Feminismo Latinoamericano. Francesca Gargallo. 2007

A lo largo de dos siglos, el feminismo latinoamericano ha forjado una teoría política de las mujeres que, en la última década del siglo XX, ha empezado a deconstruir el racismo de sus preocupaciones centrales, el heterocentrismo de su visión de los cuerpos sexuados en la organización social, y la aceptación supina de categorías de análisis provenientes de los feminismos occidentales.

El ideario que sostiene al feminismo latinoamericano es fruto, como todas las ideas políticas antihegemónicas, de un proceso de identificación de reclamos y de prácticas políticas que han variado durante su historia. La participación de comuneras, criollas e indígenas en la lucha contra el colonialismo fue amplia, pero no reconocida, y el triunfo de los liberales en la mayoría del continente no redundó en el reconocimiento de la igualdad de las mujeres.

El racismo heredado de la Colonia no permitió que las mujeres se reconocieran como tales, sino las relegó a categorías ligadas tanto a la clase de procedencia como a la pertenencia étnica: blancas, mestizas, indias y negras no compartían cosmovisiones ni espacios sociales, sólo el maltrato masculino que, en el caso de las últimas, sumaba la violencia machista y la violencia racista.

A fínales del siglo XIX, mujeres mexicanas, brasileñas, argentinas y venezolanas de los sectores acomodados urbanos se reunieron para publicar periódicos en los que explayaban sus ideas acerca de qué eran con respecto a los hombres, daban a conocer sus cuentos y poemas y compartían noticias sobre modas y modales.

Contemporáneamente, grupos de maestras se organizaron alrededor de demandas cuales el derecho a la educación y a la expresión, al control de su economía y al voto. Hilanderas, tabacaleras y otras trabajadoras asalariadas fabriles empezaron a exigir salarios iguales para trabajos iguales, aunque las obreras eran una parte mínima de las trabajadoras. Así, por diversos caminos, elaboraron un ideal de igualdad entre los sexos que sólo en sus expresiones tardías y más radicales exigió la igualdad jurídica y el derecho al voto.

Las feministas latinoamericanas del siglo XIX parecen mucho más conservadoras que sus contrapartes europeas y estadounidense de la misma época, porque confiaban todavía en que la política masculina como tal nos las excluía, en un mundo donde los liberales se enfrentaban una y otra vez a conservadores católicos.

No era lo mismo vivir en un continente que en 1823 era mayoritariamente gobernado por independistas liberales, que en la Alemania de 1823 donde los liberales eran apresados, colgados o enviados al exilio. Igualmente, en México, las mujeres de alcurnia que se negaban a casar con los invasores franceses y austríacos y sostenían con sus finanzas la lucha de Benito Juárez contra Maximiliano, creían sinceramente que sus correligionarios les reconocerían derechos equivalentes a sus sacrificios.

Una visión histórica de las ideas feministas toma en cuenta las condiciones en que se formaron y los diversos aportes culturales, filosóficos y políticos de que se nutrieron. Tal y como el comportamiento “digno” o “educado” de las sufragistas del siglo XIX, el conservadurismo feminista del siglo XX es incomprensible sin un análisis cruzado de los afanes de liberación generalizados de pueblos traicionados por la emancipación colonial y por el nacionalismo revolucionario brotado de la Revolución Mexicana, de las ideas religiosas de comunidades de base educadas por la Teología de la Liberación, de los ideales autonómicos universitarios, del antiimperialismo populista y socialista y de la falta de autonomía e independencia del sistema del movimiento feminista, tal y como lo señala repetidamente Margarita Pisano.[1]

Todos estos elementos confluyeron en atrasar la organización autónoma de las mujeres, por el simple hecho que las mujeres estaban participando políticamente en organizaciones mixtas donde eran tratadas con mayor igualdad que en la sociedad que pretendían transformar con su lucha y en las que eran parceladamente legitimadas.

Sólo el encuentro de las mujeres entre sí y el descubrimiento colectivo de su condición a través del análisis de las propias experiencias vitales, permitió la constitución de un movimiento de mujeres capaz de postular su liberación, entendida como proceso de subjetivización y autoafirmación.

A principios del siglo XXI, las ideas feministas latinoamericanas se vinculan al éxito del capitalismo en la destrucción de las culturas locales (la llamada globalización), y al clima continental reactivo de profunda crítica a la occidentalización de América,[2] y a sus secuelas de racismo y colonialismo que intentan reorganizarse en las ideas y las prácticas políticas del neoliberalismo.

Según María del Rayo Ramírez Fierro, ubicar el propio análisis de la realidad desde América Latina implica hacerlo desde “todos los lugares marginales del imperio global”.[3]

Esto es, desde espacios geográficos, culturales y económicos donde los movimientos sociales más recientes han aglutinado a sectores diversos (mujeres y hombres indigentes urbanos, indígenas y campesinos, desempleados, de la tercera edad, niños de la calle, afrodescendientes, migrantes), para estructurar reclamos que tienen que ver con algo más profundo, más elemental que la lucha por la socialización de los instrumentos de producción, posiblemente con el cambio de una cultura basada en el concepto de lo superior, ejercida por los elegidos.

Se han juntado alrededor de la no privatización de recursos naturales primarios como el agua o el gas, contra el turismo trasnacional, el latifundio y la agroindustria: son los sin tierra de Brasil, los sin rostro de México, y los sin techo de toda América, es decir son los seres humanos extranumerarios para el sistema capitalista mundial que, desde sus márgenes, son capaces de ponerlo en crisis.[4]

Las mujeres que participan en el movimiento zapatista en México, las cocaleras en Bolivia, las indígenas amazónicas y andinas de Ecuador y Venezuela están denunciando la relación entre el colonialismo, el racismo y las desigualdades económicas, de oportunidades y de acceso a los servicios públicos que las marginan.

Igualmente juzgan como manifestaciones de racismo las políticas de castellanización y aculturación de los pueblos originarios: “Nos quieren desindianizar”, denuncia la maestra Perla Francisca Betanzos Gondar, de Milpa Alta. “Quien estudia español ya no quiere hablar náhuatl y lo olvida. El proceso de desindianización implica que quien habla español es gente de razón, es gente respetada. Con la lengua se pierde la cosmovisión, la relación con la naturaleza como madre, la idea que el principio creador, Ometéotl, es femenino y masculino, que las mujeres representamos a la tierra…”[5]

Según Pilar Calveiro es necesario analizar la memoria, la resistencia y la sumisión, para entender por qué en América Latina los poderes, por violentos que sean, son enfrentados por ciertas resistencias que desafían las relaciones más asimétricas.[6]

Recordar ahora el pasado indígena sería, según su planteamiento, un proceso de reconstrucción, ya que existe entre las mujeres de los pueblos originarios una “urgencia actual” de interrogar el pasado, rememorándolo. Recuperar la historicidad de una historia negada, o convertida en relato repetido, implica revisitar el pasado como algo cargado de sentido para el presente.

Mientras estas reflexiones toman fuerza, filósofas como la brasileña Sueli Carneiro, músicas activistas como la dominicana Ochy Curiel, dirigentes indígenas como la ñahño Macedonia Blas Flores, coinciden en que toda situación de conquista y dominación crea condiciones para la apropiación sexual de las mujeres de los grupos derrotados para afirmar la superioridad del vencedor.

Estas condiciones se perpetúan en la violencia contra las mujeres, en general, y en particular contra las mujeres indígenas, negras y pobres. Los feminicidios en México, Guatemala, y otros países, responden a esta dinámica de naturalización de la violencia masculina contra las mujeres sometidas. ¡Naturalización o normalización (la ley-norma que constriñe a lo que ya se ha construido como normal) del abuso masculino!

Las que podrían ser consideradas historias o reminiscencias del periodo colonial permanecen vivas en el imaginario social y adquieren nuevos ropajes y funciones en un orden social supuestamente democrático que mantiene intactas las relaciones de género según el color, la raza, la lengua que se habla y la religión instituidas en el periodo de los encomenderos y los esclavistas.

Sueli Carneiro escribió para el Seminario Internacional sobre Racismo, Xenofobia y Género organizado en Durban, Sudáfrica, el 27 y 28 de agosto de 2001:

    La violación colonial perpetrada por los señores blancos a mujeres indígenas y negras y la mezcla resultante está en el origen de todas las construcciones sobre nuestra identidad nacional, estructurando el decantado mito de la democracia racial latinoamericana, que en Brasil llegó hasta sus últimas consecuencias. Esa violencia sexual colonial es también el cimiento de todas las jerarquías de género y raza presentes en nuestras sociedades configurando lo que Ángela Gíllíam define como ‘la gran teoría del esperma en la conformación nacional’, a través de la cual:

    1. El papel de la mujer negra es rechazado en la formación de la cultura nacional;

    2. la desigualdad entre hombre y mujer es erotizada; y

    3. la violencia sexual contra la mujer negra ha sido convertida en un romance.[7]

El colonialismo europeo ha marcado América Latina con cicatrices profundas: en su mayoría es un continente católico; se rige por una economía de mercado determinada por un centro externo a la región; y su estructura social es patriarcal, racista y discriminadora.

Para el feminismo latinoamericano es muy difícil deconstruir su occidentalidad, porque ésta se impuso como sinónimo de un mundo tecnológicamente moderno y legalista que hasta las socialistas querían alcanzar. Sólo desde el análisis de la pobreza y la desigualdad como frutos de un colonialismo capitalista que necesitaba, y sigue necesitando, de la contraparte pobre de la riqueza de su lugar de origen y expansión, el feminismo latinoamericano se plantea hoy la necesidad de liberarse de la perspectiva del universalismo cultural occidental, y su construcción determinista: la organización de géneros sexuales, masculino y femenino, bipolares, binarios y jerarquizados para que el trabajo gratuito de las mujeres descanse en una naturaleza invariable, construida desde la cultura.

El poderoso movimiento sufragista del siglo XIX, y el feminista, desde la década de 1960, han llevado en efecto a las “mujeres occidentales” a visualizar la posibilidad de que gocen de los mismos derechos y obligaciones que los hombres. Corrientes de pensamiento y organizaciones políticas de mujeres discuten acerca de los derechos a y en la vida, de la moral, la libertad de movimiento, la igualdad y la diferencia, determinando por qué, cuándo y de qué forma las mujeres de todo el mundo pueden y deben liberarse del yugo de culturas que no les permiten gozar de su integridad física, moral e intelectual. De su experiencia y reflexión ha brotado la teoría feminista “verdadera”, que elabora categorías interpretativas y discute tópicos de la educación.

En América Latina, algunas mujeres de las élites blancas son “líderes” de reivindicaciones igualitarias y de los debates del feminismo acerca de la maternidad voluntaria desde mediados del siglo XX.[8]

No obstante, en la actualidad un feminismo negro y un feminismo indígena aportan crítica radicales a la tendencia colonialista del feminismo universitario y militante de inspiración europea o estadounidense. ¿Dónde ubicar a las mujeres latinoamericanas? Acaso ¿son occidentales las centenas de mujeres asesinadas en México, Guatemala, Honduras y Colombia?

Urge situar no sólo las aportaciones del feminismo latinoamericano,[9] como teoría política y como filosofía práctica, al feminismo mundial, con sus específicas reflexiones acerca de la relación polimorfa entre los ámbitos íntimo, privado y público,[10] con las reflexiones sobre el racismo del machismo y la no pertenencia de las mujeres negras al colectivo de las débiles,[11] del feminismo indígena y sus conflictos con el poder hegemónico, el racismo, los militares, el alcoholismo, la violencia de género al interior de sus comunidades,[12] sino ir más allá y encontrar los móviles colectivos por los que las mujeres latinoamericanas decidieron renovar su imaginario del ser mujer.

Imaginar implica desear una imagen de sí, una imagen utópica, diversa de la que los roles y jerarquías asignan a la persona. A la vez, el deseo no es afán de apropiación de algo o alguien exterior, sino anhelo de saber y saberse desde sí. De tal modo, renovar el imaginario del ser mujer por parte de una colectividad femenina supone la voluntad de querer revisarse en la historia, para saber si existe una posibilidad de autodefinirse como mujeres y para proponerse como miembro de pleno derecho de la comunidad humana.

Desplegar el deseo implica necesariamente un movimiento hacia un cambio del propio status quo que, como dice Marta Sánchez Néstor, se sigue de “recordar nuestras antepasadas femeninas”.[13] Por supuesto, quererse saber significa desconocer conscientemente la idea de sí que ha construido (e impuesto) la cultura del poder hegemónico, es decir no reconocerse en el género que se les ha asignado.

Los géneros son construcciones sociales que, con base en los genitales de un cuerpo humano, transforman ese cuerpo en sexuado (eso es, destinado a la reproducción) y asignado a un sistema jerárquico que inferioriza lo femenino y descarta cualquiera opción que no sea el reconocimiento de ser hombre o mujer (asignación forzada de un género a toda intersexualidad, y desnaturalización de la misma).

La superioridad del hombre es por tanto una compleja construcción cultural que se absolutiza en todos los países dominados por la cultura que la produce. A la vez, esta construcción tiene características parecidas al racismo de la conquista y a la esclavización de los vencidos, de tal forma que sistema de géneros y guerra, sistema de géneros y colonialismo se acompañan y refuerzan uno a otro, porque tienen un mecanismo de jerarquización común en su base.

Para deshacerse de la asignación del género con sus características impositivas, las mujeres empiezan a reconocerse en su historia. Exclusión y muerte, violencia y negación de su palabra, inferiorización y falta de derechos las han acompañado siempre. No obstante, no es lo mismo reconocerse en los millones de brujas asesinadas como tributo a una modernidad que quería excluirlas de su poder económico y sus conocimientos, como hicieron las europeas, en la década de 1970, que reconocerse en la masacre de las americanas, la conversión de su cuerpo en el instrumento para la sujeción y la reproducción de individuos contrarios a su cultura, en una continuidad de tiempo que no se ha detenido en el siglo XVI sino que alcanza el presente.

En Sexo y conquista, Araceli Barbosa Sánchez analiza cómo el odio de los españoles contra las mujeres y contra toda “feminidad” de los hombres, llevó a los conquistadores a prácticas de violencia extrema, tortura, muerte y degradación de los cadáveres, de las mujeres indígenas que se resistieron a la violación y contra los “sodomitas”, equiparándolos de alguna manera.[14] De las indias y los sodomitas, los conquistadores nunca recogieron testimonios, palabras, ni describieron sus actitudes y saberes, a diferencia de los inquisidores que transcribieron con lujo de detalles los saberes “perversos” de las hechiceras y herejes.

Fue relativamente fácil para el movimiento feminista europeo identificarse con las brujas, una vez que se llegó a demostrar la positiva diferencia de sus saberes con los de la cultura de la represión que sostuvo al absolutismo monárquico y al despegue del capitalismo. Pero ¿con qué diferencia positiva de sus antepasadas pueden identificarse las latinoamericanas sin pasar por una revisión antropológica de las culturas americanas actuales e históricas, y por la ruptura con la cultura mestiza hegemónica, que encubre la historia en sentido racista y sexista?

Dos figuras, en la historia andina, podrían ser símbolos de la lucha que las mujeres son capaces de conducir contra el colonialismo, pero no dejan de estar sujetas al poder real y simbólico de sus maridos.

Bartolina Ciza, esposa de Tupac Katari, ejecutada por desmembramiento como él en 1781, organizó ejércitos para la defensa india de las tierras del Alto Perú, radicalizando las posiciones antiespañolas. Micayla Bastidas, jefa de la retaguardia india, organizadora de la producción y el suministro de alimentos, vestimentas y armas, y esposa de Tupac Amaru, ejecutada por garrote al finalizar la rebelión del inca junto con toda su familia; durante la sublevación indígena peruana siempre instó a su marido a radicalizar sus posiciones y reclamar Perú para los indígenas y sólo para ellos.

En términos de ideas feministas, estas dos figuras trágicas no aportan reivindicaciones de género, pero son una real presencia histórica mitizada que, en ocasiones, repercute en la idea de sí y en el respeto social.

La dificultad mayor al rastrear la historicidad de las ideas feministas en América Latina estriba en que, si bien pueden analizarse textos literarios, testamentos, cartas y juicios en su contra, que permiten encontrar actitudes de simpatía hacia otras mujeres en criollas, mestizas y negras desde el siglo XVII (mujeres que heredan sus bienes a sus criadas, hijas y sobrinas contra la voluntad del marido y de los hijos varones, que alegan contra la injusta condición de las mujeres, o que intentan oponerse a la Pragmática Sanción), no se encuentran muchas palabras indias explícitas acerca del valor de ser mujeres.

En los 91 testamentos indígenas de Santa Fe de Bogotá, de 1567 a 1667, recogidos por Pablo Rodríguez,[15] las dos terceras partes de las legatarias son mujeres -relación que se explica por el desbalance producido por la muerte de hombres durante conquista o porque las mujeres se integraron más rápidamente a la vida de las ciudades, en el servicio doméstico o en actividades independientes-; existen testamentos de dos esposas de caciques y de numerosas hilanderas, costureras, panaderas, chicheras y tejedoras.

Muchas de estas indias habían recibido sus lotes como legado testamental de sus amos o de los padres de sus hijos naturales, otras los compraron a sus vecinos blancos, y en él construyeron varios bohíos redondos para sus hijas, hijos y para rentar, insistiendo en sus testamentos que no se vendieran esas propiedades, porque su mayor preocupación era que sus descendientes tuvieran donde vivir y donde cuidar una huerta y criar puercos y gallinas.

