Publican en Caracas libro de Domingo Santacruz sobre el rostro oculto del Comandante Marcial

SAN SALVADOR, 22 de agosto de 2019 (SIEP). “He creído conveniente, en honor a la verdad…desempolvar algunos viejos apuntes sobre Salvador Cayetano Carpio…” nos indica Domingo Santacruz, en el prólogo de su libro El rostro oculto del Comandante Marcial publicado en Caracas, Venezuela en mayo de este año.  

Santacruz, originario de Ahuachapán y conocido dirigente revolucionario salvadoreño, fue durante el gobierno de Salvador Sánchez Ceren, Embajador de El Salvador en Venezuela y anteriormente había sido nuestro primer embajador en Cuba.

El libro, de 160 páginas, publicado por Editorial Trinchera, realiza un recorrido desde  finales de los años cincuenta hasta  concluir en los fatídicos sucesos de abril de 1983 que condujeron al asesinato de Melida Anaya Montes y el posterior suicidio de Salvador Cayetano Carpio, ambos dirigentes de las FPL y del FMLN.

El libro será presentado el próximo martes 27 de agosto en las instalaciones del Centro Cultural Nuestra América,  de 5 p.m. a 7 p.m., ubicado en la  29 Avenida  norte No 1147,  entre  calle  Gabriel Mistral y 21 Calle poniente.

CEM reproduce Notas en torno al Che (1968) del comunista salvadoreño Raúl Castellanos Figueroa

SAN SALVADOR, 28 de mayo de 2019 (SIEP) En cumplimiento de nuestro mandato, divulgamos en esta ocasión la síntesis de una charla impartida en noviembre de 1968 en la UES por el dirigente comunista salvadoreño Raúl Castellanos Figueroa, sobre la vida y obra de Ernesto Che Guevara.

Estas notas fueron publicadas por la revista La Universidad en su edición no. 6 de noviembre-diciembre de 1968.  Raúl formó parte en mayo de 1944 del Comité de Huelga que derrocó al General Martínez, y de las luchas contra los dictadores militares Aguirre y Salinas, Castaneda Castro, Osorio, Lemus, Rivera, y Sánchez Hernández. Fue un ardiente defensor de la Revolución Cubana, por lo que estuvo encarcelado en 1962  junto con el dirigente sindical comunista Antonio Velasco Iglesias. Fallece el 29 de octubre de 1970 en Moscú, Unión Soviética.

Para el Centro de Estudios Marxistas “Sarbelio Navarrete” es un honor reproducir el escrito de este revolucionario marxista salvadoreño.

Roberto Pineda

NOTAS EN TORNO AL CHE

Raúl Castellanos Figueroa[1]

«Tenía grandes ideas, pero sobre todo tenía la coherencia de un hombre que ha hecho las cosas que ha pensado, hasta el sacrificio de su vida Hay ideas que son más grandes que los hombres, pero hay hombres que son grandes como las ideas que tienen. Es muy raro encontrar hombres, como Guevara, de esta estatura tan enorme».

FRANCESCO ROSI – Cineasta italiano

A su paso por Lima, a mediados del mes de julio último, e1 señor Galo Plaza, actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue entrevistado por el periódico “La Prensa» . Entre las muchas necedades que dijo, sobre diversos temas, figuró esta respuesta a una pregunta del periodista: «Ernesto (Che) Guevara fue, evidentemente, un delincuente con mala letra»

La opinión del señor Plaza parece aludir, en parte, al hecho cierto de que el Che tenía una letra ilegible -letra de médico, al fin-, hasta el punto de que para editar en Cuba, en este año, su Diario de Campaña en Bolivia, ha contado Fidel Castro que «constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura»

Pero la ingeniosidad del señor Plaza lo define mejor a él mismo que al Che Guevara, porque semejante figurón, hoy haciende las veces de cabeza visible de ese ministerio de colonias yanquis que es la OEA, es absolutamente incapaz de comprender que el Che fue y lo será por siempre una figura revolucionaria de relieve histórico mundial. Mal que le pese a todos los Galo Plaza del Continente, el Che es ahora una personalidad de atracción irresistible para los pueblos, y en especial para los jóvenes, en las más diversas latitudes.

Es indudable que el Che supo expresar en forma extraordinaria el carácter de la juventud de nuestros días, su idealismo, su nobleza, su generosidad, su heroísmo, su vocación de libertad, su ira, su prisa, su impaciencia Y es esto, justamente, lo que explica que la juventud tome al Che como un símbolo propio y que el nombre del Che figure en estos momentos a la cabeza de tantos movimientos juveniles en variados países.

Los que apresuradamente asesinaron al Che, acaso creyeron que liquidando su existencia física se liquidaría también su ejemplo, y particularmente, la violencia armada de los pueblos de la América Latina. Esto es definitivamente absurdo, En primer lugar, porque esa violencia no responde ni puede responder a la voluntad personal de nadie, sino que surge en el marco de determinadas circunstancias históricas, entre las que juegan un papel destacado las condiciones materiales en que viven nuestros pueblos y su decisión, en ascenso, de ser libres En segundo lugar, porque es sobre todo después de muerto cuando el Che se ha convertido en un ejemplo inspirador para los revolucionarios y los pueblos, tanto como en un símbolo que aterroriza a las camarillas gobernantes latinoamericanas y al todopoderoso imperialismo yanqui. Regís Debray, el francés que estuvo con el Che en la montaña boliviana y que ahora se encuentra en prisión condenado a una larga pena, lo dijo acertadamente en su defensa política ante el Consejo de Guerra que 1o juzgó en Camiri:

«Hay hombres todavía más peligrosos muertos que vivos, aun si aquéllos que les tienen miedo cortan las manos de su cadáver, incineran el cuerpo, esconden las cenizas.  Para nosotros, el Che empieza ahora a vivir y la revolución continúa»

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Para hablar del Che Guevara como médico y revolucionario, se hace indispensable trazar un esbozo biográfico suyo. Es lo que aquí precisamente se intenta.

Ernesto Guevara nació el 14 de junio de 1928. En el presente año de 1968 habría cumplido cuarenta años, pero no pudo alcanzar esta edad.

Curiosamente, Guevara señaló los cuarenta años como la edad máxima ideal para un guerrillero. En su famoso libro «La Guerra de guerrillas» formuló la pregunta de «¿cuál será la edad ideal para el guerrillero?», para responder él mismo «Siempre estos límites son muy difíciles de precisar por una serie de características sociales y hasta individuales que amplían o disminuyen la cifra. Pero, en términos generales, se puede decir que la edad máxima del guerrillero, en la etapa absolutamente nómada de la guerrilla, no debe ser mayor de cuarenta años, salvo algunas excepciones que se dan, sobre todo, entre los campesinos»[2]

Ya en las montañas de Bolivia, cumplió el Che sus 39 años. Él lo consigna en su Diario, haciendo esta breve anotación que corresponde al día 14 de junio de 1967:

«He llegado a los 39 y se acerca inexorablemente una edad que da qué pensar sobre mi futuro guerrillero.”[3]

Pero la trayectoria del Che fue violentamente cortada en ese mismo año. El 8 de octubre fue capturado por las tropas del general Barrientos y el 9 asesinado cobardemente pro órdenes de este mismo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la muerte no pudo tomar por sorpresa al heroico jefe, consciente como estuvo este siempre de que podía perder la vida en cualquier momento, una vez entregado de lleno a la lucha revolucionaria.

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 Ernesto Guevara vio la luz en la ciudad de Rosario, centro industrial argentino de casi un millón de habitantes Pertenecía su familia a la clase media acomodada y su padre era arquitecto.

Los biógrafos del Che han encontrado pocos datos sobre sus dos primeros años de vida, aunque sí se sabe que en ese período su familia se traslada a la capital, Buenos Aires. Está muy niño cuando sufre su primer ataque de asma. La enfermedad tiene en él origen alérgico y no le abandonará ya nunca

En su Diario narra cuánto sufrió por ella en sus últimos días, perdido en la montaña, carente de medicinas y sin los necesarios cuidados.

En 1932, teniendo Ernesto 4 años, los médicos aconsejan a la familia, por la salud del niño, un cambio de clima, dado que Buenos Aires está situada en una depresión húmeda y padece el aire viciado de las grandes ciudades.

Como la familia aún goza de bienestar económico, puede hacer el traslado y escoge Córdoba.

Es en esta ciudad donde Ernesto hace toda su enseñanza primaria. La secundaria la realiza allí mismo, de 1941 a 1946. Para este año la situación económica de la familia se ha vuelto difícil, pero se muda de nuevo a Buenos Aires. Es necesario que Ernesto emprenda sus estudios universitarios.

En el mismo año de 1946, habiendo cumplido Ernesto la edad de 18 años, se produce un hecho paradójico en su vida se inscribe para cumplir con la ley argentina de enrolamiento militar obligatorio, pero los médicos, al examinarlo, de acuerdo con los requisitos físicos exigidos por el ejército nacional, lo declaran no apto para el servicio.

En cuanto a los estudios universitarios, sus amigos esperaban que se dedicaría a la ingeniería, por su inclinación a las matemáticas y su fácil dominio de las mismas, pero sorprende a todos y escoge la medicina. Roberto Fernández Retamar, el escritor cubano, por su parte ha comentado que fue «curioso» que Ernesto Guevara decidiera hacerse médico, aunque explica que todavía siendo un adolescente ya había leído mucho, «en papel de francotirador, desde literatura hasta política, y también Spenglcr y Freud», para luego concluir que «quizás este último lo inclinó a la medicina»[4]

Se puede suponer asimismo que su propia preocupación por la enfermedad del asma y una vocación de servicio a la humanidad, como él lo afirmaría más tarde, fueron dos factores que, combinados, lo llevaron al estudio de la carrera médica.

En la Universidad estudia sus asignaturas de un vistazo y aprueba los exámenes, si bien no puede decirse que sea un alumno modelo. Su amigo de entonces, Alberto Granados,  refiere: «No se preocupa mucho por la nota, le interesa más estudiar lo que le será útil y no lo que le puede servir para lograr una calificación alta en un examen». [5]

Al mismo tiempo que estudia, Ernesto gana dinero -poco- con un empleo en la Municipalidad de Buenos Aires y trabaja -gratis- en un instituto privado de investigaciones sobre alergia, donde puede aprender mucho.

Transcurren los años. El 29 de diciembre de 1951 Ernesto parte con su amigo Granados para realizar un proyecto que ambos vienen acariciando desde hace dos años: viajar por América, librados a sus propios recursos. No ha terminado Ernesto sus estudios de medicina, pero tampoco le urge hacerlo.

Los dos jóvenes amigos, improvisados trotamundos, montan en una motocicleta atiborrada de cosas necesarias y salen rumbo a Chile, pero la motocicleta se desintegra a medio camino y si consiguen llegar a Santiago es marchando, a ratos, a pie, y a ratos, en vehículos de extraños que los recogen por la carretera.

Atraviesan todo Chile, viajan por Perú, llegan al leprosario de San Pablo, en 1a provincia de Loreto, y allí trabajan en el laboratorio hasta junio de 1952.

Después navegan por el Amazonas en una balsa construida para ellos por los leprosos y que, en su extraño nombre de «Mambo-Tango», une alegóricamente a través de sus ritmos populares a Cuba y Argentina, que serán las dos patrias más queridas por el Che.

 Por las aguas del caudaloso río, Guevara y Granados llegan a Colombia.  Allí trabajan brevemente como entrenadores de fútbol y con el dinero ganado pueden dirigirse a Venezuela. En Caracas, Granados consigue trabajo y decide quedarse, en tanto que Ernesto prefiere regresar a Buenos Aires para graduarse, aunque con el compromiso de volver más tarde para reunirse con su amigo.

El viaje lo hace Ernesto dando la vuelta por Miami, en un avión de una compañía propiedad de un amigo de la familia Guevara. Se trata de un aparato dedicado al transporte de caballos de carrera.

Ese primer viaje y particularmente otro por todo el continente latinoamericano que realizará después, dejan influencias decisivas para los nuevos rumbos de la vida de Ernesto Guevara. «Es probable -dice Roberto Fernández Retamar- que entonces tuviera ya la revelación que en su tiempo tuvo Martí: la de la profunda, indestructible unidad de nuestros países, más allá de las fronteras artificiales. Es probable que entonces aprendiera a sentirse latinoamericano. En Perú, en Guatemala, en México -y luego sobre todo en Cuba-, iba a verificar lo que aquellos viajes ya le habían echado a la cara: la miseria, el desamparo y la identidad última de nuestras tierras mestizas»[6].

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De nuevo en Buenos Aires, Ernesto Guevara se propone concluir rápidamente su carrera profesional y, en efecto, en el breve plazo de seis meses, de septiembre de 1952 a marzo de 1953, realiza lo que se considera una proeza intelectual universitaria, aprobando unas quince asignaturas. Se gradúa de médico con una tesis que versa sobre alergia. Tiene 25 años.

Ha cubierto esta meta y Ernesto prefiere no permanecer en Argentina.

Desea volver a viajar e ir a reunirse en Caracas con Alberto Granados. Sale hacia La Paz, por tren, y allí comienzan a modificarse sus planes, de manera que en definitiva no llegará a reencontrarse con su amigo.

En la capital boliviana hay un hecho que le impresiona profundamente: el desarrollo de una revolución que ha triunfado un año antes pero que, por sus propias limitaciones, se ve desde ya condenada al fracaso. Toma nota, sí, el joven médico argentino, de que por las calles de La Paz las únicas fuerzas armadas que circulan son las milicias obreras, que substituyen al ejército profesional destruido por el movimiento popular.

En la misma ciudad, Guevara conoce a un exiliado argentino, enemigo de Perón, el doctor Ricardo Rojo, con quien hace una rápida amistad En septiembre del mismo año de 1953, juntos parten hacia el Perú, quedan allí unos días, lo recorren más tarde y arriban al Ecuador, deteniéndose en Guayaquil.

Las condiciones económicas en que viven allí Guevara, Rojo y otros cuatro emigrados, también argentinos, son deplorables. En determinado momento, se ven obligados todos a vender su ropa y dejarse sólo lo indispensable. Rojo se encarga después de contar:

«Guevara se quedó con el equipo mínimo: un pantalón deformado por el uso, una camisa que había sido blanca, y un saco sport con los bolsillos reventados de cargar objetos diversos, desde el inhalador contra el asma, hasta los grandes plátanos que muchas veces eran su único alimento». [7]

Rojo, por entonces, habla con entusiasmo de la situación política reinante en Guatemala, donde el presidente Jacobo Arbenz está realizando un _gobierno avanzado, y despierta el vivo interés de los demás del grupo, particularmente de Ernesto. Es así como éste decide trasladarse al país centroamericano y abandona definitivamente la idea de ir a Caracas a reunirse con Alberto Granados.  El problema que se plantea es cómo realizar el viaje.

