La resistencia planetaria al capitalismo globalizado. Roberto Pineda. 28 de febrero de 2020

La complejidad del mundo se manifiesta en múltiples  procesos y situaciones,  de los cuales lo más significativo desde una óptica de transformación social, es el esfuerzo sostenido a lo largo del planeta por los sectores populares, que se alzan en rebeldía contra la globalización neoliberal interesada en  profundizar las desigualdades sociales mediante proyectos guerreristas y discriminatorios.

Es este el aspecto principal de la situación mundial y desde este  panorama abordamos diversos aspectos del horizonte internacional, nacional y de la izquierda salvadoreña.  

I.La globalización neoliberal en crisis

El enfrentamiento planetario se realiza entre diversas potencias y al interior de cada una de estas, así como entre diversas visiones sobre las características de la sociedad del futuro. En esta lid aparecen nuevos protagonistas como los movimientos feministas y su profunda fuerza transformadora, los movimientos por un internet democrático y por ciudades abiertas y verdes, junto con los movimientos de trabajadores, campesinos, indígenas, ambientalistas y otros. El desafío planteado es la construcción de alianzas y la búsqueda de consenso sobre estrategias de lucha.

Estos profundos cambios que experimenta el mundo nos impactan fuertemente. A continuación intentamos bosquejar algunos de estos cambios y sus repercusiones locales. Identificamos cinco tendencias mundiales y sus respectivos efectos en El Salvador, entre estas tendencias se encuentran las siguientes: el multilateralismo amenazado por  la Administración Bush y el conflicto China-USA; la revolución tecnológica; la migración; la crisis medio ambiental y las luchas antiglobalización.

1.El multilateralismo amenazado por la Administración Trump  y el conflicto China-USA

El multilateralismo amenazado  por la Administración Trump

Con la llegada en 2017 de Ronald Trump a la presidencia de Estado Unidos observamos el apoyo a las soluciones de fuerza y un creciente rechazo a todo tipo de acuerdos internacionales. Hemos presenciado un proceso acelerado de intentos por hacer retroceder legislación progresista, la promoción de políticas racistas,  así como la renuncia por parte del gobierno estadounidense de compromisos internacionales que habían sido el resultado de largos procesos de lucha y negociación.

Entre los compromisos abandonados se encuentran los del Pacto Mundial para la Migración Segura y el del Acuerdo de Paris sobre el Cambio Climático.  Ambas reflejan duros golpes para un planeta más seguro y justo.

Otro aspecto y quizás más peligroso de esta actitud es la decisión de impulsar y acrecentar el enfrentamiento con la República Popular China, limitado actualmente al área comercial pero que puede fácilmente trasladarse al campo militar. Y que se agudiza con la crisis provocada por el coronavirus.

El coronavirus podría sea la señal inequívoca del aparecimiento de una nueva crisis económica similar o peor a la de 2008, que va venir a ralentizar los procesos productivos y a provocar despidos masivos y cierres de empresas a nivel internacional.

El Conflicto China-USA

A mediados de los años setenta del siglo pasado se desarrollaron simultáneamente dos procesos históricos que impactan fuertemente la realidad internacional actual. Por una parte en las economías occidentales inicia un proceso de rearticulación productiva orientado por una visión de realizar privatizaciones de empresas públicas así como de trasladar las industrias hacia los países del tercer mundo, en búsqueda de reducir costos vía mano de obra barata; simultáneamente en la conducción política de la República Popular China logra imponerse una visión interesada en la promoción de la inversión extranjera y la ampliación capitalista del mercado interno.

En 1976, Deng Xiao Ping se hace de la conducción del Partido Comunista Chino y promueve la “apertura al mundo” del gigante asiático. Con esto la clase obrera china sufre un retroceso en sus derechos laborales, pero a la vez, posibilita la transferencia de tecnología y conocimiento de occidente hacia China.

Cincuenta años después China se ha convertido en la fábrica del mundo y le disputa a los Estados Unidos la supremacía alcanzada luego del derrumbe del campo socialista en 1989. Esta disputa se expresa en todos los terrenos, y en particular en los territorios del comercio (la Ruta de la Seda) y de la tecnología (la disputa con Huawei representa el conflicto por la disputa de los avances tecnológicos, principalmente de la tecnología 5G, con un gigante tecnológico no alineado a Estados Unidos).

Pero también en las relaciones internacionales, China se posiciona como una potencia que le disputa a Estados Unidos áreas de influencia política y comercial, incluso dentro del llamado “patio trasero”. En nuestro caso, la aunque tardía apertura de relaciones diplomáticas a finales del gobierno de Salvador Sanchez Cerén constituye un gesto de soberanía e independencia. 

2. El surgimiento de la economía  de plataforma, del capitalismo digital y su naturaleza antilaboral

Las corporaciones transnacionales que dominan el planeta experimentan un proceso de conversión acelerada hacia una economía de plataforma, o sea hacia la digitalización de sus procesos productivos y de circulación  con base a una nueva materia prima: los datos. Facebook y Google son pioneros en esta nueva fase del capitalismo.

Expresiones simbólicas de este proceso de capitalismo digital lo constituyen las empresas Uber y Airbnb, las cuales, obtienen ganancias mediante la explotación  “voluntaria” de miles de trabajadores y trabajadoras alrededor del mundo que en el caso de Uber ponen a disposición no solo su fuerza de trabajo sino incluso sus autos, sin ningún tipo de seguridad social y en un marco de fragilidad laboral.

Presenciamos como el mundo se transforma aceleradamente mediante las tecnologías de la información y la comunicación. Y como el capitalismo a nivel sistémico logra insertarse en este proceso, el cual da lugar a una nueva división del mundo, entre países productores de tecnología y países consumidores de tecnología, y que en estos mismos profundiza las brechas sociales y tecnológicas.  Además, el brillo de los teléfonos inteligentes oculta la explotación y condición inhumana a la que son sometidos los trabajadores que los ensamblan y que trabajan en la extracción de los metales.

Observamos como a  la par de las potencias mundiales, grandes compañías vinculadas a la revolución tecnológica pasan a convertirse en los nuevos dueños del planeta,  exportadores de tecnología, nos referimos a las empresas de punta en capitalización bursátil, en particular las 5 grandes empresas estadounidenses, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Microsoft y Facebook. Pero por otra parte, el internet se convierte en un poderoso instrumento de movilización ciudadana, de protesta popular a nivel global. 

En nuestro país, el peso de la tecnología es creciente y como izquierda y movimiento popular debemos de penetrar en este territorio, que es un lugar de disputa. La fuerza política que controle este instrumento tendrá muchas ventajas sobre las demás fuerzas, en el marco del cambio político, social y económico provocado por la última revolución científica y tecnológica.

3.Las migraciones mundiales y el desafío a los centros capitalistas de poder

El modelo neoliberal al debilitar y destruir las economías de los países del Sur, afectarlos con sus guerras por recursos naturales, así como desarticular los mecanismos de protección social, ha provocado altos niveles de desempleo y marginación social, los cuales amenazan de manera creciente al mismo sistema capitalista.

Por lo anterior, Europa y los Estados Unidos enfrentan la creciente migración de los pueblos árabes, africanos, asiáticos, latinoamericanos y caribeños. Los pueblos en resistencia marchan hacia las metrópolis imperialistas en busca del empleo y las oportunidades que les son negadas en sus propios países de origen.

En nuestro caso, la migración a lo largo de la historia ha constituido una válvula de escape del sistema ante la presión social. En el pasado era hacia Honduras y a partir del conflicto armado de los años ochenta es hacia Estados Unidos, donde reside una tercera parte de nuestra población. Cada caravana de migrantes que abandona el país es expresión de la incapacidad de este sistema para darles el derecho a una vida digna.  Y como movimiento popular  y como izquierda debemos acompañarlos en este esfuerzo.

4.La crisis medio ambiental o un planeta con su civilización en peligro

El sistema capitalista en su búsqueda de ganancias está empujando al planeta al abismo.  La sociedad de consumo está llevando al mundo a una situación de no retorno. Cada día que pasa es evidente que de no parar este torbellino de productividad irracional, el planeta no será habitable para las próximas generaciones.

Esta crisis medio ambiental provocada por el capitalismo se refleja en el cambio climático, que provoca el aumento de la temperatura global; la extinción de la biodiversidad, la destrucción de la capa de ozono, el aumento del nivel del mar, la multiplicación de la energía de los huracanes, el aumento de lluvias extremas, inundaciones y sequias, etc.

En El Salvador, la crisis ambiental se manifiesta en el alto grado de deforestación de bosques, producto de la tala indiscriminada de árboles e incendios forestales; crecimiento demográfico urbano desordenado, producción creciente de desechos sólidos y de aguas fecales, e incremento del parque vehicular, entre otros. Frente a esto, la reforestación de las cuencas hidrográficas se vuelve una tarea estratégica.

5.Las luchas antiglobalización o la resistencia frente al modelo capitalista

La imposición del modelo neoliberal en el planeta generó el surgimiento de un poderoso y ramificado movimiento antiglobalización. La eclosión de este movimiento tuvo lugar en la ciudad estadounidense de Seattle a finales de 1999. En esa ciudad, sindicalistas, organizaciones de ambientalistas, mujeres y jóvenes, lograron descarrilar la reunión cumbre de la Organización Mundial del Comercio, OMC.

A partir de ese momento en diversos lugares del mundo se desarrollan alianzas y movilizaciones de la sociedad civil contra la globalización neoliberal, y en 2001 en este mismo espíritu se desarrolla en la ciudad brasileña de Porto Alegre el Foro Social Mundial.

En El Salvador, para esa época nace el Foro de la Sociedad Civil, FSC,  y diversas organizaciones se integran a SAPRIN, con lo que se establece un vínculo con las protestas a nivel mundial. En el 2004 fuimos sede del V Foro Mesoamericano de los Pueblos, en el que cerca de 700 organizaciones sociales de México, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica se reunieron para acordar acciones de resistencia al Plan Puebla Panamá (PPP), al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y al Tratado de Libre Comercio de Centroamérica-Estados Unidos.

II. Los cambios en el horizonte de la sociedad salvadoreña

La sociedad salvadoreña experimenta profundas trasformaciones, que modifican aceleradamente su fisonomía a diversos niveles. Entre estas trasformaciones se encuentran las de su sistema político, y su entorno social, económico, cultural y ambiental. Veámoslo.

Nuevos actores políticos y nuevos desafíos

Los Acuerdos de Paz de enero de 1992 establecieron un sistema bipartidista de recambio político a nivel municipal, legislativo y del ejecutivo, basado en la participación de dos fuerzas principales, una de derecha y otra de izquierda, Alianza Republicana Nacionalista, ARENA y el partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

Alrededor de este sistema se ventilaron y resolvieron la construcción de la nueva institucionalidad de la posguerra; el modelo neoliberal de la economía, un sistema fiscal regresivo, la relación estratégica con Washington y la apertura al capital transnacional.

El 3 de febrero de 2019 este acuerdo político fue desafiado y rebasado por una imponente victoria electoral de una nueva fuerza política, Nuevas Ideas, que desde un claro bonapartismo, pasa a construir un nuevo bloque de poder, con rasgos autoritarios y populistas.

Es evidente la existencia casi posmoderna de una crisis de representatividad de los partidos políticos, la gente no se siente representada en estos, ni en sus grandes relatos ideológicos, sino en una persona. Y lo más preocupante, los sectores populares no se asumen como sujetos de cambio, con protagonismo histórico, sino que delegan en un supuesto mesías la conducción del proceso.

Esta situación inédita le plantea un complejo y difícil desafío a las fuerzas de izquierda, que únicamente podrá enfrentarse en la medida que se recupere e impulse el espíritu de lucha popular, que ha identificado a la izquierda desde su nacimiento hace un siglo en nuestro país.

Una nueva economía desigual y discriminatoria

La llegada al gobierno en 1989 de ARENA, encarnando a sectores de la oligarquía comprometidos con el impulso del modelo neoliberal de economía, coincidió luego en el tiempo con la ejecución de los Acuerdos de Paz de enero de 1992. Ambos proceso se mezclaron y terminaron fusionándose.

Entre los aspectos principales de este modelo económico se encuentran los de romper con el tradicional modelo agro-exportador en crisis, promover la exportación de granos básicos, destrucción de la industria, fomentar las privatizaciones de sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones; y abrir la economía al capital transnacional y la hegemonía del capital financiero local.

A mediados de la primera década del siglo XXI y coincidiendo con la firma del Tratado de Libre Comercio la economía salvadoreña fue virtualmente tomada por el capital transnacional que hoy controla la banca, los seguros, fondos de pensiones, energía y telecomunicaciones.  Y están en disputa con planes de privatización el agua, la salud y la educación.

Por otra parte, la construcción de una economía alternativa desde los sectores populares tiene como uno de sus ejes el impulso del cooperativismo, como polo de poder que compita con la oligarquía y el capital transnacional. 

Una sociedad en crisis

La sociedad salvadoreña enfrenta una crítica situación, caracterizada por la pobreza y desigualdad acompañada de altos niveles de  control territorial (urbano y rural) por parte de pandillas, un altísimo porcentaje (72%) de la población trabajando en la informalidad; una tercera parte de la  población viviendo en Estados Unidos; con un trasporte colectivo colapsado, sistema privatizado de pensiones, escuelas acechadas por delincuentes y un deficiente sistema educativo, hospitales sin medicinas, y frágiles programas sociales por parte del Estado.  Y es fundamentalmente una sociedad desmovilizada y paralizada

Una de las causas de esta situación radica en el sistema capitalista predominante, en el cual la búsqueda del lucro, de la ganancia, de la competencia entre sectores populares, se convierte en el objetivo fundamental del sistema, por lo que la injusta distribución de la riqueza se convierte en su eje estructural principal.

Una sociedad segura y prospera que podríamos asumir como socialismo es el sueño de salvadoreños y salvadoreñas. Lograr esto será el resultado de esfuerzos de varias generaciones que asuman el compromiso de transformar las estructuras de esta realidad de injusticia y marginación.

Una cultura en disputa entre el autoritarismo y la democracia

Mientras el sistema político salvadoreño pretende ser formalmente democrático su modelo cultural tiene un profundo sello autoritario, desde la formación de la república y el pasado colonial.

Este talante autoritario se fortaleció durante los sesenta años de dictadura militar  y se vincula a actitudes discriminatorias hacia todo lo que sea diferente del modelo dominante de un capitalismo patriarcal y racista. Y hoy se ve fortalecido por visiones conservadoras desde la fuerza armada (militarismo), ejecutivo (populismo), academia (la neutralidad epistémica) y desde la religión (la teología de la prosperidad y el fundamentalismo).  

El desafío está planteado de construir una nueva cultura democrática, solidaria y de rebeldía que recoja las tradiciones emancipadoras de muchas generaciones que han soñado en un El Salvador libre, democrático y justo.

La lucha por el agua como bandera principal de un El Salvador verde                          

Entre los principales problemas que enfrentamos como país se encuentra el vinculado al agua y la necesidad de garantizar agua de calidad y enfrentar los planes para su privatización.

 La lucha por el agua es una lucha de vida o muerte. El agua es un recurso extremadamente vulnerable dado que enfrenta la creciente demanda residencial así como la derivada de la demanda agrícola (particularmente el cultivo de caña) e industrial.

Por otra parte es un recurso distribuido de manera desigual, ya que únicamente el 65% de la población tiene acceso a agua potable y esta es de muy mala calidad, como ha sido reconocido por los mismos funcionarios de ANDA. Debemos de asumir como izquierda el desafío de una campaña nacional de reforestación, a la par de evitar su privatización.

III. La crisis de la izquierda partidaria

En junio 2019 asume una nueva conducción política del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN, fundamentalmente integrada por hombres y mujeres jóvenes, una generación post-Acuerdos de Paz, con una visión de transformación tanto del partido, como de la sociedad salvadoreña.

Este relevo no solo es de orden generacional es también en el plano político, ya que se aspira a un rescate del espíritu revolucionario que dio origen a este partido revolucionario.

Como antecedente puede señalarse que el ascenso al gobierno de la izquierda partidaria representada en el FMLN, en 2009 abrió la oportunidad más desafiante para el cumplimiento de su misión: ser gobierno nacional y emprender la transformación del sistema. Sin embargo, los resultados obtenidos por el FMLN en las elecciones presidenciales del 3 de febrero de 2019 ponen en evidencia el incumplimiento de esa misión histórica, de su credibilidad ante la población salvadoreña y sus perspectivas como legitimo instrumento de lucha del pueblo.

En ese escenario planteado, se debaten al interior del FMLN tres posturas divergentes (una reformista, una revolucionaria autoritaria, y una revolucionaria democrática)  sobre su rumbo histórico, los métodos de organización y conducción, sus prioridades y énfasis políticos, contenidos ideológicos y relación con el pueblo. Estos temas deben ser parte de una amplia consulta y debate con las bases de este partido, que permita realizar los cambios que  necesita para recuperar la confianza del pueblo.

Las oportunidades se le reducen al FMLN en la medida no corrija las desviaciones y errores cometidos en la gestión del poder político estatal y en la conducción partidaria.

El FMLN sí tiene una última oportunidad de recuperar su legitimidad como instrumento de lucha del pueblo salvadoreño, que está en corregir lo que la misma base partidaria ha señalado por años, así como en volver a enraizarse en su base social, trascendiendo el clientelismo electorero que ha sido el tipo de relación que hasta la fecha ha cultivado, por un compromiso serio con las luchas populares: por la democracia, la justicia social y socialismo.

Sólo así puede el FMLN recuperar su prestigio, de lo contrario será el mismo pueblo el que deberá, como ha hecho en otros momentos de la historia, construir otro instrumento para enfrentarse a sus enemigos y emprender la conquista de su definitiva emancipación.

A  continuación y en el marco del interés por contribuir a este debate urgente, que rebasa la militancia partidaria, y es interés de la izquierda en general, presentamos las siguientes ideas al respecto

1.Sobre rumbo histórico

El rumbo histórico de un partido está determinado en el horizonte por su ideología y práctica, a la vez la definición del rumbo guarda un significado estratégico y de principio. En los partidos revolucionarios, es parte sustancial de su misión histórica.

En primer lugar, implica una ruptura, un quiebre con el sistema capitalista vigente en el país. La modalidad cómo esta ruptura transcurra, dependerá del nivel de oposición y resistencia de las clases dominantes y el sistema imperial, así como de los niveles de participación popular. Es precisamente este segundo aspecto, fundamental ya que únicamente se puede avanzar en este camino en la medida que exista una correlación de fuerzas que permita expresar la voluntad popular como voluntad de ir al socialismo, de un cambio profundo en los paradigmas de la producción, la distribución y el consumo.

Y en ese rumbo, los sectores populares únicamente aceptarán la conducción y acompañamiento en esta lucha por la democracia y el socialismo, de una fuerza política revolucionaria, en la medida que sea una fuerza con propuestas e ideas (proyecto), con organización y estrategia de lucha, y con compromiso ético (sacrificio). Así fue durante la experiencia de guerra vivida por el FMLN. La gente admiraba el sacrificio de los que estaban en la montaña. Eran una fuerza que amenazaba al sistema. Y la gente lo sabía, lo percibía.

Pero si la gente ve a dirigentes de izquierda negociando, cediendo posiciones, con intereses individuales, como empresarios exitosos, con viajes, guardaespaldas, lujo, pareciéndose a nuestros enemigos, viviendo en sus vecindarios, no ganaran el respeto popular y se irán aislando, y aquel probado instrumento de transformación social terminará como parte decorativa del sistema de dominación. Esta es su principal amenaza, y las próximas elecciones internas del FMLN  este año y externas del 2021 vendrán a fortalecer esta amenaza.

2.Sobre métodos de organización y conducción

Las modalidades que asume la organización revolucionaria están determinadas por las conquistas democráticas alcanzadas así como por las tradiciones históricas, en nuestro caso, se ha pasado de núcleos selectos en situación de clandestinidad a una extensa red territorial que desde la legalidad cubre todo el país. El carácter masivo del instrumento ha dado lugar a una variedad de pensamientos, y visiones, estilos de trabajo e intereses.  

Por otra parte, el autoritarismo como rasgo del modelo cultural del capitalismo dependiente existente, ha permeado desde su origen el estilo de conducción, fortaleciéndose aún más durante el periodo de guerra (asumiendo incluso facetas militaristas) y readecuándose exitosamente al periodo democrático iniciado en 1992. Estos tres elementos, carácter masivo, carácter ideológico pluralista y carácter autoritario definen en gran parte la fisonomía orgánica y política del partido de izquierda FMLN.

Una de las expresiones típicas de este autoritarismo radica en dictar planes y orientaciones sin consulta con las bases partidarias, que se vuelven simples “tareyeras”, ejecutoras de acuerdos. Y esta situación se agrava con la participación electoral, que de manera permanente provoca la disputa y el arreglo “consensuado” por los cargos públicos. De no modificarse este estilo autoritario que a la vez influye en el movimiento popular y social, nos iremos aislando de la gente.

En este contexto, existe el desafío hacia futuro de combinar altos niveles de disciplina con altos niveles de participación de las bases; promover el debate ideológico, enfrentar las ideas de la derecha, y democratizar el partido, o sea garantizar mecanismos que permitan mayores niveles de participación de las bases en la elaboración de la línea política. Y a la vez el contacto permanente de la dirección con la base partidaria.

3. Prioridades y énfasis políticos (la táctica)

Es importante y urgente para la izquierda y el movimiento popular definir las prioridades políticas del momento y del nuevo periodo abierto a partir del 3 de febrero de 2019, y dentro de estas identificar el eslabón fundamental, el eslabón que nos permitirá la sujeción de la cadena. Esta definición parte del criterio básico de cuáles son los problemas que más afectan a la población y por los cuales está dispuesta o debemos animarla a luchar.

Alrededor de estos problemas y en el marco de una nueva correlación política de fuerzas que nos coloca a la defensiva, debemos de hacer propuestas, lanzar consignas, crear instrumentos de lucha, organizar campañas, agitar y concientizar, educar, movilizar y sistematizar la experiencia (teorizar).  Y hacerlo de manera integral, fracción legislativa, alcaldías, y partido FMLN, izquierda en general, diáspora y movimiento popular.

Al evaluar la situación del país, la correlación política y social, el problema que sobresale por su complejidad y afectación popular es la delincuencia, el control territorial por parte de las pandillas. Se precisa que reevaluemos nuestra posición como izquierda al respecto, que nos ubica –interesadamente para desgastarnos- ante los ojos de la gente como defensores de la delincuencia. 

Es significativo que en el apartado sobre Principales desafíos del FMLN en la actual etapa de transición democrática revolucionaria” del documento Lineamientos para el Trabajo del Partido del 1er. Congreso del FMLN de 2015, se mencione ya esta idea:

“49. Debido a que las pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico provocan una grave afectación a la seguridad ciudadana y la calidad de vida de la población, destruyen el tejido social y la unidad familiar e infligen considerable daño a la economía, todo lo cual constituye un serio obstáculo para el desarrollo económico, político, social y cultural de la nación, y por tanto, para el avance de la transición democrática revolucionaria impulsada por el FMLN, el principal desafío que tiene nuestro partido es brindarle todo nuestro apoyo político al combate contra estos flagelos. Ello es condición indispensable para enfrentar con éxito el resto de nuestros desafíos de la etapa…”

Y luego en el apartado “Principales desafíos inmediatos del FMLN” se indica que esta tarea de combate a la delincuencia “no es solo el primer desafío de nuestro partido a mediano o largo plazo, sino que es también nuestro primer desafío inmediato.”

Debemos de manera sistemática disputar y arrebatarle esta bandera de lucha por la seguridad ciudadana al gobierno Bukele. Esta bandera es una de las fuentes principales del actual desgaste político de la izquierda y debemos evitar que nos siga desangrando. La gente nos ve como opositores a planes que les benefician en su seguridad.

Otras temáticas pudieran ser defensa frente a los despidos, las pensiones y la salud (coronavirus, agua, etc.) La gente debe de vernos siempre defendiendo sus intereses, local y nacionalmente, no en arreglos con la derecha.  Bukele ha sido hábil en colocarnos, arrinconarnos como opositores irracionales.

Debemos con urgencia dar un viraje de nuestro enfoque táctico. De no hacerlo, seguiremos cosechando derrotas, electorales y a la vez políticas. 

4.Contenidos ideológicos

La formación ideológica de la militancia  de izquierda en este siglo XXI comprende, por una parte,  el acumulado histórico de rebeldías y revoluciones de los distintos proceso revolucionarios que han transcurrido alrededor del mundo, y que se han reflejado en elaboraciones teóricas, de naturaleza emancipadora. 

Y por la otra, el estudio de las tradiciones revolucionarias de los sectores de izquierda  salvadoreños, de sus dirigentes y sus organizaciones, tanto políticas como gremiales, a lo largo de un siglo. Es particularmente clave el estudio del pensamiento de Schafik Handal, nuestra principal herencia teórica revolucionaria.

Asimismo es importante conocer el pensamiento de la derecha internacional y local, sus visiones de futuro, sus valoraciones sobre el desarrollo del capitalismo y la globalización (Davos, OCDE, FUSADES, entre otros).

5.Relaciones con sectores populares y progresistas

La izquierda debe ir al encuentro de las diversas expresiones orgánicas de rebeldía popular antisistema neoliberal, que se manifiestan tanto a nivel nacional, regional como municipal. Estas relaciones deben estar basadas en el respeto mutuo, la cooperación y la solidaridad. En especial debe existir la voluntad de acompañar a las organizaciones y comunidades en sus luchas por reivindicaciones inmediatas de carácter económico, social o cultural. Este acompañamiento nos permitirá conocernos, crecer y desarrollarnos.

El pensamiento nuestro de Schafik

El pensamiento revolucionario de Schafik es nuestra herencia teórica y política. Nos permite identificar amenazas y caminar con firmeza hacia el cumplimiento de la misión revolucionaria de la izquierda, particularmente de la izquierda partidaria, del FMLN, como instrumento para transformar nuestro país.-

El coronavirus y la búsqueda de un nuevo orden mundial Roberto Pineda 20 de marzo de 2020

El mayor desafío al capitalismo globalizado

El capitalismo globalizado ha provocado con su afán insaciable de ganancias, la peor crisis conocida por la humanidad. Se desarrolla ante nuestros ojos y corazones -sorprendidos y atemorizados- las imágenes de ciudades desiertas,  la estampida en los supermercados, los cementerios repletos de cadáveres, la incertidumbre ante el futuro, los temores y los odios xenofóbicos. El coronavirus desafía al capitalismo globalizado. La civilización capitalista de consumo entra en crisis.

En la actual situación internacional se juntan diversas crisis, cada una de las cuales potencia y agudiza  a las demás. Existe una crisis sanitaria, una crisis financiera, una crisis tecnológica y una crisis política. La crisis principal es la provocada por el coronavirus, y no solo es sanitaria sino que está claramente vinculada a la disputa por el poder global.

Los anteriores desafíos al capitalismo

El capitalismo como sistema social en su historia de más de cinco siglos ha conocido múltiples desafíos de diferente naturaleza, de carácter político, económico, social, militar y ambiental entre otros. Pero ninguno hasta hoy había  de manera universal mostrado la necesidad urgente de su radical transformación.

Existen diversos eventos históricos que han amenazado al capitalismo. Este  fue amenazado políticamente por la Gran Revolución Socialista de Octubre en 1917, que dividió al mundo en dos sistemas políticos. Esta amenaza fue ampliada al final de la Segunda Guerra Mundial con la creación del campo socialista europeo y mucho más con la victoria del pueblo cubano en 1959 y el vietnamita en abril de 1973. Pero fue finalmente revertida en 1989 con el derrumbe del sistema socialista, encabezado por la Unión Soviética, y el hasta entonces impensable retorno al capitalismo.

Al inicio del siglo XXI, en septiembre del 2001 la ciudadela principal del capitalismo fue amenazada con el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, el conflicto mundial se desplazó desde lo clasista hacia lo étnico cultural. Hoy en el 2020 la amenaza se da desde la salud y pone bajo sitio al capitalismo en su totalidad, iniciando e incluyendo su “fabrica mundial”, a la Republica Popular China.

El desafío actual

La crisis principal es la vinculada con la propagación de la pandemia del  coronavirus y esta se manifiesta globalmente en dos dimensiones. La primera, vinculada  a la competencia política-administrativa para garantizar la infraestructura logística que permita la prevención de la propagación del virus y la segunda, la competencia académica-científica para encontrar-producir una vacuna efectiva en el menor tiempo posible.

Alrededor de esta crisis principal  se mueven los intereses y la influencia de potencias mundiales y corporaciones transnacionales, las cuales  tratan de fortalecer sus posiciones y derrotar a sus adversarios. Del desenlace de esta fiera competencia dependerá el nuevo orden mundial, en el marco del histórico descenso del poderío estadounidense y el tránsito hacia un nuevo hegemon internacional.

Las compañías farmacéuticas y los laboratorios que descubran la vacuna contra el virus podrán generar una nueva fase de acumulación de capital que podría incluso rebasar la existente fase digital encabezada por el internet del capitalismo globalizado. Estas compañías farmacéuticas junto con los grandes productores de alimentos, aparecen como los grandes beneficiarios a futuro de esta crisis planetaria, desplazando e incluso hasta hundiendo, a otros sectores, en particular, el sector financiero (Wall Street) y el sector energético (quiebre de compañías de petróleo de esquisto y países productores).

Una visión popular y democrática

El capitalismo es el peor virus conocido por la humanidad,  porque coloca a la desigualdad como su paradigma central y condena al sufrimiento cotidiano a millones de personas  en todo el mundo. Pero esta pandemia de coronavirus permite conocerlo y desafiarlo.

El desafío está planteado desde los millones de personas que arriesgan su vida para salvar otras rompiendo con la ética individualista. No podemos seguir caminando desde un horizonte de progreso que provoca destrucción y dolor, por lo que existe la necesidad de construir una nueva cultura del cuidado que nos permita reconstruir nuestras ciudades y orden natural desde una óptica del respeto y la solidaridad. En este difícil momento, la Cuba de Fidel y de Haydee brilla desde su  esperanza.

Escenarios de futuro

Son previsibles tres grandes escenarios.

El primero y más probable es que el orden capitalista logre superar esta crisis global e incluso salga fortalecido, irrumpiendo un nuevo orden mundial con su correspondiente nueva fase de acumulación, incluyendo nuevas modalidades de dominación internacional, desigualdad social y explotación económica.

Un segundo escenario es una superación de esta amenaza pero con un sistema profundamente golpeado,  con altos niveles de desempleo y marginación social.

Un tercer escenario es el de un orden capitalista obligado a realizar reformas en su arquitectura global, particularmente en lo financiero. Esto último solo podrá realizarse en la medida que los trabajadores y las fuerzas progresistas marquen el terreno con propuestas y acciones de salida a la crisis.

En estos tres escenarios, que pueden combinarse, seguramente aumentara la desigualdad al agregar una nueva categoría universal de discriminación: los infectados, aislados y cruelmente condenados a morir mientras no se descubra la vacuna y después como personas vulnerables.  Asimismo presenciaremos una sociedad mundial más autoritaria  e intolerante,  que necesitara de mayores luchas por la democracia y la justicia social.

La Organización Mundial de la Salud, OMS,  se constituye en el árbitro mundial de este enfrentamiento planetario, que es la continuidad de la todavía no concluida disputa comercial entre Estados Unidos y la Republica Popular China.  

La posibilidad de una ruptura global del sistema no es realista dado que todavía no madura una alternativa programática y de fuerza que la respalde. Pero en eso estamos…

Izquierda tradicional y nueva izquierda: algunas aclaraciones.2014. Revista Herramienta

Introducción

Me propongo examinar un equívoco subyacente a la distinción entre las formaciones ideológico-políticas que en los últimos años suelen nombrarse como “izquierda tradicional” y “nueva izquierda”. Esa diferenciación entre izquierdas supone una divergencia en el modo de comprender su relación con la historia secular de la izquierda y con su siempre incierto porvenir. Pues si la izquierda tradicional (IT) se ajusta cómodamente con una parte de su pasado, la nueva izquierda (NI) se piensa como un cambio paradigmático, superador de lo agotado que conviene relegar.

Voy a explicar por qué –en nuestra situación histórico-política– la mencionada distinción es injustificable a la luz de un análisis riguroso del concierto conceptual que hermana a sus términos. La distinción entre IT y NI, al menos de acuerdo al modo en que se constituyó en Occidente durante las dos últimas décadas, es inadecuada.

Argumentaré que la NI procede a través de una lógica de la inversión, sin inquietar dicotomías básicas compartidas con la IT. Lo dañino es que la tenacidad de tales dicotomías menoscaba las chances de una reconstitución de la izquierda. Por lo tanto el propósito de construir una nueva izquierda no solo persiste como aspiración futura, sino que su consumación –que no puede hacerse sin tramitar de un modo no reactivo su relación con la IT– requiere un desplazamiento de la negativa en la NI a comprender de un modo no meramente negativo la historia de la izquierda en el último siglo.

No habrá una nueva izquierda real sin la autosuperación de la vieja izquierda y una revisión del carácter “antiguo” que subyace en la lógica política de la mal llamada “nueva izquierda”.

Por razones de espacio no puedo dialogar con numerosos ensayos dedicados a convalidar nociones como “izquierda independiente”, “nueva izquierda” o “izquierda autónoma”. Espero poder hacerlo en otro ensayo.

 La así llamada izquierda tradicional

 La denominación de “izquierda tradicional” no es peyorativa para la propia izquierda así identificada. Aquí la empleo sin hostilidad. Para la IT hay solo una izquierda efectiva: ella misma. Proclamadamente revolucionaria, afirma continuar los pasos fundamentales de Lenin y Trotsky, quizás de Mao o Guevara, sin apelar a revisiones sustantivas. De allí que la pertenencia a una tradición no es una mácula para una izquierda que se resiste a abandonar conceptos que considera válidos.

Se entiende por IT la izquierda radical que persevera en la custodia y promoción de ciertas nociones teórico-organizativas predominantes durante el siglo veinte. Las puntualizo en tres registros de 1] estrategia, 2] sujeto, y 3] organización: 1] el acto revolucionario entendido como corte abrupto y definitivo entre dos periodos históricos, escisión no siempre compatible con una política de reformas; 2] la centralidad de la clase obrera como sujeto social y político, sujeto dado objetivamente por las relaciones sociales de producción capitalistas; 3] la concepción leninista de la organización política de un partido de cuadros que comanda a la clase trabajadora en la lucha de clases y sintetiza sus intereses “históricos”. (El cierto marxismo explícito en estas nociones no puede ser debatido en este ensayo).