Los testamentos indican la habilidad con que las indígenas se integraron al sistema de intercambios y de uso de moneda: compraban, vendían, fiaban, prestaban y sabían de intereses. Asimismo hablan de lo mucho que las indias se habían vuelto católicas devotas y miembros activos de cofradías y hermandades que creaban nuevas relaciones de solidaridad en un tejido social más antiguo pero desmembrado, y aseguraban compañía en el velorio y el entierro.

No obstante, las familias separadas, los ancestros perdidos, la reducción del parentesco, la alta mortalidad limitaban ostensiblemente la vida familiar y la comunicación de saberes ancestrales entre familiares. Los legados de madre a hija están siempre pospuestos a las necesidades del alma de la testamentaria, y se relacionan con las carencias materiales de la legataria.

Algunas de estas hijas eran indias, hijas de un esposo indio; otras eran mestizas, hijas del amo, de un vecino y en ocasiones de un marido blanco o mestizo; algunas más eran niñas recogidas, hijas de hermanas o hijas, o aun de desconocidas, a menudo blancas; unas y otras no eran “preferidas” a sus hermanos naturales, recogidos o legítimos por la madre. Asimismo, los consejos que reciben son los convencionales de una madre católica que, como muestra de amor, deja -cuando mucho-a la hija escoger el tipo de misa rezada por su alma.[16]

Las jóvenes evangelizadas y castellanizadas en los patios de los conventos, en el Colegio de Niñas de Santa María de la Caridad, o en cualquier colegio de “niñas y doncellas indias” que en México, desde 1529, se dedicó a su educación,[17] eran tan catolizadas que nunca reivindicaron nada ni de su derrotada cultura de origen ni de la tradición que en ella tenían las mujeres.[18] En la actualidad, hay más escritos de afrolatinoamericanas que de indígenas, más denuncias del racismo -aún al interior del movimiento feminista- de las primeras que de las segundas.

La historia de las mujeres indígenas, según la convención que la historia inicia con la escritura, tiene escasos asentamientos testamentarios y jurídicos en castellano, y en las dos mil lenguas americanas es tan reciente que existe un escasísimo registro anterior al siglo XX.

Seguramente, la cultura académica, que se valida por los parámetros educativos de Occidente, impide reconocer en la oralidad un medio confiable de transmisión histórica; no obstante, el mayor conflicto en la construcción del relato de América Latina es que en este continente no se elabora la muerte del noventa por ciento de la población originaria al inicio de la occidentalización de su historia.[19]

De hecho, no hay continuidad cultural posible entre el antes y después de la masacre, si tomamos en consideración que una cultura es siempre un conjunto fáctico de ideas dominantes y resistentes, de habilidades y conocimientos, que son patrimonio de un conjunto de personas, de un pueblo, porque pocos individuos no pueden contenerla, abarcarla y recordarla toda. ¿Cuántas condiciones del ser mujeres existían antes de la invasión y la masacre europea y cuántas condiciones quedaron para las mujeres después de su incorporación forzada y sometida al mundo occidental?

Más allá de las zapotecas del Istmo de Tehuantepec, que sorprenden con sus grandes cuerpos, su libertad de palabra y de movimiento y su real poder económico, la imagen que las mujeres indígenas ofrecen en México y Centroamérica es casi unívoca, a pesar de las diferencias culturales: mujeres sometidas por el padre y el marido, golpeadas, que trabajan de la mañana a la noche sin ningún reconocimiento social o económico.

Se trata, por supuesto, de un estereotipo: en realidad todas participan de una forma especial, no necesariamente protagónica, de rituales y decisiones comunitarias, son agentes de la economía de mercado y productoras, son transmisoras de conocimientos, parteras, curanderas, madres. No obstante, la teoría feminista latinoamericana no arranca de sus saberes y muy pocas mestizas se reconocen en su historia, prefiriéndose occidentales que indias, blancas que morenas, genéricamente oprimidas que miembros de una cultura de la resistencia.[20] Esta adscripción de las mestizas a lo no indio pertenece también a la estrategia de occidentalización de América, en particular a las maniobras de los criollos para mantener su hegemonía después de las Guerras de Independencia.

La relación entre mujeres indígenas y feministas hasta finales del siglo XX fue de desconocimiento colonialista. De alguna manera sigue marcando cómo se construye el discurso hegemónico, aunque sea desde una posición crítica al modelo de dominación masculino occidental. Las feministas de las élites académicas o de la clase política tienen a sus “otras”.

Y las mujeres indígenas que llegan a las capitales latinoamericanas no reconocen diferencias entre el racismo de las mujeres y el de los hombres mestizos. En mayo de 2005, un domingo por la mañana, Juanita Pérez Martínez, tojolabal de Las Margaritas, Chiapas, tuvo un día libre durante un taller para mujeres indígenas que se impartía en la Ciudad de México. Decidió salir a pasear con tres compañeras del taller, con quienes se encontró en Tacubaya.

Desde que se subieron al metro, la discriminación se hizo patente y adquirió varios matices de racismo: un grupo de jóvenes que iba rumbo a Chapultepec se mofó de ellas por su indumentaria; dos hombres mayores les instaron para no demorarse en las escaleras mecánicas; una señora les gritó desde el andén opuesto que necesitaba una sirvienta y se ofendió cuando le contestaron que no buscaban trabajo. Una vez en Xochimilco, a la más joven de ellas el lanchero intentó seducirla y hasta la jaló de un brazo; cuando ella se alejó con sus amigas, el hombre le gritó “india fea” y “desagradecida”.

El camino de descolonización de la propia teoría emprendido por grupos feministas autónomos,[21] por pensadoras como Silvia Rivera Cusicanqui en Bolivia y Ecuador, o, en México, por la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas, es particularmente importante para el pensamiento feminista latinoamericano, porque apunta al cruce, no sólo discursivo, de elementos muy diversos de la economía, la corporeidad, la política, la liberación y la diferencia.

Hace muy poco la activista nahua Lorenza Gutiérrez, de Huechapan, Puebla, declaraba en una entrevista a Melissa Cardoza que “sólo pobre un indio es el verdadero indio”,[22]  dando a entender que únicamente se comprende la realidad indígena actual si se la considera desde la falta de acceso a los bienes y servicios, consecuencia inmediata de la pobreza, hija de la discriminación racista colonial. A la vez, apunta que la pobreza es el lugar asignado a los indios por el sistema hegemónico, de modo que si un indígena se sale de su condición de pobreza se transforma en alguien “menos indio”.

La condición indígena y de género se suman, no sólo porque ser una mujer india es estar sometida a una forma múltiple de opresión,[23] sino porque la condición de género y la condición indígena son, ambas, frutos de una misma tecnología de jerarquización que confiere siempre a las mujeres y a los indios el lugar del derrotado, quitándoles su voz y la posibilidad de reconocerse positivamente en sus saberes que son incorporados en los saberes de los hombres y los occidentales (exactamente como a los derrotados se les excluye de la historia).

Algunas feministas, al plantearse la diferencia histórica, positiva, de las mujeres con respecto a la cultura hegemónica masculina (y sus aceptaciones, sumisiones, resistencias y rebeldías) se abren a la posibilidad de ver las formas de negación de la diferencia que la cultura hegemónica impone a todas las culturas que domina.

La negación del valor positivo de las diferencias (o, lo que es lo mismo, la imposición de un único modelo válido de ser) es la base misma de esa tecnología de jerarquización que, real, materialmente, confiere al mundo ex colonial el lugar de tercera hija en la redistribución de los alimentos y del acceso a la salud, y a América Latina el lugar de un continente occidentalizado sin derecho a reconocerse en su historia.

Desde una posición radicalmente lésbica, algunas feministas reivindican la libertad sexual preazteca y preincaica en América, sometida definitivamente por el cristianismo colonial. Esta libertad implica “la radicalización de la democracia”, según afirma Ochy Curiel.[24] Esto es, dejar de vivir en la mentira de la democracia como sistema que se opone a la dictadura, para mostrar su rostro patriarcal y liberalista.

“Mujeres es una categoría política que nos articula, con historias y siglos de subordinación y de propuestas. No es una identidad autodefinida, es una construcción social” que debe ser deconstruida para dar paso a “cuerpos históricos”, autónomos, políticos en sí.

Defender las vidas de las mujeres, para Curiel, implica defender los espacios de las lesbianas: “Mientras se asuma la heteronormatividad como el modelo de relaciones erótico-amorosas-sexuales… nosotras, desde una posición radical, seguiremos defendiendo los espacios políticos autónomos, aunque abiertos a la articulación con otros movimientos sociales y socio-sexuales”.[25]

El lesbianismo feminista latinoamericano tiene una ambigua relación con la crítica a la occidentalidad. No todas las lesbianas son anticapitalistas; existe un gay set, fundamentalmente masculino, pero al que pertenecen algunas mujeres de los sectores acomodados; éstas han entrado al mercado de “lo gay”, particularmente al consumo turístico: antros, playas, clubes.

No siempre se definen feministas; no obstante, influyen sobre las especialistas del mundo lésbico con poder adquisitivo que trabajan en instituciones internacionales y ONGs. Por otro lado, el actual pensamiento lésbico es deudor de una tradición internacional, tanto cuanto el mismo feminismo. Los estudios queer acerca de la no existencia de identidades fijas, de la deconstrucción de lo sexual-genérico, de la fluidez del deseo y de las representaciones, son de origen anglosajón.

Aunque en América Latina, se han encontrado con los estudios chicanos, con las reivindicaciones de las identidades indígenas y de identidades diversas, con el feminismo de la diferencia, con la narratividad de la filosofía (en particular con la necesidad queer de acabar con el principio del tercero excluido en la demostración de lo verdadero), los estudios queer ofrecen pocas manifestaciones propias.[26]

A la vez, las pensadoras lesbianas feministas latinoamericanas tienen fricciones entre sí y una muy difícil relación con el feminismo en general, pues lo visualizan como un espacio que no ha terminado de romper con la heteronormatividad.

A pesar de estas dificultades, el antirracismo feminista y el les-bianismo feminista contemporáneos comparten la idea de demarcar la cuestión racial y sexual en la configuración de la caracterización de la violencia contra las mujeres y en el estudio de qué es la democracia para las mujeres, así cómo en el compromiso de evidenciar el mecanismo que mantiene las desigualdades y los privilegios entre las mujeres blancas y las indias y las negras, entre las heterosexuales y las lesbianas.

Grupos como Mujeres Creando, Las Chinchetas, Lesbianas Feministas en Colectiva, Mujeres Rebeldes, Brecha Lésbica (de La Paz, México, Buenos Aires, Porto Alegre), y pensadoras como Jurema Werneck que se ubica en una “perspectiva de anterioridad, de una historia que no es fundada por europeos (aunque actualmente esté influenciada profundamente por ellos), de otras posibilidades interpretativas o de diferentes posibilidades de establecer otros marcos para recontar una historia”,[27] confrontan la idea liberal de democracia y piensan el feminismo como un movimiento y una teoría política radical.

Mientras el X Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (octubre de 2005, en Sierra Negra, Sao Paulo, en Brasil) se proponía discutir sobre “Feminismo y Democracia”, desde la perspectiva de las feministas que han ingresado a los partidos políticos, creando dinámicas de inclusión y exclusión entre las feministas conservadoras y las radicales (mediante el más simple proceso de invisibilización y olvido de los colectivos autónomos y de las feministas y organizaciones independientes), las feministas disidentes se asieron de tres temas -racismo, etnocentrismo y lesbianismo– para evidenciar que la democracia entendida sólo como ejercicio del voto y reparto de la representatividad es un concepto patriarcal y neoliberal.

La democracia se presenta como una matriz civilizadora, pero sólo responde al sujeto ilustrado que el feminismo de la segunda mitad del siglo XX criticó por haberse instalado desde una masculinidad blanca, heterosexual y con privilegios de clase, declaró en ese contexto Ochy Curiel.[28]

Las disidentes reafirmaron en Brasil que no puede hablarse de democracia sin abordar la lucha contra los sistemas de opresión que tocan a las mujeres, y sin criticar a fondo la perspectiva occidental del feminismo, pues éste como movimiento de reflexión urbano y académico ha disminuido su empuje emancipador (y liberador).

Considerando que es imposible disociar el patriarcado contemporáneo del racismo, el colonialismo y el capitalismo, porque toda forma racional absolutizada subordina necesariamente los pensamientos diferentes y crea jerarquías, denuncian desde su modo de vivir la política de las mujeres los encuentros conflictivos o violentos con occidente, con el patriarcado, con el racismo, con el capitalismo, con el individualismo y con el heterosexismo, como partes constituyentes de un todo opresor.

La escritora y militante hondureña Melissa Cardoza propone el “lesbianismo político” como un activismo que se explaya únicamente con mujeres para potenciar la fuerza de todas las mujeres. Sus ideas coinciden con las de Adrienne Rich cuando, en 1983, definía el feminismo lesbiano como la manifestación política del amor entre mujeres, como la lucha por un mundo en que la integridad de todas sea considerada un aspecto de la cultura.

Desde esta perspectiva, el lesbianismo político se convierte en un sinónimo del feminismo de la diferencia sexual, es decir de un feminismo que no necesita de la confrontación con los hombres para hacer política. Sin embargo, excluye la manifestación política de un deseo erótico no lésbico en las mujeres.

¿En qué momento el lesbianismo político entra en contradicción con la libertad erótica de las mujeres? ¿Acaso el deseo erótico puede considerarse a-político? ¿En qué momento el lesbianismo político se convierte en una nueva norma sexual? La diferencia sexual no puede erigirse sobre una norma de exclusión, porque es exactamente por el abandono de las morales sexuales y de las determinaciones genéricas que se propone como un elemento constitutivo de la sujetividad política latinoamericana frente al capitalismo racista y excluyente de la humanidad monosexuada en masculino.

La política global neoliberal, en sus expresiones de inversión agroindustrial, de explotación petrolera, turística y de agresión contra la economía campesina tradicional, daña a las mujeres indígenas, aumentando la inseguridad personal y familiar por los desalojos, las expropiaciones y el agotamiento del agua y otros recursos.

Fuera de sus comunidades, las mujeres se convierten en indigentes urbanas, sin redes de protección intrafemeninas, y expuestas a la agresión masculina que se acrecienta con tintes racistas. Dadas las condiciones, sólo una perspectiva feminista puede ofrecer a las indígenas la oportunidad de verse como sujetos activos de una historia de resistencia y rebelión, y no como víctimas. Y hoy esta perspectiva está siendo reelaborada principalmente por las lesbianas.

Los golpes sistemáticos de la prepotencia blanca y mestiza, la discriminación económica, la marginación social, la exclusión de la educación formal y de los sistemas de salud, son temas de la teoría feminista latinoamericana contemporánea, porque por motivos sexistas todas las mujeres los sufrieron y sufren de algún modo, sólo que las feministas blancas no los han enfrentado en su descarnada versión racista y colonialista. La participación femenina en la larga tradición de resistencias indias y luchas populares está dando una nueva voz al feminismo latinoamericano.

Bibliografía

1. Archipiélago. Revista cultural de Nuestra América, n.40, México, julio-septiembre 2005.        [ Links ]

2. Barbosa Sánchez, Araceli. Sexo y conquista, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos-UNAM, México, 1994.        [ Links ]

3. Benavente, Fray Toribio de (Motolinía). Memoriales, o Libro de las Cosas de la Nueva España y de los Naturales de ella, edición al cuidado de Edmundo O’Gorman, tomo III, cap. XVI, UNAM, México, 1971        [ Links ]

4. Calveiro Garrido, Pilar. Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70, Norma, Buenos Aires, 2005.        [ Links ]

5. ________ Redes familiares de sumisión y resistencia, Universidad de la Ciudad de México, México, 2003        [ Links ]

6. Cook, Sherburne F. y Woodrow Borah. Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe, Siglo XXI, Colección América Nuestra, México, 1977        [ Links ]

7. Curiel, Ochy. “Subviertiendo el patriarcado desde una apuesta lésbica-feminista”, texto presentado en el X Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, 9-12 de octubre de 2005, Sierra Negra, Sao Paulo, Brasil        [ Links ]

8. Gargallo, Francesca. Las ideas feministas latinoamericanas, Desde Abajo, Bogotá, 2004        [ Links ]

9. Kirkwood, Julieta. Ser política en Chile, Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile 1990.        [ Links ]

10. Lagarde, Marcela. Los cautiverios de las mujeres: madres, esposas, monjas, putas, presas y locas, UNAM, México, 1993        [ Links ]

11. Lavrín, Asunción (comp.). Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas históricas, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.        [ Links ]

12. Muriel, Josefina. La sociedad novo hispana y sus Colegios de Niñas, I, Fundaciones del siglo XVI, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1995        [ Links ]

13. Nouvelles Quéstions Féministes. Revue Internationale francophone, volumen 24, n.2, 2005, Edición especial en castellano, “Feminismos disidentes en América Latina y el Caribe”, ediciones fem-e-libros.        [ Links ]

14. Mujeres que cambiaron nuestra historia, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia/Universidad de Panamá, Panamá, 1996.        [ Links ]

15. Pisano, Margarita. El triunfo de la masculinidad. Surada Ediciones, Santiago de Chile, 2001.        [ Links ]

16. Prada Ortiz, Grace. Mujeres forjadoras del pensamiento costarricense. Ensayos femeninos y feministas, EUNA, Heredia, Costa Rica 2005.        [ Links ]

17. Rodríguez Jiménez, Pablo (edición y prólogo). Testamentos indígenas de Santa Fe de Bogotá, Siglos XVI-XVII, Alcaldía Mayor de Bogotá D.C.-Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 2002        [ Links ]

18. Vargas Isla, Lilia Esther (compiladora), Territorios de la ética, UAM-Xochimilco, México 2004.        [ Links ]


[1] Margarita Pisano, El triunfo de la masculinidad, Surada Ediciones, Santiago de Chile, 2001, p.54

[2] Arnoldo Mora, en “Notas sobre una filosofía latinoamericana”, en Archipiélago. Revista cultural de nuestra América, n.40, México, julio-septiembre 2005, p. 6, afirma que “América Latina pertenece a las naciones periféricas de Occidente. No es, por ende, una región occidental, sino occidentalizada”.

