue siendo un tema pendiente, del cual Oriente, desde el recurso de la reivindicación intenta generar una nueva plataforma de despegue.

La historia de Oriente, más allá de las fronteras europeas, la realizan en primer lugar los sacerdotes de la catequización como Juan de Plano Carpini (1245-1247) en la región de Karakórum, igual que Gillermo de Roubrouck (1253-1255), Juan de Montecorvino en Pekín (1271-1238); así como Odorico de Pordenone (1314-1330); o los jesuitas que llegaron a China desde 1582 y fueron la fuente de interpretación más cercana a la realidad de China , encabezados por Michele Ruggieri y Matteo Ricci , quien elaboró el primer proyecto de de diccionario de traducción chino. Desde luego estuvieron los comerciantes como Marco Polo (1271-1295) y aventureros o investigadores que como Sven Hedin de Suecia (1895-1899); Aurel Stein de Gran Betraña ( 1900-1906-1913); Paul Pelliot de Francia (1906), entre otros. ( Höllman, 2015).

Significados por el conocimiento tardío, la tendencia que define a la mayoría de las relatorías de las diversas culturas de Oriente es el análisis que se hace desde la superioridad occidental, donde Morris las clasifica a través de la “escuela del destino antiguo” (1750-1950) que explica la jetatura de Occidente como un proceso que se venía gestando desde tiempos inmemoriales ( Marx, Landes, Diamond, etc.) , y la escuela del azar moderno, a partir de 1800, que argumenta que esta superioridad es algo azaroso y fruto de la coyuntura moderna (Morris, pp. 21-37). Ambas escuelas con diferentes enfoques, pero con la misma matriz de justificación sobre las ventajas de la civilización occidental.

Por azares, determinismos, cuestiones ambientales, biológicas, climáticas, etc., Occidente nunca se detuvo para construir con mayor o menor pudor, una relatoría de lo oriental desde la lógica del hombre blanco, y la atalaya de la ilustración y la revolución industrial, las cuales le brindaron los insumos suficientes para minimizar al otro, y descalificarlo para competir en lo militar y lo tecnológico.

Es cierto que el tema de lo oriental en Europa también tuvo un amplio grupo de filias como Leibnitz, Voltaire, Jones, Said y muchos otros, pero en el primer cuarto del siglo XXI y ante el evidente ascenso de China, como opina Osterhammel, el mundo está regresando a los momentos del siglo XIX donde no tuvo recato alguno en publicitar su dominancia no solo sobre Oriente, sino respecto a los cuatro continentes, que la llevó a desplegar su actitud más arrogante y condescendiente respecto a las demás civilizaciones (Osterhammel, 2018,p.3).

Por el lado occidental, dentro de esta corriente del discurso de la conquista que prevaleció respecto a Oriente en lo general, se da un punto de quiebre a partir de 1978 con la aparición del libro del autor palestino- americano Edward W. Said[5], quién a través de su libro “Orientalismo” fundamentó una reivindicación científica de las naciones asiáticas, así como una denuncia al discurso autista e incapaz para dialogar con objetividad con esas culturas.

Said coloca a Oriente como una parte fundamental de Europa; [6] destaca la vecindad de sus viejas colonias griegas, la riqueza de sus ideas; de su permanente contacto e intercambio con Occidente como parte integral de la civilización europea. Como un referente intelectual de su discurso y justificación de sus instituciones, de su vocabulario, de su doctrina, etc. Lo define también a través del desarrollo de las principales características que lo explican. De las ideas y de las instituciones académicas que hablan de lo oriental y lo tratan a través de sus principales doctrinas.

En este grupo incluye libros, escritores, poetas, académicos que aceptan la idea de un Oriente- Occidente a través del estudio de sus diferencias ontológicas y epistemológicas. Lo soporta de igual modo a través de sus textos , bibliografía, historia; de su discusión, enseñanza, formas de poder; de su política , sociología, ideología, militarismo, despotismo, de un realismo intelectual sin prejuicios, etc. ( Said, 2001).

El trabajo de Said, por la calidad de su contenido y trascendencia, ha sido punta de lanza de una amplia escuela de crítica y reflexión en la materia, la cual parte de la exigencia de reconocer la profundidad del tema sin los prejuicios de la conquista. De invitar a debates en el terreno académico o ideológico sobre el orientalismo y lo oriental; respecto a la procedencia y profundidad de cada una de las categorías; en el marco de una universalidad inagotable de las múltiples civilizaciones orientales (Hallaq, 2018).

El debate Oriente- Occidente, iniciado justo con la toma occidental de los principales estados asiáticos, atemperando por la sorpresa del siglo XVIII y radicalizado por el triunfalismo de los siglos XIX y XX, ante el nuevo encuentro China- Estados Unidos en el siglo XXI, resurge con gran empuje por ambas partes, en una línea de resistencia a no perder lo ganado por Occidente y a recuperar lo que se estima que se perdió en estos 200 años por Oriente.

Las voces más radicales proceden de los países orientales en ascenso, quienes más allá de las mercancías, el comercio y los números económicos, construyen día a día un nuevo discurso del regreso, donde no solo aparece la búsqueda de la hegemonía económica como el caso de China, sino también el de una civilización desempolvada que reclama un lugar en la construcción de un nuevo orden global.

De manera clara ya se anuncia que “El siglo XXI atestiguará el enfrentamiento entre el ímpetu del Atlántico y el ímpetu del Pacífico…” y “Que el siglo XXI se distinguirá por el hecho de que el Este de Asia se alzará como centro mundial del poder…” “Que sería riesgoso tanto para Europa como para la humanidad entera que los analistas fueran incapaces de liberarse de concepciones eurocéntricas del mundo -Que- al igual que las demás partes del orbe que gozaron de esplendor en otras épocas, Europa está exhausta”[7] (Mahbubani, 2002).

Huntington, por su parte opina: “La era que comenzó con las intrusiones occidentales en 1840 y 1850 está tocando a su fin, China está volviendo a asumir su lugar como potencia hegemónica regional y Oriente está tomando posición de lo suyo (Huntington, 2001).

Algunos de los intelectuales asiáticos contemporáneos recomiendan como parte de la solución de la problemática Oriente- Occidente, desmantelar la arquitectura conceptual e intelectual de la historia ganadora occidental, la cual ha prevalecido peligrosamente en su historia y ha dado forma al pensamiento anglosajón (libros, reportes, periódicos, T.V, etc.). Junto con ello, proponen que Occidente retire como la religión del progreso universal al Western Model (democracia, capitalismo, libre mercado, etc.), así como a las recetas que imponen al mundo entero (Mishra, 2017, p.37).

Osterhammel, desde la visión occidental también comenta que cuando se recuerda el equilibrio euroasiático del siglo XVIII, no sorprende que China entienda su nuevo ascenso geopolítico como un regreso a la normalidad histórica y no como un milagro económico. Que reconocer a Asia como un socio en igualdad de circunstancias a Europa no debería causarle ningún problema, aunque una mayor dificultad a Estados Unidos. Que después de todo, Europa ya lo ha hecho antes (Osterhammel, 2018, p.33).

El OBOR, dentro de este marco vigente de supremacías mal entendidas, no puede interpretarse como un esquema comercial de asociación más. Su composición, aún hoy informal, con la participación virtual de los 49 países que forman parte del continente más grande de la tierra, que ocupa el 30% de su superficie habitable y contiene al 60% de la población mundial en 45 millones de km², no se parece en nada a los acuerdos comerciales del siglo XX y sus objetivos van más allá de un simple intercambio de comercio.

El cambio de Era anunciado del Atlántico al Pacífico, junto con la inevitabilidad asiática (Oropeza, 2017), que ponían la litis global, primero, entre China y Estados Unidos, para escalar después a Occidente (la Unión Europea y USA) y Asia del Este (16 países); ante la audaz convocatoria de China a todos sus vecinos continentales a través de la milenaria figura del camino de la seda, obliga a los analistas occidentales a actualizar sus reflexiones desde el replanteamiento integral de la historia entre Oriente y Occidente, con base a un diferendo histórico aún no resuelto , que junto con las estrategias comerciales, económicas y políticas de ambas partes, estará jugando un papel preponderante en este encuentro , debate o choque de civilizaciones, donde los fantasmas de ayer resurgen exigiendo un nuevo orden de las cosas.

Es evidente que el discurso de Occidente sobre Oriente que parte de la arrogancia se ha agotado. Que Occidente no puede seguir ignorando la vigencia de culturas y civilizaciones ajenas que desde sus raíces están reconstruyendo la integración de su poder político y de sus nuevas estrategias económicas. Ante el peso de las cifras y los proyectos que ahora se anuncian como el OBOR, seguir ignorando sus etnicidades y naturalezas sería un gran error. De igual modo, frente a los grandes retos que vivirá la humanidad entera, incluso el de su sobrevivencia, también sería deseable que Oriente pasara del útil recurso del rencor, a la propuesta integral de un mundo multicultural.

Para los efectos de este ensayo, basta llamar la atención de que el tema OBOR, por su dimensión y número de países asiáticos convocados, forma parte ya de este debate de civilizaciones de la primera mitad del siglo XXI y que con ello, reconfigura la visión de una zona que todavía al día de hoy se le ve con ignorancia y recelo.

IV. OBOR y la Segunda Reforma y Apertura China

A la primera reforma y apertura encabezada por Deng Xiaoping en 1978 la precedió el hambre, el miedo y el fracaso de un periodo maoísta que no logró dar solución a las grandes necesidades sociales del pueblo chino. En el marco de la muerte del presidente Mao en 1976, del segundo actor político en importancia en el mismo año, Zhou Enlai, el regreso de la figura de Deng Xiaoping bajo coyunturas políticas afortunadas, lo instaló al frente de un poder débil, con dudas, al cual le urgía para ratificarse dar respuestas concretas a una enorme población de más de 900 millones de personas que requerían de lo más necesario de su casa, de su vestido y de su sustento.

Si bien la decisión de la primera reforma y apertura del Estado chino fue ante todo un acto de valentía, después de dos milenios de amurallamiento, las opciones internas se habían agotado y una economía global en construcción se presentaba como una solución irrenunciable para una nación que en materia económica todavía no entraba al siglo XX. Los resultados de la decisión ya son historia y quedarán como un ejemplo de éxito económico en la historia de la humanidad: segunda nación por valor económico, primera en exportación, primera en manufactura, primera en contribución al crecimiento económico mundial, segunda nación en materia de importación, son algunos de los resultados económicos obtenidos en cuatro décadas que no han sido logrados antes por país alguno.

La llegada de Xi Jinping al poder en 2012, como el quinto relevo de una generación política que parte de 1949, ante el triunfo de la revolución china, se dio en un marco de circunstancias totalmente diferentes a la llegada de Deng, determinadas por el éxito económico, la estabilidad política y un importante ascenso social del pueblo chino.

Bajo estas condiciones parecería natural que el gobierno de Xi, al igual que los que le precedieron de Hu Jintao y Jiang Zemin, continuara con la fórmula ganadora de apertura hacia el Pacífico en la línea de desdoblamiento de un modelo asiático de desarrollo con características chinas, para mantener el éxito de una estrategia económica ampliamente reconocida.

Sin embargo, ante el asombro general, un presidente Xi, hijo de un héroe revolucionario (Xi Zhongxun), miembro de la elite política y declarado seguidor de la línea reformista de Deng, habiendo sido nombrado miembro del Comité Permanente del Buró Político del Partido (15-11-2012), en un discurso pronunciado en una inspección de trabajo en Guangdong (7-12-2012), adelantó que “… la guía del camarada Deng Xiaoping, fue sabia y correcta , y que es digno de ser considerado el diseñador general de la reforma y la apertura de China y el emperador del camino del socialismo con particularidades chinas

“En adelante, hemos de seguir este acertado camino, pues es la vía que fortalece el país y hace prosperar al pueblo-sin embargo advertía-. Además de seguirlo inalterablemente, tenemos que adoptar nuevas necesidades y alcanzar un nuevo nivel” (Xi Jinping, 2014).

Días antes de esta declaración, el 29 de noviembre de 2012, poco después de la clausura del XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh), el recién elegido Secretario General del Comité Central del Partido, fue al Museo Nacional a visitar la exposición “El camino de la Revitalización” y al terminar la visita incorporó por primera vez en la dogmática política china la idea de la construcción de un Sueño Chino, la cual ratificó en su discurso de toma de posesión como presidente del país al profundizar en la búsqueda de un sueño que lleve a la revitalización de la nación china: “ El sueño más grandioso abrigado por esta desde el inicio de los tiempos modernos” ( Xi Jinping, El Sueño Chino, 2014).

Xi le rinde pleitesía y reconoce al líder de la primera apertura, Deng Xiaoping, pero a través de la propuesta política de la construcción de un sueño chino, deja en el ánimo del Partido Comunista Chino (PCCh), la Asamblea Popular Nacional (ANP), y a toda China, que la etapa 1978-2012 estaba agotada y requería de una revitalización para el cumplimiento de sus metas.

“El mundo está cambiando – reconocía Xi- y China también. De ahí que el desarrollo del socialismo con peculiaridades chinas deba avanzar siguiendo los cambios de la situación y de las condiciones. Solo cuando China avance sin cesar con los tiempos estará llena de vigor. Estamos dispuestos a tomar como referencia todos los logros de la civilización humana,-aunque aclaraba – pero no copiaremos la modalidad de desarrollo de ningún país – para sostener finalmente- La reforma de China supone el auto perfeccionamiento y el desarrollo del sistema del socialismo con particularidades chinas” (Xi Jinping, El Sueño Chino, 2014, p.36).

Como parte de esta inquietud desde que llega al poder en 2012-2013 y dentro de la formulación de una nueva estrategia y visión del desarrollo chino (Segunda Reforma y Apertura), a lo largo de 2013 el presidente Xi Jinping realiza visitas de Estado a las ciudades de Asjabad (Turkmenistán), Taskent (Uzbekistán), Dushambé (Tayikistán), Bishkek (Kirguistán) y Astaná en Kazajistán, donde desde la Universidad de Nazarbayev, el 7 de setiembre del mismo año, lanza de Asia en el centro la convocatoria para construir el nuevo esquema de Asociación OBOR/BRI o nueva ruta de la seda; propuesta que amplía en octubre de ese año, en el Parlamento de Indonesia, con la estrategia marítima del mismo proyecto.

