Una izquierda que se autoengaña, Alvaro Rivera Larios, 15 de septiembre de 2020

Tengan por seguro que detrás de un nayiliber es altamente probable que encontremos a un antiguo seguidor del FMLN

Burlarse de la violencia verbal y las faltas de ortografía que a diario perpetran los más humildes simpatizantes de Nayib Bukele se ha vuelto un lugar común incluso entre aquellos y aquellas que desean presumir de inteligencia, aunque no la tengan.Más allá de la burla barata y huérfana de lucidez, habría que explicar el fenómeno del nayiliber: su simpleza mental, su violencia verbal, su clara carencia del dominio de la lengua escrita no son obra tan solo de Bukele, son una manifestación del fracaso de nuestro sistema educativo y, al mismo tiempo, un síntoma de las carencias de nuestra cultura política.Tengan por seguro que detrás de un nayiliber es altamente probable que encontremos a un antiguo seguidor del FMLN. No más recuerden que Bukele le sustrajo casi un millón de votantes al Frente.

Detrás de un nayiliber posiblemente descubramos el fracaso de la pedagogía política de quien otrora fue el partido insignia de la izquierda salvadoreña.Pero dejemos que los bobos se burlen de los bobos y vayamos a lo que importa: Bukele, de alguna manera, le sirve como autoengaño a lo que resta de una izquierda desconcertada y con la bandera roja hecha jirones. Una izquierda que, a falta de liderazgo, proyecto y credibilidad, se ha reconvertido en defensora de “la democracia” frente a la gran amenaza dictatorial que supone el líder de la gorra de béisbol.

No voy a subestimar esa posible amenaza, pero no voy a ignorar tampoco que detrás de esa izquierda reconvertida en defensora de la democracia hay fuerzas políticas e intelectuales que han sido incapaces de reflexionar sobre el tremendo fracaso de esa plataforma política que fue el FMLN.Mientras esa reflexión no exista y no se extraigan conclusiones políticas radicales de ella, permitan que dude de esas declaraciones de amor a una democracia amenazada.

Mientras esa reflexión no exista y no se extraigan conclusiones trascendentes de ella, lo único que tendremos es un cambio de retórica, un simple anzuelo verbal para recuperar votantes perdidos.

Encuesta UFG confirma a Nuevas Ideas como primera fuerza en solitario (El Faro)

El 48 % de los consultados en una encuesta del Centro de Estudios Ciudadanos (CEC) respondió que si las elecciones legislativas “fueran este domingo”, votarían por Nuevas Ideas. A cinco meses para los comicios, el resto de partidos la tienen cuesta arriba. Un 4.3% dijo que votaría por Arena y solo el 3.3% por el FMLN. El PCN apenas logra el 1.1%, mientras que el PDC y los nuevos en contienda (Nuestro Tiempo y Vamos) quedan por debajo del 1% en las preferencias.

La encuesta del Centro de Estudios Ciudadanos (CEC) de la Universidad Francisco Gavidia revela que el partido Nuevas Ideas, impulsado por el presidente Nayib Bukele y dirigido por sus familiares y funcionarios, lidera las intenciones de voto para los comicios legislativos de 2021 con el 48 % de las preferencias.

Presentada el lunes 14, esta es la primera encuesta pre-electoral del CEC y recoge las opiniones de 1,305 personas entrevistadas a nivel nacional entre el 2 y el 6 de septiembre de 2020. Según la ficha técnica, tiene un error muestral de 2.5 % y un nivel de confianza del 95 %.

El 48 % de los consultados dijo que si las elecciones legislativas “fueran este domingo”, votarían por Nuevas Ideas. La diferencia con el resto de partidos es abrumadora. El principal colista, con 6.1 % de preferencias, es Gana, el partido de derechas formado por diputados tránsfugas de Arena y devenido en aliado del partido de izquierdas FMLN en los 10 años que este gobernó el país. 

A cinco meses para los comicios, el panorama para la oposición es cuesta arriba. Un 4.3 % dijo que votaría por Arena, mientras que un 3.3 % por el FMLN. El PCN apenas logra el 1.1 %, mientras que el PDC, la figura de «independientes» y los nuevos partidos en contienda  (Nuestro Tiempo y Vamos) quedan por debajo del 1 % en las preferencias. El 17.8 % no contestó o no respondió, el 13 % dijo que no iría a votar y el 3.8 % dijo que anularía su voto. 

En la misma encuesta, sin embargo, hay un virtual empate entre quienes opinan que la nueva Asamblea debe estar equilibrada y aquellos que prefieren una legislatura a favor de Bukele. El 47.4 % opinó que debería haber una mayoría que respalde al gobierno, mientras que un 46.2 % dice que el equilibrio sería lo más conveniente para el país.

A nivel de alcaldías, la diferencia entre Nuevas Ideas y sus adversarios se mantiene, aunque Arena, que controla la mayoría de las 262 municipalidades del país, muestra un leve despunte. El 45.7 % votaría por Nuevas Ideas; el 9.3 % por Arena; 6.9 % por Gana y 5.9 % por el FMLN. Del resto de partidos, solo el PCN supera el 1 % en intención de voto. 

A nivel nacional, el 76.38 % respondió que irá a votar; el 12.71 % no está “muy seguro”; el 9.11 % dice que no irá a votar y el 1.80 % no sabe o no responde.

La encuesta del CEC no desentona con las mediciones de otras casas encuestadoras que ya señalaban a Nuevas Ideas como el favorito en las preferencias. En febrero 2020, LPG Datos de La Prensa Gráfica reveló que el 39.7 % votaría por Nuevas Ideas y un 57 % preferiría una Asamblea con más diputados del Gobierno. 

Según el último sondeo del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la UCA, un 30 % de personas simpatizan con Nuevas Ideas. El resto de banderas del espectro político se reparten el 10 % y  solo aparecen nombradas -26 puntos abajo- las del FMLN (3.8 %) y de Arena (3.5 %). En esta otra encuesta, realizada a seis meses de la contienda, la mayoría de las personas encuestadas (59.7 %) dijo que no tenía un partido político preferido.

Óscar Picardo Joao, director del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación (ICTI-UFG) plantea que los resultados de la encuesta podrían explicarse gracias a una atmósfera configurada por varios factores, entre los que destaca una especie de «resentimiento social» contra los partidos políticos tradicionales y sus episodios de corrupción y a la capitalización de ese resentimiento hecho por el presidente Nayib Bukele, «que se ha presentado como una especie de salvador de esta situación».

Picardo Joao también señala que «el reparto de la ayuda (durante la cuarentena) también genera un efecto de Gobierno cercano a la gente, cosa que otros gobiernos en el pasado en otras crisis no lograron. Este gobierno hizo esa apuesta».

¿Se viene una aplanadora cian?

El Centro de Estudios Ciudadanos, fuera de la encuesta, hizo proyecciones a partir de los resultados y proyectó que que de mantenerse esta tendencia la alianza Nuevas Ideas-Gana alcanzaría 70 diputados. Ese dato, celebrado por dichos partidos y algunos de sus principales candidatos, ha sido cuestionado por expertos.

Jeannete Aguilar, quien dirigió el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (Iudop), sostiene que se necesitan mediciones más certeras por departamento para encontrar mejores aproximaciones. “Ninguna encuesta con una muestra nacional como esta (sin una sobre muestra en la mayoría de departamentos), puede hacer interpretación del comportamiento departamental, porque los márgenes de error son elevados”, señaló en su cuenta oficial de Twitter. 

Edwin Segura, editor jefe de LPG, también cuestiona esa proyección dado que el margen de error en muestras tan reducidas por departamente es enorme. «Cada vez que yo hago un cruce reduzco el tamaño de la muestra. Por lo que pude ver ahí, hay departamentos en el que tienen 33 entrevistas. El margen de error si yo hago 33 entrevistas es enorme», plantea.

«Desde un punto de vista técnico, ahí hay un error porque no se pueden hacer esos cruces sin tener ciertas precauciones», agrega Segura. «¿De qué precauciones estamos hablando? Una muestra es la representación de un universo y entonces el universo es nacional. Si yo quiero tener datos para un universo más pequeño, lo que tengo que hacer es encuestas departamentales. Incluso en el departamento menos poblado, que puede ser San Vicente o Cabañas, me sentiría cómodo haciendo mínimo 500 encuestas por departamento. No una sobremuestra, como dicen, no, son encuestas locales», plantea.

Óscar Picardo Joao acepta que la proyección no fue parte de la encuesta y resultados, «sino un ejercicio periférico y con muchas limitaciones».

«Hay que tomarlo de una forma muy superficial, no como una verdad. No es un dato sólido, porque el error muestral para esa proyección es muy grande, dice.

Según Picardo Joao, hicieron el ejercicio para poner sobre la mesa lo que podría suceder, y esperan hacer una sobremuestra por departamentos en diciembre para cotejar resultados. «Lo que queríamos proyectar con ese análisis es como una especie de advertencia de lo que puede venir», dice. 

Desde 1985, cuando el Partido Demócrata Cristiano controlado por el entonces presidente José Napoleón Duarte logró la mayoría de escaños del congreso al ganar 33 de 60 posibles, nunca antes se ha vuelto a repetir un escenario en el que el partido de Gobierno la mayoría del legislativo. A aquella gesta se le conoció como “la aplanadora verde”, dada la repartición del poder a un solo partido en el Ejecutivo y el Legislativo. 

La estrategia de los antagonistas

En abril de 2019, dos meses después de su victoria en los comicios presidenciales, Bukele declaró a Nuevas Ideas en campaña y anunció que continuaría con el descrédito contra los partidos tradicionales (Arena y FMLN). Ese fue el tono de su primer mensaje a la nación como presidente electo, realizado a través de Facebook Live. 

Una vez sentado en la silla principal del Ejecutivo, Bukele no ha bajado la confrontación en cada maniobra del Ejecutivo en su relación con el legislativo. Por ahora, Nayib Bukele no cuenta con votos en la Asamblea para impulsar decretos por mayoría simple (43 votos) ni para acceder a créditos vía endeudamiento o definir elecciones de segundo grado (magistrados o fiscal general, por ejemplo) a través de una mayoría calificada (56 votos). 

Las elecciones de 2018 dejaron al partido de derechas, Arena, con el control del legislativo con 37 escaños. El izquierdistas FMLN sufrió ese año la primera debacle electoral al alcanzar apenas 23 diputados, en una de las peores contiendas de su historia democrática. El FMLN, que gobernó los últimos 10 años, es intrascendente en este periodo legislativo, a menos que logre pactar con su eterno rival, como ya ocurrió para definir magistrados a la Corte Suprema de Justicia, al Tribunal Supremo Electoral, Fiscal General, Procurador de Derechos Humanos y magistrados a la Corte de Cuentas. 

Y sin embargo, esta legislatura le ha concedido la mayoría de sus principales apuestas en negociaciones en las que a fuerza de presión mediática y negociaciones a puertas cerradas, Arena ha cedido y ha votado junto al bloque pro Bukele a cambio de beneficios puntuales. Por ejemplo, cuando el Ejecutivo negoció la aprobación del presupuesto 2020, o más reciente: la mayoría de los decretos clave de la emergencia por coronavirus, que le facilitaron al Gobierno restringir la libre circulación, utilizar fondos de emergencia sin los controles de la Ley de Adquisiciones y adquirir créditos hasta por 2,000 millones de dólares.

Gana, el partido que llevó a Bukele  al poder, actualmente cuenta con 10 diputados. Junto a cuatro diputados de Arena (que han sido relegados de esa fracción por sus cercanías con el Gobierno); un puñado de diputados del PCN y el diputado Juan José Martel de Cambio Democrático se queda corto para inclinar balanzas.

Gana es dirigido por el diputado Guillermo Gallegos, sobre quien pesa actualmente un proceso sancionatorio en el Tribunal de Ética Gubernamental por la contratación de un familiar en la Asamblea. Tan solo una raya más en la ficha de Gallegos, que en realidad llegó a compartir trabajo con 11 parientes que han sido contratados en la Asamblea y ha logrado salvarse de una investigación por enriquecimiento ilícito por más de 3 millones de dólares injustificados en su patrimonio. Entre 2014 y 2016 protagonizó la asignación de 550 mil dólares provenientes del presupuesto de la nación a una oenegé fantasma fundada por su esposa, y una segunda asignación de 600 mil dólares a otra asociación fantasma desde donde despachaba una de sus asistentes. 

Para Óscar Picardo Joao, uno de los datos «que más preocupa» es que la medición refleja una «desfiguración» del baremo que utiliza la población para definir a sus candidatos favoritos. «Cuando evaluamos una pareja de candidatos por cada uno de los partidos políticos, incluyendo a personas nuevas sin pasado político, con perfiles técnicos, quien obtuvo una mayor aprobación de la gente fue Guillermo Gallegos», dice.

Detrás de Gana también está Herbert Saca, un oscuro operador político y primo del expresidente Antonio Saca. Sobre este partido, en octubre de 2018, en plena contienda presidencial, Bukele llegó a decir que “puede que haya gente que nos castigue por aliarnos con Gana”, pero ahora hasta van coaligados en siete departamentos para alcanzar escaños legislativos y otro puñado de coaliciones en municipios clave del país.

8.6 de nota en el manejo de la pandemia 

Tras el cierre de fronteras para intentar frenar la pandemia, aplaudido por expertos, el Gobierno tropezó con la instauración  de centros de cuarentena. A medida que avanzó su propuesta de contención, las denuncias por violaciones a los derechos humanos en dichos centros y en la vía pública (por abusos de la fuerza policial y militar) cobraron notoriedad incluso internacional. Más tarde, el colapso en el sistema de salud, denunciado por el gremio médico, evidenció la falta de un verdadero plan. Sin embargo, para los encuestados la gestión de Bukele en la pandemia estuvo bien hecha y fue calificada con un 8.67. 

En el mismo periodo, el nuevo Gobierno se llenó de contrataciones irregulares en la compra de insumos médicos que favorecieron a empresas de funcionarios de Gobierno, de familiares de funcionarios o de políticos afines a Bukele.  Pese a la abundancia de casos, el 52% opina que estos no afectarán a Nuevas Ideas en 2021.

Detrás de buena parte de la gestión de la pandemia y de esas contrataciones estuvo el ministro de Salud, Francisco Alabí. En uno de los casos más llamativos, Alabí contrató por 225 mil dólares a una empresa dirigida por sus familiares para dotar de botas de hule a los médicos. 

Alabí recibió una nota de 8.48 por su manejo de la gestión del sistema de salud durante la COVID 19. 

Para Óscar Picardo Joao, la estrategia mediática, la presencia constante en redes sociales y toda la maquinaria del Ejecutivo disponible a su favor configura «un escenario favorable para su imagen y reputación, que se ha blindado y logra convertir toda la crítica (los casos de corrupción, el 9 de febrero) en una campaña en contra del presidente», dice. 

Una revolución educativa integral Alejandro Benavides 10 de septiembre de 2020

En varios foros, seminarios, encuentros virtuales a nivel nacional y regional que se han realizado a lo largo de los meses de confinamiento producto de la pandemia del Covid-19 se ha podido constatar que las izquierdas a nivel latinoamericano están tratando de analizar el impacto de la pandemia como una oportunidad para poner en el centro de los debates políticos de lo que en algunos lugares se le ha llamado la “nueva normalidad” la necesidad inminente de buscar formas de producción y reproducción alternativas al capitalismo.

La educación no está exenta de este debate. El impacto que está teniendo la educación en El Salvador se verá reflejada en el nivel de deserción escolar. Además de las desigualdades que se van acrecentando por la puesta en marcha de la educación virtual.

Las estadísticas de World Stats indican que a diciembre de 2017, la última fecha de la que hay datos disponibles, el 57.7 % de la población salvadoreña tenía acceso al servicio de Internet a través de diferentes dispositivos y plataformas.

Asimismo, la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de la Dirección General de Estadística y Censos del Ministerio de Economía, asegura que en 2017 un 1.8 millones de salvadoreños tuvieron acceso a Internet. Ese mismo año, 303,815 hogares tenía conexión a Internet, lo que equivale al 16.59 % del total de hogares del país.[1]

Por lo tanto se empieza a acrecentar la desigualdad de las personas que pueden seguir estudiando en modalidad virtual y quiénes no. El Ministerio de educación también puso a disposición guías impresas a un total de 137,000 estudiantes que tengan dificultades de acceso a internet, aunque muy probablemente una buena cantidad de escuelas no hayan podido solicitar las mismas.

Este impacto en el sistema educativo se suma a la poca integralidad de la enseñanza. Los planes educativos gubernamentales en los últimos veinte años se han enfocado en la cobertura pero no en la calidad de la enseñanza. Esto hace que el sistema educativo consuma más recursos pero eso no se vea reflejada en una enseñanza de calidad.

También tenemos el entramado de educación superior que más de la mitad de estudiantes universitarios asisten a universidades privadas, lo cual incrementa el costo para continuar estudios superiores.

Todo esto es muestra que debe haber una transformación en el sistema educativo del país, debemos lograr una revolución educativa integral. Las juventudes y toda la población en general debemos consolidar la búsqueda de una educación integral como una bandera de lucha para tener un país con mejores niveles de desarrollo.

Pero no debemos pensar en una educación al servicio del modo de producción capitalista, esa educación que es más adiestramiento e instrucción para ser mano de obra del capital, sino que debemos buscar la revolución que ponga a la educación como la redistribución democratizada del conocimiento. Que el conocimiento esté al servicio de la resolución de los problemas de la población.

La revolución educativa integral debe ser impulsada desde las comunidades, para que los procesos educativos estén íntimamente relacionados a los territorios, a la resolución de las problemáticas en dichas comunidades y que se tenga una responsabilidad social.

Para lograr esta revolución es necesario que emprendamos una fuerte organización y concientización en los centros escolares, universidades, organizaciones juveniles, porque será todo ese entramado organizativo político y social el que emprenderá esta transformación, no serán los funcionarios los que se planteen esto, ya que no les conviene una sociedad formada, una sociedad que no requiera de dádivas y asistencialismo, por lo tanto dicha revolución educativa debe tener un carácter emancipador y liberador del pueblo.

Un inicio de esta revolución sería cambiar los pensum escolares a grandes rasgos obsoletos. Integrar en estos las nuevas corrientes pedagógicas como la enseñanza por resolución de conflictos, la enseñanza de historia no como buenos y malos sino como procesos que transformaron el país, filosofía, agroecología, desarrollo local, educación sexual y reproductiva, etc.

La revolución educativa integral no debe ser una cosa de propaganda electoral, los partidos políticos, el gobierno y los tomadores de decisiones tienen mucha responsabilidad para que se logre tener una educación integral, pero si en las agendas de estos no está dicha educación, debemos ser las organizaciones sociales y el pueblo en general que busquemos posicionar la necesidad de una revolución educativa, que esté acorde del país que deseamos, el conocimiento debe ser el principal avance que se busque para tener una sociedad más justa, libre y que no deje a nadie atrás.


Referencias:

[1] Carlos Calderón. La educación en El Salvador ante la crisis, Revista Gato Encerrado – REDIA, abril 27, 2020. https://gatoencerrado.news/2020/04/27/la-educacion-en-el-salvador-ante-la-crisis/

Debate sobre el poder en el movimiento popular Rubén Dri (2002)

Las movilizaciones de los últimos tiempos han puesto en evidencia una fuerte voluntad popular de afirmar su realidad subjetual. Pero ser sujeto significa ponerse como tal, crearse, luchar por el reconocimiento, lo cual implica necesariamente plantearse el problema del poder, en torno al cual, en el ámbito del movimiento popular, podemos vislumbrar tres posiciones típicas:

  a) La concepción clásica del marxismo-leninismo que se expresa como “toma del poder”.

b)  La de pensadores influenciados por el posmodernismo, como Negri y Holloway, cuya concepción es la de “huida del poder”.

c)  La de militantes de los nuevos movimientos sociales y políticos que prefieren hablar de la “construcción del poder”.

 Se trata de una tipificación que permite tomar las diversas concepciones como si se tratase de casos puros y resaltar, de esa manera, las diferencias y oposiciones. En la realidad las concepciones se suelen entrecruzar.

 1.- Toma el poder o el poder como objeto

            En los movimientos sociales y políticos de las décadas del 60 y 70 que marcaron profundamente a nuestra sociedad, el problema del poder fue planteado con fuerza, en contra de concepciones de izquierda tradicionales para la cuales el tema se postergaba de manera indefinida. Partidos considerados siempre de izquierda como el Partido Comunista, los diversos Partidos Socialistas, las variantes maoístas y trotzquistas no se planteaban el problema del poder. 

           No significa ello que no hablasen sobre el poder. El asunto es que para ellos el problema no se imponía como una exigencia perentoria a realizar. No se cuestionaba en los hechos seriamente el poder del capitalismo. Por una u otra razón, la revolución estaba postergada, de manera que había tiempo de sobra para debatirlo.

            El problema, en cambio, adquirió no sólo actualidad, sino exigencia perentoria en las diversas agrupaciones y partidos de una nueva izquierda, por llamarla de esa manera, que se proponían hacer la revolución. Ello significaba, terminar con la sociedad capitalista, sustituirla por una sociedad socialista. Ya no se trataba de una meta lejana, sino de algo que estaba en cierta manera a la mano.

            El debate sobre el poder fue intenso, y las concepciones, diversas, pero todas, de una u otra manera se sintetizaban en “la toma del poder”. En realidad la expresión pertenece a la teoría que fundamentó los procesos revolucionarios del siglo veinte. Toma del poder, asalto al poder, asalto al cielo, son expresiones equivalentes. Sin duda que son movilizadoras, encienden en la imaginación figuras utópicas que impulsan a  la voluntad para la lucha.

            El poder, en primer lugar, es concebido como un objeto. Así como se puede tomar, asir, o, en términos populares, “agarrar” un objeto, también se puede tomar o agarrar el poder. De esta manera, se piensa que no se tiene el poder, no se lo ejerce, hasta que no se lo ha tomado. El poder está en manos de las clases dominantes, de los grandes consorcios, del ejército. En fin, alguien, o algunos lo tienen. Se trata de arrebatárselo.

            En segundo lugar, el poder está en un lugar determinado. Ese lugar puede ser la “Casa Rosada”, Campo de Mayo o La Tablada. Quienes están ahí tienen el poder. Para arrebatárselo es necesario trasladarse hasta ese lugar. La columna del Che, desde la sierra Maestra a Santa Clara, y desde allí a la Habana, o la “Larga Marcha” de Mao son símbolos de este ir hasta el lugar donde se encuentra el poder, para tomarlo, arrebatándoselo al enemigo.

            El poder, en consecuencia, es como una cosa que está en un determinado lugar al que hay que trasladarse para tomarlo. Algo semejante a la expedición de los Argonautas dirigidos por Jason a la Cólquide para arrebatar el célebre “vellocino de oro”. Pero ya se sabe, semejante tesoro está bien guardado, bien custodiado. La marcha para su conquista no es una fiesta, sino una lucha. Menester es tener la organización y los instrumentos necesarios para dar esa lucha.

            El instrumento por excelencia es el partido político. Para la toma del poder se necesita un partido revolucionario y para que éste lo sea, debe estar constituido por el sujeto o los sujetos revolucionarios. Como en la teoría marxista tradicional el sujeto revolucionario es el proletariado, el partido debe ser un partido obrero y, su meta próxima es la conquista del poder y el establecimiento de la dictadura del proletariado.

            El concepto de “dictadura del proletariado” es por demás significativo. Normalmente significó lo contrario a la democracia, en cualquiera de sus formas. Entiendo que no fue ésa la concepción de Marx, en el cual, por otra parte, el concepto es marginal, nunca tematizado. Pero en él el concepto de dictadura no se oponía al de democracia, en el sentido de elecciones, partidos políticos diferentes, en la medida en que consideraba que las democracias burguesas eran dictaduras.

            Ello significa que para Marx la dictadura implicaba la dominación de una clase sobre las otras, no necesariamente la de un partido político. Así como la dictadura de la burguesía se ejerce mediante diversos partidos políticos, lo mismo podría hacer el proletariado. Quiero decir que la lógica de la dominación de clase no implica necesariamente el partido único.

            El establecimiento de las dictaduras del proletariado ha producido resultados decepcionantes. Los partidos revolucionarios que lograron la toma del poder establecieron efectivamente una dictadura que se llamó “dictadura del proletariado” pero que, en realidad, fue una dictadura del partido, del aparato burocrático y finalmente del líder, depositario de la ciencia.

             La revolución se había realizado para construir una sociedad plenamente liberada, con igualdad efectiva de derechos para todos. La realidad fue decepcionante. La dominación no fue quebrada sino sustituida. Los revolucionarios pasaron a ser los nuevos señores. Mentiras, crímenes y corrupción acompañaron a la nueva sociedad, que no resultó nueva, sino antigua. La caída del Muro de Berlín es el símbolo de la derrota de las revoluciones que tomaron el poder.

            Hablar de traición, referirse a las condiciones difíciles en que se produjo la revolución soviética, a la temprana muerte de Lenin y a otras circunstancias, de ninguna manera logran explicar un fracaso tan rotundo. Volver al debate entre Lenin y Rosa Luxemburgo puede ser un ejercicio excelente, no para darle ahora la razón a Rosa, sino para bucear en el destino de una revolución realizada por una organización, el partido político, que “toma el poder”.

 2.- Huir del poder o fugar al anti-poder.

            Las posiciones de Holloway, de Negri y de Hardt pertenecen al amplio espacio abierto por autores que, desencantados de las revoluciones que se habían producido bajo la égida del marxismo ortodoxo,  reniegan de todo lo que suene a estructura o institución. Se fundan en interpretaciones de  las nuevas prácticas que se generaron luego de la caída del Muro de Berlín, como las de Chiapas, las de los Sin Tierra de Brasil, las de los  diversos Movimientos Sociales, de las Asambleas en Argentina y, en general, de  los movimientos anti-globalización.