Ricardo Rojo recurre a un abogado socialista de Guayaquil, para quien tiene una carta de presentación escrita por el líder socialista chileno Salvador Allende. El abogado hace gestiones. Finalmente les consigue pasajes en la «Gran Flota Blanca», la línea carguera de la United Fruit Co. Son pasajes hasta Panamá y Guevara se embarca, al parecer, a finales de octubre. Rojo escribe: «Después parecería mentira, pero Ernesto Guevara entró en el hervidero centroamericano gracias a un pasaje de barco que cortésmente le regaló la United Fuit Co «[8]

A su paso por San José, Costa Rica, conoce a los exiliados venezolanos Rómulo Betancourt y Raúl Leoni y al dominicano Juan Bosch, que viven los tres en la misma casa y que con los años llegarán a la Presidencia de la República en sus países. Guevara simpatiza inmediatamente con Bosch, pero hacia Betancourt, en cambio, lo que siente es una incontenible antipatía.

En la misma capital, Ernesto conoce también a algunos exiliados cubanos. Son elementos llegados allí después del fracaso en el asalto al Cuartel Moncada, en julio de ese año. Es por ellos que tiene las primeras referencias concretas de Fidel Castro.

Comenzando enero de 1954, Guevara y Rojo siguen viaje a Guatemala, por tierra. Atraviesan, así, El Salvador y hacen aquí una pequeña escala. Esto lo refiere Rojo a su manera, con el añadido de evidentes exageraciones. Ni el señor Gustavo Vides, «coronel» sólo por chifladura personal, era «el hombre más poderoso de la ciudad y uno de los más poderosos del país», ni se ha sabido nunca que en su finca «Las Cruces» (verdadero nombre) fusilara tan tranquilamente a los peones, aunque bien es cierto que tenía y quizás todavía tiene su policía particular y su propio calabozo. Pero, en todo caso, tratándose de un testimonio del paso del Che por El Salvador, vale la pena consignarlo:

«Al entrar en San Salvador, el ómnibus que nos llevaba recogió pasajeros en la segunda ciudad de la república, Santa Ana. Recordé que el amable embajador salvadoreño en Guatemala me había aconsejado visitar a cierto coronel Vides en caso de que me detuviera algún día en Santa Ana. Este resultó ser el hombre más poderoso de la ciudad y uno de los más poderosos del país, de manera que rápidamente nos  pusimos en contacto con él. Al conocer el motivo de nuestra visita, se esforzó en hacerla más agradable. Fuimos sus invitados en una formidable plantación cafetalera, llamada Dos Cruces, una extensión bien cultivada, con complejas instalaciones para el procesamiento del vegetal. El coronel tenía una hija de excepcional belleza que se ofreció para hacemos conocer la finca. Fue entonces, al pasar, y mientras reparábamos en la eficiencia de la explotación, cuando descubrimos dos o tres detalles llamativos. La finca estaba rodeada de alambrado de púa, a unos dos metros de altura, y la recorrían unos individuos de uniforme militar que, sin embargo, no tenían grados ni los colores del ejército salvadoreño. Estos individuos llevaban unos imponentes revólveres de calibre 48 (sic) y, en aquel momento, parecían sumamente pacíficos. La hermosa hija del coronel respondió a nuestra curiosidad. Era la policía «interna» de la plantación, la encargada de restaurar el orden cuando «aquella gente» -y señalaba a unas mujeres y unos niños que esperaban a los hombres en inmundos barracones- se rebelaba.”

“Fue, aunque parezca obvio decirlo, la última noche que pasamos en la finca Dos Cruces, junto al amable coronel que fusilaba a sus peones y a la hermosa hija que nos tranquilizaba asegurando que «papá es una buena persona»»[9]

La llegada a Guatemala, en plena efervescencia revolucionaria y ya bajo las amenazas directas del imperialismo yanqui, sacude a Ernesto Guevara.

Desde luego, llega sin dinero Como para ejercer la profesión de médico tendría que seguir un prolongado trámite de revalidación de su título, renuncia a hacerlo y vive de cualquier modo Es allí donde, por su condición de argentino, comienza a ser llamado cordialmente con el sobrenombre de «el Che», que luego se hará mundialmente famoso (Con los años, el propio Guevara ha de confesar; «Para mí, «Che» significa lo más importante, lo más querido de mi propia vida. ¿Cómo podría no gustarme? Todo lo anterior, el nombre y el apellido, son cosas pequeñas, personales, insignificantes «)

La conspiración dirigida por el gobierno del General Eísenhower, culmina con la invasión mercenaria de Castillo Armas, en junio de 1954. El gobierno de Arbenz, prácticamente sin resistir, se derrumba. Guevara tiene sólo seis meses de estar en Guatemala. Tiempo después, en 1958, luchando ya en la Sierra Maestra al lado de Fidel Castro, dirá en una entrevista con un corresponsal argentino «Cuando se produjo la invasión norteamericana traté de formar un grupo de hombres jóvenes como yo para hacer frente a los aventureros fruteros. En Guatemala era necesario pelear y casi nadie peleó. Era necesario resistir y casi nadie quiso hacerlo».[10]

El Che se asila en la Embajada Argentina, lo mismo que muchos guatemaltecos y de otras nacionalidades, incluso salvadoreños que estaban en Guatemala expatriados por el gobierno del coronel Oscar Osorio. Estos recuerdan haber conocido allí a Guevara, el cual enseguida se niega a regresar a Buenos Aires en los aviones enviados por Perón para transportar a los asilados. Por tierra, sale hacia México, en septiembre de 1954.

Va a comenzar entonces una nueva etapa, muy importante, en la vida de Ernesto Guevara, pero ya la experiencia de Guatemala le ha dejado una huella profunda.  Hilda Gadea, peruana exiliada en el país centroamericano, que allí conoció al Che y se convirtió más tarde en su primera esposa, ha de escribir después que fue Guatemala la que lo convenció definitivamente de la necesidad de luchar con las armas contra el imperialismo, de pasar a la ofensiva.

El mismo Che escribe en 1960 estas palabras por demás reveladoras sobre los efectos de la experiencia vivida en Guatemala y que significan en él una clara toma de conciencia revolucionaria:

«Casi todo el mundo sabe que inicié mi carrera corno médico, hace ya algunos años. Y cuando empecé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que tengo corno revolucionario estaban ausentes en el almacén de mis ideales.  Quería triunfar, como quiere triunfar todo el mundo; soñaba con ser un investigador famoso, conseguir algo que podía estar, en definitiva, puesto a disposición de la humanidad.

«Por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter, empecé a viajar por América y la conocí entera. Y por las condiciones en que viajé, empecé a entrar en estrecho contacto con la miseria, con el hambre, con las enfermedades, con la incapacidad de curar a un hijo por falta de medios, con el embrutecimiento que provocan el hambre y el castigo continuos. Y empecé a ver que había cosas tan importantes como ser un investigador famoso o como hacer un aporte sustancial a la ciencia médica: y era ayudar a esa gente.”

«Ya había viajado mucho -estaba en aquellos momentos en Guatemala, la Guatemala de Arbenz- « y había empezado a hacer unas notas para norrnar la conducta del médico revolucionario. Empezaba a investigar qué cosa era lo que se necesitaba para ser un médico revolucionario. Sin embargo, vino la agresión, la agresión que desataría la United Fruit, el Departamento de Estado, Foster Dulles -en realidad es lo mismo-. Entonces me di cuenta de una cosa fundamental para ser médico revolucionario, lo primero que hay que tener es Revolución».[11]

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En la ciudad de México, sobre todo al principio, nuevas dificultades económicas aquejan a Ernesto Guevara. Por un tiempo se ve obligado a trabajar como fotógrafo callejero. Finalmente, en el Hospital General de la misma ciudad el Che gana un concurso para cubrir una plaza y comienza a trabajar como médico en la sala de alergia.

Es allí donde conoce a un cubano exiliado que llega necesitado de tratamiento. Este le hace conocer enseguida a Raúl Castro, el cual, a su vez, días más tarde, lo presenta con Fidel Castro. Los dos hermanos están allí desde mediados de 1955, después de haber pasado casi dos años en las cárceles de Batista, en Cuba.

Fidel se encuentra ya en esos momentos entregado a la preparación de la vuelta a su país, con las armas en la mano. Una sola plática, durante toda una noche, con el dirigente cubano, convence a Guevara de que Cuba es un país que merece su entrega revolucionaria y decide allí mismo incorporarse a la futura expedición. El mismo ha de evocar esa entrevista varios años más tarde, al momento de una nueva grave decisión, en la carta de despedida que deja a Fidel Castro cuando se aleja de Cuba y que comienza así: “Fidel: me acuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.”

Los preparativos comprenden: en primer lugar, un curso intensivo dado por el coronel Alberto Bayo, español emigrado y veterano de la Guerra Civil. El curso incluye enseñanzas teóricas y, sobre todo, mucha práctica en la forma de marchas, disparo de armas de fuego, fabricación de bombas, tácticas guerrilleras. Al concluir el curso, el coronel Bayo califica a los estudiantes y señala como el alumno más aventajado a Ernesto Guevara[12], el mismo a quien el ejército de su país lo había rechazado unos diez años antes por considerarlo no apto para el servicio militar.

Cuando el barco «Granma» deja las playas de México, el 25 de noviembre de 1956, Ernesto Guevara va como el médico de la expedición. Son ochentidos hombres en total.

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El desembarco en playas cubanas es seguido de un desastre militar, dado que el pequeño grupo es rápidamente descubierto por las tropas de Batista en Alegría de Pío, un lugar de la Provincia de Oriente, cerca de Cabo Cruz. En pleno refuego, cercado por los soldados de la tiranía, el grupo de invasores se ve obligado a replegarse hacia unos cañaverales. Es justo en ese instante cuando se plantea al Che, por primera vez y en una forma dramática, la disyuntiva de ser médico o ser soldado revolucionario. Él lo recordará con sus propias palabras, después del triunfo de la revolución: «Quizás esa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas.”[13]

Pero el Che tuvo que seguir haciéndola de médico, sobre todo mientras otros médicos no llegaron a la Sierra a incorporarse a la lucha guerrillera.  Abunda la literatura que pinta al Che como médico y soldado en los gloriosos días de la guerra en las montañas. Mejor que nadie había de hacerlo el Comandante Fidel Castro, en el emocionado discurso que pronunció en la Plaza de la Revolución, de La Habana, el 18 de octubre de 1967, rindiendo homenaje al jefe guerrillero recientemente muerto.

«Sobrevino el primer combate victorioso -díjo Fidel- y el Che fue soldado ya de nuestra tropa y, a la vez, era todavía el médico, sobrevino el segundo combate victorioso y el Che ya no sólo fue soldado, sino que fue el más distinguido de los soldados en ese combate, realizando por primera vez una de aquellas proezas singulares que lo caracterizaban en todas las acciones; continuó desarrollándose nuestra fuerza y sobrevino ya un combate de extraordinaria importancia en aquel momento. Y en aquella ocasión (el Che) no sólo fue combatiente distinguido, sino que además fue también médico distinguido, prestando asistencia a los compañeros heridos, asistiendo a la vez a los soldados enemigos heridos. Y cuando una vez fue necesario abandonar aquella posición, una vez ocupadas todas las armas y emprender una larga marcha, acosados por distintas fuerzas enemigas, fue necesario que alguien permaneciese junto a los heridos, y junto a los heridos permaneció el Che.

Ayudado por un grupo pequeño de nuestros soldados, los atendió, les salvó la vida y se incorporó con ellos ulteriormente a la Columna.»

No cabe aquí entrar en los detalles de la guerra revolucionaria en Cuba. En su desarrollo, el Che se cubrió de gloria, destacándose como un jefe militar de primera categoría. Por encargo de Fidel llevó la acción armada de un extremo a otro de la isla y se consagró al final como el heroico conquistador de Santa Clara. Cuando la tiranía cae estrepitosamente el l ro. de enero de 1959, la figura del Che está envuelta por el prestigio y la leyenda.

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El triunfo de la revolución abre perspectivas enormes al país, pero impone también tremendas responsabilidades a los dirigentes, casi todos muy jóvenes. El Comandante Ernesto Guevara pasa a ocupar posiciones claves en el nuevo gobierno, como Presidente del Banco Nacional, primero, como Ministro de Industrias, más tarde. En el primer cargo su tarea es estabilizar la grave situación de las divisas; en el segundo, impulsar el desarrollo industrial de la nación, en las difíciles condiciones del bloqueo impuesto por el imperialismo yanqui.

Todo esto exigió del Che el estudio de nuevas disciplinas, el conocimiento lo más profundo posible de los problemas. Guerrillero valiente y capaz en la montaña, sus nuevas altas responsabilidades como estadista supo cumplirlas con talento extraordinario y gran eficiencia. «Este Guevara, es un gerente», apuntó como un elogio un corresponsal del «New York Times».[14]

Característico fue siempre en el Che su agudo uso de la crítica tanto para juzgarse a sí mismo corno para evaluar la labor de sus subordinados, y en sus actuaciones, pese a rodearlas de la severidad necesaria, puso oportunamente siempre un toque de fino humor personal o de sutil intención social. Es significativo, a propósito, que siendo Presidente del Banco Nacional firmara los nuevos billetes con una sola palabra «Che». Según Ricardo Rojo, esto lo hizo «para dar un golpe mortal a la concepción burguesa del dinero, para quitarle su carácter casi religioso y reducirlo a lo que es, en efecto, un medio».[15].

Con todo y sus graves funciones, siempre vivió el Che modestamente. Cumpliendo misiones oficiales viaja mucho por el extranjero en años sucesivos y, si regresa con voluminosos informes, evita traer mayores regalos a sus hijos porque, según les explica: «los miles de niños pobres de Cuba nos prohíben convertiros en hijos de ricos».[16]

Jean Paul Sartre, el escritor y filósofo francés, se sorprende en sus primeros viajes a Cuba al encontrar al Comandante Guevara nada menos que dirigiendo el Banco Nacional. Sin embargo, comprende el caso y señala que no es, ni mucho menos, el único en Cuba, de gente improvisándose después del triunfo de la revolución, al frente de responsabilidades para las que nunca antes recibió la preparación adecuada. Subraya el hecho curioso de que «la revolución recluta gustosamente sus hombres-orquesta entre los médicos y los cirujanos.»