Puesto que tales principios fueron sostenidos por la izquierda durante buena parte del siglo veinte, es válido preguntarse por qué persisten incuestionados si es que partimos –como creo inexorable hacerlo– de un diagnóstico de la derrota y fracaso históricas de la izquierda durante la última centuria.

Para quienes piensen que solo ocurrió una derrota, que los problemas no fueron de concepto sino de implementación, nada hay para revisar y el argumento de este texto será irrelevante. Me parece que a pesar de las afirmaciones polémicas al respecto entre la NI, no es inevitable en la IT un atrincheramiento en la negación del fracaso y derrota catastróficos de toda la izquierda.

En primer término es necesario descartar una explicación psicologista de la IT según la cual su perfil descansa en un conjunto de ideas, de contenidos de conciencia. No la mueven un conservadurismo teórico y político, ni un autoritarismo organizativo, ni un mesianismo intelectual, ni un sectarismo ideológico. Es decisivo comprender que hay atendibles razones para la existencia de la IT. En primer lugar, ante la ausencia de un balance preciso del pasado secular reciente de la izquierda, no se entiende por qué habría que arrojar al cesto de residuos tramos decisivos de convicciones cruciales para su corriente mayoritaria socialista.

Por ejemplo, no es indiscutible que la noción de clase obrera sea irrelevante para orientar la política de izquierda de hoy. En efecto, la mutación en la composición de la clase ha variado, pero no las relaciones sociales en las que emerge. La clase obrera, puede argüirse, continúa siendo generada por el automovimiento contradictorio del capital. Que la clase obrera incluya hoy a una trabajadora de fábrica textil, a un maestro y a un oficinista entraña la obsolescencia del modelo clásico heredado del siglo diecinueve, o de su promoción al rango de prototipo social, pero de ninguna manera del concepto de clase obrera en tanto que tal.

Tampoco niega la importancia de esa clase el reconocer una efectividad específica de lo político y lo simbólico. Algo similar puede decirse respecto de los otros dos fundamentos de la IT: la revolución y el partido. ¿Acaso el reformismo resuelve las desigualdades constitutivas del capitalismo, detiene sus guerras, la destrucción del medio ambiente, las crisis económicas? ¿Es que el horizontalismo ha mostrado ser una práctica organizativa conducente a resultados más valederos que el clásico partido de cuadros?

¿Sucede que los “movimientos sociales” son un fundamento más eficiente para la orientación política? ¿Acaso el basismo o el autonomismo prosperan en una convincente voluntad estratégica? No sostengo que tales preguntas sean incontestables; digo que no son arbitrarias y pueden ser formuladas por buenas razones.

Adherir a la IT no es un signo de dogmatismo o contumacia ideológicos. Sus militantes suelen participar activamente en las luchas sociales, culturales y políticas. Mantienen vivas demandas, reformas y reivindicaciones defensivas. En más de un caso han impulsado novedosas experiencias de organización obrera. Sin su acción mucho de lo bueno que debe conservarse de la política y cultura de izquierda se hubiera perdido.

En suma, hay razones atendibles para la adhesión a la IT.

Esto no significa que sus dificultades sean pocas ni que sea convincente sostener –este es el credo básico de la IT– que el porvenir de la izquierda reside en realizar bien lo que en el siglo veinte se hizo mal: digamos una Revolución Rusa menos Stalin.

La denuncia de los límites de las nuevas propuestas de reconstrucción de la izquierda no legitima la repetición o corrección superficial de su modelo “tradicional” como una respuesta a la altura del fracaso y derrota sufridos. Y por ende su recreación mejorada no parece prometer una política adecuada para las décadas venideras del proyecto socialista.

La continuidad de las organizaciones de IT en la democracia capitalista ha conducido casi siempre a un encierro defensivo de esa izquierda, satisfecha con el éxito relativo que su institucionalidad le asegura, por el momento, en comparación con la NI. En efecto, gracias a su alineación en forma partidaria la IT posee efectividad y unidad militantes, consolida una identidad y es públicamente reconocible.

De allí que, aunque sea minoritariamente, trabajadoras y trabajadores con sensibilidad de izquierda se acerquen a esos partidos, y no a la NI con un perfil discursivo más claramente movimientista y sin una manifiesta identidad clasista.

También conquista una mayor visibilidad electoral, aunque asistimos a algunos experimentos recientes que quizás presagien otro panorama para la NI. Por lo tanto la sobrevida de la IT en los márgenes de la democracia realmente existente es segura, y habría que pensar hasta qué punto es un ficha más en el tablero de la reproducción ideológica de lo mismo. Lo que me interesa enfatizar es que esa paradójica fortaleza de la IT en disponer de algunas implantaciones en la clase trabajadora y su relativa visibilidad electoral redunda en una incomprensión sistemática de las “verdades” de la NI.

Para la IT la NI sobrepuja las condiciones de la crisis capitalista: se alimenta de una destrucción del sistema económico industrialista, de la fragmentación de la clase obrera y la emergencia de una multiplicidad de sectores con débil articulación con la producción material. De allí que sus “valores” no sean sino la contratara de una falsa realidad “postmoderna”: diferencia, multiplicidad, nomadismo, fluidez, son semblantes de los ideales del capitalismo actual y no una amenaza revolucionaria al mismo. La NI es una parte del problema, se dice, y no su solución.

Por eso la IT expone una deslumbrante incapacidad para captar las razones de la NI. Para ella el vocablo “autonomía” es mero ruido, fantasmagoría de universitarios de clase media sin significación política “en la clase obrera”. Por ende a menudo la IT encuentra a los grupos tendientes a forjar una NI más como enemigos que como aliados en una transformación de la realidad y, más enemigos aún, en su genérica desconfianza hacia la exigencia de una auto-transformación de la izquierda.

 La así llamada nueva izquierda

 A fines del siglo veinte el derrumbe definitivo del falaz “socialismo real”, autoritario y estatista, instauró condiciones para el surgimiento de una NI distinta a la conocida en la década de 1960. Vuelvo a los tres criterios utilizados para esquematizar a la IT (estrategia, sujeto y organización). Para la NI: 1] la estrategia no contrapone con simpleza la reforma a la revolución, ni la temporalidad de ésta es la de una insurrección y toma del poder en una fecha determinada; 2] el sujeto social es múltiple y construido, no excluye a la clase obrera pero niega que ésta provea un “fundamento” exclusivo: 3] impugna por autoritario el modelo leninista de partido y se inclina por las formas asamblearias, reticulares y horizontales.

Descartaré en este análisis la referencia a una nueva izquierda tal como algunas voces han propuesto en América latina en la última década a propósito de experiencias reformistas (Brasil, Argentina, Uruguay) e incluso de perspectivas más radicales (Venezuela, Ecuador, Bolivia).

Esos gobiernos postneoliberales y en general neodesarrollistas, con diferencias entre sí, solo sus casos más radicales han instalado un debate sobre cuál debería ser una política de izquierda, como en el un poco precipitado pero siempre desafiante Socialismo del Siglo Veintiuno chavista. Los países mayores de la región, Brasil y Argentina, han sido regidos por gobiernos que en el mejor de los casos y con generosidad podrían ser llamados de centro-izquierda, orientados a una gestión “progresista” del capitalismo local. Los casos radicales son demasiado complejos para ser tratados aquí siquiera de manera sintética. Solo apunto que estos últimos tienen alguna influencia en la idea de una NI tal como la que examino aquí.

La NI a la que refiero emergió, con las comprensibles asincronías de un fenómeno hemisférico, en el cambio de siglo del 2000. Quizás el Foro Social Mundial fue su expresión más conocida. Con el paso del tiempo surgieron algunos desafíos que tensionaron a la NI. Eso ocurrió de manera crucial con las exigencias florecidas internamente para intervenir en el ámbito político tradicional aunque con métodos y objetivos diferentes a los burgueses, sin abandonar los principios básicos del pluralismo y horizontalismo asambleario.

El declive casi generalizado de los partidos comunistas, la integración completa de los partidos socialistas a la gestión –a veces neoliberal y siempre institucionalista– del orden establecido, hizo de la lógica identitaria de la NI, como ya dije, algo distinto de la dinámica de ruptura en su antecesora “new left” sesentista.

Mientras por entonces los partidos tradicionales de la izquierda ejercían una nada desdeñable influencia en la clase obrera y en otros sectores sociales, la NI tuvo que enfrentar a un establishment de izquierda. Actualmente los partidos de IT poseen una fuerza menor. Debido al desastre ideológico de comunistas y socialistas la impugnación antipartidaria suele dirigirse hacia las organizaciones trotskistas.

Los discursos de la NI saben solazarse en el vituperio de la IT, subrayando sus cegueras, remarcando sus obsolescencias, denunciando la carencia de perspectivas constructivas que no sean las de la organización propia. Aunque no se trata de un talante generalizado, no es inusitado hallar en el dialecto de la NI expresiones que bordean incluso un abierto macartismo.

Otra tendencia discursiva consiste en pregonar principios a priori: horizontalismo, democratismo, igualitarismo, antidogmatismo, pluralismo, etcétera. No se trata de que esos principios sean erróneos. La dificultad reside en que la invocación de ideales sin explicar sus implantaciones socio-culturales ni las maneras de lograrlos redunda en una inexplicada declaración de principios.  

Como en un juego de espejos, el interés que caracteriza a la idea de una NI se marchita por la monserga contra la IT como dechado de todos los defectos. Así las cosas, la NI no puede comprender lo que para ella es un mero obstáculo. La vieja izquierda, se dice, haría su mejor contribución a la cultura de izquierda si desapareciera. De allí el carácter mecánico y predecible del modo en que analiza a la IT, la falta de comprensión de los motivos de su persistencia, y por ende la incapacidad para entenderla y superarla.

Acosa a la NI una complicación real cada vez más evidente: el agotamiento del asambleísmo como método excluyente, la repulsa a toda representación y, a la vez, la perentoriedad de desarrollar una concepción de la organización política. Una vez que la maduración de la NI niega que la democracia directa sea la fórmula privilegiada y unidimensional del quehacer activista se genera una parálisis política y en el mediano plazo el cese de la vida interna en los organismos asamblearios.

Se imponen entonces preguntas complejas y controversiales: ¿cómo delegar y bajo qué condiciones? ¿Qué mecanismos de representación local y qué dispositivos de integración en niveles diferentes? ¿Intervenir en la democracia electoral capitalista? ¿Con qué formas institucionales? ¿Qué hacer con la burocratización y la tendencia a erigir liderazgos carismáticos? Etcétera.

La antipolítica organizativa y el practicismo habituales en la infancia de la NI impide siquiera reconocer la validez de tales interrogaciones y es en consecuencia un estorbo para su propio crecimiento político e intelectual. Por eso el desarrollo político que suscita preguntas como las recién formuladas conduce a fraccionamientos cuyas razones sus actores comprenden mal.

 Una solidaridad conceptual

Mi tesis principal sobre lo descripto es la siguiente: hay una profunda solidaridad conceptual entre la IT y la NI. ¿Cómo es eso posible si ambas se descalifican y contraponen recíprocamente? Mi respuesta consiste en señalar que ambas hablan un mismo lenguaje, un mismo sistema categorial construido en el ensamble de oposiciones.

No es raro que sectores o ideas que se presentan superficialmente como antagónicos compartan un mismo suelo conceptual. Pues sus diferencias obedecen de un conjunto de oposiciones nocionales comunes. Por ejemplo eso acontece en filosofía con las versiones más unilaterales de la confrontación entre idealismo y materialismo. Ambas posturas suponen una escisión entre lo ideal y lo material. Lo que distingue a ambas filosofías es el régimen de determinación, causación o expresividad donde uno de los aspectos prevalece sobre el otro. Por supuesto, lo que debe discutirse es la binariedad entre ideal y material. Es posible plantear las cosas de otro modo, cuestionando el esquema, sin restringirse a elegir una de sus opciones. Algo así lo que ocurre con la oposición entre las izquierdas que aquí discuto.

La NI emerge de una inversión reactiva respecto de la IT. Hay por ende una solidaridad inconsciente sobre las mismas dicotomías, solo que con valoraciones invertidas. Así las cosas, se opone la unidad de pensamiento atribuido al “centralismo democrático” de filiación leninista a la ausencia de estructuras de representación. Entonces no hay alternativa a la dicotomía absolutista. O bien se es leninista en el sentido más autoritario (negándose de antemano toda experiencia democrática leninista), o bien se es “libertario” y se rechaza toda institucionalidad como si no pudiera generarse una “tiranía de la falta de estructuras”.

Para la IT no hay alternativa al partido vertical pues ceder soberanías locales es sinónimo de individualismo pequeño-burgués. Para la NI solo pensar en un partido garantiza secuelas estalinistas. Exactamente lo mismo ocurre con esta alternativa: o bien la clase obrera es el sujeto social privilegiado, o bien lo son los movimientos sociales pluriclasistas o populares.

Lo falso es la partición en opciones excluyentes. Lo que debe ponerse en entredicho es la obligatoriedad de elegir entre las dicotomías básicas tanto para la IT como para la NI.

No es difícil percibir cuán importante son las dicotomías para la enfermedad conservadora que suele afectar a la IT. En efecto, en el formalismo del o bien esto, o bien lo otro anida su intransigencia para reflexionar sobre sus principios. Toda vacilación en torno a los valores tradicionales es sinónimo de traición y defección.

En cambio, un ejemplo demostrativo del carácter improductivo de una actitud reactiva en algunas posturas de la NI es el antileninismo. Si el leninismo es entendido como la apuesta por un partido político centralizado, con unidad ideológica y programática, hegemonizado por el “interés” de la clase obrera, el antileninismo deplora una organización política con especialización dirigencial –aun sea provisoria– pues es considerada como equivalente de burocracia y dominación.

El antileninismo es el arquetipo de la naturaleza reactiva y negativa que con frecuencia daña el pensamiento de la NI. Se ha dicho bien que “con el antileninismo no alcanza” para redefinir el proyecto de izquierda. Yo voy más lejos y encuentro el antileninismo en tanto postura refractaria como un desatino. El mero rechazo del leninismo lo anula como problema y lo sustrae de la reflexión, comprende mal sus dimensiones válidas y se niega a pensarlo.

Debido a la sumisión hacia dicotomías en las que solo cabe elegir una opción y descartar la otra (una forma mentis de linaje monoteísta), ambas izquierdas revelan una sorprendente debilidad conceptual. La actitud defensiva de la IT que se parapeta en sus conceptos centrales inhibe la generación de nuevas ideas pues éstas son vistas como claudicaciones “revisionistas” de verdades inmarcesibles. La prestancia reactiva de la NI refleja esa misma indigencia teórica pues es también celosa de las nociones orientadoras que, como negativos del discurso de la otra izquierda, articula sus perspectivas.

Esto hace a la NI muy frágil ante los desafíos del ingreso a la competencia electoral y la aparición de gobiernos reformistas. La intransigencia de fórmulas teóricas redunda en el mediano plazo en divisiones intestinas. En cambio la imperturbable obstinación de la IT garantiza su certidumbre al precio del congelamiento de su archivo conceptual.

Por un antagonismo dialéctico

 Nuestro enigma no es si hay un futuro para la izquierda. Mientras exista el sistema democrático la izquierda, incluso la izquierda revolucionaria, tendrá un casillero asegurado. Ya lo tiene en el ámbito electoral con su cuota destinada a fluctuar entre un 2 y un 10% de votantes; que cada tanto la coyuntura procure un 20% no modifica la situación.

Lo tiene por cierto en el terreno cultural con su preocupación por los temas sociales, ecológicos, feministas, entre muchos otros; y por la tolerancia de las facultades universitarias de ciencias sociales y humanidades con los nichos de “pensamiento crítico”. Y lo tiene sobre todo por el carácter periódico e irresoluble de las crisis capitalistas que tornan algo más creíbles los ánimos radicales de la izquierda hasta que el nuevo ciclo de recuperación más o menos modesta reconduzca a las ovejas descarriadas al redil del reformismo burgués.

La dificultad mayor consiste la constitución de una izquierda renovada que pueda acometer las tareas más válidas de sus formulaciones iniciales durante los siglos diecinueve y veinte, pero a la vez lo haga a la luz de la exigencia de una elaboración de su derrota y fracaso.

Para contribuir a esa reflexión quiero formular ahora algunas anotaciones para continuar desarrollando lo expresado en párrafos anteriores. Mi tesis al respecto –que renuncia de antemano a inventar desde el mero pensamiento y el deseo– es que una renovación de la izquierda solo es viable a partir de las izquierdas realmente existentes, o más bien, de la superación de sus dilemas. Esta tesis es incompatible con la idea de que el desarrollo exitoso de una de las izquierdas, y por ende la desaparición de la otra, es la vía regia hacia una recomposición de la estrategia revolucionaria.

Doy por un dato la necesidad histórica de construir una política de izquierda que elabore los fracasos y las derrotas del siglo veinte. Quien suponga que solo se trata de reincidir en fórmulas consolidadas hacia 1920 o 1960 permanece fuera de una proyección futura de otra (nueva) izquierda. Pienso que salvo casos extremadamente minoritarios no hay izquierda viva que asuma como fortaleza identitaria la continuidad y repetición de la amplia familia de la izquierda leninista –aquí incluyo también al trotskismo y al maoísmo– predominante en el siglo veinte.

La IT en sus variantes más lúcidas no impugna la perentoria necesidad de autotransformarse a la luz de las nuevas condiciones. Solo que, con buenos motivos, reclama no olvidar algunas referencias sustantivas: el anticapitalismo, el socialismo, el igualitarismo, el concepto de revolución, la importancia de la clase trabajadora. Y para ello demanda considerar en toda su importancia la tradición socialista, incluyendo la específicamente marxista. No veo que tales referencias deban ser eliminadas a priori de la estrategia de izquierda. Pienso menos aún que no deban ser pensadas.

Por ejemplo, respecto de algunas preferencias por los movimientos sociales en la NI, una conjetura accesoria que me limitaré a enunciar dice que sin la recomposición política de la clase trabajadora, ya no imaginarizada en el modelo exclusivo del obrero industrial, no será viable ninguna estrategia de izquierda futura.

No porque debamos recentralizar lo social y lo político en un sujeto/objeto de la Historia, como sucedió con el obrerismo socialista de cuño economicista, sino porque mientras haya capitalismo la clase trabajadora incidirá cuantitativa y cualitativamente en los engranajes decisivos de la legitimación y reproducción del orden dominante.

Una izquierda que carezca de una sólida política en y hacia la clase obrera navega –a ese respecto, al menos– en una nube de quimeras. Pero de allí no se deduce que la “centralidad” y “primacía” de la clase obrera legitime la marginalización de otras demandas, tal como aconteció en la argumentación obrerista de tan extensa vigencia.

Planteo una conclusión provisoria, que es, lo admito, más bien una nueva hipótesis que solicita ulteriores reflexiones: es lícito deducir que en el panorama ideológico-político aquí dibujado –la oposición mecánica entre IT y NI– no habrá de edificarse una izquierda que supere adecuadamente el legado del siglo veinte. Pues la presunta NI es tan heredera de los dilemas irresueltos del siglo veinte como lo es, sin culpa, la IT. Sucede así que incluso con sus matices ambas vertientes participan y a la vez niegan la profundidad de la crisis de la izquierda revolucionaria.

Estoy lejos de pensar que la revisión radical del inconsciente conceptual que he descripto pueda hacerse a través de una “reforma del entendimiento” en las izquierdas. Y menos aún quisiera reiterar en otro nivel el mismo gesto idealista de estipular lo que una real “nueva” izquierda debería ser. Prefiero apelar al método materialista de partir de las contradicciones de lo dado, de lo que hay en sus tensiones constitutivas. Es decir, de las desventuras de unas izquierdas que no por sus aperturas al diálogo y el debate franco sino, por el contrario, gracias a sus sorderas y resentimientos, son hermanas-enemigas de una misma familia ideológica.

Por ello no consiguen emanciparse de los legados del siglo veinte al que todavía, conceptualmente, pertenecen. La IT y la NI son así síntomas de la crisis de la izquierda; pero el síntoma más significativo es más bien su oposición formal y no dialéctica. Así solo están destinadas a repetirse, a consolidarse en un antagonismo opaco y autocomplaciente para cada una de las partes. 

Hay una dificultad formal para una discusión superadora del antagonismo entre IT y NI. No se me escapa que la urgencia de la práctica política requiere “formaciones de identidad”, la sanción de nombres que cristalizan sujetos. Sé que desde la indeterminación estratégica no se convence a la militancia propia, y mucho menos a los posibles interlocutores.

No puedo prever cómo podría darse la autosuperación de la IT y la NI. Y no quiero recostarme sobre ese tópico del pensamiento mágico que imagina situaciones revolucionarias donde se fusionen las distintas izquierdas que sepan estar a la altura y más allá de las circunstancias, exigidas por la autoactivación organizada y movilizada de las masas obreras y populares. Es infructuoso esperar ese acontecimiento purificador pues la faena de construir una izquierda nueva debe comenzar ya mismo. El tiempo del ahora es hoy.

Mi contribución quiso delinear la idea de que solo en la confluencia de una IT que sepa evaluar críticamente su pasado, metamorfoseándose, y una NI que asuma los desafíos urgentes del presente siglo, podrá emerger una variante original para una nueva era de la práctica revolucionaria.

No habrá nueva izquierda real sin la autotransformación de la IT. Ni habrá una nueva izquierda efectiva, no reactiva, sin que se disuelvan los clichés que la tornan en un negativo contrapuesto a su contraparte acostumbrada.

Con todo, esta confluencia no descansa en un deseo arbitrario. Pienso que se observan señales empíricamente documentables de la convergencia necesaria para abrir una época inédita de la izquierda. Desde el lado de la izquierda tradicional el paso de los lustros revela de modo crecientemente notorio que sus categorías, si no están obsoletas, merecen reformulaciones profundas, como las que Rosa Luxemburg, Lenin, Trotsky y Gramsci, por ejemplo, se atrevieron a encarar sin resignar por ello su vocación revolucionaria. Así la revisión no equivale a renegar de una tradición sino a tornarla activa en inéditas condiciones históricas.

Aunque en modo alguno es una tendencia dominante, percibo articulaciones de la izquierda tradicional que avanzan en ese sentido, esto es, que no condenan de antemano toda innovación teórica o práctica ni se lanzan a cooptarla con la meta predefinida de reproducirse y ampliarse.

Desde la obra vereda, las mejores experiencias de la NI ponen en suspenso las actitudes reactivas y resentidas con que supo atorarse en su repulsión hacia la IT. Se trata de esfuerzos por leer en toda su significación, su drama y sus legados, una historia revolucionaria de complejidad extraordinaria. Al hacerlo se resisten a plantear abstractos abismos entre el pasado y el porvenir, asumiendo una actitud crítica hacia las nuevas doctrinas que reclaman representar una novedad radical.

Así las cosas, la perspectiva de una renovación de la izquierda revolucionaria a partir de lo existente pero ciertamente más allá de lo que hay no entraña un deseo solo imaginario. Para estimularla estas palabras balbucearon algunas ideas con el objeto de encarar diálogos constructivos en la izquierda.

 Junio de 2014

El FMLN y la democracia. 2020. Luis Mario Rodriguez

La gobernabilidad y el desarrollo no son incompatibles con la democracia y con los principios que la protegen. Quien cree lo contrario, y mira a las instituciones como un obstáculo, termina rechazando la división de poderes e impone un estilo autoritario que tarde o temprano afecta a la población.
Sí, el Frente amenazó con romper la institucionalidad, fustigó a los medios de comunicación, estigmatizó a la empresa privada como “explotadora” y unió su voz a las del socialismo del siglo XXI para censurar al “imperio”, en referencia a los Estados Unidos de América. Sin embargo, la dirigencia del FMLN no presentó un tan solo proyecto de ley para modificar la forma de Gobierno. Nunca habló de reelección presidencial, participó en las elecciones y ganó la presidencia en dos ocasiones. Desde la Asamblea hizo una fuerte oposición al entonces partido de Gobierno y supo pactar cuando fue preciso.
Ciertamente el FMLN amenazó con destituir a los integrantes de la Sala de lo Constitucional. Respaldó la creación de comisiones ad hoc para revisar su proceso de elección, mantuvo su apoyo al Decreto Legislativo 743 que pretendió establecer la unanimidad de los miembros de la Sala para acordar inconstitucionalidades, y fue cómplice de designaciones amañadas de magistrados que violentaban la regla constitucional que establecía que a “una legislatura le correspondía una magistratura”.
La sociedad civil reclamó con severidad este tipo de atropellos a la institucionalidad. Las organizaciones señalaron en repetidas ocasiones la intención del partido de izquierda de controlar a la Sala de lo Constitucional. Cuando fue necesario, los líderes civiles interpusieron demandas orientadas a frenar cualquier intento que buscara desmantelar a la máxime intérprete de la Constitución de la República.
El FMLN ratificó, cada vez que pudo, su vocación revolucionaria. Durante su primer congreso, en 2015, nos recordó que su objetivo era alcanzar y profundizar la hegemonía política, ideológica, económica-social y cultural. Quería hacerlo a nivel nacional, en las instituciones públicas y en el conjunto del sistema político. Una de las conclusiones de aquel cónclave advertía que compartir la conducción del Estado con el resto de fuerzas políticas no era una opción. Según sus ideólogos, el FMLN quería comandar, solo, el futuro de los ciudadanos y para lograrlo, pedía a su militancia emplear todos los métodos para destruir a “la oligarquía y a sus cómplices”.
Al revisar el apartado sobre el “compromiso del presidente con la democracia” en el documento “El Salvador. Año Político”, publicado por 10 años consecutivos por el Departamento de Estudios Políticos de FUSADES, nos encontramos con un partido que, si bien reivindicó constantemente su ideario socialista con una mezcla de marxismo–leninismo, no concretó, durante los dos quinquenios al frente del Ejecutivo, ninguna acción que ocasionara la ruptura del orden constitucional. Lo intentó, en efecto. Y el sistema de frenos y contrapesos se lo impidieron. El FMLN se sometió a las instituciones de control. Entre 2010 y 2018, la Sala de lo Constitucional detuvo varias de sus iniciativas. Estos fallos hicieron reaccionar a los expresidentes Funes y Sánchez Cerén con diatribas en contra de los magistrados. Con todo y lo anterior, no se sobrepasaron los límites. Se cumplieron las sentencias y prevaleció el Estado de derecho.
El partido de izquierda fue muy ineficaz en la administración pública. Hizo poco por desburocratizar al Estado y por disminuir la tramitología. Dialogó mucho y concretó muy poco. Pero la improductividad de su período no los animó a fracturar el sistema democrático. El énfasis de sus reclamos, que durante los primeros cinco años de Gobierno se dirigió principalmente en contra de los empresarios, no se tradujo en iniciativas que violentaran la Constitución. Agitaron el ambiente, lo crisparon al no condenar al régimen venezolano por graves violaciones a los derechos humanos ni a los Ortega–Murillo ante la represión que padecieron sus adversarios políticos. Pero al final, no rebasaron las reglas; gobernaron dentro de los márgenes constitucionales y mantuvieron las formas y el diálogo político.
Los hechos nos presentan un partido que generó muchas ansiedades antes de su llegada al poder, en 2009. Se especuló sobre su determinación de revertir la dolarización, las privatizaciones y los acuerdos comerciales. Su predilección por las iniciativas totalitaristas de los mandatarios del ALBA, que refundaron sus respectivos Estados, aprobaron nuevas Constituciones, empujaron la reelección indefinida de los presidentes y abusaron de las consultas populares para concentrar poder, provocó una histeria colectiva que finalmente no derivó en ninguno de los atropellos pronosticados.
Ya sea por convicción, por cálculo político o por las barreras que protegen a la democracia, desde la Constitución y por parte de la sociedad civil, lo cierto es que el FMLN supo jugar en democracia, donde creció en diputados y en alcaldías hasta ganar la primera magistratura.

Doctor en Derecho y politólogo

Las FPL y la Carta a los Cristianos de enero de 1975. Roberto Pineda

Uno de los documentos más significativos surgidos de las organizaciones político-militares salvadoreñas, es la Carta los Cristianos que dieron a conocer las Fuerzas Populares de Liberación, FPL “Farabundo Martí”,  en su revista teórica Estrella Roja en febrero de 1975[1].

Es un documento desde una organización que se define como marxista-leninista dirigido a aclarar su posición con respecto a las corrientes progresistas que surgían al interior de la iglesia salvadoreña y que alcanzaron su máxima expresión con la práctica liberadora del Obispo Mártir Monseñor Romero  y del Sacerdote Mártir Rutilio Grande.

Pero que alcanzaban también a buena parte de la base social campesina orientada por las FPL e incluso a sectores de capas medias urbanas, de su segunda dirección política, que incluía luego de cinco años de lucha, a elementos procedentes de este sector, entre estos a Felipe Peña, posiblemente autor de este escrito.    

El documento en su primera parte presenta su visión del momento político y de las características de la organización y de la estrategia de las FLP. Pero en su segunda parte aborda la línea política con respecto a los sectores cristianos. Ya antes, en 1970, el Partido Comunista de El Salvador[2], había  señalado algunas orientaciones al respecto en su documento, pero sin llegar a este nivel de focalización y profundización. El capítulo VI de este documento se titula Nuestra actitud ante la religión y  el capítulo VII lleva el título de El clero progresista en el proceso revolucionario.

Inicia esta histórica Carta a los Cristianos explicando que “consideran que el incremento de la Guerra Prolongada del pueblo y, por consiguiente, la creciente incidencia de la lucha armada revolucionaria en la vida política nacional, así como el creciente desarrollo de las luchas combativas de las masas por las necesidades vitales urgentes, pueden crear en algunos sectores progresistas del país, entre ellas en el sector progresista del clero, algunas reservas, interrogantes y preocupaciones sobre el quehacer militar y político de nuestra Organización que conlleva la creciente incorporación de sectores avanzados del pueblo a las distintos aspectos de la guerra revolucionaria.”

Le preocupaba a las FPL que “en este proceso, sectores o personas que en un momento determinado ocuparon posiciones con ciertos tintes progresistas, pero que no alcanzan a comprender en su plenitud el proceso de desarrollo revolucionario de la lucha de clases, pueden ir derivando paulatinamente hacia el campo de las posiciones reaccionarias y contrarrevolucionarias.”

Pero confían en que “la historia de las luchas de los pueblos ha mostrado que quienes sincera y correctamente están por las aspiraciones revolucionarias del pueblo estarán al lado de éste en su lucha revolucionaria, y que, en cambio, quienes no tengan consecuencia con ese ideal se irán se irán colocando contra la lucha revolucionaria popular.”

Establecen las FPL con claridad que “nuestro trabajo revolucionario va dirigido contra los enemigos del pueblo y no va encaminado a menoscabar la religión, ni el trabajo de masas religioso. La experiencia en este terreno indica que el quehacer religioso y la actividad revolucionaria pueden combinarse fecundamente en aras de los intereses del pueblo.”

Y en abierta ruptura con el ateísmo militante predominante en la izquierda, plantean como criterio de reclutamiento que “las FPL aceptan en sus filas a todo revolucionario honesto que adopte conscientemente su estrategia, su línea táctica y política, y sus lineamientos orgánicos y disciplinarios, y para ello, sus creencias y prácticas religiosas no constituyen un obstáculo.”

Explican que “partimos del hecho de que ser cristiano no se opone al deber de luchar por la justa causa del pueblo, por su liberación de la explotación y de la miseria. Consideramos como una ofensa para un trabajador cristiano–hombre o mujer- suponer lo contrario.”

Manifiestan que “donde quiera que haya un militante católico, que desee dar un salto en su práctica revolucionaria y que llene los requisitos exigidos por nuestra organización, no tenemos por qué rechazarlo, por qué cerrarle las puertas e impedirle que realice su aspiración de servir a la causa revolucionaria de su pueblo.”

No obstante esto, indica el documento en un afán positivista que “si bien nuestra misión no es menoscabar sus creencias religiosas, es necesario decir que todo revolucionario, a medida que va elevándose a un enfoque científico de la realidad objetiva, va llenando sus lagunas, debilidades, deficiencias y errores en la esfera del conocimiento con una base científica que eleva integralmente su conciencia y acción en aras del interés colectivo.”

Advierten que “podría suceder que algunos sacerdotes progresistas a estas altura todavía no vean con claridad que va en marcha el proceso de la lucha armada revolucionaria, que éste es ya un proceso y que este es ya un proceso irreversible, y que a medida que se profundice, también el enemigo responde con sus acciones de creciente intensidad y crueldad, lo cual es una dinámica inevitable de la lucha cuando los pueblos han tomado la decisión de liberarse con las armas en la mano.”

El documento reafirma el carácter marxista-leninista de la organización y rechaza  “algunas incomprensiones y recelos que se han creado o se van creando en el ánimo de algunas personas avanzadas en relación con la naturaleza de la Organización. Pereciera que aceptarían que el Marxismo se utilizara como método de análisis, de interpretación y estudio de la realidad pero no como el arma revolucionaria de transformación de la sociedad.”

Agrega que “una actitud de este tipo no sería consecuente con sus posiciones avanzadas ya que trataría de presentar al Marxismo como una teoría abstracta y declarativa y así nada “peligrosa” para los explotadores.”

Enfatiza que “nuestra Organización es una Organización clandestina, con una estricta compartimentación entre sus diversos organismos, con una racional distribución de responsabilidades entre organismos y miembros y que se rige por estrictas normas de seguridad y trabajo secreto.”

Considera que “es natural que a las clases explotadoras no les convenga altos grados de organización y disciplina revolucionaria en los sectores avanzados del pueblo, de allí que estén vitalmente interesadas en debilitar la solidez orgánica de los explotados, en difundir el liberalismo individualista, la falta de disciplina proletaria y de espíritu de sacrificio consciente.”

Sobre la política de alianzas el documento enfatiza la visión sectaria que caracterizó en ese momento a las FPL y luego al Bloque Popular Revolucionario, BPR, al plantear que “fue en el transcurso de 10 años de lucha ideológica que se fue perfilando y depurando una estrategia integral revolucionaria político-militar, que al irse poniendo en aplicación a través de los nuevos instrumentos orgánicos está abriendo el cauce revolucionario del pueblo que a través de la Guerra Revolucionaria lo conducirá a las victorias definitivas.”