[3] María del Rayo Ramírez Fierro, “Nuevos movimientos sociales y sus horizontes ético-políticos”, en Lilia Esther Vargas Isla (compiladora), Territorios de la ética, UAM-Xochimilco, México 2004, pp.127-141

[4] Ibid., pp. 128-129

[5] Entrevista personal, en San Juan Tepenahuac, noviembre de 2005. La maestra ha escrito la tesis de licenciatura en Pedagogía: “Enseñanza y aprendizaje de la lengua náhuatl: ¿resistencia cultural?”, Universidad Pedagógica Nacional, 2006

[6] Pilar Calveiro, Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70, Norma, Buenos Aires, 2005, p. 11.

[7] Sueli Carneiro, “Ennegrecer el feminismo. La situación de la mujer negra en América Latina desde una perspectiva de género”, en Nouvelles Quéstions Féministes. Revue Internationale francophone, volumen 24, n.2, 2005, Edición especial en castellano, “Feminismos disidentes en América Latina y el Caribe”, ediciones fem-e-libros, pp. 21-22.

[8] Cf. Asunción Lavrín (comp.), Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas históricas, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.; Mujeres que cambiaron nuestra historia, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia/Universidad de Panamá, Panamá, 1996; Grace Prada Ortiz, Mujeres forjadoras del pensamiento costarricense .Ensayos femeninos y feministas, EUNA, Heredia, Costa Rica 2005.

[9] Como vimos, el sufragismo latinoamericano tuvo particulares connotaciones nacionalistas defensivas -antiimperialistas- y de política de la educación, debido a su condición de personas que buscaban la ciudadanía plena en países que seguían defendiendo su independencia política y, en algunos casos, su territorio frente a Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos (México, Nicaragua, Panamá, etc.); su pacifismo se tiño en varias ocasiones de antirracismo (Brasil); en el siglo XX, el feminismo de la liberación de las mujeres, en sus vertientes igualitarista y de la diferencia sexual, ha defendido su autonomía sin perder su relación con las reflexiones y políticas progresistas, redistributivas, pacifistas y antiimperialistas.

[10] Cf. Julieta Kirkwood, Ser política en Chile, Editorial Cuarto Propio, Santiago de Chile 1990.

[11] Sueli Carneiro, “Ennegrecer el feminismo. La situación de la mujer negra en América Latina desde una perspectiva de género”, op. Cit., p. 21-26.

[12] Cf. Palabras de la Comandante Ramona en el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Indígenas, Oaxaca, 1997.

[13] Marta Sánchez Néstor, “Mujeres indígenas en México: acción y pensamiento. Construyendo otras mujeres en nosotras mismas”, en Nouvelles quéstions feministas. Feminismos disidentes en América Latina y el Caribe, op. Cit., p. 41.

[14] Araceli Barbosa Sánchez, Sexo y conquista, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos-UNAM, México, 1994, pp. 73 y s.

[15] Edición y prólogo de Pablo Rodríguez Jiménez, Testamentos indígenas de Santa Fe de Bogotá, Siglos XVI-XVII, Alcaldía Mayor de Bogotá D.C.-Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 2002

[16] Beatriz, india de Turmequé, ibid., p. 105.

[17] Doña Isabel de Portugal, gobernadora y esposa de Carlos V, el 10, 24 y 31 de agosto de 1529 dirigió al obispo electo de México, fray Juan de Zumárraga, cartas donde lo obligaba a fundar, proteger, apoyar a los colegios de niñas y doncellas de la aristocracia indígena. Cf. Josefina Muriel, La sociedad novohispana y sus Colegios de Niñas, I, Fundaciones del siglo XVI, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1995, p.31.

[18] Fray Toribio de Benavente, Motolinía, describe cómo las indias educadas desde niñas en la religión católica no sólo eran de increíble “pureza” y “honestidad”, sino las principales divulgadoras del Evangelio y su moral, aunque, por supuesto, no se les permitía predicar por su cuenta. En Memoriales, o Libro de las Cosas de la Nueva España y de los Naturales de ella, edición al cuidado de Edmundo O’Gorman, , tomo III, cap. XVI, UNAM, México, 1971, pp.73-75.

[19] Para los estudios de historia demográfica de la Conquista y la Colonia, Cf. Cualquier estudio de Sherburne F. Cook y Woodrow Borah. Estudiaron los efectos que la conquista europea y la subsiguiente dominación tuvieron sobre la población indígena, en particular de Mesoamérica. Entre sus libros: Ensayos sobre historia de la población: México y el Caribe, Siglo XXI, Colección América Nuestra, México, 1977.

[20] Coincido con Pilar Calveiro cuando define la resistencia como un movimiento de no confrontación, por lo tanto no heroico, que permite la sobrevivencia hasta que se den las condiciones para la visibilización y liberación. Resistir posterga la rebelión, pero mantiene viva su posibilidad. Pilar Calveiro Garrido, Redes familiares de sumisión y resistencia, Universidad de la Ciudad de México, México, 2003.

[21] Por ejemplo, Mujeres Creando se reconoce como un colectivo de “indias, putas y lesbianas” para resaltar su negativa total a incorporarse al patriarcado racista dominante.

[22] La entrevista todavía no ha sido publicada; se efectuó para la elaboración de un informe en septiembre de 2005.

[23] Marcela Lagarde insiste que una india está siempre expuesta a una triple opresión: racial, genérica y económica, no obstante no asume su situación como un cautiverio del sistema poscolonial. Cf. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas, UNAM, México, 1993.

[24] Ochy Curiel, “Subvirtiendo el patriarcado desde una apuesta lésbica-feminista”, mimeo, texto presentado en el X Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe, 9-12 de octubre de 2005, Sierra Negra, Sao Paulo, Brasil.

[25] ibid., p. 4.

[26] Como la de “Los Poliamorosos”, en la Ciudad de México, críticas y críticos de la normatividad en la sexualidad.

[27] Jurema Werneck, “De lalodés y Feministas. Reflexiones sobre la acción política de las mujeres negras en América Latina y el Caribe”, en Nouvelles Ouéstions feministas, op. Cit., p. 28.

[28] Ochy Curiel, “Subvirtiendo el patriarcado desde una apuesta lésbica-feminista”, op. ci..

Miguel Ángel Sáenz Varela: ¡hasta la victoria siempre!

SAN SALVADOR, 27 de abril de 2024 (SIEP) Luego de una prolongada enfermedad, falleció esta mañana Miguel Ángel Sáenz Varela (1936-2024) , dirigente histórico del Partido Comunista, PCS  y del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

“Miguel fue uno de los más destacados revolucionarios salvadoreños de la segunda mitad del siglo XX y de principios de este nuevo siglo, desde adolescente abrazó las causas de la democracia y el socialismo en nuestro pais…” indicó el escritor Roberto Pineda.

Agregó que “conocí a Manuel en 1982, en la Managua sandinista, militamos en la misma célula, y disfrute de su sincera amistad así como aprendí mucho de sus extensos conocimientos sobre política internacional. Me acuerdo que mencionaba por esa época, en sus análisis, la posibilidad del derrumbe del socialismo, y yo se lo refutaba. La historia le dio la razón…”

“Me contaba Manuel que desde adolescente tenía un espíritu rebelde y que en secundaria en 1949, a las 13 años, durante el gobierno de Osorio, impulsó una huelga en el Colegio Don Bosco en solidaridad con los estudiantes de la UES, y fueron capturados con otros compañeros y ese fue su primera carceleada…”

Luego en bachillerato, que lo estudia en el INFRAMEN, continuó su proceso de formación política, en el que juega papel importante la lectura de La Madre de Gorki,  y empieza su lectura de los clásicos del marxismo, publica con otros compañeros, un periódico mimeografiado, con el simbólico titulo de Antorcha.

Además se dedica al deporte, aprende karate e integra la selección nacional de basketbol.  Y si esto fuera poco, también le dedica tiempo a la música, guitarrista de un trío que ameniza serenatas, con el nombre folklórico de Placenta.

Al llegar a la UES  en 1953, se decanta por estudiar Medicina, y organiza en la facultad el Frente Revolucionario de Estudiantes de Medicina, el FREM vinculado ya al ala juvenil del PCS. En tres ocasiones suspende sus estudios, por dos exilios a Nicaragua y uno a  Guatemala. Integra la Columna Universitaria del FUAR en 1961.

El FREM formaba parte del Frente Universitario de Estudiantes Revolucionarios, FEUR.  Como miembro del FEUR, Miguel  apoyó la candidatura de Fabio Castillo como Rector, cargo que asumió en 1964, y desde donde se impulsó la reforma universitaria, Luego participa en la campaña del PAR-Nueva Línea, con Fabio como candidato a la presidencia, en desafío a la dictadura militar.

En 1970 pasa a formar parte de la dirección del PCS, hasta su disolución en 1995. Ese mismo año  asume como secretario general de la UES; bajo la rectoría del economista Lito Menjívar.  Y en julio de 1972 es expulsado hacia Nicaragua y luego se establece en Costa Rica, y asume tareas de solidaridad con la lucha en El Salvador y la lucha de los sandinistas en Nicaragua.

En abril de 1984 Miguel pasa a formar parte de la Comisión Político-Diplomática del FMLN. En 1994 forma parte de la primera fracción legislativa del FMLN, luego de los Acuerdos de Paz de 1992. Sus últimas responsabilidades en el FMLN estuvieron vinculadas al trabajo municipal.

En definitiva, un gran luchador social y militante comunista, una vida dedicada a la lucha por la democracia y el socialismo en nuestro país.

De Pedro Mir a Guillén con parada en Neruda. Diario Libre. 2014

Corría 1948. Pedro Mir se hallaba en Cuba, a donde había llegado en 1947 tras cerrarse en nuestro país, con la reelección de Trujillo y el inicio de la Guerra Fría, el “interludio de tolerancia” que permitió la actuación pública de Juventud Democrática y el Partido Socialista Popular, la celebración del Congreso Obrero en el Teatro Julia y un respiro de prensa patente en el diario La Opinión. Antes, había compartido oficina de abogados con Tulio Arvelo y participado en 1947 como diputado constituyente en la reforma financiera a la Carta Magna que consagró el peso oro dominicano y el Banco Central. Al igual que otros juristas disidentes designados, como Francisco del Castillo -“yo conspiré mucho con tu padre, a quien quise; te veo y lo veo a él”, me espetó un domingo en la peña de Los Imperiales-, Eduardo Read Barrera y Eurípides Roques Román, quienes mantenían bufete junto a Emilio de los Santos, donde el 27 de febrero de 1944 se reunió el congreso clandestino del Partido Democrático Revolucionario Dominicano. Cucho Álvarez Pina -primo de mi padre y cabeza del Partido Dominicano- había desplegado su acción protectora para “incorporarlos”, como sucediera con Tulito Arvelo y Horacio Julio Ornes, nombrados en puestos consulares en Puerto Rico y Costa Rica.

Ya en la tierra de Martí abonada por el machete máximo de Gómez, Pedro se enroló raudo -como lo hicieran Chito y Gugú Henríquez, Dato Pagán, Mauricio Báez, Tulito, Horacio Julio y otros- en la fuerza expedicionaria multinacional acantonada en Cayo Confites para derrocar a Trujillo. Expedición abortada en septiembre de 1947 por el ejército y la marina cubanos antes de abandonar los buques aguas territoriales, abordo Juancito Rodríguez, Juan Bosch, Rolando Masferrer y un joven universitario llamado Fidel Castro. El exilio dominicano había recibido apoyo de los gobiernos de Grau en Cuba, Betancourt en Venezuela, Arévalo en Guatemala y Lescot en Haití. En Cuba, el Partido Socialista Popular -al que pertenecía el prestigioso poeta Nicolás Guillén- editaba el diario Hoy y operaba la radiodifusora Mil Diez, controlando la Central de Trabajadores. Antes, bajo el gobierno constitucional de Batista (1940-44), dirigentes del PSP ocuparon posiciones ministeriales.

En el peregrinar de los exiliados, Pericles Franco Ornes -dirigente del PSP dominicano- había logrado en 1946 que la Federación de Estudiantes de Chile editara La tragedia dominicana con prólogo compromisario de Pablo Neruda, el poeta militante chileno entonces senador del Partido Comunista. Tras ponderar el triunfo de Arévalo en Guatemala, Neruda acotaba: “El caso de la República Dominicana, como el de Nicaragua, continúa en el mapa, mostrando su lámpara apagada en el continente. Las comitivas presidenciales pasan por entre los dominicanos ultrajados, son recibidas y festejadas por el tirano Trujillo, se condecoran mutuamente representantes de regímenes incompatibles, y luego el gran silencio que ya conoce toda la América Central, cae sobre la pequeña república sojuzgada, cubriendo de sombra el calvario aterrador”.

El bardo abogaba porque “estas páginas del joven y bravío luchador Franco Ornes lleguen a las abogatadas conciencias de los que gobiernan las relaciones exteriores de nuestros países hermanos”. Señalando que, “mientras tanto los muertos, los martirizados, los encarcelados, los desterrados de la República Dominicana hacen preguntas mortales a toda nuestra América, y estas preguntas deben, alguna vez, ser contestadas”. A diligenciar respuestas en Cuba se dedicó en septiembre 1948 Pedro Mir-que al año siguiente daría a la estampa su poemario Hay un país en el mundo-, al procurar una versificación solidaria del gran Nicolás Guillén que resaltara nuestra causa, motivo de una apasionada carta del dominicano al cubano. Ahora revelada por el Archivo General de la Nación en la obra Pedro Mir en Cuba, de la autoría de Rolando Álvarez Estévez, su amigo y compañero de trabajo en Cadena Oriental de Radio, empresa en la que nuestro poeta se ganó las habichuelas como contable y periodista. En la extensa comunicación -que publicaremos en dos entregas- Mir dice a Guillén.

“Amigo mío: Si Nietzsche no hubiera sido un pobre diablo, habría sido un gran filósofo. Sabemos que no lo fue. Pero sigue siendo poeta en la medida en que la poesía siga siendo un ámbito verbal. Decía Nietzsche: “¿Qué son las palabras sino arco iris o puentes de ilusiones, entre seres eternamente separados?” Y, aunque esta separación sea superada en la práctica de la vida, como nos enseña Engels, la verdad es que, tomando el momento que no funciona dialécticamente, los seres están, sino eternamente, por lo menos curiosamente separados.

Te sorprenderá que esta carta se introduzca con esta sofocación filosofante. Es natural la sorpresa. Y también la sofocación, puesto que lo escribo bajo la impresión de nuestra inquietante charla de las otras noches en tu casa. Lo de la charla, claro está, lo digo por defender mi dignidad. Prácticamente quien charló fuiste tú. Yo me quedé con mis papeles de notas, mitad aturdido por tus opiniones, mitad fascinado por tu talento. Además, había un bonito coñac y me dijiste los poemas más hermosos del mundo. Fue después, cuando ya pude recuperarme y rescatarme en la soledad, cuando adquirí la perspectiva necesaria para orientarme. Pero ya tú te habías ido…

Como balance de tus palabras yo he sacado en limpio dos actitudes: una dominicana, una hacia mí.

La dominicana fue ilustrada con aquel ejemplo: Martí luchó en el extranjero a base de un movimiento articulado en el interior del país. Culminada aquella lucha vino a morir a Dos Ríos. Es decir, habían dos hechos: un líder honrado y un movimiento concreto. En el caso dominicano, los líderes son unos explotadores de la tragedia de su pueblo y no existe en el país ningún movimiento formalizado. Por tanto, no hay nada que hacer.

El objeto de la presente es darle a este planteamiento la respuesta que mis convicciones personales, tanto como mi sanidad personal exigen. Al mismo tiempo, explicar el carácter de mi visita, teniendo en cuenta que el Partido del cual eres miembro prominente, tiene que adoptar una conducta tan revolucionaria con los burgueses como intransigente con los oportunistas.