Entre los casos de «hombres-orquesta», es decir, hombres que tuvieron que ocupar posiciones correspondientes a otros especialistas porque éstos no existían o habían huido, Sartre menciona el del Instituto de la Reforma Agraria que, lógicamente, tenía que haber utilizado a agrónomos como administradores de las zonas económicas en que había dividido a la isla, pero echó mano de los médicos y a veces de los veterinarios. Los puso al frente de sus cargos y los lanzó a improvisar. No faltaron los fracasos, pero el cuerpo médico supo cumplir honrosamente esa tarea suplementaria. Alguien dio a Sartre, como explicación, la de que los médicos «tienen el sentido de los organismos toman una zona, una región económica, por un cuerpo vivo y saben que allí todo depende de todo».[17]

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Seguramente, de los jefes de la Revolución Cubana fue el Che el que más se preocupó desde los primeros días no sólo por caracterizar correctamente, en el terreno teórico, a la propia revolución, sino además por desarrollar la teoría revolucionaria. Los jóvenes que habían encabezado el movimiento armado, con Fidel Castro en primer término, no habían partido, para la acción, de una concepción teórica suficientemente precisa y madura. De ahí que, al triunfo sobre la tiranía batistiana y en el momento de iniciar su labor desde el poder, la primera pregunta que hubieron ele formularse ellos mismos, como lo ha apuntado Roberto Fernández Retamar en su Prólogo a las obras del Che, fue «¿qué era esa revolución?», ¿cuál era la teoría revolucionaria de esa acción revolucionaria?» Y recuerda el mismo escritor que ya en 1960, hablando ante el Congreso de Juventudes reunido en La Habana, el Che, en respuesta a aquella interrogante, se adelantó a decir » Si a mí me preguntaran si esta revolución que está ante los ojos de ustedes es una revolución comunista vendríamos a caer en que esta revolución, en caso de ser marxista -y escúchese bien que digo marxista- será porque descubrió también, por sus métodos, los caminos que señalara Marx.»

En un sentido específico, el Che Guevara se esforzó por sistematizar y desarrollar las experiencias de la lucha revolucionaria en Cuba, y de manera particular, las experiencias de la lucha guerrillera. Sus planteamientos sobre la guerrilla y la lucha guerrillera como un camino, ya no solamente para Cuba, sino para todos los países latinoamericanos y, en general, para los países oprimidos por el imperialismo y las oligarquías, figuraron primero en su famosa obra «La guerra de guerrillas». No es posible ocuparse aquí pormenorizadamente del tema, pero hay que señalar al menos que algunos planteamientos fundamentales que allí aparecen y que, pese a algunas críticas exageradas en contra, eran correctos, como basados que estaban en la experiencia reciente y riquísima de la lucha armada cubana, fueron más tarde reelaborados, en otros trabajos del Che. Quizás el trabajo más interesante en este orden sea el artículo «Guerra de guerrillas un método», escrito y publicado en 1963.

Por este camino, el Che llega a concebir la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos como una lucha de dimensiones continentales, plantea que están dadas las condiciones para la lucha armada en prácticamente todos nuestros países, destaca la necesidad de la internacionalización de la lucha, anuncia la invencibilidad de la guerrilla que cuenta con el apoyo de las masas de desposeídos y preconiza que la meta inmediata debe ser la de la revolución socialista, advirtiendo que toda otra forma de revolución no será sino «caricatura de revolución». Estas tesis aparecen con el tiempo redondeadas en su conocido Mensaje a la Tricontinental, de mayo de 1967, donde llega a afirmar que “América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación tendrá una tarea de mucho mayor relieve la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam o del Segundo y Tercer Vietnam del mundo.»

El Mensaje a la Tricontinental, lo envió el Che, como se sabe, cuando estaba ya fuera de Cuba. Salió de la Isla en el primer semestre ele 1965, para ir a participar en la lucha revolucionaria desarrollada en otras latitudes. Durante mucho tiempo constituye una cerrada incógnita el paradero de Guevara y por cierto que esto se presta para que la reacción internacional juegue con la especie venenosa de que el legendario personaje ha sucumbido en una «purga sangrienta» ordenada por Fidel Castro. Son los días en que, como fantasma, se le hace aparecer por los más diversos rumbos. 

En El Salvador también lo aprovecha la propaganda anticomunista y lo presenta desembarcando de un submarino en las playas del Pacífico o entrevistándose en El Trifinio con dirigentes políticos nacionales. Las dudas y las especulaciones terminan por hacerse pedazos cuando finalmente se sabe dónde se encuentra el Che: se encuentra en Bolivia, a la cabeza de un movimiento guerrillero. Es el año 1967. Antes, sin embargo, parece ciertamente haber estado peleando en el Congo y otras naciones africanas enfrentadas a la opresión imperialista.

Ahora bien, ¿por qué el Che se fue de Cuba? ¿Por qué abandonó sus altas responsabilidades en ese país, sus cargos dirigentes, sus posiciones conquistadas? ¿Por qué, también, abandonó a su familia y sus relativas comodidades personales? Estas son cuestiones sobre las que vale la pena decir algo.

En primer lugar, el Che nunca se consideró exclusivamente ligado a Cuba, por mucho que hubiera contribuido en forma tan destacada a su liberación y por mucho que hubiera alcanzado allí una jerarquía prominente en las filas revolucionarias y en el gobierno. Sobre todo, en la medida en que el Che llegó a adquirir la conciencia de la necesidad de la revolución en escala continental, se puede apreciar que concluyó también, en determinado momento, que no debía permanecer más tiempo en Cuba y que había de orientarse a ir a tomar parte activa en la lucha liberadora de otras regiones de Latinoamérica.

Es interesante tener en cuenta que, según el testimonio de otros revolucionarios cubanos que, estuvieron en México participando en los preparativos de la expedición del ‘Granma», desde aquellos mismos días, es decir, antes aun de llegar a Cuba y de poderse precisar la suerte que correrían el movimiento armado y la revolución, el Che ya anunciaba que al terminar la lucha en Cuba, si él estaba vivo, seguiría la brega en otros países.  Fidel Castro, por su parte, recordó lo mismo diciendo así en el acto de clausura de la Conferencia Tricontinenta1, realizada en 1966 en La Habana:

«El compañero Guevara se unió a nosotros cuando estábamos exilados en México, y siempre, desde el primer día, tuvo la idea, claramente expresada, de que cuando la lucha terminara en Cuba, él tenía otros deberes que cumplir en otra parte, y nosotros siempre le dimos nuestra palabra de que ningún interés de Estado, ningún interés nacional, ninguna circunstancia, nos haría pedirle que se quedara en nuestro país, obstaculizar el cumplimiento de ese deseo, o de esa vocación. Y nosotros cumplimos cabalmente y fielmente esa promesa que le hicimos al compañero Guevara.»

Hay también otra cosa que decir y es en relación con el carácter mismo del Che. Ya en un párrafo que antes hemos citado, el Che reconocía que fue «por circunstancias especiales y quizás también por mi carácter» -decía- que todavía muy joven comenzó a viajar por América. Y en otros párrafos escritos con toda la sinceridad que era característica del Che, él confesó que algo que lo ligó con Fidel Castro desde un principio fue «un lazo de romántica simpatía aventurera», y en otros más él admitió que había llevado siempre «una vida un poco aventurera»[18] Se comprende así que al irse de Cuba para lanzarse a una nueva lucha aunada, él diga en la carta de despedida dirigida a sus padres que otra vez siente bajo sus talones el costillar de Rocinante y vuelve al camino con su adarga al brazo, para luego puntualizar, categórico, que cree en la lucha armada como única solución pata los pueblos que luchan por liberarse y que es consecuente con sus creencias. A renglón seguido, se adelanta a sus críticos declarando: «Muchos me dirán aventurero, y lo soy; sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades.”

El Che, en verdad, puso en juego su pellejo para tratar de demostrar sus propias verdades, para ver de llevar a la realidad sus ideas. Se fue a Bolivia para encabezar una lucha aunada, pero con el pensamiento de que esa lucha no solamente sirviera a la liberación del pueblo boliviano, sino fuera el foco inicial de una guerra de liberación de dimensiones continentales. Esto aparece implícitamente dicho en su Diario de Campaña.

Que en la empresa pudiera perder la vida, el Che lo consideraba algo completamente sin importancia. Hacía años el Che se había entregado a la acción revolucionaria con absoluto desprecio por todos los peligros, dispuesto a todos los sacrificios, inclusive el supremo. Con palabras sencillas, él mismo lo declaró una vez más en su ya citado Mensaje a la Tricontinental:

«Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado”

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Las ideas expresadas por el Comandante Guevera sobre el «foco guerrillero» como motor del proceso revolucionario y ya no sólo en escala nacional sino con proyecciones internacionales, continentales, han sido y seguirán siendo motivo para la polémica apasionada, sobre todo ahora que el Che ha muerto en una lucha que él encabezó pero que se vio condenada al fracaso desde los momentos iniciales.

Fidel Castro quiso salir al paso a los adversarios de las tesis del Che diciendo que se equivocan completamente los que creen que la muerte misma del heroico Comandante vino a ser una evidencia de cuán equivocado estaba.

«Se equivocan los que cantan victoria -ha dicho Fidel-. Se equivocan los que creen que su muerte es la derrota de sus ideas, la derrota de sus tácticas, la derrota de sus concepciones, la derrota de sus tesis.”[19]

Ciertamente, no se puede extraer del hecho solo de la muerte del Che conclusiones absolutas, en sentido negativo, acerca de las tesis que propugnó él mismo y por las que expuso y entregó la vida. Pero también es cierto que no se puede ni se debe renunciar, de ninguna manera, a la necesidad de estudiar cuidadosamente la experiencia armada que culminó con la pérdida dolorosa de la vida del Comandante Guevara, puesto que no cabe ninguna duda de que esa experiencia, como tantas otras experiencias amargas que ha debido sufrir la lucha revolucionaria de la América Latina, encierra enseñanzas de extraordinario valor para la causa de la liberación de nuestros pueblos.

Opositores a las ideas del Che, los hay revolucionarios sinceros, con auténtica preocupación por los destinos de la revolución en el Continente, y los hay charlatanes y oportunistas, falsos revolucionarios, para no hablar de los enemigos de clase y los voceros de las oligarquías criollas y el imperialismo norteamericano. No se debe meterlos a todos en un solo saco ni se puede realizar verdadero debate ideológico lanzando por parejo comentarios despectivos o frases hirientes.  En general, no es éste el camino para hacer valer ninguna idea.

Aquellos que, atraídos por el magnetismo de la figura del Che, subyugados por el resplandor de su ejemplo, pretenden hacer la defensa de su grandeza reclamando en forma intransigente la absoluta validez e infalibilidad de sus tesis, actúan así equivocadamente. En primer lugar, esa posición en un todo dogmática se aviene mal con el nombre del Che, enemigo declarado de todo dogmatismo. Por lo demás, unir indisolublemente el prestigio del dirigente desaparecido a la suerte de tal o cual idea suya es, en definitiva, peligroso y absurdo. Los que así proceden tendrán que reconocer que, no importan sus buenos propósitos, son ellos los que disminuyen, empequeñecen la estatura del Che, los que la exponen a embates innecesarios, los que la arriesgan a fracasos que no merece. La verdad es que, aun cuando la experiencia repetida muchas veces se encargue por fin de demostrar, de modo evidente e indiscutible, que no es realmente correcto o que no puede ser en todos los casos correcto el camino propuesto por el Che, estrictamente como él llegó a concebirlo en los últimos años de su vida, el nombre de Ernesto Che Guevara, su prestigio fulgurante, seguirán trascendiendo el tiempo y las fronteras.

El Che es ya más grande que sus propias ideas y si por éstas entregó la vida, aunque con ello no las haya convalidado sí dejó una enseñanza magnífica, mostrando en los hechos cuál es la única forma de ser verdadero revolucionario, de vivir y morir como verdadero revolucionario.

Sin que nadie haya tenido que dictarlo, la figura del Che se impone por sí sola, su ejemplo causa conmoción en el mundo y su nombre sirve hoy de bandera a vigorosos movimientos juveniles que se desarrollan tanto en América Latina, como en la metrópoli imperialista norteamericana o en los países de la vieja Europa. Hay en esto el reconocimiento espontáneo a la figura del héroe que reúne en forma singular las virtudes de un hombre de pensamiento, de un hombre de acción y de un auténtico conductor.

Ernesto Che Guevara, el médico convertido en guerrillero y más tarde el dirigente que abandona todas las posiciones de poder alcanzadas con su esfuerzo para ir a caer en una selva cualquiera luchando por la causa de la felicidad futura de millones de latinoamericanos hoy pobres y explotados, es definitivamente el prototipo de un hombre nuevo y símbolo de una época revolucionaria, turbulenta y gloriosa.


[1] Notas de una. charla para estudiantes sobre el tema «El Che Guevara.: Médico y Revolucionario «, dictada por el autor en la Residencia Estudiantil de la Universidad de El Salvador el 5 de noviembre de 1968.

[2] Ernesto Che Guevara. Obra revolucionaria. Ediciones ERA. México D. F. 1967

[3] Diario del Che en Bolivia. Ediciones Rumbo. San salvador. 1968

[4] Roberto Fernández Retamar, Prólogo 11 «Obra Revolucionaria», de Ernesto «Che» Guevara, Ediciones ERA, México, D F , 1967

[5] Revista «CUBA», La Habana, noviembre 1967

[6] Prólogo . «Obra Revolucionaria», de Ernesto «Che» Guevara

[7]Ricardo Rojo en su libro «Ml Amigo el Cheº, según la síntesis publicada por la Revista Siete Días, No. 56 Buenos Aires, junio 1968

[8] Ricardo Rojo en su libro «Ml Amigo el Cheº, según la síntesis publicada por la Revista Siete Días, No. 56 Buenos Aires, junio 1968

[9] Obra ya citada.

[10] Jorge Ricardo Masseti, «Los que luchan y los que lloran'», Editorial Madiedo , La Habana 1959

[11] Citado por la Revista Cuba, La| Habana, noviembre 1967

[12] L. Huberman y P. Sweezy.”Cuba, Anatomía de una Revolución.” Editorial Palestra, Montevideo, 1962

[13] Ernesto «Che»Guevara, «Pasajes de la Guerra Revolucionaria «, libro incluido en «Obra Rwevolucionaria. «

[14] Citado por Albert Paul Leutin , «El Desafío del Che Guevara» Suplemento de la revista «Punto Final».

 Santiago de Chile, octubre 21, 1967

[15] Citado per Jacobo Zabludovsky, “El Che Guevara.», Revista  “Slempre'», México D F  mayo 22, 1968

[16] Albert Paul Leutin “El desafío del Che Guevara.”