Por lo que “nuestra Organización propugna por una línea de unidad a nivel de los sectores avanzados del pueblo, para luchar conjuntamente por profundizar y ampliar el proceso revolucionario de la Guerra prolongada del pueblo, para acrecentar la lucha contra los enemigos de la revolución, y para derrotar ideológicamente a las corrientes oportunistas y revisionistas que están al servicio de los intereses de la burguesía.”

Y finaliza esta Carta de las FPL a los Cristianos afirmando que “desean recalcar su respeto por el sector de sacerdotes de ideas y prácticas avanzadas, esperando que en bien de la causa del pueblo, sus esfuerzos den cada día mayores frutos para la revolución.” Con fecha enero de 1975, firma el Comando Central de las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, “Farabundo Martí.”


[1]https://ecumenico.org/carta-de-las-fpl-a-los-cristianos-progresistas/

[2] Ver Lineamientos básicos de la táctica del PCS (Pleno del CC del PCS del 18 de octubre de 1970) https://ecumenico.org/lineamientos-basicos-de-la-tactica-del-pcs-pleno-d/17/

El comunismo “a la tica” y la primera ola de la revolución centroamericana. 2013. J. Roberto Herrera Zúñiga

El presente artículo tiene el objetivo de ser una aplicación del pensar radical a las condiciones sociohistóricas centroamericanas y su relación con la ideología/estrategia del comunismo “a la tica”.

“Entendemos como pensar radical aquel: “que es función de construcción de un nuevo orden [que] se propone como tarea central contribuir al ámbito -práctico- desde el cual es necesario y posible “pensar. [Que] pensar se llena así no sólo con su sociedad y con sus conflictos y desgarramientos, sino que también y específicamente con la moralidad que emana desde y que sostiene a esa sociedad. El carácter histórico-social del pensar es, al mismo tiempo, su sentido moral, su urgencia, y su toma de partido […] El pensar radical, teórico, expresa profundamente y sintetiza prácticas sociales de explotación y liberación y, sobre todo, toma partido” (Gallardo, 1981, 17).

Buscamos entonces extraer de las experiencias históricas y sociales de emancipación, las conclusiones políticas y filosóficas de lo que ha significado y significa ser políticamente pueblo en Centroamérica. Nuestra exposición por motivos pedagógicos será desarrollada como una serie de preguntas y respuestas de las cuales se extraerán conclusiones filosófico-políticas.

1) ¿Cuál relación se establece entre el comunismo “a la tica” y Centroamérica?

Queremos analizar una serie de problemas sobre la interpretación histórica y política de los comunistas “a la tica”, a saber: ¿Qué papel juega Centroamérica en su análisis? ¿Hay alguna relación entre la experiencia de la lucha sandinista entre 1928-1935, el levantamiento salvadoreño de 1932 y el surgimiento del comunismo costarricense? ¿Hay alguna relación entre el aplastamiento de las dos primeras alternativas y la desradicalización y criollización de los comunistas costarricenses?

Es importante señalar primero un problema de método, que creemos de la mayor importancia.

Nuestro criterio metodológico para ingresar a cualquier análisis de los fenómenos sociales en el área es que: “Centroamérica constituye una realidad cualitativamente distinta al resto de América Latina. Por razones de unidad y extensión geográfica, tradición histórica común que arranca de la colonia unida, cultural e idiomática, forma una sola nacionalidad dividida en seis estados distintos, donde la tendencia a la conformación de una sola nacionalidad es fuerte y evidente” (Moreno, 2003, 33).

Evidentemente esta realidad es contradictoria y desigualmente desarrollada, pero creemos que es indudable que estamos en presencia de una totalidad concreta [1].

Podríamos decir que mientras que El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua tienden a marcar en Centroamérica las tendencias hacia la unidad, hacia la combinación y homologación del proceso social, Costa Rica tiende a representar el polo desigual del desarrollo, pero que en todo caso sería el elemento desigual en el marco de un desarrollo de conjunto que se despliega y concreta justamente a través de estas múltiples y desiguales determinaciones.

Este criterio, por cierto, no es novedoso en la tradición del pensamiento comunista centroamericano, este era el mismo que poseía el comunismo salvadoreño en sus orígenes, por ejemplo para uno de los pioneros del comunismo salvadoreño, Miguel Mármol [2]: “nuestra tradición centroamericanista es un hecho y aunque la burguesía y los gringos siempre han atizado la división, la verdad es que somos una sola nación, partida en cinco pedazos” (Dalton, 2000, 422).

Nada más falso entonces que interpretar la realidad de los fenómenos sociales surgidos en alguno de los seis países, o en el conjunto del área, sumando definiciones locales [3]: “El método adecuado es el contrario: se debe formular una caracterización de conjunto sobre la situación en Centroamérica, y partir de esa definición para señalar las diferencias de país a país” (Moreno, 2003, 35).

Este vacío metodológico es por cierto un defecto común en las obras de los analistas afines a la tradición intelectual del comunismo “a la tica” (Botey, 1984; Contreras, 2006; Cerdas Cruz,1986; De la Cruz, 1980; Merino, 2006). En todos estos autores, el análisis económico-social, las tareas y procesos internos de la revolución centroamericana aparecen explicitados como subcapítulos de la historia del comunismo costarricense.

Para ser más preciso, en esta tradición intelectual la revolución centroamericana siempre aparece como un elemento exterior y de segundo orden al desenvolvimiento del comunismo criollo. Centroamérica siempre aparece como influencia extranjera o como solidaridad hacia el exterior, nunca como un movimiento interno, propio, que pueda iluminar desde dentro el desenvolvimiento de los comunistas costarricenses.

En los análisis de los comunistas “a la tica”, Costa Rica no parece ser parte de Centroamérica.

Por ejemplo, en las explicaciones que dan Cerdas Cruz (1986) y Merino (2006) sobre la política que desarrolló el Partido Comunista de Costa Rica en los años treinta y cuarenta, siempre terminan necesitando del recurso al exotismo y a la excepcionalidad costarricense.

Para Cerdas Cruz la política del comunismo “a la tica” fue la que más se ajustó “a la situación política y social del país” (1986, 352) y para Merino fue que la que le otorgó una “singularidad” (1996, 42) en la región, y lo consolidó como una alternativa efectiva frente a otras estrategias desplegadas en Centroamérica, concretamente las desarrolladas por el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional en Nicaragua y por el Partido Comunista de El Salvador.

Es evidente que el recurso al exotismo también refuerza el principio de caudillismo y de culto a la personalidad; fue Manuel Mora (en tanto que individuo excepcional) que teniendo una profunda capacidad de entender la psicología de su pueblo, pudo elaborar una política excepcional para un país excepcional (Merino, 2009; Solís, 1985).

El enfoque de los comunistas “a la tica” parece tener justificación en la medida que las alternativas populares centroamericanas de los años 30 (PCs y EDSN) fueron masacradas y liquidadas por la fuerza y las democracias liberal-oligárquicas limitadas fueron sustituidas por gobiernos autoritarios y dictatoriales.

Pero en todo caso este hecho político no soluciona la pregunta que nosotros estimamos como clave para entender el proceso histórico-social que sucedió en los años 30 en Centroamérica:

¿Por qué fueron derrotadas en toda el área, las fuerzas populares durante el ciclo de rebelión instaurado en 1928-1932?

En los hechos, un poco más tarde que en los años 30, cuando fueron liquidados el EDSN y el PCS, el PC CR también fue liquidado como fuerza política. Si algo es indudable de la guerra de 1948 fue que los comunistas y las organizaciones sindicales filocomunistas quienes tuvieron que vivir el rigor de la derrota y nunca pudieron recuperar la influencia política de los años 40.

Es decir, algo está perdido en el análisis de los comunistas costarricenses. Sus enfoques empobrecen la comprensión de las raíces históricas-sociales del comunismo costarricense y también oscurecen su especificidad entre las respuestas políticas que los sectores obreros y populares centroamericanos dieron a una crisis política y social que los afectaba de conjunto.

Creemos que hay tres elementos que pueden unificar el análisis de los fenómenos centroamericanos de este periodo: 1) Los dos mundos sociales surgidos al calor de las dos principales actividades productivas del capitalismo centroamericano: la producción cafetalera y el enclave bananero, 2) el impacto y las características de la crisis económica de 1929 y 3) la política del imperialismo norteamericano hacia la región. El cuarto elemento que interviene en este cuadro aportando el elemento desigual fueron las respuestas políticas de los sectores populares a estos tres elementos.

2) ¿Cómo era el capitalismo centroamericano de esta época? [4]

2.1) El capitalismo cafetalero: Es conocido que las características de la expansión cafetalera fueron fundamentales para delinear las formas de acumulación, las formas de dominio y los estilos políticos de las clases dominantes centroamericanas.

Asimismo, comprender el despliegue del capitalismo cafetalero nos da pistas para comprender el perfil y la agonalidad de las clases subalternas, sobretodo de los campesinos y los peones agrarios. Así por ejemplo en Nicaragua: “el desarrollo del cultivo del café se produce en un contexto [marcado] por la gran hacienda ganadera de corte colonial, y de las pequeñas parcelas de subsistencia que constituyen su complemento. El café entonces no origina un reordenamiento sustancial de las actividades agrícolas y tendrá menos peso en la economía nacional” (Cardoso y Pérez, 1977, 220) que en el resto de Centroamérica.

El peonaje y las distintas formas precarias de tenencia de la tierra, son las formas fundamentales que se mantienen en el marco de las relaciones latifundio-minifundio. Estas formas son el fundamento de la agitada vida política nicaragüense (junto con dos elementos claves: los intereses norteamericanos y la posición estratégica de Nicaragua como posible paso entre los dos océanos).

Diferente es la situación en Costa Rica, El Salvador y Guatemala, donde el inicio del capitalismo agrario cafetalero sí generó una reconfiguración interna de la tenencia de la tierra y construyó unas determinadas formas de dominioque fueron fundamentales en la constituciónespecífica de los distintos comunismos centroamericanos,sobre todo en dos de sus versionesmás peculiares: la salvadoreña y la “tica”.

Según Cardoso y Pérez, en: “Costa Rica y El Salvador

[el desarrollo de la producción cafetalera causó]

la eliminación total del sistema de ejidos y tierras comunales, pero en el primer país tales tierras estaban muy lejos de tener la misma importancia que en el segundo. En Guatemala, la extensión de las formas comunales de tendencia fundiaria no fue sino solo parcial y limitada a ciertas áreas” (220).

Y es que por lo menos en Costa Rica, el desarrollo del capitalismo agrario cafetalero tuvo como eje: “1. La apropiación de terrenos baldíos; 2. la compra-venta de tierras apropiadas anteriormente, 3. la disolución de formas comunales de propiedad” (210). “La gran facilidad para obtener [tierras públicas] condujo con frecuencia a su ocupación con fines especulativos, sin que se cumpliera con la obligación de cultivarlos efectivamente” (211), lo cual evidentemente facilitó el desarrollo de grandes hacendados. En todo caso, es importante señalar que en Costa Rica, a diferencia de por ejemplo en Guatemala, “la verdadera formación de la propiedad territorial […] ocurrió después de la separación de España” (211).

Según Cardoso y Pérez Brignoli, en las zonas cafetaleras del Valle Central de Costa Rica la característica más notable fue la existencia de una “multitud de pequeñas fincas y la ausencia de propiedades realmente grandes” (216), aunque este hecho no puede esconder que “la mayor parte de los trabajadores agrícolas, aunque a la vez eran propietarios, no escaparon de volverse dependientes de los cafetaleros más importantes, debido al monopolio que ejercían estos últimos sobre el beneficio del producto, la comercialización y el crédito” (226) [5].

Una forma distinta tuvo el capitalismo agrario salvadoreño, pues la reconfiguración en la tenencia de la tierra que produjo la expansión cafetalera en El Salvador, a la larga, será fundamental para comprender la insurrección salvadoreña de 1932 y las tradiciones revolucionarias del comunismo centroamericano de las que el Partido Comunista de El Salvador y su dirigente más influyente, Farabundo Martí, serán unos de los exponentes más destacados.

“En El Salvador, y especialmente en su meseta volcánica central- la zona más poblada del país y la más propicia para el café (…) en lo atinente a la tenencia de la tierra [la característica fundamental fue] la extinción total de ejidos y comunidades” (219).

La abolición de los ejidos y tierras comunales fue acompañada de una serie de leyes que trataban de controlar a los campesinos, expulsándolos de tierras ocupadas sin título de propiedad y forzándolos a cumplir con sus trabajos en las fincas que los emplean.

Sin embargo, al contrario de lo que pasaba en Guatemala, el Estado no reglamentaba el trabajo, ni trataba de establecer sistemas de reclutamiento forzoso de jornaleros, sino que se limitaba a reprimir -duramente- el no

cumplimiento de las obligaciones laborales contraídas por los campesinos o los intentos de rebelión (231).

La forma bastante clásica de expropiación de los pequeños propietarios y de los pueblos originarios que produjo el capitalismo agrario salvadoreño, que a la vez se combinaba con una organización política y estatal, que pese a los intentos de reforma liberal poco había cambiado en su funcionamiento patrimonial, clientelar y oligárquico, generó una combinación especial que marcó la lucha de clases salvadoreña de las primeras décadas del siglo XX.

Una de esas características es que la lucha de clases salvadoreña fue muy directa, abierta y clásica, en cuanto a los métodos de lucha por parte de las clases subalternas, y muy cruenta y sanguinaria por parte de la oligarquía.

Por otra parte, en Guatemala el capitalismo cafetalero reconfiguró las estructuras económicas y sociales en muchos casos reforzando desigualdades y opresiones heredadas del capitalismo colonial [6]. Los ejes de la expansión cafetalera fueron: “1 La nacionalización de las propiedades eclesiásticas; 2. La abolición del censo eufemístico; 3. La política de venta y de distribución del baldíos” (216).

Como el grueso de la mano de obra eran trabajadores originarios sometidos a sistemas coloniales de prestación de trabajo fue frecuente la queja de los oligarcas cafetaleros por la falta de mano de obra, máxime que a diferencia de El Salvador, en Guatemala la expansión cafetalera no coincidía con las zonas de mayor densidad poblacional originaria.

Desde finales del siglo XIX, el ejecutivo guatemalteco había girado instrucciones a los jefes políticos locales señalando que ellos “deberían proporcionar a los finqueros que lo pidieran, el número de mozos que necesitaran, hasta un máximo de cien, sacados de las comunidades indígenas de su jurisdicción, garantizando su relevo por otros trabajadores en intervalos regulares” (226).

“Los mandamientos, de corte colonial, o sea la facultad de extraer por la fuerza de las comunidades a ciertas cantidades de trabajadores temporales;

y las habilitaciones, es decir, anticipos en dinero para obligar a los indígenas a un trabajo posterior” (228), fueron las formas fundamentales que tuvieron las relaciones de producción en Guatemala hasta la revolución de 1944. Sin duda, por estas razones, es Guatemala el país donde el proyecto liberal fracasa de manera más estrepitosa y la lucha de clases siempre tuvo un importante componente originario en la lucha por la tierra.

2.2) El enclave bananero: La economía de enclave que existió en las grandes plantaciones agrícolas en la zona Atlántica de Centroamérica tiene una serie de características: 1) “la propiedad de la empresa recae generalmente en una gran corporación internacional”. 2) “El alto grado de integración vertical de las actividades, es decir, el control por la misma empresa de todas las fases del proceso de producción y comercialización”. 3) “Las tareas de dirección y supervisión están a cargo de personal altamente especializado, mientras que los trabajos corrientes emplean una gran cantidad de mano de obra asalariada, con un grado bajo de especialización” (275).

Sin embargo la consolidación de la economía de enclave no tiene que ver solo con esta estructura interna de su dinámica productiva, sino que, y esto sería lo más importante, es tal vez una de las formas más agudamente contrastantes del desarrollo desequilibrado que toma el capitalismo semicolonial, pues la consolidación de las compañías bananeras se realizó a través de un complejo proceso en el que intervienen: “las concesiones de tierras por el Estado, la construcción de ferrocarriles y puertos, la introducción de tecnologías y capitales extranjeros, la habilidad y visión de algunos empresarios, los conflictos y fusiones entre las propias compañías bananeras, la usurpación de tierras y bienes de muchos agricultores independientes y aun los conflictos fronterizos con las naciones vecinas” (278).

Es importante señalar que las economías de enclave generaron un numeroso proletariado agrícola cuyos salarios pagados por la compañía fueron generalmente más altos que en el resto del país, pero existieron varios mecanismos de pago que perjudicaban a los trabajadores: así por ejemplo en Honduras fueron usuales los bonos o los cupones que sólo podían cambiarse en los comisariatos de las mismas compañías; el pago en dólares con pérdidas para el trabajador al efectuarse la transferencia en moneda nacional a una tasa menor que la usual; la regularidad del pago, que los trabajadores preferían semanal, y que las compañías efectuaban cada 15 días e incluso 40 días (282).

Las específicas relaciones de producción en los enclaves marcaron con claridad su impronta en la lucha de clases centroamericana, no solo en los años 20 y 30, sino hasta ya casi finalizar el siglo XX, cuando se da un cambio significativo en el modelo de acumulación capitalista centroamericana, marcado profundamente por el fracaso del proyecto cepalino de modernización capitalista y la entrada de las formas del capitalismo tardío.

La impronta de estas relaciones quedó plasmada en las obras y el pensamiento político de los distintos Partidos Comunistas. Aun así, sobre todo en la literatura las condiciones subhumanas de explotación de los trabajadores de las bananeras encontraron su expresión más universal (Fallas, 1984; Amaya, 2006).

3) ¿Cuáles eran entonces los rasgos fundamentales del capitalismo y de la lucha de clases en Centroamérica? (resumen)

La región centroamericana fue incorporada al capitalismo colonial de forma dependiente, como productora de materias primas. Esta incorporación dependiente del capitalismo centroamericano reconfiguró a todas las clases y estamentos sociales y la relación de estas con el Estado, combinando formas capitalistas de explotación y formas previas de sujeción y dominio.

Las formas y sujeción de dominio imperialista colocaban como contradicción fundamental el conflicto entre nación oprimida y el centro imperial. Este conflicto tuvo dos manifestaciones fundamentales: una de tipo estructural (la economía de enclave) y otra como manifestación fenoménica (la intervención militar estadounidense).

Pese a que el desarrollo del capitalismo agrario tendía a esconder (a los ojos de las clases subalternas) su carácter dependiente y a que este se manifestaba fundamentalmente a través del intercambio desigual en el mercado mundial (hecho que se volverá fundamental y evidente a los ojos de las clases subalternas durante la crisis de 1929), este capitalismo generó también una reconfiguración de todas las clases de la nación centroamericana, lo cual marcó la pauta y los estilos para la lucha anticapitalista en el interior de nuestras sociedades.

El capitalismo agrario cafetalero, en casos como el guatemalteco o en el occidente de El Salvador, sumó a su conflictividad específica los conflictos clasistas y estamentales heredados y no solucionados del capitalismo colonial. Esta combinación de necesidades postergadas contribuyó a la aparición de una serie de levantamientos originarios, que nutriéndose de las tradiciones y los imaginarios de otros levantamientos contra otras formas de opresión generaron un movimiento, el cual combinaba las viejas tradiciones de lucha originaria con los estilos organizativos de la clase trabajadora, dinámica contradictoria que no siempre supo ser pensada radicalmente.

4) ¿Cómo se organizó la balcanización de Centroamérica?

Hay una serie de elementos que debemos entender para diferenciar el unionismo latinoamericano del unionismo centroamericano. Mientras el proyecto bolivariano de constituir una sola nacionalidad latinoamericana estaba definitivamente derrotado a mediados de la década de 1820, la Federación Centroamericana no es desmembrada hasta 1838.

Pero este desmembramiento contra naturam era permanentemente puesto en entredicho, sobre todo por sectores centroamericanistas de los ejércitos “nacionales” [7]. Los múltiples intentos fallidos del unionismo militar centroamericano tenían razones sociales profundas para su fracaso: solo una clase social dispuesta a tomar medidas radicales como la liberación jurídica y social de los pueblos originarios y los mestizos, la liquidación de las oligarquías postcoloniales y sobre todo de la estructura latifundista del campo, a través de una reforma agraria radical y la instauración de una dictadura popular centralizada (jacobina), podía realizar el sueño morazánico.

La década de los 20 es el momento cuando se concreta la balcanización definitiva del istmo centroamericano, y es el último intento de concretar una Federación Centroamericana. Arturo Taracena Arriola hace una descripción bastante gráfica de los límites esencialmente superestructuralizantes que iba a tener esta Federación, la cual se supone: “Sería representativa y popular, y en ella cada Estado debía de [sic] preservar su autonomía en independencia en asuntos internos. Se comprometían a garantizar el orden interno y a unificar los ejércitos bajo mando federal, de tal suerte que los estados miembros debían de [sic] reducir sus gastos militares, a fin de orientar recursos hacia los sectores productivos” (1993, 242). Pese a ese intento bastante moderado de unidad nacional, fue muy evidente que “Estados Unidos no quería dicho pacto y que usaba a Nicaragua para impedirlo. Asimismo alentaba la conflictividad de la cuestión delímites entre Panamá y Costa Rica” (242). Conel claro aliento imperialista al golpe de estadocontra Herrera Luna en Guatemala, se puso fina la Federaci

El presente artículo tiene el objetivo de ser una aplicación del pensar radical a las condiciones sociohistóricas centroamericanas y su relación con la ideología/estrategia del comunismo “a la tica”.

“Entendemos como pensar radical aquel: “que es función de construcción de un nuevo orden [que] se propone como tarea central contribuir al ámbito -práctico- desde el cual es necesario y posible “pensar. [Que] pensar se llena así no sólo con su sociedad y con sus conflictos y desgarramientos, sino que también y específicamente con la moralidad que emana desde y que sostiene a esa sociedad. El carácter histórico-social del pensar es, al mismo tiempo, su sentido moral, su urgencia, y su toma de partido […] El pensar radical, teórico, expresa profundamente y sintetiza prácticas sociales de explotación y liberación y, sobre todo, toma partido” (Gallardo, 1981, 17).

Buscamos entonces extraer de las experiencias históricas y sociales de emancipación, las conclusiones políticas y filosóficas de lo que ha significado y significa ser políticamente pueblo en Centroamérica. Nuestra exposición por motivos pedagógicos será desarrollada como una serie de preguntas y respuestas de las cuales se extraerán conclusiones filosófico-políticas.

1) ¿Cuál relación se establece entre el comunismo “a la tica” y Centroamérica?

Queremos analizar una serie de problemas sobre la interpretación histórica y política de los comunistas “a la tica”, a saber: ¿Qué papel juega Centroamérica en su análisis? ¿Hay alguna relación entre la experiencia de la lucha sandinista entre 1928-1935, el levantamiento salvadoreño de 1932 y el surgimiento del comunismo costarricense? ¿Hay alguna relación entre el aplastamiento de las dos primeras alternativas y la desradicalización y criollización de los comunistas costarricenses?

Es importante señalar primero un problema de método, que creemos de la mayor importancia.

Nuestro criterio metodológico para ingresar a cualquier análisis de los fenómenos sociales en el área es que: “Centroamérica constituye una realidad cualitativamente distinta al resto de América Latina. Por razones de unidad y extensión geográfica, tradición histórica común que arranca de la colonia unida, cultural e idiomática, forma una sola nacionalidad dividida en seis estados distintos, donde la tendencia a la conformación de una sola nacionalidad es fuerte y evidente” (Moreno, 2003, 33).

Evidentemente esta realidad es contradictoria y desigualmente desarrollada, pero creemos que es indudable que estamos en presencia de una totalidad concreta [1].

Podríamos decir que mientras que El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua tienden a marcar en Centroamérica las tendencias hacia la unidad, hacia la combinación y homologación del proceso social, Costa Rica tiende a representar el polo desigual del desarrollo, pero que en todo caso sería el elemento desigual en el marco de un desarrollo de conjunto que se despliega y concreta justamente a través de estas múltiples y desiguales determinaciones.

Este criterio, por cierto, no es novedoso en la tradición del pensamiento comunista centroamericano, este era el mismo que poseía el comunismo salvadoreño en sus orígenes, por ejemplo para uno de los pioneros del comunismo salvadoreño, Miguel Mármol [2]: “nuestra tradición centroamericanista es un hecho y aunque la burguesía y los gringos siempre han atizado la división, la verdad es que somos una sola nación, partida en cinco pedazos” (Dalton, 2000, 422).

Nada más falso entonces que interpretar la realidad de los fenómenos sociales surgidos en alguno de los seis países, o en el conjunto del área, sumando definiciones locales [3]: “El método adecuado es el contrario: se debe formular una caracterización de conjunto sobre la situación en Centroamérica, y partir de esa definición para señalar las diferencias de país a país” (Moreno, 2003, 35).

Este vacío metodológico es por cierto un defecto común en las obras de los analistas afines a la tradición intelectual del comunismo “a la tica” (Botey, 1984; Contreras, 2006; Cerdas Cruz,1986; De la Cruz, 1980; Merino, 2006). En todos estos autores, el análisis económico-social, las tareas y procesos internos de la revolución centroamericana aparecen explicitados como subcapítulos de la historia del comunismo costarricense.

Para ser más preciso, en esta tradición intelectual la revolución centroamericana siempre aparece como un elemento exterior y de segundo orden al desenvolvimiento del comunismo criollo. Centroamérica siempre aparece como influencia extranjera o como solidaridad hacia el exterior, nunca como un movimiento interno, propio, que pueda iluminar desde dentro el desenvolvimiento de los comunistas costarricenses.

En los análisis de los comunistas “a la tica”, Costa Rica no parece ser parte de Centroamérica.

Por ejemplo, en las explicaciones que dan Cerdas Cruz (1986) y Merino (2006) sobre la política que desarrolló el Partido Comunista de Costa Rica en los años treinta y cuarenta, siempre terminan necesitando del recurso al exotismo y a la excepcionalidad costarricense.

Para Cerdas Cruz la política del comunismo “a la tica” fue la que más se ajustó “a la situación política y social del país” (1986, 352) y para Merino fue que la que le otorgó una “singularidad” (1996, 42) en la región, y lo consolidó como una alternativa efectiva frente a otras estrategias desplegadas en Centroamérica, concretamente las desarrolladas por el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional en Nicaragua y por el Partido Comunista de El Salvador.

Es evidente que el recurso al exotismo también refuerza el principio de caudillismo y de culto a la personalidad; fue Manuel Mora (en tanto que individuo excepcional) que teniendo una profunda capacidad de entender la psicología de su pueblo, pudo elaborar una política excepcional para un país excepcional (Merino, 2009; Solís, 1985).

El enfoque de los comunistas “a la tica” parece tener justificación en la medida que las alternativas populares centroamericanas de los años 30 (PCs y EDSN) fueron masacradas y liquidadas por la fuerza y las democracias liberal-oligárquicas limitadas fueron sustituidas por gobiernos autoritarios y dictatoriales.

Pero en todo caso este hecho político no soluciona la pregunta que nosotros estimamos como clave para entender el proceso histórico-social que sucedió en los años 30 en Centroamérica:

¿Por qué fueron derrotadas en toda el área, las fuerzas populares durante el ciclo de rebelión instaurado en 1928-1932?

En los hechos, un poco más tarde que en los años 30, cuando fueron liquidados el EDSN y el PCS, el PC CR también fue liquidado como fuerza política. Si algo es indudable de la guerra de 1948 fue que los comunistas y las organizaciones sindicales filocomunistas quienes tuvieron que vivir el rigor de la derrota y nunca pudieron recuperar la influencia política de los años 40.

Es decir, algo está perdido en el análisis de los comunistas costarricenses. Sus enfoques empobrecen la comprensión de las raíces históricas-sociales del comunismo costarricense y también oscurecen su especificidad entre las respuestas políticas que los sectores obreros y populares centroamericanos dieron a una crisis política y social que los afectaba de conjunto.

Creemos que hay tres elementos que pueden unificar el análisis de los fenómenos centroamericanos de este periodo: 1) Los dos mundos sociales surgidos al calor de las dos principales actividades productivas del capitalismo centroamericano: la producción cafetalera y el enclave bananero, 2) el impacto y las características de la crisis económica de 1929 y 3) la política del imperialismo norteamericano hacia la región. El cuarto elemento que interviene en este cuadro aportando el elemento desigual fueron las respuestas políticas de los sectores populares a estos tres elementos.

2) ¿Cómo era el capitalismo centroamericano de esta época? [4]

2.1) El capitalismo cafetalero: Es conocido que las características de la expansión cafetalera fueron fundamentales para delinear las formas de acumulación, las formas de dominio y los estilos políticos de las clases dominantes centroamericanas.

Asimismo, comprender el despliegue del capitalismo cafetalero nos da pistas para comprender el perfil y la agonalidad de las clases subalternas, sobretodo de los campesinos y los peones agrarios. Así por ejemplo en Nicaragua: “el desarrollo del cultivo del café se produce en un contexto [marcado] por la gran hacienda ganadera de corte colonial, y de las pequeñas parcelas de subsistencia que constituyen su complemento. El café entonces no origina un reordenamiento sustancial de las actividades agrícolas y tendrá menos peso en la economía nacional” (Cardoso y Pérez, 1977, 220) que en el resto de Centroamérica.

El peonaje y las distintas formas precarias de tenencia de la tierra, son las formas fundamentales que se mantienen en el marco de las relaciones latifundio-minifundio. Estas formas son el fundamento de la agitada vida política nicaragüense (junto con dos elementos claves: los intereses norteamericanos y la posición estratégica de Nicaragua como posible paso entre los dos océanos).

Diferente es la situación en Costa Rica, El Salvador y Guatemala, donde el inicio del capitalismo agrario cafetalero sí generó una reconfiguración interna de la tenencia de la tierra y construyó unas determinadas formas de dominioque fueron fundamentales en la constituciónespecífica de los distintos comunismos centroamericanos,sobre todo en dos de sus versionesmás peculiares: la salvadoreña y la “tica”.

Según Cardoso y Pérez, en: “Costa Rica y El Salvador

[el desarrollo de la producción cafetalera causó]

la eliminación total del sistema de ejidos y tierras comunales, pero en el primer país tales tierras estaban muy lejos de tener la misma importancia que en el segundo. En Guatemala, la extensión de las formas comunales de tendencia fundiaria no fue sino solo parcial y limitada a ciertas áreas” (220).

Y es que por lo menos en Costa Rica, el desarrollo del capitalismo agrario cafetalero tuvo como eje: “1. La apropiación de terrenos baldíos; 2. la compra-venta de tierras apropiadas anteriormente, 3. la disolución de formas comunales de propiedad” (210). “La gran facilidad para obtener [tierras públicas] condujo con frecuencia a su ocupación con fines especulativos, sin que se cumpliera con la obligación de cultivarlos efectivamente” (211), lo cual evidentemente facilitó el desarrollo de grandes hacendados. En todo caso, es importante señalar que en Costa Rica, a diferencia de por ejemplo en Guatemala, “la verdadera formación de la propiedad territorial […] ocurrió después de la separación de España” (211).

Según Cardoso y Pérez Brignoli, en las zonas cafetaleras del Valle Central de Costa Rica la característica más notable fue la existencia de una “multitud de pequeñas fincas y la ausencia de propiedades realmente grandes” (216), aunque este hecho no puede esconder que “la mayor parte de los trabajadores agrícolas, aunque a la vez eran propietarios, no escaparon de volverse dependientes de los cafetaleros más importantes, debido al monopolio que ejercían estos últimos sobre el beneficio del producto, la comercialización y el crédito” (226) [5].

Una forma distinta tuvo el capitalismo agrario salvadoreño, pues la reconfiguración en la tenencia de la tierra que produjo la expansión cafetalera en El Salvador, a la larga, será fundamental para comprender la insurrección salvadoreña de 1932 y las tradiciones revolucionarias del comunismo centroamericano de las que el Partido Comunista de El Salvador y su dirigente más influyente, Farabundo Martí, serán unos de los exponentes más destacados.

“En El Salvador, y especialmente en su meseta volcánica central- la zona más poblada del país y la más propicia para el café (…) en lo atinente a la tenencia de la tierra [la característica fundamental fue] la extinción total de ejidos y comunidades” (219).

La abolición de los ejidos y tierras comunales fue acompañada de una serie de leyes que trataban de controlar a los campesinos, expulsándolos de tierras ocupadas sin título de propiedad y forzándolos a cumplir con sus trabajos en las fincas que los emplean.

Sin embargo, al contrario de lo que pasaba en Guatemala, el Estado no reglamentaba el trabajo, ni trataba de establecer sistemas de reclutamiento forzoso de jornaleros, sino que se limitaba a reprimir -duramente- el no

cumplimiento de las obligaciones laborales contraídas por los campesinos o los intentos de rebelión (231).

La forma bastante clásica de expropiación de los pequeños propietarios y de los pueblos originarios que produjo el capitalismo agrario salvadoreño, que a la vez se combinaba con una organización política y estatal, que pese a los intentos de reforma liberal poco había cambiado en su funcionamiento patrimonial, clientelar y oligárquico, generó una combinación especial que marcó la lucha de clases salvadoreña de las primeras décadas del siglo XX.

Una de esas características es que la lucha de clases salvadoreña fue muy directa, abierta y clásica, en cuanto a los métodos de lucha por parte de las clases subalternas, y muy cruenta y sanguinaria por parte de la oligarquía.

Por otra parte, en Guatemala el capitalismo cafetalero reconfiguró las estructuras económicas y sociales en muchos casos reforzando desigualdades y opresiones heredadas del capitalismo colonial [6]. Los ejes de la expansión cafetalera fueron: “1 La nacionalización de las propiedades eclesiásticas; 2. La abolición del censo eufemístico; 3. La política de venta y de distribución del baldíos” (216).

Como el grueso de la mano de obra eran trabajadores originarios sometidos a sistemas coloniales de prestación de trabajo fue frecuente la queja de los oligarcas cafetaleros por la falta de mano de obra, máxime que a diferencia de El Salvador, en Guatemala la expansión cafetalera no coincidía con las zonas de mayor densidad poblacional originaria.