            El planteo de Holloway guarda semejanzas con el de Negri y Hardt, pero también diferencias, cuya base fundamental se encuentra en la diferente posición frente a la dialéctica. Mientras éstos la rechazan como un elemento burgués inserto en el pensamiento revolucionario, Holloway, por el contrario, la incorpora como clave de su pensamiento.

            En este sentido, recupera a Hegel y fundamentalmente a Marx. Sus análisis de la alienación en Marx, especialmente como se expresa en los Manuscritos de 1844 son excelentes. Pero su dialéctica no es tanto la de Marx, sino la dialéctica negativa de Adorno. Esto lo lleva directamente a la conclusión de que toda institución constituye una alienación. La única formulación posible de una revolución que se pretenda liberadora será la del anti-poder.

            Las coincidencias fundamentales contemplan dos rubros, “la centralidad de la lucha oposicional (ya sea que la llamemos poder de la multitud o anti-poder) como la fuerza que da forma al desarrollo social” y el concentrarse en la revolución, que “no puede concebirse en términos de tomar el poder del Estado”. (Holloway; 2002; 244). Mientras los autores de “Imperio” a la fuerza de oposición la denominan “multitud”, Holloway, le da el nombre de “anti-poder”.

            La diferente denominación no es una simple cuestión de nombres. Significan dos posiciones diferentes en cuanto al contenido mismo de la oposición. La “multitud”, aunque sea algo indeterminado, volátil, pulverizado, es “algo”, mientras que el anti-poder es nada, o mejor, es “no”. Ninguna posibilidad de darle un contenido, una forma, una estructura.

            La segunda coincidencia es, en realidad, la verdadera coincidencia. La alergia al Estado, a cualquier Estado es total, porque el Estado no es otra cosa que “una forma rigidizada o fetichizada de las relaciones sociales. Es una relación entre personas que no parece ser una relación entre personas, una relación social que existe en la forma de algo externo a las relaciones sociales” (Id.; 142).    Es necesario escapar del Estado. La fuga, en todos los autores citados es la clave de toda la lucha por una nueva sociedad.

            Holloway, al igual que Negri, se considera heredero del pensamiento de Marx. Se plantea entonces aquí un problema, pues para Marx, el Estado es mucho más que la simple fetichización de las relaciones sociales. Es la forma “en la que se condensa toda la sociedad civil de una época” (Marx; 1977; 72), por lo cual en el primer proyecto de su obra, esto es, de El Capital, figura como el tercer momento de la primera dialéctica, formada de la siguiente manera: 1) “Las determinaciones abstractas que corresponden en mayor, o menor medida a todas las formas de sociedad”. 2) “Las categorías que constituyen la articulación interna de la sociedad burguesa”. 3) “Síntesis de la sociedad burguesa bajo la forma de Estado”. (Marx; 1980; 29-30).

            En la concepción tradicional, ortodoxa del marxismo se sostiene la desaparición del Estado, pero al final, luego del acto revolucionario de toma del mismo por parte del proletariado dirigido por el partido. Menester es tener en cuenta que el concepto “destrucción” o “eliminación” es antidialéctico. Engels lo utiliza sin problemas y de allí provienen las confusiones posteriores. Marx es mucho más cauto al respecto y suele referirse al problema mediante el concepto de Auf-hebung, que traducimos por “superación”.

            Se lograría ello no mediante una destrucción, sino mediante la universalización de la satisfacción de necesidades. La característica cautela de Marx para no incursionar en realidades futuras que sólo podían ser barruntadas es, en cierta manera compartida por Holloway, si bien tanto él como Negri exageran nuestra ignorancia con respecto a todo futuro.

            Las disidencias, por su parte, están centradas “en el tema del paradigma”. Para Hardt y Negri, en efecto, la revolución consiste en un cambio de paradigma, semejante a los que ya hubo, como ser, “del imperialismo al Imperio” o “ de la modernidad a la posmodernidad, de la disciplina al control, del fordismo al posfordismo, de una economía industrial a una informacional” (Idem; 245). Ello significa que la sociedad es algo estable, lo cual es totalmente contradictorio con una dialéctica negativa como la de Holloway.

            El enfoque paradigmático lleva al funcionalismo, según Holloway, a una concepción de la sociedad en la que todo encaja. Su origen se encuentra en la posición anti-dialéctica y anti-humanista de ambos autores, lo que, por otra parte, los lleva a sostener la continuidad entre animales, seres humanos y máquinas, siendo éstas últimas, prótesis de nuestros cuerpos y mentes. Con ello entramos en una antropología del ciberespacio, pero “el problema con esta visión, dice Holloway, seguramente, es que ni las hormigas ni las máquinas se rebelan. Una teoría que está basada en la rebelión tiene poca opción: tiene que reconocer el carácter distintivo de la humanidad” (Idem; 249).

            La revolución no es otra cosa que “el desarrollo del anti-poder”, del no-poder, de la negación del poder, la cual “toma millones de formas diferentes: desde arrojar el despertador contra la pared, hasta llegar tarde al “trabajo”, realizar tareas sin esforzarse, ausentismo, sabotaje, luchas por descansos, por el acortamiento de la jornada laboral, por vacaciones más largas, por mejores pensiones, huelgas de todo tipo, etc.” (Idem; 270).

            Dos observaciones se imponen al respecto. En primer lugar, es imposible pensar todas estas prácticas como simple no-poder. De hecho constituyen construcción de poder. Son prácticas constitutivas del poder popular. Es que el concepto mismo de anti-poder como no-poder que se debe lograr, es contradictorio, pues para lograrlo hay que luchar, lo cual significa siempre construir poder.

            La pesadilla de la que Holloway quiere escapar mediante su concepción del anti-poder es el círculo diabólico de la circularidad del poder, sobre el cual se había explayado Foucault. El poder como siempre se lo ha considerado y practicado es el poder-sobre, la dominación sobre otros. Cuando se lucha en contra de ese poder, de hecho lo que se hace es cambiar de quien ejerce el poder-sobre.

            Así ha pasado con las revoluciones socialistas, especialmente con aquéllas que fueron denominadas del “socialismo real”. No se modificaron sustancialmente las relaciones sociales. Cambiaron los dominadores, pero no se eliminó la dominación. Holloway quiere salir del círculo con la pretensión de separar taxativamente el poder-hacer del poder-sobre, como si el sujeto pudiese ejercer un poder sin encontrarse con la relación de poder del otro. En otras palabras, pretende saltar afuera de la dialéctica del señor y del siervo. 

            En segundo lugar, todas esas prácticas han sido realizadas por los obreros, maestros, empleados, profesores universitarios, y trabajadores distintos desde la implantación del capitalismo. Nunca se consideró que ello se hacía por el no-poder. Todo lo contrario, lo que se quería es un poder de abajo, de los dominados, un poder alternativo.

            Entre las formas de lucha Holloway destaca la migración, pues mediante ella “millones de personas huyen del capital, buscando esperanza” (Idem; 270). Esta apreciación de la migración es compartida con entusiasmo por Hardt y Negri. Dos observaciones se imponen también aquí. En primer lugar, la migración puede interpretarse, más allá de la conciencia de los migrantes como una fuga del capital, pero de hecho éstos buscan un lugar donde el capital les permita tener un trabajo que en su lugar de origen no consiguen. El mexicano que pasa a Estados Unidos lo hace bajo esa condición, lo mismo que el boliviano que migra a la Argentina.

            En segundo lugar, es curiosa esta manera de privilegiar la migración como forma de lucha por el anti-poder. Es cierto que constituye una forma de lucha, como todas las enumeradas, pero está lejos de ser privilegiada. Es una lucha penosa, amarga y que al capital no le ocasiona demasiados trastornos. En todo caso los soluciona con medidas cada vez más represivas.

            Otro aspecto de la concepción de Holloway con respecto a la revolución es el heroísmo. En su concepción “el movimiento del comunismo es anti-heroico”, pues “el objetivo de la revolución es la transformación de la vida común, cotidiana y es ciertamente de esa vida común y ordinaria que la revolución debe surgir” (Idem; 302; 303). Esto lo lleva, a su vez, a criticar la concepción revolucionaria que se basa en la conducción de los líderes y los héroes.

            Toda revolución que se realiza a partir de un liderazgo, reproduce desde el principio las relaciones que quiere subvertir e hipoteca las realizaciones a la voluntad del líder. Éste, por otra parte, tenderá a ahogar todo avance que suponga una mengua de su propio poder-sobre. En este sentido, Holloway tiene razón. Además, el liderazgo siempre tenderá a perpetuarse y tendrá fuertes tentaciones de manejar el poder como si proviniese de él y no del pueblo.

            Es importante la observación de Holloway en lo referente a los héroes. Efectivamente, la revolución no es una tarea de héroes, sino del pueblo. La revolución no la hacen los héroes, ni se hace para vivir una vida heroica. Se hace para vivir mejor, para “vivir bien” como quería Aristóteles, donde “bien” no significa sólo realidades materiales, las que deben ser suficientes, sino la posibilidad del sujeto de realizarse plenamente.

            Pero las afirmaciones de Holloway no parecen admitir espacio alguno para el heroísmo, virtud excelsa que expresa realizaciones humanas superiores, en el sentido cualitativo, sin que ello dé ninguna razón para ejercer un poder sobre los demás. La construcción de esa futura sociedad en la que podamos fraternizar entre todos, puede exigir, y de hecho así es, actos de heroísmo. Un piquetero que, entre las balas de la policía, se detiene a auxiliar al compañero caído es un acto heroico. La lucha siempre estará llena de ellos. 

            Los 30.000 mil compañeros detenidos-desaparecidos eran jóvenes, la mayoría de ellos, como cualesquiera de los jóvenes de hoy, con una vida común, con sus afectos, virtudes y defectos. En un momento determinado fueron puestos en la situación-límite del heroísmo. Pero ello le sucede también a la más común de las madres cuando debe enfrentar situaciones-límites en la defensa de su hijo.

            Por otra parte, el heroísmo es un momento fundamental en los proyectos que se formulan en la juventud. Nada más aplastante y descorazonador que encontrarse con jóvenes que quieren vivir una vida tranquila. Pasión, ansias de transformar la realidad, son constitutivas de una juventud no contaminada por el cansancio de la vida, propio de sociedades decadentes. No por nada muchas veces se siente tentada por la aventura fascista. No se hace una revolución para vivir una vida heroica, pero su realización suele exigir momentos de heroísmo.

  3.- La construcción del poder, o el poder como relación social.

            El poder, veíamos, no es un objeto o una cosa que se encuentra en algún lugar al que es necesario ir para tomarlo. Es una tendencia difícil de vencer, como anotaba Hegel, poner en movimiento las representaciones propias del entendimiento. El poder concebido como objeto no es otra cosa que una representación del entendimiento. Menester es fluidificarlo, ponerlo en movimiento.

            El poder es una realidad propia del ámbito de las relaciones humanas que, de una u otra manera, siempre son sociales y políticas. No existe, no es, igual que los sujetos. Se hace, se construye de la misma manera en que se construyen los sujetos. Éstos, para crearse, empeñan una lucha a muerte por el reconocimiento. Esta lucha genera poder. Generarse como sujeto es generar poder.

            Todo cambio, toda transformación, toda revolución que se proponga siempre tiene en su centro el tema del poder que significa quién y como será reconocido. La frase que figura como acápite es el corte que le da Jesús a la discusión que se había entablado entre los componentes más cercanos de su movimiento, cuando, al dirigirse a Jerusalén pensaban en el triunfo de la propuesta liberadora.

            Los dirigentes del movimiento de Jesús discuten sobre cómo se van a repartir el poder en la nueva sociedad, y Jesús les replica que no habrá nada que repartir, porque habrá que pensar el poder de una manera totalmente distinta, contraria a la que ellos pensaban. No como poder de dominación, no en la relación señor-siervo, sino como diakonía, como servicio, como mutuo reconocimiento de sujetos plenamente libres.    

            Ese poder no puede empezar a construirse una vez que “se lo ha tomado”, porque en realidad entonces lo que se ha hecho es ocupar el lugar que antes tenían “los otros”. No se rompe la relación señor-siervo, aunque se sostenga que ello constituye una fase para romper la dominación anterior. La célebre “dictadura del proletariado” que es, siempre, la dictadura del partido, de determinados aparatos del Estado o de una persona, el “líder”, no se instala para desinstalarse en función de la diakonía, sino que llega para quedarse a perpetuidad si ello es posible.

            El poder es esencialmente relación social, relación de reconocimiento. En ese sentido es fluido, circula, cambia. Pero necesita momentos de reposo, de instalación. Es el momento de las célebres estructuras, sin las cuales todo poder se evapora. La mínima relación, la que se produce entre dos sujetos, sean éstos madre e hijo, amigo con amigo, novios, es lucha por el reconocimiento y, en consecuencia genera un ámbito de poder. En ese sentido todos ejercemos y se ejerce poder sobre nosotros.

            Crear nuevo poder, crear poder popular significa crear nuevas relaciones humanas, nuevas relaciones sociales, nuevas relaciones políticas (1). Éstas no pueden comenzar cuando, por ejemplo, se tome el aparato del Estado. Se realizan en el camino, en el proceso. Si el otro es un objeto para mí, o un súbdito, mero soldado del partido o de la organización, se está reproduciendo el poder de dominación.

            Microfísica del poder, en consecuencia, y redes del poder sobre las cuales nos informa abundantemente Foucault. Pero su planteo no logra romper, traspasar las paredes que encierran a los micropoderes en los cuales nos enredamos. No habría otra salida que un juego de poderes y contrapoderes, o en todo caso un pequeño espacio de liberación, ese espacio en el que se ejerce mi poder, que sería la “línea de fuga” de Deleuze o, en todo caso el ser “militante de la acción restringida, limitada” de Badiou.

Ello significa lisa y llanamente renunciar a construir poder popular en sentido fuerte, es decir a construir una sociedad del mutuo reconocimiento, una sociedad plenamente democrática, en la que el poder se ejerza tendencialmente en forma horizontal. En otras palabras, los micropoderes se encuentran englobados en megapoderes, y así como hay que construir los primeros, también hay que construir los segundos. De la microfísica es necesario pasar a la macrofísica, no en forma línea sino dialéctica. Los pequeños poderes se encuentran englobados en los megapoderes. No hay paso lineal de unos a los otros.

            Esto significa que toda lucha, ya sea barrial, villera, campesina, en las cárceles, en la escuela, en la familia debe conectarse dialécticamente con una lucha más amplia, que tenga como horizonte la totalidad. Si ello se pierde de vista, estamos condenados a movernos en un círculo sin salida. Es un magro consuelo o una burla decirles a desocupados que ellos también ejercen poder. Es cierto que ejercen poder, y lo hacen cuando, por ejemplo cortan rutas y obligan al poder político a ceder a determinados reclamos. Pero ese poder es totalmente asimétrico con el poder del gran capital, de las grandes corporaciones.

            Los trabajadores desocupados, los villeros, los campesinos construyen poder con su trabajo, con sus debates, con sus asambleas, con sus medidas de lucha. Ese poder comienza siendo micropoder, o mejor, micropoderes  que se gestan en las diversas asambleas que se conectan entre sí en forma de redes. Éstas interactúan con los megapoderes, confrontan con ellos, negocian, se retiran y vuelven. 

            Micropoderes, redes de poder, circulación de poderes, fluidez de relaciones. Todo ello es cierto, pero toda fluidez tiene momentos de condensación. Dicho de otra manera, el movimiento necesita estructurarse. Con la estructuración aparecen nuevos desafíos, expresados sobre todo en el fenómeno de la burocratización. Un verdadera construcción del poder, o sea de relaciones sociales, luchará siempre contra la tendencia, siempre renaciente a la burocratización.

 Hegemonía y poder.

            Como es sabido el triunfo de la revolución en la Rusia zarista y las derrotas de los intentos revolucionarios de la segunda década del siglo XIX en Alemania, Hungría e Italia, llevaron a Antonio Gramsci a una profunda reflexión sobre las causas de tan dispar destino de los intentos revolucionarios. La contribución más importante de estas reflexiones gira alrededor del concepto de hegemonía que desde entonces figura en todas las elucubraciones que tienen que ver con la realidad política.

            Me interesa, en este apartado, trabajar sobre la relación entre dicho concepto y la construcción del poder popular, reinterpretando el concepto de hegemonía, o, incluso, corrigiéndolo. Para empezar, hay una observación importante que hace Gramsci al referirse a las diferencias existentes entre las tareas que le esperan a la revolución de octubre y las que es perentorio realizar en las revoluciones del los países centroeuropeos.

            Siendo la sociedad zarista una sociedad en la que prácticamente no había sociedad civil, tomado el Estado, o la fortaleza, como lo denomina Gramsci, la tarea a realizar era nada menos que la de crear la sociedad civil, lo que significa, crear la hegemonía, entendida ésta como consenso de los ciudadanos. Ese consenso es poder. Construir la hegemonía es construir poder, poder horizontal, democrático, lo cual significa, a la vez, construirse como sujetos.

            Esta tarea no puede ser creada desde arriba, pero es el único lugar en que esa revolución la podía realizar. Una contradicción prácticamente insoluble, como se mostró ulteriormente. Como se ve, nos estamos sirviendo del concepto gramsciano de hegemonía, pero transformado o reinterpretado, como se quiera. Es muy difícil, por no decir imposible, que la revolución soviética no terminase en el estalinismo.

            De hecho, esto ya había sido expuesto por Hegel en la célebre dialéctica del señor y el siervo. El camino del señor es un callejón sin salida. Desde el poder de dominación, aunque éste se denomine “dictadura del proletariado” es imposible pasar a una sociedad del mutuo reconocimiento. Los sujetos no se realizan por una concesión que se les hace desde arriba. Se conquista en una lucha en la que los siervos, dejan de serlo, no se reconocen como siervos, sino como sujetos.

            Gramsci plantea correctamente, para las sociedades avanzadas, con sociedad civil ampliamente desarrollada, que la hegemonía debía preceder a la toma del poder o del Estado. En realidad, ese principio vale para toda revolución y no sólo para las sociedades avanzadas, porque si la hegemonía no se construye en el camino, no se la construirá posteriormente. Se repetirán las prácticas anteriores.

            A menudo se me pregunta en los seminarios si los amos o señores no pueden también lograr el reconocimiento y, por lo tanto ser sujetos en sentido pleno. La respuesta es absolutamente negativa. Ni los señores, ni los siervos pueden logra el reconocimiento como autoconciencias o sujetos sin dejar de ser señores o siervos. Tanto el ser siervo como el ser señor es la negativa del sujeto.

            La hegemonía como consenso democrático no puede ser construida desde arriba, porque ello implica subordinación. Quien detenta el poder del Estado o el poder político y económico puede obtener legitimación, que implica aceptación de la dominación, pero no hegemonía en el sentido de consenso democrático. Éste sólo puede lograrse desde el seno de las sociedad civil. Es una construcción que se realiza entre iguales, entre sujetos que se reconocen mutuamente como tales.

 4.- Criterios fundamentales.

            En la construcción del poder popular habría que tener en cuenta algunos criterios fundamentales:

            No se debe partir de organizaciones o partidos políticos ya estructurados, con línea que se pretende clara para bajarla a los sectores populares que se están movilizando. Esta práctica expresa todo lo contrario de la construcción de una nueva sociedad en la que sus miembros sean sujetos reconocidos. Esa estructura partidaria es la representación de la sociedad en la que unos saben y los otros son ignorantes, unos son esclarecidos y otros andan en tinieblas, unos mandan y otro obedecen.

Por lo tanto, es necesario dejar de lado la concepción leninista de que al proletariado o, en nuestro caso, a los sectores populares, se les inyectará conciencia “desde afuera”. Sería conveniente, al respecto, como he dicho más arriba, revisar las polémicas entre Lenin y Rosa Luxemburgo sobre el partido, no para darle ahora la razón a Rosa en contra de Lenin, sino para incorporar críticamente algunas intuiciones y aciertos de Rosa en cuanto al protagonismo popular en el proceso revolucionario.

Decía Rosa, en contra de Kautsky: “Piensan que educar a las masas proletarias en el espíritu socialista significa darles conferencias, distribuir panfletos. ¡No! La escuela proletaria socialista no necesita de eso. La actividad misma educa a las masas”  (Cliff 1971; 64).

Descontextualizada esta afirmación es errónea. Rosa aquí exagera, porque está polemizando con la dirección burocrática de la socialdemocracia alemana que pretendía dar conciencia desde afuera, mediante conferencias y panfletos. La conciencia crece en la práctica, en la acción, en la lucha.

En ese proceso de práctica-conciencia, de lucha-reflexión se cometen errores, pero “los errores cometidos por un movimiento obrero auténticamente revolucionario, dice Rosa,  son mucho más fructíferos y tienen más importancia histórica que la infalibilidad del mejor Comité Central” (Ibidem). Ya sabemos a dónde han conducido la infalibilidad de los diversos comités centrales. Los pueblos en su lucha aciertan y se equivocan, logran victorias y sufren derrotas. Aprenden continuamente. Una dirigencia infalible nunca aprende, ya lo sabe todo. Eso no tiene remedio.

            En contra de la concepción de una determinada élite revolucionaria que desde arriba, desde afuera pretende dar conciencia a los trabajadores, o a los sectores populares, es conveniente hacer efectiva la concepción gramsciana de que se debe partir del “buen sentido” que radica en el desagregado y caótico “sentido común” que se encuentra en dichos sectores. O, en palabras del Che, ayudar a desarrollar “los gérmenes de socialismo” que se encuentran el pueblo. Toda pretensión de construcción que tenga que ver con una elaboración teórica separada de las aspiraciones, expectativas, valores presentes en los sectores populares, contribuirá a instalar una nueva dominación. El socialismo tendrá sentido y será una verdadera solución si es el despliegue de valores profundamente arraigados en los seres humanos.

            En contra de que el socialismo es primeramente una teoría que habría nacido recién en el siglo XIX, menester es tener en cuenta que, en cuanto expresa, por una parte, valores, aspiraciones, ideales y utopías y, por otra, luchas para conseguirlos, es tan antiguo como el mismo ser humano. Luchas en contra de la opresión, luchas de liberación han existido siempre. Realizaciones socialistas, en el sentido de agrupaciones o sociedades humanas liberadas, con relaciones relativamente horizontales, siempre se han dado en la historia.

            El socialismo es fundamentalmente la realización de una sociedad fundada en los mejores valores del ser humano. Éste es tanto egoísta como altruista, tanto tacaño como generoso, tanto se ama a sí mismo como se odia, tanto ama a su vecino como lo aborrece. Es un ser dialéctico. El buen sentido del que habla Gramsci está constituido, precisamente, por los valores de amor a sí mismo, de generosidad, de bondad. De esos valores socialistas es necesario partir.

            Ello no significa renegar de la teoría. El problema es no confundir teoría o ciencia o filosofía con conciencia. La conciencia nunca puede venir de fuera. La conciencia es autoconciencia desde el primer momento, pero sólo lo es implícitamente. Avanza de desde los primeros balbuceos en el plano de lo sensible. Toda teoría al entrar en relaciones dialécticas con la conciencia será motivo de crecimiento de ésta, tanto de la conciencia del teórico como de aquél a quien se comunica la teoría, la cual a su vez sufre transformaciones  en el proceso.  Se avanza de la conciencia a la autoconciencia, o de la conciencia en-sí a la conciencia para-sí, como dice Marx en la Miseria de la filosofía.

            El para-sí o nivel superior de la conciencia no es un agregado que viene de fuera. Es el en-sí que se supera en el para-sí. Este segundo momento, que en realidad es tercero,, es decir, en-sí-para-sí, es una superación –Aufhebung- que sólo puede darse en el sujeto. Es éste que se supera en su totalidad. Si el tercer momento no estuviese ya en el primero, nunca llegaría a ser, por más adoctrinamiento externo que se practicase.

            La conciencia socialista no se inventa, no se crea desde arriba, no se introduce desde afuera. O ya está en la conciencia humana o nunca estará. Está, pero no está “puesta” para decirlo hegelianamente. O no está “en acto”, para emplear la categoría aristotélica. No está puesta, y puede no estarlo nunca. Ello dependerá de la práctica o, para decirlo con una categorización marxiana, dependerá de la revolución. Ésta es el proceso de mediatizar lo inmediato o llevar al acto lo que está en potencia.

            Por lo tanto no se avanza con la “unión de la izquierda”, si ello significa hacer unidos lo mismo que se está haciendo en forma separada, es decir, actuar como estructuras piramidales que poseen “la ciencia”. La verdadera unión hay que encontrarla atreviéndose a criticar las formas tradicionales de concepción de los partidos de izquierda e ir confluyendo con inserción verdadera en los sectores populares.

            Un proyecto alternativo que ya se encuentra en germen en agrupaciones, comunidades, organismos de derechos humanos, movimientos de trabajadores desocupados, asambleas barriales, luchas de diverso tipo,  asume una forma movimientista que se está descubriendo y construyendo. El peligro del movimientismo es su posible transformación en un “gigante invertebrado y míope”, según la expresión de John W. Cook El movimiento, verdadero torrente de los sectores populares, debe estructurarse, con todo lo que ello implica de peligro de burocratización y obstaculización de la marcha dialéctica.

            Para la construcción de la identidad, sin la cual no hay sujeto, por una parte, es necesario recuperar auténticos símbolos populares como Agustín Tosco, John W. Cook, Enrique Angelelli, Evita. El Che por su parte, es un poderoso símbolo convocante para las nuevas generaciones. Por otra parte, es necesario dar la lucha hermenéutica en torno a los símbolos arraigados en los sectores populares.

            No hay identificación posible o, de otra manera, no hay construcción posible de un sujeto sin los símbolos. Los sujetos son esencialmente simbólicos y, entre los símbolos, los que asumen características religiosas –tal vez sea la realidad de todos- tienen especial importancia, por cuanto los sectores populares son particularmente religiosos. La posición “cientificista” que el marxismo “ortodoxo” heredó de la Ilustración es ciego frente a esta realidad.