[17] Jean Paul Sartre, «Huracán sobre el Azúcar, edición del Ministerio de Relaciones Exteriores LaHabana, 1959

[18] Citas de 13. revista  “CUBA». noviembre, 1967

[19] Prólogo al «Diario del Che en Bolivia»

La Unión Popular Salvadoreña, UPS, desafiando al General Martínez en 1939

SAN SALVADOR, 6 de mayo de 2019 (SIEP) “Constituye una gran alegría  como historiadores del movimiento popular recuperar este pedazo de la historia oculta, prohibida, censurada,  de la izquierda revolucionaria en El Salvador que en mayo de 1939, originaba un frente antidictatorial llamado Unión Popular Salvadoreña, UPS, enfatiza Roberto Pineda, Coordinador del Centro de Estudios Marxistas “Sarbelio Navarrete.”

Agrega Pineda que “esta información surge como resultado de la publicación por el Bloque Popular Juvenil, BPJ, en su periódico Militante de mayo de este año (pág. 10,11) del artículo El Futuro de la revolución salvadoreña, del aprista salvadoreño devenido trotskista, José Enrique Blanco Corpeño, publicado por la revista fundada por Trotski, Clave/Tribuna Marxista, en mayo de 1939. Blanco Corpeño era en diciembre de 1938, en ciudad de México, editor de Trinchera Aprista.”

Señala que “agradecemos infinitamente al BPJ –no obstante nuestras obvias diferencias ideológicas-por permitirnos echar un vistazo a esta segunda generación de comunistas luego del 32,  así como recuperar este eslabón organizativo llamado Unión Popular Salvadoreña, que se suma a otros esfuerzos posteriores como la UNT, el PRAM, el PAR Nueva Línea y el UDN, que fueron expresiones abiertas del clandestino Partido Comunista de El Salvador, PCS, en su existencia de 65 años.”  

A continuación, reproducimos en su integralidad el texto histórico mencionado de Blanco Corpeño.

El Futuro de la Revolución Salvadoreña

Años de reacción se han sucedido después del fracasado intento de liberación campesina de 1932, llevada a cabo por primera vez en la historia salvadoreña, con el concurso de un proletariado incipiente, falto de un verdadero partido proletario, y al contrario, dirigido por un partido que no respondió a la hora de la revolución más que a los dictados de unos cuantos pequeño-burgueses vacilantes y faltos de una verdadera conciencia bolchevique-leninista.

Estos años de reacción han comprobado que el Partido stalinista (III Internacional) que hoy apenas existe en la cabeza de algunos abogados, médicos e intelectuales frente populistas y social-patriotas, fue incapaz de dirigir la lucha del campesinado contra los señores feudales de la tierra, al no combinarla con el proletariado para hacerla culminar con la revolución proletaria, única capaz de llevar hasta su fin la revolución burguesa. Tampoco podrá, en los actuales momentos que vive la humanidad, llevar al triunfo contra el fascismo al proletariado salvadoreño ni a la realización de la revolución nacional-demócrata que corresponde a este pequeño país como nacionalidad oprimida, país semi-colonial, bajo la dominación de los imperialismos yanqui e inglés fundamentalmente.

Mas sin embargo, aunque dolorosa la experiencia (20,000 campesinos y obreros ametrallados) la lección de esta revolución será histórica como lo fue la de la primera revolución rusa der 1905 para el proletariado de 1917. Será histórica, decimos, para el joven proletariado salvadoreño que se mostró demasiado débil en 1932 para tomar el poder. Los años de reacción brutal del régimen policiaco-militar del Gral. Martínez, que todavía parece, lo fortalecerán y a darán al madurez necesaria, que solo de la  clandestinidad, para llevar tarde o temprano la revolución nacional-democrática hasta su final realización.

Ocho años de reacción, transcurridos desde la revolución campesina, han transformado la mecánica política de las diversas fuerzas sociales. En los primeros años del régimen policiaco-militar del General Martínez, este tuvo el apoyo de toda la sub-burguesía y clases feudales así como el de la mayoría de la pequeña burguesía.

La sub-burguesía se ha dividido en dos tendencias políticas frente al gobierno. Parte de ella, sirve las exigencias de los intereses imperialistas de los Estados Unidos e Inglaterra, y la otra responde  a la presión de los imperialismos fascistas de Alemania e Italia en especial. En la misma situación, se hayan las clases feudales, unidas por diversos vínculos económicos tanto al imperialismo internacional como a la sub-burguesía. La pequeña burguesía, por otro lado, afianza sus posiciones políticas, bien con las clases dominantes, bien con las masas populares (campesina y proletaria) divorciadas completamente del gobierno.

La acelerada penetración económica de los imperialismos fascistas de Alemania (fundamentalmente) e Italia, en los años en que el gobierno careció del reconocimiento diplomático de los Estados Unidos, dio origen a una pugna entre las dos fracciones sub-burguesas dependientes del capital financiero internacional, extendiéndose asimismo esta pugna a las capas feudales.

El gobierno del Gral. Martínez se inclinó desde un principio en favor de las clases que representaban intereses de los fascistas mencionados, las relaciones comerciales y políticas con los estados totalitarios fueron estrechadas en detrimento del imperialismo anglo-sajón y de sus agentes del interior.

Esta pugna política en el seno de las clases dominantes se ha exteriorizado en los últimos años por medio de intentonas políticas en contra del régimen, dirigidas por coroneles y generales a sueldo de la sub-burguesía descontenta con el régimen. Estas intentonas de cuartelazo no han tenido más que débil eco entre las clases populares, que intuitivamente se dan cuenta del origen de estas pugnas, cuyos resultados, sean los que fueren, no cambiaran el régimen económico, político y social a que están sujetas hoy, bajo el despotismo brutal del gobierno del Gral. Martínez.

La situación internacional se caracteriza por una profunda crisis política entre los diversos países imperialistas. El imperialismo fascista de Alemania, siguiendo la aventura del imperialismo fascista de Italia en Etiopía, (solo que cambia do de métodos) se anexa primeramente a Austria, luego a parte de Checoslovaquia para meses más tarde anexarse a Memel y a Checoslovaquia entera. En España, el fascimo ítalo-germano presta su ayuda de una manera definitiva al fascista Franco, hasta culminar con la rendición de Madrid y la fuga aparatosa de los líderes del Frente Popular español. Las llamadas “democracias” imperialistas de Francia, Inglaterra y Estados Unidos, ante esta situación, hacen lineamientos para “salvar la humanidad de las garras del fascismo “, constituyendo un frente único de las democracias burguesas contra Alemania-Italia.

La guerra interimperialista, tarde o temprano, se desencadenará; los campos ya están delimitados: imperialismos “democráticos” contra imperialismos fascistas. El stalinismo, tomando la misma posición que tenían los social-patriotas de al II Internacional en 1914, toma ya su puesto al lado de los imperialismos “democráticos”, a fin de contribuir con la sangre del proletariado internacional a la defensa de la “democracia burguesa.” Para el stalinismo no hay más disyuntiva que “democracia” burguesa o fascismo. En México, ya el líder máximo de la Confederación de Trabajadores (C.T.M.) el abogado mixtificador de los objetivos del proletariado en la guerra interimperialista, Lombardo Toledano, ha declarado, en el mitin de celebración de la expropiación petrolera (19 de marzo) que el proletariado mexicano y todo el pueblo en general debe aprestarse para luchar en la próxima guerra contra el fascismo internacional, al lado de los imperialismos “democráticos” que son los únicos que pueden salvar a la humanidad de la crisis actual.

Ante la situación política salvadoreña,(indudablemente ligada con la situación internacional de pugna imperialista) todo luchador proletario salvadoreño se preguntara , ¿Qué hacer? El stalinismo salvadoreño responde: Sostener los “principios” tratar de “ampliarlos y fortalecerlos con mayores garantías”, “la economía pública” debe ser organizada “sobre lineamientos científicos y honestos” debe hacerse “un llamamiento a todos los elementos democráticos del país para que, borrando las diferencias ideológicas y de clase, nos unifiquemos sobre la base democrática en la lucha contra Martínez” puesto que “en estos momentos en que las democracias americanas se alían para defenderse de la penetración fascista, Martínez no solo sabotea, al margen de las declaraciones oficiales, democráticas y de buena vecindad del presidente Roosevelt, sino que también traiciona los más caros aspiraciones de todos los pueblo democráticos de América (Lo entre comillas pertenece a fragmentos del “Manifiesto de la Unión Popular Salvadoreña” –U.P.S.-, organización controlada y dirigida por la fracción stalinista de El Salvador).

Respondiendo a los dictados de la III Internacional el stalinismo salvadoreño –diremos con palabras de Lenin, en 1905- ha “aprendido que la transformación democrática tiene en su base económica la revolución burguesa, y han “entendido” esto de tal modo que es necesario rebajar los fines democráticos del proletariado hasta el nivel de la moderación burguesa, hasta el límite más allá del cual “la burguesía se aparta.”

En realidad, el stalinismo salvadoreño lanza llamamientos a la unificación con las clases sub-burguesas y feudales descontentas con el régimen martinista, para que en ella el proletariado vaya a remolque, pues la dirección de este último a base de una política independiente, en la revolución que se inicia, haría que las clases dominantes se apartasen de él; es decir, el stalinismo salvadoreño sostiene la teoría y su practica contrarrevolucionaria del “Frente Popular” que pretende  vivir fuera del terreno de la lucha de clases. Sin embargo, -con palabras de Lenin, en 1905- “el proletariado espera su salvación, no de su desviación de la lucha de clases, sino de su desarrollo, de su ensanchamiento, de la conciencia, de la organización, de la decisión.” Y esto lo decía Lenin refiriéndose a la política independiente que debe sostener el proletariado en la revolución.

Por otro lado, cuando Lenin en 1905 hablaba de la revolución democrática-burguesa en su aspecto popular, así como del abuso de la palabra “pueblo” (abuso que comete hoy el stalinismo) decía: “El que menoscaba los fines proletarios en la revolución democrática-burguesa, convierte al social-demócrata, que debe ser un caudillo de la revolución popular, en líder de sindicato.”…”la socialdemocracia ha luchado y lucha con pleno derecho contra el abuso burgués-democrático de la palabra “pueblo.” Exige que con esta palabra no se encubra la incomprensión de los antagonismos de clase en el seno del pueblo. Insiste incondicionalmente en la necesidad de una independencia de clase completa del partido del proletariado. Pero divide al “pueblo” en “clases” no para que la clase avanzada se encierre en sí misma, se  limite con una medida mezquina, castre su actividad con consideraciones como la de que no s e aparten los soberanos económicos del mundo, sino para que la clase avanzada, que no adolece de la actitud de medias tintas, de la inconsistencia, de la indecisión de las clases intermedias, luche con  tanta mayor energía, con tanto mayor entusiasmo por la causa  de todo el pueblo  y al frente del mismo.” Al mismo tiempo, Lenin aclara en este pasaje el significado dialectico de la política independiente del proletariado como clase y de su vanguardia, el partido, en una revolución de carácter popular.

Freten al problema revolucionario de El salvador, nosotros bolcheviques-leninistas de al IV Internacional, y frente a la posición derrotista del stalinismo salvadoreño, en su defensa de la democracia burguesa y entrega del proletariado a las clases dominantes del país, oponemos la consigna de la revolución nacional-democrática, que deberá estar a la orden del día en los países que como El salvador, luchan por romper el yugo imperialista, deberá realizar la revolución agraria y cumplir las tareas democráticas -sobre la base de la revolución permanente-ante las reminiscencias feudales.

Para que una consigna verdaderamente revolucionaria, como la de la revolución nacional-democrática pueda ser llevada a su realización, el proletariado salvadoreño deberá constituir su verdadera vanguardia revolucionaria, esto es, un partido auténticamente bolchevique-leninista.

Solamente el proletariado, bajo al dirección de un verdadero partido proletario, será capaz de llevar hasta sus últimas consecuencias –sobre la base de la teoría y práctica de la revolución permanente- la revolución nacional-democrática. No son los partidos stalinistas (los mencheviques de hoy) en entrega mercenaria a las burguesías nacionales y a los imperialismos “democráticos” los que dirigirán al proletariado mundial en su lucha por el poder y la revolución proletaria.-

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Fuimos educados en la organización y la lucha popular…entrevista con Edito Genoves

SAN SALVADOR, 18 de abril de 2019 (SIEP) “Nosotros fuimos educados por el Partido en la organización y la lucha popular…” nos comparte Edito Genovés, de 87 años, dirigente sindical y militante comunista salvadoreño.


Añade que “me inicie en las luchas sindicales en 1953 cuando participe allá en Santa Ana en la constitución del Sindicato de la Industria de la Construcción, junto con los compañeros ya fallecidos por cierto, Julio Cesar Castro Belloso, Hugo González Martínez, Santos Villeda, y otros”.

“Yo fui el número14 de 50 compañeros que decidimos constituirnos en sindicato. En ese entonces no había ninguna ley que regulara el número de miembros para constituirse en sindicato, desde ese momento vengo y no he descansado, no he dejado de luchar…”

Nací en el Barrio Nuevo de Santa Ana, soy del año 32, somos seis hermanos. Mi papá era mandador de finca, de nombre Bartolomé Vásquez, y mi mamá María Genovés, santanecos ambos. A los 20 años me acompañe con María Berta Hernández. Estaba trabajando en la construcción de la casa de la familia Álvarez, en las afueras de Santa Ana y María trabajaba como doméstica de esa familia. Ahí nos conocimos. Tuvimos seis hijos, Mario Edwin, que lo mataron; José Orlando, que desapareció hace 14 años. Y además Ever Humberto, Mirna Elizabeth, Mabel Armida y Luis Alonso.

En la constitución de la CGTS

Fíjate que tengo la dicha de haber participado en la constitución de la Confederación General de Trabajadores Salvadoreños, CGTS, allá por agosto del 57, el acto se realizó en el local de la UTF, allá por el Parque Centenario. Su primer secretario general fue un ferrocarrilero, que olvido su nombre. Participaron también en este acto, Alfonso Martínez, y el sindicalista bancario Antonio Velasco Iglesias.