Nuestra conversación tuvo su origen en aquellas palabras dichas al pasar, probablemente mal interpretadas por mí, en una acera de Carlos III: “Le debo un poema a Santo Domingo, pero yo no veo la lucha de ese pueblo”. Yo fui a convencerte de que el pueblo dominicano SI lucha. Y me señalaba esta tarea -palabra que provocó aquello de que los dominicanos oportunistas que antes se acercaron a ti, también tenían una tarea…- me la señalaba, te digo, como vía hacia crear en ti el estado emocional, el entusiasmo lírico, previo a toda creación poética, que podría llevarte a escribir el poema que tú considerabas una deuda contraída con el pueblo dominicano. Por consiguiente, no era yo un dominicano más que iba a exigir de los cubanos una determinada contribución material en nombre del pueblo dominicano. Nada de esto. Tengo que reconocer que solicité tu concurso para hacerme de una voz cuya sonoridad pudiera llegar a ser útil a mi país. Creí que era evidente que tratábamos de hombre a hombre, no de pueblo a pueblo. De haberlo sabido me hubiera colocado en pose histórica. Hubiera mostrado el hombro épico…

Tú me ofreciste las páginas de HOY. Luego me ofreciste Bohemia, cuya colaboración es pagada. Al declararte que prefería Bohemia tu risa o sonrisa me impidió explicar que la revista, por su género, ofrecía más campo para mis posibilidades periodísticas y además abarca un sector de circulación más amplio que el periódico. Hubiera querido mostrarte mi amor por HOY, el periódico decente. Pero estaba el sucio dinero por medio y no nos podríamos entender. Sin embargo, yo debo insistir, por más arco iris o puente de ilusión que sean las palabras, que yo no iba en busca de esto. Yo iba hacia un poeta cubano, que es una voz continental, a hacerme su amigo, a buscarle el corazón para clavarle allí, hasta donde me fuera posible, la emoción dominicana que nosotros los dominicanos honrados llevamos clavada en el nuestro. Por eso en más de una ocasión dejé que mis opiniones fuera apabulladas sin defenderlas. No me importaba eso. Quería el poema. Nada más.

Por ejemplo. En cierta ocasión tú dijiste de paso: …yo soy miembro del Comité Nacional. -No lo comprendo, dije yo. Entonces tú me explicaste cómo el poeta moderno que comprende su papel debe estar en el centro de los acontecimientos. Yo callé. Sabía muy bien que esa tesis había sido formulada por Mayakowski, que era el primer poeta comunista, el más grande poeta de la Unión Soviética, el poeta que mejor había comprendido su función en el mundo moderno. Y sabía también que Mayakowski, no sólo no había sido miembro del Comité Central, sino que ni siquiera del Partido Comunista. En su condición de poeta -explicaba en sus conferencias- no podía someterse a la disciplina férrea del Partido. Stalin, que es un genio, lo comprendió. La Unión Soviética, que es un pueblo, lo honró…”

Mayakowski -un vanguardista en la poesía- dominó varias artes, incluido el cartel publicitario. Puso fin a su existencia en 1930 dándose un pistoletazo, cuando contaba 37 años, ya Stalin dominando. En su credo, que alimentó al afiliarse al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso antes de la Revolución de Octubre de 1917, había consignado que “hay que negarse a admitir la superioridad moral de quien manda y da órdenes precisas acerca de cómo vivir, cómo amar, como comportarse, qué leer, qué aplaudir, cómo vestirse. Había que echar abajo todo eso, destruir todos los detalles del mundo heredado e inventar un nuevo territorio de libertad absoluta”. En su entusiasmo, bajo el régimen de los soviets cuyas bondades exaltó por el mundo, expresó: “quiero que mi pluma sea una bayoneta”. Nuestro Pedro Mir andaba en Cuba tras la escopeta poética de Guillén, para tirarle a Trujillo.

Elon Musk vs Mark Zuckerberg: quién gana la batalla de los multimillonarios . The Economist. 2 de marzo de 2024

La rivalidad típica del patio del colegio entre Mark Zuckerberg y Elon Musk se remonta a años atrás, y en términos de quién es más genial que quién, el dueño de Tesla generalmente gana fácilmente. Como innovador, Zuckerberg, cofundador de Facebook y jefe de Meta, un gigante de las redes sociales, a menudo ha sido desestimado como una suerte de aficionado nerd.

Nunca ha recibido los elogios superlativos que tiene Musk por convertir a Tesla en un pionero de los autos eléctricos (VE) y a SpaceX en una sensación de la industria de los cohetes. Zuckerberg es conocido por su lema “muévete rápido y rompe cosas”, que puede haber ayudado a Facebook a conquistar el mundo, pero dio licencia a los críticos para presentarlo como una amenaza social. Musk es venerado por romper las reglas, exagera su imagen de chico malo y, en la mayoría de los casos, se sale con la suya.

Tal era el tenor de su relación cuando Musk propuso una pelea en una jaula con Zuckerberg en junio del año pasado, justo antes de que Meta lanzara una aplicación de mensajería corta, Threads, para competir con el Twitter de Musk (ahora X).

La pelea física nunca sucedió, pero incluso en términos comerciales, entonces Musk corría la ventaja. Era el hombre más rico de la Tierra. El valor de mercado de Tesla, aunque estaba cayendo, era más alto que el de Meta. Sus ingresos estaban creciendo más rápidamente.

Sin embargo, desde entonces, no podría haberse dado una patada más fuerte en los dientes. En las últimas semanas, Tesla ha sorprendido a los inversores con una presentación de resultados aterradora. El paquete salarial de US$56.000 millones de Musk de 2018 fue rescindido por un juez, lo que redujo drásticamente su patrimonio neto. Desde Estados Unidos hasta China, sus vehículos eléctricos han sufrido fuertes retrocesos en sus ventas.

Mark Zuckerberg está festejando. El 1° de febrero, Meta publicó sus resultados que mostraban un aumento asombroso en ventas y márgenes. Su valor de mercado ha alcanzado los 1,2 billones de dólares, exactamente el nivel que Tesla alcanzó en su punto máximo en 2021, y más del doble de lo que vale ahora el fabricante de vehículos eléctricos.

Sin duda, las medidas a corto plazo del desempeño financiero no lo son todo. Pero si se analizan los factores a más largo plazo, como la forma en que ambos dirigen sus negocios, tratan a sus accionistas y clientes y responden a sus propios fracasos, queda claro que la lucha está prácticamente terminada. Zuck ha ganado.

Para entender por qué, hay que comenzar con la interacción entre la forma en que ambos multimillonarios controlan y dirigen sus empresas. Cada uno de ellos domina sus empresas de una manera que hace palidecer a los defensores del gobierno corporativo: Zuckerberg a través de una estructura de acciones duales que le otorga el control mayoritario de Meta, mientras que Musk apela a un modelo en el que se somete prácticamente a la esclavitud a todos en Tesla. Pero a medida que Zuckerberg se ha vuelto más sensible hacia sus compañeros accionistas, Musk está yendo en el camino inverso.

El cambio de Zuckerberg comenzó en 2022, cuando los accionistas retrocedieron ante la forma en que estaba desperdiciando su dinero (y el suyo) en proyectos como el metaverso, justo cuando el negocio principal de Meta se estaba desacelerando. En lugar de ignorarlos, escuchó al mercado.

Desde entonces, ha cambiado de opinión para centrarse en reducir costos, aumentar las ganancias y usar el efectivo para invertir en inteligencia artificial (IA) y el metaverso de una manera que mejore los productos existentes y financie apuestas futuristas. Además, para convencer a los accionistas de que no está desperdiciando su dinero, Meta les devolverá más efectivo mediante la recompra de acciones y pagará el primer dividendo de la empresa.

Musk no ha tenido tal epifanía. En los dos años transcurridos desde que el precio de las acciones de Tesla alcanzó su punto máximo, parece haber duplicado su apuesta por decepcionar a otros propietarios de las acciones de la compañía. Los sensatos anhelan un modelo barato y de mercado masivo.

En cambio, Tesla está vendiendo autos caros con un descuento que destroza los márgenes. Quieren que pase más tiempo en Tesla, pero lo divide con SpaceX y lo desperdicia en X. Anhelan autos totalmente autónomos como catalizadores de una revolución de los robotaxi. En cambio, incluso los fanáticos más acérrimos quedaron atónitos recientemente cuando Musk amenazó con alejar sus esfuerzos de inteligencia artificial y robótica de Tesla a menos que se le diera un control del 25% de los votos.

Eso lleva a una segunda gran diferencia: la motivación, que fue el quid de la decisión del juez en Delaware el 30 de enero de despojar a Musk de su gigantesco bonus. Zuckerberg, como se señala en la sentencia, no recibe salario ni opciones sobre acciones de su empresa. Su tenencia del 13% en Meta es el principal incentivo para venir a trabajar cada día.

Musk, sin embargo, es diferente. Aunque su participación en Tesla en ese momento significaba que se haría US$10.000 millones más rico cada vez que el valor de Tesla aumentara en US$50.000 millones, eso no fue suficiente. La junta directiva de Tesla (muchos de los cuales, según dictaminó el juez, eran demasiado amigables con Musk para ser independientes) convenció a los accionistas de mantener el mayor pago en la historia de los mercados . Ahora que ha sido anulado, su motivación para seguir trabajando, presumiblemente, está aún más en duda.

Luego están las actitudes de ambos hombres hacia los clientes, que también han evolucionado en direcciones opuestas. Zuckerberg fue vilipendiado por su enfoque inicial en Facebook respecto de los datos de los usuarios, la moderación de contenidos y la privacidad. Las preocupaciones siguen siendo fuertes, especialmente cuando se trata de jóvenes en las redes sociales. Pero Facebook ahora tiene una junta de supervisión independiente para dictaminar sobre las decisiones de contenido, y Meta dice que ha invertido US$20.000 millones desde 2016 en seguridad online.

Sin duda, Musk todavía tiene algunos clientes leales. Pero considerando cuántos propietarios de vehículos eléctricos estadounidenses se inclinan por los demócratas, cuanto más despotrica en X, más claro es que desdeñan sus opiniones políticas. Además, en China, un mercado enorme, se enfrenta a una dura competencia.

En pocas palabras, a medida que Zuckerberg crece, parece haber aprendido de sus errores. A medida que Musk crece, se vuelve más infantil y distraído. Su reacción de enfado ante la sentencia del tribunal de Delaware, amenazando con levantar el campamento y trasladar la corporación de Tesla a Texas, es un ejemplo de este comportamiento y representa una señal de que buscan que los accionistas de la empresa tengan aún menos protección que de costumbre contra sus caprichos. Si alguien debería subir al ring, son los propios accionistas de Tesla.

En vez de carta, un cuento: ¿Una cáscara de plátano o un golpe de Estado? Paolo Luers. Abril de 2024

Había una vez en un país imaginario un hombre, igualmente imaginario, que había llegado a la vicepresidencia de la República. Era un tipo mediocre y débil, que por si solo nunca hubiera llegado tan cerca del poder. Pero era sumamente ambicioso. Hubiera ido de vice con cualquier hombre fuerte, sea de izquierda o de derecha, demócrata o autoritario, con tal que fuera capaz de llevarlo consigo a la cima del poder. Era dispuesto de hacer un pacto con el diablo, si éste le hubiera ofrecido derrocar al presidente y elevar a él a la gloria.

Mientras esto no se daba, apoyaba al presidente en todo, incluyendo sus maniobras muy cuestionables y sus violaciones a la Constitución. Pero en el fondo, sintió un profundo resentimiento, porque nadie en el gobierno lo tomó en serio.

En esto, le contactaron unos militares de alto rango, que estaban insatisfechos con el rumbo que el presidente daba al país. En especial estaban furiosos por los cambios inconsultos en la cúpula militar. Le dijeron al vicepresidente que estaban listos para dar un golpe de Estado, agarrando la bandera de defender la Constitución.

El vicepresidente, cuando vio que los militares estaban listos a actuar, vio la oportunidad de su vida. Así que cuando le preguntaron si estaría dispuesto a asumir la presidencia, no dudó en ofrecer sus servicios. Por la patria y mi carrera, todo….

Los señores militares ya se habían asegurado el apoyo de un prominente empresario, que a la vez era uno de los dirigentes del principal partido de oposición, ahora desplazado del poder y bajo fuerte ataque. Este hombre, que bajo la presión y las amenazas del presidente y las primeras persecuciones jurídicas contra él se había visto obligado a renunciar a la dirección de su partido, les ofreció a los conspiradores gestionar el apoyo del sector privado.

Acuérdense que estamos hablando de un país imaginario y de personajes inventados y que sería pura casualidad si se parecieran a personas reales en un país real.

Todo esto es obra de la imaginación de un malpensado…

Entonces, otro empresario, un hombre muy reconocido entre sus pares y declarado opositor a las políticas antidemocráticas del presidente, recibió una llamada de su colega, el exdirigente partidario. Una llamada que le hizo parar los pelos.

“Estoy con el vicepresidente y él quiere ir a visitarte para hablar de algo urgente”.

“No. No es posible. Ni lo conozco. No tengo nada que hablar con él. Olvidate”,

“No te preocupés de la seguridad, nadie va ver al señor entrar a tu casa. Iría escondido en mi camioneta.”

“Te dije que no. No quiero esta reunión. No lo conozco y punto”.

“No te preocupés. Los militares ya están de acuerdo”.

En este punto el empresario cortó la llamada. El que le habló nunca había sido de su plena confianza y al vicepresidente lo detestaba. No quería tener nada que ver con lo que estos dos estaban haciendo con los militares. Por más que estaba opuesto a presidente, a quien vio como un peligro para la democracia, consideraba un golpe de Estado como la peor solución.

Se reunió con un amigo cercano, le contó de la extraña llamada y le dijo: “Jamás me voy a reunir con este hombre detestable que tenemos de vicepresidente. Ni loco me iba a meter en una locura como esta. Tengo décadas de luchar por la democracia. Me quedé con una duda: ¿Fue real esta propuesta que me querían hacer? ¿O fue una cáscara que me querían poner?”

Su amigo, sin pensarlo mucho, le contestó: “Puede haber sido una locura, pero muy real. Entre los militares hay descontento. Y nuestro vicepresidente es tan oportunista, que no dejaría escapar ninguna oportunidad de llegar adónde por méritos propios nunca llegaría.”

“Entonces, no es una cáscara que me querían poner?”

Los dos amigos nunca salieron de esta duda. Nunca se hizo ninguna reunión. Otros empresarios, que recibieron llamadas parecidas, igual les colgaron los teléfonos a los conspiradores.

Unos meses después, el empresario y ex dirigente opositor murió. Según las autoridades, fue un suicidio. No hubo testigos…

Nunca hubo un golpe de Estado. Los militares se plegaron al nuevo orden de las cosas. El vicepresidente sigue defendiendo, luego de este episodio con aun más servilismo, las políticas de su jefe.

Todo quedó como si nada hubiera pasado. Los empresarios, que recibieron estas llamadas extrañas, nunca salieron de la duda si todo fue real o solo una trampa de bobos. Se quedan con la duda – y callados. En el país imaginario reina la tranquilidad.

Espero que hayan disfrutado de esta fantasía de un malpensado.

Saludos,

Paolo Lüers

Oswaldo Escobar Velado. Manlio Argueta. 1989

Nació en Santa Ana, 1916, murió en San Salvador en 1961. Es, junto con Alfredo Espino, Roque Dalton y Claudia Lars uno de los cuatro poetas de leyenda
en El Salvador. Ligados indisolublemente a la historia cultural del país, se autocomplementan en un espectro de variables sobre la poesía.

De diferentes generaciones, a Escobar Velado le corresponde iniciar el movimiento de vanguardia en El Salvador. Romántico en su adolescencia, Julio Herrera y Reissig estuvo presente en sus poemas, nos muestra desde entonces, ser una persona de sueños inalcanzables, o de pretender realidades que pertenecen a sueños de difícil realización. Con ello se inclinó mucho al
romanticismo, al igual que en sus pretendidas aspiraciones para lograr transformaciones civiles en su patria.

Pero es con el descubrimiento de Neruda que va hacia el vanguardismo, que a la postre, esa irresistible influencia del poeta chileno es una de sus fallas, pues no le permite ahondar la problemática interior que casi afloraba en Escobar Velado; entre otras cosas, la impotencia de un poeta centroamericano, en típicas “bananas republics” de entonces, militarismo, impunidad e intolerancia, que le causó separaciones tempranas de los seres amados, confusiones a su temperamento sensible.

Por eso lo sentimos mejor poeta cuando se desliga del nerudismo; es entonces cuando se percibe la entera emoción de Escobar. Algo de la sencillez del poeta y de su bondad extrema que lo llevaba a sufrir más allá los problemas que aquejaban a su país. Indefenso, en cierta manera, pensó que la poesía era su arma solitaria para apoyar la creación de una sociedad justa:
“Solitario y enfermo hizo de la poesía un ariete contra el despotismo y la injusticia social, aunque nunca llegó a inscribirse en una doctrina específica ni a militar en un partido proletario, su obra contiene una potente dosis de rebeldía contra el mal poder, de adhesión a la lucha contra los oprimidos”, así dice Italo López Vallecillos quien llegó a conocerlo de cerca y admirarlo, como casi todos los de las promociones que surgimos poco después.

Oswaldo encontró en la poesía su mejor combate y fue vencido antes de terminar la obra que le desesperaba escribir. Le costaba encontrarse, de ahí sus desigualdades creativas, a veces encubiertas en un colorido que él explicaba era por estar dirigido a niños, aunque era consciente que los niños no lo leerían en un tiempo cercano mientras fuera un poeta prohibido. Padre cercano e inspirador de la “Generación Comprometida”, ahí estaba ofreciendo fuerzas en su bufete de abogado sin clientela, leyendo sus poemas en proceso, a quienes le escuchábamos con devoción, mientras en sus manos se aferraba un cigarrillo incansable y en su cara una sonrisa de niño buscando aprobación a sus imágenes radiantes.