            Si el símbolo con el cual construye su identidad determinado sujeto es considerado sólo únicamente como “fetiche”, ya se ha puesto un telón de acero para comprender qué construye dicho sujeto en la relación con el símbolo. No se tiene en cuenta que borrar el símbolo es borrar al sujeto que con él se relaciona y, fundamentalmente, que la relación símbolo –fetiche es una relación dialéctica. Todo símbolo tiene algo de fetiche.

            Desde las diversas prácticas sociales y políticas es necesario ir confluyendo en un proyecto político común que sea la unión en la diversidad. Como todo proyecto político debe darse su instrumento que tradicionalmente es el partido. Pero, de acuerdo a lo que venimos reflexionando, el partido tradicional de izquierda no nos sirve. Reproduce las relaciones de dominación. Se necesita un nuevo tipo de partido que sea una verdadera articulación del poder popular gestado en la base.

 5.- El socialismo de cada día.

Con la caída del denominado “socialismo real” y la imposición de la globalización neoliberal conservadora entró en crisis también una determinada concepción de lo que significa hacer la revolución. Ésta era pensada como una lucha en la que siempre se jugaba el todo social. Se trataba de derribar el capitalismo para instaurar el socialismo. La consecuencia era que, salvo en los países que esto se habría logrado, en todas las demás sociedad la revolución o había fracasado o estaba retrasada.

La visión que en general se tenía era que una sociedad era capitalista o socialista. El socialismo como modo de vida no podía realizarse en una sociedad capitalista, de manera que el sujeto socialista sólo surgiría cuando esa nueva sociedad pudiese implantarse. La visión totalizadora, el bosque, no permitía ver las partes, los árboles.

La globalización, verdadera imposición del universal abstracto, como hemos visto, produce un resquebrajamiento del todo social en fragmentos aislados. Contradictoriamente esta nueva realidad ha permitido repensar todo el problema de la revolución y, en consecuencia, del socialismo. Por una parte hay un impulso posmoderno de quedarse en la sola parcialidad, pero, por otra, permitió repensar la totalidad no sólo sin sacrificar la parcialidad, sino tomándola como punto de partida.

            En esta visión, no se trata de pretender inmediatamente la gran meta, lo que históricamente se conoce como la toma del poder. En primer lugar, porque el poder no es ninguna cosa u objeto que se tome;  en segundo lugar, porque es necesario plantearse metas reales, a las que sea posible acceder y finalmente porque si las relaciones sociales no se cambian en el camino, cuando se llegue a la meta y se pretenda realizar el socialismo, lo que se hará será reproducir las relaciones anteriores. Esto ya no necesita demostración alguna. La historia del “socialismo real” lo ha puesto en claro.

            El poder no es una cosa u objeto, sino “relación social”. Se trata, por lo tanto, de ir creando nuevas relaciones sociales, acordes con lo que pensamos que deba ser una realización del poder que sea efectivamente liberadora. En consecuencia, relaciones lo más horizontales posibles, con la vista puesta en el horizonte utópico de un poder horizontal, profundamente democrático.

            No es que no queramos transformar toda la sociedad, derrotar definitivamente al capitalismo. Claro que queremos hacer eso, pero debemos tratar de clarificarnos sobre lo que nos corresponde hacer hoy, en un hoy en el que debemos hacer presentes los valores socialistas.

            La objeción que surge de toda la concepción anterior es que no se puede vivir con los valores socialistas, es decir, humanos, en una sociedad capitalista, porque ésta impone sus leyes. Esta objeción es verdadera sólo en parte y, en consecuencia, si se la afirma de esa manera, es falsa. Es cierta en el sentido de que ninguna parte, llámese un grupo, una organización o un individuo pueda sustraerse de las leyes que impone la sociedad en la que se encuentran enclavadas.

            Esto puede incluso generalizarse, como lo hizo Marx, al mundo entero. Ninguna nación, y aquí es necesario colocar a Cuba, puede realizar el socialismo hasta que éste se realice de manera hegemónica en el mundo entero, porque finalmente el sistema hegemónico termina imponiendo sus leyes. Eso es cierto cum grano salis, porque allí se viven auténticos valores socialistas, humanistas, como el haber sacado del “negocio” a la salud, la educación y la alimentación.

            Ello también puede y debe realizarse, con todas las limitaciones y contradicciones del caso, en el seno de la sociedad capitalista. Si un sujeto quiere vivir de acuerdo con valores socialistas, ¿quién se lo puede impedir? ¿No es posible ser generoso? ¿Debemos necesariamente verlo todo como un negocio?

            El socialismo no se ha de construir a partir de las ideas “científicas” que tengamos en nuestra cabeza o en nuestros libros, ni por la acción de un grupo esclarecido. Ya ha comenzado su construcción. Está en camino en los diversos movimientos a los que he hecho alusión.

            Como decía el Che, el socialismo está en germen en el pueblo. No es el socialismo ninguna construcción teórica o “científica” pensada desde fuera, sino el desarrollo contradictorio, creativo, que se realiza todos los días en nuestras luchas, proyectos, encuentros, debates. La solidaridad, la ayuda, el diálogo, la fiesta, el compartir constituyen valores esenciales del socialismo de cada día.

 Notas

            (1) Prefiero hablar siempre de “construcción del poder popular” y no de “contrapoder” o “doble poder”. La expresión “contrapoder” expresa una voluntad de permanecer siempre allí, en la contra, por lo cual va acompañado de “contracultura”. Ello implica considerar que sólo es política el contraponerse. Será siempre una política marginal. La expresión de “doble poder”, es la concepción leninista que supone dos poderes como dos entidades ubicadas una arriba y la otra abajo. Se trata de derribar la que está arriba para poner la que está abajo.

Bibliografía citada

            Cliff, Tony: Rosa Luxemburg- (Introducción a su lectura). Galerna, Buenos Aires, 1971.

         Holloway, John: Cambiar el mundo sin tomar el poder. (El significado de la revolución hoy). Herramienta y Universidad Autónoma de Puebla. Buenos Aires, 2002.

            Marx, Karl: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858) 1. Siglo XXI, México, 1980.

            Marx, Karl: La ideología alemana. Ediciones Pueblos Unidos, México, 1977.

                                          Rubén Dri

Buenos Aires, 15 de noviembre de 2002  

Los ciclos políticos Joaquín Aguilar 7 de septiembre de 2020 (EL Faro)

En casi 200 años, El Salvador ha sido gobernado por 81 presidentes y siete Juntas de Gobierno, y ha estado regido por 14 constituciones. 24 presidentes y una Junta de Gobierno fueron derrocados, cinco presidentes depusieron el cargo y uno fue asesinado; 13 constituciones se definieron desde la Presidencia y una fue concertada con la oposición, para luego ser reformada con la insurgencia. El saldo resultante es aproximadamente de una presidencia inconclusa por cada tres de ellas, y de una constitución por cada 13 años. 

Las luchas por el control de la economía y el Estado definieron ciclos políticos con gobernantes de paso y constituciones sin peso, excepto cinco de ellas: la de 1824 que definió al Estado, la de 1841 que proclamó a la República, la de 1886 que le dio su carácter liberal, la de 1950 que la dotó de un perfil social, y la de 1983 que limitó el poder, mismo que reguló con su reforma en 1992. El resto fueron redactadas, fundamentalmente, para permitir la reelección del presidente de turno.

En los últimos 100 años, El Salvador ha vivido ocho ciclos políticos: la dinastía Meléndez Quiñónez, la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez, el modernismo del Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD), el asistencialismo del PCN, el reformismo del PDC, el neoliberalismo de Arena, el progresismo del FMLN, y el recién iniciado intento autoritario de Bukele. Todos los ciclos -con excepción del que está en curso- duraron de una a dos décadas, y en todos -salvo en el primero y en el último- se institucionalizaron políticas compensatorias, que si bien pesaron menos que sus desaciertos, tenían la intencionalidad sistémica de palearlos.

Entre otras, Martínez creó el Banco Central de Reserva y el Banco Hipotecario; el PRUD creó el ISSS y el Instituto de Vivienda Urbana; el PCN creó el INPEP y el Instituto Regulador de Abastecimientos; el PDC decretó la reforma agraria y bancaria, Arena creó la Defensoría del consumidor y la Red solidaria; y el FMLN, el programa de apoyo temporal al ingreso (Pati) y la pensión básica universal. Ninguna, salvo la reforma agraria y bancaria, tocó a la oligarquía, y a pesar de todas ellas, cada uno de estos seis ciclos finalizó. Los tres primeros en las calles, por una ingobernabilidad derivada de la concentración de poder y el uso desmedido de la fuerza. Y los tres últimos en las urnas por el desencanto de sus electores y el mal manejo de las expectativas.

En comparación a lo vivido por sus antecesores, Bukele no tendrá hoy por hoy a una oligarquía con la fortaleza política requerida para conspirar en su contra, pero si a un Ejército cada día más empoderado que podría llegar a hacerlo como en el pasado. No hay una resistencia social organizada, pero tampoco recursos para anticiparla; ni una insurgencia armada, pero tampoco dinero para enfrentarla; ni divisas, pero sí aval para gestionarlas por la emergencia sanitaria; ni un gobierno norteamericano presionando por la institucionalidad, pero sí la posibilidad de que pronto lo halla. Todo ello sobre la base de un innegable apoyo ciudadano y de un inigualable manejo de la agenda nacional, sin precedentes en la historia.

Este ciclo durará tanto como Bukele sea capaz de conjugar exitosamente esas dicotomías. A poco más de un año desde que llegó al poder, parece contar con todo para lograrlo, aunque ya presenta síntomas prematuros que lo ponen en duda, como el descenso del crecimiento económico y el ascenso de la deuda. La falta de acuerdos políticos para abordar ambos problemas se ha agravado en el contexto de una pandemia, cuyo abordaje sanitario pretende prolongar insosteniblemente. Económicamente ya se le desbordó y políticamente se le empieza a revertir.

Bukele ha dejado en claro con sus acciones que no se sujetará a los contrapesos de poder establecidos en la Constitución vigente, la cual, a pesar de no haber resuelto los problemas estructurales de fondo, ha propiciado el más largo período de la historia con elecciones sin mayores cuestionamientos, alternancias en el poder con la oposición sin grandes sobresaltos, mandatos presidenciales sin interrupción alguna y, hasta hace un año, la administración de las diferencias entre el oficialismo y la oposición menos traumática desde 1821.

Aprobar una nueva Constitución -tal cual la insinúa el círculo cercano y lo claman sus seguidores más absortos- difícilmente se orientará a una refundación del Estado, modificación del modelo económico o mantenimiento de los contrapesos de los últimos 37 años, sino -a juzgar por lo actuado en el último año, y lo valorado por algunos analistas- a dotar de un poder absoluto al presidente, facultarlo para la reelección, como en el ciclo de Martínez, o, en su defecto, posibilitar el traspaso de poder entre el clan Bukele, como en el ciclo de los Meléndez Quiñónez.

‪Si Bukele no logra mayoría en la Asamblea para reformar la Constitución o para gobernar sin límites, perderá legitimidad, dejará en entredicho su popularidad, y se verá obligado a concertar o condenado a la ingobernabilidad. Si la logra, perderá también, ya que se incrementará la conflictividad con su consecuente inestabilidad, lo cual puede llevar su presidencia a un desenlace similar al padecido por sus 30 antecesores, cuyos períodos quedaron inconclusos, o al de otros más que lo concluyeron con mucho desgaste.

El fin de cada uno de los ciclos parecía impensable a un año de iniciados, y no lo decidieron los gobiernos de turno por decreto ni por redes sociales, sino los ciudadanos en las urnas o en las calles. En 2021 los salvadoreños decidirán si le dan o no el poder absoluto a Bukele y a partir de ello, cuál será el escenario donde se escribirá el epílogo de este nuevo ciclo.

Acerca del sujeto político capaz de responder a los desafíos del siglo XXI Marta Harnecker 2003

1. UN SUJETO POLÍTICO NO ADECUADO

1. A mi entender, la izquierda no cuenta con un sujeto político adecuado a los nuevos desafíos que plantea. La estructura, hábitos, tradiciones y maneras de hacer política del pasado no están respondiendo a las exigencias de los cambios sufridos por el mundo.

2. Como consecuencia de ello los partidos de izquierda han perdido en gran medida su capacidad de atraer y convocar a la gente en general y, especialmente, a la juventud.

3. En las izquierdas de la mayor parte de los países hay conciencia de esta situación.

4. Algunos consideran que hay que abandonar todo intento de construir o reconstruir un instrumento político.

5. Otros piensan que hay que emprender urgentemente esta tarea y están ensayando nuevas fórmulas organizativas, más adecuadas a los nuevos tiempos.

6. Estos últimos tienen presente las lecciones de la historia. Múltiples estallidos populares han ocurrido en el siglo XX y siguen ocurriendo en el siglo XXI. En todos ellos las masas urbanas empobrecidas se han sublevado y sin una conducción definida se han tomado carreteras, pueblos, barrios y han asaltado centros de abastecimiento. A pesar de su masividad y de su combatividad estas movilizaciones hasta ahora no han

lograron destruir el sistema de dominación imperante. Todos ellos demuestran que no basta la iniciativa creadora de las masas para lograr la victoria sobre el régimen imperante.

7. La historia de las revoluciones triunfantes, por el contrario, ratifica en forma porfiada lo que se puede lograr cuando existe una instancia política capaz, en primer lugar, de levantar un programa alternativo de carácter nacional que sirva de instrumento aglutinador de los más diversos sectores populares y, en segundo lugar, de unificar la acción concentrando fuerzas en el eslabón decisivo en cada coyuntura.

8. Esa instancia política es –como decía Trotsky– el pistón que comprime al vapor en el momento decisivo y permite que éste no sea desperdiciado y se convierta en fuerza impulsora de la locomotora.

9. Para que la acción política sea eficaz, para que las actividades de protesta, de resistencia, de lucha del movimiento popular logren sus objetivos antisistémicos, se necesita una instancia o instancias capaces de orientar y unificar los múltiples esfuerzos que espontáneamente surgen, y de promover otros.

2. LO QUE DEFINITIVAMENTE HAY QUE ABANDONAR

10. Reconociendo la necesidad de una instancia política[1] para conseguir los objetivos de cambio social, la izquierda marxista, sin embargo, ha hecho muy poco por adecuarla a las exigencias de los nuevos tiempos. Durante un largo período esto tuvo mucho que ver con la copia acrítica del modelo bolchevique de partido.[2]

11. Esta gran “obra de ingeniería social” ⎯como la califica Hobsbawm[3]⎯, que tuvo una enorme eficacia en realidades como la rusa ⎯una sociedad muy atrasada y un régimen político autocrático⎯, fue, por desgracia, trasladada mecánicamente a la realidad latinoamericana, una realidad muy diferente. Y no sólo eso, sino que, al mismo tiempo, se la trasladó en forma simplificada y dogmática. Lo que la mayor parte de la izquierda latinoamericana conoció no fue el pensamiento de Lenin en toda su

complejidad, sino la versión simplificada dada por Stalin.

12. Lenin tenía absolutamente claro que no se trataba de fabricar una fórmula universal. Concibió siempre el partido como el sujeto político por excelencia de la transformación social, como el instrumento para ejercer la conducción política de la lucha de clases ⎯lucha que siempre se da en condiciones históricas, políticas y sociales específicas⎯ y, por lo mismo, estimaba que su estructura orgánica debía adecuarse a la realidad de cada país y modificarse de acuerdo a las exigencias concretas de la lucha.

13. Sin embargo, había algunos supuestos teóricos que Lenin consideraba de aplicación universal, que aplicados acríticamente condujeron a errores y desviaciones.

1) EL OBRERISMO EN LA CONCEPCIÓN DEL PARTIDO

14. Uno de ellos fue su concepción de que el partido debía ser un partido de la clase obrera, porque ésta era la única clase revolucionaria. Pero afirmar esto no significa que Lenin haya sido obrerista. Él siempre subrayó que la clase obrera no puede adquirir conciencia de clase si no es capaz de comprender y asumir como propios los intereses de todas las clases, capas y grupos de la población que son oprimidos por el régimen

imperante.

15. Esto condujo, en nuestros países latinoamericanos ⎯en los que el cristianismo y especialmente la religión Católica, y los factores étnico culturales, tienen un peso mucho mayor que en los países avanzados⎯ a ignorar las especificidades de nuestro sujeto social revolucionario; a no entender el papel que podían jugar los cristianos y los indígenas en nuestras revoluciones. Esta situación se ha ido solucionando a partir de

las experiencias de las guerrillas guatemaltecas a fines de los setenta con un alto componente indígena en sus filas, de la superación de los errores cometidos por los sandinistas en su abordaje del tema de los mizquitos, del papel protagónico desempeñado por los indígenas en Ecuador y del levantamiento zapatista en la región indígena de Chiapas.

2) CONCEPCIÓN DE LA REVOLUCIÓN COMO ASALTO AL PODER

16. Otro supuesto teórico fue el de la concepción de la revolución como asalto al poder, derivada de una concepción del poder reducida al poder del Estado. Esto llevaba a concentrar los esfuerzos en crear condiciones para ese asalto, descuidando otros aspectos de la lucha, entre ellos el trabajo de transformación cultural de la conciencia popular, tarea que era relegada para después de la toma del poder.

3) INSUFICIENTE VALORACIÓN DE LA DEMOCRACIA

17. Por otra parte, durante muchos años las organizaciones de izquierda, influidas por el acento que Lenin puso en la dictadura del proletariado, desdeñaron otro de sus planteamientos: que el socialismo debía concebirse como la sociedad más democrática, a diferencia de la sociedad burguesa que es democrática sólo para una minoría.[4] No

entendieron que el énfasis puesto en el tema de la dictadura se explicaba por la necesidad de vencer a una contrarrevolución que no aceptó las reglas del juego creadas por la revolución y que para recuperar el poder perdido recurrió a la guerra civil y al apoyo de la contrarrevolución mundial. La dura y cruenta reacción de la oposición, obligó al gobierno soviético a usar también mano dura.

18. Si algo positivo tuvieron las dictaduras militares de los años setenta y ochenta fue la de hacer ver a la izquierda el valor que tiene un régimen democrático, sujeto a un estado de derecho, por muy limitado que éste sea.

4) OTROS ERRORES Y DESVIACIONES

19. Pero, hay otros errores y desviaciones que no pueden atribuirse a los supuestos teóricos anteriormente expuestos, y que producen un gran rechazo de los movimientos y actores sociales hacia los partidos de izquierda. Ellos son:

a) Vanguardismo

20. La autoproclamación de “vanguardia” del proceso revolucionario y muchas veces la “vanguardia de la clase obrera”, aunque esta clase fuera casi inexistente en alguno de nuestros países. Aceptar que otras organizaciones pudieran ser tan o más revolucionarias que la propia y aceptar la posibilidad de una conducción compartida, fue algo casi impensable durante mucho tiempo.

21. No se entendía entonces que el concepto de vanguardia era inseparable del tema del ejercicio de la dirección,[5] que el carácter de vanguardia de un proceso no es algo que se autoproclama sino algo que se conquista en la lucha. Se confundía el momento de la formación del partido u organización revolucionaria, es decir, aquél en que se preparan los cuadros de conducción y el momento en que se llega a obtener la capacidad real de la dirección de la lucha de clases. La mayor parte de las organizaciones de izquierdalatinoamericanas y caribeñas no lograron conquistar nunca esa “capacidad real deconducción.”

22. Cada organización disputaba el título de ser catalogada la más revolucionaria, la más justa, etcétera. Lo que importaba era la secta, la camiseta, y no la revolución. De ahí el sectarismo en que cayó la mayor parte de ellas.

b) Verticalismo y autoritarismo

23. El estilo de conducción verticalista era la práctica habitual. La dirección era la que sabía adonde ir y por lo tanto, todo lo que se hacía venía programado desde arriba. Se suponía que todo lo que pensaba la dirección era correcto y que, por lo tanto, la militancia sólo debía aplicar las orientaciones bajadas. No había, por lo mismo, una preocupación por convencer a la gente acerca de las propuestas que se levantaban.

24. Si quien aseguraba la línea era la dirección de la organización política, la tendencia era a copar cargos de dirección en los movimientos sociales para controlarlos desde arriba en lugar de llevar a cabo un paciente trabajo de persuasión en la base.

c) Consideración de los movimientos sociales como meras correas de transmisión

25. Muy ligado a lo anterior ha existido una tendencia a considerar a las organizaciones populares como elementos manipulables, como meras correas de transmisión de la línea del partido. La dirección del movimiento, los cargos en los organismos de dirección, la plataforma de lucha, en fin, todo, se resolvía en las direcciones partidarias y luego se bajaba la línea a seguir por el movimiento social en cuestión, sin que éste

pudiese participar en la gestación de ninguna de las políticas que más le atañían.

d) Teoricismo, dogmatismo, estrategismo

26. Por otra parte, se valoraba en forma unilateral la teoría. Esto se traducía en actitudes teoricistas y dogmáticas. La tendencia era a hacer análisis teóricos de carácter general incapaces de explicar cómo funcionan los procesos concretos. Una consecuencia de ello fue el estrategismo. Se formulaban las grandes metas estratégicas: la lucha por la liberación nacional y el socialismo, pero no se hacía un análisis concreto de la situación concreta desde la cual había que partir. Esto llevaba a realizar una agitación política consignista, que no contribuía a construir fuerza social

popular.

27. No creo aventurado afirmar que una de las causas de las dificultades para avanzar por los caminos de la unidad entre las fuerzas revolucionarias de América Latina, cuando ya se ha superado el hegemonismo y el sectarismo y existe una real voluntad unitaria, sea, precisamente, la ausencia de análisis serio, suficientemente fundamentado, acerca de la realidad nacional y continental.

e) Subjetivismo

28. Por otra parte, la falta de una análisis concreto de la situación concreta ha llevado a mucho subjetivismo en el análisis de la correlación de fuerzas. Suele ocurrir que los dirigentes movidos por su pasión revolucionaria tienden a confundir los deseos con la realidad. No se hace una valoración objetiva de la situación, se tiende a subestimar las posibilidades del enemigo, y, por otro lado, a sobrestimar las posibilidades propias. Los dirigentes tienden a confundir el estado de ánimo de la militancia más radical con el estado de ánimo de los sectores populares de base. Existe una tendencia en no pocas direcciones políticas a hacer generalizaciones acerca del estado de ánimo del pueblo a partir de su propia experiencia, ya sea de la región o sector social donde éstas funcionan, o de su frente guerrillero, o, en un sentido más general, de lo que perciben entre quienes los rodean, que siempre son los sectores más radicalizados. Es distinta la

visión que tienen del país los que trabajan con los sectores más radicalizados, de la que tienen los que realizan su actividad política entre los sectores menos politizados.

29. Habría que preguntarse por qué estas desviaciones se repiten fundamentalmente en los partidos inspirados en el modelo bolchevique. Y por qué persisten a pesar de que se reconocen como actitudes negativas.

3. LA TESIS ACERCA DE LA NECESIDAD DE INTRODUCIR LA TEORÍA EN EL MOVIMIENTO OBRERO

30. Althusser insistía mucho que no basta con reconocer los errores, que hay que conocer sus causas para poder superarlos. Y buscando estas causas he llegado a la conclusión de que en el origen de la mayor parte de las desviaciones señaladas está la conocida tesis de la necesidad de introducir desde fuera la teoría socialista en el movimiento obrero, porque el desarrollo espontáneo de este movimiento nunca puede producir el socialismo.

1) EL PAPEL TODOPODEROSO DE LA IDEOLOGÍA DOMINANTE

31. Esta tesis ⎯tomada por Lenin de Kautsky⎯ fue fundamentada teóricamente por Luis Althusser en sus escritos sobre la concepción marxista de la ideología y divulgada por mí en Los conceptos elementales del materialismo histórico[6] y en el Cuaderno de Educación Popular N0 8 El partido: vanguardia del proletariado.[7]

32. El filósofo francés sostuvo ⎯en sus escritos anteriores a 1979 sobre el tema⎯ que toda ideología era necesariamente una visión deformada de la realidad y que estaba al servicio de la clase dominante; y, aunque aceptaba la existencia de diversas tendencias ideológicas: burguesa, pequeño-burguesa, proletaria, sostenía que éstas últimas eran ideologías subordinadas a la ideología de la clase dominante. De ahí derivaba la

conclusión de que la clase obrera sólo podía liberarse del dominio de la ideología burguesa y lograr adquirir conciencia de clase, con la ayuda de la ciencia. El movimiento obrero por sí solo no podía llegar a adquirirla, ésta debía ser introducida desde fuera en el movimiento obrero.[8]

33. Desde esta problemática la distinción hecha por Marx entre clase en sí y clase para sí era asimilada a la distinción entre conciencia ideológica y conciencia científica, y la ciencia era lo que permitía pasar de la primera a la segunda.

2) SUPUESTOS DE LA TESIS DE KAUTSKY

34. Pero antes de seguir adelante veamos qué dice exactamente Kautsky en el texto citado por Lenin. En ese nuevo borrador del programa del Partido Social-Demócrata Austríaco Kautsky sostenía:

Primero, el desarrollo económico y la lucha de clases no crean por sí solos la conciencia de la necesidad del socialismo. Una prueba de ello es que en Inglaterra, donde estaba más desarrollado el capitalismo la clase obrera tenía mucho menos conciencia que en otros países de Europa.

Segundo, el socialismo y la lucha de clases surgen uno al lado del otro y no uno del otro, y surgen bajo condiciones diferentes.

Tercero, la conciencia socialista sólo puede surgir teniendo como base un profundo conocimiento científico.

Cuarto, el vehículo de la ciencia no es el proletariado sino la intelligentsia burguesa.

35. Cinco, sectores de ésta la comunican a los proletarios más desarrollados intelectualmente, quienes la introducen en la lucha de clases del proletariado allí donde las condiciones lo permiten.

36. Conclusión: la conciencia socialista es algo introducido en la lucha de clases del proletariado desde fuera y no algo que surge espontáneamente de ella.