Desde finales del siglo XIX, el ejecutivo guatemalteco había girado instrucciones a los jefes políticos locales señalando que ellos “deberían proporcionar a los finqueros que lo pidieran, el número de mozos que necesitaran, hasta un máximo de cien, sacados de las comunidades indígenas de su jurisdicción, garantizando su relevo por otros trabajadores en intervalos regulares” (226).

“Los mandamientos, de corte colonial, o sea la facultad de extraer por la fuerza de las comunidades a ciertas cantidades de trabajadores temporales;

y las habilitaciones, es decir, anticipos en dinero para obligar a los indígenas a un trabajo posterior” (228), fueron las formas fundamentales que tuvieron las relaciones de producción en Guatemala hasta la revolución de 1944. Sin duda, por estas razones, es Guatemala el país donde el proyecto liberal fracasa de manera más estrepitosa y la lucha de clases siempre tuvo un importante componente originario en la lucha por la tierra.

2.2) El enclave bananero: La economía de enclave que existió en las grandes plantaciones agrícolas en la zona Atlántica de Centroamérica tiene una serie de características: 1) “la propiedad de la empresa recae generalmente en una gran corporación internacional”. 2) “El alto grado de integración vertical de las actividades, es decir, el control por la misma empresa de todas las fases del proceso de producción y comercialización”. 3) “Las tareas de dirección y supervisión están a cargo de personal altamente especializado, mientras que los trabajos corrientes emplean una gran cantidad de mano de obra asalariada, con un grado bajo de especialización” (275).

Sin embargo la consolidación de la economía de enclave no tiene que ver solo con esta estructura interna de su dinámica productiva, sino que, y esto sería lo más importante, es tal vez una de las formas más agudamente contrastantes del desarrollo desequilibrado que toma el capitalismo semicolonial, pues la consolidación de las compañías bananeras se realizó a través de un complejo proceso en el que intervienen: “las concesiones de tierras por el Estado, la construcción de ferrocarriles y puertos, la introducción de tecnologías y capitales extranjeros, la habilidad y visión de algunos empresarios, los conflictos y fusiones entre las propias compañías bananeras, la usurpación de tierras y bienes de muchos agricultores independientes y aun los conflictos fronterizos con las naciones vecinas” (278).

Es importante señalar que las economías de enclave generaron un numeroso proletariado agrícola cuyos salarios pagados por la compañía fueron generalmente más altos que en el resto del país, pero existieron varios mecanismos de pago que perjudicaban a los trabajadores: así por ejemplo en Honduras fueron usuales los bonos o los cupones que sólo podían cambiarse en los comisariatos de las mismas compañías; el pago en dólares con pérdidas para el trabajador al efectuarse la transferencia en moneda nacional a una tasa menor que la usual; la regularidad del pago, que los trabajadores preferían semanal, y que las compañías efectuaban cada 15 días e incluso 40 días (282).

Las específicas relaciones de producción en los enclaves marcaron con claridad su impronta en la lucha de clases centroamericana, no solo en los años 20 y 30, sino hasta ya casi finalizar el siglo XX, cuando se da un cambio significativo en el modelo de acumulación capitalista centroamericana, marcado profundamente por el fracaso del proyecto cepalino de modernización capitalista y la entrada de las formas del capitalismo tardío.

La impronta de estas relaciones quedó plasmada en las obras y el pensamiento político de los distintos Partidos Comunistas. Aun así, sobre todo en la literatura las condiciones subhumanas de explotación de los trabajadores de las bananeras encontraron su expresión más universal (Fallas, 1984; Amaya, 2006).

3) ¿Cuáles eran entonces los rasgos fundamentales del capitalismo y de la lucha de clases en Centroamérica? (resumen)

La región centroamericana fue incorporada al capitalismo colonial de forma dependiente, como productora de materias primas. Esta incorporación dependiente del capitalismo centroamericano reconfiguró a todas las clases y estamentos sociales y la relación de estas con el Estado, combinando formas capitalistas de explotación y formas previas de sujeción y dominio.

Las formas y sujeción de dominio imperialista colocaban como contradicción fundamental el conflicto entre nación oprimida y el centro imperial. Este conflicto tuvo dos manifestaciones fundamentales: una de tipo estructural (la economía de enclave) y otra como manifestación fenoménica (la intervención militar estadounidense).

Pese a que el desarrollo del capitalismo agrario tendía a esconder (a los ojos de las clases subalternas) su carácter dependiente y a que este se manifestaba fundamentalmente a través del intercambio desigual en el mercado mundial (hecho que se volverá fundamental y evidente a los ojos de las clases subalternas durante la crisis de 1929), este capitalismo generó también una reconfiguración de todas las clases de la nación centroamericana, lo cual marcó la pauta y los estilos para la lucha anticapitalista en el interior de nuestras sociedades.

El capitalismo agrario cafetalero, en casos como el guatemalteco o en el occidente de El Salvador, sumó a su conflictividad específica los conflictos clasistas y estamentales heredados y no solucionados del capitalismo colonial. Esta combinación de necesidades postergadas contribuyó a la aparición de una serie de levantamientos originarios, que nutriéndose de las tradiciones y los imaginarios de otros levantamientos contra otras formas de opresión generaron un movimiento, el cual combinaba las viejas tradiciones de lucha originaria con los estilos organizativos de la clase trabajadora, dinámica contradictoria que no siempre supo ser pensada radicalmente.

4) ¿Cómo se organizó la balcanización de Centroamérica?

Hay una serie de elementos que debemos entender para diferenciar el unionismo latinoamericano del unionismo centroamericano. Mientras el proyecto bolivariano de constituir una sola nacionalidad latinoamericana estaba definitivamente derrotado a mediados de la década de 1820, la Federación Centroamericana no es desmembrada hasta 1838.

Pero este desmembramiento contra naturam era permanentemente puesto en entredicho, sobre todo por sectores centroamericanistas de los ejércitos “nacionales” [7]. Los múltiples intentos fallidos del unionismo militar centroamericano tenían razones sociales profundas para su fracaso: solo una clase social dispuesta a tomar medidas radicales como la liberación jurídica y social de los pueblos originarios y los mestizos, la liquidación de las oligarquías postcoloniales y sobre todo de la estructura latifundista del campo, a través de una reforma agraria radical y la instauración de una dictadura popular centralizada (jacobina), podía realizar el sueño morazánico.

La década de los 20 es el momento cuando se concreta la balcanización definitiva del istmo centroamericano, y es el último intento de concretar una Federación Centroamericana. Arturo Taracena Arriola hace una descripción bastante gráfica de los límites esencialmente superestructuralizantes que iba a tener esta Federación, la cual se supone: “Sería representativa y popular, y en ella cada Estado debía de [sic] preservar su autonomía en independencia en asuntos internos. Se comprometían a garantizar el orden interno y a unificar los ejércitos bajo mando federal, de tal suerte que los estados miembros debían de [sic] reducir sus gastos militares, a fin de orientar recursos hacia los sectores productivos” (1993, 242). Pese a ese intento bastante moderado de unidad nacional, fue muy evidente que “Estados Unidos no quería dicho pacto y que usaba a Nicaragua para impedirlo. Asimismo alentaba la conflictividad de la cuestión delímites entre Panamá y Costa Rica” (242). Con el claro aliento imperialista al golpe de estado contra Herrera Luna en Guatemala, se puso fin a la

imperialista al golpe de estadocontra Herrera Luna en Guatemala, se puso fina la Federación [1]. Después de la derrota del unionismo militar, la bandera de la unidad centroamericana no volverá a ser

Después de la derrota del unionismo militar, la bandera de la unidad centroamericana no volverá a ser levantada más que por los proyectos políticos populares. La idea de la necesidad de una unidad centroamericana de raigambre popular ha sido asumida de manera bastante pragmática, casi como una “intuición natural” de los sectores populares.

Esta asimilación pragmática es acicateada por la evidente pequeñez de nuestros países y la rápida necesidad de solidaridad económica y política que tiene cualquier proyecto popular centroamericano que quiera hacerle frente al dispositivo imperial-oligárquico de dominio, pero esta necesidad política no ha venido acompañada de una reflexión teórica sistemática.

5) ¿Cómo fue organizada la política del imperialismo frente a la crisis de este periodo?

La opresión imperialista y la balcanización semicolonial iban acompañadas de un aumento en la agresividad de la política imperialista estadounidense hacia el área. El imperialismo de los EEUU tenía un claro y ambicioso programa político que necesitaba de un reforzamiento militar para llevarse adelante. ¿Cuáles eran los ejes de este programa? “a) la defensa de los intereses económicos estadounidenses en [Nicaragua]. b) la necesaria protección de la zona del Canal de Panamá. c) la preservación de la estabilidad política en el istmo dictada por los Tratados de Washington de 1923; y d) poner un freno a la influencia de México en Centroamérica, que desde 1920 se venía acrecentando como partede la política de institucionalización de la gestarevolucionaria de 1910” (247).

Además los años 1927-1932 no solo son los más crudos del conocido crack de la economía mundial, sino que Bulmer-Thomas señala:

“El colapso de los precios [del café y el banano], la caída de la entrada neta de capital extranjero y la reducción del ingreso del fisco ejercieron una presión sin precedentes sobre el modelo exportador. Los disturbios temporales causados por la fluctuaciones del mercado mundial, al igual que en 1920-1921, eran un problema ya conocido para el estado de la oligarquía liberal y los instrumentos de política para hacer frente a la mayoría de las consecuencias ya habían sido forjados. No obstante, la crisis económica de 1929, fue tan fuerte que las respuestas tradicionales resultaron totalmente inadecuadas. La reacción política subsiguiente llevó al modelo oligárquico liberal al colapso en las cuatro repúblicas del norte y a una severa realineación en Costa Rica misma (1993, 346).

Desde el punto de vista político el hecho más significativo del periodo es el fracaso del proyecto de relegitimación, modernización institucional y ensanchamiento de la base social del régimen liberal-oligárquico que intentaron llevar adelante distintos gobiernos del área (Araujo, González Flores, Paz Barahona).

Este fracaso empieza a producir efectos sociales y a renovar irritaciones populares acumuladas, que fueron claramente expresados, en sus formas específicas, por el Partido Comunista de El Salvador, el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional y también a su manera por el Partido Comunista de Costa Rica.

Estos instrumentos políticos populares lograron articularse sobre la base del fracaso de este proceso de relegitimación democrática, logrando canalizar cada uno a su manera los reclamos e irritaciones populares ampliamente postergados en las sociedades costarricense, nicaragüense y salvadoreña.

6) ¿Cuál fue la respuesta del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional a la crisis general centroamericana?

Entre los rasgos más universales de la experiencia sandinista se encuentra haber encontrado:

“una base social para su programa y un programa para su base social” […] “Sandino da un vuelco a su acción planteando el problema de la soberanía y la dignidad de Nicaragua y convocando a esta tarea a los sectores populares” (Acuña, 1993, 317).

Los rasgos principales de su pensamiento político enfatizan la defensa de la soberanía, proyectada como una cuestión latinoamericana, y el carácter antioligárquico de su gesta militar, con base en una alianza de contenido popular que obligase nacionalmente a respetar los procesos electorales, a democratizar el poder y a abordar la cuestión agraria por medio de la ampliación de la frontera agrícola en Nicaragua” (Taracena,1993, 242).

Para ello “mezcló la reivindicación campesina, la revalorización de la identidad étnica y el rescate de la soberanía nacional (Acuña, 1993, 315).

La lucha sandinista abarcó todo el país. Este hecho, no “debe hacer olvidar que “las condiciones específicas de un región tienen un significadoenorme en el análisis de clase, ya que el desarrollodependiente de la sociedad nicaragüense implicabauna marcada heterogenidad interna y fuertesdesigualdades regionales” (Wünderich, 1988, 14).

La región de Las Segovias sufrió el efecto de “modernización” que introdujo el capitalismo agrario bastante tardíamente, así como también fueron tardíos los devastadores efectos sociales de este modo de producción. El capitalismo agrario se desarrolló “unos 30 años más tarde que en los centros del auge cafetalero” (Op. cit., 22).

En esta región, además los pueblos originarios resistieron mejor y más tenazmente el trabajo forzado y semiesclavo en las minas coloniales. Esta resistencia tomó la forma de huida masiva y cambio de identidad.

Fue también tardía la resistencia de los campesinos y pueblos originarios a la explotación generada por la expansión de la producción cafetalera.

Cuando Sandino lanza su famoso ataque a la Mina de San Albino, la otrora boyante industria minera de la zona, había entrado en franca decadencia.

En la mina “las condiciones de trabajo eran miserables y los salarios no se pagaban en efectivo sino con cupones, que eran aceptados únicamente en el comisariato de la compañía” (Op. cit., 17). Además esta decadencia de la producción seguramente dejó a “gran parte de los mineros despedidos en una situación difícil e inestable. Es cierto que en tiempos anteriores, el carácter esporádico de la actividad minera había conducido a una coexistencia del trabajo asalariado con la economía tradicional de subsistencia. Sin embargo, con este último ciclo, la economía de enclave había alcanzado dimensiones nuevas” (Op. cit., 26).

Entonces se encuentra en la zona de asentamiento social del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, un acumulado de tensiones e irritaciones, que combinan una memoria social de la resistencia originaria al capitalismo colonial, la resistencia campesina y originaria al desplazamientoproducto de la expansión de la fronteraagrícola y, junto a eso, un proletariado mineroharapiento, sufriendo los efectos sociales de lacontracción de la economía de enclave minera,todo esto en un marco de ocupación militar norteamericana,permitida y solicitada por la oligarquíaconservadora y por sectores del liberalismo.

Justamente esta suma de contradicciones sociales y nacionales son las que permiten explicar el éxito militar de Sandino, que logró librar una guerra de todo el pueblo contra el agresor imperialista y que, por lo tanto, es obligado a generar una ideología nacional-popular, capaz de aglutinar este bloque de clases y capas subalternas.

Pero, si es irrefutable que estas características son los aportes imperecederos del sandinismo original, se necesita señalar que es imposible pensar la solución de una tarea histórico-social, sin tomar en cuenta también los sujetos sociales y los métodos políticos que estos se dan para llevar adelante las tareas planteadas. Allí deben ubicarse los límites trágicos del pensamiento sandinista original.

7) ¿Cuáles fueron los límites del programa sandinista?

La primera debilidad evidente del sandinismo es una incomprensión del carácter dual de la opresión imperialista, como ocupación militar y como balcanización centroamericana.

El EDSN es una de las primeras experiencias de un ejército popular multinacional, inclusive previo a la experiencia de las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil Española. Dos de los diez comandantes sandinistas eran de otros países centroamericanos (José León Díaz, salvadoreño y José María Jirón Ruano, guatemalteco) y mucha de la “crema y nata” del activismo antiimperialista latinoamericano luchó o colaboró activamente por la causa del EDSN (Farabundo Martí, José de Paredes, Froylán Turcios, Rubén Ardilla Gómez, Esteban Pavlevich, etc.).

Pese a la clara impronta centroamericana del EDSN, Sandino no planteaba claramente la necesidad de una organización de lucha que rompiera las fronteras “nacionales” centroamericanas, sino que tendía a ver la temática de la ocupación militar sobre suelo nicaragüense como una contradicción sobredeterminada, fundamental y exclusiva de la sociedad nicaragüense, desligada de la lucha contra el dispositivo imperialista en todo el área, cuya manifestación militar y de ocupación era solo uno de sus rasgos y no necesariamente el fundamental, aunque sí el más urgente de solucionar.

Por ejemplo, en el famoso Manifiesto de San Albino, Sandino tranquiliza al gobierno hondureño, tan cipayo como el de Adolfo Díaz.

Dice Sandino: “Yo quiero justificar (advertir) a los gobiernos de Centroamérica, mayormente al de Honduras, que mi actitud no debe preocuparle, creyendo que porque tengo elementos más que suficientes, invadiría su territorio en actitud bélica para derrocarlo. No. No soy un mercenario sino un patriota que no permite ultraje a nuestra soberanía” (Ramírez, 1979, 89).

Ante la pregunta por la presencia de luchadores internacionalistas en las filas del EDSN dice:

“Tengo oficiales de Costa Rica, de Guatemala, de El Salvador, de Honduras y aún dos o tres de México, que llegaron atraídos por la justicia de mi causa, pero están en una minoría. La médula de mi ejército es nicaragüense y los oficiales que más tiempo han permanecido a mi lado son nicaragüenses. He recibido muchos oficiales de afuera, pero en la mayoría de los casos los he despedido” (citado por Arias, 1996, 131).

El que tal vez es el límite más claro del pensamiento sandinista, es el interpretar que bastaba con la salida de las tropas militares estadounidenses, para desactivar el dispositivo imperial, que como sabemos es muchísimo más complejo y requiere de colaboradores y estructuras interiores.

A partir de un somero estudio de los textos y la historia de Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, queda claro que Sandino no era una pensador anticapitalista radical, como señala Wünderich: “Sandino no fue un enemigo irreconciliable de la propiedad privada. El nunca exigió la expropiación de la burguesía nicaragüense ni la repartición de los grandes latifundios. Por el contrario, esperaba que la burguesía cooperara con él con base en su proyecto nacionalista” […]

Sandino estableció la diferencia entre la propiedad “legítima” e “ilegítima”. La encarnación de la propiedad ilegítima era el capital de Norte América” (1988, 28).

Pese a la extensa base social campesina y originaria del EDSN, este nunca tuvo una plataforma ni siquiera cercana a la del agrarismo mexicano. De hecho, lo más significativo del programa agrario sandinista era la colonización agraria a través de cooperativas, que si bien pueden ser un importante punto de apoyo en el marco de una transformación radical de las estructuras económico-sociales de dominación, colocar estos proyectos como eje de la solución del programa agrario e inclusive del problema laboral nicaragüense tenía claros ribetes utópicos (en el sentido conservador del término).

Pese a estas limitaciones, llama la atención encontrar en el EDSN, casi toda la gama de reivindicaciones laborales del movimiento sindical de estirpe comunista, más significativo aun durante la toma de la Mina de San Albino: “El primer paso después de la ocupación de la mina fue anunciar la expropiación de los propietarios norteamericanos y pagar los salarios debidos a los trabajadores en oro puro” (Wünderich, 1988, 17). Es decir, en su primera acción militar el EDSN tomó claras medidas anticapitalistas.

¿Cómo se puede explicar esta aparente contradicción? Aquí se puede encontrar un problema no tematizado suficientemente en el estudio del movimiento sandinista.

El EDSN generó en su organización política y militar interna una fuerte impronta bonapartista, en la cual el liderazgo carismático de Sandino jugaba como efecto estabilizador que ofrecía cohesión interna para un movimiento social muy heterogéneo y fuertemente asentado en trabajadores acostumbrados a la vida social en el minifundio (lo cual facilitaba la dispersión).

Vemos aquí una contradicción: La acción anticapitalista del EDSN es llevada a cabo “desde afuera”, con la participación pasiva de la clase obrera y sin que se constituya ningún organismo de autodeterminación obrera y popular siendo el poder dual el propio ejército sandinista.

La ausencia de un claro programa y perspectiva anticapitalista, un descuido de la dimensión necesariamente centroamericana de cualquier lucha contra la ocupación militar imperialista y un fuerte elemento de sustituismo social temprano, son los límites precisos, los cuales hay que saber señalarle a la experiencia sandinista para poder apropiarse de ella en las actuales condiciones del pensar radical latinoamericano.

8) ¿Cuál fue la respuesta del Partido Comunista de El Salvador?

La segunda gran respuesta popular al proceso de balcanización definitiva y profundización de las condiciones de dependencia en Centroamérica fue la insurrección popular salvadoreña y sobre todo la acción del Partido Comunista de El Salvador en 1932.

Creemos que es importante recordar la importancia actual que tienen estos hechos para la vida política en el Salvador. Para Héctor Lindo Fuentes: “Los principales actores políticos del país nunca olvidaron la Matanza [de 1932]. A través de los años, el recuerdo de un confuso y complejo conjunto de eventos fue continuamente conformado y reconformado, de manera que proporcionó categorías y un complejo glosario de símbolos que identificaron a las principales fuerzas que se enfrentaron durante la guerra civil de la década de los ochentas” (2004, 288).

En la insurrección salvadoreña, el conflicto social está menos tamizado por la contradicción nación oprimida/imperialismo que en Nicaragua, y el eje de la lucha insurreccional más bien tendió a centrarse en el tema de la propiedad de la tierra y la lucha contra los “barones” del café.

Así describe Lindo Fuentes, la crisis de dominio que en 1932 se instaló en El Salvador:

“La crisis mundial que siguió al colapso de la Bolsa de Valores de Nueva York, en 1929, llevó a la baja de los precios de los productos prescindibles como el café, que para entonces representaba más del noventa por ciento de las exportaciones de El Salvador. Los precios eran tan bajos que muchos cafetaleros decidieron que no valía la pena cosechar el grano y no contrataron cortadores. La espiral descendente parecía incontrolable, el desempleo bajaba los salarios, las quiebras de cafetaleros y comerciantes aumentaban el desempleo y bajaban los salarios, ya no en el campo sino también en la ciudad. Con menos exportaciones de café, los ingresos del estado también bajaban y los empleados públicos dejaban de percibir su salario por varios meses o perdían el empleo. […] los limitados recursos del estado no dejaban de disminuir y cualquier reforma social era imposible. Inclusive los soldados del ejército dejaron de recibir salarios puntualmente (2004, 289). La crisis orgánica del régi

La crisis orgánica del régimen de dominio, sumado a las características que tuvo el desarrollo del movimiento obrero-artesanal en El Salvador, permite que las manifestaciones de la lucha de clases aparezcan como más clásicas y los contornos clasistas del conflicto social menos mediados. Señala bien en ese sentido Arias Gómez cuando apunta que las leyes y las conquistas sociales que obtuvo el movimiento obrero y socialista salvadoreño fueron adquiridas “de hecho’ [así como] la facultad de organizarse en entidades de defensa clasistas de nuevo tipo. No esperaron, pues, a que el maná jurídico les cayera del cielo estatal” (1996, 54) presentando así el movimiento obrero salvadoreño más elementos de autodeterminación y autoorganización que otros movimientos obreros en el área.

Esta característica identitaria del obrerismo y del comunismo salvadoreño está también afirmada por uno de sus fundadores Miguel Mármol:

“No forzamos la historia cuando decimos que nuestro Partido Comunista se hizo de la clase obrera salvadoreña, pues entre nosotros no se dio el caso, ocurrido en otros países, de que el partido comunista se organizara primeramente en el medio universitario o entre la intelectualidad pequeño burguesa.

Nuestro Partido Comunista salió de las entrañas mismas de nuestra clase obrera, de nuestro movimiento sindical, como una forma superior, política, de organización de clase. Los cuadros intelectuales que dieron los aportes principales en el aspecto teórico, fueron cuadros ya formados por el movimiento comunista internacional (citado por Arias, 1996, 181).

Ahora bien, la necesaria comprensión del PCS como la organización con más raigambre obrera y popular en la Centroamérica de los 30, así como la organización pionera en lograr una articulación efectiva entre el artesanado urbano y la peonada cafetalera [1], no basta para comprender las características ya no del PCS, sino de la base social que le acompañó en su heroica y trágica insurrección.

La insurrección salvadoreña no puede ser entendida exclusivamente solo como reacción a la coyuntura de la represión mundial, ni como resultado de una estrategia suicida de los comunistas, sino que indica el grado de tensión y frustración acumulados en las relaciones sociales agrarias y, en particular el sedimento de agravios depositados en las poblaciones indígenas del occidente del país a lo largo de la era liberal (Acuña, 1993, 313).

Al igual que con nuestro análisis del movimiento sandinista, parece fundamental comprender las características de la zona de Sonsonete y Ahuachapán, que fueron los verdaderos epicentros de la insurrección de 1932.

Es aceptado por todos los militantes comunistas y por el ejército contrainsurgente que en el oriente del país no hubo levantamiento y en el centro urbano-artesanal, fue rápidamente dispersado y anulado, en su intentona.

Al estudiar el testimonio de Miguel Mármol sobre la insurrección de 1932, parece haber una incomprensión del que probablemente fue la principal carencia de la insurrección salvadoreña, el déficit en el análisis consiste en pensar el levantamiento del occidente del país como exclusivamente motivado por las irritaciones de los peones agrícolas, cuando en realidad era una insurrección popular que combinaba 1) las tradicionales formas de la revuelta anticolonial originaria yque, por lo tanto, le daba a esta reivindicaciónidentitaria una importancia fundamental; 2) unprograma de lucha clasista aportado por loscomunistas radicales centroamericanos.

9) ¿Cuáles fueron los límites del levantamiento de 1932 en El Salvador?

Es importante señalar que este empalme entre la ideología comunista centroamericana de primera época, la cual contenía un marcado sacrificialismo y un gusto por los ritos y los gestos formales (¿litúrgicos?), probablemente empalmó con facilidad con la memoria milenarista de los pueblos originarios.

Autores como Arias Gómez (1996) o Cerdas Cruz (1986) señalan entre los errores que llevaron al fracaso de la insurrección de 1932, el ultraizquierdismo verbal, el sectarismo, la ausencia de apoyo popular, la vocación sacrificial. Más allá de que algunos de estos elementos existan, no los estimamos como los elementos deficitarios fundamentales que le deberían ser criticados al PCS, para poder reapropiar su gesta en el marco de un pensar radical asentado en nuestras actuales condiciones.

Además, como señala Acuña: “el mismo [Cerdas Cruz] reconoce la inevitabilidad de la insurrección, dada la situación interna de El Salvador en aquellos momentos” (1987, 173).

Aunque es cierto y evidente que existió un gusto por la pose sacrificial en los principales exponentes del comunismo radical[2] y que estos estuvieron indudablemente marcados por la orientación ultraizquierdista, de “tercer periodo”[3] de la III Internacional, coincidimos con Michael Löwy cuando señala que pese a que esta orientación estalinista tuvo un rol perversamente contrarrevolucionario en Europa (donde facilitó el ascenso del fascismo) y jugó un papel esterilizador en los Partidos Comunistas del Cono Sur, en Centroamérica y el Caribe los dirigentes y las organizaciones comunistas “veían en esa corriente de izquierda un estimulante a su propia tendencia revolucionaria autónoma. Es el caso particular del Partido Comunista de El Salvador […] que organizó en 1932 la única insurrección de masas dirigida por un Partido Comunista en toda la historia de América Latina” (Löwy, 1980, 24).

Ahora, regresamos a lo que malintencionadamente se oscurece en los análisis sobre el fracaso del auténtico levantamiento obrero-originario de El Salvador: el problema del fetichismo soviético. Un tema fundamental que todo pensar radical ocupa precisar, son las formas políticas de transición en el marco de la transformación revolucionaria.

El pensamiento socialdemocratizante ve la posibilidad de la transformación social, sin cambiar radicalmente la máquina del Estado, habría solo que “ocupar” el Estado. Por eso el recurrente fetichismo electoral de estas corrientes políticas y sobre todo de sus pensadores [4].

Para toda transformación radical de las condiciones de explotación y miseria, necesariamente se requiere pensar en cuáles son las formas políticas por las que se expresarán y se autodeterminarán los sujetos de esa transformación.

La carencia de auténticos organismos de autodeterminación y autoorganización de las clases subalternas, se constituye en un evidente límite de cualquier proceso de transformación radical y también en una evidente tentación burocrática para ahogar el proceso de transformación mismo, de esto por cierto están cargadas las experiencias revolucionarias de la segunda posguerra.

Ahora bien, en las organizaciones de inspiración comunista tanto en las estalinizadas, como en el comunismo radical centroamericano vemos la presencia de un claro fetichismo soviético.

En el caso de la tradición más estalinista, los soviets eran directamente inventados por orden de alguna dirección superior y estos “tinglados sectarios” (como los llamó Trotsky) normalmente eran organizaciones ad hoc de los mismos Partidos Comunistas, solamente había que declararlos como soviets a través de alguna ordenanza burocrática.

En el caso del comunismo centroamericano de primera época el fetichismo soviético no tenía nada de ese cinismo burocrático, sino que pasó por una incomprensión ingenua, que intentó organizar soviets imitando las estructuras municipales y dejando sin comprensión y sin punto de apoyo el auténtico organismo de autodeterminación que efectivamente produjo la insurrección del Occidente del país: las cofradías y las comunidades indígenas.

Y aquí surge una crítica aún más rica y comprensiva al comunismo radical de primera época que la observación socialdemocratizante sobre su ultraizquierdismo verbal, y es la incapacidad de comprender una forma específica de resistencia popular y ver solo en las formas de resistencia y organización popular más clásicas (¿más europeas?) “las” formas de la transición política.

El siguiente señalamiento de Acuña es muy agudo (aunque el autor no saque de él, conclusiones radicales):

“La persistencia de la comunidad [indígena] constituyó una forma de resistencia continua de los indígenas en contra de los ladinos, el Estado y los distintos agentes de la economía de exportación. En ausencia de instituciones como las mutuales y los sindicatos y al margen del movimiento popular urbano, la comunidad funcionaba como órgano de representación y de articulación de sus intereses frente a los adversarios. En este sentido, los indígenas tenían alguna ventaja frente al campesinado pobre ladinizado que ya no disponía de f

que ya no disponía de formas comunitarias (1993, 312).

En ese sentido es sumamente sugerente el estilo del liderazgo de Feliciano Ama, cacique indígena afiliado al Partido Comunista de El Salvador y dirigente de las operaciones insurreccionales en Sonsonete.

Ama, natural de Izalco, era el mayordomo principal de la cofradía del Espíritu Santo que, según versiones, era la más poderosa en 1932. Esta posición le situaba en el pináculo de una jerarquía espiritual indiscutible, lo que unido a su reconocimiento como cacique (aunque este título había sino abolido por los conquistadores, seguía, de hecho, reconociéndose entre los indígenas) hacía de Ama un hombre de gran poder en el campo religioso y el político, es decir un caudillo indiscutido. Se ha llegado a asegurar que a través de las cofradías, obedecían a Ama cerca de 30000 indígenas (prácticamente la población aborigen de Sonsonete) (Arias, 1996, 102).

Más interesante aún que esta sugestiva mezcla de líder religioso, caudillo originario y cuadro comunista, las cuales son tres formas bastante distintas de vivir lo político y que tuvieron una articulación efectiva en la persona de FelicianoAma. Es más interesante la determinación quehace Arias Gómez de las cofradías como auténticos organismos de poder dual que sin duda fueron las vías por las que se expresaron localmente los pueblos originarios durante la insurrección.

Arias Gómez señala: “podríamos decir, que en las cofradías los indígenasencontraron, aunque sea a pedazos,parte de su identidad cultural rota por laviolencia del conquistador; ellas fueron unaespecie de argamasa social que les manteníaunidos ante un mundo hostil y brutalmenteexplotador. La cofradía fue un medio paratransmitirse verbalmente su propia historiaen forma de recuerdos, gratos o dolorosos,fue su expediente para guardar su memoriahistórica. La convivencia que se estrechabadurante los días que duran los festejos delrespectivo santo, y de los cuales son excluidoshasta los propios curas, es una forma demantener esa identidad (1996, 103).

Estas pinceladas que presenta Arias Gómez sobre las características de la resistencia originaria, acompañadas de la aceptación por parte de Mármol de que el PCS tenía una comprensión fetichizada de las formas políticas de la transición, hacen pensar que probablemente hubo de parte de la dirección comunista salvadoreña, una frialdad hacia estas formas de resistencia.

Indudablemente, existió un extrañamiento entre los comunistas salvadoreños y las comunidades originarias acaudilladas por Feliciano Ama.

Arias Gómez reproduce una entrevista a Modesto Ramírez, donde describe la reunión en la cual afilió a Feliciano Ama y nos parece que retrata de cuerpo entero este extrañamiento: “Llegado el momento de proponerle a Ama su afiliación partidista, contaba Modesto que le respondió más o menos en estos términos:

–De entrar al Partido, debe entrar también toda la gente de mi cofradía.

Modesto le hacía la observación de que la afiliación era una decisión personal, individual y que no podía hacerse en masa, indiferenciadamente.

A esta observación Ama respondió:

–De no entrar todos mis compañeros no entro yo tampoco-. La dirección del PCS, como era lógico, accedió a la demanda” (1996, 107).

Muy significativo todo el cuadro que traza Modesto Ramírez. Por un lado, la demanda de Ama de afiliación colectiva y la consecuente extrañeza del comunista, mientras Ramírez tiene en mente la afiliación individual, mediante un acto de conciencia “racional” y “voluntario” de un individuo a un partido que defiende un programa general para transformar la sociedad y el Estado, Feliciano Ama en cambio al decidir “su” ingreso a una estructura que él cree defenderá los intereses de su comunidad originaria, estima impensable que no se afilie a esta organización toda la comunidad originaria, “su” comunidad originaria.

Esta racionalidad comunitaria, que obligaría a pensar y repensar la dialéctica entre participación originaria y partidos populares, se puede ver aún en nuestra época, por ejemplo, en las experiencias de las rebeliones obrero-originarias de la ciudad de El Alto en Bolivia durante los años 2003 y 2005.

10) ¿Qué conclusiones podemos sacar de la lucha política del Ejercito Defensor de la Soberanía nacional y del Partido Comunista de El Salvador?

Se han analizado los rasgos más generales que tuvieron dos de las respuestas políticas populares a la balcanización de Centroamérica [1].

Por un lado, la respuesta del nacionalismo popular, del cual el sandinismo fue la experiencia más significativa, pero con una fuerte inercia en cuanto a la comprensión de los dispositivos internos del orden imperialista, una serie de problemas significativos por la ausencia de un programa auténticamente anticapitalista para el campo y la ciudad, y una fuerte tendencia al sustituismo social que le imprimía un rasgo caudillesco a su liderazgo.

Por otra lado, la alternativa del comunismo ingenuo del PCS, que superaba al sandinismo, al contar con una tosca pero real comprensión centroamericanistade la lucha de clases y también,con una mayor claridad del rol de los partidosy agrupaciones de la burguesía nativa y, sobretodo, con una mayor vocación para poner enpie auténticos organismos de autodeterminaciónpopular.

Aunque apunta en contra de su historialcomo alternativa popular su efectivo verbalismoabstracto y sobre todo la incomprensión y laausencia de una estrategia para combinar la lucha anticapitalista de los peones agrarios y la lucha por el reconieocimnto identitario de esos mismos peones, que a la vez eran pueblos originarios.