A excepción de Roque Dalton, con quien lo separaba una diferencia de temperamentos, la amistad fue más que cercana con los que formaban el Círculo Literario Universitario. Seguridad en Dalton. Timidez en Escobar Velado. Los dos fueron víctimas propiciatorias de una realidad que quisieron cambiar. Escobar Velado, asistido por su propio corazón que nunca creció; Dalton, expresando siempre madurez criticaba la ingenuidad. Sin embargo, ambos son blanco de la incomprensión hacia la sensibilidad universal, víctimas de una cultura autoritaria unida en sus dos polos. Dalton y Velado mostraron que la poesía era capaz de hacer todo, pero que nunca perdería su fragilidad. Dalton, haciéndo ver que la poesía no estaba hecha sólo de palabras.

Oswaldo, dando un primer puesto a la palabra; aunque combativa, desarmada.
Matilde Elena López, escritora salvadoreña de la misma generación del 44, y quien conociera al Oswaldo joven, traza algunos rasgos peculiares en E. V.: “Es el cantor más identificado con su pueblo, más extrañablemente unido a sus lucha y a sus dramas históricos… este muchacho extraño y sensitivo, el último juglar vagabundo que retorna del exilio con una guitarra entre la manos para decir su protesta”.

Y luego, habla el poeta, citado por M.E. López: “El exilio y la cárcel me enseñaron a querer al pequeño poeta que en mí se iniciaba agitando banderas…”.

Oswaldo y Dalton son parte del drama que significaba carecer derechos civiles y que pensaron resolverlo con la poesía, armada o desarmada.

De diferentes maneras, a ambos, la muerte les llegó por anticipado, antes de entregar lo que les correspondía como seres privilegiados que nacen una vez cada siglo. Oswaldo, más solitario, quiso encubrir con la bohemia lo que le hacía débil frente a la realidad sombría. El último poeta inocente, por pretender encontrar en el poema la fuerza espiritual necesaria para luchar por los pobres, objeto de su expresión poética. Dalton, con más lucidez para encontrar los nuevos caminos de una América Latina expandiéndose hacia el ejercicio de sus derechos, también encontraría las puertas cerradas.

Roque Dalton, 30 años más tarde, moriría solitario en manos de sus propios acompañantes de lucha, como el Oswaldo enfermo de cáncer. En ambos casos el fanatismo y la incultura política tuvieron la palabra. El tiempo había seguido inmóvil para los poetas. E. V., escribe en su lecho de enfermo terminal: “No tengo a nadie/ que comparta conmigo/ la mesa de mi angustia; mi rodaja/ de luna que en mis sueños/ había; ardo en mi soledad/ como una lámpara; lloro/ como el viento llora/ pasando entre los árboles”. Dalton, en sus poemas de joven, que fueron los de siempre: “… Los pobres locos que hasta la risa
confundimos/ y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,/ ¿cómo vamos a andar con los nombres a rastras,/ cuidándolos,/ puliéndolos como mínimos animales de plata,/ viendo cómo estos ojos que ni el sueño somete/ que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?”.

Oswaldo quiso hacer de la poesía el fundamento de transformación de la sociedad. La utopía estaba más lejana de lo que aparentaba. El poeta, como lo soñara otro discípulo cercano de Escobar Velado, Roberto Armijo, seguiría siendo por mucho tiempo el ciervo perseguido, sin posibilidades de convertirse en perseguidor. Su poesía era el instrumento más apropiado para las
mordazas de su tiempo, en tanto por medio de aquella fue arrebatado el derecho a debatir, en una sociedad de disparos y silencios, donde se compró esta complicidad; desde ese punto de vista, Escobar Velado fue un activista dentro de su poesía, aunque a veces estuviera disfrazada de inocencia y compasión. Bondadoso hasta para seguir la ruta de sus maestros, a quienes no
abandonaba: Neruda, Nazim Himet, León Felipe, Miguel Hernández, Maiakovski. Quizás si Oswaldo Escobar Velado (poeta) hubiera seguido a Vallejo habría tenido los elementos interiores más cercanos a su personalidad.

No soltarse de aquellas influencias le acarrearon el costo de la incomprensión para que su poesía siguiera permaneciendo en el silencio que era precisamente lo que él nunca hubiera deseado, ni aun para sus expresiones cercanas al romanticismo: “Es el pueblo como una mariposa/ que ha salido volando de tu mano/ y se quedó dormida con las alas celestes en el cerro/”. O bien sus primeros poemas de amor: “Yo te fui amando, poco a poco amiga,/ así como
la hiedra va subiendo en las paredes húmedas húmedas”.

Desde esos poemas se iba configurando quien no encontraría reposo en la búsqueda de su propio yo para entregarse a los otros. Pero fue la época del fascismo triunfante y de su desacertada presencia en nuestros regímenes militares. Los poetas de España estaban muertos o en el exilio. La diáspora hispana de los años 40 había traído herencia de poesía a nuestra América. La voz emotiva de Oswaldo se alza junto con otros jóvenes y fundan el grupo de
escritores anti-fascistas. Surgen la alianzas mundiales para defender la democracia y las libertades ante las amenazas de Alemania, Italia y Japón. Para los poetas de América Latina era la oportunidad de demostrar que desde antes del fascismo en el otro continente, las libertades de la Carta del Atlántico eran desconocidas en nuestro suelo, en especial, en los países de América Central. El poeta entonces debería confundirse con el ciudadano.

En esas circunstancias se genera el llamado Grupo Seis, entre los cuales estaba Escobar Velado y el Comité de Escritores y Artistas Anti-fascistas. Las luchas populares van al ritmo de las noticias que anuncian el retroceso de las unidades militares alemanas a su refugio de fuego en Berlín. Escobar Velado publica entonces su primer libro de contenido social: Rebelión de la sangre rebelde (1945). Pero el fascismo no fracasó en América Latina, perdió la guerra en
Europa, ganó la guerra fría en los países de América Latina. Habría fascismo por 40 años más. No podríamos entender a Escobar Velado, y años después a Roque Dalton, sin tomar en cuenta la prolongada época histórica y específica de El Salvador.

Escobar Velado continúa su linea: escribe Diez Sonetos para mil y más obreros y Arbol de lucha y esperanza. La propia realidad hace tan fresco y vivencial el poema que no hay tiempo para detenerse en expresiones ajenas, no obstante andar merodeando el romancero español:
“Valiente la policía,/ orden de los coroneles,/ en la noche más amarga/ mataron a dos mujeres.” Su aprehensión de la realidad trágica del trabajador rural marginado no le llegó por medio de la teoría sociológica, sino del convivio con los propios hombres del campo o de sus largas conversaciones con los obreros de las zonas inter-urbanas de San Salvador -dice Matilde E. López. También le cantó a algunos compañeros que, habiéndose quedado en el país habían
olvidado sus ideas revolucionarias para convertirse en diputados y ministros. En todo caso, dio su tributo a quienes lucharon a su lado, entregó su humanidad en poemas, aunque esto fuera una actitud que hasta ahora cierto pragmatismo político califique como propio de los “poetas”, esgrimiendo el término como insultante, aun por revolucionarios, sin darse cuenta que tal actitud proviene de una concepción de la cultura fascista impuesta por varias generaciones.

En todo caso, Escobar hace el poema político más directo en El Salvador, aunque fue en los últimos años de vida que descubrió su mejor poesía: “A esta mesa no llegan/ las hormigas; ni las cucarachas/ a la azucarera. Aquí sólo el maíz/ cocido en la olla primitiva/ llora; de aquí los perros/ se fueron, huéspedes desahuciados/ cuando llegó la lluvia” . Es la misma tesitura de sus otros poemas del mismo período: “Patria exacta” , “Tekij” , o ese poema conversacional a la
muerte de su madre: “La elegía infinita” , la frescura de sentimientos, hacia su próxima muerte que se le avecinaba sin saberlo. O bien su poema “Moriré… morirá” : “Moriré no hay duda, pero quedará mi grito/ como tambor sonando./ Moriré y en mi muerte os invito/ a continuar gritando”. Los poetas decidirán el rumbo de la palabra.

Crisis in the CPUSA. Interview with Charlene Mitchell. African Communist. 1993

Charlene Mitchell is an African American. A former leading member of the Communist Party of the United States and CPUSA Presidential candidate, she is currently involved fulltime with the Committees of Correspondence. She has also had a long association with the anti-apartheid solidarity struggle and other anti-racist struggles.

In 1992 Charlene Mitchell visited South Africa with Angela Davis. In the course of 1992 the CPUSA suffered a major blow when Mitchell, Davis and numerous other leading members left the party. In this interview with The African Communist (conducted by Raymond Suttner on 23 July 1993), Mitchell traces the background to the crisis in the CPUSA. The African Communist attempted also to interview a representative of the current leadership within the CPUSA, but we were told “it would be pointless”.

AC: Comrade Charlene Mitchell, after many years as a leading CPUSA member you have left the party, along with others, including Herbert Aptheker, Angela Davis, Gil Green, Michael Myerson, to cite a few names that are familiar to me. Could you please give us some background to the crisis in the CPUSA?

CM: Well, of course we can’t go back all the way into the history of the matter, it would be like trying to write a book about the Communist Party in the United States. But it is important to say that there were some very serious problems that developed with the changes in leadership in the Communist Party after the death of our party chair, Henry Winston.

Comrade Winston acted as a brake between the membership and the top leadership. When the top leadership got too top heavy, cde Winston would call a halt and insist, you know, that we have to discuss whatever was unresolved. I don’t want to make out as if his death was THE only important thing, but it set in motion certain events…all of which related to the question of democracy within the Communist Party.

Directly related to the absence of inner party democracy was our inability as a party leadership to discuss and deal effectively with a number of critical strategic questions related to the approach to mass movements and the relationship with mass movements; the question of electoral politics; the relationship of the class struggle to the question of the struggle for African-American equality; the question of the relationship to the working class itself and to its organisation, the trade union movement.

So, after the death of cde Winston a number of questions came to a head.

International developments also began to impact on our party. You will recall the change in leadership in the Soviet Union with Andropov, there were signs of a new openness. In our party ranks there was a general acceptance, a joyful acceptance of the direction in which it seemed Andropov was travelling. But the sense that now we could open a little more in our own party, also set off the question: Well if we can do this now, why should we have not done it before?

Questions began to emerge around some of our own policies, around the policies in the Soviet Union, and policies in the rest of the socialist world. But all of this discussion took place on a very low level, very quietly, but it was part of the whole background of the international discussion. The question of the two Germanys and whether there should be a single Germany was a hidden discussion. We never really got to discuss it openly within the leading party structures. When the Wall came down and Gorbachev made his point welcoming reunification it was felt, officially, that it was a betrayal of the socialist movement. But there had never been any real discussion about it, it was just labelled a betrayal.

You’re saying that international events in the socialist world high-lighted a lack of glasnost within the CPUSA, a failure to open up discussion on matters that were crucial to the party?

Exactly…

I gather cde Joe Slovo’s pamphlet, “Has Socialism Failed?” was regarded as “unhelpful” by the top leadership…

Definitely it was regarded as unhelpful as far as some of our leadership was concerned. But it is that kind of an article, that kind of an opening up of discussion which made an important contribution. Whether one agreed or didn’t agree, or agreed partially or not so much with comrade Slovo was no longer the question. The question was that he posed questions that deserved discussion. But instead of encouraging discussion, the top party leadership dismissed Slovo’s views as anti-socialist, anti-marxist, anti marxist-leninist.

It was an essential discussion, but the top party leadership in the CPUSA tried to stifle it for as long as possible. So that by the time that this discussion opened broadly…I should say that Slovo’s article was not circulated officially within the party, it was circulated circuitously you know, people xeroxed it all over the country and sent it, and so on. (Which is another way of not understanding today’s modern communications, and modern technology, because the top leadership should haveknown that it would have been transmitted across the country.)

But even this kind of debate was perhaps not the most central. Theoretical matters are important, but a party might have some time to get itself together and come hack and discuss unresolved theoretical questions.

But at the same time that all this was going on, there was also discussion on two questions directly affecting the day-to-day existence of the party.

One had to do with the character of the US labour movement. Many of us argued that there were fresh winds blowing within the labour movement, and that our old concept of a left-centre coalition within the union movement was no longer a correct way of placing the issue. That there really was no centre any more within the trade union movement, that most of the rank and file and the good leadership was going towards the left. A coalition between the left and the centre could no longer be the main aim of the policy.

That was a discussion that only took place in trade union circles. It was not a main discussion within the party. But even if it had been, no-one would have challenged the old position, because to have challenged it would have been to be “anti-working class” leadership.

The other issue, closely related to the first, was the composition, the new composition of the working class in the US. In the midst of the scientific technological revolution, there has been the growth of what we call the Rust Belt in mid-West (the Rust Belt meaning all of the industrial areas that have been shut down, like in Cleveland, Akron, Chicago, Gary, Indiana, just whole areas of the country).

Now this Rust Belt had been the heart of industrial trade unionism in the US. And it was being shut down rapidly, with industries moving to other areas of the country. There has been an absolutely dramatic impact on trade unions. In the US today less than 15% of the work force is organised into trade unions.

Well, not to see that as being a major problem, and not to have a discussion about what you do about that, beyond the slogans of organising the unorganised, not to take note that something fundamental was taking place here, was a disaster. So, that’s what I mean when I say that the shutting off of discussion on international questions reflected a more immediate shutting off in terms of our own questions in the United States.

Matters were coming to a head and the death of cde Winston was a blow to the party’s ability to open up discussion. On several organisational questions, for example, he would do his best to get more openness into discussion.

For instance, when the demand was made that we tell the size of our membership…(the political bureau never knew how many members were in the party!! We never knew what the exact clues payments were!) When we asked the question, they would say we’ve recruited 500 members. Cde Winston would say: How many initiation fees do we have? We don’t know. Well how do you mean you’ve recruited 500 members if you don’t have 500 initiation fees?! That’s not important, these people were all at a meeting and they said that they were interested in joining the party, therefore they must be in the party. I mean those kind of organisational problems, which represented the failure to keep, not only the membership, but even the leadership, abreast of what the problems were.

Hang on, at what level was this occurring? In other words, it’s hard to understand, at the PB level someone makes a report as an organiser, or whatever..

…the organisational secretary…

…and the organisational secretary, cannot be held accountable for his/her job, did the organisational secretary fall under the general secretaryship..?

Well, yes, the general secretary of course was the highest, there was supposed to be, in our party, an equal relationship between the chair and general secretary. That was not always the case, but … the organisational secretary was responsible to the political bureau…

Yet there was no way of compelling the information from the individual?

No, the underlying thesis was that the less we knew the better we worked. And a lot of it was excused by invoking the McCarthy period, that our numbers were wanted by the enemy, and so on. So that was a major problem in terms of honesty. Most comrades felt that we had far more membership, and therefore that we could call on more resources than we could. To be able to call on 20 000 disciplined members is a lot more than being able to call on 3 000 not necessarily disciplined members! This kind of information must obviously impact directly on your own strategy. When we were asked by the party membership to be more evident in certain movements, we couldn’t do it because we didn’t have it to be there. But most of us didn’t know why.

But we also couldn’t do it because we didn’t see the importance of it, of working in mass movements.

After the death of cde Winston building the party was everything, and if one did not build the party, one was not accomplishing anything at all. The question was not: How do you build the party? It was all more mechanical than that. The main question was to go out and ask people to join the party. Not what the party did to attract people to it. The idea was to have parlour meetings, living room meetings, or passive street corner meetings, or whatever.

But our activity within the mass movement that would bring people to us was nothing. Yet, the times that we have recruited the most people and had the most impact was when we were most active in the mass movement, around the Angela Davis case, around work in the anti-Vietnam movement, you know, within the Peace Movement itself, this was the time that we had recruited more people than ever before.

So these were some of the real questions that were up for discussion. Now, the Stalin type organisational structure was very much in operation, not only in our party, all around the world. But in our party it was more one-man leadership that really began to take hold.

It, took hold so firmly that we would not hear, the PB would not hear an outline of the report to the National Committee before the report was given. On the basis of, well, we’ve been discussing these things for a long time, so you people know what’s going to be in the report!!

But then it would be given as a collective report, and it was not a collective report, and then after the report the age-old summary would be given, and the report and the summary would be adopted and that would be the line of the party. But there was never any real debate of that line.

The debate was: how to carry out that line. The debate was: what didn’t we do to carry out the last part of the line as summarised in the last National Committee meeting? You know, that kind of thing. And so this lack of democracy was undermining the party, because you can’t have a structure that really works (unless, perhaps, it’s an army) if people don’t have some input into it.

When cde Winston died, and cde Gus Hall became chairperson, the general secretary’s post was…

Was done away with..

So this was a structural reinforcement of this tendency as well..?

Yes, and then the other thing was that there was to be an executive of the PB. You have a PB that is the executive of the National Committee, and then you have an executive of the executive!