37. Me parece difícil argumentar en contra de estas afirmaciones que tienen un aval histórico. A mi entender el problema surge cuando identificamos conciencia socialista con conciencia de clases.

38. Hay textos de Lenin que se prestan a esta lectura como aquel que sostiene que el desarrollo espontáneo del movimiento de la clase obrera lleva a la subordinación a la ideología burguesa; que no se puede pensar que los trabajadores puedan desarrollar una ideología independiente [es decir una conciencia de clase] en el proceso de su movimiento. Sólo hay una ideología burguesa o una ideología socialista. No hay una tercera ideología.[9] Y que esta ideología socialista sólo se logra introduciendo el

socialismo [es decir, la teoría marxista] en el movimiento obrero.

3) INTERPRETACIONES DE LENIN

39. Lenin reconoce sin embargo en otros textos, que la experiencia práctica desempeña un papel fundamental en la formación de la conciencia de clase. Según él,“el conocimiento de sí misma, por parte de la clase obrera, está vinculado en formainseparable, no sólo a una comprensión teórica absolutamente clara ⎯o mejor dicho:no tanto teórica, como práctica⎯ de las relaciones entre todas las clases de la sociedadactual, comprensión adquirida a través de la experiencia de la vida política…”[10] Estaformación de la conciencia se ve favorecida enormemente en los períodosrevolucionarios por “la marcha de los acontecimientos,”ya que las revolucionesdesenmascaran los verdaderos intereses de las diferentes clases, que en épocaspacíficas pueden engañar al pueblo con su demagogia. .[11]

40. “Durante la revolución ⎯ escribe Lenin en medio del proceso revolucionario ruso de febrero de 1902⎯ millones de hombres aprenden en una semana más que en un año de vida rutinaria y soñolienta. Pues en estos virajes bruscos de la vida de todo un pueblo se ve con especial claridad qué fines persiguen las diferentes clases del pueblo, qué fuerza poseen y qué métodos utilizan.”[12]

41. Pero, a pesar de estos textos de Lenin que valoran la importancia de la práctica revolucionaria en la formación de la conciencia, la tesis que se divulgó masivamente en forma simplificada ⎯y yo fui una de esas divulgadoras fue la que ponía el acento en la necesidad de introducir la teoría marxista en el movimiento obrero, porque el desarrollo espontáneo de este movimiento no puede escapar a la subordinación a la ideología burguesa”[13].

4) DEFORMACIÓN DE LA TESIS DE KAUTSKY

42. La interpretación que se ha divulgado en la izquierda marxista acerca de la tesis de Kautsky podría resumirse en las siguientes premisas:

Primera: La conciencia del proletariado está sometida a la ideología dominante por la situación subalterna que éste ocupa en la sociedad capitalista;

Segunda: Hay emancipadores del proletariado determinados intelectuales⎯que poseen la teoría marxista.

Tercera: Será esta teoría importada y no la acción del propio proletariado la que le permitirá romper con la influencia burguesa y adquirir conciencia de clase.

43. Lo que esta forma de presentar las cosas subvalora, por no decir ignora, es el papel de la práctica política en la formación de la conciencia.

5) ¿OBREROS SE AUTOLIBERAN O DEBEN SER LIBERADOS POR OTROS?

44. La tesis de Kautsky así divulgada entra en contradicción con el papel que Marx atribuye a la práctica social en la toma de conciencia y con una de sus tesis centrales, aquella que sostiene que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma.

45. Lo que Marx subraya constantemente es “el carácter doble de la lucha huelguística y la lucha de clases”;[14] en otros términos, el carácter dialéctico del movimiento histórico y de “la lucha de clases existente” que une en forma indisoluble la resistencia a la explotación económica (la lucha económica de clase) y la maduración de las condiciones políticas (unificación de la clase obrera) de una lucha más decisiva […][15]

46. Marx veía que esa lucha económica servía a la unificación de la clase.[16] Subraya que no es sino mediante la experimentación de las masas que se realiza el paso de lo económico a lo político por esta modificación simultánea de las circunstancias y de la actividad humana. Es en la práctica revolucionaria donde se enraíza el proceso de constitución de la conciencia. Y es a través de ella que la clase en sí se transforma

en clase para sí. […][17]

47. Y Engels, reafirma esta idea al sostener ⎯refiriéndose a la clase obrera

norteamericana⎯ que lo importante no es tanto introducir en ella la teoría, como querían hacerlo algunos socialistas alemanes residentes en ese país, sino “llevar a que la clase obrera se ponga en movimiento como clase”, porque una vez logrado esto “no tardará en encontrar el camino seguro.” Lo importante primero “es unir a la masa a escala nacional”, no importa sobre qué plataforma sea” con tal de que no se retarde la “consolidación nacional” de ese movimiento.[18]

48. Me parece sumamente interesante, en este sentido, la crítica que hacen Marx y Engels a aquellos que en su época valorizaban más la posesión de la ciencia que la experiencia práctica de las masas; que plantean, como consecuencia de ello, que los puestos parlamentarios deberían estar en manos de gente que tenga tiempo para familiarizarse con las materias, posibilidad que no tienen los trabajadores. Marx y Engels ironizando les dicen: “¡Elijan entonces a burgueses!” Y más adelante expresan: “No podemos marchar junto a aquella gente que declara a gritos que los obreros son demasiado poco instruidos como para emanciparse ellos mismos y que deben ser liberados desde arriba, por los filántropos burgueses o pequeño-burgueses”.[19]

6) EXPERIENCIA DE LUCHA PERMITE LIBERARSE DE LA INFLUENCIA DE LA IDEOLOGÍA DOMINANTE

49. Es su situación de clase explotada y el interés del patrón por mantener esta situación lo que hace que la clase obrera, al luchar por sus reivindicaciones inmediatas, vaya chocando contra los intereses de los patrones y vaya estableciendo una diferencia primero, y una oposición después entre sus intereses de clase y los intereses de la clase dominante; su lucha ya no es simple lucha económica para mejorar sus condiciones

laborales o vender su fuerza de trabajo, sino que adquiere un carácter cada vez más político. Empieza cuestionando aspectos parciales del régimen capitalista, pero luego llega a la convicción de que sus problemas no tienen solución dentro de este sistema y que hay que luchar por construir una sociedad regida por otra lógica. De esta experiencia práctica cada vez más compleja surge “una toma de conciencia, una ideología propia, que ya no está inscrita en la ideología de la clase dominante.” [20]

Marx y Engels resumían así el pensamiento de dichos personajes: “[…] la clase obrera es incapaz de liberarse por su propia fuerza. Para poder hacerlo debe ponerse bajo la férula de los burgueses ‘instruidos y propietarios’, que son los únicos que ‘tienen la posibilidad y el tiempo’ de aprender a fondo lo que puede servir a los obreros.” (OE. Vol.2 , p.527 fr.)

50. Todo esto concuerda con la concepción de Marx de la transformación de la “clase para sí” en “clase en sí”, transformación que conduce al surgimiento de una concepción del mundo diferente a la concepción del mundo burgués, a la conciencia de ser una clase diferente.

51. Decir que la clase obrera puede llegar a adquirir conciencia de clase a través de su participación en la lucha de clases no quiere decir, sin embargo, que se desconozca que su conciencia espontánea está muy influida por las ideas y valores de las clases dominantes que se transmiten a través de los distintos aparatos ideológicos del Estado, jugando hoy un papel fundamental los medios de comunicación de masas monopolizados por grandes consorcios transnacionales.

52. En tiempos normales, de calma, parecería que los trabajadores no pudieran escapar a esta influencia negativa y a la manipulación de la conciencia que se hace a través de todos estos instrumentos: es como que redes invisibles los encerrasen en una trampa de la que no pudieran escapar, salvo si llega a ocurrir una tempestad. Por ello, es justamente cuando se abren períodos de lucha que esta confrontación les permite

descubrir que las leyes favorecen a los dueños de las fábricas y que la policía no sirve para proteger el bien común, sino los intereses de los patrones. Todo eso va permitiéndole una gradual toma de conciencia del antagonismo entre sus intereses como trabajadores y los de los dueños de las empresas. Van adquiriendo una comprensión creciente de que todo el sistema institucional favorece a estos señores.

53. Esta es “la escuela política viva”, la escuela “en la lucha y por la lucha” de la que habla Rosa Luxemburg.[21] La revolucionaria alemana no niega que el proletariado tenga necesidad de un alto grado de educación política, de conciencia de clase y de organización, pero sostiene que no puede aprender todo esto en los folletos o en los panfletos, sino en la lucha.”

54. Por otra parte, esta experiencia práctica no sólo contribuye a clarificar la cabeza de los trabajadores, su forma de ver el mundo, sino que los va transformando interiormente, va creando en ellos la sensación de que unidos con otros trabajadores pueden llegar a transformarse en una fuerza que puede ir obteniendo triunfos frente a los patrones, que puede ir conquistando cosas. En la lucha van adquiriendo autoestima, van sintiéndose cada vez más capaces de conseguir sus objetivos, van transformándose cada vez más en sujetos del proceso en el que están insertos.

55. Como dice Michael Lebowitz, Marx entendió muy bien “que la gente no es estática; que la lucha por satisfacer necesidades materiales puede producir nueva gente con nuevas necesidades, más radicales”, de ahí su tesis acerca del autodesarrollo de la clase obrera a través de sus luchas. Y “aunque las necesidades que pretenda resolver no vayan más allá del capital, el propio proceso de lucha cambia a las personas; las transforma en personas con una nueva concepción de sí mismas: empiezan a verse

como sujetos capaces de cambiar el mundo en el que viven.”[22]

56. La propia experiencia “es una dimensión irremplazable, porque sólo a través de ella se forman los sujetos de la transformación. Conformar dichos sujetos implica la autoeducación de las masas en el curso de su misma experiencia de lucha.[23]

57. Y esta experiencia práctica va haciendo surgir en los trabajadores cada vez más preguntas, más ansias de comprender y de saber, va creando la necesidad de adquirir conocimientos cada vez más profundos de la realidad en la que están inmersos y de las posibles soluciones a sus problemas. Por eso es tan distinto enseñar académicamente marxismo en las universidades a enseñarlo a trabajadores inmersos en la lucha. Para

los primeros suele ser un conocimiento más, para los segundos, un arma de lucha.

58. De todo lo dicho anteriormente podemos concluir que la conciencia de clase no tiene, por lo tanto, un comienzo absoluto con la “importación de la ciencia”, que la conciencia de clase va surgiendo en la lucha, y que es la transformación producida por esa lucha y no necesariamente la asimilación de la ciencia lo que produce la transformación de la conciencia burguesa en proletaria. Lo que permite la teoría marxista es la elevación exigido por la lucha de clase misma de la conciencia obrera a un nivel superior. No hay que identificar la conciencia de clase con la teoría

científica del socialismo. Esta teoría viene sólo a potenciar esa conciencia.

59. Y así lo plantea Marx cuando sostiene que la fuerza de la clase obrera está en su número, pero que este número “no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber”. No basta, por lo tanto, el conocimiento científico si los trabajadores no logran llevar a cabo una práctica unitaria.

7) TRES NIVELES DE CONCIENCIA

60. Me parece entonces que sería necesario distinguir tres niveles de conciencia en la clase obrera:

a) Conciencia espontánea o ingenua

61. La conciencia espontánea o ingenua, que es una conciencia necesariamente deformada por los efectos de la ideología dominante y a ella se aplicaría la mayor parte de las reflexiones de Althusser sobre la ideología como un conocimiento deformado de la realidad y correspondería, al decir de Sánchez Vázquez, a un tipo histórico de sociedad de clases en que la clase obrera sólo conoce la práctica económica de clase.[24]

b) Conciencia de clase proletaria

62. La conciencia de clase, que implica un distanciamiento de la ideología burguesa, que ya no es un factor de cohesión del sistema dominante sino de antagonismo y que no está necesariamente deformada.[25] Es aquella conciencia que se logra adquirir cuando la lucha de clases alcanza una dimensión política, pero esta conciencia no es todavía socialista, en el sentido en que es más de resistencia que de ofrecimiento de una alternativa para salir de la situación de explotación.

c) Conciencia de clase ilustrada o socialista

63. La conciencia de clase ilustrada o conciencia socialista es aquella conciencia de clase iluminada por la ciencia marxista. Todo el esfuerzo realizado por Marx al escribir El Capital está dirigido a proporcionarle a los trabajadores los instrumentos teóricos de su liberación; los conocimientos que le permitan no sólo reaccionar como clase explotada, sino entender los mecanismos profundos de la explotación capitalista y

levantar un nuevo proyecto de sociedad alternativo.

64. La propia Rosa Luxemburg, que insiste tanto en que la conciencia de clase se adquiere en la lucha, no deja de reconocer la importancia que tiene la teoría marxista o “teoría socialista” ⎯como ella la denomina⎯ para el movimiento obrero. Al reflexionar en su libro Huelga de masas, partido y sindicatos ⎯en 1906⎯ acerca de la superioridad de los sindicatos socialdemócratas alemanes en relación con los sindicatos burgueses y confesionales, sostiene que los éxitos materiales y el poderío de estos

últimos son el resultado de “una práctica sindical” esclarecida por la “teoría del socialismo científico”. Sin ella se avanza a tientas y guiado por las mezquindades de un empirismo estrecho. La fuerza de la ‘política práctica’ de los sindicatos alemanes reside en su inteligencia de las causas sociales y económicas profundas del orden capitalista; ahora bien, esta inteligencia no la deben sino a la teoría del socialismo científico, en la que estos se fundamentan para su práctica.”[26]

65. Para concluir, pienso que es correcto decir que el socialismo, como teoría científica, no puede nacer de la mera práctica del movimiento obrero y que debe ser introducida desde fuera..[27] En cambio pienso que la adquisición conciencia de clase sí está ligada a la práctica social, a la lucha de clases. Y, por supuesto, será más fuerte y más coherente en la medida en que esté fundamentada en el socialismo como ciencia.

4. CÓMO ESTO SE REFLEJA EN LA CONCEPCIÓN DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO

66. Esta concepción de que el proletariado necesita recibir desde el exterior la teoría marxista para lograr liberarse de la conciencia espontánea burguesa y adquirir conciencia de clase proletaria tiene, sin duda, consecuencias políticas, tanto en lo que se refiere al partido como instrumento político, como a la práctica política de ese partido y así se ha expresado en la gran mayoría de los partidos de raíz leninista, aunque siempre hay honrosas excepciones.

1) LA DIRECCIÓN, PROPIETARIA DEL SABER

67. Suele ocurrir que estos partidos, y muy a menudo sus cúpulas dirigentes, se consideren los portadores del saber o de la conciencia socialista, estimando que son los máximos dirigentes los únicos capaces de elaborar la estrategia y la táctica que debe ser aplicadas disciplinadamente por el partido. Esto genera una serie de desviaciones, algunas de las cuales ya señalamos: autoritarismo, verticalismo, manipulación de los

militantes, separación del partido de las masas.

68. Al considerarse la teoría propiedad de un grupo, ésta suple a los análisis concretos. Estos se vuelven superfluos, ya que no son más que la “aplicación” de una verdad superior. Por otra parte, como las ideas vienen elaboradas desde arriba ⎯en un partido que se ha organizado en forma de lo que Althusser denomina “columnas”, es decir, en estructuras verticales que van desde los núcleos o células hasta el buró político,

pasando por las instancias intermedias ⎯, los militantes sólo pueden discutir estas ideas en forma limitada[28] y no son estimulados a generar ideas propias.[29]

2) LA TAREA CENTRAL: LLEVAR LA TEORÍA AL MOVIMIENTO OBRERO

69. Si lo fundamental es hacer llegar la teoría marxista al movimiento obrero para que éste adquiera conciencia de clase y pueda liberarse de la ideología burguesa, la tarea política fundamental del partido será realizar esa fusión. El partido tiende a considerar que él es quien posee la verdad[30] y de que las masas son masas atrasadas, que deben ser liberadas de la influencia de la ideología burguesa dominante mediante el aporte desde afuera de la teoría socialista que ellas no poseen.

3) PRIORIZAR LA FORMACIÓN SOBRE LA ACCIÓN

70. Priorizará la formación política sobre la acción. Ir a los movimientos sociales a detectar a los cuadros más destacados para captarlos para el partido y allí formarlos. Se preocupará de realizar escuelas de cuadros, de elaborar materiales de formación.[31] Difícilmente logrará un contacto real con la gente, porque se pasará todo el tiempo queriendo controlarla e intentará siempre suplantarla.

4) MILITANTES ACRÍTICOS

71. El producto de una organización como ésta[32] es un tipo de militante absolutamente dócil y sin personalidad. Puesto que “el partido ⎯es decir, la dirección⎯ siempre tiene razón”, el militante tenderá a expresar su adhesión total y acrítica a los dirigentes que “encarnan para él la unidad y voluntad del partido.”

5. UN INSTRUMENTO POLÍTICO QUE VALORA LA PRÁCTICA SOCIAL PARA LA CREACIÓN DE LA CONCIENCIA

72. Si, por el contrario, se plantea que la clase obrera y el movimiento popular sólo pueden liberarse a sí mismos a partir de las luchas que emprendan, se requiere un cambio profundo en la forma de concebir la política y la organización.

73. La política no puede ser reducida a las instituciones políticas y no debe exagerarse el papel del Estado. Se debe abandonar la visión estrecha del poder reducido a los aparatos represivos del Estado. Se debe entender que no se puede construir fuerza política sin construir fuerza social.[33]

1) PRIORIZANDO CREAR SITUACIONES PROPICIAS PARA LA MADURACIÓN DE LA CONCIENCIA

74. Y en lo que a organización se refiere, esta deberá ser un instrumento volcado hacia la sociedad; inmerso en los sectores populares. En lugar de poner el acento en introducir la teoría en el movimiento obrero, estará muy atenta a las distintas formas de expresión del malestar social frente al sistema opresor vigente y a las iniciativas y formas de lucha que desde allí se gesten; propiciará espacios de encuentro entre todos esos sectores sociales e iniciativas populares que se sienten afectados por la situación

imperante, y tratará de descubrir, junto al movimiento social, los espacios y formas de confrontación que le permitan a este movimiento ir tomando conciencia de que la superación de sus males sólo se dará si se unen y construyen una fuerza social capaz de enfrentarse al actual sistema de dominación de clase.

2) UNA NUEVA RELACIÓN CON EL MOVIMIENTO POPULAR

a) Respeto a su desarrollo autónomo

75. Si pensamos que la lucha práctica es fundamental para hacer avanzar la conciencia popular, nuestro instrumento político debe expresar un gran respeto por el movimiento popular; debe contribuir a su desarrollo autónomo, dejando atrás todo intento de manipulación. Debe partir de la base de que los cuadros políticos no son los únicos que tienen ideas y propuestas y que, por el contrario, el movimiento popular tiene mucho

que ofrecer, porque en su práctica cotidiana de lucha va aprendiendo, descubriendo caminos, encontrando respuestas, inventando métodos, que pueden ser muy enriquecedores.

b) Partir de sus motivaciones

76. Por otra parte, es un gran error pretender conducir al movimiento de masas con el método de ordeno y mando, llegar a ellas con esquemas preelaborados. El papel del instrumento político es el de orientar, no el de suplantar. Tenemos que luchar por eliminar todo verticalismo que anule la iniciativa de la gente, porque la participación popular no es algo que se pueda decretar desde arriba. Sólo si se parte de las motivaciones de la gente, sólo si se le hace descubrir a ella misma la necesidad de realizar determinadas tareas, sólo si se gana su conciencia y su corazón, estas personas estarán dispuestas a comprometerse plenamente con las acciones que emprendan. Por eso es tan importante incorporar a las bases al proceso de toma de decisiones, eso quiere decir que hay que abrir espacios para que la gente se exprese.

c) Aprender a escuchar

77. Eso significa también que hay que aprender a escuchar; hay que hablar con la gente y, de todo el pensamiento que se recoge ser capaces de hacer un diagnóstico correcto de su estado de ánimo, sintetizar aquello que puede unir y generar acción, combatiendo el pensamiento pesimista, derrotista que también existe. Debemos poner oído atento a todas las soluciones que el propio pueblo gesta para defenderse o para luchar por sus

reivindicaciones.

d) Las orientaciones no pueden ser presentadas como directivas externas

78. Sólo entonces, las orientaciones que se lancen no se sentirán como directivas externas al movimiento y permitirán construir un proceso organizativo capaz de llevar, si no a todo el pueblo, al menos a una parte importante de éste a incorporarse a la lucha y, a partir de ahí, se podrá ir ganando a los sectores más atrasados, más pesimistas. Cuando estos últimos sectores sientan que los objetivos por los que se combaten no

sólo son necesarios, sino que es posible conseguirlos ⎯como decía el Che⎯, se unirán a la lucha.

e) Que la gente se sienta protagonista

79. Cuando, por otra parte, la gente comprueba que son sus ideas, sus iniciativas, las que están siendo implementadas, se sentirá protagonista de los hechos, y su capacidad de lucha crecerá enormemente.

f) De la conducción militar a la pedagogía popular

80. Después de lo dicho hasta aquí podemos comprender por qué los cuadros políticos de la nueva época no pueden ser cuadros con mentalidad militar ⎯hoy no se trata de conducir a un ejército, lo que no quiere decir que en algunas coyunturas críticas, pueda y deba hacer un viraje en este sentido⎯, ni tampoco demagogos populistas ⎯porque no se trata de conducir a un rebaño de ovejas⎯; los cuadros políticos deben

ser fundamentalmente pedagogos populares, capaces de potenciar toda la sabiduría que existe en el pueblo tanto la que proviene de sus tradiciones culturales y de lucha, como la que adquiere en su diario bregar por la subsistencia⎯ a través de la fusión de ésta con los conocimientos más globales que la organización política pueda aportar. Debe fomentar la iniciativa creadora, la búsqueda de respuestas.

81. Por desgracia, muchos de los dirigentes se educaron en la escuela de conducir a las masas por órdenes y eso no es fácil de cambiar de un día para otro. Por eso no quiero crear una sensación de excesivo optimismo. La correcta relación con los movimientos sociales está lejos de haber quedado completamente resuelta.[34]

82. Esta revalorización de los movimientos sociales y la comprensión de que la conducción se gana y no se impone, ha llevado a algunos sectores de la izquierda a buscar nuevas fórmulas para conformar los frentes políticos que no sean una mera alianza entre partidos políticos, sino que, a su vez, den cabida a la expresión de los movimientos sociales.

3) ABANDONO DEL OBRERISMO

83. La nueva organización política debe tener en la mira no sólo la explotación económica de los trabajadores, sino también las diversas formas de opresión y de destrucción del hombre y la naturaleza que van más allá de la relación entre el capital y la fuerza de trabajo. Además de los problemas de clase, deben preocuparle los problemas étnico-culturales, de raza, de género, de sexo, de medio ambiente. No debe

tener presente sólo la lucha de los trabajadores organizados, sino también la lucha de las mujeres, de los indígenas, negros, jóvenes, niños, jubilados, minusválidos, homosexuales, etcétera.[35] Y no se trata sólo de asumir la defensa de todos los explotados y discriminados, sino de comprender el potencial político radical y transformador que existe en las luchas de todos estos sectores.[36]

4) INSTANCIA ARTICULADORA DE LAS DIFERENTES PRÁCTICAS SOCIALES EMANCIPATORIAS

84. La nueva organización política no debería buscar contener en su seno a los representantes legítimos de todos los que luchan por la emancipación, sino esforzarse por articular sus prácticas en un único proyecto político[37] nacional.

5) ORGANIZACIÓN QUE PREFIGURA LA NUEVA SOCIEDAD

85. Una organización que pone el acento no tanto en la teoría que aporta sino en la práctica social de los distintos sectores populares, debe cuidar que su propia práctica no se contradiga con los valores de la nueva sociedad a los que se encamina. La organización como prefiguración de la sociedad emancipada debe anticipar en su vida interna los valores de la democracia, solidaridad, cooperación, camaradería. Debe proyectar vitalidad y alegría de vivir.[38]

6) CONCLUSIÓN

86. Resumiendo, para hacer frente a los nuevos desafíos que nos plantea el siglo XXI necesitamos una instancia política que, al mismo tiempo que levante un programa nacional que permita aglutinar en torno a una misma bandera de lucha a amplios sectores de la sociedad, promueva su transformación en protagonistas activos o sujetos constructores de la nueva sociedad a favor de la cual se lucha.


[1] Aquí estoy aludiendo a los partidos políticos, a las organizaciones político-militares, a los movimientos y frentes políticos.

[2] Sobre este tema y varios otros tratados aquí ver un mayor desarrollo en: Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, Siglo XXI de España editores, 3ª. Ed. 2000,

Capítulo V. Un instrumento político adecuado a los nuevos desafíos

[3] Eric Hobsbawm, La historia del siglo XX (1914-1991), Ed. Crítica, Barcelona, 1995.

[4] Haciendo una comparación con el capitalismo, Lenin afirma que en este régimen sólo existe democracia para los ricos y para una pequeña capa del proletariado, mientras que en la fase de transición o socialismo la democracia es casi completa, limitada únicamente por el aplastamiento de la resistencia de la burguesía y en el comunismo, en el que reina el principio: «De cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad», la democracia será efectivamente completa. (V. Lenin, El marxismo y el Estado, Ed. Progreso, Moscú, 1980, p.28.

[5] 5. Lenin, Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista (1 jul.1921), en el III Congreso de la Internacional Comunista, OC, T.35, p.379.

[6] Siglo XXI México, España, 1a ed. 1969, corregido por tercera vez en 1985, 62 ediciones.

[7] Editorial Quimantú, nov.1972.

[8] Luis Althusser, “Práctica teórica y lucha ideológica” (20 abril 1965) y “Ideología y aparatos ideológicos del Estado (notas para una investigación)”, en La filosofía como arma de la revolución , Cuadernos de Pasado y Presente, num.4. Siglo XXI, México, 1982, pp.23-69 y pp.97-141

respectivamente. Polémica sobre marxismo y humanismo, México, Siglo XXI, 1968, especialmente pp.172-199.