El 8 de mayo de 2015, al lanzamiento del OBOR le siguió el programa económico denominado “Made in China 2025” , anunciado por el Consejo de Estado, como una herramienta para consolidar a China en el camino de la alta industrialización .Yen los meses de octubre de 2017 y marzo de 2018, se opera por el PCCh y la APN respectivamente, una profunda reforma de la organización del poder en China, a través de una reforma constitucional que consolida a Xi Jinping como el Gran Emperador chino por tiempo indefinido y sin limitación alguna.

La nueva China, la China de la tercera década del siglo XXI, como ya se opinó, no puede analizarse bajo los parámetros de la Primera Gran Reforma y Apertura de 1978 operada por Deng Xiaoping. Con todos los aciertos, pero también con todos los retos y riesgos de los grandes cambios operados por Xi Jinping desde 2013, la República Popular China nos obliga hoy a explorarla, para entender hacia donde se dirige a 2050, por lo menos a través de los tres nuevos cambios estructurales operados por Xi a partir de 2013, a saber: OBOR o la Reforma Geopolítica, Made in China o la Reforma Económica, y la Reforma del Poder o la Reforma Constitucional.

IV. A- La Reforma Geopolítica. OBOR o el nuevo camino de la seda

1.- De la era Deng a la era Xi

Deng Xiaoping aconsejaba a su equipo en la década de los ochenta, ante la puesta en marcha de la apertura del Pacífico, que no alardearan de sus capacidades; que esperaran su tiempo y que nunca se mostraran como líderes ante la competencia mundial. Su dictum fue respetado y el relanzamiento y ascenso económico chino se hizo por casi cuatro décadas a través de una diplomacia de la discreción y una aparente adaptación a las instituciones y al orden global occidental establecido.[8]

Sin embargo, el milagro económico chino y la declinación geopolítica de Estados Unidos en lo particular y de Occidente en lo general, entre otras razones, incidieron en la imaginaria de China y de Xi para estimar que el tiempo del recato había terminado y que había llegado el momento de mostrar otra actitud y tomar la bandera del liderazgo del futuro y proponer al mundo la construcción de un sueño chino; de mostrar a un pueblo dotado de una creatividad excepcional, creador de la gran civilización china, con la capacidad de continuar expandiendo y fortaleciendo su camino de desarrollo, avanzando intrépidamente y sin titubeos( Xi Jinping, El Sueño Chino, 2014, p.35).

Dentro de esta nueva actitud de China frente al mundo, de consecuencias debatibles dentro y fuera del país asiático, es donde parte la primera consideración del OBOR, el cual se crea como una mega estrategia geopolítica de múltiples objetivos, los cuales en conjunto deberán abonar a la consolidación de China como el hegemón global del siglo XXI.

El OBOR a la fecha es una infinita multiplicidad de temas, países, proyectos, inversiones, retos, oposiciones, culturas, regiones, civilizaciones, poderes regionales, comercio, infraestructura, energía, demografía, mercados y muchos temas más que en su etapa de gestación se presentan como un enorme reto a la interpretación racional de lo que es hoy y lo que pueda llegar a ser en las próximas tres o cuatro décadas en la que se estima concluir su instalación.

No obstante, esta falta de claridad tanto de los creadores del OBOR como de los usuarios y espectadores interesados en el tema, no ha sido un obstáculo para que el mundo se muestre inquieto y asombrado en la incertidumbre de una mega tendencia que se debate entre la gran transformación del mundo global de hoy, o el fracaso de un grupo político que lanzó a China con gran audacia a la toma del liderazgo mundial a 2050.

Los números del OBOR son impactantes. En su inicio participan cerca de 70 países de Asia, Europa del Este y África que involucran al 70% de la población mundial, que

integran también 55% del producto económico del mundo y de manera por demás relevante al 75 % de las reservas de hidrocarburos del planeta.

El OBOR en los tiempos de Xi, la Segunda Apertura hacia el Oeste, ya no se refiere a una apertura selectiva y tímida como la de 1978, en la que se privilegió la búsqueda de inversiones productivas a cambio de una mano de obra en extremo barata y abundante. Tampoco se refiere a ese proceso paulatino de asimilación a una institucionalización global en la que China a la fecha participa en cerca de 400 tratados internacionales. Ya no es tampoco la estrategia de un país que intenta aprender de los usos y costumbres del exterior para asimilarse con características propias. Atrás se quedó el aprendiz del orden global que hablaba con recelo desde su atraso.

Ante su trascendencia económica mundial, donde China es el primero o segundo socio comercial de más de 120 países, o su contribución al crecimiento económico del mundo (32%), es superior a la suma de los países desarrollados (CEPAL, 2017), China, a través de OBOR y sus estrategias complementarias, dibuja en el tiempo a una hegemonía para mediados de siglo; al mismo tiempo que intenta ante el ocaso Brettoniano, reconstruir el orden global desde la plataforma del orientalismo chino.

En ese sentido el OBOR, a pesar de los discursos y las definiciones contradictorias, intenta ser la base de un tiempo nuevo inaugurado desde la visión del otro, de ese ser oriental que se quedó perdido ante el avasallamiento de la conquista occidental del siglo XVI hasta el siglo XX. Bajo este nuevo tiempo y visión de Xi, poco a poco emerge entre los discursos oficialistas la opinión de una nueva generación que ve a China ya no como el alumno aventajado de Occidente, sino como una potencia con una capacidad, fortalecida en los últimos 100 años, que le permiten ahora convertirse en un líder de la comunidad internacional destinado a promover el proceso de una globalización que construya un nuevo mundo más seguro y próspero. (Lei, Liqiang, 2017, p.19).

Algunos medios oficiales de comunicación en China se suman a esta interpretación, señalando que bajo la presidencia del presidente Xi Jinping, el país va hacia adelante. Que Xi es más ambicioso e innovador en política internacional que sus predecesores, y está convencido de que China debe desarrollar una política diplomática que le permita beneficiarse de su papel de gran potencia (People´s Daily, 1 de octubre, 2014).Por su parte, algunos académicos también señalan que China está utilizando su ascendente influencia para rediseñar la gobernanza económica global (Lee Jong- Wha en Hong, p.15, 2016).

David Arase sostiene que China está usando su gran poder en Asia para lanzar con el OBOR una agenda geoeconómica y geopolítica que genere una “comunidad con un destino común” “que mantenga una dependencia asimétrica con China”. Para Yong Deng,” el nuevo camino de la seda claramente refleja la ambición de China de crear a través de un sino centrismo, un nuevo orden asiático” (David Arase y Yong Deng en Hong, 2016 p.16,).

La propuesta de China, por su lado, se define como una iniciativa y no como una estrategia, con la idea de que esta pueda ser construida por todos sus adherentes. Como una iniciativa abierta e incluyente que contribuya al desarrollo económico de todos sus participantes. Una propuesta que señala Xi, no deja fuera a nadie, ni está contra nadie. Que se convierta en un camino para la paz, de prosperidad, para la innovación y avance de la civilización (Shicheng, 2018).

Una propuesta que todavía a la fecha se presenta confusa y nebulosa en sus términos. Que a partir de su lanzamiento discursivo en Kazajistán, poco a poco ha ido tomando forma y estructura. Primero, a través de la formación de un equipo de trabajo y una página web en 2015, dos años después de su lanzamiento. En el mismo año, con la publicación de un documento central que se presenta como el referente obligado de explicación de lo que es el OBOR, titulado Perspectivas y Acciones Para Promover la Construcción Conjunta de la Franja Económica a lo Largo de la Ruta de la Seda y de la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI, el cual fue preparado por la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo (NDCR), en coordinación con los ministerios de Relaciones Exteriores y Comercio.

También en 2015 se firmó por China en Kazajistán el primer Protocolo de Trabajo que se llamó Acuerdo de Producción e Inversión, el cual incluyó un número de 52 proyectos en diversas materias como minería, energía, manufactura, industria química, infraestructura, transporte, etc. Junto con los documentos anteriores, también aparece el Programa de Trabajo en Inversión firmado por China y Pakistán, al cual, por sus avances en diseño y operación se le considera como el programa bandera para orientar los trabajos y las negociaciones del resto de los países que están en negociación con el gobierno chino.

Un nuevo pensamiento para una nueva era, anunciaba ya desde 2012 Xi Jinping. A cinco años de distancia el lanzamiento de la mega estrategia OBOR y los avances alcanzados a la fecha, marcan ya un antes y un después en la estrategia china intentada desde 1949.

Fortalecido en el éxito económico de las últimas décadas, Xi rompe con la idea de una China prudente y pasa hacia un discurso inteligente de liderazgo global con el 70% de la población del mundo y la mitad del PIB económico global. Con esta posición, en el discurso rebasa a los Estado Unidos al ofrecer al mundo una nueva alternativa para el desarrollo económico, para lo cual ofrece inversión, créditos y tecnología, misma que no condiciona a cambio de reformas a los sistemas políticos o económicos de los países OBOR.

La nueva oferta de China desdobla los términos de la primera apertura hacia su lado oeste. Con ello, el OBOR bifurca el desarrollo de China hacia las problemáticas zonas autónomas del Tíbet, Xinjiang y Mongolia; dirigiendo el camino de la infraestructura a las difíciles zonas de montañas y desiertos de Asia Central (AC); a las regiones de las tres fuerzas o demonios del separatismo, terrorismo y el extremismo; a las largas distancias de una zona geográfica que antes del OBOR todavía parecían ocultas a los ojos del mundo.

Una iniciativa que por su atipicidad y audacia, a un lustro de su lanzamiento e implementación, aún carece de una respuesta geopolítica por parte de Estados Unidos y de los principales países occidentales como Alemania, Francia, Italia o Inglaterra, quienes ante lo intempestivo de la iniciativa, lo más que han hecho es adherirse como socios fundadores al esquema financiero del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura en 2014 y 2015 (AIIB por sus siglas en inglés).

En el impulso de un nuevo líder chino, que frente a su tiempo no le ha bastado la cómoda inercia del éxito, el OBOR encuentra su primera explicación. Un líder que arriesgando patrimonio y futuro político, invita al mundo en general a unirse a una gran convocatoria para el desarrollo y prosperidad de la economía mundial, para la construcción de un sistema de gobernanza global más justo y razonable, que ayude a edificar un futuro nuevo para la humanidad; objetivos que como bien apunta Li Xixia, van más allá de un nuevo sistema mundial de comercio y se instalan en una nueva propuesta de cooperación y orden global. (Li Xixia, 2018). Por ello, la esencia, la primera interpretación del OBOR es geopolítica, En ella se deben redoblar los primeros esfuerzos para definirlo y entenderlo.

2. El OBOR y su circunstancia global

China, como señala George Soros, se ha convertido en la nación ganadora del proceso global, pero junto con ello, el país asiático también destaca por su capacidad para intuir e incidir en la conformación de los nuevos procesos y sistemas globales.

En 1978, su intuición la lleva a instrumentar una apertura selectiva y gradual que la protegió de cualquier mecanismo de choque que se le intentó imponer desde Occidente; como en el caso de Rusia, que en su apertura de 1991, orquestada principalmente por especialistas estadounidenses (J. Sachs), los primeros años le generó un costo de 4.5 veces su PIB, una cantidad superior a lo que perdió en la segunda guerra mundial.

A diferencia de los ochenta, la apertura que intenta China hoy hacia el oeste es una propuesta audaz en términos geopolíticos y geoeconómicos, poniendo en la mesa de todos los países asiáticos una infinita gama de opciones económicas difíciles de rechazar. En este sentido, China extiende sobre el continente asiático las alas de un nuevo liderazgo regional, continental y global, que intenta por un lado substituir la hegemonía que Estados Unidos ha ejercido en la zona desde fines de la segunda guerra mundial, al propio tiempo que coloca las primeras piedras de la restauración del Reino del Medio (Zhongguo), el milenario esquema sino céntrico que operó en Asia del Este hasta el siglo XIX.

 Estados Unidos

La complejidad de la propuesta OBOR en este sentido rompe los moldes regionales preexistentes, de igual modo que enfrenta con audacia la compleja geopolítica de una zona de raigambres ancestrales que hoy conviven en un tono beligerante. De manera especial, reta la presencia histórica de Estados Unidos en la región asiática.

La Pax americana que ha regido en Asia del Este de 1950 a la fecha se ha ido erosionando, entre otras razones, ante el aumento de la fortaleza económica de China, significada en el 10% de crecimiento económico anual promedio que registró en las últimas décadas. Junto con ello, los organismos multilaterales de control que diseñó Estados Unidos para la zona no han funcionado de acuerdo a los objetivos establecidos.

Por ejemplo, el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) lanzando con Australia y Japón en 1989, se ha tornado burocrático y ahora es irrumpido por China. Por otro lado, el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) que propuso a manera de Tratado de Libre Comercio a siete naciones asiáticas y que firmó en 2016, Trump lo canceló el primer día de su mandato en 2017.

De manera fundamental aparece también el hecho de la complicidad comercial de Occidente con China, así como la región de Asia del Este en su conjunto, a través de la cual desde la década de los setenta participan conjuntamente en un modelo económico simulado, donde Occidente aporta financiamiento, tecnología y relocalización de procesos, a cambio de la precarización de la mano de obra barata asiática.

A partir de la década de los setenta, esta confusión y compartimiento de intereses económicos ha llevado a una especie de estabilidad geoeconómica simulada, que ahora explota a la luz de sus contradicciones con la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Más allá de lo que devenga de este diferendo, el resultado es que los Estados Unidos perdieron poder y control en Asia del Este, el cual fue tomado por China al convertirse en el modelo económico a seguir en la región y el socio comercial más importante de la mayoría de los países de la zona (40% promedio aproximadamente).

En Asia Central (AC), y Asia Menor (AM), por ejemplo, zona de influencia natural de Rusia, Estados Unidos ha incursionando con poca fortuna ante los descalabros en Irak, Siria, Irán, Afganistán, etc. No obstante, consciente de su importancia estratégica, en 2011 a través de Hillary Clinton, desde Kabul lanzó la idea de un corredor económico hacia los principales países de AC, a lo cual se le llamó el Camino Americano de la Seda.