To an outsider, building socialism in the biggest industrial country of the world, connotes essentially a mass effort, even if the party is a small communist party, it’s got to reach very, very far. From some of the examples you have given me, and other things I have read, in a sense the party leader-ship seems to have been very suspicious of broadening its ranks, or broadening its influence in fact, because the reciprocal effect of broadening influence is that others try to influence you. In some ways it’s almost a caricature of what we used to say small trotskyite groupings used to do, this attempt to close off from all influences, safeguard the purity of some vision…

James Steele, who was on the Political Bureau and who has now left the party, used to make a statement in the PB when things REALLY got tight, he would say, are we willing to be a small fish in a big pond, or do we want to be the biggest fish in a small pond? … But that was exactly the problem.

If we couldn’t speak on a platform, we didn’t take part in it. If we were not considered the vanguard, at least by ourselves, whether other people did or not, it was not worthwhile. So, for example, there is a small Socialist Scholars Conference organised regularly in the US. Rather than trying to take part in one of the workshops and so on, if we couldn’t be one of the main panel speakers, we didn’t do it.

The concept of the unique role, the historic role of the party, and the concept of vanguard role, was one that we HAD it, that we automatically had it. To in any way act as if we were not permanently the vanguard was unthinkable. So you can understand the problem that presented.

I understand that some of the tensions within the party have also related to the race question?

Yes, this was another issue that came to a head when the National Committee discussed replacing Henry Winston and Gus Hall became the national chair. Our party has always had a leadership of black and white, and we fought for that. I believe that if that kind of leadership is not seen, then it shows that there is not the same interest in this question.

Historically the African American question has been a very special question, central to all democratic struggles in our country. Gus Hall, giving the leadership, began to challenge the centrality of this issue. He argued that the class struggle was central and nothing else could be central.

I am not suggesting that all of a sudden there was racism in the party, or that some people were mean, or anything like that. You had a situation where attention to certain questions that African American comrades felt were important, was downgraded.

We used to have a magazine, a party magazine, called Black Liberation. Gus Hall was opposed to the term “liberation”, on the grounds that “liberation” was “tantamount to self-determination”. He argued that liberation was for nations, it was an “inexact” term in the US situation.

It was at that time that Angela argued that the concept “liberation” was a more total concept than just equality, that it meant that there was a whole cultural identity that had to be plugged for, that the African American movement itself was a movement and it brought through to African Americans the whole question of freedom and not just of formal equality (because that was the position of any administration, that we all needed equal opportunity, and that was as far as we needed to go.) But that was never won.

Could you provide some background to the formation of the Committees of Correspondence with which you are now associated?

At the party convention, as you might know, a number of party districts had been denied their full complement of delegates. It was also decided by the outgoing top leadership of the party that anybody who (like myself) had signed a document entitled “The Initiative to Renew and Unite the Party”, could not be in party leadership. As a result of that decision, a number of people who had heretofore been members of the CC were not nominated by the leadership to be part of the CC (National Committee, as we call it)…

The leadership nominates?

Yes, this is the “slate” system. And everytime I, along with most of the PB, had been part of this nominating system. But on this occasion we were excluded, although I was a delegate. So all of the leadership that had challenged the remaining leadership was denied. People like Herbert Aptheker, Franklin Alexander, Angela Davis, Danny Ruben, James Jackson, a good healthy part of the PB, were denied nomination.

After the convention was over, we came together to assess what had happened at the convention. We agreed that we needed to find a way to keep together people who were so absolutely frustrated they would be leaving the party. And there would be other people who (like myself initially) would be staying on in the party, but didn’t know what to do in the coming months. Then there were others who had not necessarily been in the party, but who were very close to the party, and whom we wanted to keep abreast. So we agreed to continue a network, to tell people what was going on in different parts of the country.

Herbert Aptheker made the proposal to call the network Committees of Correspondence, a name that goes back to 18th century and the time of the American Revolution. So we held a meeting, I think it was in February of 1992, and agreed to call a meeting in the summer of 1992. At that point we thought we would have about 400 people at such a meeting, in the end there were 1300. The Committees of Correspondence network is based around a newsletter, and our principle objective is to begin the patient task of re-building and reconnecting the left in the US.

El gabinete oculto de Nayib Bukele. El País. Febrero de 2024

Actúan con discreción y son poco dados a darse publicidad. Un grupo de venezolanos con raíces en el antichavismo rodea de forma sigilosa a Nayib Bukele, el presidente de El Salvador que el domingo pasado arrasó en unas elecciones que le mantendrán otros cinco años en el poder.

Los venezolanos, que han conseguido irritar a ministros y altos cargos salvadoreños que han sentido que sus funciones eran usurpadas, se han encargado de organizar sus exitosas campañas electorales y después de estructurar su Gobierno y servir de enlace con asesores, amigos, contratistas y vendedores de humo.

Paradójicamente, esta especie de gabinete en la sombra ha replicado algunas tácticas con las que el chavismo dio un giro autoritario y ha logrado perpetuarse en el poder.

Alrededor de Bukele, un presidente de 42 años muy popular por haber reducido al mínimo el crimen en un país con un pasado muy violento, orbitan asesores estadounidenses, españoles y argentinos que se achacan los éxitos en materia de propaganda y toma de decisiones estratégicas, sin que eso sea necesariamente cierto.

Bukele es enormemente popular en redes sociales, donde lanza vídeos muy impactantes de los pandilleros recluidos en una cárcel de máxima seguridad y cuenta con una caterva de youtubers con millones de seguidores que viajan hasta El Salvador para glorificar sus políticas.

Este entramado de extranjeros buscavidas tiene un peso muy menor y un acceso reducido a la cúpula. Realmente son los consejeros venezolanos los que toman decisiones importantes y los que cuentan con acceso directo a Bukele y sus hermanos.

“Todo pasa por sus manos”, cuenta una fuente del más alto nivel que trabajó con Bukele durante los dos primeros años de su Gobierno . “Cuando comenzó la pandemia, ellos conformaron el equipo de emergencia. Cualquier cosa había que consultársela. Los ministros no tenían poder real de decisión.

Es verdad que algunos se rebelaron y no dejaron que los venezolanos se les pusieran por encima, pero otras sencillamente no tenían otra opción”. El equipo foráneo se instaló en un ala del hospital que construyó Bukele, cerca del Palacio Nacional, donde estuvieron al menos hasta finales de 2023.

Esta misma fuente detalla que forman parte de “un gabinete en la sombra”. Hay uno presidencial, el principal; otro estratégico, conformado por secretarios privados, los hermanos de Bukele, el secretario de prensa, y un gabinete de venezolanos.

Recuerdan a los misteriosos cubanos, expertos en seguridad e inteligencia, que rodeaban a Hugo Chávez. El Faro, un medio de El Salvador, ha identificado a una docena de ellos y se cree que han llegado a ser al menos 20. No resulta fácil detectarlos porque sus contratos no son públicos y no aparecen en las cuentas estatales.

Entre todos ellos destaca Sarah Abdel Karim Hanna Georges, más conocida como Sarah Hanna, la líder del grupo. Bukele y sus hermanos le tienen una fe ciega, según distintas fuentes. Años atrás trabajó con Leopoldo López, que representa el ala más radical de la oposición venezolana, y después con su esposa, Lilian Tintori, que emprendió una campaña mundial para conseguir la liberación de su marido de una cárcel chavista.

Sarah Hanna es odontóloga y no llega a los cuarenta años. Armando Info, un periódico venezolano de investigación, sostiene que se manifestó como estudiante contra la propuesta de reforma constitucional presentada por Hugo Chávez en agosto de 2007.

Llegó a El Salvador en 2018, se cree que a través de uno de los hermanos del ahora presidente, y se dedicó a escribir sus discursos, moldear su imagen y llevar la estrategia de redes y comunicación. A la vista de los resultados, el trabajo de Sarah Hanna ha sido impecable, ha conseguido crear un culto alrededor de Bukele a la manera del que se fraguó con Chávez, pero desde una óptica más moderna.

Varias fuentes consultadas por este periódico no le restan mérito a la venezolana, pero sostienen que hay una mujer salvadoreña que tiene aún más poder, Sofía Medina, secretaria de Comunicaciones. Medina tiene una presencia más modesta en redes sociales que Ernesto Sanabria, el secretario de Presidencia —sube retratos en Instagram de sus zapatos caros—. Sin embargo, se encuentra aún más cerca de Bukele.

El presidente salvadoreño ha sido reelegido a pesar de que la Constitución lo prohibía expresamente hasta en seis artículos. El control que él ejerce sobre la Sala Constitucional posibilitó que los magistrados reinterpretaran las normas a su conveniencia.

Bukele ha utilizado la figura del régimen de excepción, impuesta desde hace dos años a través de prórrogas en la Asamblea que domina su partido, para esquilmar libertades civiles y llenar las cárceles con pandilleros, sí, pero también con inocentes que no están teniendo derecho a un proceso penal justo.

Eso ha sido ampliamente documentado por las organizaciones humanitarias y las investigaciones periodísticas. Algunos analistas creen que esta deriva autoritaria de Bukele echa sus raíces en Venezuela.

“Estos asesores venezolanos están apoyando a un líder autoritario [Bukele] que utiliza el manual de Chávez, que instrumentalizó su popularidad para desmantelar la democracia, cambiar las reglas de juego para nunca soltar el poder, y aplicar estrategias sucias para silenciar a la prensa y desmantelar toda oposición o disenso”, explica Jimmy Alvarado, un periodista salvadoreño que ha estado detrás de todas estas conexiones.

No hay que escarbar mucho para encontrarlas. El Gobierno de El Salvador ha replicado la táctica de los Clap, la repartición de alimentos que ideó el chavismo para crear en los barrios una red de apoyo y aislar a los críticos, que no recibían su caja de comida.

Estas, según pudo comprobar este periodista, se repartieron en los alrededores de San Salvador apenas uno o dos días antes de las elecciones. Bukele y su equipo aprovechan su inmensa popularidad, algo incuestionable a día de hoy, para conseguir que Nuevas Ideas, el partido personalista del presidente, se funda con la población a la manera en la que lo hizo el PRI en México o el chavismo en Venezuela.

También el proyecto de Chivo Wallet, el monedero creado por Bukele para realizar pagos en dólares o bitcoins, resulta un calco del Petro, la criptomoneda venezolana que tiene su origen en una idea de Chávez.

Mención aparte merece Lester Toledo, un estratega electoral venezolano que trabaja directamente para el partido y tiene relación directa con sus compatriotas del Gobierno. Fue en su día un opositor frontal del chavismo por denunciar la corrupción chavista, señalando directamente a hombres tan poderosos como Nicolás Maduro o Diosdado Cabello.

“La verdad es que el pana se la jugó. El chavismo le puso en la diana”, cuenta un asesor antichavista. Toledo no se esconde en redes y recientemente ha subido una foto abrazado a Bukele en su Instagram. Es el asesor jefe de la campaña y se ha encargado esta vez, entre otras muchas cosas, de desplegar 100.000 simpatizantes del partido en las mesas electorales. Un trabajo de logística descomunal.

Sea en el Gobierno o en el partido, el sello venezolano resulta más que evidente. La experiencia de enfrentarse a un fenómeno social que sufrió una deriva autoritaria les ha dado las herramientas para elevar a Bukele al poder absoluto.

El País: https://elpais.com/america/2024-02-11/el-gabinete-oculto-de-nayib-bukele.html

The Leaning Tower of Babel.What We Lose When Languages Die. Ross Perlin. FP. April  2024

The world’s 190-odd nation-states are home to 7,168 “living languages,” according to the latest figure from Ethnologue, a widely used language database. The implications of this enormous disproportion are obvious, given that few governments support more than one or a handful of official languages.

The vast majority of languages represent communities that are much older and more localized than nation-states, and the mismatch between states and languages is at least one driver of a planet-wide shift in human consciousness: the staggering loss of linguistic diversity.

Linguists consider at least half of all human languages to be endangered. Already most of these tongues have under 10,000 speakers, whereas hundreds have fewer than ten, and many are thought to have just one. (The situation is particularly dire for the world’s 157 sign languages, as tallied by Ethnologue.)

Speakers of Arabic, English, French, Hindi, Mandarin Chinese, and Spanish are legion, while lesser-known tongues dwindle away. According to one estimate, 96 percent of the world’s population speaks just four percent of all languages, which means that the striking obverse is also true: just four percent of the world’s population speaks 96 percent of all languages.

Like biodiversity, linguistic diversity is not evenly distributed, remaining strongest in “hotspots” such as Papua New Guinea, equatorial Africa, the Amazon, and the Himalayas, all places where, at least until recently, topography, subsistence economies, and distance from centralized states have helped smaller language groups survive.

The new language hotspots today are in cities that are migrant hubs such as Jakarta, Lagos, London, New York, and Paris, where peoples from all over increasingly cluster for work, education, access to services, a chance for survival, and a taste of modern life. Today’s New York is the most linguistically diverse city not only in the world but in the history of the world, but the survival of linguistic diversity in such crucibles of contact is far from assured.

Languages have always come and gone—and sometimes even languages with very small numbers of speakers have survived for generations—but the current rate of loss is unprecedented. In many ways, it is parallel to the planet’s accelerating loss of animal and plant species.

Arguably, it started with the millennia-long, ongoing spread of agriculture, which enabled certain language groups to increase in number, take new territories, and dominate smaller-scale and more linguistically diverse hunter-gatherer and nomadic groups.

In recent centuries, the conquests of colonial empires, hyper-urbanization, the ever-expanding networks of capitalism, and the monolingual imperatives of nation-states have all driven the vanishing of languages. The spread of formal education systems and new forms of media and communications also make it harder for smaller languages to hang on in a changing world.

Languages have always come and gone, but the current rate of loss is unprecedented.

Speakers of dominant languages often shrug at the disappearance of these smaller languages. After all, they wonder, wouldn’t the world be a better place if everybody understood one another? That kind of thinking not only forgets that speakers of the same language are perfectly capable of fighting and killing one another but also completely overlooks the scientific, artistic, and deeply human benefits of linguistic diversity.

In A Myriad of Tongues: How Languages Reveal Differences in How We Think, the anthropological linguist Caleb Everett dwells on the richness of the world’s disappearing tongues. Far from being primitive dialects, endangered languages teem with oral literature, historical and scientific knowledge, unique linguistic features, and other wonders that can rarely be fully translated into other languages.

A growing body of research also shows that it is best for children to be educated in their mother tongue and that maintaining one’s mother tongue can even be good for one’s mental and physical health. Preserving languages can also be a matter of justice, given the history of displacement, persecution, and marginalization of most speakers of endangered languages.

The demise of any language is not inevitable. With the political support of local or national governments and the devotion of sufficient economic resources, every language can handle all the threats, temptations, and communicative demands that come with both the homogenizing of national identities and the pressures of globalization.

But most languages do not enjoy that kind of backing. Extraordinary economic, political, and social strains produce ruptures in intergenerational language transmission as young people cease to speak the way their elders do. Speakers of a language begin to feel out of place in the world; it is not just that access to jobs, schools, and other opportunities are tied to dominant languages such as English, Mandarin, and Spanish but also that speakers of tongues such as Cree, Nahuatl, and Zhuang have continually been made to feel ashamed of what and how they speak and, by extension, of who they are.

Such languages face an uphill battle to survive, never mind to flourish. It is precisely the endangered half of the world’s languages about which the least is known, with few if any books or recordings to document most of them—sometimes little beyond a bare list of words.

Only in the past few decades has there been a serious organized effort even among linguists (often a step behind missionaries) to document endangered languages and develop a set of practices, protocols, and tools for the purpose. At the same time, speakers of small and endangered languages are not sitting idly by. Hundreds of communities around the world have started trying to reclaim or revitalize their languages—a new global movement with major political implications of its own.

TIME CODES

In A Myriad of Tongues, Everett sketches the tremendous diversity of the world’s languages. Most belong to one of hundreds of overarching language families, including Austronesian, Indo-European (which includes English), and Niger-Congo. But there are also well over a hundred language “isolates” with no proven connection to any other known language.

Although language families trace common descent from a putative protolanguage typically thousands of years in the past, languages also develop features and structures independently or change through contact with other languages.

Everett offers a sophisticated account of how researchers, by finally beginning to draw on a more representative sample of the world’s languages, are making connections between language, thought, and “other aspects of the human experience.”

Among the more ineffable things that the world stands to lose with diminishing linguistic diversity are the subtly but significantly different ways that human groups have of inhabiting and understanding their natural and social worlds.

Languages do not simply offer different labels for the same universal set of items and concepts, with translation always bridging the gap. There may be cross-linguistic tendencies and commonalities, but there is no single language we can call Earthling, no linguistic “view from nowhere.” Every language carries within it the grain of a particular place and history.

Different languages, suggests Everett, encode and affect “the human cognitive experience” in different ways. With careful phrasing and an emphasis on empirical evidence, he sidesteps addressing in a definitive way one of the classic controversies of linguistics, about what is known as the Sapir-Whorf hypothesis—that “languages have strong effects on their speakers’ nonlinguistic thoughts,” as Everett puts it.

In other words, people do not just think in a given language; that language shapes the way they think. The debate over whether this is indeed true has raged for nearly a century, with many nonlinguists discerning a kernel of common sense in the proposition even as most linguists have resisted what they see as a largely untestable and oversimplifying claim.

Until recently, that is. Everett draws on dozens of recent studies that point to languages’ deeply divergent ways of handling time, space, and relationships, among other central human preoccupations, and to how these may linger in minds and cultures beyond the moment of speech.