Como es sabido, estas dos alternativas populares fueron trágicamente separadas y opuestas por una combinación de la realpolitik de los gobiernos mexicano y estadounidense y de la realpolitik de la III Internacional [2]. Impidiendo que confluyeran y se entrelazaran sus distintas virtudes posibilitando así un auténtico proceso regional insurreccional, antiimperialista y anticapitalista, el trágico desenlace fue que estas dos alternativas populares fueron finalmente aplastadas de manera independiente, cuando la democratización de baja intensidad se obturó y se ingresó en la época de las dictaduras militares, las cuales garantizaron la profundización de la balcanización, esta vez manu militari.

Esta comprensión de las propuestas políticas populares que recorrían el istmo en los 30 ayudará a ver mejor los contornos del comunismo radical costarricense de primera época y su posterior deriva en comunismo “a la tica”.

11) ¿Se puede entender la primera época del comunismo costarricense como una alternativa política a la crisis de dominación centroamericana?

No se quiere ahondar demasiado en los efectos que el crack económico mundial produjo en la frágil economía semicolonial centroamericana y, en específico, sobre la costarricense. Creemos que hay una abundante bibliografía, con suficientes e interesantes datos al respecto [3].

La cita de Bulmer-Thomas, vista más arriba, invita a entender la crisis de dominio no de manera determinista, como un producto inmediato del crack del 29, sino como una situación que se agrava cualitativamente con la crisis económica y se mezcla con toda otra serie de elementos políticos acumulados: la actividad creciente de las clases subalternas y sus variados intentos de dotarse de un instrumento político propio, el desarrollo de una cultura impresa en los centros urbanos, la cual contribuyó a difundir la crítica política y cultural más o menos antisistémica de la intelectualidad radicalizada de inicios de siglo XX y el relativo vacío que dejó el intento fracasado de relegitimación del orden liberal, vacío que a su vez, fue aprovechado por los comunistas costarricenses.

Dentro de algunos analistas de filiación comunista “a la tica”, se pretende comprender las alternativas políticas que enfrentaron la crisis de dominio como comportamientos estancos. La hoz y el machete de Cerdas Cruz, pese a ser un trabajo muy documentado, tiene esta debilidad, la cual tiende a oscurecer una de las preguntas claves del proceso histórico-social que se viene analizando: ¿Por qué fueron derrotadas en toda el área, las fuerzas populares durante el ciclo de rebelión instaurado en 1928-1932?

Nuestra tesis es que el sandinismo, el comunismo salvadoreño y el comunismo costarricense eran tres respuestas a una sola crisis de dominio global del régimen oligárquico en Centroamérica.

Estas tres alternativas fueron las primeras respuestas de las clases subalternas al fracaso, ya de carácter histórico, de las capas medias y los militares por reunificar Centroamérica.

Creemos que hay que comprender estos fenómenos como tres respuestas que no lograron confluir y a partir de sus posibles articulaciones generar una fuerza social centroamericana, capaz de instaurar un nuevo orden político, donde las clases subalternas tuvieran hegemonía.

Esta es la mejor forma para también comprender por qué la crisis de dominio oligárquico en el área logra cerrarse y por qué tuvo una respuesta distinta en Costa Rica que en el resto del área.

Las interpretaciones de Cerdas Cruz y Merino y de los comunistas “a la tica” en general, quieren presentar el camino elegido por el Partido Comunista de Costa Rica como una alternativa fuerte a la vía sandinista y a la “farabundista”. Esta lectura nos parece equivocada y unilateral.

A nuestro entender, es más bien todo lo contrario: el cierre de la crisis de dominio imperialista en la región, al resultar globalmente favorable a las fuerzas oligárquicas e imperialistas, terminó con la liquidación física de dos de los instrumentos políticos que forjaron las clases subalternas (el EDSN y el PCS) y con la cooptación de la tercera alternativa popular (el comunismo costarricense), al lograr convertirlo en comunismo “a la tica”.

Nuestra tesis es que los comunistas costarricenses de primera época, al igual que las alternativas políticas populares que se produjeron en Nicaragua y El Salvador, fueron neutralizados por una estrategia contrarrevolucionaria de las clases dominantes. No debemos olvidar que el contenido político de la contrarrevolución no es el exterminio físico de la vanguard

exterminio físico de la vanguardia revolucionaria, sus teorías y testimonios, (aunque esto puede suceder y sigue sucediendo). La idea profunda de la

contrarrevolución es introducir en la conciencia de los oprimidos la certeza de que nunca más deben atreverse a hacer lo que hicieron, (poner en tela de juicio los mecanismos del dominio).

Los oprimidos y explotados deben sacar la conclusión que la rebelión organizada estuvo mal y que es innecesario e indeseable volver a intentarla. Éste es el contenido profundo de la idea de contrarrevolución.

¿No hay pues en la explicación de los comunistas costarricenses sobre la diferencia entre los primeros años de su existencia y el giro comunista “a la tica”, un machacar sistemático de la idea que eso que se hizo en los orígenes estuvo mal y no debería volver a repetirse? ¿No es acaso esto la idea misma de la contrarrevolución?

12) ¿Es verdad que el origen del comunismo costarricense fue “ultraizquierdista” y “juvenil”?

En las tesis de Mora (2000, 25-51), Merino (1996, 21-42) y Cerdas Cruz (1986, 323-244), la primera etapa del PC CR estaría marcada fundamentalmente por “desviaciones”: verbalismo izquierdista, infantilismo de izquierda, sectarismo, etc. Es decir, se presenta esta etapa como una distorsión o un defecto del Partido Comunista de Costa Rica, no como lo que podría ser su contribución más “universal” al pensamiento político radical.

Estos mismos autores siempre guardan el recaudo de señalar que estas características del comunismo costarricense de primera época fueron esencialmente excesos verbales, pues los comunistas, desde el momento de su fundación, estarían comprometidos con las instituciones democráticas del país.

Esta es definitivamente una mala forma de acercarse a los primeros años del comunismo costarricense. Creemos que es más adecuado pensar los primeros años del comunismo costarricense como el momento en que los sectores populares construyeron una herramienta de lucha para enfrentar los mecanismos privilegiados del modo de dominación en el país: el fraudulento sistema electoral y el caudillista sistema de partidos.

La efectiva existencia de una pose verbalista y una serie de limitaciones ideológicas, políticas y programáticas no deben esconder la importancia fundamental de esta primera etapa del comunismo costarricense como fuente de un pensamiento radical actual.

13) ¿Cuál era la actitud del comunismo costarricense hacia las elecciones burguesas?

Una contradicción significativa de los defensores del comunismo “a la tica” es que “miran con malos ojos” y critican duramente el “verbalismo antielectoral” de los comunistas originarios.

Estimamos que esta crítica es deshonesta, pues el “radicalismo antielectoral” es una tradición que heredan, asumen y prolongan los comunistas de la tradición del nacionalismo de capas medias, articulado alrededor del Repertorio Americano (que según Mora, Merino y Cerdas Cruz sería también parte de las “vigorosas tradiciones democrático-nacionales”). Molina y Lehoucq muestran además, con bastantes ejemplos, cómo estaban introducidas en la cultura política de la lucha interoligárquica las impugnaciones violentas a los procesos electorales (1999, 9-105). Es decir, estas impugnaciones eran parte del clima de época.

Lo importante es que los comunistas prolongan, a  su manera, las críticas que intelectuales como Mario Sancho o García Monge [1] realizaban en los años 10 y 20 contra la argolla clientelar, contra el carácter engañoso, vacío, formal y antipopular del dispositivo electoral y contra la legalización/legitimación del poder de los gamonales, emanado del circuito de elecciones fraudulentas-clientela.

Esta tradición de denuncia sistemática de las elecciones como farsa y circo, como engaño a los sectores populares, es la que retoma el joven Partido Comunista de Costa Rica. En el diario que editaba Mora previo a la fundación del PC CR, La Revolución (al que llamará “el único periódico verdaderamente demócrata”), señala con ironía:

“¡Democracia, Democracia palabra hueca y sin sentido con la cual procuran los gobernantes cubrir las miserias del pueblo, cuya libertad y soberanía son irrisorias! Democracia, velo demasiado pequeño que no oculta a los ojos […] de los hombres conscientes, la faz demacrada y llorosa de un pueblo que vive una vida de abyección, originada por la miseria. Democracia, mordaza con la que se procura ahogar los lamentos de la masa (2003, 221).

Hemos dicho que aunque efectivamente hay elementos de radicalismo verbal y ciertas lógicas y proposiciones abstractas y, por ende, se da pie a propuestas políticas sectarias, en los primeros escritos de los comunistas costarricenses se puede encontrar una política para crear un autentico instrumento político de clase. Se puede encontrar en

Se puede encontrar en las críticas comunistas al gobierno burgués y al “sistema democrático”, no solo la clásica denuncia de las elecciones como manipulación de los gamonales, sino como un síntoma/función del sistema de dominio. Por ejemplo, en Trabajo 4-II-1934 se dice: “El gobierno no es, dentro del régimen capitalista, sino un administrador de los intereses de los patronos y un fiel lacayo suyo”. En la edición del 1-I-1932, va a definirse al gobierno como: “el criado servil de los bancos, criado de frac y pechera reluciente como los mozos de los grandes hoteles”.

En la edición del 21-IV-1932 se denuncia la farsa de las elecciones que se avecinan y los mecanismos electoral/clientelares contra los que hay que luchar: “El P.C. quiere evitar a todo trance, que se le imponga simpatía lejana siquiera, por cualquiera de esos licenciados al servicio dócil de la injusticia capitalista, que aspiran a la Presidencia de la República. Las clases trabajadoras, que no tienen todavía bien definido en su pensamiento el papel netamente anticapitalista de nuestro partido, y la lucha inexorable de nuestro partido por un gobierno para Costa Rica de obreros y campesinos, pudieran ser engañados por los gritos de los agentes a sueldo de los partidos burgueses que se mezclaran en nuestras filas y creer que nosotros propiciamos tal o cual candidatura”.

Parece que el otro elemento central sería que, a diferencia de las críticas que se podrían encontrar en los intelectuales radicales del inicios del siglo XX, quienes muchas veces ven en los sectores populares un simple sujeto de manipulación, en los escritos tempranos del PC CR hay la clara intención de construir una fuerza social popular capaz de generar una nueva hegemonía.

Por ejemplo, el Partido Comunista de Costa Rica tenía como lema de su periódico en el periodo 1931-1932 la lucha por la “organización del proletariado como clase y la destrucción de la supremacía burguesa y conquista del poder político para el proletariado” (citado por Cerdas, 1986, 327). De ninguna forma parece que este lema fuese declarativo o producto de un desvarío juvenil.

Por ejemplo, en el número 6 de Trabajo se señala: “Albertazzi Avendaño se alarma de que pidamos los comunistas el poder político para la clase trabajadora. La ignorancia de los trabajadores les impediría administrar bien. Y preguntamos nosotros: ¿es que los “licenciados” y los “poetas” que nos han venido administrando lo han hecho bien? ¿Han sido obreros ineptos o sabios universitarios quienes han vendido arruinado el país?” (citado por Amador, 1980, 74).

En las frases periodísticas seleccionadas se nota con fuerza la idea de señalar las instituciones de la democracia patronal como obstáculos por vencer, no como punto de apoyo para una salida popular. Además, estas caducas instituciones deben ser suprimidas y suplantadas por instituciones democráticas de nuevo tipo, las cuales tendrán su raigambre social en los sectores populares.

Se encuentra que, en el comunismo costarricense de primera época, el Estado no puede ser solo “tomado” o “llenado de contenido económico”, que será el lema permanente del futuro comunismo “a la tica”, sino que deberá ser sustituido por un Estado de los productores directos, por la dictadura del proletariado. Entendiendo por dictadura del proletariado, no el totalitarismo y el estado de excepción, impuesto por una burocracia privilegiada, sino el Estado de los obreros y los campesinos armados, el primer gobierno de la mayorías explotadas en beneficio de estas mismas mayorías, gobierno en el cual también se oprime y coacciona a la antigua minoría explotadora (Sousa, 2009, 120).

Para lograr estos objetivos, era necesario llevar adelante una lucha para quebrar “desde dentro” el régimen de dominio, a través de una denuncia sistemática de la contradicción entre la supuesta igualdad en el plano jurídico y la efectiva desigualdad real en el plano social, y que esta denuncia genere una fuerza social y unas instituciones capaces de servir de sustituto a la vieja democracia patronal. Enfatizamos que se plantea sustituir, no aportar o acompañar, sino sustituir, lo cual significa en política moderna, desplazar por medio de la fuerza.

Ese es el otro elemento que se encuentra con frecuencia en el comunismo costarricense de primera época: la comprensión del orden como violencia. Por lo tanto, habrá que estar preparado para resistirla. En Trabajo de 17-II-1934, se señala: “No será sobre la pacífica agua de los comicios, sino sobre el caldeado escenario de la contienda civil donde se librará la última batalla entre las clases opresoras en derrota y el proletariado victorioso”.

14) ¿Por qué entonces la división entre el periodo ultraizquierdismo y el periodo comunista “a la tica”?

Hay en la periodización interesada de la historia del Partido Comunista de Costa Rica un sesgo ideológico que quiere esconder como “verbalismo juvenil”, la que en realidad es la específica respuesta de las clases subalternas costarricenses, a la crisis de dominio en la región centroamericana, dando una respuesta radical a lo que era el nudo del sistema de dominación en esta provincia balcanizada del área.

Si el problema de la ocupación al territorio nacional por las tropas estadounidenses generó, como alternativa, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y la ideología sandinista; si la irritación por los vejámenes a los pueblos originarios y a los campesinos/peones agrarios fortaleció al Partido Comunista de El Salvador y le marcó con su impronta, el Partido Comunista de Costa Rica en sus primeros años debe ser comprendido como la respuesta popular a otro de los clásicos mecanismos de dominación: el engaño y cooptación electoral y estatal, y la hegemonía de la oligarquía burguesa [1].

Se observa cómo el comunismo costarricense original[2], no solo recupera la veta de la denuncia sobre la desigualdad social imperante en Costa Rica y su legitimación electoral, sino que los comunistas aportan a estas denuncias al orden liberal-oligárquico, una comprensión del sistema de dominio como un régimen de producción capitalista y dependiente, y plantean la necesidad de construir una fuerza social que construya un nuevo orden de carácter socialista.

A esta valoración que se hace de la doctrina comunista de primera época habría que sumarle el siguiente comentario de Iván Molina, el cual señala la originalidad histórica del comunismo radical en la política costarricense y también por qué empezó a ser visto como una amenaza efectiva al orden dominante. Molina señala:

“A la luz de lo expuesto, puede comprenderse mejor la originalidad que supuso el Partido en la Costa Rica de la década de 1930: en medio de una aguda crisis económica, surgió una organización con una plataforma sindical y editorial permanente, cuya estrategia para ganar el voto popular, se basaba en la denuncia de las injusticias sociales y en el llamado a la organización de los trabajadores.

Para el resto de los partidos, cuyas dirigencias estaban acostumbradas a organizarse sólo durante los períodos electorales y a responder a las demandas populares mediante formas que fomentaban la desmovilización de la población, el BOC representaba una amenaza evidente como competidor electoral. Por eso, la reacción inicial de las cúpulas políticas fue impedir la inscripción electoral de los comunistas, lo cual lograron sólo brevemente (2004,2-3).

Es decir, la respuesta que en un primer momento dan los comunistas costarricenses a la crisis de dominio abierta en 1929, está golpeando sobre los núcleos duros de la hegemonía burguesa costarricense; frente al sentido común excepcionalista, la ciudadanía pasiva y el engaño/manipulación electoral, el PC CR opuso organizaciones permanentes de trabajadores, una prensa y una opinión pública obrera educada en denunciar las injusticias sociales y un sentido de identidad de clase, opuesto al “igualiticos” del sentido común oligárquico. Es decir es una amenaza que debía ser conjurada y olvidada.

En el olvido de las lecciones estratégicas que podemos sacar de estos pocos años de los comunistas costarricenses colaboran activamente no solo los historiadores oficiales, sino también los estrategas del comunismo “a la tica”.

Notas

4. Carlos Marx, en uno de los textos de El Capital, indica cómo enfrentar metodológicamente las relaciones de producción y propiedad y las formas políticas derivadas de ella. Señala: “La forma económica específica en la que se le extrae el plustrabajo impago al productor directo determina la relación de dominación y servidumbre; tal como ésta surge directamente de la propia producción y a su vez reacciona en forma determinante sobre ella. Pero en esto se funda toda la configuración de la entidad comunitaria económica, emanada de las propias relaciones de producción, y por ende, al mismo tiempo, su figura política específica. En todos los casos es la relación directa entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos-relación ésta cuya forma eventual siempre corresponde naturalmente a determinada fase de desarrollo del modo de trabajo y, por ende, a su fuerza productiva social – donde encontraremos el secreto más íntimo, el fundamento oculto de toda estructura social, y por consiguiente también de la forma política que presenta la relación de soberanía y dependencia, en suma, de la forma específica del estado existente en cada caso.

Esto no impide que la misma base económica –la base con arreglo a las condiciones principales-, en virtud de incontables diferentes circunstancias empíricas, condiciones naturales, relaciones raciales, influencias históricas operantes desde el exterior, etc., pueda presentar infinitas variaciones y matices en sus manifestaciones, las que sólo resultan comprensibles mediante el análisis de estas circunstancias empíricamente dadas”. (citado por Audry, 2007, 6). Por lo tanto, para analizar tanto los efectos en los estados centroamericanos de la crisis del 29 y las respuestas políticas específicas, debemos realizar un repaso de cómo estaban organizados los dos principales focos de desarrollo capitalista, tanto el capitalismo agrario cafetalero como el mundo del enclave bananero.

5. Es importante que cuando se habla del desarrollo de la formación económico-social costarricense hay que distinguir entre el Valle Central y las provincias de la periferia del país (Limón, Guanacaste y Puntarenas). Iván Molina (1999, 44) señala que existen importantes diferencias en los patrones de lucha social, intervención estatal y características de los fraudes electorales entre la meseta central y la periferia del país. Edelman (1998, 31) y Gudmundson (1983, 182-185) señalan en la misma dirección, en relación con las características de la tenencia de la tierra y las relaciones de producción.

La periferia de Costa Rica se caracterizó por la relación latifundio-minifundio en la hacienda ganadera guanacasteca, distintas formas de la tenencia precaria de la tierra en Limón y Puntarenas o directamente trabajo asalariado de los obreros agrícolas en los enclaves fruteros.

6. Néstor Kohan considera que “la conquista de América, realizada con la espada y con la cruz, fue una gigantesca y genocida empresa capitalista que contribuyó a conformar un sistema mundial de dominación de todo el orbe. […] En la América colonial posterior a la conquista de las diversas culturas de los pueblos originarios y a la destrucción de los imperios comunales-tributarios de los incas y aztecas, se conformó un tipo de sociedad que articulaba y empalmaba en forma desigual y combinada relaciones sociales precapitalistas (las comunales que lograron sobrevivir a 1492, las serviles y las esclavistas) con una inserción típicamente capitalista en el mercado mundial. Las relaciones sociales eran distintas entre sí, pero estaban combinadas y unas predominaban sobre otras” (2007, 4).

7. Marx, reflexionando acerca del rol del ejército durante las revoluciones españolas del siglo XIX, había dicho: “Los movimientos revolucionarios de España presentan un aspecto notablemente uniforme […] Todas las conjuras palaciegas son seguidas de sublevaciones militares […] Ese fenómeno se debe a dos causas. En primer término, observamos que lo que se llama Estado en el moderno sentido de la palabra, debido a la vida exclusivamente provincial del pueblo, no tiene personificación nacional alguna frente a la Corte como no sea en el ejército. […] Su independencia con respecto al Gobierno supremo, el relajamiento de la disciplina, los continuos desastres, la formación, descomposición y reconstrucción […] forzosamente tenían que imprimir al ejército español un carácter pretoriano, haciéndolo propenso a convertirse por igual en el instrumento o en el azote de sus jefes. […] los habitantes de las ciudades revolucionarias de la masa fundamental del pueblo involuntariamente pasaron a depender del ejército y de sus jefes en la lucha contra los grandes, el clero rural, el monacato y el rey, representante de los elementos caducos de la sociedad” (1978, 65-116). Si hay alguna zona del mundo donde se puede hacer una analogía no forzada con esta situación especial de la institución militar es definitivamente la Centroamérica del siglo XIX e inicios del siglo XX. Las distintas intentonas y cuartelazos militares que buscaban reconstruir a punta de bayoneta la Federación Centroamericana, fueron los espasmos de un sector de las fuerzas armadas que buscaba expresar las necesidades de la revolución democrático-burguesa, que la oligarquía postcolonial cafetalera y añilera centroamericana no tenía ningún interés de ejecutar.

8. Para ponerle fin al unionismo militar las clases dominantes, a partir de mediados de los años veinte, darán inicio a un proceso de profesionalización, diferenciación social y adoctrinamiento ideológico y militar de las FFAA centroamericanas para evitar que siguieran funcionando (cada algún tiempo) como cajas de resonancia de las demandas y aspiraciones populares. La acción conjunta de la oligarquía y el imperialismo logran transformar a los ejércitos centroamericanos en verdaderas tropas de ocupación interior de nuestras sociedades-economías. Pese a esta transformación cualitativa en las Fuerzas Armadas, estas a su vez eran un grupo social con intereses propios, no siempre identificables de manera inmediata con los de la oligarquía burguesa-terrateniente. 9. Esta profunda raigambre entre los artesanos y la peonada del Partido Comunista de El Salvador, tuvo como efecto la teóricamente ridícula y políticamente limitada presencia del nacionalismo popular de capas medias en El Salvador, cuya expresión más acabada fue el minimum vitalismo de Alberto Masferrer. Esta doctrina que sirvió de cobertura discursiva al gobierno semiliberal/ semireformista de Arturo Araujo, ha sido permanente motivo de crítica por parte de las corrientes de inspiración marxista, por ejemplo Roque Dalton en el poema/denuncia Viejuemierda, incluido en sus Historias prohibidas del pulgarcito. En el critica con ácida ironía las posiciones y el

ironía las posiciones y el talante de Masferrer, a quien ve como un auténtico pensador colonizado.

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Sandino por la liberación nacional en Nicaragua,

1927-1934. Revista de Historia Nº 17, 13-29.

J. Roberto Herrera Zúñiga (xherrera16@yahoo.com).

Docente en la Escuela de Filosofía y en la Escuela de Trabajo Social (Sede de Occidente) de la Universidad de Costa Rica. Sus áreas de especialidad son la filosofía social y política, la teoría de las ideologías y el pensamiento político latinoamericano y costarricense. Entre sus publicaciones se encuentran “Las metáforas del racismo: apuntes sobre el positivismo boliviano” (2008), “Pensar desde el Tercer Mundo sobre Mayo Francés” (2009), “Pensar radical, pensar colonizado. Una mirada al marxismo costarricense” (2009), “La herida colonial y la cultura revolucionaria: leer a Roque Dalton” (2010), “Crítica desde el marxismo latinoamericano descolonizado del comunismo “a la tica” (2011).



[1] En los comentarios de Lenin a la obra de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, se puede leer: “El Estado -dice Engels, resumiendo su análisis histórico- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco ‘la realidad de la idea moral’, ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado” (págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana). Aquí aparece expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.” (1978, 275).

[2] 18. Entendemos por hegemonía de la oligarquía su capacidad de dirección intelectual y moral sobre las clases subordinadas, donde esta capacidad hegemónica tiene primacía sobre las capacidades coercitivas y en el caso de que el elemento coercitivo salga a relucir, siempre aparezca cubierto de un planteamiento ideológico coherente y por lo tanto legitimador. Es decir, que la violencia constitutiva del modelo parezca como legítima/natural.



[1] Mario Sancho caracterizaba de la siguiente manera los procesos electorales: “acaso ignora nadie que esa costosa y ruin comedia [la campaña electoral] no es más, a pesar de sus apariencias democráticas, que un camuflaje de la oligarquía egoísta que domina a Costa Rica hace tiempo” (citado por Molina, 1993, 128). Luego afirma: “aún en las épocas que hemos convenido en llamar respetuosas a la libertad electoral, muchos votos se compran al contado y otros con promesas de puestos y granjerías y las más se dan bajo el apremio de patrones y gamonales” (citado por Molina, 1999, 129). Reflexionando sobre la obra de García Monge y Carmen Lyra, el historiador Iván Molina ha señalado con bastante claridad, la que creemos que es el elemento fundamental para señalar los límites de esta generación: “El discurso que elaboraron sobre esta temática [“sobre la llamada cuestión social”] […] tenía una doble cara, una potencialmente explosiva, y otra muy identificada con la ideología liberal del progreso. El lado subversivo de sus escritos […] denuncia la explotación laboral, el crecimiento de la pobreza, de las campañas electorales como farsas al servicio de los poderosos, y del imperialismo estadounidense” […] “El perfil no contestatario de estos radicales se desprendía de su énfasis en que los sectores populares de la ciudad y el campo, para alcanzar su plenitud física y espiritual, debían ser redimidos mediante una educación apropiada, que sería proporcionada por esos mismos jóvenes” (Molina, 2000, 24).



[1] Cuando usamos el concepto “respuestas políticas populares a la balcanización”, queremos decir que tanto el sandinismo, el PCS y el PC CR fueron en un primer momento respuestas a la crisis de dominio en cada uno de sus Estados, pero rápidamente la resistencia popular tuvo que producir una respuesta ya no militarista, sino obrera y popular a los desafíos que significaba la dinámica de revolución permanente que desarrollan las luchas populares en Centroamérica. La dinámica de revolución permanente en Centroamérica, básicamente debe vencer tres obstáculos: el capitalismo, el imperialismo y la balcanización.

[2] Para entender la separación entre Farabundo Martí y César Augusto Sandino, se puede revisar el libro de Arias Gómez Farabundo Martí (1996, 47-163), así como la obra de Cerdas Cruz La hoz y el machete (1986, 221-255

[3] Solo para citar algunas posibles fuentes podemos recomendar el trabajo de Víctor Bulmer Tomas: La crisis de la economía de agroexportación (1930-1945), de la Historia General de Centroamérica (1993, 325-396); de Vladimir de la Cruz: Las luchas sociales en Costa Rica (1984, 213-228); de Víctor Hugo Acuña e Iván Molina: El desarrollo económico y social de Costa Rica: de la Colonia a la crisis de 1930 (1986, 105-218); y de Ana Maria Botey y Rodolfo Cisneros: La crisis de 1929 y la fundación del Partido Comunista de Costa Rica (1984, 75-113).



[1] Creemos que a partir del año 2000 hay una nueva etapa que está marcada por la resistencia cada vez más generalizada de las masas a los planes de recolonización, especialmente la lucha contra el TLC y sus efectos. Sin duda, el pico de esa resistencia son las movilizaciones revolucionarias contra el golpe de estado en Honduras durante el año 2009.

[2]La insuficiente existencia de material de primera mano sobre el comunismo salvadoreño, hondureño o guatemalteco nos hace de dudar que efectivamente todas las poses que se les atribuyen a los fundadores del comunismo centroamericano hayan ocurrido. Tenemos alguna duda de si estas poses no fueron una reconstrucción imaginaria a posteriori para reforzar los rasgos identitarios de los PC centroamericanos, ya en la época de la normalización estalinista, pues el carácter esencialmente conservador y reformista que tomaron las organizaciones prosoviéticas, probablemente necesitaba de una leyenda heroica que les permitiera usarla como “moneda de cambio” dentro del movimiento popular.

[3] . “Según el esquema proclamado por los stalinistas en 1928, [el “tercer periodo”] era la etapa final del capitalismo […] La táctica de la Comintern durante los seis años siguientes estuvo marcada por el ultra izquierdismo, el aventurerismo, los sectarios sindicatos rojos y la oposición al frente único” (Trotsky, 1977, 242).

[4] Este es un debate de una gran actualidad estratégica, una expresión de este debate se encuentra en el artículo de Clara Sousa “¿Qué Internacional necesitamos hoy? Una polémica con el Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional.” Allí, Sousa recupera un argumento clásico de Lenin: “Todos los socialistas, explicando el carácter de clase de la civilización burguesa, de la democracia burguesa, del parlamentarismo burgués, han expresado la misma idea que ya Marx y Engels habían expuesto con el máximo rigor científico, diciendo que la república burguesa más democrática no es más que una máquina que permite a la burguesía aplastar a la clase obrera, que permite a un puñado de capitalistas aplastar a las masas trabajadoras. No hay un solo revolucionario, no hay un solo marxista, entre los que actualmente claman contra la dictadura y a favor de la democracia, que no jure y perjure ante los obreros aceptar esta verdad fundamental del socialismo. Pero justo ahora, mientras el proletariado revolucionario está en fermentación y se moviliza para destruir esta máquina de opresión y para conquistar la dictadura del proletariado, estos traidores del socialismo presentan las cosas como si la burguesía hubiese regalado a los trabajadores la “democracia pura”, como si la burguesía, renunciando a resistir, estuviese dispuesta a someterse a la mayoría de los trabajadores, como si en la república democrática no hubiese habido y no hubiese una máquina estatal para la opresión del trabajo por parte del capital”.



[1] 1990-2000: La etapa abierta por la derrota de la revolución centroamericana a manos de la reacción democrática imperialista, es decir, por una combinación de la acción militar (Contra, ejércitos nacionales, paramilitarismo), que buscaban presionar a las direcciones guerrilleras (FSLN, FMLN, URNG) para que aplicaran los planes del imperialismo, ya fueran las políticas de “pacificación” y “elecciones libres” (para el caso del FMLN y la URNG), ya fuera la aplicación de la política fondomonetarista (FSLN). La balcanización del proceso revolucionario y la negativa de las direcciones guerrilleras a profundizar el proceso revolucionario, acabó con el agotamiento de las masas trabajadoras y con el triunfo electoral de opciones burguesas neoliberales (UNO, ARENA).



[1] 1990-2000: La etapa abierta por la derrota de la revolución centroamericana a manos de la reacción democrática imperialista, es decir, por una combinación de la acción militar (Contra, ejércitos nacionales, paramilitarismo), que buscaban presionar a las direcciones guerrilleras (FSLN, FMLN, URNG) para que aplicaran los planes del imperialismo, ya fueran las políticas de “pacificación” y “elecciones libres” (para el caso del FMLN y la URNG), ya fuera la aplicación de la política fondomonetarista (FSLN). La balcanización del proceso revolucionario y la negativa de las direcciones guerrilleras a profundizar el proceso revolucionario, acabó con el agotamiento de las masas trabajadoras y con el triunfo electoral de opciones burguesas neoliberales (UNO, ARENA).



[1]. “En el pensamiento dialéctico la realidad se concibe y representa como un todo, que no es sólo un conjunto de relaciones, hechos, y procesos, sino también su creación, su estructura y génesis. Al todo dialéctico pertenece la creación del todo, la creación de la unidad, la unidad de las contradicciones y su génesis. Heráclito representa la concepción dialéctica de la realidad con su genial imagen simbólica del mundo como un fuego que se enciende y se apaga según leyes, pero al mismo tiempo subraya de un modo especial la negatividad de la realidad” (Kosik, 1976, 63).

[2] Miguel Mármol, militante comunista salvadoreño, participó en la revolución salvadoreña de 1932 y sobrevivió a los fusilamientos masivos (30000 muertos) del sátrapa Maximiliano Hernández Martínez. Su testimonio fue recogido en 1966 por el poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton. Roque Dalton es uno de los representantes más auténticos del esfuerzo de los marxistas centroamericanos por descolonizarse de la influencia soviética. Puede verse, en ese sentido, la obra de Dalton Un Libro Rojo para Lenin, sobre todo las páginas 195-208, y el interesante ensayo de Néstor Kohan, Roque Dalton y Lenin leídos desde el siglo XXI, publicado el 03/04/2007 en el website www.rebelión.org. También la obra colectiva Otros que levantan la mano, de pronta aparición en la Editorial Arlekín.

[3] Utilizando como criterio de ingreso, la existencia de una totalidad concreta llamada Centroamérica, cuya característica fundamental es ser una sola nacionalidad dividida en seis estados, podríamos agrupar en 9 grandes etapas, la historia política centroamericana: 1. 1821-1842: La independencia centroamericana y el proceso de desmembramiento de la República Federal. 2. 1842-1921: Los intentos de sectores de los ejércitos por reunificar Centroamérica. 3. 1921-1935: A partir de la balcanización definitiva del istmo, la bandera de la unidad centroamericana es retomada por los sectores populares. Este periodo tiene como pico la insurrección salvadoreña de 1932 y la lucha militar sandinista. Aquí, las tareas democráticas, antiimperialistas y anticapitalistas empiezan a mezclarse.

[4]1935-1944: La consolidación de las dictaduras pro imperialistas (Somoza, Hernández Martínez, Carías).

[5] 19441960: Nuevo jalón revolucionario centrado en la revolución guatemalteca, que es clausurado por la intervención de las fuerzas contrarrevolucionarias y la CIA.

[6] 1960-1979: Frágil intento de estabilización sobre la base de políticas contrainsurgentes como la Alianza para el Progreso y la instalación del Mercado Común Centroamericano.

[7] 1979-1990: Situación revolucionaria generalizada abierta por la caída de Somoza, el inicio de la guerra civil en el Salvador y Guatemala, más los ascensos populares en Honduras y Panamá. Fue Costa Rica el punto más bajo del ascenso popular.



[1]. “En el pensamiento dialéctico la realidad se concibe y representa como un todo, que no es sólo un conjunto de relaciones, hechos, y procesos, sino también su creación, su estructura y génesis. Al todo dialéctico pertenece la creación del todo, la creación de la unidad, la unidad de las contradicciones y su génesis. Heráclito representa la concepción dialéctica de la realidad con su genial imagen simbólica del mundo como un fuego que se enciende y se apaga según leyes, pero al mismo tiempo subraya de un modo especial la negatividad de la realidad” (Kosik, 1976, 63).