No solo Estados Unidos, Occidente en general, durante los últimos dos siglos intentó no perder el control hegemónico de la región en razón de su relevancia estratégica. Estados Unidos, en lo particular, ha tratado de desarrollar este trabajo desde la segunda mitad del siglo XX (Frankopan, 2015).A pesar de ello, sus fracasos recientes en Asia Central y Asia Menor y el nuevo papel exitoso de China en la zona han ido erosionado el blindaje de una hegemonía americana de la que hoy hay muchas dudas, a pesar de que algunos especialistas como Zeping, afirman que “E.U usará su sistema hegemónico, establecido desde la Segunda Guerra Mundial en el comercio, las finanzas, la moneda y el ejército, para frenar el ascenso de China” (Bloomberg Businessweek, p.38, 23 de agosto de 2018) .

 Rusia

No es exagerado señalar que junto al reto del OBOR de instalarse en Asia como un proyecto geopolítico estratégico de China y enfrentarse a la dominancia norteamericana, aparece a un nivel similar la figura de una Rusia con la que el país chino comparte 4,250 Kms. de frontera, la cual desde el siglo XVII ha sido motivo de conflictos e invasiones entre ambas naciones, la última apenas en 1969.

A lo anterior hay que agregar que el núcleo del proyecto OBOR, como lo fue hace 2000 años para el viejo camino de la seda, está representado por cinco naciones de AC (Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) que representan la pesada puerta a través de la cual tendrán que pasar todo tipo de relaciones y negocios entre Asia del Este (China) y Asia Menor y Europa.

Nunca ha sido fácil el tránsito en esta región de complicada geografía. Junto a su dificultad orográfica (Karakórum, Himalaya, etc.), se presenta desde siempre una inestabilidad política y social difícil de enfrentar. A lo anterior hay que agregar que a partir de 1922 la Ex Unión Soviética fue incorporando poco a poco a las cinco naciones asiáticas, a las cuales controló hasta 1991, fecha de su disolución.

No obstante, Rusia sigue ejerciendo en la zona una dominación de hecho, con presencia militar, la cual programa ampliar y mantener hasta mitad de siglo, por lo que no le ha sido fácil aceptar la participación protagónica de China, incluso antes del lanzamiento OBOR de 2013.

El entendimiento geopolítico coyuntural Rusia- China es un tema de amplia reflexión que no puede darse ante los límites de este trabajo, pero gracias a este entendimiento, a la diplomacia China y al comportamiento pragmático ruso es que el OBOR, lejos de frenarse en los límites geopolíticos de Rusia, cruza de manera directa al país y a la zona a través de importantes inversiones chinas que en Rusia, por ejemplo, habla de 73 proyectos estratégicos a 2016 por un monto aproximado de 40 mil millones de dólares ; y en la región de Asia Central , donde aparece que de 2005 a 2017 la inversión extranjera China (IED) tocó los 920 mil millones de dólares, mientras que la participación rusa en la zona durante el periodo fue tan solo de 29 mil millones de dólares (Heritage Foundation, 2017).

La relación de Rusia con China nunca podrá ser normal y estable. Se debatirá cada día el orgullo dañado y el miedo de ceder espacio y control político a una China que se ha presentado a los cinco países de AC como su única oportunidad para el desarrollo. Su alianza al inicio de la tercera década del siglo, se verá fortalecida ante el reto conjunto de hacer frente a una hegemonía declinante que son los Estados Unidos. Rusia, en el marco de estos encuentros y desencuentros con China, apuesta a vender una imagen de poder compartido, a pesar de que la economía rusa es actualmente la décima parte de la China.

El pragmatismo ruso, que ha permitido el crecimiento OBOR por la puerta principal de Asia Central, se sustenta también en un discurso de dos salidas. La primera, la que señala que el OBOR es una estrategia conjunta Rusa- China donde los dos países “no son solo socios, sino que sus relaciones son la columna vertebral para construir un nuevo sistema económico y político global” (Mikhail Fradkov en Gutiérrez, 2018).

Y la segunda, la que explica que con base a la plataforma de la Unión Económica Euroasiática (EAEU), convocada por Rusia en 2010 y ampliada en 2015, con la participación de Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia, es que el OBOR está generando las condiciones económicas de esta nueva integración. “Desde el punto de vista económico –señalan algunos analistas-no hay contradicción entre estos dos sistemas, por el contrario, los dos se complementan uno al otro.” (Mahdi Munadi, 2018).

Al final en el aire flotan dos interpretaciones que a manera de síntesis prevalecen respecto a la idea rusa sobre el nuevo papel de China en A.C. El primero, que corresponde a sentimientos de alarma por la gran diferencia que se abre respecto al nuevo poder de China en la zona y el miedo de que este se siga ampliando en el futuro no solo con Asia Central sino en toda Asia .Y el segundo, el de creer y difundir que Rusia lleva el control militar del proyecto y que China va como colíder en un papel económico.

 India

La India es un caso contrario a la posición rusa sobre el tema OBOR. Alejándose del pragmatismo soviético y recreándose en el conflicto bélico que tuvo con China en 1962, el cual para India aún no ha quedado resuelto en cuanto a los límites fronterizos, no ha aceptado todavía su participación formal en el OBOR; declarándose desde 2014 por el presidente Modi su franca oposición al mismo.

A lo anterior debe agregarse que desde 2015 la India se ha sumado a un equipo de dialogo integrado por USA, Japón, y Australia, a través del cual se intentan frenar algunas de las iniciativas chinas en la materia, e incluso lanzar otras propuestas en semejanza al camino de la seda como el que India ha propuesto desde el puerto de Chabahar, en la costa de Irán, el cual le daría acceso a Afganistán y a Asia Central.

Lo que para Rusia es Asia Central, para la India es la zona de Asia del Sur (AS) y el Océano Indico, que considera sus zonas naturales de influencia y donde ha construido lazos regionales de asociación a través de la Asociación de Cooperación Regional del Sur de Asia (SAARC). No obstante, donde aparece la mayor preocupación de India sobre el OBOR, es en la política china con Pakistán, en razón de las posiciones francamente encontradas que mantienen los dos países desde su independencia y separación en 1947.

Otro tema álgido para la India es el OBOR marítimo, el cual lo estima como una amenaza para su zona histórica de influencia del océano indico, donde China está construyendo una plataforma marítima que se le conoce como el collar de perlas, a través de la cual está invirtiendo de manera estratégica en los puertos del Océano Índico.

China por su parte ha invitado a la India a participar en el corredor económico OBOR, China-Bangladesh –India –Myanmar, en el cual ésta aceptó en principio su inclusión, pero a partir de sus diferencias geopolíticas suspendió las pláticas en 2015 por razones de seguridad. De igual modo, India ha dejado claro su malestar por estimar que en el Corredor Económico Pakistán se le trató con poco respecto al delinear su construcción por zonas geográficas que aún estima en litigio desde 1962.

India no es parte de OBOR pero si es el segundo socio fundador del AIIB, de lo cual se desprende el intenso debate interno de una India que se resiste al crecimiento de la hegemonía china en la zona, auspiciada por Estados Unidos[9] y otra corriente interna que le aconseja no quedar fuera del OBOR, ya que sería quedarse fuera del futuro de Asia. Al respecto concluye Deepak que “El OBOR pone a China en el centro de la geopolítica y la geoeconomía global, pero aún no está claro cuál es el papel estratégico que le toca jugar a India” (Deepak, B.R en Hong, 2016).

 Japón

La oposición de Japón al OBOR resulta más evidente, dado el papel desempeñado por el país asiático en la región durante la segunda mitad del siglo XX; sobre todo en cuanto se refiere al periodo que abarca de las décadas de los sesenta a los noventa, donde Japón jugó un papel preponderante en la zona derivado de su éxito económico y asociación con Estados Unidos.

La rivalidad geopolítica entre Japón y China es milenaria y se tradujo durante muchos siglos en el papel tributario que tuvo el primero respecto a China, al igual que muchos otros países de Asia del Este. Esta relación tuvo su quiebre cuando en el siglo XIX , en el marco del avance occidental en la zona, China se ve enfrentada a un importante número de naciones occidentales durante el periodo de su imperialismo declinante, mientras que Japón se refugia en Occidente, huye hacia Occidente para transformar su economía y sus instituciones .

Las decisiones tomadas por los dos imperios a fines del siglo XIX dan como resultado la primera invasión japonesa a China en 1894, donde la derrota y la desplaza del control de la región de Asia del Este; para luego en 1931 repetir la acción e invadir a China en el marco de la Segunda Guerra Mundial, con base al nuevo poderío militar y económico japonés. Al final Japón sale de China en 1945, pero las heridas de estos hechos no han podido cerrar para ambos bandos.

A la fecha Japón se resiste a reconocer el nuevo poder económico de China, aunque paradójicamente los dos países en materia de manufactura comparten el liderazgo de la fábrica del mundo que es Asia del Este, donde China aparece como su segundo socio en exportación con 120 mil millones de dólares, y este a su vez como el tercer cliente de China con 148 mil millones de dólares (OEC, 2016). Sin embargo Japón sigue privilegiando su relación estratégica con Estados Unidos, a pesar de que, como ya se indicó, el andamiaje multilateral que construyeron los dos países en Asia del Este, como la APEC, y el propio Banco Asiático de Desarrollo (ADB), que desde 1966 fue lanzado por Japón y Estados Unidos como un instrumento financiero de desarrollo asiático, hoy se muestra pálido frente a los actores e instituciones financieros con los que se acredita OBOR.

Japón también intenta su camino de la seda en Asia, como una forma de defender su papel en la zona y así promueve con 110 mil millones de dólares en 2015 el corredor Bangladesh- Bután, India –Nepal, en una línea similar a la propuesta OBOR en esos países.

 Corredores Económicos Internacionales de Cooperación

A partir de su alianza estratégica con Rusia, su invitación al OBOR y ofrecimiento de créditos a India y la distancia geopolítica con Japón, principales referentes geopolíticos en la zona, China construye la nueva arquitectura geopolítica y geoeconómica de todo un continente para la primera mitad del siglo XXI.

Derivado de este andamiaje geopolítico que tendrá que seguir siendo observado de manera detallada, China tiende seis vectores estratégicos (Corredores Económicos Internacionales de Cooperación) que a la fecha forman la columna vertebral del proyecto OBOR:

De su alianza con Rusia emergen por lo menos tres de estos Corredores Económicos Internacionales de Cooperación. El primero, que se refiere a lo que China identifica como el Nuevo Puente Euroasiático, intenta conectar vía ferrocarril de alta velocidad al Este chino con el continente europeo vía Rotterdam, Holanda, atravesando 30 países con una distancia de casi 11, 000 kms.

Este proyecto fue uno de los primeros retos del OBOR, ya que constituye una nueva alternativa que compite con el tren Transiberiano ruso, y desde luego fue motivo de grandes negociaciones donde para sumar a “Los dos caminos de la seda”, tanto el ruso como el chino, se llegó a comentar por Alexander Gabuev, académico del Centro Carnegie de Moscú, que “El acuerdo había sido resultado de dolorosas decisiones internas por el lado ruso” (Hong, 2016, p.26).

Seis corredores económicos que abarcan Asia, Europa y África

Fuente: Hong Kong Trade Development Council, en Trends in Southeast Asia, ISEAS – Yusof Ishak Institute (formerly Institute of Southeast Asian Studies), 2016.

El Segundo corredor llamado China-Mongolia-Rusia también compromete de manera directa al eje China-Rusia, porque implica una intromisión china con un país como Mongolia, que en el tiempo ha funcionado como una frontera de amortiguación entre los dos países. Para China incluso su valor resulta más estratégico, al lindar su frontera con Mongolia con dos de sus dos regiones autónomas más sensibles que son la de Xinjiang y la Región Autónoma de Mongolia. En el marco de la instalación de este corredor en 2015 se firma un Memorándum de Entendimiento (Mou) y en 2016 el Protocolo Multilateral OBOR, donde los tres países se comprometieron con 32 proyectos en 10 áreas relevantes de la industria, cooperación energética, facilitación aduanal, protección ambiental, tecnología, ciencia, educación, entre otras; y de manera especial, con la nueva ruta del tren euroasiático en su tramo de Mongolia, cuyo diseño abaratará costos de transporte, días de entrega y reducción de trámites, como parte del proyecto del nuevo transporte regional.

En este corredor la suspicacia es de uno contra todos en el experimento de un multilateralismo desarrollado por China. Sin embargo, a pesar de iniciar el proyecto con gran dinamismo, los avances se vieron desacelerados a causa del eslabón más débil: Mongolia, quién ha utilizado medidas prudenciales y verdaderos actos de enfrentamiento con China, como por ejemplo, invitar al Dalai Lama en 2016, a pesar de las advertencias respecto a lo mal visto de la visita, a lo que le siguió una fuerte represalia china traducido en el aumento de sus costos de exportación, a lo que el ministro exterior de Mongolia tuvo que disculparse públicamente con China y declarar que no invitarán al Dalai Lama nunca más (Minwang, 2018).

Si los dos corredores internacionales de cooperación de la relación estratégica China-Rusia antes señalados, no han sido fáciles, en el tercero de ellos, conocido como China- Asia Central- Asia Menor tampoco ha sido sencilla su implementación. Este corredor involucra a los cinco países de A.C más Irán, Irak y Turquía y en su Protocolo OBOR de Producción e Inversión, firmado en 2015, se incluyeron 52 proyectos en diversos temas como minería, energía manufactura, industria química, materiales, infraestructura, transporte, biotecnología, etc.

Además de la problemática geopolítica Rusa- China antes señalada, Asia Central, olvidada por siempre de la geografía global, presenta como región uno de los índices más altos de inseguridad, inestabilidad política, falta de Estado de Derecho, altos niveles de corrupción, bajo índice de desarrollo humano, etc., que se incrementan de manera proporcional de Kazajistán ,con el mejor índice de riesgo de la zona (21), al más alto que involucra a Tajikistan (66), lo cual lleva también a la región a presentar los más bajos niveles de confiabilidad financiera y de ahorro (Ghiasy Richard y Zhou Jiayi,2017).