More speculatively, he also sees intriguing connections between linguistic features and certain natural environments and associated manners of living, or lifeways. In other words, the old saw that the Inuit people have 50 words for snow may be wildly exaggerated (the original observation by the anthropologist Franz Boas isolated only four ways of describing snow), but there is something to it.

Take time, for instance. The linguist Benjamin Whorf (of the Sapir-Whorf hypothesis) claimed that the Hopi language in what is now Arizona has no words referring to time, suggesting that Hopi speakers as a result might not experience time in the same way as, for example, English speakers.

Whatever the (hotly debated) facts may be in Hopi, it is manifestly true that many languages large and small either dispense with tense altogether or encode something other than a division into past, present, and future. Karitiana, an Amazonian language that Everett researches, distinguishes only two tenses: future and nonfuture, the latter mingling both past and present.

Yagua, also spoken in the Amazon, has eight tenses, five of which are for different periods in the past. To speak Yagua well, one needs to make fine distinctions about timing—for example, attaching the suffix -siymaa to verbs to mean “between approximately one week and one month ago.”

More intricate still are the many metaphors for time in different languages. Where English speakers see the future as being spatially ahead or in front of them, speakers of Aymara in Bolivia and Peru see the future as being behind them and the past in front, as in the expression nayra mara, which is literally “the year I can see” but figuratively “last year.” Associated gestures are an indication that such expressions may seep into thought. Whereas English speakers often point backward in discussing the past, Aymara speakers do the opposite.

Such cases multiply when it comes to space, color, and noun categorization, including by kinship, gender, and shape. For instance, speakers of the Berinmo language of Papua New Guinea have the word nol for what English speakers call green and blue. (Indeed, many languages have such a “grue” color.) Berinmo speakers also have the word wor, which covers English speakers’ yellows and bright greens.

An experiment testing the ability of Berinmo and English speakers to recall different color chips found that each group did better with chips that aligned clearly in terms of their respective linguistic categories for understanding colors, compared with chips whose color was more ambiguous. This is language-based categorical perception, in which “people discriminate stimuli more neatly because the stimuli fall into distinct conceptual categories,” according to Everett.

How much these fascinatingly different conceptions matter in everyday life is a “thornier issue,” Everett admits. Some would argue that the effects of linguistic differences are relatively slight, appearing mainly under carefully calibrated experimental conditions. No one would dispute that different lexicons on some level reflect the different priorities, lifeways, and environments of speakers; indeed, there are more words for snow in languages spoken where snow exists.

But relatively few of the presumably “deeper” grammatical differences are readily explained by social, cultural, or environmental variables. Certain ones clearly are—including levels of politeness in more stratified societies and directional markers based on local topography—but the fact that English speakers pluralize nouns and Mandarin speakers do not has to be seen as an arbitrary detail of linguistic history without any nonlinguistic consequences.

Sometimes, the differences between languages are merely that, with many linguistic features essentially random parameters that have no deeper cultural or cognitive meaning. Not only is there currently no basis for seeing it otherwise, but the resulting pseudoscientific generalizations could be downright dangerous. Imagine if people started believing that Hopi speakers had no sense of time, whereas Yagua speakers had the most sophisticated understanding of it, and English speakers were somewhere in the middle. Actual linguistic practices are simply too dynamic, situational, and mixed to generalize about in this way.

Nonetheless, A Myriad of Tongues gently suggests that certain connections between language, culture, and thought can be found. Farmers with softer diets—and thus a tendency for their top teeth to protrude in overbites and overjets—may be more likely to use labiodental sounds, such as f and v, that combine the top front teeth and the bottom lip, whereas hunter-gatherers, with their edge-to-edge bites, in which the top and bottom front teeth are flush, use these sounds less.

Although the use of commercial dyes in WEIRD (Western, educated, industrialized, rich, and democratic) societies has recently enriched the color terms in those languages, hunter-gatherer subsistence strategies may have led to richer “olfactory lexicons” in others—such as the 15 abstract terms for different smells documented for the Chapalaa language of Ecuador.

DIALECTS WITH NO ARMIES

Fascinating as they may be for linguists and cognitive scientists, languages such as Aymara, Berinmo, and Chapalaa are not just bundles of exotic features waiting to be displayed in some future museum of the world’s languages, or at least in one of the new digital archives where linguists are depositing recordings of them.

Like all languages, they are to varying degrees emblems and embodiments of group belonging, in which every feature, however arbitrary, may be laden with political meaning. Yet in their particular circumstances, these languages face different challenges: the pressures on Berinmo, which has a few hundred speakers in two villages, will not be the same as those on Chapalaa, which has several thousand speakers in a rainforest territory, or Aymara, which has around three million speakers spread across multiple countries.

A shprakh iz a dialekt mit an armey un flot—“A language is a dialect with an army and a navy”—in the famous Yiddish phrase uttered in the 1940s by an unknown Bronx high school teacher to the linguist Max Weinreich. More than the linguistic criterion of mutual intelligibility, this sly witticism puts its finger on how some “language varieties” (to use a more neutral term preferred by linguists over “language” or “dialect”) are elevated and developed above others. According to Weinreich, the teacher had never heard that his own mother tongue had a history and “could be used for higher matters” beyond just the basics of everyday life and oral communication.

Now more than ever, global inequalities are producing linguistic ones. Speakers of endangered languages are ever more marginalized as their lands are taken or made uninhabitable by climate change; they enter both cities and the cash economy at the bottom of the hierarchy. The few hundred languages that enjoy official status and some form of governmental support are pulling away from all the others with the spread of mass literacy, standardization, formal education, mass media, and new technologies.

One study found that less than five percent of all languages are “ascending” into the digital realm, flourishing online and in a range of new technologies. As for the other 95 percent of human languages, although every bit as sophisticated on a grammatical and cognitive level, they may have to be supported if they are going to survive. To assert that a language has not just a history but also a future requires, in most cases, the mobilizing of people, resources, and social pressure: a language movement.

    The groundbreaking movements of the twentieth century have shown that any language can be made modern.

The groundbreaking language movements of the twentieth century have shown that any language can be made modern, even as dominant languages extend their sway over the world—and even in the absence of an army and a navy. A few generations ago, it seemed that the Welsh language was locked in inevitable decline with fewer and fewer young people able to speak it. But thanks to the work of activists—and the eventual support of local, national, and even continental governments such as the European Union—the language has been revived to the point that even in the heartland of English, it has a stable population of speakers and is thriving.

The twentieth-century language movements of the Basques and Catalans benefited from the economic wealth and autonomy of those regions of Spain. Advocates of Maori in New Zealand and of Hawaiian have emphasized the importance of inculcating these languages in early childhood development and education as part of their successful revival.

The extraordinary efforts of many Native American revitalization programs are demonstrating that even smaller groups may be able to carve out a place for languages that have been “asleep,” as linguists describe languages with no fluent speakers, for a century or more.

The political theorist Will Kymlicka has written that “national minorities should have the same tools of nation-building available to them as the majority nation,” and perhaps many countries will see fit to offer linguistic and cultural autonomy to minorities as long as ultimate authority remains in the capital. But how far can that process go?

The linguist Gerald Roche points out that language movements “often take nationalist form, reproducing the logic of one people, one language, one territory, endeavoring to capture or create state power for their nation, and oppressing the languages of second-order minorities in the process.”

An example Roche points to is the Tibetan independence struggle, which has given rise to a “pure father-tongue movement” that tends to focus on Standard Tibetan and ignore Tibet’s many other languages and dialects.

Language movements are nothing new, but they have formed an integral part of most of the political movements that lie behind nearly every contemporary nation-state. What is distinctive today is a world order in which few new nation-states can emerge but in which language movements are rising everywhere in response to the pressures of endangerment, through the force of imitation and often under the banner of indigenous rights.

Many governments are responding to these demands at least with symbolic gestures—enshrining languages in constitutions including those of Alaska and Algeria, for example, while spending little on resources for them—but the demands are likely to keep growing.

Not every group will resist the passing of its language. Nor will every language movement inevitably turn political and spur secession, ethnic conflict, and civil war. But from Cameroon to Catalonia, as from Hong Kong to Ukraine, language politics are gaining currency more than ever before.

With decolonization, creole languages from Port Moresby to Port-au-Prince are climbing out of the shadows. In Jamaica, the political push to exit the British Commonwealth has accompanied a linguistic push to elevate Patwa, long stigmatized as a “broken” form of English.

Nor are new language movements only about these fairly large, quasi-national languages often with hundreds of thousands of speakers. Hundreds of much smaller groups are collaborating with linguists, harnessing new technologies, and drawing inspiration from the pioneering twentieth-century movements. It is the dialects with neither armies nor navies that need support most of all.

ROSS PERLIN is Co-Director of the Endangered Language Alliance and teaches linguistics at Columbia University. He is the author of Language City: The Fight to Preserve Endangered Mother Tongues in New York.

Capitulo 1   Juglares y trovadores en el sur del Bronx   (Marzo a junio de 1992) Roberto Pineda

Y al llegar la aurora, armados de ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades. A. R.

Y como será allá vos?

Te imaginas caminando por las calles de San Salvador, las mismas que recorrió Roque Dalton?  Y sentir ese sol que dicen que te quema la piel…y oír el murmullo del hormiguero de los vendedores por las calles del centro…y bajar por la cuesta del palo verde, y meterte a cualquier comedor y pedir que te vendan pupusas revueltas…y vagabundear por Metrocentro, y la sombra del volcán siempre vigilando tus pasos, y zamparte una guacalada de fresco de ensalada, y tortillas tostadas con queso duro-blandito…                                                            

-Al oírte ese discurso hasta hambre me está dando…Y fíjate que me lo imagino, va ser chévere regresar, te voy a llevar para que conozcas el parque Libertad, la Catedral donde Monseñor Romero pronunciaba sus homilías, la casa de Roque en san Miguelito! T te voy a llevar a comer carne de chucho en el Vietnam del estadio…Ya vas a ver que te va gustar mucho!

– ¡Ay bendito! Y conoces donde queda la casa de Roque, tu no me estás diciendo embustes?  Y se permite visitarla?

-Claro que si…te lo aseguro, que te voy a llevar.

-No me aguanto por ir y revolcarme en la arena caliente de esas playas y zambullirme en sus tibias aguas, y tomarme un agua de coco con ron, acompañada de pupusas.!

-La combinación que hacés no va mucho, pero tu intención es lo que cuenta!  Además el comer pupusas refleja un profundo contenido onírico y afrodisiaco casi froidiano.

-No se toma ron con pupusas?  Seguro?  No me estás gufeando?

-No, las pupusas se comen con chocolate o café, y el ron, que allá se llama Muñeco o guaro, y en cualquier chupadero o cantina se combina con rodajas de jícama, mango verde, hojas de jocote, tortrix o pepino con tajaditas de limón, etcétera, etcétera. Un día te voy a dar un curso gratis sobre las principales ramas de las boquitas salvadoreñas.

-Bueno yo voy a establecer un  nuevo estilo, pupusas con -como decís?- con Muñeco. Y segura que no me va dar juma, ni un tantito así..!

-Vos estás loca?  Como dicen los puertorros, estas arrebatada!

-Compadre, se vale soñar.

Cuando platicaban sus ojos se perdían en el skyline de edificios de Manhattan, mientras su imaginación se trasladaba -en el caso de Rogelio- a los vagos recuerdos de la vez que su papá lo llevó al entierro de su abuela, allá en Ayutuxtepeque, pero entonces solo tenía diez años, por lo que sus recuerdos eran ya borrosos y lejanos…

En el caso de Claudia su imagen resultaba incluso más etérea porque conocía el país mediante pláticas de su madre, lectura de libros  o de las noticias, pero nunca había estado allá, nunca había sentido el calor de semana santa o los vientos de octubre o las exuberantes y curativas puteadas en los mercados…

Rogelio y Claudia  vivían en el mismísimo corazón boricua del Sur del Bronx, cerca del parque Pulaski, a pocas cuadras de donde se inventó el mentado hip hop, música que permitió que se conocieran y se enamoraran bailando en una discoteca  en la que cantó el famoso rapero Fat Joe, el pasado verano.

A Claudia le cautivó como este muchacho alto, de mirada profunda  y de aspecto anglo, que desde que la vio no le había quitado la vista de encima, la música hiphop lo transformaba y era tan diestro en las acrobacias circenses del breakdance.

Mientras se escuchaba del rapero afro-americano Rakim su opera magna, In the Ghetto, con la cadencia de su estribillo: Ghetto/Nobody´s smilin´/ The Ghetto/Nobody´s smilin´/ Even the/Ghetto/ Nobody´s smilin/Aint´gonna smilin¨/ the Ghetto/ Nobody´s smilin´…

Pero su sorpresa fue mayúscula – no podía creerlo, todavía lo dudaba-al descubrir que en un clásico universo boricua, -de mofongo y arroz con gandules,  de ay bendito y vete pal carajo-se encontrara con un navegante extraviado a lo Ulises, de origen pipil, con orígenes comunes. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, dice sabiamente Rubén en su canción.

Se hicieron novios y luego despreocupadamente decidieron vivir juntos. Habitaban en un pequeño apartamento semi-amueblado, de dos cuartos y un baño, en el sexto piso  de un viejo edificio destartalado y con el ascensor siempre arruinado.

El edificio -saturado de grafitis-, que sobrevivía solitario en la cuadra, y que inexplicablemente se había salvado de ser incendiado, -como dictaba la tradición local- por los dueños para cobrar el seguro, y al que se mudaron cuando decidieron compartir tribulaciones, gastos y sueños.

Al conocerse descubrieron -riéndose porque nunca antes se habían visto- que ambos también estudiaban en el Hostos Community College, y esperaban graduarse de Artes Liberales. Asimismo compartían gustos, como la atracción por el hip hop, por el cine en español, la comida italiana y la política de izquierda.

En el caso de Rogelio -desde los quince años-tocaba la guitarra eléctrica, y además del hip hop se sentía atraído por  Pink Floyd, por la música techno, el heavy metal, y era un adorador fanático de Black Sabbath.

Y como debilidad musical, suspiraba cuando escuchaba los temas del boricua  Héctor Lavoe, con quién se identificaba mucho, y a quién pudo verlo incluso en persona cantando su tema favorito, El cantante, que va así: 

“Yo, soy el cantante/Muy popular donde quiera/Pero cuando el show se acaba/ Soy otro humano cualquiera/Y sigo mi vida/Con risas y penas/Con ratos amargos/Y con cosas buenas/Yo soy el cantante/ Y mi negocio es cantar/ Y a los que me siguen/ mi canción voy a brindar…”

Le gustaba iniciar y proseguir discusiones bizantinas por meses, sobre todo tipo de temas para evidenciar su rebuscado horizonte cultural, resultado de una interminable sed de lecturas nocturnas, incluyendo las obras maestras tanto del marxismo como de la pornografía, aficiones que lo acompañaban desde casi su infancia.

Era alto y espigado, y su ejercicio espiritual favorito consistía en caminar las calles de la Gran Manzana, a veces desde el Bronx hasta el Greenwich Village, ciudad a la que había sido llevado por sus padres siendo un bebe.

En su casa aprendió el español como su lengua materna y trató siempre para distinguirse, de conservar el acento “guanaco garrobero” en un fuerte ambiente caribeño. Y también fue instruido en la fe católica, incluso hizo la primera comunión en la iglesia de San Lucas, allá en la calle 138. Pero ya en la adolescencia, cuando estaba en la high school,  se volvió ateo militante.

Para vestir había adoptado el estilo de las sudaderas de deporte anchas, zapatos de camionero, y gorra de los Yankees, por lo que Claudia le bromeaba que parecía su guardaespaldas, o en el mejor de los casos, eran la versión  latina de la bella y la bestia.

Rogelio nunca se sintió atraído por los licores y  el tabaco, pero tampoco le molestaba que los usaran en su presencia. Pero su paladar no podía resistirse a un café bien cargado, acompañado de una rebanada de pastel de queso con mermelada de fresa, o a una cena con pupusas.

Su principal defecto era la soberbia, que envarias ocasiones le causó problemas en su relaciones, pero por suerte gozaba de una privilegiada virtud: la fuerza de voluntad, lo que le daba mucha seguridad en si mismo  y lo volvía una persona muy atractiva  y segura de sí mismo.  

Por su parte, Claudia que había nacido en el Lincoln Hospital, escribía poesía  desde la adolescencia y fortaleció su identidad latina mediante sus lecturas favoritas, entre estas el argentino Borges, los poetas Neruda y Vallejo, y había leído con detenimiento casi toda la obra  de Roque Dalton, a quién citaba con frecuencia para respaldar sus puntos de vista, como si se tratara de un amuleto teórico, que orientaba su vida.

Era una lectora incansable, y uno de sus pasatiempos favoritos era luego de devorar un suculento brunch, a mitad de la mañana de un domingo, realizar el ritual de sentarse en un cómodo sillón, para felizmente atragantarse con las diferentes secciones de la  tupida edición dominical del New York Times, dándolo particular seguimiento a sus  secciones culturales y de política internacional.

Su cuerpo era esbelto, y coronado por una larga cabellera color de azabache, que le llegaba a la cintura, la cual coquetamente agitaba con el viento, y hacía juego con sus chispeantes ojos negros, que delataban sus orgullosas raíces indígenas.  Sus labios eran gruesos, sensuales, y animaban a besarlos y cuando reía se le formaban unos simpáticos camanances en sus mejillas.