[2] Miguel Mármol, militante comunista salvadoreño, participó en la revolución salvadoreña de 1932 y sobrevivió a los fusilamientos masivos (30000 muertos) del sátrapa Maximiliano Hernández Martínez. Su testimonio fue recogido en 1966 por el poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton. Roque Dalton es uno de los representantes más auténticos del esfuerzo de los marxistas centroamericanos por descolonizarse de la influencia soviética. Puede verse, en ese sentido, la obra de Dalton Un Libro Rojo para Lenin, sobre todo las páginas 195-208, y el interesante ensayo de Néstor Kohan, Roque Dalton y Lenin leídos desde el siglo XXI, publicado el 03/04/2007 en el website www.rebelión.org. También la obra colectiva Otros que levantan la mano, de pronta aparición en la Editorial Arlekín.

[3] Utilizando como criterio de ingreso, la existencia de una totalidad concreta llamada Centroamérica, cuya característica fundamental es ser una sola nacionalidad dividida en seis estados, podríamos agrupar en 9 grandes etapas, la historia política centroamericana: 1. 1821-1842: La independencia centroamericana y el proceso de desmembramiento de la República Federal. 2. 1842-1921: Los intentos de sectores de los ejércitos por reunificar Centroamérica. 3. 1921-1935: A partir de la balcanización definitiva del istmo, la bandera de la unidad centroamericana es retomada por los sectores populares. Este periodo tiene como pico la insurrección salvadoreña de 1932 y la lucha militar sandinista. Aquí, las tareas democráticas, antiimperialistas y anticapitalistas empiezan a mezclarse.

[4]1935-1944: La consolidación de las dictaduras pro imperialistas (Somoza, Hernández Martínez, Carías).

[5] 19441960: Nuevo jalón revolucionario centrado en la revolución guatemalteca, que es clausurado por la intervención de las fuerzas contrarrevolucionarias y la CIA.

[6] 1960-1979: Frágil intento de estabilización sobre la base de políticas contrainsurgentes como la Alianza para el Progreso y la instalación del Mercado Común Centroamericano.

[7] 1979-1990: Situación revolucionaria generalizada abierta por la caída de Somoza, el inicio de la guerra civil en el Salvador y Guatemala, más los ascensos populares en Honduras y Panamá. Fue Costa Rica el punto más bajo del ascenso popular.

Foxconned Labour as the Dark Side of the Information Age: Working Conditions at Apple’s Contract Manufacturers in China. Marisol Sandoval

Information and Communication Technologies (icts) have played a double role in the restructuring of capitalism since the 1970s. On the one hand they enable fast transnational communication that is needed for organising international markets and value chains. On the other hand the production of these technologies is itself based on an international supply network (Dyer-Witheford 2014;Hong 2011, 9).

Nick Dyer-Witheford therefore describes the value chain as “the dirty secret of the digital revolution” (Dyer-Witheford 2014). Part of this “dirty secret” is that “the global information economy is built in part on the backs of tens of millions Chinese industrial workers” (Zhao and Duffy 2008, 229).

The clean, immaculate and advanced surface of modern computer products hides the dirty reality of their production process. Concepts such as “digital sublime” (Mosco 2004) or “technological sublime” (Maxwell and Miller 2012, 7) suggest that certain myths and utopian ideals are attached to media and communication technologies. Maxwell and Miller argue that this has as a consequence that the “way technology is experienced in daily life is far removed from the physical work and material resources that go into it” (Maxwell and Miller 2012, 7).

The tendency even of critical scholarship to focus on how the usage of icts as production technologies is transforming work, perpetuates the technological sublime rather than unmasking it. In this vein Hardt and Negri for example highlight that the “contemporary scene of labour and production […] is being transformed under the hegemony of immaterial labor, that is labor that produces immaterial products, such as information, knowledge, ideas, images, relationships, and affects” (Hardt and Negri 2004, 65).

Even if they recognize that the rise of “immaterial labour” does not lead to the disappearance of industrial labour the term tends to mystify the actual impact of icts and digital technologies on work and workers on a global scale. Before and after icts serve as theinstruments of the mental labour of software developers, journalists, designersnew media workers, prosumers etc. their production and disposal is shaped byvarious forms of manual work such as the extraction of minerals, the assembly of components into the final product and the waste work needed for their disposal.

Conceptualizing digital labour only as mental and immaterial labour misrepresents the character of icts and digital technologies as it tends to downplay the physical and manual labour that goes into them.

The notion of immaterial labour only focuses on the bright side of the expansion of communication, interaction and knowledge, while leaving its dirty counterpart in the dark. What is rather needed is demystification by fostering “greater transparency in working conditions throughout the ict/ce supply chain” in order to shed light on the work and life realities of “workers who disappear in the twilight zone of the technological sublime” (Maxwell and Miller 2012, 108).

As Vincent Mosco argues, only if computer technologies “cease to be sublime icons of mythology […] they can become important forces for social and economic change” (Mosco 2004, 6).

This chapter contributes to this task of demystification as it looks at the working conditions in Chinese assembly plants of one of the world’s most dominant and most admired computer companies: Apple Inc.

Studying Apple is important because the company represents both the mental and the manual side of digital labour: For many years Apple’s products have been known as the preferred digital production technologies for the knowledge work of designers, journalists, artists and new media workers. iPhone, iPod and Co are symbols for technological progress that enables unprecedented levels of co-creation and sharing of knowledge, images and affects as well as interaction, communication, co-operation etc. At the same time during the past years Apple has become an infamous example for the existence of hard manual labour under miserable conditions along the supply chain of consumer electronics.

In this chapter I therefore use the example of Apple for highlighting that an adequate conceptualization of digital labour must not ignore its physical and manual aspects.

In the first section I give a brief overview of the developments that led to the rise of China as the “workshop of the world.” In Section 2 I contrast Apple’s business success with allegations from corporate watchdogs regarding bad working conditions in the company’s supply chain. In order to examine these allegations in greater detail I then introduce a systematic model of working conditions (Section 3) and apply it to Apple’s contract manufacturers in China (Section 4).

Finally, I discuss Apple’s response to labour rights violations (Section 5) and conclude with some reflections on solidarity along the global value chain (Section 6).

1 The Rise of China as “Workshop of the World”

The rise of neoliberal globalization and international value chains is generally considered as a reaction to the crisis of Fordist capitalism in the 1970s (Fröbel, 352 Sandoval Heinrichs and Kreye 1981; Smith 2012, 40; Harvey 2005, Munck 2002, 45). Part of the restructuring of capitalism was the gradual relocation of large parts of production activities from the industrialized core of the world economy to the former periphery.

In this context Fröbel, Heinrichs and Kreye coined the concept of the “new international division of labour” (nidl). They argue that:

“The development of the world economy has increasingly created conditions (forcing the development of the new international division of labour) in which the survival of more and more companies can only be assured through the relocation of production to new industrial sites, where labour-power is cheap to buy, abundant and well-disciplined; in short, through the transnational reorganization of production” (Fröbel, Heinrichs and Kreye 1981, 15).

As a consequence, commodity production became “increasingly subdivided into fragments which can be assigned to whichever part of the world can provide the most profitable combination of capital and labour” (Fröbel, Heinrichs and Kreye 1981, 15). The result was the emergence of global value chains and production networks in various industries including the electronics sector.

This development had a substantial impact on labour relations and working conditions around the world. As the global labour force expanded (Munck 2002, 109) the protection of labour rights was weakened. McGuigan argues that neoliberal restructurings and the rise of post-Fordism led to “an attack on organized labour in older industrialised capitalist states and devolution of much manufacturing to much cheaper labour markets and poor working conditions of newly industrialising countries” (McGuigan 2005, 230).

The rise of China as the “workshop of the world” needs to be seen in the context of these developments. Hung stresses that “China’s labour-intensive takeoff coincided with the onset of an unprecedented expansion of global free trade since the 1980s” (Hung 2009, 10). The integration of China into global capitalist production networks was made possible by a number of policy reforms pursued by the Chinese state.

David Harvey highlights that the Chinese economic reform programme initiated in the late 1970s coincided with the rise of neoliberalism in the us and the uk (Harvey 2006, 34). This reform program included the encouragement of competition between state owned companies, the introduction of market pricing as well as a gradual turn towards foreign direct investment (Harvey 2006, 39).

The first Special Economic Zones (sez) in China were established in 1980 (Yeung et al. 2009, 223). The first four sez were located in the coastal areas of south-east China: Shantou, Shenzhen and Zhuhai in Guangdong province and Xiamen in Fujian Province (Yeung et al. 2009, 224). By 2002, David Harvey argues, foreign direct investment accounted for more than 40 percent of China’s gdp (Harvey 2006, 39).

Hong highlights that China was particularly interested in entering the market for ict production. In order to boost exports, tax refunds for the export of ict commodities were set in place In the 1990s (Hong 2011, 37). In 2005 import tariffs for semiconductor, computer and telecommunication products were removed (Hon

removed (Hong 2011, 37). These policies proved effective: Hong argues that “In the global market China has emerged as leading ict manufacturing powerhouse: In 2006, China became the world’s second largest ict manufacturer, and ict products manufactured in China accounted for over 15 percent of the international trade of ict products” (Hong 2011, 2).

The fact that attracting foreign direct investment was made possible by granting tax exemptions means that foreign companies could make use of Chinese land area and exploit Chinese labour, while paying only little back to the Chinese public through taxes. Hong shows that by 2005 40.4 percent of ict companies in China were foreign enterprises, which controlled 71.1 percent of all profits from the industry, but due to tax benefits these foreign invested ict enterprises only made up 42.3 percent of the total tax contribution of the sector (Hong 2011, 38).

An effect of the shift towards pro-market policies and the privatization of state enterprises was the massive commodification of labour (Su 2011, 346).

The newly established market for labour power replaced the previous system in which workers were guaranteed employment as well as social welfare including medical care, education opportunities, pensions and housing (Friedman and Lee 2010, 509). Zhao and Duffy point out that the adoption of a policy towards foreign direct investment in the ict sector and the privatization of industries also meant a weakening of the power of the Chinese working class. Older industrial workers were replaced by young, often female migrant workers (Zhao and Duffy 2008, 230).

Low wages and cheap production costs made China attractive for companies in search for outsourcing opportunities. Hung argues that the prolonged stagnation of wages resulted from Chinese government policies that neglected and exploited the rural agricultural sector in order to spur urban industrial growth (Hung 2009 13f). This situation forced young people to leave the countryside in order to find work in the city, creating a “limitless supply of labour” (Hung 2009, 14) while reinforcing “a rural social crisis” (Hung 2009, 14).

Among the companies that are taking advantage of the cheap labour supply in China is the computer giant Apple.

2 Apple: Clean Image Versus Dirty Reality

Steve Wozniak, Steve Jobs and Ronald Wayne founded Apple in 1976 (Linzmayer 2004, 6). However, it was not until the mid 2000s that Apple joined the elite of the most profitable companies in the world. In 2005 Apple’s profits for the first time exceeded 1 billion usd and during the following years continued to increase rapidly until they reached 41.7 billion usd in 2012 (Apple SEC-Filings.10-k form 20122), which made Apple the second most profitable company in the world.[1]

Between 2000 and 2012 Apple’s profits on average grew 39.2% each year[2] (Apple SEC-Filings, 10-k form) (see Figure 11.1).

In 2012 Apple’s total net sales amounted to 156.51 billion usd. The largest share of it was derived from hardware, whereby the iPhone was Apple’s most successful product (see Figure 11.2).

In addition to its economic success Apple is also successful in building its reputation. Fortune Magazine, for six years in a row (2008–2013), has ranked Apple the most admired company in the world.[3] According to a survey among 47,000 people from 15 countries that was conducted by the consultancy firm Reputation Institute, Apple is the company with the 5th best Corporate Social Responsibility (csr) reputation worldwide (Reputation Institute 2012, 19).

This image does not correspond to the company’s actual business practices. The production of Apple’s hardware products, on which its economic success is built (see Figure 11.1), is largely outsourced to contract manufacturers in China. In May and June 2010 many major Western media reported about a

series of suicides at factory campuses in China. The factories, at which 17 young workers jumped to death between 2007 and May 2010[4] belong to the Taiwanbased company Hon Hai Precision Industry Co. Ltd, better known as Foxconn, which is a major supplier for computer giants such as Apple, Hewlett-Packard and Nokia (Finnwatch, sacom and somo 2011, 8).

Hon Hai Precision is a profitable company itself. According to Forbes Magazine it is the 113th biggest company in the world. In 2012 its profits amounted to 10.7 billion usd.[5] Nevertheless the company strongly depends on orders from consumer brands such as Apple. Finnwatch, sacom and somo describe this situation as follows: “These companies often drive down the price they pay their suppliers, which then makes the suppliers less or no longer profitable. To get back in the game, suppliers reduce costs, often at the cost of workers, violating labour laws in the process” (Finnwatch, sacom and somo 2009, 44).

Competition between contract manufacturers such as Foxconn is also high, which is why profit rates can often only be achieved by keeping cost low (somo 2005a, 41). Although some Foxconn factories are exclusively producing for Apple, such as for example three plants in Zhengzhou, Henan (sacom 2012, 3), Foxconn is not the only company that is manufacturing Apple products. Other Apple suppliers include Pegatron Corporation, Primax Electronics, Quanta Computers, Wintek or Foxlink.[6]

Working conditions are similar throughout these factories (sacom 2010, 2012, 2013). sacom argues that “illegal long working hours, low wages and poor occupational health and safety are rooted in the unethical purchasing practices of Apple” (sacom 2012, 1).

The losers in this corporate race for profit are the workers. When young

Foxconn workers decided to end their lives by jumping from their employer’s factory buildings, Western media for some weeks were looking behind the surface of bright and shiny computer products. For example, The New York Times published a story about the String of Suicides Continues at Electronics Supplier in China;[7] the bbc reported on Foxconn Suicides: ‘Workers Feel Quite Lonely’,[8]

Time Magazine published an article entitled Chinese Factory Under Scrutiny As Suicides Mount;[9] The Guardian headlined Latest Foxconn Suicide Raises Concern Over Factory Life in China,[10] and cnn reported Inside China Factory Hit By Suicides.[11]

However, these suicides are only the tip of the iceberg. For several years ngos have stressed that computers, mp3 players, game consoles, etc are often produced under miserable working conditions (ico, Finnwatch and eca 2005; somo 2005b, somo 2007a). Far away from shopping centres and department stores, workers in factories in Asia or Latin America produce consumer electronics devices during 10 to 12 hour shifts, a minimum of 6 days a week for at best a minimum wage.

Apple’s suppliers are no exception. In the next sections I develop a systematic account of working conditions (Section 3), which I will subsequently apply to the situation in the workshops of Apple’s contract manufactures in China (Section 4).

3 A Systematic Model of Working Conditions

A suitable starting point for a systematic model of different dimensions of

working conditions is the circuit of capital accumulation as it has been described by Karl Marx (1967/1990, 248–253; 1885/1992, 109). According to Marx, capital accumulation in a first stage requires the investment of capital in order to buy what is necessary for producing commodities, the productive forces: labour time of workers (L or variable capital) on the one hand, and working equipment like machines and raw materials (MoP or constant capital) on the other hand (Marx 1885/1992, 110). Thus, money (M) is used in order to buy labour power as well as machines and resources as commodities (C) that then in a second stage enter the labour process and produ


[1] Forbes Magazine. The World’s Biggest Public Companies. Retrieved from http://www.forbes.com/global2000/#page:1_sort:4_direction:desc_search:_filter:All%20industries_filter:All%20countries_filter:All%20states on April 24, 2013.

[2] Compound Annual Growth Rate cagr.

[3] Fortune. 2013. World’s Most Admired Companies. Retrieved from http://money.cnn.com/magazines/fortune/most-admired/ on April 24, 2013.

[4] Wired Magazine. 2011. 1 Million Workers. 90 Million iPhones. 17 Suicides. Who’s to blame? By Joel Johnson on Februar 28, 2011. Retrieved from http://www.wired.com/magazine/2011/02/ff_joelinchina/all/1 on October 23, 2011.

[5] Forbes Magazine. The World’s Biggest Public Companies. Retrieved from http://www.forbes.com/global2000/list/#page:1_sort:0_direction:asc_search:_filter:Electronics_filter:All%20countries_filter:All%20states on May 1, 2013.

[6]Apple. List of Suppliers. Retrieved from http://www.apple.com/supplierresponsibility/our-suppliers.html on May 1, 2013.

[7] The New York Times. 2010. String of Suicides Continues at Electronics Supplier in China. By David Barboza on May 25, 2010. Retrieved from http://www.nytimes.com/2010/05/26/technology/26suicide.html on October 24, 2011.

[8] bbc. 2010. Foxconn Suicides: ‘Workers Feel Quite Lonely’. On May 28, 2010. Retrieved from http://www.bbc.co.uk/news/10182824 on October 24, 2011.

[9]Time Magazine. 2010. Chinese Factory Under Scrutiny As Suicides Mount. On May 26, 2010. Retrieved from http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1991620,00.html on October 24, 2011.

[10] The Guardian. 2010. Latest Foxconn Suicide Raises Concern Over Factory Life in China. By Tania Branigan on May 17, 2010. Retrieved from http://www.guardian.co.uk/world/2010/may/17/foxconn-suicide-china-factory-life on October 24, 2011.

[11] cnn. 2010. Inside China Factory Hit By Suicides. By John Vause on June 1, 2010. Retrieved from http://articles.cnn.com/2010-06-01/world/china.foxconn.inside.factory_1_foxconn-suicides-china-labor-bulletin?_s=PM:WORLD on October 24, 2011.

Thus, money (M) is used in order to buy labour power as well as machines and resources as commodities (C) that then in a second stage enter the labour process and produce (P) a new commodity (C’) (Marx 1885/1992, 118). This new commodity (C’) contains more value than the sum of its parts, i.e. surplus value. This surplus value needs to be realized and turned into more money (M’) by selling the commodity in the market (Marx 1885/1992, 125). The circuit of capital accumulation can thus be described with the following formula: M → C … P … C’→M’ (Marx 1885/1992, 110).

According to Marx, surplus value can only be generated due to the specific qualities of labour-power as a commodity. Marx argued that labour power is the only commodity “whose use-value possesses the peculiar property of being a source of value, whose actual consumption is therefore itself an objectification of labour, hence a creation of value” (Marx 1867/1990, 270).

Labour is thus essential to the process of capital accumulation. The model I constructed thus takes this process as its point of departure for identifying different dimensions that shape working conditions (see Figure 11.2). The purpose of this model is to provide comprehensive guidelines that can be applied for systematically studying working conditions in different sectors.

The model pictured in Figure 11.3 identifies five areas that shape working conditions throughout the capital accumulation process: means of production, labour, relations of production, the production process and the outcome of production. Furthermore this model includes the state’s impact on working conditions through labour legislation:

• Productive Forces – Means of Production: Means of production include machines and equipment on the one hand and resources that are needed for production on the other hand. The question whether workers operate big machines, work at the assembly line, use mobile devices such as laptops, handle potentially hazardous substances, use high-tech equipment, traditional tools or no technology at all etc. shapes the experience of work and has a strong impact on work processes and working conditions.

• Productive Forces – Labour: The subjects of the labour process are workers themselves. One dimension that impacts work in a certain sector is the question how the workforce is composed in terms of gender, ethnic background, age, education levels etc. Another question concerns worker health and safety and how it is affected by the means of production, the relations of production, the labour process and labour law. Apart from outside impacts on the worker, an important factor is how workers themselves experience their working conditions.

Relations of Production: Within capitalist relations of production, capitalists buy labour power as a commodity. Thereby a relation between capital and labour is established. The purchase of labour power is expressed through wages. Wages are the primary means of subsistence for workers and the reason why they enter a wage labour relation. The level of wages thus is a central element of working conditions. Labour contracts specify the conditions under which capital and labour enter this relation, including working hours, wages, work roles and responsibilities etc.

The content of this contract is subject to negotiations and often struggles between capital and labour. The relation between capital and labour is thus established through a wage relation and formally enacted by a labour contract that is subject to negotiations and struggles. These three dimensions of the relation between capital and labour set the framework for the capitalist labour process.

• Production process: Assessing working conditions furthermore requires looking at the specifics of the actual production process. A first factor in this context is its spatial location. Whether it is attached to a certain place or is location independent, whether it takes place in a factory, an office building, or outdoors etc. are important questions.

A second factor relates to the temporal dimension of work. Relevant questions concern the amount of regular working hours and overtime, work rhythms, the flexibility or rigidness of working hours, the relation between work time and free time etc. Finally working conditions are essentially shaped by how the production process is executed. This includes on the one hand the question which types of work activity are performed. The activities can range from intellectual work, to physical work, to service work, from skilled to unskilled work, from creative work to monotonous and standardized work tasks, etc.

On the other hand another aspect of the production process is how it is controlled and managed. Different management styles can range from strict control of worker behaviour and the labour process to high degrees of autonomy, self-management or participatory management etc.

Space, time, activity and control are essential qualities of the production process and therefore need to be considered when studying working conditions.

• Product: Throughout the production process workers put their time, effort and energy into producing a certain product. This actual outcome of production and how it relates back to the worker thus needs to be considered for understanding work in a certain sector.

• The state: Finally the state has an impact on working conditions through enacting labour laws that regulate minimum wages, maximum working hours, social security, safety standards etc.

Table 11.1 summarizes the dimensions of working conditions that I describedabove.

Based on research that has been conducted by corporate watchdogs I will now take a closer look at all of the described dimensions in Apple’s manufacturing factories in China.

4 Working Conditions at Apple’s Contract Manufacturers in China

Corporate watchdogs such as Students and Scholars Against Corporate Misbehaviour (sacom), China Labour Watch and the organisations involved

in the European project makeITfair have collected comprehensive data about working conditions in Apple’s supply chain. sacom is a Hong-Kong based ngo that was founded in 2005. It brings together concerned labour rights activists, students, scholars and consumers in order to monitor working conditions throughout China and elsewhere.[1] sacom’s research is largely based on undercover investigations and anonymous interviews with workers, conducted outside of factory campuses. Its research results are documented in reports such as iSlave behind the iPhone (2011b) or New iPhone, Old Abuses (2012) that are made available online. China Labour Watch (clw) is another independent ngo that was founded in 2000. Since then it has collaborated with workers, unions, labour activists and the media in order to monitor working conditions in different industries in China. clw’s Shenzhen office works directly with local workers and factories, while clw’s New York based office produces investigation report and makes them available to an international audience.[2]

The project makeITfair,[3] funded by the European Union (2006–2012), focuses on working conditions and environmental impacts throughout the live-cycles consumer electronics such as computers, mobile phones, photo cameras or mp3 players. The research that was conducted within the project is based on anonymous interviews with workers outside factory buildings and sometimes also includes interviews with management officials.

Workers tend to be hesitant to answer questions about their working conditions as they depend on their jobs and are afraid of negative consequences, especially if the investigators are foreigners. Therefore the European project partners such Swedwatch, Germanwatch, somo, Finnwatch or Danwatch co-operate with local ngos and researchers who approach and interview workers without the knowledge of factory managers. MakeITfair informs the electronics brand companies such as Apple, Dell or hp of its research results and invites them to comment on the findings.

Based on its research makeITfair aims at raising awareness among consumers, activists and policy makers about the work and life reality of workers in the manufacturing of consumer electronics and to pressure electronics companies to improve working conditions in their supply chains.

I will in the following use data provided by these corporate watchdogs in order to shed light on the work reality of those who are manufacturing Apple’s products in China.

4.1 Productive Forces – Means of Production

According to Marx, means of production consist of tools and instruments on the one hand and raw materials on the other hand (Marx 1867/1990, 284f). The fact that in capitalism means of production are privately owned lays the foundation for exploitation and the domination of man by man: “modern bourgeois private property is the final and most complete expression of the system of producing and appropriating products, that is based on class antagonism, on the exploitation of the many by the few” (Marx and Engels 1848/2011, 18).

For the majority of people private ownership of means of production in fact means non-ownership. Being deprived from the necessary capital to buy means of production that are needed to engage in a production process, workers have to sell their labour power in order to earn their means of subsistence.

Private ownership of machines and equipment as well as resources is thus the starting point of the capitalist labour process. I will now consider which instruments (see Section 4.1.1) and resources (see Section 4.1.2) are needed for producing Apple’s products.

4.1.1 Machines and Equipment

Compared to other manufacturing sectors such as apparel or toys, electronics manufacturing is relatively capital intensive and requires high-tech equipment (Plank and Staritz 2013, 4; Lüthje 2006, 22). This is even more the case as computer products are becoming more sophisticated smaller in size and lower in weight (wtec 1997, 16).

However the consultancy firm McKinsey & Company classifies the final assembly of high-tech products as labour-intensive (McKinsey & Company 2012, 64). One reason for this is that the fragmentation of the production process allows to separate “labour-intensive and more capital- and knowledge-intensive parts” so that “there is a considerable amount of lowvalue and thus low-skill and low-wage activity, which is often combined with advanced production technologies in this ‘high-tech’ sector” (Plank and Staritz 2013, 9). Electronics manufacturing is thus characterized by both high-tech equipment and high demand for labour.

Electronics manufacturing is among those industries that account for the most robot purchases. According to McKinsey and Company “in 2010, automotive and electronics manufacturing each accounted for more than 30,000 robot units sold globally, while industries such as food and beverage, rubber and plastics, and metal products each bought only 4,000 to 6,000 new robots” (McKinsey & Company 2012, 88).

A technology that Apple’s contract manufacturers employ for the automated part of assembly is Surface Mount Technology (smt) (wtec 1997, 16; Lüthje 2012). smt uses programming to automatically solder electronics components such as chips or connectors onto circuit boards.[4]

Boy Lüthje argues that as labour costs in China are low not the entire potential of automation is realized, thus “the degree of automation in most factories in China and Asia is lower than it would be in Europe or the United States” (Lüthje 2012). This means that labour is sometimes cheaper than high-tech equipment. It also means that making use of the full range of available automation technology could eliminate parts of the repetitive and standardized work activities that are now part of electronics production.

4.1.2 Resources

Among the resources needed for the production of consumer electronics such as Apple’s Mac’s, iPads, iPhones and iPods are minerals such as tin, beryllium, gallium, platinum tantalum, indium, neodymium, tungsten, palladium, yttrium, gold, and cobalt (somo 2007b, 10–12, Friends of the Earth 2012, 7; ).

Often these minerals are sourced in conflict areas (somo 2007b, 13). The mining activities usually take place under extremely poor health and safety conditions, are extremely low paid, require the resettlement of local villages,threaten the environment and the livelihood of local communities (somo2007b; 2011; Swedwatch 2007; Finnwatch 2007).

Cobalt for example is mainly extracted in the so-called copperbelt in Zambia and the Democratic Republic of Congo (drc) (Swedwatch 2007, 7). It is needed for the production of rechargeable batteries for laptops, mobile phones etc as well as for speakers, headphones and the coatings of hard drives (Swedwatch 2007, 12). Swedwatch in an investigation of mining activities in the Katanga province in drc found that worker are risking their lives for an income of about 2–4 usd per day (Swedwatch 2007, 29,33).

Many of the miners are children:

An estimated number of 50,000 children between the age of 7 and 18 are working in the mines of Katanga and thus form a large part of the total workforce of 10,000–14,000 miners (Swedwatch 2007, 7).

The drc is rich on mineral resources but has been shaped by poverty as well as colonial violence, civil war and armed conflict. A report by Free the Slaves shows that in drc mines are often controlled by armed rebel groups that force local people into slavery (Free the Slaves 2011, 11). Many women and girls, who are often not allowed to work in the mines, are forced into sexual exploitation (Free the Slaves 2011, 17f).

It is difficult to determine where exactly and under which conditions the minerals contained in a product of a certain electronics brand were soured. However sometimes watchdogs successfully trace the supply chain of a brand back to the point of mineral extraction. In 2012 Friends of the Earth published a report that traces the tin used in Apple’s iPhones back to mines in Bangka, an island in Indonesia.

The report reveals that Foxconn and Samsung, which are Apple’s direct suppliers, buy their tin from the middle companies Shenmao, Chernan and PT Timah, which obtain their tin from Indonesia. 90% of Indonesian tin is mined at Bangka island (Friends of the Earth 2012, 21). The report shows how tin mining destroyed forests and farmlands, killed coral, seagrass and mangroves and led fish to disappear, contaminated drinking water (Friends of the Earth 2012, 13).

The destruction of the ecosystem deprives local farmers and fishermen of their livelihood, forcing them to become tin miners themselves (Friends of the Earth 2012, 15f). Tin mining at Bangka island is dangerous and security standards are low. Friends of the Earth reports that that in 2011 on average one miner per week was killed in an accident (Friends of the Earth 2012, 9).

Conflict minerals are used for producing electronics parts such as researchable batteries (cobalt), magnets (cobalt), speakers (cobalt), power amplifiers (gallium), camera flashes (gallium), high efficiency transistors (Indium), flat screens (indium, platinum), lead frames (palladium), plating connectors (palladium), chip resistors (ruthenium), capacitors (neodymium, lanthanum, tantalum) or circuit boards (tin) (Finnwatch 2007, 9f).

Long before minerals enter the final assembly process of consumer electronics, they have passed through a process framed by destruction and exploitation.

It is important to recognize this history of the components that are assembled in Apple’s manufacturing factories. Threats to workers and the environment connected to these minerals however continue: Due to the toxic qualities of many minerals they can potentially harm workers in electronics manufacturing.

Furthermore the fact that toxic minerals are contained in electronics products can cause problems at the point of disposal. Toxic electronic waste often ends up in waste dumps in the global South where it contaminates the environment and threatens the health of waste worker (Danwatch 2011).

4.2 Productive Forces – Labour

Focussing on the subjective side of the labour process, at workers themselves, shows that work on Apple’s manufacturing sites is often performed by young female migrant workers (see Section 4.2.1), who are exposed to serious health hazards (see Section 4.2.2) and experience their daily work life as alienating and exhausting (see Section 4.2.3).

4.2.1 Workforce Characteristics

The majority of production workers in China are young female migrant workers (Bread for All 2007, 6; FinnWatch, sacom and somo 2009, 17). Estimates show that in the Chinese Guangdong province, for example, migrant workers make up 65 percent of the workforce in the manufacturing sector (Finnwatch, sacom and somo 2009, 17).

Migrant workers are a particularly vulnerable group of workers. Far away from their hometown they lack social contacts and are therefore prone to isolation.

Migrant workers also receive less social benefits. According to the fla investigation migrant workers at Shenzhen – which constitute 99% of the total workforce – are not covered by unemployment and maternity insurance systems because they do not have a Shenzhen residence card (fla 2012, 9).

Even if migrant workers have unemployment insurance they often cannot claim benefits in their hometown due to lacking transfer agreements between provinces (fla 2012, 9). Chinese laws prevent migrant workers to officially become urban citizens who are entitled to education and medical care in the city. They remain always dependent on their social networks in their hometowns especially in times of unemployment, illness or pregnancy. This situation keeps many workers trapped as permanent migrants (Friedman and Lee 2010, 516).

Many workers in the electronics industry are young women, who leave their families on the countryside to find work in an industrial area and provide some financial assistance for their relatives. Often factories prefer to hire female workers because they are considered to be good at performing detail-oriented work and to be more obedient and less likely to engage in protests (Swedwatch, sacom and somo 2008, 11).

Workers often have no other choice than to find employment in a factory in order to be able to earn enough money to support themselves and their families.

This dependency increases the power of companies over workers. The lack of alternatives makes it likely that workers feel forced to accept bad working conditions.

4.2.2 Mental and Physical Health

Threats to health and safety in electronics factories result from the usage of hazardous substances, insufficient information of workers about the substances they are using, a lack of protection equipment and unsafe work routines.

During the last couple of years a number of serious incidents occurred at Apple’s supplier factories.

For example between July 2009 and early 2010, 47 workers at United Win, a subsidy of Wintek Corporation that produces Apple products, were hospitalized because of being poisoned with n-hexane (sacom 2010, 2). If inhaled, n-hexane can cause nerve damage and paralysis of arms and legs. The poisoned workers were using n-hexane for cleaning iPhone touch screens (sacom 2010, 2). When the first poisoning occurred workers organized a strike. As a result United Win organized health examinations. However, no poisoning was diagnosed during these examinations. The affected workers therefore went to a hospital outside the factory, in which the poisoning was finally diagnosed (sacom 2010, 2).

Similar health hazards were also found at Futaihua Precision Electronics, a Foxconn subsidiary in Zhengzhou, where around 52,500 workers are producing 100,000 iPhones per day. Workers were exposed to chemicals such as n-hexane without adequate protection equipment. Some workers suffered from allergies (sacom 2011b, 7).

In 2011 sacom monitored Foxconn’s Chengdu factory that produces exclusively for Apple. The investigation revealed an alarming occupational health and safety situation. sacom found poor ventilation, insufficient protection equipment and noisy workplaces. Workers were using chemicals, without knowing whether they were harmful. At the milling and the polishing department – in which the iPads’s aluminium cover is polished until it is untarnished and shiny – workers were constantly breathing in aluminium dust. Several workers were suffering from a skin allergy after working with glue like substances without wearing gloves (sacom 2011a, 14). Shortly after sacom’s report was published, aluminium dust triggered an explosion at the polishing department at Chengdu that killed 3 workers and left 15 injured (sacom 2011b, 1; Friends of Nature, ipe, Green Beagle 2011, 36).

The Chengdu campus, which consists of eight factory buildings, was built in only 76 days in order to meet growing demand from Apple. Furthermore workers were insufficiently trained and not aware of the dangers connected to aluminium dust (Friends of Nature, ipe, Green Beagle 2011, 37f).

A similar incident occurred at the iPhone polishing department at a Pegatron factory in Shanghai in December 2011. 61 workers were injured (sacom 2013, 8). sacom furthermore reports that weak ventilations system at Pegatron’s polishing department creates high levels of dust that cover worker’s faces and penetrate their masks entering their noses and mouths (sacom 2013, 8).

Working conditions at electronics manufacturing factories are not only threatening workers’ physical health but also creating psychological problems. Social life at Foxconn is deprived. Workers do not have time for any free time activities. Their life consists of working, eating and sleeping. Often they do not even find enough time to sleep. When asked what they would like to do on holiday most interviewees said that they would like to sleep (sacom 2011a, 12).

Workers lack social contacts. sacom’s research shows that workers were not allowed to talk during work. They live in rooms with workers from different shifts, which they therefore hardly ever meet (sacom 2011a, 12f, FinnWatch, sacom and somo 2011, 30).