A pesar del temor al poder de China, los países de A.C ven su llegada a la región con optimismo y como una esperanza para salir del subdesarrollo. China a su vez aborda la zona, primero, como un paso inevitable hacia el resto de Asia en la idea de la reconstrucción de un nuevo camino de la seda. Y segundo, como una zona altamente estratégica para su alta demanda de gas y petróleo, como un complemento estratégico a los acuerdos que en el mismo sentido ha firmado con Rusia.

En el caso de Kazajistán, por ejemplo, además de firmar contratos para la construcción de infraestructura por valor de 44 mil millones de dólares, la Corporación China de Petróleo (CNPC) controla el 25% de la producción de crudo del país y tiene programada una inversión de 477 millones de dólares para convertir Khorgos en una zona de libre comercio. Con Uzbekistán, en 2013 firmó acuerdos por 15,500 millones de dólares en los que se incluyó la construcción de un cuarto oleoducto y una línea férrea.

Con Tayikistán, en 2014 se firmaron acuerdos por 6 mil millones de dólares para infraestructura y fundición de aluminio. Con Turkmenistán, que cubre la mitad de las importaciones chinas de gas, en 2013 se firmaron convenios por 7,600 millones de dólares, incluida la construcción de un gasoducto .En este país, la empresa china CNPC es la única que posee los derechos de explotación de los campos de gas de la zona de Bagty yarlyk y también participa con los desarrollos de Galkynysh, el segundo mayor campo de gas natural del mundo. Finalmente con Kirguistán, en 2013 se firmaron ocho acuerdos por 5 mil millones de dólares, los cuales incluyen la construcción de un gasoducto hacia China (Vanguardia, Dossier, Num.60, 2016).

El cuarto Corredor Económico Internacional es conocido como China-Península de Indochina y empieza en las provincias de Guangxy y Yunnan en China y se corre hacia Vietnam, Laos, Cambodia, Tailandia, Myanmar y Malasia, terminando en Singapur, y es la ruta que propiamente menos costo geopolítico ha tenido para China , dado que se desarrolla en la zona histórica de su tributación y ahora está organizada bajo la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), aunque en algunas de estas naciones nunca ha dejado de estar presente la civilización India, sobre todo en el sur .

Por razones geográficas e históricas, los países del Este que se comprenden en este corredor económico forman parte de la primera globalización de China, por lo tanto son con los que tiene un mayor trato económico e incluso un Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con ASEAN en 2010. Como ejemplo de lo anterior, el comercio intrarregional de los países de ASEAN se aproxima al 25 % , pero si se le agrega a China , Japón y Corea del Sur, la integración se escala hasta un 50% , superando al resto de los esquemas de integración salvo la Unión Europea (65%), lo cual demuestra el alto grado de cohesión que tiene la zona en la producción de bienes manufacturados ,en la que si bien China representa el 21% de las exportaciones intrarregionales, absorbe el 44% de las importaciones intrazona, lo que marca la cohesión e importancia de la región con China desde hace décadas (Oropeza, 2016, p.201).

En consecuencia, en este corredor económico China ha puesto su mayor inversión desde antes del OBOR y ahora lo ha reforzado con12 nuevas carreteras ,11 nuevas rutas de mercancías, nuevas líneas de tren China-Vietnam, China-Laos y un avance del 80% del ferrocarril China-Myanmar , etc. Sin embargo, a pesar de la gran importancia económica de China en la Península de Indochina, algunos de sus países miembros guardan aún no muy gratos recuerdos de su presencia beligerante, como Vietnam, que aún recuerda su guerra con China en 1979; y de manera reciente, no solo Vietnam, sino también Malasia, Indonesia y Filipinas, quienes ven con temor y suspicacia el doble papel de China de socio y nuevo hegemón regional, respeto a sus fronteras marítimas en el Mar del Sur de China.

El quinto Corredor Económico Internacional de Cooperación corresponde a China-Pakistán (CPEC), el cual es el único corredor que contempla la relación de un solo país OBOR con China. A primera vista resulta significativo que China haya optado por darle este papel relevante a Pakistán, así como el de que no haya incluido en él, de manera directa, a su vecino cercano, Afganistán. El CPEC, por la apuesta geopolítica y económica que hace China, constituye el corredor OBOR más importante a la fecha, a tal punto que se le estima como el corredor bandera, el corredor modelo que puede orientar el trabajo de los otros corredores, al mismo tiempo que el avance exitoso o problemático de OBOR.

Respecto al CPEC es importante reiterar que su trazo se realiza ante la oposición y molestia de India, como hegemón regional, en virtud de que su trazo original atraviesa por territorios aún en debate con Pakistán y China (Gilgit-Baltistán), o únicamente con China (Cachemira), en un descuido que ha generado una indignada oposición India al OBOR. Asimismo, en el CPEC se omite la participación declarada de Afganistán, lo cual habla de que si bien China está tomando altos niveles de riesgo en sus estrategias de inversión, por lo cual ha sido criticado, en el caso de Afganistán, por su inestabilidad política, por su vocación pro-americana (American silk road), evitó nombrarlo en el CPEC. Lo anterior no quiere decir que Afganistán no haya sido invitado al OBOR y que no pueda participar en sus diferentes proyectos.

Pakistán se presenta ante China como un país de especial importancia por diversas razones. Una de ellas, porque su frontera es próxima a su región autónoma de Xinjiang, donde se avecina la mayor población musulmana de China, conocida como los Uigures (hui su), por lo que una buena relación con un país de 190 millones de musulmanes como lo es Pakistán, para China resulta de la mayor relevancia para evitar la contaminación con los grupos extremistas en la región como Al-Qaeda, los Talibanes, el Partido Islamista Turco, etc. con la zona Uigur.

De igual modo, el crecimiento económico de China y su estabilidad política ha mantenido un riesgo constante al ser un gran importador de petróleo con casi 12 millones de barriles al día en 2017, el cual es suministrado en buena medida a través de la estratégica zona del océano Índico y sus múltiples estrechos, como el estrecho de Malakka, de Singapur, etc. En este sentido, la construcción de un puerto profundo en las costas de Pakistán en Gwadar, se presenta para China como una alternativa estratégica frente a USA e India, de igual modo que una salida al mar para su exportación del centro y del oeste Chino.

A las inversiones chinas en el puerto de Gwadar se suman recursos para la integración de zonas económicas especiales, corredores industriales, un ferrocarril que conecta al puerto con toda China y Asia Central, 3000 Kms. de carreteras, líneas de electricidad, etc., reflejando una gran inversión y un trabajo muy importante para lograr un mejoría económica visible del país, la cual daría una mayor estabilidad para todos los propósitos tanto económicos como políticos.

En este sentido, el CPEC se ha convertido en un ejemplo del apoyo geopolítico que China puede brindar a través del OBOR al resto de los países asociados. Por ello, como señalan Ghiasy y Zhou si CPEC se mantiene exitosamente sustentable, se convertirá en un claro mensaje para otros países con problemas de inversión y desarrollo, para que sean socios más cercanos a China. (Ghiasy, Zhou, 2017).

El sexto y último corredor se refiere a China- Bangladesh-India-Myanmar, que como ya se dijo, se encuentra obstaculizado principalmente por el alejamiento de la participación de India desde 2015, al igual que por inestabilidad política de Myanmar. Sin embargo, este corredor también es relevante porque en el se incluye el proyecto de La Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI, que empieza en el sudeste de China y se propone continuar por toda la ruta marítima hasta Europa[10].

En el siglo XV, como se apuntó, durante la dinastía Ming, China decidió renunciar a la geopolítica por mar, a pesar de que en 1405 durante la dinastía del emperador Yongle, se integró una flota de 62 poderosos navíos bajo el mando de Zheng He, entre los que destacaban los cuatro barcos más grandes del mundo, de 120 metros de longitud y 50 de anchura. En el siglo XXI, en el marco del OBOR, China intenta relanzar una estrategia marítima de posicionamiento a lo largo del Océano Índico, estrategia que ha sido calificada por Estados Unidos en 2004, en estudios de Booz Allen Hamilton, y C.J. Pehrson como Collar de Perlas.

En estos estudios se definen como el collar de perlas a las instalaciones marítimas, terrestres y áreas que China ha ido construyendo desde principios del siglo en aras de crear una estructura de poder geopolítico en el Mar del Sur de China y el Océano Indico, como punto de partida de una nueva fuerza marítima global que acompañe los intereses chinos en la zona frente a Estados Unidos y la India en una primera instancia. Como parte del collar de perlas se incluyen el puerto de Gwadar, en Pakistán; Chittagong en Bangladesh; Sittwe en Myanmar; Sihanoukville en Camboya; Merguy, Thilawa, Kyanksyu, en Tailandia; a los que ahora se podrían agregar Hambantota y Colombo en Sri Lanka, Lanú en Kenia, Port Sudan en Sudán y el Pireo en Grecia, donde China detenta actualmente el 70% de la operación (Vanguardia, Dossier, Num.60, 2016).

3. El OBOR y sus resultados

El OBOR es un movimiento telúrico geopolítico de grandes dimensiones que cualquiera que sea su resultado, cambiará los estándares concebidos, por lo menos en el continente asiático, a partir de su lanzamiento.

Como todas las grandes transformaciones de China, el OBOR se presenta como una intuición global de gran aliento que se nutre de sus propios antecedentes para imaginarlo, primero, y luego sobre la marcha, ir armando su estructura bajo un pragmatismo con las tradicionales características chinas.

A la primera apertura china Deng la llamó experimento. A los BRICS los lanzaron oficialmente en 2009 después de ocho años de haber sido una idea exógena de Jim O’Neill. En el caso del Nuevo Camino de la Seda ocurre algo similar. De una idea milenaria que siempre estuvo ahí presente como parte de un archivo histórico, esta se reforzó con ideas paralelas que ya se ventilaban en la agenda geopolítica de Asia como la propuesta nipona en 2004 de la Diplomacia de la Ruta de la Seda, que ya comprendía a los cinco países de Asia Central; El Camino Turco de la Seda en 2008, que se une en 2016 con OBOR. Incluso un Plan Marshall Chino que en 2009 lanzó la Administración Estatal de Ingresos, el cual a partir de 2013 ha sido negado reiteradamente como parte de la filosofía del OBOR. El Camino Ruso de la Seda que ya se comentó y en 2011 el Camino Americano de la Seda que desde Afganistán propuso Estados Unidos.

En este sentido, el OBOR parte de estas influencias pero en su lanzamiento global nace de una intuición política a la llegada al poder de Xi Jinping, la cual día a día se ha ido construyendo hasta los avances que lleva a la fecha. Por ello, después de cinco años, las versiones, las explicaciones y las cifras del OBOR cambian y difieren respecto a cada una de las fuentes consultadas, aunque esto no ha sido obstáculo para que no pueda reconocerse la dimensión de su tamaño, la infinitud de sus objetivos y el enorme potencial de sus repercusiones geopolíticas y geoeconómicas sobre China, Asia y el mundo en general.

Para China el OBOR aparece también como la posibilidad de reeditar, bajo condiciones del siglo XXI, un nuevo papel inspirando en el rol hegemónico que mantuvo bajo diferentes condiciones hasta 1838, cuando la llegada de las potencias marítimas occidentales, iniciada por la invasión de Gran Bretaña en la llamada Guerra del Opio, terminaron con su milenaria tributación regional y el papel central que tuvo en la zona.

Dada la multidiversidad de la propuesta OBOR, actualmente sus objetivos se multiplican y confunden respecto a la fuente de la cual se parta. Como se adelantó, China habla de una iniciativa más que de una estrategia, a fin de que la construyamos juntos, la gocemos juntos y nos conozcamos juntos, manejando una postura abierta que aleje la idea de una imposición. De igual modo, la propuesta se presenta como una cooperación internacional, como una gobernanza global más razonable y justa; como la construcción de una comunidad donde se comparta el futuro de la humanidad, lo cual es una abierta invitación hacia un nuevo orden geopolítico (Munadi, 2018).

Al propio tiempo, el presidente Xi señala que el OBOR es una marca de desarrollo abierta e inclusiva, al igual que un bien público global propiciado por todas las partes. Durante su discurso en el Foro OBOR en mayo de 2017, Xi explica al OBOR como un camino para la paz, para la prosperidad, como un camino para la apertura, para la innovación y la civilización. Xu Shicheng resume al OBOR como un facilitador para la apertura de mercados y el aumento del comercio y de las inversiones; como un “Nuevo pensamiento y un nuevo proyecto para perfeccionar la gobernanza global” (Shicheng, 2018).

El OBOR rompe con la caracterización de la integración regional del siglo XX y su consecuente fundamento del artículo 24 de la Organización Mundial del Comercio (OMC), invitando a la comunidad asiática, pero también al resto del mundo, a un nuevo esquema de asociación- pragmático, con características chinas, que rompa con las limitaciones del propio artículo 24 y despliegue sus alas en un vuelo incierto, pero sugerente , donde puedan sumarse los activos nacionales y regionales ya no solo a través del intercambio de bienes y servicios, sino también de todas las demás actividades económicas; imaginando nuevos escenarios y desarrollos posibles.

Y está es, tal vez ,la mayor aportación que OBOR hace a Occidente , más allá de los resultados que pueda lograr, al liberarlo de una camisa de fuerza, de un dogma neoliberal donde el crecimiento económico solo se imaginó a través de un comercio exterior fundamentado mayormente en tratados de libre comercio, con asimetrías y dominancias de origen, las cuales han limitado el desarrollo e intercambio de los países hacia nuevos y mejores escenarios, más acordes con un siglo XXI donde la visión del GATT de 1947 e incluso de la OMC de 1994 han quedado rebasadas .

La intuición china en este punto rompe el paradigma, aunque apenas dibuja a través de las principales líneas del OBOR, la nueva estructura que ofrece para substituirla.

En principio declara sin ambages que “El OBOR va más allá del sistema mundial de comercio en la implementación de objetivos, de mecanismos y de principios, al propio tiempo que es una exploración de un nuevo modelo de cooperación y gobernanza global, que busca no solo del desarrollo y la prosperidad de la economía mundial, sino que también propone un más justo y razonable sistema de gobernanza global” (Xixia, 2018).