[9] Lenin, Qué hacer, Obras Completas, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1979, p.439.

[10] Op.cit. p. 467.

[11] Lenin, Nuevas tareas y nuevas fuerzas (23 feb.1905), O.C. t.8, p.223

[12] Lenin, Enseñanzas de la revolución, (6 sep.1917), O.C. t.26, p.309. Para lograr educar a las masas a partir de la experiencia práctica debe tenerse muy en cuenta lo que Lenin decía dirigiéndose a los obreros de avanzada. Según el dirigente bolchevique éstos debían “formarse una idea clara de la naturaleza económica y la fisonomía social y política del terrateniente y del cura, del dignatario y del campesino, del estudiante y el vagabundo; conocer sus lados fuertes y sus lados débiles, saber orientarse en medio de la fraseología usual y de los más diversos sofismas con los que cada clase y cada capa encubre sus apetitos egoístas y su verdadera ‘naturaleza’; saber distinguir qué instituciones y leyes reflejan unos y otros intereses, y cómo los reflejan. Pero esta ‘idea clara’ no puede obtenerse en los libros: sólo puede surgir de la realidad, así como de las denuncias formuladas en caliente sobre todo cuanto sucede en determinado momento en nuestro derredor; sobre lo que todos comentan o murmuran, sobre lo que se revela en determinados acontecimientos, estadísticas, sentencias judiciales, etc., etc. Esas denuncias políticas que abarcan todos los aspectos de la vida son una condición indispensable y fundamental para educar a las masas en la actividad revolucionaria. (Lenin, Qué hacer (febrero 1902), O.C. t.5, pp.467-468).

[13] Op.cit. p.440.

[14] Claude Berger, Marx, l’association, l’anti-Lenin, vers la ablition du salariat, Poche Payot, Paris 1974.

[15] Ver Marx , Les associations ouvrières, Novelle gazette rhénane, dic. 1847, citado según Berger, op.cit. pp.105-106.

[16] Esta forma de ver las cosas excluye la separación y oposición esquemática entre lucha económica y lucha política

[17] “Es en la lucha, de la que no hemos señalado sino algunas fases, que esa masa se reúne, se constituye en cuanto clase para sí. Los intereses que defiende llegan a ser intereses de clase. Pero la lucha de clase a clase es una lucha política.” (Marx, Misère de la philosophie, Ed. Sociales, Paris, 1968, pp.177-178)

[18] Engels, Carta a Florence Kelley-Wischnewetzky, Londres, 28 dic. 1886 , en Obras escogidas en tres tomos, Editorial Porgreso, 1974, t.3, pp.509-510.

[19] Marx y Engels a Bebel, W. Leibknecht, W. Bracke et autres, Lettre circulaire à propos du “manifeste des tríos de Zurcí (se trata de Hoechberg, Berstein y Schram), Obras Escogidas en francés, vol2., p. 525 s.

[20] Adolfo Sánchez Vázquez, Ciencia y revolución. El marxismo de Althusser, Alianza Editorial, Madrid, 1978, p.42 (las negritas son de Marta Harnecker).

[21] Grève de masses, parti, et syndicats, François Maspero, Paris, 1968, p.30

[22] Michael Lebowitz, Beyond Capital, segunda edición Palgrave Macmillan, London, 2003. Ver especialmente el Capítulo X: De la economía política a la lucha de clases.

[23] Roberto Pittaluga, “Reflexiones en torno a la idea de espontaneidad en Rosa Luxemburg,” en Revista de política y cultura El Rodaballo, Ediciones El cielo por asalto, añoV, No.9, 1998-99. En estos planteamientos Rosa Luxemburg no hace sino retomar la tercera tesis de Marx sobre Feuerbach, donde sostiene que son los hombres los que a través de su práctica “hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado.” (Marx , Tesis sobre Feuerbach (primavera de 1845), O.E., Editorial Progreso, Moscú, 1973, t1, p.8.)

[24] Adolfo Sánchez Vázquez, Op.cit. p.42.

[25] Op.cit. p.35.

[26] Rosa Luxemburg, op.cit, p.77.

[27] Aunque requiere de una “posición de clase” para ser elaborado como ciencia, punto que aquí no podemos abordar.

[28] Analizando lo que ocurre en el Partido Comunista francés al respecto, Althusser escribe: “[…] la libertad de discusión en la base ya había sido adquirida antes del XXII Congreso, pero ello no cambió en nada las prácticas de la dirección. Ya que el aparato había hecho el descubrimiento, tan viejo como el mundo burgués, de que podía darse el lujo de dejar que los militantes discutieran libremente en sus células, sin exclusión ni sanción, ya que esto no tendría ninguna consecuencia. De hecho las verdaderas discusiones y decisiones secretas tienen lugar siempre más allá de la demarcación de las federaciones, en el buró político y el secretariado o más bien en un pequeño grupo que no figura en los estatutos que comprende el secretariado, una parte del buró político y algunos ‘expertos’ o colaboradores del comité central. Es allí donde se toman las verdaderas decisiones […]” (Ce qui ne peut pas dure .dans le Parti Comuniste Français…, Maspero, Paris, 1978, p. 69.)

[29] A este “verticalismo absoluto” se refiere críticamente Louis Althusser en su trabajo de abril de 1978: Lo que no puede permanecer más en el Partido Comunista, cuando desarrolla el significado de la división del Partido en columnas que sólo permiten la circulación de ideas de la cúspide a la base y de abajo arriba por la correspondiente “columna”, quedando descartada como “fraccional” toda relación entre militantesque pertenecen a distintas ramas, secciones o “columnas”. El autor propugna una “relación horizontal” que permita ’el libre intercambio generalizado de experiencias y análisis’. (Louis Althusser, Ce qui ne peut pas durer…., p.82). De esta manera el centralismo democrático, método indispensable para la toma de decisiones en determinadas circunstancias, se vuelve realmente democrático.

[30] Lo que los críticos denominan “la vanguardia lúcida o iluminada”.

[31] Quiero aclarar que no estoy en contra de realizar estas actividades. Muy por el contrario, creo que uno de los déficits actuales de muchas organizaciones de izquierda es haber descuidado completamente estas tareas. El asunto es si ellas se transforman en un fin en sí mismo o están insertas en un accionar que priorice las luchas populares.

[32] Que Althusser califica de “máquina de dominar, controlar y manipular”

[33] Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible, op.cit. pp.301-303, párrafos 1059-1068.

[34] En el libro de Marta Harnecker, La izquierda después de Seattle, Siglo XXI, Madrid, 2000; se exponen las dificultades objetivas para lograr unificar los esfuerzos de la izquierda organizada en partidos y de la

izquierda social.

[35] Ver sobre este tema los planteamientos del Partido de los Trabajadores de Brasil en su I Congreso de 1991 (27 noviembre-1 de diciembre) en: Resoluçoes do 1º Congresso do PT.

[36] H. Gallardo, Elementos para una discusión sobre la izquierda política en América Latina, revista Pasos Nº50, nov-dic 1993, p.29.

[37] Enrique Rubio y Marcelo Pereira, Utopía y estrategia, democracia y socialismo, Ed. Trilce, Montevideo, Uruguay, 1994, p.151.

[38] Hay varias otras ideas acerca de cómo tendría que ser la estructura interna de un instrumento político que se caracteriza por valorar la práctica social como un elemento fundamental para la constitución de los sujetos del proceso revolucionario. No puedo desarrollarlas aquí por falta de espacio, pero al menos quieroenunciarlas. Estoy pensando en una organización cuya militancia se reúna en torno a una comunidad de valores y un programa concreto. Que en lugar de tratar de homogeneizar a sus militantes respete las diferencias y contemple variadas formas de militancia. Que abandone los métodos autoritarios y cree espacios para el debate, respetando la existencia de corrientes de opinión, pero cuidando que no se transformen en partidos dentro del partido. Que constituya una dirección que respete la composición de las diversas corrientes internas. Que realice consultas o plebiscitos internos para que toda la militancia pueda pronunciarse frente a temas de interés para todos. Que ponga en práctica un real pluralismo.

¿Está el FMLN condenado a sufrir una derrota electoral en el 2021? Lorena Peña Mendoza

Existe una abrumadora campaña por parte del gobierno y sus aparatos de guerra sicológica dedicada a instalar en la mente de la población y de la militancia del FMLN, que INEVITABLEMENTE, el FMLN será derrotado en el 2021. Como si este fuera un destino dictado por fuerzas sobrenaturales, frente al cual nada podemos hacer más que resignarnos.

Es importante dilucidar este tema, a fin de que podamos ver de manera objetiva, qué tan cierta es esta afirmación.

Los resultados en las diferentes elecciones dependen de varios factores, dependen del grado de descontento popular que exista frente a la gestión del partido de gobierno, de la actuación y definiciones de cada fuerza política frente a los diferentes problemas nacionales, de las condiciones internas de cada fuerza contendiente, de los recursos materiales y morales de cada fuerza política, y del estado de ánimo de su militancia, y de la estrategia concreta que se adopte en cada campaña.

Es entonces inevitable preguntarnos si en el 2021 la situación del país, del presidente, de los partidos, del FMLN es igual a las situaciones que rodearon las elecciones de 2018 y 2019.

  1. En el 2018 y el 2019 el FMLN pasaba por una profunda crisis producto de haber reaccionado tardíamente a la labor de división y descohesión realizada al interior de nuestro partido por el actual presidente y un grupo de dirigentes que le apoyaron. A tal grado, que nuestra militancia y mucha gente tenía serias dudas y hasta enojo, de por qué habíamos expulsado de nuestras filas a un candidato ganador, supuestamente de izquierda. El dictador había logrado posicionarse como el mejor candidato que la izquierda podría llevar, y además como un hombre anti sistema que revolucionaría todo, “haciendo historia”, y el FMLN apareció como un partido necio que perdió a esa buenísima figura, por necio, aun a costa de sacrificar una victoria electoral.

A sólo un año de su gobierno, mucha gente puede afirmar con seguridad que ese candidato que hoy es presidente es un fiasco, que no es de izquierda, que es el gobernante más corrupto de los últimos tiempos, que es autoritario, que ha sido incapaz de manejar los grandes problemas, que es mentiroso y que sólo le importa su ego.

Si bien esta opinión no es mayoritaria, es importante resaltar que una buena parte del voto de izquierda, a estas alturas le ha retirado su apoyo.

2. El partido NI que surge con un fuerte apoyo local e internacional se ha visto diezmado, figuras influyentes de la comunidad en el exterior como el Sr. Luis Reyes y un grupo importante de comités de apoyo le han retirado su respaldo ante la visible corrupción, nepotismo y exclusión que se practica en el partido, y hemos presenciado fuertes disputas locales producto de sus elecciones internas.

3. Arena ha sufrido fuertes divisiones internas, producto de su descomposición y de la labor de zapa del gobierno, ha tenido pactos oscuros con el gobierno que han generado repudio incluso en sus propias filas, sin embargo, busca recomponerse y mantiene un fuerte aparato en los territorios.

4. Gana trata de ganar para si los votos de NI, lo cual se vuelve una disputa interna, y no logra relevancia en el electorado, y en esta ocasión NI no va a llamar a votar por ellos sino por su partido.

5. El FMLN ha logrado administrar sus problemas internos, con una discusión diferida de planteamientos estratégicos a su interior, sin embargo, la valiente y clara posición del grupo parlamentario del FMLN, y la labor de destacados alcaldes, ha promovido un re conocimiento de su papel como verdadero partido de oposición, valiente, y que lleva planillas renovadas, con personas jóvenes, mujeres, y un contingente reducido de lo mejor de la militancia histórica del FMLN.

6. El descontento y separación del apoyo a Bukele y su partido aun no se expresa en términos de apoyo al FMLN o a otro partido, varias encuestas señalan que hay entre un 50 y 40% de electores que no han definido su intención de voto, pero que ya no suscriben un respaldo al partido del presidente.

7. Esta situación presenta claramente la posibilidad de una recuperación del FMLN y de una mejoría sustanciosa en su posicionamiento político electoral, pero, obviamente, esa posibilidad para que sea realidad requiere de una visión, estrategia y acción definida de la dirección y de la militancia para lograrlo. Ya que los votos no caen como frutas maduras, los votos se conquistarán mediante una acción efectiva por parte de nuestro partido.

¿De qué depende en realidad que podamos obtener una victoria importante en el 2021?

  • En primer lugar, de que tengamos claridad sobre la situación, la voluntad y convicción de nuestras potencialidades, y de trabajar con optimismo para lograr nuestros objetivos.
  • En segundo lugar, depende de que traslademos en la acción y en el discurso una visión positiva, tanto de nuestro partido, como a través de nuestras propuestas municipales y legislativas para los sectores que deseamos RECUPERAR.
  • En tercer lugar, depende de que definitivamente comprendamos que en el siglo XXI debemos usar certeramente las nuevas tecnologías de comunicación y propaganda, no podemos seguir en la edad de piedra. La población ha pasado a relacionarse mucho más que en 2019 a través de redes, la misma pandemia ha generado un cambio cultural y social en las relaciones humanas que ha llegado para quedarse.
  • En cuarto lugar, depende de que dejemos de menospreciarnos nosotros mismos en público, no podemos seguir instalando en la mente de la gente que somos un partido SIN CREDIBILIDAD, cada vez que hablamos de recuperar credibilidad, implícitamente reafirmamos que no somos un partido creíble, y pregúntense ¿Quién quiere votar por un partido no creíble, que ni su militancia lo considera creíble?

– En quinto lugar, depende de que tengamos una agenda ofensiva, de contenidos, que no permita que el gobierno y su partido se recompongan y que genere esperanza en la población; y tomemos medidas para salirle al paso a la ofensiva de difamación y descrédito que el gobierno ha relanzado con furia en las últimas semanas.

– En sexto lugar, depende mucho de que oigamos a la gente para conocer sus aspiraciones, frustraciones y esperanzas, para darles una respuesta en nuestros planteamientos y acciones.

Los recursos cuentan, pero el FMLN siempre ha tenido menos recursos que sus adversarios, así que tratemos de aportar todos y sobre todo HAGAMOS EL MEJOR USO DE CADA RECURSO QUE TENGAMOS A MANO.

¡VAMOS CON ENERGIA A CONQUISTAR LA VICTORIA EN EL 2021!

¡IMPEDIREMOS POR TODOS LOS MEDIOS QUE UNA NUEVA DICTADURA, CIVICO-MILITAR CORRUPTA Y NEOLIBERAL SE CONSOLIDE!

¡VENCEREMOS!

San Salvador, agosto 25 de 2020

El Salvador: horizonte electoral 2021 Roberto Pineda 28 de agosto de 2020

Introducción

Faltan seis meses para las elecciones municipales y legislativas del 28 de febrero de 2021, 28F. Estas elecciones seguramente cambiaran el rumbo del país al cerrarse el ciclo iniciado a partir de los Acuerdos de Paz de 1992, y que fue fracturado en 2018, y seriamente resquebrajado en 2019. Presenciamos  el agotamiento del actual sistema político basado en el predominio de dos grandes partidos, ARENA que gobierna de 1989 a 2009, y FMLN que gobierna del 2009 al 2009.

Presenciamos la emergencia –para utilizar un término gramsciano- de un nuevo bloque histórico, de una modificación de la estructura jurídico-política, de naturaleza autoritaria y populista, pero que mantiene e incluso recrea, oxigena, renueva, la formación social dominante capitalista dependiente. 

Nos encontramos en una original situación de transición hacia un nuevo régimen político, caracterizado por el  predominio de una nueva fuerza partidaria, Nuevas Ideas y su dirigente Nayib Bukele, que se sustenta en cinco pilares: un innegable respaldo popular, una institucionalidad partidaria (Nuevas Ideas), el control de la Presidencia, el apoyo de la Fuerza Armada y el acompañamiento del gobierno de los Estados Unidos.

A este ya poderoso alineamiento de fuerzas, probablemente se agregará a partir de mayo del 21, el control de la Asamblea legislativa y de algunas cabeceras departamentales, sin descartar San Salvador. Esto va significar la ruptura  del actual equilibrio institucional de fuerzas (Ejecutivo vs. Legislativo, CSJ, nueva Corte de Cuentas, etc.,) en beneficio  de Nuevas Ideas.

En el juego electoral legislativo nuestro, los partidos políticos aspiran individual o mediante alianzas obtener una situación de mayoría simple (43 votos) así como de  mayoría calificada (56 votos)  de un parlamento de 84 diputados.  Asimismo el control edilicio de las principales ciudades y de las 14 cabeceras departamentales.

A continuación esbozamos las tendencias principales de la actual confrontación social y política, que será electoralmente definida en seis meses, el 28 de febrero de 2021,  afectando así el rumbo futuro del país y de sus organizaciones y luchas populares, así también algunos elementos de la situación del movimiento popular y la izquierda en general.  

1.Correlación actual de fuerzas

La contradicción existente durante 30 años, derecha contra izquierda, ARENA vs. FMLN se ha transformado. Y en la nueva contradicción, los anteriores adversarios, ARENA y FMLN aparecen como aliados tácticos frente a un enemigo común, el partido Nuevas Ideas que amenaza con desalojarlos del escenario político o reducirlos a dimensiones insignificantes, aprovechándose de la acumulación popular de  rechazo hacia los partidos políticos del sistema, al cual Nuevas Ideas acaba de sumarse y más temprano que tarde experimentara esta misma experiencia, o sea tomara de su misma medicina.  

Pero como es previsible, estas fuerzas no se resignan a abandonar su lugar en el escenario político y dan una férrea batalla contra su hoy enemigo común. Y tienen en el plano político institucional una significativa  correlación para hacerlo, ya que controlan Asamblea Legislativa, Corte Suprema de Justicia, Corte de Cuentas, etc. 

A nivel legislativo la correlación actual de diputados hasta mayo 21 es la siguiente: ARENA 37, FMLN 23, GANA 10, PCN 9, PDC 3, CD 1, y 1 independiente. El Bloque Opositor cuenta con 56 votos (ARENA-FMLN-PDC-Independiente), mayoría simple y mayoría calificada. El Bloque Gubernamental cuenta con 11 votos (GANA-CD), una situación de clara desventaja. En el caso del PCN este jala donde más le convenga. 

A nivel de las cabeceras departamentales, ARENA controla actualmente 9 (incluyendo San Salvador, 2 millones de habitantes), PCN, 2 (Ahuachapán y Cojutepeque) y FMLN 2 (Zacatecoluca y San Miguel)  y GANA 1, (San Francisco Gotera). A nivel de las diez ciudades principales ARENA controla 8, incluyendo la primera (SS), tercera (Santa Ana), cuarta (Soyapango), sexta (Santa Tecla), séptima (Apopa), octava (Ciudad Delgado) , novena (Sonsonate) y decima (Ilopango) y FMLN 2 (la segunda (San Miguel, con 400 mil habitantes) y quinta (Mejicanos con 140 mil).

Hacia futuro, hacia el 28F, el sueño dorado de la oposición política es la de mantener una fuerte presencia legislativa y conservar las alcaldías principales y mediante esto reducir el caudal de votos de NI, mientras que  el sueño del presidente  Bukele es repetir la avalancha popular en las urnas, de castigo al FMLN y ARENA, que caracterizaron los dos últimos eventos electorales en 2018 y 2019.

1.1El bloque gubernamental

Nuevas Ideas

La hegemonía alcanzada por Nuevas Ideas (NI)  ya como el principal partido político en términos numéricos (500,000 afiliados) y controlando el Ejecutivo, necesita fortalecerse con  representación parlamentaria y municipal, y este será un combate político encarnizado  en los próximos seis meses alrededor de tres ejes principales: economía, seguridad y salud (manejo de la pandemia  del coronavirus y de la reapertura económica).

El predominio político de NI obedece a varios factores, entre estos el relevo generacional y el ingreso a la política de los jóvenes llamados millenials, que nacieron en los años ochenta y noventa, así como el uso especializado de las redes sociales, pero fundamentalmente el desgaste del sistema político actual.

Es de señalar que Nuevas Ideas atraviesa por una situación similar a la vivida por el FMLN en 1994 al dejar de ser una fuerza guerrillera y por ARENA en 1981, al dejar de ser una fuerza paramilitar. Toda fuerza política al abandonar la calidad de movimiento e institucionalizarse en los marcos regulatorios del sistema político, inicia a lo externo, frente a la opinión pública, el proceso de su desgaste y en particular, si llega a ocupar el ejecutivo, y Nuevas Ideas lleva ya un año en el ejecutivo, y ya hay desgaste y este seguirá aumentando.

Hay un elemento importante en Nuevas Ideas, que lo diferencia de las demás fuerzas políticas, atrapadas en sus conflictos internos, que es una ventaja estratégica y consiste en que sus integrantes se nuclean alrededor de  una conducción única, inapelable, la del hoy presidente Nayib Bukele. Esto es ventaja y desventaja, ventaja por la conducción única,  pero desventaja porque  permite situaciones como la del 9 de febrero, en que se militariza la Asamblea Legislativa, lo cual fue un grave error político, que le pasara factura, nacional e internacional, por mucho tiempo.

Pero por otra parte, a lo interno, su institucionalización provoca el flujo e influjo, la llegada a sus filas de miles de personas sin partido, o de ARENA (caso Walter Araujo), de GANA e incluso del FMLN (caso de Saúl Meléndez). En la experiencia del FMLN luego de 1994 llegaron fuertes contingentes del PDC, pero incluso hasta del PCN. En definitiva, este es un proceso vivido ya por el PCN, PDC, ARENA y el FMLN.  Estos procesos partidarios fortalecen, le agregan musculo a los huesos, pero además debilitan, al disminuir la cohesión ideológica.

GANA

En el caso de GANA, una escisión de ARENA en 2010,  la historia les colocó una oportunidad dorada al permitir que fuera mediante este partido en el 2019 que Nayib Bukele accediera  a la presidencia. A partir de junio de 2019 la fracción legislativa de GANA y su líder principal, Guillermo Gallegos se convirtieron  en la bancada pro gubernamental, ya que formalmente son el partido oficial. Interesantemente, algunos candidatos que no lograron salir elector en las internas de NI, lograron colarse como candidatos de GANA.  Y hoy disputaran Ni y GANA en el territorio ya que difícilmente lograran coaliciones locales. 

CD

En el caso del CD, de ideología socialdemócrata,  la historia caprichosa les arrebató la oportunidad dorada de llevar como candidato a Nayib Bukele. No obstante esto, Juan José Martel, su único diputado, es un firme defensor de las políticas gubernamentales. Como CD es interesante que lleven en esta elección muchos candidatos locales, dada su proverbial pequeñez.    

1.2El Bloque opositor

El Bloque opositor es muy amplio,  incluye casi toda la derecha (en sus múltiples vertientes, menos GANA) y la izquierda (también en sus múltiples vertientes, menos CD), así como significativos sectores de fuerzas democráticas, académicas, religiosas, etc. Pero no obstante este poderoso nivel de acumulación de fuerzas, el desgaste del modelo es tal que les ha provocado a ARENA y al FMLN ya dos  derrotas electorales estratégicas y seguramente una tercera en 28F.

La derecha mediática

La derecha en su rama mediática (Diario de Hoy, Prensa Gráfica, Diario El Mundo, TCS, etc.,) encabeza la batalla cotidiana y pretende -de manera sistemática- construir en la opinión pública una percepción que el país se encuentra en completo caos, cayéndose a pedazos, lastrado por una tríada infernal.

Uno, la corrupción  (los funcionarios están enriqueciéndose en salud, agricultura, presidencia, cultura, etc.), dos, la ineptitud (habrá retroceso económico y hambre, posibilidad de un default) y tres, la ilegalidad (establecerá una dictadura, militarizara el país, el escándalo del “golpe de estado” del 9F,  e incluso algunos hablan hasta de fascismo).  Es curioso como algunos adjetivos que hoy se le adjudican a Bukele fueron en su momento etiquetas para su némesis, el expresidente Funes.[1]

La republica está en peligro, violaran la Constitución -claman angustiados- los responsables de la pauta mediática de la oposición política a Bukele. Y en política como en la vida, las percepciones son realidades.

Independientemente de la veracidad de las acusaciones, que muchas parecen ser ciertas, lo que cuenta es la realidad mediática, que es consumida y asimilada o en su caso, rechazada por la población. Contrario sensu, el GOES pretende proyectar la falsa idea que el país está estable y mucho más seguro que antes como resultado de su esfuerzo, y que son un equipo de gobierno sacrificado y comprometido con la ciudadanía.  

La campaña mediática que logre conquistar las mentes y corazones de la ciudadanía prevalecerá y por el momento parecer ser que se trata del equipo gubernamental y su manejo de medios y de redes.

Hay que señalar que en esta disputa influye fuertemente la hegemonía ideológica de los Estados Unidos, que se expresa en el culto a la democracia burguesa, que se expresa en la idolatría electoral, cultivada esmeradamente por las clases dominantes, en plena dictadura militar,  desde 1945. Esta hegemonía se ve fortalecida a partir de los años ochenta del siglo pasado, con el crecimiento vertiginoso del protestantismo de corte conservador.

La derecha empresarial

Por su parte, en la derecha empresarial coexisten dos visiones: una de corto alcance y otra de largo alcance. La primera está dirigida por el clan Simán y considera que el gobierno Bukele debe ser aplastado antes de consolidarse, que hay que acabárselo financieramente, se expresa gremialmente mediante la ANEP y busca lograr que la reapertura económica le permita recuperar en un corto plazo, sus ganancias perdidas por la crisis provocada por el Covid-19.

Presenciamos una agudización de las contradicciones[2] entre fracciones de la burguesía comercial, en su vertiente árabe-palestina, principalmente entre el poderoso clan Siman y el emergente clan Bukele, en claros arreglos con la vertiente de origen europeo-estadounidense.

La otra visión la representan sectores del gran capital oligárquico ( Kriete, Poma, Meza) que conciben la necesidad de establecer puentes de entendimiento con los nuevos administradores del sistema, con el gobierno Bukele, que debe ser asimilado, cooptado y orientado hacia sus intereses, y esto explica que incluso realizaron apariciones conjuntas durante esta pandemia del coronavirus. En esto coinciden con el capital transnacional  y el gobierno estadounidense. 