Work and life at factory campuses have severe impacts on the bodies and minds of workers. The example of Apple’s supplier factories in China illustrates that for many workers selling their labour power also means selling their mental and physical health.

4.2.3 Work Experiences

During the past five years corporate watchdogs have interviewed numerous workers at Apple’s supplier factories. These interviews reveal that workers experience their work as exhausting and alienating. They feel stressed and under pressure in order to achieve production targets (FinnWatch, sacom and somo 2011, 30) as well as exhausted due to extremely long working hours, long hours of standing, and stress during meal breaks (sacom 2011a, 15).

One worker told sacom that workers they feel that Apple’s demand dictates their entire lives. Workers are torn between the need to increase their salary by working overtime and the need to rest:

The daily production target is 6,400 pieces. I am worn out every day. I fall asleep immediately after returning to the dormitory. The demand from Apple determines our lives. On one hand, I hope I can have a higher wage.

On the other hand, I cannot keep working everyday without a day-off. Foxconn worker quoted in sacom 2012, 5f

Workers furthermore experience their work environment as unsafe and unpleasant.

They are worried about their health due to a lack of protection equipment: In my department, the working conditions are unbearable. I’m a machine operator, producing the silver frame for the iPhone. We have to put some oil into the machines in the production. I don’t know what kind of substance it is and the smell is irritating. The frontline management confided to us that we should not stay in the department for over a year because the oil could cause problems to our lungs. Although the shop floor has air conditioning, it is very hot and the ventilation is poor. For me, the installation of the air-conditioners is just a tactic to avoid paying high temperature subsidy to the workers. Worker quoted in sacom 2011b, 9

Furthermore workers describe the way they are controlled and managed as humiliating and exhausting:

We have to queue up all the time. Queuing up for bus, toilet, card-punching, food, etc. During recess, we don’t have a place to sit. We can only sit on the floor. We get up in early morning and can only return to the dorm in late evening. I am really worn out. Worker quoted in sacom 2011a, 15

Workers are aware of the alienating character of their work situation, which expressed by the fact that they are not able to own the products that they are themselves producing every day: One worker told sacom: Though we produce for iPhone, I haven’ t got a chance to use iPhone. I believe it is fascinating and has lots of function. However, I don’t think I can own one by myself. Worker quoted in sacom 2011a, 19

These descriptions show that workers find themselves in a state of exhaustion and alienation. Karl Marx in 1844 in the Economic and Philosophic Manuscripts described the alienation of worker as his/her labour becoming an external object that “exists outside him, independently, as something alien to him” (Marx 1844/2007, 70).

The more life the workers puts into his/her product, the more alienated s/he becomes: “The worker puts his life into the object; but now his life no longer belongs to him but to the object. […] The greater this product, the less is he himself” (Marx 1844/2007, 70).

Workers in Apple’s manufacturing factories have put their labour power into these products while producing them. Many workers left their families, gave up their free time and their health for producing products, which they will never be able to own. The finished products, although containing the workers’ energy and labour, suddenly turn out of their reach. Workers are inside Apple’s products, but at the same time insurmountably separated from them.

4.3 Relations of Production

The relation between capital and labour needs to be understood as a relation of domination. In capitalism the only commodity workers possess is their labour

power. In order to make a living they thus have no other choice but to sell it by entering into a wage labour relationship (Marx 1867/1990, 272). Research conducted by corporate watchdogs shows that the relation between capital and labour in Apple’s supplier factories in China is largely based on precarious labour contracts (see Section 4.3.1), characterized by low wages (see Section 4.3.2) and occasionally contested through labour struggles (see Section 4.3.3).

4.3.1 Labour Contracts

Labour contracts that offer weak protection for workers are an expression of the unequal power relation between employers and workers. In 2004 the Institute for Contemporary Observation (ico), FinnWatch and the Finnish Export Credit Agency (eca) investigated the Shenzhen Foxconn campus. They found that workers could be dismissed anytime. If dismissed, employees had to leave immediately without any financial compensation. If a worker decided to quit and to leave immediately s/he would not receive her/his outstanding wage (ico, Finnwatch and eca 2005, 17).

Watchdogs found instances where workers in Apple supplier factories did not receive any contract at all (ico, Finnwatch and eca 2005, 17, Swedwatch, sacom and somo 2008, 42; Bread for All and sacom 2008, 19). Without a signed contract workers are deprived of the possibility of taking legal steps in the case of labour law violations.

The majority of labour contracts in Apple’s supplier factories are precarious. Short-term contracts allow supplier companies to remain flexible and to quickly respond to fluctuations of Apple’s demand. Another measure Foxconn uses in order to cover sudden increases of labour demand is to recruit workers from labour agencies, or to relocate workers from other cities and provinces to another factory that has a heightened demand for workers (sacom 2012, 8).

So-called dispatch or agency workers are hired by labour agencies rather than being employed directly by the contract manufacturer. According to sacom around 80% of the total workforce of the Apple supplier factories Foxlink in Guangdong, Pegatron in Shanghai and Wintek in Jiangsu are agency workers (sacom 2013, 4). Often social insurance schemes do not cover agency workers (sacom 2013, 4).

New workers often have a probationary period between three and six months during which their wages are lower than those of permanent workers. For example, the wage increases Foxconn implemented after the suicide tragedies were only granted to workers that had been working in the facility for more than six months (Finnwatch, sacom, somo 2011, 28).

Another common practice among Apple’s contract manufacturers is the employment of student interns. Especially during peak season students are hired in order to cover the sudden labour demand (sacom 2012, 6). Students are cheaper to employ since they do not receive regular social security benefits and are not covered by labour law. They however have to work night shifts and overtime like regular workers.

Student workers complain that the work they have to perform in Apple supplier factories is unskilled labour that is unrelated to the subject of their studies. Although students officially are not allowed to work more than eight hours per day, they are treated like regular workers and have to work overtime as well as night shifts (sacom 2011a, 18). They also feel forced to work at these factories, as they are afraid that they will not be able to graduate if they refuse to complete the internship (sacom 2013, 6).

Su argues that the internship programs led to the commodification of both student’s labour and education (Su 2011, 342). Internship programmes allow factories such as Foxconn to exploit student labour for a profit. In return for sending students to factories technical schools receive equipment and funding (Su 2011, 350).

Finnwatch, sacom and somo found that large numbers of 16-to 18-year old students were employed in Foxconn factories for periods between four and six months (Finnwatch, sacom and somo 2009, 36; Finnwatch, sacom an somo 2011, 5 see also Su 2011, 345). sacom quotes reports form Chinese media according to which in 2010 100,000 vocational school students from Henan province were sent to work at a Foxconn plant in Shenzhen to complete a 3-month internship (sacom 2011b, 3). An investigation by the Fair Labour Association (fla), that Apple had requested, confirmed that Foxconn did not comply with the standards regarding maximum working hours for student interns. Like regular workers, students had to work overtime and nights shifts (fla 2012, 10).

Short-term precarious contracts and weak protection against dismissal increase factory management’s power over workers. It makes workers vulnerable and serves as a means for controlling their behaviour by threat of dismissal.

Because workers need to fear loosing their jobs they are more likely to agree to higher production targets or increased overtime. Precarious contracts make long-term life planning difficult. Short notice periods leave workers hardly any time to rearrange their lives after a dismissal. Furthermore different types of contracts create divides between workers with fixed contracts, short term contracts, agency contracts or internship contracts. The fact that different types of contracts confront workers with different kinds of problems makes it more difficult to formulate collective demands.

4.3.2 Wages and Benefits

Among the most pressing problems that occur throughout Apple’s supplier factories is the low wage level. Already in 2007 the Dutch non-profit research centre somo (2007a) interviewed workers at five Apple supplier factories in China, the Philippines and Thailand: Workers in all investigated factories reported that their wages were too low to cover their living expenses. Wages at the Chinese factory of Volex Cable Assembly Co. Ltd. were found to be below the legal minimum (somo 2007a, 21).

However, even if wages comply with minimum wage regulations they are often hardly enough to cover basic living expenses. In 2008 for example FinnWatch, sacom and somo monitored buildings C03 and C04 of Foxconn’s Shenzhen campus, in which 2,800 workers at 40 assembly lines are producing black and white models of the iPhone 8G and 16G (FinnWatch, sacom and somo 2009, 35). Wages corresponded to the legal minimum wage of around 980 yuan, which however is not an adequate living wage (FinnWatch, sacom and somo 2009, 36, 44).

A living wage should cover expenses for food, housing, clothes, education, social security and health care for a family, and allow for some savings.[5]

After the suicide tragedies, Foxconn announced significant wage raises.[6] FinnWatch, sacom and somo in 2010 did a follow up study at Apple’s production line at Foxconn’s Shenzhen campus in order to investigate how the promised wage raises were implemented…(falta segunda parte)


[1] sacom. About Us. Retrieved from http://sacom.hk/about-us on July 22, 2013.

[2] China Labour Watch. Who We Are. Retrieved from http://www.chinalaborwatch.org/ aboutus.html July 22, 2013.

[3]MakeITfair: http://makeitfair.org/en?set_language=en

[4] Surface Mount Technology Association. Glossary of Acronyms Relevant to Electronics Manufacturing. Retrieved from http://www.smta.org/files/acronym_glossary.pdf on May 18, 2013.

[5] The Asia Floor Wage Campaign (2009) suggested a method for calculating the living wage. According to this calculation a living wage needs to cover the costs for food, equivalent of 3000 calories per adult family member multiplied by two, in order to cover also other basic need such as clothing, housing, education, It is thus calculated as follows: price for food worth 3000 calories x 3 x 2 but healthcare, and savings. The living wage should provide for a family of two adults and two children. It thus should cover the cost for food worth 3000 (Asia Floor Wage Campaign 2009, 50). A worker should be able to earn a living wage within a working week of a maximum of 48 hours. This calculation of a living wage was developed with specific regard to the garment sector, calories for three consumption units (two adults and two children) multiplied by two. is also applicable for other sectors such as electronics manufacturing.

[6] Reuters 2010. Foxconn to Raise Wages Again at China Plant. Retrieved from http://www.reuters.com/article/2010/10/01/us-foxconn-idUSTRE6902GD20101001 on April 28, 2013. 

¿Qué son las cadenas globales de valor? 2013 Lucía Pittaluga

Se consolida una nueva forma de producción a escala mundial

En los años recientes se ha profundizado la trasnacionalización de la producción, conformándose lo que se denominan “cadenas globales de valor” (cgv).[1] Éstas son sistemas de producción internacionales organizados para optimizar la producción, el marketing y la innovación, al localizar productos, procesos y funciones en diferentes países, buscando beneficios por diferencias de costo, tecnología y logística, entre otras variables.

Las cgv cumplen un importante papel en la división internacional del trabajo y tienen impacto en el desarrollo económico de los países. El avance de las tecnologías de la información y la comunicación (tic), los mejores esquemas de codificación del proceso productivo, la baja de los costos de transporte y la liberalización del comercio y de la inversión extranjera directa son los motores que permitieron la difusión de las cgv.

Estos factores facilitaron la redefinición de las estrategias a escala global de los principales actores de las cgv: las grandes empresas trasnacionales (et), en general de los países desarrollados, aunque hay un creciente número de cgv comandadas por empresas de países en desarrollo.

Pero vayamos primero a explicar cómo se conforman las cgv. Una cadena de valor se constituye por cada fase que necesita un negocio para desarrollar un producto o servicio y entregarlo al cliente desde su concepción hasta su uso final y más allá.

Esto incluye actividades que van desde la investigación y desarrollo (i+d), el diseño, la producción, la comercialización,la distribución y el apoyo para el consumidor final. Los servicios corporativos actúan como mecanismos de apoyo a esos procesos básicos. Se pueden ver en la figura 1 los procesos individuales de una empresa representados en la cadena de valor.

Las actividades en la cadena de valor pueden estar contenidas dentro de una sola empresa y/o ubicación o divididas entre diferentes lugares y/o empresas. En la figura 2 se muestra cómo los procesos previamente encapsulados en una unidad productiva se fragmentan y son separables. Aunque la unidad a nivel estratégico se preserva a través de la retroalimentación de información.

Cuando esas actividades están dispersas a nivel internacional se genera una cgv. Es decir, se dividen los procesos de producción y apoyo entre muchos lugares y/o empresas internacionales, aprovechando las competencias básicas de cada uno. Por ejemplo, una es que tiene su sede en Estados Unidos, hace la i+d en Canadá, manufactura sus bienes en México y China utilizando insumos de India, desde Polonia realiza la logística de distribución de sus ventas a la Unión Europea y ofrece servicios de posventa desde Malasia y Brasil.

No todas las actividades de las cgv tienen la misma capacidad para crear valor agregado. Como muestra la figura 3, las actividades de pre y posproducción tienen mayor capacidad de generar valor que las de producción propiamente dicha. Además, esas diferencias se acentuaron entre los años 1970 y 2000, período en el cual las actividades de producción (básicamente el ensamblado) perdieron capacidad para generar valor.

En los años recientes algunos países en desarrollo (principalmente de Asia) han logrado mejorar su posicionamiento en las cgv a través de la especialización en actividades de pre y posproducción, constituyéndose en un mecanismo clave para el cierre de la brecha en términos de prácticas productivas, estándares tecnológicos, recursos humanos, etcétera, con relación a los países centrales. No obstante, esa integración distó de ser homogénea dentro del grupo de los países en desarrollo.

El concepto de “poder” es central en el enfoque de las cgv.[2] Es decir, algunas empresas de la cadena establecen y/o aplican los parámetros bajo los cuales otras operan en esa cadena. Aunque no hay una sola forma de gobernanza de las cgv; ésta puede establecerse a través del mercado o a través de diferentes relaciones jerárquicas, modulares, relacionales o cautivas. El estilo de gobernanza tiene obviamente influencia sobre la capacidad de cada empresa para mejorar su posicionamiento en la cgv.

Cabe resaltar que uno de los mayores obstáculos para el estudio de las cgv es la dificultad para medirlas. En este sentido es significativo el reciente informe del Massachusetts Institute of Technology,[3] en el que se trasmite la urgencia para dimensionar y caracterizar este fenómeno que no es captado por las estadísticas existentes.

Uruguay no está ajeno a esas transformaciones. Según estimaciones del Ministerio de Economía y Finanzas, el país exportaba casi 800 millones de dólares por servicios globales de exportación en 2010 (la mitad desde zonas francas). Los rubros más significativos son la centralización de actividades de empresas globales, el asesoramiento financiero y profesional, servicios de back-office, call centers e informática.

Para ofrecer estos servicios el país cuenta con varias ventajas: la calificación de los recursos humanos, la infraestructura tecnológica (aunque con deficiencias importantes en la velocidad de subida en banda ancha) y la ubicación geográfica y respecto a los husos horarios. Según un informe que clasifica a los 100 mejores destinos para subcontratar servicios globales,[4] Montevideo se ubica en el lugar 37 y mejoró seis escalones desde el informe anterior.

Sin embargo existen fuertes posibilidades para competir en servicios globales más rentables y que generan mejores empleos que la mayor parte de los que actualmente ya exporta Uruguay. Se asientan en ventajas competitivas dinámicas basadas en capacidades de i+d locales.

Un estudio[5] detectó oportunidades reales de Uruguay para exportar servicios globales vinculados a la salud humana en investigación clínica, servicios de manufactura para farmacéutica y biotecnología y medicina digital. Este tipo de exportaciones permitirían un mejor posicionamiento de nuestro país en las cgv relacionadas con la salud.

Otro grupo de oportunidades para escalar posiciones en las cgv sobre la base de capacidades locales se encuentra en la producción asociada a los recursos naturales. Esto siempre y cuando se produzca un desplazamiento hacia segmentos de mayor capacidad de acumulación en el contexto de la diversidad de pasos que deben cubrirse desde el productor inicial hasta el consumidor final.

Sobre la base del sistema de trazabilidad bovina y las cajas negras en los frigoríficos, por ejemplo, Uruguay tiene instalada una plataforma tecnológica para apostar al escalamiento en las cgv de alimentos. Si bien esta oportunidad aún no ha sido plenamente explotada, se están haciendo actualmente experimentaciones con grupos de productores, frigoríficos y brokers para transitar por ese camino.[6]

Nuevamente, aquí se generarían ventajas competitivas dinámicas fundadas en la i+d local, la institucionalidad existente y la infraestructura tecnológica. Hay otros ejemplos menos estudiados con este enfoque, pero con posibilidades ciertas de escalamiento en las cgv, como son los desarrollos asociados a algunos segmentos de la industria automotriz o a la biofarmacéutica humana y animal.

En suma, si bien el conocimiento de las cgv es aún muy incipiente y faltan estadísticas económicas para dar cuenta de forma fiel de este nuevo fenómeno, hay suficiente evidencia para afirmar que se está consolidando una nueva forma de producción a escala mundial, con una redefinición de la división internacional del trabajo.

Lo local se tornará más relevante para definir ventajas competitivas, en la medida que pueda articularse con los entramados internacionales. El atractivo de incorporarse a esos entramados radica en su potencialidad para captar rentas derivadas de los mercados ampliados y, con ello, iniciar un ciclo virtuoso de acumulación. Ese camino dependerá en mayor medida de las políticas productivas y de innovación que se implementen, y de los actores locales e internacionales que entren a jugar en los entramados que nos conciernan.

¿Qué es una Cadena de Valor?  2018.CCM

Empecemos con la definición de este concepto: es un modelo que clasifica y organiza los procesos o actividades del negocio, generando valor al cliente.

Michael Porter, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, propuso el concepto de «cadena de valor» en su libro “Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance”, para identificar formas de generar más beneficios para los consumidores internos y externos a través de las actividades de una organización empresarial y con ello obtener una ventaja competitiva que genera valor al cliente final.

La Cadena de Valor es una poderosa herramienta para el análisis de la planificación estratégica de la empresa con el objetivo de crear valor minimizando los costos para crear valor para el cliente, lo que se traduce en un margen entre lo que se acepta pagar y los costos incurridos por adquirir la oferta. Las actividades de valor que realizan las empresas o unidad de negocio se llaman estrategia de negocio o estrategia competitiva.

En ella pueden influir las acciones o actividades de la empresa, el panorama de segmento, los sectores industriales con los que compite la empresa y el panorama geográfico. Es junto con otros factores, un reflejo de la estrategia, enfoque y otros aspectos que diferencian a la empresa y la hacen única.

Las actividades primarias se relacionan con la producción y distribución de los productos y servicios de la empresa, tales como las operaciones, logística de entrada, logística de salida, servicio, ventas y marketing. Las actividades de apoyo se basan en los recursos humanos, infraestructura, tecnología y adquisiciones de la empresa.

El modelo de la Cadena de Valor buscará primar las actividades del negocio en que se puedan mejorar las estrategias competitivas. Es por eso por lo que la empresa puede diferenciarse y ganar ventaja competitiva del resto de empresas del sector.


[1] Kaplinsky, R y Morris, M (2002), “A Handbook for Value Chain Research”, Institute of Development Studies, idrc. http://www.srp- guinee.org/download/valuechain-handbook.pdf

[2] Humphrey, J y Schmitz, H (2004), “Las empresas de los países en vías de desarrollo en la economía mundial: poder y mejora de las cadenas de valor”, en Aportes, número 1, Buenos Aires, Instituto Nacional de Tecnología Industrial (inti).

[3] Timothy J Sturgeon (2013), “Global Value Chains and EconomicGlobalization. Towards a New Measurement Framework”, Industrial Performance Center, Massachusetts Institute of Technology, Estados Unidos.

[4]“Tholons Top 100 Outsourcing Destinations Rankings and Report Overview” (2013). www.tholons.com

[5] “Planes estratégicos de promoción. Servicios asociados a la industria farmacéutica y salud”, Uruguay XXI, 2013.

[6] Bisang, R (2009), “Políticas, programas e instituciones en los agroalimentos. ¿Asincronía o coevolución de las instituciones?”, Seminario Institucionalidad Agropecuaria y Rural, Santiago de Chile, cepal.

Starbucks as an Example of the Value Chain Model. 2019. Prableen Bajpai

The business management concept of the value chain was introduced and described by Michael Porter in his popular book: Competitive Advantage Creating and Sustaining Superior Performance in 1985. A value chain is a series of activities or processes that aims at creating and adding value to an article (product) at every step during the production process.

Businesses aim at enhancing their margins and thus work to change input into an output which is of a greater value (the difference between the two being the company’s profit margin). The logic behind it is simple: The more value a company creates, the more profitable it is. The enhanced value is passed on to the customers and thus further helps in consolidating a company’s competitive edge.

Value-chain business activities are divided into primary activities and secondary activities. The primary activities are directly related to the creation of a good or service, while the support activities help in enhancing the efficiency and work to obtain a competitive advantage among peers.

Let’s take the example of Starbucks (SBUX) to understand this better. The Starbucks journey began with a single store in Seattle in the year 1971 to become one of the most recognized brands in the world. Starbucks mission is, per its website, “to inspire and nurture the human spirit – one person, one cup and one neighborhood at a time.”

Primary Activities

Inbound Logistics

The inbound quality coffee beans from producers in Latin America, Africa, and Asia logistics for Starbucks refer to company-appointed coffee buyers selecting the finest. In the case of Starbucks, the green or unroasted beans are procured directly from the farms by the Starbucks buyers. These are transported to the storage sites, after which the beans are roasted and packaged. They are then sent to distribution centers, a few of which are company-owned and some of which are operated by other logistic companies. The company does not outsource its procurement, ensuring high-quality standards right from the point of selection of coffee beans.

Operations

Starbucks operates in more than 75 markets, either in the form of direct company-owned stores or licensees. Starbucks has more than 24,000 stores internationally, including Starbucks Coffee, Teavana, Seattle’s Best Coffee, and Evolution Fresh retail locations. According to its annual report, the company generated 79% of its total net revenue during the fiscal year 2017 from its company-operated stores while the licensed stores accounted for 10.5%.

Outbound Logistics

There is very little or no presence of intermediaries in product selling. The majority of the products are sold in their own or in licensed stores only. As a new venture, the company has launched a range of single-origin coffees, which will be sold through some leading retailers in the U.S.; these are Guatemala Laguna de Ayarza, Rwanda Rift Valley, and Timor Mount Ramelau.

Marketing and Sales

Starbucks invests more in superior quality products and a high level of customer service than in aggressive marketing. However, need-based marketing activities are carried out by the company during new products launches in the form of sampling in areas around the stores.

Service

Starbucks aims at building customer loyalty through its stores’ customer service. The retail objective of Starbucks is, as it says in its annual report, “to be the leading retailer and brand of coffee in each of our target markets by selling the finest quality coffee and related products, and by providing each customer a unique Starbucks Experience.”

Support Activities

Infrastructure

This includes departments like management, finance, legal, etc., which are required to keep the company’s stores operational. Starbucks’ well-designed and pleasing stores are complemented with good customer service provided by the dedicated team of employees in green aprons.

Human Resource Management

The committed workforce is considered a key attribute in the company’s success and growth over the years. Starbucks employees are motivated through generous benefits and incentives. The company is known for taking care of its workforce, a key reason for a low turnover of employees, which indicates great human resource management. There are many training programs conducted for employees in a setting of a work culture which keeps its staff motivated and efficient.

Technology Development

Starbucks is very well-known for the use of technology, not only for coffee-related processes (to ensure consistency in taste and quality along with cost savings) but to connect to its customers. Many customers use Starbucks stores as a makeshift office or meeting place because of free and unlimited WiFi. Back in 2008, the company launched a platform where customers could ask questions, give suggestions and openly express opinions and share experiences; the company has implemented some of the suggestions, including for its rewards program, from this forum. Starbucks also uses Apple’s iBeacon system, wherein customers can order a drink through the Starbucks phone app and get a notification of its readiness when they walk in the store.

The concept of value chain helps to understand and segregate the useful (which help in gaining a completive edge) and wasteful activities (which hamper market lead) accompanying each step during the product development process. It also explains that if a value is added during each step, the overall value of the product gets enhanced thus helping in achieving greater profit margins.

The Construction of Platform Imperialism in the Globalisation Era. 2015. Dal Yong Jin

1 Introduction

In the early 21st century, notions of imperialism have gained significance with the rapid growth of platform technologies. Platforms, such as social network sites (sns s, e.g., Facebook), search engines (e.g., Google), smartphones (e.g., iPhone), and operating systems (e.g., Android) are known as digital intermediaries, which have greatly influenced people’s daily lives.

The digital platform has emerged “as an increasingly familiar term in the description of the online services of content intermediaries, both in their self-characterizationsand in the broader public discourse of users, the press and commentaries”(Gillespie 2010, 349). Due to the importance of platforms – not only as hardware architecture but also as software frameworks that allow software to run– for the digital economy and culture, several countries have developed theirown sns s and smartphones; however, only a handful of Western countries,primarily the u.s., have dominated the global platform market and society.

The hegemonic power of American-based platforms is crucial because Google, Facebook, iPhone, and Android have functioned as major digital media intermediaries thanks to their advanced roles in aggregating several services.

The u.s, which had previously controlled non-Western countries with its military power, capital, and later cultural products, now seems to dominate the world with platforms, benefitting from these platforms, mainly in terms of capital accumulation. This new trend raises the question whether the u.s., which has always utilized its imperial power, not only with capital and technology, but also with culture, to control the majority of the world, actualizes the same dominance with platforms.

The primary goal of the chapter is to historicize a notion of imperialism in the 21st century by analyzing the evolutionary nature of imperialism, from 1)

Lenin’s imperialism, through 2) cultural imperialism, 3) information imperialism, and finally 4)  platform imperialism. It then addresses whether or not weare experiencing a new notion of imperialism by mapping out several corecharacteristics that define platform imperialism, including the swift growthand global dominance of sns s and smartphones.

It especially examines the capitalization of platforms and their global expansion in the digital age. Iteventually endeavors to make a contribution to the discourse of platform imperialism as a new form of imperialism, focusing on the nexus of great powers encompassing nation-states and transnational corporations (tnc s), such asGoogle and Apple. The chapter finally discusses whether platform imperialismis useful for explaining the current power relations between the u.s. and non-Western countries.

2 The Evolution of Imperialism in the 20th and the 21st Centuries

The contemporary concept of imperialism is much different from the discourse developed in the early 20th century when it had been primarily advanced by classical, Marxist-inspired theories of imperialism (e.g., Kautsky, Lenin, and Luxemburg).

From a Marxist perspective, imperialism is what happens when two forms of competition – the economic struggle among capitals and geopolitical rivalries between states – fuse (Callinicos 2007, 70).

One of the central arguments of the Marxist tradition of thinking on imperialism is that there is an intrinsic relation between capitalism and expansion, and that capitalist expansion inevitably takes the political form of imperialism (Marx 1867).

Building on and modifying the theories of Karl Marx, there are several renditions of imperialism in the critical theory tradition, and Lenin’s pamphlet, Imperialism, the Highest State of Capitalism (1917) provides an excellent place to start discussing imperialism, because the Leninist theory of imperialism has exerted a considerable impact on the current era.

What Lenin emphasized almost one hundred years ago cannot be applied directly to the contemporary era due to vastly different social and economic conditions, as well as a different technological milieu. However, it is certainly worth trying to see whether Lenin’s concepts can be applied to the 21st century situation.

Most of all, Lenin argued that modern imperialism (or capitalist imperialism) constitutes a different stage in the history of capitalism. “The first stage was the competitive form of capitalism characterized by relatively small-scale enterprises, few of which dominated their market. That is the form of capitalism that mostly existed in Marx’s day” (Harrison 2007).

The newer stage of capitalism, however, is characterized by huge monopolistic or oligopolistic corporations (Lenin 1917). In his pamphlet, Lenin remarked, “if it were necessary to give the briefest possible definition of imperialism, we should have to say that imperialism is the monopoly state of capitalism” (Lenin 1917, 265).

The key to understanding is that it was an economic analysis of the transition from free competition to monopoly. For Lenin, imperialism is the monopoly stage of capitalism, and imperialism is a new development that had been predicted but not yet seen by Marx.

What Lenin wanted to emphasize was that, at the fundamental economic level, what had most changed was that there were major aspects of monopoly in this new stage of capitalism, and that whether or not the consolidation of companies had reached the point of there being a single survivor in each industry. That is, even if there still are several huge companies in each industry, they tend to collude and jointly control the market to their mutual benefit (Harrison 2007, 1, 10).

Later, he gave a more elaborate five-point definition of capitalist imperialism, which emphasizes finance-capital – the dominant form of capital. The criteria are; 1) the concentration of production and capital developed to such a stage that it creates monopolies which play a decisive role in economic life; 2) the merging of bank capital with industrial capital, and the creation, on the basis of finance capital of a financial oligarchy; 3) the export of capital, which has become extremely important, as distinguished from the export of commodities; 4) the formation of international capitalist monopolies which share the world among themselves; and 5) the territorial division of the whole world among the greatest capitalist powers (Lenin 1917, 237).

Based on these five characteristics, Lenin defined imperialism as: “capitalism at that stage of development at which the domination of monopolies and finance capital is established: in which the export of capital has acquired pronounced importance; in which the division of the world among the international trusts has begun; in which the division of all the territories of the globe among the biggest capitalist powers has been completed.” Lenin, 1917, 237.

As Lenin’s five-point definition of imperialism explains, finance capital uses the state machinery to colonize the periphery. In the periphery, capitalists would use oppressed peripheral labour to produce primary commodities and raw materials cheaply and create an affluent stratum (peripheral elite) to consume expensive commodities imported from the core, and undermine indigenous industry (Galtung 1971).

For Lenin, imperialism is the power struggle for the economic and political division of the world, which gives rise of a transitional dependence between rentier states and debtor states: the epoch of the latest stage of capitalism shows us that certain relations between capitalist associations grow up, based on the economic division of the world; while parallel to and in connection with it, certain relations grow up between political alliances, between states, on the basis of the territorial division of the world, of the struggle for colonies, of the struggle for spheres of influence. Lenin 1917, 239.

Indeed, Lenin himself implicitly discussed the role of the nation-state; and his notion of state was part of strong power, which included also transnational capitals, and his argument for a strong state was a Commune worker state. The Commune was an armed and organized revolutionary section of the Parisian working class, but it was not a state (Lenin 1964; Rothenberg 1995). What Lenin described was that both economic rivalry and military conflicts are indicative as conflicts for hegemony between great powers that constitute essential features for imperialism. In his statement, great powers are not necessarily nationstates, because great powers are powerful actors, meaning that they can also be corporations as well as nation-states (Fuchs 2011a, 198). Though, in Lenin’s conceptualization imperialism is essentially associated with a system of relations and contradictions between nation states (Liodakis 2003, 4).

Several new-Marxists (Galtung 1971; Doyle 1986) have also emphasized nation-states as major actors in imperialism theory. For them, imperialism involves the extension of power or authority over others in the interests of domination and results in the political, military, or economic dominance of one country over another (Wasko 2003). In other words, imperialism would be conceived of as a dominant relationship between collectivities, particularly between nations, which is a sophisticated type of dominant relationship (Galtung 1971, 81).

Imperialism or empire can be therefore defined as “effective control, whether formal or informal, of a subordinated society by an imperial society” (Doyle 1986, 30). Therefore, while admitting that Lenin’s definition has greatly influenced our understanding of global capitalism, we should update theoretical arguments in order to re-engage with Lenin’s theory of imperialism today (Fuchs 2010b). One way to do so is to take Lenin as a theoretical impetus for the contemporary theorization of platform imperialism.

3 Cultural Imperialism from Lenin’s Fourth Characteristic

Beginning in the early 20th century, media scholars have developed imperialism theory in the contexts of several different areas, including culture and technology. Media theoreticians have especially developed Lenin’s fourth point of imperialism, primarily focusing on the major role of big companies that dominate the economy.

As Lenin (1917) argued, these big corporations, cartels, syndicates, and trusts first divided the home market among themselves and obtained more or less complete possession of the industry in their own country. “But under capitalism the home market is inevitably bound up with the foreign market. As the export of capital increased, and as the foreign and colonial connections and spheres of influence of the big monopolist associations expanded in all ways, things naturally gravitated towards an international agreement among these associations, and towards the formation of international cartels” (Lenin 1917, 266).

Information industries and services, including both audiovisual and information and communication technologies (icts) industries, are no exception from this inequal economic geography (Fuchs 2010a). Therefore, one can say that theories of communication imperialism and cultural domination have described Lenin’s fourth characteristic of imperialism in relation to media and culture: the domination of the information sphere by large Western corporations (Fuchs 2010a; Said 1993; Galtung 1971; Schiller 1969).

Such concepts focusedon the ownership and control, structure and distribution of media content (and the media industries) in one country by another country (Fuchs 2010a;Boyd-Barrett 1977) or primarily by the u.s. (Schiller 1976). This updated versionis suited for theoretically describing Lenin’s dimension of corporateeconomic domination in the attempt to apply imperialism theory to informational capitalism.

The debate over imperialism in media studies intensified beginning in the mid-1970s. Several media scholars, including H. Schiller (1976), debated the dominance in international cultural exchange when the international communication system mainly expanded by supplying television programs and motion pictures.

They argued that “the international communication system was characterized by imbalances and inequalities between rich and poor nations, and that these imbalances were deepening the already existing economic and technological gaps between countries” (unesco 1980, 111–115).

Schiller (1976) identified the dominance of the u.s. and a few European nations in the global flow of media products as an integral component of Western imperialism, and dubbed it cultural imperialism in the following way: “the concept of cultural imperialism describes the sum of processes by which a society is brought into the modern world system and how its dominating stratum is attracted, pressured, forced, and sometimes bribed into shaping social institutions to correspond to, or even promote, the values and structures of the dominant center of the system” (1976, 9–10).

Guback (1984, 155–156) also argued, “the powerful u.s. communication industry, including film and television as well as news, exerts influence, sometime quite considerable, over the cultural life of other nations.” These scholars defined cultural imperialism as the conscious and organized effort taken by the Western, especially u.s. media corporations to maintain commercial, political, and military superiority.

Those Western multinational corporationsexerted power through a vast extension of cultural control and domination,and thus saturated the cultural space of most countries in the world, which was claimed to have eliminated and destroyed local cultures by installing a new dominant culture in their place (Jin 2007).

What is also important in the cultural imperialism thesis is the major role taken by the u.s. government. As discussed, media scholars have developed cultural imperialism primarily based on Lenin’s fourth characteristic of imperialism, which emphasized the primary role of big corporations, in this case, major u.s. media and cultural companies; however, the push by the large cultural, media and information industries corporations into markets and societies around the world was also propelled by strong support from the u.s. government.