Partiendo de esta aclaración, el OBOR entonces acepta en su operación una línea de Hard Law o Derecho Internacional vinculante, a la cual no renuncia en el marco de un pragmatismo incluyente; al mismo tiempo que abre la puerta a figuras comerciales de Soft Law, o sea no vinculante, como una herramienta posible en el nuevo sistema geopolítico OBOR.

Bajo este amplio marco formal de posibilidades aparecen desde Memoranda de entendimiento (Mou), Acuerdos de Producción e Inversión (Kazajistán, 2015), Acuerdos Multilaterales (China, Mongolia, Rusia, 2016), 50 Acuerdos de Cooperación, 56 Zonas o Corredores Económicos Especiales en más de 20 países, hasta la firma a 2017 de más de 15 tratados de libre comercio de China con cerca de 24 países; además de 11 TLCs en negociación y 11 más en inicio de pláticas. Dentro de los Acuerdos de Soft Law, por su importancia, destaca el Acuerdo firmado por China con el grupo asiático europeo de los 16+1; así como también podrían incluirse a los propios BRICS, así como en menor rango pero ya operando, diferentes resoluciones, declaraciones, acuerdos, etc. (Xixia, 2018).

Como puede apreciarse, China no renuncia al orden internacional de la OMC, pero tampoco acepta tender sus nuevas líneas globales de comercio y desarrollo exclusivamente bajo su marco conceptual, abriendo un debate sobre cuáles deben ser las regulaciones económicas para un nuevo mundo más demandante y complejo. Bajo estos nuevos paradigmas OBOR, la oferta occidental no aparece como una estrategia que vaya a poder competir en visión, alcance, financiamiento, formalidad, etc. con la oferta integral del nuevo camino de la seda, y la crítica jurídica dogmática no será suficiente para rescatar a los esquemas occidentales de comercio, que siguen manteniendo la misma visión y ambición de los países desarrollados del siglo anterior.

Desde luego la arquitectura lograda por la Unión Europea sigue siendo un referente occidental obligado por sus resultados y la consideración a sus asimetrías y apoyo de todos sus participantes, a pesar de su crisis actual abanderada por el fenómeno Brexit. Pero el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ahora en su nueva versión denominada Acuerdo Estados Unidos- México- Canadá (AEUMC) o USMCA, por sus siglas en inglés, y el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP),en su nueva versión conocida como El Acuerdo Amplio y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP o TPP-11),entre otros, desde su desdibujada renegociación a partir de la llegada de Trump al poder, se alejan de estas nuevas iniciativas incluyentes de altos niveles de financiamiento, que de principio brindan un mayor margen de maniobra a la realidad económica de la mayoría de los países participantes .

En materia financiera el proyecto OBOR también resulta una iniciativa anti paradigmática para el orden global, tanto por su dimensión como por la amplia oferta de proyectos e instituciones que comprende.

Si bien hoy el OBOR no integra un nuevo paradigma formal de asociación terminado, la inclusión de nuevos temas al comercio de bienes como la energía, la ciencia, la tecnología, la infraestructura; los amplios niveles de financiamiento y los temas culturales o sociales con los que se complementa, brindan una visión más amplia a los esfuerzos del desarrollo regional del siglo XXI.

A pesar de la diversidad de las fuentes, que brindan datos contrastantes, a la fecha el financiamiento OBOR se ha ofrecido en grandes cantidades respecto a los países con los que ha iniciado su operación, a través de una batería muy amplia de instituciones y entidades financieras donde ya se comentó, participan el AIIB, Silk Road Fund, El nuevo Banco Chino de Desarrollo, que se crearon ex profeso para el OBOR.

Al mismo tiempo interviene el China-ASEAN Inter-Bank, China Investment Corporation (CIC), el Banco de Desarrollo de la Organización de la Cooperación de Shanghai (SCO), así como toda la banca estatal china. A 2016, en materia financiera, los prestadores OBOR que más contribuyeron fueron los cuatro grandes Bancos Comerciales Estatales chinos (SOES) con el 51%. La segunda fuente de suministro comprendió al Banco Chino de Desarrollo con el 38% y con el 8% participó el Banco de Exportación e Importación .Dada su reciente aparición a partir de 2015, el Silk Road Fund y el AIIB registraron un 1% respectivamente (Deloitte, 2018).

Funding for BRI by source: Outstanding loans or equity investment at end 2016 ($ billion) Fuente: Deloitte, 2018

Asimismo, de acuerdo al Ministerio de Comercio, los flujos de IED al OBOR promediaron los 14 mil millones de dólares anuales durante 2015, 2016 y 2017, priorizando al corredor China- Península Indochina con 53% de lo invertido únicamente por las SOEs (2016); al corredor Bangladesh-China India-Myanmar con 47%; Central Asia, Rusia, Mongolia con 34%; y Europa del Este 34% y África y Asia del Este con 25%.

BRI investment destinations for SOEs Fuente: Deloitte, 2018

En cuanto a los resultados del OBOR (2014-2017), de acuerdo al Profesor Shicheng, actualmente lo han firmado más de 100 países y organizaciones internacionales. Asimismo China ha firmado Convenios de Cooperación OBOR con más de 40 países y organizaciones internacionales. China ha elevado a 3 billones de dólares su comercio con OBOR y ha invertido cerca de 50 mil millones de dólares. Se han instalado 56 zonas de cooperación económica y comercial con más de 20 países. Las empresas chinas han tributado 1100 millones de dólares con países OBOR y se han creado 180 mil puestos de trabajo fuera de China. El AIIB entregó 1700 millones de dólares y el Fondo de la Ruta de la Seda 4 mil millones de dólares (Shicheng, 2018).

Además de lo anterior China ha otorgado 10 mil becas gubernamentales; y agregará 100 mil millones de yuanes al SRF e incentivará a las SOEs por 300 mil millones de yuanes de nuevo crédito. Al NDB se le dotará de 250 mil millones de yuanes y al Ex -Inc Bank de 130 mil millones de yuanes para proyectos de infraestructura, capacidad productiva y finanzas. En los próximos tres años, en síntesis, se aportará por China al OBOR cerca de 8700 millones de dólares. De manera especial, se ofrecerá una ayuda alimentaria de 2000 millones de yuanes a los países OBOR más necesitados; 1000 millones de dólares al Fondo de Ayuda Para la Cooperación Sur-Sur. 1000 millones de dólares para proyectos que beneficiarán a países OBOR y se pondrán en marcha 100 proyectos de hogares felices; 100 de alivio a la pobreza y otros 100 de atención sanitaria y rehabilitación (Shicheng, 2018).

El OBOR a 2018 se muestra inacabado, confuso, con luces y sombras.

A la mayoría de los socios participantes los invade la esperanza y el interés, al propio tiempo que la confusión, la sospecha, el miedo y la división interna.

Les preocupan sus abultadas deudas, la calidad de las inversiones, la fuerte corrupción con sus clases gobernantes, donde en algunos casos se estima que asciende del 10 al 30% de los créditos. Les preocupan también cuales pueden ser los objetivos últimos de China.

A pesar de lo anterior, la gran mayoría no quiere quedarse fuera de esta gran e imaginativa ola de un nuevo desarrollo continental que aparece en muchos de estos países como la única alternativa.

Para China, para Xi Jinping, el éxito del OBOR en los próximos años, junto con su reforma económica y jurídica, son la única garantía para que su permanencia en el poder se prolongue para la tercera y cuarta década del siglo, y así se cumpla el sueño chino de una China hegemónica en 2049, a los 100 años de la Revolución e instalación de la República Popular China.

IV. B. La Reforma Económica. Made in China 2025

A finales de las setenta China tenía todo por construir. Su crecimiento en relación con su PIB era errático con bruscas caídas e irregulares incrementos que en el periodo 1966-1976 la llevaron a registrar un 4% anual promedio. Hace 40 años no existían flujos de IED, los cuales empezaron a mostrarse de manera significativa a partir de 1985. Su comercio era tan débil que se ubicaba en la posición 34 del ranking mundial y sus exportaciones solo representaban 4% de su PIB. En síntesis, cuando se dio su primer proceso de reforma y apertura en 1978, ningún actor político o económico creyó que un país de 956 millones de personas con niveles superiores al 60% en pobreza extrema, fuera una amenaza. Nadie creyó que hubiera un milagro chino (Oropeza, 2006, p.274).

A lo largo de las cuatro décadas siguientes la comunidad económica global tampoco ha creído, cada incredulidad en su tiempo, que China pudiera fabricar motocicletas, vehículos, camiones, trenes de alta velocidad, aviones, portaaviones, satélites, etc., y ahora China es líder o fabricante destacado de cada uno de estos bienes o productos.

Frente a la tercera década del siglo XXI, la comunidad económica y política global, sobre todo Estados Unidos y Occidente , vuelven a hacerse la misma pregunta de si China podrá ascender al único liderazgo económico que le hace falta que se refiere a los servicios de la alta tecnología de la cuarta y quinta Revolución Industrial, a lo cual algunos pensadores clásicos como Montesquieu o Weber, etc., sostuvieron que la civilización china no era proclive a la ciencia, lo cual fue uno de los determinantes de su dominio occidental; ó de los criterios modernos de que China no era capaz de superar su manufactura barata ; o los que ahora opinan que no podrá desplazar del liderazgo tecnológico a los Estados Unidos o los principales países europeos. Y la pregunta esencial respecto al tema vuelve a ser la misma que se hizo a partir de la primera década del éxito económico chino, ¿por qué no podría hacerlo, si las condiciones internas y externas para lograrlo siguen siendo básicamente las mismas?

China desde 1978 práctica un modelo económico que crece y se actualiza, pero que en su estructura nuclear no cambia y se corresponde al de un poderoso Estado Desarrollador bautizado por China como Socialismo de Mercado, que Deng Xiaoping explicaría desde siempre como el experimento de combinar tanto capitalismo como socialismo sean necesarios para alcanzar sus objetivos, los cuales parecen ser hoy, el convertir a China en la nación hegemónica más desarrollada del siglo XXI, a partir de su liderazgo en la manufactura industrial y los servicios de la inteligencia.

China, en la segunda década del siglo vuelve a intuir y a interpretar los vientos globales, y entiende que el éxito económico de ayer no le garantiza el de hoy y que seguir con los instrumentos estratégicos de su primera apertura como su globalización selectiva y gradual, manejo nacionalista de la IED que llega al país, modernización de las zonas económicas especiales, una política industrial prioritaria, alineamiento de una Banca de Desarrollo amplia y poderosa al servicio del desarrollo industrial, incentivos fiscales y financieros, etc. que la llevaron a desplazar a Estados Unidos en el 2010 como el mayor país en producción de manufactura , no le serán suficientes para esta , su última batalla sectorial económica, ahora la más relevante a nivel global, que es alcanzar y superar el avance tecnológico de Estados Unidos.

Ante tales retos, China decide alejarse de la comodidad de sus importantes triunfos económicos y transita hacia una nueva estrategia que lanza en 2015 como Made in China 2025, (MCh 2025) por medio de la cual concentra la mayoría de las acciones que considera no solo le darán un nuevo impulso a su crecimiento, sino que en base a una visión y un sueño civilizatorio, estima la puedan ubicar como la nación líder del siglo.

El espíritu de la nueva estrategia se explica en primer lugar, dentro de la visión que Xi Jinping viene construyendo desde su llegada al poder, la cual se refleja en los discursos y documentos que viene publicando desde esa fecha. Por ejemplo, en su participación con motivo de la celebración del XIX Aniversario del Congreso Nacional del PCCh (octubre 2017), donde se compromete con el pueblo a proporcionarle una mejor vida, una vida feliz ; señalando que para ello China tiene que convertirse en un país de la innovación, reforzando su tarea en la investigación científica y tecnológica a fin de irrumpir en las nuevas tecnologías, donde china penetre con innovaciones tecnologías que mejoren los niveles de vida del pueblo chino.

A lo anterior agrega que la innovación es la fuerza estratégica para impulsar el desarrollo, así como el apuntalamiento estratégico para construir una economía más moderna. De manera especial Xi Subraya que “Nosotros impulsaremos la investigación básica en ciencias aplicadas, para aumentar nuestros logros en proyectos de ciencia y tecnología, priorizando la innovación que genere tecnologías claves, que rompa fronteras tecnológicas y que modernice la ingeniería tecnológica; en síntesis, que rompa paradigmas tecnológicos” (China Daily, 20 octubre, 2017).

A manera de acompañamiento de esta visión, China lanza su 13° Plan Nacional de Cinco Años en Innovación Científica y Tecnológica (2016)[11], a través del cual acompaña 15 Programas Preferentes en Innovación Científica y Tecnológica. En el mismo año aparece el Plan de Implementación de Tres Años de Inteligencia Artificial (AI) e Internet Plus; aunque de manera significativa por su amplitud y nueva visión, en 2015 China lanza el Plan Made in China 2025, como el nuevo paradigma que desdobla y acompaña la estrategia de su Segunda Reforma y Apertura hacia el Oeste, que junto con su Reforma del Poder (Reforma Constitucional), como ya se indicó, forman el triángulo estratégico hacia su éxito y dominio geopolítico y geoeconómico a 2049.

El Made in China 2025 no es, desde luego, el primer programa científico y tecnológico. De hecho, desde la primera apertura de Deng Xiaoping coloca al tema como una de sus cuatro grandes prioridades. Sin embargo, la diferencia con este lanzamiento consiste en que se privilegian los servicios de la alta tecnología (industria 4.0), sin olvidar la industria tradicional, planteando los objetivos de tres escenarios en el tiempo en donde en 2025 buscará reducir las diferencias con otros países; en 2035 busca fortalecer y empoderar la posición, y para 2045 (2049), se plantea ser el líder mundial en la producción de bienes y servicios tecnológicos (Plan Made in China 2025; ICEX, 2016).