Directivos de la CGTS. Jorge Quijano del sindicato Nacional de obreros zapateros, El Chele Cativo fallecido en los Estados Unidos del sindicato Nacional de obreros zapateros, Beto Lopez del sindicato Nacional de obreros zapateros, Antonio Velazco Iglesias, empleados bancario, Alfonso Martínez del sindicato Nacional de trabajadores Sastres, Miguel Angel Cea, del sindicato de la industria de la construcción «falleció en accdente de tránsito», Hipolito Calles de la UTF ya fallecido, Delfino Pérez Martínez del sindicato Nacional de trabajadores zapateros «falleció en accidente de tránsito», Julio Cesar Castro, del sindicato de la industria del pan, fue lecionado en combate y trasladado a Rusia a curación donde falleció, Carlos Marin del sindicato Nacional de trabajadores Sastres ya fallecido, Blas Escamilla del sindicato de la industria del pan, ya fallecido, Marenco del sindicato Nacional de trabajadores Sastres.

En el año 59 me vengo para San Salvador buscando un mejor ambiente de trabajo.

Yo me juramento en el Partido Comunista hasta en 1963, porque entonces eran bastante exigentes en el reclutamiento, y te observaban tu conducta, tus cualidades y defectos, tu nivel político, tu actividad sindical, todo esto se tomaba en cuenta para aceptarte como militante. Me juramentó Virgilio Guerra padre, un camarada ejemplar, enérgico, decidido, muy desconfiado de cualquier infiltración, pero muy fraternal, solidario y también santaneco. El tenía una venta de muebles allá cerca del puente de la calle Barrios, allá por el cementerio. Y ahí solo te dejaba entrar si te tenía confianza…

Integraban la célula a la que me asignaron Raúl Padilla Vela, Carlos “El Chino” Ramírez, que también era muy desconfiado y exigente de normas de seguridad y de puntualidad, y además un economista que trabajaba con Morales Ehrlich cuando este estuvo de alcalde de San Salvador.
En esa época pertenecíamos a la Columna Obrera del FUAR que dirigía Blas Escamilla. Pertenecían a esta columna que desarrolla importantes luchas de calle contra el dictador Lemus, los siguientes compañeros: Porfirio Navarro, que acaba de fallecer, y los también fallecidos Julio Cesar “El Oso” Castro Belloso, Mario Rivera, Remberto “El Ronco” Carrillo, y otros más.

El 2 de octubre de 1965 participo también en la constitución de la Federación Unitaria Sindical Salvadoreña, FUSS. Lo hago desde la base y luego sería dirigente. La reunión fue de nuevo donde los ferrocarrileros, en la UTF.

Integrantes de la primera junta directiva de la FUSS: José Enríquez Herrera secretario general, venía de la UTF, Pedro Alvarado Soriano Srio. De organización, del sindicato de refinería de azúcar salvadoreña; José Dimas Alas, primer Srio. De conflictos del sindicato de artes gráficas; Marcelo de León Pineda, segundo secretario de conflictos del sindicato de industrias de la construcción, Rigoberto Pineda Martínez, Srio de prensa y propaganda del Sindicato de trabajadores sastres, Raúl Díaz, Srio de seguridad y previsión social del sindicato Unión de empleados particulares, Rafael Martínez, Srio. De asuntos juveniles del Sindicato de trabajadores de productos lácteos DIADEMA, Amanda Morales Carranza, secretaría de asuntos femeninos del sindicato de la industria Mecánica muebles Prado, José Delfino Pérez Martínez, Srio de asuntos agrarios del sindicato nacional de zapateros, Cecilio Cuenca Carrillo, Srio de finanzas del sindicato de la industria mecanica, Carlos H Mayorga, Srio. De acta y relaciones del Sindicato de fábrica de aceites y grasas El Dorado.
En 1967 participe apoyando la huelga de los trabajadores del acero, allá en Zacatecoluca. La huelga inició el6 de abril y terminó el 29 de ese mismo mes. Fueron 23 días de intensas jornadas de solidaridad y de lucha que incluyó la experiencia de una Huelga General Progresiva, que hicieron avanzar y fortalecer el movimiento sindical. Logramos combinar en este esfuerzo organización, unidad, cariño y conciencia, fue esto lo que nos garantizó lograr el triunfo en esta lucha de los trabajadores. Sobresalieron en este esfuerzo los camaradas Julio Cesar castro Belloso y Salvador Cayetano Carpio.
En 1970 paso a integrar Junta Directiva de la FUSS. Y me desempeñe en sus diversas secretarías incluyendo la secretaría general. De esa primera junta del 7 me acuerdo del secretario de organización, Alfredo Aquino Díaz, quien también era dirigente de la Juventud Obrera Salvadoreña, JOS y quien lamentablemente murió en las filas de las FAL al inicio del conflicto armado.
En el año 72 soy capturado, cuando se dio el golpe de estado contra Tapón, contra el presidente Fidel Sánchez Hernández. Fíjate que era el secretario general del Sindicato de la Industria de la Construcción. Y en una de nuestras seccionales, en la de la empresa Arévalo Palomares, que estaba construyendo los institutos nacionales en santa Ana y en Sonsonate se desarrolló una huelga, como resultado de malos tratos de la patronal. En ese intervalo se me captura en San Salvador y esta captura ablandó a los compañeros que terminaron cediendo en sus demandas y solo logramos la mitad de los que nos habíamos propuesto, no se ganó pero tampoco se perdió del todo.
Me tuvieron 40 días en las mazmorras de la Policía Nacional. Al final gracias a la presión popular y sindical, que reclamaba mi libertad en las calles, me pusieron en libertad, pero quede seriamente fracturado, muy golpeado, tanto que el Partido decidió enviarme a que me curaran en la Unión Soviética. Esa es otra historia que otro día te voy a contar….

Conmemoraron en 1984 en Morazán 54 aniversario de Partido Comunista de El Salvador, PCS

Conmemoraron en 1984 en Morazán 54 aniversario de Partido Comunista de El Salvador, PCS
SAN SALVADOR, 15 de enero de 2019 (SIEP) El 28 de marzo de 1984 fue celebrado en el departamento de Morazán, en un lugar conocido como El Zapotal, al norte de Cacaopera, el 54 aniversario de lucha del Partido Comunista de El Salvador, así como el 4to. Aniversario del nacimiento de su brazo militar las Fuerzas Armadas de Liberación, FAL.
En esta foto histórica aparecen de izquierda a derecha: Héctor Acevedo, Oktavio; David Pereira, (Pedro); Raúl Granillo, (Marcelo); Dagoberto Sosa, (Lucio); Julio Cesar Castro (Alejandro); Domingo Santacruz (Eduardo); Adán Chicas (Ch…); Schafik (Simón). Invitados: Francisco Jovel (Roberto Roca); José Mario López (Venancio Salvatierra); Miguel Alvarado (José Juan) y Miguel, los 4 son del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos, PRTC.
Información y fotografía proporcionada por Domingo Santacruz, presente en esta conmemoración y actual Embajador de El Salvador en la Republica Bolivariana de Venezuela.

ACJ de El Salvador realiza Almuerzo Navideño 2018

ACJ de El Salvador realiza Almuerzo Navideño 2018

SAN SALVADOR, 8 de diciembre de 2018 (SIEP) “Nos sentimos muy alegres de poder reunirnos cuatro generaciones de socios de la Asociación Cristiana de Jóvenes, ACJ de El Salvador”…indicó Adela Pineda, Presidenta de esta institución.

Agregó que “además de la ya tradicional reunión navideña adelantada que celebramos cada año, en esta ocasión llegamos también a nuestro 28 aniversario, ya que nacimos en 1990, lo que nos convierte en quizás la más antigua organización de jóvenes del país.”

Opinó que “nos mantenemos firmes en promover la amistad entre los jóvenes de la ciudad y de las áreas rurales, en luchar por la equidad de género, por la defensa del medio ambiente, por nuestro derecho como jóvenes a vivir en un país justo y democrático…”

Por su parte, Rosita Abrego, de la Comunidad Monseñor Romero de Suchitoto, presente junto con sus nietos expresó que “siempre es una gran alegría poder venir y sentirnos familia, sentirnos unidos y saber que nuestra hermandad es más poderosa que las distancias.”

Realizan en UES-Santa Ana Foro sobre situación centroamericana

Realizan en UES-Santa Ana Foro sobre situación centroamericana

SANTA ANA, 5 de noviembre de 2018 (SIEP) “Es importante entender los procesos políticos y económicos que se desarrollan en nuestro entorno centroamericano” expresó el Lic. Carlos Fajardo al inaugurar el panel –fórum “Modelos de desarrollo y procesos de reacomodo político en Centro América” realizado esta mañana en esta sede occidental de la Universidad de El Salvador.

Por su parte, el ponente Lic. Alfonso Goita explicó cómo El Salvador “ha transitado de un modelo agroexportador basado en el café, a un modelo de sustitución de exportaciones a mediados del siglo pasado, y luego a este modelo neoliberal actual, basado en las privatizaciones.”

Posteriormente, el ponente Lic. Roberto Pineda, planteó como tendencias regionales de las clases dominantes centroamericanas “el predominio del discurso y la práctica neoliberal, el poder de las transnacionales, y la supeditación de los gobiernos ante el Banco Mundial, FMI y BID.”

Al final de las presentaciones se realizó un intenso diálogo entre estudiante y ponentes, vinculado a los desafíos que enfrentan los sectores populares en El Salvador, al respecto de las próximas elecciones presidenciales y de las tres principales alternativas políticas planteadas

Luego de los Acuerdos de Paz de 1992… Entrevista con Rolando Orellana (V)

Luego de los Acuerdos de Paz de 1992…Entrevista con Rolando Orellana (V)

SAN SALVADOR, Junio 30 de 2017 (SIEP). “En este periodo, me correspondió trabajar sobre la reinserción del FMLN a la vida política del país, y el proceso previo de ubicación en campamentos y desarme junto con ONUSAL. El desafío era lograr que luego de doce años de guerra nuestros combatientes lograran reinsertarse a la vida civil” explica Rolando Orellana, destacado revolucionario salvadoreño, dirigente del Partido Comunista de El Salvador, PCS.

Luego de los Acuerdos de Paz de 1992

Añade que “luego de los Acuerdos de Paz de 1992, regresé en enero a El Salvador, a tener vida pública y realizar actividades políticas abiertamente. Uno de los primos de mi esposa, Roberto, me alojo en su casa; él vivía con su familia en la Colonia América, caminando del cuartel El Zapote hacia San Marcos. Aunque se había firmado la paz, las cosas no estaban sencillas, el aparato clandestino represivo de la dictadura se mantenía intacto y yo tuve que tomar medidas para no poner en riesgo a la familia que me acogía.”

“Por ejemplo, para comunicarme con las estructuras del FMLN que se iban instalando abiertamente, utilizaba los teléfonos públicos, pues el aparato de inteligencia de la dictadura mantenía el control del sistema telefónico y escuchaba nuestras conversaciones. Ese aparato de la dictadura se mantenía al acecho y en otro entorno familiar muy cercano a mí, llamaron por teléfono más de una vez para amenazarme de muerte.”

Mantuve el trabajo por los derechos humanos más orientado a coordinar acciones con las instituciones que surgieron de los Acuerdos de Paz. A finales de enero se creó la Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz COPAZ, institución que surgió del compromiso adoptado en Nueva York el 31 de diciembre, ante el Secretario General de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuellar, destinada a supervisar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz.

En esa comisión estuvieron representados el FMLN, el gobierno y todos los partidos políticos activos en ese entonces. Yo pase a formar parte de la Sub-Comisión de Derechos Humanos de COPAZ. Además me correspondió ser el enlace por parte del FMLN con la Comisión de Observadores de las Naciones Unidas ONUSAL, y con la División de Derechos Humanos encargada de verificar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz en el tema de los derechos humanos.

Participé también en la reinserción de los combatientes desmovilizados del FMLN a la sociedad salvadoreña, dando charlas sobre la nueva situación política del país y promocionando entre ellos los derechos humanos. En 1992 la Corte Suprema de Justicia estaba presidida por el Dr. Mauricio Gutiérrez Castro, hombre de derecha. Me di cuenta que en la Corte se había publicado una edición popular de la Constitución de la República, un libro pequeño de bolsillo, que me pareció que podría servir para que los desmovilizados del FMLN comprendieran el pase que estábamos dando del conflicto armado a la convivencia pacífica y política.

Y en un evento organizado por ONUSAL, que se celebró en un hotel de San Salvador, al cual fui invitado, asistió el Doctor Gutiérrez Castro. Hubo un receso y en esos minutos lo busque y lo encontré en uno de los pasillos del salón donde se desarrollaba el evento; le abordé y le dije: “Doctor soy Rolando Orellana del FMLN, me permite hablar unos minutos con usted”. Él muy extrañado me pregunto: “¿Tiene tarjeta de presentación del FMLN?” Tome una de las que andaba en la bolsa de mi camisa y se la entregue. Al verla, él me dijo: “vengase, vamos a hablar a otro lado”.

Mi intención era conseguir ejemplares de la edición de la Constitución y le dije durante la conversación: “quiero que nuestros desmovilizados conozcan la Constitución de la República, le pido que me regale copias para repartirlas entre ellos y que la estudien”. ¿Cuántas quiere? me preguntó, cinco mil le dije. Al final solo me mandó la mitad, pero fueron muy útiles, las distribuí por todos los campamentos donde están los excombatientes desmovilizados. Y con ese librito hicimos un esfuerzo educativo con nuestros excombatientes, dándoles a conocer sus derechos constitucionales y los fundamentos de la legalidad a la que nos íbamos a insertar. A la vez dábamos capacitaciones sobre los Derechos Humanos y explicábamos los objetivos y características de los Acuerdos de Paz.

La creación de la PNC y de la PDDH

Habían grandes desafíos como el de crear la Policía Nacional Civil, con una nueva filosofía civilista. Se fueron organizando grupos de personas procedentes tanto del FMLN como de la Fuerza Armada, para integrar los mandos ejecutivos de la nueva policía y nos correspondió capacitarlos. Un día me busca Carlos Ascensio, que después fue director de la PNC, para que capacitará en derechos humanos a un grupo de miembros del FMLN aspirantes a ingresar a la PNC. Fue una experiencia bonita, formar de esa manera los excombatientes, hoy ellos son Comisionados o Sub-Comisionados de la PNC.

En la Subcomisión de Derechos Humanos de COPAZ, participó también el camarada Pedro Guardado (Claudio). Realizamos en esta Subcomisión un buen trabajo. Desde ahí supervisamos la formación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos; acompañamos al Doctor Carlos Molina Fonseca, primer Procurador de Derechos Humanos, en sus actividades de fundación de esa institución.