El español lo hablaba con un claro acento puertorriqueño, porque su padrastro José, a quien mucho admiraba, era de Ponce, y Rogelio pasaba bromeándola por ese detalle, sin que a ella le importase. Le gustaba mucho el hip hop, pero a veces se decantaba por la sabrosa salsa de Willy Colon, que le permitía mover sus caderas, o incluso por la refinada ternura de Carole King.

Claudia tenía el don de encontrar y cultivar amistades y les daba seguimiento metódico de la misma manera como se cuida un jardín, lo que resultaba en que siempre la estaban buscando, llamando, e invitándola a  comer, al cine, a bailar, a contar intimidades y a miles de actividades.

Otra de las facetas de su personalidad era su esmerado espíritu ahorrativo, que muchas veces llegaba a volverse tacañería simple y pura, el cual contrastaba con su peculiar espíritu de tolerancia y de respeto y empatía hacia las demás personas. Podía dedicarle tardes enteras a una amiga enferma, pero sin que incluyera algún tipo de gasto.

Por lo general disfrutaba, n su empleo y en su casa, de un ambiente artístico, en el que sobresalía su afición por la música clásica -en particular era devota del polaco Chopin- y por la ropa y los perfumes de marca, en especial, el perturbador olor a jazmín del Chanel No. 5. 

En una ocasión un grupo de amigos los invitó a ambos para pintar el muro de una escuela y pudieron hacer la experiencia -oyendo gangsta rap- de delinear y luego pintar con letras grandes y colores brillantes, un mural alusivo a Benjy Meléndez y los Ghetto Brothers.  

Aprendieron que Benjy había sido un músico que se volvió pandillero o viceversa, quién logró organizar a miles de jóvenes boricuas para que defendieran sus vecindarios, y además logró alcanzar un acuerdo de paz entre gangas de negros y de puertorriqueños, que cubrió Harlem y el Bronx, y que permitió que se celebraran en un ambiente de tranquilidad, festivales de música  salsa y de hip hop. Una proeza de dimensiones míticas.

Un fantasma del paisito

Una tarde lluviosa, Rogelio había conocido en los pasillos de Hostos a un enigmático salvadoreño, que incluso ocultaba hasta su verdadero nombre bajo un seudónimo, y que le fue presentado por Antonio, un amigo dominicano del PCD, que era además profesor de Literatura caribeña.

Rogelio lc contó a Claudia que allá en Guazapa, para la guerra, hubo tigres dominicanos del PCD combatiendo en las filas de las FAL, incluso cuatro quedaron allá. Cayeron combatiendo, este intercambio fue facilitado por el hecho que tanto Schafik como Isa Conde eran ambos “turcos”, de origen árabe.

Con este misterioso salvadoreño, -que alegaba ser representante del FMLN y del mismo PCS- se hicieron amigos, y se lo presentó a Claudia, la cual se burlaba abiertamente de sus gestos de clandestinaje, como el de desconfiar de la mayoría de personas alegando que podrían ser informantes y estar siempre alerta ante los supuestos “micrófonos ocultos” del FBI.

Este “enviado de los dioses subversivos del pulgarcito” coo lo llamaba Claudia, lo condujo en una ocasión a una reunión en un  edificio en Chelsea, en donde conoció a otros salvadoreños que lo invitaron a integrarse a una célula de militantes de izquierda, a lo que accedió más por curiosidad que por convicción.

Se reunían cada viernes de manera puntual a repasar – incluso con periódicos y documentos del país- lo que sucedía en lo que llamaban nostálgicamente el Pulgarcito  o el Paisito. Luego de tomar confianza en el grupo, solicitó se le permitiera llevar a su novia Claudia, a lo cual alegremente accedieron.

La agenda de cada reunión comprendía religiosamente, una parte inicial de estudio político, y en ese momento estaban  estudiando las sutilezas poéticas del Qué hacer de Vladimir Lenin. Luego venía un Informe Político de lo que ocurría en el paisito y se concluía con una revisión de las tareas  encomendadas a cada militante. Ah, y también se pagaba una cuota  que supuestamente era enviada para “allá abajo.”

La célula se componía por cinco personas, tres hombres y dos mujeres, en su mayoría adultos mayores que llevaban mucho tiempo viviendo  “en el exilio” por lo que disfrutaban con la llegada de lo que llamaban sangre joven, o “el relevo histórico”, refiriéndose a Rogelio y a Claudia.

Uno de los camaradas llegó incluso a mencionar despreocupadamente el término de “carne fresca”,  lo que fue  fuertemente criticado por una de las camaradas, que vivía en Brooklyn,  por considerar desde una óptica feminista, que se trataba de un término con un sesgo claramente machista, ya que se refería exclusivamente a Claudia.

Unos meses después, del personaje clandestino que los canalizó a este grupo, nunca más volvieron a  saber  y se especulaba que había regresado a conducir un campamento guerrillero en Chalatenango, en el norte del paisito, lugar desde donde supuestamente viajaba al exterior, en misiones compartimentadas de la comandancia general del frente guerrillero.

El edificio -de ocho pisos- donde se reunían era propiedad de un grupo de comunistas gringos, los cuales -se enteró después por confidencias de un locuaz y amigable joven griego que militaba con ellos- se encontraban atravesando una profunda crisis, derivada a la vez de la caída del muro de Berlín y la reciente desaparición de la Unión Soviética.

Incluso el mes pasado, un fuerte sector se había separado del CPUSA y había creado en California una nueva organización, los Comités de Correspondencia, con el apoyo incluso de la mundialmente famosa Angela Davis.

Ángela Davis, una afro-americana,  era un icono de la izquierda  gringa dado que en 1969 fue expulsada de la Universidad de California por impartir marxismo, y luego fue acusada en 1972 de asesinato y secuestro y perseguida en todo el país por el FBI, y se desató a nivel mundial una campaña por su liberación, la que se produjo en 1973. Un año despupes pasó a formar parte de la dirección del CPUSA.

Resulta que la llegada de Gorbachov a la jefatura del todopoderoso PCUS  había provocado que se les suspendiera todo el apoyo financiero, debido a las críticas públicas del veterano líder comunista Gus Hall, a la glasnost y la perestroika iniciada en 1985.

Gus Hall, minero y ferrocarrilero,  era el secretario general del CPUSA desde 1959 y frente a las reformas encabezadas por Gorbachov en la URSS, y su posterior disolución en 1991, afirmó que  “lo desatado en Rusia tras la derrota del socialismo no dista nada de la caza de brujas del macartismo en nuestro país hace 35 años…”

El derrumbe de la URSS hizo que un partido históricamente de mucha solidez financiera, se viera forzado a despedir a centenares de empleados, a convertir su diario Peoples Daily World en semanario, e incluso a la necesidad de alquilar el salón del segundo piso de este edificio, para cumpleaños y casamientos privados.

Al salir de la reunión Rogelio y Claudia decidieron pasar por un sitio de comida griega, a la vuelta del edificio, donde paladearon unas hamburguesas, grasosas y deliciosas, con aditamento de cebollas en salsa oscura y acompañadas por un par de cervezas Budweiser.

Luego para hacer la digestión, caminaron hasta la calle 14 y Union Square para abordar el tren número 4 que los condujo hasta la estación de la calle 138, de donde se trasladaron a su casa, platicando y riéndose -como siempre-y haciendo planes acerca del futuro que les esperaría al regresar al pulgarcito.

Al llegar al apartamento, Rogelio estuvo ensayando una nueva melodía con la guitarra antes de dormirse, mientras Claudia veía en las noticias como un gobernador sureño, de Arkansas, de nombre Bill Clinton, se lanzaba a participar en las primarias demócratas, lo que le permitiría de ganarlas, competir en noviembre para la presidencia de los Estados Unidos.

-Papi, que te parece este candidato Clinton, de los demócratas, le preguntó Claudia a Rogelio. Rogelio le respondió que los demócratas y los republicanos eran como la Pepsi y la Coca Cola,  diferentes por fuera pero la misma bebida por dentro.  Ambos partidos sirven a las transnacionales y al complejo militar-industrial, le dijo.

Claudia movió la cabeza en señal de duda, y le respondió que ese análisis era en parte correcto, pero unilateral porque no tomaba en cuenta el hecho que el Partido Demócrata también tuviera en sus filas a sectores sindicales, de mujeres y de las minorías étnicas  como afroamericanos, chicanos, y puertorriqueños.

-Solo los usan para la preservación del sistema, no tienen poder de decisión…

– Momento…el partido Demócrata es también un instrumento para avanzar en la lucha por la igualdad política y racial. O no?  No crees que la elección de candidatos negros y latinos es parte de la lucha por los derechos civiles de las minorías…

-Bueno, – le respondió elevando el tono de voz- si querés morir engañada es tu derecho…veo que te volviste reformista.

-Tan lindo que te ves cuando te encojonas…Nene, hablando de otra cosa,  y tienes turno mañana?

-No, y vos?

-Tampoco y que te parece si vamos al Parque Central.

-Solo si me das un beso….y le acercó los labios.

-Te voy a dar miles de besos. Pero tienes chavos para ir?

-Creo que sí-déjame revisar- si creo que tengo…nos alcanza.

El siguiente día, se levantaron alrededor de las 8 de la mañana, y Rogelio preparó el desayuno, consistente en huevos fritos con tocino y rebanadas tostadas de pan con mantequilla, junto a un humeante café Lareño, obsequio de la mamá de Claudia.  

Alrededor de las 9 salieron rumbo al Parque Central.  Hacía un día esplendido, con un sol radiante y una temperatura benigna, por lo que algunas personas incluso se atrevían a andar por la calle en mangas de camisa, y los arboles comenzaban a florecer. Era la primavera tocando a las puertas de la ciudad.

Caminaron hacia la estación del subway y bajaron hacia Manhattan, se bajaron en la calle 86  y avenida Lexington. Caminaron hacia el occidente y al llegar a la Quinta Avenida, se encontraron con la conocida fachada del Museo Metropolitano.

Este tenía una exposición sobre  The Great Utopia: The Russian and Soviet Avant-Garde, 1915-1932, que resultaba sumamente interesante para visitarla. Pero al final coincidieron en que habían venido a caminar bajo el sol y no a encerrarse de nuevo entre cuatro paredes.

Se internaron en las veredas del parque y llegaron al célebre Strawberry Fields, un lugar dedicado a rendir tributo a uno de sus ídolos, al fallecido John Lennon, de los inolvidables Beatles de Liverpool.  Se sentaron en una banca a contemplar tranquilamente el juego de las ardillas saltando en las ramas -filtradas por el sol- de los altos olmos.

Luego se encaminaron hacia el lago, y contemplaron las barcazas navegando plácidamente con familias o enamorados. No habían llevado almuerzo así que fueron a buscar un carrito de hot dogs, los que comieron con mostaza y sauerkraut, acompañados de unas sodas heladas Mountain Dew.

Claudia le comentó a Rogelio que el sauerkraut se asemejaba al curtido de las pupusas salvadoreñas, y él le respondió que se trataba de una receta guanaca copiada por los polacos, ante lo cual al unísono se carcajearon. Luego de una breve siesta en una banca, después del mediodía emprendieron el regreso.

-Regresémonos en guagua, le sugirió Claudia.

-Nombre, es mejor por el subway, le replicó Rogelio.

Los siguientes días Rogelio los dedicó a ensayar con un grupo musical de hip hop al que pertenecía, -llamado South Bronx-, porque Luciano que era un puertorriqueño que lo dirigía, les informó que el fin de semana habían sido invitados a tocar en un club en Trenton, y debían estar en forma.

Los ensayos los realizaban en el basement del edificio donde vivía Luciano, que quedaba a algunas cuadras de su edificio, en la tercera avenida. Rogelio trataba en los ensayos que las letras de las canciones tuviera un contenido social de denuncia de la explotación y opresión racial que vivían las comunidades latinas, mientras que Luciano estaba más inclinado a los contenidos de las vivencias en las cárceles o en la violencia, el sexo y las drogas.

Como grupo principalmente hacían cover de temas de Fat Joe o de Jay-Z. Rogelio frecuentemente refería este esfuerzo musical comparándose con los trovadores y juglares de la antigüedad, a lo que Claudia respondía con un dejo de incredulidad y burla.

Una tarde, en una de las reuniones de la célula, a la que habían bautizado como Rafael Aguiñada Carranza, en homenaje a un dirigente comunista asesinado en 1975, el camarada Julio le prestó a Rogelio un libro que había comprado en su reciente viaje a Cuba. Se trataba de una larga entrevista realizada por Marta Harnecker a Schafik Handal, secretario general del PCS, y miembro de la Comandancia General del FMLN.

La entrevista estaba dividida en dos partes, la primera sobre aspectos teóricos sobre el socialismo y la segunda sobre el proyecto político del FMLN para la sociedad salvadoreña. El título del libro era “El Socialismo: ¿Una alternativa para América Latina?”

A Claudia le pareció sumamente interesante, y además coincidente, dada la crisis del marxismo, provocada por el derrumbe del campo socialista, la afirmación que hacia la Marta Harnecker acerca de la visión de Shafik, o del Comandante Simón.

Marta  asegura que “el socialismo que (Schafik) defiende no es el socialismo estatista, verticalista, antidemocrático, que llegó a ser históricamente la antítesis del proyecto social que imaginaron los clásicos del marxismo, sino de un socialismo pluralista, democrático, antiverticalista, donde la conducción política jamás está predeterminada de antemano…”

Para Rogelio la crisis del socialismo le parecía bastante complicada y muchas veces confusa, lo desconcertaba.  Las imágenes de jóvenes derribando el muro en Berlín y luego el fracaso del golpe de los sectores ortodoxos del PCUS, no dejaba -aunque fingía no importarle- de dolerle.

Era como si le hubiera caído una gran roca encima, y lo hubiera aplastado. Era como si los planteamientos de Fukuyama que la historia había terminado fueran ciertos. Pero entonces, ¿y la lucha social seguía siendo válida?  Y lo más importante en términos de pareja: ¿Tenía sentido regresar al paisito? ¿Tendremos algún futuro en Zivar?

Al día siguiente Claudia descubrió en la biblioteca pública de la 42 un tesoro, una edición cubana de la Memoria Subversiva de Roque, un libro que siempre había querido leer,  y hasta Rogelio se mostró sorprendido por este hallazgo, no se aguantaba las ganas de poder penetrar en sus páginas. Acordaron turnarse en su lectura.

Rogelio hojeó rápidamente el libro de 264 páginas, y se detuvo en su índice. Estaba dividido en doce capítulos. Le intereso el capítulo nueve que trataba sobre el encuentro con Sebastián (Alejandro Rivas Mira) en La Habana en 1972, en el que acordaron su ingreso al ERP.

En ese momento estaba leyendo Fura del juego de Heberto Padilla, pero el libro de Roque lo subyugó, en particular CUANDO Roque describe su primer contacto con Rivas Mira.

A Roque le impresionó “la seguridad que proyectaba este -para él- joven revolucionario, que alardeaba sobre el poderío militar alcanzado por su organización. Le contó acerca del secuestro que habían realizado un año antes de un joven oligarca de nombre Ernesto Regalado Dueñas, y como este se les  murió estando en cautiverio.”

No obstante esto, “obtuvieron un jugoso rescate, que les permitió crear un fondo de guerra, porque le aseguró gesticulando con el índice como Fidel, en nuestro caso, la guerra la va pagar la misma oligarquía…enfatizó  en un tono prepotente.”

Pero también este ajusticiamiento permitió, que “se agudizaran las contradicciones en el campo enemigo” ya que el presidente Sánchez Hernández acusó del hecho a su enemigo, el general Alberto Medrano, “un chacal con el que algún día ajustaremos cuentas.”

Luego Sebastián le relató pormenores de la acción -para proyectar su rol dirigente- realizada el mes pasado en la cual ejecutaron a dos guardias y recuperaron dos fusiles G-3 frente al Hospital Bloom.

La acción fue denominada como  “La guerra de los pobres ha comenzado, la paz para los ricos ha terminado”  y asumida oficialmente por el Ejército revolucionario del Pueblo, ERP.

“Ya no somos El Grupo aquel de jóvenes románticos y rebeldes, ahora hemos dado un salto de calidad, ahora somos técnicamente, militarmente, un ejército popular en proceso de construcción…” le recalcó -salpicándole el rostro de saliva con briznas de tabaco-“viéndome fijamente a los ojos, como desafiándome a refutarlo, pero quizás he ido madurando porque opte por un prudente silencio.”

Roque reflexiona en su libro que se encuentra “ante un nuevo tipo de revolucionario salvadoreño que no conocía, diferente al humilde y abnegado comunista proletario que militaba en el PCS, esta vez “se trata de la pequeña burguesía radicalizada, procedente de los medios universitarios, la que está encabezando el proceso…”

Y concluye que “…esto me genera alegría por la evidente ruptura de esquemas, pero a la vez me genera algunas dudas y preocupaciones, por su evidente inexperiencia y altanería.”

-Muchas gracias por prestarme el libro, le dijo Claudia bromeando y él se disculpó y se lo devolvió, ante lo cual ella le dijo: un día cada uno para leer, empieza tu…Rogelio se lo agradeció con una sonrisa.