Como en programas anteriores, el Plan selecciona 10 sectores ganadores donde destacan equipo electrónico, maquinaria agrícola, nuevos materiales, ahorro energético, vehículos de nuevas energías, herramientas de control numérico, robótica, equipamiento médico, equipo marítimo de tecnología avanzada, equipamiento ferroviario, equipamiento aeroespacial y tecnologías de la información. Para reforzar este lanzamiento planea la construcción de 15 centros de innovación a nivel nacional a 2020 y 40 para 2025.

Sin embargo, donde el plan se aleja de ejercicios anteriores y es parte de la nueva política de Xi Jinping, es que en este proyecto la política prudencial de Deng desaparece y se exponen públicamente vectores de temas sensibles que antes eran sesgados o que se negaban. El primero, el reconocimiento de que el plan aspira a integrar un contenido nacional del 40% a 2020 y un 70 % a 2025, con todo lo que esto confronta a la narrativa OMC. Al mismo tiempo el plan propone que para esa fecha la Ciencia y la Tecnología contribuyan al crecimiento del PIB en 60% y la inversión del sector ascienda al 2.5% del PIB.

Para lograr el contenido nacional, se reiteran las políticas de protección y subsidio que a su manera se inauguraron junto a la apertura china en 1978. De manera especial, aparecen las estrategias que directa e indirectamente también hacen ostensible el estatismo chino para la implementación y logros de los objetivos del Plan. Se habla de presiones legales a través de la importante Comisión Nacional para la Reforma y el Desarrollo Nacional respecto a actores globales en China, para favorecer la transferencia tecnológica.

También se habla de presión para la firma de Joint Ventures en materia tecnológica. Exigencia y condicionamiento del mercado interno a cambio de tecnología. Presión para precios bajos en comercialización de tecnología, para facilitación de recursos humanos calificados, para la fabricación en China de tecnología, etc. En realidad, temas cuasi institucionales en el performance chino desde los ochenta, pero que siempre se negaron e incluso un sinnúmero de especialistas occidentales pasaron por alto en su análisis del milagro chino de desarrollo.

De acuerdo a un artículo de investigación del New York Times (How this U.S. Tech Giant is Backing China´s Tech Ambitions, 2018) Estados Unidos evidencia la aplicación de estas políticas al señalarse que las empresas americanas “están siendo forzadas para transferir tecnología, firmar Joint Ventures, bajar precios y ayudar con sus especialistas” a las áreas chinas de inteligencia artificial y semiconductores.

Que a Qualcomm, empresa líder en la construcción de chips de alta tecnología, a través de la NDRC se le impuso una multa de casi un Billón de dólares y se le condicionó su participación en el mercado chino a una baja de precios y un mayor traspaso de tecnología a socios chinos. Para ello, el gobierno chino le ofrece tierra y financiamiento para que se asocie con la empresa china Huaxintong, al igual que con la empresa Thundersoft (drones), con base en Beijing.

En otro artículo del New York Times (Busca China el control global en tecnología, Reforma, 2018) se reitera la política china de exigir asociaciones o traspaso de propiedad intelectual “como el precio de admisión a la segunda economía más grande del mundo”. Incluso en contubernio con las empresas americanas (Advanced Micro Devices, licencia de microchips) se intentan eludir las nuevas restricciones del gobierno americano sobre la transferencia de tecnología. Que sistemas tecnológicos sensibles del gobierno chino como bancos y laboratorios, todavía utilizan chips de Intel y Qualcomm y software de Microsoft y Oracle, lo cual estiman como una debilidad de su seguridad nacional. Para resolverlo, integra un fondo para la fabricación de semiconductores de más de 100 mil millones de dólares, 150 mil millones de dólares para inteligencia artificial y 3000 millones de dólares para fabricación avanzada.

A lo anterior habría que agregar que dentro de esta estrategia integral de posicionamiento tecnológico formal e informal, los estrategas chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui desde 1999 hablan de una Guerra sin Restricciónes, donde incluyen como parte de la posible toma de tecnología al uso de hackers financieros y tecnológicos a través de los navegadores de internet (Jalife-Rahme, Reforma, 2018).

Al Plan Made in China 2025, los fabricantes occidentales, como hace cuarenta años, lo miran con desconfianza por su abierta carga de voluntad estatal de llevarlo a cabo por medio de todos los canales formales e informales, con gran pragmatismo y enorme financiamiento público. Bradsher y Mozurmarch lo sintetizan como “El deseo de China de obtener el control de la mayoría de los segmentos rentables de la cadena global de producción” (2018). Y Lewis, Vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (USA), a la participación informal de China la resume diciendo “Todos temen represalias. Nadie quiere perder el mercado de China” (The New York Times, Reforma, 2018).

La batalla por la supremacía digital, como le llama The Economist (Marzo, 2018), o como podría escalarse: La batalla económica por la hegemonía global del siglo, es una parte central de la guerra comercial ya declarada a China por Estados Unidos a través del Memorándum Presidencial del 22 de marzo de 2018, con base en la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, el cual se deriva en lo general de la acumulación de inconsistencias comerciales entre los dos países desde la década de los noventa, donde inició el abultado déficit comercial de Estados Unidos con China; y en lo particular, se centra en la guerra tecnológica entre los dos países.

En el marco de esta guerra comercial, junto al Memorándum Presidencial, Estados Unidos está reforzando la vigilancia de la IED China hacia empresas norteamericanas a través de la Foreign Investment Risk Review Modernization  Act (FIRRMA), donde incluye de manera especial los recursos otorgados a las start ups en áreas de seguridad nacional, vigilando especialmente a los nuevos Fondos de Riesgo en los que China ha centrado su triangulación financiera para invertir en desarrollo de tecnología industrial en América, los cuales se estima por el Departamento de Defensa (USA), han contribuido con el 13% del total de este tipo de inversión ( The Economist, agosto, 2018).

A lo anterior se agrega la ampliación de facultades al Comité de Inversiones Extranjeras (CFIUS), para bloquear operaciones de toma de control de una sociedad americana si representa un amenaza para la seguridad nacional, no solo en la industria de la defensa como operaba anteriormente. A manera de ejemplo, en marzo de 2018 este Comité bloqueó la propuesta de compra hostil de Qualcomm. (Reforma, 8 de junio, 2018).

“Si se acepta como punto de partida que estamos en una gran lucha de poder con China y Rusia – comenta John Janser de la Universidad de la Defensa Nacional- entonces se debe pensar en garantizar la base innovadora, viabilizar la base industrial y llevarlo todo a escala.” (Financiero Times, julio, 2018).

En el marco de este histórico debate por la supremacía tecnológica- económica que sin duda definirá posiciones y fortalezas en las próximas décadas, como ya lo hace ahora, China ya coloca a 9 empresas en el Top Twenty de las líderes de internet, encabezadas por Alibaba (6) y Tencent (7), el resto son americanas.

En materia de innovación (2018), China se coloca en el lugar 17 a nivel mundial y sube cinco lugares respecto al año anterior (lugar 22). Estados Unidos pierde dos lugares en el mismo periodo, pasando del lugar 2 al 4. A la fecha, China cuenta con 4.6 millones de graduados en ciencia y tecnología y Estados Unidos registra una octava parte. En 2016 China instaló una cifra récord de 87 mil robots, más que Estados Unidos y Alemania juntos. En 2017, China rebasará en inversión (43%) a USA (38%) en inteligencia artificial.

De igual modo, China ya es el segundo generador de publicaciones científicas (293 mil publicaciones 2000-2015), después de Estados Unidos (354 mil publicaciones 2000-2015). Es líder en registro de patentes en aprendizaje profundo, inteligencia artificial, y segundo en aprendizaje automático, después de USA. Para 2025, China prevé generar tres cuartas partes de su propia demanda de robots industriales y más de un tercio de su demanda de chips para teléfonos inteligentes.

En materia de comercio electrónico, Porter Erisman, asesor de Alibaba señala “si quieres entender la historia del comercio electrónico, estudia a Estados Unidos, pero si quieres entender el futuro del comercio electrónico estudia a China” (The Economist, marzo, 2018/ The New York Times, Reforma 2018, Vanguardia Dosssier Num. 70, septiembre, 2018).

Desde luego que la Reforma Económica se liga con la Reforma Geopolítica china. Para el efecto existe, entre otras ligas, un Digital Silk Road a través del cual China intenta con cerca de 35 satélites, unir a una distancia de un metro o menos la geografía, las rutas y las georeferencias de 30 países OBOR que a la fecha han firmado con la empresa china Bei Dou ( Big Dipper), la cual es la encargada de construir la ruta de comunicación digital para el 67% de una población asiática que carece de ella.

Xi señaló respecto a esta ruta de la seda de la comunicación, de la nanotecnología, de la inteligencia artificial, la big data, etc., que ayudará a crear “una comunidad de destino compartido en el ciberespacio” (The Economist, junio, 2018). De igual modo a la capital milenaria del comercio de la seda, Xi’an, se le está impulsando como un Sillicon Valley del oeste chino.

IV-C. La Reforma del Poder.

Reforma Constitucional de 2018

En el mes de octubre de 2017, en el marco de la celebración del XIX Congreso del Partido Comunista Chino, la figura del presidente Xi Jinping fue elevada a los niveles más altos del poder chino de los tiempos modernos.

En un giro inesperado de acuerdo a la tendencia política progresista que había heredado Deng Xiaoping , de un principio de separación política entre el PCCh y el gobierno, hacia una mayor asimilación de un Estado de Derecho y orden democrático, al final del Congreso la figura del presidente Xi fue declarada como Emperador en vida y su pensamiento se elevó al nivel del presidente Mao Zedong y a la Teoría del presidente Deng Xiaoping, quienes se consideraron hasta entonces como los únicos guías políticos a partir de 1949.

Reforzando lo anterior, durante la celebración del congreso se decidió la reforma de la constitución del PCCh, lo cual ha sucedido en pocas oportunidades a partir de su aprobación en 1982, a fin de dejar plasmado dentro del mismo cuerpo legal “el pensamiento de Xi Jinping, de un socialismo con características chinas para una nueva era”, lo cual quedó como la guía del partido y del Estado.

Ante el cambio histórico registrado en el partido, en marzo de 2018, durante la celebración del XIII Congreso de la Asamblea Nacional Popular, se operó la Quinta Reforma a la Constitución de la República Popular China. Dentro de los cambios operados, de manera relevante se elevó nuevamente al liderazgo del PCCh como fundamento central del poder político y a su secretario Xi, como núcleo de dicho centro, al modificar el artículo 1°de la Constitución para resaltar que “El sistema socialista es la base de la República Popular China, y el liderazgo del PCCh es la característica del socialismo con características chinas” , principio que se encontraba en el preámbulo de la Constitución de 1982, en la idea de generar una jefatura del Estado de Derecho sobre el poder político y no al revés, como queda de manifiesto con el cambio.

También de manera especial se crea el Comité Nacional de Supervisión, el cual abarcó buena parte de la reforma constitucional. Este poderoso Comité contra la corrupción, que a 2017 llevaba sancionadas a un millón y medio de personas, se constituyó en la idea confuciana del control moral del poder tanto del Partido como del gobierno, donde dicho Comité será supervisado por el Comité Permanente de la ANP, donde Xi es la figura suprema. Así mismo, se inhabilitó a la Suprema Corte Popular de China para la revisión judicial, trasladando sus atribuciones al Comité Permanente de la ANP y al PCCh, donde Xi es el secretario del Partido.

De manera por demás trascendente, se modifica el último párrafo del Artículo 79 constitucional, eliminando con ello el límite al mandato presidencial de cinco años con una sola reelección, dejando abierta la puerta a una estancia indefinida del poder constitucional en una reforma política que tiende hacia la consolidación de una figura, Xi Jinping, y un grupo político, en el marco de la construcción del sueño chino y su objetivo del gran reposicionamiento de la nación china, a través del logro de un país rico y poderoso que concrete tanto la revitalización de la nación y la felicidad del pueblo como fin último (Vanguardia Dossier Num.70, septiembre, 2018) .

El resultado de esta reforma, que se realiza desde la óptica de la reconstrucción del poder político, logra en los hechos la más alta concentración de poder en la figura del presidente Xi, quien a partir de marzo de 2018 quedó como el nuevo Emperador en Vida de China, al concentrar las siguientes atribuciones legales y simbólicas:

1.-Secretario General del Partido Comunista Chino

2.- Presidente de su Comisión Militar Central

3.- Presidente del Gobierno chino

4.- Núcleo del Partido

5.- Ling Xin, líder máximo

6.- Zuingao Tonge Huai, Comandante Supremo

7.- Dang Zhong Yang, Centro del Partido

La Reforma jurídica de 2018, por la profundidad de sus cambios y el impacto de sus consecuencias en las formas de construcción del poder chino, es un tema que requiere de una mayor investigación. Dentro de China, la Reforma sigue siendo parte de una reflexión profunda que advierte del regreso de un poder que se inspira en el espejo milenario de un neo confucianismo, que a pesar de sus detractores, sigue vigente en las formas de su política y en la cultura de un pueblo chino del siglo XXI, que busca su modernización con características propias.

De un poder que en base a sus expresiones, sigue prefiriendo el orden a la libertad social, la ética y la moralidad sobre la ley y el totalitarismo político meritocratico (mandarinazgo confuciano) respecto a la democracia. Cambios que Occidente no logra traducirlos adecuadamente, a la luz de un pensamiento y una metodología únicos que desconocen o que niegan la presencia de otras formas políticas más allá de su propia verdad.

La reconstrucción del poder en China a través de su reforma constitucional de 2018 es un tema de la mayor profundidad que no admite opiniones fáciles ni la aplicación inmediata de absolutos en ningún sentido. Por ello la trascendencia de sus consecuencias dentro y fuera de China deberán observarse detenidamente, con el mayor cuidado, a lo largo de los próximos años.

Para los efectos de este estudio únicamente debe señalarse que la construcción de una figura presidencial poderosa, monolítica y central en la persona de Xi Jinping, debe verse como una de las tres estrategias centrales que ha adoptado China en la búsqueda de sus objetivos de largo plazo, frente a una democracia occidental en crisis y falta de rumbo. En materia política, un poder central sin dudas, en remedo a una herencia totalitaria, con características asiáticas, a través del cual intenta tanto mostrar su supremacía ontológica como su eficacia económica, respecto a un institucionalismo económico occidental que sigue sin resolver su dicotomía Estado-Mercado.