Pero en esa Sub-Comisión conocí en toda su magnitud lo que era la corrupción del sistema. Resulta que en la Sub-Comisión había representantes de todos los partidos políticos y acordamos realizar una campaña nacional de divulgación de los Derechos Humanos, utilizando todos los medios de prensa, radial, escrita y televisiva. Uno de los integrantes de la Sub-Comisión miembro del PCN, se autopropuso para presentar una propuesta de difusión de los derechos humanos a nivel radial por todo el país.
Presentó el proyecto y nos pareció al resto de miembros de la Sub-Comisión y cuando entramos a discutir los costos, él presento una suma muy alta en miles de miles de colones y nos dijo que había fondos para financiar la campaña radial, que no nos preocupáramos por eso. Él se había contactado con una agencia publicitaria que le había elaborado el proyecto.

Nos explicó que solo necesitábamos autorizarlo, que él lo llevaría a COPAZ para que se aprobara y que al tener los fondos cada uno de nosotros recibiría de comisión 15, 000 colones. A mí me sorprendió el ofrecimiento y me hice aún lado y el proyecto no prosperó. Te imaginas, apenas teníamos los primeros intercambios con las personas que participaban del poder y ya recibíamos ofertas de esa índole.

Un hecho que me tocó vivir fue el de la intolerancia. Los Acuerdos de Paz en esencia plantearon la reconciliación y el reconocimiento y respeto de las diferencias. Yo entendí que con los Acuerdos de Paz teníamos los salvadoreños la oportunidad de entendernos por el bien del país, a pesar de las diferencias políticas y de pensamiento. Pretendimos con esos Acuerdos, vivir en paz a pesar de nuestras diferencias. Pero eso no fue percibido así por individuos que habían participado de la hegemonía de la dictadura militar; y sus remanentes, que se mantienen aún hoy a más de 25 años de la firma de la paz, y no permiten que vivamos una democracia plena.

Pues bien, en 1994 se realizaron las primeras elecciones con participación del FMLN, de las cuales salió favorecido con el voto popular obteniendo una importante cuota de poder político al lograr un buen número de diputados y alcaldes. El trabajo en la Asamblea Legislativa es acompañado por asesores de los diputados. Nidia Díaz fue electa Presidenta de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos y asumí la responsabilidad de ser su asesor, y como tal la acompañaba a todas las sesiones de esa Comisión.

Elaboraba propuestas y borradores de documentos de trabajo sobre los derechos humanos que pasaban a la discusión de la Comisión. Fue ahí donde soporte en carne propia la intolerancia política por parte de los diputados de derecha. Yo no participaba en las discusiones y votaciones de la Comisión, pero estaba atento en los debates para hacerle comentarios y sugerencias a Nidia.

Se daban discusiones fuertes con los diputados de ARENA, dos de ellos eran viscerales; se presentaron momentos en que estos diputados pasaban a los ataques verbales personales y en más de una oportunidad recibí también esos ataques por ser el asesor de Nidia. Quien se pasó de la raya en esos ataques fue un representante del PCN, Marcos Valladares, este fue años después Procurador de los Derechos Humanos; se refería a mi persona con insultos y palabras soeces. No se percibía ningún esfuerzo por tolerar y respetar las diferentes formas de pensamiento y de propuesta política.

Esa actitud de los diputados de derecha se insertaba en un ambiente en que nos veían, a los del FMLN, como enemigos, no nos aceptaban. En esa atmosfera asesinan a Darold Velis, dirigente del FMLN, cuando iba a dejar a su hija al colegio, y asesinaron también a otros compañeros.

La vida familiar y personal luego de los Acuerdos de Paz

Mi participación como asesor en la Asamblea Legislativa fue ad honorem. Y se me planteo luego de los Acuerdos de Paz la necesidad de restablecer mi vida familiar y este fue un proceso muy complejo y difícil. Necesitaba un balance entre mi vida pública, mi participación política en la legalidad y el restablecimiento de los lazos familiares, de mis antiguas amistades, algunas de las cuales se alejaron al conocer mi militancia en el FMLN, ya que anteriormente esta militancia había sido clandestina. Lo más difícil fue mi reinserción profesional a partir de una carrera de derecho estudiada en la Unión Soviética.

Había regresado a El Salvador con mi esposa y dos hijos pequeños, sin ningún tipo de recursos. Por suerte tenía casa porque desde 1977 la saque con el INPEP cuando trabajaba en la UES y durante todo el conflicto se estuvo pagando, habíamos logrado alquilarla y la recuperamos. Teníamos casa pero no teníamos dinero, no tenía trabajo remunerable y había que empezar de cero. Comenzamos resolviendo nuestros problemas económicos de prestado, acudíamos mi esposa y yo con los familiares a que nos prestaran dinero y siempre nos dieron la mano. Matricule a mis dos hijos en una escuela pública cerca de la casa y comencé a buscar trabajo pero no encontraba.

Un día mi esposa al verme preocupado por la situación económica, me dice: no te preocupes voy a vender comida mexicana. Y los fines de semana en la acera de la casa puso una mesita con bancas y ofrecía tacos y tortas mexicanas. Nos fue tan bien que decidimos instalar un negocio móvil en las calles aledañas al Mercado Central. Llegábamos bien de mañana y nos instalábamos con una cocina portátil. Vendíamos tortas y tacos.

Y por la tarde vendíamos en las afueras del mercado de Mejicanos, pan dulce que nos daba una señora amiga de la familia en consignación; no nos íbamos del mercado hasta que no vendíamos el último pan. Y colaboraba siempre en la Asamblea Legislativa, en la lucha parlamentaria. Dejaba a mi esposa vendiendo la comida mexicana y luego me iba para la Asamblea Legislativa. Ahí permanecía en las mañanas y al mediodía pasaba por mi esposa y salíamos a traer a nuestros hijos a la escuela.

Por mi parte, en la rebusca, logre recuperar los libros de mi biblioteca personal, que eran bastante porque a mí siempre me ha gustado leer, libros que había adquirido por varios años antes del conflicto, pues bien, periódicamente visitaba un local de venta y compra de libros usados, que quedaba por la alcaldía de San Salvador, sobre la segunda avenida norte, ahí vendía mis libros, me quede sin biblioteca pero así conseguía algún dinero.

Además fíjate que en la casa donde vivía creció un palo de limones, y daba una gran cosecha. Así que también llenábamos costales de limones para irlos a vender al Mercado Central. Mi hijo Carlos Adrián se ponía a gritar: ¡limones, limones, baratos! Así pasamos unos días vendiendo también limones en la calle, hasta que de una cantina que estaba cerca de donde mi esposa vendía la comida mexicana, llegaron y nos dijeron ya no vendan los limones, nosotros se los vamos a comprar todos.

Me recuerdo que en los días difíciles, apareció una prima de mi esposa, Lupita, quien trabajaba en los restaurantes del Pollo Campero, y nos regaló varias cajas de pollo, con pan; creo que fueron los mejores pollos camperos que hemos comido. También llegaba Roberto, el primo que me alojó en su casa cuando regresé al país, nos dejaba bolsas con frijoles y arroz y aceite para cocinar. Dios nunca nos desamparó, a través de la familia nos proveyó.

Había nacido nuestra tercera hija y las necesidades eran mayores, entonces decidí regresar a la docencia universitaria. Pero lamentablemente no logre una plaza a tiempo completo sino horas clase. Y trabaje en varias universidades, primero en la Universidad Nacional, en la Facultad de Derecho, ahí me dieron un ciclo, luego en la Universidad Luterana, después en la Universidad Monseñor Romero, que está en Chalatenango, viajaba todos los sábados y domingos a dar clases, en la Universidad Modular Abierta y en la Universidad Francisco Gavidia daba clases en la noche. Me rebuscaba.

La toma de la Asamblea Legislativa

Y mantenía mi “trabajo” en la Asamblea Legislativa. Un día del mes de enero del año 1995, los veteranos de guerra de la fuerza armada en un afán de conseguir beneficios, se tomaron la Asamblea Legislativa y quedamos adentro de rehenes. El día que llegaron los desmovilizados de la Fuerza Armada había una reunión entre los diputados y el Doctor José María Méndez, quien era Magistrado de la Corte Suprema de Justicia para discutir proyectos de nuevas leyes penales. Don Chemita, así le decían cariñosamente, quedo también atrapado en la toma de la Asamblea Legislativa.

Se suspendió la reunión en la que estaba el Doctor Chema Méndez y él decidió salir del edificio, yo le dije lo voy a acompañar Don Chemita, pero al llegar a la puerta los desmovilizados se negaron a dejarlo salir, les explique que él no era diputado, que era Magistrado de la Corte, que tenía limitaciones para caminar, lo cual era cierto, y que él no tenía nada que ver con las demandas de los desmovilizados.

Continuaron negando la salida, insistí en hablar con uno de sus dirigentes, accedieron y apareció uno de ellos; le hable y le explique que quien era el Doctor Chema Méndez, esta persona luego de escucharme se dirigió a los que estaban en la puerta y les dijo déjenlo salir, el Doctor es el papá de nuestro abogado; resultó, que el hijo de Don Chemita, que llevaba su mismo nombre estaba representando a los desmovilizados en unas demandas. Abrieron las puertas para dejar salir al Don Chemita, pero yo me le pegue y les dije que él no podía caminar bien y que necesitaba ayuda y que yo lo iba acompañar, aceptaron y me dejaron salir.

Hice una buena negociación para salir y es que tenía una gran preocupación, después de estar en la Asamblea yo salía al mediodía al Mercado Central a traer a mi esposa y luego pasar por mis hijos a la escuela, si no salía de la Asamblea qué pasaría con mi esposa, yo no tenía manera de avisarle que estaba de rehén, me angustie y por eso hable mucho con los desmovilizados para que me dejarán salir acompañando a Don Chemita. La toma de la Asamblea Legislativa duro dos días.

Un año después, me entere que había una plaza para un jurídico en una dependencia de la Corte Suprema de Justicia. Y me decidí a ir a hablar con Don Chemita, fui a su casa allá en la colonia Flor Blanca. Al llegar, me recibió y le conté la razón de la visita. Me dijo: anóteme su nombre completo en esta libreta. Me fui agradeciéndole que me hubiera recibido. A los dos días recibí una llamada en la que me comunicaron que me presentara a trabajar. Fui contratado. Estoy trabajando en la Corte Suprema de Justicia, desde febrero de 1996.

Forman en San Salvador Red Centroamericana y del Caribe sobre Pensamiento Decolonizador

Forman en San Salvador Red Centroamericana y del Caribe sobre Pensamiento Decolonizador

SAN SALVADOR, 21 de septiembre de 2018 (SIEP) “Con mucha alegría y entusiasmo anunciamos ante el mundo la creación de la Red Centroamericana y del Caribe de Pensamiento Decolonizador…”indicó el académico de la Universidad de El Salvador, Guillermo Campos, uno de los organizadores del recién concluido Primer Foro Centroamericano y del Caribe de Pensamiento Decolonizador.

Por su parte, Roberto Pineda, de la Iglesia Luterana Popular, ILPES participante de esta nueva red académica y popular, señaló que “hacemos un llamado a personas interesadas, mujeres y hombres, de la academia, de los pueblos originarios o de los movimientos populares, a integrarse a este esfuerzo académico por la emancipación epistémica de nuestros pueblos y naciones.”

Como parte concluyente del foro se dio a conocer una Declaración en la que saluda “los avances en la teoría y en la práctica que hacen posible fortalecer la emancipación y la soberanía frente al actual orden hegemónico.”

Agrega que la creación de la Red “abre el propósito de mantener un contacto permanente y productivo para la coordinación de actividades conjuntas, y la articulación de investigaciones orientadas a enriquecer nuestros acervos culturales, nuestros lazos solidarios y nuestra capacidad de pensamiento y movilización.”

Entre los firmantes de la Declaración se encuentran Alberto Pérez Lara y Santiago Feliú por Cuba; Jorge Dimitrov Escalante y Tamara Pérez por Nicaragua, Xiomara Cacho por Honduras; Luis Mora por Costa Rica; Margot Pérez, Roberto Pérez, Guillermo Campos, Vicente Cuchillas, Leonel Zelaya, Oscar Ponce, Roberto Pineda, Hugo Figueroa, y Rafael Paz Narváez , por El Salvador.

Resistiendo los ataques de la dictadura y combatiendo sin armas…

Resistiendo los ataques de la dictadura y combatiendo sin armas…Entrevista a Rolando Orellana (IV)
La represión contra el PCS y FAL en San Salvador

SAN SALVADOR, 30 de junio de 2017 (SIEP). “Dejo de ejercer el papel de Comisario Político de las FAL en 1983 y regresó clandestinamente a San Salvador…nos relata Rolando Orellana, dirigente revolucionario salvadoreño.