La derecha política

Y esta la derecha política, particularmente ARENA, que pretende en estos seis meses que quedan antes del 28F,  lograr que sus candidatos viabilicen su elección, en particular garantizar un sólido bloque legislativo y la conservación de los consejos municipales en las principales cabeceras departamentales. Por lo menos garantizar que se mantenga la actual correlación de fuerzas.

Al ser oposición, el contingente legislativo pasa  a desempeñar un rol protagónico, ya que es el factor  que impulsa, define y participa de la agenda política nacional, pasando por encima de las mismas direcciones de los partidos. Y en este agreste territorio, la experiencia y la astucia es esencial, lo que explica el caso de Rodolfo Parker, que no obstante tener una minúscula fracción de tres diputados, y  ser encubridor del asesinato de los jesuitas en noviembre de 1989, aparece tranquilamente liderando a toda la oposición legislativa en el combate al proyecto político de Nuevas Ideas.

2.Los escenarios territoriales

Una muestra de las diez principales ciudades del país nos permitirá medir los niveles del enfrentamiento político planteado a nivel de territorios, tomando en cuenta que incluyen cinco cabeceras departamentales (San Salvador, San Miguel, Santa Ana, La Libertad y Sonsonate) así como cinco municipios del Gran San Salvador (Soyapango, Mejicanos, Apopa, Ciudad Delgado e Ilopango). De estas 10 ciudades, únicamente San Miguel y Mejicanos son gobernadas actualmente por el FMLN, las demás lo son por ARENA.

Para una mejor comprensión de la evolución del enfrentamiento entre FMLN y ARENA en estos últimos 25 años, en 9 elecciones, hacemos uso del siguiente cuadro  de número de diputados[3]:

Fechas /partido199419972000200320062009201220152018
ARENA392829273432333537
FMLN212731313235313123

Y podemos ver una muestra también del enfrentamiento a nivel de alcaldías en las tres ciudades principales, en los últimos 25 años:

Fechas /partido199419972000200320062009201220152018
San SalvadorArenaFmlnFmlnFmlnFmlnArenaArenaFmlnArena
San MiguelArenaArenaPdcArenaPcnPdcGanaFmlnFmln
Santa AnaArenaFmlnFmlnFmlnFmlnFmlnFmlnArenaArena

San Salvador 

La principal batalla electoral seráen esta ciudad capital, de circa 2 millones de habitantes, donde se eligen 24 diputados y que está dirigida por ARENA con un joven alcalde (Ernesto Muyshondt, 45 años), que será desafiado por el actual Ministro de Gobernación, Mario Duran, por Nuevas Ideas. El anterior alcalde (2015-2018) fue el actual presidente Nayib Bukele, en ese momento representando al FMLN.

En caso que conservara Muyshondt la posición, esto lo convertiría lógicamente en un posible candidato presidencial de ARENA para la presidencia en 2024, y lo mismo le sucedería a Duran  en caso de ganar, sería el lógico relevo de Bukele para las presidenciales. Por otra parte, los candidatos a alcalde aportan votos para la apretada disputa legislativa. Estimo que Muyshondt de ARENA conservara la silla edilicia.

A nivel de diputados, las primeras candidaturas de los principales partidos son: la actual diputada de 33 años, Anabel Belloso, por el FMLN; Ernesto Castro, de 49 años y actual secretario privado de la Presidencia por NI, y lo que lo convierte en candidato para presidir Asamblea y también presidenciable para el 2024; y por ARENA, la actual diputada Margarita Escobar, de 61 años.

San Miguel

Le sigue la oriental San Miguel (con 400 mil habitantes y 6 diputados) dirigida por el FMLN con el alcalde Miguel Pereira, de 37 años, que será desafiado por el exalcalde y candidato de GANA, Will Zalgado, de 54 años; así como por Cristian Flores por Nuevas Ideas y María de los Angeles Villeda, por ARENA. Estimo que Pereira conservara la silla edilicia. A nivel de diputados la pelea es entre la actual diputada por el FMLN, Dina Argueta, de 36 años; por NI, Francisco Amaya Benítez y por ARENA, Edgar Escolán.

Santa Ana

En la occidental Santa Ana (270 mil habitantes), se enfrenta por la silla edilicia, la actual Alcaldesa, Milena Calderón, de 75 años, de ARENA, contra el candidato de NI, Gustavo Acevedo, e Ismael Quijada, por FMLN.  Y a nivel de diputados, -son 7 en disputa- encabezan los listados de cada partido los siguientes. Por NI, Felipe Alfredo Martínez Interiano, por ARENA, el actual diputado José Javier Palomo Nieto, y por el FMLN, Edwin Grijalba.

La Libertad

En La Libertad se disputan  10 diputados. El actual alcalde de la principal ciudad, Santa Tecla, Roberto DAubuisson Munguía, de 52 años, es el hijo del fundador de ARENA. Su incumbencia de dos periodos es desafiada por dos jóvenes: el excoordinador nacional de juventud de Nuevas Ideas, Henry Flores  y por Yeimi Muñoz, exdirectora de INJUVE, por el FMLN.  A nivel de diputados, se enfrentan José Francisco Lira Alvarado, de ARENA, Cristina Cornejo de FMLN y Rebeca Arely Santos de Gonzalez de NI.

Sonsonate

En Sonsonate se disputan 6 diputados  y el cargo del actual alcalde del municipio Sonsonate, José Roberto Aquino, de ARENA. Su incumbencia de dos periodos  es desafiada  por Rafael Edgardo Arévalo González, de NI y Miguel Ángel Ramírez por el FMLN. A nivel de diputados, compiten Nidia Cuellar Olivares por ARENA, el excanciller Carlos Castaneda por FMLN y Héctor Enrique Sales Salguero, por NI.

3.Tres  grandes escenarios o tendencias

Identificamos la posibilidad del desarrollo de tres grandes escenarios de resultados electorales, que son los siguientes.

1. Situación de equilibrio. Surge cuando bloque gubernamental (NI (39), GANA (8), cuenta con 47 votos y bloque opositor (ARENA (20), FMLN (10); PDC (1), con 31 votos. En este escenario el Bloque Gubernamental  no obstante contar con mayoría simple, necesitaría llegar a acuerdos con ARENA o con el FMLN para lograr superar barrera de los 56. Esta posibilidad fue vislumbrada por el analista Francisco Martínez el 1 de julio y la retomo porque me parece ser la tendencia que más se aproxima a la correlación real de fuerzas existente en el país. 

Martínez estima los resultados electorales de la siguiente manera:

“ SAN SALVADOR: NI:14, ARENA:6,FMLN:2,GANA:1, NP:1, (24) SANTA ANA:          NI:  3, ARENA:1, FMLN:1,GANA:1,PCN:1   (7)                          SAN MIGUEL:         NI: 2, ARENA:1, FMLN:1, GANA:1, PDC:1 (6)   LA LIBERTAD:       NI:5, ARENA: 2, FMLN:1, GANA:1, NP:1  (10) USULUTAN:        NI: 2, ARENA.1, FMLN:1,     GANA:1                 (5) SONSONATE:     NI: 2, ARENA:1, FMLN:1,     GANA:1, PCN:1        (6)    LA UNION:            NI: 1,    ARENA: 1                 GANA:1                 (3) LA PAZ:                 NI: 2,      ARENA:1, FMLN:1                                  (4) CHALATENANGO:  NI: 1,  ARENA: 1, FMLN:1                               (3) CUSCATLAN:            NI:2     ARENA:1                                                (3) AHUACHAPAN:          NI:2   ARENA: 1,   PCN:1                               (4) MORAZAN:     NI:1, ARENA:1  FMLN:1                                          (3) SAN VICENTE: NI:1  ARENA:1   PCN:1                                             (3) CABAÑAS:   NI: 1, ARENA:1   GANA:1                                             (3) TOTAL DIPUTADOS: NI:39,ARENA:20,FMLN:10,GANA:8,PCN:4,PDC:1,NP:2  (84)”

2. Oposición política logra bloquear el voto calificado.  Con el FMLN (15) y ARENA (25) logran 40 votos,  ya que logran recuperar parte de su caudal electoral. NI llega a 34, GANA a 6, PCN a 3, y PDC a 1.  No puede descartarse esta posibilidad aunque es bastante improbable. Esta situación únicamente será posible  en el caso que el presidente Bukele cometa errores muy graves que causen el descontento y castigo en las urnas de la población.

3. NI supera ampliamente (por sí solo) la barrera de los 43  y con alianzas las barrera de los 56. ARENA baja a 15, FMLN a 8, PDC se mantiene con 1 llegando a 24 diputados, mientras NI llega a 44  y GANA 10,y CD 2, llegando a alcanzar la mayoría calificada de 56, mientras el  PCN conserva sus 4 diputados .En este caso ocuparanpresidencia de ejecutivo y legislativo, y a futuro el judicial.

No puede descartarse esta posibilidad aunque es bastante improbable, dado el sistema electoral de cocientes y residuos, diseñado precisamente para bloquear esta situación.  Este desarrollo únicamente será posible  en el caso que la oposición política a Bukele cometa errores muy graves que causen el descontento y castigo en las urnas de la población.

Cuadro de número de diputados de los tres escenarios electorales:

Escenarios/PartidosNIARENAFMLNGANAPCNPDCCDNPTOTAL
1392010 8 41  284
2342515631  84
34415  810412 84

4. Movimiento popular y social

Podemos preguntarnos: ¿cómo se expresaran los intereses de clase a futuro? Y la respuesta es: igual que en el pasado. Los intereses de la oligarquía y del capital transnacional se orientaran a la búsqueda de la máxima ganancia y a  garantizar que el poder del estado les sea funcional a este propósito. El choque entre los intereses de la oligarquía y el nuevo sector empresarial que administre el gobierno e incluso el estado se resolverán mediante negociaciones.

En la actualidad el movimiento popular y social atraviesa por altos niveles de atomización y debilidad. Tanto es así que no ha tenido la capacidad de ir al encuentro de múltiples situaciones de injusticia derivadas de la pandemia del covid-9 y convertirlas en expresiones de lucha organizada.

Una de las razones radica en los altos niveles de organicidad entre el sujeto político y el sujeto social, que se manifiesta como la parálisis de las organizaciones populares vinculadas a la izquierda. Y a esto hay que sumar la aparición beligerante de un movimiento sindical en respaldo al presidente Bukele, como es el caso del actual STISSS, que disputara cada milímetro de apoyo popular.

En el caso del movimiento popular  y social, únicamente podrá incidir en la definición de políticas públicas en la medida que fortalezca sus niveles organizativos y de lucha en la calle, por lo que se requiere construir las estrategias y los instrumentos que permitan tanto la defensa de los intereses inmediatos de la población  (empleo, costo de la vida, seguridad, agua, pensiones) como la lucha por la transformación de este  sistema capitalista.

5.Perspectivas y los desafíos de la izquierda

Es un hecho que existe una clara situación de rechazo popular generalizado y además plenamente justificado al sistema político actual. En este marco, los Acuerdos de Paz de 1992 no pueden ser vistos como el non plus ultra sino como un importante momento de avance histórico democrático.

Pretender que la Constitución de 1983 es el altar sagrado de la patria y la verdad absoluta es creerse la narrativa liberal de la separación de poderes y de libertades ciudadanas. Es priorizar lo político, que es lo institucional, el sistema, el poder desde arriba sobre la política, que es la lucha de clases, la pelea popular, la construcción de poder desde abajo.

Esta constitución como toda constitución y sistema político es histórica y además obedece a determinados intereses económicos y sociales en pugna con otros intereses, en nuestro caso, básicamente a intereses oligárquicos en pugna con intereses populares. Y el poder responde precisamente a la defensa de los intereses predominantes. La sociedad es una totalidad en la que política y  economía, y también ideología,  están cruzadas por múltiples puentes.

La experiencia de diez años en el gobierno por parte del FMLN, 2009-2019, fue la experiencia de controlar una parte del poder formal, pero no del poder real. El poder real –la Fuerza Armada, las grandes empresas oligárquicas y transnacionales, el gobierno estadounidense- no se somete a elecciones, es estructural, institucional, venga quien venga, grite quien grite.

Lo mismo le sucede hoy a Nuevas Ideas, avanza en la conquista del poder formal, pero carece del poder real. Regresando al FMLN, pudo en algún  momento saborear parte del poder real únicamente mediante su incursión en la economía, a través de Albapetroleo, pero condicionado por una fuente externa, Venezuela.

En relación al proyecto político de Nuevas Ideas, este no debe ni sobreestimarse ni subestimarse, sino analizarse, estudiarse. Bukele no es una divinidad y comete errores, como el del 9F  y por eso paga y seguirá pagando costos políticos. Pero a la vez, debemos como izquierda reconocer su arrastre popular y entrar en la disputa por esos sectores, de manera política, no mediante insultos, ni ataques.

Y reconocer que las elecciones no son el mejor camino para acercarse a estos sectores, ya que en lugar de provocar acercamientos, producen ofensas y heridas. Nos vamos más temprano que tarde, como sectores populares, a identificar de nuevo y reconocer en la lucha por el pan, por la democracia y por el socialismo.

Ya ha sucedido esto en el pasado, durante la guerra (1980-1992) la Democracia Cristiana conducía y movilizaba por medio de la UNOC a amplios sectores populares, y le dimos  respuesta adecuada como izquierda mediante la UNTS. Recuperar esos sectores de NI es un desafío estratégico para la izquierda en general, y debemos iniciar por ser autocríticos, ya que como nos explicamos que después de diez años de gobiernos del FMLN, con todos sus programas sociales, la gente vota por otras fuerzas.

Una de las explicaciones radica en que la gente no valore lo que se le entrega de manera asistencialista, lo que se le regala, y si defiende hasta con su vida, lo que ha ganado con su esfuerzo, con su organización, con sus luchas, con su sacrificio. Y esto es parte del camino para superar esta crisis de identidad del ya centenario proyecto emancipador de izquierda.

Así como la necesidad vital de redoblar el espíritu y la voluntad de organización y lucha popular. Por otra parte, seguimos siendo refractarios a la autocrítica y atribuyendo exclusivamente a factores externos las causas internas de nuestra crisis.

Otra clave y tarea urgente es la necesidad de debatir, de discutir, de impulsar la lucha ideológica dentro de nuestras filas. En este punto parece ser que existe un acuerdo de postergar el debate para sumarse de manera conjunta al desafío electoral, lo cual es correcto, en la medida que  la postergación no sea definitiva.

Un tema clave de este debate es el relacionado con el problema del poder y con la visión de transformación de este sistema capitalista, y del papel que en esto juegan las formas de lucha parlamentarias.  La transformación de la sociedad debe ser el elemento nuclear que oriente la agenda de izquierda, popular y emancipadora.

Concluyo estas reflexiones, reafirmando la tesis comprobada universalmente que donde hay opresión, hay resistencia.

Ayutuxtepeque, 28 de agosto de 2020


[1] Ver PINEDA, ROBERTO. Nace la esperanza, el cambio viene. San Salvador. Ediciones Prometeo Liberado. 2020.

[2] Ver PINEDA, ROBERTO. Algunas valoraciones sobre el primer año de gobierno Bukele. https://www.alainet.org/es/articulo/206914

[3] Como dato anecdótico, en las elecciones municipales de 1991, antes de los Acuerdos de Paz, ARENA obtuvo 39 diputados y el PDC, 26, así como por primera vez luego de 1932, participó la expresión legal del Partido Comunista de El Salvador, (PCS) el partido UDN, obteniendo un diputado, Mario Aguiñada Carranza.  El PCS contaba en ese extraordinario momento con un brazo armado, las FAL y un brazo electoral, el UDN.

El queso y los frijoles. El cosmos de un jornalero salvadoreño del siglo XX. Antonio García-Espada. 2019

Introducción

En el Archivo General de la Nación de El Salvador se encuentra un informe de veinticinco páginas fechado el 9 de septiembre de 1941 y dirigido al director general de la Policía Nacional.1 El escrito está mecanografiado, con una impecable redacción y corrección gramatical. Contiene las diligencias llevadas a cabo por agentes del cuerpo en el municipio de Quezaltepeque, Departamento de La Libertad, y en la capital, San Salvador, a instancias de una denuncia anónima lanzada desde El Diario de Hoy, el rotativo nacional de mayor circulación en El Salvador, el 27 de agosto del mismo año.2 Las investigaciones policiales alentadas por el periódico contra “sujetos de dudosa honorabilidad” duraron seis días, y aunque el principal imputado resultó ser un tal Rafael George Huezo de 19 años de edad, jornalero de profesión y “adepto a la doctrina espiritista”, el informe recoge interrogatorios realizados a otras catorce personas.

Desde luego, la policía salvadoreña de los años cuarenta del siglo XX no era el Santo Tribunal de la Inquisición, ni Rafael George acabó en la hoguera como Menocchio, el molinero del Friul italiano de las últimas décadas del siglo XVI. La intencionada alusión en el título de este trabajo3 a la obra clásica de Carlo Ginzburg, Il formaggio e i vermi (1976), apunta a una coincidencia aún mayor, a un propósito metodológico compartido con el gran historiador italiano que dedicó buena parte de su talento al estudio de fenómenos de la cultura oral, popular y subalterna a través de las fuentes producidas por letrados pertenecientes a los estamentos dominantes. Esta arriesgada apuesta por la investigación de la tradición oral a través de la página escrita aspira en último término a la identificación segura y contrastada de mecanismos significativos de la circulación de ideas y prácticas entre clases sociales fuertemente dicotomizadas -como en los casos salvadoreño del siglo XX y friulano del XVI-, así como a ensanchar la, por lo general, exigua cuota de agencia, autonomía y originalidad atribuida por las ciencias sociales a las clases subalternas en su confrontación con las clases dominantes.

Efectivamente, el caso de estudio salvadoreño presentado aquí muestra cierta incapacidad por parte de las fuerzas del orden público para identificar satisfactoriamente la naturaleza del delito investigado y, del otro lado, cierta habilidad de los imputados para desviar la atención y apartar la investigación de su objetivo específico. En este sentido, el método ginzburgiano se presta a su reutilización en un contexto, sin duda, tan remoto como el agro centroamericano de la primera mitad del siglo XX. Es este doble juego de espejos, la relación de continuidad/oposición entre escritura y oralidad o el igualmente difícil ensamble de metodologías de estudio cuantitativas y cualitativas -de historia y morfología- lo que hace pertinente el empleo de la sensibilidad característica del paradigma indiciario (Ginzburg, 1986), así como el tipo de descripción densa propia de la microhistoria. Esta enérgica tensión entre campos de fuerzas en buena medida definidos por oposición entre ellos espera ser mostrada claramente con la narración aquí presentada como una pelea librada enteramente en el campo de los símbolos, sin un claro vencedor y aún hoy lejos de haber sido resuelta.

Primera parte

1. La acusación

La noticia aparecida en el más importante diario del país lanzaba la acusación en su tercera página, con un gran titular de dos líneas que ocupaban el centro de la hoja, cubriendo de extremo a extremo las cinco columnas del rotativo, con una sarcástica declamación: “LOS ESPIRITISTAS DESPLUMAN A MEDIO MUNDO EN QUEZALTEPEQUE”. A renglón seguido, otro titular, menor pero también en letras capitales, rezaba: “SE RECIBEN DENUNCIAS”. La nota en cambio es de lo más escueta, poco más de cien palabras embutidas en una pequeña caja en la que no aparece ningún dato del denunciante, no obstante calificado de “fuente fidedigna”. Tampoco el contenido de la denuncia es claro, ni va más allá de un señalamiento mordaz dirigido contra “sujetos de dudosa honorabilidad quienes en altas horas de la noche se reúnen en cierta casa orillada”. El final de la breve nota no deja lugar a dudas con respecto al fuerte sesgo del redactor también anónimo, la vehemencia con la que el periódico asume su condición de parte en la acusación contra los sujetos de la “casa orillada” y su connivencia con las fuerzas del orden público, “las autoridades”, a las que solicita “una diligente investigación [para] así salvar el bolsillo y el juicio del público ingenuo”. Claramente, el periódico excedía sus funciones, instrumentalizando su capacidad de generar opinión pública para usos partidarios, en beneficio de intereses de minorías y exclusivistas, echando mano de un código dogmático grandes titulares, sin mostrarse compelido a sustanciar con argumentos razonados el contenido de su denuncia.

2. Los investigadores

La interpelación periodística fue atendida con gran celeridad. A las nueve horas de la mañana del día 4 de septiembre, dos agentes de la Sección de Investigaciones Especiales, el teniente Enrique Lemus y el agente ciento cincuenta y cuatro [sic], acompañados del secretario Horacio Rivas y, probablemente, de algunos agentes más sin nombrar, están en Quezaltepeque, ciudad situada a espaldas del volcán que da sombra a la capital San Salvador, concretamente en el arrabal del Guayabal, en la casa de Rafael George. Nada en el minucioso informe dejado por la policía salvadoreña da cuenta de la inmediatez con que fue identificado y localizado quien, a la postre, resultaría principal imputado y único condenado. Así, desde los primeros renglones del citado informe queda claro que la apariencia de atestado es fingida, que el informe mecanografiado es a lo sumo la reelaboración de un conjunto de testimonios y, acaso, notas de campo que de manera simplificada y sintetizada pasan por alto información obtenida en el terreno que es descartada por irrelevante para -o irreconciliable con- el propósito del proceso.

Igual ocurre con el testimonio de los testigos o imputados. Sus declaraciones varían en extensión, pero la mayor parte de ellas reproducen una estructura discursiva, a todas luces fingida también pues, sin excepción alguna, aluden a los mismos asuntos, por lo general empleando las mismas palabras y siguiendo un orden expositivo prácticamente invariable. Se trata de interrogatorios hechos con base en un formulario fijo, igual para todos -a excepción de Rafael George, a quien se aplicó un número mayor y más diversificado de preguntas- y que, presuntamente, eran leídos a los declarantes para constatar su conformidad con una firma. Parece claro que el formato daba poco margen a las justificaciones, matices o intentos de apelación por parte de los imputados, en la misma medida que aumentaba considerablemente la capacidad de los investigadores de controlar los testimonios.

Tampoco el informe da cuenta de las condiciones en que fueron llevados a cabo los interrogatorios, tan sólo la hora en la que tuvieron comienzo. Catorce de los quince deponentes declararon entre los días 4 y 6 de septiembre separados por intervalos variables, aunque a menudo de no más de treinta minutos, lo que sugiere la posibilidad de que todos ellos estuvieran en espera, quizá en una misma sala, aguardando turno para ser interrogados. No obstante, ni leyendo entre líneas o a contrapelo, nada en el informe permite entrever el uso de la violencia o la coacción por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.

3. El delito

Ni el cínico paternalismo de la nota periodística ni el tono altamente estilizado del informe policial permiten establecer de manera clara cuál es la naturaleza del delito denunciado y diligentemente investigado. A este fin es necesario recurrir a un tercer documento.4 Se trata de un escueto oficio fechado el 6 de octubre de 1941, firmado por el ministro de Gobernación José Tomás Calderón y dirigido al director general de la policía en relación con el caso de Quezaltepeque y con la orden, un tanto vaga, de “cesar tales prácticas [actividades de espiritismo en el Guayabal] toda vez que constituyen un medio de explotación, engaño y estafa”. La severa sentencia, empero, no guarda una relación lineal con las diligencias llevadas a cabo por los agentes especiales de la policía salvadoreña.

De acuerdo con el minucioso informe redactado por los investigadores, a todos los declarantes se les preguntó si eran “adeptos a la doctrina espiritista”, y a partir de ahí tuvieron que dar cuenta, bajo diversas formulaciones, de “la cantidad de dinero [que] se exige que se deje”, si no “se les cobra ni un centavo” o, incluso, si “se ofrendó alguna limosna en efectivo”. Las respuestas fueron desde la negación absoluta, a fórmulas de compromiso con las que, quizá, el interrogado no hacía sino intentar satisfacer las expectativas ¿exigencias? de la policía, como: que “[sólo] se les instruye a que hagan caridad entre los necesitados” o “que las personas que de su voluntad deseen dejar limosna lo hacen […] y las limosnas que dejan, que ascienden a pocos centavos, sirven para comprar flores e incienso”, a lo sumo, para “el pago de casa y luz eléctrica”. De las transacciones en efectivo que la policía pudo comprobar, ninguna superaba los cincuenta centavos de colón, siempre en concepto de limosna, para fines legítimos, nunca lucrativos.

A continuación, los agentes trataron de averiguar en qué consistían las “actividades de espiritismo” y si los practicantes contaban para realizarlas con alguna autorización. En efecto, no existía tal permiso oficial. Sin embargo, varios entrevistados argumentaron contra esto que “no es necesario ya que la Constitución Política de la República da facultades para la libertad de cultos”, y así lo reconocían los propios investigadores al final de su informe en alusión al “artículo doce de la Constitución que da libertad de cultos”.

Pero los desaciertos de la policía en la persecución de omisiones jurídicas o de fraudes pecuniarios provenían de una confusión aún mayor. Todo el proceso había sido desde el principio dirigido contra “espiritistas” y los cuestionarios de la policía comenzaban con la misma pregunta, la única que aparece en todos los testimonios: si “efectivamente pertenece a la doctrina espiritista” y “qué finalidad persigue dicha secta”. Sin embargo, de los catorce individuos del Guayabal llamados a testificar, sólo seis reconocieron su adscripción al espiritismo. El resto lo negó y, en su lugar, cinco se declararon pertenecientes a la secta de los “temblorosos” y tres a la de los “sabatistas”; es decir, a las Iglesias pentecostal y adventista “vulgarmente llamados así por el pueblo”, la primera porque “hacen contorciones [sic] cuando celebran su rito y el Espíritu Santo viene a ellos” y la segunda porque “la finalidad que persigue la secta es hacer guardar el sábado como día de fiesta, pues se basan para ello en que Dios hizo el mundo en seis días comenzando desde el domingo y dejó el sábado para descansar”.