Asimismo, como parte de esta visión estratégica integral de China, la concentración del poder político podría entenderse como un complemento indispensable que facilite tanto el posicionamiento de un OBOR planeado a 20 o 30 años y un Made in China con metas a 2025, 2035 y 2049, las cuales la visión china estima más fáciles de alcanzar, a través de un poder político sólido, estable y permanente, que acompañe y apoye las medidas a lo largo de la primera mitad de siglo.

La reforma jurídica del poder, como la estrategia OBOR y la reforma económica de la conversión de los servicios, tendrán que transitar, desde luego, por la prueba ineludible de sus resultados y su permanencia en el tiempo.

V. Consideraciones finales

La oferta china de asociación informal lanzada al mundo y de manera particular al continente asiático, bajo el acrónimo OBOR (One Belt One Road), rompe con los paradigmas regionales establecidos a partir de la posguerra, y por su dimensión y posibles implicaciones, plantea el punto de partida de un nuevo orden global económico y político de características asiáticas en lo general y chinas en lo particular.

Su instalación se explica en el fenómeno geopolítico evidenciado a principios de siglo, de una China y un Asia del Este en ascenso, y un declinamiento occidental mostrado por los principales países europeos y los Estados Unidos.

De igual modo, la oferta OBOR se enmarca en el relanzamiento del proyecto económico y político de China (Segunda Apertura y Reforma), que de una política mesurada y tolerante respecto a su papel en el orden global establecido por Occidente (política Deng), a través del OBOR pasa a encabezar un papel más activo, el cual intenta en su inauguración enarbolar nuevas banderas para una globalización con características chinas (política Xi).

En ese sentido, “El OBOR va más allá del sistema mundial de comercio en la implementación de objetivos de mecanismos y de principios, al propio tiempo que es una exploración de un nuevo modelo de cooperación y gobernanza global, que busca no solo desarrollo y prosperidad de la economía mundial, sino que también propone un más justo y razonable sistema de gobernanza global” (Xixia, 2018).

Bajo esta perspectiva, las posibilidades del análisis de OBOR se expanden y se multiplican geométricamente, dificultando su explicación, la cual oscila desde una nueva propuesta de comercio regional, hasta la posibilidad de convertirse en una estrategia geopolítica y geoeconómica de dimensiones insospechadas, que podría tener como objetivo último el reposicionamiento de China como líder hegemónico a mitad de siglo. Asimismo, dentro de este último objetivo, podría incluirse la recuperación cultural y civilizatoria de un orientalismo siempre presente, que quedó relegado en los últimos dos siglos (pequeño paréntesis de Huntington) ante el avasallamiento occidental de las otroras potencias asiáticas como China, India, Japón, etc.

A cinco años de su lanzamiento, el OBOR transita también entre una megatendencia geopolítica y un mecanismo amorfo en construcción, el cual no acaba de definirse en estructura, contenido y rumbo. De igual modo, sus relatorías actuales se dividen entre el festinamiento de un nuevo orden global económico y político, como de un esquema de inversión de alto riesgo, ubicado en un marco geopolítico asiático temeroso y retraído.

Las interpretaciones de OBOR tenderán a ser más objetivas en la medida que avance su conformación jurídica, económica y política, las cuales permitan establecer sus verdaderas fronteras y posibilidades.

No obstante, dado los números que involucra en términos de países (70), PIB mundial (52%), población mundial (70%) ,reservas de gas y petróleo globales (75%), etc. sus primeras explicaciones no admiten el reduccionismo. En ese sentido y más allá del grado de éxito de sus metas, el esquema OBOR tendría que situarse como la punta de lanza de una Segunda Reforma y Apertura china hacia el Oeste, como un movimiento estratégico de complementación respecto a su primera Reforma y Apertura hacia el Pacífico de 1978, la cual a la fecha se presenta agotada, no para sostener un desarrollo económico moderado de China, sino para darle ese impulso final a un proyecto asiático que a diferencia de los setenta, ahora busca el liderazgo de un nuevo orden global con características chinas.

En la lógica de este planteamiento, la Segunda Reforma no puede verse únicamente a través del OBOR, sino que por su importancia y valor estratégico, deben ser incluidas en este impulso tanto la Reforma Económica encabezada por el programa Made in China 2025, así como la Reforma de su Poder Político, operada en 2017/2018 por medio de su Reforma Jurídica Constitucional.

Estas tres reformas, cada una en el marco de su competencia, son ahora parte fundamental del nuevo proyecto chino del siglo XXI, con las cuales está apostando a su liderazgo hegemónico para mitad de siglo.

Dentro de un desorden global y un mundo en transformación, la propuesta China aparece como una opción articulada, en espera de una mejor respuesta e interpretación de la parte occidental y países periféricos.

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[1] El autor seguirá de manera preferente a lo largo de este ensayo la apelación OBOR, en el marco de una lluvia de expresiones sobre el tema.

[2] Decía Séneca “Estos trajes de seda son adquiridos a un enorme precio a pueblos que no son conocidos por su comercio: solo para que nuestras mujeres dejen ver de ellas tanto en público como a los adúlteros en el dormitorio” (Höllmann, 2015).

[3] Sin llegar a Occidente, muere en el año de 323 a.C. en Babilonia.

[4] Del que dice Morris que fue uno de los momentos decisivos de la historia del mundo, en el que el dominio de Occidente sobre Oriente se hizo posible (Morris, 2014, p.480). Para Crespo, este momento se refiere al descubrimiento de América (Crespo, 2012, p.25).

[5] La obra de Said no ha estado exenta de un amplio debate y crítica, tanto de Oriente como de Occidente , entre otras: que adopta un determinismo Foucaultiano que limita la obra; que no le da crédito debido a sus predecesores como Anouar Abdel-Malek y Abdul Latif Tibawi, entre otros; que cae en las mismas falacias totalitarias que critica; que carece de un método historiográfico ; que cae en contradicciones epistemológicas ; que deja de tomar en cuenta importantes textos orientalistas ; que su obra tiene rasgos antisemitas, etc. (Hallaq,2018,p.7). Temas relevantes que se antojan imprescindibles en el análisis de una producción cultural que abarca a las civilizaciones más vastas del mundo.

[6] La idea de Asia como continente es apenas del siglo XX. Pero su nombre se adjudica a Herodoto, del nombre de una ninfa hija de Océano y Tetis, entre otras interpretaciones.

[7] Sobre el tema Mahbubani aporta recientemente la idea de “Una gran convergencia”, a través de la cual explica el cambio masivo que se está experimentando globalmente. Que desde el inicio de la historia humana, el hombre ha vivido en diferentes comunidades y tribus y en diferentes culturas y civilizaciones. Ahora, las fuerzas motivadas por la globalización están creando una nueva civilización global. Que hasta hace poco, los temas Norte-Sur- Desarrollados-No desarrollados fueron los términos usados. Que ahora estos términos aparecen como irrelevantes. Que la convergencia del crecimiento de los ingresos debe ser la historia de nuestro tiempo. Que en los siglos XIX y XX la historia eran los ingresos divergentes. Que en esa época los ingresos de Occidente tuvieron una gran ventaja sobre el resto de la humanidad. Que ahora esto está cambiando rápidamente. Que esto es inevitable y deseable. Que Occidente no está perdiendo poder. Que solo lo está compartiendo (Mahbubani, 2013, p.p. 1-11).

[8] “Observar y analizar con calma, asegurar nuestra posición, hacer frente a los asuntos con tranquilidad, ocultar nuestras capacidades y esperar el momento oportuno, ser bueno en mantener un perfil bajo, nunca liderar la reivindicación, llevar a cabo operaciones de carácter modesto” La estrategia de los 28 caracteres, pronunciada por Deng Xiaoping a principios de 1990, poco después de la masacre Tiananmen, para hacer frente a los cambios. En Cardenal, Araújo, 2011.

[9] En octubre de 2018 India firma un acuerdo de compra de armas ( sistemas antiaéreos S-400) con Rusia por la cantidad de 5 mil millones de dólares , a pesar de la prohibición establecida por Estados Unidos, siguiendo los pasos que China había dado en el mismo sentido semanas antes, poniendo a prueba la tolerancia y su relación estratégica con USA.

[10] Al respecto comentaba Geoffrey Kemp en 2010 sobre la incertidumbre del papel de China en la importante región de Asia Central y Asia Menor, dada su gran riqueza de hidrocarburos, que su enorme distancia geográfica con la zona tenía que resolverla. Que si su vía marítima la expandía por el Océano Índico y hacia nuevas vías terrestres de comunicación que transitaran por A.C. y Pakistán, podría convertirse en un jugador estratégico de Asia Menor y el Golfo Pérsico (Kemp, 2010, p.p.1-6). Como se aprecia a través de la estrategia OBOR, parece que China ha seguido la recomendación.

[11] En 2005 aprueba el Programa Nacional para el Desarrollo Científico y Tecnológico de mediano y largo plazo (2006-2020).Y desde 1978, la ciencia y tecnología han sido una prioridad para China.

A estúpida lentidão da história Valerio Arcady

Mais uma vez há uma controvérsia séria sobre qual é o maior problema do mundo. A extrema direita, nos países centrais foca na defesa da “civilização ocidental” ou na imigração, e nos periféricos na corrupção ou na criminalidade. Liberais defendem a globalização, ou seja, a livre circulação de capitais e mercadorias. Para muitos o aquecimento global é a pauta. Outros priorizam o perigo da ofensiva de Trump contra a China, ou a iminência de uma nova crise econômica, ou a crise das democracias. Para muitos outros é a pobreza. Alguns, um pouco mais lúcidos, defendem a luta contra desigualdade social.

A ideia é que se não há prioridade, tudo é prioritário, logo não há prioridades. Parece um argumento razoável, mas não é. A premissa oculta é que o mundo é como é, e vai continuar sendo. A proposta é regular, gradualmente, o capitalismo. Ideia, argumento, premissa e proposta são falsos. Escondem a conclusão ideológica: o capitalismo seria imortal, perpétuo, insuperável, invencível.

Não são poucos, inclusive, na esquerda moderada, que argumentam, ingenuamente, que a luta contra a pobreza deve ser a prioridade absoluta. A oposição do combate pela erradicação da pobreza à luta contra a desigualdade social é, todavia, mais do que um erro.

Porque o fim da miséria, ou o controle das emissões de gases do efeito estufa, ou a luta pelo desarmamento mundial, ou a resposta ao perigo da estagnação econômica e o desemprego, ou a paz mundial, ou qualquer outra, não são um problema “técnico”. Claro que exigem soluções técnicas.

Mas é uma ilusão perigosa pensar que a união de líderes razoáveis e de boa vontade, sejam de esquerda ou de direita, em torno de um plano perfeito, primoroso, magistral, seria a solução. Não há plano consensual, indolor, técnico que possa reformar o capitalismo no início do século XXI. A época das reformas ficou para trás. O capitalismo já esgotou as possibilidades históricas de autorregulação, e entrou na época de decadência.

Só a “estúpida lentidão” da história explica a sua permanência. A lentidão se explica por dois fatores. O primeiro é que nunca existiu na história uma classe dominante tão poderosa como os capitalistas. O segundo é a imaturidade objetiva e subjetiva dos sujeitos sociais que têm interesses anticapitalistas: os trabalhadores e os oprimidos. Uma classe explorada, economicamente, oprimida, socialmente, e dominada, politicamente, vive uma tríplice condição de repressão. Não parece difícil de compreender que não seria nem simples, nem fácil. A estupidez é uma forma de qualificar a irracionalidade cruel do processo.

Os dramas contemporâneos são questões centrais de estratégia política. A questão é quem controla o poder, ao serviço de que interesses e contra quais interesses. Na estratégia duas questões são essenciais. Saber contra quem lutamos, e quais são as forças sociais que devemos mobilizar para vencer. Não são os pobres os responsáveis pela pobreza, mas o capitalismo. Não são os desempregados, supostamente, pessoas despreparadas para as necessidades do mercado, os responsáveis pelo seu desemprego, mas o capitalismo. Não são os motoristas de automóvel os responsáveis pelo aquecimento global, assim como não são os que tomam banho os responsáveis pela escassez crescente de água potável. Só uma estratégia socialista, portanto, revolucionária, pode proteger a civilização da fúria da ganância e avareza capitalista.

Se há tanta pobreza no Brasil e no mundo sob o capitalismo, é porque ela é funcional. Duzentos anos nos separam do início da revolução industrial. Se o capitalismo fosse capaz de acabar com a pobreza, já teve muito tempo para fazê-lo. Ser funcional significa que não é possível a concentração de riqueza, sem aumento da pobreza e da desigualdade.

Os defensores do capitalismo têm dois argumentos. O primeiro é que a desigualdade social não é um mal em si. Ao contrário, ela seria natural, portanto, irreversível. Mais importante, todavia, ela seria um incentivo para o desenvolvimento econômico. O segundo é que será somente uma questão de mais tempo para diminuir a pobreza. Enquanto isso, ela pode ser mitigada através de políticas focadas de distribuição de renda, e aumento da escolaridade da nova geração.

Ambos estes argumentos são ideológicos e falsos. A pobreza extrema de uma parcela da sociedade é inexplicável, se desconhecermos a extrema riqueza do número crescente de bilionários. Ela é menor nos países centrais do que nos periféricos porque a ordem mundial é imperialista.

Mas mesmo nos países centrais ela não para de crescer nos últimos trinta anos. Políticas públicas emergenciais de distribuição de renda são, exatamente, isso: emergenciais. Só o direito ao trabalho oferece uma saída digna, mas o capitalismo do século XXI entende o pleno emprego como um problema. Ele altera a relação social de forças, porque estimula a indisciplina reivindicativa sindical dos trabalhadores, pressiona a elevação dos salários, e causa desestabilização política.

Em segundo lugar a desigualdade social não é nem natural, e nem irreversível. Ela é uma consequência do capitalismo. Ser de esquerda não é defender que as pessoas são iguais. Não são. Mas devemos ter direitos iguais. Se somos diferentes, por quê? Sim, temos habilidades diferentes. O que prevalece na condição humana é, felizmente, a diversidade. Temos talentos variados que se complementam, e se compensam. Isso é enriquecedor.