The u.s. government’s initiative and support for its culture industry has a long history, and this strategy has emphasized the importance of information-based products, making the u.s. State Department a powerful government agent on behalf of the cultural sector (Miller et al. 2001). Given that much of the enormous revenues generated by the u.s. cultural industry have come from foreign markets, “the liberalization of the global cultural market is very significant for the u.s. government” (Magder 2004, 385).

The u.s. government has extensively supported Hollywood by driving other countries to open their cultural markets, which means the us government has been deeply involved in the cultural trade issue by demanding that other governments should take a hands-off approach in the cultural area. Several non-Western economics have been targeted by the u.s. due in larger part to the increasing role of emerging markets, such as China, Russia, Korea, Brazil, and India. For example, Avatar’s – a Hollywood movie released in 2010 – overseas income of $915 million significantly outpaced comparable domestic action, more than doubling its $430.7 million domestic take in the u.s. and Canada (Hollywood Reporter 2011).

The restructuring of the global film sector was conducted through the use of larger power relations and patterns after World War ii, with initial moves beginning prior to wwii. Since World War ii, u.s. policy has generally supported the liberalization of international trade – that is, the elimination of artificial barriers to trade and other distortions, such as tariffs, quotas, and subsidies that countries use to protect their domestic industries from foreign competition (Congressional Budget Office 2003).

The u.s. government sought and eventually secured the liberalization of the audiovisual sector in the first General Agreement on Tariffs and Trade (gatt) negotiations in 1947. As Western countries began to settle on the arrangements that would govern the post-war world, cinema was high on the list of outstanding issues, and Hollywood wanted to restore its overseas markets (Magder 2004).

The u.s. government alongside major film/tv corporations has intensified its dominance in the global cultural market, and cultural imperialism has been one of the primary practices of Lenin’s imperialism in different contexts in the 20th century, of course, until recent years.

The new media sector is not much different. Facebook has rapidly increased its revenue from advertising in foreign countries, including several emerging markets, due to the soaring number of users in those markets (more than 1.3 billion in the world as of March 2014), as will be detailed later. Western-based game corporations have also enjoyed profits from the global markets. New media corporations alongside cultural industries corporations have benefited from global capitalism paved by the nexus of the u.s. government and mega media tncs.

4 The Nexus of Globalisation and Information Imperialism

Since the early 1990s, two historical developments – the rapid growth of new technologies and the development of globalization – have greatly influenced the concept of imperialism. To begin with, as globalization theory has evolved over the last decade or so, contemporary theories of imperialism and global capitalism can be categorized on a continuum that describes the degree of novelty of imperialism (Fuchs 2010a).

At the end of the continuum there are theoreticians who argue that imperialism, including cultural imperialism no longer exists today and that a post-imperialistic empire has emerged. Several media scholars have indeed made a case against the cultural imperialism thesis.

Straubhaar (1991) emphasizes that national cultures can defend their ways of life and, in some respects, even share their images with the rest of the world.

Sparks (2007, 119) points out, “in the place of a single, u.s.-based production center dominating the whole of the world trade in television programs, it was increasingly argued that technical and economic changes were rendering the world a more complex place, in which there were multiple centers of production and exchanges flowing through many different channels.”

Several other scholars also convincingly stress the discontinuity between globalization in the 21st century and times past (Negri 2008, Robinson 2007, Hardt and Negri 2000). Hardt and Negri (2000) point out that imperialism, which was an extension of the sovereignty of the European nation-states beyond their own boundaries, is over, because no nation could ever be a world leader in the way modern European nations were in the midst of 19th and early-20th centuries versions of globalization.

Hardt and Negri develop the term empire instead of imperialism to describe the contemporary form of the global order and argue that empire is a system of global capitalist rule that is altogether different from imperialism:

“in contrast to imperialism, empire establishes no territorial center of power and does not rely on fixed boundaries or barriers. It is a decentered and deterritorializing apparatus of rule that progressively incorporates the entire global realm within its open, expanding frontiers.” (hardt and negri 2000, xii-xiv).

Robinson (2007, 7–8) also argues, “capitalism has fundamentally changed since the days of Lenin due to the appearance of a new transnational capitalist class, a class group grounded in new global markets and circuits of accumulation, rather than national markets and circuits.” Robinson claims, “the imperialist era of world capitalism has ended” (2007, 24).

He believes that tnc s are much different from national corporations because tnc s have been free from nation-states.

More importantly, in the midst of the globalization process, some theoreticians claim that the core-periphery dichotomy by Lenin and new Marxists does not work anymore because it is too simplistic. Hardt and Negri (2000, xii) especially argue that “theories of imperialism were founded on nation states, whereas in their opinion today a global empire has emerged, and imperialism no longer exists with the demise of nation-states,” although they do not explain in detail as to why they think that Lenin limited his concept of imperialism to the extension of national sovereignty over foreign territory (Fuchs 2010b).

In fact, “the nation state-centeredness of their own narrow definition of imperialism as the expansive process of the power of the nation state through policies of export of capital, export of labour power and constitution-occupation of areas of influence” (Negri 2008, 34) bears little resemblance to Lenin’s definition (Fuchs 2010b, 841), because Lenin’s emphasis is on finance capital, which is capital controlled by banks and employed by industrialists. Again, Lenindiscussed the significant role of nation-states as colonizers and rentier states.However, economic interdependence and de-colonization do not mean the demise of nation-states, nor automatic de-territorialization.

Meanwhile, others argue that contemporary capitalism is just as imperialistic as imperialism was 100 years ago or that it has formed a new kind of imperialism (Fuchs 2010a; Harvey 2007; Wood 2003). As Ellen Wood (2003, 129) points out, the new imperialism that would eventually emerge from the wreckage of the old would no longer be a relationship between imperial masters and colonial subjects but a complex interaction between more or less sovereign states. While the u.s. took command of a new imperialism governed by economic imperative, however, this economic empire would be sustained by political and military hegemony.

The stress is, therefore, on continuity rather than fundamental change (Harvey 2003, 2007; Wood 2003). Unlike the emphasis on the coercive power of nationstates that Hardt and Negri focus on, “the harmonization of capitalist space relies on the soft power of consent and the emulation of models of development” (Winseck and Pike 2007, 8).

Although contemporary aspects of imperialismcannot be considered in the same way as set out in Lenin’s understandingof imperialism, contemporary critical scholars believe that “the notion ofimperialism still functions as a meaningful theoretical framework to interpretthe world which was globalized neo-liberally” (Fuchs 2010a, 34).

Many theoreticians have especially argued that the differential power relations associated with globalization are a continuation of past forms of Western imperialism that created the persistent differentiation between the First and Third Worlds (Miller 2010; Amin 1999). Harshe (1997) describes globalization and imperialism as intertwined and characterized by unequal cultural and intellectual exchanges. Grewal (2008, 7) also points out, “the assertion that globalization is imperial has lately become the subject of mainstream discussion in the u.s. and elsewhere; it is no longer a charge made by anti-globalization activists alone.”

Alongside globalization, the rapid growth of icts has influenced the change and continuity of the notion of imperialism. The connection of imperialism and the information sector is not peculiar for a new form of imperialism. Boyd-Barrett (1980, 23) has shown that “already in the 19th and early 20th century the big news agencies Havas, Reuters and Wolff were based in imperial capitals, and their expansion was intimately associated with the territorial colonialismof the late nineteenth century.” At the time of Lenin, they served as governmentpropaganda arms in the First World War.

Later, Winseck and Pike (2007)discuss with the example of the global expansion of cable and wireless companies(e.g. Western Union, Eastern Telegraph Company, Commercial CableCompany, Anglo American Telegraph Company or Marconi) in the years1860–1930 that at the time of Lenin there was a distinct connection betweencommunication, globalization, and capitalist imperialism. They argue:

the growth of a worldwide network of fast cables and telegraph systems, in tandem with developments in railways and steamships, eroded some of the obstacles of geography and made it easier to organize transcontinental business. These networks supported huge flows of capital, technology, people, news, and ideas which, in turn, led to a high degree of convergence among markets, merchants, and bankers. (winseck and pike, 2007, 1–2)

It is clear that the notion of imperialism has gained a new perspective in the midst of the rapid growth of new technologies. While the importance of the global flow in capital and culture has arguably changed, several recent theoreticians have emphasized the importance of the dominance of icts.

Dan Schiller (1999) has specifically developed a theory of digital capitalism that emphasizes the changing role of networks for capital accumulation:the networks that comprise cyberspace were originally created at thebehest of government agencies, military contractors, and allied educationalinstitutions. However, over the past generation or so, a growingnumber of these networks began to serve primarily corporate users.Under the sway of an expansionary market logic, the Internet began a political-economic transition toward digital capitalism.

Castells (2001) also cautions against the socially and functionally selective diffusion of technology. He identifies one of the major sources of social inequality as the differential timing in access to the power of technology for people, and thus acknowledges, in contrast to the laudatory rhetoric about the globalization of technological systems, that its outcome is instead large areas of the world, and considerable segments of population, switched off from the new technological system. Boyd-Barrett emphasizes (2006, 21–22), “the emergence of microprocessor-based computer network technology and the u.s. dominance of ict are crucial for u.s. economy and imperialism.”

Meanwhile, Fuchs (2010a, 56) points out, “media and information play a pivotal role in the new concept of imperialism, which the u.s. has dominated based on its advanced digital technologies, although they are subsumed under finance capital in the 21st century.”

However, with the swift transfer of power to platforms, the situation has recently changed, although of course, not without periodic setbacks for traditional ict companies. Previously powerful ict corporations have increasingly been subordinated to platforms due to the latters’ ascendant role and power in digital media economies. For example, in August 2011, Google acquired Motorola Mobility for $12.5 billion in order to give the platform giant a presence in smartphone hardware while also bringing it thousands of new patents (Efrati and Ante, 2011).

Almost at the same time, Hewlett-Packard Co., the world’s largest personal-computer maker, is simultaneously exploring a spinoff of its pc business as profits slide, but buying u.k. software firm Autonomy Corp., for about $10.25 billion (Worthen et al., 2011). It is presumptuous to say that the hardware era is gone; however, these two recent events and the increasing role of u.s.-based platforms in capital accumulation and culture (Facebook and Google) are arguably clear examples of the rise of platform imperialism.

5 Great American Powers and Platform Imperialism

5.1 What is Platform Imperialism?

The term platform has recently emerged as a concept to describe the online services of content intermediaries, both in their self-characterizations and in the broader public discourse of users, the press and commentaries (Gillespie 2010, 349). While people associate platforms with their computational meaning (Bodle 2010), which is an infrastructure that supports the design and use of particular applications or operating systems, the concept of platform can be explained in three different, but interconnected ways.

First, a platform is not only hardware architecture, but also a software framework that allows other programs to run (Tech Coders.com 2012). Second, platforms afford an opportunity to communicate, interact, or sell. This means that platforms allow code to be written or run, and a key is that they also enhance the ability of people to use a range of Web 2.0 technologies to express themselves online and participate in the commons of cyberspace (Gillespie 2010).

Platforms also can be analyzed from the corporate sphere because their operation is substantially defined by market forces and the process of commodity exchange (van Dijck 2012, 162). Finally, it is crucial to understand the nature of platforms because a platform’s value is embedded in design. As several theoreticians argue (Ess 2009; Feenberg 1991), technology is not value neutral but reflects the cultural bias, values and communicative preferences of designers.

Likewise, platforms often reinforce the values and preferences of designers, either explicitly or implicitly, while sometimes clashing with the values and preferences of their intended users (Ess 2009, 16). As Bodle (2010, 15) points out, the technological design of online spaces, tools, and operating systems constitutes a contested terrain where the imposition of designers’ values and preferences are at odds with the values and preferences of theintended user base.

All three of these areas are relevant to why platforms have emerged in reference to online and mobile content-hosting intermediaries. Drawing these meanings together allows us to see that platforms emerge not simply as indicating a functional computational shape, but with cultural values embedded in them.

Since platforms are crucial for people’s everyday information flows and capitalism, not only on a national level, but also on a global level, it is important to measure whether platforms suggest a progressive and egalitarian

arrangement, promising to support those who stand upon them in the contemporary global society (Gillespie 2010). Arguably, global flows of culture and technology have been asymmetrical, as theories of cultural and media imperialism have long asserted, and thus the focal point here is whether asymmetrical relationships between a few developed and many developing countries exist in the case of platforms.

Accepting platforms as digital media intermediaries, the idea of platform imperialism refers to an asymmetrical relationship of interdependence between the West, primarily the u.s., and many developing powers – of course, including transnational corporations as Lenin andH. Schiller analyzed. Characterized in part by unequal technological exchangesand therefore capital flows, the current state of platform development impliesa technological domination of u.s.-based companies that have greatly influenced the majority of people and countries.

Unlike other fields, including cultureand hardware, in which a method for maintaining unequal power relationsamong countries is primarily the exportation of these goods and related services,in the case of platform imperialism, the methods are different because commercial values are embedded in platforms and in ways that are more significant for capital accumulation and the expansion of power.

5.2 Internet Platforms: The American Dominance in Platform Imperialism

American-based platforms, including search engines and social media, are dominant in the global Internet markets. According to Alexa.com (2012), over the three-month period between September and November of 2012, among the top 100 global sites on the Web based on page views and visits, 48 websites were owned by u.s. corporations and 52 websites were non-u.s. Internet firms. Other than the u.s., 16 countries had their own websites on the list, and amongthem, China had the largest number of websites (18), followed by Japan (6), Russia (5), India (4) and the uk (4). A few non-Western countries, includingIndonesia, Turkey, Brazil, and Mexico also had one website each.

This dataseemingly explains that the u.s. is not a dominant force in the Internet market.However, when we consider the origins of the websites, the story is not thesame, because the websites that belong to these non-Western countries are of u.s.-origin, including Google, Yahoo, and Amazon. Other than a handful ofcountries, including China and Russia, developing countries have no websitesthat they originally created and operated themselves.

Based on the origin ofthe websites, u.s. companies comprised 72% of the list, which means that only one country controls three-fourths of the top Internet market. More importantly, 88 of these websites, such as Google, Yahoo, and YouTube, accumulate capital primarily by (targeted) advertising, and they prove that u.s.-origin platforms are symbols of global capitalism. In fact, among the top 100 list, only two websites (Wikipedia and bbc Online) are operated with a non-profit model. Ten websites make revenues through other business models, including pay-per-view and subscription, although a few websites (Am

Amazon and eBay) developed several business models, such as product and service sales and marketing.

Among these, Craigslist.com makes money through a handful of revenue streams. The website charges some fees to post a job listing in several u.s. cities, while charging fees to list an apartment rental in New York, usa. The revenues cover only the operating expenses; the company has not made a profit since its inception (Patrick 2012).

Meanwhile, WordPress.com is run by Automatic which currently makes money from the aforementioned upgrades, blog services, Akismet anti-spam technology, and hosting partnerships. What is most significant about the contemporary Internet is the swift growth of capitalist platforms, such as Facebook, Google, and Twitter. As Baran and Sweezy (1968) argued, in a capitalism dominated by large corporations operating in oligopolistic markets, advertising especially becomes a necessary, competitive weapon.

No matter whether Western or non-Western, these websites and platforms are major engines appropriating advertising for global capitalism.

Specifically speaking, while there are many u.s-based platforms that have increased their global influence, three major American-based platforms – Google, Facebook, and YouTube (also owned by Google) – made up the top three websites in November 2012 (Alexa.com, 2012). Except for two Chinese-based  platforms (Baidu.com and qq.com), the other eight platforms in the top 10 were all American-based platforms.

Among these, Google is the world’s most accessed web platform: 46% of worldwide Internet users accessed Google in a three-month period in 2010 (Fuchs 2011b). Among search engines only, Google’s dominant position is furthermore phenomenal. As of November 2012, Google accounted for as much as 88.8% of the global search engine market, followed by Bing (4.2%), Baidu (3.5%), Yahoo (2.4), and others (1.1%) (Kamasnack 2012).

Google even launched google.cn in 2006, agreeing to some censorship of search results to enter the country, to meet the requirements of the Chinese government.

In China, Google’s market share stood at 16.7% as of December 2011, down from 27% in June 2010, while local web search engine Baidu’s market share increased from 70% as of June 2010 to 78.3% in December 2011 (La Monica 2012; Lee 2010; Lau 2010). Due to the fact that Baidu is limited mainly to Chinese language users, though, it can’t surmount Google’s global market share.

snss have also gained tremendous attention as popular online spaces for both youth and adults in recent years. American-based snss have rapidly penetrated the world and enjoyed an ample amount of capital gains. Several localbased snss, such as Mixi (Japan), Cyworld (Korea), and qq (China), as well as vk (Originally VKontakte) – a European social network site that Russianspeaking users use around the world (vk was established in 2006 by Pavel Durov, a Russian entrepreneur, who is still the co-owner alongside the Mail.ru Group–the Russian Internet giant that owns a 39.9% stake in Vkontakte; East–west Digital News, 2012) – are competing with American-based snss.

For example, Russian Cyberspace, including the Commonwealth of Independent States (cis), such as Azerbaijan, Armenia, and Georgia, known as runet, is a selfcontained linguistic and cultural environment with well-developed and highly popular search engines, web portals, social network sites, and free e-mail services.

Within runet, Russian search engines dominate with Yandex (often called the Google of Russia), beating out Google (Deibert et al. 2010, 17–19). The market share of Yandex was 60.3% in November 2012, while Google’s share was 26.6% in November 2012, according to LiveInternet (2012).

However, outside these few countries, the majority of countries in the world have increased their usage of Facebook and Twitter. These Western-based platforms have managed to overtake some local incumbent snss and search engines in the past few years (Jin forthcoming). The u.s. has continued an asymmetrical relationship of interdependence between a few developed countries and the majority of developing countries up to the present time.

Among these, Facebook, which was founded in the usa in 2004, is organized around linked personal platforms based on geographic, educational, or corporate networks. Given that the general concept of platform means any base of technologies on which other technologies or processes are built, Facebook is a platform that plays an advanced role in aggregating several services. When Netscape became a platform in the 1990s, their flagship product was the web browser, and their strategy was to use their dominance in the browser market to establish a market for high-priced products (O’Reilly 2005).

However, for Facebook, ‘usage’ is more important than other functions. “People as consumers and producers flock to Facebook to socialize with their friends and acquaintances, to share information with interested others, and to see and be seen” (boyd 2011, 39). The site can be understood as an online communication platform that combines features of e-mail, instant messaging, photo-sharing, and blogging programs, as well as a way to monitor one’s friends’ online social activity.

Since May 2007, members have been able to download and interact with Facebook applications, programs and accessories developed by outside companies that now have access to Facebook’s operating platform and large

networked membership (Cohen 2008).

Facebook is indeed maintaining its rate of growth and generating thousands of new user registrations every day. The number of total users has grown from 585 million in December 2010 to 1.3 billion in March 2014., These numbers are significant because they have contributed to the high valuation assigned to the company. Facebook’s value reached $50 billion in January 2011 (McGirt 2007; Rushe 2011). Right after its public offering on May 18, 2012, the capital value of Facebook was as much as $104 billion (ap 2012).

Interestingly enough, before its public offering, Zuckerberg emphasized that “Facebook’s social mission was to make the world more open and connected,” and he stated that “the primary goal was not making money” (Channel 4 News 2012). This might be true and it will not always be easy to separate economic and social values as motives, but the public offering of Facebook clearly proves that the development of new technology cannot be understood without its value embedded in design for commodity exchange, as van Dijck (2012) points out.

At the very least, the technological design of online spaces and operating systems constitute a contested terrain where the imposition of designers’ values and preferences are at odds with the values and preferences of the intended user base (Bodle 2010).

Meanwhile, Facebook has rapidly expanded its dominance in many countries. According to the World Map of Social Networks, showing the most popular snss by country, which is based on Alexa and Google Trends for Websites traffic data (2012), Facebook is the market leader in 126 countries out of 137 (92%) as of June 2012, up from 87% in June 2010, and up from 78% in December 2009 (Vincos Blog 2012).

Although several local-based snss are still market leaders in Asian countries, such as China, Japan, and Korea as well as Russia, which is very significant because these are some of the largest it markets, Facebook has managed to overtake local incumbent snss, and has rapidly penetrated the majority of countries in the world. Facebook has positioned itself as the leader of interactive, participant-based online media, or Web 2.0, the descriptor for websites based on user-generated content that create value from the sharing of information between participants (Hoegg et al. 2006, 1; O’Reilly 2005).

The dominant positions of several social media, including Facebook and Google have been considered as clear examples of platform imperialism. While these sites can offer participants entertainment and a way to socialize, the social relations present on a site like Facebook can obscure economic relations that reflect larger patterns of capitalist development in the digital age.

The connection of snss to capitalism is especially significant. sns users provide their daily activities as free labour to network owners, and thereafter, to advertisers, and their activities are primarily being watched and counted and eventually appropriated by large corporations and advertising agencies (Jin forthcoming).

As the number of sns users has soared, advertisers, including corporations and advertising agencies, have focused more on snss as alternative advertising media. According to Facebook’s S-1 filing with the u.s. Securities and Exchange Commission (sec), Facebook’s ad revenue in 2013 was $6.98 billion, up from $1.9 billion in 2010. Approximately 56% of Facebook’s 2011 ad revenue of $3.1 billion came from the u.s. alone, according to the company’s regulatory filings (Facebook 2014).

However, the proportion of the u.s. significantly decreased from 70.5% in 2010 to 56% in 2011 (eMarketer 2010), meaning Facebook has rapidly increased its profits from foreign countries.

As Grewal (2008, 4) emphasizes, “the prominent elements of globalization can be understood as the rise of network power.” The notion of network power consists of the joining of two ideas: first, that coordinating standards are more valuable when greater numbers of people use them, and second, that this dynamic as a form of power backed by Facebook, which is one of the largest tncs, can lead to the progressive elimination of the alternatives, as Lenin (1917) and H. Schiller (1991) emphasized.

Facebook as the market leader in the sns world has eliminated competitors as the number of users exponentially soars. “In the digital era, one of the main sources of social inequality is theaccess to technology” (Castells 1996, 32–33). Even when the issue is no longerthat of lack of material access to technology, a power distribution and hegemonicnegotiation of technologically mediated space is always at play (Gajjalaand Birzescu 2011).

The powers that can be marshaled through platforms arenot exclusively centered in the u.s. However, as Lenin argued, the conflicts forhegemony between great powers, in this case, u.s-based snss and local-basedsnss have been evident, and Facebook and Twitter have become dominant powers.

In other words, a few u.s.-based platforms dominate the global order, which has resulted in the concentration of capital in a few hands within majortncs and start-ups. This is far from a globalization model in which power isinfinitely dispersed. Capital and power are not the form of monopoly; however,a handful of u.s.-owned platforms have rapidly expanded their dominance inthe global market, which has caused the asymmetrical gap between a fewWestern countries and the majority of non-Western countries.

6 The Role of Nation-States in the Construction of Platform Imperialism

While tncs have developed and advanced new technologies, it is important to understand that nation-states, both the u.s. government and other governments, including China, support the growth of their own platforms, and these new political agendas certainly construct the new form of media imperialism in tandem with platforms.

The u.s. government, based on its state power, has greatly supported American-based platform owners in global politics. The involvement of the u.s. government and the Chinese government in the wake of China’s attacks on Google services has become a recent case in this regard.

In the midst of the conflicts between the Chinese government and Google, the Chinese government has restricted Google discussion topics that the government finds objectionable, such as independence drives in the regions of Tibet and Xinjiang and the banned religious movement Falun Gong. For the tens of thousands of censors employed by the Chinese government, blocking

access to restricted information both at home and abroad is an ongoing struggle.

Search engines are prevented from linking to sensitive content (Ramzy 2010). As discussed, Google launched google.cn in 2006, agreeing to some censorship of search results, as required by the Chinese government; however, due to the restrictions and some cyberattacks allegedly targeting Gmail, Google warned that it might end its operations in China (bbc News 2010).

Interestingly enough, the u.s. as a nation-state has strongly supported Google. u.s. Secretary of State Hillary Clinton especially gave two major speeches in 2010 and 2011, respectively. Clinton gave the first significant speech on Internet freedom around the world, making it clear exactly where the u.s. stood in January 2010; on their own, new technologies do not take sides in the struggle for freedom and progress, but the u.s. does.

We stand for a single Internet where all of humanity has equal access to knowledge and ideas. And we recognize that the world’s information infrastructure will become what we and others make of it. This challenge may be new, but our responsibility to help ensure the free exchange of ideas goes back to the birth of our republic. (u.s. Secretary of State 2010).

In her speech, Clinton cited China as among a number of countries where there has been “a spike in threats to the free flow of information” over the past year, and she also named Tunisia, Uzbekistan, Egypt, Iran, Saudi Arabia and Vietnam (u.s. Secretary of State 2010). Of course, China rejected a call by Clinton for the lifting of restrictions on the Internet in the communist country, denouncing her criticism as false and damaging to bilateral ties. Foreign Ministry spokesman Ma Zhaoxu said in a statement posted on the ministry’s Web site:

“regarding comments that contradict facts and harm China-u.s. relations, we are firmly opposed. We urged the u.s. side to respect facts and stop using the so-called freedom of the Internet to make unjustified accusations against China. The Chinese Internet is open and China is the country witnessing the most active development of the Internet.” mufson 2010, a14

Ma added that China regulated the Web according to law and in keeping with  its national conditions and cultural traditions.

It is evident that the Chinese government understands the vast size of the Chinese Internet market, and it has taken measures to cultivate the growth of local information technology, including Google’s competitor, Baidu.cn. The Chinese government has maneuvered to protect its own technology-driven corporations due to their significance for the national economy. China’s English-language Global Times therefore characterizes Clinton’s speech as a disguised attempt to impose [u.s.] values on other cultures in the name of democracy. The newspaper then dragged out another snarling phrase to denounce Clinton’s overtures on freedom of speech: information imperialism (Global Times 2010).

The second round of debate between the u.s. and China occurred in February 2011. Hillary Clinton again warned repressive governments, such as China, Cuba and Syria, not to restrict Internet freedom, saying such efforts will ultimately fail. Calling the Internet the public space of the future, Clinton enumerated all the reasons that freedom of expression must be the overriding ethos of this worldwide landscape (Goodale 2011).

As expected, the Chinese government also warned the u.s. not to use the issues to meddle in China’s internal affairs. The government expressed that Internet freedom in China is guaranteed by law, and stated “we are opposed to any country using Internet freedom as a pretext for interference in Chinese affairs” (States News Service 2011).

As such, in the 21st century, the u.s. government has intensified its efforts to penetrate the global information market. As Panitch and Gindin (2003, 35–36) succinctly argue, neoliberal globalization is the acceleration of the drive to a seamless world of capital accumulation, and the mechanisms of neoliberalism may have been economic, but in essence it was a political response to the democratic gains that had been previously achieved by subordinate classes and which had become, in a new context and from capital’s perspective, barriers to accumulation…. Once the American state itself moved in this direction, it had a new status: capitalism evolved to a new

form of social rule that promised, and largely delivered, a) the revival of the productive base for American dominance; b) a universal model for restoring the conditions for profits in other developed countries; and c) the economic conditions for integrating global capitalism.

Direct government intervention and support by the State Department have developed and expanded u.s. platforms throughout the world. As the u.s. government has continuously supported Hollywood backed by the Motion Picture Association of America and major film producers (Wasko 2003), the u.s government has been actively involved in the discourse of the free flow of information, and of course, one of the primary backgrounds is Google. The company lobbied 13 government agencies in 2009, spending just under $6 million in the process, and Google chiefly focused on freedom of speech on the Internet in 2010, particularly because of its highly publicized battles with the Chinese government.

Google urged lawmakers to adopt policies that assure a neutral and open Internet at home and put pressure on foreign governments that censor the Web (Goldman 2010). The u.s. campaign for uncensored and free flow of information on an unrestricted Internet backed by Google and other platforms, including Microsoft has been a clear proof of the collaboration between the government and tncs, two major powers, in the global market.

Since the early 1990s, as H. Schiller (1999) criticized, several theoreticians have insisted that the market is the solution to all problems, that private enterprise is the preferred means to achieve solid economic results, and that government is the enemy. However, as the case of Google in China proves, as well as ip rights related global politics, the last several decades’ record is of government initiative, support, and promotion of information and communication policies.

The principle – vital to the worldwide export of American cultural product and American way of life – of the free flow of information has arguably become a universal virtue to both the information industries and the u.s. government (H. Schiller 1999), and this fundamental political agenda continues in the Obama government.

The u.s. government has become a primary actor in tandem with tncs, which also applies to platform imperialism. The u.s. is not the only country to actualize neoliberal policies. The Chinese government also capitalizes on neoliberal globalization, meaning the role of China in global capitalism has rapidly increased. One needs to be very careful, though, because “China is not capitalist despite the rise of a capitalist class and capitalist enterprises” (Arrighi 2007, 331).

“The capitalist character of marked-based development is not determined by the presence of capitalist institutions and dispositions but by the relation of state power to capital. Add as many capitalists as you like to a market economy, but unless the state has been subordinated to their class interest, the market economy remains non-capitalist. (arrighi 2007, 331–332)

The Chinese state in Arrighi’s view still retains a high degree of autonomy from the capitalist class and is therefore able to act in the national rather than in a class interest (Robinson 2010).

Since the late 1970s, the Chinese state has undergone a radical transformation in order to pursue substantive linkages with transnational capitalism. Neoliberal ideas have been influential in China as the post-Mao leadership embraced the market system as a means to develop the country (Zhao, 2008).

In A Brief History of Neoliberalism, David Harvey (2005, 120) clearly points out that “the outcome in China has been the construction of a particular kind of market economy that increasingly incorporates neoliberal elements interdigitated with authoritarian centralized control.” As The Top 100 Sites on the Web show, Chinese platforms, including Baidu, qq, and Taobao, utilize the targeted advertising capital business model, which is not different from us Internet capitalism.

Of course, this does not imply that China has entirely adopted neoliberal capitalist reform. Although China’s transition from a planned economy to a socialist market economy is substantial, China also poses an alternative to the Washington Consensus, which emphasizes the continuing role of the government in the market. As Zhao (2008, 37) aptly puts it, the Chinese government has developed both “neoliberalism as exception” and “exceptions to neoliberalism” for the national economy and culture. The Chinese government has developed a market-friendly economy; however, at the same time, it continues to play a primary role in the market.

In sum, when society looks to regulate an emerging form of information distribution, be it the telegraph or radio or the Internet, it is in many ways making decisions about what that technology is, what it is for, what sociotechnical arrangements are best suited to help it achieve that and what it must not be allowed to become (Benkler 2003).

This is not just in the words of the policymakers themselves. Interested third parties, particularly the companies that provide these services, are deeply invested in fostering a regulatory paradigm that gives them the most leeway to conduct their businesses, imposes the fewest restrictions on their service provision, protects them from liability for things they hope not to be liable for and paints them in the best light in terms of the public interest (Gillespie 2010, 356).

In fact, Google, in its newly adopted role of aggressive lobbyist, has become increasingly vocal on a number of policy issues, including net neutrality, spectrum allocation, freedom of speech and political transparency (Phillips 2006, Gillespie 2010). Platform imperialism has been developed and influenced by sometimes cooperative and at other times conflicting relationships among the government, domestic capital and tncs. tncs are valuable players to platform technologies; the nation-states are also primary actors in international negotiations.

As Marx stated (1867), the capitalist expansion of tncs inevitably takes the political form of imperialism, and it is further evident in the case with the development of platform imperialism.

7 Conclusion

This chapter has analyzed the evolutionary development of various theories of imperialism and examined whether we might be moving towards a situation of platform imperialism. It examined whether Lenin’s analysis continues to explain what is happening in the world during these early years of the 21st

century. Since the new concept of imperialism functions through digital technologies, first information and second platform technologies in the 21st century, which were not seen in Lenin’s imperialism, it is crucial to understand whether such technologies play a primary role in changing the notions of imperialism.

At a glance, the massive switch to the digital economy has provided a surplus for several emerging powers, including China, India, and Korea with which to challenge the longer-term u.s. dominance, unlike the old notion of imperialism developed by Lenin (Boyd-Barrett 2006, 24). These countries have presumably competed with Western countries, and they are supposed to build a new global order with their advanced digital technologies.

However, there are doubts as to whether non-Western ict corporations have reorganized the global flow and constructed a balance between the West and the East. The panacea of technology may reduce imperialism and domination to vestiges of the past; however, technology will always be the reality of human hierarchy and domination (Maurais 2003, Demont-Heinrich 2008), and digital technologies have buttressed u.s. hegemony.

In particular, when the debates reach platforms, non-Western countries have not, and likely cannot, construct a balanced global order, because Google (including its Android operating system), Facebook, Twitter and Apple’s iPhones (and iOS) are indices of the dominance of the u.s. in the digital economy.

These platforms have penetrated the global market and expanded their global dominance. Therefore, it is not unsafe to say that American imperialism has been continued with platforms. As in the time of Lenin between the late 19th century and the early 20th century, there has been a connection between platform and capitalist imperialism. Platforms have functioned as a new form of distributor and producer that the u.s. dominates. Arguably, therefore, we are still living in the imperialist era.

A critical interrogation of the global hegemony of platforms proves that the dominant position of the u.s. has intensified an increasingly unequal relationship between the West and the East. In the 21st century, the world has become further divided into a handful of Western states, in particular, the u.s., which have developed platforms, and a vast majority of non-Western states, which do not have advanced platforms. Therefore, it is certain that American imperialism has been renewed with platforms, like the old form of American imperialism supported by politics, economy, and military, as well as culture.

At the time of Lenin, there was certainly a connection between communication – cable and telegraph systems – globalization and capitalist imperialism (Winseck and Pike 2007, 1). In the 21st century, again, there is a distinct connection between platforms, globalization, and capitalist imperialism.

Unlike the old notion of imperialism, though, the contemporary concept of imperialism has supported huge flows of people, news, and symbols, which, in turn, leads to a high degree of convergence among markets, technologies, and major tncs in tandem with nation-states. Platforms can be situated within more general capitalist processes that follow familiar patterns of asymmetrical power relations between the West and the East, as well as between workers and owners, commodification, and the harnessing of user power.

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