Hay motivos más que suficientes (lo veremos a continuación) para suponer cuando menos un grado aceptable de conocimiento, si no de familiaridad, con dicha doctrina espiritista por parte de los agentes especiales de la policía. Sin embargo, en su informe el único atisbo de justificación a tan llamativa confusión se basó en “que su fe [la de temblorosos y sabatistas] está puesta en que el Espíritu Santo los ilumina para seguir en esta vida material la verdadera senda que los guía hacia Dios por medio del mejoramiento espiritual”. El recurso era ciertamente pobre y su descuidada formulación da cuenta de la indiferencia con que la policía contempló las, por otra parte, notorias diferencias entre espiritistas y pentecostales o entre espiritistas y adventistas. Aquí, de nuevo, todo apunta a que el propósito último de la investigación, la presunción que convertía en imputados a un grupo determinado de personas, iba más allá de las formalidades y contenidos doctrinales de unas u otras sectas e incluso más allá de su conformidad con la legislación vigente.

4. El anticomunismo

Con toda probabilidad, las cuestiones más apremiantes y las más seriamente afrontadas por los investigadores de la policía fueron los “asuntos de carácter político o subversivo”. Es significativo que la pregunta no aparece formulada en ninguno de los atestados, pero “el tema” se menciona en todos y cada uno de ellos. A juzgar por la elección de las palabras y la reiteración de fórmulas, es probable que las respuestas de los encausados reprodujeran literalmente las preguntas de las autoridades: “ningún asunto de carácter político o subversivo” (tres veces); “no se trata ningún tema político ni de índole subversiva” (seis veces); “nunca se tratan de cosas políticas ni subversivas ni que sean atentatorias contra el Supremo Gobierno” (cuatro veces); “no se desarrollan temas de índole política ni atentativas [sic] contra el estado de cosas actual que hagan con la intención de alterar el orden social” (dos veces). Otro tanto ocurre en relación con si “las sesiones se celebran a puerta abierta”, cuestión que casi la totalidad de los declarantes ratificó excepto los espiritistas, quienes tuvieron que reconocer que “celebran a puerta cerrada porque el dejarla abierta va en perjuicio de los médiums”.

Este tipo de “confesiones” aparecen en los últimos tramos de las declaraciones de todos los imputados. Pero antes de llegar a este punto, los policías utilizaron técnicas más tortuosas, con preguntas mucho menos diáfanas y destinadas a desentrañar cuestiones de orden organizativo. En algunos de los testimonios se percibe claramente la huella de este tipo de inquisiciones, como cuando los declarantes se refieren a la “directiva” bien para negar su existencia o bien para dar detalle de alguno de sus nombres. Más comunes son las alusiones a “cuántos y quiénes asistían” a las sesiones o reuniones, a veces seguidas de fórmulas un poco artificiosas, quizá como “acordándose el deponente de [fulano o zutano]”. Ninguno de los interrogatorios se resolvió sin la obtención del nombre de otro implicado, ya fuera en condición de organizador, colaborador, tesorero, simpatizante o lo que fuera. De nuevo, nada en el exquisito tono empleado en el informe de la policía nos autoriza a pensar en delaciones forzadas obtenidas mediante tortura o intimidación.

Tras la diligente persecución, el propio informe de la policía tuvo que reconocer que las pruebas o indicios que incriminaban a los investigados del Guayabal como conspiradores, o tan siquiera como opositores políticos, eran insuficientes. Al final, el último argumento en su contra fue que “los primeros [los espiritistas] se hacen sospechosos por sesionar a puerta cerrada” y nada más. Pero ¿sospechosos de qué? Veamos qué nos dicen la fecha del documento y el contexto histórico a ella asociada.

En septiembre de 1941, al frente de la presidencia de El Salvador estaba por noveno año consecutivo el carismático general Maximiliano Hernández Martínez. Su mandato habría de ser el más largo de todo el siglo XX salvadoreño, y dio comienzo, a través de una larga sucesión de juntas y presidentes, a uno de los regímenes militares más estables y duraderos de toda la América Latina, hasta su derrocamiento en 1979, tras casi cincuenta años. El golpe de Estado que llevó al poder al general Martínez en diciembre de 1931 fue normalizado en 1935 mediante un plebiscito al que concurrió en condición de candidato único y del que obviamente salió victorioso. En 1939, en cambio, se prescindió de la fórmula electoral y su reelección fue hecha mediante decreto legislativo, por lo que se quebrantó la legitimidad constitucional vigente: en concreto, el artículo 148 de la Carta Magna de 1886. A partir de entonces, el general conoció las primeras formas de oposición frontal dentro de su propio partido, el Propatria, con importantes deserciones e intentos de golpe de Estado (Parkman, 2003).

Si bien hasta ese momento la mayor parte del gobierno del general Martínez había transcurrido bajo el estado de sitio, con importantes limitaciones a libertades políticas y civiles, la fuerte oposición interna alentada por el decretazo de 1939 tuvo la facultad de reactivar poderosamente “el clientelismo político, un control territorial exhaustivo de la población, la formación de un partido hegemónico y la exitosa incorporación de civiles a las tareas de vigilancia y espionaje” (Monterrosa, 2018: 88) y, por supuesto, la ideología dominante del régimen: el anticomunismo.

El anticomunismo de Martínez demostró ser el gran punto de convergencia de los sectores sociales más poderosos e influyentes de El Salvador la Iglesia católica entre ellos y el siempre vigilante gobierno de Estados Unidos. Totalmente consciente de ello, ante las nuevas dificultades de 1939, Martínez agitó el fantoche con desparpajo, aprovechando toda oportunidad que se le brindara para afirmar en privado o en público que “el peligro subsiste en condiciones cada día más difíciles para su persecución. Es insensato pensar que no haya gérmenes de comunismo en ningún conglomerado humano. Lo que aconseja la higiene política es no perder de vista esta verdad” (Monterrosa, 2018: 87). En este mismo contexto, Martínez dejó firmemente asentada la idea que habría de convertirse en principal vector discursivo de todo el siglo XX salvadoreño, la idea que armó la monstruosa guerra civil de la década de los ochenta y que aún hoy tiene dividida a buena parte de la sociedad salvadoreña (Castellanos, 2001).

Se trata del levantamiento armado del 22 de enero de 1932, apenas un mes después del asalto al poder de Martínez, que fue correspondido por el general con una violenta represión que pudo dejar entre diez mil y cuarenta mil muertos. El levantamiento tuvo lugar en el occidente del país, entre el empobrecido campesinado que a las alturas de 1930 experimentaba los más duros rigores de liberalización económica de finales del siglo XIX privatización de tierras, imposición de trabajo forzado y criminalización de las últimas formas de organización e idiosincrasia indígenas y la dedicación casi exclusiva al monocultivo del café. Su caracterización como levantamiento comunista puede que fuera un tanto exagerada, pero era a la vez la estrategia más efectiva para amansar a la bestia estadounidense que, precisamente, había sacado sus garras ante el inaceptable golpe de Estado dado en su “patio trasero” por el general Martínez (Ching, 2013). Así que, más allá de la verdad, la mentira y las posibilidades efectivas de corroborarlas, pronto se convirtió en un axioma conveniente para todos. Desde entonces ¡hasta nuestros días! la derecha salvadoreña gusta de proclamar El Salvador como “la tumba del comunismo en América”, mientras que la izquierda no está menos orgullosa de ubicar en el “paisito” la primera revolución bolchevique de la historia americana (Alvarenga, 1996).

La policía de Martínez sacó a la calle su miedo a los levantamientos, especialmente en el agro y entre los más pobres, como en 1932. La búsqueda de comunistas en el Guayabal de Quezaltepeque pudo haber sido una de las principales razones que animaron la diligente investigación policial llevada a cabo en septiembre de 1941 o al menos proporcionó la estructura y rapidez de la respuesta, la impecabilidad del proceso, la profesionalidad de sus empleados. Aun así, la policía no encontró prueba alguna contra los “individuos deshonestos de la casa orillada” ni pudo incriminarlos por falta de orden político, y mucho menos armado. Ahí no estaba el delito.

5. El veredicto

En realidad no hubo una sentencia como tal, tan sólo una serie de oficios internos, como el mencionado anteriormente, que circularon entre el ministro de Gobernación y la Policía Nacional y que bastaron para zanjar todo el asunto, a modo de veredicto, obligando a los espiritistas del Guayabal a abandonar sus prácticas. El procedimiento en esta etapa final tampoco fue del todo claro. A las veinticinco páginas del informe que recogía las diligencias y conclusiones de la investigación policial, se le añadió un breve resumen dos días más tarde, el 18 de septiembre, sin firma, pero con membrete del Ministerio de Gobernación, donde se recomendaba actuar contra los espiritistas de Rafael George.5 La respuesta del ministro José Tomás Calderón del día 6 de octubre, titulada “Que se evite explotación por medio del espiritismo”, simplemente ordenaba el cese de tales actividades.

El 20 de octubre, un nuevo oficio firmado por el director nacional de la Policía, Juan F. Merino, informaba al ministro de Gobernación de la ejecución de sus órdenes.6 El inspector general de la Policía, Francisco Marroquín, había mandado al alcalde de Quezaltepeque citar a Rafael George para “notificarle que debe abstenerse de seguir celebrando sesiones ‘espiritistas’ porque se ha llegado a comprobar que con esa práctica explotan a la gente incauta; que, si continúa celebrando dichas sesiones, se le deducirán responsabilidades conforme a la letra ‘E’ del Art. 30 de la Ley Represiva de Vagos y Maleantes”. El mismo oficio constata la actuación del alcalde de Quezaltepeque, quien certificó que Rafael George “quedó entendido, promete no volver a celebrar sesiones espiritistas y que en lo sucesivo se dedicará a trabajos lícitos”.

Pero el mismo informe del 20 de octubre añadía algo nuevo. Las órdenes dadas al alcalde de Quezaltepeque por el inspector general de la Policía incluían también la actuación contra uno de los miembros de la “Secta Pentecostés” sin dar otra razón que por ir “contra la salud y el orden público”. El citado individuo, Pedro Cristales, recibió la orden del alcalde, limitándose a responder que “queda entendido y firma”. La instrucción no aparece en ninguno de los oficios anteriores girados entre Gobernación y la Policía y no iba más allá del apercibimiento contra Cristales en tanto dueño de una de las casas, situada en el Guayabal de la ciudad de Quezaltepeque, donde se celebraban de manera ocasional reuniones, particularmente escandalosas, eso sí, de los “temblorosos”. El resto de las actividades de la secta pentecostés, sus reuniones en casas de otros adeptos, no aparecen por ninguna parte cuestionadas ni censuradas.

El proceso se solucionó, por tanto, distinguiendo entre tres niveles de incriminación dentro de una masa de acusados que al principio los investigadores no supieron muy bien cómo diferenciar. De hecho, las caracterizaciones de los miembros de cada una de las sectas que aparecen en el informe policial no son realmente portadoras de diferencias sustanciales. Todo el escrito está, en realidad, enunciado desde una posición que va de una especie de paternalismo indulgente a un desprecio latente. Y este mismo tono fue empleado con todos los entrevistados de Quezaltepeque, de unas y otras sectas. Así aparece en las conclusiones: “Los elementos que componen las tres sectas son jornaleros en su mayoría y así también las mujeres son de condición humilde, razón por la cual son fáciles de fanatizar […] aunque podemos decir que son gente honrada que no registra hasta la fecha malos antecedentes”.

Pero si queremos insistir en el rastreo de huellas que nos permitan entender los criterios seguidos por la policía a la hora de diferenciar unas y otras sectas, es cierto que pentecostales y adventistas emplearon por lo general un lenguaje mejor articulado y más asertivo. Fueron más vehementes en la proclamación de la libertad de cultos garantizada por la Constitución de 1886. Hicieron explícito su desafío a antiguas autoridades, actuando como conocedores de la legislación propia de una República laica: “no creen en la doctrina católica romana pues dicen que los sacerdotes con sus enseñanzas ambiguas mantienen el pueblo en el oscurantismo”. Dijeron abiertamente que su propósito no era otro que extender su mensaje “mediante propaganda oral y escrita para atraer adeptos”. “Temblorosos y “sabatistas” se sabían poseedores de armas defensivas y de fuerza suficiente para resistir en sus posiciones.

Sin embargo, las conclusiones del informe de la policía no aluden tampoco a ninguno de estos episodios de autoafirmación a la hora de sustentar la distinción entre las tres sectas. Todo el peso de la argumentación exculpatoria recayó por el contrario en los avales externos proporcionados por los interrogados. Los pentecostales remitieron en primer lugar a José León Ramírez, “Pastor General de la Orden” originario de Nejapa otro pueblo cercano a San Salvador, quien llegaba a predicar cada jueves en una u otra de las casas de los distintos miembros de la secta y quien, efectivamente, contaba con un permiso oficial extendido por la autoridad central. Los pentecostales sacaron a colación otro nombre, “el Jefe de Línea Teniente Andrés Abelino Cruz”, miembro de la Guardia Nacional y residente en Quezaltepeque, quien “pertenece a la orden y hasta celebró culto alguna vez en sus casas”.

Los “sabatistas” por su parte fueron aún más convincentes a este respecto: “Este centro [el de Quezaltepeque] depende de la Sala Adventista que está en San Salvador y que dirige el señor Pedro Naygara, de origen extranjero y quien cada trimestre visita a esta ciudad para dar prédicas a los afiliados”. La mención al ciudadano extranjero aparece de nuevo recogida en las conclusiones del informe, y ésta aparece como única justificación de la declaración de los “adventistas como la secta más depurada, cuya doctrina es más sencilla y tiene por base la caridad”. Los pentecostales son, en estas últimas líneas del informe, tachados de “indeseables por extravagantes” y los espiritistas de “sospechosos por sesionar a puerta cerrada”.

Fueron, por tanto, las credenciales de los avales externos dados por los interrogados el factor diferencial por excelencia. La simpleza del argumento esconde no obstante un componente esencial del sistema de garantías adoptado por las fuerzas de seguridad del Estado, con su contraparte en términos de confianza. La “honorabilidad” del teniente de la Guardia Nacional y del pastor debidamente certificado por la autoridad central y, en un grado aún superior, la condición de extranjero del “señor Pedro Naygara” bastaron para retirar la acusación, parcialmente, contra los pentecostales y, totalmente, contra los adventistas.

Pero, ¿por qué se condenaba a los espiritistas de Rafael George? A los ojos de la policía, ¿qué los distinguía de los pentecostales de José León Ramírez y de los adventistas del extranjero Pedro Naygara? ¿Se trataba realmente de sus sesiones a puerta cerrada o más bien de su raigambre, su especificidad local, su relación con un entorno inmediato, su fatídica no “extranjeridad”? En la segunda parte se abordará con más detalle la cuestión de los condenados: quiénes eran Rafael George y su entorno.

Segunda parte

6. Los interrogatorios de San Salvador

Lo cierto es que los espiritistas intentaron una estrategia defensiva similar a la del resto de los imputados del Guayabal, sólo que no tuvo los efectos deseados. Todos los deponentes aseguraron que “el centro de Quezaltepeque depende de algotra [sic] sala de San Salvador”. Y toda la defensa de Rafael George consistió en demostrar a la policía que su actividad era “sucursal, puede decirse, del centro Espiritista ‘Santa Teresita’ que queda en el barrio de Santa Lucía en San Salvador y que recibe instrucciones de María de Reyna [sic] encargada de la sala de San Salvador”.

A diferencia de las menciones a Pedro Naygara de los adventistas y a José León Ramírez de los pentecostales, la policía quiso comprobar fehacientemente el aval dado por Rafael George, y el día 8 de septiembre, a las nueve de la mañana, los agentes se presentaron en la dirección de San Salvador dada por los espiritistas de Quezaltepeque.

La declaración de María Suarez Reina viene recogida en el informe aquí estudiado, ocupando casi dos páginas. Doña María dijo conocer a Rafael George, en quien reconoció ciertas dotes para la mediumnidad que le ocupaban cada quince días cuando recibía en su domicilio al joven quezaltepeco. Nada más. Doña María no tenía nada que ver con las actividades de George en Quezaltepeque y dejó a él sólo la iniciativa de haber compartido los conocimientos de ella recibidos con otros jornaleros del Guayabal, para cualquier fin.

En todo caso, la sala Santa Teresa regentada por doña María en el número 10 de la calle Costa Rica era perfectamente legal y probablemente prestigiosa. Estaba situada cerca de la basílica del Sagrado Corazón, en la actual calle Arce, uno de los barrios más elegantes de esos años y de los mejor conservados en nuestros días dentro del altísimo nivel de deterioro general de todo el casco histórico de San Salvador. Los “terroneros” sansalvadoreños así conocidos por su fuerte apego a vivir en una ciudad continuamente destrozada por poderosos terremotos y erupciones volcánicas desde antiguo han tenido entre sus favoritos al barrio donde doña María celebraba sus sesiones de espiritismo. La iglesia que da fama al barrio era entonces un caso singular de modernismo arquitectónico, igualmente comprometido con el neogótico y el art nouveau, construida con materiales futuristas, con láminas de fino acero soportadas por una estructura arácnida de madera, altamente resistente a sismos y temblores. El barrio es todavía hoy uno de los más propicios al ambiente bohemio del espiritismo “terronero”.

El espiritismo en El Salvador hizo una entrada en verdad triunfal. Esta ideología, autodefinida como mitad ascético/chamánica mitad científico/racionalista, ya había alcanzado las mayores cotas de éxito imaginables en la Europa del último tercio del siglo XIX con la inclusión de materias sobre ciencia espiritista en el currículo de escuelas y universidades; en ella militaban algunos de los más altos e influyentes personajes de la época; por otro lado, se practicaban renovados autos de fe con escénicas piras ardientes de libros sobre espiritismo en la plaza de la catedral de Barcelona. En España desencadenó una reacción en varios aspectos similar al surgimiento del protestantismo, una especie de contrarreforma decimonónica de corte ultramontano que también tuvo múltiples y largas resonancias en toda Latinoamérica.

En México, Centroamérica y el Caribe sin el espiritismo no se habrían dado ideas como la “Nuestra América” de Martí, poemas como los de Rubén Darío o figuras de la talla de Francisco I. Madero y Augusto C. Sandino. Evidentemente, en El Salvador se extendió como la pólvora y hasta con mayor celeridad que en otros países de su entorno, menos prósperos o simplemente con menor densidad de población. En el espiritismo salvadoreño participaron algunos de los más ilustres personajes de la primera mitad del siglo XX Alberto Masferrer, Claudia Lars, María de Barata, Salarrué, Francisco Gavidia, Guerra Trigueros, etcétera y, probablemente, el presidente de la nación (Casaús y García, 2005).

El general Maximiliano Hernández Martínez, también conocido como El Brujo de San Matías su lugar de nacimiento, nunca hizo pública su adhesión al espiritismo, pero sí a dos de sus principales secuelas, el vitalismo y la teosofía, en la que, antes del golpe de Estado, ejerció altos cargos directivos en una de sus principales logias, la Aletheia (Rodríguez, 2016: 86). De ello hizo auténtica ostentación después, a lo largo de su extenso mandato presidencial. En el Archivo General de la Nación salvadoreña se conservan transcripciones mecanografiadas de los discursos radiotransmitidos cada semana a toda la nación desde enero de 1940 a diciembre de 1943.7 En una amalgama de ideas a veces difíciles de distinguir y expresadas de maneras no menos enigmáticas, el general Martínez buscaba edificar al pueblo entero, ser su maestro en el arte de llevar una vida mejor, para el Estado y para uno mismo. El contenido y sentido de sus pláticas cubre un amplio arco temático, pero en el fondo se limita a unos esquemas de pensamiento relativamente simples y predecibles.

El general admiraba a Annie Bessant, a los jesuitas y a Gengis Khan, y leía a Krishnamurti, Jinarajadasa y Napoleon Hill. Odiaba en cambio a Gandhi y a Freud, y reconocía como sus verdaderos maestros a “los eternos alquimistas y rosacruces, que los ha habido desde que el mundo es mundo”, los a menudo también mencionados como “médicos invisibles”. Desde las ondas emitió sus convicciones sobre el vegetarianismo, la abstemia y el naturismo, y llegó a poner de moda prácticas como usar aguas coloreadas para curar aflicciones del espíritu, caminar descalzo siempre que se pudiera, meditar en la reencarnación, así como el uso terapéutico de la botánica y el hermetismo esotérico en varias de sus muchas manifestaciones. Desde la radio proclamaba con ahínco su espíritu democrático y su firme defensa de la libertad total de cultos, aunque al final sale más a colación su apuesta por una filosofía del equilibrio, una especie de confucianismo centroamericano según el cual de la armonía en el microcosmos del cuerpo deriva todo el orden en el macrocosmos de la sociedad.

En su marcada apuesta por la sabiduría de las tradiciones milenarias, la teosofía, y antes que ella el espiritismo, habían abierto nuevos caminos a la crítica de la modernidad occidental, a su espíritu positivista y a su materialismo funcional. En El Salvador, y antes en países de su entorno como México, la primera víctima de esta especie de “primavera decolonial” fue sin duda la Iglesia católica (Parker, 2008). Qué duda cabe: el martinato fue uno de los grandes momentos secularizadores del largo proceso secularizador de alguna manera aún hoy inacabado, emprendido por la República salvadoreña desde prácticamente sus orígenes, aunque no es menos cierto que la Iglesia a estas alturas llevaba ya varios años de entrenamiento a la espalda en cómo sobrevivir sin el apoyo, y hasta con la oposición, del Estado. Y, por otra parte, el general Martínez se limitó a erradicar cualquier tipo de mención al catolicismo en sus manifestaciones públicas, mientras dejaba intacto el funcionamiento de la Iglesia en sus gestiones demográfico-económicas (Cardenal, 2001).

El caso es que el denodado esfuerzo de Martínez por alcanzar los oídos y los corazones de los salvadoreños tuvo recompensa. Una de las expresiones más interesantes para nuestro propósito es el testimonio de comunidades enteras de devotos organizadas en torno al culto de una suerte de santos populares mejor conocidos en El Salvador como Hermanos Espirituales con nombres como Macario Canizález, Telesforo Sagastizado, Trinidad Huezo, Ernesto Interiano o Emeterio Ruano, que a día de hoy siguen insistiendo en la relación personal de tales patronos con el general Maximiliano Hernández Martínez. A estos apócrifos santos locales se les atribuyen relaciones personales con el carismático presidente de los años treinta y cuarenta, como haber compartido con él mesas giratorias, sesiones de espiritismo y curaciones hechas por médicos invisibles.

Sin entrar en las posibilidades de demostración historiográfica de este tipo de memoria, éste es precisamente el ambiente que caracteriza el testimonio de Rafael George. Él dijo estar en contacto directo con gente importante de la capital que manejaba sofisticadas técnicas espirituales. De eso se servía a fin de considerarse autorizado para hacer uso de los conocimientos adquiridos en beneficio de sus vecinos jornaleros y familiares del Guayabal de Quezaltepeque, “adolecentes de enfermedad y el declarante poniéndose en trance hace que llegue el espíritu de Rafael A. Vista, que en vida fue médico y quien es el que receta medicinas a los pacientes que tiene en curación”. ¿Por qué no le creyó nadie, desde los agentes de la Policía Nacional al ministro de Gobernación?

7. ¿Qué callaban la policía y el ministro?

El descrédito de Rafael George se puso sobre la mesa ya en el propio informe de la policía. Al final del mismo, un curioso párrafo sorprende además por la repentina demostración de competencia en materia de espiritismo por parte de los investigadores: “es de extrañar que como según dijo [el joven Rafael] se pone en trance por concentración de sí mismo, cuando lo lógico sería que entrara en catalepsia mediante pases hipnóticos que le hiciese otra persona, como es costumbre hacerlo en otras sectas de la misma índole”.

Nada a lo largo del informe anticipa una precisión y sutileza semejante en la captación del contenido técnico de las doctrinas o sectas investigadas. De hecho, el documento revela constantes confusiones en la distinción entre espiritistas y cristianos no católicos, aunque, como ya apuntamos, lo más probable es que se debiera a cierta dosis de indiferencia y falta de interés en aquello que, en principio, parecía el objeto propio de la investigación. Lo lógico aquí sería pensar que la mano que dio forma a esta sorprendente reflexión no fuera otra que la del secretario Horacio Rivas en vez de la del agente de la policía Enrique Lemus quien, supuestamente, narra en primera persona el informe policial. Cual Rustichello con Marco Polo, el secretario pondría en boca del agente perlas de sabiduría provenientes de su propia experiencia. Una experiencia que, además, sabemos de dónde puede proceder. Precisamente es Horacio Rivas quien aparece como el transcriptor comisionado del Ministerio de Gobernación para recoger por escrito buena parte de los discursos radiados semanalmente por el general Maximiliano Hernández Martínez; discursos plagados de teosofía, vitalismo, esoterismo y comunicaciones de los “médicos invisibles”. A pesar de la apariencia de fría distancia y objetividad, los agentes, al menos uno, tenían ideas propias y bien formadas con respecto al marco de referencia del conflicto investigado.

Pero que la policía sabía más de lo que oficialmente dio a conocer en su informe queda demostrado también gracias a otra feliz coincidencia documental. No hay en todo el expediente de la policía, ni en los oficios intercambiados entre policía y Gobernación, así como en la denuncia lanzada desde El Diario de Hoy el 27 de agosto, nada que nos permita inferir ni mínimamente la identidad o alguna pista del posible denunciante o iniciador de tan diligente intervención por parte de las fuerzas del orden público. Sin embargo, justo en los mismos días en los que el ministro de Gobernación recibía informes de la policía y expedía órdenes en relación con los espiritistas del Guayabal de Quezaltepeque, mantenía una animada correspondencia con otro grupo de espiritistas, sin duda de una procedencia social muy distinta.