O mais importante, contudo, é compreender que as diferenças sociais que fragmentam a sociedade em classes não repousam nas diferentes capacidades dos indivíduos. Essa idealização da meritocracia é um veneno ideológico para tentar justificar o absurdo. Os talentos estão distribuídos em todas as classes sociais. Mas como os filhos da maioria do povo têm menos oportunidades, milhares e milhares de jovens com aptidões excepcionais têm os destinos de suas vidas, tragicamente, sacrificadas. A aposta socialista é que uma sociedade socialista permitiria o pleno desenvolvimento das capacidades de todos. Nosso coletivismo se inspira na solidariedade para favorecer a autonomia dos indivíduos, não a sua anulação.

A aposta socialista não se deixa seduzir, tampouco, pelo mito de um progresso a qualquer preço. Assim como deve haver regulação social da riqueza, deve haver limites políticos na exploração da natureza. O perigo de um apocalipse ambiental provocado pelo aquecimento global sinaliza até onde pode ir a loucura da voracidade capitalista.

Reacionários defendem que o socialismo seria a tirania da chatice, da caretice, do tédio e, no limite, a destruição da liberdade. Para um reacionário, liberdade e igualdade são valores incompatíveis. Ou uma, ou outra. Porque o direito à liberdade seria o direito de lutar pelo enriquecimento, a propriedade privada, a herança. São entusiastas furiosos da ambição e da cobiça, são devorados pela fantasia da avidez: de sucesso, de fortuna, de glória, de poder. Estão convencidos que a luta pela igualdade social seria incompatível com a busca da felicidade pessoal.

Nós respondemos que a luta pela felicidade pessoal é justa. Mas deve haver limites. Ninguém pode ser feliz sozinho. Ambição sem limites degenera em ganância, em abuso, em transgressão sobre os direitos dos outros. Todos temos desejos e isso é legítimo. Não é admissível, contudo, que a felicidade de um seja feita ao custo do martírio de muitos. Não é aceitável que a liberdade incondicional de poucos legitime a tirania da maioria.

Sempre que pensamos na solução de um problema devemos considerar quem são os inimigos, e qual é a base social na qual podemos nos apoiar para confrontá-los. Se quisermos, portanto, seriamente, erradicá-la, teremos que lutar. Mas é mais do que claro que só é possível acabar com a pobreza, se derrotarmos o capitalismo. Essa luta só pode ser vitoriosa com a unidade dos trabalhadores. Eles parecem invisíveis, socialmente. Mas a eles pertence o futuro. Se quisermos, de verdade, merecer um futuro.

El estado desarrollador: lecciones a considerar para el nuevo proyecto nacional Mauricio De María

México se debate en cuanto al modelo económico a seguir para crecer más rápidamente, con mayor equidad, inclusión social y desarrollo sustentable. Todos parecen estar de acuerdo en que hay que mantener una razonable estabilidad macroeconómica en la esfera nacional e internacional; pero que ella no basta para crecer y que se requiere una visión de mediano y largo plazo y un proceso de desarrollo sostenido a lo largo de dos o tres décadas como lo hicimos en entre los 40s y los 70s. La pregunta crucial es el cómo, con qué instituciones, prioridades, recursos políticas e instrumentos.

Muchos economistas políticos hemos planteado durante los últimos sexenios, desde la academia, pero también desde la experiencia acumulada de gobierno, nuestras razones para no seguir con el modelo adoptado desde hace 35 años de crecimiento mediocre y estancamiento estabilizador, mala distribución del ingreso, una apertura frívola e indiscriminada al exterior, y una evolución productiva, impulsada en gran medida por salarios bajos, exportaciones con bajo valor agregado nacional, empresas de mayoría de capital extranjero y tecnología importada; lamentamos la exclusión social característica del modelo y el terrible daño que la violencia , la inseguridad, la corrupción y la falta de un estado de derecho han tenido sobre los ciudadanos y los inversionistas.

El Centro Tepoztlán Víctor Urquidi AC., el grupo Nuevo Curso de Desarrollo de la UNAM, el IDIC y otros grupos progresistas de reflexión y diálogo hemos planteado a partir de esa problemática propuestas convergentes de rutas a seguir. AMLO también reconoció estos problemas desde hace algunos años, durante su campaña y en sus primeros enunciados de gobierno enmarcados en la 4T.

Sin embargo, a 7 meses de haberse iniciado el nuevo gobierno, muchas incógnitas permanecen y diversas medidas adoptadas hasta ahora nos preocupan porque no garantizan el crecimiento deseable. No se trata de una resistencia al cambio, al fin de los privilegios y del dispendio. Estamos convencidos de que urge a México combatir la corrupción y la inseguridad de fondo. Quisiéramos contribuir a que México sea una nación más próspera y más justa. Pero advertimos que México tiene que hacerlo con un nuevo modelo de desarrollo que no observamos todavía en el horizonte mientras el tiempo se nos cuela entre los dedos.

Durante el último año un grupo de 6 economistas con experiencia académica y de gobierno- convocados por José Romero y Julen Beresaluce de El Colegio de México- nos abocamos a examinar las experiencias exitosas de largo plazo de 6 países destacados en sus procesos nacionales de crecimiento sostenido entre el siglo XIX y la hora actual: Alemania, Japón, China, Corea del Sur, Finlandia y Vietnam. Individualmente y en conjunto examinamos las razones de su éxito, buscando llegar a algunas conclusiones significativas aleccionadoras.

Los resultados los exponemos en nuestro libro de reciente publicación por El Colegio de México: “Estado Desarrollador. Casos exitosos y lecciones para México. El punto de partida tiene que ver mucho con valores, instituciones y la voluntad sostenida y creativa de sociedades por emprender un desarrollo a largo plazo y estar dispuestos a construir economías de mayor bienestar y realizar los sacrificios necesarios.

Como lo señalamos en la contraportada de nuestro libro, “la búsqueda de constituirse en un país próspero ha surgido muchas veces desde las cenizas de la destrucción, de la humillación nacional y de la condena a la desdicha eterna. En algunos momentos de la historia los países decidieron no resignarse a sus condiciones de pobreza” o aspiraron a un crecimiento mayor compartido para construir futuros sustentables.

Bajo la dirección de un estado fuerte, con la colaboración de empresarios nacionalistas e innovadores, trabajadores crecientemente capacitados y una burocracia profesional y comprometida, coordinaron un esfuerzo colectivo para realizar profundas transformaciones institucionales, productivas y tecnológicas y en última instancia sociales.

Las experiencias de los 6 países son muy diversas en el tiempo y el espacio.

El capítulo de José Romero muestra que el llamado modelo asiático parte de un capitalismo administrado de raíz prusiana en Alemania, que en pocos años logró en el siglo XIX organizar a un grupo de reinos y ciudades militarmente ocupados en un imperio capaz de rivalizar económica y militarmente con Gran Bretaña. Examina el papel crucial de la política comercial, la banca universal y los cárteles en su desarrollo. ”Destaca la presencia de un estado fuerte y legítimo, que puede adoptar la forma de imperio, dictadura militar, estado comunista, etc.”… pero que, “no importa la forma que adopte el estado, se legitime por su historia y por sus resultados”.

El Japón analizado por Suárez Dávila es el de un estado desarrollador que, después de sus primeros pasos para superar la Gran Depresión y de coordinar el esfuerzo bélico, se empeña en la segunda mitad de los 40s en la reconstrucción con un proceso de industrialización planificada, liderado por un estado intervencionista -no socialista- encarnado en el poderoso Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI). Promueve el desarrollo de la infraestructura y de sectores prioritarios manufactureros en los que la empresa primero importe, luego asimile y adapte y más tarde innove la tecnología extranjera e incursione en las fronteras del conocimiento.

Beresaluce examina cómo Corea del Sur, con una filosofía confuciana y un fuerte presidente militar, Park, recrea el modelo japonés y asigna un enorme esfuerzo a la educación, la capacitación obrera y la formación de una burocracia meritocrática, que permiten desarrollar ramas industriales clave, con la participación activa de empresarios innovadores y una reforma financiera que imprime una visión de largo plazo y a la vez exige rendición de cuentas.

China es un país grande y singular donde a partir de la revolución ideológica de Mao, surge con Deng Xiao-Ping un nuevo estado desarrollista que, aprovechando su vasto mercado interno ,abre sus puertas selectivamente a la Inversión y la tecnología extranjera directa, pero asegura, con visión de largo plazo, un proceso de alto crecimiento sostenido del ahorro, la inversión nacional, la producción y las exportaciones, la formación técnica y el aprendizaje creativo, que fortalece sistemáticamente la capacidad propia pública empresarial y más tarde la privada- manteniendo siempre un fuerte respaldo del estado. Oropeza atribuye en su ensayo un peso muy significativo al confucianismo y a la cultura china, que facilitan la disciplina y el poderoso rol del Partido Comunista.

Muy diferente el caso de Finlandia, país pequeño, muy preocupado por su soberanía y neutralidad, como vecino de Rusia, que busca siempre a través de un estado fuerte democrático y la política educativa, industrial y tecnológica aprovechar su posición geoestratégica y desarrollar sectores de avanzada que le den una ventaja comparativa . Lan Arthur Viianto, analiza bien las posibilidades bien administradas de un país pequeño frente a un vecino muy poderoso y la globalidad.

Finalmente, mi ensayo examina el rápido crecimiento de Vietnam, que huyendo de la dependencia externa y las cenizas de las guerras con invasores extranjeros, logra mantener una elevada cohesión nacional y emprende, a partir del DOI-MOI de 1986 , un proceso sostenido “a la china” de crecimiento productivo -basado en una política muy activa de desarrollo de su mercado interno, empleo y exportaciones crecientes de empresas extranjeras- que le permite alcanzar durante los últimos 25 años la 2ª tasa más alta de crecimiento del PIB (7.2% anual) después de China– con niveles razonables de equidad. Las políticas educativa, fiscal, financiera y de desarrollo productivo y regional han sido claves.

En conclusión, siguiendo las lecciones de los 6 países, se propondría revertir, “a la mexicana” con visión de corto y largo plazo, el modelo heredado de estancamiento estabilizador y desarrollo desigual; dar mayor prioridad a la producción y a la innovación sobre lo especulativo y financiero y a la inversión sobre el gasto corriente –doblar la inversión pública y privada- para llegar a tasas del 30 % del PIB (China invierte el 50%, India el 40%), utilizando de manera contra-cíclica los recursos parafiscales que puedan obtenerse mediante emisiones de bonos de la banca de desarrollo; realizar oportunamente reformas fiscales de fondo para contar con mayores recursos presupuestales y canalizarlos mejor hacia la infraestructura; la educación de calidad y la salud; el impulso a las políticas industriales y regionales de fomento, el desarrollo tecnológico propio, la protección del medio ambiente, la inclusión social y el combate a la inseguridad y la corrupción.

O que é uma análise de conjuntura? Valerio Arcady

Encobrir o erro é errar outra vez. Os erros pagam-se caro.                                Sabedoria popular portuguesa

O segredo para se andar sobre as águas é saber onde estão as pedras.   Sabedoria popular chinesa

Nos ambientes militantes me perguntam, às vezes, o que é e como se faz análise de conjuntura. Bom, não existe manual incontroverso. Aprender a pensar é um exercício lógico. Análise de conjuntura é um tipo de investigação interdisciplinar difícil. Parece que é algo parecido com tocar violão. Não é complicado tocar mal. Aprende-se fácil e, até rapidamente, alguns acordes.

Mas dizem os musicistas que é um dos instrumentos mais complicados de tocar bem. Além da lógica, ela pede a economia, a sociologia, a história, a política e outras, como análise de discurso, direito, psicologia social etc. Mas eu não gosto de desestimular. Então, recomendo algumas regras básicas:

1-O tempo é uma medida objetiva. O espaço, também. Quais são os limites da análise? Qual é o seu objeto de estudo? Decida com clareza. Não é sério falar sobre qualquer coisa, aleatoriamente. Uma análise da última semana é diferente da análise do último mês. Nem falar do último semestre. Se for além, já não é análise de conjuntura, é análise da situação, ou até da etapa.

A análise pode ser restrita à realidade de uma cidade, por exemplo. Mas pode ser uma avaliação da situação nacional. Pode querer considerar o contexto internacional. Por exemplo, as eleições presidenciais encerraram uma grande batalha. Mudou a conjuntura, evidentemente. Mudou, também, a situação ou não? Uma boa análise deve saber se colocar as perguntas certas.

2-Segundo é preciso saber conferir as fontes da investigação. Desconfie. A busca da credibilidade exige muito trabalho. Marxismo deve ser boa ciência. Uma análise marxista deve ter critérios incontroversos. Estamos sendo bombardeados por informações falsas o tempo todo. Honestidade intelectual é uma questão de honra. A sua palavra deve valer muito para você mesmo. Isso significa que construir uma interpretação dos acontecimentos exige o máximo de rigor para não ser contaminado pela incerteza dos dados. É preciso conferir as informações. Mais de uma vez. Lembre-se que a confiança dos outros na sua palavra não tem preço. É a sua reputação.

3-Em terceiro lugar, uma boa análise não deve estar enviesada por valores ideológicos que vêm de contrabando pela pressão dos inimigos de classe, do senso comum, dos ambientes em que circulamos. E, não menos perigosas, pelas pressões das nossas preferências. A interpretação da realidade não é instrumental. Não vale tudo para ganhar debates de ideias. Análises sérias não podem apenas referendar nosso desejo. Este erro é fatal.

4-Análises sérias exigem um esforço rigoroso de abstração. A cabeça acompanha a pressão do chão que os pés pisam. A experiência pessoal de cada um de nós é valiosa, mas é parcial. Sempre é muito limitada. Os ambientes sociais em que circulamos são restritos. Generalizar para escala de um país, ainda por cima continental, a percepção que podemos ter de uma categoria de trabalhadores, de um movimento social, ou de uma cidade é perigosíssimo. Abstrações e generalizações rápidas conduzem, inevitavelmente, ao erro. Aprenda a não confiar somente na sua intuição. Aceite a dúvida como uma boa companheira.