Explica que “estando en Managua se reciben noticias que nuestras fuerzas partidarias y de las FAL estaban siendo golpeadas, y que nuestros equipos de conducción se encontraban asediados por las fuerzas de la dictadura, las capturas de militantes y combatientes los ponían en un grave peligro. Se evaluó la situación y se decidió hacer cambios en la conducción sacando cuadros estratégicos de San Salvador. Para darle continuidad a la dirección política se decide mi traslado a la capital, dejo de ejercer el papel de Comisario Político de las FAL y regresó clandestinamente a San Salvador haciendo varios movimientos en el exterior. “
“Estando ya en San Salvador, asumo la conducción del partido y la atención de una parte de la estructura de las FAL. El trabajo de masas era muy importante contactando inmediatamente con el equipo de conducción intermedia de ese trabajo político integrado por Norma Guevara (Celia), Víctor Quintanilla “Cantarito”, originario de Usulután; Arturo García (Emilio), conocido también por “El Bello”, que fue estudiante del Bachillerato en Artes y Dora Muñoz, Doctora en Química. Con este equipo manteníamos comunicación y reuniones constantes con el fin de orientar y mantener la lucha política de masas.”
“El frente político era estratégico en la lucha contra la dictadura, se daba en su retaguardia y en el corazón del país: San Salvador. Someter la lucha de masas era vital para la dictadura. Por eso este frente era una lucha de todos los días. La dictadura no tenía estrategia política hacia las masas. Su estrategia era aplastar, silenciar, dominar con la represión policial y sangrienta la lucha de masas; doblegarla, rendirla con asesinatos, secuestros y desapariciones abiertas y descaradas; con los escuadrones de la muerte que actuaban abiertamente protegidos por el aparato del Estado.”
Los Tribunales nunca enjuiciaron a nadie por ser miembro de los Escuadrones de la Muerte. Pero si enjuiciaron a los líderes y activistas políticos y sociales. Era una lucha férrea, agitada y tensa. Ese trabajo político comprendía la lucha sindical, la lucha estudiantil, el trabajo con profesionales y las actividades de derechos humanos.
En el trabajo con las FAL me apoyé mucho en Miguel Claros (Anselmo), quien era para entonces responsable de la estructura de personal, compañero hábil y creativo para mantener la organización de los contactos en San Salvador y cierta comunicación con los familiares de los combatientes de las FAL. Por aparte mantenía comunicación con ciertos compañeros de logística para resolver sus necesidades personales.
Yo no intervenía para nada en las actividades propias de las FAL. Atendía las necesidades personales de algunos compañeros y cuando me veía con ellos era para trasladarles valoraciones políticas, para informarles de la lucha social de la población.
Y como había que estructurar la conducción política del FMLN en San Salvador, tomé contacto con los compañeros de las organizaciones hermanas. Con quién fue complicado establecer contacto fue con Miguel Castellanos “El Ronco”, entonces dirigente de las FPL. Este fulano era arrogante desde su época como activista estudiantil en la Universidad Nacional, con una actitud visceral anti PC.
No acepto de primas a primeras reunirse y como para probarme me propuso una reunión en su campamento militar ubicado en una loma que quedaba entre Nejapa y Quezaltepeque, pero más cerca de Quezalte; era una zona fuertemente vigilada y controlada por la inteligencia enemiga. Me estaba poniendo a prueba, pensando que iba a desistir. Nos exponíamos a ser capturados. Pero me la jugué. Le acepte ir hasta ahí, pues era necesario restablecer el mando conjunto del FMLN en la capital. Fijamos con compañeros intermediarios un punto de encuentro cercano a Quezaltepeque para llegar hasta el campamento.
Me acompañó a esa reunión el compañero Tito Bazán “Rodrigo”. Llegamos en bus hasta el Ingenio El Ángel, que está en la carretera de Apopa a Quezaltepeque. Desde ahí comenzamos a caminar solos con Rodrigo por caminos rurales, luego de pasar por los alrededores del pueblo de Nejapa nos contactó René Canjura, “Mario” compañero de las FPL y él nos condujo hasta el campamento del “Ronco”.
Miguel Castellanos al verme llegar se mostró sorprendido pues nos habíamos conocido en la Universidad de El Salvador, él estudiante y yo profesor universitario, donde él vociferaba contra los comunistas. Él me citó a su campamento como condición previa para participar en el mando político del FMLN en San Salvador y si yo no iba, pues se atrasaba la integración de esa estructura.
La reunión la hicimos amigable. Estuvimos conversando mucho sobre la situación política del país y las posibles actividades de masas que podríamos impulsar de manera coordinada. Salimos del campamento al día siguiente, seguimos el mismo camino que tomamos para entrar e igual sin acompañamiento.
El trabajo en la metro era bien complicado, sumido en la clandestinidad había que mantener la comunicación y coordinación con muchos compañeros por separado. Las fuerzas represivas de la dictadura habían encontrado unos hilos en nuestras estructuras y nos estaban golpeando. Se actuaba con mucho cuidado. Con frecuencia cambiaba de casa para dormir, y se nos agotaban los lugares de reunión y de contacto, era estresante la situación.
Con Anselmo nos veíamos casi a diario, organizábamos encuentros a pie; nos encontrábamos en ciertas calles dentro de lugares de vivienda y caminando resolvíamos asuntos operativos, lo necesario. Para definir orientaciones del trabajo político, formalizábamos, con Norma o “Cantarito”, reuniones de su equipo de trabajo en casas de seguridad o lugares públicos como si fuéramos buenos amigos departiendo una agradable charla. No portábamos armas, ni siquiera una “gillette”, así es que si nos descubrían quedábamos a la “buena de Dios”. Esos eran los riesgos de la lucha.
1983 fue un año muy difícil, las fuerzas represivas nos buscaban a toda costa, eran persistentes. A inicios de marzo capturaron a un grupo de cuatro compañeros, a dos de ellos, Víctor Ordoñez “Lucas” y “Nestor”, que eran parte de un grupo de jóvenes que se fueron a estudiar a universidades de la ex Unión Soviética y que estando allá, decidieron dejar sus estudios e incorporarse a la lucha, a ese grupo se le conocía como “Los Esquimales”.
A “Lucas” y “Ernesto” los desaparecieron. Semanas después les cayeron a otros compañeros “El Chino” y “Hugo”. Capturaron a “Jonathan”, otro “Esquimal” y también lo desaparecieron. Todos ellos eran de las FAL. En junio capturaron a Alfredo Acosta “Nery”, miembro de la dirección del partido, junto a su esposa Rosa Ada y su hijo Ramón Ernesto.
Bueno, una vez le cayeron a una casa de simpatizantes donde había dormido unas semanas antes. La familia que me albergó colaboraba seguido alojando compañeros de las FAL por varios días, les cayó la policía una noche y se los llevaron a todos.
Con todos esos riesgos continuábamos en la lucha, tampoco nosotros descansábamos, éramos más persistentes que la dictadura. Cuando nos golpeaban, tomábamos inmediatamente medidas para cerrar los espacios vulnerados, movíamos a compañeros que quedaban al descubierto, reorganizábamos las estructuras y proseguíamos en la lucha.
Fíjate que, en esas circunstancias de persecución, sucedió una cosa interesante de relatar. Estábamos reunidos los miembros del mando conjunto del FMLN de la metro, analizando la situación política del país, cuando por la radio se transmitió la noticia de que habían asaltado la agencia del Banco Agrícola Comercial en Soyapango, que los asaltantes armados no pudieron escapar y se atrincheraron en el banco.
Le prestamos atención al suceso y nos preguntamos si alguien tenía conocimiento de eso. Nadie dijo saber algo. Continuamos nuestra reunión, pero más tarde se difundió la noticia de que los asaltantes del banco declararon ser del FMLN y pedían negociar su salida. Eso nos sorprendió y suspendimos la reunión para darle seguimiento al acontecimiento.
Resultó que una unidad de las fuerzas especiales de las FAL había bajado de Guazapa y había asaltado esa agencia bancaria, con tan mala suerte que al salir se le va un tiro a uno de los compañeros y en ese momento iba pasando un camión de soldados que se detuvieron, y se arma el desparpajo; los soldados se bajan del camión rodean la zona, y nuestros compañeros logran ingresar de nuevo al banco, se desarrolla entonces una negociación y llegan más fuerzas de la policía, luego de algunas horas de negociación los compañeros deciden entregarse, son capturados y se los llevan presos, todo esto saliendo en la televisión.
Al conocer el desenlace, “El Ronco” se mostró enardecido, nos miraba y decía: ¿cómo puede ser esto posible? Un revolucionario no se doblega frente al enemigo. ¿Y estas son las FAL? Me confronta echándome en cara que éramos unos débiles, que habíamos claudicado, que en esas circunstancias el revolucionario auténtico se muere con las armas en la mano, etc. etc.
Yo lo escuché, no le contradije su discurso moralista. Y me comprometí a obtener más información y compartirla con el mando conjunto. Bueno, decidimos terminar la reunión, coordinamos lo que había que coordinar y nos marchamos, yo con un sabor amargo por lo que habíamos pasado…
Con El Ronco seguimos trabajando, coordinando, porque éramos las fuerzas principales en la metro, teníamos frecuentemente reuniones bilaterales. Él prefería reunirse en restaurantes.
En este trajinar conspirativo un día de octubre el enemigo logra darnos un golpe estratégico. El compañero que trabajaba como motorista, en la estructura de conducción del trabajo político de masas, me contactó temprano de la mañana y me contó que habían capturado a “Cantarito” y a “Emilio El Bello”. Le di instrucciones para resguardar a Norma, que era quien coordinaba ese equipo y que utilizará otro vehículo para movilizarse. Después me di cuenta del secuestro también de la Doctora Muñoz.
Los compañeros fueron luego asesinados y sus cuerpos lanzados en una calle cerca del mercado “San Miguelito”. Junto a ellos también fue asesinado Guillermo Orellana Osorio, abogado que colaboraba con ellos. De ese hecho se responsabilizó un escuadrón de la muerte que hizo llegar a la televisión un video de ellos en el que confesaban su militancia en el PCS y esa fue la justificación de los criminales para quitarles la vida violentamente.
A nosotros en la ciudad nos tocó resistir fieramente los ataques de la dictadura. Como te decía, no teníamos armas para defendernos, solo Dios con nosotros. La Dictadura era despiadada, utilizaba todos los recursos del Estado sin piedad alguna; desata una persecución a muerte, pretendía agarrarnos a como diera lugar, nos aplicaba la cárcel, la tortura, el asesinato, el terror para doblegarnos. Cantarito, sabía que su seguridad era frágil porque trabajaba con líderes sindicales y sociales, pero continuaba luchando.
Yo me reunía con él muy frecuentemente, nos reuníamos fuera de San Salvador y en la ciudad, no acudíamos a los lugares públicos, tampoco utilizábamos casas de seguridad para reunirnos. Para evitar el seguimiento policial nos subíamos a un carro. Él me recogía en un lugar y nos sentábamos en el asiento trasero, conversábamos, analizábamos la situación y establecíamos directrices de trabajo. Así recorríamos la ciudad entera por una o dos horas. Dos días antes de su secuestro habíamos hecho una de esas reuniones rodantes”.
Al conocer del asesinato de los compañeros di instrucciones para sacar a Norma (Guevara) del país, pues estaba muy expuesta y toda comunicación con ella en las calles significaba un alto riesgo para el trabajo revolucionario. Norma que era claramente un objetivo importante que no pudieron capturar, fue sacada clandestinamente hacia Nicaragua.
De 1983 hasta mediados de 1985 el único miembro de la Comisión Política del PC dirigiendo la lucha en San Salvador era yo, me toco capear todas esas tormentas, que no fueron tan fáciles. Se sufre, duele cada muerte y desaparición de los compañeros con quienes te encariñas, pero se sigue en la lucha recordándolos y hasta hoy, yo los sigo recordando.
En esas circunstancias de asedio y pasando de casa en casa, logré un lugar seguro y estable para dormir. El compañero y viejo militante del PC Daniel Castaneda vivía con su hija en una colonia cerca de Montserrat. Ellos me alojaron en una habitación, eso me dio un poco de tranquilidad por lo menos en ese aspecto; me proporcionaron un ambiente acogedor y los sentí como mi familia, pues yo por seguridad de mis hermanos decidí no tener comunicación con ellos; con el único que esporádicamente conversaba brevemente era con mi hermano mayor Tito; no tenía ninguna comunicación con mis tías, hermanas de mi mamá, Rufina y Alicia, quienes me querían mucho y por quienes yo también sentía mucho amor. Me aislé de la familia por el peligro que representaba para ellos, pues ya en 1973 cuando me capturaron y estuve secuestrado por la Guardia Nacional mi familia fue vigilada y mi hermano Tito fue sacado de su casa sin orden judicial por la Policía y preso por varios días e incomunicado de la familia.
En abril de 1985, capturan al Ronco. Y para mi sorpresa, aquel revolucionario “probado” se doblega frente al enemigo a las primeras de cambio y se convierte en un vulgar delator. Y aparece en televisión en vísperas del 1 de mayo, denunciando al FMLN como manipulador de la marcha de los trabajadores.
Habíamos tenido reuniones para coordinar una movilización de masas populares para celebrar el día internacional de los trabajadores. El Ronco tenía conocimiento de eso. Solo me acorde de la vez que nos maltrató y nos dijo con arrogancia que era preferible morir, antes que ceder frente al enemigo.
En ese mismo mes de abril se da la captura de Nidia en un enfrentamiento con el ejército en San Vicente, después en agosto nos capturan a Hugo (Américo Araujo, subsecretario general del PCS). El venía de una reunión que había tenido con Ramiro en el restaurante Los Globos, que quedaba frente al Café de Don Pedro, en la Alameda Roosevelt.
Resulta que la dirección del partido valoró la necesidad que otros miembros de la Comisión Política se incorporaran al trabajo en San Salvador. Así a mediados del año aparecen, José Luis Merino “Ramiro”, Américo Araujo “Hugo”, “Eduardo” Domingo Santa Cruz y “Octavio” Héctor Acevedo , éramos ya un buen equipo.
La captura de Hugo no la conocimos inmediatamente, nos dimos cuenta porque él no apareció en unos contactos y días después de su desaparición se hizo presente un tipo que se identificó que era de la Cruz Roja Internacional al apartamento donde dormía Hugo, en la colonia Zacamil, y habló con la señora que le daba el alojamiento; este fulano le dijo a ella que Américo le enviada un recado, que estaba detenido en la Policía. Resulta que este tipo era un agente de la policía y la señora fue objeto de seguimiento para ubicar a otros compañeros o casas de seguridad, pero la señora no conocía nada de la estructura partidaria ni de las FAL, aun así se las ingenió para hacerme saber que Américo estaba preso; y es que esa casa era parte de mi seguridad, yo la abrí para que Américo se alojará ahí.
Tiempo después Américo me comentó que estando el preso en la policía se presentó un hombre diciéndole que era de la Cruz Roja Internacional y que llegaba para saber de su detención y de las condiciones en qué el estaba detenido y le propuso que él podría llevar un recado a su familia para que supieran que estaba bien. Me dijo Américo que el razonó que nosotros no sabíamos nada de él y que para que supiéramos que estaba capturado le dio a ese hombre el nombre y la dirección de la señora que colaboraba conmigo.
Al conocer la captura de Hugo decidimos reunirnos el equipo de dirección, como era apremiante la situación les propuse la casa donde yo dormía en la colonia Santa Ursula. Para mí era norma de seguridad, que el lugar de vivienda no se utilizara para reuniones, pero lo hicimos por la urgencia.
Cuando estábamos ya reunidos Ramiro, Domingo, Octavio y yo, le pedimos a Coni, hija de Daniel Castaneda, saliera de la casa y fuera a la tienda a comprar cualquier cosa para observar si no había personas extrañas alrededor de la casa. Luego de dos salidas llega Coni a avisarnos que hay movimientos raros de hombres con vehículos alrededor de la casa, por lo que decidimos parar la reunión que apenas había comenzado y se organizó la salida de los tres compañeros.
Domingo logra pasar y se va. Ramiro y Octavio salen juntos de la casa y unas dos cuadras después se separan. En ese momento le caen a Octavio y lo capturan, Ramiro logra ver la captura y se escapa corriendo. Después me contó Octavio que al momento de su captura los policías le preguntaban: ¿dónde está Cesar?, ¿dónde se esconde Cesar? Y él para despistarlos les dijo que César era el que salió corriendo para abajo. Digamos eso me salvó de la captura.
También me contó Octavio que durante los interrogatorios en la policía le mostraban una foto grande mía, como poster, donde yo estaba uniformado de combatiente con barba y cachucha, preguntándole que quien era el de la foto. Resulta que esa foto fue tomada por Mónica Zak, periodista sueca que había ingresado al cerro Guazapa y nos había tomado fotografías. Durante estuve en Guazapa en los primeros meses de 1983 me presente ante los combatientes de las FAL como Comisario Políticoy como “Mincho”, en las comunicaciones radiales que teníamos con los Mandos de los otros frentes siempre me identifique como “Mincho”.
Los rollos con las fotos sin revelar, que la sueca tomó, se sacaron de Guazapa por la logística que dirigía Orestes Ortez “Darío” y se depositaron en una casa de seguridad para luego trasladarlos al exterior. A esa casa de seguridad le cayó la policía capturando al “Chino” y en el cateo de la casa encontraron los rollos fotográficos, los revelaron y los analizaron, de las personas que aparecimos en las fotografías al que no lograban identificar era al tal “Mincho”. Y creo que no lo lograron.
En mi caso preferí quedarme en la casa, y así llegó la noche. Coni salió nuevamente a la tienda y observo de nuevo dos vehículos parqueados en las dos esquinas de la casa con hombres armados. La situación se puso nuevamente tensa. No salí de la casa y me quedé a observar los movimientos. Me dormí y desperté como a las cinco de la madrugada, notando que había amanecido un vehículo con hombres adentro.
Ellos se movían con el carro que hacía una gran bulla con el motor y el escape y pasaban frente a la casa bien despacio observando hacia la casa. Luego se paraban en la esquina de abajo permanecían ahí unos quince minutos y luego aceleraban para darle la vuelta a la manzana y apostarse en la esquina de arriba.
Hicieron así dos movimientos y entonces pensé que ese era un patrón de ellos para controlar la casa, que habría que aprovechar cuando ellos se movieran de la esquina de abajo y darle la vuelta a la manzana para yo escapar. En el siguiente movimiento de ellos salí de la casa y corrí hacia una calle que lleva a la colonia Montserrat. En ese preciso momento se acercaba un bus de la ruta 5, me subí y logré salir del lugar. Me había salvado.
Habíamos dejado con Ramiro un lugar de reunión y al llegar me contó que habían capturado a Octavio. Y entonces me dijo: chero, vámonos para Guazapa. Ramiro contacto con las unidades del cerro Guazapa con quienes nos encontramos en la carretera hacia Apopa e ingresamos al Frente protegidos por las FAL. Ya estando allá recibimos la noticia que Hugo ya había sido pasado para la cárcel de Mariona.
Y mandaba una carta al Mando en la que solicitaba que se le avisara a César que tuviera cuidado porque El Ronco había dado mucha información al enemigo, incluso sobre la identidad falsa pero legal con la que me manejaba, que era la de Ricardo Ortiz. En realidad, El Ronco sabía mucho sobre todos mis movimientos porque el trabajo conjunto nos había generado confianza. Lo que Hugo no sabía es que yo ya estaba en Guazapa y recibí directamente el aviso.
Días después se da el secuestro de la hija de Duarte para negociar la salida de Nidia, Hugo, Octavio y un grupo más de compañeros presos, así como la salida al exterior para curarse, de lisiados de guerra del FMLN. De esta acción me enteré hasta que estuve en Guazapa, que Ramiro me contó.
En el cerro paso el resto del año, no podía regresar a la capital. Llegó diciembre y con ello las celebraciones de fin de año. Los compañeros de las FAL organizaron justo el 24 y 31 diciembre dos fiestas, con radiograbadoras de fuerte sonido armaron una fiesta y se pusieron a bailar. Tal era lo confianza que se tenía del control de la zona del cerro Guazapa donde se ubicaba las FAL que hasta bailes musicales armaron. En enero de 1987 salí del país rumbo a Managua.
Luchando por los derechos humanos de mí pueblo