El 3 de octubre de 1941, tres días antes de la orden expedida por José Tomas Calderón contra los espiritistas del Guayabal, el mismo Ministerio de Gobernación admitía a trámite la solicitud de personería jurídica de la Escuela Racionalista Espirita Salvadoreña, la ERES.8 El procedimiento seguido en esa ocasión es también peculiar. El trámite había sido iniciado directamente con nada menos que el “Señor Presidente de la República”, el general Maximiliano Hernández Martínez, mediante una larga carta de seis páginas fechada el 16 de junio de 1941 y adornada con ciento veinticinco firmas.9 En línea con la confianza en sí mismos demostrada por el grupo a la hora de dirigirse al “Señor Presidente”, la carta comenzaba recalcando que la asociación contaba con ilustres afiliados como los “pertenecientes al ejército, los señores Coronel don Víctor Manuel Sandoval y Capitanes Esteban Lemus González, Víctor Manuel Guerra y Florencio Bustamante Aceituno, así como otras personas verdaderamente cultas”.

La distinguida asociación apelaba a la empatía del general Martínez para hacerle partícipe del “noble ideal que sustentamos y los altos fines que la Escuela Racionalista persigue”, que no eran otros que “indicar el camino de la verdad por medio de la razón y los principios de la lógica”. Con respecto al ideal, la carta daba un paso más allá en concreción anunciando que “este ideal, si es que la Divina Providencia de la Suprema Inteligencia nos ayuda a desarrollarlo, es el de ayudar a su ilustrado Gobierno, dando a conocer en todo el Mundo, sin adulación de ninguna clase y con un espíritu liberal, todos aquellos pasos seguros y certeros que dé a favor del pueblo” además de “elevar sus preces al Eterno Padre para que ilumine su conciencia y le dé más sabiduría”.

La promesa debió seducir de inmediato al general Martínez, y tan solo seis días después, el 23 de junio, firmaba de su puño la autorización para ir adelantando el trámite solicitado por los racionalistas espiritas.10 La petición hecha al presidente por la ERES para obtener la personería jurídica iba acompañada además de un importante ofrecimiento: “depurar el espiritismo en el país, tratando de contener el avance del animismo que por ahora se aprovecha de la ignorancia para explotar la creencia y la buena fe, tomando la ciencia espirita como el mejor patrimonio para vivir” (cursivas añadidas).

Los racionalistas espiritas proporcionan además otro valioso documento a esta investigación que, antes que nada, demuestra su proximidad y connivencia con altos funcionarios del Estado y su más que probable injerencia en el desenlace del caso de los espiritistas del Guayabal. El 26 de septiembre la directiva de la ERES hacía llegar, esta vez al ministro de Gobernación, Luis Tomás Calderón, una misiva que citamos aquí en extenso.11 La declaratoria de los racionalistas espiritas llegaba a Gobernación ocho días después de la recepción del informe con las investigaciones de la policía y doce antes de la salida de la orden ministerial que prohibía a Rafael George ejercer el espiritismo entre los jornaleros quezaltepecos:

Se tiene conocimiento que en algunos lugares de la Republica han aparecido centros o personas que se dedican a las prácticas espiritistas, explotando la credulidad de gentes sencillas y valiéndose de prácticas censurables como son las de mixtificar el verdadero sentido moral y filosófico de tal ciencia espirita […]. También han aparecido curanderos en todo el país que para mejor eficacia en sus labores de explotación se hacen aparecer como médiums espiritistas llegando al extremo de hacerse aparecer también como miembros de determinados centros establecidos en la capital […].12

Los racionalistas espiritas advertían, contra estos curanderos animistas que se “hacen aparecer como médiums espiritistas”, que el mejor antídoto era “nuestra institución social en el plano que le corresponde de seriedad y merecedor de la atención de las altas autoridades de la República”. Esta firme defensa de su monopolio sobre la “ciencia espiritista” les señala como más que probables instigadores en la sombra y parte activa en la instrucción del caso contra los espiritistas del Guayabal quezaltepeco. ¿Fueron por tanto los racionalistas espiritistas quienes determinaron la suerte del grupo de jornaleros en torno a Rafael George? ¿Fue éste el elusivo criterio que guió las minuciosas diligencias de las fuerzas del orden del Estado?

8. Los jornaleros animistas

Rafael George no aparece tratado en todo el informe de la policía de manera dura. Al contrario, la caracterización más directa que recibió fue: “el médium aunque jornalero es honrado”. De igual manera, como vimos, los demás espiritistas del Guayabal tan sólo fueron tratados como: “jornaleros en su mayoría […] fáciles de fanatizar […] aunque podemos decir que son gente honrada que no registra hasta la fecha malos antecedentes”. La mayoría de los interrogados eran analfabetos y, de los espiritistas, sólo Rafael George era capaz de escribir su nombre. Excepto un sastre, un “comerciante en pequeño” y las mujeres que se declararon dedicadas a “oficios domésticos”, el resto de los investigados fueron reportados como jornaleros. Era evidente que no se trataba de profesionales ni de propietarios, ni siquiera de campesinos o asalariados. Pero aquí la categoría “jornalero” parece estar funcionando además como una especie de indicador de carecer de una identidad social plenamente reconocible: algo así como lo que los antiguos romanos llamaban bárbaros o los cristianos, paganos.

Los espiritistas del Guayabal asumieron inmediatamente la posición de subalternidad adjudicada por los investigadores. No faltaron por lo tanto respuestas torpes y a veces precipitadas. Alguno de los investigados, por ejemplo, se sintió obligado, tras responder “que en las sesiones no se trataban asuntos políticos ni subversivos”, a añadir inmediatamente “que sólo se enseña la doctrina espiritista que en nada se diferencia de la católica”. Ante la acusación mal entendida de “comunista”, es interesante cómo el deponente se defiende de la sospecha de “idolatría” afirmando no su adhesión al “Supremo Gobierno”, sino a la “Madre Iglesia”. Y a buen seguro, la investigación dirigida contra los jornaleros del Guayabal acabó persiguiendo algo no del todo diferente a “un delito propio de los naturales, aunque aplicable también a negros, mulatos, mestizos y españoles, y que cubre un campo semántico amplísimo que abarcando desde la resistencia a la rebelión y de la superstición a la hechicería” (Piazza, 2016: 21, en su obra sobre la persecución de idolatría en Oaxaca entre los siglos XVI y XVIII).

A diferencia de los imputados que al final resultaron ser pentecostales y adventistas, los espiritistas basaron desde el principio toda su defensa en “aparecerse” lo más posible a la religión tradicional y dominante, el catolicismo, aun a costa de contradecir su adscripción alegada a una doctrina nueva pero prestigiosa y reconocida, el espiritismo. Las diferentes declaraciones de los imputados dan cuenta de sus titubeos a la hora de buscar el mejor paraguas. Así, mientras unos deponentes confesaban que el uso de las limosnas transadas era para “incienso y flores en honor de los espíritus que se presentan en la sala”, otros prefirieron citar como beneficiario de las dádivas al mismísimo “Jesús Nazareno que es el guarda de la sala”.

En general, todos los espiritistas interrogados dijeron con parecidas palabras que “la doctrina espiritista es la misma de Cristo”, “que en nada se diferencia de la católica” o, a lo sumo, que “está basada en las enseñanzas de Jesucristo”. A las torpes estrategias de legitimación de los jornaleros del Guayabal, la propia investigación añadía pruebas contundentes de que los imputados no actuaban “como es costumbre hacerlo en otras sectas de la misma índole”. Por ejemplo, en clara imitación de doña María, la prestigiosa espiritista de San Salvador, Rafael George quiso incluir entre sus atribuciones como médium el dar “sesiones doctrinarias” para “fomento del espiritismo [a] unas veinte personas entre hombres y mujeres […] los miércoles y los sábados entre las diez de la mañana y las trece horas”. Sin embargo, a medida que se fueron acumulando testimonios de otros declarantes fue quedando claro que no había tal dinámica grupal en la sala del Guayabal o, si se daba, era de una naturaleza muy distinta.

Por ejemplo, uno de los nombres que George dio ¿delató? a la policía de los asistentes a sus pláticas doctrinales, Juan Rivera Zelaya, al ser interrogado afirmó ser en efecto “adepto de la doctrina espiritista y asistir a la sala que dirige el joven George”. Pero más adelante el señor Zelaya, tras pormenorizar los detalles de sus padecimientos y su curación gracias a las técnicas empleadas por el joven George, añadió, quizá un tanto descuidadamente, que “desde que se curó ya no ha vuelto a llegar”. Otros interrogados también dijeron que, en realidad, “no se daban conferencias de ninguna índole, sino que los espíritus por conducto del médium, señor George, recetaban medicinas a las personas que adolecían de alguna enfermedad” o que “en las sesiones no se han dado conferencias, sino que sólo consisten en oraciones elevadas en honor de los espíritus […] hechas por medio de concentración general que hacen los presentes”.

La policía pareció comprender de inmediato que toda la actividad de los espiritistas del Guayabal giraba en torno a las dotes curanderas de George y a algún tipo de devoción colectiva difícil de desenmarañar. Con respecto al curanderismo, varios de los interrogados confesaron haber entrado en contacto con el espiritismo “por padecer de varios males físicos que no se los habían podido curar los médicos de esta ciudad”, y uno añadió que “ni de San Salvador”. Dichos males físicos iban de “una enfermedad de garganta [de la señora Juana Chicas]” a “un maleficio que ignora qué persona malintencionada se lo ha puesto [del señor Catarino Zavaleta]” o sencillamente “una complicación de males físicos a los que no hallaba curación [de la señora María viuda de Urías]”.

Tales conceptualizaciones de la enfermedad pudieran ser portadoras de “una taxonomía diferente” que no distingue bien entre dolencia y enfermedad, que se desentiende de su origen biológico y trata el sufrimiento como una dimensión holística, como una experiencia global del ser “que se puede curar con las plantas” (Piazza, 2012: 22-23). En esto estuvieron de acuerdo todos los interrogados. No hubo uno que dejara de mencionar la botánica, como “base de todas las recetas” o como “única forma de curación”.

Sin embargo, la reiteración de la palabra y su uso mecánico parece sugerir o bien el empleo de los mismos términos utilizados por los interrogadores como en los casos referidos anteriormente en relación con vocablos como “subversivo” o “índole” o, más probablemente, la resonancia de palabras en boga en esos días, reiteradamente utilizadas en los famosos discursos radiados a toda la nación de su señor presidente, conservados en el Archivo General de la Nación de El Salvador. ¿No se trataría de otro recurso legitimador, otro intento de entroncar con discursos prestigiosos provenientes de las élites letradas por parte de los jornaleros del Guayabal?

Así lo sugiere la desconfianza de la policía y la insistencia con que se propuso desentrañar el contenido de tan vaga proclama para averiguar que, en efecto, el uso dado por los jornaleros del Guayabal al término “botánica” excedía los límites del sentido común atribuido a la palabra. Las respuestas a los requerimientos de los interrogadores delataron que ciertamente se trataba de “brebajes hechos de raíces y cascaras”, de “hojas de artemisa y cáscaras de pitos”, pero también “a base de ojos”. Uno de los interrogados dijo haber “sentido mejoría con la botánica”, pero que después “desobedeció a los espíritus y se bañó, y cayó víctima del mismo mal, tan grave como antes lo tenía”.

Al igual que las taxonomías esbozadas envidias, maleficios o mal de ojo, los remedios empleados por los jornaleros del Guayabal sustancias de origen vegetal y animal, baños, compensaciones de frio y calor hunden su lógica en el cosmos popular de usos interiorizados desde antiguo, de fuerte arraigo local y de acceso inmediato. Todos ellos, empero, mostrándose bajo nomenclaturas actualizadas e integradas en la economía simbólica creada por nuevos discursos de prestigio.

9. El curandero y los espíritus

La misma estrategia fue empleada en la defensa del joven George. El reconocimiento de Rafael como médium por parte de todos los interrogados, incluso de su “arrepentida” mentora María de Reyna, constituye su principal si no único anclaje a la doctrina espiritista. Ninguna otra de las imágenes capturadas por la policía sobre el funcionamiento del grupo de jornaleros del Guayabal reunidos en torno a Rafael se corresponde con la doctrina fundada en Francia por Allan Kardec en 1857 y vehemente representada en El Salvador por los racionalistas espiritas: ni la centralidad de la curación por medio de plantas, ni el protagonismo de enfermedades de todo menos científicas, ni la marcada adscripción al catolicismo, ni el incienso o las flores.

La policía no tardó tampoco en desmontar la coartada mediúmnica de Rafael: “es de extrañar que como según dijo se pone en trance por concentración de sí mismo, cuando lo lógico sería que entrara en catalepsia mediante pases hipnóticos que le hiciese otra persona”. Esta versión simplificada de la entrada en trance, el recurso a oraciones colectivas y el empleo de remedios en extremo caseros alentaron las sospechas de los investigadores. El propio testimonio del joven George no hizo sino añadir nuevas pruebas a su propia acusación: “poniéndose en trance hace que llegue el espíritu de Rafael A. Vista, que en vida fue médico y quien es el que receta medicinas a los pacientes que tiene en curación”. Precisamente, la importancia y centralidad del nombre de los espíritus invocados, aún más que las simplificadas técnicas mediúmnicas empleadas por el joven George, es indicador de un grado de autonomía mayor de los jornaleros del Guayabal con respecto a las prácticas generalmente asociadas al espiritismo “científico”. Otros declarantes del proceso de Quezaltepeque constataron las visitas de otros dos espíritus: “la que en vida fue Refugio del Siglo” y “el que en vida fue Atanacio Ferrufino”.

La búsqueda de pistas sobre alguno de estos tres nombres no ha dado aún los frutos esperados. Sin embargo, en el curso de la investigación se han encontrado hasta el momento cerca de una treintena de otros “espíritus de quienes en vida fueron” salvadoreños, mejor conocidos como Hermanos Espirituales (García, 2016a). Se trata de una suerte de santos apócrifos o patronos populares que normalmente funcionan como imágenes adoradas, veneradas, o como simples amuletos con propiedades específicas y diferentes facultades a la hora de beneficiar de una u otra manera a las personas vivas. Están, por tanto, dotados de biografías unas veces heroicas, otras chamánicas y aun algunas trágicas que, en cualquiera de los casos, sirven para reforzar las propiedades taumatúrgicas atribuidas a estos Hermanos Espirituales. A ellos se dirigen los devotos, amigos o necesitados mediante todo tipo de agasajos, regalos y hasta fiestas.

De su complejo y fascinante funcionamiento, el aspecto que más nos interesa en esta exposición es la manera en que establecen contacto con las personas vivas. Lo hacen por medio de especialistas no reglados que han adquirido el don de la comunicación gracias a cualidades inherentes, por lo general manifestadas a tierna edad y desarrolladas mediante determinadas técnicas ascéticas. En El Salvador se les llama “vasos”, aunque no falta quien los conoce como “materias” e incluso “cajitas” o “mesas”, denominaciones estas últimas mucho más extendidas en Guatemala y México.

A disposición de estos entrenados vasos hay un variado elenco de “espíritus de quienes en vida fueron”, desde bandoleros locales en los años treinta, robinhoods injustamente ajusticiados o eminentes doctores y memorables curanderos, hasta la Lady Di princesa de Gales, el Sathya Sai Baba de la India o el propio general Maximiliano Hernández Martínez. Pero los hay también que son meras imágenes de billetes de circulación corriente, de embalajes exóticos provenientes de la India, incluso fotos de Karl Marx retocadas con Photoshop con nombres inventados. Entre estos hay quienes son capaces de comunicarse con deidades semíticas, egipcias y, también, precolombinas como el khukul y el ajaw en los casos de Macario Canizález en el occidente de El Salvador y de San Simón en el oeste de Guatemala, respectivamente (García, 2015). En estos casos se aprecia una continuidad inmediata con determinadas cosmotécnicas y antropotécnicas indígenas (Sloterdijk, 2012) supervivientes en estado muy precario y en aislados bolsillos de la geografía salvadoreña.

Estas deidades se encarnan durante intervalos de tiempo por lo general breves en los vasos e intervienen poderosamente en el desenvolvimiento cotidiano de sus vidas. Así, mediante el vaso dan a conocer formas de encarar la vida, la salud y la enfermedad, la felicidad y el sufrimiento, sancionadas por un uso prolongado. Los vasos dan voz y continuidad a multitud de remedios caseros, fetiches y cuentos antiguos. El mercado, el movimiento de personas interesadas en torno a la adquisición y venta de productos relacionados con este tipo de tecnología cultural, es considerablemente próspero y pujante. Más bello aún es el enorme desarrollo estético que sale a relucir en la confección de los objetos vinculados: imágenes, estatuas, candelas, símbolos, mandalas, dibujos, etcétera. Muy específicos y fuertemente anclados en el tiempo, el uso de materiales y colores, el empleo de efectos expresionistas, la distribución espacial de los objetos, están a menudo muy diferenciados de unos lugares a otros, aunque en último término estén sometidos a las posibilidades de reconocimiento por parte de sus usuarios. Todos estos saberes, el de los vasos, los mercaderes y los artesanos, por ejemplo, revelan una larga sucesión del culto ininterrumpido a deidades locales y a sus agentes humanos, con asombrosas similitudes, además de con expresiones florecientes en toda Centroamérica, y desde el Caribe al norte de México.

Es muy probable, por tanto, que, más que al espiritismo o al marxismo decimonónico, los Rafael A. Vista, Atanacio Ferrufino y Refugio del Siglo reportados por la policía de Martínez formaran parte del abigarrado panteón de deidades vernáculas conocidas en El Salvador como Hermanos Espirituales, y que las dotes mediúmnicas reclamadas por Rafael George fueran en realidad los nuevos ropajes con que a estas alturas se presentaba el antiguo vaso, materia o cajita de la tradición mesoamericana.

El profundo aturdimiento de los investigadores de la policía puede que se debiera a la incapacidad de reconocer la transformación que estaba teniendo lugar ante sus propios ojos de antiguas devociones, prácticas curativas y ecológicas. Los “jornaleros animistas” del Guayabal bien podían estar aprovechando los resquicios abiertos por las extravagancias metafísicas de su señor presidente, el retroceso público de la Iglesia, los últimos bríos de las pujantes doctrinas modernistas o, simplemente, los progresos de la tecnología fotográfica y fotostática. La policía, por su parte, anduvo tras resquicios de disidencia en cualquiera de sus múltiples manifestaciones, y al final no encontró otra cosa que sutiles indicios de estar ante “indeseables extravagancias”, “incultos fáciles de fanatizar”, “carentes de moral” y “con cariz de timo”. La nueva configuración de la cosmovisión del jornalero salvadoreño presentada a la policía a principios de la década de los cuarenta del siglo XX no fue entendida por ninguna de las instancias del Estado que participaron en este proceso. Su falta de comprensión, empatía o interés no fue, sin embargo, óbice a la hora de ordenar el cese total y la prohibición de todas las actividades de los jornaleros reunidos en torno al joven George, fuesen las que fuesen, y amenazarlos con aplicarles la “Ley Represiva de Vagos y Maleantes”.

Conclusión

Irónicamente, la policía salvadoreña de nuestros días no procedería con tanta torpeza en el reconocimiento de Iglesias no cristianas que en la actualidad alcanzan prácticamente al cincuenta por ciento de la población salvadoreña ni de comunidades enteras organizadas en torno a célebres vasos médiums, materias, etcétera que mediante sus privilegiadas comunicaciones con multitud de Hermanos Espirituales proporcionan alivio y curación ante todo tipo de males y dificultades que aquejan a millares de salvadoreños de cualquier condición social y económica. De hecho, los policías salvadoreños de nuestros días son grandes “consumidores” de la inteligencia de estos vasos y del poder de sus santos, sobre todo los especializados en armas de fuego o los dedicados a la muerte (García, 2016b).

Las comunidades organizadas en torno a estos vasos y la devoción a las deidades a ellos asociadas ya no necesitan en nuestros días recurrir al espiritismo. Conservan alguno de sus conceptos y sus poses e incluso algunas imágenes de Allan Kardec o de Arthur Conan Doyle, por lo general, convertidos también en Hermanos Espirituales. En nuestros días, su autonomía es mayor y con el término “esoterismo” suelen contentarse para referir sus vernáculas concepciones de la salud, el bienestar y la imaginación del mundo a su alrededor. Acaso queda a las ciencias sociales la tarea de dar con un concepto más afinado de la cosmovisión del pueblo salvadoreño de hoy y del que una lectura atenta del proceso seguido contra Rafael George Huezo en septiembre de 1941, espero, sirva de esbozo certero.

Referencias

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Notas

1 Archivo General de la Nación de El Salvador (en adelante AGNSV), Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1. Mi agradecimiento a María Julia Flores por la localización de este expediente.

2 Mi agradecimiento a Óscar Meléndez Ramírez por la identificación y reproducción fotostática del ejemplar.

3 Añadir algo de queso (de origen hispánico) a los frijoles (de origen mesoamericano) es el mayor deleite y aspiración culinaria de buena parte del empobrecido campesinado salvadoreño. Una aspiración semejante (humilde, mestiza y forzadamente prestigiosa) parece animar también a los protagonistas de esta pequeña historia.

4 “Que se evite explotación por medio del espiritismo”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

5 “Resumen”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

6 “Informe sob/ explot. medio del esperitismo [sic]”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

7 AGNSV, General Maximiliano Hernández Martínez, Serie 05, Pláticas doctrinales. Mi agradecimiento a Gerardo Monterrosa Cubías por su invaluable colaboración en la investigación de este fondo.

8 “Solicitud personería jurídica Escuela Racionalista Espirita Salvadoreña”, AGNSV. Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

9 “Escuela Racionalista Espirita Salvadoreña al Señor Presidente de la Republica”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

10 “Entrada No. 88 junio 241941”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

11 “Escuela Racionalista Espirita Salvadoreña al Señor Ministro”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

12 “Escuela Racionalista Espirita Salvadoreña al Señor Ministro”, AGNSV, Ministerio de Gobernación, Área Social, año 1941, caja 1.

Recibido: 17 de Abril de 2018; Aprobado: 03 de Octubre de 2018

Antonio García Espada. Doctor en Historia por el Instituto Universitario Europeo de Florencia, Italia. Profesor investigador titular de tiempo completo del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México. Temas de especialización: orígenes de la modernidad, expansión europea, literatura de viajes, religiosidad popular, estudios subalternos. Correo electrónico: antonio.garcia@unicach.mx. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1158-1018.

Paradoja americana Jorge Gómez Barata

Estados Unidos, donde el racismo es más crudo y cruel, uno de los primeros países en importar esclavos africanos (1619), de los últimos en abolir la esclavitud (1865) y el penúltimo en poner fin a la política de apartheid (1964), desde 1983 se dedica un día feriado nacional a homenajear a Martin Luther King, el más destacado de los líderes negros que arrancó al sistema concesiones sustantivas a escala social.

Ninguno de los siete “padres fundadores” de los Estados Unidos, prohombres de la revolución: George Washington, Thomas Jefferson, John Adams, John Jay, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton y James Madison, ha mereció tal distinción. Tampoco lo hicieron ninguno de los

45 presidentes, ni los héroes de las numerosas guerras. No han sido siquiera nominados alguno de sus científicos, intelectuales y artistas ni deportistas destacados. ¿Por qué un negro?

A mi juicio, la exaltación de Luther King al “Salón de la fama” del cual es el único integrante, expresó una tendencia predominante en un momento en el cual la clase política y las elites sociales estadounidense intentaron resolver el más grave problema social de los Estados Unidos y, el único con potencial suficiente para provocar estallidos sociales cercanos a una guerra civil o de razas. Aunque el pragmatismo político y la buena fe de entonces no pueden considerarse fracasados, tampoco aportaron los resultados deseados.

Varias veces he confesado mi incapacidad para comprender por qué la profundidad de las raíces del racismo en los Estados Unidos, un país que es capaz de elegir a un presidente negro, descendiente en primera generación de un emigrante africano, pero no aceptar a los afroamericanos como parte de los suyos.

Tampoco comparto el punto de vista de que las clases políticas y las élites blancas, han hecho poco por beneficiar a la población negra y ponerla a salvo del racismo, prueba de ello es que cuatro ocasiones se han emitido pronunciamientos constitucionales al respecto.

El primero fue la disposición constitucional que estableció 1808 como la fecha a partir de la cual se prohibía la importación de personas, acción por la cual, con el paso del tiempo, la esclavitud se extinguiría. Las otras fueron las enmiendas 13º, 14º y 15º todas ligadas a las cuestiones de la esclavitud y los derechos de los negros a ser ciudadanos y a votar.

En 1957 para hacer cumplir la orden de la Corte Suprema relativa a la integración escolar, Eisenhower envió tropas del ejército a Arkansas y en 1962 Kennedy despachó efectivos militares y alguaciles federales para escoltar a James Meredith, primer estudiante negro matriculado en la universidad de Mississippi.

La enérgica oleada de protestas por la muerte de George Floyd, como antes ocurrió con Rodney King en California y otras, se caracterizan, además de por la violencia y la contaminación con acciones vandálicas, por su falta de articulación debida a la ausencia de liderazgo y de fundamentaciones definidas que formen una plataforma de metas que puedan ser compartidas por el pueblo americano o por una parte del mismo.

En 1968 Martin Luther King, paradigma de la no violencia, fue asesinado en Menfis, Tennessee y 15 años después, luego de intensas demandas, gestiones legislativas y acciones de masas, en 1983 el Congreso aprobó el establecimiento como festivo el Día Martin Luther King, adoptando para ello la fecha de su cumpleaños. El presidente Ronald Reagan promulgó la ley.

Tal vez, como ha sugerido el expresidente Barack Obama, una tarea común del momento es inscribirse y votar, para sumar los sufragios afroamericanos al de las fuerzas sociales que quisieran cambiar la actual orientación del país que, actualmente favorece el extremismo, el racismo y la exclusión. La oleada reaccionaria se frena mejor con votos que con rebeliones inconexas. Allá nos vemos.

La Habana, 9 de junio de 2020