El año 87, la Comandancia General del FMLN decide crear un nuevo instrumento internacional. La Secretaría de Protección y Promoción de los Derechos Humanos (SPPDH), y se me asigna a esta nueva tarea. Integramos un equipo de tres personas: Nidia, que es la presidente, mi persona como director ejecutivo y el sacerdote jesuita Rafael Moreno. Retome mi legalidad y ya no use nombre ni documento falso. El siguiente año, en ese carácter asistí, en Ginebra, Suiza, a la reunión anual de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Ingresé como miembro de la Asociación Internacional contra la Tortura, que tenía su sede en Italia, y tomé la palabra cuando se conoció la situación de los derechos humanos en El Salvador.
Me presenté como miembro de dicha organización y luego dije que era miembro del FMLN, se dio una sorpresa total, se había infiltrado en la sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU un guerrillero. Fue llamada la seguridad que se posó prudencialmente detrás de mí mientras pronunciaba mi discurso.
Al terminar mi intervención se levantaron un buen número de embajadores y delegados de organizaciones internacionales participantes en la sesión dirigiéndose hacia mí para pedirme copia de mi discurso, pues yo había hecho una serie de denuncias sobre violaciones al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos. Yo había sacado 10 copias de mi discurso por si me lo pedían, pero me quedé corto, muy corto y me comprometí a entregar más copias al día siguiente. Los agentes de seguridad al ver al grupo de personas que se acerco a mí, se retiraron.
En la presentación estuve muy emocionado en hacer la denuncia de los casos de masacres cometidas por el ejército salvadoreño, los asesinatos y desapariciones de líderes sociales y la existencia de números presos políticos. Como profesional del derecho internacional me sentí muy satisfecho al aplicar mis conocimientos del derecho internacional y experiencia académica en los terrenos de la lucha internacional contra la Dictadura Militar. Asistí a estas reuniones en Ginebra, hasta el 1991, un año antes de la firma de los Acuerdos de Paz, la mayor parte como delegado de la Federación Mundial de la Juventud Democrática que tenía su sede en Budapest, Hungría, para facilitar mi ingreso a las sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.
En la Universidad de Harvard

En octubre de 1988 recibí una carta invitación para hacer una ponencia sobre los derechos humanos en El Salvador en la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Con esta carta de invitación me fui para México para intentar obtener en la embajada de Estados Unidos, una visa y para mi sorpresa me dieron visa múltiple.La invitación por parte de la Universidad de Harvard impresionó a las autoridades consulares. Estuve en esta prestigiosa universidad y di una charla que fue muy concurrida, después pase por la ciudad de Nueva York, donde también participe en diversos eventos. Estando ahí recibí una invitación por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, para visitarlos en la ciudad de Washington.
Fue tal el entusiasmo de los compañeros de la solidaridad con El Salvado en Estados Unidos, que aprovechando que tenía visa múltiple por un año, me invitaron para regresar a los Estados Unidos para abril-mayo de 1989. Y en ese otro viaje, realice una gira que comprendió las ciudades de Nueva York, Boston, Washington, Los Ángeles, San Francisco, Santa Ana, Stanford, con visitas a diversas universidades. Fui a una universidad que es solo para mujeres, tuve reuniones con intelectuales y poetas, así como con la comunidad salvadoreña.
Estuve en Washington donde me reuní con el staff de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), visitando congresistas, a consejos municipales, me reuní con líderes afroamericanos de la Coalición Arcoiris dirigida por el Reverendo Jesse Jackson; en California con la Coalición La Raza; con el gremio nacional de abogados, el NLG.
En Nueva York me reuní con un millonario, explicándole la situación de los derechos humanos, quien al finalizar la conversación me dijo que entregaría al comité de solidaridad con El Salvador mil dólares, que el salía al día siguiente para África, pero que al regresar buscaría a 150 amigos suyos y les pediría que donaran la misma cantidad que él daría.Bueno, cada día era un desayuno con diversos grupos que expresaban su simpatía y solidaridad con el FMLN.
En Los Ángeles, con los contactos que tenía la comunidad de salvadoreños, fui alojado en una casa ubicada en el exclusivo barrio de Beverly Hill. Y ahí por vez primera, y última, dormí en cama de agua, muy agradable, por cierto. En esa ciudad se organizo una reunión interesante. Un millonario de origen griego interesado en la problemática salvadoreña, organizó una cena con 50 invitados, todos norteamericanos. Ante ellos, hable sobre la legitimidad de nuestra lucha armada para acabar con la dictadura militar que por más de 50 años dominaba en El Salvador.
En mi exposición me base en la película de Hollywood muy conocida, “El Puente sobre el Río Kwai”. La trama de la película se da durante la segunda guerra mundial, en el sureste asiático, donde prisioneros de los países aliados son obligados a construir un puente sobre el río Kwai para trasladar tropas japonesas, lo cual convierte en objetivo militar una construcción civil por servir a la guerra; derribar el puente significó evitar el transporte de las tropas japonesas y una derrota militar para los japoneses.
Así, con esa comparación, les explique porque se derribaban las torres eléctricas, porque servían para la comunicación militar del ejército gubernamental. Entendieron y acogieron positivamente mi punto de vista. Se mostraron más interesados en la situación de El Salvador y expresaron su propósito de contribuir económicamente a la lucha del pueblo salvadoreño. En realidad, la solidaridad del pueblo estadounidense fue crucial en nuestra lucha. Nosotros como FMLN efectuamos una exitosa labor diplomática y relaciones políticas, en Estados Unidos, Europa y América Latina.
Me acuerdo de que una vez me reuní en La Haya con un parlamentario holandés. Le hable de la situación de los derechos humanos en El Salvador, me hizo varias preguntas y luego me dijo: la semana pasada estuvo sentado en esa misma silla donde está usted el embajador de El Salvador y me contó cosas distintas a las que Usted me dice, pero le creo más a Usted.
Así era el trabajo que yo desarrollaba. Año con año nos preparábamos para viajar a Ginebra, documentando las violaciones al derecho internacional humanitario y los derechos humanos cometidas por el gobierno salvadoreño y sus fuerzas armadas, demostrando que se trataba de una política de Estado que se aplicaba para aniquilar a la oposición.
Llevamos a Ginebra a un lisiado de guerra para que diera su testimonio sobre las violaciones al derecho internacional humanitario; en otra oportunidad llevamos a la esposa de un militante del PRTC secuestrado por la policía a quien le negaban la captura de su marido, para con su testimonio demostrar también las violaciones a los derechos humanos. Cada sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU era una batalla con el gobierno salvadoreño. La Comisión debería de emitir una resolución sobre la situación de los derechos humanos en El Salvador y en todas las resoluciones que se aprobaron el gobierno salvadoreño salió mal.
La Comisión de Derechos Humanos nombró al español José Antonio Pastor Ruidrejo como Relator Especial para El Salvador, me reuní con él en 1988. Le explique la Secretaría de los Derechos Humanos del FMLN se había creado para contribuir al respeto al derecho internacional humanitario y a los derechos humanos, para informar a los organismos nacionales e internacionales de la situación de esos derechos durante el conflicto interno que vivía El Salvador, así como para conocer las denuncias que se hicieran a ese respecto contra el FMLN y procesar esas denuncias.
Pastor Ridruejo en su informe de 1989 a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU valoró positivamente la iniciativa del FMLN de crear un organismo del FMLN para velar por el respeto a los derechos humanos. Ese informe nos creó mejores condiciones para desarrollar nuestro trabajo en las Naciones Unidos. Tuvimos acceso a los medios de prensa. El día que se aprobaba la resolución sobre El Salvador, acudíamos al Fax y desde la sede de la ONU en Ginebra, enviábamos el texto de la resolución a los periódicos de todo el mundo, especialmente a El Salvador.
Utilizamos el incipiente internet, que para entonces no tenía conexión intercontinental, solo funcionaba para Europa y en América únicamente en Estados Unidos y Canadá. El gobierno salía de cada sesión de la CDH ONU más debilitado y aislado.
Para hacer este trabajo nos apoyamos en la solidaridad internacional. Así conseguíamos los pasajes de avión a Ginebra y luego de Ginebra a otros países europeos viajando por tren. Los alojamientos y alimentación los facilitaba también la solidaridad europea. En una ocasión me aloje en Ginebra, en un apartamento de una enfermera suiza, ella dejaba la llave debajo de la alfombra colocada al pie de la puerta de entrada. Otro año me alojé con una familia española, con ellos conocí la comida del mediterráneo. El año que llevamos al lisiado de guerra, la solidaridad suiza alquilo un apartamento amueblado para nosotros por un mes.
Yo viajaba a Ginebra con 200 dólares, era todo lo que me daba el cajero del partido. En 1991 regresando de Ginebra a México, mi último viaje, el avión en que viajaba hizo escala en Houston, Estados Unidos, nos bajaron a los pasajeros en tránsito que previamente la línea aérea alemana Lufthansa nos había dicho que no pasaríamos por Migración y que seríamos acomodados en una sala de espera. Para mi sorpresa nos hicieron pasar por el control migratorio.
Al llegar ante el agente de Migración gringo le entrego mi pasaporte, lo revisa, pasan unos minutos y luego me dice: usted no puede ingresar a territorio de Estados Unidos porque no tiene visa, tendrá que regresar de donde viene y tramitar allá la visa. Me puso en aprietos. Los norteamericanos, después de mi viaje a Estados Unidos en 1989 ya no me renovaron la visa en represalia por ser del FMLN. ¿Me mandarán de regreso a Ginebra y yo sin dinero? ¿Cómo regresaré a México? ¿Qué pasará con mi familia?
A esa altura de la vida con Iliana, mi esposa y nuestros primeros dos hijos vivíamos en México y apareció la preocupación por mi propia familia. Le explique al agente de Migración que yo viajaba a México luego de haber participado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, que mi intensión no era quedarme en los Estados Unidos, que era residente en México, que iba de paso, que la línea aérea me había asegurado que no haría ningún trámite migratorio porque iba de paso, apele a mis derechos de pasajero en tránsito. Llamaron a más personal de Migración y me pasaron a una sala, aislado de los demás pasajeros.
Me quitaron el atache que traía en mis manos, lo abrieron y vieron los documentos de la ONU que traía ahí; revisaron el maletín con el scanner de rayos x; me preguntaron. ¿Traes dinero? Si les contesté. ¿Cuánto traes? Bueno lo suficiente para terminar de llegar a México les respondí. Campas, les mentí, regresaba de Ginebra acabado. Paso un tiempo, que para mí fue largo, luego llegaron de la línea aérea y me invitaron a abordar el avión. Al llegar a mi asiento todos los pasajeros me veían con cara seria y ceños fruncidos porque, según interpreté, a causa mía el vuelo se había retrasado, más no sabían el problema que había tenido. Regresé a México, abracé a mi familia y me sentí feliz de estar de nuevo con ellos.
De esa manera contribuimos al proceso de negociación entre el FMLN y el Gobierno salvadoreño que termino con la firma del acuerdo de paz en la ciudad de México en 1992.
Luego vendrían otros retos, pero eso lo conversamos en otra ocasión.